Imperio Romano de Oriente y Persia
Imperio Romano de Oriente y Persia
SASÁNIDA.
1. La creación del Imperio de Oriente (395-527).
Entre los siglos IV-VII, el Imperio de Oriente vivió un periodo de tránsito con lentas
transformaciones o reelaboraciones internas, al margen de las invasiones de
Occidente. Según los expertos, estos cambios obedecen a una evolución interna, una
cristianización donde la Iglesia (denominada ortodoxa, por las numerosas querellas
doctrinales) se identificó con el pueblo y la sociedad, y también a una orientalización
fomentada por sus relaciones con persas y armenios. El griego era la lengua de la
cultura, y el latín la del ejército, hasta el punto de que el vocabulario griego militar era
una adaptación de palabras latinas.
Tras la partición del Imperio por Teodosio I en el año 395, la parte oriental
correspondió a Arcadio quien estableció la capital en Constantinopla. El Imperio de
Oriente, conocido con el nombre griego de Byzantium, disfrutó de un largo periodo de
tranquilidad una vez haberse desviado los pueblos germanos hacia Occidente. Tras la
muerte de Teodosio, su hijo Arcadio se convirtió en augusto de Oriente (una sucesión
que sancionaba la separación de facto del Imperio Romano), pero los lazos familiares
que unían a las dinastías de Rávena y Constantinopla mantuvieron las formas hasta la
extinción del linaje de Teodosio. A la muerte de Arcadio, dejaba un hijo de 5 años,
Teodosio II, tutelado por su hermana mayor Pulqueria y su marido Marciano, siendo
vencido por Atila, pero pudo alejarlo de la capital gracias a la entrega como tributo de
Pannonia y las que serían la grandes aportaciones de su reinado: la fortificación de
Constantinopla con la célebres murallas de Teodosio, que garantizo la inexpugnabilidad
de la ciudad durante siglos, y la promulgación del Codex Theodosianus, que recopilaba
las leyes imperiales desde Constantino, y que sería adoptado posteriormente por los
pueblos germánicos.
En 457 llegó al poder León I el Tracio, candidato del partido germánico liderado por el
alano Aspar. Fue coronado por el Patriarca de Constantinopla, en línea con la teoría
imperial, convirtiéndose esta sanción religiosa en el elemento imprescindible para la
entronización del emperador oriental. Para paliar la influencia de los partidos, León
introdujo nuevos cuerpos en el ejército, como los isáuricos (de Asia Menor), y cuyo
jefe, Zenón, contrajo matrimonio con Ariadna (hija de León I), transmitiéndole así los
derechos al trono. Su medida más controvertida fue el Edicto de Unión, por la que
trataba de solucionar la querella monofisita (defendida por Cirilo el patriarca de
Alejandría) sobre la naturaleza única de Cristo, condenada por el Concilio de
Calcedonia de 451, la cual era seguida por la población bizantina de Egipto y Siria a
través de su tolerancia. El Henótico, redactado por el patriarca Acacio de
Constantinopla, condenaba tanto los postulados del monofisismo, como el Concilio de
Calcedonia, imponiendo el credo del Concilio de Nicea del 325, manifestando la
división entre los patriarcados de Alejandría y Constantinopla. Este decreto no satisfizo
a nadie: por un lado, los monofisitas siguieron alejados del emperador, y por otro el
Papa Felix III y el patriarca Acacio se enfrentaban por la primacía en lo que sería el
primer Cisma entre Roma y Constantinopla.
Justiniano (527-565) fue asociado al trono sin incidentes, y su mitificación por parte de
la historiografía, ha sido matizada en los últimos años, al tener en cuenta sus
numerosas y flagrantes derrotas, importante crisis económica por los gastos de
financiación de su proyecto, además de catástrofes naturales como una gran epidemia
en 542 y varios terremotos. Contó con personas extraordinarias como su mujer
Teodora; el jurista Triboniano; el artífice de la reforma administrativa, Juan de
Capadocia; y los generales Narsés, Belisario, Mundo y Liberio, cuyas gestiones fueron
admirablemente narradas por Procopio de Cesarea (secretario de Belisario), en sus 8
libros dedicados a las campañas contra persas, vándalos y ostrogodos. Este último,
también narra sobre nuevas construcciones e incluso intimidades de la Corte (en su
Historia Arcana), todo ello siguiendo los modelos de Heródoto y Tucídides.
