Wei Wuxian: Maestro de Juniors
Wei Wuxian: Maestro de Juniors
Summary
“Wei Wuxian”, dice entre dientes y él se detiene con una mano en la puerta. El discípulo que
había entrado a hablar con Lan Qiren pasa rozándolo y sale del pabellón sin mirar atrás. Wei
Wuxian voltea a ver al Master Lan, alzando una ceja con curiosidad. “Acaba de surgir un
asunto urgente”, dice Lan Qiren, y cada palabra suena como si se la estuvieran extrayendo a
la fuerza. “Su Excelencia solicita mi presencia. El instructor de este grupo está enfermo, yo
tenía que hacerme cargo de ellos hoy”, continúa, señalando a los pequeños juniors. Traga
saliva pesadamente y su siguiente frase tiene un dejo de amargura. Suena ahogada. “No
puedo dejarlos sin supervisión”.
Wei Wuxian solo parpadea.
A Wei Wuxian le piden (por absoluta necesidad) que cuide unos minutos a un grupo de
pequeños cultivadores Lan. Unos minutos se convierten en una hora, en dos horas, en una
improvisada excursión y ahora hay un grupo entero que está semanas adelantado en el plan
de estudios; los discípulos más pequeños se han apegado a Wei Wuxian como pollitos y Lan
Qiren no puede culpar a nadie más que a sí mismo.
Notes
Esta historia fue escrita por Glitterbombshell, quien amablemente autoriza su traducción.
Todos los créditos para ella :)
Notas de la autora:
¡Hola! Pues este fandom me comió el cerebro y estaba comprometida a escribir fanfiction :)
Consumí con voracidad la novela, la serie de Netflix y todos los episodios disponibles de la
animación y en los tres encontré elementos que me gustaban más que en las otras
adaptaciones, así que encontrarán una mezcla… aunque no creo que haya nada muy confuso.
Los kudos y los comentarios son muy apreciados, así como las críticas constructivas. ¡Espero
que lo disfruten!
Pasar el invierno en Gusu había parecido una buena idea cuando se la propusieron.
Por supuesto, muy pocas cosas no parecían buena idea cuando su Lan Zhan estaba
abrazándolo tan fuerte que podía sentir sus corazones resonando juntos, hundiéndose dentro
de él y dando en ese punto que lo hacía ver las estrellas. Retaría a cualquier persona, viva o
muerta, a ser capaz de negarle lo que fuera a Lan Zhan en esas circunstancias.
Definitivamente, Wei Wuxian solo había podido suspirar, “Sí, sí, lo que quieras, por
favor…”, cuando su esposo murmuró la petición sobre sus labios hinchados por los besos.
En realidad no había necesidad de usar métodos tan bajos para que Wei Wuxian aceptara.
Están a menudo en La Profundidad de las Nubes*, a veces por semanas enteras. Las
obligaciones de Lan Zhan como Cultivador Jefe apenas le permiten llevar una vida nómada, y
solo porque Wei Wuxian pueda dormir donde sea, incluyendo el duro suelo, no significa que
eso le guste en particular. Aprecia mucho el calor y la comodidad de su casa en La
Profundidad de las Nubes. No le molesta vagabundear solo (o con Sizhui y los otros) cuando
llega a sentirse sofocado y ni siquiera le pasa muy seguido. La disciplina de la secta Gusu
Lan todavía le fastidia, pero el cálido abrazo de su esposo es un bálsamo que contrarresta
mucha irritación.
Además.
La lista de cosas que él le negaría a Lan Zhan es tan ridículamente pequeña (inexistente)
como la lista de cosas que Lan Zhan le negaría a él. Si Lan Zhan quiere pasar los meses de
invierno en Gusu, pasar el invierno en Gusu es lo que van a hacer.
Lan Zhan sabe perfectamente todo eso. En verdad, quizá solo lo hizo para evitar las
(ciertamente melodramáticas) protestas de Wei Wuxian y para no tener que prometer algo
extravagante a cambio. ¡Qué desvergüenza! ¡Qué tácticas tan viles! ¡Dejarlo incoherente de
placer antes de pedirle algo! ¡Aprovecharse así de él, en ese indefenso estado, totalmente a la
merced de su esposo!
En realidad no ha estado tan mal como se temía. No le da vergüenza reconocer que se sintió
algo desanimado al acurrucarse, pegajoso y satisfecho, en el amplio pecho de su esposo y
darse cuenta de a qué exactamente acababa de comprometerse. No le gusta el invierno y hasta
el día más caliente de verano en Gusu era más fresco de lo que jamás era el clima en
Yunmeng. Y en Gusu nevaba casi todos los años. Pero a pesar de la nieve y del eterno
silencio y de la comida… no puede decir que no ha estado contento los dos últimos meses.
Sizhui y Jingyi son una visita frecuente, aunque ambos tienen agendas cada vez más
ocupadas, conforme aumentan sus deberes en la secta. Las cacerías nocturnas con su esposo y
sus hijos (¿hijos? Definitivamente espera que las expresiones que en los últimos tiempos
tiene la cara de Jingyi sean porque está tratando silenciosamente de reunir el valor para
pedirle permiso al respetable Hanguang-jun de salir con su hijo adoptivo, porque si no, el
chico tendría que ir a ver a los sanadores pues debe tener una indigestión verdaderamente
terrible) son uno de los grandes placeres de esta vida. Hay muchos pueblos y posadas en la
zona y Lan Zhan nunca le reprocha sus salidas, ya sea que él pueda acompañarlo o no. Tras
la primera vez que regresó tranquilamente a La Profundidad de las Nubes ya pasado el toque
de queda, ninguno de los guardias se ha molestado en hacer un escándalo.
El guardia que había armado alboroto todavía no lo miraba a los ojos, aunque ya habían
pasado semanas. Tiene curiosidad de qué le dijo exactamente Lan Zhan al pobre hombre,
pero no está seguro de si se suponía que él se diera cuenta de la intervención de su esposo.
Pero ha encontrado formas de entretenerse -además de violar el toque de queda- mientras Lan
Zhan atiende sus obligaciones. Ha estado dibujando y pintando otra vez: retratos, paisajes,
garabatos bobitos que había abandonado para hacer esquemas y diseños de formaciones en
sus intentos desesperados para reforzar la seguridad en Burial Mounds.
Casi había olvidado cuánto le gustaba pintar. Los conejos son casi tan cariñosos con él ahora
como son con su esposo. Y se publicaron muchos tratados de cultivación muy interesantes en
los años que él estuvo… bueno… muerto. Algunos le han sido muy útiles en su esfuerzo para
empezar a construir adecuadamente el descuidado núcleo dorado de este cuerpo. Ha pasado
casi tanto tiempo en la biblioteca en las últimas semanas como el que pasó en toda su
estancia en La Profundidad de las Nubes, cuando era adolescente.
Si tan solo Lan Zhan pudiera acompañarlo más seguido. Una sonrisita traviesa curva sus
labios. A Wei Wuxian le encantaría repasar algunos de esos viejos intentos de distraerlo. Ni
modo, en ausencia de su Lan Zhan, tendrá que contentarse con el nuevo hechizo de
protección en el que está trabajando. Se mueve en el tapete, dejándose caer en la mesa frente
a él con la barbilla recargada en la mano. Es una idea que le ha estado dando vueltas en la
cabeza desde hace un tiempo, algo que se le ocurrió en una cacería nocturna.
Un desafortunado grupo de viajeros fue atacado por bandidos, asesinado y sus cuerpos
amontonados en una tumba no muy profunda a las afueras de un remoto pueblo campesino.
Naturalmente, las pobres almas habían vuelto, escapándose a rasguños de esa lamentable
imitación de tumba y buscando venganza. Los bandidos se habían ido hacía rato y los
habitantes no tenían idea de lo que les habían dejado en las afueras. Una historia trágica, pero
nada que no hubiera pasado antes, y nada que fuera particularmente difícil. Él y Lan Zhan lo
habían usado como un ejercicio de entrenamiento para los estudiantes unos años más jóvenes
que Sizhui y Jingyi. Si toda la situación no hubiera sido tan triste, habría pasado una noche
divertida, solo recargándose en su esposo bajo los árboles en un claro de luna. Dando
instrucciones y animando a los muchachos. Ni siquiera había tenido que sacar a Chenqing.
De repente, uno de los estudiantes se había acercado mucho a un cuerpo, sin taparse la boca
cuando aquello empezó a exhalar vapores tóxicos y polvo de cadáver.
Había estado muy cerca, pero otro de los chicos había jalado a su compañero a tiempo para
evitar que inhalara profundamente el veneno.
Wei Wuxian se muerde el interior de la mejilla, dándose golpecitos en los labios con la punta
del pincel mientras reflexiona. Dispersos en la mesa hay libros de referencia, pergaminos y
montones de talismanes. Algunos están en blanco y otros llenos de sus garabatos y símbolos.
Ha estado tratando de perfeccionar el método para encantar una tela y crear una barrera sobre
la nariz y la boca del portador, para prevenir ese tipo de accidentes en el futuro. En realidad,
la barrera es muy fácil de hacer, el reto está en hacerla selectivamente permeable. Nadie
quiere taparse la cara con la manga y acabar ahogado e inconsciente por falta de aire.
Cree que casi lo tiene… pero va a tener que probar algunas versiones diferentes del
encantamiento, para ver dónde hay que afinar la barrera. Está seguro de que Sizhui y Jingyi
estarán felices de ayudar y tal vez puedan probarla en un par de cacerías nocturnas, antes de
que la nieve se derrita y él y Lan Zhan vuelvan a viajar.
Está tan absorto en sus planes, que se tarda un momento en darse cuenta de que ya no está
solo en la biblioteca.
Una ráfaga de aire frío en su cara y en las muñecas, donde se le subieron las mangas, lo alerta
finalmente de la presencia de más gente. Levanta la vista de sus papeles y parpadea despacio
mientras entra el último de un pequeño grupo de discípulos, cada uno con un set de escritura
y un montón de papel de talismanes. Un grupo de nueve de los discípulos más jóvenes de la
secta Lan lo está mirando fijamente con incertidumbre. El más grande no parece tener más de
diez años.
Wei Wuxian no puede evitar sonreír, ¡son tan lindos! Con sus túnicas blancas almidonadas,
las cintitas en la frente, ¡y esas adorables mejillas todavía regordetas! Le dan ganas de
pellizcarlas. Algunos le sonríen inseguros antes de controlar sus expresiones con rapidez
cuando una última persona entra a la biblioteca, cerrando la puerta firmemente detrás de él.
La sonrisa desaparece al instante de la cara de Wei Wuxian.
Lan Qiren lo mira fijamente; los copos de nieve derritiéndose en su pelo no ayudan en nada a
disminuir la severidad de su aspecto.
Wei Wuxian hace una mueca por dentro. No le cae bien al tío de Lan Zhan, nunca le agradó
ni un poquito, ni siquiera cuando había sido estudiante aquí. ¿Y ahora? Ahora lo más que se
puede decir es que Lan Qiren ya no está fantaseando abiertamente con pasarlo por la espada
cada que le pone los ojos encima. Sabe que eso es tal vez lo mejor a lo que puede llegar.
‘Pacto mutuo de no agresión’ es quizá lo mejor que puede obtener de mucha gente. Ya lo ha
aceptado y no puede ni culparlos. Su nombre ha sido limpiado en buena medida, pero él
nunca ha pretendido ser completamente inocente. Y hay cosas que no se pueden perdonar.
Mira a Lan Qiren a los ojos y siente una ligera diversión al notar cómo lucha el evidente
deseo del hombre de ordenarle que se vaya contra su arraigado sentido de cortesía. Después
de todo, Wei Wuxian estaba aquí primero y no está haciendo nada que amerite que lo saquen.
Hasta sus materiales están bien acomodados.
Bueno.
Aún así, no tiene ganas de estar sentado en silencio mientras Lan Qiren le perfora la cabeza
con la mirada. Suspira y se levanta, no con mucha elegancia, porque se le durmió una pierna.
“Master Lan,” dice, saludando con una inclinación que ni Madam Yu habría podido corregir,
solo porque sabe que eso va a fastidiar al hombre. “Disculpe, ya me iba.” Se vuelve a sentar y
empieza a juntar sus notas.
Lan Qiren suelta un ligero hmpf para sí mismo. “No es necesario”, dice en un tono que
sugiere exactamente lo opuesto.
