Historia — Capítulo 4: Revolución en el Río de la
Plata.
Durante los siglos XVI y XVII, el Río de la Plata fue una región periférica del Imperio español,
pero adquirió relevancia debido a su ubicación estratégica para el comercio marítimo entre el
Atlántico y el Pacífico. Para protegerla del avance portugués, en 1776 se creó el virreinato del
Río de la Plata, separándolo del virreinato del Perú. Esta medida formó parte de las reformas
borbónicas, que buscaban un mayor control sobre las colonias mediante la creación de nuevos
virreinatos y una administración centralizada. Sin embargo, estas reformas fueron desafiadas
por la invasión británica de Buenos Aires en 1806-1807 y la crisis de la monarquía española en
1808. En 1810, se formó una Junta de gobierno en el Río de la Plata, iniciando un proceso
revolucionario que culminó con la declaración de independencia en 1816, rompiendo
definitivamente con la monarquía española y estableciendo un nuevo orden en las Provincias
Unidas del Río de la Plata.
El virreinato del Río de la Plata a comienzos del siglo XIX.
En Buenos Aires, capital del virreinato del Río de la Plata, el virrey representaba la autoridad
máxima, con todos los funcionarios provinciales subordinados a él. Hacia 1800, el virreinato
contaba con más de 600.000 habitantes, con las provincias del Paraguay y del Alto Perú siendo
las más densamente pobladas. La población estaba distribuida entre zonas rurales y urbanas,
predominando lo rural en la mayoría de las provincias. La composición étnica también era
diversa, variando significativamente entre regiones; por ejemplo, Salta del Tucumán tenía una
alta proporción de indígenas y mestizos, mientras que Buenos Aires tenía más población de
origen español. A principios del siglo XIX, el virreinato se consolidaba como una unidad
administrativa de la Corona, con los cabildos urbanos actuando como centros de poder político
local.
Las invasiones inglesas.
Comparada con otras capitales virreinales como Lima o México, Buenos Aires era una ciudad
modesta, con construcciones bajas y un centro en la Plaza Mayor, donde se ubicaban las
principales instituciones coloniales. En junio de 1806, la tranquilidad de la ciudad fue alterada
por el desembarco de una expedición británica al sur de la ciudad, liderada por el comandante
Home Popham y el brigadier general William Beresford. La defensa del virreinato fue
insuficiente, permitiendo a las tropas británicas capturar la capital, mientras que el virrey Rafael
de Sobremonte huyó a Córdoba. La ocupación británica tenía como objetivo expandir los
mercados para los productos manufacturados de Inglaterra. Sin embargo, la falta de una
reconquista organizada por el virrey y el creciente descontento entre los habitantes llevó a la
formación de milicias voluntarias. Bajo el liderazgo de Santiago de Liniers y Martín de Álzaga,
estas milicias lograron, en agosto, reconquistar Buenos Aires y forzar la rendición de los
británicos.
La defensa de la capital.
Tras su derrota inicial, los británicos enviaron refuerzos desde Inglaterra entre febrero y junio de
1807, capturando Montevideo y avanzando nuevamente hacia Buenos Aires. Liniers y Álzaga
lideraron otra vez la defensa de la capital, ahora con milicias mejor organizadas. El 6 de julio de
1807, lograron una victoria definitiva sobre las fuerzas británicas, que se vieron obligadas a
capitular y retirarse. La victoria fue celebrada con entusiasmo en Buenos Aires, con misas,
desfiles, iluminaciones, bailes y música callejera. Los habitantes y soldados manifestaron un
gran orgullo por defender exitosamente su territorio sin ayuda de la metrópoli.
La crisis de la monarquía y la reacción en el Río de la Plata.
Una de las principales consecuencias de las invasiones inglesas en el Río de la Plata fue la
destitución del virrey Sobremonte en 1807, acusado de no defender adecuadamente la capital.
La presión de las milicias y vecinos llevó a la formación de una Junta de Guerra que suspendió
al virrey, un hecho sin precedentes en la historia colonial. Santiago de Liniers asumió
provisoriamente como virrey, pero la crisis monárquica en España en 1808, donde los reyes
fueron forzados a abdicar por Napoleón, complicó la situación. Liniers se mantuvo leal a
Fernando VII, lo que generó tensiones internas debido a su origen francés. Estas tensiones
llevaron a un intento fallido de formar una junta en Buenos Aires en enero de 1809, liderado por
Martín de Álzaga, que fue sofocado por Liniers con el apoyo de las milicias. Como resultado de
estos eventos, las milicias adquirieron un papel político crucial en la ciudad. Finalmente, en
1809, la Junta Central de Sevilla nombró a Baltasar Hidalgo de Cisneros como nuevo virrey,
reemplazando a Liniers.
