0% encontró este documento útil (0 votos)
28 vistas7 páginas

Celebrando a Darwin: Evolución y Selección Natural

Cargado por

Ariana Jota
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
28 vistas7 páginas

Celebrando a Darwin: Evolución y Selección Natural

Cargado por

Ariana Jota
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Darwin 200/150.

A propósito del bicentenario del nacimiento del autor y


los 150 años de la edición de su obra más célebre

Publicado el 01/03/200925/03/2020 en El Aromo nº 47

Por Alberto Kornblihtt


Biólogo Molecular. Profesor Titular Facultad de Ciencias. Exactas y Naturales, UBA e Investigador
Superior del CONICET.

Los aniversarios son pretextos para celebrar protagonistas y sus gestas, pero también constituyen
una oportunidad para reafirmar sus ideas y hallazgos. El 200 aniversario del nacimiento de Charles
Darwin, coincidente con el 150 aniversario de la publicación de “El origen de las especies”, merece
sin duda la celebración.

Evolución

Lo verdaderamente revolucionario de Darwin es que al proponer, en base sus observaciones e


investigaciones, el mecanismo de selección natural, reafirmó de manera científica la existencia de
evolución de la vida sobre la Tierra. En efecto, es necesario distinguir los conceptos de evolución y
de selección natural, ya que a menudo son confundidos o tomados como equivalentes. La selección
natural es uno de los mecanismos que operan en la evolución de los seres vivos. Es quizás el más
importante pero no el único. Sin embargo, es la idea de evolución la que produce un salto cuántico
en la concepción que los humanos tenemos del mundo vivo. Los descubrimientos de que los seres
vivos no fueron creados como tales por una fuerza sobrenatural o divina y de que las especies no
son estáticas sino que cambian a lo largo del tiempo están ligados, consciente o inconscientemente,
a una concepción materialista. En efecto, la célula viva es una forma particular de organización de
la materia, está hecha de los mismos átomos y regida por las mismas leyes fundamentales de la
física y de la química que la materia no viva. Las propiedades esenciales de la célula viva son su
capacidad de reproducirse, es decir, de generar nuevas células, y de metabolizar, o sea, de
intercambiar compuestos químicos y energía con el medio que la rodea. Al estar todos los seres
vivos compuestos por células, nuestras capacidades de reproducción son consecuencia de las de
nuestras células y de que nuestro material genético esté constituido por una molécula informativa
capaz de autoduplicarse: el ADN. El ADN está organizado en genes; la información de los genes se
hereda pero ocasionalmente puede cambiar y ese cambio o mutación, generalmente producido al
azar, también se hereda. Dicho esto, decimos hoy que hubo evolución cuando hubo un cambio en
las frecuencias de las variantes de los genes en un grupo de individuos.

El incansable Darwin

Pero Darwin no sabía nada de genes, ni de ADN ni de genética. No obstante no necesitó de ninguna
aproximación molecular ni reduccionista para darse cuenta de la evolución. Le bastó con una
inmensa curiosidad, un rigor observacional envidiable y una escéptica cautela a la hora de
interpretar sus observaciones y plantear hipótesis. Estas características, deseadas y deseables en un
científico, se sumaron a una posición social y económicamente privilegiada en la sociedad victoriana
y a una excelente relación epistolar con los científicos más relevantes de su época, entre los que
destacaría en primer lugar al geólogo Charles Lyell. Es que fueron justamente los geólogos los más
expuestos a la evidencia de evolución que les quemaba los ojos, al descubrir los fósiles de formas
vivientes extintas pero morfológicamente similares a las presentes. Darwin era además un adicto al
trabajo. Ya durante su viaje de 5 años alrededor del mundo en el Beagle, a los 23 años, no paraba
de coleccionar especimenes de plantas y animales, caminar, escalar cerros, cabalgar, escribir y
describir. La lectura del Diario del Viaje es apasionante, en especial para nosotros ya que casi la
mitad del mismo transcurre en tierras argentinas y uruguayas. Por otra parte, si bien es conocido
por El origen… el incansable Darwin escribió decenas de “papers” e hizo muchos aportes específicos
a la biología de su época.
Los contra(r)evolucionarios

Así como el concepto de evolución, y no particularmente sus mecanismos, es a mi criterio lo más


revolucionario, también es lo más atacado. Tanto desde el fundamentalismo religioso como desde
el relativismo cognitivo postmodernista. Desde las religiones se aduce que las pruebas no son
suficientes o, más inteligentemente, que dado que la Teoría de la Evolución es una teoría, puede ser
contrastada con otras teorías, como por ejemplo la de que Dios creó al mundo o que un diseñador
inteligente le confirió el ser humano sus capacidades tan asombrosas. Ni nuestras capacidades son
tan asombrosas ni la Teoría de la Evolución es una teoría más. Se la llama “teoría” por razones
históricas, pero es un conjunto de conocimientos sustentado por una serie muy grande y variada de
observaciones, proveniente de disciplinas muy disímiles como la paleontología, la biogeografía, la
fisiología, anatomía y morfología comparadas, la taxonomía, la ecología, la genética de poblaciones
y la biología molecular. No es una hipótesis a ser comprobada sino un robusto corpus que no ha
podido ser refutado.