Wei Wuxian se muerde los labios para disimular su sonrisa y sigue revolviendo sus cosas.
Lan Qiren no vuelve a protestar. Wei Wuxian acomoda los libros y pergaminos que ha estado
usando en pilas perfectamente ordenadas, consciente de que los trabajadores prefieren
colocar ellos mismos los materiales en sus repisas, en especial cuando él está involucrado.
Una sola vez pones un libro prohibido en el área general y quedas señalado de por vida.
Los pequeños estudiantes ya se acomodaron en las mesas y están ocupados sacando sus
papeles y piedras de entintar. Pero hay uno que lo mira intensamente, una cosita chiquita que
no puede tener más de siete u ocho. Wei Wuxian le responde con una rápida y amplia sonrisa.
Ya casi termina de acomodar su área de trabajo cuando la puerta se desliza otra vez y un
discípulo apresurado (tan apresurado como puede llegar a verse un miembro de la secta Lan)
casi se precipita al lado de Lan Qiren.
Ambos discuten en voz baja un momento y el ceño de Lan Qiren se frunce cada vez más
conforme avanza la conversación. Wei Wuxian termina de juntar sus notas y se levanta,
dirigiéndose en silencio hacia la puerta mientras la conversación murmurada alcanza su punto
máximo. Lan Qiren hace un ruido ahogado, exhalando como si algo le doliera.
“Wei Wuxian”, dice entre dientes y él se detiene con una mano en la puerta. El discípulo que
había venido a hablar con Lan Qiren pasa rozándolo y sale del pabellón sin mirar atrás. Wei
Wuxian voltea a ver al Master Lan, alzando una ceja con curiosidad. “Acaba de surgir un
asunto urgente,” dice Lan Qiren, y cada palabra suena como si se la estuvieran extrayendo a
la fuerza. “Su Excelencia solicita mi presencia.”
Wei Wuxian se tensa de inmediato. “¿Lan Zhan? ¿Todo está bien?” Da un paso hacia adelante
mientras una preocupación fría y dura se adueña de él, pero Lan Qiren solo hace un gesto con
la mano.
“Nada que deba preocuparte”. Sus labios se tensan y palidecen, pero luego agrega de mala
gana, “Un asunto diplomático solamente, nadie está en peligro.” Wei Wuxian suelta una
exhalación y sus hombros se relajan. Lan Qiren lo observa un momento antes de levantar los
dedos y presionarse el puente de la nariz. “El instructor de este grupo está enfermo y yo tenía
que hacerme cargo de ellos hoy”, continúa, señalando a los pequeños estudiantes. Traga
saliva pesadamente y su siguiente frase tiene un dejo de amargura. Suena ahogada. “No
puedo dejarlos sin supervisión”.
Lan Qiren suspira y de pronto, Wei Wuxuian está seguro de que si el viejo maestro fuera un
hombre de menos temple, ahora mismo tendría un tic en el ojo. “¿Podrías… supervisar a los
estudiantes hasta que pueda mandar a alguien por ellos?”
Wei Wuxian se queda helado y luego mira lentamente por encima de su hombro, buscando a
quien sea que haya entrado a la biblioteca sin que él se diera cuenta, porque no es posible que
el tío de su esposo acabe de pedirle…
“Por favor.”
Distraídamente, se pregunta si eso fue tan doloroso para Lan Qiren como pareció.
En alguna otra época, habría jugado con las expectativas que puede ver en los ojos del viejo,
alargando la situación todo lo posible solo para hacerlo enojar. ¡No puede evitarlo! Provocar
a la gente es algo natural para él y nunca ha obtenido reacciones tan divertidas como las que
obtiene en La Profundidad de las Nubes. Estos Lan tienen algo… Y Lan Zhan ya casi nunca
se desconcierta con nada de lo que le dice. Pero… Lan Qiren dijo que su esposo había
solicitado su presencia para un asunto diplomático. Eso quiere decir que lo que sea que esté
pasando, tiene que ver con el puesto de Lan Zhan como Excelencia. Y Wei Wuxian preferiría
cortarse la lengua que deliberadamente causarle problemas a su amor en ese ámbito. El
trabajo es demasiado importante para Lan Zhan, aunque intentar que lo admita es frustración
garantizada.
Además…
Wei Wuxian escoge sus batallas con cuidado cuando involucran al tío de su esposo.
Incluso ahora, a casi un año de los eventos del templo -cuando los crímenes de Jin Guangyao
fueron expuestos al mundo de la cultivación-, Wei Wuxian sabe que hay quienes lo miran (y
en especial su relación con el ilustre Hanguang-Jun) con suspicacia. Que están esperando
cualquier pretexto para echarle en cara a Lan Zhan la evidencia de su terrible, terrible
elección de pareja. Lan Qiren es uno de ellos. No el más escandaloso de quienes lo critican,
no el más obvio en sus ganas de que aparezcan grietas en los cimientos de su relación. Pero sí
el único cuya actitud lastima a Lan Zhan.
En esta vida, la certeza de que la gente y sus motivaciones nunca son tan simples y directas,
le ha entrado a golpes hasta la médula de los huesos. Y por mucho que odie admitirlo, el
descontento de Lan Qiren nace del amor por su sobrino. Así que Wei Wuxian se traga el
comentario impertinente que le viene a los labios y hace otra inclinación irreprochable. “Por
supuesto, Master Lan”.
No puede odiar a ese hombre. Pero de todas formas, parte de elegir tus batallas es saber
cuándo recordarle al enemigo que tienes dientes. Abre más los ojos y pone una sonrisa
ingenua. “¿Le gustaría que repasara algo con ellos mientras esperamos?” Se voltea hacia el
estudiante más pequeño (¡Ay, son tan chiquitos! ¡Juniors bebés!) y toma una de sus -
perfectamente ordenadas- notas.
“Tú…” Como era de esperarse, cuando voltea a ver a Lan Qiren, el hombre lo está apuntando
con el dedo, con un gesto furioso. “Absolutamente no. Tú no vas a repasar nada con ellos.
Estos estudiantes están copiando trazos de talismanes de los libros establecidos. Vas a
supervisarlos hasta que alguien venga a relevarte. ¿Está claro?”
Lan Qiren no alza la voz, pero parece que ganas no le faltan. Por el rabillo del ojo, Wei
Wuxian ve a algunos de los juniors bebés intercambiando miradas de sorpresa.
Satisfecho por el momento, esconde su diversión inclinando la cabeza. “Perfectamente,
Master Lan”. Lan Qiren entrecierra los ojos… suspicaz, siempre tan suspicaz. En serio, ¿cree
que va a enseñarle a los niños cómo convocar cadáveres feroces en cuanto él se dé la vuelta?
Probablemente. Después de todo, hace no mucho trató hasta de prohibir que la gente le
hablara a Wei Wuxian.
Pero con lo que sea que Lan Zhan necesita ayuda parece no poder esperar más. Con una
última mirada asesina y un revolotear de mangas, Lan Qiren sale de la biblioteca. Wei
Wuxian se balancea en los talones un par de veces, poniendo las manos en la espalda
mientras se gira hacia los pequeños estudiantes. Los niños lo miran con distintos grados de
curiosidad, nerviosismo e incertidumbre. Es… raro.
Le gustan los niños. Y es bueno con ellos, digan lo que digan los demás. Pero hace tiempo
que no se encontraba con tantas caritas y no está seguro de si debería siquiera decirles algo.
Un maestro sustituto va a llegar en cuanto Lan Qiren avise que se necesita. Tal vez van a
romper la regla de no correr en La Profundidad de las Nubes, en la prisa por llevarse a estos
impresionables discípulos lejos de sus garras. Lo cual es una pena, de verdad, porque quizá él
puede ayudarles. ¿Talismanes? Podría decirse que son una de sus especialidades.
“Bueno, ¿en qué están trabajando?”, pregunta, acuclillándose frente a la mesa del junior más
cercano. El niño duda y le lanza una mirada interrogante a los otros, que solamente se
encogen de hombros. Wei Wuxian inclina la cabeza con un ¿hum? para animarlo. Finalmente,
el pequeño Lan le extiende uno de sus papeles, donde la figura de un sencillo talismán está
tomando forma. Wei Wuxian vuelve a hacer hum, dando un golpecito con su dedo en el
centro del papel. “Ráfagas de viento, muy útil”, dice.
En realidad, no lo son. Se trata de un truco sin importancia; él y Jiang Cheng las usaban sobre
todo para secar su ropa más rápido, cuando eran jóvenes y una pelea había acabado muy
cerca de la orilla del lago. Lo que sí son, es fáciles de hacer. Tienen trazos sin mayores
complicaciones y una forma fácil de recordar. Apenas necesitan poder espiritual para
activarse y es difícil que causen algún daño.
No imposible, como puede -o no- saber Wei Wuxian por experiencia (ah, Shijie se había
reído y reído y reído, y él se escapa de ese recuerdo antes de que se forme por completo,
antes de que lo muerda). Pero es difícil.
Son, casi universalmente, el primer talismán que un discípulo aprende a crear, una
introducción sencilla a esas cosas que un cultivador puede hacer con solo un pincel, algo de
papel y suficiente voluntad. Asiente y empuja el papel de vuelta hacia el niño. Por un
momento, considera presentarse, preguntarles sus nombres. Pero, sinceramente… no hay
forma de que no sepan quién es. Y no va a estar supervisándolos tanto tiempo como para
asociar sus nombres a sus caritas, con esa memoria de colador que tiene. Opta por sonreír
mientras se sienta en el suelo frente a todos.
“Bueno, ya oyeron a Master Lan. ¿Todos tienen el texto que hay que copiar?”
Tras una ronda de asentimientos y un “¡Sí, Senior!”, rápidamente acallado por uno de los
niños más grandes, Wei Wuxian apoya la barbilla en las manos y se acomoda a verlos copiar.
Espera estar ahí un cuarto de hora cuando mucho.
Pasados veinte minutos o algo así, se pone de pie otra vez y abre un poco la puerta para
asomarse.
A los cuarenta y cinco minutos, tiene la impensable idea de que a Lan Qiren se le olvidó
mandar a alguien a recoger a los juniors, y se pregunta si le van a echar la culpa a él. Desecha
la idea por absurda casi de inmediato… pero eso lo hace preguntarse qué podrá haber hecho
que el viejo maestro se tardara en dar esa orden. ¿El “asunto diplomático” se habrá puesto
peor de lo que pensaba Lan Qiren? ¿Le habrá pasado algo a Lan Zhan?
Implacable, corta esa línea de pensamiento antes de que se le ocurran más posibilidades.
Están en La Profundidad de las Nubes y no ha habido grandes catástrofes, políticas o de otro
tipo, en meses. Si algo hubiera pasado, alguien habría venido a decirle.
Otros quince minutos se arrastran y Wei Wuxian vuelve a dejarse caer en el escritorio que
había abandonado cuando Lan Qiren llegó a la biblioteca. Le echa otro vistazo a los pequeños
juniors mientras tamborilea con los dedos en el montón de materiales de referencia. La
mayoría se está quedando sin papel, con docenas y docenas de talismanes de viento
perfectamente copiados amontonándose en sus mesas. Se están poniendo nerviosos,
meciéndose en las rodillas, dando golpecitos con los dedos en las mesas. Los más grandes (si
puede llamárseles grandes, porque el mayor no puede tener más de diez) están haciendo una
imitación aceptable de la famosa inquebrantable impasibilidad de los Lan, pero las caritas
más jóvenes reflejan aburrimiento puro.
En la última hora, el único ruido en la biblioteca ha sido el apenas audible shhh-shhh de los
pinceles esparciendo la tinta sobre el papel, pero ahora llegan a los oídos de Wei Wuxian
algunos murmullos. Gira un poquito el cuello, descubre a los culpables al instante y casi
estalla en carcajadas cuando de inmediato se enderezan y vuelven a concentrarse en su
trabajo, sonrojados y con culpa. La simple idea de que él, de entre toda la gente, pueda
inspirar esa reacción…
Se ríe y apenas lo esconde con una tos no muy convincente. Todos los pequeños juniors
voltean, sorprendidos por el ruido y él se aclara la garganta. “Ah, uhm, sí… bueno… ¿todos
están seguros de que podrían escribir ese talismán hasta dormidos ahora?”, pregunta y uno de
los juniors se ríe antes de poder controlarse. Voltea la mirada hacia el niño, el más chiquito de
estos pequeñísimos juniors bebés y sonríe.
