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Orientem

La expansión de la cultura de Uruk en el Medio Éufrates


Sirio. Reflexiones sobre un modelo colonial arcaico

Juan Luis Montero Fenollós*

Resumen
En este artículo se presentan, por un lado, nuevos datos sobre la expansión de la cultura de Uruk por el valle del
Medio Éufrates, obtenidos en el yacimiento de Tall Humeida (Siria). Y, por otro lado, se propone que este proceso
de expansión territorial, acontecido a mediados del IV milenio a. C., responde a un modelo complejo formado
por colonias fundadas ex novo (la cultura material del sur de Mesopotamia es la dominante), enclaves comerciales
fundados en sitios indígenas preexistentes (cultura material mixta) y puntos de intercambio (dominio de la cultura
material local).
Palabras clave: Cultura Uruk, Tall Humeida, Siria, valle del Éufrates, Calcolítico, Mesopotamia

Abstract
In this paper there is, on the one hand, new data on the expansion of Uruk culture through the Middle Euphrates
valley which was obtained at Tall Humeida (Syria). And, on the other hand, we suggest that this territorial expansion
process, which occurred in the middle of the 4th millennium BC, corresponds to a complex model formed by colonies
established ex novo (Southern Mesopotamian material culture is predominant), commercial enclaves created on
pre-existing local sites (mixed material culture) and trading sites (where native material culture prevails).
Key words: Uruk, Tall Humeida, Syria, Euphrates valley, Chalcolithic, Mesopotamia

* Universidad de A Coruña

Este artículo dedicado a la memoria del prof. Juan Antonio Fernández-Tresguerres es mi modesto reconocimiento a su labor en favor de
la arqueología española en Oriente Próximo. Sus investigaciones han contribuido de forma brillante al mejor conocimiento de la Edad
del Bronce en Jordania.

Juan Ramón Muñiz Álvarez (Coord.)


AD ORIENTEM. Del final del Paleolítico en el norte de España a las primeras civilizaciones del Oriente Próximo.
Universidad de Oviedo · Ménsula Ediciones, 2012. Págs. 447-461
ISBN: 978-84-8317-921-5 · ISBN: 978-84-940141-2-3 447
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Introducción
Uruk es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del sur de Mesopotamia,
conocido en la actualidad como Warka y citado en la Biblia con el nombre de Erek (Génesis
10, 10). Uruk fue excavado por primera vez entre 1849 y 1853 por el británico W. K. Loftus. Sin
embargo, las primeras investigaciones científicas en este yacimiento, bajo la dirección del alemán
J. Jordan, habrían de esperar hasta 1912. Las excavaciones alemanas en esta antigua ciudad
mesopotámica se han prolongado hasta fechas recientes, aunque con algunas interrupciones
debido a la inestable situación política de la región.
El período de Uruk constituye una de las etapas más fascinantes y brillantes de la Historia Antigua
Universal. Uruk representa el nacimiento de la civilización, una experiencia incomparable que
transformará las sociedades prehistóricas en otras más complejas. En este período de mediados
del IV milenio a. C. Mesopotamia conoció la formación del primer estado o estado arcaico, que
modificó totalmente la economía y la sociedad de aquella época. Era el comienzo de la Historia,
un período marcado por grandes innovaciones1. Las que mejor definen esta nueva etapa histórica
fueron, sin duda, dos. Por un lado, la aparición de las primeras ciudades y, por otro, la invención
del primer sistema de escritura conocido, al que hoy denominamos protocuneiforme2.

