Final
Final
Laura Fiorita
NIA:1626152
Tutor: Víctor Merino Sancho
Convocatoria: febrero 2023
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Resumen. Este TFM analiza la legislación internacional e interna de la República Argentina
que reconoce la identidad de género autopercibida poniéndola en tensión con la regulación
registral a través de la cual se inserta el dato sexo genérico en los documentos de identidad.
De este modo, se cuestiona el accionar estatal en la manutención del sexo biológico como
una categoría casi sagrada. Para ello, se utiliza el marco teórico proveniente de la Teoría
queer y se abordan las experiencias del colectivo LGTBIQ+ en relación al tema. Por último se
analizarán dos propuestas, a mi entender, superadoras. Por un lado, la implementación de un
catálogo abierto de identidades a consignar en los documentos de identificación. Por el otro
la abolición del sexo como categoría jurídica.
Abstract. This TFM analyzes the international and internal legislation of the Argentine
Republic that recognizes the self-perceived gender identity, putting it in tension with the
registry regulation through which the sex data is inserted in identity documents. This leads to
questioning states interest in maintaining biological sex almost as a sacred category. For this,
the theoretical framework from queer theory is used and the experiences of the LGTBIQ+
collective are addressed in relation to the subject. Finally, two proposals will be analyzed, in
my opinion, superior. On the one hand, the implementation of an open catalog of identities to
be recorded in identification documents. On the other, the abolition of sex as a legal category
Índice
1. Introducción……………………………………………………………………………………….5
2. Objetivos…………………………………………………………………………………………..6
3. Metodología……………………………………………………………………………………….7
6. Marco Jurídico…………………………………………………………………………..…….….16
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6.2. La Convención Americana de Derechos Humanos y su línea jurisprudencial….…….....18
7.2.a La “X” y su capacidad de “acabar” con el poder medico: ¿Una oportunidad perdida?..33
9. Conclusiones……………………………………………………………………………………....42
Lista de abreviaturas
CADH: Convención Interamericana de Derechos Humanos.
CIDH: Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Corte IDH: Corte Interamericana de Derechos Humanos.
GCBA: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
LGTBIQ+: Acrónimo que hace referencia al conjunto de lesbianas, gais, personas trans,
bisexuales, intersexuales y queer. El término ha evolucionado con el tiempo para incluir todas
las identidades de género y orientaciones sexuales, de ahí el símbolo '+'.
LIG: Ley de Identidad de Género.
OACI: Organización de Aviación Civil Internacional.
OC: Opinión Consultiva.
RENAPER: Registro Nacional de las Personas
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“Permítanme decirles que la homosexualidad y la heterosexualidad no
existen fuera de una taxonomía binaria y jerárquica que busca preservar
el dominio del pater familias sobre la reproducción de la vida. La
homosexualidad y la heterosexualidad, la intersexualidad y la
transexualidad no existen fuera de una epistemología colonial y
capitalista que privilegia las prácticas sexuales reproductivas en beneficio
de una estrategia de gestión de la población, de la reproducción de la
fuerza de trabajo, pero también de la reproducción de la población que
consume. Es el capital y no la vida lo que se reproduce. Pero si la
homosexualidad y la heterosexualidad, si la intersexualidad y la
transexualidad no existen ¿qué somos?, ¿cómo amamos? Imagínenselo”
Paul B. Preciado.
Pregunta de investigación.
¿Es la abolición de la categoría jurídica “sexo” la vía adecuada para materializar el derecho a la
autodeterminación de las personas que no se identifican dentro del sistema binario sexo
genérico?
1. Introducción.
El presente TFM se enmarca en un proyecto de investigación más amplio que tiene por objeto
analizar los argumentos que distintas disciplinas pueden proveernos a los fines de desestabilizar
el binomio sexo genérico, con la intención que sea una herramienta argumentativa que dé cuenta
de la necesidad de repensar y debatir en torno a todas las diversidades sexo genéricas el sujeto
político del movimiento feminista. Parto de una idea central en el pensamiento de Judith Butler,
considerando que la precariedad puede operar como el denominador común de un campo donde
establecer alianzas a través de ciertos grupos entre los cuales a veces surge desconfianza y
antagonismo. (Butler, 2017, pág. 34). Es oportuno aclarar que cuando hablo de precariedad, me
refiero a una condición impuesta políticamente merced a la cual ciertos grupos de población
sufren el quiebre de las redes sociales y económicas de apoyo mucho más que otros, y en
consecuencia, están más expuestos a la violencia y la muerte. Más allá de lo disímiles que
pueden ser estos grupos en su integración, todos se encuentran ligados por esa condición
precaria, aun cuando se nieguen a reconocer el vínculo. (Butler, 2017, pág. 40)
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Desde esta perspectiva no puedo dejar de afirmar la necesidad que, sin los reclamos de las
mujeres cis género, demos batalla por las vidas de las personas que integran el colectivo
LGTBIQ+ 1. En última instancia tanto las mujeres cis como las personas con diversidad sexo
genérica habitamos, en alguna medida, la precariedad.
A lo largo del presente trabajo se analizará un hecho que pocas veces ha sido puesto de resalto
en la literatura especializada y que se relaciona con un denominador común que atraviesa las
producciones académicas, las legislaciones más avanzadas en materia de género y las
resoluciones con mayor estándar de protección del sistema Interamericano de Derechos
Humamos. Todos los avances legislativos que se traducen en acceso a derechos para el
colectivo LGTBIQ+, se fundamentan en el derecho a reconocer la identidad de género
autopercibida; es decir, ya no a modo de binomio sino, como un catálogo ilimitado que debe ser
reconocido por los Estados. Mientras se celebran los avances más progresistas pocas son las
voces, que desde una perspectiva crítica, advierten que se le ha otorgado a la dicotomía del sexo
biológico una inmunidad casi sagrada. A partir de esta reflexión me pregunto, ¿Nos atreveremos
a sacrificar la binariedad del sexo biológico?
Entiendo que la cuestión que se plantea implica un cambio radical en el marco epistemológico
dentro del cual se debaten las cuestiones de género, y a través de este trabajo pretendo evaluar
si la abolición del sexo como categoría jurídica nos encamina hacia una serie de medidas que
harían las vidas, de quienes habitan los márgenes, más vivibles.
2. Objetivos.
Considerando que referido proyecto excede ampliamente los límites espaciales y temporales, en
esta oportunidad me centraré en analizar si el Derecho por vía legislativa y jurisprudencial puede
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En el presente TFM utilizaré el acrónimo LGTBIQ+ por ser el más utilizado en Argentina, especialmente adoptado por las
organizaciones sociales que luchan por los derechos de las diversidades sexo genéricas. Sin perjuicio de mi elección cabe señalar
que “a medida que ha ido pasando el tiempo, a medida que la diversidad ha ido tomando cuerpo, y a medida que se ha profundizado
y desarrollado su mundo y sus peculiaridades, el acrónimo no ha hecho sino crecer, lo cual implica ciertos disensos a la hora de
referirse a estos colectivos.” (Alvarez Rodriguez, 2019)
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erigirse en una herramienta, no solo emancipadora, sino también desestabilizadora de la
categoría “sexo” en su versión dicotómica.
Tratando de llevar este ambicioso objetivo a la realidad jurídica argentina se plantearán dos
niveles de análisis. Por un lado, se revisarán producciones teóricas provenientes del feminismo
dentro de las cuales es posible pensar la abolición del sexo como categoría jurídica. Por otro
lado, se analizará la legislación internacional y doméstica que, en el caso particular de Argentina,
posibilita el desmantelamiento de la dicotomía sobre el sexo biológico.
Así, partiendo de uno de los principales planteos de la obra “El género en disputa”, me pregunto
si ¿es la disolución de los binarios de género tan temible que, por definición se afirme imposible?
¿cuáles son las posibilidades reales de abolir el sexo como categoría jurídica?, de abrirse este
camino a través de la vía legislativa o jurisprudencial ¿cuáles serían las consecuencias?
3. Metodología.
Realicé una revisión bibliográfica de textos que abordan temáticas feministas en el marco de la
Teoría queer que me sirven de andamiaje para problematizar la legislación argentina en materia
de género. Para cumplir con los objetivos el TFM se estructurará de la siguiente manera:
En un primer apartado se hará un recorrido a través de diversos marcos teóricos que intentarán
explicar el motivo por el cual el binomio sexo genérico que predica la coherencia de género no
responde a una verdad científica, biológica o cultural, sino que son el efecto de un discurso
hegemónico médico jurídico. Las teorías en las profundizaré permitirán cuestionar las categorías
aludidas y una posterior lectura crítica de la legislación y las prácticas jurídicas vigentes.
En segundo lugar se hará referencia al marco legal internacional y doméstico, haciendo énfasis
en la Opinión Consultiva 24/17 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (en adelante
Corte IDH), la LIG sancionada en el año 2012 y en el reciente Decreto 476/21 que permite insertar
una “X” en la categoría “sexo” del Documento Nacional de Identidad. Sin perjuicio de reconocer
el gran avance que representa la legislación argentina en materia de género, se tratará de señalar
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una serie de limitaciones impuestas por la normativa que dan cuenta del camino que queda por
recorrer. Esta circunstancia no solo será abordada desde el punto de vista legal, sino que se
ilustrará a través de trayectorias vitales que dan cuenta de la problemática. Específicamente se
reflexionará acerca del decreto 476/21 asumiendo que, si bien resulta emancipador para muchas
personas del colectivo LGTBIQ+, en algunos casos puede significar un importante retroceso del
derecho a la identidad.
En un tercer apartado se expondrán las voces protagonistas del tema abordado, se efectuarán
dos propuestas que entiendo, son superadoras del sistema vigente, se analizarán sus virtudes y
obstáculos y a partir de allí una serie de conclusiones.
La investigación en el campo de las ciencias sociales ha sufrido una ruptura a partir del
cuestionamiento acerca de si es posible trabajar con un esquema de conocimiento científico que
se basa en una supuesta objetividad, cuyo elemento esencial es la neutralidad del investigador.
Por ello, previo a desarrollar la fundamentación del presente TFM, siento que es necesario situar
mi perspectiva, como así también las interpretaciones efectuadas sobre textos y legislaciones
que afectan e inciden de manera directa sobre otros cuerpos. Soy una persona que reúne una
cantidad de privilegios que deben ser conocidos por quienes lean este material. Soy una mujer
cis nacida en Argentina dentro de una familia de clase media. He tenido el privilegio de poder
transitar un camino educativo sin mayores inconvenientes lo cual me posibilitó graduarme como
abogada a mis 24 años y continuar mi formación académica en el ámbito del derecho penal.
