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Imperio Romano de Oriente y Persia

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TEMA II: EL IMPERIO ROMANO DE ORIENTE FRENTE A LA PERSIA

SASÁNIDA.
1. La creación del Imperio de Oriente (395-527).
Entre los siglos IV-VII, el Imperio de Oriente vivió un periodo de tránsito con lentas
transformaciones o reelaboraciones internas, al margen de las invasiones de
Occidente. Según los expertos, estos cambios obedecen a una evolución interna, una
cristianización donde la Iglesia (denominada ortodoxa, por las numerosas querellas
doctrinales) se identificó con el pueblo y la sociedad, y también a una orientalización
fomentada por sus relaciones con persas y armenios. El griego era la lengua de la
cultura, y el latín la del ejército, hasta el punto de que el vocabulario griego militar era
una adaptación de palabras latinas.

Tras la partición del Imperio por Teodosio I en el año 395, la parte oriental
correspondió a Arcadio quien estableció la capital en Constantinopla. El Imperio de
Oriente, conocido con el nombre griego de Byzantium, disfrutó de un largo periodo de
tranquilidad una vez haberse desviado los pueblos germanos hacia Occidente. Tras la
muerte de Teodosio, su hijo Arcadio se convirtió en augusto de Oriente (una sucesión
que sancionaba la separación de facto del Imperio Romano), pero los lazos familiares
que unían a las dinastías de Rávena y Constantinopla mantuvieron las formas hasta la
extinción del linaje de Teodosio. A la muerte de Arcadio, dejaba un hijo de 5 años,
Teodosio II, tutelado por su hermana mayor Pulqueria y su marido Marciano, siendo
vencido por Atila, pero pudo alejarlo de la capital gracias a la entrega como tributo de
Pannonia y las que serían la grandes aportaciones de su reinado: la fortificación de
Constantinopla con la célebres murallas de Teodosio, que garantizo la inexpugnabilidad
de la ciudad durante siglos, y la promulgación del Codex Theodosianus, que recopilaba
las leyes imperiales desde Constantino, y que sería adoptado posteriormente por los
pueblos germánicos.
En 457 llegó al poder León I el Tracio, candidato del partido germánico liderado por el
alano Aspar. Fue coronado por el Patriarca de Constantinopla, en línea con la teoría
imperial, convirtiéndose esta sanción religiosa en el elemento imprescindible para la
entronización del emperador oriental. Para paliar la influencia de los partidos, León
introdujo nuevos cuerpos en el ejército, como los isáuricos (de Asia Menor), y cuyo
jefe, Zenón, contrajo matrimonio con Ariadna (hija de León I), transmitiéndole así los
derechos al trono. Su medida más controvertida fue el Edicto de Unión, por la que
trataba de solucionar la querella monofisita (defendida por Cirilo el patriarca de
Alejandría) sobre la naturaleza única de Cristo, condenada por el Concilio de
Calcedonia de 451, la cual era seguida por la población bizantina de Egipto y Siria a
través de su tolerancia. El Henótico, redactado por el patriarca Acacio de
Constantinopla, condenaba tanto los postulados del monofisismo, como el Concilio de
Calcedonia, imponiendo el credo del Concilio de Nicea del 325, manifestando la
división entre los patriarcados de Alejandría y Constantinopla. Este decreto no satisfizo
a nadie: por un lado, los monofisitas siguieron alejados del emperador, y por otro el
Papa Felix III y el patriarca Acacio se enfrentaban por la primacía en lo que sería el
primer Cisma entre Roma y Constantinopla.

Ariadna transmitió los derechos imperiales a Anastasio I (su segundo marido y


miembro de la guardia personal de Zenón), quien para gobernar tuvo que enfrentarse
con Longino (hermano de Zenón) y numerosos enemigos externos. A su muerte,
debido a la notable reforma económica (498) dejó una importante reserva económica
providencial para la obra justinianea. Uno de los puntos clave del debate de este
momento es el impuesto más odiado por comerciantes e industriales (chysargyrion).
Anastasio recibió una célebre carta del Papa Gelasio I recordándole, que el poder tiene
dos ámbitos, el religioso (del Papa), y el político (del Principe), pero la situación en
Roma era de cisma abierto. Para sucederle fue elegido Justino I (518-527), capitán de
la guardia palatina, de origen campesino, pero buen militar, el cual, abolió el Henótico y
restableció las relaciones cordiales con el Papado.

2. La expansión de Bizancio bajo Justiniano (527-565).


2.1. Gobierno y organización territorial del Imperio. La obra legislativa.
Con Justino dio comienzo la dinastía que conduciría al mayor apogeo político de
Oriente, con el momento de mayor esplendor, por parte del gobierno de su sobrino
Justiniano, movido por la idea de restauración del Imperio Romano de los césares. Para
entonces, el concepto de Imperio había cambiado, aproximándose a teorías orientales
de un poder ejercido porque el pueblo lo había cedido, donde el emperador pasa a ser
autocrátor, ya que el poder le es otorgado por designio divino.