La Revolución de Mayo.
A comienzos de 1810, la incertidumbre crecía en el virreinato del Río de la Plata debido a las
noticias de la invasión francesa en España y la disolución de la Junta Central, sustituida por el
Consejo de Regencia en Cádiz. Ante la falta de información clara sobre el destino de Fernando
VII, grupos criollos empezaron a reunirse en secreto para discutir el futuro. La situación llevó a
un clima de creciente agitación, y, presionado por criollos y milicias, el virrey Cisneros convocó
un Cabildo Abierto el 22 de mayo. En este, la mayoría votó por destituir al virrey y formar una
junta de gobierno provisional. Sin embargo, la elección de Cisneros como presidente de la junta
generó un fuerte descontento popular, lo que llevó a manifestaciones en la Plaza de la Victoria.
Finalmente, el 25 de mayo de 1810 se formó la Primera Junta de gobierno, presidida por
Cornelio Saavedra y compuesta por otros ocho miembros, con carácter provisional y jurando
fidelidad a Fernando VII.
La revolución se expande.
Tras su formación, la Primera Junta de gobierno en Buenos Aires envió a las ciudades del
virreinato a elegir representantes y ordenó a las milicias informar y exigir obediencia al nuevo
gobierno. Sin embargo, en Córdoba encontraron resistencia liderada por el exvirrey Santiago
de Liniers, el gobernador Juan Gutiérrez de la Concha y el obispo Rodrigo de Orellana, entre
otros. La Junta reprimió severamente esta oposición, ejecutando a Liniers y a los demás
líderes, excepto al obispo. Aunque muchas ciudades del interior se alinearon con la Junta,
algunas regiones, como el Alto Perú, Paraguay y la Banda Oriental, se opusieron, iniciando una
guerra contra el gobierno revolucionario que duró varios años.
Las divisiones dentro de la dirigencia revolucionaria.
En la segunda mitad de 1810, las ciudades que apoyaron al Gobierno de Buenos Aires
enviaron sus diputados, y para diciembre la mayoría ya estaba en la capital. Sin embargo,
surgieron divisiones dentro de la dirigencia revolucionaria sobre el futuro de la revolución.
Mariano Moreno y sus seguidores defendían una postura radical, proponiendo avanzar
rápidamente hacia la independencia definitiva. Por otro lado, Cornelio Saavedra lideraba a los
moderados, que preferían mantener un gobierno autónomo sin romper aún con España,
esperando los acontecimientos internacionales.
Esta división se reflejó en la Junta Grande, formada en diciembre de 1810, con los siete
miembros restantes de la Primera Junta y nueve nuevos diputados de las ciudades del interior.
Aunque ambas facciones coincidían en no participar en las Cortes Generales reunidas en
Cádiz en septiembre de 1810, consideraban que los derechos de los americanos no eran
equitativos con los de los peninsulares. Las autoridades en España, por su parte, calificaron de
rebeldes e insurgentes a las regiones que rechazaban su autoridad, como Buenos Aires, que
había creado un gobierno autónomo.
Los frentes de la guerra revolucionaria.
La resistencia al gobierno de la Primera Junta se concentró en dos frentes principales: el Alto
Perú al norte y Montevideo y Paraguay al este. En Montevideo, la capital de la Banda Oriental,
las autoridades locales juraron obediencia al Consejo de Regencia y enviaron un diputado a las
Cortes de Cádiz. Tras la destitución del virrey Cisneros a fines de 1810, España intentó enviar a
Francisco de Elío como nuevo virrey, pero Elío no pudo ingresar a la capital y se refugió en
Montevideo, donde fue sitiado por el Gobierno de Buenos Aires y el movimiento insurgente de
José Gervasio Artigas.
El bloqueo de Montevideo impedía el aprovisionamiento de la ciudad, y Elío solicitó ayuda a las
tropas portuguesas en Brasil. Cuando estas tropas avanzaron sobre la Banda Oriental, Elío
negoció un armisticio con Buenos Aires en octubre de 1811. Artigas, excluido de las
negociaciones y temiendo represalias, organizó el éxodo del pueblo oriental, conduciéndolos
hacia Concordia, Argentina.
La campaña del Paraguay.
En 1810, Manuel Belgrano, vocal de la Primera Junta, lideró una campaña militar al Paraguay
para obligar a las autoridades locales a reconocer al nuevo gobierno de Buenos Aires. A pesar
de su falta de experiencia militar, Belgrano fue enviado con la misión de exigir lealtad a la
Junta. Sin embargo, la campaña fracasó con derrotas significativas en las batallas de Paraguarí
y Tacuarí en enero y marzo de 1811, respectivamente, lo que llevó a la retirada de las tropas
patriotas.