Hace unos años llegó a mis manos El género en disputa, de Judith Butler y me conmovió su
objetivo político: visibilizar aquellas exclusiones que hacen que solo algunas vidas merezcan ser
lloradas, para que, al ponerlo de resalto, todas aquellas experiencias que transitan desde los
márgenes sean, no solo inteligibles, sino también más vivibles. Asimismo la tesis de la autora
sostiene que es el reconocimiento de nuestra interdependencia primaria, el que puede sostener
alianzas entre feministas, queers, travestis, intersex y trans, se trata de una alianza de cuerpos
que resisten desde la precariedad.
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Desde aquel momento empecé a formarme en Feminismos Jurídicos y Estudios de Género,
encontrando con asombro que gran parte de los discursos feministas academicistas reproducen
la misma lógica subordinante que denuncian, esta vez, sobre el colectivo LGTBIQ+. De allí mi
interés por problematizar discursos esencialistas que defienden un sujeto político cerrado y
hegemónico, que no advierte la conveniencia de ligar el movimiento feminista al concepto de
precariedad, ni la necesidad de poner un énfasis especial en aquellas vidas que se ven
interrumpidas con más facilidad.
5. Fundamentación.
La palabra queer, proveniente del idioma inglés, conoció distintos significados a lo largo del
tiempo. Originariamente queer se refería a lo extraño, lo desviado, posteriormente esa rareza fue
limitándose a un aspecto muy específico, el de la identidad sexo genérica de las personas, y se
denotaba en tanto no cumplía con las expectativas tradicionales de la sociedad. (Perez, 2016).
De este modo y durante un tiempo, queer fue un término despectivo, un insulto hacia quienes
habitaban los márgenes de la sexualidad cisnormativa, heterosexual y hegemónica.
Aquel insulto, ese término por medio del cual se canalizaba la violencia hacia las diversidades,
fue reapropiado y resignificado por los colectivos que hoy llamamos LGTBIQ+ en un claro acto
de agencia política y de resistencia. Así, lo queer también hace referencia a un espacio ubicado
en los márgenes, habitado por cuerpos marcados a través de ejes opresores como raza, sexo,
género, clase y capacitismo. En ese campo abyecto plagado de intersecciones se gesta una
identidad estratégica que no pretende situarse en el centro, sino permanecer en los márgenes
cuestionando las identidades hegemónicas y esencialistas.
Anteriormente se planteó que el mantenimiento del sexo biológico como algo natural y dicotómico
es una idea que ha subsistido y atravesado los campos académicos y normativos; la Teoría queer
es una excepción dentro de este fenómeno, atreviéndose a afirmar que el sexo no tiene base
biológica por ser un producto social ya generizado que, para poder ser explicado, requiere
cuerpos marcados de forma binaria. (Butler, 2007). En este sentido los procesos de inclusión y
exclusión se apoyan en marcadores corporales diferenciales que se utilizan para situar a unas
corporalidades en el centro y a otras en los márgenes. Sin embargo, estas marcas no son un
producto intrínseco o natural de los cuerpos sino que “reflejan y reproducen el sistema cultural
de significados en el que estas diferencias tienen sentido” (Montenegro Martinez, Egaña Rojas,
& Pujol Torres, 2019, pág. 62). Sobre este tema de las marcas corporales profundizaré en las
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conclusiones al momento de reflexionar acerca de la inserción de la “X” en los documentos de
identidad.
Excedería los límites de este trabajo extenderme sobre las poderosas reflexiones que se han
gestado en el marco de la Teoría queer, sin embargo y con motivo del tema que me ocupa,
quisiera detenerme en la problemática relación que se da entre esta teoría y el Derecho, tensión
que explica que el pensamiento queer no haya avanzado lo suficiente en el campo jurídico.
(García López, 2019)
Explica García López que el mundo occidental se organiza jurídicamente alrededor del
binarismo, sin perjuicio que en esta oportunidad pongamos en el centro de la escena el par
hombre-mujer, el Derecho se construye con elementos duales tales como normal-patológico,
lícito-ilícito, imputable-inimputable, nacional-migrante, etc. Así, por ser el binarismo uno de los
elementos constitutivos del pensamiento jurídico, puede concluirse que el Derecho inmuniza los
pares dicotómicos (García López, 2019), y jerarquiza los primeros términos sobre los segundos.
Los intentos teóricos de llevar adelante referida empresa son cuantiosos. Entre ellos se destaca
el pensamiento de Monique Wittig quien acertó al afirmar que la categoría sexo funda la sociedad
en cuanto a sociedad heterosexual, “la categoría sexo es el producto de la sociedad heterosexual
que impone a las mujeres la obligación absoluta de reproducir la especie, es decir, reproducir la
sociedad heterosexual” (Wittig, 2010, pág. 26). En este sentido Wittig propone la supresión de
las categorías hombre y mujer, una sociedad sin sexo para terminar con la heterosexualidad
obligatoria.
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En los años setenta el movimiento feminista asistió con entusiasmo al florecimiento teórico
derivado de la novedosa categoría denominada género. En 1986 la antropóloga Gayle Rubin
describió el sistema sexo género como “el conjunto de disposiciones por el que una sociedad
transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana, y en el cual se satisfacen
esas necesidades humanas transformadas” (pág. 97). De allí que, aunque se mantuvo la
creencia de dos sexos naturales, se concibió al género como un producto cultural y, como tal, la
imposibilidad de que éste sea correcto, verdadero o falso.
La reflexión teórica de Butler pone en evidencia que el sexo biológico y su pretensión binaria son
el resultado de una lectura ya generizada sobre los cuerpos, por lo que resulta imposible que el
sexo sea anterior al género. Concretamente, al afirmar que los géneros no son un producto de
la naturaleza la misma suerte correrá el sexo biológico ya que los cuerpos no existen al margen
del género.
Sin embargo, la idea del sexo como categoría natural y dicotómica se encuentra tan arraigada
culturalmente que pocas personas conocen que el dimorfismo corporal, que supuestamente
proviene de la naturaleza, es una construcción bastante moderna.
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Si de la mano de Laqueur indagamos en la historia de la ciencia médica, encontraremos que
Galeno desarrolló un modelo de sexo único en el cual la única diferencia entre hombres y mujeres
era una cuestión de temperatura corporal que producía que los mismos órganos quedaran al
interior del cuerpo en el caso de las mujeres, y al exterior en el caso de los hombres. El paradigma
de un único sexo subsistió hasta el siglo XVIII y, como es de suponer, eran las mujeres las
imperfectas por tener sus órganos en lugares equivocados. Este modelo le permitió al hombre
ser la medida de todas las cosas, en tanto la mujer carecía de categoría ontológica. (Laqueur,
1994). Sin embargo bajo este modelo la diferencia sexual era una variación cuantitativa, en los
extremos se encontraban por un lado las mujeres que eran frías, por el otro, los hombres que
eran calientes y en el medio las personas tibias.
“El discurso biomédico sobre la diferenciación sexual fue producido como un modelo de
verdad, de forma arbitraria y simplista. Pues parte de la concepción, por un lado, de que
al haber solamente dos gónadas solamente deben haber dos sexos, dos roles sociales;
y por otro que la función de los genitales es la reproducción humana, el placer no tiene
ninguna importancia. Lo importante es constituir una familia nuclear, la que está dejando
de existir en el mundo occidental”. (Fischer Pfaeffle, 2009).
Las relaciones de poder no se apoyan en un solo modo de dominación, sino que existen diversos
ejes de opresión que se materializan en discursos y producción de verdades (Foucault, 1977).
Históricamente nuestras identidades de género fueron moldeadas por la especial dialéctica entre
dos disciplinas, el Derecho y la Medicina.
Como afirma Daniel García López, en el siglo XVIII se modificó el estatuto jurídico del médico en
relación a la función social asignada a la medicina, y desde allí se producirán nuevos discursos
sobre la normalidad y la identidad. Es decir, ambos saberes construirán una realidad que será
presentada como universal y natural. (2015).
Así, mediante esta alianza, será el saber médico el encargado de disciplinar los cuerpos
definiendo cuáles son patológicos y por tanto, merecedores de corrección y normalización;
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mientras que el Derecho, asumiendo el discurso médico como veraz y objetivo, creará categorías
jurídicas especiales para aquellos sujetos cuyos cuerpos y conductas no coincidan con la
normatividad hegemónica. (Merino Sancho, 2017).
Esta estructura de poder, que ha sido larga y magníficamente reseñada por Michael Foucault,
no es solo un dato histórico, sino que persiste en la mayoría de las sociedades occidentales
hasta el día de hoy, circunstancia que se vuelve evidente al analizar el tratamiento mancomunado
que el Derecho y la Medicina han otorgado a los cuerpos intersexuales y de personas trans*.
Estas corporalidades desafían constantemente la pretendida binariedad y estabilidad sexo
genérica, no solo luchan incasablemente desde los márgenes, sino que además develan la
arbitrariedad que rige la noción de “normalidad”.
Las personas intersexuales o con ambigüedad sexual son aquellas que nacen o se desarrollan
con órganos reproductivos y/o sexuales que no se ajustan a lo que la medicina ha determinado
como normal para uno y otro sexo.
Excedería los límites de este trabajo hacer un recorrido acerca del tratamiento que se le ha dado
al nacimiento de personas intersex a lo largo de la historia, sin embargo basta con mencionar
que en la Antigüedad estos cuerpos ambiguos han sido tratados como divinidades y que, a partir
de la consolidación del paradigma médico hegemónico, fueron considerados personas con una
anomalía de nacimiento como producto de un desarrollo embrionario inusual. Las corporalidades
ambiguas fueron redefinidas desde una mirada patológica que, junto al avance científico del siglo
XX, hizo posible la invisibilización de estos cuerpos mediante la supresión quirúrgica y hormonal
de la intersexualidad.
En la década del cincuenta en la Unidad de endocrinología pediátrica del Hospital Johns Hopkins
en Baltimore, Jonhn Money llevó adelante una investigación que más tarde le permitiría afirmar
que la identidad de género no es una consecuencia biológica, sino un producto de la crianza y la
socialización. Así surge en el campo de la psicología clínica la diferencia entre sexo y género 2,
para luego extenderse a las ciencias sociales.
