Contratos Accidentales en Legislación Laboral
Contratos Accidentales en Legislación Laboral
TECNOLOGICO
“CAMISEA”
TEMA:
CURSO:
DOCENTE:
ALUMNAS:
ENFERMERIA TECNICA
VI SEMESTRE
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2024
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INDICE
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CONTRATOS DE NATURALEZA ACCIDENTAL
CONTRATO OCASIONAL
Comentario
De las tres modalidades incluidas en el rubro de los contratos de naturaleza accidental,
la única que se adecua con total claridad y precisión a la noción de trabajo "accidental"
que le sirve de fundamento está constituida por el denominado, con gran imprecisión,
contrato "ocasional". Este se configura, así como el contrato accidental por excelencia,
aquella figura a través de la cual el legislador confiere sustantividad a esta singular
especie de trabajo temporal, con el fin de aportar una descripción de sus elementos.
a. Objeto
De acuerdo con lo dispuesto por este artículo, este contrato tiene por finalidad "atender
necesidades transitorias distintas a la actividad habitual del centro de trabajo". En este
supuesto, pues, a la inversa de lo que sucede con los contratos "de naturaleza temporal",
el carácter limitado en el tiempo de la relación viene determinado por la naturaleza de
las labores a desarrollar (criterio cualitativo) y no por circunstancias derivadas de la
coyuntura por la que atraviesa el ciclo productivo de la empresa (criterio cuantitativo).
Es decir, no es que esta precise de mano de obra "de refuerzo" para atender un
incremento ocasional de las labores que desarrolla ordinariamente, motivado por una
elevación meramente temporal de la demanda, una imprevista acumulación de tareas,
etc., sino que requiere personal adicional para atender tareas distintas. Se trata, pues, de
labores temporales per se, cuyo carácter eventual se deriva de su falta de
correspondencia con la dinámica normal de la organización productiva. En este sentido,
si bien son dos los elementos a través de los cuales la norma construye la definición de
este contrato (el carácter no habitual y a la vez transitorio de la necesidad que a través
de él se atiende), es el primero el que ocupa una posición central dentro de esta, ya que
es esa falta de habitualidad de la labor a desarrollar la que determina su transitoriedad.
Así configurada, es indudable que esta modalidad contractual es, de todas las posibles,
una de las que atiende a la realización de labores de un carácter más nítidamente
temporal. De allí que los ejemplos de situaciones de este tipo no sean en principio
difíciles de proporcionar. Así, pueden citarse como supuestos claros de tareas
susceptibles de ser contratadas por esta vía: la realización de tareas vinculadas con la
habilitación de un local comercial o una nave industrial, la instalación o reparación de
maquinaria, la informatización de ciertas secciones de la empresa, la ejecución de
estudios de mercado o de una auditoría interna, siempre, claro está, que no se trate de
empresas que se dedican ordinariamente a estas actividades.
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La primera es que dado que las tareas cuya realización justifica la celebración de este
contrato son normalmente de índole determinada, dotadas por tanto de autonomía y
sustantividad propias y no imbricadas dentro del proceso productivo de la empresa, su
realización es susceptible también de ser encargada a otros empresarios a través de la
celebración de un contrato civil, preferentemente de ejecución de obra (artículos 1771 a
1789 del Código Civil). Así, en los ejemplos de la instalación de nueva maquinaria o de
la informatización, la empresa podrá también encargar la realización de estos trabajos a
una empresa especializada, en lugar de asumir ella, a través de la contratación de
personal eventual, la dirección del proyecto. Es más, tratándose de actividades que
requieren un alto nivel de especialización, posiblemente la primera sea la opción más
adecuada, pese a sus previsibles mayores costos. En consecuencia, la celebración de uno
o más contratos "ocasionales" con trabajadores determinados constituye solo una de las
posibilidades que se abren al empleador para la satisfacción de las necesidades de este
tipo.