“¡Sí, Senior!”, dice el pequeño, y se atreve a responderle la risita con una sonrisa. El niño está
todavía en el proceso de perder los dientes de leche; hay unos huecos en su encantadora
expresión y Wei Wuxian se pregunta si así era como su A-Yuan se veía a esa edad. Túnica
blanca y minúscula cinta en la frente y huecos en los dientes cuando sonreía.
Por un momento, la tensión parece crujir en el aire de la biblioteca. Los niños más grandes
intercambian miradas preocupadas otra vez y Wei Wuxian está seguro de que las
instrucciones que dio Lan Qiren antes de irse les están resonando en la cabeza. Podrán ser
juniors bebés, pero son juniors Lan bebés. Puede prácticamente ver el conflicto en sus caritas.
A fin de cuentas, son niños. El más pequeño es el primero en levantarse y llevar algunos de
sus papeles, extendiéndolos tímidamente para que Wei Wuxian los vea. Como
envalentonados por su pequeño compañero, los otros levantan sus mejores copias para que
las examine. Él se pone de pie y las acepta, chasqueando la lengua y exclamando al ver los
trazos, como si fueran los mejores que ha visto jamás.
“Bien, muy bonito. Bien, unas líneas muy claras”, dice, y “Ah, ¿ves donde hiciste este
caracter más grueso que los otros? La mayor parte de la energía se va a canalizar ahí… Bien,
una ráfaga intensa, pero no va a durar tanto como crees”, dice, y “Muy bien, ¡vengan todos a
ver este! ¿Ven qué parejos son los trazos?”
Toma unos diez minutos que los niños se olviden por completo de cualquier nerviosismo o
inquietud y pronto está respondiendo una pregunta tras otra. Se sienta en el suelo, ahí, en
medio de la biblioteca y uno por uno, los niños se le van acercando. Sus preguntas son
simples, por supuesto, pero pronto queda claro que su formación hasta ahora ha sido
completamente sobre el cómo y no el por qué de la construcción del talismán. Copiar la
forma está bien, es bueno y en verdad, para un talismán de viento, la forma es todo lo que se
necesita. Pero… ¡los niños son curiosos! ¡Están interesados! Le da a cada pregunta la
importancia debida y una respuesta completa y pronto los pequeños están observando
cuidadosamente su trabajo, buscando errores o rehaciendo líneas, después de que Wei
Wuxian explica alguna cosa.
Pasa otra media hora y Wei Wuxian se encuentra con nueve muy entusiasmados estudiantes,
cada uno con una pila de talismanes de viento perfectamente trazados y listos para activarse.
Se están sonriendo entre ellos y le están sonriendo a él, y algo cálido se instala en su pecho.
Había olvidado esto… el sencillo placer de compartir conocimiento y ver caritas iluminarse
al entender.
Han pasado más de dos horas desde que Lan Qiren se fue y Wei Wuxian está empezando a
pensar que de verdad ya los olvidaron ahí. La idea todavía es absurda, pero no se le ocurre
otra explicación. Y es problemático, porque los juniors bebés ya no tienen papel para
talismanes y de verdad, él no tiene idea de dónde conseguir más. Y aunque tuviera, no puede
hacerlos volver a copiar las mismas líneas una y otra vez… es un ejercicio inútil a estas
alturas. Ya dominaron el talismán de viento.
Quizá puede enseñarles algunos otros… pero Lan Qiren tal vez vomitaría sangre y no tiene
ganas de contrariar al tío de su esposo hasta ese punto. Todavía. Además, no tiene idea del
nivel de energía espiritual que pueden generar los niños, no sabe quiénes de ellos ya han
formado un núcleo dorado y en quiénes la energía todavía está tomando forma. Trucos o
talismanes más avanzados podrían ser peligrosos. Hay una razón por la que la gente empieza
con cosas tan simples como esta. Está a punto de sugerir a regañadientes que recojan sus
cosas para guiarlos por los salones de clase hasta encontrar a alguien a quién entregarlos
cuando se le ocurre otra idea.
No debería.
En serio no debería.
Puede que Lan Qiren no vomite sangre, pero definitivamente va a disgustarse. Wei Wuxian
va a tener que esconderse en el jingshi durante días.
Mira las caritas de los juniors bebés, radiantes, felices y llenas de interés y suspira. Ah,
bueno, no es como que Lan Qiren no sepa que alrededor del noventa por ciento del control de
los impulsos de Wei Wuxian está completamente ligado a su esposo. Seguro que se espera
algo así cuando se dé cuenta de cuánto tiempo dejó a los estudiantes bajo el cuidado de Wei
Wuxian.
“Muy bien, hicieron un excelente trabajo copiando esto”, dice radiante y se pone de pie con
una expresión que los habitantes del Muelle del Loto habían aprendido a temer. “¿Quién
quiere ir a probarlos?”
Chapter 2
Chapter Notes
La pregunta flota en el aire unos instantes y Wei Wuxian levanta la ceja, con la sonrisa
traviesa bien puesta en los labios. Los niños lo miran a él, luego al montón de talismanes que
tienen en las manos y luego a él de nuevo y puede ver la respuesta brillando en sus ojos.
¿Quién quiere probarlos?
Pero… podrán ser niños, pero son niños Lan. El más grande (o tal vez solo el más alto, los
niños hacen cosas raras cuando están creciendo; él y Jiang Cheng habían pasado todo un año
en el que parecían intercambiar el puesto del más alto cada dos semanas) da un paso adelante,
con la carita torciendo el gesto. El niño tiene unas cejas pobladas y oscuras; por un momento
su expresión se parece mucho a la desaprobación altanera de Lan Qiren y eso es todo lo que
detiene a Wei Wuxian de lanzarse y plantarle un beso justo entre las cejas.
Ah, ¿por qué Lan Zhan no le había dicho que había juniors bebés? ¿Por qué no se los habían
presentado?
La boca del mini Lan Qiren se mueve en silencio, y luego parece que el niño alza los brazos
mentalmente. “¿Aquí?”, chilla y su expresión se vuelve aún más divertida. Se ve
escandalizado. Como una tía solterona que sorprendiera a unos novios en una situación…
comprometida. Wei Wuxian se traga la risa con pura fuerza de voluntad y se obliga a parecer
muy serio.
“Por supuesto que no”, dice en tono grave. “Lanzar talismanes de viento en la biblioteca está
prohibido.” Y lamentablemente quizá sí lo está en alguna de las miles y miles de reglas. Wei
Wuxian mantiene la expresión sombría unos segundos más y luego sonríe, amplia y
alegremente. “Además, tengo algo mucho más interesante en mente. Afuera.”
Los niños se quedan inmóviles y nueve expresiones idénticas de incredulidad pura lo
taladran. El junior bebé más alto (¿o el más mayor? Se decide por mayor; hay algo en esa
carita que parece más madura que las otras) se ve indeciso y luego niega con la cabeza.
“¿Es en serio?” Un instante después sus hombros se tensan de horror ante la transgresión que
acaba de cometer, y se inclina tan rápidamente que a Wei Wuxian le sorprende que no se
lastime. “Uh, quiero decir, disculpe a este discípulo por su interpe-tencia…”
Sí lo fue, un poco, pero Wei Wuxian está seguro de que los cielos lo harían caer muerto al
instante (otra vez) si alguna vez regañara a alguien por ser impertinente. Y eso pondría muy
triste a Lan Zhan.
“¡Impertinencia, Senior!” corrige. “Solo… el Maestro Lan dijo que teníamos que copiar.
¿Está seguro de que quería que fuéramos a probarlos?”
Wei Wuxian está seguro de lo contrario, por supuesto. Pero no se le escapa el rastro de
emoción esperanzada en la voz del niño, ni la forma en que los demás están intercambiando
miradas furtivas y radiantes, mientras unas sonrisitas se insinúan en las comisuras de sus
bocas. Han sido tan buenos esta tarde. Se merecen un poquito de diversión.
¿Y si él mismo quiere perseguir, apenas un instante más, la calidez que se instaló tan
dulcemente en su corazón ante sus preguntas ávidas, ante la forma en que estaban pendientes
de cada una de sus palabras? Ese no es asunto de nadie más que suyo.
Se levanta por completo otra vez, frotándose la barbilla en un exagerado gesto de estar
reflexionando. “El Maestro Lan dijo que tenían que copiar,” admite. Luego mueve las cejas
juguetonamente. “Y ya lo hicieron. Admirablemente bien. Dijo que no tenía que repasar nada
con ustedes. Y no lo hice.” Solo contaría como repaso si hubiera tocado temas que ya sabían,
¿cierto? Ha estado contestando preguntas completamente nuevas durante la última media
hora, ¿no?
Una voz que suena sospechosamente como la de su esposo murmura en su cabeza algo sobre
seguir al pie de la letra a una petición, en vez de atender a la idea, pero la ignora con la
facilidad que da la práctica. Los niños están asintiendo a lo que dice y hasta los más grandes
se ven menos conflictuados. Sonriendo, se lanza a matar. Metafóricamente, por supuesto.
“Y dijo que tenía que vigilarlos hasta que alguien viniera a buscarlos. Que es lo que voy a
hacer. Solo voy a vigilarlos mientras usan estos talismanes para lanzar bolas de nieve, en vez
de vigilarlos mientras copian”.
El discípulo Lan más chiquitito -el que tiene muchos huecos en la dentadura y los hoyuelos
más adorables en la barbilla- se endereza como si un rayo acabara de golpearlo, con los ojos
muy abiertos. “¡¿De verdad?!” exclama. “¿De verdad, Senior Wei?”
Ah, sí saben quién es.
Los demás se agitan también; parece que el estoicismo Lan no está muy dominado todavía, y
Wei Wuxian recibe algunas vacilantes sonrisas más. El aire cruje de emoción apenas
contenida. Wei Wuxian se da unos golpecitos en la nariz y levanta tres dedos, sonriendo
ampliamente.
“Por mi honor” dice. “Pero todos ustedes tienen que prometer escucharme y hacer lo que yo
les diga.” Endereza la espalda y se pone las manos en la cadera, mirando seriamente cada par
de ojos. Al instante, la mayoría de las cabecitas se agitan arriba y abajo.
“¡Lo prometemos, Senior!” trina el más chiquito. Los que aún se resisten -claramente los más
mayores del grupo, incluyendo al chico de pelo ondulado-, se balancean de un pie a otro. Lo
miran a él y a los montones de talismanes que tienen en la mano, preocupados en silencio.
Pero, y Wei Wuxian no puede subrayar esto lo suficiente, son niños. Y su profesor (por el
momento, al menos) les está ofreciendo permiso de ir a lanzar bolas de nieve con papeles
mágicos. Los que aún se resistían acaban cediendo. En unos segundos, Wei Wuxian tiene dos
filas perfectamente rectas de discípulos Lan, ordenados del más alto al más pequeño. Se
escucha el murmullo de un parloteo muy poco Lan, que rápidamente se silencia cuando da
una palmada. Voltea hacia su abandonado montón de notas de investigación para esconder su
sonrisa satisfecha. Tal vez está hasta más emocionado que los pequeños.
Rápidamente garabatea una nota en uno de sus bocetos para el encantamiento de protección,
solo por si alguien viene eventualmente por los niños. La deja colgada en la orilla de la mesa
que estaba usando, detenida con una piedra de entintar; es imposible no verla. Satisfecho de
que nadie lo podrá acusar de secuestrar a la próxima generación de la secta Gusu Lan (y ay,
cómo le gustaría que fuera broma), espera a que los juniors bebés vuelvan a enfundarse en
sus capas forradas de piel y sus guantes, abre la puerta de la biblioteca con un gesto teatral y
guía a los niños hacia el exterior.
El cielo está muy gris, se siente más cerca de lo normal y hay una humedad pesada en el aire
que promete otra nevada más tarde. Pero por ahora, el viento ha amainado. Hace frío, pero no
un frío cortante y hasta Wei Wuxian disfruta el crujir de la nieve bajo sus botas. Caminan a
uno de los campos de práctica más pequeños, un terreno plano y circular donde los discípulos
jóvenes practican esgrima. El lugar suele estar vacío a esta hora, pero está lo suficientemente
cerca de los edificios principales como para que los encuentren fácilmente si alguien viene a
buscarlos. En silencio, se pregunta si él y Lan Zhan tendrán que acortar su estancia en La
Profundidad de las Nubes. ¿Qué tipo de “asunto diplomático” puede haber retenido la
atención de Lan Qiren al punto de que todavía no haya mandando a nadie a recoger a los
niños? Tal vez requiera la supervisión personal de Lan Zhan.
