2.
1 INTERVENCIONES TERAPEUTICAS
Las intervenciones, en sus distintas modalidades, son la forma en la que el psicoterapeuta
procede y acciona en su intercambio con el paciente dentro del tratamiento. Ocupan desde
hace varios años un lugar relevante en los trabajos psicodinámicos. Son así instrumentos
esenciales del proceso terapéutico, herramientas que se constituyen en agentes de cambio.
Ha formado parte de los estudios psicoanalíticos el interés y estudio de qué formas de
intervención pueden resultar más apropiadas para producir el cambio terapéutico, dadas
determinadas condiciones del paciente y de la relación que éste establece con el terapeuta.
VARIABLES INESPECIFICAS VERSUS LAS VARIABLES ESPECIFICAS EN PSICOTERAPIA
A. CORRIENTE DE LAS VARIABLES ESPECIFICAS (MODELO)
Haim Omer en 1989 señala que la corriente específica concibe a la psicoterapia como
departamentalizada en escuelas o sistemas dominantes (p.e. psicoanalítica, conductual,
humanista, cognitiva, etc.). Donde cada una de estas escuelas se adscribe a una teoría de la
patología, del tratamiento a seguir y de los factores de “cura”. Así también a una
metodología para obtener información, un conjunto de técnicas y un grupo profesional de
referencia.
B. CORRIENTE DE LAS VARIABLES INESPECIFICAS
Para Bagladi la no específica pone énfasis en diversos aspectos no específicos, tales como
los concernientes a la relación terapéutica, las expectativas del paciente, la motivación, etc.
Conceptos como estos se vieron enfatizados y fortalecidos entre los años 60 y 90,
estrechando así el rango explicativo de las corrientes específicas en psicoterapia. Ejemplo
(Rogers y la empatía).
VARIABLES INESPECÍFICAS: DEL CONSULTANTE, DEL TERAPEUTA Y DE LA RELACIÓN
1. Variables del consultante.
Han sido definidas como las variables pre-existentes en el consultante que dan cuenta de
los resultados obtenidos en la psicoterapia, y que son las mejores predictoras de resultado
en psicoterapia, específicamente de cambio sintomático y global. Se ha planteado que las
características individuales de quienes consultan serían factores que condicionarían los
resultados terapéuticos, y que los esfuerzos especiales para formar una relación terapéutica
pueden vencer las dificultades encontradas cuando el terapeuta y el consultante difieren
en sus antecedentes.
Krause ha identificado cinco condiciones del consultante, previas al inicio de la psicoterapia,
que resultan relevantes para que se produzca el cambio. Estas condiciones son: (a)
experiencia de los propios límites; (b) aceptación de la necesidad de ayuda; (c)
cuestionamiento de los modelos explicativos personales; (d) transformación de la
conceptualización de los propios problemas y síntomas, y desarrollo de metas para la
terapia; y (e) expectativas del consultante respecto del rol o función del terapeuta, respecto
del propio rol y respecto de la estructura de la relación de ayuda.
1.1 Variables demográficas
Las Variables demográficas corresponden a género, edad y nivel socioeconómico.
En cuanto al género del consultante, la investigación no apoya que se relacione de manera
significativa con el resultado en la psicoterapia. Sin embargo, en ciertas situaciones, es
probable que sea importante considerar el género del terapeuta, por ejemplo, como se ha
observado ocurre en el caso de mujeres víctimas de violación, que pueden sentirse más
cómodas hablando con psicoterapeutas mujeres que con hombres.
En relación a la edad, se plantea que en igualdad de circunstancias los consultantes más
jóvenes han sido considerados como mejores candidatos para la terapia, ya que se supone
que son más flexibles o tienen menos costumbres arraigadas. Sin embargo, la evidencia de
la investigación que apoya dicha afirmación, es débil.
Con respecto a la educación y al nivel socioeconómico, se ha postulado que a mayores años
de educación y mejor nivel socioeconómico del consultante, mayor será la permanencia en
el tratamiento. Por otra parte, Fisher y Cohen señalan que las actitudes hacia la ayuda
profesional tienden a ser más positivas en la medida que el consultante tiene un nivel
educacional superior. Adicionalmente, Banks ha sugerido que puede darse mayor empatia
y autoexploración cuando el terapeuta y el paciente son de la misma raza.