Al lado de lo anterior, debe tenerse presente también que para establecer si las labores
poseen el carácter accidental exigido por la norma, es preciso prestar atención, antes que
al giro –en abstracto– de la empresa, a la forma como esta desarrolla –en concreto– sus
actividades. Esto se debe a que si bien normalmente dentro de una empresa dedicada a
cierta actividad la necesidad de llevar a cabo labores conexas o complementarias se
suele presentar solo de manera ocasional, no puede descartarse que ello no suceda en
otras, debido a sus peculiares necesidades u opciones organizativas. Así, es posible, por
ejemplo, que una gran empresa textil incluya un departamento especializado en la
reparación de maquinaria, aunque esto no sea lo habitual; o que una empresa dedicada a
la fabricación de cosméticos preste una atención constante a la investigación de
mercado.
b. Duración
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por el legislador, que ha optado por someterlo a un término final cierto, cuyo alcance
máximo es fijado en "seis meses al año".
Así, solo podrá recurrirse a este contrato cuando se trate de tareas que, además de
prestarse para un cálculo más o menos preciso del tiempo en que se llevarán a cabo,
sean de escasa duración.
Estos límites parecerían perder buena parte de su virtualidad restrictiva, sin embargo, si
se tiene en cuenta que simultáneamente el legislador ha procedido a tipificar a través del
artículo 63 de la LPCL otra modalidad contractual –el denominado contrato "para obra
determinada o servicio específico"– sometida a un término final incierto de ilimitados
alcances (de acuerdo con el precepto recién citado, la duración de este contrato "será la
que resulte necesaria"), cuya celebración no se encuentra vinculada a ninguna forma
específica de trabajo eventual (la norma exige, simplemente, que el contrato posea un
"objeto previamente establecido y de duración determinada"). Y es que una lectura
aislada de ambos tipos contractuales podría conducir a interpretar que cada vez que no
resulte factible recurrir al contrato "ocasional" debido a sus ajustados parámetros
temporales se abriría la posibilidad de servirse de dicho contrato, no sujeto a ellos. Al
fin y al cabo, también en este último caso nos encontramos delante de un tipo
contractual capaz de cobijar la realización de una labor específica y determinada de
carácter temporal. Ello constituiría, empero, un claro fraude a las previsiones de la ley,
que no solo ha diseñado el contrato "ocasional" para la satisfacción de las necesidades
por él tipificadas, sino que le ha impuesto unos estrictos límites que no pueden ser
superados, como resulta evidente, recurriendo a otra modalidad contractual.
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c. Extinción
La opción en favor del sometimiento de este contrato a un término final cierto determina
que su extinción se produzca automáticamente al vencimiento del mismo (o de
cualquiera de sus prórrogas). Excepcionalmente, sin embargo, es posible que el contrato
concluya antes de la fecha prevista o prolongue sus efectos más allá. Lo primero puede
suceder si concurre alguna de las causas generales de extinción enumeradas por el
artículo 16, cuya aplicación a estos contratos no tiene por qué descartarse. Lo segundo
tendrá lugar cuando el trabajador continúe laborando después de la fecha de conclusión
del plazo pactado o sus prórrogas, al estar prevista para este supuesto la conversión del
contrato en uno por tiempo indefinido, por el artículo 77, letra a).
CONTRATO DE SUPLENCIA
Comentario:
Aunque situado al margen de todo criterio sistemático dentro del capítulo III, este
contrato contempla otro supuesto de temporalidad tradicionalmente admitido por
nuestro ordenamiento jurídico: la contratación de personal eventual "de reemplazo",
para suplir la transitoria ausencia de otros trabajadores cuyo vínculo laboral se
encuentra en suspenso. La contribución de la hoy LPCL en este caso radica, por ello,
más que en haber procedido a reconocer la existencia de esta modalidad, en haberse
ocupado de establecer su régimen jurídico, poniendo fin al vacío normativo en el que
esta se hallaba sumida antes de su entrada en vigor.
a) Objeto
No obstante, dado que de esta exclusión no puede deducirse ni que estos trabajadores
carecen durante la suspensión del derecho a reserva del puesto de trabajo, ni que no sea
válido contratar a otros en su reemplazo, la solución más adecuada es, nuevamente, la
de aplicar por vía analógica a estos supuestos las previsiones del artículo que se
comenta o, en todo caso, recurrir con el mismo fin a la genérica autorización prevista
por el artículo 82, celebrando un contrato temporal "innominado".
