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Crecimiento Poblacional en Europa (1500-1800)

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Martes 30, enero, 2018

TEMA 1 LA POBLACIÓN: DEL SISTEMA DEMOGRÁFICO ANTIGUO A LOS INICIOS DE


LA “REVOLUCIÓ DEMOGRÁFICA”

1.1. El crecimiento global de la población europea.

Desde el siglo XVI, la población europea venía experimentando un despegue poblacional, aunque
existen divisiones temporales y territoriales sobre el propio crecimiento. Esto es: la población de
todos los países crece, pero no en la misma escala ni en la misma intensidad, existiendo fuertes
contrastes nacionales, y también regionales. En términos muy generales, podríamos entenderlo
mediante el siguiente esquema:

• Crecimiento generalizado.
Varios “mundos demográficos” a
• Fuertes contrastes temporales.
un mismo tiempo.
• Fuertes contrastes territoriales: nacionales y regionales.

La población europea entre los años 1500 y 1800 (en millones)


Año 1500 Año 1600 Año 1700 Año 1800
Hab. Índice Hab. Índice Hab. Índice Hab. Índice
80.9 100 102.1 126 115 142 175.7 217

El crecimiento en el siglo XVII


En la primera mitad del siglo XVII atendemos a un proceso de estancamiento demográfico,
insistiendo en las fuertes variaciones territoriales, puesto que, por ejemplo, los países del noroeste
seguían encabezando el dinamismo demográfico europeo, lo que tendría relación directa con su
futura economía industrial. Es decir, el crecimiento es mayor y más continuo en los países más
vinculados a las actividades económicas, como los Países Bajos e Inglaterra. En Europa del este, el
crecimiento también había sido importante en términos relativos, esto es, en comparación a sus
anteriores y bajas cifras demográficas. El crecimiento más tenue y ralentizado se produjo en la Europa
meridional: Italia y España, por ejemplo. Con todo, el centro de gravedad demográfica bascula del
Mediterráneo al Atlántico, y las diferencias regionales más acusadas se encontraban en Francia. Ya
en la segunda mitad del siglo XVII, el contexto demográfico es de recuperación, aunque de un modo
muy ligero.
El crecimiento en el siglo XVIII
Al contrario, el siglo XVIII se desarrolla en torno a un
crecimiento pluralizado, concentrando el despegue a
partir de 1740. En la Europa occidental los crecimientos
son amplios en el conjunto del siglo, en un 60 – 70%. Al
tiempo, en la Europa mediterránea son más modestos,
en torno a un 30 – 37%. Mientras que, en la Europa
oriental, el crecimiento en porcentajes superiores al
100% prueba una progresión rápida y exponencial.

1
Por su parte, cabe apuntar que el siglo XVIII nos permite un análisis demográfico mucho más ajustado
gracias a la ampliación del número y tipo de fuentes, y de su fiabilidad. Por ejemplo, en el caso
español se establecen el Catastro de la Ensenada 1 (1749) y el Censo de Florida Blanca 2 (1785 – 1787).
En el caso francés, los intendentes comienzan a realizar averiguaciones demográficas y económicas
con respecto al territorio en el que gobiernan. Además, el nuevo despotismo ilustrado implicaría el
reforzamiento de la administración estatal, que llevaba consigo un proceso de burocratización. Todo
esto se tradujo en el inevitable aumento de la información, y, por tanto, de las fuentes y de su calidad.

1.2. Los factores determinantes del aumento demográfico.

Los factores de este incremento de la población pueden ser de dos tipos: de carácter endógeno y de
carácter exógeno3.
Los factores endógenos, es decir, los que inciden sobre comportamientos demográficos de las
poblaciones que responden a sus propios contextos internos, son los siguientes:
a. La significativa reducción de la mortalidad, especialmente de la catastrófica 4 y la infantil. La
mortalidad catastrófica consistía en la limitación clásica al crecimiento demográfico, que
Malthus había clasificado
dentro los «frenos positivos»
como método de ajuste entre
la población y los medios de
subsistencia. Mas desde el
siglo XVIII se venía
produciendo un descenso muy
importante de ambas como
consecuencia de una serie de
circunstancias:

• Una menor virulencia


de las epidemias
pestíferas, así como de
otras enfermedades
infecciosas (aunque de
menor letalidad) como
la viruela, que afectaba principalmente y con mayor gravedad a los menores de dos
años, o el tifus, con un carácter más local. Esto se debe a una mejoría en la higiene y en
las medidas de prevención, como el establecimiento de cordones sanitarios, que
suponen causas directas de la disminución del contagio.