1.2 Creencia y expectativa
La creencia y expectativa acerca de la terapia con las que el consultante llega al tratamiento
pueden influir en los resultados y en la mejoría percibida por los consultantes. Como
plantearon Zalaquett, Krebs y Aninat, las expectativas de los consultantes, sin importar su
clase social, afectan a una serie de aspectos del proceso terapéutico, entre los cuales se
incluyen duración del tratamiento, deserción del consultante y resultados del tratamiento.
Las expectativas que posee el consultante al inicio de la psicoterapia no sólo se refieren al
tratamiento propiamente tal (técnicas, duración, etc.), sino que también involucran
expectativas acerca del terapeuta y creencias en relación a los logros o beneficios que éste
pueda obtener de la atención.
La mayor cantidad de deserciones se da entre la primera y quinta sesión, lo que ha
permitido hipotetizar que cuando los consultantes prevén que el tratamiento excederá sus
expectativas de duración, desertan. Es probable que si los terapeutas conocen las
expectativas con que llegan sus consultantes puedan plantearse objetivos acordes a este
tiempo, con lo que también se vea disminuido el porcentaje de deserciones, se aclaren y
corrijan dudas y creencias del consultante y se incorporen dentro de la planificación de la
psicoterapia las expectativas del consultante. Es así que en la evaluación de los logros
terapéuticos que hacen consultante y terapeuta, también debería haber concordancia.
Zalaquett y cols. señalan que en los consultantes de todos los niveles socioeconómicos, se
observa una mala información y expectativas erradas en relación al proceso y objetivos de
la psicoterapia, pero ello es más agudo en las personas de bajo nivel socioeconómico, donde
las actitudes se manifiestan en un sentimiento de vergüenza ante la necesidad de
tratamiento, y en cuestionar la psicoterapia como solución para problemas personales .
1.3 Disposición personal
Finalmente, en relación a la variable inespecífica disposición Personal, Frances y cols. han
observado que los consultantes que tienen una disposición negativa a la situación de
tratamiento y que se encuentran relativamente intransigentes a los esfuerzos del terapeuta
por establecer la alianza terapéutica, obtienen resultados pobres. Así, la disposición positiva
al tratamiento y al cambio favorecería el logro de resultados exitosos.
La motivación, las expectativas y las necesidades del consultante, son variables relevantes
para el logro de una adecuada complementación y compromiso entre los involucrados en
el proceso terapéutico. Además, debido a que la psicoterapia es idealmente un proceso
voluntario, se ha observado que cuando las personas son forzadas a consultar, ya sea en
forma abierta o sutil, a ser pacientes, rara vez se benefician de la experiencia.
2. Variables del Terapeuta.
Las características del terapeuta interactúan de forma compleja con las características del
consultante, lo que dificulta la discriminación acerca de lo que realmente aporta cada uno
de estos actores al proceso psicoterapéutico. Entre los primeros trabajos empíricos
realizados sobre el tema, se pueden mencionar los de Luborsky y cols., en los que se
comenzó a investigar de forma sistemática el rol del terapeuta.
En este apartado, y como una forma de organizar la revisión de las variables del terapeuta,
utilizaremos la clasificación de las variables del terapeuta elaborada por Winkler y cols., que
considera como aspectos relevantes dentro del quehacer psicoterapéutico la actitud, la
personalidad, las habilidades, el nivel de experiencia, y el bienestar emocional que posea
este especialista.
2.1. Actitud.
Strupp planteó que el terapeuta debe tener una actitud tal que favorezca un clima
terapéutico facilitador del cambio, la que debe incentivar la autoexploración del
consultante, estar basada en respeto, aceptación, comprensión, calidez y ayuda. Implica
hacer esfuerzos deliberados por no criticar, no juzgar, ni reaccionar emocionalmente frente
a las provocaciones, lo que crea un marco y una atmósfera positiva. De este modo, la actitud
de respeto por el consultante constituye la actitud básica que el terapeuta debe mantener.
Esta actitud básica de respeto se relaciona con las posibilidades que tenga el terapeuta de
fuentes de satisfacción y seguridad personal extra-terapéuticas.
