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Sacerdocio: Vocación y Responsabilidad

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Editorial 3

Mons. Adolfo Tortolo El Corazón de Jesús y el mundo


moderno 9

Jorge Martínez Albaizeta Prometeo 20

Rubén Calderón Bouchet Lutero¡, los burgueses y los prín-


cipes de este mundo 21

Thomas Molnar La filosofía en desorden 47

Ignacio B. Anzoátegui ... Romancillo del Señor San José .. 58

José María de Estrada .. Para una filosofía de los Angeles 61

Ordenaciones 79

José Luis de Urrutia S.J Líneas det espiritualidad en la de-


voción al Sagrado Corazón .. 81

Alberto García Vieyra O.P La experiencia mística 99

José Gabriel Brochero Las Dos Banderas 111

J u a n Rodolfo Laise Misión de la Universidad Católica 125

Documento de la Sagrada Congregación para la Doctrina


de la fe 133
Bibliografía 135

Los ¡grabados de las páginas 8 y 60 han sido


hecihos ¡por J u a n Antonio Ballester Peña. La
viñeta de la página 98 pertenece a Francisco
Fomieles.
EDITORIAL *

EÌI este día de gozo para el Seminario, cuando se ve intuitivamen-


te un Huevo fruto de sus trabajos y esfuerzos, en la ordenación de uno
de sus hijos, quizá alguien espere haga la apología del sacerdocio ca-
tólico. Pero creería que la mejor apología que se pueda hacer del
mismo es repetir lo ya tan sabido, que tal vez por sabido y oído no
diga mayor cosa a quienes lo oyen y que sin embargo es la realidad
más excelsa y sublime que se pueda evocar cuando se habla del sa-
cerdote: Sacerdos alter Christus. El Sacerdote, otro Cristo.
¿Qué más podemos decir, que no se encuentre contenido y re-
basado en esta sublime realidad? El sacerdote, nos dice Pío XII, es
¿>tro Cristo, ya que está señalado con un carácter indeleble, que le
hace imagen viva de nuestro Salvador; el sacerdote hace las veces de
Jesucristo que dijo: "Como el Padre me envió también yo os' envío"
( Jn. 20, 21). "el que a vosotros escucha, a mí me escucha" (Le. 10, 16).
Es imagen viva del Salvador por esa identidad ontològica y sacra-
mental, que no se ve ni ss palpa con los sentidos, pero que se capta
con. mucha más certeza y seguridad con la mirada de la fe; esa iden-
tidad es la realidad más extraordinaria y sublime que podamos pre-
senciar en esta tierra y es tan real y profunda que el sacerdote, cuan-
do realiza el sacramento para, el cual fundamentalmente ha sido or-
denado, no dice: Tomad y comed, este es el Cuerpo de Cristo, ni: to-
mad y bebed, esta es la Sangr-e de Cristo, sino que categóricamente
afirmeí: Tomad y comed, este es mi Cuerpo, tomad y bebed, esta efe)
mi Sangre! Es cierto que no realiza los gestos, ni pronuncia las pa-
labras en el solo nombre propio, sino en el del mismo Cristo; pero
Este, en virtud de aquellas palabras, se constituye presente ahí, bajo
las apariencias del pan y del vino, sometido a la obediencia de aquel
a. quien El mismo eligió para, constituirlo en el continuador de su
obra según sus propias palabras: "No me habéis elegido vosotros a
mí, sino que yo os he elegido, para que vayáis y deis fruto y vuestro
fruto permanezca". Y cuando absuelve al pecador —recordemos que
perdonar pecados es propio de Dios y por ello los judíos afirmaron

* Homilía predicada por el P. Silvestre C. Paul, con motivo de la Primera


Misa del seminarista Alberto H. 'Casas Riguera.
que Jesús blasfemaba— no lo hace con palabras de Cristo sino que
categóricamente afirma: "Yo te absuelvo de tus pecados, en el nom-
bre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo". Es que esa identidad
con Cristo lo autoriza a realizar estos gestos y proferir estas palabras;
identidad que se realizó con la transformación efectuada por la im-
posición de las manos del Obispo en el acto ele la ordenación sacer-
dotal. Es lo que hemos presenciado y lo ha vivido el nuevo sacerdote
apenas medio día atrás, cuando dejó de ser un simple cristiano y
se modeló más íntimamente con Cristo.
Esta transformación, con todo lo cjue ella significa y todo lo que
ella exige, me lleva como de la mano a lo que puede ser el tema de
estas pobres palabras que quieren ser como una meditación en voz
alta, enderezada de modo especial a este nuevo hermano en el sacer-
docio y a todos los seminaristas que a él aspiran.
Es una ley que en el Cuerpo Místico que es la Iglesia, toda, dig-
nidad lleva aneja una responsabilidad, y la dignidad del sacerdocio
no podía escapar a esta ley. Por eso mismo, ayer, el Obispo, antes
de imponerle las manos al ordenando, ante todo el pueblo le dirigió
estas graves palabras: "Y tú, querido hijo, que vas a ser ordenado
presbítero, debes realizar, en la parte que te corresponde, la función
de enseñar en nombre de Cristo, el Maestro. Transmite a todos los
hombres las Palabras de Dios que has recibido con alegría. Y al me-
ditar en la Ley del Señor procura creer lo que lees, enseñar lo que
crees y practicar lo que enseñas". Frente a la Palabra de la que ha
sido constituido custodio y transmisor el sacerdote, antes que nada,
debe frecuentarla en una lectura asidua y meditada para compene-
trarse de las verdades que ha de creer de modo que, una vez creídas,
las pueda enseñar y enseñándolas, más que con su palabra lo haga
con su vida toda. Para ello es necesario c¡ue "medite cuidadosa y di-
ligentemente las provechosas verdades que el Espíritu Santo nos
brinda en la Sagrada Escritura y que comentan los escritos de los
Padres y Doctores de la Iglesianos recuerda Pío XII, para que se
hagan carne en su vida.

Sólo de esta manera se irá configurando con Cristo, sumo y eter-


no Sacerdote, Pastor y Maestro, y logrará creer lo que lea, enseñar
lo que crea y practicar lo que enseñe; su enseñanza será así un "ver-
dadero alimento para el pueblo de, Dios" y su vida "un estímulo para
los discípulos de Cristo" de modo que su palabra y su vida irá "edi-
ficando la casa, que es la Iglesia de Dios", como se lo recuerda el
Obispo en, su misma alocución al ordenarlo. Y continúa: "te corres-
ponde también la función de santificar en nombre de Cristo". Es
evidente que quien primariamente santifica es Cristo. "Para eso he
venido al mundo, nos dice, para cjue tengan vida y la tengan en abun-
dancia". Pero Cristo santifica empleando medios con los que derrama

- 4 -i
su vida sobre las almas. Esos medios son principalmente los sacramen-
tos, en función de los cuales, y de modo particular del sacramento de
la Eucaristía, el sacerdote ha recibido participativamente el sacerdocio
de Cristo. Una es la víctima y uno el oferente principal, pero que con-
tinúa su obra de santificación mediante la instrumentalidad de los ofe-
rentes secundarios ''por cuyo ministerio alcanza su plenitud el sacrifi-
cio espiritual de los fieles, el que por sus manos será ofrecido sobre el
<dtar en celebración incruenta". De ahí nace la necesidad de que el
primer santificado sea el sacerdote para que pueda tratar santamente
las cosas santas. Mediador entre Dios y los hombres, está destinado a
hacer descender hasta éstos los bienes celestiales y elevar hasta el Se-
ñor las necesidades de los hombres.

Pero no puede ser un simple puente en esta circulación de bienes;


no puede ser una simple acequia en este torrente de gracias, sino que
tiene que participar vivencialmente en este sublime intercambio con
una participación ,activa en la santidad divina. De, aquí que la Iglesia,
por medio del Obispo, diga al ordenando: "Date cuenta de lo que
haces e imita lo que conmemoras de tal manera que al celebrar el mis-
terio de la muerte y resurrección del Señor, te esfuerces por hacer mo-
rir en ti el mal y procures caminar en nueva vida". El antiguo Pontifi-
cal Romano en el ritual de ordenación de sacerdotes más explícitamen-
te decía: "Procurad mortificar vuestros miembros de todos los vicios
y concupiscencias. Vuestra doctrina sea medicina espiritual para el
pueblo de Dios; el perfume ds vuestra vida sea gozo de la Iglesia de
Cristo; para que con la predicación y el ejemplo edifiquéis la casa,
esto es, la familia de Dios".

La santidad es el pre-requisito de todo apostolado, si por tal en-


tendemos la extensión del Reino de Dios entre los hombres. Por eso
la vida del sacerdote, íntegramente inmune de todo pecado, más exce-
lente que la del simple cristiano, debe "estar escondida con Cristo en
Dios". Adornado con la eximia virtud que su dignidad exige, debe de-
dicarse a completar la obra redentora a la que ha sido destinado por
la ordenación sacerdotal. Este es el programa de vida que libremente
ha elegido, y por lo mismo ha de ser santo, porque santo es su minis-
terio: "Imita lo que conmemoras".
El sacerdote, al estar en íntimo contacto con los misterios sagra-
dos, no puede menos que sentir un anhelo vehemente de conformar su
vida con la excelsa dignidad de que está culornado y de orientarla ha-
cia el sacrificio de sí mismo, puesto que debe ofrecerse e inmolarse
con Cristo. Por lo mismo, no sólo deberá celebrar la Santa Misa, sino
que la deberá vivir íntimamente; sólo así podrá recibir esa fuerza so-
brenatural que lo transformará totalmente y lo hará partícipe de la
vida de sacrificio del Redentor.

- 5 -i
Escuchemos a San Pablo. Queriendo impulsar a los fieles de Roma-
a la santidad, les escribe estas palabras: "Revestios de Cristo". Este
mandato toca de modo especial al sacerdote. Si quiere participar de
la gloria de Cristo resucitado, deberá primero asimilarse al Cristo del
Calvario. Significa esto que deberá poner su alma en estado de víctima,
para participar interiormente en el sacrificio de Cristo. Deberá repro-
ducir en sí lo que realiza en el altar del sacrificio.
Mis hermanos: muchas consideraciones más podríamos hacer en
torno a este tema tan rico y provechoso para nuestras vidas de sacer-
dotes, pero no quiero abusar de vuestra atención. Aunque os invito a
escuchar aún al Obispo que así habla en su alocución previa a la im-
posición de manos: "Al introducir a los hombres en el pueblo de
Dios por el bautismo, al perdonar los pecados en nombre de Cristo y
de la Iglesia por el sacramento de la penitencia, al dar a los enfermos
el alivio del óleo santo, al celebrar los ritos sagrados, al ofrecer du-
rante el día la alabanza, la acción de gracias y la súplica no sólo por
el pueblo de Dios sino por el mundo entero, recuerda que has sido
escogido entre los hombres y puesto al servicio de ellos en las cosas
de Dios".
Nadie es ordenado sacerdote para sí mismo. Si lo es, es en jun-
ción de servicio para sus hermanos, los hombres, pero según una fun-
ción específica: en las cosas de Dios. Al ser dispensadores de los mis-
terios de Dios, como nos dice el Apóstol San Pablo (/ Cor. 4, 1), los
sacerdotes están obligados a servir a Cristo en perfección de caridad y
a dedicarse a la salvación de sus hermanos con todas sus energías. Son
los apóstoles de la luz, son los apóstoles de la gracia y del perdón, son
los apóstoles ele lai caridad, y por lo mismo deberán dedicarse con to-
das sus fuerzas a que la luz ilumine a todo hombre, a que la- gracia y
el perdón alcance a toda alma y que la caridad abrace a todos sus
hermanos. En su encíclica "Mediator Dei" Pío XII nos dice: "Es abso-
lutamente cierto que Cristo es sacerdote, mas no para sí, sino más bien
para nosotros, presentando al Eterno Padre los votos y sentimientos
religiosos en nombre de todo el género humano; es igualmente vícti-
ma, pero también para nosotros, puesto que se inmoló en lugar del
hombre pecador". Y bien: si nuestro sacerdocio es participación del
sacerdocio de Cristo, se sigue que, además de tener nosotros los mis-
mos sentimientos que tuvo Cristo Jesús, como nos dice el Apóstol Pa-
blo, también nuestro sacerdocio debe tener las mismas características
que las del sacerdocio de El. Debemos ser sacerdotes para nuestros her-
manos los hombres.
Querido Alberto, queridos seminaristas: Creería que en estas po-
bres palabras tenéis trazado un programa de vida. Que quizá podráis
volver a ellas con provecho, toda vez que la duda o la obscuridad asal-
te a vuestras mentes y no veáis claro en vuestra acción. Todo esto la
ha dicho mejor que yo y sintéticamente S. Pedro Crisologo, en una

- ó -
advertencia a un sacerdote, y por vuestro bien no me resisto a trans-
cribir sus palabras: "Que seas sacrificado y sacerdote de Dios. No pier-
das lo que te dio y concedió la Divina Autoridad. Revístete de la tú-
nica de la santidad, cíñete el cíngulo de la castidad; sea Cristo velo
de tu cabeza; la cruz esté como baluarte sobre tu frente; guarda so-
bre tu pecho el sacramento de la ciencia divina; quema incesantemen-
te el perfume de la oración; empuña la espada del espíritu; has de
tu corazón un altar y así resuelto ofrece a Dios tu cuerpo como vícti-
ma. . . Ofrece la fe para que la perfidia sea castigada; practica el ayu-
nó para que cese la voracidad; ofrece el sacrificio de la castidad para
que muera la liviandad; haz que reine la piedad para que desaparezca
la impiedad; ejercita la. misericordia para que se destruya la avaricia;
e inmola incesantemente la santidad pura que se corrija, la estulticia;
así tu cuerpo será tu hostia, siempre que no sea herido por ningún
dardo de pecado".
¿Qué más podría agregar a estos hermosos pensamientos? Nada.
Solamente quisiera decirte, querido Alberto, que esta Virgen del Ce-
náculo, que ha visto crecer tus deseos y tus esperanzas, que conoce
tus gozos y tus tristezas, tus triunfos y tus fracasos en tu vida de se-
minarista, te conduzca a lo largo de toda tu vida de sacerdote a con-
figurarte más y más con Cristo, hasta que llegue tu hora y ella misma
te lleve de la mano a la presencia del mismo Jesucristo, gloria y co-
rona de todos los santos.

P. SILVESTRE C. PAUL
Rector del Seminario
Director de MIKAEL

- 7 -i
EL CORAZÓN DE JESÜS Y EL
MUNDO MODERNO

Entre las realidades del mundo sobrenatural aparentemente


•destinadas a ir muriendo poco a poco —aun reconociéndoseles al-
gún 'va'lor— se contaba la devoción al Corazón d e Jesús. Cierta-
mente no morirá. E n todo caso está resurgiendo, reverdecida, a
pesar del crudo invierno soportado.
Los Sumos Pontífices —custodios de la Verdad revelada—,
especialmente a partir de Pío IX, tomaron como empeño írrenun-
ciable de su deber pastoral, defender, incrementar e iluminar
el contenido teológico^ pastoral y místico de la expresión con-
sagrada: "Corazón de Jesús" como objeto de adoración, de devo-
ción y de culto.
Pío XI e n su "Miserentissimus Redemptor" y Pío XII en su
"Haurietis Aquas", recogieron la luz convergente de la Biblia,
del Magisterio y d e las Experiencias de los Santos en dos Encí-
clicas de valor universal. Ambos Documentos son perdurables;
pertenecen al depósito de la Fe, aun cuando en ellos no haya
definición alguna ex cátedra.

I. FUNDAMENTACIÓN TEOLÓGICA

Dos citas de ambos documentos señalan la densidad doctrinal


y teológica de los mismos, q u e rebasan lo estrictamente piadoso
p a r a introducirnos en todo el Misterio de la Redención obrada
por Cristo Jesús.
" . . . En este signo —el Corazón de Jesús— y en esta espiri-
tualidad q u e de él resulta se contiene la síntesis de todo el cristia-
nismo y la mejor norma de vida, porque es la que con más
facilidad lleva a conocer íntimamente a Cristo y con más eficacia
impulsa a amarle con ardor y a imitarte con exactitud 1 " (Pío XI).
"El Corazón de nuestro Salvador expresa, en cierto modo, la
imagen de la Persona divina del Verbo, y al mismo tiempo su
doble naturaleza humano-divina, y en él podemos considerar no
solamente u n símbolo, sino también como la síntesis de toda nuestra
Redención" (Pío XII).

- 9 -i
Quisiéramos comenzar con una definición que ilumine desde
el primer momento la fundamentación teológica de este humilde
trabajo.
Cuando hablamos del Corazón de Jesús, entendemos el Amor
/'• Infinito de Dios que, desbordando desde el seno de la Trinidad,
se vuelca en Jesucristo, y hace partícipes del Don de su plenitud
y de su vida a todos los que quieran recibirlo. O, más breve-
mente, el Amor divino y eterno, volcado en Cristo, hecho visible
en Él, y desde Él desbordando riquezas celestiales, ofrecidas a
toda la humanidad.
Este misterio del Amor divino desbordante se inicia concreta-
mente en la Encarnación del Verbo, se consuma en la Cruz y
e n la Resurrección.
Como Cristo es Dios y Hombre verdadero, su Amor será
divino-humano al mismo tiempo, producido por la gracia insondable
d e la unión hipostática, al ser deificado el "totus homo" que es
Jesús: Cuerpo, Sangre, Alma y vida humana. Desde entonces
este Corazón será el símbolo, el signo, el índice, la expresión
cabal de ese Amor divino-humano.
El hombre —creatura predilecta de Dios—, compuesto de
cuerpo y alma, necesita una forma sensible p a r a que sea más
hondo y más asimilable el contenido de este misterio, y p a r a que
su vida en el interior de Cristo sea más' plena y más profunda. Y
así el Amor d e Dios se corporizó, tomó rostro humano, y se hizo
visible.
Este misterio es obra del Amor trinitario, del Amor que por
su propia virtud es difusivo y transformante, Amor q u e se encarna
en Cristo, y se centra en Cristo. Desde entonces se dan en Él, el
Amor eterno q u e es común a toda la Trinidad, el Amor sobrena-
tural infuso, y el Amor humano propio de su condición de hombre.
E'l Amor divino y el Amor humano concurren en Cristo con
todas sus sobreeminentes virtudes. En Él habita la divinidad tior-
poralmente y todas las cosas subsisten en Él. De esta realidad
—Cristo Dios y Hombre— nacen las innumerables riquezas ce-
lestiales que infunden en las almas el culto y la devoción ai
Sagrado Corazón, en síntesis de Pío XII.
Las dos vertientes —Vida divina y Vida humana de Jesús—
se identifican por obra del Amor. Su expresión, su sello, su signo
de identificación es éste: el Corazón de Jesús.

II. EL SÍMBOLO
La lucha por las palabras en el campo teológico no f u e en

- 10 -i
realidad lucha por las palabras sino por el contenido auténtico^
de algunas de ellas. En el contenido de estas palabras estuvo siem-
pre subyacente la misma f e y su debida explicitación.
Las palabras: Corazón de Jesús pasaron a ser centro de po-
larización teológica, rodeada de una constelación de verdades,,
ordenadas casi todas ellas a nuestro vivir en Cristo y a la
respuesta que se ha de dar a quien "nos amó primero" (San
Juan).
Lo que más importa es el contenido de las palabras, no su
grafía o su fonética. Y en nuestro caso el contenido radicado de
u n modo u otro en esta palabra-símbolo: el Corazón corporal de
Jesucristo.
El contenido de la palabra "corazón" es tan antiguo como
el hombre. El corazón es la síntesis viva del ser humano; es la
expresión más profunda de su yo. Desde la prehistoria, el corazón
se ha convertido en el símbolo y el signo del amor.
A medida que el hombre se perfecciona, las potencias del
alma —inteligencia y voluntad— se intercomunican más plena-
mente. El corazón se enriquece con la inteligencia y la inteligencia
con el corazón. Es allí, en el corazón, donde se gestan las grandes
decisiones, y por él pasan 'los grandes impulsos hacia el heroís-
mo, hacia el bien, hacia la santidad.
El corazón es la sede del don de sí mismo. Al dar el corazón
entendemos darnos todo, es decir, con la gama infinita de reali-
dades y d e valores que hemos recibido y hemos cultivado.
El caldo propicio y el ambiente para q u e el corazón se en-
riquezca con múltiples quilates es la amistad, la que a su vez
vive y crece dentro del corazón humano.
Los teólogos señalan que si —por u n imposible— Dios fuera,
sólo inteligencia no habría creado el mundo, ni habría creado cosa
alguna. Viviría sólo dentro de Sí mismo. Pero como Dios es Amor
y el amor produce éxtasis, le urge comunicarse y darse al mismo
tiempo. El amor se exterioriza. La inteligencia, en cambio, cuan-
to más se perfecciona en su entender, m á s se interioriza. El cora-
zón 'tiende a la acción, provocado, sobre todo, desde afuera.
A los santos consagrados a servir, especialmente en el ám-
bito de la caridad, se los llama siempre "grandes corazones". Es-
ta expresión es, ciertamente, pequeña cuando se trata de los san-
tos, y mucho más pequeña aún cuando se refiere a Dios, pero
es la palabra cumbre en el ámbito de las relaciones personales.
El corazón es, además, u n puente tendido entre Dios y el
hombre, entre el tiempo y la eternidad. La intuición es u n a de

- 11 -i
sus cualidades instintivas. "Me lo dice el corazón" es expresión
sagrada q u e actúa a modo de subconsciente.
La razón no siempre capta las razones del corazón (Pascal).
Sin embargo, allí -están, superando las contrapruebas del tiempo.
Y por lo general triunfan.
Al corazón del hombre bueno hay que reconocerle, como va-
lores casi innatos, la nobleza, la ternura, la sed de sacrificio, la
capacidad de inmolación, la compasión por el prójimo y el ne-
cesitado, la cordialidad en el trato habitual, el coraje en los mo-
mentos árduos. Finalmente, aunque no en último término, hay
q u e reconocerle la maravillosa virtud de la misericordia, atributo
privativo de Dios, comunicado por el mismo Dios a las almas de
buen corazón.
No habría santos, no habría mártires, si no hubiera corazones.
El día de su Encarnación el Hijo de Dios asumió un corazón
humano. F u e entonces cuando se produjo esa maravillosa e irre-
petible conjunción entre Dios y el Hombre que es Jesús.
También en Jesús el corazón es u n órgano físico de su Cuer-
po. Pero substancialmente unido a la Segunda Persona de la Tri-
nidad. Este Corazón personificó, desde el primero de sus latidos,
e l Amor divino-humano. Y por la misma riqueza que descubre
el uso de' las palabras densas, por la fuerza de sus contenidos,
pasó a recibir el culto de adoración que ciertamente le es abso-
lutamente debido. El Corazón de Jesús se convirtió en símbolo
real del Amor eterno de Dios.
Realmente será siempre nueva la vigorosa afirmación del
evangelista San Juan: "Tanto amó Dios al mundo, que le dio a
su propio Hijo". Y lo dio bajo el signo del Amor, "per p u r a mi-
sericordia", dirá San Pablo.

ra. LA PEDAGOGÍA DIVINA


Y LA VOZ DEL ESPÍRITU SANTO

El Corazón d e Jesús es esencialmente el Amor infinito de


Dios que corre por las venas de Cristo. El misterio de ese Amor
infinito comenzó con la inhalación del Espíritu Santo sobre todo
•el universo. La misma creación así como la redención caen bajo
la ley del Amor.
A lo largo de 'los siglos Yahveh, el Señor, f u e preparando las
alumbraciones de este misterio. Por eso toda la Biblia es una
esperanza reveladora d e este Amor que se encarnará primero
p a r a luego' expandirse copiosamente sobre la Iglesia futura, sobre
los hombres y el cosmos. En el curso de esta larga trayectoria

- 12 -i
—verdadera r u t a de Yahveh— entra en juego la pedagogía divina
cuya característica es ir conduciendo primero de la oscuridad a
la penumbra y luego de la penumbra a la plena luz.
Las grandes gestas de Yahveh consistieron en la preparación
progresiva de 'los caminos para el reencuentro a través de Cristo.
El descubrimiento y la experiencia de Dios significó para
Abraham el toque con el Absoluto, con el Invisible; como en-
vuelto en llamas, obedeció a Yahveh, lo adoró, creyó en Él, lo
amó y se dejó conducir por Él. Toda la historia d e la Alianza
responde al designio de este encuentro personal entre Dios y e l
hombre de su confianza.
P a r a Moisés (Deut. 32) Yahveh f u e el águila que expandió sus
alas, cubrió a Israel, y lo salvó de Egipto.
Los textos de Oseas (cap. XI) parecen resonar aún con una'
f u e r t e carga de nostálgicos recuerdos y dolorosos reproches.
"Cuando Israel era un niño, Yo lo amé y de Egipto llamé a mi
h i j o . . . Yo enseñé a caminar a Efraín y lo llevé en brazos, pero
no reconoció mis desvelos". Yahveh se convertirá entonces en mi-
sericordia y en perdón. "Con lazos humanos los atraeré, con víncu-
los de amor. Yo sanaré sus rebeldías y los sanaré de corazón".
Isaías hace aún más tierna la ternura divina. "¿Puede una
madre olvidarse de su hijo y no'tener compasión del hijo de sus
entrañas? Pues aunque ella se olvidara, Yo jamás podré olvidar-
m e de ti" (Is. 49).
Jeremías se apoya en una realidad más profunda. Anticipán-
dose a la g r a n culpa de Israel, vuelve al punto esencial de origen:.
"He amado con amor eterno. P e r eso te he atraído, compadecido
de ti" (Jer. 31).
El soplo del amor a través del Espíritu Santo en el Antiguo
Testamento está saturado del misterio del Amor de Dios, hecho
y revestido sobre todo de misericordia, de paciencia divina, y de
invitación a la conversión.
El Nuevo Testamento es la gran epifanía del Amor de Dios
hecho carne en Jesucristo. Con Él, el misterio de la condescenden-
cia divina ha bajado al corazón del mundo. El testimonio de la ve-
racidad de Dios a sus promesas es ese niño que acaba de nacer y
que viene a derramar misericordia y no a imponer castigos. Esta
es su voz de orden: "Quiero misei'icordia y no sacrificios". La abo-
lición de los sacrificios en beneficio de la misericordia surgió así de
la historia de u n pueblo p a r a quien el altar de la sangre era ele-
mento esencial en su propia vida.