Otro elemento que ayudó a fraguar el apogeo del Imperio de Oriente fue la reforma del
Derecho Romano para adecuarlo a las nuevas circunstancias de Oriente y que fue vital
para la cristalización de los derechos germánicos del Occidente europeo. Triboniano
era ministro de justicia (questor sacri palatii), y consejero a inicios del reinado de
Justiniano, el cual, propuso al emperador, la compilación de leyes existentes en un solo
código, que contemplara el de Teodosio II y los dos anteriores de Gregorio y
Hermógenes. Se llegó a pensar en elaborarlo en griego, aunque Justiniano accedió sólo
si se hacía en latín, y se reunió a 10.000 juristas encargados de revisar y codificar todo
el Derecho, unificándolo y conservándolo en su lengua original. De la comisión
presidida por Juan de Capadocia, formaban parte, Teófilo (profesor de la Academia de
Derecho en Constantinopla), y Doroteo (profesor de la Escuela de Beirut). Se
compilaron disposiciones imperiales desde Adriano hasta Justiniano, terminándose en
el 529, con el nombre de Codex Iustinianeus, aunque fue necesaria una refundición,
Codex repetitae praelectionis en 534, con la adición de las decisiones adoptadas por
Juan de Capadocia. A la vez se trabajaba en la compilación de sentencias de los más
famosos jurisconsultos, como resultado se publicó el Digesto o Pandectae, dividido en
7 partes y 50 libros. Poco antes aparecieron las Institutiones (533) en latín, que junto a
las Novellae (leyes nuevas en griego o bilingües), venían a completar el Corpus Iuris
Civilis, constituyendo la fuente fundamental del derecho bizantino durante siglos. Ello,
sería con el tiempo, la base donde se apoyaría el redescubrimiento del Derecho
Romano, estudiado por legisladores occidentales de los siglos XII y XIII para
fundamentar la supremacía de sus monarcas frente al feudalismo.
Esta obra legislativa permite conocer las instituciones del Imperio, siendo las
siguientes:
(2) La emperatriz o señora (despoina), gozaba de los mismos títulos y privilegios que su
esposo, viviendo en el gineceo del Sacro Palacio, rodeada de damas cortesanas,
eunucos y sus hijos. Aunque rara vez se la veía en público, ejerció gran influencia en el
gobierno, sobre todo en época de Justiniano. El Sacro Palacio era la casa civil y militar
del emperador, centro de administración, sede de consejos y oficinas. Todo acto o
ceremonia, constituía una verdadera liturgia palatina, que incluía una parafernalia de
vestiduras de seda color púrpura, cantos, etc…
(3) El Consistorio del Príncipe, estaba formado por jefes de distintos servicios con
vinculaciones cortesanas y títulos nobiliarios, junto con los consejeros de Estado
(comités consistoriani). El ministro de interior y jefe de la casa imperial (magister
officiorum), era el primer dignatario de la jerarquía civil, del cual, dependían oficinas
(scrinia), cuerpos de guardia palatina (scolae), arsenales, correos públicos, policía
estatal, y la inspección administrativa de los ejércitos fronterizos (limitanei).
(4) El Jefe de la Cancillería (quaestor Sacri Palatii) dirigía las oficinas de expedición de
órdenes, mandatos y rescriptos, y el jefe de la Hacienda (comes Sacrarum largitionum),
era el encargado del erario y distribución de donativos, dependiendo de él, una serie
de funcionarios provinciales (comités y procuratores).
(5) Existía un Conde Administrador de los fondos personales del emperador (comes
rerum privatarum), de quien dependían los contables.
(6) El jefe de las habitaciones imperiales (praepositus sacri cubiculi), solía ser un
eunuco que dirigía a los criados y servidores de la corte.
(7) Al frente de la jerarquía militar se hallaban los generales en jefe de los ejércitos
imperiales (magistri militum), responsables del orden y sus subordinados, los generales
(duces), jefes de tropas de provincia, los protectores, y los instructores.
(8) Desde el siglo VI, los exarcas de África y de Italia pasaron de ser meros jefes de
tropa, a convertirse en gobernadores generales. El exarcado de África duró hasta la
conquista árabe en 698, y el de Rávena hasta que los lombardos ocuparon la ciudad en
751.