Principales teorías sobre la expansión de Uruk


La actividad de la arqueología en Oriente Próximo ha permitido verificar que la cultura de Uruk
escenificó a mediados del IV milenio a. C. un proceso de expansión geográfica que le llevó desde
el sur de Mesopotamia hasta el norte (Siria septentrional y Turquía oriental) y el este (actual Irán).
Con él nació una vasta base territorial unificada por un mismo horizonte cultural (Fig. 1).
No será hasta los años noventa del pasado siglo cuando se publiquen las primeras monografías
que han intentado explicar el modelo de expansión territorial de la cultura Uruk. Estas han hecho
especial hincapié en la concepción de un sistema teórico, en las causas de esta expansión, en su
cronología y en la identificación y definición de una cultura material genuinamente urukea. Fue
así como nacieron las principales teorías explicativas sobre la expansión de la cultura de Uruk.
La primera de ellas es la tesis de G. Algaze, en la que se aplica la teoría del “sistema-mundo”
–un modelo establecido por I. Wallerstein en 1974 para otro contexto histórico– a la cultura de
Uruk. A los ojos de este autor, la expansión urukea fue ante todo un hecho económico basado
en la creación de una red de establecimientos comerciales en un medio indígena. En otras
palabras, el sur mesopotámico para satisfacer sus necesidades económicas, en particular de
aquellas materias primas de las que carecía, colonizó comercialmente un territorio periférico

1 Liverani (2006).
2 Glassner (2000).

La expansión de la cultura de Uruk en el Medio Éufrates Sirio. Reflexiones sobre un modelo colonial arcaico 449
Fig. 1: Expansión
territorial de la cultura de
Uruk (Aubet, 2007).

menos avanzado. Para ello llevaron a cabo la fundación de diferentes tipos de asentamientos
de carácter colonial en la periferia mesopotámica: enclaves, bases, puestos avanzados y
agrupaciones de yacimientos. Junto a ellos aparecieron sitios indígenas o locales bajo influencia
urukea3. Posteriormente, G. Algaze ha matizado su propuesta de diáspora comercial urukea,
proponiendo tres tipos de asentamientos intrusivos de Uruk en la periferia de Mesopotamia:
pequeños grupos de colonos de Uruk establecidos en medio de centros indígenas preexistentes,
importantes centros preexistentes ocupados por colonos del sur por medios coercitivos y,
finalmente, asentamientos en áreas donde no existía una ocupación previa4.
Otras hipótesis comerciales se han postulado para el ámbito geográfico sirio-anatólico.
Autores como D. Sürenhagen y M. Lebeau han defendido que el objetivo de este proceso era
el de crear una red de relaciones comerciales organizadas a través de tres ejes fluviales: Tigris,
Balih y Habur. En su opinión, el Éufrates desempeñó un papel menor, ya que su curso medio
no era fácilmente navegable y estaba expuesto a la presión de los nómadas5. Sürenhagen ha
propuesto una definición de lo que considera es la cultura material propia del período de Uruk.
Sobre este principio, el arqueólogo alemán ha distinguido dos categorías de asentamientos
urukeos: genuine Uruk y Uruk related6.

3 Algaze (2004), pp. 105-106.


4 Algaze (2008), p. 86.
5 Lebeau (1989).
6 Sürenhagen (1986).

450 Juan Luis Montero Fenollós


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Aunque la naturaleza comercial de los establecimientos urukeos no es puesta en duda, G.


Stein ha criticado la teoría del sistema-mundo urukeo. Basándose en la idea de una paridad
tecnológica entre el sur mesopotámico y las otras regiones implicadas, ha propuesto la idea
de que los asentamientos urukeos son diásporas comerciales basadas en una relación de
fuerzas ya no asimétrica sino simétrica. Sin embargo, la naturaleza esencialmente comercial
de estas instalaciones no implica, a juicio de Stein, que el comercio haya sido el motor de las
transformaciones sociales observadas en estos espacios.7
La idea de que otras razones, además de las comerciales, hayan podido animar a las gentes
de Uruk en su proceso de expansión, ha alimentado otras hipótesis. Una de ellas es la de G.
Schwartz, que combina el comercio y el control de las rutas con la necesidad de tierras agrícolas.
Es la llamada colonización agraria. A partir del estudio de la cerámica, este investigador
norteamericano ha establecido la siguiente tipología de yacimientos: colonias dotadas de un
conjunto material meridional (de Uruk) completo; sitios con una proporción importante de
cultura material meridional pero también local; sitios con primacía de la cultura local pero con
alguna presencia de cultura meridional; y sitios de cultura material exclusivamente local.8
A juicio de M. Frangipane la expansión urukea fue debida a una civilización rural y agrícola
que fundó colonias que sedujeron por su dinamismo a las poblaciones periféricas. Este hecho
es particularmente visible en Arslantepe, en el sureste anatólico, donde terminaron por adoptar
este nuevo modelo9. Si bien el comercio puede explicar los contactos entre Anatolia y el sur
de Mesopotamia, este no está en el origen de la prosperidad de las elites de la región, ya que
estas adoptaron un modelo económico fundado en la producción agrícola. Así ocurrió en el sur
mesopotámico.
A la tesis agrícola se contrapone aquella otra que defiende la existencia de una colonización
de refugiados, que huían de las tensiones socio-políticas que vivía el sur mesopotámico. Hay dos
variantes de esta tesis: la propuesta por G. Johnson y la de F. Hole. Para el primero las colonias
urukeas son el resultado de la emigración de refugiados, que huían de una región marcada
por problemas demográficos y políticos. Dejaban tras de sí un universo incierto y coercitivo.
Esto explicaría, a su juicio, que las colonias estén amuralladas, así como la corta duración de
las mismas, ya que los descendientes de los refugiados terminarían por diluirse con el mundo
indígena10. Para F. Hole la expansión de Uruk sería la consecuencia de las mutaciones que habían
afectado al medio ambiente en el sur mesopotámico. El final de la época de Ubaid y el período
de Uruk estuvieron condicionados por el nivel máximo de la subida de las aguas del golfo
Pérsico. El impacto de este fenómeno físico estuvo marcado por inundaciones destructoras, que
unidas a problemas sociales y motivaciones comerciales, favorecieron la reorganización de la
población del sur mesopotámico y su emigración11.