- 13 -i
"Quiero misericordia y no sacrificios" y la misericordia es pie-
dad, es lástima, es ternura, es perdón, es amor, es Dios.
La perenne encíclica "Haurietis Aquas", comienza con estos
dos cuadros bíblicos:
1. " 'Sacaré agua con gozo de las fuentes del Salvador'. Estas pa-
v labras con que el ¡Profeta Isaías, empleando imágenes llenas de
significado, anunciaba los múltiples y fecundos dones que habrán
de traer los tiempos cristianos, vienen espontáneamente a nuestra
mente al cumplirse el primer centenario de aquella fecha en que
nuestro predecesor de inmortal memoria, Pío IX, correspondien-
do a los deseos del orbe católico, mandó q u e se celebrase la fiesta
del Sagrado Corazón de Jesús. Es imposible e n u m e r a r los bienes
q u e el culto tributado al Corazón de Jesús infunde en los fieles,
purificándolos, aliviándolos con sus consuelos sobrenaturales, y
animándolos a alcanzar toda virtud.
.2. La Iglesia al disfrutar de este don inestimable puede manifes-
tar más ardientemente su caridad hacia su divino fundador y rea-
lizar, más ampliamente, la exhortación que el evangelista San Juan
pone en labios del mismo1 Jesucristo: 'En el último día, el más so-
lemne de la fiesta, Jesús, de pie, decía en alta voz: Si alguno tie-
ne sed venga a Mí y beba quien cree en Mí. Como dice la Escri-
tura: Ríos de agua viva m a n a r á n de sus entrañas' ".
Extraña el énfasis que pone el Señor: de pie, en alta voz, co-
mo quien quiere ser escuchado por la grave importancia del men-
saje. Vale decir que ya, en este ahora, del seno de Cristo ha co-
menzado el m a n a r de las aguas. Yo estoy aquí y soy la fuente.
P e r o también, una vez bebida el agua, brotarán torrentes de las
entrañas de quien la beba.
El seno misterioso de Cristo está presente en toda la econo-
mía d e la salvación. De este seno m a n a n infinitas riquezas celes-
tiales. Y la primera de todas es su propio Espíritu.
En ese mismo seno nos introduce San Pablo cuando, en su
carta a los Efesios, nos habla del recóndito misterio oculto en Dios
y revelado en Cristo, por el cual se nos da la virtud de recorrer
el i-nterior de Jesús, midiendo su inmensurable anchura, su altura
y su profundidad.
IV. EL TESTIMONIO DE LOS SANTOS
El progreso legítimo d e los dogmas nos descubre nuevas reali-
dades contenidas en la revelación. Al modo de las galaxias y de
los astros, con sus milenios de luz que recién van llegando a la
tierra, los siglos h a n ido meditando estas verdades de f e "siem-
p r e antiguas y siempre nuevas", siempre vivas.

- 14 -i
Así ocurrió con e l misterio del -Corazón de Jesús. La luz de
l a revelación no se nos dio acabada, como de u n a vez, sino que
f u e la lenta contemplación la q u e se adueñó de sus secretos, una
vez adentrada en el Corazón de Cristo.
Allí pudieron pulsar los siglos cómo inciden en el alma del
Señor el pecado, la indiferencia glacial, y la tibieza d e espíritu,
y al mismo tiempo cómo inciden también la búsqueda de Dios, la
sed de Dios, la oración ferviente, la necesidad de pagar amor por
amor, la reparación, y su última etapa: el fuego de una eminen-
te santidad.
La penetración de los santos —Místicos y Místicas— en este
misterio abismal de la contemplación divina f u e verdaderamente
extraordinaria. Los Místicos nos hablan de lo que h a n vivido, de
lo que han bebido en esta fuente. La experiencia de Cristo los
condujo a las profundidades de Cristo.
Vale la pena destacar la piedad medioeval, hondamente arrai-
gada y crecida en el contenido místico de las llagas del Señor, y
preponderantemente, e n la llaga del costado. Esta llaga f u e suspi-
r a d a por ellos como un refugio, una morada, un antecielo, u n ta-
bernáculo, infranqueable al demonio y al pecado. Pero sobretodo
quisieron entrar allí para allí vivir, amar y morir.
La herida del costado f u e para ellos un paso o u n pórtico de
acceso. La morada no era l a herida —el vulnus— sino el latus, el
costado abierto para permitir el acceso a lo más hondo del cora-
zón, y del que manó un día agua y sangre "dando vida a la Igle-
sia y a los Sacramentos de la Iglesia" (Liturgia). La herida f u e
el hilo conductor a lo más p r o f u n d o del ser d é Cristo, su Corazón,
pero su Corazón incendiado e n u n infinito Amor.
Las heridas de los clavos, como la herida de la lanza, están
glorificadas, cristalizadas en su Cuerpo resucitado. Son los trofeos
de la victoria de la Resurrección después de pasar por todo el
drama de la Cruz.
La herida del costado, muerto ya Jesús, es el certificado de
V su muerte, el testimonio final y definitivo de que "nadie tiene
más Amor que el q u e da la vida por el ser amado" (Jn. 17,15).
Esta herida inaugura nuevas relaciones entre Dios y el hom-
bre. Comienza entonces —albores de la Iglesia— la historia de
/ las grandes experiencias místicas, iniciadas con el martirio, con-
tinuadas en las Tebaidas y ancladas durante el mundo medioeval
en el corazón de Europa.
La invitación que formulara el Señor a los Apóstoles —a
Tomás en particular—: "Pon tu mano en la l'laga del costado",
no es isólo u n argumento para afirmar una realidad ya sucedida
sino más 'bien para señalar u n a trayectoria f u t u r a a las almas
interiores hasta llegar al cielo!
Desde el siglo X hasta eJl XIV inclusive el mundo vivió en
cierto modo una era de santidad. "Por sus frutos conoceréis el
árbol". Y aquellas generaciones que no sabían leer ni escribir con
caracteres d e tinta, sabían leer y escribir con caracteres de sangre
. arrancada por el pecado y felizmente entregada a los hombres para
que éstos pudieran introducirse e n Cristo y verlo por dentro.
¡Cuánto leyeron, cuánto meditaron, cuánto' intuyeron!

V. LA CONTRADICCIÓN
Acá entra también e n vigencia otra afirmación bíblica: "El
árbol que da f r u t o s debe ser podado para q u e dé frutos con más
abundancia". Es la inevitable poda mística que deben sufrir los
•amigos del Señor, así como también sus instituciones todas.
Tanto la devoción y el culto al Corazón de Jesús como las
ansias de vivir en Él n o se paralizaron jamás. Sin embargo, al
decaer la fe, decayó el amor. Y el ¡Señor inició .su poda. E'l ma-
terialismo renacentista, el protestantismo, y finalmente el jan-
senismo1, no sólo se alejaron de las fuentes d e aguas vivas sino
que iniciaron y continuaron u n a lucha sin tregua. Contra el sím-
bolo y la devoción del Sagrado Corazón de Jesús arreciaron las
tormentas.
Pero Dios entró de Heno y respondió a tantos ocultos ge-
midos de las almas buelnas con 'las revelaciones de Paray-le-Monia;
a Santa Margarita María de Alacoque. Ella, juntamente con San
J u a n 'Eudes, recibiría carismas excepcionales e n orden a esta de-
voción. Santa Margarita setrá hasta el final de los siglos la con-
fidente del Corazón de Jesús y el Heraldo elegido por Dios,
— m u j e r enclaustrada por añadidura—, para volver a incendiar
el mundo con el fuego del Sagrado Corazón.
Surgieron a pesar d e todo nuevas controversias en todos los
niveles. Y el Cristo "signo d e contradicción" continuó siéndolo en
esas horas de tan f r í a oscuridad.
Como siempre ocurre e n las almas de fe, la contradicción
f u e para bien. Se ahondaron y perfilaron los conceptos, se pun-
tualizaron los errores, se hicieron ajustes doctrinales, y la devo-
ción al Corazón de Jesús continuó su marcha triunfal. Hoy mismo,
con rasgos de primavera, resurge! esta devoción en sus dos aspec-
tos: interior y exterior.
La afirmación del Señor: "Mi Corazón triunfará" es absoluta-
m e n t e cierta.

- 16 -
VI. EL FRENTE DEL MUNDO ACTUAL

Las controversias teológicas 'han sido superadas dentro de la


Teología o h a n quedado atrás. Pero el 'espectro de los ataques
reaparece con hechos y signos mucho más graves y mucho más
temibles.
P a r a el mundo moderno, el Corazón de Jesús dejó de ser u n
problema teologal. No interesa, simplemente, y si interesa es para
decretar su m u e r t e —la m u e r t e de Dios—, p a r a proclamar el
ateísmo, la desacralización, la negación o la desvirtuación del
pecado. La sustitución de Dios por el hombre, la servidumbre a
cualquier materialismo, son en este momento los contraataques
—terribles contraataques— a la fe, al amor, a Dios, y, por lo
mismo, al hombre.
P a r a mayor escarnio, y no sin complicidad diabólica, el mundo
moderno quiso hacer de Cristo u n líder revolucionario, u n actor
de cine, incluso atentando sacrilegamente contra su pudor.
El drama del mundo moderno es querer intentar —infructuo-
samente— la construcción de u n mundo sin Dios y sin Cristo,
olvidando aquella grave advertencia que hiciera San Pedro en
los días de Pascua: "no hay salvación f u e r a de Cristo".
Y porque el hombre h a desterrado a Cristo o no lo quiere
como fundamento, como norma y como vida, por eso, está viviendo
su propio doloroso drama. Este pobre mundo», con su pseudohu-
manismO', sin Dios, se deshace solo. Es su propia tragedia.
En u n m e n s a j e pastoral p a r a el m e s de junio, mes de-
dicado al Sagrado Corazón, escribíamos a nuestros fieles: alguien
pudo' decir que el corazón del hombre ha muerto. Si esto llegare
a ser verdad sería el más grave y el más tremendo de los pro-
blemas humanos. Pero si no está muerto, está congelado. Sólo
un corazón infinito en su amor, u n corazón más grande que todo
el universo, un corazón desbordante de santidad, puede acercar-
se al corazón del hombre, producir su deshielo y hacerlo revivir
con u n nuevo esfuerzo y una nueva vida. Sólo el Corazón de
Jesús puede ser, y lo es, el Corazón capaz de resucitar los cora-
zones muertos.

VIL CULTO Y DEVOCIÓN

Antes de terminar, nos parecen oportunas dos líneas sobre


el culto y la devoción al Corazón de Jesús. Culto y devoción
parecen palabras sinónimas, pero no lo son.
Si el Corazón de Jesús, como lo afirman los Pontífices, es la
síntesis del Cristianismo y de la redención humana, su culto y
su devoción deben ser esenciales al cristiano y a la Iglesia toda.
El culto es, preponderantemente, exterior, aun cuando deba
Y ser alimentado y sostenido por la devoción interna. La devoción es
al culto como su alma y fuerza motriz.
Sin embargo, el culto tiene una gran importancia para el
desarrollo de la fe; es necesario a todos los hombres y no sólo
a las llamadas clases populares.
El culto exterioriza u n a fe, que se supone activa, un contenido
que es Dios, su Amor y su plan, por medio de ritos determinados,
imágenes y figuras, necesarias para el hombre de carne y hueso.
Los cánticos, 'las fiestas, las procesiones, las manifestaciones
de gozo y alegría, son elementos ¡vivos, dentro del área de un
culto sincero y también vivo.
El culto al Corazón de Jesús llegó a su postrera etapa de
crecimiento, a l autorizar Su Santidad Pío IX —24 de diciembre
de 1856— su fiesta litúrgica para todo el orbe católico.
Nadie niega que en algunos casos padeció el culto cierto ba-
rroquismo. Los pastores —obispos y párrocos— son quienes pru-
dentemente deben purificar ese culto y transformarlo en mejor.
Pero sería aberrante querer reducir al mínimo el culto al Corazón
de Jesús. Sería un crimen contra la auténtica piedad y sus
efectos serían incalculablemente desgraciados.
y Sin embargo el ¡culto no es todo. Junto al culto, como parte
de él, pero también como base y como cumbre, está la devoción.
La devoción es la forma esencial, es el alma del culto.
Santo Tomás explica admirable y concisamente el sentido
de la palabra "devoción". Es una entrega total y una absoluta
~ íi[ j renuncia d e sí mismo, en aras del amor de Dios en Cristo, que
! vibra en las múltiples exteriorizaciones de su relación con los
I j hombres.
Cuando a la devoción se le da u n a firmeza exterior e interior,
la devoción pasa a ser consagración.
Sólo cuando la devoción es vida y se convierte en vida, la
devoción es devoción. De este punto de partida, surgió el título
que San Francisco de Sales diera a la más conocida de sus obras:
Introducción a la vida devota.
En el proceso de relaoión entre las almas y el Corazón de
Jesús, la meta la más firme consagración a Él con carácter
oblativo, firme e irretractable.

- 18 -i
María Santísima, la gran consagrada al Corazón de su Hijo,
nos ayude a imitarla para que podamos conformarnos a ese mis-
mo Corazón.
Como punto final de este trabajo, pláceme ofrecer la traduc-
ción de un -himno litúrgico en honor al Sagrado Corazón, de alto
valor teológico y místico: Cor, arca legem coiitiiiens.
Oh Corazón, arca que contiene — no- la ley de la
vieja servidumbre — sino la d e la gracia, el perdón y la
misericordia;
Oh Corazón, santuario inviolado de la nueva alian-
za — templo más santo que el antiguo — y velo más
, . útil que el rasgado;
La caridad te quiso visiblemente herido por la lanza —
para que veneráramos las heridas de tu amor invisible.
Cristo sacerdote, con su pasión cruenta y mística,
— ofreció entrambos sacrificios — bajo este símbolo de
amor.
¿Quién n o corresponderá con amor al q u e lo ama?
— ¿ Qué redimido no amará a su Redentor — y pondrá en
aquel Corazón su eterna morada?
Oh Jesús, que de tu Corazón derramas la gracia, — a
T i sea la gloria juntamente con el P a d r e y el Espíritu
fecundo por todos los siglos. Amén.

t ADOLFO TORTOLO
Arzobispo de Paraná

- 19 -i
PROMETEO

Que no amanezca. Dios, que no amanezca. . .


N o recojas el velo
de la noche; que se hunda iodo el cielo
en un lago de añil. Que no amanezca. . .

N o quiero ver las lágrimas de hielo


de la arboleda gris, cuando la fresca;
no quiero que la aurora reverdezca
el negro terciopelo

del musgo. No, no quiero que amanezca. . „


N o temo que el causante de la muesca
que llevo en el costado se alce en vuelo*

Me abruma este bochorno sin consuelo


de saber que mi obra tan grotesca
quedará a plena luz cuando amanezca.

Jorge Martínez Albaizeta

i - 20 -
LUTERCX LOS BURGUESES Y LOS
PRÍNCIPES DE ESTE MUNDO
i »i ~ Antes de considerar los aspectos inte-
Siiuacion de Alemania lectuales del m u n d o a l e m ¿ en ví
e n la época de L u l e r o r a s d & l a r e f o r m a i u t e r a n a , conviene
observar algunas características de su organización eclesiástica.
Lo primero que llama la atención es la ausencia de obispados su-
ficientes en t a n dilatado territorio. Este gran cuerpo eclesiástico
no tenía cabeza y esto por u n doble motivo: había pocos obispos
y la mayor parte de ellos no estaba e n condiciones de ejercer su
cargo con idoneidad, ya porque gobernaran sus -diócesis con cri-
terios exclusivamente políticos o porque su falta de formación teo-
lógica los hacía poco aptos para el desempeño de sus funciones es-
pirituales.
Los canónigos, cuya asistencia era indispensable p a r a compen-
sar la ignorancia de los obispos, eran, salvo honrosas excepciones,
en su mayor parte laicos. Las rentas eclesiásticas se repartían pa-
r a favorecer vocaciones cortesanas y no religiosas de modo que,
con tales jefes, los curas unían a su pobreza, casi miserable, una
sabiduría teológica más pobre todavía.
Muchas órdenes religiosas se mantenían fieles a la f e y con
u n nivel de conocimientos bastante aceptable. Otras, como la an-
tigua de "Los Caballeros Teutónicos", se habían laicizado completa-
m e n t e y sus costumbres militares habían terminado con lo que
podía quedar d e religioso.
El pueblo bajo, ignorante y supersticioso, estaba asediado por
l a influencia de brujos, encantadores y hechiceros y en toda Ale-
mania pululaban con particular virulencia las influencias diabóli-
cas. Lutero, en sus "Conversaciones de Sobremesa", hará constan-
tes referencias a las intromisiones del Demonio, delatando la exis-
tencia de u n clima espiritual obsesionado por el satanismo.
Entre la gente de pueblo no se veía con buenos ojos a los sa-
cerdotes en general y existía una inclinación muy fuerte a pen-
sar en ellos como en unos sanguijuelas especialmente diestros pa-
r a sacar dinero de los bolsillos.

- 21 -i
Esta actitud f r e n t e a los curas alemanes se hacía más fuerte
cuando se trataba del clero romano. Roma era el centro de todas
las prevaricaciones clericales y sólo faltaba una voz tonante como
la de Lutero para convertir la Capital de la Cristiandad en "La
G r a n Prostituta" o "La Ramera de Babilonia" o en alguna otra
designación apocalíptica por el estilo.
Los historiadores protestantes consideran falsa la idea de u n
movimiento revolucionario fatal en el cisma del siglo XVI, pero
se niegan a ver en él el resultado de un trágico malentendido, "de
•un desfallecimiento' d e la Iglesia Católica y de una culpable prisa
en los reformadores". P a r a M. Emile Léonard, autor de una volu-
minosa historia general del protestantismo, esta opinión suele im-
ponerse cuando se examina la reforma en los límites exclusivos
del siglo XVI. Evidentemente en ese primer momento se puede
hablar de u n malentendido, pero las fuerzas desatadas por la re-
volución religiosa eran demasiado reales para reducirlas a un pro-
blema de desencuentro.

Formulada con tanta seguridad, la proposición de M. Léonard


tiene en su favor el beneficio del buen sentido. Con posterioridad
al siglo XVI se tuvo da serenidad suficiente como para haber po-
dido superar u n conflicto eclesiástico desatado en torno a polémi-
cas de conducta clerical. Pero no f u e así. El hecho innegable es
la r u p t u r a y la explicación no puede hallarse en u n nivel de con-
sideraciones tan superficiales como la inconducta de Lutero o la
ambición de los príncipes alemanes. Admitida la objeción de M.
Léonard resta todo el problema por resolver: ¿Por qué la revolu-
ción religiosa? O más hondamente todavía: ¿Por qué la Revolu-
ción?
Mi preocupación principal ha sido poder responder a esa pre-
gunta con u n minucioso rastreo de sus síntomas a través de toda
la historia del occidente moderno y puedo asegurar que si bien
la revolución, como hecho de quiebra y ruptura con el mundo cris-
tiano, comienza en los siglos XIV y XV, recién en el siglo XVI
toma clara conciencia de sus objetivos.
Lutero no se propuso como u n revolucionario ni tuvo en su
mente la idea de transformar la "Ciudad Cristiana" en u n orden
social fundado sobre presupuestos distintos a la Palabra de Cristo.
Todo lo contrario, en su índole empecinada y conservadora, se ad-
vierte u n movimiento de retroceso y de reacción frente al espíritu
abierto y bien dispuesto para con el mundo moderno del Papado.
Lutero no vio con buenos ojos ni el fasto renacentista ni el gusto
por el arte, ni la desmedida afición a las bellas letras manifestada
por la curia romana. Su deseo de volver a la sencillez primitiva y
al estudio directo de la Palabra, sin pasar por los razonamientos

- 22 -i
de la Teología escolástica era, quizá, sincero. Obedecía en él a u n
gusto muy personal por las formulaciones directas y autoritarias.
Pero su prédica era subversiva y encontró la veta individualista,
romántica y antiromana de su raza. Esa es una de las razones ocultas
de su éxito y al mismo tiempo la f u e n t e de los efectos ulteriores
provocados por la reforma y que no parecían expresamente recla-
mados por la voluntad de los primeros protestantes.
Cuando se trata de descubrir las causas del movimiento, todos
los elementos largamente debatidos por la crítica de uno y otro
lado de la barricada, tienen su sentido y ocupan su sitio en la es-
tructura etiológica del proceso. La situación moral de la Iglesia Ca-
tólica era, sin lugar a dudas, deplorable y la avidez demostrada
por el clero caía, en ese momento, en un clima espiritual particu-
larmente sensible a los planteos económicos.

La burguesía se hacía cada vez más f u e r t e y con ella crecía


una manera de observar las cosas d e la vida y del mundo decidi-
damente orientada al predominio de los valores económicos.

Durante la Edad Media la gente de pueblo tenía poco dinero


y los esfuerzos reclamados por las construcciones eclesiásticas se
limitaban, muchas veces, al aporte del trabajo personal y al del
capital donado por los nobles. P a r a este último estamento el dine-
ro era un simple instrumento del poder, del orgullo o de la gene-
rosidad. Nunca se midió el valor del clero por su contribución al
desarrollo o a la eficacia productiva. Un hombre dedicado a re-
zar por ellos, les pareció u n excelente medio para ayudarlos a sal-
var el alma, siempre un poco comprometida en las violencias de
un mundo rapaz y duro.

Pero los burgueses no veían ni su dinero, ni la actividad de


los buenos frailes con los ojos de la vieja nobleza. Medían sus in-
versiones por las ganancias reportadas y comenzaban a sospechar
de la utilidad de alguien que pretendía vivir a sus costas y edifi-
car suntuosos edificios con el pretexto de entregarse al rezo y la
contemplación. Aumentaba esta desconfianza el celibato sacerdo-
tal, pues veían en ese estado una prueba más de la holgazanería
frailuna con su deseo de sustraerse a las molestias y trabajos im-
puestos por la familia.

Esta manera de pensar no era exclusiva de Alemania, perc


se daba en los países germánicos dentro de un clima especial de
prevenciones. La mayor parte de los bienes recogidos por la Igle
sia iban a engrosar los caudales italianos y volvían a Alemania
en Cándidas dispensas o anodinas bendiciones, cuando no en es-
trafalarios cuentos de indulgencias, cada día menos creíbles.

- 23 -i
J u n t o a esta actitud de inspiración típicamente burguesa, es-
taba la codicia de los príncipes, siempre dispuestos a aumentar sus
caudales con la incorporación de los bienes del clero. El ejemplo
d e Inglaterra será -una lección bien aprovechada por los feudales
alemanes que veían eclipsarse su poder con el crecimiento cada
día más oneroso- de los gastos d e gobierno. El invento de la pólvo-
r a había modificado completamente el arte de la guerra. Nadie
podía representar u n papel político de primer orden si no contaba
•con una respetable artillería y u n número suficiente de "lansque-
netes" para hacerla funcionar. Estos señores miraban las tierras
distribuidas en los conventos, con ojos brillantes de codicia y no
podían dejar de lamentar el desperdicio d e tantos jóvenes brazos,
aptos para la labranza o el manejo de la pica, e n faenas tan ociosas.

„ . . , . Las causas morales, políticas y económi-


Orisis economica o cas Sg compiementan. Sin suscribir la
c n i e n o s economicos opinión de Corrado B arbagallo en su
"Storia Universale", donde aplica a la comprensión de nuestro pe-
ríodo histórico, el método materialista, admito en grandes líneas
lo expuesto en su primera parte de "L'Età della Rinascenza e de-
lla Riforma" donde dice: "Nunca h e podido persuadirme que al-
guien pueda pensar que las multitudes en tal o cual país, hayan
podido interesarse en las sutilezas teológicas de u n Lutero, de un
Zjwinglio o u n Melanchton o de un Escolampada, apenas compren-
dida por profesionales de la Teología... Nunca consideré la refor-
ma como un fenómeno substancialmente teológico, sino como una
expresión, aspecto o disfraz religioso d e la crisis económica que
cada país d e Europa atraviesa e n la segunda mitad del siglo XVI",

Tal vez Barbagallo nunca haya pensado que las multitudes pue-
den sentirse atraídas por planteos económicos o sociales difícilmen-
te comprendidos por los mismos dirigentes marxistas, pero que in-
fluyen decididamente en los movimientos políticos dei nuestra épo-
ca. Sin lugar a dudas el pueblo, en su mayoría cristiano, no hubie-
r a entendido las sutilezas teológicas de los reformistas, ni se hu-
biera preocupado por ellas. Pero junto a tales sutilezas, Lutero
planteó problemas de conducta y de normas de vida con respecto
a los representantes de la Iglesia que confirmaban criterios am-
pliamente extendidos entre los burgueses y cuyas índoles econó-
micas son innegables.
Pero una cosa es "criterios económicos" y otra, bastante dife.
rente, necesidades económicas. Los criterios económicos de la bur-
guesía hablan de una actitud espiritual, de una valoración del
mundo, dependiente de la inteligencia y la voluntad y por ende
del espíritu.