Justiniano (527-565) fue asociado al trono sin incidentes, y su mitificación por parte de
la historiografía, ha sido matizada en los últimos años, al tener en cuenta sus
numerosas y flagrantes derrotas, importante crisis económica por los gastos de
financiación de su proyecto, además de catástrofes naturales como una gran epidemia
en 542 y varios terremotos. Contó con personas extraordinarias como su mujer
Teodora; el jurista Triboniano; el artífice de la reforma administrativa, Juan de
Capadocia; y los generales Narsés, Belisario, Mundo y Liberio, cuyas gestiones fueron
admirablemente narradas por Procopio de Cesarea (secretario de Belisario), en sus 8
libros dedicados a las campañas contra persas, vándalos y ostrogodos. Este último,
también narra sobre nuevas construcciones e incluso intimidades de la Corte (en su
Historia Arcana), todo ello siguiendo los modelos de Heródoto y Tucídides.

Los primeros 5 años de reinado fueron malos, ya que la plebe de Constantinopla,


sometida por crecientes impuestos y agobiada por la paz humillante impuesta por
Persia, se rebeló durante las carreras del Hipódromo, en la revuelta de la Nika (532)
insatisfechos con las respuestas del emperador, y durante 6 días saquearon e
incendiaron los mejores edificios de la ciudad. Justiniano estaba dispuesto a huir, pero
Teodora hizo que recobrara el valor, y encargara a Belisario el sofocar el tumulto,
convirtiéndose en una represión tan sangrienta que se comparó con la matanza de
Teodosio en Tesalónica. En consecuencia, se reformó la administración (535-536) por el
prefecto de pretorio, Juan de Capadocia, con 100 constituciones en poco más de año y
medio. Los obispos se convertían en jueces de los administradores que, en las
provincias fronterizas, detentaban los poderes militares y civiles. También se
parcelaron las provincias demasiado extensas para evitar el aumento de poder y
ambición de los gobernadores. Su obra fue continuada por su sucesor Teodoto y por
Pedro Barsanes (destituido y desterrado por acusaciones de vender trigo de la annona
destinada a Constantinopla y repartir trigo podrido a la plebe).

Otro elemento que ayudó a fraguar el apogeo del Imperio de Oriente fue la reforma del
Derecho Romano para adecuarlo a las nuevas circunstancias de Oriente y que fue vital
para la cristalización de los derechos germánicos del Occidente europeo. Triboniano
era ministro de justicia (questor sacri palatii), y consejero a inicios del reinado de
Justiniano, el cual, propuso al emperador, la compilación de leyes existentes en un solo
código, que contemplara el de Teodosio II y los dos anteriores de Gregorio y
Hermógenes. Se llegó a pensar en elaborarlo en griego, aunque Justiniano accedió sólo
si se hacía en latín, y se reunió a 10.000 juristas encargados de revisar y codificar todo
el Derecho, unificándolo y conservándolo en su lengua original. De la comisión
presidida por Juan de Capadocia, formaban parte, Teófilo (profesor de la Academia de
Derecho en Constantinopla), y Doroteo (profesor de la Escuela de Beirut). Se
compilaron disposiciones imperiales desde Adriano hasta Justiniano, terminándose en
el 529, con el nombre de Codex Iustinianeus, aunque fue necesaria una refundición,
Codex repetitae praelectionis en 534, con la adición de las decisiones adoptadas por
Juan de Capadocia. A la vez se trabajaba en la compilación de sentencias de los más
famosos jurisconsultos, como resultado se publicó el Digesto o Pandectae, dividido en
7 partes y 50 libros. Poco antes aparecieron las Institutiones (533) en latín, que junto a
las Novellae (leyes nuevas en griego o bilingües), venían a completar el Corpus Iuris
Civilis, constituyendo la fuente fundamental del derecho bizantino durante siglos. Ello,
sería con el tiempo, la base donde se apoyaría el redescubrimiento del Derecho
Romano, estudiado por legisladores occidentales de los siglos XII y XIII para
fundamentar la supremacía de sus monarcas frente al feudalismo.

En cuanto a política religiosa, Justiniano favoreció las disposiciones del Concilio de


Calcedonia (451), ortodoxo, en contra del monofisismo, y persiguió a judíos y herejes.
Decidió abolir el paganismo y clausurar la Escuela de Atenas (529).

Esta obra legislativa permite conocer las instituciones del Imperio, siendo las
siguientes:

(1) El emperador (llamado en latín imperator, autocrátor o en griego basileus), era la


personificación del Estado, jefe del ejército y detentador del poder supremo. Era santo,
al mismo nivel que los apóstoles, y propagador de la fe cristiana. Era augusto y también
el señor (déspotes), donde la dignidad era en teoría, por delegación del pueblo,
electiva, y no hereditaria, aunque los depositarios de dicha elección eran la corte o
Sacro Palacio, el ejército y el senado de Constantinopla, consolidándose con el tiempo,
el derecho del emperador a designar sucesor en vida.

(2) La emperatriz o señora (despoina), gozaba de los mismos títulos y privilegios que su
esposo, viviendo en el gineceo del Sacro Palacio, rodeada de damas cortesanas,
eunucos y sus hijos. Aunque rara vez se la veía en público, ejerció gran influencia en el
gobierno, sobre todo en época de Justiniano. El Sacro Palacio era la casa civil y militar
del emperador, centro de administración, sede de consejos y oficinas. Todo acto o
ceremonia, constituía una verdadera liturgia palatina, que incluía una parafernalia de
vestiduras de seda color púrpura, cantos, etc…
(3) El Consistorio del Príncipe, estaba formado por jefes de distintos servicios con
vinculaciones cortesanas y títulos nobiliarios, junto con los consejeros de Estado
(comités consistoriani). El ministro de interior y jefe de la casa imperial (magister
officiorum), era el primer dignatario de la jerarquía civil, del cual, dependían oficinas
(scrinia), cuerpos de guardia palatina (scolae), arsenales, correos públicos, policía
estatal, y la inspección administrativa de los ejércitos fronterizos (limitanei).