7 Stein (1999), pp. 46-55 y p. 114.


8 Schwartz (1988), p. 11.
9 Frangipane (1997), pp. 50-55.
10 Johnson (1989), p. 607.
11 Hole (1994).

La expansión de la cultura de Uruk en el Medio Éufrates Sirio. Reflexiones sobre un modelo colonial arcaico 451
Las tesis comerciales se han visto revisadas por un nuevo argumento: el grado de desarrollo
de las sociedades del norte mesopotámico, pues parece que eran mucho más avanzadas de lo
que se suponía hasta entonces. Han surgido, así, nuevas hipótesis basadas en la aculturación
o préstamo cultural frente a las tesis coloniales. Este es el caso de B. Helwing, para quien la
expansión urukea fue un proceso de contacto cultural de larga duración. El río Éufrates fue la
vía de estos contactos (mezcla e hibridación), que serían el reflejo de la adopción deliberada
por las elites locales de los rasgos llegados del sur, destinados a reforzar su poder12. Esta tesis
culturalista está basada en la idea de la existencia de una comunidad cultural o koiné urukea a
mediados del IV milenio a. C. En su estudio sobre la glíptica calcolítica, H. Pittman ha optado
por la idea de una aculturación progresiva de las comunidades del norte de Mesopotamia y de
Irán, sin menospreciar el valor de las tradiciones locales. Como en el caso de Tall Brak, fueron
múltiples las tradiciones yuxtapuestas13.
El arqueólogo alemán H. Nissen ha unido en su hipótesis la ecología cultural y la expansión
de Uruk. Las transformaciones medioambientales tuvieron, a su juicio, un fuerte impacto sobre
las sociedades orientales. Los cambios culturales fueron una respuesta a transformaciones
ecológicas. Según su tesis hubo varias expansiones urukeas: la primera habría sido un fenómeno
de aculturación clásico, en el que los rasgos de la nueva cultura habrían sido adoptados por
otras sociedades del Próximo Oriente; la segunda fase habría sido militarizada y colonial. Por
tanto, aculturación y colonización se habrían sucedido en el tiempo14.
La mayor parte de las tesis expuestas más arriba han sido reevaluadas y reconsideradas en dos
coloquios internacionales celebrados en el año 1998 en las ciudades de Santa Fe y Manchester.15
Ambos coloquios han permitido llevar a cabo una revisión y actualización del estado de la
cuestión sobre la expansión urukea.
P. Butterlin en 2003 ha abierto nuevos horizontes sobre los contactos y la aculturación
en el período de Uruk en el Próximo Oriente en su tesis sobre los tiempos protourbanos de
Mesopotamia. El investigador francés, a partir de un nuevo análisis de la estratigrafía y de
los espacios geográficos, ha propuesto una explicación novedosa. Esta pone en evidencia la
existencia de una expansión cultural basada en contactos más que en el desplazamiento de
grupos humanos. Butterlin se sitúa en una visión culturalista del problema, por lo que frente
a la hipótesis del “sistema-mundo” ha propuesto la idea de una “cultura-mundo”. El autor nos
habla de una comunidad cultural fruto de un proceso de contactos de larga duración y no de la
intrusión de grupos urukeos llegados desde el sur mesopotámico, ya que no hubo, nos recuerda,
urukeos en el sentido étnico del término, si no “portadores de la cultura de Uruk”16.
Recientemente, M. E. Aubet, en su libro sobre comercio y colonialismo en el Próximo Oriente
antiguo, ha recuperado la vieja tesis colonialista. En su opinión, el establecimiento de colonias