1 Desde 1749 se realizó, en los 15 000 lugares con que contaba la Corona de Castilla, una minuciosa averiguación a gran escala de sus habitantes,
propiedades territoriales, edificios, ganados, oficios, rentas, incluyendo los censos; incluso de las características geográficas de cada población. Fue
ordenada por el rey Fernando VI a propuesta de su ministro el marqués de la Ensenada y recibe hoy el nombre de Catastro de Ensenada.
2 El Censo de Floridablanca fue un documento censal elaborado en España bajo la dirección del conde del mismo nombre, ministro de Carlos III; es

considerado como el primer censo español de población elaborado siguiendo técnicas estadísticas modernas.
3 NO LOS EXPLICÓ.
4 La mortalidad catastrófica es aquella en que el número de defunciones excede lo habitual. Es producida por algún hecho excepcional, sea una
2
epidemia, una guerra o una devastación natural (terremoto, erupción volcánica, etc). Repercute sobre todos los niveles de la población, y no solo sobre
los más expuestos, como es el caso de los ancianos. Sus consecuencias económicas y sociales son muy notables.
• Una menor incidencia de las crisis de
subsistencia como consecuencia de los
progresos en infraestructuras de
transportes y medios de circulación
(“Revolución de los Transportes”),
abaratando así los costes de importación
de alimentos ante la carestía nacional. Así
como de la mejora agrícola (“Revolución
Agrícola”) que aumenta los rendimientos
y prospera las técnicas agrícolas,
aportando también nuevos cultivos como el maíz en el siglo XVII, o la patata en el siglo
XVIII. Estas “Revoluciones” hoy no son consideradas como tales en su sentido estricto,
mas, su importancia en la modificación del sistema demográfico es innegable. También
influyen la menor sucesión de conflictos armados, y el perfeccionamiento del
mantenimiento militar, que ya no necesita del saqueo para su permanencia.

b. El rejuvenecimiento de las poblaciones europeas y el incremento de la esperanza de vida.


Por ejemplo, en Ginebra, en el siglo XVII la esperanza de vida oscilaba entre los 26 y los 28
años, mientras que en el siglo XVIII, entre los 29 y los 35.

c. La natalidad evoluciona en varias velocidades, aumentando principalmente en las Islas


Británicas (Inglaterra e Irlanda) y en la Europa oriental. En el siglo XVIII también se encuentran
los primeros indicios del control de la natalidad

Miércoles 31, enero, 2018

Además, las causas explicativas de este crecimiento, desde otra perspectiva, pueden ser climáticas,
económicas, políticas, y científicas.
FACTOR ECONÓMICO. La historiografía inglesa es la que más ha avanzado en este sentido. Por
ejemplo, A. Armstrong estudió el crecimiento de la población inglesa a finales del siglo XVIII,
atendiendo a los distintos condados y a sus respectivos rasgos demográficos. Fue así como logró
explicar el crecimiento de los catorce condados ingleses, de los que tres resultaron ser cercanos a la
capital de Londres. Y el resto de los que habían crecido se caracterizaban por actividades muy
concretas como la minería o la industria, junto a una cierta revitalización comercial y a su capacidad
de atracción de flujos migratorios.
FACTOR CLIMÁTICO. La conocida como la «Pequeña Edad de Hielo» o «Pequeña Edad Glacial» había
sido una de las causantes de la ya mencionada crisis del siglo XVII; tesis que la Nueva Historia
Ecológica viene revitalizando desde los últimos años. Pero en el siglo XVIII Europa atiende a una
mejora climática que le será favorable económica y demográficamente.
FACTOR CIENTÍFICO. El concepto de “Revolución científica” explicar el surgimiento de la Ciencia
Moderna, asociada principalmente con los siglos XVI y XVII. De acuerdo con la mayoría de las
versiones, la revolución científica se inició en Europa hacia el final de la época del Renacimiento y
continuó a través del siglo XVIII, influyendo en la Ilustración. Esto influye directamente sobre los
avances médicos, su práctica, su enseñanza, la higiene, las vacunas, etc. Por ejemplo, la vacuna contra
la viruela, aunque había llegado bastante tarde, a finales del siglo XVIII, redujo increíblemente las
cifras de mortalidad infantil. Además, esto no habría sido posible sin el avance contra las