- 24 -i
Explicar la reforma en función de una crisis de la economía
es hacerla depender de u n suceso algo extraño al carácter espiri-
tual de sus planteos. Hubo con anterioridad al siglo XVI muchas
crisis económicas y lejos de t r a e r como consecuencia u n debilita,
miento de la fe, parecían aumentarla. Pero indudablemente esas
situaciones eran enfrentadas por un hombre en posesión de u n re-
pertorio valorativo diferente al impuesto por la ascendente bur.
guesía comercial.
Todos los movimientos históricos de algún relieve son res-
puestas humanas a ciertos acontecimientos y estas respuestas no
serían cabalmente humanas si no estuvieran determinadas por la
inteligencia y la voluntad. Parece un poco obvio, pero f r e n t e a
una inteligencia empeñada en negarlo, conviene advertir el carác-
ter espiritual de la negación.
Admito que la revolución está íntimamente sellada por el es-
píritu económico y que éste comienza a manifestarse, decisiva-
mente, a partir del siglo XVI. Más todavía, cuando el hombre re.
conoce una preferencia valorativa, de cualquier índole que sea:
estética, religiosa o económica, hay una suerte de lógica consecuen-
t e en los actos de su conducta y, de alguna manera, lo hace de-
pender en su conducta de los bienes preferidos. Esta dependencia
e s tanto más estrecha y fatal, cuanto más material y servil la na-
turaleza de los valores -destacados en las motivaciones. Podemos
a f i r m a r q u e u n a clase social como la burguesía, embarcada en la
promoción de bienes crematísticos, se encontrará metida cada
vez más en una concepción estrictamente económica del mundo
y n o se podrá prescindir de ese espíritu para comprender su evo-
lución histórica.

La reforma protestante, me apresuro a decirlo, no f u e provo-


cada por una crisis económica, n i por -los criterios económicos pre-
ponderantes en la burguesía, pero f u e favorecida por una y otros
porque desató fuerzas espirituales, rompió lazos y obligaciones e
impuso situaciones que favorecieron el crecimiento de esos cri-
terios y ayudaron, de manera inmediata, a conjurar la crisis.

T . La larga controversia respecto a los orígenes de


aT .los movimientos conocidos como Renacimiento
A iSFO Í3.K13L9.
y Humanismo posee una literatura tan extensa
que sería vana pretensión intentar resumirla. La tesis de Burck-
hardt, expuesta con tanto brillo como competencia, f u e posterior-
m e n t e examinada y discutida por muchos historiadores con me-
nos talento pero que conocían mejor la Edad Media. Este conoci-
miento, un tanto menospreciado por los historiadores liberales

- 25 -i
de la pasada centuria, era necesario para equilibrar la originali-
dad del aporte hecho por el Renacimiento y el Humanismo.
La idea de u n retorno puro y simple a la sabiduría antigua,,
pasando como Hegel, calzado con las botas de las siete leguas, so-
b r e u n período de mil años era, históricamente hablando, una es-
tupidez absoluta. Nordstrom, entre otros, colaboró inteligentemen-
t e para destruir las consecuencias de esta opinión. La actitud ge-
neral de los historiadores del siglo X X tiende a corregir la idea
de un corte radical entre el Renacimiento y el cristianismo, pero
en esta coincidencia general caben diferencias no siempre peque-
ñas.
L a corriente humanista se comprende en toda su latitud cuan-
do se la coteja con el movimiento paralelo y casi sincrónico del
averroísmo latino. Se descubre en ella una marcada tendencia a
valorar enfáticamente la antigua educación retórica abandonada
u n poco despectivamente por los escolásticos de formación aristo-
télica. Santo Tomás, aunque escribió u n magnífico poema al San-
tísimo Sacramento, no goza del prestigio literario de los agusti-
nistas y se inscribe, a su modo cordial y sencillo, en la línea cientí-
fica de la escuela aristotélica. Pero indudablemente en la versión
averroísta esta línea hacía una virtud de su poco gusto por la li-
teratura y levantó, especialmente en Italia, u n poderoso clamor
de reclamaciones en nombre de los grandes escritores y oradores
de la antigüedad.

Como siempre sucede en los combates intelectuales, lo que


era propio de u n grupo de hombres adscriptos a u n modo de .pen-
sar parcialmente aristotélico, se extendió a toda; la escuela peripa-
tética sin perdonar a los tomistas, decididamente poco retóricos,
pero de ningún modo enemigos de las buenas letras. Aristóteles
se convirtió en la abominación de los humanistas y para compen-
sar la pérdida filosófica se resucitó la filosofía platónica, más in-
tuitiva y por lo tanto mejor dispuesta para largos desarrollos re-
tóricos.
La llegada de intelectuales griegos que escapaban a los encan-
tos de la civilización turca, favoreció el conocimiento de muchos
escritos de Platón y confirmó la reacción contra los averroístas.
Esta tarea llevada a buen término por minorías de letrados, sepa-
ró a esta clase social del resto del pueblo cristiano, todavía apega-
do a las formas tradicionales del pensamiento teológico y acentuó
la actitud individualista y aristocrática de los humanistas.
Se comenzó a pensar en la existencia de u n a cultura superior,
inaccesible a las clases bajas y reservada para ciertos grupos selec-
tos. Esta minoría es, en gran parte, cristiana, pero ya se advierte

- 26 -i
la existencia de una gnosis que separa la comprensión sencilla de'
la f e y la sabiduría de los iniciados que, más allá de los símbolos
de uso popular, pretende descubrir el mensaje secreto del cristia-
nismo, su verdadero sentido.
Las masas permanecen lejos de estas especulaciones y las nue-
vas elites, a diferencia del clero y la nobleza medieval, desprecian
•al pueblo y lo despreciarán cada día más porque sigue siendo fiel,
por lo menos hasta el siglo XIX, a la doctrina tradicional. En el
siglo XVIII la reforma ha cumplido su ciclo laicisante y los inte-
lectuales se arrogarán definitivamente la herencia 'del clero y tra-
t a r á n d e tomar la dirección espiritual de las masas. Es el siglo de
la Pedagogía y de las luces. El siglo XIX, más eficaz en la lucha
revolucionaria, inventará los expedientes para terminar la des-
trucción del pueblo cristiano con la creación masiva de un hombre
dócil a sus santo y señas.

El humanismo alemán se distinguió del italiano porque si-


guió siendo fiel a las verdades religiosas tradicionales, por lo me-
nos de los labios para fuera, aunque se reservó una interpretación
de sus diversos dogmas, en consonancia con la altura del saber
alcanzado. En una palabra, el humanista alemán sigue siendo cris-
tiano, pero u n cristiano poco común, diríamos, algo extraño a la
comunidad de los fieles.

£ra c tr>o d e sacer


d ° t e holandés fue, sin lugar a dudas, el
-5 ." , santo patrono del humanismo alemán pre-protestan-
Hoíxeraam te _ N a j c i ó e n 1 4 6 0 y v i y i ó e l t i e m p o suficierite para
ver la interpretación que hizo Lutero de muchas de sus más que-
ridas ideas y de su aplicación a un sistema de reformas que su
espíritu conciliador y perezoso no aprobaba.
Latinista eximio, sobresalió, entre los escritores de su época,
por la elegancia de su estilo. Leyó y meditó a los clásicos y latinos
y tuvo un asiduo comercio con las más altas inteligencias de su
época. Su desprecio por la escolástica tradicional lo convirtió en
tenaz difamador de la vieja escuela teológica. Muchas de las bro-
mas lanzadas contra la dialéctica estéril y los "flatus vocis" tienen
su origen en la pluma de Erasmo. P a r a él, lo que no estaba escrito
en latín ciceroniano, era pura barbarie y no se tomaba el trabajo
de leerlo.
Ordenado sacerdote en 1492 muy pronto abandonó los hábitos
y dejó de decir misa. Se dice incluso que la frecuentaba m u y poco.
Muchas d e sus ideas pasaron a integrar el arsenal de Lutero
pero bajo la impronta de un tono muy diferente. Donde el distin-

- 27 -i
guido hombre de letras apenas rozaba con su ironía, el duro sa-
jón extraía una afirmación o u n a negación rotundas. Erasmo nun-
ca planteó el problema de la separación de la Iglesia; estaba de-
masiado cómodo en ella para erigirse en cabeza de u n cisma, y
•aunque defienda en sus escritos u n cierto naturalismo religioso,
jamás abandonó los límites de una crítica prudente, y aunque su
abominación de la escolástica lo llevó a convertir a la Sagrada Es-
critura en única f u e n t e de saber teológico, jamás se metió con los
dogmas. No sé si lo hizo por precaución o por respeto, pero su
mordacidad se dirige a las costumbres del clero, a los ritos y a las
ceremonias de la Iglesia y en toda oportunidad aconseja los estu-
dios clásicos y filológicos como la mejor preparación para una
.auténtica sabiduría.
Viajero incansable conoció todos los pueblos y los hombres
importantes de su época. Enseñó griego en Cambridge y tradujo
al latín, en una edición comentada, el Nuevo Testamento. Cuando
estalló la rebelión luterana vivía entre Friburgo y Basilea y estu-
vo, durante u n tiempo, en contacto con Martín Lutero. Más tarde
se separó en agrios términos de su impetuoso discípulo y Lutero,
que no podía soportar la blanda condición del humanista, lo re-
cordaría siempre con palabras llenas de desprecio.

La influencia de Erasmo se hizo sentir en las dos corrientes


•del humanismo alemán, tanto en la que permaneció fiel a la Igle-
sia Católica, como en la que se adhirió a la Reforma. A ambas les
transmitió su gusto por la filología y la crítica histórica.

y . . Martín Lutero nació el 10 de noviembre de


1484 e n Eisleben
lo " d ^ L te o > Sajonia. Poco sabemos de su
" niñez f u e r a de las referencias poco precisas de
sus "Conversaciones de Sobremesa", la mayor parte de las cuales
deben ser tomadas con precaución, porque siempre habló en predi-
cador y sus anécdotas tendían más a ilustrar una enseñanza que a
confesar una realidad histórica.
Su padre ejerció el oficio de minero, pero en el pueblo de
Mansfeld, donde Lutero hizo sus primeras letras, era empresario
y gozaba de un cierto prestigio social.
Cuando terminó su trivium en Mansfeld, Lutero pasó a Mag-
deburgo donde realizó la segunda etapa de sus estudios que com-
pletó en Eisenach. A los 18 años de edad entró en la universidad
de Erfurt. Bachiller en 1502 comienza su carrera de "magister" en
la misma universidad y b a j o la influencia filosófica de Guillermo
de Ockham. En 1505 recibió el grado de "maestro" e inició estu-

- 28 -i
dios de Derecho, pero, apenas ingresado, abandonó repentinamen-
te su carrera y entró en un convento de Agustinos.
¡Sobre su entrada en religión existe una copiosa literatura y
cada autor ha dado su interpretación del caso Lutero. En el prefa-
cio a su libro "De Votis Monasticis" dice que habiendo sido sor-
prendido por u n a tormenta el día 2 de julio de 1502 y "rodeado-
por el terror y la angustia de una m u e r t e súbita, hice u n voto for-
zado y no libre".
Con esta confesión hecha después de haber abandonado el
convento quiso justificar el incumplimiento de su promesa. En
una d e las conversaciones de sobremesa del año 1539 insistía: "me
hice m o n j e por la violencia y. contra la voluntad de m i padre, de
mi madre, de Dios y del D i a b l o . . . Hice u n voto para salvarme".
En la correspondencia escrita durante su permanencia en el
monasterio no hay ninguna referencia explícita a su falta de vo-
cación y todo hace suponer el comportamiento correcto de un mon-
je fiel a los principios y estricto observante de las reglas de su
orden.
En 1507 f u e consagrado sacerdote y en 1508 es enviado a Wit-
temberg, pequeña población d e mil habitantes en cuya universi-
dad enseñó la Etica de Aristóteles y continuó sus estudios teológi-
cos. Allí se aficionó a leer la Sagrada Escritura y alcanzó u n exce-
lente conocimiento en las lenguas griega y hebrea.
Ningún testimonio —existen numerosas cartas de su puño y
letra— de esa época hace sospechar su f u t u r o rompimiento con la
Iglesia, n i traduce las angustias, los horrores y las penurias que
años después dijo haber pasado en el convento. Luego de la minu-
ciosa obra d e Denifle no h a y escritor, por luterano que sea, capaz
de insistir en la existencia de u n pobre m o n j e asediado por una
disciplina imposible. Desde 1505 hasta 1520 Lutero f u e un monje
agustino, más inteligente, más personal y quizá más escrupuloso
q u e otros, pero no muy diferente. No se percibe en sus escritos de
la época una disconformidad especial con su suerte.
Los observadores de su sensibilidad religiosa advierten en él
una marcada disposición a huir de la aridez espiritual y en com-
pensación a buscar manifestaciones sensibles de la Gracia.
E n t r e los años 1510 y 1511 hace su famoso viaje a Roma y a
juzgar por lo que escribió mucho más adelante habría quedado
profundamente impresionado por la degradante corrupción de la
corte pontificia. E n la correspondencia contemporánea al viaje no
se advierte la huella de esta indignación y sí la legítima curiosi-
dad de un modesto habitante de Wittemberg en la capital del mun-
do cristiano.

- 29 -i
Promovido al grado de Doctor en Teología en 1512, f u e desig-
nado su'b-prior del convento de Wittemberg donde continuó pro-
gresando en sus conocimientos escriturísticos.
Desde 1508 está bajo la influencia espiritual del Vicario Gene-
ral de los Agustinos en Alemania y por su encargo desarrolló en
la Universidad de Wittemberg su curso de ética aristotélica. A su
llegada de Roma y luego- de recibido el título de Doctor, inicia un
curso sobre los Salmos y otro sobre la Epístola a los Romanos. Lu-
cien Febvre en su "Martín Lutero, u n destino" considera que en
ese tiempo habría encontrado la verdad que lo apartaría de la
Iglesia. Esta opinión del crítico sagaz tropieza con la dificultad
de no estar corroborada por los escritos contemporáneos del mis-
mo Lutero.

•r . ,, . Febvre examina los autores leídos por Lutero


.Las influencias , ,. , f. ,
en sus anos de aprendizaje y se detiene en la
figura de Gabriel Biel, introductor del ocamismo en Alemania.
¿Qué pudo hallar Lutero en Biel capaz de hacerle cambiar el rum-
bo de su disposición espiritual? Dos teorías: a) El pecado ha intro-
ducido el desorden en los apetitos sensibles. La inteligencia y la
voluntad —sede del amor— pueden cumplir la obra redentora si
no se someten a la presión de la sensibilidad. El hombre puede
amar a Dios por encima de todas las cosas sin que el pecado pueda
apartarlo de esa meta, b) Biel, inspirado en Ockham, acentúa la om-
nipotencia divina hasta la arbitrariedad. Dios puede querer que
u n pecado sea una buena acción.

Comenta Febvre: "Dios no tiene, pues, que castigar o recom-


pensar en el hombre ni faltas propias, ni méritos personales". Y
añade un par de páginas más adelante: "esa doctrina que, alterna-
tivamente exaltaba el poder de la voluntad humana y luego la hu-
millaba gruñendo, ante la insondable omnipotencia de Dios, ponía
en tensión las fuerzas de la esperanza del monje p a r a destruirlas
mejor y dejarlas exangües en la impotencia trágica d e su debili-
dad".
Febvre cree, contra la opinión de Denifle, que aunque Luterd
hubiera conocido mejor la escolástica medieval, y en la frecuen-
tación de los libros d e Santo Tomás, San Buenaventura y Aegidio
Romano hubiese pulido su saber teológico, lo mismo habría caído
en desesperación. ¿Por qué? Porque para "él sólo contaba la expe-
riencia íntima y personal, eso que hoy se llama "vivencia religiosa".
"No era de doctrina, sino de vida espiritual, de paz interior, de
certidumbre liberadora, de quietud en Dios, de la que estaba ávido
•apasionadamente —escribe Febvre—. La enseñanza recibida la to-

- 30 -i
maba como se la daban, pero sólo asimilaba lo que convenía a su
temperamento y rechazaba el resto violentamente".
Esta disposición lo convierte en el abuelo venerable de todos
cuanto cultivan u n cristianismo "a su manera'' y esto porque tra-
taba de tmirse a Dios con los lazos; de una disposición sensible apta
p a r a hacerle sentir esa unión.
'La explicación de los Salmos y las lecturas paulinas interpre-
tadas a su manera lo llevarán a descubrir su verdadero camino de
Damasco en la doctrina sobre la Gracia. Ockham lo había conven-
cido de la inutilidad de la teología anterior a la suya propia y le
había enseñado, cosa fácil de aprender, a desconfiar de las obras
de la inteligencia. Formado en el nominalismo y en parte reaccio-
nando contra él, encontró su deleite en la frecuentación de San
Agustín y San Pablo, prolijamente podados de cuanto no entrara
en el ámbito de sus extraños designios.
La frase paulina: "el justo vive de la fe" le reveló de golpe
la infinita misericordia de Dios y lo ilustró sobre u n hecho místico
q u e barrería todos sus excesivos escrúpulos y le daría la paz inte-
rior: el sacrificio de Cristo cubre todos los pecados, las obras de
la misericordia con sus mortificaciones disciplinarias no sirven
para santificar nuestras vidas.
ESntre 1516 y 1517 y a través de uno de sus discípulos, Gunther,
opone al catolicismo denominado religión de la ley, su nuevo con-
cepto de la Gracia. Era un descubrimiento genial y coincidía con
el mismo de San Pablo. Hasta ese momento ios doctores de la
Iglesia, como los viejos rabinos, se habían dedicado a comentar la
ley y se habían olvidado del Espíritu Santo. Lutero se sintió lla-
mado a revelar a todos la buena noticia.
Moreau, encargado de estudiar la crisis del siglo XVI en la
monumental "Histoire de l'Eglise" de Fliche et Martin, explica
brevemente la evolución de Lutero con estas palabras: "como sus
confesiones, sus penitencias y sus oraciones no le traían la paz, ni
el consuelo buscado, porque quería sentirse libre de sus pecados,
sentirse en Gracia con Dios, niega su eficacia y renuncia a esas
prácticas".

t j 4. • J En los "Dictata super Psalterium", escritos


T e n t r e ios añ s 1513
° y 1 5 1 7 € o m ° u n i i b r e c °-
J tg L r ama^por la l e m e n t a r i o d e l o s Salmos, los teólogos no han
encontrado ninguna afirmación formalmente herética, pero aquí y
allá aparecen denuestos contra las buenas obras que marcan el to-
no de su desesperación ascética y, en cierta medida, el deseo de
abandonar las mortificaciones. Los antiguos fariseos 'lo proveen
- 31 -i
d e u n excelente chivo emisario para levantar la voz contra los
•monjes observantes: "Ahora h a y que combatir con los hipócritas
y los falsos hermanos que se engríen de su santidad a causa de sus
observancias. Los pecados nos son remitidos no por causa de nues-
tras obras, sino por la sola misericordia de Dios que no nos los
imputa".
El párrafo no tenía por qué inquietar a nadie. Nunca se sos-
t u v o en l a Iglesia que las solas obras salvaban, pero de ahí a negar
su utilidad y su valor había un paso y el temperamento impetuoso
d e Lutero no tardaría en darlo. Cuando lo hizo había caído en una
herejía formal.
Moreau piensa, de acuerdo con G'risar, que el punto de parti-
da de la teología luterana está en negar la utilidad de las buenas
obras y de toda práctica ascética. Lo demás vino por añadidura y
no es preciso ser u n "adelantado" en el camino de la unión con
Dios, para percibir los beneficios aparentes del abandono. El sen-
timiento de liberación experimentado por quien renuncia a u n lar-
go y fatigoso ascenso con la consoladora idea de que no conduce
a ninguna parte, es perfectamente comprensible para cualquiera y
no es de extrañar la cantidad de adeptos que tal descubrimiento
pudo obtener.

La querella de las indulgencias completará el cuadro donde


se agitó la rebelión de Lutero, pues este ávido de paz interior ne-
cesitaba ser confirmado por u n a adhesión multitudinaria y si es
posible por el aplauso y la admiración de las gentes. La predica-
ción de las indulgencias, ordenada por León X, le dio la ocasión
para hacerse de u n gran público.

Lutero no ignoraba la doctrina de las indulgencias pero, a los


efectos de consolidar su causa, no convenía tomarla demasiado en
cuenta. La cosa tenía su lado escandaloso y no era el momento de
ponerse a reflexionar sobre los otros aspectos del problema.
"Es temerario predicar que por las indulgencias son rescata-
das las almas del purgatorio. Esto es absurdo y no se nos dice có-
mo podemos comprender tal afirmación. Por lo demás el Papa es
cruel si no concede gratuitamente a las pobres almas eso que pue-
de dar por un estipendio".

Sin lugar a ojudas se abusaba de la candidez de los posibles


penitentes que creían poder arreglar sus deudas con Dios con un
estipendio más o menos grande, pero Lutero también confiaba
en la virginidad teológica de quienes oían sus sermones y no co-
nocían la doctrina verdadera.

- 32 -i
Es notorio que el Diablo encuentra servidores en todas partes
y en esta oportunidad lo halló en u n hermano dominico llamada
Tetzel, cuyo ardor en j u n t a r dinero superaba en mucho sus con-
diciones de predicador. El buen hermano entró en discusión con
Lutero y como f u e arrollado por la. facundia del agustino, la vic-
toriosa disputa tuvo un eco enorme en toda Alemania y sirvió pars
agudizar más el pleito sobre las indulgencias.
En esta oportunidad Lutero escribió las noventa y cinco tesis
y las clavó en las puertas de la Catedral de Wittemberg. Era un
gesto audaz, pero no tan desusual como para significar u n rompi-
miento. Las tesis traen sus novedades luteranas, pero no consti-
tuían todavía una doctrina herética en toda su plenitud.

Lutero se ha hecho oír y el papado no ignora y a su existencia.


Todavía es u n religioso bajo la disciplina eclesiástica, pero se ad-
vierte en su actitud desafiante una voluntad decidida a llevar ade-
lante su combate contra la jerarquía. El Papa lo hace llamar a Ro-
ma y, a n t e la negativa de Lutero, admite una disputa e n Leipzig.
En esta oportunidad el legado papal f u e u n a de las figuras más
inteligentes de la corte pontificia, el Cardenal Tomás del Vio, co-
nocido como "Cayetano" por ser natural de Gaeta, en Italia.

Lutero había contado con hacer u n papel mucho más lucido,


E n verdad se comportó bastante tibiamente y no emuló en toda
su ferocidad el sacrificio de J u a n Hus. Acorralado f r e n t e a la in-
vestidura del Cardenal y para no reconocer la primacía papal, ges-
tó su definición de la Iglesia como "una sociedad formada por la
comunidad de los santos, pero esencialmente invisible y cuya úni-
ca cabeza es Cristo".

Estamos en el año 1518 y Maximiliano, Emperador de todas


las Alemanias, acaba de morir. En su lugar es elegido Carlos V de
E'spaña. El Papa incoa el proceso contra Lutero y lanza una bula
"Exsurge Domine" que Lutero quema públicamente en la plaza
de Wittemberg. Carlos V trató de combatir en su nacimiento la
herejía de Lutero y pudo hacerlo en los territorios bajo su inme-
diata potestad, pero los príncipes alemanes se encargaron de de-
fenderla en los suyos y el agustino pudo eludir la acción del Em-
perador.

De esa época de persecuciones data su estadía en el castillo de


Warbourg bajo la protección del Elector de Sajonia. Durante su
encierro dio término a su traducción alemana de la Biblia y con-
firmó su separación de la comunión de la Iglesia de Roma.
Cuando retornó a Wittemberg había encontrado definitiva-
mente su camino y se dedicó con ardor a la predicación de su
Evangelio.

- 33 -i
7 Lucien Febvre insiste en ei carácter personal
.Nace una secta p r e o c U p a c i o n e s primeras de Lutero. Su
lucha para alcanzar la paz interior conforme con los caminos se-
ñalados por la teología ascética terminó para él en u n fracaso. Su
abandono a la misericordia divina le dio la calma y las gracias
sensibles buscadas tan infructuosamente en las mortificaciones.
Febvre se hace eco entusiasta de este descubrimiento y pone
de relieve su carácter revolucionario; en efecto, Lutero supo con-
vertirlo en una revolución porque inventó u n a justificación teoló-
gica para cubrir su actitud. Considerada en sí misma, y haciendo
abstracción de la personalidad genial de Lutero, es el descubri-
miento de cualquier monje que habiendo hecho algunos adelantos
en el camino de la perfección religiosa, renuncia a esperar dema-
siado de su esfuerzo personal y s e entrega a la misericordia divi-
na, sintiéndose incapaz de soportar el peso de su trabajo.
Pero si se hubiera quedado ahí, hubiere dado una prueba de
humildad y al f i n de cuentas Dios no abandona a los infelices que
se ponen en sus manos y se encomiendan a su generosidad, porque
se saben impotentes contra sus debilidades. Lutero hizo de la de-
bilidad fuerza y d e su fracaso un triunfo contra la Iglesia y una
glorificación de su propia miseria.
En esto radica su originalidad, y si Febvre ve en ello una re-
volución habrá que creerlo b a j o su palabra, aunque Lutero, apa-
rentemente, no intentó suplantar la ciudad cristiana por u n orden
social naturalista. Eso sí, un poco como el Angel rebelde, se sintió
herido en la dignidad de su condición humana, por una exigencia
que consideró por encima de sus fuerzas y atrincherado en su de-
recho a dar una interpretación personal de la Palabra Divina, se
liberó de la disciplina eclesiástica, dejando para el fuero íntimo
una relación que Dios quiso solidaria e institucional.
Sólo la fe, la Gracia de Dios, si se quiere, da al cristiano la se-
guridad de su salvación y ésta se manifiesta en u n sentimiento de
absoluta paz, inspirado por la confianza en la misericordia de Dios.
"Christianum, oportet semper securum esse" —nos dirá. En esta
presunción radica su fuerza y de ella nacen todas sus debilidades.
"Substituir [la religión tradicional] por una religión completa-
mente personal y que pusiera a la criatura, directamente y sin
intermediarios f r e n t e a Dios, sola, sin cortejo de méritos o de
obras, sin interposiciones parásitas ni de sacerdotes, ni de indul-
gencias adquiridas en este mundo y valederas en el otro, o de
absoluciones liberadoras con respecto a Dios mismo: ¿No es esto a
lo que debía atender en primer lugar el esfuerzo del reformador?"
Lucien Febvre dicit, y como en su afirmación va implícito el
individualismo de toda una época en proceso de conquistar el de-

- 34 -i
recho a hacer lo que a cada uno se le diera la gana, no hay más
remedio que colocar a Martín Lutero entre los grandes liberado-
res del género humano. Personalmente no m e opongo, pero pienso
q u e una religión personal tiene el inconveniente de no ser total-
m e n t e humana, y Lutero, gran creyente en la presencia constante
de Satanás, debió saber que el Príncipe de este mundo f u e el pri-
mero en practicarla. Con todo persistió 'en los principios individua-
listas de su reforma, pero cuando otros, más personales que él, sa-
quen consecuencias u n poco anárquicas, pondrá el grito en el cielo
y confiará, siempre con la Epístola a los Romanos en la mano, en
que la policía de los príncipes ponga orden en la ciudad y detenga
el curso' de la locura interpretativa. La doctrina sobre el poder
político nacerá de esas exigencias.