(4) El Jefe de la Cancillería (quaestor Sacri Palatii) dirigía las oficinas de expedición de
órdenes, mandatos y rescriptos, y el jefe de la Hacienda (comes Sacrarum largitionum),
era el encargado del erario y distribución de donativos, dependiendo de él, una serie
de funcionarios provinciales (comités y procuratores).

(5) Existía un Conde Administrador de los fondos personales del emperador (comes
rerum privatarum), de quien dependían los contables.

(6) El jefe de las habitaciones imperiales (praepositus sacri cubiculi), solía ser un
eunuco que dirigía a los criados y servidores de la corte.

(7) Al frente de la jerarquía militar se hallaban los generales en jefe de los ejércitos
imperiales (magistri militum), responsables del orden y sus subordinados, los generales
(duces), jefes de tropas de provincia, los protectores, y los instructores.

(8) Desde el siglo VI, los exarcas de África y de Italia pasaron de ser meros jefes de
tropa, a convertirse en gobernadores generales. El exarcado de África duró hasta la
conquista árabe en 698, y el de Rávena hasta que los lombardos ocuparon la ciudad en
751.

Instituciones:

(1) El Senado de Constantinopla y las asambleas (restringidas o generales), constituían


los organismos consultivos del Estado.

(2) Las asambleas generales se celebraban en el Hipódromo de Constantinopla


definiéndose dos facciones, la Verde (asociada a la Roja, partidarias del orden
establecido), y la Azul (popularmonofisita, innovadora y reformista).

(3) Las grandes ciudades como Constantinopla, Tesalónica, Alejandría, Oxirincos, y


Antioquía, tenían curias municipales presididas por el prefecto de la urbe (eparca), o
gobernador, que nombraba a los pretores urbanos, cuidaba del aprovisionamiento, la
policía, el orden y la enseñanza.

(4) Fuera de esta organización, pero de gran importancia eran las demos, derivadas de
los antiguos partidos del hipódromo, los azules y verdes, que eran verdaderas
organizaciones políticas formadas por masas populares dirigidas por un caudillo
nombrado por el gobierno. Los azules tenían una base senatorial y terrateniente,
mientras que los verdes eran liderados por comerciantes y burócratas de la corte.
En cuanto a la política exterior, Justiniano tuvo que hacer frente a persas, ostrogodos,
vándalos y visigodos, frenando el avance de los pueblos eslavos, que, ante el empuje
provocado por los ávaros, se asentaron en los límites del territorio bizantino,
llegándose a instalar en Macedonia y Mesia. En el 532, Justiniano firmó la paz con
Persia, tras rivalizar por el dominio de los estados árabes de los gasaníes y lajmíes o
himyaritas, y en el control de las rutas comerciales.

La expansión del dominio bizantino fue encargada a Belisario (general tracio de origen
germánico), el cual, ejecutaba los planes trazados de antemano, con sorpresa y
rapidez, proporcionándole muchos éxitos en batalla. Este general fue amigo de
Justiniano, y ayudante de campo de Justino, y tras el desastre contra Persia en la
derrota bizantina de Calínico en el 531, y la matanza del Hipódromo, se embarcó con
un ejército reducido, con la misión de destruir el reino vándalo de Gelimer, confiscar el
tesoro y reconquistar el territorio vándalo.

Posteriormente recibió la orden del emperador de ir contra el reino ostrogodo, y


partiendo desde Cartago, tomó Sicilia en una rápida campaña, dejando una guarnición
en Siracusa, para inmediatamente embarcar hacia Italia, y asediar y entrar en Nápoles
por el acueducto, estableciendo allí una guarnición de 300 hombres y continuar hacia
Roma. En tan sólo 4 años consiguió la pacificación de la mayor parte de Italia. Una
campaña contra Persia en el 544 y contra invasores búlgaros en el 559, fueron sus
últimas acciones, antes de ser acusado por el emperador de quedarse parte de los
tesoros, muriendo poco después del año 560.

Otros jefes militares destacados fueron Juan Troglita (que sofocó la rebelión de los
mauros en el Norte de África, en 548), Mundus, y el eunuco Narsés (encargado de
completar la obra de Belisario en Italia y gobernarla).

Demográficamente el imperio tendría entre 20 y 30 millones de habitantes (600.000 en


Constantinopla y 200.000 en Alejandría), llegando a tener en sus filas, 645.000
hombres acantonados en distintas provincias y exarcados antes del año 552. Tras los
problemas del siglo III, la población se fue recuperando hasta el gran estallido de peste
bubónica del 542, donde se calcula que murieron un 40% de los habitantes,
posibilitando la instalación de los eslavos.

