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GENERALIDADES

1.- Control social y Derecho Penal


El Derecho Penal puede ser visto, y conceptualizado, desde una doble perspectiva.
Fuera del ámbito estrictamente jurídico, la sociedad considera al Derecho Penal, más
exactamente a las leyes penales, como un mecanismo de control social y de
represión, conjuntamente con la policía y los jueces. Estos instrumentos se han
vuelto necesarios porque la experiencia de la vida social demuestra que, en
determinados momentos, ciertos individuos incurren en conductas que atentan
gravemente contra los derechos de los demás y que, en general, desconocen las
reglas básicas que rigen la convivencia. Desde épocas muy antiguas, anteriores
inclusive a la organización del estado, tales actos han sido condenados desde el punto
de vista de la religión y de la moral, pero también han sido reprimidos con dureza
por la sociedad. La reiteración de tales conductas atentatorias y de la reacción
represiva consiguiente hicieron surgir normas, que hoy denominamos penales, que
establecían castigos predeterminados a los que quedaban sometidos los
“infractores”. La evolución de la sociedad, la aparición y la consolidación del estado
de derecho y la necesidad de regular cuidadosamente el conjunto de sanciones, para
limitar la actividad represiva a los casos indispensables y evitar las arbitrariedades
del poder, dieron lugar a que este mecanismo de control y represión se regularizara
y formara un sistema de normas que conocemos con el nombre de Derecho Penal.
Derecho Penal subjetivo y objetivo
Desde una perspectiva jurídica, el Derecho Penal podría ser considerado conforme
a la tradicional, aunque muy discutida, doctrina que considera que el Derecho, en
general, debe ser entendido y puede ser examinado desde un doble punto de vista:
subjetivamente, como la facultad o potestad moral inherente a la persona, que le
permite hacer, no hacer o exigir algo de otro; y objetivamente, como la norma
jurídica positiva, a través de la cual se reconoce la facultad de esa persona, se la
regula y limita. Se trata, por lo tanto, de dos conceptos correlativos: el derecho
subjetivo se manifiesta y concreta a través del derecho objetivo.
Tal punto de vista podría también aplicarse al Derecho Penal. Derecho Penal
subjetivo sería la potestad, no de persona alguna, sino del estado, de sancionar a
quienes han ejecutado actos que el propio estado ha calificado como gravemente
atentatorios del orden social y de los derechos de los asociados.
Este derecho subjetivo sería el jus puniendi (derecho de castigar), como lo llaman
los tratadistas, cuyo significado, alcance y justificación plantean los problemas más
complejos y, al mismo tiempo, fundamentales de la ciencia jurídico-penal. Derecho
Penal objetivo sería entonces el conjunto de normas expedidas por el órgano
legislativo del estado, a través de las cuales se regula el ejercicio del jus puniendi,
estableciendo delitos, como presupuesto jurídico esencial, y penas, como su
consecuencia necesaria (Mezger).
También en este caso, el derecho subjetivo se manifiesta en el derecho objetivo, que
además lo regulariza y limita. Modernamente se ha tratado de completar este último
concepto por parte de algunos autores que sostienen que el Derecho Penal no puede
circunscribirse a la tarea que consideran estrecha y limitada de solamente establecer
delitos y penas; es decir intervenir cuando se han producido ya lesiones de los
derechos ajenos.
Piensan que hace falta darle una función adicional: adoptar medidas que tengan por
objeto la prevención de los delitos (Mezger), o diseñar medios de lucha contra la
criminalidad (Mayer). Es decir estos autores consideran que el Derecho Penal, a más
de intervenir cuando ya se ha cometido un delito para imponer la correspondiente
sanción, debe desempeñar por añadidura una labor esencialmente preventiva.