~ j Antes de examinar la relación de Lutero con los
vJíro poco a príncipes, conviene insistir u n poco más en sus
^ principios teológicos. En este primer paso de ar-
mas, la revolución ataca directamente a la f e y lo hace conforme
al espíritu reinante en esa época, exaltando el individualismo y
amenazando a la organización eclesiástica en su cabeza. Pero todo
esto en la dulzura de u n impulso capaz de contentar el ángel en
detrimento de la pobre bestia condenada al mundo de las necesi-
dades terrenas.

"La Iglesia se compone de todos aquellos que viven en la ver-


dadera fe, la esperanza y el amor, de suerte que la esencia, la vida
y la naturaleza de la cristiandad no es ser una asamblea de cuer-
pos, sino la reunión de los corazones en una misma fe. Esta comu-
nión basta, por sí sola, para crear u n a verdadera cristiandad".

La dimensión objetiva y social de la Iglesia desaparece en la


acentuación de sus aspectos p u r a m e n t e subjetivos: la cristiandad
espiritual, interior. La Iglesia visible dejaba de ser indispensable,
por ser u n a institución humana y no divina. Sobreviven algunos
sacramentos: bautismo, matrimonio, y para edificación de los fie-
les se promueve la predicación de la Palabra. Lutero no consideró,
en sus comienzos, que tales signos sensibles f u e r a n distintivas de
una Iglesia visible, pero Bucer y Calvino sí lo hicieron. Los lute-
ranos habían de inclinarse más adelante ante esta exigencia dis-
ciplinaria.

La Iglesia invisible tenía sus ventajas: era ubicua y podía ser,


e n cualquier momento, lo que Lutero quería que fuera. Strohl, que
conocía su índole ardorosa y sentimental, lo dice con la ingenua
admiración del discípulo y sin disimular el carácter puramente
emotivo de esa vaga comunidad.

- 35
"Cada vez que Lutero subía al pulpito se establecía entre él
y u n a parte al menos de su auditorio u n contacto espiritual conmo-
vedor . . Lutero sentía la "élite" de su pueblo con él. El eco des-
pertado por su voz en toda Europa lo emocionaba... Así Lutero
se sentía en comunión espiritual con todos aquellos a quienes ha-
bía tocado el Evangelio. Se sentía transportado por sus plegarias.
Día a día su seguridad se a f i r m a b a y nada podía separarlo de esa
Iglesia invisible expandida por toda la tierra y d e la cual hablaba
la Biblia y cuya realidad s e convirtió para él en u n hecho de ex-
periencia cierta".
A esta Iglesia invisible, alimentada con la fe y la sensibilidad
de sus creyentes, correspondía u n sacerdocio tan universal e in'
discernible como ella misma.
"Se ha inventado —decía Lutero— que el Papa, los obispos,
los sacerdotes, las gentes de los monasterios serían llamados 'esta-
do eclesiástico'. Los príncipes, los señores, los artesanos y los pai-
sanos 'estado laico' ".
"Esto es una fina sutileza —añadía— y una hermosa hipocre-
sía. Nadie debe d e j a r s e intimidar por esta distinción. La razón
es m u y simple: todos los cristianos pertenecen verdaderamente
al estado eclesiástico. No existe e n t r e ellos ninguna d i f e r e n c i a . . .
a no ser funcional. El bautismo, el Evangelio y la f e forman el
estado eclesiástico del pueblo cristiano".
Y acto seguido extraía su Biblia y citaba I Pedro, cap. II. ver-
sículo 9: "Sois u n sacerdocio real y u n a realeza sacerdotal". Y lo
corroboraba en el capítulo Y, versículo 10, del Apocalipsis: "Has
hecho d e nosotros, por la efusión de tu sangre, sacerdotes y reyes".
Se dice que el camino del infierno está empedrado con citas de
la Biblia y probablemente sea cierto. El entusiasmo por sacar con-
clusiones autoritarias de la Sagrada Escritura tiene también sus
sutilezas. Lutero extraía de ambas citas la idea de que cada cris-
tiano era un sacerdote, pero omitía con cierto pudor, la afirmación
de su realeza. Otros citadores, menos sensibles a la majestad del
poder político y mejor dispuestos para aceptar sin restricciones
el sentido aparentemente literal del texto bíblico, reivindicaban
también la realeza. Menudo pleito se entabló cuando los anabap-
tistas exigieron el gobierno sobre todas las cosas y comenzaron a
negar su obediencia a las autoridades.
Lutero se detuvo en los umbrales del poder y consideró que
siendo todos obispos y sacerdotes pero no príncipes y reyes, era
conveniente que las autoridades temporales cumplieran también
las funciones sacerdotales para evitar inútiles superposiciones de
poderes. El sacerdocio universal -no impide la existencia de un
ministerio especializado, pero sin sello indeleble como quieren los
papistas.

- 36 -i
La comunidad cristiana elige sus ministros y éstos cumplen
con sus funciones en tanto respondan a las exigencias de esa co-
munidad. Si asi no lo hicieren, pueden cesar en sus funciones y
volver a su antiguo estado, pero el poder temporal tiene el dere-
cho, y casi el deber, de intervenir en el ejercicio' de esos ministe-
rios.
"Es conveniente dejar al poder temporal cristiano actuar li-
bremente y sin trabas y no considerar que se las toma con el Papa,
con el Obispo o con el sacerdote. Que el culpable padezca. Lo que
dice el Derecho Canónico a este respecto —se refiere a las prerro-
gativas del fuero eclesiástico— es pura invención romana. San
Pablo habla asi a todos los cristianos: "Toda alma (pienso también
en la del Papa) debe estar sometida a la autoridad, porque no en
vano lleva la espada y es por la espada por da que sirve a Dios,
p a r a castigo de los malos y gloria d e los buenos" (Pablo, Roma-
nos, XIII, 1 y ss.). San Pedro corrobora: "Estad sometidos a todas
•las instituciones d e los hombres, por el a m o r d e Dios que así lo
quiere" (I Pedro, 11,13). Y el mismo Pedro predijo que llegaría
un día que se despreciaría toda autoridad terrena, como sucedió
con el advenimiento del derecho canónico".
Una Iglesia invisible, pero visiblemente sometida al poder
temporal, tiene muchas probabilidades de convertirse en instru-
mento de esas mismas autoridades. Lutero no ignoraba esta even-
tualidad, pero confiaba en el poder de la Palabra y la buena inter-
pretación que podían hacer de ella los auténticos creyentes.

L,os Príncipes Indudablemente los príncipes y los grandes se-


, . ñores no suelen ser cristianos fáciles de m a n e j a r
esie muña y L u ^ e r o n o e r a tan ingenuo, ni carecía de expe-
riencia política para no prever las consecuencias de una intromi-
sión nada santa del poder temporal en las cosas religiosas. Pero
si temía las intemperancias del poder, la anarquía anabaptista lo
había aleccionado bien sobre lo que podía esperarse de una mu-
chedumbre enloquecida por predicadores delirantes.
E n las conversaciones de sobremesa dice con más libertad que
en sus escritos: "Los príncipes son del mundo y el mundo es ene-
migo de Dios, así viven según el m u n d o y contra la ley de Dios.
Pero sirven a Dios de verdugos para castigar a los malvados. Pla-
ce a su Divina Majestad que los llamemos "clementes señores" y
nos prosternemos a sus pies como súbditos humildes".
En el fondo de su corazón lamentaba este estado de cosas, de-
finitivamente atribuible a nuestra naturaleza enferma y comple-
taba el pensamiento sobre los príncipes con esta f r a s e que no disi-
m u l a el verdor de su lenguaje:

- 37 -i
"No escapa a Nuestro Señor q u e los perros hacen sus necesida-
des en todos los rincones y lo tolera, pero- cuando comience sü
ronda, su cólera n o tendrá medida".
Se refería, sin duda, al castigo reservado por Dios a los prín-
cipes abusadores, pero como, en cierta medida, todos lo eran u n
poco o mucho según el caso, Lutero no disimulaba su regocijo de u n
desquite postumo a t a n t a humildad impuesta por la fuerza.
Lutero no pudo escribir ni hablar sin comprometer su genio
colérico y pronto llevado a la polémica. Es, posiblemente, uno de
los más grandes polemistas de un siglo que los conoció de todos
colores, desde el melifluo Erasmo hasta el calumniador Scaligero
pasando por las afiladas plumas de Calvino y Rabelais. Esto expli-
ca por qué razón y a propósito de u n tema t a n ceñidamente teo-
lógico como el de los sacramentos, lanzó u n panfleto cuyo solo
título era una declaración de guerra a las autoridades romanas:
"De captivitate babylonica praeludium".
La verdadera iglesia estaba cautiva y los papistas, para qui.
tarle su fuerza espiritual, habían tomado en sus manos la impar-
tición de los sacramentos. El sacramento debe ser impartido por
el sacerdote pero, como todos los bautizados lo somos, Lutero no
ve el motivo- n i la razón por la cual una agrupación auto-selecta
se arrogue el derecho de impartirlo ella.
Sobre el terreno resbaladizo de la polémica, plantea su doc-
trina sobre los sacramentos. Fue necesario e l advenimiento de
Calvino para que de medios efectivos, transportadores de Gracia
Divina "ex opere operato", se convirtieran en modestos signos de
la Gracia. Lutero dejó e r r a r su pensamiento entre uno y otro sig-
nificado sin que sus fórmulas permitan hacerse una idea precisa-.

Todo esto confirma I-a opinión de Lucien Febvre cuando ase-


gura -que en ningún momento Lutero trató de organizar una Igle-
sia. A fuerza de inisistencia, y u n tanto -presiona-do por las conse-
euencias anárquicas d e sus principios, sus partidarios le sacaron
algunos esbozos de programación o esquemas de orden. La Iglesia
visible era asunto del estado. Donde Lutero -comprometía su ge-
nio religioso, su auténtica "tro-uvaille", era en 1-a relación del al-
m a con Dios a través d e la Palabra.

Lo1 hemos 'dicho, f u e u n verdadero "liberador". Por esa razón


su obra debe adscribirse, a pesar de sus alaridos reaccionarios, en
la línea espiritual de la revolución. Libró a-1 espíritu occidental
d e la Iglesia Católica y esto, -aunque parezca una conclusión algo
pedestre, se compadecía con la inclinación de la alta burguesía pa-
r a provocar u n cambio en la moral, capaz de liberarla de esa ética
p a r a pobres que sostuvo siempre la Iglesia Romana.

i- 38 -
"Lo que se pone en tela de juicio —nos confirma Febvre— es
la vieja mentalidad artesana de la Edad Media. Oficios hechos
sin duda para alimentar a su hombre, pero que no incluían nin-
gún beneficio f u e r a del que permite vivir a l productor. La no-
ción del justo precio, mantenida por los magistrados, favorecía
únicamente el interés del consumidor".
Sería u n abuso pensar que Lutero favorecía conscientemente
el advenimiento del capitalismo o del espíritu capitalista, pero la
burguesía alemana deseaba con urgencia el cambio moral que la
pusiera de acuerdo con las nuevas realidades económicas y la
rebelión luterana estaba en el camino de ese cambio.

P ~T7 77 Alemania era una nación sin unidad política. Habi-


j tada por una raza fuerte, dueña de ciudades opu-
^ lentas y terrenos bien trabajados, carecía de esa
unidad sin la cual todos los esfuerzos se pierden en el desencuen-
tro de los intereses. El Imperio sobrevivía como recuerdo, y eco-
nómicamente dependía de las dietas que se negaban, provincia-
namente, a favorecer una política de envergadura universal. Los
príncipes se contentaban con sus territorios y se dedicaban de lle-
no a pequeñas empresas locales sin proyección continental. En la
región del Palatinado, en Wurtemberg, en Baviera y en Hesse se
notaban movimientos tendientes a reclamar u n lugar importante
en el concierto de las otras naciones occidentales y consiguiente-
m e n t e a estos reclamos se iba consolidando la situación política
de las familias destinadas a llenar con su acción futuros aconte-
cimientos.
Junto a principados cuya soberanía nominalmente dependía
del Emperador, existían ciudades poderosas gobernadas por prín-
cipes ambiciosos y económicamente animadas por una burguesía
dedicada a un activo comercio internacional. Pululaban también
los barones semi-bandidos que campaban por sus fueros y hacían
la guerra a cualquiera dando al panorama alemán u n toque pin-
toresco de demencia anárquica.
Lutero colaboró con su prédica para liberar el individualis-
mo latente de la disciplina impuesta por la Iglesia Católica e in-
directamente favoreció el impulso económico de la burguesía que
hallaba en el orden católico serias dificultades para su desenvol-
vimiento, pero al mismo tiempo y como réplica a los desórdenes
provocados por sus malos intérpretes, los anabaptistas, fortaleció
la autoridad del Estado convirtiéndolo en una potestad de institu-
ción divina.
Los anabaptistas fueron su "bestia negra" porque tuvieron la
osadía de llevar hasta las últimas consecuencias prácticas su pré-

- 39 -i
dica libertaria y lo pusieron en la violenta situación de tener que
pensar contra sus propios principios. En verdad, para Lutero, una
contradicción más o menos era u n juego de niños y no repito al-
gunos de sus dichos sobre la lógica porque no haría más que ilus-
trar su tremenda facundia escatológica.
En la rebelión desatada entre el campesinado por los anabap-
tistas Lutero rechaza con violencia sus pretextos religiosos: el
Evangelio condena la rebeldía y son pocos los denuestos a que no
se hacen acreedores quienes suponen hallar en la Palabra de Dios,
motivos para levantarse contra las autoridades. En su carta a los
nobles alemanes es claro y terminante y sus palabras no dejan
mucho sitio para la comprensión, la misericordia o la simple pru-
dencia política.
"Por todas estas razones, queridos señores, desencadenaos, sal-
vadnos, ayudadnos, tened piedad de nosotros, exterminad, degollad
y el que tenga poder para ello, actúe".
Olvida un poco su teología cuando exclama: "Vivimos tiempos
tan extraordinarios que u n príncipe puede merecer el cielo ver-
tiendo sangre, mucho más fácilmente que otros rezando".
Esto es volver por el valor de las obras en un contexto algo
menos evangélico que el esgrimido por el más violento predicador
de cruzadas.
E n las "Conversaciones de Sobremesa" se nos cuenta que al-
guien preguntó a Lutero si era lícito matar a los anabaptistas y
recibió esta respuesta del maestro:
"Existen dos especies de anabaptistas. A la primera pertene-
cen los rebeldes endurecidos, cuya enseñanza combate toda auto-
ridad; a éstos es lícito que u n príncipe someta a juicio y los con-
dene a muerte. En cuanto a los otros fanáticos, que profesan ideas
insensatas y bizarras, el exilio es, con frecuencia, u n castigo su-
ficiente".
Cuando uno se alimenta en los concurridos pesebres del pen-
samiento liberal es corriente creer que la Iglesia Católica sostu-
vo alguna vez algo denominado- "el Derecho Divino de los Reyes".
Lueien Febvre, poco amigo de la tradición eclesiástica romana,
considera que f u e Lutero y sólo él "el primero q u e ha legitimado
verdaderamente, que ha fundado plenamente en Dios, el poder ab-
soluto de los Príncipes".
El mismo Lutero reconoció haber sido el inventor del princi-
pio cuando en 1525 escribió con orgullo: "Nuestra enseñanza ha
dado a la soberanía secular la plenitud -de sus derechos y de su
poder, realizando así lo que los Papas no¡ h a n hecho, ni han queri-
do hacer nunca".

_ 40 -
Y añade con énfasis: "Desde los tiempos apostólicos no hay
un doctor, ni u n teólogo, ni u n jurista, que con t a n t a maestría y
claridad como yo lo he hecho1, por la Gracia de Dios, haya acen-
tuado en sus fundamentos, instruido en sus derechos, hecho ple-
namente confiante en sí misma la conciencia del orden secular"
(cit. por Febvre op. cit. p. 249).
La consecuencia venía un poco como de suyo. Si se destruía
el derecho' divino de la Iglesia se hacía menester apuntalar el po-
der público convirtiéndolo en f u e n t e de autoridad religiosa. Las
sucesivas fases del proceso revolucionario nos acostumbrará al
ejercicio de esta dialéctica: en cuanto se destruye una autoridad
auténtica se hace menester reemplazarla por u n a artificial capaz
de suplirla. El criterio para percibir la diferencia entre una y otra,
surge del examen de la vida interior: la verdadera autoridad tiene
su. trono en la conciencia e impone su orden en la disciplina ínti-
ma de la moralidad. La falsa autoridad es siempre externa y sólo
puede obligar por la fuerza.
La espada sirve para castigar al transgresor, pero no puede
hacer que la justicia reine en el dispositivo moral del sujeto.

t T TLutero advierte la diferencia entre la verdadera


l
j °lj iautoridad, impuesta por la fe, y el poder exigido
z por nuestra situación de naturaleza caída, pero co-
mo su pensamiento no procede conforme a distingos demasiado
sutiles, considera a todo el orden jurídico sobre la base del dere-
cho penal. Era una vieja idea sostenida por los Padres de la Igle-
sia y en algunas ocasiones por el mismo San Agustín: las institu-
ciones políticas son consecuencias del pecado. Lutero la refuerza
con la rigidez propia de su temperamento.
P a r a él, los verdaderos cristianos no necesitan leyes: "Com-
prendes que esa gente n o tiene necesidad de ninguna espada ni
de ningún derecho temporal. Y si el mundo entero estuviera com-
puesto por verdaderos cristianos, es decir por hombres justos y
creyentes, no habría necesidad de ningún príncipe, rey o señor.
¿A qué podrían servir para quienes poseyendo el Espíritu Santo
en sus corazones, son instruidos y promovidos por Él para no ha-
cer daño a nadie, para amar a todo el mundo y soportar gustosa
y alegremente la injusticia y hasta la muerte?"
Es difícil seguir las ideas de este hombre. Por un lado acen-
t ú a con amarga insistencia la corrupción total de nuestra natura-
leza y condena las obras porque están siempre inspiradas en in-
curable concupiscencia; por otro lado admite la posibilidad de una
vida santa y sin detrimento impuesto por el pecado. Sin lugar a
dudas esta segunda posibilidad está propuesta a título hipotético.

- 41 -i
pero interesa resaltar en ella el fundamento pesimista de su idea
de la justicia.
La base escriturística d e esta opinión nace, como escribe Mes-
n a r d en la p a r t e correspondiente a las ideas políticas de Lutero
en su "L'Essor ide Philosophie Politique a u XVle siècle", de una
abusiva interpretación de las Epístolas de Pablo y de u n a exten-
sión, no menos arbitraria, del carácter de la ley mosaica a todo
el orden jurídico positivo. El texto donde San Pablo dice a Timo-
teo: la ley no es para el justo, sino para el injusto, es convertido
por Lutero en principio universal de todo derecho y no sólo del
derecho penal.
Lutero era en su lenguaje de una espontaneidad tal que le
hacía decir cosas muchas veces desprovistas de sentido, como en
el caso del ejemplo que pone para ilustrar la necesidad de una
justicia rigurosa:
"¿Y esto por qué? —se pregunta—. Porque el justo se exige
y hace más de lo establecido por el derecho. Pero los injustos no-
hacen nada justo, por eso tienen necesidad del derecho, para que
se les enseñe a obrar bien por la coacción y la amenaza. Un buen
árbol no tiene necesidad para .dar buenos f r u t o s de doctrina o có-
digo, procede de su natural dar sin códigos n i doctrinas los frutos
de su especie. Sería obra de un loco hacer para el manzano u n li-
bro lleno de leyes y de derecho p a r a enseñarle a dar manzanas y
no ciruelas".

Mesnard se ríe de la comparación. No entiende de qué modo


un código y una doctrina podrían enseñar al manzano malo a dar
buenas manzanas. Pero dejemos a Lutero con su comparación;
pensemos que quizá hablaba para parroquianos un poco lentos y
ciertos argumentos "ad hominem" tienen vralor conforme a la cir-
cunstancia.

Pero Lutero no limitó sus pretensiones a exponer sus ideas


más o menos claras sobre cuestiones filosóficas en u n nivel de re-
flexiones opinables. Estableció afirmaciones dogmáticas y sus
continuadores quieren que haya dado las bases de una concepción
del mundo y de la vida humana 'destinadas a modificar los cimien-
tos del viejo edificio cristiano por otros mejor adaptados a las exi-
gencias del tiempo.

Probablemente sea así, pero la revolución luterana, como lo


hará notar Marx a propósito de la ideología alemana y su conti-
nuidad en la historia, se limitó al orden de lo espiritual. La vida
social debía ser mantenida en los quicios de la disciplina autorita-
ria, porque esos hombres justos, alimentados con la miel y la leche
del evangelio y puestos sobre toda disciplina legal, no existen.

- 42 -i
"Pues como ningún hombre es por naturaleza n i cristiano ni
piadoso, sino todos pecadores y malvados, Dios les prohibe a todos,
por la ley, proyectar hacia afuera su maldad en obras inspiradas
por la malicia".
Algunos, gracias a la Divina Misericordia, logran superar las
desastrosas consecuencias de la caída, pero son tan pocos y es tan
precaria su situación en un mundo devorado por la concupiscencia,
que se hace imprescindible una legislación severa para preservar-
los de los malos.
"Los buenos y los malos están mezclados de tal manera, aun
entre los cristianos nominales, que abolir la coacción legal sería
quitar sus trabas a las bestias salvajes y d e j a r abandonados a los
apacibles corderos; ya se vio algo de esto con los profetas de
Zwickau: así los malos profanarán, bajo el nombre de cristianos,
la libertad evangélica y darán libre curso a su malicia, recusando
como cristianos toda ley y toda espada, como lo h a n hecho hoy al-
gunos locos furiosos".
El Reino de Dios ha sido ofrecido a los hombres de buena vo-
luntad y supone u n ingreso libre. El reino de este mundo se im-
pone por la fuerza y por el carácter obligatorio de su derecho pu-
nitivo. El primero es solamente para los predestinados, el segun-
do para todos, porque el cristiano debe ponerse espontáneamente
"bajo el gobierno de la espada, pagar impuestos, honrar la auto-
ridad, servirla y prestarle su apoyo. Si noi se conduce así, no obra
cristianamente, actúa contra el amor y da a los otros u n ejemplo
deplorable".

~ ~ La lectura de los párrafos anteriores, aportados


L o s e n s í l a n o s p o r jvCesnard^ hacen suponer una evidente con-
y la p o n , ca tradicción entre la vocación cristiana y el oficio
político. A simple vista puede parecer que el verdadero cristiano,
con los ojos puestos en la salvación eterna, no podrá ejercer el go-
bierno en las duras condiciones impuestas por el criterio luterano,
pero con las escrituras en una mano y el deseo de terminar con
la rebelión anabaptista en la voluntad, Lutero no cree convenien-
te d e j a r la espada en manos paganas:
"Un cristiano es una persona para sí mismo, cree para sí mis-
mo y, para nadie más. Pero un señor y u n príncipe no es una per-
sona para sí mismo, sino para los otros y para s u servicio".
El pensamiento católico tradicional ponía el gobierno tempo-
ral al servicio de los fines eternos de la Iglesia y convertía a la polí-
tica cristiana en una misión subordinada a la obra salvadora. Lute-
ro separa categóricamente ambos dominios y mientras el príncipe

- 43 -i
cristiano se deja guiar por la f e en su actividad religiosa, en sus
faenas políticas obra como ejecutor decidido de una ley implaca-
ble de represión.
"En esta situación —escribe Lutero— irás más lejos y m e pre-
guntarás si los verdugos, los gendarmes, los juristas, los abogados
y sus gentes pueden ser cristianos y salvarse en su estado. Respues-
ta: si el poder y la espada están al servicio de Dios, como ya h e
probado, todo cuanto sea necesario al poder para usar su espada
•está también al servicio de Dios. Será el caso d e aquel que prende,
persigue, masacra y degüella a los malvados y por lo tanto prote-
ge a los buenos, los disculpa y ayuda a salvarlos".
Por momentos su pluma se enciende en f u r o r y cuando piensa
en sus enemigos, en la resistencia terca que oponen a sus santas
intenciones, se lanza a u n a apología de la guerra que no desmen-
tirán sus seguidores en los futuros sucesos:
"Puesto que la espada ha sido instituida por Dios para casti-
gar a los malos, proteger los piadosos y guardar la paz, es probar
con bastante fuerza que Dios instituyó la guerra, el degüello y to-
do cuanto aportan las costumbres de las leyes guerreras. Y aunque
n o parezca que degollar y robar sea una obra de amor y que u n
h o m b r e ingenuo no vea en ella u n a ocupación cristiana, sino in-
conveniente para u n cristiano, en realidad son obras del amor".
El suave Melanchton solía quejarse amargamente de la facun-
dia inexorable de Lutero, y cuando el maestro abría la boca para
hablar, temía las intemperancias de su lengua y el partido que los
adversarios podían sacar de sus excesos verbales.
¡Si supiera callar! —suspiraba.
Pero Lutero no solamente no podía callar, sino que transpor-
tado por el ardor de la inspiración, amaba hasta tal punto su pro-
pia falta d e medida que insistía una y otra vez en las mismas vio-
lencias, como si con ellas pudiera terminar para siempre con sus
enemigos.
"Es porque Dios toma la espada hasta el punto que la nombra
su orden propio y no quiere que se diga, o> que se imagine, que se
trata de un descubrimiento o de una institución humana. Porque
la mano que lleva esa espada y que extermina, no es una mano
humana, sino divina, no es el hombre, sino Dios quien cuelga, en-
roda, decapita, degüella y guerrea. Todo esto es de su resorte y
de su jurisdicción".
"La guerra es un empleo divino en sí mismo y t a n indispen-
sable y útil para e l mundo como beber y comer, o cualquier otra
obra semejante".