Tras estos eventos, un movimiento criollo en Paraguay destituyó al gobernador leal a España y
estableció una junta de gobierno provisional. Sin embargo, esta nueva junta no aceptó la
autoridad de Buenos Aires y Paraguay proclamó su autonomía tanto respecto a Buenos Aires
como a la metrópoli española.
La campaña del norte.
Para lograr la adhesión del Alto Perú al gobierno revolucionario, la Junta de Buenos Aires envió
el Ejército Auxiliar del Perú. Al llegar en 1810, algunas ciudades apoyaron la revolución, y Juan
José Castelli, representante de la Junta, implementó políticas progresistas como la abolición de
la servidumbre indígena y la igualdad de derechos para los indígenas.
Estas reformas alarmaron a los sectores acomodados del Alto Perú, que se beneficiaban de la
explotación indígena en las minas de plata. Como resultado, el Alto Perú se convirtió en un
campo de batalla continuo. El virrey del Perú envió ejércitos para combatir a las tropas
patriotas, que, mal entrenadas y mal equipadas, enfrentaron dificultades en el terreno hostil.
A pesar de algunas victorias notables, como las de Suipacha en noviembre de 1810 y Tucumán
en 1812, las campañas revolucionarias no lograron consolidar el control en el Alto Perú. La
batalla de Huaqui en junio de 1811 fue un fracaso decisivo, donde las tropas patriotas,
compuestas por casi 6000 soldados, fueron derrotadas, marcando un punto crítico en la
pérdida de la región.
Los primeros gobiernos patrios.
A finales de 1810, la Junta Grande, formada por representantes de Buenos Aires y del interior,
enfrentó desafíos significativos como autoridad superior. Primero, tuvo que sostener la guerra
contra los focos de resistencia, lo que demandó una creciente necesidad de soldados y
recursos tanto en Buenos Aires como en las provincias. Además, debió mantener el apoyo al
nuevo orden revolucionario en regiones alejadas del centro de poder.
La Junta también buscó apoyo entre las élites provinciales para consolidar su autoridad,
reemplazando a las antiguas autoridades coloniales. Sin embargo, enfrentó conflictos internos,
especialmente entre los grupos más radicales que exigían la rápida convocatoria de un
congreso para declarar la independencia, y las diferencias sobre cómo organizar y distribuir el
poder, con algunos abogando por un gobierno centralizado y otros por la autonomía de las
ciudades y provincias.
La concentración del poder.
Uno de los principales desafíos de la Junta Grande fue la creciente discordia entre los
representantes de las ciudades del interior y los diputados de Buenos Aires, quienes querían
centralizar el poder en la capital. En un Cabildo Abierto en septiembre de 1811, se decidió
formar un nuevo poder supremo, el primer Triunvirato, compuesto por Feliciano Chiclana, Juan
José Paso, y Manuel de Sarratea. La Junta Grande intentó mantener su influencia al dictar un
Reglamento de División de Poderes, pero finalmente fue suprimida, quedando el poder
concentrado en el Triunvirato.
El descontento pronto emergió, especialmente entre quienes abogaban por declarar la
independencia. En enero de 1812, se creó la Sociedad Patriótica, que se alió con la Logia
Lautaro, una organización secreta liderada por José de San Martín y Carlos María de Alvear.
Estas agrupaciones criticaban al Gobierno por no convocar un congreso general ni acelerar la
ruptura con España. En octubre de 1812, lideraron una rebelión que resultó en la formación del
segundo Triunvirato, compuesto por Nicolás Rodríguez Peña, Antonio Álvarez Jonte, y Juan
José Paso, que convocó al primer Congreso Constituyente en enero de 1813.
La Asamblea de 1813.
La Asamblea del Año XIII, convocada como el primer Congreso Constituyente de las Provincias
Unidas del Río de la Plata, tenía el objetivo de sancionar una constitución y consolidar un
gobierno federal. Sin embargo, las profundas divisiones entre los representantes,
especialmente entre los centralistas porteños y los enviados por Artigas desde la Banda
Oriental, impidieron la participación de estos últimos y bloquearon cualquier avance significativo
en la creación de las Provincias Unidas.
Aunque la Asamblea no logró aprobar una constitución, sí tomó importantes medidas, como la
abolición del tributo indígena, la libertad de culto, la libertad de vientres, la libertad de prensa, y
la eliminación de los títulos de nobleza y la tortura. Además, instituyó símbolos nacionales
como el Himno, el escudo, y la escarapela.