“¿Senior Wei?”, pregunta uno de los niños. Tiene unos ocho o nueve y un puñado de pecas le
salpica el puente de la nariz. Se muerde el labio inferior y levanta su montón de talismanes.
“¿Cómo vamos a lanzar bolas de nieve con estos?”
“Una excelente pregunta”, dice Wei Wuxian y la verdad es que no está completamente
seguro.
Él y Jiang Cheng habían descubierto todas las posibles maneras en que esos talismanes
podían ser usados para hacer travesuras cuando eran niños… pero esas aplicaciones habían
involucrado sobre todo hacer trampa en las carreras de barcos de papel y cortar las flores de
los lotos. Se deja llevar por un momento, mientras el fantasma de unas risas infantiles
resuena en sus oídos. Él y sus hermanos, acostados de panza en los muelles tibios, secos por
el sol del Muelle del Loto, mirando unos toscos barquitos de papel surcar la superficie
luminosa del agua, acelerándolos con el movimiento de sus dedos y estallidos de un poder
todavía nuevo. Shijie aplaudiéndoles a ambos, mientras su propio barquito se iba quedando
más y más atrás. Él y su hermano “fallaban” alternadamente al apuntar con sus talismanes y
le daban al de ella, para que los tres llegaran al otro lado del lago al mismo tiempo.
Se sacude el pasado con algo de esfuerzo. Ahora mismo tiene nueve niños ansiosos a los que
les hizo una promesa. Entrecierra los ojos, pensando. La mecánica de lo que quiere hacer es
muy simple. Los blancos de entrenamiento que hay al otro extremo del campo servirán
perfectamente. Lo más difícil va a ser que los juniors logren enfocar bien la energía de los
talismanes, un golpe preciso en vez de solo una ráfaga salvaje de viento.
“Lo primero que necesitamos… son bolas de nieve”, anuncia con un asentimiento decidido.
Mira hacia abajo, a la espesa capa de blanco que cubre el suelo, levantando un pie y
sacudiéndolo hasta que cae de su bota en un húmedo montón. Parece que la nieve tiene la
textura perfecta para quedarse pegada. De todas formas, un escalofrío lo recorre ante el mero
pensamiento de recogerla con las manos desnudas. Mira a los juniors y hace un puchero
dramático. “Lamentablemente, nunca tuve la ocasión de hacer algo así cuando era niño, en
Yunmeng. ¿Tendrían compasión de este pobre e ignorante senior y le mostrarían el mejor
método?”
En realidad no se hace un alboroto, pero ciertamente hay una carrera muy poco propia de
discípulos Lan, cuando de inmediato dejan sus papeles en la nieve y empiezan a juntarla con
las manos. Wei Wuxian esconde sus dedos fríos bajo los brazos y escucha con toda seriedad
mientras varias vocecitas tropiezan unas con otras para explicarle el arte de hacer bolas de
nieve.
Algunos parecen más adeptos a la actividad que otros. Los de otras ramas familiares o de
sectas pequeñas que han sido adoptados en el clan, sospecha, los que no han pasado toda la
vida en la silenciosa y organizada disciplina de La Profundidad de las Nubes. El niño más
pequeño es el más rápido de todos y corre al lado de Wei Wuxian cada que hace una nueva
bola de nieve, sosteniéndola para que la inspeccione con más de esas encantadoras sonrisas
salpicadas de hoyuelos en el mentón y huecos entre los dientes.
En apenas unos minutos ya hay un respetable montón de bolas de nieve apilado frente a él.
Wei Wuxian aplaude con admiración y asiente para sí mismo. “Muy bien. Ahora tenemos que
poner algunas reglas”.
Se imagina la expresión de Lan Qiren si lo escuchara decir eso. No se echa a reír con
carcajadas de bruja mala. Pero poco le falta.
Le hace una seña con el dedo al Lan de las pecas para que se acerque y toma su montón de
talismanes cuando se aproxima. Este niño tiene las líneas más limpias de todos, los caracteres
parejos y bonitos, los trazos de pincel firmes sin ser demasiado oscuros. Una técnica perfecta.
“Lo primero” dice, “¿cuántos de ustedes han formado ya un núcleo? No importa qué tan
fuerte”. Cuatro levantan la mano, los más mayores del grupo. Wei Wuxian asiente para sí
mismo. “Excelente, ¡muy impresionante!” Toma uno de los talismanes del niño de las pecas y
saca un trozo usado de carboncillo de uno de sus bolsillos. Hace un par de ajustes rápidos en
el papel y lo lanza hacia adelante, estirándose ante el pequeño grupo.
Los niños brincan cuando el talismán estalla en un vendaval que se desliza sobre el suelo,
dividiéndose en tres soplos y abriendo surcos en la nieve. Cuando el poder se disipa hay tres
líneas rectas y profundas de unos dos metros de largo trazadas profundamente en la nieve
frente a ellos, con metro y medio de separación entre cada una. Le guiña a su asistente y
luego mira a todos los juniors con su expresión más seria.
“Todo el mundo se tiene que quedar atrás de la línea que les indique en todo momento. Los
talismanes de viento no son muy poderosos, pero cualquier cosa puede volverse peligrosa si
tienes suficiente fuerza de voluntad. Es muy importante que todos se queden donde les diga,
por si tengo que bloquear algo. Necesito saber hacia dónde puedo dirigir la energía sin
riesgos, ¿de acuerdo?”
“En segundo lugar, solo pueden apuntar a los blancos de entrenamiento. No se lancen bolas
de nieve unos a otros..” Menea un dedo con autoridad y de nuevo, nueve caritas asienten
gravemente. Un par parece que se está aguantando la risa. Lo considera una victoria.
“Ahora…”
Les hace un gesto y los niños se arremolinan en torno a él; los más chiquitos hasta empujan a
sus compañeros para tener un buen lugar. Se encuclilla en el centro, sosteniendo otro de los
talismanes del niño de las pecas y uno que eligió del montón del mini Lan Qiren.
“¿Ven este caracter de la esquina?” dice, señalando los casi idénticos trazos en cada papel.
“Este controla la fuerza de la ráfaga que creas. ¿Ven cómo este es más oscuro que el otro?
Más tinta, más presión en el trazo. Uno de estos va a ser más fuerte que el otro, va a aplicar
más energía espiritual en la fuerza que en la dirección o en la duración. Estos talismanes son
en realidad muy fáciles de adaptar, se les puede cambiar casi cualquier cosa…”
Se deja llevar por el ritmo fácil de hablar, explicar, mostrar, girar aquí y allá para cruzarse
con cada par de ojos mientras habla. Muestra el talismán y deja que los juniors prueben a
aplicarle fuerza, recogiendo la energía espiritual con un movimiento de sus dedos antes de
que pueda crear una ráfaga. A juzgar por su expresión, parece que no han tenido mucha
experiencia con ese tipo de cosas todavía. Incluso los pocos núcleos dorados que ya se han
formado en estos juniors son cositas frágiles, revoloteantes. Como pajaritos a los que les
están saliendo las primeras plumas.
Se rasca la cabeza y trata de recordar los entrenamientos en el Muelle del Loto… había
estado involucrado en todos en tanto que discípulo principal, pero la mayoría de las veces lo
relegaban a practicar con juniors de la edad de Sizhui y Jin Ling. Le había enseñado tiro con
arco a los discípulos más jóvenes de la secta Yunmeng Jiang y los maestros de esgrima por lo
general le dejaban el entrenamiento básico en los meses más calurosos. Aunque Madam Yu
lo castigaba con interminables entrenamientos, su dominio de la técnica de esgrima de
Yunmeng Jiang era irreprochable. Sin embargo, nunca había estado a cargo de enseñar
talismanes y hechizos. Pero no hay problema, aunque ya ni se acuerda qué edad tenían él y
Jiang Cheng cuando aprendieron esas cosas. Los niños están pendientes de cada una de sus
palabras, curiosos y llenos de preguntas, y todos están comprendiendo bien la dinámica.
Algunos de los más pequeños tienen dificultades para canalizar lo suficiente su energía como
para alimentar el talismán, pero no es nada fuera de lo común.
Satisfecho, se levanta y sacude una brizna de nieve del borde de su túnica. Les sonríe.
“Entonces”, dice, pronunciando la palabra con deliberada lentitud. “¿Quién quiere intentar
primero?”.
Predeciblemente, nueve manos se levantan en el aire y está seguro de que el incipiente decoro
de los Lan les impide llamar su atención saltando arriba y abajo como cachorr… como algún
animal chiquito, adorable y bebé, que en definitiva no tenga nada que ver con ese diablo
encarnado que es un perro. Con un gesto, le indica al niño de las pecas que se acerque otra
vez y le hace una seña con la cabeza para que tome un par de bolas de nieve del arsenal.
“Todos fórmense atrás de la línea más cercana”, dice, y se siente muy satisfecho cuando
obedecen de inmediato, formando un grupo.
Se estremece anticipadamente por el frío, toma una de las bolas y se la pasa de una mano a
otra unas cuantas veces, antes de lanzarla hacia arriba. No se molesta en usar otro talismán de
papel: concentra su propia energía espiritual mientras la bola cae de vuelta al suelo y traza la
forma de su orden en el aire antes de lanzarla hacia la bola de nieve, justo antes de que esta
toque la tierra. Una ráfaga de viento salpica algo de nieve y la bola se levanta formando un
arco, como si le hubieran pegado con un palo, directo hacia los blancos de entrenamiento que
están del otro lado del terreno. Con un golpe húmedo, azota contra el blanco y uno de los
niños lo aclama como si acabara de hacer algo sorprendente. No necesita ni mirar para saber
que fue el discípulo más pequeño.
Se coloca detrás del niño de las pecas, poniendo una mano en su hombro mientras sostiene
uno de los talismanes. “Vamos a hacerlo uno por uno para empezar. Pase lo que pase, en
cuanto haya terminado su turno, vayan al final de la fila. Tal vez necesiten unos cuantos
intentos para lograrlo; yo voy a mover a algunos más cerca o más lejos del blanco”. Les
indica las tres líneas trazadas en la nieve. “Donde sea que yo esté parado, los quiero a todos
en la línea que esté detrás de mí. ¿Preguntas?”.
Los juniors bebés sacuden la cabeza en silencio y hay otro casi-barullo mientras se acomodan
en una fila ordenada. Wei Wuxian los observa un momento, luego vuelve a voltear hacia el
discípulo de las pecas. Se agacha y recoge la otra bola de nieve del suelo, donde el niño la
había dejado. “¿Listo?”, pregunta, y lanza la bola hacia arriba cuando el chico asiente.
Los juniors bebés… no son buenos para esto. Bola tras bola de nieve se azota de vuelta en el
suelo mientras los niños fallan una y otra vez. Las ráfagas de viento salen disparadas en todas
direcciones, menos en la designada, pero Wei Wuxian mantiene cuidadosamente a todos
fuera de la línea de fuego. La nieve salpica y vuela en el aire como tormentas en miniatura y
él tiene que volver a dibujar las barreras en el suelo cada cinco minutos.
Los niños se dan a la tarea con el entusiasmo de la infancia y Wei Wuxian está seguro de que
en cualquier otro lugar, el campo de entrenamiento estaría resonando de risas. Los juniors
escuchan cautivados sus indicaciones y se ufanan con los elogios que les hace cada que
intentan. Sus mejillas están sonrojadas y sus ojos resplandecen y la cara de Wei Wuxian está
empezando a dolerle de tanto que ha estado sonriendo. Hacía ya mucho que no se divertía tan
abiertamente. Y poco a poco, los niños van hallándole el truco.
Las ráfagas de viento se vuelven menos impredecibles. Otras bolas de nieve salen disparadas
en el aire, aunque no caen ni cerca de los blancos. Los niños se agrupan para reunir las
municiones caídas, formando las bolas de nuevo y añadiendo más nieve. La primera vez que
uno de los juniors (el mini Lan Qiren, por supuesto) logra lanzar una bola de nieve casi a
medio camino hacia los blancos, los otros rompen en aplausos y le dan palmaditas a su
compañero. Wei Wuxian quiere revolverle el pelo y pellizcarle las mejillas, pero se contenta
con una inclinación y una amplia sonrisa. El sonrojo de sorprendida alegría del niño mientras
le devuelve el saludo es al mismo tiempo adorable y muy divertido.