- 44 -i
Lo hemos insinuado u n par de veces, pero ahora lo decimos
con toda claridad: Lutero comienza u n movimiento de ideas que
va transformándose a lo largo de los siglos que de él nos separan
y que podemos designar con el nombre de Revolución. En todo
este movimiento existe una tónica general con respecto a la vio-
lencia que toma su origen en la predicación de Lutero y que con-
siste e n diluir la responsabilidad personal f r e n t e a las medidas
de fuerza atribuyéndolas a Dios a a entes de razón que el espíritu
revolucionario irá inventando, por exigencias de la causa, en la
medida que pierda su vinculación con la fe.

^ . , . , Indudablemente, para L u t e m el poder po-


Origen luterano de ^ tiene lími{¿ é s t o s t i e n e n señala-
la distinción entre d el d ^ sobrenatural de la per-
m a m d u o y persona s o n / h u m a n a :
"Querido Señor —afirma en su Tratado sobre la Autoridad—,
tengo el deber de obedeceros con mi cuerpo y con mia bienes. Man-
dadme en la medida de vuestro poder terrestre y os obedeceré-
Pero si se trata de abandonar mi f e y mis libros, no puedo obede-
ceros, porque entonces sois un tirano y superáis vuestros dere-
chos".
Los anabaptistas no podían alegar nada semejante y en el fu-
turo tampoco lo podrán los católicos, por lo menos en las regiones
dominadas por los luteranos. Interesa destacar la justificación teó-
rica que hace de esta suerte de ambivalencia práctica de la con-
ducta humana. En sus "Conversaciones de Sobremesa" hay u n
texto clave, porque da f u n d a m e n t o filosófico a esta dualidad de
jurisdicciones entre lo temporal y lo espiritual y anticipa la fa-
mosa distinción mariteniana entre individuo y persona.
Es raro que Maritain, en su magnífico ensayo sobre Lutero, no
h a y a advertido esta coincidencia, especialmente porque en dicho-
t r a b a j o establece por primera vez -esa distinción tan exhaustiva-
mente criticada entre nosotros por Julio Meinvielle.
Decía Lutero: "Un cristiano reúne en él -dos personas, a saber:
niria persona civil o temporal y una creyente o espiritual. La per-
sona espiritual o creyente puede sufrir y aguantar todo; no come
ni bebe, ni engendra progenitura y no participa de ningún modo
en las obras y sucesos del orden temporal. La persona civil está
sometida a las leyes y derechos temporales y, como tal, la obedien-
cia es para ella obligatoria y por eso necesita su propia protección
y la de -los suyos conforme a lo que las leyes y el derecho le exi-
gen".
San Agustín logró superar el maniqueísmo y aunque persis-
ten en su -doctrina resabios de sus antiguas preferencias intelec-

- 45 -i
tuales, su permanente combate contra el dualismo es indicio su-
ficiente de su voluntad para vencerlo. Lutero tomó de Agustín lo
que quiso y conforme a su índole poco dada a los distingos proli-
jos, exagera hasta la caricatura algunas enseñanzas del Santo
Doctor de la Iglesia. Esta distinción entre una persona angelical,
entregada a la fe y a las obras de la misericordia, y otra carnal,
.sometida a las exigencias materiales del orden mundano, es de
claro cuño maniqueo. Maritain la elaboró a su manera y trató de
usarla, como Lutero, en un intento de armonizar u n orden prácti-
co sin inspiración sobrenatural y un orden religioso sin fundamen-
tos reales.
Garantizada la neutralidad del gobierno en materia espiritual
y salvada la naturaleza puramente personal de la fe, no estaba en
el temperamento de Lutero dejar proliferar herejías capaces de
poner en tela de juicio su propia concepción de la Iglesia.
En sus primeros pases de armas comprendió que la herejía
era asunto del espíritu y no podía destruírsela con el hierro, que-
marla con fuego o ahogarla con agua:
"¿Qué se gana cuando se refuerza la herejía del corazón, aun-
que se logre debilitarla en los labios condenándola a la mentira?"
Esta frase la escribió en 1523, cuando su propia posición espi-
ritual había sido puesta en entredicho por el Emperador. A partir
de 1526, cuando se le impone la necesidad de pensar en una igle-
.sia establecida, comienza a comprender la proyección social de las
distintas creencias y la necesidad de controlarlas con medidas de
.gobierno.
En primer lugar porque el gobierno debe asegurar el orden
y luego porque incumbe al príncipe cristiano —luterano— confir-
mar la fe de sus hermanos y procurar que no sufra detrimento
en su integridad.
La persistencia de los ritos católicos lo exasperaba y no tardó
en aconsejar a los príncipes la supresión de la misa, no tanto por
ser una herejía corno por el carácter sacrilego de sus intenciones.
¿No afirma la reiteración constante del sacrificio de Cristo, como
si éste no se hubiera consumado de una vez para siempre?
Por lo demás comenzó a pensar que la coexistencia de dife-
rentes cultos en una misma ciudad era motivo de querellas entre
sus habitantes y las autoridades debían evitarlo unificando la fe.
Era u n retorno a las fuentes, pero sobre principios falsos, pre-
carios y pasablemente contradictorios.

SUBEN CALDERON BOUCHET

- 46 -i
LA FILOSOFÍA EN DESORDEN

Decir qué es el desorden exige primero definir al orden.


P a r a que sea ordenado el conocer (que es el fin de las ciencias,
entre las que la filosofía es primera) debe admitirse la existen-
cia de una correspondencia necesaria entre las cosas extra-mentales
e intra-mentales por una parte y la inteligencia por da otra. Esta
correspondencia es la adaequaíio intellectus et rei d e los escolás-
ticos, criticada y difamada desde la época medieval, pero que sigue
siendo la mejor formulación de esta realidad. La razón es simple:
si esta adecuación es ilusoria no hay ninguna otra que sea real.
Esto mismo respondió Descartes a u n corresponsal de su época: si
lo único que podemos conocer son dos pensamientos de nuestra
m e n t e (no- una adaequaíio con el mundo extra-mental), nada
es real; deberíamos "cerrar la puerta de la razón y aceptar que
somos monos o loros y no seres humanos". Lo que Descartes
debió haber señalado es que esos monos y loros pueden hablar
•clara y coherentemente, y aun pueden pensar que hablan con
sentido, pero -nunca podrán descubrir si hablan de la realidad o
sólo de una serie de signos coherentes.

Desde el siglo XVII hubo pensadores que, intentando una


nueva metodología, quisieron determinar la posibilidad o im-
posibilidad del conocimiento. Los nombres que más sobresalen
son Leibniz, H u m e y Kant. Pero sólo desde el siglo X I X esta
problemática se planteó de tal modo que no sólo invalidó las
conclusiones previas, fuesen éstas escolásticas, cartesianas o aun
kantianas, sino que destruyó l a naturaleza misma del problema.
K a n t dio el impulso inicial a esta nueva dirección cuando escribió
en Prolegomena: "el entendimiento no deriva sus leyes de la
naturaleza, s'ino que se las impone" Esto significaba el f i n d e la
metafísica, de esa ciencia que trata del ser en cuanto ser. En
lugar de buscar un mejor conocimiento de la realidad extra-mental
(que pasó a -ser área exclusiva de las ciencias experimentales, y
esto en un sentido restringido), el postulado kantiano abrió la
puerta para la interminable búsqueda filosófica sobre la naturaleza
del conocimiento; En sí mismo, este es u n problema filosófico,
pero la investigación f u e hecha con una modificación substancial
respecto al modo tradicional de abordar la epistemología: el pun-
to de mira ya no f u e la mente h u m a n a en cuanto que toma con-

- 47 -i
tacto con lo que no es ella misma, sino la mente humana en cuanto
producto de la historia, que es cambiante, y que tiene una relación
también cambiante con el mundo. Más aún: el mundo también
debe ser concebido como cambiante en su esencia ya que, de
acuerdo a la afirmación kantiana, el entendimiento impone sus
leyes a la naturaleza. De este modo en toda época marcada por
los cambios históricos de la mente, el objeto del conocimiento, el
mundo aprehendido, sufre también una alteración radical. La
filosofía se- convierte en hermenéutica, en un trabajo de interpre-
tación constante, con el agravante de que cada época de inter-
pretación es totalmente independiente de las restantes: es única,
incomunicada e incomunicable, clausurada en sí misma.
D e este enfoque filosófico han nacido las influyentes teorías
historicistas y evolucionistas que, como lo hace la misma filosofía
"moderna", sostiene o afirma la existencia de un substractum
trans-especulativo e inmanente al que se llama "Historia" o "Evo-
lución". Este substractum no es nada estable, sino que aparece
como un flujo, una tensión, una futuridad. Pero mientras que
Darwin, acertado o equivocado en cuanto a la evolución, no
pretendía conocer la totalidad de ese substractum, al no fijar
u n punto final al proceso- de evolución, Hegel, reclamando un
total dominio sobre su substractum, concibe a la filosofía como
u n proceso de evacuación de lo infinito en lo finito, de Dios en
el hombre. Como ha dicho Heidegger, escribiendo sobre el intento
hegeliano, el objeto del entendimiento para Hegel es el Ser como
pensamiento auto-pensante que finalmente se convierte en auto-
consciente en el proceso de su desarrollo especulativo. De este
modo el pensamiento atraviesa distintas etapas de desarrollo (1).
El substractum evacuado de Dios en el hombre o, en otros tér-
minos, el auto-pensante proceso del Ser, es luego espíritu, término
igualmente aplicable en filosofía y en historia, y también en los
campos de la ley y de la voluntad (ver a Schelling para esta úl-
tima interpretación).
El punto terminal de este proceso es el conocimiento absoluto,
el cual importa un estado divino. Todo esto supone que el pensa-
miento y los hechos progresan dentro de una armonía preestable-
cida y determinándose recíprocamente. Al nuevo orden político na-
poleónico correspondía en el plano intelectual la aparición de la
Fenomenología del Espíritu. Y este segundo hecho, siendo de na-
turaleza especulativa (espiritual, auto-pensante), supera de facto
al primero, ya que en la misma Fenomenología leemos: "Si el co-
nocimiento es un instrumento para subyugar a la esencia absoluta.

(1) M. Heidegger, "The Onto-Theo-logical nature of Metaphysics", en Essays


in Metaphysics, Philosophical Library, 1960, p. 38.

- 48 -i
entonces la aplicación de un instrumento a .una cosa modifica la
cosa" (2). Pero nos resulta claro que ello no es así: el conocimien-
to no es u n instrumento, y no modifica la esencia de las cosas; sólo
intenta alcanzar esa esencia.
Todo sucede de este modo si se admite que en cada período
histórico, coincidente con las distintas "fases hegelianas de desarro-
llo" del Ser, quedamos presos en u n sistema. Pero miremos u n po-
co alrededor de esta celda que h a fabricado la filosofía moderna.
Lo primero que descubrimos es que la epistemología clásica ha
sido invalidada. Según ella somos seres limitados (oreaturas), y
por tanto nuestro conocimiento es también limitado. El sujeto y
el objeto se distinguen realmente, pero el primero sale de sí y
aprehende al segundo. La definición del conocimiento como adae-
quatio se apoya aquí firmemente, aunque esa adecuación no es ni
absoluta ni completa. El conocimiento tiene certeza, pero como han
sostenido Aristóteles y Santo Tomás, nuestra inteligencia pasa de
la potencia al acto y alcanza, al principio, u n cierto conocimiento
confuso.
Desde el punto de vista de la nueva epistemología, la distin-
ción sujeto-objeto y consecuentemente la condición no plenaria
del conocimiento, son fracturas graves que deben superarse. No
sé si quienes proponen esta nueva epistemología comprenden que
el precio que hay que pagar p a r a superar estas "deficiencias" es
nada menos que la desaparición del sujeto y del objeto. El sujeto
es entendido como algo que está en manos del espíritu histórico
en su fase auto-pensante más o menos desarrollada (Hegel), o,
usando el lenguaje de Heidegger, es atención al ser; el objeto es
deshecho, dominado, sometido por el acto de conocimiento. La
desaparición del sujeto y del objeto se pretende compensar por
e l hecho de una revelación permanente que se sigue de la noción
hegeliano-heideggeriana de que la historia del ser es su propio
desenvolvimiento. La historia aparece así, no como una empresa
de cooperación entre la guía de Dios y la libertad humana, sino
como la periódica auto-develación del ser. Así subraya Hans Jo-
ñas que "al desaparecer la posibilidad y la necesidad de distinguir
entre doctrina verdadera y herejía desaparece la idea misma de
doctrina verdadera" (3). Esta desaparición de distinciones está
precedida, naturalmente, por la desaparición de un conocimiento
verdadero.
¿Por qué se ataca la epistemología clásica? Según la posición
prevaleciente en este ataque, representada por la línea de pensa-

(2) Hegel, La Phénoménologie de l'Esprit, París, Aubier-Montaigne, p. 65.


(3) "Heidegger and Theology", ponencia leída en el Segundo Simposio de
Hermenéutica, Drew University, abril 1964.

- 49 -i
dores que va de Hegel a Heidegger, y plenamente explicitada en
el sistema de este último, la teoría gnoseológica de la adaequatio
está infectada por u n estrecho antropomorfismo o centralización
en la razón, consecuencia de u n descarrilamiento filosófico. Heideg-
ger trata esta cuestión e n u n largo ensayo de Holzwege ("Cami-
nos que no llevan a ninguna parte") bajo el título de "La Era de
las Cosmovisiones". La afirmación substancial de este ensayo es
que desde Platón el hombre occidental ya no se somete al ser, si-
no que somete el ser a sí mismo y lo reduce a representaciones,
de modo que el mundo se hace imagen (Bild). De acuerdo a esto,
el hombre platónico u occidental dice que conoce cuando posee
e-videncia, visión, retrato, idea, eidos. En opinión de Heidegger es-
to es un descarrilamiento especulativo: el hombre pre-platónico
conocía en cuanto que estaba atento al ser, y el hombre medieval
(escolástico) conocía en cuanto que era creatura. Ninguno de ellos,
según Heidegger, redujo el ser a la condición de objeto convocado
a la presencia del hombre (vor-stellen).

Discrepamos con Heidegger. Sólo la Inteligencia divina cono-


ce las cosas de modo comprehensivo. La inteligencia humana tiene
un conocimiento mediato, re-presentado. Heidegger piensa que es-
to es un escándalo: la representación, para él, es u n proceso de
llamar al ser ante la presencia del hombre, quedando así puesto
(¡Vor-stellung) en dependencia del hombre, como u n mero objeto,
calculable, mensurable y manipulable. La prueba de este escán-
dalo es para Heidegger q u e el hombre (y no el ser) es el único
que pone nombres a las cosas y establece normas. Así la represen-
tación pasaría a ser algo manipulado y concebido, objetivado, in-
vestigado y dominado, y ya no la de-velación del ser para nosotros.
Allí donde nosotros vemos una lógica consecuencia de la reali-
dad de las cosas, Heidegger ve la degeneración de la filosofía. Re-
cordemos, por ejemplo, que en el Génesis se atribuye a Adán, y no
a Dios, la función de poner nombres a los animales y a las cosas;
y recordemos también que nombrar (conceptualizar) no es la co-
sa sino adaequatio a la cosa. Ni el' ser, ni las cosas, ni quien pone
los nombres (el conceptualizador) quedan humillados por este pro-
ceso, ya que éste se sigue de nuestra propia condición limitada
(creatural) y de la condición limitada del mundo. Lo que Heideg-
ger intenta es lograr una especie de unió mystica con el ser, y de
este modo abolir la distancia sujeto-objeto, llegando así a un co-
nocimiento total para el filósofo atento a la de-velación del ser.
Pero nosotros, por nuestra parte, debemos nuevamente coincidir
con H. Joñas: u n a unión tal entre el hombre y Dios, o entre los
hombres, sólo es posible en momentos muy especiales: "son rela-
ciones existenciales de u n tipo muy especial" (loe. cit.). El origen
de la "grieta" entre sujeto y objeto no es ese supuesto descarrila'

- 50 -i
miento de la filosofía occidental, sino que es una realidad admiti-
da tanto por Moisés como por Platón. Es algo que está en la na-
turaleza misma de las cosas.
¿Qué ocurre con el conocimiento en la especulación contem-
poránea en cuanto ésta está influenciada y orientada por Heideg-
ger? La crítica de la representación como imagen (VorstelTung
ais Bild) tiene enormes consecuencias. En p r i m e r término, como
se ha señalado, la posición de Heidegger es inseparable de la crí-
tica del sujeto cuya falta (en el sentido de un "pecado original" fi-
losófico) es representar al ser como objeto: el hombre debe tras-
cender su subjetividad, y de este modo ser "recibido en la Nada
que es el ser mismo" (loe. cit.). En segundo lugar, la crítica de Hei-
degger anula, junto con la imagen, el cogito mismo, el pensamiento
conceptual en cuanto tal. "El pensamiento sólo empezará —escribe
en otro de los ensayos d e Holzwege—, cuando aprendamos que la
Razón, glorificada durante siglos, es la más estricta contradicción
del pensamiento" (en "frase de: Nietzsche, 'Dios ha m u e r t o ' " ) .
La razón y el pensamiento conceptual forman una única cate-
goría heideggeriana, y por cierto no una categoría privilegiada.
La nueva epistemología debe organizar todas las otras categorías
(Angst, Sorge, etc.), para salvar a la filosofía de esa invención pla-
tónica que es la metafísica. La filosofía es "la correspondencia for-
malmente consumada que habla en cuanto que considera el lla-
mado del ser del ente" (4); o, según otra formulación, "la filoso-
fía consiste en nuestra apertura hacia aquello que es horizonte
de la búsqueda filosófica, fundamentalmente, el ser del ente" (5).
Para nosotros es necesario captar el transfondo de la concep-
ción heideggeriana de la metafísica. Allí no h a y filosofía; sólo
hay apertura-hacia y referencia a los sucesivos desenvolvimientos
del ser. Y aquí se nos hace evidente que este caminar hacia el ser
es mucho más ambicioso que el simple conocimiento al que humil-
demente llega la razón; de una razón que, para empeorar su pro-
pia situación, confiesa sus propias limitaciones! E l remedio que
se nos propone es recurrir a aquellos filósofos que h a n descifrado
tantas trampas usadas por la filosofía occidental al estar empeña-
da en reducir el ser a representaciones, a imágenes. Y así se llega
a sostener que el f r a u d e perpetrado desde Platón hasta Nietzsche
puede suscintamente formularse diciendo que el cogito ocultaba lo
fundamental, que la razón desfiguraba al ser. Ahora ha llegado el
momento de desenmascarar a la razón; esta es la misión de la filo-
sofía embarcada en la nueva de-velación del ser.

(4) What is Philosophy?, Twayne Publisher, 1958, p. 73.


(5) Idem, p. 71.

- 51 -i
En este itinerario hacia el ser, la filosofía -primero debe lim-
piar el campo y mostrarse desconfiada (como escribe Paul Ri-
coeur) de los filósofos -de la razón. Desconfiada de sus conocimien-
tos porque fabrican ilusiones; de la evidencia y el razonamiento
verdadero, de las imágenes que pretendiendo ser respuestas, sa-
tisfacen nuestras preguntas y f r e n a n la atención que es in-termina-
ble. ¿Quiénes son los filósofos de la desconfianza, los descifrado-
res? Freu-d, que descubrió los impulsos libidinosos bajo las imáge-
nes del padre y de Dios; Darwin, -que arrancó al hombre su pri-
macía, su centralidad en la creación, y -encontró por debajo de una
fachada d e estabilidad de las razas crea-das por Dios, todo el mo-
vimiento de la evolución; Marx, que desenmascaró al Estado, la
Sociedad y la Clase, y encontró bajo estas respetables instituciones
intereses únicamente económicos; Nietzsche, que desenmascaró la
moralidad hebreo-cristiano-socrática (y su Dios imaginado y con-
ceptualizado) y dejó al descubierto la realidad subyacente: la vo-
luntad de poder; y así otros.
El nombre de todo este juego es: des-enmascarar. Pero Ricoeur
no se da cuenta en su estudio de hermenéutica (6) que lo que
Freud, Marx, Darwin, etc., hicieron —bien o mal, eso es otra cues-
tión— f u e hecho antes como función normal de la razón crítica.
Al igual que otros, los "filósofos de la desconfianza" aplican la ra-
zón a su objeto natural en u n trabajo sistemático (ciencia) orien-
tado a analizar ese objeto, y a lograr resultados positivos. Pero eso
no es lo que ellos dicen que están haciendo. Heidegger, Ricoeur y
otros, como Hegel lo hizo antes, dividen la historia de la filosofía
en fases d e desarrollo, clausurada cada una en sí -misma: la natu-
ral (pre-socrática), fase en que el hombre estuvo abierto a la auto-
desclausura del ser; el descarrilamiento (desde Platón hasta Nietzs-
che), época de la razón y la imagen; y la salvación (ahora). De esta
división tripartita se sigue que el pensamiento, antes de la "filoso-
• fía de la -desconfianza" era fingimiento y falsedad, porque la razón
-había usurpado el lugar d e otras categorías. Consecuentemente, el
papel central de la hermenéutica moderna en la "nueva era" de la
filosofía es -derribar a la razón de su lugar privilegiado. La razón
debe ahora confesar ante el tribunal de Heidegger y d e Ricoeur
que su método es preguntar ordenando varias representaciones en
u n concepto abierto que es luego cerrado con la ayuda de otro con-
cepto, la respuesta. La pregunta termina cuando se encuentra la
evidencia.
La visualidad qu-e per-turba a Heidegger no nos perturba a
nosotros. P a r a nosotros, como lo era para Platón y Aristóteles, la
visión es el más intelectual de los sentidos; los ojos colaboran na-

(6) Le Conflit des interprétations, Ed. du Seuil, Paris, 1969.

- 52 -i
turalmente con la mente, más naturalmente que los otros senti-
dos. Hans Joñas nos recuerda aquel pasaje -bíblico: "todo el pue-
blo vio la voz" (Éxodo 20,18).* Si la razón -es descalificada, no por
ello los sentidos serán beneficiados; m á s aún, quedaremos entre-
gados -a los impulsos, los dinamismos obscuros, los estímulos libi-
dinosos, la voluntad de poder, la atención al ser; ya que cualquier
coagulación de la experiencia en u n concepto cae bajo sospecha
y es mirada como algo fraudulento.
Recordemos que en toda esta controversia el "concepto" no
es entendido como un mero término lógico-gramatical. Es más que
una fase en el proceso de raciocinio. Para Hegel y Heidegger el
concepto es u n instrumento para capturar el ser, al que intentan
liberar de esta armazón arbitraria. Pero todo esto es para nosotros
imposible. Es antifilosófico. No -podemos pensar sin conceptos.
Nuestro -conocer consiste en representaciones válidas y las rela-
ciones de estas represntaciones, igualmente conceptualizadas. Si
se eliminan los conceptos, quedan conjuntamente eliminadas las
normas, el razonar metódico, la conciencia y, más allá todavía, el
juicio moral y Dios mismo. La misión propia de la filosofía es
analizar y re-analizar conceptos, normas, cuestiones y su solución,
El resultado sólo podrá ser: conceptos y normas más perfectos,
cuestiones mejor formuladas y un discurso racional más adecuado.
La ambición de la hermenéutica heideggeriana es otra. Es,
como ya se ha señalado, salvar a la filosofía de la metafísica. Pa-
ra nosotros, nutridos en el pensamiento clásico, ésta es una em-
presa inaudita, literalmente escandalosa. Heidegger lo sabe, y se
coloca en paralelo -con otra "empresa escandalosa", el descubrimien-
to -del1 Superhombre según la afirmación del Zarathustra de Nietzs-
che: "Dios ha muerto, nosotros lo hemos matado". Heidegger, en
el ya mencionado ensayo de Holzwege, dice que estas palabras son
"terribles", y es la misma calificación que debemos dar a su pro-
pio proyecto de salvar a la filosofía de la metafísica. Argumenta
que Nietzsche en su proclama no ha abolido a Dios sino al dominio
de lo suprasensible (metafísica). La metafísica, escribe Heidegger,
es el lugar en que las Ideas (Dios, Cristianismo, Moralidad, Pro-
greso, etc.), caen, una tras otra, en una t r a m p a después de haber
perdido su vitalidad. Y ¿por qué pierden su poder constructivo,
su validez, por qué caen? Porque vienen de f u e r a (o de arriba) y
se proponen representar el ideal de la existencia. En este sentido,
"Dios" es un término colectivo que sostiene todos los ideales; su
asesinato es la caída de todos los ideales dictados al hombre "des-
de arriba" por una hipotética deidad o por sus subrogados. En la
época de Nietzsche "Dios" había degenerado tanto ("Dios" mismo

* El texto de la Vulgata dice: "populus videbat voces..." (N. del T.).

- 53 -i
era una forma de degeneración propuesta por las derivaciones de
la metafisica platònica) que pudo ser reemplazado por ideales
tan vulgares como "la felicidad de las masas", "el socialismo", la
música wagneriana. Esto resultaba tan evidente para Nietzsche
(y para Heidegger) que la solución f u e no prolongar la serie de
ideales degradados, sino invertir todos los valores, esto es, empe-
zar un nuevo movimiento de valoraciones: "la inversión de los va
lores es un cambio completo en el proceso de valoración".