No obstante, las dificultades en los frentes de guerra, las tensiones internas y la restauración
de Fernando VII en España erosionaron el impulso inicial de la Asamblea. Finalmente, en enero
de 1814, se decidió centralizar el Poder Ejecutivo en un Directorio, encabezado por Gervasio
Posadas como director supremo.
El frente oriental.
El frente oriental, con Montevideo como bastión realista, fue escenario de intensa resistencia
durante las primeras etapas de la revolución. A pesar de los esfuerzos de las fuerzas
revolucionarias, la ciudad resistió dos sitios importantes. El primer sitio, que tuvo lugar entre
mayo y octubre de 1811, concluyó con un armisticio entre el virrey Elío y el Gobierno de Buenos
Aires, pero la tregua fue breve.
En 1812, comenzó el segundo sitio de Montevideo, con la participación conjunta de las tropas
de Buenos Aires y las fuerzas rurales lideradas por José Gervasio Artigas. Debido a la escasez
de alimentos y recursos, los realistas intentaron incursionar en los ríos interiores para
abastecerse. En una de estas incursiones, en febrero de 1813, se enfrentaron con el
Regimiento de Granaderos a Caballo, organizado y comandado por José de San Martín. La
breve batalla de San Lorenzo resultó en una victoria para las fuerzas patriotas.
El proyecto artiguista.
El proyecto artiguista reflejó la creciente tensión entre el movimiento liderado por José Gervasio
Artigas en la Banda Oriental y el Gobierno centralista de Buenos Aires. Inicialmente, Artigas
apoyó la Asamblea Constituyente de 1813, pero bajo la condición de que se reconociera la
autonomía provincial en una confederación con amplias atribuciones. La Asamblea, dominada
por los centralistas, rechazó estas propuestas, lo que deterioró aún más las relaciones.
En 1814, Artigas, quien había expandido su influencia a varias provincias, abandonó el sitio de
Montevideo, dejando al Gobierno de Buenos Aires solo en ese frente. En respuesta, el
Directorio lo declaró enemigo y traidor. Así, la guerra se dividió en dos frentes: uno contra los
realistas y otro interno contra la disidencia artiguista. Mientras tanto, Buenos Aires comenzó a
negociar una tregua con Montevideo y organizó una pequeña flota bajo el mando de Guillermo
Brown para enfrentar el poder naval realista en el Río de la Plata.
La caída de Montevideo.
La caída de Montevideo marcó un punto crucial en la lucha entre los patriotas y los realistas.
Las negociaciones para una tregua entre Buenos Aires y Montevideo fracasaron, y la marina
española fue derrotada por la escuadra al mando del almirante Guillermo Brown.
Posteriormente, el general Alvear avanzó sobre la ciudad, que capituló el 20 de junio de 1814,
permitiendo la entrada del ejército patriota.
A pesar de esta victoria, la situación seguía siendo tensa. El frente norte había sufrido derrotas,
el rey Fernando VII había sido restaurado y preparaba una expedición para sofocar la
revolución en el Río de la Plata. Simultáneamente, las tensiones entre Buenos Aires y el
movimiento artiguista se intensificaron. Artigas, junto con las provincias del litoral, formó el
Sistema de los Pueblos Libres, oponiéndose al gobierno central. Tras enfrentamientos en el
arroyo Guayabos, Buenos Aires intentó negociar sin éxito con los artiguistas. Finalmente,
Montevideo fue entregada a los artiguistas, mientras se confirmaba que la expedición de Morillo
se dirigía a Venezuela y Nueva Granada, lo que temporalmente alivió la preocupación en el Río
de la Plata.
El año 1815 y los dilemas de la revolución.
En 1815, la Revolución del Río de la Plata enfrentó dilemas cruciales. Gervasio Posadas
renunció como director supremo, siendo reemplazado por Carlos de Alvear. El gobierno central
de Buenos Aires se encontraba cada vez más aislado, con un Congreso Constituyente inactivo
y un creciente descontento tanto en las provincias como en la capital. Alvear fue acusado de
ejercer un gobierno despótico, tomando decisiones con un pequeño grupo de allegados.
Este ambiente de oposición culminó en abril de 1815 con una sublevación militar liderada por el
coronel Ignacio Álvarez Thomas y una rebelión popular en Buenos Aires. Estos eventos
forzaron la renuncia de Alvear, disolvieron la Asamblea Constituyente, y llevaron al Cabildo de
Buenos Aires a formar un nuevo gobierno. Álvarez Thomas fue nombrado director supremo, y
se estableció una Junta de Observación encargada de dictar un estatuto provisorio para
organizar el gobierno.
Artigas en la Banda Oriental.