Desde el relativismo cognitivo se la acusa, como a todo lo científico, de ser una mera construcción
humana, nuevamente tan válida o incorrecta como cualquier otra; una convención entre varios o
muchos que con anteojeras no quieren o no pueden ver otra cosa; un resultado de la
“intersubjetividad”. Cuídame de los new age, que del creacionismo me cuido solo… Hablando en
serio, para quienes estén dispuestos a juntar paciencia suficiente para responder a ambos ataques
hay suficiente acumulación de pruebas experimentales y observaciones. La evidencia de la evolución
abofetea al biólogo en cada tema que investiga, desde los virus a los grandes mamíferos, de las
bacterias a los bosques de coihues. En el estudio de las etnias humanas, de nuestro pariente cercano
el chimpancé; en el desarrollo y enfermedades como el cáncer y el SIDA y en las estrategias para
curarlas; en los dinosaurios de la Patagonia; en las tortugas y pinzones de las Galápagos; en los
genomas secuenciados de decenas de especies, algunas extinguidas como el mamut y el hombre de
Neandertal. Hay decenas de miles de publicaciones de investigaciones cuyos resultados sólo pueden
ser explicados en el marco de la evolución. Pero lo más importante es que los postulados de la
evolución pudieron y pueden ser puestos a prueba y permitieron y permiten hacer predicciones
verificables, a diferencia de los dogmas o las creencias del creacionismo y los vericuetos idealistas
del postmodernismo. Por supuesto que hay discusiones no resueltas y a veces enfervorizadas sobre
los caminos, modalidades, mecanismos y “tempo” de la evolución. Respecto de este último, por
ejemplo, se discute si los cambios fueron mayormente graduales o abruptos. En otro orden, se
discute si la unidad evolutiva es el gen, el individuo, o la población; si hay características genéticas
definidas que hacen humanos a los humanos. Se discute si hay o no tendencias en la evolución y en
caso de haberlas si se pueden predecir formas futuras. No obstante, podríamos afirmar que no
existen científicos serios en nuestros días, creyentes o no, que desconozcan la evolución o que
cuestionen que el humano es una especie de mamífero resultante, quizás accidental, del mismo
proceso evolutivo que dio origen a otras especies. Aunque no debería recurrir al principio de
autoridad para defender una idea, quisiera mencionar que la revista Nature, probablemente la más
prestigiosa y exigente de las publicaciones científicas, dedicó dos números a celebrar el aniversario
Darwin 200. El más reciente, del 12 de febrero de 2009, titula en su tapa “Todos somos Darwin”.

Selección natural

La selección natural fue descripta por Darwin como la “supervivencia del más apto” o el resultado
de la “lucha por la vida”. El uso de estos términos es a menudo desvirtuado o tergiversado. En la
visión popular el “más apto” es el más fuerte o poderoso, y la “lucha por la vida” es una guerra. Esta
visión belicista fue exacerbada por los medios de difusión estadounidenses durante los años de la
Guerra fría. La realidad es que hoy sabemos que no es así como opera la selección. En forma
simplificada, se puede decir que en una población pueden aparecer individuos con nuevos
caracteres fenotípicos que son el resultado de mutaciones heredables en sus genes. Es lo que
llamamos variabilidad genética. Dicha variabilidad se produce generalmente al azar. Ahora bien, si
aquellos que portan la novedad, dejan más descendientes que quienes no la portan en el ambiente
determinado en que viven, la novedad se irá expandiendo en la población, desplazando
numéricamente a los que no la poseen. Se dice entonces que la mutación que provocó la novedad
tiene valor adaptativo positivo (o aptitud darwiniana positiva). En cambio si la novedad mutacional
hace que quienes la portan dejen menos descendientes, la mutación tiene valor adaptativo negativo
y los portadores tenderán a desaparecer con el tiempo en ese ambiente. Puede ocurrir que la
mutación produzca un fenotipo que sea visible pero que no brinda ni ventajas ni desventajas
reproductivas a sus portadores. Decimos entonces que el valor adaptativo es neutro. El carácter
positivo, negativo o neutro de una mutación depende del ambiente en que se expresa. Si el
ambiente cambia, un carácter negativo puede volverse neutro, por ejemplo. Una mutación
heredable que impidiera a la mujer dar de mamar a sus hijos seguramente tendría valor adaptativo
negativo en el paleolítico, pero neutro en la actualidad. Es el ambiente moderno el que provee
reemplazos a la leche materna que no existían en el paleolítico.