No puede desconocerse ciertamente la importancia que tienen las tareas destinadas
a prevenir la comisión de delitos, pero no está claro, en el actual estado del Derecho,
cuál podría ser el papel específico del Derecho Penal dentro de tales tareas. Algunas
normas que se han dictado en ciertos países (bajo la denominación, por ejemplo, de
medidas de seguridad, aplicables a situaciones predelictuales de peligrosidad) han
sido objeto de severas observaciones, pues abren resquicios a la arbitrariedad, con
grave riesgo del respeto debido a los derechos humanos.
Se trata sin duda de un tema que el Derecho Penal deberá examinar en el futuro con
profundidad y cuidado; y en el cual habrá que determinar claramente si le
corresponde al Derecho formular tales acciones preventivas o, si más bien, son
actividades propias de la gestión político-administrativa del estado. No se debe
perder de vista que el origen del delito es muy complejo, tiene raíces sociales,
económicas, políticas, etc. que el estado debe tratar de corregir a través de las
correspondientes acciones, dentro de las cuales el Derecho Penal tiene un papel muy
reducido.
En definitiva, la consideración de un Derecho Penal subjetivo y de un Derecho Penal
objetivo, aparte las controversias doctrinales sobre tal distinción, nos sirve de punto
de partida para un doble análisis: primero, sobre el problema filosófico-jurídico del
jus puniendi; y, segundo, sobre el contenido de la norma penal positiva, vigente en
una sociedad determinada.

Dogmática penal

También las palabras Derecho Penal se utilizan para referirse a la ciencia que estudia
tanto el jus puniendi (derecho subjetivo) como las normas de derecho positivo u
objetivo, a través de las cuales se ejercita y limita esa potestad. A esta rama del saber
jurídico se la conoce como dogmática penal, que a lo largo del tiempo ha guiado la
evolución del derecho positivo y su aplicación jurisprudencia, rescatando principios
y conceptos y poniendo límites a los intentos de arbitrariedad, irracionalidad e
improvisación que suelen caracterizar en tantas ocasines al poder político, que se
expresa en legisladores y jueces. En definitiva, el Derecho Penal como dogmática
permitirá que se cumple el objetivo del Derecho en general: la realización de la
justicia (Gimbernat Ordeig).
2.- El jus puniendi
Los anarquistas han negado la legitimidad del jus puniendi de una manera
sistemática y absoluta. Si la vida social debe organizarse con prescindencia de toda
autoridad o gobierno, se desecha la existencia misma del estado y, en consecuencia,
su capacidad de sancionar penalmente. Si los únicos vínculos normativos en una
sociedad son los dictados por la conciencia individual y por la solidaridad natural
entre los hombres, no debe haber leyes penales, ni jueces, ni sanciones penales
preestablecidas.
El ser humano nace bueno, afirman los anarquistas, y si se eliminaran las coacciones
que impone la sociedad a través del sistema vigente, no llegaría a delinquir. Y aun
en el caso de que, muy ocasionalmente, ocurriera algún acto gravemente atentatorio
de tales sentimientos de solidaridad, habría que limitarse a esperar la reacción natural
que en forma espontánea se tendría que producir, con características totalmente
distintas a las penas creadas formalmente por las leyes, en las sociedades organizadas
políticamente.
Jiménez de Asúa cita a algunos autores que, en sus obras, han negado el derecho del
estado a sancionar. Tal vez el caso más interesante sea el del escritor ruso León
Tolstoi, un “anarquista cristiano”, que niega el jus puniendi, porque ninguna persona
puede atribuirse la facultad de castigar a otro ser humano: “¿Por qué y con qué
derecho unos pocos hombres se arrogan el poder de encarcelar, castigar, atormentar,
pegar, desterrar y condenar a muerte a sus semejantes, siendo así que ellos no
difieren de aquellos otros que por su orden son castigados, encarcelados y
desterrados?”