2.2. La economía bizantina.


La base económica era la agricultura, cultivándose de la misma manera y manteniendo
la tríada (cereal, vid y olivo), con pequeñas modificaciones en las especies.
Predominaba el hábitat en aldeas (kome o jorion), y las condiciones de los cultivadores
adscritos a la tierra (enarógrafoi), aun siendo colonos libres, se acercaba a la
servidumbre, ya que no podían ser separados de la tierra que cultivaban, en especial a
partir de los años 541-44, donde se necesitaba más mano de obra, por la peste. Junto a
los propietarios, la legislación descubre la existencia de: (1) el enfiteutas o trabajador a
censo, cuyos derechos se transmitían por generaciones y eran traspasables incluso, (2)
cultivadores de tierra ajenas mediante contrato de arrendamiento y (3) colonos
dependientes o georgoi. El colonato seguía siendo la fórmula más usual y el trabajo se
realizaba con los sistemas e instrumental del mundo romano.

Constantinopla era el gran centro comercial internacional, aunque Siria y Egipto, se


distinguían por sus importantes actividades comerciales, mientras que Asia Menor, era
principalmente ganadera y agrícola. Los impuestos indirectos (vectigaliae) gravaban la
venta y circulación de bienes y mercancías. El Estado monopolizaba la importación de
artículos de lujo, industrias alimenticias básicas (pan), y ciertas industrias suntuarias
como la fabricación de brocados.

Algunos comerciantes actuaban como agentes estatales (comerciarii), y adquirían en


las aduanas la seda en rama de China (en época de Justiniano se descubrió el secreto
de la producción de la seda), especias de la India, esclavos del Cáucaso y perfumes de
Arabia, que llevaban a los mercados de Antioquía, Alejandría, Tesalónica y
Constantinopla, para ser revendidos. Aunque los impuestos se llevaban gran parte del
beneficio, las ganancias no dejaban de ser elevadas, y estos comerciantes, se
convirtieron con el tiempo en cambistas de monedas y banqueros.

La legislación de esta época nos permite conocer los primeros tipos de sociedad
comercial:

(1) Asociación total de bienes para negociar (koinopraxía).

(2) Asociación para un negocio puntual (compraventa de esclavos, aceite, trigo o vino),
donde la participación en pérdidas y ganancias eran a partes iguales, o a tercios. Solían
ser 2 los socios, y la renuncia de cualquiera de ellos implicaba la disolución de la
sociedad.

2.3. Las cuestiones religiosas.


La Iglesia estaba mediatizada por el Estado en el Imperio de Oriente mediante una
política religiosa imperial. La cuestión más conflictiva fue el enfrentamiento entre
monofisitas (la unión de las dos naturalezas de Cristo es tan íntima que garantiza la
unidad de la persona de Cristo y hace de ellas una sola naturaleza, con predominio de
lo divino para asegurar la redención) y diofisitas (seguidores de la doctrina que
establece que Cristo poseía dos naturalezas, una divina y otra humana). El monofisismo
pasó por varias etapas: inicialmente condenado, después aceptado en el Concilio de
Éfeso (449) bajo la presidencia del patriarca Dióscoro, y posteriormente condenado de
nuevo en Calcedonia en el 451 donde fue depuesto el mencionado Dióscoro,
suscitando las protestas de los monofisitas de Alejandría y los monjes de Palestina, que
llegaron a matar a un patriarca y contando con el apoyo de la emperatriz Eudoxia
(esposa de Arcadio). Subyacía también el reconocimiento de Constantinopla como la
Nueva Roma, en detrimento del patriarcado de Alejandría que, junto a Antioquía,
rechazaron Calcedonia. El emperador Zenón con su Henoticón volvió al estado anterior
a Calcedonia y posteriormente el papa Felix II, decretó la excomunión del patriarca
Acacio, produciéndose la ruptura completa entre la Iglesia de Oriente y Occidente, el
llamado cisma acaciano (484- 519), época en la que el monofisismo se extendió
rápidamente por Oriente.

Justino restableció la paz en el 519, con el reconocimiento del primado romano por
parte de los obispos griegos, pero el monofisismo seguía siendo un peligro para la
unidad del imperio. Justiniano intentó la conciliación de los monofisitas en la Iglesia
Imperial, pero sus decretos no fueron aceptados por Roma. La tendencia a que en la
Iglesia oriental se siguiera la voluntad del emperador se mantuvo en el V Concilio
Ecuménico del 553, y durante la etapa justinianea, condicionada en parte por la
emperatriz, Teodora. Ella, obstaculizó las misiones ortodoxas de evangelización,
enviando monjes monofisitas, y protegió al Patriarca de Constantinopla, Antimio
(sospechoso de herejía, excomulgado y condenado al exilio por Justiniano).

2.4. La primera Edad de Oro: renovación cultural y artística.


En el aspecto artístico, los mejores colaboradores de Justiniano fueron los arquitectos
Isidoro de Mileto y Antemio de Tralles, quienes diseñaron el Templo de Santa Sofia
(Hagia Sofia), y en la cual trabajaron 10.000 obreros en un espacio de 6 años (532-537).
Remozada así (como contrapunto a la basílica constantiniana de San Juan de Letrán en
Roma, o la Iglesia-Panteón de los Santos Apóstoles, donde Constantino había sido
enterrado), la principal Iglesia de Constantinopla, por sus dimensiones y originalidad,
promovía la renovación del Imperio Romano. Otras construcciones a destacar fueron:
(1) La Iglesia de Santa Irene y la cisterna de agua en la capital. (2) Las murallas de
Darás y Palmira. (3) Las fortificaciones de las Termópilas. (4) Los templos de San Vital y
San Apolinar Nuevo (Rávena), y sus mosaicos.
El resto de la arquitectura civil y palaciega se recoge en el De edificiis de Procopio.
Antemio de Tralles fue un gran matemático, lo mismo que Proclo, y en el campo
literario florecieron, los monjes orientales, Juan Clímaco (Scala Paradisi), y Juan de
Éfeso (Historia Eclesiástica).