12 Helwing (2000).
13 Pittman (2001).
14 Nissen (1995 y 2001).
15 Rothmann (2001) y Postgate (2002).
16 Butterlin (2003), pp. 383-387.

452 Juan Luis Montero Fenollós


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de Uruk en enclaves estratégicos del norte de Siria, sureste de Anatolia y los Zagros era la
consecuencia de una diáspora comercial. Nacía así un circuito colonial, el más antiguo del mundo,
con el que acceder a aquellas materias primas vitales para la economía de la Baja Mesopotamia
(metales, maderas y piedras). En definitiva, el comercio a larga distancia y el fenómeno colonial,
dos cuestiones estrechamente ligadas, fueron claves en la formación y el desarrollo de la nueva
sociedad compleja del sur mesopotámico a mediados del IV milenio a. C.17

La expansión urukea en el Medio Éufrates Sirio


En sus últimos estudios sobre la expansión de Uruk en Siria, el arqueólogo norteamericano G.
Schwartz ha distinguido dos tipos de asentamientos: las colonias urukeas (“Uruk colonie”) y las
comunidades locales con presencia de materiales urukeos (“Uruk-related site”)18.
El primer tipo se caracteriza por ser una fundación de nueva planta, donde domina la cultura
material procedente del sur mesopotámico. Esto es especialmente visible a nivel de arquitectura,
de artefactos (en particular la cerámica), así como en la aparición del primer sistema de escritura
y de otras cuestiones relacionadas con la administración (cilindros-sello e improntas). El ejemplo
paradigmático de colonia urukea es Habuba Kabira, un yacimiento de la región de la presa de
Tabqa fundado en el período Uruk Reciente19. Este modelo de asentamiento exige, como es
obvio, no solo el movimiento de ideas y de cultura material desde el sur de Mesopotamia, sino
sobre todo el de población.
El segundo tipo responde a aquellos asentamientos indígenas en los que conviven en
asociación cultura material local y urukea. La cuestión a dilucidar es si esta presencia de
materiales mesopotámicos implica a su vez la presencia de gentes llegadas desde el sur de
Mesopotamia. Tall Brak, en la región del río Habur, es el ejemplo mejor documentado de este
tipo de enclaves mixtos20.
Desde el punto de vista cronológico, el florecimiento de ambos modelos de asentamiento
debe situarse en el Calcolítico reciente 4-5 (3600-3000 a. C.) o período Uruk medio-reciente,
según la cronología relativa mesopotámica. Es evidente que estamos ante un fenómeno de larga
duración, en el que la fundación de colonias de Uruk fue un proceso restringido exclusivamente
al valle medio del Éufrates. Por el contrario, los yacimientos con mezcla de materiales urukeos
y locales se localizan en las regiones situadas al norte y al oeste de la zona propiamente
colonizada21.

17 Aubet (2007), p. 188 y ss.


18 Schwartz (2001), pp. 248-254 y Akkermans y Schwartz (2003), pp. 190-205.
19 Strommenger (1980).
20 Oates (1985).
21 Akkermans y Schwartz (2003), p. 202.