Después de la caída de Alvear, Artigas inicialmente reconoció la autoridad del nuevo director
supremo, Ignacio Álvarez Thomas. Sin embargo, la paz entre ellos fue breve. Un conflicto
estalló debido a una revolución federal en Santa Fe, que se declaró independiente del gobierno
central. Álvarez Thomas no aceptó esta separación y envió tropas para someter la provincia, lo
que llevó a Artigas a romper con el gobierno central en apoyo a los santafecinos.
En la Banda Oriental, Artigas consolidaba su poder. Para revitalizar la economía devastada por
la guerra, promulgó el Reglamento Provisorio para el Fomento de la Campaña de la Banda
Oriental en septiembre de 1815. Este reglamento redistribuía tierras confiscadas o
abandonadas por los realistas, con el objetivo de impulsar el desarrollo rural y beneficiar a los
sectores más desfavorecidos, independientemente de su etnia. Los únicos excluidos de estos
beneficios eran aquellos que habían sido enemigos de la causa revolucionaria.
El Estatuto Provisorio de 1815.
En mayo de 1815, la Junta de Observación de Buenos Aires finalizó el Estatuto Provisorio, un
documento clave para la organización del gobierno de las Provincias Unidas. Este estatuto
ordenaba la convocatoria de un nuevo Congreso Constituyente en Tucumán y extendía el
sistema electoral a niveles más amplios de la sociedad.
El Estatuto Provisorio introdujo dos grandes innovaciones en el sistema electoral:
1. Ampliación del derecho al voto: Se permitió a los hombres de las zonas rurales votar, algo
que antes estaba restringido solo a los habitantes de las ciudades. Además, el derecho de
sufragio se limitaba a varones con la calidad de "vecinos" que demostraban lealtad a la
revolución.
2. Representación proporcional: La cantidad de diputados que representaban a cada
jurisdicción territorial en el Congreso Constituyente se ajustaría según la población de esa
zona. Esto contrastaba con la Asamblea de 1813, donde el número de diputados no reflejaba el
tamaño de la población, favoreciendo a Buenos Aires y otras ciudades principales.
Este estatuto marcó un avance significativo en la democratización y la organización del poder
en las Provincias Unidas, aunque también reflejaba las tensiones entre los intereses
centralistas y federales.
La situación del Ejército del Norte.
En 1814, el Directorio nombró a José de San Martín como nuevo líder del Ejército del Norte,
que estaba en crisis tras varias derrotas. San Martín, al ver la imposibilidad de avanzar por el
Alto Perú debido a la superioridad realista, ideó una estrategia alternativa: marchar por la
cordillera de los Andes hacia Chile y desde allí atacar Perú por el Pacífico. También fue
designado gobernador de Cuyo, donde empezó a preparar su ejército.
La situación en el norte continuó deteriorándose, evidenciada por la derrota en la batalla de
Sipe-Sipe en 1815, que llevó al retiro definitivo de las tropas rioplatenses del Alto Perú. Las
únicas fuerzas patriotas restantes en la región eran guerrillas indígenas dirigidas por mestizos o
criollos.
La defensa de la frontera norte quedó a cargo de Martín de Güemes, elegido gobernador de
Salta en 1815. Güemes, un líder militar y comandante de un movimiento rural compuesto por
gauchos y campesinos, defendió eficazmente la región contra las incursiones realistas.
El Congreso de Tucumán.
El Congreso de Tucumán se abrió el 24 de marzo de 1816, con la participación de
representantes de Buenos Aires, Tucumán, San Luis, Catamarca, La Rioja, Mendoza, San
Juan, Córdoba, Charcas, Chichas y Mizque. No asistieron las provincias dominadas por los
realistas en el Alto Perú, ni las provincias bajo la influencia de Artigas en la Liga de los Pueblos
Libres, como la Banda Oriental, Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos y Misiones. Tampoco estuvo
presente Paraguay, que había seguido un camino autónomo bajo el gobierno de Gaspar
Rodríguez de Francia.
El Congreso enfrentó varios asuntos antes de concentrarse en la declaración de
independencia. San Martín, desde Mendoza, presionaba para que se declarara la
independencia, argumentando que el reconocimiento internacional de la independencia
permitiría tratar a las Provincias Unidas como una nación legítima y no como rebeldes,
facilitando así la guerra según las normas internacionales. Finalmente, el Congreso decidió
declarar la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
La declaración de la independencia.
El 9 de julio de 1816, el Congreso de Tucumán declaró la independencia de las Provincias
Unidas de Sud América, rompiendo los lazos con España y proclamando a las provincias como
una nación libre e independiente. Esta declaración, que reflejaba la identidad americana
emergente, también evidenciaba las incertidumbres sobre la unificación y el futuro de la nueva
nación, enfrentada tanto a los realistas en el Alto Perú como a los disidentes federales
liderados por Artigas en el litoral.