Instituciones:
(4) Fuera de esta organización, pero de gran importancia eran las demos, derivadas de
los antiguos partidos del hipódromo, los azules y verdes, que eran verdaderas
organizaciones políticas formadas por masas populares dirigidas por un caudillo
nombrado por el gobierno. Los azules tenían una base senatorial y terrateniente,
mientras que los verdes eran liderados por comerciantes y burócratas de la corte.
En cuanto a la política exterior, Justiniano tuvo que hacer frente a persas, ostrogodos,
vándalos y visigodos, frenando el avance de los pueblos eslavos, que, ante el empuje
provocado por los ávaros, se asentaron en los límites del territorio bizantino,
llegándose a instalar en Macedonia y Mesia. En el 532, Justiniano firmó la paz con
Persia, tras rivalizar por el dominio de los estados árabes de los gasaníes y lajmíes o
himyaritas, y en el control de las rutas comerciales.
La expansión del dominio bizantino fue encargada a Belisario (general tracio de origen
germánico), el cual, ejecutaba los planes trazados de antemano, con sorpresa y
rapidez, proporcionándole muchos éxitos en batalla. Este general fue amigo de
Justiniano, y ayudante de campo de Justino, y tras el desastre contra Persia en la
derrota bizantina de Calínico en el 531, y la matanza del Hipódromo, se embarcó con
un ejército reducido, con la misión de destruir el reino vándalo de Gelimer, confiscar el
tesoro y reconquistar el territorio vándalo.
Otros jefes militares destacados fueron Juan Troglita (que sofocó la rebelión de los
mauros en el Norte de África, en 548), Mundus, y el eunuco Narsés (encargado de
completar la obra de Belisario en Italia y gobernarla).
La legislación de esta época nos permite conocer los primeros tipos de sociedad
comercial:
(2) Asociación para un negocio puntual (compraventa de esclavos, aceite, trigo o vino),
donde la participación en pérdidas y ganancias eran a partes iguales, o a tercios. Solían
ser 2 los socios, y la renuncia de cualquiera de ellos implicaba la disolución de la
sociedad.
Justino restableció la paz en el 519, con el reconocimiento del primado romano por
parte de los obispos griegos, pero el monofisismo seguía siendo un peligro para la
unidad del imperio. Justiniano intentó la conciliación de los monofisitas en la Iglesia
Imperial, pero sus decretos no fueron aceptados por Roma. La tendencia a que en la
Iglesia oriental se siguiera la voluntad del emperador se mantuvo en el V Concilio
Ecuménico del 553, y durante la etapa justinianea, condicionada en parte por la
emperatriz, Teodora. Ella, obstaculizó las misiones ortodoxas de evangelización,
enviando monjes monofisitas, y protegió al Patriarca de Constantinopla, Antimio
(sospechoso de herejía, excomulgado y condenado al exilio por Justiniano).
Es posible que Córdoba hubiera sido capital de la provincia bizantina de Hispania hasta
el 572, pasando a partir de entonces a Cartagena. Bajo poder bizantino, se trasladó la
sede de la diócesis a la basílica de San Vicente de Córdoba, donde se construyeron
edificios palatinos y se amuralló la zona sur de la ciudad. Se establecieron castra para
defender la frontera interior, fortificando y ampliando el puerto de Cartagena, que
paso a ser la capital.
La influencia cultural bizantina sobra la visigoda fue decisiva, sobre todo en conceptos
políticos y legislativos, manifestándose en el arte y en las concepciones urbanísticas y
militares de Recópolis. Las ofensivas visigodas fueron bajo Sisebuto (612-621), que
consiguió tomar Málaga y Cartagena, y Suintila (621-631), que aprovechó las
dificultades del Imperio de Oriente para acabar con la presencia bizantina en Hispania.
En una primera fase (primera mitad del siglo IV), los eslavos penetraron, desde el Norte
del Danubio, y eslavizaron el Imperio en buena parte de la península balcánica,
produciéndose la asimilación progresiva de la civilización Bizantina por parte de los
eslavos, según Procopio en Guerra gótica. En la década del 540 tuvieron lugar distintas
incursiones que llegaron incluso hasta Constantinopla y Dyrrachium, mientras que los
bizantinos trataban de desviarlos como mercenarios para atacar a los godos en otros
frentes, produciéndose la conversión al cristianismo de algunos de sus oficiales.
Al marchar los lombardos hacia Italia en torno a 565, un pueblo turco, los avaros, se
instaló en el Danubio medio, frenando a los eslavos y sometiendo a parte de sus tribus
meridionales. A partir de entonces se suceden las incursiones eslavas, bien escapando
de los avaros, bien combinadas con éstos, o bajo el mando de los ávaros, lo que tuvo
como consecuencia el abandono a su paso algunas sedes episcopales bizantinas, al Sur
del Danubio.