No he podido evitar el uso de la palabra "solución" en la afir-


mación precedente, pero el lector comprende que está fuera de
lugar. Nosotros podemos llamarla solución, pero Heidegger no tie-
ne nada que ver con esa palabra. En su concepción, lo que Nietzs-
che ha encontrado no f u e una solución, un nuevo valor, sino una
nueva de-velación del ser: la fase anterior, ahora abolida, había
sido metafísica (Dios, lo suprasensible) ; la fase que sigue no puede
ser una nueva metafísica, debe ser algo completamente distinto
de la metafísica. ¿Qué será? El Filósofo, atento al ser, puede bos-
quejarlo si es "pastor del ser". La nueva de-velación es la volun-
tad de poder. ¿Y en qué consiste su novedad? La voluntad-de-poder
es enteramente inmanente; en la interpretación heideggeriana
del pensamiento de Nietzsche es u n querer que se quiere a sí mis-
mo, que quiere más poder, siendo que querer y poder son básica-
mente idénticos. Es el ser del ente o, en nuestro lenguaje, el ser
último. Aunque para Heidegger no hay nada último, sólo hay ser
y hombres atentos a él, pero no valorándolo. Las de-velaciones
del ser (manifestaciones) no pueden ser numeradas, ninguna es
más final que las otras. En otras palabras, el ser no tiene densi-
dad ontològica, no es como Dios, que se aparece a Abraham, en e]
Sinai, en Belén. Ya hemos visto que entre las grandes ideas meta-
físicas destinadas a caer en la trampa del nihilismo también esta-
ba el cristianismo.
De este modo el ser no es Dios, es simplemente lo que es. Sólo
puede articularse la respuesta a su silenciosa llamada, y después
de una espera que se agota. Comprendemos por qué Heidegger da
t a n t a importancia a la ley de Nietzsche del "eterno retorno de lo
mismo", siendo que cada tiempo es u n a novedad en la serie sin
fin de de-velaciones . La novedad puede ser religión, ateísmo, Dios,
Hitler, comunismo, voluntad de poder, incluso silencio. Pero note-
mos algo: todas son respuestas humanas, nuestras variaciones, en
tanto que el ser permanece frío, remoto, indiferenciado. Hegel
concedía, al menos, que los hombres finitos necesitaban la totali-
dad de la historia para agotar el espíritu del infinito. El panora-
ma de Heidegger es más desolador; bajo el sol oscuro del ser, el
hombre, en vana agitación, ofrece sus innecesarias respuestas co-
mo sacrificios a un extraño dios que no pregunta nada.

- 54 -i
¿En qué radica, pues, el presente desorden filosófico? Diga-
mos ante todo que este desorden, como nos es inmediatamente ob-
vio, no tiene a Heidegger por causa única, ya que otros filósofos
especulativos comparten con él esa responsabilidad. Este desorden
radica en u n fatal debilitamiento del discurso racional, en u n gra-
dual rechazo del objeto, de la realidad extra-mental en general y
del sujeto mismo. Convertidos así los dos polos del conocimiento
en algo precario, sus instrumentos, es decir, la representación, el
concepto, la evidencia, el cogito, la conciencia, las normas, quedan
también descalificados. Se los mira como injustificados, aun co-
mo fraudulentos, como simples coagulaciones de esfuerzos, impul-
sos, estímulos libidinosos, voluntad de poder, dinámica de clase.
Con Ricoeur, la hermenéutica alcanza u n punto en que se consi-
dera deshonesto contestar preguntas, porque sería reducir el ser
que es (al que se ha hecho único contenido legítimo de nuestras
preguntas) a una estructura conceptual informada por la razón.
No debemos maravillarnos que desde el existencialismo de Sartre
a la teología fluyente, de la "cristificación" teilhardiana a la "teo-
logía del f u t u r o " de Jürgen Moltmann, la existencia sea interpre-
tada como eficacia, como apertura al llamado de u n ser brumoso,
como proyecto nunca-terminado ("salto adelante") de sí. De la
especulación anti-conceptual del filósofo al rechazo que el hombre
de nuestra época hace de todo compromiso final sólo media un
corto paso.
En el tercer ensayo de Holzwege ("La palabra de Anaximan-
dro") Heidegger lleva más adelante este desorden filosófico, que
él ve como la restauración de la filosofía. En éste y en otros tra-
bajos persiste en insistir que Occidente y su pseudo-sabiduría es-
tán condenados, condenados fundamentalmente desde Platón y
en u n segundo grado por el Cristianismo. Si se niega radicalmen-
te a la razón su- función central y legítima, como lo hace Heidegger,
también se debe concluir que la decadencia de Occidente no es
meramente histórico-cultural como sostiene Spengler, sino mucho
más: la disolución de la razón, que hasta aquí era forma del cono-
cimiento, en provecho de una forma nueva. Anaximandro dice:
"Desde que las cosas nacen, en esa medida deben también destruir-
se; deben expiar y ser juzgadas por su injusticia, según la
regla del tiempo". Tanto Nietzsche como Heidegger entienden que
en la escala de Anaximandro, Occidente está en su nadir. Para
ambos se trata de una noticia "terrible", pero al mismo tiempo
maravillosa. "¿Estamos —pregunta Heidegger en su ensayo— en
el amanecer de la más enorme transformación de toda la tierra
y de su tiempo histórico? ¿Estamos en la'Noche esperando la Ma-
ñana?"
¿Por qué este optimismo? En el enfoque de Heidegger la me-

- 55 -i
tafísica occidental no f u e sino un intento fallido, incapaz para
penetrar en la esencia aún suponiendo que ésta estuviese allí. Y
por eso él considera que la siguiente formulación de Nietzsche es
la más importante de la filosofía occidental en su decadencia-ama-
necer: "¡Que el sello del ser sea impreso en lo cambiante!" Esto
se consideró la síntesis mejor lograda del gran proyecto metafí-
sico de Nietzsche; y este sumario se convirtió en u n programa que
sus discípulos llevaron adelante. Heidegger aclara que la palabra
"ser" en esa expresión, es el equivalente del "eterno retorno a lo
mismo", que es pensamiento central d e Nietzsche. Releamos ahora
esa afirmación según lo que propiamente quiere decir: el mundo
está en flujo constante (cambiante), no en una determinada di-
rección, sino siempre volviendo sobre sí mismo. De este modo lo
que es está cambiando, no siendo. Esta es la interpretación de la
Eilosofía que dan Nietzsche y Heidegger, y constituye el núcleo
de la hermenéutica contemporánea. No se trata de una interpre-
tación realmente nueva, sino que es u n a acomodación del regreso
a sí (bei sich sein) del espíritu absoluto hegeliano, y, antes que
Hegel, del gran ciclo de la especulación hindú, y, aún antes, del
mito de la serpiente que se muerde su propia cola. El significada
último del mito es q u e no hay ningún significado; si lo mismo re-
torna eternamente, todo ser humano y todo hecho está determi-
nado y se hace o sucede como sus innumerables copias anteriores
o subsiguientes. El tiempo mismo pierde sentido y diferenciación,
y la razón funciona en el "vacuum" desde que sus percepciones y
juicios ya no son tales.

Todo lo que detenga el flujo y el ciclo, ya sea la evidencia que


reconoce y f i j a las cosas, ya el concepto que las delimita, o la
inteligencia que las toma y las usa, todo eso es interpretado por
la nueva epistemología como pura ilusión. Los conceptos (repre-
sentaciones, nombres, respuestas) son engaños, estratagemas de
un yo astuto para inmovilizar el flujo. El mundo del sujeto y del
objeto, el mundo de la razón y de los datos de la razón, las percep-
ciones originales —todo nuestro ser racional y sus i m p l i c a n c i a s -
son consecuencias de una caída en el ser (el ser d e Aristóteles,
no de Heidegger).

Un comentador de Heidegger ha dicho muy exactamente que


el pensamiento del filósofo alemán tiende a mezclarse con la nes-
ciencia oriental: "A menudo se siente que Heidegger dice en len-
guaje occidental lo que ha sido no-dicho... en Zen" (7). La filo-

(7) Kurt F. Leidecker, lntroduction to Heidegger's Essays in Metaphysics,


p. 3.

- 56 -i
sofía de Heidegger —aunque, como vimos, él no está solo en es-
to— es creadora del desorden porque en ella aparece como filoso-
fía especulativa occidental lo que es un sistema de salvación cua-
si-oriental. Este sistema de salvación consiste en decir la palabra
debida, en el tiempo debido, por la persona debida para reintegrar
así este mundo caído en la Nada.

THOMAS MOLNAR

Ediciones "MiKAEL"
1. SAN MIGUEL, EL ARCANGEL DE DIOS

Un estudio del P. A l f r e d o Sáenz sobre la n o b l e


f i g u r a del Príncipe de la Santa Iglesia, desde el
punto de vista teológico, histórico, litúrgico y es-
piritual. Seguido de un apéndice que contiene la
Secuencia de San M i g u e l Arcángel, la Corona A n -
gélica, eí Exorcismo de León XIII, etc. Presentación
del P. A l b e r t o Ezcurra $ 250

2. ¿HACIA UN CRISTIANISMO MARXISTA?

Valiente documento del Episcopado C o l o m b i a n o


que lleva por título " I d e n t i d a d cristiana en la ac-
ción por Ia- justicia" en el q u e se denuncia con toda
claridad los diferentes aspectos de la infiltración
marxista en la Iglesia d e Latinoamérica. Presenta-
ción del P. Hernán Q u i j a n o Guesalaga > $ 300

3. De p r ó x i m a aparición: LOS TEORICOS DE LA SUB-


VERSION. Freire-Marcuse.

- 57 -i
ROMANCILLO DEL SEÑOR SAN JOSÉ

¡Y cómo lloraba
La Virgen María/
/Qué tiernos extremos
De ausencias hacía/
Pensar que el Esposo
Pensar que moría,
Pensar que el caifado
De lirio caía
Sin saberse dónde
Resucitaría:
Si entre los olivos
Del Monte sería
O acaso en el Qólgota
Que oía 14 gemía.
¡V cómo lloraba
La Virgen María/
En tomo de) lecho
Que al Cíelo se abría
forman las escuadras
De la angelería.
No muere de viejo:
De santo moría
José carpintero
De la Profecía.
Callan las mujeres
Sobre su agonía,
Y a su lado el Hijo
Que le bendecía...
V llora que llora
Que te lloraría,
Colmada de gracia
La Virgen María.

IQNACIO B. ANZOÁTEQUI
PARA UNA FILOSOFÍA DE
LOS ÁNGELES
Regina angelorum
ora pro nobis

En principio el tema de los ángeles parece escapar completamente


al ámbito de la filosofía, es decir a una reflexión puramente racional,
fundada en elementos comprobables. Las tesis más profundas y escla-
recedoras de la metafísica responden en último término, como es sabido,
a necesidades de inteligibilidad. Es decir, se imponen como respuestas
ineludibles a losi problemas que plantea la realidad accesible al hom-
bre. Por ejemplo la tesis aristotélica de la distinción entre ser en acto y
ser en potencia es la necesaria explicación inteligible de la realidad del
cambio, que el hombre percibe en su mundo. Del mismo modo, no
cabe una comprensión última de las transformaciones sin recurrirse a la
teoría de la materia y la forma. Y así podríamos argüir con referencia
a tantas cuestiones que se suscitan respecto al ser o al conocer, o al
mundo, o a ;la vida, etc. El pensamiento filosófico va elaborando sus
tesis y sus doctrinas como esclarecimiento necesaria y explicación de lo
que comienza por fundarse en sus inmediatas comprobaciones (1).

Incluso la existencia de Dios, su naturaleza y atributos, aparece


ya desde el comienzo de la reflexión filosófica como una meta a su al-
tance. Por supuesto que no. se trata de la vida profunda de Dios y su
•nsondable realidad, lo cual escapa también al discernimiento puramente
humano, pero sí de la necesidad de postular un principio único, causa
de todo lo existente y trascendente al mundo. Hasta allí lleqa también
la filosofía, v sabemos hasta qué p u n t o los filósofos de todos los tiem-
pos se han ocupado de este asunto fundamental y lo han considerado
como el p u n t o culminante de su pensar. En cambio en el caso de los
ángeles, parece que las cosas no fueran así. No se nos impone lai exis-
tencia de los espíritus angélicos como una necesidad de inteligibilidad

(1) Se ha dicho que las tesis filosóficas responden a exigencias de inteligi-


bilidad; las hipótesis científicas, en cambio, son explicaciones provisorias,
que pueden ser corroboradas o sustituidas por otras, y referentes a hechos
y fenómenos.

- 61 -i
respecto de la realidad a la cual tenemos acceso; es decir, que la no
existencia de los ángeles no se nos presenta como un absurdo para la
razón, como sería el caso de la n a existencia de Dios o de la negación
de las principales tesis metafísicas, y por supuesto, de los primeros prin-
cipios. En este sentido, ¿cómo puede hablarse de una filosofía de los
ángeles? Sólo podría pensarse, pareciera pues, en una teología de los
ángeles.

En efecto la teología, o ciencia sagrada (2), tiene su fundamento


en la Revelación y presupone por lo tanto la fe, o sea la aceptación
de la verdad de lo revelado. Para el cristiano la. existencia de los ánge-
les forma parte del depósito de la Revelación, es decir de un conjunto
de proposiciones que aun cuando se presentan a la razón como verosí-
miles y no contradictorias, no se imponen sin embargo de un modo
apodíctico; son por lo tanto extrarracionales, o sea extrafilosóficas. No
•cabría entonces una demostración racional de la existencia de los án-
geles, al modo, por ejemplo, como la demostración de la existencia de
Dios por las cinco vías. Sin embargo, a pesar de ello, y aunque no se
trate de certezas o verdades necesarias, ofrece también la razón argu-
mentos convincentes, o por lo menos más adecuados para el esclareci-
miento de ciertos aspectos de la realidad. En tal sentido Santo Tomás
considera que p u e d e argumentarse racionalmente a favor de la exis-
tencia de los ángeles. En numerosos pasajes, en efecto, de ambas Su-
mas — la1 Suma Teológica y la Suma contra los Gentiles— así también
como en su opúsculo sobre las Substancias Separadas, nos encontramos
con consideraciones filosóficas y también históricas acerca de esos espí-
ritus que algunos denominan meramente substancias espirituales, o in-
teligencias, y que otros, en versiones de carácter mitológico, los veían
como dioses o demonios, y que comprendidos adecuadamente pueden
asimilarse a lo que se entiende precisamente por ángeles (3).

Deja sin embargo bien en claro Santo Tomás que los argumentos
que emplea no son absolutamente probatorios, de modo que pudiese
concluirse 1 la necesaria existencia de los ángeles como resultado de pre-
vias verdades racionalmente evidentes. Se trata solamente de argumen-
tos denominados de congruencia, o sea fundados en determinadas, exi-
gencias de correspondencia y de orden, a los cuales la razón adhiere en
v i r t u d de'su adecuación respecto de otras proposiciones que1 se presen-
tan como verdaderas. Es decir, se trata de argumentos verosímiles, del
punto de vista racional, coherentes, y que aclaran cuestiones que serían
más difíciles de entender si tales argumentos además de no ser verosí-
miles no fueran verdaderos. Sería] el caso como si en .un sistema d e ver-

(2) La teología versa sobre Dios, o sobre otras cuestiones pero en cuanto
se las encara desde la perspectiva de la Revelación.
(3) Aristóteles hace referencia a las inteligencias que mueven las esferas. Cf.
I. Met. c. 6:987, a y XI, 8, 10, 1074, a.
dades bien claras y probadas, quedasen ciertos vacíos, ciertas lagunas,
que una exigencia de congruencia llevase a cubrir con proposiciones
no plenamente fundadas pero que engarzadas en el conjunto favorecie-
sen la comprensión del todo.

Los argumentos de congruencia considerados en sí mismos y aisla-


damente, no pertenecerían estrictamente al orden exclusivo de I ai razón,
en cuanto requieren el' apoyo q u e mencionábamos, pero tampoco serían
argumentos de fe. En el caso de los ángeles no se trataría pues de demos-
trar la existencia:de los, mismos!Imediantes razones 'lógicas, fundadas en
datos de la experiencia o remontándose a los primeros principios; sería
el caso, simplemente, de argumentar en favor de dicha existencia par-
tiendo de ciertas consideraciones acerca del orden del universo y de la
jerarquía de los seres, de tal modo que !a existencia de ciertos seres
inteligentes, substancias puramente espirituales, apareciese como algo
requerido para una mejor comprensión de la, realidad del m u n d o y del
hombre, pero sin que ello signifique una condición indispensable para
dicha comprensión.!
11
Si no existieran, en efecto, tales substancias puramente espirituales,
faltaría cierto orden en la creación, o en todo caso, faltaría un eslabón
en la cadena de los seres,! desde los puramente materiales, hasta la es-
piritualidad sin mezcla de materia, pasando por los vivientes, las plan-
tas, los1 animales y por supuesto el hombre; pero en éste se da el espí-
ritu unido al cuerpo, como forma substancial del' mismo y por ello cons-
tituido de tal manera que muchas de sus potencias necesitan del órgano
corpóreo para su desenvolvimiento. Los espíritus puros llenarían enton-
ces un vacío en los' gradosi del ser, de m o d o que en la línea del espíritu
hubiese quienes tuviesen una espiritualidad autosuficiente y completa
en sí misma (4). Piensa además Santo Tomás que las substancias espiri-
tuales, es decir los ángeles, intervendrían en el gobierno del mundo,
tal como ya lo había considerado Aristóteles respecto de las inteligen-
cias'y su relación con las esferas y los astros. Además siendo el univer-
so tan vasto, tan inconmensurable para el hombre, y conociendo éste
una tan pequeña parte del m u n d o , quedaría entonces un inmenso sec-
tor del mismo, la mayor parte; por cierto, fuera del alcance de las inte-
ligencias creadas, casi como un exceso d e sobreabundancia; con lo cual,
piensa t a m b i é n Santo Tomás, no se glorificaría la obra del creador; en
,¡cambio, de ser con'ocido por otras inteligencias creadas, volvería en
cierto modo el universo pleno a su Primera Causa, a Dios, en una mani-
festación gloriosa de todas las cosas.

(4) En la Sum. Teol. las partes dedicadas especialmente a los ángeles son:
a) I p., Qs. 50-64, y b) I p., Qs. 106-114. Para este trabajo se han tenido
también en consideración las introducciones a tales partes que figuran en
la edición de la B . A . C .

- 63 -i
Más a ú n , si pensamos en el universo p r o p i a m e n t e humano, mucho
más asombroso y p r o f u n d o q u e el .universo material, podemos extender
esa idea de Santo Tomás, sin! á n i m a de exagerar, por cierto, hacia otras
múltiples manifestaciones de la realidad. ¡Cuántas maravillas, en efecto,
acaecidas a través d e la historia, cuántas acciones humanas, cuántas co-
sas dichas y pensadas por centenares de miles de personas a través de
todos los tiempos quedarían en cierto m o d o perdidas si no fuesen rete-
nidas por e! pensamiento angélico! ¡Cuántos afanes, cuántos sueños,
extravagantes o no, cuántas cosas sentidas, amadas o. temidas, imagina-
das, o meramente proyectadas, quedarían sumidas y perdidas en la
s u b j e t i v i d a d de cada cual, o naufragarían en el o l v i d o , si no las alcan-
zase la penetrante mirada de los ángeles! Las obras d e los hombres,
además, grandes o pequeñas, buenas o malas, habrán quizás de rein-
tegrarse a través del conocimiento, del amor, o del dolor angélicos
ante la presencia- del Dios uno y trino. Podría añadirse, incluso, que
la misma fascinación q u e ante nosotros t i e n e muchas veces el mal, su
atracc'ón e interés, -no sería explicable si fuese algo meramente nega-
t i v o , una ausencia- de b i e n o de orden, si no hubiese detrás de ello una
presencia angélica, una presencia angélica, en este caso, caída y ma-
ligna, por cierto, pero angélica al f i n , y atrayente por ello.

Para el teólogo y para quien acepta la sabiduría de la fe, la exis-


tencia de los ángeles es cosa cierta y revelada. Para el f i l ó s o f o , que en
cuanto f i l ó s o f a sólo debe partir de los presupuestos de la razón, es cosa
verosímil y c o n g r u e n t e con los principios racionales y algunos datos de
la experiencia, aunque no se trate de algo lógicamente demostrable.
Ello hace que el. f i l ó s o f o , como ta1!, pueda admitir dicha existencia co-
m o una hipótesis —si el f i l ó s o f o es cristiano la hipótesis se c o n f i r m a
¡con la fe, o la f e se refuerza con la misma hipótesis— y pueda llevar
cabo' por lo tanto todas las deducciones que se desprendan d e seme-
jante hipótesis. Así pues, el filós'ofo dirá: Si los ángeles existen, es decir,
si hay espíritus puros creados, substancias p u r a m e n t e espirituales, tales
substancias, tales seres pues, habrán de ser de tal o cual manera, ten-
drán tal o cual m o d o de conocer y de querer, tal m o d o de comunicarse,
tal lenguaje, etc.

Por cierto que además de los argumentosi de congruencia, interesa,


en 'otro o r d e n de cosas, tener en cuenta, como decíamos, -lo que se en-
cuentra en otras tradiciones culturales, al margen de la tradición y d o g -
mática cristianas, respecto de ciertas creencias y expresiones míticas.
Pensemos especialmente en el viejo paganismo greco romano, q u e nos
es tan p r ó x i m o por muchos motivtos, y en su compleja mitología. Todo
está allí, por cierto, t e ñ i d o de 'las invenciones y figuraciones de una
fantasía librada a su p r o p i o ímpetu, a un simbolismo no siempre cons-
ciente, y n o siempre controlado por la inteligencia. Sin e m b a r g o vela-
d a m e n t e aparecen elementos c o m o para que una sabia hermenéutica
encuentre ciertos rasgos que correspondan a loa espíritus angélicos. A h í

- 64 -i
están, en efecto, las teogonias y epopeyas con sus dioses y semidioses,
seres superiores a ¡los hombres pero subordinados, en último t é r m i n o a
jun p r i n c i p i o absoluto, que podrá ser el Destino, los Hados, o el Todo;
están líos espíritus protectores de las naciones, pueblos, ciudades, ríos
y bosques, los espíritus benignos y los espíritus malignos, los inmorta-
les,;, esas deidades q u e tienen mucho de d i v i n o y n o poco de humano.
¡Hasta, para un fülósofo como Tales "el m u n d o está 'lleno de dioses", e
incluso, hay algunos que se ocupan particularmente de cada hombre,
como, por ejemplo, era para Sócrates su " d a i m o n " , q u e lo hacía ir
siempre no donde él quería, sino d o n d e debía, y que según la interpre-
tación de Eugenio D'Ors, era el ángel guardián del f i l ó s o f o ateniense (5).

11 I
Decíamos q u e el filósofo q u e reflexiona' acerca de los ángeles co-
menzará por considerar la hipótesis de su existencia, para deducir d e
la aceptación de tal hipótesis, la índole y características de dichos seres
espirituales. Si el f i l ó s o f a es alguien que acepta el depósito de la Re-
velación, se encontrará ya con datos fundamentales sobre los ángeles,
tratando de explicarse lo mejor posible la existencia y esencia de los
mismos. Desde el punto de vista de la fe, los ángeles existen, decía-
mos; tanto la tradición como el dogma son en esto bien explícitos. No
son muy precisas, en cambio, las Escrituras acerca de ciertos caracteres
de los espíritus angélicos. De ahí diversas posiciones, al respecto, en
distintos autores: sagrados. En, esto Santo Tomás muestra su peculiar lu-
cidez y p r o f u n d i d a d de teólogo y de filósofo, resolviendo las cuestio-
nes difíciles q u e se plantean, y esclareciendo, en la medida de lo po-
sible, el misterio de la realidad angélica.

Tanto el A n t i g u o como el Nuevo Testamento se refieren en diver-


sos pasajes a los ángeles; incluso en algunos casos se les designa con
nombres propios: así Miguel, Rafael y Gabriel. Por cierto que resulta
muy difícil para el hombre formarse ideas acerca de seres puramente
espirituales. Nuestro entendimiento, en efecto, se elabora las ideas 3
través de las imágenes q u e suscita el conocimiento sensible, imágenes
que de alguna manera quedan ligadas a las .ideas facilitando su com-
prensión pero también a veces obstaculizando su inmaterialidad. Sin
duda, por la necesidad de recurrir a símbolos y comparaciones, le ima-
ginería de todos los tiempos, —como alguien l o ha señalado con acier-
to— ha revestido a esos espíritus puros con los más diversos ropajes.
Cada época, cada sensibilidad ha puesto lo suyo, y así los risueños
amorcillos del renacimiento o del barroco difieren bastante de las so-
lemnes figuras empuñando ígneas espadas, q u e nos muestra por ejem-
plo Dante en la Divina Comedia.

En el caso de Dante como en el de muchos otros poetas o artistas

(5) E. D'Ors, Introducción a la Vida Angélica.

- 65 -i
en genera!, las imágenes referentes a los ángeles expresan simbólica-
mente atributos y condiciones espirituales. El símbolo hace sensible lo
inteligible, y presenta plásticamente lo que debe ser entendido de un
modoi espiritual; de esa manera nos aproxima a lo que de suyo nos es
distante y adecúa a nuestra medida lo que sobrepasa nuestro entendi-
miento; pero debemos cuidarnos de no resbalar sobre 'la 'letra del sím-
bolo perdiendo de vista su auténtico y p r o f u n d o significado. Así l'as
alas, las aureolas, el oro, las espadas y cosas semejantes con q u e suele
representarse los espíritus angélicos designan siempre por analogía
condiciones, cualidades, potencias, operaciones, oficios.

La denominación de '"'ángel'' no nos dice mucho acerca de la na-


turaleza de los espíritus puros. Angel es un nombre de oficio (enviado,
mafak (6), pero no de substancia, aunque, claro está, por el obrar se
puede conocer algo del que obra (7). Este mismo carácter de enviado
hace del ángel . alguien quel se presenta, lo cual implica que cuando es
enviado a seres humanos toma forma visible, y por lo tanto material.
Con tal motivo alguien hai podido- pensar que tales apariciones se pro-
ducirían infundiendo los ángeles en 'la subjetividad de los distintos in-
dividuos! a 'los que, por ejemplo, en un determinado caso debían pre-
sentarse, diversas especies sensibles; Santo Tomás, en cambio, fiel a
su principio de que no deben multiplicarse los entes sin necesidad,
rechaza esta explicación. Piensa, en efecto, el Aquinate, que en tales
casos .una única configuración sensible sería adoptada por el ángel. P'or
supuesto que no :se tratará de que el ángel informase un cuerpo, a;l
m o d o como el alma humana es forma del cuerpo, sino que configura
un ámbito sensible, elaborando, por así decirlo, con elementos sensi-
bles, una figura adecuada a la percepción humana. Así el h o m b r e v e
al ángel a' su imagen y semejanza. Puede decirse, incluso, que el ángel
" t o m a ' " ' u n ^ figura, del: mismo m o d o que cabe decir q u e el ángel " t o m a "
u n lugar, aunque por su naturaleza espiritual no ocupe lugar alguno
El ángel estaría., así, en el 'lugar, no al modo del contenido en el conti-
nente, sino como el continente en el contenido, del mismo modo, por
ejemplo, como el almá está en el cuerpo, " t e n i e n d o " un cuerpo.