El 19 de julio, el Acta de Independencia fue modificada para incluir una cláusula contra
cualquier dominación extranjera adicional. Se ordenó el juramento solemne a la independencia
por parte de los diputados y las autoridades civiles y eclesiásticas, y se decidió imprimir tres mil
ejemplares del acta en español, quechua y aimara para su difusión. El Congreso también
reconoció la bandera celeste y blanca de Manuel Belgrano como símbolo patrio.
A pesar de la declaración de independencia, el Congreso continuó su trabajo en los siguientes
tres años, enfocándose en la redacción de una constitución para el nuevo Estado.
Consolidar la Independencia.
En 1816, el Congreso de Tucumán designó a Juan Martín de Pueyrredón como director
supremo para consolidar la independencia, que se enfrentaba a desafíos bélicos costosos. San
Martín propuso cambiar la estrategia militar: en lugar de avanzar por el Alto Perú, sugirió cruzar
los Andes, atacar a los realistas en Chile y llegar a Lima por el Pacífico. Con el apoyo del
Gobierno, San Martín comenzó a formar un ejército profesional, una empresa costosa que
requirió el 15% del gasto estatal entre 1816 y 1819.
Mientras tanto, el Ejército Auxiliar del Perú, debilitado tras derrotas en Huaqui y Sipe-Sipe,
estaba mal armado y sin recursos. Los gauchos de Martín de Güemes defendieron la frontera
norte, rechazando invasiones realistas en Salta y Jujuy a pesar de la falta de apoyo del
Gobierno central.
La invasión portuguesa de la Banda Oriental.
En 1816, mientras Artigas consolidaba su poder en la Banda Oriental y las provincias del litoral,
enfrentó una nueva amenaza: las tropas portuguesas bajo el mando del general Lecor
invadieron la región desde Brasil. Portugal, con antiguas ambiciones en la Banda Oriental, logró
anexar el territorio.
A principios de 1817, la invasión portuguesa terminó con el gobierno de Artigas, quien había
solicitado apoyo al Directorio para recuperar Montevideo, pero no recibió respaldo. Mientras
Pueyrredón apoyaba la campaña de San Martín, su gobierno permaneció indiferente frente al
avance portugués.
En respuesta a las amenazas realistas en el norte y la necesidad de coordinar mejor las
decisiones, el Congreso trasladó su sede de Tucumán a Buenos Aires en 1817. El Congreso
debía enfocarse en la organización del nuevo Estado independiente.
Los debates sobre la forma de gobierno.
En 1816, tras la declaración de independencia, el Congreso enfrentó el desafío de definir la
forma de gobierno para el nuevo Estado. El debate se centró entre dos opciones principales:
una república o una monarquía constitucional. Ambas opciones implicaban un sistema
representativo y la división de poderes, pero se diferenciaban en la figura del jefe de Estado.
1. Monarquía Constitucional: Defensores de esta forma de gobierno propusieron coronar a un
rey, ya sea un descendiente de los Incas, como sugirió Manuel Belgrano, o un príncipe
europeo. Creían que la monarquía aportaría estabilidad y un poder limitado por una
constitución.
2. República: Los partidarios de la república preferían un sistema en el que tanto el Poder
Ejecutivo como el Legislativo fueran elegidos por el pueblo, sin un monarca hereditario.
El debate fue intenso y también se reflejó en la prensa y en la opinión pública, con temores de
que un monarca pudiera convertirse en un déspota, frente a la creencia de que un rey
garantizaba estabilidad política.
Hacia la disolución del poder central.
En 1819, el Congreso Constituyente de las Provincias Unidas sancionó una nueva Constitución
que adoptó un régimen centralista a pesar de las demandas de un gobierno federal que
predominaba fuera del Congreso. La Constitución de 1819 introdujo un sistema representativo
de base electoral y la división de poderes, pero con un fuerte carácter centralista que se
expresó en tres puntos clave:
1. Legislación y Autoridades Locales: Las provincias no podían dictar sus propias leyes ni elegir
a sus autoridades locales.
2. Gobernadores: La designación de los gobernadores provinciales quedaba en manos del
Poder Ejecutivo nacional, encabezado por el director supremo.
3. Poder Legislativo: La Constitución estableció un sistema bicameral con una cámara de
diputados y una de senadores. Sin embargo, el Senado no representaba equitativamente a las
provincias. Su composición incluía representantes de la Iglesia, el Ejército, las universidades, el
director supremo saliente, y solo una representación minoritaria de las provincias.
Esta centralización del poder fue un punto de conflicto, dado que muchas provincias no
representadas en el Congreso defendían una estructura federal que otorgara mayor autonomía
local.
La crisis final del Directorio.