Básicamente el protocolo Money indicaba que ante la presencia de una ambigüedad anatómica
genital se debía proceder lo antes posible a una intervención quirúrgica que definiera el sexo
2 Debemos tener en cuenta que en el idioma inglés el vocablo “Gender” se utiliza tradicionalmente como sinónimo de sexo, sin
embargo con el paso del tiempo “gender” y “sex” no solo dejaron de ser sinónimos sino que en la mayoría de los textos mantienen
una relación de oposición.
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anatómico de la criatura, conjuntamente se le indicaba a los padres y las madres que el niño o
niña debía ser criado conforme el género correspondiente. Asimismo, con el paso del tiempo,
Money indicaría un tratamiento hormonal que la persona debería seguir a lo largo de su vida.
Vale aclarar que, desde sus comienzos y hasta la actualidad, el abordaje quirúrgico sobre las
personas intersex está impregnado de un imperativo heterosexual. En este sentido al momento
de intervenir un cuerpo ambiguo, la decisión médica considerará la finalidad reproductiva y las
posibilidades que aquel cuerpo pueda mantener relaciones sexuales.
Como era de esperar, esta teoría fue aplicada por el propio Money y una gran cantidad de
médicos para casos de bebés intersex. Lamentablemente, al rastrear los casos más
emblemáticos que integraron el protocolo, se advierte el gran sufrimiento producido que, en
alguna ocasión, culminó con la vida de la persona sometida a terapias de conversión. 3
Los cuerpos intersex son disidentes y herejes, siempre habitaron los márgenes por la sola
condición de poner en jaque de manera patente, el paradigma binario; más allá de los avances
de las ciencias biológicas las personas intersex poseen cuerpos abyectos que históricamente se
ha tratado de moldear conforme el sistema dicotómico; señalarlos desde la patologización, como
una excepción, confirma la regla, refuerza el dualismo y su aparente naturalidad.
Por último, en este trabajo se asumirá que, lejos de poseer una anomalía, las personas
intersexuales son el producto de un sistema en el que “machos y hembras se sitúan en los
extremos de un continuo biológico, pero hay muchos otros cuerpos… que combinan
3
Es el caso de los gemelos Bruce y Brian Reimer ambos asignados al sexo masculino al nacer. A los siete meses de vida y como
consecuencia de una negligencia al momento de practicar una circuncisión, los genitales de Bruce se quemaron. Al ser llevado al
Hospital Hopkins, Bruce fue intervenido quirúrgicamente mediante una vaginoplastía y Money le indicó a la familia que empezaran a
tratar a Bruce como una niña a la que llamarían Brenda. Más allá de las declaraciones de Money en cuanto al éxito del tratamiento
más tarde se supo que la infancia de Brenda estuvo plagada de sufrimiento, cuando llegó a la adolescencia se negó a una nueva
cirugía, abandonó el tratamiento y años más tarde volvió a ser un chico eligiendo David como su nombre de pila. Sin embargo, con
la imposibilidad de superar las aberraciones ejercidas sobre su cuerpo David se suicidó a los 38 años.
4 Gran parte de la literatura oscila en porcentajes que van del 0.8 al 1,7% de la población mundial.
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componentes anatómicos convencionalmente atribuidos a uno u otro polo” (Fausto Sterling,
2020, pág. 48).
Una de las mejores definiciones de este “continuum de género” es la que surge de un pasaje de
la investigación realizada por Laura Saldivia Menajovsky (2017, pág. 47). Haciendo referencia a
la teoría física de la lógica difusa aplicada al binario sexo genérico, cita a Amalia Pfaeffle:
Pero el poder médico no agotó sus esfuerzos en el campo de los cuerpos intersexuales, sino que
también avanzó sobre las corporalidades trans*. 5
5
Utilizaré el término Trans como oposición al paradigma cisnormativo. Asimismo recurriré al asterisco con la intención de poner
semántica y visualmente de resalto que hago uso de un término paraguas bajo el cual suelen agruparse identidades heterogéneas
con características y necesidades específicas, y por ello es oportuno destacar que el catálogo identitario que se agrupa bajo lo Trans,
siempre debe quedar abierto. En este sentido el uso del asterisco tiene la función de “plantear la posibilidad pedagógica y política
de usarlo más allá de los confines del lenguaje escrito y de las normas que confinan ciertas ideas sobre la normalidad, el binarismo
o todo aquello que naturalizamos como bueno y correcto.” (Platero, 2015)
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del sexo opuesto”. Más tarde, y de modo concomitante con la experimentación quirúrgica en
personas intersexuales, aparece el término transexual en alusión a aquellas personas dispuestas
a realizarse, o que se han realizado, una intervención genital para modificar su anatomía.
Con esto quiero destacar que la tecnología utilizada para tratar los cuerpos intersexuales hará
posible las intervenciones quirúrgicas en personas transexuales, todo bajo la opresora ideología
de la dualidad de los sexos que se reifica a través de los avances biomédicos. En este sentido,
si bien la posibilidad de intervención quirúrgica puede ser vista como algo valioso para las
personas transexuales, cabe aclarar que esta práctica afianzó el sistema binario heterosexual.
Sin embargo, durante la década de los ´90 surge una nueva conciencia que se caracteriza por
reivindicar la posibilidad de habitar corporalidades no moldeadas por los cánones dualistas, ajena
a aquellas concepciones que desde la biomedicina se enunciaban pretendidamente neutrales.
Lo que los sujetos intersexuales y transexuales van a advertir es la posibilidad de permanecer
en un estado ambiguo de sexuación, utilizando la tecnología biomédica para construir nuevos
cuerpos que no tienen por qué acoplarse a las categorías sexuales establecidas. Este nuevo
sujeto va a autodesignarse como transgénero (Balza, 2009).
6. Marco Jurídico.
Los Principios de Yogyakarta son una serie de preceptos de Derecho Internacional sobre la
aplicación de la legislación internacional de Derechos Humanos en relación con la orientación
sexual y la identidad de género, reciben su nombre de haber sido adoptados en el año 2006 en
Yogyakarta, Indonesia.
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Los primeros 29 principios aluden a derechos tradicionalmente consagrados en el sistema
universal tales como igualdad, no discriminación, derecho a la vida, a la seguridad personal, a la
privacidad, entre otros.
Posteriormente, en el año 2017 son adoptados los Principios de Yogyakarta +10 en el intento de
profundizar el desarrollo de estos derechos mediante una serie de obligaciones estatales
adicionales; surgen de la intersección de los desarrollos en el derecho internacional de los
derechos humanos con la comprensión emergente de las violaciones sufridas por las personas
por motivos de orientación sexual e identidad de género, expresión de género y sus
características sexuales.
Si bien estos preceptos se insertan en una categoría del derecho internacional denominada soft
law, me interesa destacar que los Principios de Yogyakarta contribuyen a interpretar, con la
especificidad necesaria, la amplia gama de derechos humanos insertos en documentos
vinculantes para los Estados.
De hecho, este es el sentido en el cual la Corte IDH ha interpretado estos preceptos cuando, por
ejemplo, ha tenido que resolver una controversia en la que el estado de Colombia privaba al Sr.
Duque de la posibilidad de obtener una “pensión de sobrevivencia”, tras la muerte de su pareja,
alegando que se trataba de una unión de personas del mismo sexo. En esta oportunidad la Corte
IDH citó expresamente los principios de Yogyakarta para sostener que la norma Colombiana que
excluía del pago de pensiones a parejas del mismo sexo representaba un trato discriminatorio
violatorio de la Convención Interamericana de Derechos Humanos (CADH). Es decir, el más alto
tribunal regional incorporó estos preceptos como herramienta de relevancia legal a la hora de
analizar cuestiones vinculadas a violaciones al principio de no discriminación con motivo de
orientación sexual, expresión o identidad de género. 6
“Toda persona tiene derecho al reconocimiento legal sin referencia a, o sin requerir o
revelar, el sexo, género, orientación sexual, identidad de género, expresión de género o
características sexuales. Toda persona tiene el derecho de obtener documentos de
6
Cfr. Corte IDH, Caso Duque, Alberto Ángel vs. Colombia, (Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas), Sentencia
de 26 de febrero de 2016, Serie C No. 111.
17
identidad, incluyendo certificados de nacimiento, con independencia de la orientación
sexual, identidad de género, expresión de género o características sexuales…”
Asimismo y mientras la categoría “sexo” siga siendo parte de la documentación oficial los
Estados deben “garantizar un mecanismo rápido, transparente y accesible que reconozca
legalmente y afirme la identidad de género con la que cada persona se identifica” teniendo
“disponibles múltiples marcadores de género”.
Este instrumento de Derechos Humanos entró en vigor en el año 1978, fue ratificado por
Argentina en 1984 e incorporado, junto a otros tratados, a la Carta Magna a través de la reforma
constitucional de 1994. En efecto, a través del art. 75 inc. 22 la Constitución Nacional estableció
que la CADH tiene jerarquía superior a las leyes.
Y es que la redacción de referida cláusula deja abiertos los criterios de inclusión a través del
término “otra condición social” con la finalidad de incorporar categorías que no hubiesen sido
“Los Estados Parte en esta Convención se comprometen a respetar los derechos y libertades reconocidos en ella y a garantizar su
7
libre y pleno ejercicio a toda persona que esté sujeta a su jurisdicción, sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo,
idioma, religión, opiniones políticas o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier
otra condición social.”
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explícitamente indicadas, debiendo la Corte interpretar tal expresión en la perspectiva de la
opción más favorable a la persona y de la evolución de los derechos fundamentales en el derecho
internacional contemporáneo.
En el año 2012 en la primera sentencia que aborda cuestiones relativas al colectivo LGTBIQ+, el
más alto Tribunal regional estableció:
“la orientación sexual y la identidad de género de las personas son categorías protegidas
por la Convención. Por ello está proscrita por la Convención cualquier norma, acto o
práctica discriminatoria basada en la orientación sexual de la persona. En consecuencia,
ninguna norma, decisión o práctica de derecho interno, sea por parte de autoridades
estatales o por particulares, pueden disminuir o restringir, de modo alguno, los derechos
de una persona a partir de su orientación sexual.” 8
Durante el año 2015 la CIDH publicó el informe titulado “Violencia contra las Personas LGBTI”
que puede ser considerado la antesala de la OC 24/17. En esta oportunidad la Comisión, en el
parágrafo 16, afirma expresamente:
“La Comisión toma nota del desarrollo del componente sexo como construcción social en
la literatura académica queer e intersex, y que es clave para comprender las violaciones
de derechos humanos de personas intersex. Esta idea trasciende el concepto de sexo
como masculino o femenino, y como un fenómeno biológico”. 9
A renglón seguido y citando dos exponentes argentinos de la Teoría queer la Comisión afirma
que “El sexo anatómico mismo, su propia presunta dicotomía, son producto de una lectura
ideológica. Por otra parte, clasificar a una persona como hombre o mujer es una decisión social”.
