0% encontró este documento útil (0 votos)
29 vistas3 páginas

Mitos Griegos: Orígenes y Leyendas

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
29 vistas3 páginas

Mitos Griegos: Orígenes y Leyendas

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

El origen del mundo

Al principio, sólo existía el Caos, el vacío abierto, un ser hueco previo a todo.
Entonces, ya sea por sí solos o fuera del vacío sin forma, surgieron otras tres deidades
primordiales: Gea (Tierra), Tártaro (el Inframundo) y Eros (Amor). Una vez que el
Amor estuvo allí, Gea y Caos, dos deidades femeninas, fueron capaces de procrear y
dar forma a todo lo conocido y desconocido en el universo. Este fue el origen del
mundo según la mitología griega.

Eros y Psique
Cuenta la leyenda que hace muchos años había un rey que tenía tres hijas. Las tres
eran bellísimas, pero la belleza de la menor, Psique, era sobrehumana. Hasta tal
punto que de todas partes acudían a admirarla y comenzaban a adorarla como si de
una reencarnación de la diosa Afrodita se tratase.

Os podéis figurar el ataque de celos de la diosa ante la belleza de Psique cuando se


da cuenta de que los hombres estaban abandonando sus altares para ir adorar a una
simple mortal. No se le ocurre mejor idea que pedir a su hijo Eros que
intercediese para poner fin a semejante ofensa.

La idea era que Eros, -al que más tarde, en la mitología romana, conoceremos
como Cupido, ¿os suena?, verdad- le lanzase una de sus flechas que la haría
enamorarse del hombre más horrible y ruin que pudiese existir. Pero como os
podéis figurar la historia le salió fatal a Afrodita. ¿Por qué? Vayamos poco a poco y
veamos primero como era la vida de Psique.

A Psique la belleza no le había traído ninguna felicidad. Los hombres, como ya


hemos dicho antes la idolatraban de mil maneras, pero ninguno osaba pedir su mano y
esto empezaba a preocupar a sus padres quienes ya habían casado a sus dos
hermanas mayores.

Tal era la desesperación que intentando buscar la solución correcta no se les ocurrió
mejor idea que consultar al Oráculo. Pero lejos de encontrar consuelo lo que el
Oráculo predijo fue que Psique se iba a casar en la cumbre de una montaña con
un monstruo venido de otro mundo.
Y como nadie osaba cuestionar las predicciones del Oráculo, Psique aceptó su
destino y sus padres le llevaron hasta la cima de la montaña donde, llorando, la
abandonaron. No os preocupéis que la historia a partir de aquí solo puede mejorar.

Allí se la encontró Céfiro, quien lejos de abandonarla a su suerte, la elevó por los aires
y la depositó en un profundo valle sobre un lecho de verde césped. Psique extenuada
con tantas emociones, se quedó dormida y al despertar se encontró en medio del
jardín de un maravilloso Palacio de indescriptible lujo y belleza. Cuando penetró
en el interior escuchó unas voces que le guiaban y le revelaron que el palacio le
pertenecía y que todos estaban allí para servirla.

El día fue transcurriendo de sorpresa en sorpresa y de maravilla en maravilla. Al


atardecer, Psique sintió una presencia a su lado: era el esposo de quien había
hablado el Oráculo; ella no lo vio, pero no le pareció tan monstruoso como temía. Su
voz era suave y amable y le hacía sentirse muy bien a su lado, pero jamás dejó ver su
rostro y le advirtió que si le veía le perdería para siempre.
Así fueron las cosas a lo largo de las siguientes semanas. Durante el
día Psique permanecía sola en Palacio y por la noche su marido se reunía con ella
y eran muy felices. Pero un día Psique sintió añoranza de su familia y rogó a su
esposo que le dejará ir a visitarlos. Tras muchas suplicas, y pese a advertirle de
todos los peligros que corría con su partida, su marido accedió y pidió a Céfiro que
la llevase a la cumbre de la montaña donde la habían abandonado. Desde allí
Psique caminó a su casa.

Todos la recibieron con gran alegría, pero sus hermanas cuando la vieron tan feliz y
abrieron los maravillosos regalos que les había traído, no pudieron contener la envidia
y no pararon hasta que la pobre Psique les confesó que jamás había visto a su
marido. Os podéis figurar que las maquiavélica y envidiosas hermanas no
descansaron hasta convencer a Psique de la necesidad de descubrir quién era su
marido.
Su plan era el siguiente, Psique debía ocultar una lámpara y durante la noche,
mientras él dormía, prenderla para así ver su rostro.

Y así lo hizo. Psique volvió al palacio en el que vivía con Eros y siguiendo el plan de
sus hermanas descubrió que su marido era un joven de gran belleza.
Emocionada por el descubrimiento le tembló la mano que sostenía la lámpara, dejando
caer una gota de aceite hirviendo sobre su amado. Al sentirse quemado Eros -ese
era el monstruo cruel que tenía por marido y al que se había referido el Oráculo- se
despertó y cumpliendo su amenaza huyó en el acto para no volver jamás.