3. Los sucesores de Justiniano hasta Heraclio.


Al morir Justiniano, el imperio quedaba engrandecido territorialmente, pero exhausto
económicamente. Los lombardos arrebataron la mayor parte de Italia, dejando a los
bizantinos la franja entre Roma y Rávena, Apulia, Calabria y Sicilia, destrozando la
política de renovación imperial. Por otro lado, las migraciones de ávaros y eslavos
asolaron Tesalónica y los Balcanes, dejando grupos de población eslava en toda Grecia.

Destaca el gobierno de Mauricio (582-602), creador de los exarcados como unidades


administrativas en Italia y África, frente a la situación de las ultimas invasiones.
Mauricio concibió unas circunscripciones excepcionales, donde el poder civil y militar
estuvieran unidos por un general (strategos), y la defensa en manos de campesinos-
soldados de otras partes del imperio, que recibían una parcela de tierra, siguiendo el
sistema de los limitanei romanos. Este sistema fue el precedente de los temas del siglo
VII, pero Mauricio fue liquidado por Focas en una rebelión que aprovechaba la
debilidad imperial, el aumento del poder senatorial, y el descontento del pueblo y el
ejército. Su gobierno fue conocido por el retorno de la amenaza persa, al romperse el
pacto firmado entre Cosroes II y Mauricio, y fue precisamente el peligro de esta
invasión, la que llevo a la sublevación del exarca de Cartago y la instauración de los
Heráclidas en 610.

4. La provincia bizantina en Hispania.


En el 549, la elección por parte de la aristocracia de Agila I para ocupar el trono
visigodo, y su enfrentamiento con las grandes familias gobernantes de la Bética,
provocaron el levantamiento en Sevilla de Atanagildo. Al recibir la llamada de auxilio a
través de Ceuta de Atanagildo, Justiniano vio la oportunidad de ampliar el Imperio con
la provincia de Hispania, y ordenó embarcar un ejército desde Sicilia, mandados por el
patricio Félix Liberio. La guerra duro 5 años, hasta que las tropas de Agila se rebelaron
y lo asesinaron en el 555, a la vez que terminaba la lucha imperial por Italia. La
intervención de Justiniano en la Península Ibérica provocó la ocupación de una parte
importante de litoral sudoriental, pues Liberio conquistó Cartagena, Málaga, Murcia y
Córdoba, estableciendo el dominio bizantino en Hispania, y nombrado como magister
militum Hispaniae. La penetración bizantina hacia el interior llegó a Medina-Sidonia y
Baza, formándose así la provincia de Hispania que incluía Baleares en el 540, y Ceuta
paso a formar parte de la provincia Mauritania II.

Es posible que Córdoba hubiera sido capital de la provincia bizantina de Hispania hasta
el 572, pasando a partir de entonces a Cartagena. Bajo poder bizantino, se trasladó la
sede de la diócesis a la basílica de San Vicente de Córdoba, donde se construyeron
edificios palatinos y se amuralló la zona sur de la ciudad. Se establecieron castra para
defender la frontera interior, fortificando y ampliando el puerto de Cartagena, que
paso a ser la capital.

La influencia cultural bizantina sobra la visigoda fue decisiva, sobre todo en conceptos
políticos y legislativos, manifestándose en el arte y en las concepciones urbanísticas y
militares de Recópolis. Las ofensivas visigodas fueron bajo Sisebuto (612-621), que
consiguió tomar Málaga y Cartagena, y Suintila (621-631), que aprovechó las
dificultades del Imperio de Oriente para acabar con la presencia bizantina en Hispania.

5. El Imperio Oriental y los pueblos eslavos.


Estos pueblos aparecen designados como eslavos en la frontera del Imperio Romano
Oriental, cuando Justiniano comienza a redefinir y a urbanizar la frontera danubiana y
de los Balcanes. El término sklabenoi o sclaueni en latín aparece en el siglo VI para dos
grupos que hablaban una forma similar de protoeslavo: los esclavenos, de donde
deriva eslavos, y los antes, en Ucrania.

En una primera fase (primera mitad del siglo IV), los eslavos penetraron, desde el Norte
del Danubio, y eslavizaron el Imperio en buena parte de la península balcánica,
produciéndose la asimilación progresiva de la civilización Bizantina por parte de los
eslavos, según Procopio en Guerra gótica. En la década del 540 tuvieron lugar distintas
incursiones que llegaron incluso hasta Constantinopla y Dyrrachium, mientras que los
bizantinos trataban de desviarlos como mercenarios para atacar a los godos en otros
frentes, produciéndose la conversión al cristianismo de algunos de sus oficiales.