(Maffia & Cabral, 2009)
8
Cfr. Corte IDH, Caso Atala Riffo y Niñas vs. Chile, (Fondo Reparaciones y Costas), Sentencia del 24 de febrero de 2012, Serie C
No. 239, párr. 91.
9
Cfr. CIDH. Informe sobre “Violencia contra el colectivo LGBTI” 12 de noviembre de 2015
19
La Corte, adopta por primera vez el concepto de identidad de género conforme los Principios de
Yogyakarta, tal como en el 2015 lo había hecho la Comisión y agrega que:
“El derecho a la identidad y, por tanto, el derecho a la identidad sexual y de género, tiene
entre sus implicaciones y alcances más relevantes, el de constituirse como un derecho
con carácter autónomo que alimenta su contenido tanto de las normas del derecho
internacional, como de aquellas que se deriven de los rasgos culturales propios
contemplados en el ordenamiento interno de los Estados, concurriendo así a conformar
la especificidad de la persona, con los derechos que lo hacen único, singular e
identificable.” 10
Adicionalmente, en el punto siguiente, el Tribunal regional afirmó que “la identidad de género es
un elemento constitutivo y constituyente de la identidad de las personas” y por lo tanto consideró
que:
“el derecho de las personas a definir de manera autónoma su propia identidad sexual y
de género se hace efectiva garantizando que tales definiciones concuerden con los datos
de identificación consignados en los distintos registros así como en los documentos de
identidad. Lo anterior se traduce en la existencia del derecho de cada persona a que los
atributos de la personalidad anotados en esos registros y otros documentos de
identificación coincidan con las definiciones identitarias que tienen de ellas mismas y, en
caso de que no exista tal correspondencia, debe existir la posibilidad de modificarlas” 11
En primer lugar queda claro que los Estados parte ya no pueden ofrecer solo dos opciones como
dato sexo genérico en los documentos legales de identificación.
En segundo lugar, y ante una primera lectura, parecería que la Corte IDH se queda a mitad de
camino por cuanto adhiere a que el dato proveniente de la categoría sexo/género siga
consignándose en los documentos de identidad.
10
Ver Corte IDH, Identidad de género e igualdad y no discriminación a parejas del mismo sexo, Opinión Consultiva OC-24/17, 24 de
noviembre de 2017, párr. 104.
11
Ver Corte IDH, Identidad de género e igualdad y no discriminación a parejas del mismo sexo, Opinión Consultiva OC-24/17, 24 de
noviembre de 2017, párr. 105.
20
Por último el Tribunal expresa que sea cual fuere la identidad auto percibida ésta debe coincidir
con la registrada en los documentos legales de identificación.
Concretamente, la Corte IDH no solo está descartando el binario excluyente, sino que afirma que
el sistema de identificación no puede estar restringido a una cantidad limitada de identidades.
Llevado a la práctica el más alto tribunal está delineando el siguiente argumento: el derecho a la
identidad de género, en materia registral, se verá satisfecho si en los documentos de
identificación legal existe un espacio en blanco en el cual cada persona puede consignar,
libremente, su identidad autopercibida.
Dicho esto considero que la Corte omite una cuestión que, en la práctica, termina contraviniendo
todos los principios citados en el documento bajo examen y que, como se verá más adelante, es
uno de los problemas nucleares que se suscita con la legislación Argentina.
Por un lado la Corte IDH otorga reconocimiento a la identidad sexual, como manifestación de la
autonomía personal, entendiendo que es un elemento constitutivo y constituyente de la identidad
de las personas. A renglón seguido expresa que la identidad sexual “se encuentra ligada al
concepto de libertad… y a la posibilidad de todo ser humano de autodeterminarse...” 12
En este sentido la OC 24/17 informa qué entiende la Corte IDH por “Sexo asignado al nacer”
expresando que:
“La asignación del sexo no es un hecho biológico innato; más bien, el sexo se asigna al
nacer con base en la percepción que otros tienen sobre los genitales. La mayoría de las
12
Ver Corte IDH, Identidad de género e igualdad y no discriminación a parejas del mismo sexo, Opinión Consultiva OC-24/17, 24 de
noviembre de 2017, párr. 101, apartado “e”.
21
personas son fácilmente clasificadas pero algunas personas no encajan en el binario
mujer/hombre” 13
Aunada esta definición con lo expuesto en párrafos precedentes me pregunto, ¿está la Corte
avalando que el poder médico clasifique a los seres humanos en base a un hecho que no es
biológico?
No es casual que haya sido Argentina el primer país en contar con una legislación en materia de
identidad de género que se constituyó en modelo a nivel mundial. 14
Un breve repaso por la historia argentina de la segunda mitad del siglo XX nos muestra las
profundas huellas que ha dejado la última dictadura cívico militar que gobernó el país desde el
año 1976 hasta el regreso a la democracia producido en 1983. Los militares que tomaron el poder
llevaron adelante un plan de exterminio que incluyó la desaparición de miles de personas y el
robo de cientos de niños pequeños y recién nacidos.
Una práctica frecuente en los centros clandestinos de detención fue mantener con vida a las
mujeres embarazadas que habían sido secuestradas, hasta tanto dieran a luz a sus hijos. Luego
del parto se mataba a las madres y se confeccionaba un documento de identidad falso para el
recién nacido. Estas niñas y niños eran secuestrados, apropiados y entregados a personas que
conocían el origen de esos bebés y la supresión de identidad que habían sufrido; en la mayoría
de los casos se trataba de familias de las fuerzas represivas. Muchas veces los apropiadores
inscribían a esos niños como propios o los adoptaban legalmente con la complicidad de
funcionarios públicos, médicos y jueces.
Este actuar sistemático de sustraer la identidad de los niños apropiados fue una parte
fundamental del plan de exterminio de la dictadura; por este motivo la identidad personal adquirió
estatus de derecho humano.
13
Ver Corte IDH, Identidad de género e igualdad y no discriminación a parejas del mismo sexo, Opinión Consultiva OC-24/17, 24 de
noviembre de 2017, párr. 32, apartado “b”.
14
Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Violencia contra Personas Lesbianas, Gay, Bisexuales, Trans e Intersex en
Américas, 12 de noviembre de 2015, párr. 419.
22
comprende otros derechos tales como el derecho a la nacionalidad, al nombre y a las relaciones
de familia, entre otros, conforme la sentencia de la Corte IDH en el caso “Gelman vs. Uruguay”.
(Saldivia, 2017, p. 93).
Esta categorización fundamental del derecho a la identidad como derecho humano fue la base
del posterior desarrollo del derecho a la identidad de género.
En otro orden de ideas, para comprender la tensión legislativa en la materia que nos ocupa, se
torna necesario afirmar que cuando la LIG entra en vigencia, se inserta en un sistema jurídico
cuyas normas y prácticas se estructuran de manera binaria, dualista y dicotómica.
De antaño, una de las funciones del Estado Nacional fue la de registrar los datos vitales de la
población 15 estableciendo procedimientos uniformes para la inscripción, sentando las bases para
la creación de los Registros Civiles provinciales, y del Registro Civil de la Ciudad de Buenos
Aires. 16 En el año 1948, se creó el Registro Nacional de las Personas (RENAPER), con el objetivo
de registrar y certificar la identidad de todas las personas de nacionalidad argentina o que habiten
el territorio nacional. A partir de allí, en materia de identificación, conviven dos sistemas.
Por un lado, el registral cuya tarea es asentar todos los actos que den origen, alteren o
modifiquen el estado civil o la capacidad de las personas; esta función es llevada adelante por
los Registros que dependen de las gobernaciones provinciales, y son los encargados de inscribir,
entre otros, nacimientos, matrimonios y defunciones, emitiendo las partidas que certifican
referidas acciones. Al examinar la ley que rige este sistema registral hallamos, en su apartado
15
En lo que hace a la registración del sexo, Emiliano Litardo expone con claridad magistral la función de tal relevamiento: “Este sexo
en los documentos oficiales sirvió en Argentina para sustentar el matrimonio entre personas de distinto sexo como forma exclusiva
para el parentesco y las relaciones de familia. También para distinguir las edades para contraer nupcias. Este sexo, además, fue
necesario para establecer distinciones en el ejercicio de los bienes de familia. Incluso para establecer que la mujer no podía estar en
juicio por sí o celebrar contrato alguno sin licencia especial del marido. Este sexo fue utilizado para fijar la determinación de la
maternidad. Este sexo sirvió para establecer el ingreso al servicio militar obligatorio. Este sexo fue fundamento del sexismo escolar
en establecimiento educativos de élite. Este sexo resultó pieza clave para trazar las distinciones entre género y sexo cuando era
obligatorio judicializar la transexualidad para lograr cambiar el nombre de los documentos de identidad o acceder a determinadas
operaciones de afirmación de género y consolidar el sexo verdadero”. (Litardo, 2018)
16 Es necesario aclarar que La República Argentina es un estado cuya forma de gobierno es representativa, republicana y federal;
está constituido por un Gobierno central, veintitrés Estados Provinciales y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires -que tiene un régimen
de autonomía especial-. En este mapa político los Estados Provinciales, reunidos bajo un Gobierno Nacional común, conservan su
autonomía, dictan su propia constitución y ejercen todos los poderes no delegados en el gobierno federal y su jurisdicción abarca su
propio territorio. El estado nacional es federal y tiene jurisdicción sobre todo el territorio nacional. Esta coexistencia se basa en un
mecanismo de control y cooperación recíproca entre las provincias y el gobierno federal.
23
dedicado a la inscripción de nacimientos, que el sexo es un dato que debe ser relevado 17 y surgirá
del certificado médico de nacimiento.
Por otro lado, encontramos el sistema identificatorio, con alcance nacional, regulado por la ley
17.671, cuya principal función consiste en emitir los Documentos Nacionales de Identidad (DNI).