Habría que agregar que en la década de los ochenta del siglo pasado ha surgido una
tendencia doctrinaria, la del abolicionismo, encabezada por el profesor holandés
Louk Hulsman, que reclama la supresión total del sistema penal, el mismo que
debería ser reemplazado por mecanismos de distinta naturaleza para solucionar los
casos que actualmente son conocidos por la justicia penal.
La escuela de Kelsen y otros autores, que niegan que existan derechos subjetivos
anteriores al orden jurídico vigente, reconocen de todos modos el jus puniendi.
Kelsen habla de la “pretensión punitiva” del estado, como necesario contrapunto del
deber jurídico, base de su doctrina. Ferri y Manzini califican el jus puniendi como
un atributo de la soberanía estatal; es decir admiten la potestad del estado para
incriminar determinadas conductas y aplicar las penas correspondientes, aunque
rechacen el que esta potestad corresponda a lo que tradicionalmente se ha llamado
un derecho subjetivo.
Así, entonces, con muy contadas excepciones, escuelas y autores de las más diversas
tendencias y de posiciones ideológicas muy distantes entre sí, aceptan el jus
puniendi. Se le dé este nombre u otro, se explique de muy diferentes maneras su
fundamento o razón de ser, se reconoce que a lo largo de la historia el estado se ha
reservado la atribución de sancionar penalmente. Más todavía, se coincide en que,
dado el actual desarrollo de la humanidad y sin tomar en cuenta utopías futuristas,
la sociedad no podría prescindir de un sistema de sanciones especialmente severo
frente a conductas que atentan contra derechos y bienes básicos escogidos y
protegidos por la propia sociedad.
El Derecho Penal permanece entonces como un mecanismo indispensable de defensa
social, que recoge, encausa y limita la reacción instintiva y primitiva de la sociedad,
en la que se entremezclan sentimientos de muy variada clase, frente a hechos injustos
y violentos que lesionan intereses fundamentales de los asociados. En último
término, y en la práctica universal de los pueblos, ésa es la explicación de la
existencia del jus puniendi: al sancionar el estado al delincuente, a través de los
mecanismos legales, se evita que la sociedad reaccione en forma igualmente violenta
e injustificada, poniendo en serio riesgo las condiciones fundamentales de la
coexistencia social, situación que lamentablemente se produce cuando en una
sociedad se desconfía de la eficacia de los órganos oficiales.
3.- El fundamento de la sanción penal
A pesar de lo dicho anteriormente, una encarnizada discusión se ha producido entre
los juristas al momento de determinar el fundamento filosófico-jurídico-moral de la
sanción penal. Están de acuerdo en su existencia, pero esto no es suficiente, pues no
logran coincidir en aspectos directamente relacionados con las funciones del
Derecho Penal. ¿Qué función cumple este Derecho dentro de los objetivos generales
del sistema jurídico? ¿Cuál es su objetivo particular? ¿Por qué el Estado ha
establecido este complicado mecanismo de leyes, sanciones, jueces, tribunales y
cárceles? Las respuestas que se dan, en vez de aclarar el panorama, aumentan la
confusión.
Con grave preocupación, el profesor de Harvard, Lon Fuller, señala: “El Derecho en
los países occidentales demuestra su estado más insatisfactorio en el campo penal.
El Derecho ya parece considerar el castigo como una amenaza tendiente a
amedrentar a otros posibles criminales, ya como un acto ritual de expiación a cargo
del culpable, ya como un instrumento para erradicar al hombre culpable de la
sociedad y proteger a ésta del peligro representado por la repetición de la conducta
delictiva, y, por último, también considera el castigo como un medio para la reforma
social y moral del individuo... Mientras nosotros... no sepamos qué es lo que
realmente deseamos... no lograremos ninguno de estos fines, sino tan sólo una
confusión en que el crimen engendrará más crimen.”
Parecida incoherencia se advierte en dos normas de nuestro Derecho positivo. La
Constitución (Art. 201) sostiene que: "El sistema de rehabilitación social tendrá
como finalidad la rehabilitación integral de las personas sentenciadas penalmente
para reinsertarlas en la sociedad..." En cambio, el Código Penal, al definir en el Art.