Todas estas cuestiones, así como las que se refieren al conocimien-


to de los ángeles, a su voluntad', a su movimiento, o al tiempo de los
ángeles, no son ni mucho menos sutilezas bizantinas; son por el con-
trario explicaciones necesarias que se derivan de la aceptación de la
existencia de los espíritus puros. Claro, está q u e si los ángeles no fue-
ran- totalmente inmateriales, habría que atribuirles otro m o d o d e reali-
zar las referidas operaciones. De hecho, ha habido autores que han

(6) Cf. Dictionn. de Foi Catholique, de A. D'Ale,s y Dictionn. de Théologie,


de A. Vacant et E . Mangenot, y también las mencionadas Introducciones
de la ed. B.A.C.
(7) Operatio sequitur esse, reza la conocida sentencia tomista. '
•asignado cierta f o r m a corpórea a los ángeles. Así del texto q u e dice:
"aquel que hace a los ángeles espíritus (vientos) y a sus ministros f u e -
g o devorante" (8), deducían aquello del "cuerpo sutil", sostenido por
•muchos teólogos hasta el siglo XIII, aunque ya f u e cosa combatida por
S. Juan Crisòstomo, y de hecha negado por Dionisio, según se lee en
su iibro sobre las Jerarquías (9). Por su parte los q u e sostenían el '"cuer-
p o • s u t i l " d é l o s ángeles pensaban que así se entendía mejor el miste-
rio del pecado angélico y la consiguiente caída de dichos espíritus.

I V

En efecto, tomando de un modo un tanto simple el texto del Gé-


nesis que se; refiere a las relaciones de los hijos de Dios con las hijas
de los hombres, de cuya unión surgieron los gigantes (10), y pensando
que dicho t e x t o alude a los ángeles, interpretaron el pecado angélico
como un pecado carnal, lo cual requeriría lógicamente presencia cor-
poral (11).

Esto- f u e sostenido por autores t a n importantes como S. Justino, S.Ire-


neo, Clemente de Alejandría, Orígenes, etc., habiéndose opuesto S. Juan
Crisòstomo, S. Cirilo de Alejandría, S. Agustín, etc. Por cierto que San-
t o Tomás rechaza firmemente dicha tesis, argumentando siempre en fa-
vor de la plena espiritualidad de los ángeles. Incluso entiende q u e al
•carecer éstos de materia, y dado que la materia suscita l a i n d i v i d u a -
ción, debe pensarse que los ángeles se diferencian entre sí, no; como in-
dividuos de una misma especie, sino como -las mismas especies entre
sí. No habría en los ángeles, sostiene el santo Doctor, composición de
materia y f o r m a , aunque sí habría, por tratarse de criaturas, y por lo
t a n t o de seres fini,tos y limitados, distinción en ellos de potencia y acto,
y también de naturaleza y substancia (12).

El pecado angélico habría sido así un pecado puramente del espí-


ritu. Dante, el gran poeta teólogo, refiriéndose a los ángeles buenos,
•dice por boca de Beatriz: "esos q u e ves aquí mantuviéronse en la hu-
mildad, reconociendo la bondad q u e los! creó para tan altos f i n e s " (13)
y recuerda que la causa de la caída angélica f u e el orgullo. En nuestro

(8) Ps. 103,4. Cf. los diccionarios citados.


(9) S. Denys l'Aréopagite, Oeuvres, traduit du grec par M. Darboy. Ed. A .
Tralin, París.
•(10) Suele entenderse de los hijos de Set y las hijas de Caín.
(11) "Algunos imperitas en las Sagradas Escrituras —afirma S. Isidoro de
Sevilla— dicen falsamente q u e los ángeles prevaricadores trabaron co-
nocimiento con los hijos de los hombres antes del diluvio, y de aquí na-
cieron los gigantes, esto es, hombres de gran talla y m u y .fuertes y que
llenaron la tierra": Etimologías, XI,3.
1
<12) Sum. Teol. I p., Q.50, art. 1 y 2.
<13) Div. Comm., Parad.

- 67 -i
lenguaje humano solemos decir q u e el orgullo enceguece; así los grie-
gos vinculaban el pecado de soberbia, ubrís, con 'la ceguera, até, q u e
era principalmente una ceguera de Jal mente, un oscurecimiento del in-
telecto (14), aunque en algunos casos también era ceguera física, como-
vemos en el Edipo Rey de Sófocles. Esto nos ayuda a comprender, aun-
que mínimamente, algo tan misterioso como el pecado angélico. En
efecto, supuesta .'la existencia de los ángeles y su naturaleza egregia,
parece inconcebible que no hubiesen previsto la consecuencia d e su
falta; sin embargo siendo aneja a 'la soberbia la obnubilación de la
mente, pierde su fuerza esta dificultad. Debe presuponerse, además,
q u e el ángel, como ser espiritual, es plenamente! libre.

Según los teólogos, los ángeles habrían recibido una gracia divina-
especia! para ejercer adecuadamente su l i b e r t a d ; esa gracia, sin em-
bargo, no sería total ni definitiva. Se trataría de un don gratuito que-
ofrecería al ángel una bienaventuranza que iría más allá de lo reque-
rido por su naturaleza; en tal situación, el ángel, consciente de la g r a n -
diosidad de su ser, podría o bien aceptar en un acto de confianza y
h u m i l d a d aquello que excede de suyo su propia capacidad, o bien, por
el contrario, mantenerse en lo que es suyo- y le pertenece por sí, p r e -
f i r i e n d o su p r o p i o conocimiento al acto de f e o, en t o d o caso, inten-
tando por sí mismo, por su propia capacidad, el ofrecimiento divino.
Estas dos últimas posibilidades configuran un pecado de soberbia; el
primer caso, en cambio, supone, como decíamos, h u m i l d a d y confian-
za; aquí h a y rebeldía,- allí, docilidad y acatamiento (15).

No cabe, por lo tanto, en un p u r o espíritu otro pecado que no sea


espiritual; en efecto, tanto el orgullo como la e n v i d i a tienen su raíz en
la inteligencia y la voluntad; sólo pues metafóricamente se puede en
este caso atribuir culpas que impliquen pasión sensible. En otro pasaje
de la Divina Comedia, en el mismo Canto al q u e pertenece el arriba
citado, el poeta plantea una sutileza teológico-filosófica de importantes-
implicancias. 1 Se trata de los momentos de -la creación de los ángeles y
de la caída, así como de la relación de estos misterios con el momento
de la creación del mundo corpóreo. Dante, de acuerdo a su posición
tomista, -rechaza l a o p i n i ó n de S. Jerónimo que anticipa la creación de
los ángeles a la del universo, y que p o n e un amplio t i e m p o entre la
creación y l a caída de los mismos. Dejemos por ahora esto del t i e m p o
aplicado a los ángeles —ya veremos oportunamente que se trata de
otra forma de temporalidad— y digamos simplemente que tampoco
acepta Santo Tomás q u e la caída de los ángeles hubiese seguido- inme-
diatamente a su creación, ya q u e esto supondría que Dios mismo causó
tal hecho, lo cual es inadmisible.

(14) Cf. W. Jaeger, Paideia.


(15) Sum. Teol. I p., Q. 63. Cf. P.R. Regamey, Les Anges ait Cid et par-
mi nous.

i- 68 -
Hay, en efecto, sostiene Santo Tomás, un instante angélico en el
q u e el ángel hace uso de su -libre 'albedrío, u n instante que le pertenece
plenamente. Lo contrario nos llevaría a afirmar 'la creación directa del
•diablo, o, lo que es peor, la eternidad del principio del mal, al m o d o
persa. El d e m o n i o no es naturalmente malo; Ja naturaleza angélica no
cambia en los demonios; éstos habrán, sin duda, p e r d i d o la gracia y
imuchos dones preternaturales, pero no así las condiciones derivadas de
su propia naturaleza; la inteligencia seguirá siendo intuitiva, y la vo-
l u n t a d , aunque pervertida y obstinada en el mal, conservará su pecu-
liar índole (16).

En el canto XXVIII del Paraíso, Dante escucha de Beatriz la enu-


meración de las jerarquías angélicas. Es sabido que no» es ésta una
cuestión dogmática, aunque tiene un fuerte f u n d a m e n t o revelado tanto
en el A n t i g u o como en el Nuevo Testamento, encontrándose también
en la tradición teológica, m u y especialmente en diversos autores como
S. Ambrosio y, por supuesto, en Dionisio, quien menciona los distintos
coros angélicos (17). Dante sostiene que S. Jerónimo se equivocó en
l a enunciación de este asunto, y por ello lo 1 presenta en el paraíso rién-
dose de sí mismo. El A l i g h i e r i sigue a Dionisio, el cual a su vez había
sido ya seguido por Santo Tomás (18), en l o referente a los órdenes y
•coros, distribuyéndolos de la siguiente manera: a) orden superior: sera-
fines, querubines y tronos; b) orden medio: dominaciones, virtudes y
potestades; c) orden inferior: principados, arcángeles y ángeles. En
cuanto a la modificación de esta disposición por Su Gregorio, la explica
Santo Tomás restándole importancia (19).

Hay quien considera que esta distribución de las jerarquías y ór-


denes es como una extrapolación o proyección de cierta idea política
acerca de las estructuras de los Estados o de las clases de la sociedad.
Habría así como una; configuración proveniente d e concepciones histó-
ricas que se aplicaría a lo q u e de suyo está más allá de todo lugar y
tiempo. Sin embargo se han d a d o también explicaciones teológicas acer-
ca de dicha concepción, l o cual nO' implica que se la considere, por t i e r -
to, un asunto dogmático. Así, siendo Dios el f i n al que tienden no sólo
los ministerios angélicos, sino toda criatura, explica Santo Tomás (20),
a la primera jerarquía corresponde la consideración del f i n , a la segun-
da la disposición universal de lo que hay que hacer, y a la tercera la
ejecución de la obra. Primero se concibe, luego se dispone, y por úl-

(16) Sum. Teol. I p., Qs. 54, 59, 64 y sgts.


(17) S. Denys, op. cit.
(18) Sum. Teol. I p., Q. 108.
(19) Id.
(20) Sum. Teol. I p., Q. 108.

- 69 -i
t i m o se realiza; esto es p r o p i o de todo acto. Así la jerarquía primera-
se enouentrai más próxima a Dios y v e el fin de sus obras, la segunda
dispone su gobierno, la tercera lleva a cabo sus decretos.

Resumiendo estas cuestiones, siempre misteriosas por cierto, y en-


tendidas por analogía con las cosas humanas, se ha señalado también
para cada u n o de los órdenes de las tres jerarquías un determinado-
aspecto de las funciones referidas. Así en cuanto a la visión del f i n de
•las) obras, los( serafines están inmediatos a Dios, unidos a E'i en el amor
— serafín es ardor — , identificados casi con Dios mismo; 'los querubines.
— querubín quiere decir p l e n i t u d de ciencia — están unidos en el cono-
cimiento y la contemplación; los tronos están afirmados —metafórica-
mente como sentados en sitiales— en Dios, y conociendo en El la ra-
zón de todas 'las cosas. Luego con respecto a 'la gobernación " l o pri-
mero en ella es la distinción de las cosas que se han de hacer, q u e es
p r o p i o d e las dominaciones, l o segundo es dar el poder para realizarlo,
q u e pertenece a las virtudes, y por ú l t i m o el ordenar cómo deban rea-
lizarse -las cosas prescritas o determinadas para que alguno las cumpla,
y esto pertenece a las potestadesi" (21). En cuanto a la ejecución están
primeramente los que comienzan la obra y guían a los otros, así los
principados, luego los intermediarios que trasmiten las órdenes, o q u e
ejecutan las más importantes de ellas, tales los arcángeles, y por último
los que directamente las realizan, que son los ángeles.

Dante sostiene con Santo Tomás que los ángeles fueron creados
simultáneamente con el m u n d o corpóreo. Al participar ellos en el go-
bierno del universo, carecería de sentido q u e hubiesen existido con
anterioridad al mismo, ya que d e ese modo habrían estado entonces
privados de esa' perfección en q u e consiste la acción que les compete
(22). Además vincula Danté los n u e v e órdenes angélicos con las nueve
esferas, o nueve cielos, de acuerdo al sistema astronómico geocéntrico,
es dejcir las) esferas- o cielos de la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte,
Júpiter, Saturno, las estrellas fijas, y el p r i m e r m ó v i l , claro está q u e
en un-á| correspondencia más bien -simbólica. En cuanto a la décima es-
fera, o cielo empíreo, es el ámbito de lo d i v i n o y por lo tantoi trascen-
dente al toda criatura. Aristóteles, a quien tanto sigue también el poeta
florentino, había señalado que las inteligencias separadas son las q u e
mueven a las esferas, siendo el número de aquel-las el mismo que el
de los cuerpos celestes; en cambio la tradición cristiana, y Santoi Tomás
en particular, recuerdan para este taso el texto de las Escrituras que se
refiere a "miríadas y miríadas de ángeles" (23), y Dante dice que su

(21) Sum. Teol. I p., Q, 108, a 6.


(22) Paraíso, XXIX.
(23) D a n . 7,10.

i- 70 -
número se multiplica más quei el producido por la multiplicación de un
tablero d e ajedrez (24).

Los ángeles gobernarían pues el mundo. Cada una de las cosas vi-
sibles de este mundo tiene a su frente un poder angélico, dice S,. Agus-
tín, citado por Santo Tomás quien, a1 su vez, admite 'la orientación del
mundo corpóreo por Jos] ángeles, sin desmedro- de las leyes fijas de la
naturaleza establecidas por Dios. Los ángeles orientarían e impulsarían
las cosas de acuerdo ai su -naturaleza, y las ordenarían también según
-las intenciones de la gracia en preparación para la "nueva tierra". El
regimiento del universo iría, además, más allá de -lo puramente cor-
póreo, alcanzaría a las plantas, a las distintas especies de animales y ,
por supuesto, a los hombres.;

En lo que respecta a 'los hombres, toda orientación angélica, siem-


p r e adecuada a -la índole de cada ser, sería sin detrimento, por su-
puesto, del l i b r e arbitrio, que se funda en la misma naturaleza del
hombre. Santo Tomás argumenta a favor de la existencia de los án-
geles custodios, fundándose en textos escriturarios y en argumentos
racionales de congruencia (25). También habría ángeles encargados
d e la custodia de pueblos y naciones. Esto explicaría las deformacio-
nes paganas sobre los dioses -locales; por otra parte, la preferencia
del ángel por el pueblo o nación q u e tiene bajo su protección no iría
en desmedro' de la perfección de esos espíritus puros.

Efectivamente', el texto de Daniel (26) en donde se habla de la resis-


tencia del príncipe de los persas al arcángel San M i g u e l , muestra la pre-
sencia de -un ángel protector q u e aboga- -por los suyos. A u n q u e en su
comentario a este pasaje Scio sostiene que tal ángel es un demonio (27),
Santo Tomás afirma q u e puede ser perfectamente' un ángel bueno (28),
de acuerdo a la opinión de S. Jerónimo, con lo que la pugna se com-
prendería como I-a defensa que hace cada1 cual de sus protegidos, fun-
dado en los distintos méritos de cada uno de éstos, al modo como p o -
drían hacerlo dos abogados que, respetando la misma l e y defendie-
sen a cada una de las partes contrarias. Vemos así a los ánge-les en
la Divina Comedia cantando la gloria de Dios, lo cual es su f i n últi,mo,
pero los vemos también hablando con los hombres y orientándolos
con -la divina sabiduría.

(24) Par. X X V I I I .
(25) Sum. Teol. I p„ Q. 113.
(26) Dan. 10, 13.
(27) Cf. la nota correspondiente en la trad. de la Biblia de Felipe Scio de
San Miguel.
(28) Sum. Teol. I p., Q. 113.

[- 71 -
V 9
Decíamos que filosóficamente no p u e d e deducirse la existencia de
los ángeles, en cuanto la negación de tal existencia hubiera de condu-
cirnos a Ja i n i n t e l i g i b i l i d a d y al absurdo, c o m o sucedería, en cambio,
con!'la negación de la existencia de Dios; pero sí se puede argumentar,
según vimos, con razones de congruencia y de v e r o s i m i l i t u d , de mane-
ra que la razón natural vea como- algo más claro la existencia que la
n o existencia de los puros espíritus en el ámbito de 'la realidad. Incluía-
mos t a m b i é n motivos ; de carácter histórico cultural, referentes a distin-
tas tradiciones, y asimismo recordábamos algunas expresiones de filó-
sofos, d e interés especial para nuestro asunto. A h o r a bien, si. damos
por supuesta la existencia de substancias p u r a m e n t e espirituales, e n -
tonces sí podemos argumentativamente, racionalmente, deducir una se-
r i e de conclusiones acerca, por e j e m p l o , de su m o d o d e conocimiento,
de la índole de su lenguaje, de su v o l u n t a d , de su relación con el t i e m -
po, con el lugar, etc. A continuación nos referiremos a algunos de estos
puntos, limitándonos a ciertos aspectos que nos parecen más significa-
tivos respecto d e la vida angélica en comparación con la realidad humana.

Con referencia a! c o n o c i m i e n t o sabemos que para el h o m b r e con-


siste en asumir la realidad haciéndosela presente al m o d o de las facul-
tades cognoscitivas, de tal manerai q u e dicha presencia sea una repre-
sentación, una manifestación de Jas cosas en el espíritu, un estar lo co-
nocido en el cognoscente y un estar el cognoscente en lo conocido, de
suerte que se produzca eso que suele denominarse identificación inten-
ciona! entre sujeto y objeto. Además, c o m o bien podemos experimen-
tarlo, nuestro conocimiento posee un carácter dual o, por así decirlo,
bipolar si se quiere, adecuado, por otra parte, al o b j e t o al que espon-
táneamente se d i r i g e . En efecto, nuestro conocimiento se f u n d a en da-
tos fenoménicos, captables por los sentidos corporales, pero se orienta,
como a su meta, hacia el ser d e las cosas, o sea hacia la esencia transfe-
noménica. Conocer es para nosotros saber lo que es una cosa, y no sólo
c ó m o se aparece. Por supuesto que la apariencia t a m b i é n es parte del
ser de la cosa —es su entidad! sensible, su d i s p o n i b i l i d a d fenoménica—;,
sin embargo- aquello en l o q u e Jai cosa consiste n o se< d i l u y e en Jo feno-
ménico, sino q u e explica -lo f e n o m é n i c o , y es captable sólo por el
intelecto.

Pero el espíritu humano está insertado en el m u n d o sensible, está


u n i d o substancialmente al cuerpo, y todo lo capta d e acuerdo a ese
estado f u n d a m e n t a l ; conoce en efecto a las cosas según éstas están
t a m b i é n en lo sensible, se realizan en lo sensible, y participan por elJo
de todo lo concerniente a la c o r p o r e i d a d y la extensión. El h o m b r e está
en el t i e m p o y en el espacio, siendo el o b j e t o p r o p i o de su conocimien-
to las f o r m a s inteligibles d e los objetos sensibles, según suele decirse;
ése es pues su á m b i t o , y ése es el f u n d a m e n t o d e la r e f e r i d a bipolar,i-
d a d y de las características propias de su conocimiento. Por eso las ideas

- 72 -i
se constituyen en nosotros mediante la abstracción, en cuya operación
entran en juego t a n t o la potencia activa del e n t e n d i m i e n t o , esa capaci-
d a d i l u m i n a n t e del intelecto, que los antiguos d e n o m i n a b a n intelecto
agente, como la capacidad receptiva, o intelecto paciente, y por cierto
los sentidos externos y .los sentidos internos, como la imaginación y la
memoria, que f u n d a m e n t a n la percepción sensible.
La referida d u a l i d a d o bipolar.idad en el procesa cognoscitivo, que
se manifiesta, por e j e m p l o , explícitamente en el juicio, es así la expre-
sión de la composición natural del h o m b r e . Si el alma humana no estu-
viese u n i d a substancialmente al cuerpo, sino que —ta.1 c o m o 1o sostiene
la antropología platónica— sólo lo estuviese de un m o d o accidental,
corno el piloto está unido a su navio, habría que explicar el conoci-
m i e n t o al m o d o p l a t ó n i c o c o m o u n a explicitación o patencia de las
ideas, las cuales ya estarían contenidas latentemente en el espíritu. En
el h o m b r e , según Platón, se produciría, c o m o es sabido, la reminiscencia,
s i r v i e n d o el conocimiento sensitivo como aldabonazo para despertar
lo que está d o r m i d o . De cualquier! manera si el espíritu no se vale de
los sentidos para la f o r m a c i ó n de sus ideas, éstas tendrán q u e surgir
de1 sí mismo, ya p o r q u e son innatas, ya p o r q u e las recibe directamente
por m e d i o de una especie de iluminación espiritual. Por eso cabría de-
cir que en cierta manera, y según ciertos aspectos, el platonismo es un
angelismo, según los modos peculiares de conocer q u e p u e d e atri-
buirse a los ángeles.

Sin e m b a r g o , aun a d m i t i e n d o q u e en el h o m b r e haya ideas inna-


tas, éstas se encontrarían en potencia, pasando al acto, como explica
P.latón, por la reminiscencia, en lo cual interviene el m u n d o sensible,
q u e es a su vez participación e imitación de las ¡deas inteligibles. Su-
pongamos en c a m b i o q u e se tratase de espíritus puros, ni siquiera uni-
dos accidentalmente a l o corpóreo, de m o d o que no f u e r e necesario
n i n g u n a clase de reminiscencia., al m o d o platónico, ya q u e tampoco
habría h a b i d o n i n g u n a clase de o l v i d o , ni tampoco f u e r e necesario lle-
var a cabo n i n g u n a operación- abstractiva, al m o d o aristotélico, ya que
e l l o implicaría la presencia de ,1o sensible, tanto en el objeto en donde
lo. i n t e l i g i b l e está en potencia para ser conocido como en el sujeto don-
de los sentidos proporcionan las imágenes a través d é l a s cuales se cap-
ta Jo inteligible,- pues b i e n , en tales seres las ideas se encontrarían en
acto, estarían s i m p l e m e n t e presentes. Claro está que como en el caso
de las substancias espirituales se trataría de seres limitados, seres crea-
dos y contingentes, en ellos su conocer se distinguiría d e su ser, ya
q u e solamente en Dios p u e d e identificarse ser y conocer, de ahí pues
que en los ángeles las ideas les h a y a n sido puestas, les hayan sido
i n f u n d i d a s ; sus ideas innatas serán en d e f i n i t i v a ideas infusas.

V I I

Como las ideas de las substancias espirituales p u e d e n ser infun-


didas directamente p o r Dios o p u e d e n ser suscitadas por la comunica-

- 73 -i
ción angélica, o sea, provenir de otros espíritus, se plantea entonces-
otra cuestión, que es precisamente -la de -I-a comunicación o, si se quie-
re, del lenguaje angélico. A q u í habremos también de recurrir a la ana-
logía para comprender, aunque sea muy limitadamente, lo que podría
ser -un lenguaje entre seres puramente espirituales. No es cosa fácil,
por cierto, ya que para nosotros el lenguaje se .lleva a cabo mediante
el uso de signos instrumentales, o sea aquellos q u e poseen un soporte
sensible, captable por ¡los sentidos, y a través de los cuales pasa la
significación.

En efecto, los ¡signos ¡lingüísticos son a su m o d o imagen de I-a na-


turaleza humana, ya que están compuestos ellos también de un ele-
mento- corporal y de una parte inmaterial, fundada en e-I espíritu. Son
signos instrumentales, decíamos, y están integrados por ello de algo
significante, captable por los sentidos, y de una intención significativa
discernible por el intelecto; o- sea, en este caso, por la voz articulada,
y por lo que con ella se quiere decir. Tal estructura del signo es indis-
pensable para la comunicación humana, pues lo que se quiere decir
debe manifestarse en el decir mismo del que habla. Lo que se quiere
decir está contenido en, el pensar, quizás de una manera indiferenciad'a,
pero unitaria y como un-3 totalidad; luego, en el decir mismo, y en su
sucesión temporal, se van organizando las distintas partes del discurso.
Así, teniendo en cuenta que el todo es: anterior a las partes,, en Jo que
se refiere al sentido, tenemos Jos¡ períodos, ¡los párrafos, las oraciones,
las frases, las palabras, las sílabas, las letras, aunque en ¡la exterioridad
del decir van apareciendo primero Jas sucesivas partes sucediéndose
en el tiempo. A su vez, quien recibe el mensaje realiza el proceso in-
verso: v ^ de la multiplicidad a la unidad, de las distintas partes diver-
sificadas en la temporalidad, a ¡la unidad de sentido que se encuentra
en la intención del hablante, de lo sensible a lo inteligible, de las par-
tes .al todo. Pero ello se debe a la condición humana, es decir a su in-
serción en el t i e m p o y en el espacio- (29).

Ahora bien, si-Jas substancias espirituales no tienen ninguna nece-


sidad de signos -sensibles, no quiere esto decir que no necesiten de al-
guna especie de signos. En efecto, toda comunicación implica una dis-
tinción entre lo que se comunica, o sea el contenido- de la comunic-a-
:ión, y la comunicación misma. En el caso de -la comunicación humana,
el contenido- de la comunicación pertenece aJ orden del -pensamiento,
así como ¡las palabras exteriores son los medios por los cuales -la comu-
nicación se efectúa, siendo precedidas éstas —con prioridad de natu-
raleza, y no siempre con prioridad de tiempo— por las imágenes ver-
bales o prefiguraciones sensibles internas de las voces externas. Esta

(29) Podría decirse que el espíritu h u m a n o encuentra en lo sensible su modc


peculiar de actualizar sus virtualidades y en cierta manera de "realizarse".
Cf. K. Rahner, Espíritu en el Mundo, Herder, Barcelona.