Al marchar los lombardos hacia Italia en torno a 565, un pueblo turco, los avaros, se
instaló en el Danubio medio, frenando a los eslavos y sometiendo a parte de sus tribus
meridionales. A partir de entonces se suceden las incursiones eslavas, bien escapando
de los avaros, bien combinadas con éstos, o bajo el mando de los ávaros, lo que tuvo
como consecuencia el abandono a su paso algunas sedes episcopales bizantinas, al Sur
del Danubio.
Durante la gran invasión del año 580 se fundó el primer establecimiento eslavo en
suelo griego, en la ciudad de Sirmio, que fue destruida y su población de lengua latina y
griega fueron deportados al Norte del Danubio, para contribuir a colonizar los
territorios ávaros. Hacia el año 600 Bizancio había perdido todo el territorio al Norte de
Salónica. La derrota de los ávaros por los bizantinos frente a los muros de
Constantinopla en 626 permitió la sublevación de varias tribus eslavas,
independizándose algunas de ellas al mando de Samo (un mercader franco), y
extendiendo su dominio por el Danubio superior y medio, con capital en Nitra. Los
descendientes de los deportados aprovecharon la coyuntura y se sublevaron,
venciendo a los ávaros y regresando a sus lugares de origen guiados por Kuver o Kuvrat
en 640. Samo repartió su reino eslavo entre sus hijos, pero en 679 cayeron bajo
dominio del pueblo turco de los búlgaros, que conquistaron las tierras eslavas situadas
entre el Morava y el Mar Negro, ante la presión de los jázaros. Asparuk fue el
responsable de la unión entre búlgaros y eslavos meridionales hasta formar una sola
unidad, conocida como el Primer Imperio búlgaro, que tuvo un importante papel en la
política balcánica.
6. El Imperio Persa Sasánida.
6.1. La dinastía sasánida.
El origen de esta dinastía es oscuro, pero representa el triunfo de los dirigentes locales
de la zona de Fars sobre los soberanos partos y sus vecinos en torno al siglo III.
Ardashir I fue el fundador de la dinastía y lideró una coalición que destronó al último
rey parto, Ardavan. Intentó extirpar del país la influencia helenística, luchó sin tregua
contra el Imperio Romano y, probablemente, fundó uno de los poblados que
integrarían más tarde el conglomerado urbano de Ctesifonte. Continuaron su obra su
hijo, Sapor I, y Sapor II (vencedor de Juliano el Apóstata).

Tras la caída de Roma, la política exterior basculó entre el enfrentamiento y la amistad


con Bizancio. Yezdigerdes I fue tutor de Teodosio II por encargo de Arcadio,
manteniéndose la paz tras la firma de un tratado en 421, donde ambos imperios se
comprometían a no edificar nuevas fortalezas en la frontera. La situación de los
cristianos en Persia mejoraba, en detrimento de los zoroastras, pero el enfrentamiento
con los hunos sumió al Imperio Sasánida en una crisis moral y económica a fines del
siglo V, en la que se sucedieron varios emperadores que basculaban entre la
persecución y aceptación del cristianismo. Kavad I, el sacerdote zoroástrico Mazdak
emprendió reformas sociales, como parcelar latifundios a favor de los campesinos
pobres, y disminuir los privilegios a la nobleza. Impuso la comunidad de bienes y
mujeres para todos sus súbditos, utilizó el mazdeísmo para debilitar el poder de la
nobleza, los terratenientes y los sacerdotes, que derivará en un golpe de Estado, pero
los hunos heftalitas le ayudaron a recuperar el trono, y tras una corta guerra en la que
Kavad se apoderó de Armenia, se firmó la paz con Bizancio en el 506, con quién
volvería a enfrentarse por su alianza con los lajmíes. Las reformas de esta época a veces
se atribuyen a Cosroes I.

El gobierno más fructífero fue sin duda el de Cosroes I (531-579), que accedió al trono
tras ejecutar. a sus hermanos, y emprendió una política belicista contra Justiniano,
llevándole a conquistar el Yemen, Siria, y Antioquía en 540. Muchos de los habitantes
fueron deportados a Asiria, y se consiguió arrebatar a Bizancio, el país de los lacios o
colcos (Cáucaso), con la ayuda de los hunos saberios que habitaban el norte de las
montañas. La recuperación de esta región en 562 le supuso a Bizancio el pago de
30.000 monedas de oro anuales. Cosroes, aliándose con los turcos, logró vencer a los
hunos heftalitas y se dedicó a elaborar catastros, reformar los impuestos según la
fertilidad de las tierras, y a favorecer la traducción al persa pahlavi de Homero, Platón y
Aristóteles. La organización de su vasto territorio se basó en la figura de los dehcanes
(caballeros que poseían un poblado), y en familias enteras como colonos en la frontera
(modelo antecesor a los temas bizantinos). Grandes sistemas de irrigación como el
Canal de Nahrawan, sirvieron para extender áreas de cultivo, mediante una enorme
inversión de fondos públicos.