1, lo que son las leyes penales, afirma que: "... son todas aquellas que contienen
algún precepto sancionado con la amenaza de una pena".
No faltan penalistas que sostienen que este debate es ajeno al Derecho Penal y que
compete más bien a la Filosofía del Derecho y aun al Derecho Constitucional.
Ciertamente que el asunto tiene en esencia un contenido filosófico, pero no cabe
iniciar una reflexión sobre el Derecho Penal sin plantearse estas cuestiones, aunque
finalmente no sea posible llegar a conclusiones definitivas. Un estudioso del
Derecho Penal tiene necesariamente que pronunciarse sobre algunos interrogantes
que se formula, no sólo el abogado, sino el ciudadano común: ¿por qué el estado
sanciona a los delincuentes? ¿la pena tiene o no un propósito definido? ¿se cumplen
en realidad estos propósitos teóricos en la vida práctica de las sociedades?
Muchas respuestas se han dado a tales preguntas y debido a su naturaleza, no todas
provienen del ámbito jurídico. Trataremos ahora de mostrar el panorama de las
teorías que se han formulado para fundamentar la sanción penal, dividiéndolas en
dos grupos: las llamadas teorías retributivas o absolutas y las teorías preventivas,
utilitarias o relativas. Se encuentran por supuesto posiciones numerosas mixtas o
eclécticas, que en definitiva son las que predominan en la doctrina y en la práctica.
CAUSALISMO
El causalismo en el derecho penal es una teoría que sostiene que la acción
penalmente relevante debe entenderse como un proceso causal que genera un
resultado externo. Según esta postura, el análisis de la responsabilidad penal debe
centrarse en el vínculo entre la conducta del autor y el resultado, entendiendo que el
derecho penal debe sancionar conductas que causen un daño o peligro al bien
jurídico protegido. Es una teoría objetivista porque se enfoca en el nexo causal,
dejando en un segundo plano el análisis de la intención o el aspecto subjetivo del
autor.
Principales características del causalismo:
1. La acción como comportamiento causal: La acción es entendida como un
comportamiento que produce un cambio en el mundo exterior. Si no existe un
nexo causal entre la conducta y el resultado, no puede haber responsabilidad
penal.
2. Estricta relación causa-efecto: La clave de la responsabilidad penal es
establecer un vínculo directo entre la acción del sujeto y el resultado lesivo.
3. División entre lo objetivo y lo subjetivo: Se da un primer plano al análisis
objetivo del nexo causal y se relega a un segundo nivel el análisis de los
aspectos subjetivos como el dolo o la culpa.
Principales expositores del causalismo:
1. Franz von Liszt: Considerado uno de los principales fundadores del
causalismo en el derecho penal. Desarrolló una teoría de la acción penalmente
relevante como una conducta que causa un resultado exterior y modificable.
Para Liszt, el derecho penal debía basarse en un análisis objetivo de la acción
y del resultado.
2. Ernst von Beling: Otro gran defensor del causalismo clásico. Su obra "La
Teoría del Delito" (1906) es fundamental para el desarrollo del causalismo.
Von Beling proponía que el análisis de la responsabilidad penal debía
centrarse en la causalidad objetiva, aunque también integraba aspectos
subjetivos como el dolo y la culpa.
3. Hans Welzel: Aunque Welzel se aparta del causalismo clásico al desarrollar
la teoría finalista de la acción, sus ideas inicialmente estuvieron influenciadas
por el causalismo. Para Welzel, la acción no es solo un hecho causal, sino que
también debe incluir una finalidad consciente. Su teoría finalista crítica al
causalismo por dejar de lado la intencionalidad del autor, pero su obra parte
de la discusión sobre el causalismo.