La expansión de la cultura de Uruk en el Medio Éufrates Sirio. Reflexiones sobre un modelo colonial arcaico 453
El río Éufrates a su paso por Siria está marcado por tres accidentes geográficos, que dieron
origen a otras tantas secciones bien individualizadas22. Son las gargantas de Tabqa, Hanuqa
(también conocida como Halabiya) y Baghuz. Estas unidades naturales en las que se organiza la
cuenca eufrática siria son las siguientes:
• Yarablus-Tabqa, recibe las aguas del río Sayur por la ribera occidental.
• Tabqa-Hanuqa, recibe las aguas del río Balih por la ribera oriental.
• Hanuqa-Baghuz, recibe las aguas del río Habur por la ribera oriental.

El nivel de conocimiento de la cultura de Uruk en estas tres unidades es ciertamente irregular,


debido al desigual grado de desarrollo de la investigación arqueológica en cada una de estas
zonas. El estado de la investigación arqueológica en la unidad de Yarablus-Tabqa es el más
avanzado de las tres y ello obedece a la construcción entre los años 1970 y 2000 de las presas de
Tabqa y de Tishrin y a los programas internacionales de salvamento asociados23. En esta sección
se encuentran los yacimientos urukeos de Yarablus Tahtani, Hajj, Yabal Aruda, Habuba Kabira/
Qannas y Hadidi en la ribera derecha y de ‘Abr, Mureybet, Shaih Hassan y Shams ad-Din Tannira
en la ribera izquierda24. La sección entre las gargantas de Tabqa y Hanuqa es la peor conocida
desde el punto de vista arqueológico. En esta zona se conocen al menos cinco pequeños
yacimientos Uruk, cuya naturaleza exacta desconocemos al no haber sido aún excavados. Entre
ellos, cabe destacar el yacimiento de Bleibis25. Finalmente, en la sección Hanuqa-Baghuz, que
ha sido prospectada por un equipo francés y otro sirio-español, destacan tres importantes
yacimientos urukeos: Humeida, Qraya y Ramadi, de norte a sur26.

Nuevas evidencias sobre la expansión de Uruk en el Medio


Éufrates Sirio: Tall Humeida.
Humeida es un yacimiento arqueológico situado en la ribera izquierda del Éufrates, a 75
kilómetros al norte de Deir ez-Zor y cerca del límite administrativo con la provincia siria de
Raqqa. Las dimensiones actuales del tell son de 400 metros de oeste a este y de 180-140 de
norte a sur, es decir, ocupa una superficie de más de 6 hectáreas. Está formado por dos partes
bien diferenciadas: una colina principal de forma más o menos circular (de 140 metros de
diámetro), que tiene una altitud relativa de 11 metros, y una zona o ciudad baja, que se extiende
260 metros hacia el este.

22 Margueron (1999), pp. 488-490.


23 Margueron (1980); Del Olmo y Montero Fenollós (1999).
24 Schwartz (2001), p. 248.
25 Finkbeiner (1995).
26 Montero Fenollós (2009), pp. 134-135.