3
supersticiones, obstaculizando en conjunto la expansión de la peste y de otras enfermedades infecto
– contagiosas.
FACTOR POLÍTICO. O también factor de Gobierno, influye en el crecimiento demográfico a través de
dos vías: la planificación urbanística y la política poblacionista.
a) La planificación urbanística, aunque más bien concebida pensando en la prevención de la
propagación de incendios, medió también en la batalla contra las epidemias. Se manifestó en
la creación de espacios verdes, calles amplias y avenidas, y en un crecimiento ciertamente
ordenado.
b) La política poblacionista se presentó principalmente en la entrega de incentivos a las familias
numerosas; pues la Fisiocracia concebía el aumento demográfico como una de las bases de la
prosperidad de las naciones.

En definitiva, que no se trata de un crecimiento constante ni homogéneo, sino que es resultado de


un movimiento demográfico fluctuante.

El debate: ¿es verdaderamente una revolución? ¿es un cambio permanente, irreversible? ¿o simplemente
una mutación, avance, o transición del modelo demográfico? Los estudiosos coinciden únicamente en que
durante el siglo XVIII el crecimiento demográfico ya no tiene marcha atrás, y ya no precisa de una catástrofe
«equilibradora» de la población. La mayoría lo tildan de «transición», y no de «revolución».

1.3. Los avances del proceso urbanizador: el desenvolvimiento de las primeras metrópolis y el
crecimiento de las pequeñas ciudades.

¿A qué denominamos ciudad en el régimen demográfico antiguo? Generalmente, se entiende que


para que un emplazamiento fuese categorizado como ciudad, debía superar los 10.000 habitantes.
Sin embargo, otros autores como Paul Bairoch, estimaron la cifra de habitantes en 5.000; pues
también existían regiones que, aunque con menor suma de ciudadanos, poseían densidades
superiores que otras grandes ciudades.
En el siglo XVIII se había experimentado un importante aumento de la población urbana europea: la
cifra de habitantes se agregó en 5 millones, pasando de 17 a 22 millones de ciudadanos urbanos en
la totalidad de Europa.
NÚMERO DE CIUDADES EUROPEAS ENTRE 1500 Y 1750
Año 1500 Año 1700 Año 1750
Alemania 7–9 8 – 11 8 – 10
Inglaterra 7–9 13 – 16 17 – 19
Austria – Hungría 5–8 5–8 6–7
Balcanes 7 – 11 7 – 12 7 – 12
Bélgica 30 – 45 26 – 35 18 – 22
España 10 – 16 12 – 17 12 – 18
Francia 9 – 12 11 – 15 12 – 16
Italia 15 – 20 14 – 19 15 – 20
Países Bajos 20 – 26 38 – 49 33 – 41
Portugal 11 – 13 18 – 23 13 – 15
etc.

4
Pero para entender el crecimiento de las ciudades y el proceso de urbanización no solo debemos
atender a su número de habitantes, sino también, entre otras cosas, a la relación e interrelación
entre los núcleos urbanos, ya la huella que dejan en el conjunto del entorno.
Las ciudades con el crecimiento más rápido se desarrollan en tres periodos entre 1500 y 1800:

CIUDADES QUE COMO MÍNIMO DOBLAN SU POBLACIÓN DURANTE EL INTERVALO:


1500 – 1600 1600 – 1750 1750 – 1800

Ámsterdam Ámsterdam Glasgow


Berlín Berlín Liverpool
Londres Lisboa Barcelona
Madrid Madrid Bath
París París Belfast
Turín Turín Birgmingham
Ausburgo Brest Dundee
Burdeos Bristol Graz
Catania Cádiz Hull
Danzig Clermont – Ferrand Leeds
Haarlem Copenhague Limerick
Hamburgo Corn Magdeburgo
Lecce Dresde Manchester
Lisboa Dublín Nottingham
Mesina Glasgow Portsmouth
Middelburg La Haya Sunderland
Sevilla Leiziping Varsovia
Könisberg
Lieja
Liverpool
Liorna
Lyon
Málaga
Nancy
Nantes
Newcastle

