DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO B
Invocación al Espíritu Santo:
Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad
para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.
Amén
PRIMERA LECTURA: Sabiduría 7, 7-11
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 90(89), 12-13.14-15.16-17
SEGUNDA LECTURA: Hebreos 4, 12-13
Evangelio Marcos 10, 17-30
1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?
Estudio Bíblico.
Hoy el Señor nos habla a través de la lectura del Evangelio de San
Marcos en su capitulo décimo. Esta primera parte del texto también
está en los otros sinópticos, pero Lucas añade que era un joven (de
donde se llama a este texto el joven rico). Todo comienza con un
hombre que al ver a Jesús, sale corriendo a su encuentro. La fama de
Jesús, se había extendido más allá de la región de Galilea, y era
reconocido como un gran maestro, por lo que podemos suponer que
este hombre había escuchado hablar de él, de sus palabras de sus
obras, y prodigios. Por eso al saber de su presencia sale a su encuentro,
y al encontrarlo se arrodilla, y se postra a sus pies. Esta imagen
seguramente conmovió a Jesús.
“Maestro bueno, que debo hacer para heredar la Vida Eterna”. Lo llama
Maestro bueno, y Jesús le pregunta porque lo llama bueno, siendo que
solo Dios es bueno. Aquí no se trata de una corrección de Jesús, sino
que a través de su pregunta intenta que este hombre lo reconozca como
Dios. Maestros hay muchos, pero Dios hay uno solo. Al llamarlo
Maestro (Rabí), le está considerando como maestro en Israel, y Jesús
responde como un verdadero maestro. Sólo Uno es Bueno y ese es Dios.
(Le está contestando con el texto más importante del Antiguo
Testamento en el libro del Deuteronomio 6,4: “Escucha Israel el Señor
es Uno”).
Volvamos a la pregunta que este hombre realiza a Jesús: “¿Qué debo
hacer para heredar la Vida Eterna?”. Es decir, se presenta a Jesús con
un deseo particular, quiere llegar a la vida eterna y conocer cuales son
los méritos para lograrlo.
Jesús, vuelve a la pregunta cómo un verdadero maestro judío: le dice
“tú conoces los mandamientos”, y se los nombra citando las escrituras
del libro del Éxodo, y del Deuteronomio. La respuesta de este hombre
que escucha atentamente los mandamientos, y reflexiona entorno a su
practica para con ellos, es la siguiente “todo eso lo he cumplido desde
muy joven”. A esto le sigue un profundo sentimiento de Jesús, dice la
Palabra que “lo mira con cariño”, traducciones dicen “lo mira con
amor”. Lo mira con amor porque conoce que este hombre dice la
verdad, no se presume a sí mismo, ni intenta mostrar lo que no es,
simplemente dice la verdad. De la misma manera Jesús ama a los que
practican sus mandamientos y cumplen sus palabras. Ante la magnífica
respuesta de este hombre, que cumple todos los preceptos, pudiéramos
pensar que ya lo ha conseguido todo para llegar al Reino de los cielos,
pero no, aún falta algo más, Jesús le pide un gesto de amor y de
renuncia: “Una cosa te falta: ve, vende cuanto tienes y dáselo a los
pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después sígueme”.
No basta practicar los mandamientos, sino que es necesario estar
dispuesto siempre a un poco más. Jesús no vino para abolir la Ley, es
decir los mandamientos, sino que vino a darle cumplimiento, a
perfeccionarla. Y los mandamientos sólo llegan a su plenitud por medio
del amor, de allí que sin amor de nada sirve cumplir un precepto. La
práctica de los mandamientos llega a su plenitud en el despojo de todo,
para estar libre y poder seguir a Jesús, sin nada que ate a la persona.
Ante los ojos de este hombre, se encuentra el Reino mismo; la persona
de Jesús que lo invita a participar de su presencia celestial, donde
Reina la Alegría, y el Gozo. Y recordemos que es, este mismo hombre
quien desea estar allí, es él quien pregunta cómo alcanzar el cielo. Pero
ante un pedido de Jesús, se escapa, se va, su corazón no esta dispuesto
a un poco más. Dice el texto: “Ante estas palabras, se fue
apesadumbrado y se marchó triste.” Es que no todos los encuentros con
Jesús llenan de Alegría. Pues este hombre quería que Jesús le justificara
su modo de vivir, que aunque había cumplido los mandamientos le
faltaba lo esencial. Se marchó triste.
Este hombre poseía muchas riquezas, y no quiso abandonarlas. Ante la
riqueza terrenal que es superficial, dañina y limitada, Jesús le ofrecía
una riqueza de felicidad eterna que no supo aprovechar. Es interesante
la definición del estado de animo con el cual se retira este hombre rico,
entristecido, y apenado. Estos son los sentimientos comunes de quienes
se “cierran” a la invitación siempre nueva de Jesús que llama a buscar
los bienes eternos.
“Difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas”.