Adaptación

Cuando hay selección positiva o negativa, la población resultante se nos muestra como más
adaptada al medio. Llamamos a esto adaptación. Pero nuevamente, la tendencia natural del
pensamiento no entrenado ve a la adaptación como el motor de la selección y no como su resultado.
Romper con este preconcepto es una de las tareas más arduas y menos satisfactorias de los
biólogos. Nuestro pensamiento es básicamente teleológico y, por lo tanto, nos es más fácil asumir
que el deseo o la necesidad de adaptarse al medio provoca la adaptación, a reconocer que la
variabilidad que es seleccionada por el medio surgió de forma azarosa y que el medio actuó como
un filtro, dando por resultado una población que está adaptada y no que se adaptó. Nuestro
antropocentrismo teleológico nos lleva a desarrollar una hipótesis falsa, narcotizados por la fantasía
lamarckiana. Si hay cucarachas en nuestra cocina y echamos Raid, mueren. Pero al cabo de un
tiempo aparecen nuevas cucarachas resistentes al Raid. La fantasía lamarckiana nos indica que es el
Raid el que provocó las mutaciones que hicieron resistentes a las cucarachas. Pero la realidad es
que las cucarachas genéticamente resistentes pre-existían en bajo número en la población original.
Al echar Raid cambiamos el factor ambiental. Las genéticamente sensibles mueren y la mutación de
resistencia pasa a tener valor adaptativo positivo en el ambiente Raid. El Raid es un agente selector,
no el provocador de la variabilidad. El adaptacionismo es la “enfermedad infantil” de la evolución.
Por un lado, es un error conceptual asignar a la adaptación el rol de motor generador de la
variabilidad, pero por el otro es también incorrecto aseverar que todo lo que observamos en los
seres vivos en el presente ha sido seleccionado, se encuentra adaptado, o en la jerga teleológica,
tiene una función o sirve para algo. Más allá de que en biología las cosas no surgen para sino como
consecuencia de, las mutaciones con valor adaptativo neutro son muy frecuentes y no todo lo que
observamos en el presente tiene función asignable. Nadie expresó mejor este concepto que el
escritor italiano Italo Calvino en su libro Tiempo Cero cuando dijo: “Somos el catálogo de las
posibilidades no fallidas”.
Por otra parte, es importante resaltar que existen mecanismos evolutivos que no son selectivos. Por
ejemplo, la deriva génica puede producir cambios en las frecuencias de genes de una población sin
que el ambiente cumpla ningún papel selectivo. Si hay una catástrofe como una erupción volcánica
en una isla pequeña y de la misma sólo sobreviven unos pocos individuos de una especie, la
población que de ellos resurja tendrá las frecuencias génicas de los pocos sobrevivientes que son
una muestra no representativa de la población original. La nueva población no estará más adaptada
al medio que la anterior a la catástrofe porque el medio no la seleccionó por su aptitud darwiniana.

Evolución humana

Si bien la especie humana no escapa a las fuerzas de la selección natural y a las leyes de la evolución,
su desarrollada capacidad de modificar el medio, su posibilidad de reflexionar sobre su propio
estado consciente y de establecer complejas relaciones sociales la hacen única. Única en su actividad
transformadora de la realidad y transgresora del mandato genético. Si bien nuestros genes son
responsables de un cerebro grande con una corteza desarrollada y del desarrollo de un lenguaje
oral articulado, hay consenso de que nuestras habilidades más sofisticadas son resultado de la
herencia cultural y no genética. Es muy probable que nuestro genoma actual no sea muy distinto
del de los caldeos o los egipcios de hace 5.000 años. Quizás haya registrado algunos cambios si lo
comparamos con el de los albores de nuestra especie hace 200.000 años. Sin embargo la evolución
socio-cultural, cuyos mecanismos nada tienen que ver con los de la biológica, ha logrado, en mucho
menos tiempo, dar forma a nuestros comportamientos individuales y colectivos. Cabe aquí advertir
sobre dos peligros inmanentes al tratar de discriminar entre lo heredado genéticamente y lo
adquirido culturalmente: el determinismo genético y el darwinismo social. El primero exacerba el
papel de lo genético en la determinación de las capacidades intelectuales, el segundo pretende
explicar el comportamiento humano como una simple extensión del comportamiento animal,
desconociendo nuestra capacidad de subvertir el instinto. En ambos abreva el racismo.
Adaptacionismo, creacionismo, determinismo genético, darwinismo social, diseño inteligente,
lamarckismo y teleología son algunas de las categorías comentadas en este sucinto texto, que no se
compadecen con nuestros conocimientos fundamentados sobre la evolución biológica. Su difusión
e incluso aceptación masiva indican que aún tenemos un largo camino por recorrer para desterrar
mitos, falsas concepciones y trivializaciones, tarea que hubiera seguramente apasionado a Darwin,
quien era consciente de que el conocimiento científico es profundamente contraintuitivo.

Disponible en: https://razonyrevolucion.org/darwin-200150-a-propoosito-del-bicentenario-del-


nacimiento-del-autor-y-los-150-anos-de-la-edicion-de-su-obra-mas-celebre/

También podría gustarte