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Por lo que respecta a la "causa justificada" que al dar lugar a la suspensión del vínculo
del titular del puesto de trabajo es capaz de abrir la posibilidad de recurrir a esta
modalidad para su sustitución, la norma indica que deberá ser una "prevista en la
legislación vigente" o actuar "por efecto de disposiciones convencionales aplicables al
centro de trabajo". Ello permite que puedan operar aquí todas las causas de suspensión
(perfecta o imperfecta) previstas por el artículo 12 de la LPCL, así como las adicionales
que puedan introducirse a través de la negociación colectiva. Las únicas excepciones
vendrían dadas por aquellas que, por su propia naturaleza, no justifican o excluyen la
contratación de interinos. El primero sería el caso de las suspensiones debidas a caso
fortuito o fuerza mayor (artículo 12, letra l) o a "motivos económicos, tecnológicos,
estructurales o análogos" (artículo 46, letra b), que serían igualmente aplicables al
sustituto, al tener su origen en el propio trabajo y no en el trabajador. El segundo sería el
supuesto de ejercicio del derecho de huelga (artículo 12, letra h), que se vería vaciado
de contenido si se aceptase la contratación de interinos en sustitución de los huelguistas.
Finalmente, en lo que atiene al puesto de trabajo a ocupar por el sustituto, no cabe duda
de que este habrá de ser normalmente el del sustituido (si no, como es obvio, no podría
hablarse de una sustitución). Ello no impide, sin embargo, que en casos excepcionales,
vinculados especialmente con la sustitución de trabajadores que desarrollan labores de
responsabilidad o que precisan un alto nivel de experiencia, pueda admitirse que se
lleven a cabo sustituciones "en cadena", de forma que las funciones del ausente sean
encomendadas a otro trabajador de la empresa que esté en condiciones de
desempeñarlas más adecuadamente, pasando el eventual a desarrollar otras no
coincidentes con las del primero, producto de los cambios organizativos que ha sido
preciso efectuar para suplir satisfactoriamente el vacío dejado por este.
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origen en el reemplazo de otro, ha de tenerse en cuenta que el carácter necesariamente
temporal de dicho encargo, así como su vinculación a "razones de orden administrativo"
(con exclusión de las de índole productiva o técnica), permite reconducirlo a las
hipótesis de asignaciones transitorias de labores debidas a causas relacionadas con la
gestión del personal y esencialmente a la aludida en primer término.
b) Duración
La respuesta a esta disyuntiva parecería venir dada por la parte final del primer párrafo
del artículo 61, a través de la cual se precisa que la duración de este contrato será "la
que resulte necesaria (se entiende que para proceder a la sustitución del ausente) según
las circunstancias". A través de esta sencilla fórmula, la ley establecería una conexión
directa entre la vigencia del contrato y la necesidad de sustituir al trabajador, de forma
que el primero prolongaría sus efectos mientras subsista la segunda, extinguiéndose al
concluir el derecho de reserva, así no haya existido reincorporación. El contrato "de
suplencia" se encontraría sujeto, de este modo, a un término, bien que incierto respecto
del cuándo, vinculado a la persistencia de la causa de sustitución. Este se extinguiría, en
consecuencia, como resultado de la conclusión del derecho de reserva del puesto de
trabajo del sustituido, así no haya existido reincorporación efectiva (piénsese no solo en
el retiro voluntario, sino también en supuestos tales como el de un trabajador sustituido
por invalidez temporal que fallece durante el transcurso de la misma, o sufre una
declaración de invalidez absoluta permanente) (Adicionalmente, hay que tener en
cuenta que dada la vinculación que establece la norma entre la duración de este contrato
y el derecho de reserva del puesto de trabajo, no sería posible establecer un plazo para
este que sea inferior al de dicha reserva o superior a él.)