Al explorar la normativa se advierte que, a diferencia del sistema registral, aquí el sexo no es un
dato esencial. Sin embargo, toda vez que la información obrante en el DNI surge de las partidas
emitidas por el sistema registral, el dato relativo al sexo de la persona se sigue registrando.
Haciéndose eco de los Principios de Yogyakarta en su Art. 2 la LIG define la identidad de género
como:
“la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede
corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la
vivencia personal del cuerpo. Esto puede involucrar la modificación de la apariencia o la
función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre
que ello sea libremente escogido. También incluye otras expresiones de género, como la
vestimenta, el modo de hablar y los modales”
En referencia al ejercicio del derecho reconocido, la ley expresa que “toda persona podrá solicitar
la rectificación registral del sexo, y el cambio de nombre de pila e imagen cuando no coincidan
con su identidad de género autopercibida”.
17 Art. 36 de la ley 26.413 “La inscripción deberá contener: a) El nombre, apellido y sexo del recién nacido…”
24
Adicionalmente los legisladores, conscientes de la importancia de la temática que los convocaba
y entendiendo que se trata de un campo constantemente amenazado a retrocesos legales y de
otras índoles, en el artículo 13 expresamente afirmaron que:
La potencia de la LIG radica, entre otras cosas, en su capacidad para desplazar el poder médico
como pieza fundamental en la construcción del sexo, que ahora es superado por la
autodeterminación del género. Laura Saldivia lo ha señalado como una suerte de “desregulación
médica del cuerpo” (2017, pág. 133) que surge como consecuencia de la definición de identidad
de género adoptada por la LIG, ya que implica “la escisión conceptual del género de los atributos
físicos de la persona” (2017, pág. 134).
Previo a problematizar algunos aspectos normativos es necesario reconocer que la LIG tuvo una
gran incidencia en la vida de las personas del colectivo LGTBIQ+. En los primeros diez años de
vigencia de la ley, 12.655 personas modificaron su documento de identidad 18, lo cual no solo nos
habla del acceso a derechos, sino de un avance en términos de dignidad humana para todo un
colectivo que, a partir de la ley, puede ser legalmente nombrado conforme su autodeterminación.
En los mismos términos se destaca el acceso a tratamientos de salud para toda persona que
requiera modificar su cuerpo acorde con el género autopercibido. En Argentina ello implica que
los costos derivados de los tratamientos tanto quirúrgicos como hormonales, deberán ser
cubiertos por el sistema de Salud Pública.
Precedentemente hice referencia a la vanguardia legislativa aportada por la ley sin dejar de
reconocer que se inserta en un sistema jurídico binario, patriarcal y con excesiva tendencia a ver
el mundo de manera dicotómica. Es por ello que desde su sanción en el año 2012 y hasta el mes
de julio de 2021, la LIG convivió con normas y prácticas que solo permitían identificar a las
personas como femeninas o masculinas en la documentación legal. Concretamente,
encontrándose en plena vigencia el Art, 2 de la LIG, las partidas de nacimiento, los DNI, los
pasaportes y todos los formularios que permiten efectuar trámites administrativos, seguían
18
[Link]
25
contando con dos casilleros; circunstancia que en muchas ocasiones llegaba a opacar los
derechos consagrados por la ley 26.743.
De la simple lectura de la norma puede advertirse que ninguna de sus cláusulas limita el cambio
registral de la categoría sexo a las únicas dos opciones del binario heterocisnormativo. De hecho,
un artículo de esa naturaleza sería contradictorio con la definición de identidad de género
adoptada por la norma en su Art. 2. Sin embargo, durante los primeros años de vigencia la ley
en cuestión, al ser interpretada por los operadores judiciales y administrativos, encontró el
obstáculo de sacralización del sexo biológico en su fórmula binaria y excluyente.
Sin perjuicio de ello, las malas prácticas señaladas, fueron hallando excepciones que son
posibles gracias al trabajo mancomunado del activismo del colectivo LGTBIQ+ y a profesionales
formados en estudios de género.
Antes de adentrarnos a las excepciones señaladas, vale aclarar un hito legislativo importante
que, entiendo, fue determinante en las soluciones adoptadas. Encontrándose en plena vigencia
la LIG, en el año 2015 comenzó a aplicarse el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación que
en sus primeros artículos establece que los jueces y las juezas deben resolver los casos bajo
examen mediante una decisión fundada a la cual se arribará aplicando los principios
constitucionales y los Tratados de Derechos Humanos. 19
Volviendo al análisis de cómo opera la LIG en referencia al registro de la identidad por parte del
Estado, hallamos que a partir de su entrada en vigencia varios fueron los casos de personas que,
entendiendo correctamente las implicancias de la identidad autopercibida, cuestionaron la
interpretación tanto administrativa como judicial, en relación al registro de la categoría sexo.
En el año 2018, en la provincia de Mendoza, dos personas requirieron ante la Dirección General
del Registro de Estado Civil de las Personas, que se consigne en su partida de nacimiento y en
19
ARTICULO 1°Fuentes y aplicación. Los casos que este Código rige deben ser resueltos según las leyes que resulten aplicables,
conforme con la Constitución Nacional y los tratados de derechos humanos en los que la República sea parte. A tal efecto, se tendrá
en cuenta la finalidad de la norma. Los usos, prácticas y costumbres son vinculantes cuando las leyes o los interesados se refieren
a ellos o en situaciones no regladas legalmente, siempre que no sean contrarios a derecho.
26
su documento nacional de identidad sus nuevos nombres tal como lo permite LIG, y además
solicitaron que no se consigne sexo alguno.
Para arribar a tal conclusión la Dirección General del Registro Civil consideró la interpretación y
alcance de la CADH efectuada por la Corte IDH en la Opinión Consultiva 24/17 en la que
prescribe que la orientación sexual y la identidad de género, así como la expresión de género,
son categorías protegidas por la Convención y que ninguna norma, decisión o práctica de
derecho por parte de las autoridades estatales, pueden disminuir o restringir de modo alguno,
los derechos de una persona a partir de su orientación sexual, su identidad de género y su
expresión de género.
En una clara intención de armonizar el arcaico sistema registral con la nueva normativa, la
Dirección General del Registro Civil de Mendoza reconoció que el nombre es solo uno de los
elementos de la identidad, y que los procedimientos que se llevan adelante en estos ámbitos
administrativos deben estar enfocados en la adecuación de otros aspectos que hacen a la
identidad autopercibida. De este modo la resolución asume que históricamente el sexo fue un
elemento importante en términos identificatorios, pero al mismo tiempo reconoce que la
consignación de este dato en la partida de nacimiento de una persona “ha perdido relevancia a
los fines de la identificación” 20.
En la práctica las partidas de nacimiento de las personas solicitantes fueron rectificadas sin
asignación de sexo, sin embargo, los peticionantes no pudieron contar con un DNI de tales
características. Con la burocracia habitual que caracteriza a las oficinas estatales, el RENAPER,
encargado de emitir el DNI, entendió que no era posible extender un documento legal sin
asignación de sexo, produciendo que las dos personas peticionantes hayan permanecido cuasi
indocumentadas hasta el año 2021.
20
Resolución 420/18 del Registro de Estado Civil de Mendoza que se adjunta en el Anexo.
27
El caso comentado tiene una relevancia fundamental para el tema analizado ya que se trata de
un precedente en el que, por vía administrativa, sin necesidad de judicialización, se hizo lugar a
una petición basada en el derecho a la autodeterminación, con una interpretación avanzada de
los estándares internacionales que rigen la materia. Pero su importancia no termina allí, este
caso explicita la violación de derechos sufrida por todas las personas que se identifican por fuera
del binario heterocisnormativo 21 y que, como veremos más adelante, es recién a partir del año
2021, con la publicación del decreto 476/21 que pueden conseguir un documento legal de
identidad por fuera del de las dos opciones hegemónicas.
Otro caso paradigmático, especialmente por sus reveses judiciales, es el que protagoniza la
activista Lara Bertolini, feminidad travesti, quien en el año 2015 en el marco de lo dispuesto por
la LIG, procedió a efectuar un cambio registral. En aquella oportunidad fue identificada como
Lara María Bertolini y con sexo femenino tal como ella lo solicitó.
Unos años más tarde a contar desde aquella primera rectificación, Lara solicita que se le
reconozca su verdadera identidad la cual se encontraba por fuera de las opciones binarias que,
en ese momento otorgaba la ley. En su presentación la peticionante expresó que ninguna de las
dos opciones, femenino y masculino, representaban su autopercepción y en consecuencia
solicitó que su partida de nacimiento y DNI sean rectificados, consignándose “Feminidad
Travesti” por el simple hecho de que ésta es su verdadera identidad de género.
Como era de esperar, la primera repuesta de la Dirección del Registro Civil fue que la ley 26.413,
que anteriormente afirmamos rige el sistema registral de identificación, impide a través del Art.
13, que se consignen “enunciaciones improcedentes o que no deban declararse con arreglo a la
ley”. A consecuencia de ello Lara impugnó judicialmente la decisión de la autoridad
administrativa, logrando una sentencia que no solo hace lugar a su pedido, sino que es un claro
ejemplo que el poder judicial, haciendo una interpretación de la ley en forma concordante con los
estándares internacionales, es una herramienta mediante la cual el colectivo LGTBIQ+ puede
ampliar el acceso a sus derechos.
La Dra. Myriam Cataldi, a cargo del tribunal donde tramitó la causa, hizo un exhaustivo repaso
por la LIG, estableció que la misma debe ser aplicada tal como lo establece el Código Civil y
Comercial de la Nación, esto es, que los jueces deben adoptar decisiones razonadas y fundadas
21
Aquí es oportuno aclarar que las personas no binarias se encuentran en mayor desventaja que las trans binarias toda vez que a
la dificultad de acceder a mecanismos eficaces que garanticen sus derechos, se adiciona la experiencia de vivir en una sociedad
estructurada bajo un modelo binario y excluyente.
28
en la Constitución Nacional y en los Tratados de Derechos Humanos. Asimismo la magistrada
se refirió a la resolución 420/18 precedentemente analizada expresando que ésta “marcó, sin
dudas, la ruptura de la concepción binaria del género”. 22
En esta línea la jueza Cataldi sostuvo que el paradigma binario según el cual en el DNI solo
puede consignarse el sexo femenino o el masculino, ya no existe, “no solo en materia de sexo y
de género sino también de relaciones, por lo que se presenta hoy caduca esa clasificación, en
tanto se han derrumbado las categorías que permitían ubicarlos en uno u otro…” y que “ya no se
puede afirmar que hay dos sexos sino una multiplicidad de características sexuales que son
compulsivamente encasilladas en dos categorías”.