Ahora que uno de ellos ya lo logró, los otros redoblan sus esfuerzos. Más y más bolas de
nieve surcan el aire, sacudidas exitosamente por el viento y cuando el niño de las pecas
finalmente le da a un blanco, parecería que logró vencer a un demonio de alto nivel él solo,
por el entusiasmo de los juniors. Su aturdido orgullo cuando Wei Wuxian le hace una
inclinación es hasta más adorable y más gracioso que el de mini Lan Qiren.
Wei Wuxian echa un vistazo al cielo y luego al camino por el que vinieron de la biblioteca.
Nadie ha venido todavía por ellos y la campana de la cena seguramente está por sonar.
Flexiona sus dedos helados y se envuelve más firmemente en la capa. “Todo el mundo, esta
es la última ronda. Todavía hay que ir a dejar los materiales en el salón antes de la cena.”
Como era de esperarse, hay muchos hombros caídos y caras de decepción. “Ah, ah, ¡esas
caras!” los regaña. “¡Lo hicieron de maravilla! De verdad, los mejores lanzamientos de bolas
de nieve que he visto”.
Pero hay una figura que no se anima para nada con sus palabras. Wei Wuxian inclina
ligeramente la cabeza y mira al discípulo más pequeño. Los ojos del niño miran al suelo
mientras juega con el borde de su capa, mordiéndose el labio como si estuviera tratando de
aguantarse para no llorar. El junior más pequeño ni siquiera ha logrado aplicarle fuerza a un
talismán por completo, su energía espiritual apenas brota en la dirección en que quiere
lanzarla. La propia alegría de Wei Wuxian se apaga ante la expresión decepcionada en la
carita del pequeño.
Los labios del niño se inclinan en una sonrisa trémula, pero no parece que realmente crea en
lo que Wei Wuxian está diciendo. El discípulo de las pecas se acerca y se balancea dubitativo
de un pie a otro, antes de tomar la mano del discípulo más pequeño.
“Lan Xin se esfuerza de verdad, Senior Wei”, dice el niño, apretando la mano de su amigo
para darle ánimos. “Pero le cuesta trabajo canalizar su energía. El Maestro a veces lo deja
después de clase para que vuelva a copiar las notas y comprenda mejor, pero parece que no
funciona.”
El discípulo más joven, al parecer Lan Xin -y Wei Wuxian cree que va a poder acordarse de
ese nombre después de todo-, se ve cada vez más triste conforme su amigo habla y Wei
Wuxian decide que eso no se puede quedar así. Mira al niño con atención y se da un
golpecito en el muslo antes de levantarse otra vez.
“Lan Xin, ¿podrías probar algo?”, pregunta mientras le extiende la mano. El niño lo mira
hacia arriba, sorprendido, pero tras unos segundos toma con confianza la mano de Wei
Wuxian. Sonríe y se lleva al niño unos pasos más allá del grupo, deteniéndose junto al
montón de bolas de nieve desechadas.
Wei Wuxian traga con dificultad una ráfaga de recuerdos, casi esperando escuchar la voz de
Wen Qing hablándole para recordarle que compre todo lo que estaba en la lista y que se
asegure de traer a A-Yuan de vuelta antes de que oscurezca.
“Voy a activar el talismán contigo esta vez, ¿de acuerdo?”, pregunta, mientras formula un
plan conforme habla. Por supuesto, no tiene idea de por qué Lan Xin tiene los problemas que
mencionó el discípulo de las pecas… pero tiene una sospecha.
Y un recuerdo, uno todavía más antiguo que el del niño que se reía en Burial Mounds , más
antiguo y más desdibujado que el de los muelles bajo el sol y los barcos de papel.
Suelta la mano del niño y en silencio guía sus deditos hacia su propia muñeca,
presionándolos justo encima de uno de sus meridianos. Suave, muy suavemente, deja que su
propia energía espiritual fluya hacia la de Lan Xin. “¿Sientes eso?” pregunta. Sonríe ante el
asentimiento confundido del niño.
“Quiero que solo sientas lo que hago… No trates de activar nada tú mismo”, dice mientras
toma una bola de nieve.
“Solo concéntrate en cómo se siente la energía”. El olor del agua, el sonido cuando golpea
contra los muelles y la mano grande del tío Jiang cubriendo la suya, dejando que Wei Wuxian
sintiera latir su energía, cómo se suponía que debía sentirse.
Lanza la bola de nieve en el aire y apenas espera a que caiga para dejar que el talismán estalle
y una ráfaga de viento la empuje hacia adelante. Escucha la inhalación sorprendida de Lan
Xin cuando la bola de nieve cae formando un arco hacia los blancos de entrenamiento.
Cuando mira hacia abajo, el niño está mirando fijamente sus dedos, con los ojos brillando
intensamente.
“Haz eso otra vez”, murmura Lan Xin, olvidando todos sus modales. Pero Wei Wuxian sonríe
con lo que escucha en la voz del niño.
Esta vez ni se molesta en tomar la bola de nieve. Solo deja que su energía fluya hacia el
talismán y levanta una ráfaga de viento que gira alrededor de ambos, soplando una nube de
copos que se eleva en el aire. Lan Xin cierra los ojos, como si estuviera escuchando algo.
“¡De nuevo!”, resopla y luego parece volver en sí. Abre los ojos y sujeta la manga de Wei
Wuxian con su mano libre. “Lo siento, quiero decir, ¿por favor, Senior Wei? ¿Una vez más?”
Wei Wuxian no se resiste a hacerle un cariñito en la barbilla mientras sonríe con dulzura.
“Cuantas veces lo necesites, A-Xin”, dice, y la expresión afectuosa se le escapa.
Nuevamente, activa un talismán. Otra vez ve algo parecido a la comprensión pasar por la
carita de Lan Xin.
“Eso es lo que… oh, eso es lo que…” murmura el niño para sí mismo. Cuando el viento se
detiene por tercera vez, Lan Xin suelta la muñeca de Wei Wuxian y se aleja unos pasos. Una
mirada determinada se instala en su cara y toma el talismán que Wei Wuxian le extiende.
Cuando el niño asiente, Wei Wuxian lanza al aire una última bola de nieve.
Los ojos de Lan Xin la siguen y Wei Wuxian jura que todo el resto de la clase aguanta
colectivamente la respiración. Cuando comienza a caer, la mano de Lan Xin se agita y el
talismán se activa, una ráfaga de viento perfectamente dirigida sale de él y da exactamente en
la bola. Wei Wuxian se ríe y aplaude alegremente cuando la bola sale disparada en un arco,
más lejos y más rápido que casi cualquiera de las otras. Le da a uno de los blancos de
entrenamiento justo en el centro y la columna de Lan Xin se tensa con el húmedo sonido del
golpe. No hay ni rastro del incipiente decoro de los Lan; los otros juniors estallan en vítores.
“¡Maravilloso! ¡Increíble! ¡Bien hecho, Lan Xin, bien hecho!”, grita Wei Wuxian, dándole
unas orgullosas palmaditas en los hombros.
Casi se cae de la sorpresa cuando el niño de pronto se lanza hacia adelante y le envuelve la
cintura con sus bracitos, escondiendo la cara en su abdomen. Antes de que Wei Wuxian
pueda reaccionar, Lan Xin ya está dando unos pasos hacia atrás, baja la cabeza tímidamente y
se pasa la manga por los ojos, que están sospechosamente brillantes.
“Lo siento”, murmura. “No debemos tener arrebatos. Gracias, Senior Wei… Muchas
gracias”.
La sonrisa alborozada de Wei Wuxian se derrite en algo más dulce cuando el resto de los
juniors bebés se arremolinan alrededor de Lan Xin, felicitándolo. “No hay de qué”, dice.
Echa un vistazo al campo de entrenamiento mientras los juniors se controlan, lanzando unos
hechizos rápidos a los montones de bolas de nieve para deshacerlos. Las nubes están ahora
más densas y la promesa de una nevada se hace más clara conforme avanzan los minutos,
pero quizá no debería anunciar de lo que estuvieron haciendo toda la tarde. No es que vaya a
tratar de que los niños lo escondan o algo. Aunque no hubiera como cien reglas sobre mentir
y guardar secretos en La Profundidad de las Nubes, no le va a pedir a un grupo de niños que
sean deshonestos por él. Además, mientras tenga a Lan Zhan y pueda esconderse atrás de él,
hasta puede ser divertido ver la reacción de Lan Qiren cuando se entere de lo que pasó.
Cuando se voltea para reunir a los estudiantes en las perfectas filas de los Lan, para que
vayan a alistarse para la cena, se da cuenta de que al menos una parte de su deseo está a punto
de hacerse realidad.
Bueno, pues aquí está el segundo capítulo, espero que lo hayan disfrutado tanto como yo
al leerlo, releerlo, traducirlo y volverlo a releer varias veces más...
¡Muchas gracias por sus kudos, me hacen el día!
Ah, y estaré publicando los jueves, así que aquí nos estaremos viendo la semana que
viene :)
Chapter 3
Chapter Notes
Notas de la autora:
No sé, ¿ok? Tenía este capítulo todo planeado en mi cabeza y de repente dio un giro y
Lan Zhan ahora es como… ¿alguien se acuerda de ese episodio de Buffy en el que
puede leer la mente y OZ dice como tres frases en voz alta, pero tiene un monólogo
constante en la cabeza? Así es. Son 4,000 palabras de Lan Zhan con unas tres frases de
diálogo, todo tierno en su mente con su esposo y su hijo y ahora serán cuatro
capítulos… dos desde el POV de Wei Wuxian y dos del de Lan Wangji.
Y también tal vez arme como cinco hilos argumentales para los demás, en la serie que
ahora quiero hacer de este pequeño mundo.
Muchas gracias por todos sus reviews… Trato de responderlos, pero siendo profe en la
vida real, tenía que subir las calificaciones del periodo antes de poder pasar el tiempo
necesario con el profesor ficticio que me ha estado dando vueltas la cabeza. ¡Pero por
favor sepan que aprecio mucho más de lo que puedo decir, las palabras y los ánimos de
todos!
-------------------------
Notas de la traductora:
Pues aquí estamos ya con el tercer capi, y el penúltimo de esta parte. Pero que no cunda
el pánico, que planeo seguir con el resto de la serie :D Espero que lo estén disfrutando,
¡yo cada vez que lo leo me vuelvo a enamorar de este Wangxian!
Lan Zhan, nombre de cortesía Lan Wangji, Su Excelencia, el líder legalmente electo del
mundo de los cultivadores, Hanguang Jun, Segundo de los Jades Gemelos de Lan, es un
cultivador extremadamente poderoso. Su autocontrol es legendario, su sereno dominio sobre
su mente y cuerpo son casi la perfección a la que un mortal puede aspirar. No es soberbia. Es
simplemente una declaración de hechos. Negar su veracidad sería una falta de respeto y
menosprecio de sus propias habilidades. Está…
Está…
Está muy por encima de pequeñeces como un dolor de cabeza por estrés.
Aun así, cuando la junta que ocupó su atención la mayor parte del día finalmente, finalmente
termina, se siente aliviado. Un dolor de cabeza no es nada, un fastidio menor que desaparece
fácil y se cura con una taza de té o un poco de meditación, pero tiene que admitir que la
frecuencia con la que se encuentra haciendo esas cosas es… desalentadora. Tendría que haber
sabido que aceptar el puesto de Excelencia iba a cambiar su vida en formas que no podía
predecir. Sabía que era una increíble cantidad de trabajo y que requeriría desarrollar
habilidades políticas de las que, honestamente, carecía.
Pero no había anticipado que implicaría esta cantidad de… nimiedades. Fastidiosas
nimiedades.
Puede lidiar con las importantes rupturas de alianzas y los vacíos de poder provocados por
los eventos del templo Guanyin y las intrigas de Jin Guangyao. Lo quiera o no, el mundo de
la cultivación lo ve como un pilar de rectitud, una fuerza estable y firme del bien. Aunque
algunos habían tratado de calumniarlo… por su negativa a doblegarse a la voluntad de otras
sectas, por apoyar a Wei Ying, por su inquebrantable cariño por un hombre al que todos
odiaban… no encontraron muchos aliados. Puede resolver los grandes problemas. No
entiende por qué tiene que lidiar también con todos los pequeños problemas . El de hoy es
apenas el más reciente de una larga lista.