Si prestamos atención al cuadro anterior, podemos observar que en las dos primeras etapas se
mantiene el crecimiento de las principales ciudades europeas, aquéllas con una trayectoria
consolidada (Ámsterdam, Berlín, Lisboa, Madrid, París y Turín); si bien también se incorporan otras
nuevas en la segunda de las fases (Copenhague, Dresde, Cádiz, Dublín, Lyon, etc.). Esto se debe a que
entre un periodo y el otro los factores y procesos urbanizadores son muy similares. La fuente de este
abrumador crecimiento se debe, principalmente al factor capitalidad, es decir, por decisión política.
Pero no podemos olvidar el factor comercial, especialmente marítimo y en relación con la existencia
de puertos urbanos, como era el caso de Ámsterdam, Lisboa, o Sevilla, por ejemplo. Sin embargo, a
partir de 1750, el cambio se evidencia, manteniendo únicamente la duplicación de la población de
Glasgow (Escocia) y Liverpool (Inglaterra). A esto lo llamamos la «Nueva urbanización», cuando
cobran el relevo ciudades menores en las que el factor capitalidad ya no es decisivo para la

5
progresión, salvo la excepción de Varsovia. Ahora las ciudades gozan de una nueva economía que se
alimenta en gran medida de la industria, principalmente textil y minera que tiende a surgir en
condados rurales primordialmente en Inglaterra y Escocia. Sin duda, esta transición económica es
inherente a los inicios de la I Revolución Industrial que se originará en el noroeste europeo en el siglo
XVIII. Y la política desarrollada por el despotismo ilustrado ayudaría a explicar este proceso.
Las cinco ciudades más grandes del siglo XVIII, por orden, son las siguientes:
1º. Londres. 4º. Viena.
2º. París. 5º. San Petesburgo.
3º. Nápoles.

Otro factor determinante en el crecimiento de las zonas urbanas, en ambos los tres periodos serían,
como factor exógeno, las corrientes migratorias, mucho más relevantes en el siglo XVII, pues durante
el XVIII, aunque también poseían capacidad de atracción, las ciudades habían adquirido una mayor
aptitud para crecer por sí mismas.
De todos modos, los contrastes nacionales seguirían siendo evidentes en la cuestión urbana; pues
Flandes concentraba un 50% de las ciudades europeas, mientras que Francia y Rusia un 20% y un 4%
respectivamente.

1.4. Los movimientos migratorios.

Las migraciones consisten en desplazamientos de población que se producen desde un lugar de


origen a otro destino y llevan consigo un cambio de residencia habitual. Sus causas pueden ser
económicas, religiosas, política y/o bélicas; aunque también tienden a estar relacionadas con la
tradición o las aspiraciones individuales. Su distancia puede ser corta, media, larga o ultramarina. Su
duración puede ser estacional, temporal, plurianual o definitiva.
Desde el siglo XVII, y más claramente en el siglo XVIII, podemos distinguir los siguientes tipos de
migraciones según su causa primera: por razones económicas, por expatriación, y por repoblación.

• Por razones económicas: éxodo rural, migraciones estacionales, servicios domésticos,


aprendizaje de oficios, etc. El caso del éxodo rural se encuentra vinculado a la mejora agrícola
en el sentido en que ahora su germen no es la pobreza, sino las oportunidades, la aspiración
de progreso económico o profesional que, evidentemente, se encuentra en las ciudades. Es
decir, que el hecho de que la vida campesina también tiende a prosperar, la vida en la ciudad
ofrece expectativas sobresalientes. También debemos aludir al salto a las Américas como
nueva corriente migratoria.
• Por expatriación forzosa, como fue el caso de los hugotones5 en 1685, o el de los
anabaptistas6 menonitas o «Amish» de Alemania del Palatinado, que se en obligados a
emigrar a Pensilvania en 1783 huyendo de la discriminación religiosa.
• Por repoblación impulsada por los gobiernos. Consistió en una práctica muy habitual de las
grandes monarquías del despotismo ilustrado. Fueron destacados los casos de Rusia, Prusia
o Hungría. En el caso español, por ejemplo, es señalada la repoblación de Sierra Morena.

5 El término hugonotes es el antiguo nombre otorgado a los protestantes franceses de doctrina calvinista durante las guerras de religión.
6
El anabaptismo es una de las corrientes existentes dentro del protestantismo. El nombre anabaptista se refiere a “rebautizar”o “bautizar de nuevo”.

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