Notificada la sentencia, el RENAPER interpuso un recurso de apelación que fue dirimido por la
sala “G” de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, a través de una resolución que acarrea
un retroceso judicial pocas veces visto. Los tres jueces que integran la sala son hombres cis que
afirmaron que “de la lectura de la ley no surge la posibilidad de la rectificación solicitada toda vez
que la norma sólo hace referencia a la rectificación registral del sexo, término utilizado para
denominar la condición femenina o masculina” argumento para el cual citan expresamente como
fuente el Diccionario de la Lengua Española. 23
Con este argumento colonialista y cisheteronormativo la Cámara revoca lo decidido por la Dra.
Myriam Cataldi mediante una sentencia que linda con un discurso transodiante, afirmando que
la LIG, que vino a reconocer las identidades autopercibidas, exige encuadrarlas en el binomio
femenino / masculino, circunstancia que no surge del texto legal, contradice el criterio de la Corte
IDH y vacía de contenido una de las normas más progresistas del estado argentino.
22
Juzgado Nacional en lo Civil Nro. 7, “Bertolini, Lara María c/ EN-M. Interior OP y V s/ información sumaria” 01/03/19. Se adjunta
en el Anexo.
23
Cámara Civil – Sala G, “Bertolini, Lara María c/ EN-M. Interior OP y V s/ información sumaria” 10/12/19). Se adjunta en el Anexo.
29
Actualmente el caso de Lara se encuentra tramitando ante la Corte Suprema de Justicia de la
Nación.
Conforme la normativa esta tercera nomenclatura en el campo “sexo” comprenderá las siguientes
acepciones: “no binaria, indeterminada, no especificada, indefinida, no informada, autopercibida,
no consignada; u otra acepción con la que pudiera identificarse la persona que no se sienta
comprendida en el binomio masculino / femenino”. 24
“las nomenclaturas a utilizarse en los DNI y en los Pasaportes Ordinarios para Argentinos
en el campo referido al sexo podrán ser F -Femenino-, M -Masculino- o X. Esta última se
consignará, de conformidad con lo establecido en el Art. 4 del presente decreto, en
aquellos supuestos de personas nacionales cuyas partidas de nacimiento sean
rectificadas en el marco de la Ley 24.743, cualquiera sea la opción consignada en la
categoría sexo, siempre que no sea F o M, o bien si el sexo no se hubiere consignado”.
Si bien el Decreto puede y debe ser leído como un avance en materia de reconocimiento de
identidades no binarias, también es cierto que es sólo un paso en el camino que queda por andar.
Muestra de ellos fueron las reacciones heterogéneas que se produjeron dentro del activismo. Al
mismo tiempo que un sector aplaudía la nueva reglamentación, se alzaban voces dentro del
colectivo LGTBIQ+ que denunciaban la invisibilización de las identidades no binarias.
"Así lo hizo ver Valentine Machado, quien recibió el DNI de la mano de Fernández y al
abrirse su chaqueta mostró una remera que decía “no somos X”, mientras una voz entre
el reducido público que asistió al Museo del Bicentenario captó la atención: “No somos
una X, mi sentimiento interno no es una X”, dijo poniendo sobre la mesa el deseo de
muchxs de una Ley más de avanzada, así como cuando se promulgó la Ley de Identidad
de Género hubo quienes reclamaron la T de travesti/trans” (Maximo, 2021).
24
Decreto 476/21, Art. 4
30
Es decir, si bien la opción registral por fuera del binomio es totalmente necesaria, la “X” es
insuficiente para quienes tienen una identidad de género por fuera de la “F”, la “M” o la “X”, tal
como quedó plasmado en el caso de Lara Bertolini.
Volviendo al texto legal, en sus considerandos el decreto prevé este tipo de lecturas y explicita
que la República Argentina adhirió al Convenio Provisional de Aviación Civil Internacional
conocido como “Convenio de Chicago”, que crea la Organización de Aviación Civil Internacional
(OACI) encargada se fijar determinados estándares de transporte aéreo. En referida función se
redactó el documento OACI Nro 9303 que contiene un detalle de las especificaciones técnicas
para la seguridad e integridad de los documentos de viaje de lectura mecánica en el cual se
indica que la zona reservada para “sexo” es obligatorio completarla, y que ello debe realizarse
con las letras “F” para el femenino, “M” para el masculino y “X” en caso indefinido o cuando no
se especifique.
En igual sentido el decreto también tiene en consideración que el DNI es un documento de viaje
válido en el ámbito del Mercosur, motivo por el cual debe cumplir con referidos estándares
internacionales.
Los dos casos analizados al desarrollar la LIG son ilustrativos de las distintas lecturas que
pueden hacerse sobre el derecho a la autodeterminación y sus límites.
Las personas que lograron por vía administrativa la rectificación de su partida de nacimiento sin
asignación de sexo representan una parte del colectivo para la cual el Decreto 476/21 fue
fundamental. De hecho, luego de permanecer por un tiempo indocumentados, la normativa hizo
posible la entrega de los correspondientes DNI.
Sin embargo el caso de Lara admite otra lectura ya que los argumentos examinados, que
sostienen la decisión de la Dra. Cataldi no hubiesen servido de andamiaje para arribar a la misma
sentencia si el decreto 476/21 se hubiese encontrado vigente.
31
7. Problemas que se esconden detrás de una “X”.
Como se mencionó con anterioridad, personas que integran el colectivo LGTBIQ+ dejaron
planteada la problemática acerca de la invisibilización identitaria detrás de la “X” y, sin perjuicio
que el Poder Ejecutivo dio argumentos suficientes que desembocaron en la sanción del decreto,
considero que es pertinente reflexionar sobre otros escenarios posibles y sus implicancias.
De esta forma, no solo seríamos congruentes con lo dispuesto por la Corte IDH en la OC 24/17,
sino que además, se trataría de una medida con consecuencias positivas en el diseño de políticas
públicas, permitiendo que el Estado sea más eficiente a la hora de abordar las necesidades
específicas de determinadas identidades.
Advierto que esta alternativa no da respuesta al problema que se presenta al considerar que el
DNI es un documento legal de viaje para los Estados parte del MERCOSUR; sin embargo
considero posible y deseable que Argentina promueva, en este ámbito regional, la posibilidad de
consignar la identidad de género autopercibida en los documentos y que tal alternativa sea válida
en todos los países que integran el bloque regional. De hecho, se trata de una medida a través
de la cual, los Estados involucrados reglamentarían internamente lo dispuesto por la Corte IDH,
haciendo efectivos los derechos recogidos por el Alto Tribunal.
La segunda alternativa es aquella que incipientemente fui deslizando a lo largo del TFM, esto es,
la abolición del sexo como categoría jurídica.
“A nuestro marco legal no le interesan los cuerpos, la biología, sino la identidad. Requerir
un dato que solo refleja la bianatomía de una persona, que es además estático en tanto
implica estampar lo advertido en un momento que no necesariamente se mantiene ni
luego se condice con el género, es por lo menos discordante e incoherente” (Lamm, 2017,
pág. 274).
Pero, como se verá a continuación, la coherencia del sistema legal no es el único motivo por el
cual me inclino a afirmar que la abolición del sexo como categoría jurídica es una propuesta
superadora del modelo que adopta la “X” como una tercera opción.
En post de una correcta comprensión, al momento de detallar lo dispuesto por el decreto 476/21,
omití considerar un aspecto importante del Art. 2 que dispone que la “X” se consignará en los
DNI de personas que hayan rectificado, en el marco de la LIG, su partida de nacimiento.
Es decir, para poder acceder a la “X”, será necesario que quien lo peticione, haya ejercido la
opción que le brinda la LIG, precisando que el cambio registral responderá a la falta de
congruencia entre el sexo asignado al nacer y la identidad autopercibida.
De esta forma, si bien entiendo que en un Estado que decide plasmar la identidad sexo genérica
en documentos legales, la misma no puede ser otra que la autopercibida, también advierto que
33
esta circunstancia deja de lado a la primera infancia que aún no puede expresar su
autopercepción; a la vez que refuerza el poder médico en la asignación del sexo en el nacimiento.
A los fines de verificar esta circunstancia inicié un pedido de acceso a la información pública 25
ante el Gobierno de la Ciudad Autómoma de Buenos Aires (GCABA), para que informe la
cantidad de nacimientos inscriptos bajo la nomenclatura “X” desde el mes de julio de 2021 hasta
el mes de diciembre de 2022.
Es en este sentido que entiendo que hemos perdido una oportunidad histórica ya que, al
momento de sancionar el decreto 276/21 nada impedía que se habilitara el derecho mater
paternal a optar por consignar una “X” al momento del nacimiento, tanto en el acta que da cuenta
del evento, como en el primer documento nacional de identidad. Y es que partiendo de la fluidez
de género nada impediría que años más tarde, con la posibilidad de expresar su autopercepción
esa persona inscripta con “X” al momento de nacer, pueda cambiar su DNI de acuerdo a su
vivencia.
La tensión planteada queda expuesta al considerar que el sistema de registro de las personas
recién nacidas, que se apoya en la lectura médica de los genitales, reifica la supuesta
“naturalidad” binaria manteniendo las expectativas de género que se vinculan al dato consignado
en nuestros documentos de identidad. Referida circunstancia encuentra su explicación al
entender que la fijación del dato sexo genérico, de forma previa a nuestra autopercepción,
establece un deber ser cuyo andamiaje es la matriz heterosexual y el sistema cis normativo.
25
La ley 27.245 garantiza el acceso a la información pública estableciendo que cualquier persona puede acceder a la información
que se encuentra bajo custodia de la Administración Pública Nacional y organismos descentralizados, a través de un trámite sin
formalidades.
34
Habiendo dejado planteada la problemática generada por consignar un dato sexo genérico en
las actas de nacimiento, aún nos queda por explicar el otro daño generado por esta circunstancia.
Me refiero a las personas intersex, sobre las cuales el registro binario juega un rol fundamental
incitando a madres y padres a recurrir a prematuras intervenciones quirúrgicas y terapias
normalizadoras con el objeto de adecuar sus cuerpos a alguna de las dos categorías
hegemónicas.