Hormizdas IV (579-590), se enfrentó con la nobleza y sacerdotes por sus medidas para
favorecer a los cristianos. Esto provocó la sublevación del general Bahram, que instauró
al joven Cosroes II para autoproclamarse soberano, refugiándolo en la corte bizantina.
Cuando Mauricio (que le ayudó a recuperar el trono), fue asesinado en Calcedonia en
el 602, Cosroes II se erigió como vengador suyo. Se enfrentó a los turcos para mantener
la paz en el frente norte y se dirigió contra Asia Menor, Siria y Egipto, saqueando
durante 3 días Jerusalén en 614, matando a 50.000 cristianos, y amenazando
Constantinopla en el 620. Solo Heraclio conseguirá controlar su expansión, junto a los
armenios, invadió Azerbaiyán, y en una rápida campaña, venció las tropas sasánidas
ante Nínive y entró en Ctesifonte en 628, donde recuperó la reliquia de la cruz de
Jesucristo, que devolvió a Jerusalén en 630. Cosroes II fue destronado y sustituido por
su hijo, el cual tuvo que firmar una paz humillante, y evacuar Armenia, Siria, Egipto y
parte de Mesopotamia.
El fin del imperio se produjo en una fase de debilitación con la sucesión de 12 reyes en
menos de 5 años. El último rey, Yezdigerdes III, reunió un ejército de 120.000 hombres,
que fue destruido por los árabes en Kadesiya en 637. Los árabes combatientes habían
sido mercenarios persas y conocían bien el sistema de lucha sasánida, por lo que
tomaron Ctesifonte y ocuparon casi todo el país en 644. Yezdigerdes III huyó en busca
de apoyo turco, pero fue asesinado en las cercanías de Merv en 651, y sus territorios
pasaron al califato islámico.

6.2. Organización territorial y administrativa del Imperio Persa.


El Imperio Persa se convirtió en un imperio urbano con una de las maquinarias
administrativas más importantes del mundo. Los emperadores persas refundaron
innumerables ciudades con su nombre, insertando en algunas de ellas en topónimo
Irán, lo que indica una voluntad de revivir la gloria de los arios.

El Imperio se divide en un territorio central: Iran, que corresponde a Persia y unas


tierras circundantes (an-Iran o Iranshahr), como Mesopotamia, Armenia, etc… Desde la
época de Kavad I se hallaba dividida administrativa y militarmente en cuatro regiones
(kust), a cuyo frente había un general (spahbed), con poderes civiles y militares, y un
maestro espiritual o sacerdote zoroastra (rad). Cada distrito contaba con un registro de
cancillería (diván) y una ceca, añadiendo Cosroes I un registro para el ejército. La
delimitación no es fija y depende del periodo y las fuentes que la describen. La
siguiente división era la provincia o distrito (shahr) gobernada por un reyezuelo local o
gobernador nombrado por el emperador (en ambos casos shahrdar), y por un
mowbed, juezsacerdote encargado de los asuntos legales y de propiedad. El distrito se
dividía a su vez en rustags, mancomunidades de pequeños pueblos llamados deh
gobernados por dehcanes. Estos administraban justicia y recaudaban los tributos,
enviándolos mediante un servicio de correos esencial. Determinados territorios
fronterizo constituían las satrapías gobernadas por los sátrapas (Armenia,
Azaerbaiyán). Por último, los territorios pertenecientes al emperador se denominaban
ostan con un ostandar al frente.

Los sacerdotes zoroastras (mow) tenían capacidades judiciales y económicas en las


provincias desde el siglo IV d. C. Se conocen sus funciones gracias a sellos de arcilla
encontrados y la jerarquía de todos los sacerdotes. Existía también el juez y abogado
de los pobres, con competencias sobre fundaciones piadosas destinadas al cuidado de
los pobres. En el palacio la jerarquía iba desde el Rey de Reyes, pasando por el hijo
principal, el primer ministro, los generales del Jurasán y de cada una de las regiones,
seguidos por el Juez entre los jueces, los consejeros de la corte y los quilarcas (mandos
militares).

El ejército estaba compuesto de cuerpos de caballería e infantería, y disponía de


elefantes, para facilitar la acción a los arqueros. Había cuatro subdivisiones provinciales
del ejército, comandadas cada una de ellas por un general en jefe (Iran spahbed).

Organización del Imperio Persa Sasánida: (1) Gran visir (vuzurg-framadliar): persona de
confianza del shahanshah (rey de reyes), a quien sustituía cuando se hallaba de viaje o
en la guerra; podía tener tropas a sus órdenes y negociar con países vecinos. (2)
General en jefe (eran-spahbadh): jefe del ejército, compuesto de cuerpos de caballería
e infantería. En la retaguardia disponía de elefantes para facilitar la actuación de los
arqueros, que disparaban las flecha desde los palanquines con mayor visibilidad del
campo enemigo. (3) Secretario de Estado (dibherán): de noble cuna, cultos y auténticos
diplomáticos, organizados en secretarías y ministerios de los que dependían los
funcionarios subalternos: Secretaría de Justicia + Secretaría de Hacienda, a cuyo cargo
estaban los perceptores de impuestos + Ministerio del Tesoro del Rey, cuidaba de los
dominios reales, y sus regalías, como las minas de oro de Farangion, el botín de guerra
y las aduanas + Oficina de las Caballerizas Reales + Secretaría de las Rentas de los
Templos del Fuego, para asuntos relacionados con el zoroastrismo + Ministerio de
Obras Pías.

6.3. La vida económica.


Las tierras del Imperio sasánida se dividían en tierras propiedad del Estado, tierras de
fundaciones pertenecientes normalmente a los templos, tierras de propiedad colectiva
y tierras de fundaciones piadosas. A menudo se utilizaba mano de obra esclava en las
tierras del estado y de los propietarios colectivos, incluyendo las comunidades de
judíos y monasterios cristianos. Los canales de riego pertenecían al Estado y a menudo
surguian pleitos por su uso. Las provincias más fértiles eran Juzestán e Irak,
cultivándose caña de azúcar, arroz y hortalizas, y en Susania se practicaba el cultivo
intensivo, dedicándose al pastoreo las tierras altas.