Una desavenencia por territorio entre dos sectas relativamente pequeñas, que atrajo su
atención solo porque el territorio en disputa está en una ruta de comercio importante. Si las
sectas decidieran arreglar el problema con una batalla, el transporte de comida, suministros y
medicina para todas las áreas circundantes podría verse afectado, por no mencionar que
afectaría la economía de varias ciudades y pueblos.
Lan Zhan ha pasado la mayor parte del día escuchando a los dos líderes de secta discutir e
insultarse mutuamente como gatos callejeros. Al final le había pedido a su tío que se uniera a
las negociaciones por algo que, se había dicho firmemente, no era desesperación. Lan Qiren
había sido maestro de ambos líderes en su juventud y al parecer había sido buen amigo del
padre de uno.
No han avanzado mucho para cuando el cielo comienza a oscurecerse antes de tiempo, pero
al menos Lan Zhan tiene la certeza de que ya no están a punto de pegarse. Lo tomará como
una victoria.
Asiente educadamente cuando los líderes de secta le hacen una inclinación. Su espalda está
totalmente recta y sus manos reposan con gracia en sus rodillas. Solo Wei Ying, su hermano y
quizá su hijo serían capaces de detectar la ligera crispación de sus dedos o la minúscula
tensión en la comisura de sus párpados como las señales de dolor que son. Le palpitan las
sienes y el dolor le martilla dentro de los ojos. Había planeado cenar en el comedor esta
noche… Su tío seguramente quiere que haga una aparición. Wei Ying rara vez sugiere que
cenen ahí, pero está contento de pasar tiempo con los juniors, con Sizhui y compañía, si Lan
Zhan se lo pide.
En privado, sospecha que Wei Ying disfruta poniéndoles caras cada vez más ridículas a los
juniors cuando Lan Qiren no los ve, hasta que alguno no aguanta más y rompe el silencio de
la comida con una risa. Pero no le importa.
Él no quiere lidiar con eso; hasta ahora han tenido una estancia muy agradable en La
Profundidad de la Nubes.
De verdad, es mejor para todos que él y Wei Ying cenen juntos en el jingshi. Tal vez Sizhui
se les pueda unir. Wei Ying ha estado dándole vueltas a un nuevo hechizo estos días y sabe
que Sizhui y Jingyi se mueren de ganas de empezar a probarlo. Mientras se desliza fuera de la
sala de reuniones, en su cabeza revolotea la visión de una velada tranquila en su casa, quizá
leyendo, tal vez tocando el guqin mientras su esposo y su hijo se acercan el uno al otro para
hablar animadamente sobre algún tema que les apasione a los dos.
Está a punto de mandar invitar a Sizhui para que cene en el jingshi si quiere, cuando
distingue a su hijo caminando hacia él. Jingyi está a su lado (como siempre estos días, incluso
más que cuando eran niños). Desde lejos puede notar el ceño fruncido en la expresiva cara de
Jingyi. Sizhui es demasiado educado para dejar que su disgusto se advierta en público, pero
Lan Zhan también reconoce la tensión en los hombros de su hijo. Parece que vienen de los
alojamientos de huéspedes, donde se les han asignado habitaciones a los miembros de las
sectas visitantes. Las pulsaciones en las sienes le bajan por la nuca hasta la columna.
“Hanguang-jun, Gran Maestro”, saluda Sizhui cuando él y Jingyi llegan hasta donde están,
mientras ambos se inclinan respetuosamente.
Lan Zhan devuelve el saludo con un asentimiento y levanta una ceja mirando su hijo. “¿Qué
pasa?”, pregunta sin más preámbulo.
Jingyi y Sizhui intercambian una mirada, pero la tensión que cargan parece disminuir. Sizhui
sonríe ligeramente, negando con la cabeza. “Un desacuerdo menor entre algunos huéspedes”,
dice, a lo que Jingyi resopla con muy poca elegancia.
“Si llamas menor a casi sacar las espadas”, murmura. Casi inmediatamente sus ojos se fijan
en Lan Qiren. En segundos, su postura es perfecta e inclina la cabeza, mirando fijamente al
suelo como si fuera lo más interesante que ha visto jamás. “Es decir, Sizhui apaciguó la
situación”.
“Tú ayudaste”, dice Sizhui y su voz no deja lugar a discusiones. Jingyi le sonríe, con una
sonrisa pequeña y satisfecha.
Su tío suspira pesadamente y cuando Lan Zhan lo mira, el hombre parece estar lamentando
todas y cada una de las decisiones que ha tomado en la vida. “Maravilloso”, murmura. “Las
sectas están llenas de niños malcriados y La Profundidad de las Nubes se convirtió en
guardería”.
Si Lan Zhan no estuviera tan fastidiado de todo el asunto, le impresionaría que sus huéspedes
peleoneros hayan logrado generar esa reacción en su tío. Habitualmente su esposo es el único
que puede alterar a Lan Qiren hasta la vehemencia. Pero está harto , así que apenas emite un
desinteresado ‘ Mmm ’ mientras su tío se alisa arrugas imaginarias en las mangas. Tras un
momento, vuelve a suspirar. “Disculpen, es mejor que vaya a relevar a Lan Fang en la clase
de los principiantes para que pueda ir a comer. Creo que está en el primer turno para patrullar
esta noche”.
Ante eso, tanto Sizhui como Jingyi se quedan inmóviles. Jingyi palidece de forma dramática
y Sizhui aprieta los labios en una línea delgada. Lan Zhan inclina la cabeza hacia su hijo,
pero Sizhui está mirando fijamente a su tío.
“Gran Maestro”, comienza Sizhui lentamente, “perdóneme, pero temo que los principiantes
no están con Lan Fang.”
Es el turno de Lan Qiren de quedarse helado, mirando a los juniors sin parpadear por la
sorpresa. “¿Qué?”, escupe. Jingyi palidece aún más si es posible.
“Estábamos a punto de ir por ellos cuando escuchamos gritos que venían de los cuartos de
huéspedes”, dice rápidamente y Sizhui asiente.
“Éramos los únicos cerca,” añade Sizhui enderezándose. Le echa una mirada a Lan Zhan, que
inclina la barbilla en un único asentimiento. Los ojos de su hijo brillan ante la sutil señal de
apoyo y continúa. “Creímos que era un asunto más importante que atender. Los discípulos
parecían menos dispuestos a pelear delante de nosotros; esperábamos contener los ánimos y
evitar más problemas hasta que alguien más experimentado pudiera resolver el asunto”. La
expresión de Sizhui sigue siendo tan clínicamente educada como la de Lan Zhan, pero él
escucha la desaprobación en la voz de su hijo. De hecho, Lan Zhan va a tratar el asunto. Una
actitud tan vergonzosa de los huéspedes no va a ser tolerada.
“Mn, hicieron bien”, dice. Es casi cómico lo rápido que Jingyi se relaja.
“¿Me están diciendo que dejaron a nuestro grupo de principiantes con Wei Wuxian todo el
día?” farfulla su tío. No grita. Está prohibido gritar en La Profundidad de las Nubes, pero
parece que de verdad le gustaría.
Tanto Lan Zhan como Sizhui se tensan ante la manera en que pronuncia el nombre de Wei
Ying.
Wei Ying se caería al suelo de la risa ante el evidente horror de Lan Qiren ante la idea. Lan
Zhan simplemente le dirige una mirada fría, casi idéntica a la de Sizhui. Los ojos del pobre
Jingyi van de uno a otro y parece que no puede decidir si quiere quedarse y ver qué pasa o
salir corriendo y gritando.
“¿En qué mundo, confiarle nuestros discípulos más jóvenes a ese… ese…” Su tío se
interrumpe con algo que parece un gruñido y Lan Zhan entrecierra los ojos. Lo intenta,
intenta no meterse en el conflicto de su tío con su esposo, intenta confiar en las aseveraciones
de Wei Ying de que su tío solo necesita acostumbrarse, solo necesita tiempo para comprobar
que él no va a lastimar a Lan Zhan, pero tampoco puede quedarse ahí a escuchar cómo
calumnian a su amor…
“Maestro”, dice Sizhui otra vez y su voz está cargada de inocente confusión. “Apenas el mes
pasado, Master Wei supervisó a los seniors en la cacería nocturna cerca de la frontera este.
¿La clase de Lan Zheng?”
Lan Zhan leyó los reportes. Lo que al principio había parecido una simple cacería en un
sector solitario del campo había resultado ser un nido de demonios menores. Un nido grande
. Había sido mucha suerte que nadie muriera… Que nadie saliera gravemente herido había
sido un pequeño milagro. Y se debía en gran medida al rápido ingenio y a la habilidad de Wei
Wuxian para improvisar hechizos, trampas y talismanes. Algunos de los ancianos todavía no
están seguros de qué fue lo que su esposo le hizo a esas redes para espíritus.
Sizhui le sostiene firmemente la mirada a su tío, manteniendo una expresión cándida, y Lan
Zhan no puede evitar sentirse impresionado. Porque su tío sabe tan bien como Lan Zhan lo
que pasó en esa cacería y Sizhui lo dejó sin más opción que abandonar las quejas… o tratar
de sugerir que Wei Ying es, de algún modo, suficientemente apto para apoyar a un grupo de
juniors contra un rebaño de demonios que defienden su nido, pero no lo suficiente como para
supervisar una clase de principiantes durante unas horas en el corazón mismo de La
Profundidad de las Nubes. Ante dos de los mejores discípulos que la secta ha dado en una
generación. Y quizá el mejor discípulo que la secta ha producido en otra. Que además ostenta
el título de Su Excelencia. Y está completa, irrevocable, perdidamente enamorado del hombre
sobre el que Lan Qiren podría afirmar tal cosa.
Su tío se apacigua. Los ojos de Sizhui destellan con algo que Lan Zhan podría identificar
como satisfacción.
A veces Sizhui es una mezcla tan perfecta de él mismo y Wei Ying, que es difícil recordar
que técnicamente no es pariente de ninguno de los dos. Que Wei Ying estuvo… ausente…
durante la mayor parte de su vida. El querido, precioso niño cuya mera existencia había
mantenido juntas las astillas del corazón de Lan Zhan en aquellos primeros años posteriores a
la muerte de Wei Ying, vaya que es una mezcla de los dos. El férreo honor de Lan Zhan y su
rectitud personal. El inquebrantable espíritu y la infinita bondad de Wei Ying. Su propio
respeto por el deber y su sentido de la responsabilidad. La curiosidad y determinación de Wei
Ying. Le gusta pensar que el gran corazón de Sizhui y su ilimitada capacidad de amar viene
de todos ellos: él, Wei Ying, los sobrevivientes Wen a los que Lan Zhan apenas conoció,
incluso Wen Ning y Wen Qing.
Sin embargo, debe admitir que no tiene idea de dónde sacó esta astucia política. La habilidad
de Sizhui para manejar a la gente, para evaluar la situación y la personalidad de alguien en
apenas unos minutos será un increíble recurso para la secta. Casi le recuerda a su hermano…
pero la diplomacia de Xichen y sus tácticas políticas nunca han tenido la agudeza que Lan
Zhan ha llegado a observar. (Si alguna vez le mencionara esto a su esposo, lo sabría. Sabría
cómo se le encoge el corazón a Wei Ying cuando nota eso mismo, cómo le duele al recordar a
aquella orgullosa e implacable mujer que fue una de sus amigas más queridas en un momento
donde todo se estaba viniendo abajo).
Su tío se apacigua, con el aspecto de alguien que acabara de beber algo repugnante y Sizhui
hace una perfecta y respetuosa inclinación. “Jingyi y yo vamos a ir ahora a relevar a Master
Wei. Nos aseguraremos de que la clase llegue al comedor a tiempo para la cena”.
Su tío asiente y los despide con un gesto, al parecer tan desconcertado que se le olvida que
técnicamente, Lan Zhan es el de más alto rango ahora y debería ser él quien los despida a los
tres. Lan Zhan no puede esperar para ver la reacción de su esposo cuando se lo cuente. Le
parece que Jingyi está conteniendo una sonrisilla cuando ambos se giran y se inclinan
también ante él.
“Esperen”, dice. “Camino con ustedes.” Se despide de su tío, deseándole educadamente las
buenas noches y finge que no lo oye seguir resoplando enojado para sí mismo.