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perspectiva, el contrato "de suplencia" estaría sujeto, antes que, a un plazo, a una
condición, ya que su extinción se encontraría supeditada expresamente al cumplimiento
de un evento que, como la reincorporación oportuna del ausente, resulta de incierta
verificación (es obvio que, dependiendo de las circunstancias y de su propia voluntad,
su reintegración podrá o no tener lugar, sin que ello pueda ser asegurado de antemano).
Nos encontramos, pues, ante una evidente contradicción entre lo dispuesto por el
párrafo primero del artículo 61, que da la impresión de aludir al mecanismo del plazo, y
lo previsto por el segundo párrafo del propio precepto, que parecería inclinar la balanza
en favor del de la condición. Una posibilidad de salvar esta dificultad sería la de
entender que, pese a las apariencias, se trata en realidad de normas que persiguen
finalidades distintas. De una parte, la finalidad del párrafo primero, cuando alude a la
duración "que resulte necesaria, según las circunstancias", sería la de establecer el
alcance máximo, no propiamente del vínculo, sino de la situación de suplencia o
sustitución. Esta no podrá prolongarse más allá de la vigencia del derecho de reserva del
puesto de trabajo del trabajador sustituido. En cambio, el objetivo de la referencia del
párrafo segundo a la "reincorporación oportuna" del mismo sería el de regular la
extinción del contrato propiamente dicho, supeditándola al cumplimiento de un evento
de claro carácter condicional. Ello conduciría a entender que cuando este evento no se
cumple (el trabajador no se reincorpora dentro del plazo) o su realización deviene
imposible (porque expira el derecho de reserva) la relación se consolidaría,
extinguiéndose únicamente la situación de suplencia como tal.
Esta solución, a través de la cual sería posible armonizar ambos preceptos, cuenta, sin
embargo, con un decisivo obstáculo dentro de la ley. Se trata de lo previsto por el
artículo 77, letra c), conforme al cual los contratos en cuestión "se considerarán como
de duración indeterminada" solo "si el titular del puesto sustituido, no se reincorpora
vencido el término legal o convencional y el trabajador contratado continuare
laborando". Es claro que de este modo la norma excluye la posibilidad de que se
produzca la conversión en indefinido del contrato en función de la sola falta de
reincorporación del sustituido. Antes bien, este efecto aparece supeditado a una
simultánea prolongación de hecho de la prestación de servicios del sustituto, a partir de
la cual el precepto presume la existencia de una voluntad tácita de prorrogar el contrato
por tiempo indefinido. Ello conduce a entender que la opción interpretativa más
coherente es la de estimar que este contrato se extingue no solo cuando se produce la
oportuna reincorporación del sustituido, sino también cuando cesa el derecho de reserva
del puesto de trabajo, aunque la primera no se haya verificado. El contrato de suplencia
está sometido, en consecuencia, a un plazo, dependiente de la duración de la suspensión
del contrato del sustituido, y no a condición alguna (En coherencia con esta línea
interpretativa parecería situarse la exigencia del artículo 77 del reglamento en el sentido
de que este contrato "deberá contener la fecha de su extinción". Ha de tenerse en cuenta,
no obstante, que no en todos los supuestos de suspensión es posible establecer con
precisión desde un inicio la fecha en la que el sustituido deberá reincorporarse y, por
tanto, cesar el sustituto. De allí que tampoco sea conveniente configurar este contrato
como uno sometido a un término final cierto respecto del cuándo, como al parecer aquí
se pretende. Esta exigencia debe ser interpretada, por ello, con criterio amplio, de forma
que baste la vinculación del contrato a la duración de la suspensión que le sirve de
fundamento.).