El causalismo fue la teoría predominante hasta mediados del siglo XX, cuando fue
criticada por corrientes como el finalismo (liderada por Hans Welzel) que resaltaba
la importancia de la intención y el elemento subjetivo del delito.
El finalismo es una corriente doctrinal en el derecho penal que se originó a mediados
del siglo XX y que se caracteriza por centrarse en el concepto de la finalidad de la
conducta humana para determinar la responsabilidad penal. Esta teoría establece que
el análisis de los delitos debe enfocarse en los objetivos o fines que el autor de la
acción tenía en mente al momento de realizarla. Es una evolución de las teorías
causalistas del delito, que se enfocaban en la relación de causa-efecto entre la acción
y el resultado.
Principios clave del finalismo:
1. La acción humana es finalista: Según esta teoría, el comportamiento
humano no es puramente mecánico ni solo causal, sino que está dirigido por
una finalidad, una meta que el autor quiere alcanzar.
2. El dolo y la culpa como elementos subjetivos: El finalismo otorga una gran
relevancia a la intención (dolo) o a la negligencia (culpa) en la acción, dado
que lo importante es el propósito detrás de ella. Es decir, la responsabilidad
penal no se mide solo por lo que ocurrió (el resultado), sino por la
intencionalidad o previsión del sujeto.
3. Separación entre injusto penal y culpabilidad: El análisis del delito bajo el
finalismo distingue entre la conducta antijurídica y la culpabilidad del autor,
lo que permite un enfoque más estructurado del delito.
Principales expositores del finalismo:
1. Hans Welzel (1904-1977): Fue el fundador del finalismo y su principal
exponente. Welzel introdujo el concepto de acción finalista, que sostiene que
las personas actúan con un propósito en mente, y que este propósito debe ser
el foco principal del análisis penal. Según él, la conducta humana es voluntaria
y se dirige hacia un fin determinado, lo que implica que el análisis del dolo
debe ubicarse dentro de la acción finalista. Su obra "El nuevo sistema del
derecho penal" sentó las bases de esta corriente.
2. Claus Roxin: Aunque es más conocido por su teoría de la imputación
objetiva, Roxin es un importante teórico del derecho penal que ha trabajado
sobre la estructura del delito desde una perspectiva que sigue, en parte, las
ideas del finalismo. Roxin desarrolló enfoques complementarios al finalismo,
criticando algunos aspectos y desarrollando nuevas categorías como la teoría
de la imputación.
3. Eduardo Novoa Monreal: En el ámbito latinoamericano, Novoa Monreal es
uno de los autores que ha comentado y desarrollado las ideas finalistas,
aunque su enfoque crítico ha sido más bien hacia la sociología del derecho y
los aspectos político-criminales.
4. Ernst von Beling: Precursor del finalismo, su obra sobre la estructura del
delito influenció a Hans Welzel. Aunque Beling no desarrolló completamente
el finalismo, su análisis de la teoría del delito proporcionó una base sobre la
que Welzel construiría su teoría.
En resumen, el finalismo busca un análisis más profundo y completo del
comportamiento delictivo, centrándose no solo en los aspectos objetivos de la
conducta, sino también en la intención o finalidad que guía la acción.

FUNCIONALISMO
El funcionalismo en derecho penal es una corriente teórica que busca explicar el
sistema penal desde la perspectiva de las funciones que cumple en la sociedad. En
lugar de centrarse únicamente en la legalidad y formalidad de las normas, el
funcionalismo considera el papel que estas desempeñan para lograr ciertos objetivos,
como el mantenimiento del orden social, la protección de bienes jurídicos y la
prevención de delitos. Esta perspectiva contrasta con teorías más tradicionales, como
el normativismo o el positivismo jurídico, que se enfocan en el análisis estricto de
las normas legales.