Durante la gran invasión del año 580 se fundó el primer establecimiento eslavo en
suelo griego, en la ciudad de Sirmio, que fue destruida y su población de lengua latina y
griega fueron deportados al Norte del Danubio, para contribuir a colonizar los
territorios ávaros. Hacia el año 600 Bizancio había perdido todo el territorio al Norte de
Salónica. La derrota de los ávaros por los bizantinos frente a los muros de
Constantinopla en 626 permitió la sublevación de varias tribus eslavas,
independizándose algunas de ellas al mando de Samo (un mercader franco), y
extendiendo su dominio por el Danubio superior y medio, con capital en Nitra. Los
descendientes de los deportados aprovecharon la coyuntura y se sublevaron,
venciendo a los ávaros y regresando a sus lugares de origen guiados por Kuver o Kuvrat
en 640. Samo repartió su reino eslavo entre sus hijos, pero en 679 cayeron bajo
dominio del pueblo turco de los búlgaros, que conquistaron las tierras eslavas situadas
entre el Morava y el Mar Negro, ante la presión de los jázaros. Asparuk fue el
responsable de la unión entre búlgaros y eslavos meridionales hasta formar una sola
unidad, conocida como el Primer Imperio búlgaro, que tuvo un importante papel en la
política balcánica.
6. El Imperio Persa Sasánida.
6.1. La dinastía sasánida.
El origen de esta dinastía es oscuro, pero representa el triunfo de los dirigentes locales
de la zona de Fars sobre los soberanos partos y sus vecinos en torno al siglo III.
Ardashir I fue el fundador de la dinastía y lideró una coalición que destronó al último
rey parto, Ardavan. Intentó extirpar del país la influencia helenística, luchó sin tregua
contra el Imperio Romano y, probablemente, fundó uno de los poblados que
integrarían más tarde el conglomerado urbano de Ctesifonte. Continuaron su obra su
hijo, Sapor I, y Sapor II (vencedor de Juliano el Apóstata).
El gobierno más fructífero fue sin duda el de Cosroes I (531-579), que accedió al trono
tras ejecutar. a sus hermanos, y emprendió una política belicista contra Justiniano,
llevándole a conquistar el Yemen, Siria, y Antioquía en 540. Muchos de los habitantes
fueron deportados a Asiria, y se consiguió arrebatar a Bizancio, el país de los lacios o
colcos (Cáucaso), con la ayuda de los hunos saberios que habitaban el norte de las
montañas. La recuperación de esta región en 562 le supuso a Bizancio el pago de
30.000 monedas de oro anuales. Cosroes, aliándose con los turcos, logró vencer a los
hunos heftalitas y se dedicó a elaborar catastros, reformar los impuestos según la
fertilidad de las tierras, y a favorecer la traducción al persa pahlavi de Homero, Platón y
Aristóteles. La organización de su vasto territorio se basó en la figura de los dehcanes
(caballeros que poseían un poblado), y en familias enteras como colonos en la frontera
(modelo antecesor a los temas bizantinos). Grandes sistemas de irrigación como el
Canal de Nahrawan, sirvieron para extender áreas de cultivo, mediante una enorme
inversión de fondos públicos.
Hormizdas IV (579-590), se enfrentó con la nobleza y sacerdotes por sus medidas para
favorecer a los cristianos. Esto provocó la sublevación del general Bahram, que instauró
al joven Cosroes II para autoproclamarse soberano, refugiándolo en la corte bizantina.
Cuando Mauricio (que le ayudó a recuperar el trono), fue asesinado en Calcedonia en
el 602, Cosroes II se erigió como vengador suyo. Se enfrentó a los turcos para mantener
la paz en el frente norte y se dirigió contra Asia Menor, Siria y Egipto, saqueando
durante 3 días Jerusalén en 614, matando a 50.000 cristianos, y amenazando
Constantinopla en el 620. Solo Heraclio conseguirá controlar su expansión, junto a los
armenios, invadió Azerbaiyán, y en una rápida campaña, venció las tropas sasánidas
ante Nínive y entró en Ctesifonte en 628, donde recuperó la reliquia de la cruz de
Jesucristo, que devolvió a Jerusalén en 630. Cosroes II fue destronado y sustituido por
su hijo, el cual tuvo que firmar una paz humillante, y evacuar Armenia, Siria, Egipto y
parte de Mesopotamia.