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Naturalmente, dado que la extensión de este plazo depende de las circunstancias, la
norma no establece ninguna duración máxima para este contrato.
c) Extinción
Bien la reincorporación oportuna del sustituido (Sobre los plazos dentro de los cuales
deberá llevarse a cabo la reincorporación, cuya duración dependerá de la causa de
suspensión de la que se trate, vide los artículos 18 y 19 del reglamento, o bien el
agotamiento de su derecho de reserva del puesto de trabajo, aunque esta no se haya
producido. No obstante, como quedó dicho, en este último supuesto hay que tener en
cuenta que si el sustituto continúa laborando, el contrato se transformará por mandato
del artículo 77, letra c), en uno por tiempo indeterminado. Una última situación puede
también presentarse: que el trabajador sustituido se reincorpore a tiempo y el sustituto
siga prestando servicios. Aquí la solución será la misma, como consecuencia del
mantenimiento de la prestación de servicios una vez desaparecida la causa que dio
origen a su carácter limitado en el tiempo, aunque esta vez por aplicación de lo previsto
por el artículo 77, letra a).
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CONTRATO DE EMERGENCIA
Artículo 62.- El contrato de emergencia es aquel que se celebra para cubrir las
necesidades promovidas por caso fortuito o fuerza mayor coincidiendo su duración con
la de la emergencia.
Reglamento:
Artículo 78.- El caso fortuito o la fuerza mayor en el contrato de emergencia, se
configura por su carácter inevitable, imprevisible e irresistible.
Comentario:
Como una total novedad puede ser calificada la inclusión de esta figura, a través de la
cual se contempla uno de los supuestos de temporalidad dotados de un mayor nivel de
especificidad de todos los previstos por la ley: la necesidad de hacer frente a situaciones
de emergencia, derivadas de la concurrencia de acontecimientos extraordinarios, como
el caso fortuito y la fuerza mayor. Naturalmente, dados los alcances de este tipo de
eventos, no parece que pueda discutirse que las tareas que han de ser desarrolladas
carecerán del carácter permanente necesario para justificar la celebración de contratos
por tiempo indefinido. Las dudas pueden presentarse, empero, en cuanto a la
delimitación precisa de los supuestos de contratación temporal susceptibles de ser
encuadrados dentro de esta modalidad. No debe perderse de vista que estas
circunstancias han venido siendo consideradas hasta ahora no como causas
desencadenantes de un incremento coyuntural del personal, sino más bien como
situaciones que imposibilitan el cumplimiento de la prestación laboral, susceptibles de
dar lugar a una suspensión o extinción de los contratos de trabajo.
a. Objeto
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que difícilmente podrá admitirse la incorporación de nuevo personal cuando
previamente se haya procedido a suspender o extinguir todas o algunas de dichas
relaciones. La única excepción a esta regla podría venir dada, como es obvio, por el
carácter especializado de las labores a desarrollar, que impida que estas puedan ser
llevadas a cabo por los trabajadores habituales de la empresa.
Ahora bien, en cuanto a los supuestos constitutivos de caso fortuito o fuerza mayor a los
efectos indicados, la norma no ofrece mayores precisiones. Simplemente, el artículo 53
del reglamento se conforma con transcribir el texto del artículo 1315 del Código Civil,
dentro del cual estos eventos son contemplados como una de las causas genéricas de
inejecución de las obligaciones, sin llevar a cabo ningún esfuerzo de aproximación
conceptual a la peculiar problemática que son susceptibles de plantear, no solo como
consecuencia de su trasladado al terreno laboral, sino también de su consideración como
presupuestos habilitantes de la contratación de nuevo personal. Esta es, pues, una tarea
que ha de ser llevada a cabo por el intérprete, tomando como punto de partida dicha
definición.