Existen dos variantes principales del funcionalismo en el derecho penal, cuyas
diferencias se basan en las orientaciones filosóficas de sus expositores:
1. Funcionalismo teleológico (o moderado) de Claus Roxin
Claus Roxin es uno de los principales exponentes del funcionalismo en el derecho
penal. Según su enfoque, el derecho penal debe interpretarse de manera que sirva
para la protección de los bienes jurídicos. Para Roxin, la función del derecho penal
no es solo castigar el delito, sino garantizar la vigencia de los valores sociales y los
bienes jurídicos fundamentales, como la vida, la integridad física, la propiedad, etc.
Principales características:
• La punibilidad debe servir a la protección de bienes jurídicos.
• El derecho penal tiene una función preventiva: evitar daños a esos bienes
jurídicos.
• El análisis de los tipos penales debe realizarse desde una perspectiva de
utilidad social.
Críticas: Algunos consideran que el enfoque de Roxin puede conducir a una
interpretación expansiva del derecho penal, ya que justifica la creación de nuevos
delitos o el endurecimiento de penas con el fin de proteger bienes jurídicos.
2. Funcionalismo sistémico (o radical) de Günther Jakobs
Günther Jakobs desarrolló una versión más radical del funcionalismo, que se conoce
como funcionalismo sistémico. Según Jakobs, el derecho penal no debe centrarse
en la protección de bienes jurídicos, sino en el mantenimiento de la normatividad
social. Para Jakobs, el derecho penal debe garantizar la vigencia del sistema
normativo, es decir, debe actuar cuando alguien pone en peligro la confianza en la
efectividad de las normas jurídicas.
Principales características:
• El derecho penal tiene la función de estabilizar expectativas normativas.
• Lo central es que las normas jurídicas se respeten, más allá de la protección
de bienes específicos.
• Se justifica la intervención penal no solo para castigar delitos que afecten
bienes jurídicos, sino también cuando se pone en riesgo la confianza en el
sistema legal (por ejemplo, crímenes de terrorismo o delitos contra el orden
público).
Críticas: El funcionalismo de Jakobs ha sido criticado por su tendencia a tratar a
ciertos individuos como "enemigos del sistema" y justificar sanciones severas para
asegurar la estabilidad social. Esto plantea preocupaciones sobre los derechos
humanos y el uso del derecho penal como un medio de control social.
Diferencias clave entre Roxin y Jakobs:
• Enfoque de Roxin: Protección de bienes jurídicos fundamentales.
• Enfoque de Jakobs: Mantenimiento del orden y la vigencia de las normas.
• Roxin tiene una perspectiva más humanista, mientras que Jakobs adopta una
visión más tecnocrática del derecho penal.
Contribuciones y críticas:
El funcionalismo ha tenido una gran influencia en la evolución del derecho penal
contemporáneo, especialmente en países europeos y en América Latina. No obstante,
enfrenta críticas que lo acusan de expandir excesivamente la capacidad punitiva del
Estado y de sacrificar garantías fundamentales en aras de la eficacia del sistema.
La corriente dogmática del Código Orgánico Integral Penal (COIP)
ecuatoriano se refiere a los principios y fundamentos teóricos en los que se basa
este cuerpo normativo. Esta corriente se enfoca en proporcionar un marco
interpretativo para la aplicación del derecho penal en Ecuador, tomando en cuenta
aspectos como la proporcionalidad de las penas, la protección de los derechos
fundamentales, y la finalidad preventiva y reeducativa de las sanciones.
Algunos aspectos clave de esta corriente dogmática en el COIP son:
1. Principio de legalidad: Solo se puede castigar conductas que están
previamente tipificadas como delitos en la ley, y con penas también
establecidas de manera clara y precisa.
2. Responsabilidad penal individual: El COIP sigue la idea de que solo las
personas responsables de una acción típica, antijurídica y culpable pueden ser
sancionadas penalmente, descartando la responsabilidad penal colectiva.
3. Proporcionalidad de las penas: Se busca que las sanciones sean
proporcionales al delito cometido, evitando tanto la impunidad como el
exceso punitivo. Esto implica que las penas deben ser justas y equitativas en
relación a la gravedad del delito.