De modo específico, Kasija y Oviedo plantean que los consultantes valoran la actitud del
terapeuta como un factor que propicia la mantención de las personas en psicoterapia y
como obstaculizadores del proceso psicoterapéutico la falta de contacto visual, poca
capacidad de escucha, la falta de comprensión y la relación fría y distante, y la relación
asimétrica. Sin embargo, Safran y Muran sugieren que la interacción mutua no implica
necesariamente simetría, y que hay una asimetría en los roles del paciente y el terapeuta
que se debe mantener. Por tanto, la tarea del terapeuta sería mantener un equilibrio entre
actuar de acuerdo con su rol y actuar de una manera expresiva y espontánea que permita
el desarrollo de un vínculo de mutua identificación.
2.2. Habilidades.
Según Brammer, algunas de estas habilidades necesarias corresponden a la capacidad de
entender, escuchar, guiar, reflejar, confrontar, interpretar, informar y resumir. Siendo el
nivel de involucramiento del paciente y su percepción de las habilidades facilitadoras del
terapeuta cuestiones de gran incidencia en la obtención de logros y las creencias acerca del
terapeuta de incidencia en el proceso y tiempo de término.
De modo complementario, autores concluyen que percepciones negativas del terapeuta,
ya sea como menos confiable, menos experto, menos atractivo y menos hábil estarían
asociadas a mayores índices de deserción.
2.3. Personalidad
Bleuer, Crago y Arrizmendi mostraron que la personalidad del terapeuta puede contribuir
en gran medida al cambio y que los psicoterapeutas que poseen una personalidad sana
obtienen mejores resultados terapéuticos. El terapeuta debe poseer una personalidad
madura, evidenciar un alto nivel de autoconocimiento y tener satisfechas sus necesidades
básicas, como características esenciales para lograr resultados terapéuticos positivos.
2.4. Nivel de Experiencia.
La experiencia del terapeuta ha sido una de las variables más estudiadas dentro del ámbito
de investigación de las variables del terapeuta.
Existen estudios en los que se ha encontrado una relación directa entre edad y experiencia
del terapeuta con su estilo comportamental. A mayor edad y experiencia, los terapeutas
tenderían a actuar con más empatia y exploración; conductas que se han encontrado
altamente relacionadas con cambios positivos en los consultantes. La diferencia entre
terapeutas inexpertos y terapeutas experimentados está en que los primeros adoptan sólo
esporádicamente actitudes confrontacionales e interpretativas, y además en que los
segundos presentan mayor tolerancia hacia las expresiones de emociones negativas que los
principiantes.
2.5. Bienestar emocional
Howard, Orlinsky y Trattner plantean que los terapeutas más concientes de sus limitaciones
personales y de su propia responsabilidad emocional hacia sus consultantes, pueden ser
más sensitivos y más capaces de responder terapéuticamente a los problemas emocionales
del paciente.
Jiménez plantea que el nivel de ajuste emocional del terapeuta se relaciona con el éxito
terapéutico, señalando que un terapeuta perturbado puede no sólo impedir el crecimiento
de su paciente, sino también inducir cambios negativos en él. A pesar de esto, un cierto
grado de conflicto psicológico en el terapeuta resultaría positivo para el desarrollo de la
terapia.
3. Variables de la Relación y Alianza Terapéutica.
El concepto de alianza terapéutica, en términos generales, ha sido usado para explicar
la relación existente entre terapeuta y consultante durante el proceso psicoterapéutico,
pudiendo decirse que "la alianza terapéutica es exactamente lo que su nombre implica:
el terapeuta y el consultante trabajan juntos en armonía. En la década del setenta,
Edward Bordin presenta una definición transteórica de este concepto. Este autor sugiere
que la alianza sería una relación consciente que involucra acuerdos y colaboración entre
terapeuta y consultante.
Según Santibáñez, en la relación terapéutica los sentimientos y actitudes de los
participantes, y el cómo éstos se conjugan en el proceso de la psicoterapia serían el
aspecto central de lo que se ha llamado alianza terapéutica. Esta conjugación estaría
necesariamente basada en la confianza y en el compromiso del consultante y el
terapeuta hacia el proceso. En ella, la especificación de los propósitos por parte del
consultante y su motivación a trabajar favorecerían el establecimiento de la alianza, y
consecuentemente, implementarían la posibilidad de resultados positivos en el proceso.
De hecho, la relación terapéutica es uno de los factores que explican un mayor
porcentaje de cambio en los consultantes, éste alcanzaría un 30%. Es por esto que en
la actualidad todas las corrientes psicoterapéuticas confieren a la alianza terapéutica una
importancia especial en la determinación de los cambios que se producen con la
psicoterapia.