454 Juan Luis Montero Fenollós


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Tall Humeida era conocido en la bibliografía de viajes desde el año 1883. El viajero alemán E.
Sachau es el primero en citar el lugar en su libro Reise en Syrien und Mesopotamien bajo el nombre
de Tell Elkhmêdâ, pero no propone una datación sobre las ruinas27. La primera descripción, aunque
resumida, es la de G. Bell, que visitó las ruinas de Khmeidah, nombre que empleó para referirse
al tell, hacia el año 1909. La viajera inglesa describe la presencia de vestigios que pertenecen a
una gran ciudad: piedras talladas cuadradas, muros de ladrillo cocido y un sarcófago de piedra.
Por su naturaleza y situación, pensaba que se trataba de las ruinas de la antigua Thillada Mirrada,
la duodécima estación citada por Isidoro de Carax en la llamada “ruta real de los partos”28. J.
Lauffray, a propósito de sus trabajos arqueológicos en Halabiya-Zenobia y su región, describió
Tell al-Khoumeyda (al que llamó también Tell Abou Khmeyda) como un lugar importante, cuya
superficie estaba cubierta con piedras talladas y con muros de ladrillo cocido. Sin embargo, el
arquitecto francés no hizo ninguna precisión sobre la datación del lugar29. La última referencia
que tenemos sobre este sitio arqueológico es la de K. Kohlmeyer, que dató la colina de Humeida
en los períodos de Ubaid y de Uruk reciente30.
En febrero de 2011 la misión arqueológica sirio-española en Deir ez-Zor ha llevado a cabo la
primera campaña de excavación en Humeida, tras realizar varias campañas de prospección de
superficie en el yacimiento31. En la parte occidental de la colina principal se realizó un sondeo
de 5 x 5 m (cuadrícula J-13). Estas tareas de excavación han permitido documentar tres grandes
períodos de ocupación en este sector del tell: Ubaid, Uruk medio y Bizantino. Del período de
Uruk, se han podido definir de manera provisional tres fases, a saber:
• A la más reciente pertenece un fragmento de un muro (UC.105), que conservaba tres
hiladas de adobe de un formato pequeño (22 x 11 x 9 cm). Se trata de un tipo de ladrillo
típicamente urukeo, que se conoce bajo el nombre alemán de riemchen. Este muro estaba
destruido, en parte, por la construcción de la muralla de época bizantina (siglo VI d. C.).
• La segunda fase está representada por una unidad estratigráfica (UE.1006), que se caracteriza
por la abundante presencia de carbón vegetal, de cenizas, de osamentas de animales y de
cerámica. En esta última cabe destacar el hallazgo masivo de cuencos con borde biselado,
un tipo de cerámica genuinamente urukeo (Fig. 2). Las características de esta unidad hacen
pensar que se trata de un sector utilizado como vertedero o lugar de acumulación de
desechos en el período de Uruk. Los primeros resultados de las dataciones C-14 realizadas
sobre carbón vegetal han ofrecido una datación calibrada de 3700-3500 a. C., es decir, del
período Uruk medio o Calcolítico reciente 4, según la terminología utilizada.
• Bajo este nivel de residuos se documentó un fragmento de otro muro de adobe muy
deteriorado, que conservaba aún cuatro hiladas (UC.106). Este muro pertenece obviamente
a una fase constructiva más antigua de Uruk.

27 Sachau (1883), p. 255.


28 Bell (2006), p. 97.
29 Lauffray (1983), p. 72.
30 Kohlmeyer (1984), p. 109.
31 Montero Fenollós (2011).

La expansión de la cultura de Uruk en el Medio Éufrates Sirio. Reflexiones sobre un modelo colonial arcaico 455
Fig. 2: Cuencos con borde biselado. Tall Humeida, Siria (E. Celdrán).

Algunas reflexiones sobre el modelo colonial de Uruk32


Las verdaderas razones que dieron lugar a la expansión territorial de Uruk a mediados del IV
milenio a. C. continúa siendo una cuestión sin cerrar. Sin embargo, resulta fácil apreciar que los
asentamientos identificados en el valle medio del Éufrates están perfectamente situados en la
vía de acceso a las minas de cobre del sureste de Anatolia. La localización geográfica de estas
colonias urukeas era estratégica para controlar las rutas de suministro de un metal del que se
carecía en el sur de Mesopotamia. Esta parece haber sido, en nuestra opinión, la causa original

32 Este estudio se ha realizado en el marco de los proyectos “Expedición arqueolóxica da Universidade da Coruña no Medio Éufrates
sirio. Cidade e vida urbana en Mesopotamia (IV-III milenio a. C.)”, de la Xunta de Galicia (10 PXIB 167 197 PR), e “Investigaciones
arqueológicas en el Medio Éufrates. De la cultura de Uruk al reino de Mari: urbanismo y vida urbana en Mesopotamia (IV y III milenios
a. C.)”, del Ministerio de Economía y Competitividad (HAR2010-15866).

456 Juan Luis Montero Fenollós


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(aunque no la única) de su fundación. Cambios de naturaleza política en Anatolia oriental y