La importante urbanización de Persia favoreció el desarrollo de los oficios urbanos


(textil, vidrio y metal), lo que favoreció en gran manera el comercio, junto a su
situación intermedia entre Bizancio y Europa por un lado y Oriente por otro. También
fabricaba orfebrería, cerámica y cosméticos, así como las famosas alfombras persas.
Importantes capitales comerciales fueron Ctesifonte, Hamadan y Siraf, así como las
capitales portuarias de Firuzabad, Shiraz y Ormuz, desde donde se aseguraban el
comercio marítimo hacia Sri Lanka (caballos) y Malasia (donde tenían colonias de
mercaderes), así como a la India y Zanzíbar. También se aseguraron el monopolio del
comercio de la Seda con China, superando a los etíopes.

En cuanto al transporte terrestre, Persia ocupaba un lugar central en la ruta de la seda,


estableciéndose talleres en diversos lugares, donde se realizaban diseños más tarde
copiados por musulmanes y egipcios. Los tesorillos de monedas sasánidas del siglo V-VI
encontrados sugieren un tráfico intenso.
Otro importante foco fue el comercio sirio, cuyos productos como el vidrio,
comenzaron a fabricarse en Persia tras la deportación de los sirios a su territorio. Persis
fue la región que concentró el mayor número de intercambios comerciales con todos
los confines del Imperio. El comercio estaba a cargo de comunidades religiosas, y las
transacciones a menudo estaban a cargo de sogdianos, cristianos y judíos, por la escasa
consideración social del comerciante.

Progresivamente se fue abandonando la economía de intercambio comercial por la


monetaria, con la emisión de moneda y estandarización de pesos dirigida por el Estado,
centralizándose en Peris de nuevo. Durante Cosroes II la ceca también proveyó moneda
para pagar a las tropas dirigidas contra el Imperio Romano Oriental. Los dracmas
sasánidas de plata circularon hasta la India, mientras que el patrón oro fue utilizado por
los bizantinos, con sus dinares. Por último, en Persia se producía abundante plata y
acero, que llegó hasta China.

6.4. Las religiones de los persas.


La religión estatal del imperio era la doctrina dualista de Zoroastro, según la cual
Ormuz (dios creador del espíritu y la luz), se halla en pugna con Ahrimán (principal
creador del mundo, espíritu del mal y señor de las tinieblas). Ambos eran hermanos
gemelos, hijos de Zurvan (el tiempo), y su esposa Jovaxizaj. También adoraban al Sol
(Muir, el Mitra de los antiguos), a la Luna, y los elementos de la Naturaleza; Agua
(empleada para la purificación ritual), Tierra (conocida como diosa Nana de los asirios,
Nanaí o Anahita), y el Fuego (al que rendían culto los creyentes). El Avesta, (libro
sagrado de los zoroastras) señalaba 5 clases de fuego, personificado en Adizur (hijo de
Ormuz), a quien convenía aplacar.

También surgió el maniqueísmo (corriente dualista gnóstica que llego a ser religión
universal), que combinó la tradición religiosa mesopotámica de influjos iranios y judíos,
con el reciente fundado cristianismo, extendido por la zona hacia el siglo II. El profeta
Mani o profeta del Dios de la Verdad, nació de una familia noble y religiosa de
Ctesifonte, el cual, tras su primera visión a los 12 años, le fue revelado su misión. En el
año 240 fue denunciado por ramas ortodoxas del zoroastrismo y tuvo que huir a la
India, donde entro en contacto con el budismo. A su regreso a Babilonia gozó del favor
de Sapor I y predico una doctrina sincretista de un ascetismo riguroso, que pronto se
expandió por Siria, Egipto e Irán Oriental, pero fue considerador hereje por los magos y
condenado a muerte en 276.
Según Mani, la lucha entre la luz y la oscuridad se desarrollaría en 3 etapas: (1) En los
orígenes, los reinos de la luz y tinieblas estaban separados y cada uno tenía su propio
soberano, pero una parte del mundo de la luz fue a parar al mundo de las tinieblas,
generándose así el cosmos. (2) El objetivo del proceso histórico es la separación (que
constituye la tercera etapa) de forma que no se puedan volver a mezclar. La Luna crecía
con la luz que llegaba a la Tierra, y el Sol era la puerta del reino de la Luz. (3) Entre las
divinidades de luz aparecía Jesús el Luminoso, que conduciría las almas al Reino de la
luz, y su moral enseñaba 7 preceptos (4 de ellos relativos a la fe, y 3 a la conducta de
los creyentes).

También había importantes minorías cristianas, las cuales eran toleradas salvo en los
recrudecimientos con Constantinopla, como: (1) La Iglesia Nestoriana. (2) La Iglesia
Armenia. (3). La Iglesia Jacobita. (4). La Iglesia Maronita. (5) La Iglesia copta: Demetrio
en el siglo III, su prestigio intelectual se basó en la Escuela de Alejandría, creadora del
gnosticismo. De credo motorista y rompió con el Concilio de Calcedonia, buenas
relaciones con fatimíes pero no ayyubíes. (6) La Iglesia Etíope: cristianismo llega hacia
el 350. Dependiente del patriarcado de Alejandría, el evangelizador fue Frumencio y
todo empezó con la conversión del rey Ezana y su corte. Tardó en extenderse en el
pueblo. Tenían fuertes influencias judías.

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