La noche que se acerca es agradable para la temporada; fría pero no demasiado, y el aire
encierra una quietud densa que promete otra nevada. Pese a algunas memorias oscuras, Lan
Zhan siempre ha disfrutado el invierno. El silencio de las montañas alrededor, la sensación de
que la misma naturaleza se acurruca y se va a dormir bajo una manta de blancura, lisa y
tranquila. Él disfruta esa paz.
Jingyi suspira, medio exasperado y medio divertido. “No sé por qué esperé otra cosa”, dice.
“¿Qué se supone que haga en el campo de práctica?”
Por supuesto, solo hay una forma de averiguarlo. Los tres avanzan por el sendero que lleva a
los campos de entrenamiento y unos momentos después Lan Zhan escucha la cadencia de la
voz de Wei Ying, que lleva toda la tranquilidad de la tarde. Su amor suena feliz y la
curiosidad se despliega en el pecho de Lan Zhan. No está preocupado de ninguna manera; le
confiaría a su esposo la vida de cualquiera en La Profundidad de las Nubes. Con todo y lo
ridículo que Wei Ying puede ser, seguramente se tomó en serio el trabajo de cuidar a los
niños. Aunque tiene que admitir que no está seguro de qué habrá hecho con un grupo de
niños tan chiquitos por tanto tiempo. Está casi preparado para encontrar el campo poblado de
muñecos de nieve o a los niños enterrándose unos a otros hasta el cuello.
Lo que encuentra es a su esposo dando… ¿una clase? Sizhui y Jingyi se detienen al final del
camino, sin llegar a pisar el campo. Lan Zhan se detiene atrás de ellos, observando. No se
están exactamente escondiendo, pero sí se da cuenta de que la esquina del edificio junto a
ellos los bloquea de la línea de visión de Wei Ying.
Su amor está de pie en el centro del campo de práctica más pequeño y tres surcos profundos
se dibujan en la nieve detrás de él. Los pequeños estudiantes están acomodados en un
semicírculo ante él, mirándolo con atención mientras habla. Algo cálido florece en su pecho
al ver las manos de Wei Ying moverse en el aire mientras gesticula. Desde esa distancia
puede ver la sonrisa que ilumina la cara de su esposo, escuchar la risa deleitosa en esa voz tan
amada.
Podría pasarse el resto de la vida solo escuchando el sonido de la voz de Wei Ying.
Mientras observan, uno de los niños da un paso al frente, sosteniendo lo que parece ser un
talismán de papel. Wei Ying lo toma y lo sostiene, señalando las líneas y caracteres,
asintiendo cuando el niño responde lo que sea que le acaba de preguntar. Luego se lo
devuelve y le hace un gesto a los demás para que se formen atrás de una de las líneas que
trazó en la nieve. El junior y él se paran un poco más adelante y el niño se inclina a recoger…
¿una bola de nieve?
“¿Qué están haciendo?”, pregunta Jingyi. El joven está susurrando, a pesar de que se
encuentran muy lejos como para que Wei Ying los escuche. “¿Master Wei está haciendo una
pelea de bolas de nieve?” El sin nosotros es silencioso, pero está implícito.
“No creo”, dice Sizhui. “Ese grupo acaba de empezar con los talismanes de viento, ¿no? Pero
no es posible que estén listos para…”
Wei Ying toma la bola que recogió el junior y la lanza muy alto en el aire. En cuanto empieza
a descender, el niño golpea con el puño hacia adelante y el talismán resplandece cuando se
activa. Una ráfaga de viento estalla, se conecta con la bola de nieve y la lanza volando hacia
uno de los blancos de práctica que hay al otro lado del campo. El proyectil de nieve no lo
golpea, pues cae unos metros antes, pero Wei Ying aplaude de todas formas, dándole unas
palmaditas en el hombro al niño y girándose para ver a los demás.
Lan Zhan no es ningún experto, pero si tiene que adivinar, ese tono en particular significa: a
punto de morir de envidia. Acordándose de sus propias lecciones en esos temas, no puede
decir que no sea una reacción razonable. Recuerda haber estado de pie en una línea perfecta
con algunos otros discípulos jóvenes en el salón de clase y dar un paso para encender un
talismán de viento hacia la vela encendida del otro lado de la sala, mientras su profesor los
observaba en silencio. No tenían permitido pasar a la siguiente lección hasta que pudieran
activar el talismán y apagar la vela sin dañar el pabilo. A Lan Zhan le había tomado varios
días hacerlo bien. Esto… esto se ve mucho más interesante.
Wei Ying se dirige de nuevo a los niños y Lan Zhan los ve encogerse de decepción y empezar
a moverse como preparándose para irse. Parece que su esposo ya notó la hora y que la noche
se acerca velozmente. Pero una figurita se mantiene quieta y Wei Ying va a agacharse frente a
él.
Jingyi suspira un poco, encogiéndose de hombros. “Ah, ¿es Lan Xin? Pobrecito”. Sacude la
cabeza con tristeza. “No sé cómo va a poder ponerse al nivel algún día”.
“¿Qué? Todos los profesores lo creen. Master Feng me puso a darle tutorías varias semanas y
sigue sin hacer ningún progreso. Ha estado aquí un año y apenas puede enfocar su energía
espiritual lo suficiente para meditar , ¡y ni hablar de que forme un núcleo! Yo creo que pronto
lo van a mandar a estudiar con los sanadores o algo”.
Su voz tiene un tinte de compasión. El clan nunca abandonaría a uno de sus discípulos,
especialmente a uno tan joven… Aunque el niño no muestra habilidades para la cultivación,
va a recibir una educación y se le enseñará un oficio adecuado cuando sea suficientemente
mayor. La secta cuida de los suyos. De todas formas, nunca es fácil darse cuenta de que no
estás destinado a lo que siempre creíste y que la vida que soñaste nunca va a ser realidad.
De pronto, Wei Ying toma la mano del niño y lo guía un poco más lejos del grupo. Se
detienen junto a un montón de bolas de nieve y Wei Ying se hinca. Lan Zhan frunce el ceño
cuando su esposo guía la mano del niño hacia su propia muñeca. Sizhui y Jingyi claramente
también están curiosos y se adelantan un poco en el sendero para tener una mejor vista. Lan
Zhan los sigue. Los tres se detienen en el campo sin que nadie los vea; todo el grupo está
cautivado con lo que sea que Wei Ying está haciendo.
Lan Zhan ve a su esposo echar una bola de nieve al aire y lanzarle hábilmente un talismán de
viento. Junto a él, el niño parece estremecerse. Le dice algo a Wei Ying y Lan Zhan se
descubre a sí mismo acercándose, tratando de oír lo que dicen. Wei Ying activa otro talismán
y luego un tercero, antes de que el joven discípulo por fin dé unos pasos para alejarse,
tomando el talismán que Wei Ying le tiende.
Sizhui y Jingyi intercambian miradas asombradas y Lan Zhan no está menos sorprendido. Si
lo que Jingyi dijo es verdad, seguramente su esposo sabe que esto acabará, muy
probablemente, en una decepción más para el niño. No, su corazón no le haría algo así a un
ni-
Todo el grupo frente a ellos suelta un resoplido de sorpresa cuando la bola de nieve que Wei
Ying lanzó comienza a caer al suelo, solo para ser atrapada limpiamente por una corriente de
viento. Atraviesa el terreno y le da a uno de los blancos de entrenamiento mientras la risa
alegre de Wei Ying resuena en todo el campo. Su esposo le aplaude furiosamente al pequeño
y en un instante los demás niños se le unen.
“¡Maravilloso! ¡Magnífico! ¡Bien hecho, Lan Xin!”, exclama Wei Ying, poniendo
orgullosamente las manos en los hombros del niño.
Algo tibio florece en el pecho de Lan Zhan cuando el discípulo rodea con los brazos la
cintura de Wei Ying, abrazándolo con fuerza hasta que parece tomar conciencia y recordar el
autocontrol que se espera de los discípulos de la secta Gusu Lan. El niño murmura algo
mientras se limpia los ojos llorosos con la manga. Incluso desde donde está, Lan Zhan puede
ver que el pequeño está mirando a su esposo con algo cercano a la adoración mientras los
demás lo rodean, todos riéndose y felicitándolo y portándose sin el menor rastro de
corrección.
Especialmente no cuando Wei Ying se gira totalmente hacia ellos, dándose cuenta por fin de
que los tres se sumaron a la clase improvisada. Ese rostro amado se ilumina con una amplia
sonrisa, sus mejillas están sonrojadas por el aire frío y su pelo salpicado de copos de nieve
que levantó el viento. Lan Zhan siente toda la tensión del día derretirse como azúcar en la
lengua.
“H-Hanguang-Jun!”, exclama uno de los discípulos, siguiendo la línea de visión de Wei Ying.
Como si lo hubieran ensayado, los juniors se agitan brevemente antes de ponerse en dos
líneas rectas ante él. Wei Ying apenas puede contener la risa, mordiéndose el labio mientras
los niños lo saludan con toda solemnidad y luego se inclinan también ante Sizhui y Jingyi.
Wei Ying se despereza como un gato y se ajusta la capa contra el cuerpo, escondiendo sus
manos desnudas bajo los brazos. Sonríe y parpadea inocentemente.
Nota de la traductora:
Y así llegamos al último de los cuatro capítulos que componen esta primera parte. Y
como efectivamente la autora escribió tres partes más de este mismo universo, pues
también me propongo seguir con esta traducción.
Espero que hayan disfrutado esta primera entrega y que les haya alegrado los días un
poquito, como lo hizo conmigo :)
“¿Nos quedamos sin papel para talismanes?”, intenta Wei Wuxian, con una sonrisa
demasiado inocente para ser creíble. Sus ojos relucen de alegría y guiña con audacia,
consciente de que Lan Zhan no pretende regañarlo por no quedarse en la biblioteca. Al menos
parece que los niños sacaron algo bueno esta tarde.
Los discípulos observan el intercambio entre ellos con los ojos muy abiertos; su admiración
por él es casi palpable en el aire helado. Pero cuando Wei Ying bromea tranquilo con él y
pasa alegremente los brazos por los hombros de Sizhui y Jingyi, los niños se relajan. Un
poco. Lo suficiente como para que el más pequeño se precipite en silencio hacia adelante y
tire de la manga de Jingyi. Le echa una mirada nerviosa a Lan Zhan, pero su emoción rebasa
su nerviosismo.
“Hermano Jingyi, ¿me viste? ¿Viste lo que hice?” susurra, prácticamente temblando de
emoción en su lugar. “Senior Wei me enseñó cómo hacer que funcionen los talismanes… ¡Ya
entendí a qué te referías!”
Jingyi se pone en cuclillas, al nivel de los ojos del niño y asiente con una resplandeciente
sonrisa. “¡Lo vi, A-Xin y estoy muy orgulloso de ti!”. Voltea a ver discretamente a Wei Ying.
“Senior Wei es muy buen maestro, ¿no?”
El niño asiente con tantas ganas que es increíble que la cabeza no se le disloque. “Senior Wei,
¿puede venir y darnos clase mañana? ¿Si el Maestro Lan no se mejora todavía?”
De inmediato, su esposo está rodeado de niños pequeños que lo miran con los ojos muy
abiertos y llenos de esperanza. Ni siquiera recuerdan que están todos parados a unos
centímetros del Cultivador Jefe y del discípulo más conocido del clan. Sizhui esconde una
sonrisa tras su manga y Jingyi parece demasiado satisfecho de sí mismo. Sin embargo, Wei
Ying suelta una risa nerviosa mientras se frota la nariz y le lanza una mirada desesperada a
Lan Zhan.
“Ah, ah, ah, estoy seguro de que Master Qiren planeó sus clases con mucho cuidado mientras
su profesor está enfermo”, dice mientras enreda los dedos en el borde de su capa. “Aunque
siempre me dará gusto ayudar, no me gustaría interferir con su planeación”. Su esposo niega
con la cabeza y le da unas palmaditas en el pelo al niño que tiene más cerca. “Pero nos
divertimos mucho hoy y aprendieron algo ¿verdad?”
“¡Sí, Senior Wei!”, gritan los pequeños con entusiasmo. Wei Ying se ríe y sus labios se
curvan de una forma hermosa mientras las comisuras de sus ojos se pliegan.