Sola y desamparada, sin la protección de Eros, Psique se dedicó a errar por el mundo
perseguida por la cólera de Afrodita que seguía indignada ante tanta belleza. Ninguna
divinidad la quiso acoger y finalmente cayó en manos de la diosa que la encerró en su
palacio y le atormentó de todas las maneras posibles. Hasta le hizo descender a los
infiernos en busca de un frasco de agua de Juvencia que debía entregar sin
abrir. La curiosidad pudo nuevamente con Psique y cuando abrió el frasco quedó
sumida en un profundo sueño cual bella durmiente.

Mientras tanto Eros sufría enormemente pues era incapaz de olvidar a


Psique. Cuando supo que estaba sumida en un sueño mágico no lo pudo
soportar más, voló hacia ella y la despertó de un flechazo; después subió al
Olimpo para rogar a Zeus que le permitiese casarse con ella, aunque fuese
mortal. Zeus se compadeció de Eros y otorgó la inmortalidad a Psique haciéndole
comer Ambrosía. Después apaciguó la cólera de Afrodita y ordenó el casamiento
de Eros y Psique, que duraría para siempre.

La boda de los dos enamorados se celebró en el Olimpo con gran regocijo.

Narciso

Narciso era hijo del dios Boecio del río Cefiso y de Liriope, una ninfa acuática. El
famoso vidente Tiresias ya había hecho la predicción de que viviría muchos años,
siempre y cuando no se viese a sí mismo. A los 16 años Narciso era un joven apuesto,
que despertaba la admiración de hombres y mujeres. Su arrogancia era tal que, tal vez
a causa de ello, ignoraba los encantos de los demás. Fue entonces cuando la ninfa
Eco, que imitaba lo que los demás hacían, se enamoró de él. Con su extraña
característica, Eco tendía a permanecer hablando cada vez que Zeus hacía el amor
con alguna ninfa. Narciso rechazó a la pobre Eco, tras lo cual la joven languideció.

Su cuerpo se marchitó y sus huesos se convirtieron en piedra. Sólo su voz permaneció


intacta. Pero no fue la única a la que rechazó y una de las despechadas quiso que el
joven supiese lo que era el sufrimiento ante el amor no correspondido. El deseo se
cumplió cuando un día de verano Narciso descansaba tras la caza junto a un lago de
superficie cristalina que proyectaba su propia imagen, con la que quedó fascinado.
Narciso se acercó al agua y se enamoró de lo que veía, hasta tal punto que dejó de
comer y dormir por el sufrimiento de no poder conseguir a su nuevo amor, pues
cuando se acercaba, la imagen desaparecía.

Obsesionado consigo mismo, Narciso enloqueció, hasta tal punto que la propia Eco se
entristeció al imitar sus lamentos.

El joven murió con el corazón roto e incluso en el reino de los muertos siguió
hechizado por su propia imagen, a la que admiraba en las negras aguas de la laguna
Estigia. Aún hoy se conserva el término «narcisismo» para definir la excesiva
consideración de uno mismo.

La Caja de Pandora
Cuenta la leyenda que, tras haber robado el titán Prometeo el fuego de los dioses para
regalarlo a los hombres y el castigo que Zeus le impuso por tamaña osadía, su
hermano Epimeteo recibió como regalo de los Olímpicos una compañera: Pandora.
Ésta fue dotada con todos los encantos que los dioses podían proporcionarle: Afrodita
le dio la belleza, Hermes la elocuencia, Atenea la sabiduría, Apolo la música...
Cuando Pandora se presentó ante Epimeteo, lo hizo acompañada de otro regalo de
Zeus: una caja cerrada, que bajo ningún concepto debía ser abierta. Epimeteo,
deslumbrado ante la gracia y la belleza de Pandora, ignoró la promesa hecha a su
hermano Prometeo de no aceptar jamás regalo alguno de los dioses olímpicos, pues
eran astutos y traicioneros, y la aceptó como compañera, aceptando al mismo tiempo
la caja que la acompañaba, que escondió en lugar seguro...
Pero la curiosidad pudo con Pandora, y un día que Epimeteo dormía le robó la llave
del lugar donde escondía la caja, y la abrió para espiar su contenido. Al levantar la
tapa, grande fue su desilusión al encontrarla vacía, pero era porque en ese mismo
momento escaparon de ella todas las desgracias y males que podían afectar al
hombre, y se extendieron por el mundo: enfermedades, sufrimiento, guerras, hambre,
envidia, ira... Mas todavía le dio tiempo a vislumbrar en el fondo de la caja algo que
aún no había escapado, y corriendo la cerró. Lo que pudo conservar en el fondo de la
caja fue la Esperanza, que no consiguió escapar. De ese modo fue sellado el destino
de todos los hombres, que a partir de entonces padecieron toda suerte de males...,
pero incluso en medio de los más terribles de ellos, siguen conservando la
Esperanza...

También podría gustarte