La crisis final del Directorio estalló en 1819 con la sanción de una Constitución que intensificó
los conflictos internos. La renuncia de Pueyrredón y la asunción de José Rondeau coincidieron
con una serie de crisis:
1. Revoluciones Regionales: En el norte, Bernabé Aráoz declaró la autonomía de Tucumán. En
el litoral, Artigas, Francisco Ramírez y Estanislao López se opusieron al poder central y
rechazaron la Constitución de 1819.
2. Descontento Militar: San Martín, ocupado en la campaña de Chile y Perú, no apoyó al
Gobierno, y una fracción del Ejército del Norte se rebeló bajo Juan Bautista Bustos.
3. Derrota y Colapso: En 1820, las tropas federales vencieron al Directorio en la batalla de
Cepeda. Buenos Aires, incapaz de resistir, se vio obligada a ceder, y Rondeau renunció. El
Cabildo de Buenos Aires asumió el poder provisionalmente, y la Constitución de 1819 quedó
anulada.
El Directorio y el Congreso se disolvieron, marcando el fin del poder central en las Provincias
Unidas del Río de la Plata. El futuro del extenso territorio virreinal quedó incierto, con las
provincias enfrentadas y muchas aún bajo dominio realista o portugués.
Transformaciones económicas y sociales después de la guerra.
Después de la guerra de independencia, las regiones involucradas vivieron profundos cambios
económicos, sociales y culturales. Los principios de libertad e igualdad se hicieron sentir en
todos los rincones de la sociedad, marcando el fin de tres siglos de despotismo colonial. Sin
embargo, la guerra dejó secuelas severas, afectando especialmente a las zonas que fueron
escenarios de combate.
La devastación fue particularmente intensa en las regiones que vivieron los mayores
enfrentamientos. En contraste, Buenos Aires, aunque también impactada por la guerra, pudo
enfrentar mejor las dificultades en comparación con las áreas más castigadas. No obstante, la
pérdida de la región más rica, el Alto Perú, representó un golpe significativo para la ciudad.
Estos cambios reflejan el complejo proceso de adaptación y reconstrucción que enfrentaron las
nuevas naciones tras el conflicto revolucionario.
Los cambios en la economía.
Durante la posguerra de independencia, el Río de la Plata experimentó varios cambios
económicos significativos:
1. Libre Comercio: Se estableció el libre comercio, con Inglaterra reemplazando a España como
principal proveedor de manufacturas. Los comerciantes ingleses se asentaron en Buenos Aires,
ampliando sus redes comerciales.
2. Crisis Locales: Las guerras causaron una grave crisis económica local. Los ejércitos
revolucionarios demandaban recursos y mano de obra, lo que dejó a los estratos sociales más
pobres con dificultades para subsistir y para mantener una producción comercializable.
3. Pérdida del Alto Perú: El Gobierno de las Provincias Unidas perdió el Alto Perú, una fuente
crucial de plata y productos regionales que abastecían a Buenos Aires y otros mercados.
4. Impacto Regional:
- Entre Ríos, Santa Fe y la Banda Oriental: Estas provincias, que habían tenido una
importante producción ganadera, vieron una devastación casi total en su producción entre 1815
y 1820.
- Salta: Los sectores adinerados fueron expropiados, y la provincia perdió su principal
actividad económica, la cría y comercio de mulas.
- Tucumán: A pesar de ser afectada, mantuvo cierta actividad económica debido a la
demanda del Ejército del Norte.
- Cuyo: Su economía vitivinícola sufrió una crisis grave e insalvable.
Estos cambios reflejan el impacto duradero de la guerra y la independencia en la economía de
la región.
En Buenos Aires, la crisis económica post-independencia fue menos severa en comparación
con otras regiones, debido a dos factores principales:
La economía en Buenos Aires.
1. Ausencia de Batallas: Buenos Aires no fue escenario de combates importantes, lo que ayudó
a preservar su infraestructura y economía en comparación con las zonas más afectadas por la
guerra.
2. Puerto de Ultramar: La ciudad contaba con un puerto que facilitó el comercio internacional,
ayudando a mantener su economía relativamente estable.
Cambios en la Economía de Buenos Aires
1. Composición de las Exportaciones:
- Antes de 1810: El 80% de las exportaciones eran de plata proveniente de las minas de
Potosí.
- Después de 1810: Con la apertura del libre comercio y la pérdida del Alto Perú, más del
90% de las exportaciones se convirtieron en productos pecuarios, principalmente cueros. Entre
1815 y 1820, el 70% de los cueros exportados eran de la campaña bonaerense.
2. Pérdida del Situado: La pérdida de la plata de Potosí, que antes financiaba gran parte del
presupuesto virreinal, dejó al Gobierno de Buenos Aires sin este recurso crucial.