“Ahora tengo que hablar con su Hanguang-Jun un momento. Sizhui, Jingyi, ¿les molestaría
acompañarlos a dejar todo en el salón de clases antes de la cena?”
Su hijo asiente rápidamente y con otra serie de inclinaciones formalísimas (y más de una
mirada infantil de anhelo hacia su esposo), los juniors se van. El más pequeño voltea para
despedirse de Wei Ying con la mano mientras caminan a la biblioteca y Wei Ying le devuelve
efusivamente el gesto. Lan Zhan siente una sonrisa tibia y tierna curvar sus labios; apenas es
visible para cualquier otra persona, pero cuando Wei Ying se gira a verlo, su rostro se relaja.
Wei Ying se le acerca, pasa los brazos por su cintura y reposa su peso sobre su pecho. Lan
Zhan puede sentir el frío que irradia su amor, lo helados que están sus dedos incluso a través
de las capas de tela de su espalda. “Mmm, siempre estás calientito”, dice Wei Ying feliz,
mientras levanta el rostro a la expectativa y con los ojos cerrados.
Besa a su esposo lentamente mientras sostiene su mejilla fría y azotada por el viento, hasta
que Wei Ying se retira con un suspiro de felicidad. Se pone de puntillas para darle un besito a
Lan Zhan en la mejilla y otro en la nariz, antes de finalmente soltarlo.
“Hola”, dice, y sus ojos todavía brillan con travesura. “Te extrañé hoy”.
Han pasado menos de ocho horas desde que se vieron en el desayuno… pero Lan Zhan
asiente de todas formas y toma la mano de su esposo. Frunce un poco el ceño al notar lo fríos
que están esos dedos y toma rápido la otra mano para frotar la piel enérgicamente. Wei Ying
suelta un suspiro alegre mientras mira sus manos unidas con una sonrisa.
“En la mesa donde me los dejaste anoche. Tal vez”, dice Wei Ying, con una sonrisa
avergonzada.
“Ridículo”, murmura Lan Zhan, pero no deja de frotar las manos frías de su amor.
“En mi defensa, nunca viví realmente en un lugar donde los guantes fueran parte obligada del
guardarropa de invierno”.
“Hmm”.
“Como sea, ¿quieres…”, está diciendo Wei Ying cuando lo interrumpe una voz desde más
adelante del sendero.
Al instante, toda la tensión vuelve rápidamente a sus hombros y no puede evitar un ligero
gruñido de impaciencia. Wei Ying aprieta los labios y mueve las manos para estrechar las de
Lan Zhan con cariño. “El deber llama”, murmura y se pone de puntillas para besarlo
dulcemente una vez más. “¿Qué tal si voy a pedir la cena, la traigo a la casa e invito a los
chicos a cenar con nosotros?” dice, leyendo, como siempre, la mente de Lan Zhan.
“Mn, por favor”, dice, separando a regañadientes sus manos cuando el discípulo lo llama otra
vez.
La nevada que ha estado a punto de caer todo el día por fin empieza, con copos gruesos y
pesados como nubes en el aire. Wei Ying mira hacia el cielo, sonriendo cuando le caen en la
cara, en el pelo, en las pestañas. Es hermoso hasta en la luz opaca y gris de la tarde de
invierno, salpicado de ese blanco cristalino y sonrojado por el frío. Siempre ha sido lo más
hermoso que Lan Zhan haya visto, sin importar qué cara tenga. Se da la vuelta de mala gana.
Va a pasar una velada agradable con su familia. No le importa si tiene que provocar un
incidente diplomático para lograrlo.
De todas formas, duda mucho que cualquiera de sus huéspedes se atreva a poner a prueba su
paciencia mañana, así que con algo de suerte podrán resolver el asunto más pronto que tarde.
Más vale . Todavía es temprano, pero la noche cae rápidamente sobre las montañas, sobre
todo en invierno. La nieve es mucho más espesa y cae en una nevada constante que no da
señales de acabar pronto. Se hace la nota mental de ir a checar la reserva de leña antes de
entrar al jingshi y pedir más en la mañana… el frío nunca le ha molestado, pero sabe que su
amor lo sufre intensamente.
Recorre el camino hacia la casa que comparte con Wei Ying, pero al verla se detiene. Siempre
se detiene.
Las ventanas están cerradas a causa del frío y la nieve, pero una luz suave, dorada, se escurre
por cada grieta. El humo escapa por la chimenea de arcilla que hay a lo largo del muro y sabe
que el hogar estará rugiendo alegremente, que una tibieza acogedora está lista para
envolverlo en cuanto atraviese la puerta. Mientras está ahí de pie, la risa de Wei Ying resuena
desde dentro, atravesando la quietud de la noche como un rayo de sol que atraviesa una nube.
Dieciséis años.
Durante dieciséis años, no hubo luz ni calor esperándolo aquí. Durante dieciséis años, la risa
de su amado fue un recuerdo lejano, un fantasma que no podía atrapar ni dejar ir. Dolía
recordar ese sonido, dolía aún más pensar que podría olvidarlo. Durante dieciséis años existió
al borde de su propia vida; solo su deber y su desesperado amor por su hijo, el hijo de ambos,
lo habían mantenido atado a un mundo donde Wei Ying ya no existía.
Una casa que derrama risas, amor y luz. El corazón del hombre que se adueñó del suyo desde
que eran adolescentes. Días y días y días llenos de esa voz parlanchina que creyó silenciada
para siempre. Noches y noches y noches con Wei Ying en sus brazos, para abrazarlo, besarlo,
desearlo, para hacerle el amor cuando se les antoja. Wei Ying aquí, vivo y siempre mirando a
Lan Zhan como si éste acabara de colgar el sol, la luna y cada una de las estrellas para su
disfrute personal.
La existencia que había añorado por tanto, tanto tiempo. La existencia que nunca se atrevió a
pensar que podía tener.
Lamenta cómo terminó todo, hace una vida. El tiempo que le quede va a seguir lamentando la
muerte de esas personas que no debieron irse. La traición y las preguntas con las que su
hermano tiene que aprender a vivir. El dolor y el sufrimiento por el que ha pasado su amado.
El dolor y el sufrimiento por el que él mismo pasó. Tantos que no se merecían el destino que
tuvieron. Pero no puede lamentar esto. Si el dolor del pasado es el precio que tuvo que pagar
para tener esta vida, con el hombre que ha amado aún desde antes de saber qué es el amor…
Lo volvería a pagar mil veces. Se mueve otra vez y abre la puerta del jingshi. La habitación
está agradablemente tibia, en especial tras haber caminado desde los cuartos de los huéspedes
y Lan Zhan se relaja por completo. Se quita la capa, la cuelga y se da la vuelta para ver a Wei
Ying, que ya se levantó y se precipita hacia él.
“¡Lan Zhan!”, lo saluda, como si no se hubieran visto hace menos de una hora. Sizhui y
Jingyi se giran educadamente cuando Wei Ying lo rodea con los brazos y lo besa mucho más
profundamente de lo que jamás lo haría en los pasillos de La Profundidad de las Nubes.
Deja que su amor lo arrastre hacia la mesita. La cena está servida y humeante y él se
acomoda en su sitio junto a Wei Ying. Su hijo y su mejor amigo (¿quizá algo más? No está
convencido de las teorías de Wei Ying sobre un cambio en su relación, pero definitivamente
están más cerca uno del otro de lo normal) esperan a que se sirvan antes de hacer lo propio y
Lan Zhan se sienta a saborear su té. La voz de Wei Ying mientras conversa animadamente
con Sizhui y Jingyi, lo recorre como una ola de calma. Los juniors ya están acostumbrados
desde hace mucho a que Wei Ying rechaza por completo la regla de “no hablar en las
comidas”, al menos dentro de estas paredes. Esto, piensa, es satisfacción. Esto es la felicidad.
Y más tarde, cuando Sizhui y Jingyi se han despedido y marchado hacia los cuartos de los
juniors, cuando su esposo está en sus brazos y ambos están agotados, sudorosos y satisfechos
debajo de las sábanas, decide que esto es la alegría.
“Gracias por ayudar con la clase de los principiantes hoy”, dice finalmente, rompiendo el
suave silencio del cuarto. Wei Ying tiene la cabeza apoyada en su pecho y él está peinando
lentamente su pelo con los dedos. Wei Ying se ríe levemente y gira la cara para dejar un beso
húmedo en la piel todavía caliente de Lan Zhan.
“Mmm”, murmura Lan Zhan, sin disentir ni darle la razón. Él no tiene que darle las gracias a
su esposo, pero sabe que su tío no lo va a hacer… Y Wei Ying definitivamente no había
planeado hacerse cargo de un grupo de niños durante varias horas el día de hoy. “Jingyi tenía
razón”, dice tras unos momentos de silencio. “Eres un excelente maestro”.
Esta vez, Wey Ying se rueda para quedar casi encima de él, cruzando los brazos sobre el
pecho de Lan Zhan y apoyando la barbilla sobre ellos. Está ligeramente sonrojado; se ve
mitad contento, mitad incómodo. “Ah, no sé si iría tan lejos. Solo me has visto supervisando
cacerías nocturnas y explicando talismanes. Esas cosas son fáciles, no es muy distinto de lo
que hacía en…” Su voz se tensa ligeramente antes de terminar un poco más suave, un poco
más triste. “En El Muelle del Loto”.
Lan Zhan aprieta su abrazo en torno a su esposo. No había sido su intención traerle malos
recuerdos. “No es fácil”, dice suavemente. “No para la mayoría de la gente”.
Wei Ying suelta una risita. “Ridículo”, dice, haciendo una aceptable imitación del tono
habitual de Lan Zhan.
“¿Querrías? No solo llevar a los juniors a cacerías nocturnas… ¿dar clases aquí?”
La risa es más sonora esta vez. “¿Me imaginas escribiendo planeaciones de clase o
calificando trabajos? ¿Dando lecciones todo el día?”
Lan Zhan no le señala que por lo general termina calificando la mitad de los reportes de
cacerías nocturnas de todos modos y que un plan de clase solo habría implicado escribir lo
que iba a hacer con los niños antes de hacerlo. Tampoco se le escapa la melancolía en los ojos
de su esposo antes de que desvíe la mirada. Definitivamente, no se imagina a Wei Ying feliz
dando cátedra… pero duda que cualquier clase que enseñe pueda quedarse estrictamente en el
campo de la teoría. Mientras más lo piensa, más le gusta la idea.
“Lan Zhan, Lan Zhan, tienes muy buena opinión de mí. Eres mi esposo, tienes que pensar
que soy bueno en todo”.
“No para cocinar”, dice Lan Zhan inmediatamente. Wei Ying se ríe de nuevo y esconde la
cara en sus brazos. “Ni para guardar las cosas en su lugar”, reflexiona y Wei Ying le da un
golpecito en el pecho.
“Sí puedo, solo no veo para qué tengo que guardar mis cosas si luego las voy a usar otra
vez”.
Esta vez, Wei Ying lo pellizca, todavía riéndose sin parar. “De acuerdo, de acuerdo, tú ganas.
No tienes que pensar que soy bueno en todo. Pero aun así, creo que la idea de mí dando
clases es ridícula”.
Lan Zhan solo inclina ligeramente la cabeza y roza con sus labios el pelo de Wei Ying. Piensa
en cómo los discípulos acudieron naturalmente a él en la Ciudad Yi, pendientes de sus
palabras y tomándole confianza en muy poco tiempo. Piensa en cómo, en cuanto le asignan
un equipo para las cacerías nocturnas, Sizhui suele verse rodeado de juniors que
discretamente lo animan a pedirle a Wei Ying que los acompañe. Piensa en el pequeño
discípulo que según Jingyi tenía tantos problemas en clase, mirando a su esposo con los ojos
muy abiertos y llenos de adoración.
Piensa en lo feliz que se veía Wei Ying de pie en el campo de práctica con los niños. Cómo
casi salta de alegría cuando va a acompañar a Sizhui y los demás, incluso si Lan Zhan no
puede ir con ellos. Cómo comparte libremente su conocimiento y experiencia, sin más
objetivo que compartir algo útil.
Pues... aquí está el primer capítulo en español de uno de los fanfics Wangxian que más me ha
gustado. Ya tengo avanzada la traducción, así que iré posteando con regularidad, uno por
semana. Espero que lo disfruten tanto como yo y haber podido conservar el estilo de esta
escritora que tanto me gustó.
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