DERECHOS HUMANOS: EL DERECHO
INTERNACIONAL Y EL DERECHO NACIONAL
Alumna: Constanza Quintana
Facultad de Derecho
Universidad de Palermo
Actividad: Escribiendo una nota de opinión
El control de convencionalidad es una herramienta jurídica que resulta esencial para
garantizar que las normas nacionales de cada Estado estén alineadas con las obligaciones
derivadas de los tratados internacionales de derechos humanos. Este concepto ha ganado
protagonismo en América del Sur a partir de la jurisprudencia de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos (Corte IDH). En Argentina, el control de convencionalidad ha sido un
tema de debate intenso, especialmente a partir de casos como el de “Fontevecchia y D’Amico
vs. Argentina”, donde se enfrentaron los criterios de la Corte IDH y la Corte Suprema de
Justicia de la Nación (CSJN). Este caso demuestra las tensiones entre la soberanía judicial
nacional y el cumplimiento de los compromisos internacionales en materia de derechos
humanos.
El caso “Fontevecchia y D’Amico vs Argentina” surge a partir de la condena que la
justicia del país le impuso a los periodistas Jorge Fontevecchia y Héctor D’Amico por una
publicación sobre la vida privada del expresidente Carlos Menem. El fallo de los tribunales
nacionales le ordenó a los periodista indemnizar a Menem por daño moral, lo que ellos
consideraron como una violación a su derecho de la libertad de expresión. El caso fue llevado
a la Corte IDH, que en 2011 resolvió que Argentina había violado la Convención Americana
de Derechos Humanos al limitar de manera desproporcionada la libertad de expresión de los
periodistas. En su fallo, la Corte Interamericana ordenó al Estado argentino dejar sin efecto la
sentencia de la justicia nacional que había condenado a los periodistas. En su análisis, la
Corte IDH aplicó el control de convencionalidad, un mecanismo que obliga a los jueces
nacionales a verificar que las leyes internas sean compatibles con la Convención Americana y
con la interpretación que de ella hace la Corte. Esta interpretación es clave, puesto que
establece a la Convención Americana como una norma superior a las leyes nacionales en
materia de derechos humanos.
El fallo de la Corte IDH generó una reacción firme por parte de la CSJN. En 2017, la
Corte Suprema emitió su decisión en el expediente "Ministerio de Relaciones Exteriores y
Culto s/ informe sentencia dictada en el caso 'Fontevecchia y D’Amico vs. Argentina'", donde
sostuvo que la Corte Interamericana no tiene facultades para revocar sentencias de la Corte
Suprema. Este fallo marcó un precedente importante en la jurisprudencia argentina sobre los
límites del control de convencionalidad y la relación entre la justicia nacional y los
organismos internacionales. La CSJN argumentó que, si bien la Argentina ha aceptado la
jurisdicción de la Corte IDH y debe acatar sus decisiones en términos generales, la
Constitución Nacional establece que el máximo tribunal del país es la Corte Suprema. En este
sentido, la Corte Interamericana no tendría la facultad de dejar sin efecto una sentencia de la
Corte Suprema, porque ello implicaría una violación del principio de soberanía judicial. Este
argumento se apoya en la idea de que la jurisdicción internacional no puede subordinarse de
manera directa a los tribunales nacionales en el ejercicio de su función jurisdiccional.
El caso Fontevecchia establece el dilema central en el debate sobre el control de
convencionalidad: ¿Hasta qué punto puede un tribunal internacional interferir en las
decisiones de los tribunales nacionales?. Por un lado, la Corte IDH sostiene que el control de
convencionalidad es una herramienta fundamental para garantizar la protección de los
derechos humanos en los Estados parte de la Convención. Esto implica que los jueces
nacionales deben asegurarse de que sus decisiones no contravengan la Convención y las
interpretaciones de la Corte IDH. Desde esta perspectiva, la Corte Interamericana se presenta
como el último guardián de los derechos humanos, con la autoridad para revisar y corregir las
decisiones judiciales nacionales que vulneren esos derechos.
Por otro lado, la postura de la CSJN en el caso Fontevecchia refleja una preocupación
por la soberanía judicial y el riesgo de que las decisiones nacionales sean constantemente
revisadas y anuladas por un tribunal internacional. Este debate es particularmente relevante
en Argentina, donde la reforma constitucional de 1994 dio a los tratados internacionales de
derechos humanos rango constitucional, pero también reafirmó el papel de la Corte Suprema
como el máximo intérprete de la Constitución.
El conflicto entre la Corte Suprema y la Corte IDH en el fallo plantea una pregunta
para el futuro del control de convencionalidad en Argentina: ¿Es posible conciliar la
obligación del Estado argentino de cumplir con los fallos de la Corte IDH con la soberanía
judicial del país?. En mi opinión, el control de convencionalidad es una herramienta
indispensable para proteger los derechos humanos en un mundo globalizado. Sin embargo, su
aplicación debe ser equilibrada con el respeto por la soberanía judicial de los Estados. En el
caso de Argentina, la CSJN demostró ser la clave en la defensa de los derechos humanos, y
su independencia no debe ser debilitada por la intervención de tribunales internacionales. Al
mismo tiempo, es crucial que la Corte Suprema interprete la Constitución de manera alineada
con los compromisos internacionales de Argentina.
Una posible solución a este dilema sería fortalecer el diálogo entre los tribunales
nacionales y la Corte IDH, fomentando una cooperación judicial que permita cumplir con las
obligaciones internacionales sin debilitar la soberanía judicial. En lugar de ver a la Corte IDH
como una amenaza a su autoridad, los tribunales nacionales podrían utilizar sus fallos como
una guía para mejorar la protección de los derechos humanos a nivel interno.
Es importante destacar que el control de convencionalidad no se trata solo de
obedecer a la Corte IDH, sino de asegurar que los derechos humanos sean efectivamente
protegidos en el ámbito nacional. Para que sea eficaz, es necesario que los jueces nacionales
asuman un rol activo en la aplicación de los estándares internacionales, sin esperar siempre la
intervención de la Corte IDH. Esto implicaría un cambio en la cultura jurídica argentina,
donde los jueces no sólo interpreten la Constitución y las leyes nacionales, sino que también
integren los estándares internacionales en su análisis.
En conclusión, el control de convencionalidad ha sido un avance fundamental en la
protección de los derechos humanos en Argentina, pero su implementación debe ser
cuidadosamente gestionada para evitar conflictos innecesarios entre los tribunales nacionales
e internacionales. El caso Fontevecchia demuestra que aún queda mucho por hacer en este
sentido, pero también ofrece una oportunidad para reflexionar sobre cómo mejorar la relación
entre la justicia argentina y los estándares internacionales de derechos humanos.