3. Aumento de Impuestos y Préstamos:
- Recaudación de Impuestos: El Gobierno aumentó los impuestos a través de derechos de
importación y exportación en el puerto de Buenos Aires.
- Préstamos Forzosos: Se impusieron préstamos sobre la población, especialmente sobre los
españoles ricos, y eventualmente sobre toda la población para cubrir los gastos de la guerra.
4. Impacto en los Sectores Campesinos:
- Carga Impositiva: Los campesinos, que antes producían principalmente para su
autosubsistencia, se vieron obligados a contribuir con ganado y alimentos para las tropas,
afectando gravemente sus recursos.
Transformaciones sociales.
Durante la revolución y la guerra de independencia, se produjeron importantes
transformaciones sociales en las regiones afectadas:
1. Pérdida de Vidas: La guerra resultó en la muerte de miles de personas, lo que tuvo un
impacto profundo en las comunidades y las estructuras familiares.
2. Movilidad Territorial y Ocupacional:
- Migración Interna: La guerra y la búsqueda de mejores oportunidades llevaron a un
movimiento significativo de población, especialmente desde áreas rurales hacia centros
urbanos como Buenos Aires. Regiones como Santiago del Estero experimentaron una
emigración notable, mientras que Buenos Aires recibió migrantes en busca de empleo y
estabilidad.
3. Transformaciones en la Estructura Social:
- Desaparición del Régimen de Castas: La estructura social basada en castas, que asignaba
derechos y deberes según la etnia, fue gradualmente eliminada. Esto permitió una mayor
igualdad de derechos y oportunidades para diferentes sectores de la población.
- Cambio en las Élites: La élite colonial de funcionarios fue reemplazada por un nuevo grupo
dirigente que se alineaba con los principios revolucionarios. Aunque los grandes comerciantes
continuaron siendo influyentes, muchos sufrieron pérdidas económicas significativas debido a
la guerra.
4. Ascenso del Ejército:
- Prestigio Militar: La carrera militar se convirtió en una vía importante para el ascenso social y
político. Muchas personas de clases medias encontraron prestigio y oportunidades a través del
servicio militar.
- Participación de los Sectores Populares: Los ejércitos incluyeron a sectores populares,
incluidos los esclavos, quienes se convirtieron en soldados. Esta participación de estratos
sociales bajos en la vida pública y en el ejército se convirtió en una característica distintiva de la
revolución.
Estas transformaciones reflejan los profundos cambios que la revolución y la guerra impusieron
en la estructura social y en las oportunidades de movilidad para los individuos en las regiones
afectadas.
La politización revolucionaria.
La década de 1810 en las regiones revolucionarias vio un aumento en la participación política y
la politización de la vida pública:
1. Aparición de una Nueva Vida Política:
- Se empezaron a elegir autoridades a través de cabildos abiertos y actos electorales más
inclusivos que abarcaron a la población rural, promoviendo una participación política más
amplia.
2. Espacios de Debate Público:
- Las ciudades, plazas, calles, pulperías y cafés se convirtieron en centros de discusión y
debate sobre las novedades políticas, reflejando una mayor implicación de la población en los
asuntos públicos.
3. Movilización Popular:
- Se produjeron asambleas y motines en los que participaron sectores populares como
artesanos pobres, tenderos, jornaleros y esclavos, liderados a menudo por dirigentes políticos o
jefes de milicias. Estas movilizaciones se centraban en oponerse a decisiones
gubernamentales o en reclamar derechos, mostrando la creciente participación del "bajo
pueblo" en la vida pública y política.
Difundir y celebrar la libertad.
Durante la revolución en el Río de la Plata, se implementaron diversas estrategias para difundir
y celebrar los nuevos principios de libertad:
1. Medios de Comunicación:
- La libertad de imprenta llevó a la proliferación de periódicos, siendo la *Gazeta de Buenos
Aires* el más destacado como órgano oficial del Gobierno entre 1810 y 1821.
2. Propaganda Militar y Eclesiástica:
- En los cuarteles, los altos mandos militares promovieron los ideales revolucionarios entre los
soldados, y los curas en las iglesias también jugaron un papel crucial en la difusión de estos
principios. Se hizo un esfuerzo consciente por asegurar el apoyo del clero, desplazando a las
autoridades eclesiásticas que se oponían al nuevo orden, como los obispos de Buenos Aires,
Córdoba y Salta.
3. Transformación Social:
- La revolución transformó la sociedad rioplatense, introduciendo una guerra que se libraba
tanto en el campo de batalla como en el espacio público, donde amplios sectores de la
población participaron activamente en la política y en la defensa de los ideales revolucionarios.