Conforme al artículo 1315 del Código Civil, al que nada aporta el artículo 78 del
reglamento, "caso fortuito o fuerza mayor es la causa no imputable, consistente en un
evento extraordinario, imprevisible e irresistible, que impide la ejecución de la
obligación o determina su cumplimiento parcial, tardío o defectuoso".
Tres son, de este modo, los elementos que sirven para caracterizar esta figura:
inimputabilidad (o involuntariedad), imprevisibilidad e irresistibilidad (o
inevitabilidad). Ello significa que, para hablar de la existencia de caso fortuito o fuerza
mayor habrá que estar ante un acontecimiento absolutamente extraño a la voluntad y la
conducta del sujeto, que resulte imposible de prever o que, pudiendo ser previsto, no
pueda ser evitado. Desde esta perspectiva, es posible considerar comprendidos en este
ámbito tanto hechos de carácter catastrófico (incendio, aluvión, terremoto, sequía,
plaga, tumulto, guerra, sedición, atentado, etc.), como incluso situaciones de
imposibilidad derivadas de actos o de decisiones de los poderes públicos. Es decir, el
denominado factum principis (en especial, la prohibición del desarrollo de cierta
actividad, hasta entonces lícita).
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del centro de trabajo decididas por la autoridad como consecuencia de un
incumplimiento previo del empleador, etc.
De este modo, si bien el hecho de que en un caso se esté ante un suceso fortuito y en el
otro no, resulta absolutamente relevante a efectos de hacer recaer sobre la esfera del
empleador la responsabilidad por una eventual paralización de las labores, de él no se
deriva realmente diferencia alguna digna de ser tomada en cuenta, ni en cuanto a la
posibilidad de recurrir con posterioridad a la contratación temporal, ni respecto al tipo
de labores que entonces pueden ser requeridas.
Esto permite apreciar cómo el caso fortuito y la fuerza mayor, en tanto instituciones
diseñadas para operar como causas de exceptuación de la responsabilidad por falta de
ejecución de las obligaciones, cuando son trasladadas al terreno de los contratos
temporales no aportan ninguna causa novedosa de celebración de estos, sino que sirven
más bien para introducir un factor de confusión. En efecto, ante supuestos como los
contemplados en el párrafo anterior, a lo que hay que atender a efectos de admitir la
incorporación de personal eventual no es propiamente al hecho de que en su origen se
encuentre un evento susceptible de ser calificado de caso fortuito o fuerza mayor,
conforme a lo previsto por el artículo 1315 del Código Civil, sino al carácter no
permanente de la necesidad de fuerza de trabajo que los trabajadores han de atender.
Desde esta perspectiva, las tareas vinculadas a la reparación de los daños ocasionados,
dado su manifiesto carácter "accidental" (se trata de labores distintas a las habituales de
la empresa, que son requeridas de forma imprevista), podrán autorizar la celebración de
los contratos por tiempo determinado, con total independencia de que el suceso que
origina la necesidad de estas sea fortuito o pueda ser imputado a la negligencia o
imprevisión del empleador. Del mismo modo, las tareas necesarias para poner fin a la
acumulación de trabajo, debido a su claro carácter "eventual" (son labores similares a
las ordinarias o permanentes dentro de la empresa, pero que son requeridas solo
transitoriamente), podrán dar lugar a contratos temporales, sin que tampoco para ello
importe si el retraso en la producción se originó en factores imponderables o incluso en
un cálculo erróneo del empleador.
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En consecuencia, para atender a este tipo de necesidades no era preciso recurrir a la
creación de modalidad contractual alguna de carácter específico, sino que bastaba con
regular adecuadamente aquellas que tipifican modalidades claras de trabajo temporal,
como el trabajo "accidental" y el trabajo "eventual" en sentido estricto, a las que se ha
hecho referencia. Es decir, los contratos "ocasional" y "por necesidades del mercado".