4. Protección de los derechos humanos: El COIP incorpora principios de
derechos humanos tanto en la parte sustantiva como en la procesal. La
prohibición de penas inhumanas o degradantes, y el respeto por la dignidad
humana, son fundamentales.
5. Prevención y resocialización: El COIP adopta una postura no solo punitiva,
sino también de reintegración social del condenado. Las penas no solo buscan
castigar, sino también prevenir la reincidencia y promover la rehabilitación
del infractor.
6. Principio de mínima intervención penal: El derecho penal es considerado
la última ratio (último recurso), es decir, debe intervenir solo cuando otras
ramas del derecho no sean suficientes para resolver un conflicto.
En resumen, la corriente dogmática del COIP ecuatoriano se alinea con principios
contemporáneos del derecho penal, centrándose en la protección de los derechos
fundamentales, la proporcionalidad de las penas y la responsabilidad individual, con
un enfoque preventivo y de resocialización del infractor.
En Ecuador, la teoría del delito sigue las principales corrientes desarrolladas en el
ámbito penal a nivel mundial, principalmente influenciada por doctrinas europeas
(alemana y española) y latinoamericanas. A continuación, describo las principales
corrientes de la teoría del delito que han tenido influencia en el sistema penal
ecuatoriano:
1. Finalismo
El finalismo, desarrollado principalmente por Hans Welzel, ha sido una de las
corrientes más influyentes en la teoría del delito. Según esta corriente, el delito es
una acción finalista, es decir, una conducta dirigida a un fin. En este enfoque, el dolo
(intención) y la culpa son aspectos subjetivos esenciales que deben analizarse desde
el principio, ya que la acción misma está orientada hacia un fin. Esta corriente pone
énfasis en la acción final como base para la estructura del delito.
• Elementos del delito bajo el finalismo:
o Acción (conducta)
o Tipicidad
o Antijuridicidad
o Culpabilidad
2. Causalismo
El causalismo es una corriente que antecede al finalismo y se centra en la relación
de causa-efecto entre la acción y el resultado. Esta teoría fue impulsada por autores
como Franz von Liszt. Desde el punto de vista causalista, la acción es vista como un
fenómeno meramente causal que provoca un resultado, independientemente de la
finalidad del sujeto. La intención o dolo es analizada en un segundo plano, dentro de
la culpabilidad.
• Elementos del delito bajo el causalismo:
o Acción
o Tipicidad
o Antijuridicidad
o Culpabilidad
3. Funcionalismo
El funcionalismo es una corriente más reciente que ha tenido un impacto creciente
en la teoría del delito, especialmente en Ecuador. Desarrollada por autores como
Claus Roxin y Günther Jakobs, el funcionalismo se basa en la idea de que el derecho
penal debe cumplir una función social. El análisis del delito no se enfoca
exclusivamente en los aspectos normativos o finalistas, sino en la función que
cumple la norma jurídica dentro de la sociedad.
Hay dos variantes del funcionalismo:
• Funcionalismo Normativista (Roxin): Centra su atención en la protección
de bienes jurídicos y en la prevención de riesgos.
• Funcionalismo Sistémico (Jakobs): Se enfoca en la función del derecho
penal como un sistema de control social, con el objetivo de mantener la
estabilidad del orden social.
4. Neokantismo
Aunque de menor relevancia en Ecuador, el neokantismo influyó en algunos sectores
académicos y doctrinarios. Desarrollado principalmente en la escuela de
Königsberg, este enfoque pretende aplicar principios kantianos de moralidad y
racionalidad a la teoría del delito, interpretando el derecho penal desde un enfoque
ético y normativo.