norte de Siria, entre finales del IV y comienzos del III milenio a. C., parecen explicar el abandono
de estos enclaves del valle del Éufrates, ya que el control del comercio del metal pasó a manos
locales. En este contexto, es importante reseñar que durante el período Yamdat Nasr, que
sigue al período Uruk reciente, el cobre llegaba a Mesopotamia por otra ruta a través del golfo
Pérsico33.
En 1988, G. Schwartz en un nuevo intento por explicar la expansión urukea propuso un
interesante estudio comparativo entre este fenómeno mesopotámico y la expansión colonial
de la Grecia arcaica (ss. VIII-VII a. C.)34. A pesar de las obvias diferencias temporales y espaciales
existentes entre ambos procesos históricos, nos parece muy sugerente y útil profundizar en este
debate con el objetivo de conocer mejor la naturaleza y las causas de la expansión de Uruk.
Uno de los principales problemas que ha acaparado la atención de los modernos historiadores
de la Grecia antigua ha sido el de aclarar las verdaderas causas del movimiento colonizador de
época arcaica. Durante mucho tiempo, dos tesis aparentemente enfrentadas han centrado el
debate. La primera de ellas está vinculada, directa o indirectamente, con la tierra y la población. A
lo largo del siglo VIII a. C. son muchas las regiones de la Grecia antigua afectadas por dos hechos:
un elevado crecimiento demográfico (observable en el desarrollo de los sitios habitados y de las
necrópolis) y una evidente escasez de tierras (la denominada stenochoria)35. A todo esto hay que
añadir la práctica habitual de la división del patrimonio entre los herederos, de cuya problemática
nos informa Hesíodo en Los trabajos y los días. Esta coyuntura generó serios problemas de
abastecimiento alimentario así como una importante crisis social. La sucesiva fragmentación del
lote de tierra entre los herederos terminó por derivar en una parcela de tierra reducida, causante
de miseria y de endeudamiento. El gran beneficiado de esta situación fue la aristocracia, que
fue acaparando en sus manos estas pequeñas parcelas y reduciendo a la servidumbre a sus
antiguos explotadores. Al propietario arruinado solo le quedaban dos opciones: bien marchar
a la ciudad a la búsqueda de una nueva forma de vida, como el artesanado; bien emigrar a otro
lugar donde encontrar nuevas tierras. Es lo que en la moderna historiografía se conoce como la
“colonización agraria”36.
La segunda tesis explicativa de la colonización griega arcaica se centra en motivaciones de
tipo comercial. El comercio desempeñó un papel importante en el fenómeno colonial, pues
algunas fundaciones tienen un claro carácter económico. No en vano, el historiador Heródoto
(Historia IV, 24) señala que las colonias griegas del mar Negro eran “puertos comerciales”
(emporia en griego). Parece que la búsqueda de materias primas, como los metales, fue una de
las principales razones económicas que lanzaron a los griegos a fundar asentamientos lejos de
su patria.