Al no haberse optado por esta solución, se crea un confuso panorama dentro del cual
modalidades de trabajo temporal de la misma naturaleza y, por lo tanto, susceptibles de
plantear una problemática semejante, vienen reguladas a través de tipos contractuales
distintos. Así, en primer lugar, en lo que se refiere a las labores de carácter "accidental"
dirigidas a remediar los desperfectos causados, aquellas que tengan su origen en caso
fortuito o fuerza mayor estarían comprendidas dentro del contrato "de emergencia"
objeto del presente comentario, en tanto que las que no, deberán ser concertadas a través
del contrato "accidental".
Más compleja aún resulta la situación en el caso de las labores de carácter "eventual"
derivadas de la acumulación de tareas que pueda haberse producido. Aquí lo correcto
sería asignarles el mismo régimen de las demás de la misma índole, viabilizando su
contratación a través del contrato "por necesidades del mercado", regulado por el
artículo 58 dentro del capítulo de los "Contratos de naturaleza temporal". El problema
es que, como se ha dejado dicho, este contrato ha sido diseñado para atender
exclusivamente incrementos "originados por variaciones sustanciales de la demanda en
el mercado". Semejante delimitación del supuesto de hecho, unida a la existencia del
contrato "de emergencia", excluiría esta posibilidad, dando lugar a una triple gama de
supuestos: a) si la acumulación de trabajo se debe a caso fortuito o fuerza mayor, el tipo
contractual a emplear sería el contrato "de emergencia"; b) si esta se origina en
variaciones imprevisibles de la demanda, habría que recurrir al contrato "por
necesidades del mercado"; y c) si esta es atribuible a factores no encuadrables dentro de
las causas recién mencionadas, lo procedente sería, en todo caso, celebrar un contrato
temporal "innominado", al amparo de los previsto por el artículo 82 de la ley.
b. Duración
De acuerdo con lo previsto por el artículo 62, la duración de este contrato coincidirá con
la de la emergencia (El plazo máximo de un año, previsto originalmente por la LFE para
este contrato, fue suprimido por la Ley Nº 26513.)
De esta forma, la norma parece exigir que su vigencia sea necesariamente idéntica a la
de esta, sin posibilidad no solo de ampliarla más allá, sino de restringirla a un lapso
inferior. Solo sería posible, en consecuencia, contratar trabajadores al amparo de esta
modalidad al inicio de la emergencia. Y, además, necesariamente, por todo el tiempo
que dure esta. Así entendida, esta exigencia resulta demasiado estricta, por cuanto para
poner fin a la situación de emergencia puede requerirse la realización de labores que,
por su especificidad, han de ser desarrolladas solo durante una concreta fase de esta, o
por periodos inferiores. De allí que deba interpretarse, con criterio amplio, que lo que el
legislador ha pretendido mediante la citada frase, a pesar de su confusa redacción, es
limitar los potenciales alcances de este contrato al periodo durante el cual existe la
emergencia, pero sin que ello impida que su duración pueda ser pactada en función del
tiempo necesario para la conclusión del trabajo que en cada caso se encargue al
trabajador.
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Por lo demás, el periodo de duración del contrato puede ser fijado de manera precisa,
mediante el establecimiento de un término final cierto, particularmente cuando de lo que
se trate es de poner fin a la acumulación de tareas derivadas de la situación de caso
fortuito o fuerza mayor, o también vinculándolo a todo el tiempo necesario para la
realización de las labores a desarrollar por el trabajador, cuando su objeto sea reparar
los efectos de tales situaciones, ya que en estos casos suele tratarse de tareas dotadas de
autonomía y sustantividad propias. Naturalmente, la posibilidad de pactar prórrogas del
contrato se circunscribe exclusivamente al primer supuesto.
c. Extinción
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