5. Garantismo Penal
El garantismo penal, desarrollado por Luigi Ferrajoli, es una corriente de
pensamiento con un fuerte impacto en la doctrina penal latinoamericana, incluyendo
Ecuador. El garantismo se enfoca en la defensa de los derechos fundamentales de
los individuos frente al poder punitivo del Estado. Según esta teoría, el derecho penal
debe garantizar los principios de legalidad, igualdad, y debido proceso, limitando el
uso del castigo penal solo a los casos estrictamente necesarios.
6. Derecho Penal del Enemigo
Aunque esta corriente es bastante controvertida, ha sido discutida en Ecuador en
ciertos contextos, especialmente en relación con el crimen organizado o el
terrorismo. Según esta teoría, propuesta por Günther Jakobs, el derecho penal del
enemigo distingue entre ciudadanos y enemigos del Estado. A los enemigos, se les
aplicaría un derecho penal más severo y restrictivo, en contraposición al derecho
penal para los ciudadanos.
Influencia en el Código Orgánico Integral Penal (COIP)
El Código Orgánico Integral Penal (COIP) ecuatoriano, que rige desde 2014, refleja
una combinación de estas corrientes. Aunque se basa en una estructura más cercana
al finalismo, el COIP también incorpora principios garantistas, buscando equilibrar
la protección de los derechos fundamentales con la represión efectiva del delito.
Además, la noción de protección de bienes jurídicos es central en el COIP, lo que
denota influencias funcionalistas.
Reflexiones Finales
La teoría del delito en Ecuador sigue evolucionando, y las reformas penales tienden
a reflejar un enfoque mixto, integrando elementos del finalismo, funcionalismo y
garantismo, en un esfuerzo por equilibrar la represión del delito con la protección de
los derechos humanos y el mantenimiento del orden social.
Entendiendo las distinciones entre Derecho penal Objetivo y Subjetivo
Derecho penal Objetivo: se refiere al conjunto de normas y disposiciones que regulan la
conducta de las personas en la sociedad, estableciendo qué acciones son consideradas delitos
y cuáles son las consecuencias legales de cometerlos.
Derecho penal Subjetivo: se refiere a los derechos y facultades que tienen las personas para
defenderse en un proceso penal, como el derecho a un juicio justo, a la presunción de
inocencia y a la asistencia legal.
La diferencia principal entre el Derecho penal Objetivo y Subjetivo radica en que el primero
se centra en las normas y la definición de los delitos, mientras que el segundo se enfoca en los
derechos y garantías de las personas que son acusadas de cometer un delito.

CONCEPTO DE ACCIÓN. 
Para Franz Von Liszt: Acción es la modificación voluntaria del mundo exterior perceptible por los
sentidos.
• Elementos de la Acción:
1.- La manifestación de la voluntad entendida como mera voluntariedad o simple inervación
muscular puesto a que solo se requiere constatar que el autor quiso hacer algo. Pero lo que quiso
en realidad hacer se averigua en la culpabilidad.
2.- El resultado.
3.- La relación de causalidad entre la acción humana y el resultado.
El ejemplo del cazador.- Un sujeto dispara en el bosque un arma de fuego y como consecuencia
de la acción muere un campesino que andaba recogiendo bejucos. En el ejemplo hubo
modificación del mundo exterior: Muerte del campesino. Si existe un resultado: Muerte. Si existe
relación de causalidad entre la acción humana de disparar un arma de fuego y dicho resultado
muerte.
Problema del concepto causal de acción:
La acción constituye un fantasma sin sangre, sin contenido. Es un simple impulso, es mera
voluntariedad. Un movimiento del cuerpo que no sea impulsado por ese mínimo de coeficiente
psíquico, por la voluntariedad, no es acción. Así por ejemplo si el sujeto obro como un simple
instrumento como cuando es arrojado por una multitud que lo empuja hacia una vidriera que se
quiebra. Tampoco hay acción cuando la causación de un daño es producto de un ataque de
epilepsia.
Caso de injurias:
No existe modificación del mundo exterior.

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