Algunos Estados han tomado cartas en el asunto con legislaciones que, a mi modo de ver, siguen
naufragando en la estructura binaria. Alemania por ejemplo, en el año 2013 se convirtió en el
primer país en otorgar a madres y padres la posibilidad de no consignar el sexo en los
documentos de identidad de sus hijos e hijas. Sin embargo la ley solo brindaba esta opción ante
el nacimiento de una persona intersex, afirmando que en cualquier momento posterior, la persona
podrá identificarse como femenino o masculino. 26
En primer lugar, que la opción de no consignar sexo esté disponible solo para personas intersex,
lejos de favorecer su autodeterminación, reafirma el sistema biomédico y expone la intimidad de
este colectivo. (Lamm, 2017, pág. 266) En segundo lugar, la exigencia del aval médico perpetúa
la dicotomía que ahora, se actualiza en términos de lo natural dentro de lo cual encontramos las
opciones “F” y “M”, y lo patológico del otro lado del binomio.
A consecuencia de las implicancias del tema sobre el colectivo intersex, el activista Mauro Cabral,
que en el año 2006 participo de la elaboración de los Principios de Yogyakarta, afirmó que “Es
posible, sin embargo, que la superación futura de la Ley de Identidad de Género argentina no
necesariamente implique el reconocimiento de más sexos o de más géneros —sino, y lo digo
con esperanzas, la abolición de ambas nociones como categorías jurídicamente relevantes”
(Cabral, 2014, pág. 212).
26
Como explica el activista Mauro Cabral, experto internacionalmente reconocido en la materia, “La ley alemana sobre intersexualidad
fue aprobada en mayo del 2013, y entro en vigencia en noviembre del mismo año. A través de este instrumento normativo se crea la
asignación de sexo “no determinado” en los certificados de nacimiento, con el fin de evitar las cirugías mutilantes a las que se somete
a niños y niñas intersex con el fin de “normalizar” sus cuerpos a partir de una asignación al sexo femenino o al sexo masculino. La
norma ha sido públicamente criticada por el movimiento intersex, en tanto otorga a la medicina el poder de decidir sobre la
determinación o indeterminación del sexo y crea un estatus discriminatorio con fines de protección” (Cabral, 2014).
35
Y es que tomando como marco teórico las nociones expuestas en la primera parte del presente
TFM, esto es, el sexo como un continuo biológico a través del cual podemos hallar infinidad de
combinaciones, la opción legislativa que mejor se ajusta a esta realidad es la abolición del sexo
como categoría jurídica. Sentada esta posición resta abordar algunos interrogantes que
recurrentemente se presentan al ensayar esta propuesta.
Al analizar las reacciones ante la propuesta de abolir el sexo como categoría jurídica es habitual
toparnos ante el cuestionamiento acerca de cómo recolectaría el Estado la información necesaria
para llevar adelante políticas públicas destinadas a corregir desigualdades en materia de género.
Si bien considero que la recolección de datos resulta imprescindible a tales fines, entiendo que
la variable “sexo” no es adecuada para el diseño de políticas que tengan por objeto reducir las
brechas de género.
En primer lugar cabe considerar que el Estado constantemente diseña políticas públicas sobre
ejes que no son registrados en nuestros documentos de identidad. Basta con pensar en las
innumerables medidas que los gobiernos llevan adelante en materia social todas ellas destinadas
a reducir las brechas de desigualdad económica de los grupos más vulnerables.
Algo similar sucede con las acciones estatales que ponen el foco acotar las vulneraciones
sufridas por grupos racializados.
Y es que además, tal como se recolectó la información hasta el año 2021, los datos solo pueden
echar luz sobre las desigualdades experimentadas por las mujeres cis, mas no serán
representativos de las brechas existentes sobre la población trans* y/o identidades no
normativas. Es más, si se quiere diseñar políticas públicas eficaces es necesario contar con
información disgregada en torno a identidades específicas lo cual solo será posible si el Estado
cuenta con un catálogo identitario abierto en materia de género. De este modo no solo serían
posibles políticas atentas a necesidades específicas sino que además, se estaría cumpliendo
con lo dispuesto por la LIG que establece la autodeterminación del género como único criterio
válido.
36
Sabemos que las violencias y las brechas experimentadas por el colectivo trans* difieren y son
mucho mayores a las vivenciadas por las mujeres cis 27. Sin embargo, por aplicación de la LIG,
cuando una persona lleva adelante la rectificación registral, la norma expresamente prohíbe la
publicidad del acto, circunstancia que nos lleva a afirmar que el Estado no está recolectando
información sobre la violencia sufrida por el colectivo trans*, ya que tales violaciones se
invisibilizan dentro de las experiencias sufridas por las “mujeres”.
Aun teniendo en consideración que para llevar adelante algunas políticas el Estado debe contar
con información acerca de las características anatómicas de las personas 28, estos datos pueden
ser recolectados sin necesidad de que los mismos aparezcan en nuestros documentos; es más,
a tales fines basta con la información sin necesidad de que la misma esté ligada a una persona
en particular.
Sin perjuicio de todo lo expuesto cabe mencionar el debate que existe acerca de los efectos de
las políticas públicas centradas en grupos minoritarios, ya que en varias oportunidades las
medidas de acción positiva o reconocimiento de derechos por esta vía, invisibilizan estructuras
de opresión y relaciones asimétricas de poder. Adicionalmente:
“Al definir los derechos a través de identidades, éstas quedan situadas en el lugar de
grupo minoritario sujeto a medidas de supervisión, control y protección contribuyendo…
a fijar los procesos de diferenciación y asimetría que las definen. A mismo tiempo, hace
necesario, a través de diferentes tipos de medidas decidir qué cuerpos y trayectorias
pueden -o no- incluirse en la definición identitaria prescrita y, por tanto, entrar en la
equivalencia identidad – derechos – ciudadanía” (Montenegro Martinez, Egaña Rojas, &
Pujol Torres, 2019, pág. 69).
Estos complejos mecanismos de las políticas públicas que actualizan los procesos de inclusión
y exclusión son similares a la paradoja planteada por Nancy Fraser al señalar que las políticas
afirmativas tienden a cosificar las identidades colectivas ya que, entre otras cosas, definen la
identidad de grupo sobre un solo eje, invisibilizando trayectorias particulares e
interseccionalidades. Y lo que es más grave, este tipo de políticas públicas con bases identitarias
27
Así lo demuestra el análisis cuantitativo llevado adelante por Fundación Huésped, en el marco de un informe titulado “Ley de
Identidad de Género y Acceso al cuidado de la salud de las personas trans en Argentina”.
28
Me refiero, por ejemplo, a un proyecto de ley del año 2020 titulado “Ley Integral de menstruación sostenible” que promueve el goce
de derechos de las personas menstruantes, con la finalidad de acceso integral a productos de higiene y gestión menstrual,
estipulando una entrega gratuita, universal y obligatoria.
37
dejan intactas las estructuras profundas que generan la desigualdad. (Nancy & Honneth, 2006,
pág. 75)
Por tal motivo la autora propone estrategias transformadoras que hagan posible la
desestabilización de las identidades. Este argumento tal como se verá en las conclusiones, se
encuentra próximo a una mirada queer centrada de derribar las estructuras que generan brechas
de todo tipo.
Otro interrogante que normalmente aparece al sostener la abolición del sexo como categoría
jurídica es la articulación de esta posición con la prueba judicial necesaria para abordar casos
de violencia de género y/o de discriminación. Sobre este punto debemos precisar que las
personas encargadas de administrar justicia no necesitan de un registro sexo genérico para llegar
a una resolución razonada.
En primer término es necesario advertir que no todas las personas que se apartan del binario
hegemónico han rectificado sus documentos de identidad. Sin embargo, tal circunstancia no
impediría que, al sufrir un hecho de violencia, el mismo sea enmarcado en un acto de violencia
de género. Con la misma lógica que fue utilizada para abordar las políticas públicas, es dable
pensar en usuales ejes de discriminación tales como raza, etnia o religión. Los actos
discriminatorios apoyados en tales indicadores son habitualmente identificados sin la necesidad
de un registro legal; la misma suerte debe correr el género, que deberá ser determinado en base
a la autopercepción declarada por la víctima que, además, puede ser corroborada por testigos.
En la misma línea se hallan precedentes de la Corte IDH. Un caso paradigmático es Azul Rojas
Marín y Otra Vs. Perú por medio del cual llegan a consideración del Alto Tribunal las violaciones
del Estado de Perú al investigar, entre otros, hechos de violación y tortura contra Azul Marín, una
38
mujer trans* que fue arbitrariamente ultrajada por agentes policiales. En esta oportunidad la Corte
IDH recepta los argumentos del perito en el parágrafo 163, que indicaban que:
“para determinar si un caso de tortura ha sido motivado por un prejuicio contra personas
LGBTI se puede usar como indicadores: la modalidad y características de la violencia
inspirada en la discriminación. Por ejemplo, en casos de personas LGBTI, la violación
anal o el uso de otras formas de violencia sexual; insultos, comentarios o gestos
discriminatorios realizados por los perpetradores durante la comisión de la conducta o en
su contexto inmediato, con referencia a la orientación sexual o identidad de género de la
víctima o la ausencia de otras motivaciones…” (Corte IDH, 2020).
Como quedó expuesto en el tercer apartado, el campo utilizado para la presente investigación
se nutrió de textos académicos, normativos y jurisprudenciales que aportan un marco dentro del
cual, es posible problematizar el registro de datos sexo genéricos en nuestra documentación
legal.
Charla con Gerónimo Carolina González Devesa, activista no binarie conocide como Caro Gero,
protagonista de la Resolución 420/18 del Registro de Estado Civil de la Provincia de Mendoza. 30
29
Si bien soy consciente que en España el lenguaje inclusivo no ha llegado a los textos académicos, en este apartado me tomaré la
libertad de utilizarlo por dos motivos. En primer lugar en honor a mis convicciones y a las de las personas entrevistadas. En segundo
lugar por tratarse de personas no binarias, el lenguaje en su fórmula hegemónica no puede representarlas en ninguna de sus dos
declinaciones.
30 Entrevista realizada a Gerónimo Carolina González Devesa, en fecha 31 de enero de 2023, vía Zoom. La entrevista consistió en
una conversación abierta.
39
Al ser consultade sobre su opinión acerca de la conveniencia de extender la nomenclatura “X” a
les recién nacides Gero expresa que la “X” no se inserta en el primer DNI por el mismo motivo
por el cual todavía no se saca el dato sexo genérico de nuestros registros legales, en este sentido
ejemplifica lo mucho que falta por recorrer aludiendo a que todavía estamos luchando por la
aplicación efectiva de la ley de cupo laboral trans*.