Ante estas palabras de Jesús, sus discípulos se sorprenden, y esto se
debe a que en aquel momento comúnmente se creía que ser rico era un
mérito y un signo de bendición de Dios, y que por lo tanto ser pobre era
alguién olvidado por Dios. Jesús con sus enseñanzas, y especialmente
en las Bienaventuranzas viene a quitar el velo que cubría estas ideas, y
a demostrar su privilegio por los pobres y humildes.
Jesús compara la dificultad de ingresar al Reino de los Cielos para los
ricos, con un camello que debe pasar por el ojo de una aguja. Aquí no
se trata sólo de ricos, sino de todo aquel que no esta dispuesto a
desprenderse de algo. Entrar al cielo requiere renuncias terrenales, y
de todas clases, no sólo materiales.
Para los hombres es imposible entrar en el Reino de los Cielos, pero
para Dios nada es imposible. Entrar al cielo es difícil (porque requiere
esfuerzo); pero no imposible, porque Dios mandó a su Hijo para
rescatarnos.
“Mira, nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido “. Parecería una
respuesta de consuelo de Pedro a Jesús, queriéndole decir pero
nosotros sí nos animamos a un poquito más, y lo hemos dejado todo, no
como este hombre rico. Jesús, entonces, le promete a sus discípulos, es
decir a todo aquel que esté dispuesto a dejarlo “todo”, el ciento por
uno.
Reconstruimos el texto:
1. ¿Qué ocurre cuando Jesús se puso en camino? ¿Quién se acerca a
Jesús y qué actitud toma? ¿Qué hace, y que le pregunta este
hombre a Jesús?
2. ¿Qué le dice Jesús? ¿Qué mandamientos les nombra?
3. ¿Qué dice Jesús que aún le falta? ¿Qué sintió este hombre al
escuchar el pedido de Jesús? ¿Qué hace? ¿Cómo se marcha?
4. ¿Qué dice Jesús a sus discípulos acerca de los ricos? ¿Cómo
reaccionan los discípulos?
5. ¿Qué promete Jesús a quienes lo han dejado todo por El?
2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me dice o nos dice
Dios en el texto?
Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta
Palabra de Salvación:
1. ¿Reconozco a Jesús que camina cerca de mi, y que está más
presente en mi vida y en mi vocación más de lo que puedo
imaginar? ¿Al reconocer a este Jesús amigo, salgo también a su
encuentro como este hombre rico postrándome a sus pies? ¿O
caigo en la tentación de quedarme conforme en la forma de vida
que llevo, y dejo que el Señor siga de largo sin ir a su encuentro?
2. Pienso, si el Señor me leería los mandamientos, ¿que
respondería? ¿En cuales de ellos aún estoy tambaleando? ¿En
cuales me falta mejorar? ¿Realizo exámenes de conciencia?
3. ¿Entiendo de que si respondo con la verdad, Dios me mira a los
ojos con amor?¿Me animo a decirle todo a Dios?
4. ¿Cumplo los mandamientos, pero me falta poner mas amor en lo
que hago? ¿Soy entonces como este hombre rico? ¿Qué me falta a
mí soltar, y desprender? ¿Estoy dispuesto a hacerlo?
3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?
Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos
queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy
distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle
algo al Señor.
Señor, Jesús. Te pido que me fortalezcas internamente para que cada
día, cada hora, cada instante de mi vida, no me mueva otra cosa que
seguirte, otro sueño que trabajar, con otros, porque venga tu Reino
Señor Jesús. Señor, es tiempo de que entres en mí, y me cambies, me
transformes, me modeles, ayudame a dejar lo que me impide seguirte y
así cada día ser un buen discípulo tuyo y responderte mejor al llamado
que tú me haces en mi vida.
Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor.
Añadimos nuestras intenciones de oración y decimos:
Amén.
4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizo o
interiorizamos la Palabra de Dios?
Para el momento de la contemplación podemos repetir varias
veces este versículo del Evangelio para que vaya entrando a
nuestra vida, a nuestro corazón.
Repetimos varias veces esta frase del Evangelio para que vaya entrando
a nuestro corazón:
«Ven y sígueme»
(Versículo 21)
Y así, vamos pidiéndole al Señor ser testigos de la resurrección para
que otros crean.
5.- ACCION: ¿A qué me o nos comprometemos
con Dios?
Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio,
entonces, pues no soy un verdadero cristiano.
En mi persona me comprometo a decirle Sí al proyecto de Dios para
mi vida. Evalúo cuáles son las cosas que de las que debo desprenderme
y soltar, y que dificultan mi relación con Dios. También me desprenderé
de un bien material que aprecie, y lo daré a alguien que tenga
necesidades, o analizaré que tengo que soltar de de lo cual estoy muy
apegado, por ejemplo las palabras altisonantes, la pereza, el uso
prolongado del celular, o lo que yo descubro en mi persona es necesario
soltar …
En el grupo, nos comprometemos a ser una comunidad marcada por la
esperanza en el Reino Celestial. Nos comprometemos a realizar una
actividad para transmitir nuestra esperanza cristiana, de llegar algún
día al Reino Celestial. Haremos alguna obra de caridad por alquien que
lo necesita? ¿de que manera o maneras viviremos esta Palabra?