33 Moorey (1999), p. 247.


34 Schwartz (1988), pp. 9-10.
35 Mossé y Schnapp-Gourbeillon (1990), p. 123.
36 Mossé (1970), p. 36 y ss.

La expansión de la cultura de Uruk en el Medio Éufrates Sirio. Reflexiones sobre un modelo colonial arcaico 457
No debemos caer, sin embargo, en el falso dilema de separar sistemáticamente origen
comercial y origen agrario de la colonización helena de tiempos arcaicos. Si bien en algunos
casos, esta separación puede ser clara, en otros no es tan evidente. De muestra un ejemplo:
en Pitecusa, el asentamiento griego más antiguo en la Italia meridional, las excavaciones han
sacado a la luz varios talleres dedicado a la metalurgia del hierro, lo que demuestra que el
aprovisionamiento de metal estaba presente en los objetivos de los colonos llegados desde la
isla de Eubea. Pero estos mismos colonos fundarían unos años más tarde Cumas, en el corazón
de la rica región agrícola de la Campania37. Aunque resulta difícil pensar en una especialización
radical, los antiguos griegos utilizaron dos términos para referirse a sus fundaciones coloniales38.
Por un lado, estaba la apoikia, un sustantivo que expresa la idea de ‘emigración’ o ‘establecer un
hogar en otro lugar’. Para que este acto de emigración pueda considerarse una empresa colonial
debía haber una finalidad política, que en este caso no era otra que fundar una polis. La apoikia
era la colonia típica del período arcaico, de base económica predominantemente agraria. De
hecho, los primeros colonos solían llevar el nombre de gamoroi, es decir, ‘los poseedores de
tierra’. Por otro lado, estaban las fundaciones de función marcadamente comercial. Son los
emporia, lugares de comercio frecuentados por los mercaderes griegos. El emporion era un
punto de intercambio instalado en territorio bárbaro, pero sin pretensiones políticas39. En cierta
medida, se asemeja a las factorías fundadas por los fenicios en el Mediterráneo occidental.
Por último, debemos distinguir un tercer tipo de fundación más difusa. Se trata de aquellos
puertos o lugares frecuentados por los navegantes y comerciantes helenos, que no llegaron
a adquirir la categoría de emporion. Es lo que podríamos definir como embriones de enclaves
griegos que no llegaron a cristalizar. Es probable que a este tipo pertenezcan algunos topónimos
recogidos en las fuentes griegas, que la arqueología no ha conseguido localizar en la geografía
colonial.
Volvamos de nuevo al mundo de Uruk. En el caso de esta cultura mesopotámica del IV
milenio a. C., y a tenor de los datos arqueológicos disponibles, nos parece coherente establecer
el siguiente sistema de establecimientos urukeos en el valle del Éufrates:
• Colonias propiamente dichas fundadas ex novo por gentes llegadas desde el sur de
Mesopotamia con una cultura intrusiva, que se impondrá sobre la cultura local. Su
función económica era doble: actividad comercial y explotación agrícola. También tenían
una finalidad política evidente, pues con la fundación de estas colonias se imponía en
la periferia mesopotámica un nuevo modelo de asentamiento y de relaciones socio-
económicas, que es el que representaban la ciudad, la vida urbana y las nuevas fuerzas
políticas. Las relaciones entre los colonos y la población local debieron variar entre la
coerción y la cooperación, en función del grado de complejidad social indígena y de la
distancia con respecto al sur mesopotámico. El sólido recinto defensivo que protegía la
ciudad de Habuba Kabira es prueba de una relación hostil con el entorno.

37 Mossé y Schnapp-Gourbeillon (1990), p. 123.


38 Wilson (1997) considera que la oposición emporion-apoikia es una creación del período clásico.
39 Austin y Vidal-Naquet (1986), p. 70; Finley (1966), pp. 38-39.

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Orientem

• Enclaves comerciales fundados en asentamientos indígenas preexistentes. Este tipo de


fundaciones dieron lugar a una cultura mixta (local y mesopotámica). Su función era
predominantemente comercial, sin excluir el interés agrícola, pero no había pretensiones
políticas como en el caso de las colonias.
• Puntos de intercambio, es decir, establecimientos indígenas frecuentados por mercaderes
de Uruk. Se trata de asentamientos con dominio de la cultura local y presencia minoritaria
de elementos mesopotámicos. Su función era exclusivamente comercial.

Hemos visto que la crisis social que vivió la Grecia del siglo VIII a. C. estuvo en el origen de su
expansión colonial. De ello nos informan bien, para suerte de los helenistas, las fuentes escritas,
ya que esta cuestión apenas ha dejado huella en el registro arqueológico. En este sentido, en
la Baja Mesopotamia tenemos importantes limitaciones, por la falta de datos, para conocer la
verdadera situación social que estaba viviendo esta región a mediados del IV milenio a. C. Sin
embargo, sabemos que Mesopotamia experimentó en estos momentos un profundo cambio
socio-económico, que se tradujo en la aparición de las primeras ciudades (fenómeno urbano),
de las primeras élites políticas (control de la riqueza y del poder) y del estado arcaico. Es lógico
pensar que este nuevo panorama, propio de una sociedad compleja, contribuyó activamente al
desarrollo de la expansión territorial de la cultura de Uruk.
En resumen, la presente propuesta sobre el modelo colonial urukeo ofrece, en sus grandes
líneas, paralelismos con el modelo conocido para la Grecia arcaica. Esto no significa, sin embargo,
que estemos ante patrones genéricos extrapolables. Eso sería excesivamente simplista desde el
punto de vista histórico. El objetivo perseguido ha sido el de reabrir una vía de exploración poco
explotada, el de la historia comparada, con la que iniciar nuevos caminos para acercarnos al
complejo fenómeno que hoy conocemos como la “expansión de Uruk”.

La expansión de la cultura de Uruk en el Medio Éufrates Sirio. Reflexiones sobre un modelo colonial arcaico 459
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