El fin del imperio se produjo en una fase de debilitación con la sucesión de 12 reyes en
menos de 5 años. El último rey, Yezdigerdes III, reunió un ejército de 120.000 hombres,
que fue destruido por los árabes en Kadesiya en 637. Los árabes combatientes habían
sido mercenarios persas y conocían bien el sistema de lucha sasánida, por lo que
tomaron Ctesifonte y ocuparon casi todo el país en 644. Yezdigerdes III huyó en busca
de apoyo turco, pero fue asesinado en las cercanías de Merv en 651, y sus territorios
pasaron al califato islámico.
Organización del Imperio Persa Sasánida: (1) Gran visir (vuzurg-framadliar): persona de
confianza del shahanshah (rey de reyes), a quien sustituía cuando se hallaba de viaje o
en la guerra; podía tener tropas a sus órdenes y negociar con países vecinos. (2)
General en jefe (eran-spahbadh): jefe del ejército, compuesto de cuerpos de caballería
e infantería. En la retaguardia disponía de elefantes para facilitar la actuación de los
arqueros, que disparaban las flecha desde los palanquines con mayor visibilidad del
campo enemigo. (3) Secretario de Estado (dibherán): de noble cuna, cultos y auténticos
diplomáticos, organizados en secretarías y ministerios de los que dependían los
funcionarios subalternos: Secretaría de Justicia + Secretaría de Hacienda, a cuyo cargo
estaban los perceptores de impuestos + Ministerio del Tesoro del Rey, cuidaba de los
dominios reales, y sus regalías, como las minas de oro de Farangion, el botín de guerra
y las aduanas + Oficina de las Caballerizas Reales + Secretaría de las Rentas de los
Templos del Fuego, para asuntos relacionados con el zoroastrismo + Ministerio de
Obras Pías.
También surgió el maniqueísmo (corriente dualista gnóstica que llego a ser religión
universal), que combinó la tradición religiosa mesopotámica de influjos iranios y judíos,
con el reciente fundado cristianismo, extendido por la zona hacia el siglo II. El profeta
Mani o profeta del Dios de la Verdad, nació de una familia noble y religiosa de
Ctesifonte, el cual, tras su primera visión a los 12 años, le fue revelado su misión. En el
año 240 fue denunciado por ramas ortodoxas del zoroastrismo y tuvo que huir a la
India, donde entro en contacto con el budismo. A su regreso a Babilonia gozó del favor
de Sapor I y predico una doctrina sincretista de un ascetismo riguroso, que pronto se
expandió por Siria, Egipto e Irán Oriental, pero fue considerador hereje por los magos y
condenado a muerte en 276.
Según Mani, la lucha entre la luz y la oscuridad se desarrollaría en 3 etapas: (1) En los
orígenes, los reinos de la luz y tinieblas estaban separados y cada uno tenía su propio
soberano, pero una parte del mundo de la luz fue a parar al mundo de las tinieblas,
generándose así el cosmos. (2) El objetivo del proceso histórico es la separación (que
constituye la tercera etapa) de forma que no se puedan volver a mezclar. La Luna crecía
con la luz que llegaba a la Tierra, y el Sol era la puerta del reino de la Luz. (3) Entre las
divinidades de luz aparecía Jesús el Luminoso, que conduciría las almas al Reino de la
luz, y su moral enseñaba 7 preceptos (4 de ellos relativos a la fe, y 3 a la conducta de
los creyentes).
También había importantes minorías cristianas, las cuales eran toleradas salvo en los
recrudecimientos con Constantinopla, como: (1) La Iglesia Nestoriana. (2) La Iglesia
Armenia. (3). La Iglesia Jacobita. (4). La Iglesia Maronita. (5) La Iglesia copta: Demetrio
en el siglo III, su prestigio intelectual se basó en la Escuela de Alejandría, creadora del
gnosticismo. De credo motorista y rompió con el Concilio de Calcedonia, buenas
relaciones con fatimíes pero no ayyubíes. (6) La Iglesia Etíope: cristianismo llega hacia
el 350. Dependiente del patriarcado de Alejandría, el evangelizador fue Frumencio y
todo empezó con la conversión del rey Ezana y su corte. Tardó en extenderse en el
pueblo. Tenían fuertes influencias judías.