Piensa que sería hermoso no consignar el dato sexo genérico en las personas que acaban de
nacer, sin embargo no opina lo mismo acerca de la inserción de la “X”, porque aún habitamos
una sociedad patriarcal en la cual la “X” puede ser sinónimo de discriminación, y consignarla al
momento del nacimiento no sería el fruto de una decisión tomada por una persona con capacidad
progresiva, sino que sería impuesta. En definitiva, más allá de la regulación legal tener un “X” en
el documento de identidad no es igual a tener una “F” o una “M”.
Gero también menciona que gran parte del colectivo LGTBIQ+ estaba en contra de la inserción
de la “X” hasta meses antes de la publicación del decreto, circunstancia que cambió parcialmente
al considerar que se trataba de una oportunidad única.
Agrega que una lucha adicional son los trámites que deben ser realizados en ámbitos
institucionales, ya que, muchos de ellos, no cuentan con formularios adecuados donde estén
disponibles las tres opciones de identificación vigentes.
Charla con Lara María Bertolini, feminidad travesti, activista y estudiante de Derecho,
protagonista del reclamo que hoy se encuentra tramitando ante la Corte Suprema de Justicia de
la Nación. 31
Al preguntarle su opinión sobre el decreto 476/21 Lara nos cuenta que las cuestiones identitarias
no pueden ser reguladas mediante un decreto por ir en contra de la LIG que establece que son
las personas quienes deben definir su identidad. Al tomar la letra “X” como registro de las
personas que se identifican por fuera del binario, el Estado aborda la identidad desde una mera
construcción administrativa creando un contenedor universal para todo lo que no se corresponda
con lo femenino o lo masculino. De este modo, todas las identidades diversas ingresan bajo la
nomenclatura “X”, en un registro sexual mas no de género. Adicionalmente el Estado, en base a
una regulación administrativa internacional antepone la resolución de la OACI por sobre la
legislación argentina, por supuestas problemáticas migratorias. Lara cree que esto es erróneo
31 Entrevista realizada a Lara María Bertolini, en fecha 14 de febrero de 2023, vía Zoom. . La entrevista consistió en una conversación
abierta.
40
porque colisiona con el derecho de autodeterminación de las personas, y con el texto de la LIG
por cuanto se prohíbe que una resolución administrativa suprima los derechos allí consignados.
Por eso afirma que este decreto es una restricción al derecho a la identidad y no soluciona el
problema de raíz y además lo que hace este decreto es abolir el género y otorgarle supremacía
al sexo.
Al abordar el registro de les niñes recién nacides Lara cree que la persona se va constituyendo
de acuerdo a las experiencias transitadas y por ello considera que no es posible registrar a les
niñes desde la expresión del género. Por ello siente que las niñeces deben ser registradas dentro
del campo biológico binario y que al mismo tiempo, cuando puedan expresar su identidad tengan
la posibilidad de transicionar.
Por último le pregunté cuál era su posición acerca de la posibilidad de abolir el género como
categoría jurídica. Me comienza contando que ella cree que la teoría queer es una construcción
foránea, ajena a la construcción de la historia social y política de Argentina. Cree que es
necesario, por parte del Estado, conocer todas las posibilidades identitarias en sus variadas
dimensiones para poder llevar adelante políticas públicas. También opina que en el constructo
cultural seguiría reinando el sistema biologicista cis género y binario. Cuando tomamos registro
de todas las identidades podemos conocer su existencia. De este modo considera que borrar el
registro sexo genérico imposibilita la creación de políticas específicas para todas las dimensiones
identitarias.
Charla con SaSa Testa, activista trans no binarie, Magíster en Estudios y Políticas de Género. 32
Al ser preguntade acerca de qué opinión le merece el decreto 476/21 SaSa expresa que es un
avance en materia de derechos porque anteriormente no existía reconocimiento legal de las
identidades que están por fuera del sistema binario. Si bien la LIG establece que la identidad de
género es una vivencia interna e individual, en los instrumentos administrativos esta vivencia
seguía siendo clasificada de manera binaria.
32
Entrevista realizada a SaSa Testa, en fecha 22 de febrero de 2023, vía Zoom. La entrevista consistió en una conversación abierta.
41
En referencia a la posibilidad de consignar en el DNI la identidad tal como cada persona la siente,
SaSa considera que aquella sería una situación ideal. Sin embargo, luego de haber conversado
con personal del RENAPER y de Cancillería, entiende que la “X” responde a que tanto el DNI
como el pasaporte son documentos de viajes que, como tales, deben cumplir con las reglas
establecidas por la OACI. Reitera que si bien no es la situación absolutamente deseable, la
posibilidad de consignar una “X” en el DNI es por un lado, un piso de reconocimiento legal y por
el otro, la posibilidad de empezar a debatir la desbinarización de todos los sistemas
administrativos inclusive las denominaciones sexo genéricas de los documentos de identidad.
A la pregunta acerca de cómo deberían ser registrades les niñes SaSa cree que en las partidas
de nacimiento no debería consignarse la categoría sexo y/o género y, en caso de ser necesario,
solo aludir al dato cromosómico.
En referencia a la posibilidad de abolir el sexo como categoría jurídica SaSa considera que esto
es lo que va a ocurrir a mediano plazo y también es esta opción a la que elle particularmente
aspira. Esta posición es coherente con la idea de los géneros como construcciones sociales por
lo cual anclar una categoría de género resulta contradictorio con la noción de identidad de género
autopercibida. Menciona como antecedente de esta posibilidad, los documentos de identidad que
en algún momento mencionaron los rasgos fenotípicos de las personas y que posteriormente
fueron desestimados por carecer de relevancia legal.
9. Conclusiones.
En este sentido quiero dejar en claro que la “X” acarrea dos problemas insuperables. Por un lado
la invisibilización identitaria extensamente denunciada por el colectivo LGTBIQ+.
Por el otro, pensando en términos materiales, quizás la consignación de la “X” nunca llegue a ser
equivalente a la inserción de la “F” o la “M”. Quiero decir, la adopción de una tercera categoría
registral que se inserta en una estructura cis heteronormativa, ¿es realmente una tercera
42
categoría? ¿o acaso actualiza el binomio con sus dos términos reconvertidos en, lo normal -
dentro de lo cual hallamos la “F” y la “M”- y del otro lado lo raro identificado con la “X”?
Concretamente, la norma que moldea los cuerpos en la matriz heterosexual no solo sobrevivirá
a la posibilidad de insertar un “X” en los documentos de identidad, sino que puede utilizar la “X”
como la marca del Derecho.
Aceptada la inconveniencia del sistema actual resulta necesario debatir y reflexionar sobre
propuestas superadoras, evaluando qué grado de capacidad disruptiva poseen a los fines de
romper con los marcos cis heteronormativos.
Para comenzar con una de las virtudes que tienen en común consideraré que las dos alternativas
al sistema actual, planteadas en el séptimo apartado, refuerzan la posibilidad de identidades no
binarias, es decir, la oportunidad de habitar diferentes lugares a lo largo del continuo biológico.
En este sentido, expresé que las primeras intervenciones quirúrgicas sobre cuerpos intersex
fueron la antesala de las operaciones de cambio de sexo sobre personas trans. Es decir, estos
avances biomédicos fueron utilizados, en muchos casos, como herramienta de sometimiento,
dejando los cuerpos marcados, con la finalidad de que encajen en cánones dualistas 34. Así, fue
necesario el paso del tiempo para que nazca una nueva conciencia que reivindicara la posibilidad
de habitar una corporalidad no binaria. (Balza, 2009).
Menciono esto porque en Argentina, del juego armónico de la LIG y la capacidad progresiva que
tienen los niños, niñas y adolescentes, surge la posibilidad que las infancias accedan a terapias
de hormonización de manera temprana. Concretamente un niño, niña o adolescente menor de
33 Me refiero a la norma como aquello que, a diferencia de la ley, no está escrito, no es público, tampoco
el fruto de un consenso, sino que se trata se esa parte del discurso jurídico cuya función consiste en
normalizar.
34
Me refiero no solo a las intervenciones sobre recién nacidos intersex, sino a legislaciones que condicionaron el cambio de nombre
de pila de la persona a una intervención quirúrgica en búsqueda de una pretendida coherencia sexo genérica.
43
13 años podrá acceder a tratamientos hormonales. Para ello solo se deberá contar con su
consentimiento y el asentimiento de una persona adulta referente.
Si bien entiendo acertado que tales procedimientos no estén sujetos a autorización judicial, no
puedo dejar de advertir que en muchos casos estas terapias refuerzan el binarismo dicotómico.
En este sentido me pregunto si las niñas, niños y adolescentes que requieren estos
procedimientos son informados acerca de la posibilidad de habitar identidades sin la necesidad
de moldear sus cuerpos para adaptarlos a normas binarias. ¿En qué medida las prácticas que
se ponen en marcha a raíz de la LIG están construyendo un modelo asimilacionista de la matriz
heterosexual?
A lo largo del presente TFM se han expuesto algunos argumentos que, en principio, parecen
indicar que la abolición del sexo como categoría jurídica no solo es posible sino que, bajo
determinadas condiciones, también resulta conveniente.
Asimismo las reflexiones precedentes me llevan a considerar que no son las diversidades las
que tienen que luchar por encajar en un sistema binario y cisnormativo, sino que debemos romper
esos marcos dicotómicos y excluyentes que lo sostienen. “No se trata de trabajar para que los
marcos culturales vigentes incorporen y otorguen reconocimiento a cuerpos y vidas excluidas;
sin modificación de los marcos mismos, la exclusión es inevitable” (Burgos Días, 2019).
Actualmente creo que las dos propuestas ensayadas no son excluyentes en el sentido que, entre
ellas, puede haber una relación de temporalidad. Quiero decir, adoptando las recomendaciones
44
enunciadas en los Principios de Yogyakarta, podría pensarse durante un tiempo, en la
consignación de la identidad de género tal como cada persona la siente y aprovechar ese
momento para dar el debate acerca de la pertinencia, necesidad y razonabilidad de mantener
esos datos en los documentos legales de identidad. Quizás este sea el modo más adecuado
para evaluar la conveniencia de dar un segundo paso consistente en abolir el género como
categoría jurídica.
45
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