- 74 -i
distinción entre el contenido- de pensamiento que se quiere trasmitir y
el signoi a través del cual la trasmisión se efectúa, es necesaria en toda
comunicación, de modo pues que las substancias espirituales, si se co-
munican entre ellas deben tener también una manera de significar,,
aunque no se trate de signos instrumentales, o sea con soporte sensible.

Ahora bien, si las palabras son signos instrumentales de los con-


ceptos, éstos a su vez son signos de las cosas, pero no son signos ins-
trumentales, sino lo que los antiguos lógicos llamaban signos f o r m a -
les. Es decir, las ¡deas o conceptos representan las cosas, nos remiten
a ellas, por cuanto son las cosas mismas asumidas por el entendimiento.
Cuando- nosotros nos formamos una i.dea de las cosas, es decir, nos in-
formamos, por ejemplo, acerca de algo, esta idea o concepto, esa in-
formación, es una representación (30); no es evidentemente la cosa tal'
cual es en sí misma, sino tal como se manifiesta en la potencia cognos-
cente, pero dicha representación es por ello un signo de la cosa, d-adc
que¡ signo es aquello que remite a algo distinto de sí (31); pero un sig-
no, en este caso, cuya total entidad consiste en ese remitir a lo- que re-
presenta, sin ningún elemento sensible que le sirva de sustentáculo 1 .

En -la mente humana- I-as ideas o conceptos son pues signos forma-
les de las cosas. Está bien decir que el entendimiento se- hace o se f o r -
ma ideas o conceptos acerca de las cosas, señalándose así el aspecto
activo del entendimiento. Por eso cabef -afirmar también que el intelec-
to se dice a sí mismo- interiormente lo que piensa, y que en este de-
cirse a sí mismp se pone el fundamento de la comunicación. Este v e r b o
interior, o v e r b u m cordis, en cuanto se orienta hacia la comunicación
y, por] l o tanto, en cuanto tiende a encarnarse en el signo sensible, co-
mienza por prefigurarse en la imaginación, constituyéndose así la ima-
gen verbal, para exteriorizarse l u e g o en el signo instrumenta-I, es de-
cir, en la locución o- palabra, cuyo soporte sensible es -la; voz articulada.
Quien recibe el mensaje, irá inversamente de -la palabra a la imagen
verbal, y de ésta al verbo interior, para comprender el pensar del que
habla.

Las imágenes verbales, por cierto, que vienen a constituir comf)


una segunda instancia en el proceso del lenguaje, implican la configu-
ración del pensamiento, por así decirlo, hacia una lengu-a determinada,
(jero hay como se ve distinción fundamental entre tales imágenes y
w.s ideas, aunque el hábito del habla, q u e siempre se realiza en un-L-
determinada lengua, hace que espontáneamente el hablante tienda a

(30) Siendo el objeto propio del conocimiento humano las jornias inteligible:
del mundo sensible, cabe decir que conocer es informarse. Cf. A. Marc
Psichologie Reflexive.
(31) Signum est id. quod repraesentat aliud a se potentiae cognoscenti, dicc
Juan de S. Tomás, Log. II p., Q.XXXI, art. I 9 .

.- 75 -
encarnar su pensamiento en una lengua concreta. Esto ha llevado a al-
gunos a identificar pensamiento y lenguaje, sin distinguir con claridad
una casi simultaneidad cronológica de una prelación ontológica (32).

VIII

Supongamos entonces que dos seres puramente espirituales — dos


ángeles— quieren comunicarse. Según Santo Tomás esa comunicación
se efectuará haciendo cada uno según su querer que se constituya en
•el otro la representación de su conocimiento. Esta representación es
signo de lo representado, ya que es p r o p i o de todo signo, según decía-
mos, presentar algo distinto de sí a Ja potencia cognoscente. El pensa-
miento del que se comunica con otro permanece en el mismo sujeto pero
se hace representar de algún m o d o en aquel a quiero dirige la comuni-
cación. En el caso del hombre la función de comunicación la desempeña,
como hemos visto, el signo- instrumental, que por lo sensible remite a
lo inteligible; pero el signo del que se vale el p u r o espíritu no posee
ningún significante sensible, aunque por ello no deja de ser signo, ya
que remite a otra cosa. Se trata de signos puramente inmateriales, en
los cuales lo que se significa y aquello con q u e se significa —el signifi-
cado y el significante— están el uno en el otro, no al m o d o como lo
inteligible está en lo sensible, es decir en potencia para ser captado
oor la facultad cognoscitiva, sino, diríamos, como una presencia en el
propio acto de presentarse, o sea que se constituyen de un modo actual
en 1a, potencia cognoscente de quien -los asume.

Tales signos, no obstante su inmaterialidad, no se identifican con


los pensamientos, ya q u e el pensar implica Ja formación de ideas en el
sujeto que piensa como algo'en donde el espíritu ve y comprende, mien-
tras que el -lenguaje, aun en el puro espíritu, es expresión de Jo- com-
prendido, objetivación comunicable. Los ángeles por su propio querer
tendrían pues 'la capacidad de producir unos en otros las especies re-
presentativas de lo que quieren comunicar. Es decir, producirían los sig-
nos formales representativos de sus propios pensamientos en las men-
tes de aquellos a los que se dirigen. Es -perfectamente razonable q u e si
existen espíritus puros ellos -no puedan comunicarse sino ele esta ma-
nera; en ellos también, por ser criaturas y, por lo tanto, finitos y con^
tingentes, su pensamiento ha de diferenciarse de su decir, o sea, su
pensamiento de su lenguaje.

(32) Los fenomenólogo-s suelen identificar el pensamiento con el lenguaje por-


q u e ambos se van constituyendo simultáneamente en el plano de lo
fenoménico; sin embargo, en cuanto al ser, o sea en el orden c-ntológico
son distintos, siendo por supuesto el pensamiento anterior que el len-
guaje.

i- 76 -
I X

Decíamos más arriba que el c o n t e n i d o de una comunicación hu-


mana se d e s e n v u e l v e en l a t e m p o r a l i d a d , de modo que se vaya de lo
u n o a 'lo m ú l t i p l e , o de la .unidad de sentido a la diversidad d e 'los
significantes en la sucesión. Como el t i e m p o y el lugar están ligados
ai la c o r p o r e i d a d , en el caso de los espíritus angélicos estes modos de-
darse -la r e a l i d a d no corresponderían. Sin e m b a r g o n o cabe en el'los la
p l e n i t u d del ser ni la e t e r n i d a d —exclusivos atributos de un ser abso-
luto, o sea de Dios— por lo tanto t a m b i é n de alguna manera t i e n e q u e
haber en los ángeles sucesión y desplazamiento, aunque sea de una
manera sólo analógica respecto a c o m o se da 'la sucesión y el desplaza-
miento en la vida humana. De m o d o pues q u e en lo- referente a la ad-
quisición de conocimientos, a los actos volitivos y a 'la comunicación,
d e b e haber t a m b i é n sucesión, y por .lo tanto, diversidad.

En un ser c o n t i n g e n t e y limitado, aun cuando no esté ligado a las


condiciones de la realidad corpórea, t i e n e q u e darse cierta f o r m a d e
t e m p o r a l i d a d — l l a m é m o s l o así — , en cuanto hay sucesión. El tiempo
supone el cambio y .la medida del c a m b i o , o mejor' aún, el cambio y la
permanencia. En Dios, al n o haber m u t a b i l i d a d n o hay t i e m p o sino eter-
n i d a d , total s i m u l t a n e i d a d ; en los seres sensibles hay t e m p o r a l i d a d e n
cuanto se da la m u t a b i l i d a d en 'la substancia corpórea; en los seres vi-
vientes hay un¡ t i e m p o vital, puesto q u e la medida de la sucesión la
f u n d a el p r i n c i p i o vital o alma; en el -hombre, siendo el alma espíritu,
el t i e m p o es historia, q u e implica conciencia de la t e m p o r a l i d a d . En todo
caso, pues, para que se dé el t i e m p o o alguna de sus formas análogas,
t i e n e que darse lo p e r m a n e n t e y lo q u e cambia. En el ángel, si h a y
f i n i t u d , t i e n d 'que haber t a m b i é n cambio; si en el ángel su ser no es su
conocer, ni su querer, ni su comunicarse, etc., entonces encontraremos
allí un m o d o de temporalidad 1 quel n o es ni 'la de los seres puramente
corpóreos, ni, la de ios exclusivamente vivientes, ni tampoco la historia
de Jos hombres, y que, por supuesto, se distingue f u n d a m e n t a l m e n t e
de la e t e r n i d a d divina.

En las substancias espirituales, en efecto, la sucesión sólo p u e d e


ser de carácter, espiritual, como Ja que se da, por e j e m p l o , e n t r e nues-
tros pensamientos o nuestras voliciones, suponiendo que pudiesen exis-
tir aislados de toda referencia a lo sensible. Tal cambio es, claro está,
accidental para el sujeto q u e cambia, del cual puede decirse, por tanto,
q u e " m i d e " sus mutaciones. Así hay algo análogo al t i e m p o en los es-
píritus puros, q u e responde a la naturaleza de tales substancias, y que
se refiere a la sucesión d e ' l o s actos espirituales. A este " t i e m p o " angé-
lico Santo Tomás lo llama evo, siendo p o r lo t a n t o la e v i t e r n i d a d algo
diverso de la e t e r n i d a d , sólo p o s i b l e en Dios, c o m o t a m b i é n diverso d e
la t e m p o r a l i d a d de las criaturas en general, o de la. historicidad humana.

- 77 -i

Tal eviternidad estaría constituida por la sucesión de los momen-


tos espirituales, q u e Santo Tomás explica como concentraciones aten-
cionales en las que interviene tanto el intelecto como- la voluntad, o
sea el pensar y el querer. Distintos actos de conocimiento, de voluntad,
d e amor, d e comunicación, marcan estos momentos (33). Asimismo se
explica también el movimiento angélico como la aplicación sucesiva
de la v i r t u d angélica a distintos lugares, lo cual nos resulta difícil de
comprender por 'la necesidad que tiene el hombre de valerse de imá-
genes para entender, y en esto la .imaginación suele 'llevarnos a que
hagamos configuraciones ligadas a dimensiones cuantitativas de origen
sensorial. Así pues el lenguaje de los ángeles , siendo realmente un len-
guaje, estaría, como toda actividad angélica, f u n d a d o desde su origen
•en'la naturaleza misma d é l o s ángeles, es decir en la pura espiritualidad.

Hay pues en el Universo un ámbito excelso que es el de las cria-


turas angélicas. Es m u y poco, sin duda, lo que sobre esto podemos co-
nocer con nuestro propio discernimiento. Sin embargo, como- hemos
visto, también aquí la razón coadyuva con la fe, e incluso también la
f e a su vez ¡ilumina a la razón, según el conocido crede ut ¡ntelligam,
•cree .para entender, agustiniano. Los llamados argumentos de congruen-
cia surgirían así como una elaboración racional suscitada por la fe, pero
independientes, de la fe. La polivalencia del ser, o las muchas maneras
•de darse la realidad, que filosóficamente señaló Aristóteles en su f u n -
damental tesis de la analogía del ente, esclarece nuestra reflexión y la
dispone más adecuadamente para recibir las enseñanzas reveladas so-
b r e la inmensa) y misteriosa grandeza del universo creado por Dios.

JOSE MARIA DE ESTRADA

í{33) E n los ángeles se entiende por tiempo la sucesión de las operaciones


intelectuales y también de las afectivas, dice Santo Tomás. Sum. Teol.
I p., Q . 63, a . 2 .

- 78 -i
ORDENACIONES

DIACONADO
CARLOS EMILIO BARON. Nació e n Crespo, Pcia. de En-
tre Ríos, el l 9 de Judio de 1952. Hizo sus estudios de Filo-
sofía y Teología en el Seminario de Paraná. Fue. ordena-
do el 28 de Mayo en la Catedral de Paraná, por Möns.
Adolfo: S. Tortolo.
FLORENCIO GREGORIO BURGARDT. Nació en Santa
Elena, Pcia. de Entre Ríos, el 4 de Enero de 1952. Hizo
sus estudios de Filosofía y Teología en el Seminario de
Paraná. Fue ordenado el 28 de Mayo en la Catedral de
Paraná, por Möns. Adolfo S. Tortolo.
BAUTISTA RUIZ. Nació en Perito Moreno, Pcia. de San-
ta Cruz, el 20 de Diciembre de 1946. Hizo sus estudios
de Filosofía y Teología en el Seminario de Paraná. Fue
ordenado el 16 de Julio en la Iglesia Parroquial de Caleta
Olivia, Pcia. de Santa Cruz, por Möns. Miguel Angel
Alemán, para la Diócesis de Río Gallegos.

MINISTERIOS

ACOLITADO

Lo recibieron el 28 de Mayo los seminaristas GASTON


DEDYN y GERARDO MONTENEGRO, de la Arquidió-
cesis de Paraná, y ELIAS PEDRO BENITTI, de la Dióce-
sis de Concordia; y el 3 de Julio los seminaristas JORGE
ALMEIDA, ABEL BENEDETTI y RUBEN D. MELCHIO-
RI, de la Diócesis de Gualeguaychú.

LECTORADO

Lo recibió el 1? de Enero el seminarista ZENON MAR-


CELINO OCAMPO, de la Diócesis d e Catamarca; el 16
de Abril el seminarista MARIO E. GRASSI, de la Arqui-
diócesis de Santa Fe; y el 28 de Mayo los seminaristas
HUGO GREMAUX y LUIS M. JARDIN, de las Diócesis
de Concordia y de Bahía Blanca, respectivamente.

- 79 -i
" M l l C A E L "

Se vende en las siguientes librerías:

CAPITAL FEDERAL

Librería del Temple, V i a m o n t e 525.


Librería Huemul, Santa Fe 2237.
Club del Libro Cívico, Córdoba 6 7 9 , 5? Piso, O f . 504.
Librería San Luis, G u i d o 1624, Local 9.
Librería Acción, A v e n i d a de M a y o 624.
Librería San Pabloi, Callao 325.
Librería Guadalupe Ed.r Mansilla 3865.
Servicio del Libro de la Acción Católica, Rodríguez Peña 846.
l e r . Piso.
Editorial Thecría, Rivadavia 1255, 4? Piso.
Librería del Instituto, Rodríguez Peña 1054.

Librería García Moreno, Entre Ríos 181, 2? Piso " C " .

INTERIOR

Librería Fénix, Buenos Aires 267, Paraná-


Librería El Sol, Gualeguaychú y 9 de Julio, Paraná.
Librería y Editorial Castellví S.A., San Martín 2 3 5 5 , Santa Fe.
Librería El Saber, Sarmiento 143, Rafaela.
García Santos Libros, Rivadavia 55, Mendoza.
Librería San Pablci, San Martín 980, Mendoza.
Librería Hogar del Libro, Deán Funes 2 5 2 , Córdoba.
Librería San Pablo-, A v e n i d a Vélez Sársfield 7 4 , Córdoba.
Librería Anello, Colón y Belgrano, San Luis.
Librería San Pío X , Rivadavia y Pringles, San Luis.
LINEAS DE ESPIRITUALIDAD EN LA
DEVOCIÓN AL SAGRADO CORAZÓN

Jesucristo, Dios y hombre, el Verbo —Segunda Persona de


la Santísima Trinidad— hecho carne, no solamente es la causa,
el centro y la cumbre de teda la creación; Jesucristo, Señor de
cielos y tierra, Juez universal, es además nuestro Salvador y
Redentor, Vid y Cabeza nuestra. Él, y sólo Él, es para nuestra
santificación camino fácil con su ejemplo, verdad plena con su
doctrina, vida abundante con su gracia.
Voy únicamente a exponer un punto. El m á s importante, el
más íntimo. Cuál es el camino más rápido y seguro, u n atajo, o
casi mejor q u e camino, el ascensor para subir a la cima y meta
de nuestra santificación, à la .unión con Cristo, a identificarnos
con Él, ser otros Cristos, hasta sentir como Cristo Jesús (Fil.
2,5) que es en lo que consiste el ideal cristiano.
Tarea tan delicada y trascendente sería temerario empren-
derla si no fuera porque podemos hacerlo siguiendo puntualmente
la Biblia, interpretada infaliblemente por el Magisterio Pontificio.
Efectivamente, cuando los Papas proponen de f o r m a universal,
categóricamente y constante cuál es la m e j o r manera de practicar
el cristianismo, —lo más importante p a r a la Iglesia—, su Magisterio
auténtico es definitivo, irreversible y puede considerarse equiva-
lente al Magisterio "ex cathedra".
Esto mismo repite, el Vaticano II: "El Romano Pontífice goza
de infalibilidad por razón de su oficio cuando, como supremo
pastor y maestro de todos los fieles que confirma en la fe a sus
hermanos (Le. 22,32), proclama de una form|a definitiva la doc-
trina de la fe y c o s t u m b r e s . . . b a j o la asistencia del Espíritu
Santo, prometida a él en la persona de S. Pedro" (LG 25).
De lo contrario, ¿de qué nos serviría la asistencia del Espí-
ritu Santo, si en lo más importante permitiese que los Papas
equivocasen a teda la Iglesia? El Papa habla "ex cathedra" cuan-
do él mismo, como pastor supremo, se dirige a todos los fieles
para establecer definitivamente una doctrina en materia de f e o

- 81 -i
costumbres. Pero muchas veces, aunque no ejerza expresamente
este magisterio extraordinario, por la importancia de lo que dice
y por decirlo repetida y definitiva o categóricamente a todo el
pueblo de Dios, el Espíritu Santo 110 puede permitir que se equi
voque; y, d e hecho, en estas cuestiones jamás se han equivocado
los Papas. La asistencia del Espíritu Santo ¿dónde la limita el
Evangelio únicamente a los casos en que hable "ex cathedra"?
(Si algunas veces los Papas hablan así, es para mayor claridad
y seguridad. Pues tampoco son infalibles en cualquier ccsa q w
digan de pasada, o menos importante, o como opinión p e r s o n a l . . . ) .
Pues bien, los Papas han dicho ya de manera irreversible,
-sería absurdo se volvieran en esto atrás—, que la mejor ma-
nera de practicar el cristianismo es la espiritualidad del Sagrado
Corazón.

'Afirmación colosal. Ineludiblemente todo cristiano debe


sentirse impulsado a enterarse, con atención y avidez, en qué
consiste tan singular espiritualidad. De ello vamos a tratar en
este artículo. Pero antes oigamos cómo la voz de los Romanos
Pontífices refrendan y reafirman la espiritualidad del Sagrado
Corazón.
LA VOZ DE LOS P A P A S

"La mejor manera de practicar el cristianismo es el culto ai


Corazón d e J e s ú s . . . Es absolutamente cierto que se trata de]
acto más excelente del cristianismo... La escuela de esa caridad
divina sobre la cual es necesario que se cimente e'l reino de Dios"
(Pío XII, encíclica "Haurietis aquas").
"En la espiritualidad del Corazón de Jesús se encierra la
síntesis de todo el cristianismo y la mejor norma de vida" (Pío XI,
encíclica "Miserentissimus Redemptcr").
"Esta espiritualidad es la más s e g u r a . . . a todos ha de ser
muy provechosa" (León XIII, encíclica "Annum sacrum").
"La devoción al Corazón de Jesús ha aportado incalculables
beneficios a la Iglesia y a la humanidad" (Juan XXIII, 17-X-1962).
"El culto al Corazón de Jesús es la excelente y auténtica espi-
ritualidad que exige nuestro t i e m p o . . . Es nuestro deseo y vo.
luntad que se fomente más este culto, que debe ser estimado en
•grado sumo" (Pablo VI, Carta apostólica "Investigabiles divitias")
"Hemos creído nuestro deber recordar la actualidad y la urgencia
de esta devoción en la Iglesia, y la necesidad de no dejarla debi-
litarse en los fieles" (Idem, 14-VI-1966). "Es el medio más eficaz
para lograr la renovación espiritual y moral de este mundo qua
el Vaticano II exige" (Idem.~17-XI-196S).

- 82 -i
No puede estar más clara la enseñanza de los P a p a s . ' T r e s
importantísimas encíclicas: "Annum sacrum" (León XIII, 1899),
•"Miserentissi-mus Redemptor" (Pío XI, 1928) y "Haurietis aquas"
(Pío XII, 1956), h a n tratado- el tema, aparte de otros innumerables
discursos y documentos. Podrían seleccionarse otros muchos textos
categóricos.
Si los Papas han dicho que la espiritualidad del Corazón de
Cristo es la "síntesis del cristianismo y la mejor manera de prac-
ticarlo", evidentemente ello seguirá siendo siempre así. ¿O es
q u e antes el cristianismo era u n a cosa y ahora es otra?; ¿o lo
que antes santificaba ahora ya no sirve? (La teología, la mora]
o la ascética cristiana pueden desarrollarse y enriquecerse, pero
n o contradecirse: Quienes pretenden modificarlas sustancia-lmente,
negando lo anterior —que lo que antes era verdad y a no lo sea—
liarán u n a religión t a l vez m u y de moda y más o menos cristiana,
pero ciertamente y a no será el cristianismo verdadero, el católico,
el del Primado Romano).
La espiritualidad del Sagrado Corazón no solamente es hoy
útilísima, es también obligatoria. Tajantemente escriben Pío XII
y Pablo VI:
"Los que estimen en poco este extraordinario beneficio dado
por Cristo a la Iglesia obrarán temeraria y perniciosamente y
ofenderán al mismo D i o s . . . No se puede confundir con otras
formas de piedad que la Iglesia fomenta, pero no prescribe; n i se
puede tener como algo secundario q u e cada uno pueda practicar
o no según le agrade" (Pío XII, "Haurietis aquas").
"Debe ser estimado en grado- sumo" (Pablo VI, "Investígateles
divitias"). "Es vuestro -deber difundir cada vez con más ar.dor

EL P. JOSE LUIS DE URRUTIA que, a nuestro requeri-


miento, nos envió gentilmente este artículo, f u e Profesor Mercan-
til antes de ingresar en Madrid, a los 20 años, en la Compañía
de Jesús.
Licenciado en Filosofía y Teología, Doctor en Derecho Can.5.
nico por Roma, ocupaba una cátedra en la Facultad de Derecho
Canónico de Madrid cuando, en 1965, a los 42 años, quedó
paralítico a consecuencia de un accidente automovilístico. Apóstol
ardiente de la devoción al Sagrado Corazón, ha publicado nume-
rosas obras ascéticas, siendo la más importante "Espiritualidad
postconciliar según el Corazón de Cristo". Actualmente es Di-
rector de la revista "Reino de Cristo", órgano oficial del Apos-
tolado de la Oración en España. "Si no tuviera fe —ha dicho— a
causa de los terribles dolores ya me hubiera suicidado. Pero la )
esperanza cristiana de una eternidad feliz tiene fuerza para hacer S
soportables todos los padecimientos que pasarán". }

- 83 -i
este amor al Corazón d e Jesús. Aquí es donde deben tcdos recibir
la inspiración y la eficacia para la renovación interior, moral y
social... Es absolutamente necesario que los fieles rindan culto
a aquel Corazón, y aprendan de Él a ordenar su vida" ("Diserti
interpretes").
Por todo lo cual constituye una ofensa a Dios: 1) el no apre-
ciar sus beneficios, 2) el desobedecer al Magisterio, 3) la incuria
en desaprovechar el m e j o r medio p a r a vivir el cristianismo.
¿Será posible que alguien se imagine y pretenda llegar a
la santidad por u n a vía distinta, cuando todos los santos de los-
últimos siglos propuestos como modelos por la Iglesia h a n segu-idc
este camino señalado por los Papas?
Pío XII dice en la "Haurietis aquais": "Hay que reconocer
que sólo gradualmente llegó el Corazón de Jesús a ser objeto de
culto especial como imagen del amor humano y divino- del Verbo
encarnado". Estamos persuadidos q u e el culto tributado por los
hombres al amor de Dios y de Cristo, mediante el símbolo de
su Corazón traspasado, nunca f u e completamente ajeno a la pie-
dad de los fieles".

EL SENTIR DE LA IGLESIA

Es criterio prudente p a r a juzgar las ideas, comprobar quiénes:


las sustentan. Entre los entusiastas del Corazón de Cristo hay
grandes apóstoles, místicos, santos canonizados. Todos los santos
de los últimos tiempos han sido (y ¡siguen siéndolo!) grandes
devotos del Sagrado Corazón. ¿Qué h a sido de sus adversarios?'
No hay entre ellos u n solo cristiano importante.
Quien tiene f e y es limpio de corazón está dispuesto para
ver a Dios (cf. Heb. 11, 1; Mt. 5, 8), y tiene asimismo discreción
de espíritus para aceptar lo bueno y rechazar los falsos profetas
(cf. 1 Tes. 5,21 y Mt. 7,15). Caris-ma hoy más q u e nunca impor-
tante y digno de pedirse a Dios, cuando dentro del actual confu-
sionismo: y ansia de novedades heterodoxas, se vuelve a discutir,,
con tanta falta de conocimiento y humildad, la espn-itualidad de].
Corazón de Cristo, esencia auténtica del cristianismo.

LA NOVEDAD DE LA MODERNA DEVOCIÓN


AL CORAZÓN DE JESÚS

El objeto d e este -culto es toda la p-e-rsona -de Cristo. Cuando


decimos "Corazón de Jesús" queremos significar Jesucristo de

- 84 -i
gran Corazón; como cuando decimos "Inmaculada Concepción"
significamos la persona de la Virgen siempre Inmaculada.
Sus elementos esenciales, conforme dicen los Papas y veremos
después, son los esenciales del cristianismo. Entonces, si no tiene na-
d a de nuevo, ¿para qué sirve? Precisamente, como dice Pío XII, es
una llamada de atención, u n semáforo, para indicarnos cuál es el
m e j o r camino para llegar a Cristo, a Dios; cuál es el enfoque
exacto y fecundo del cristianismo. Orientación tanto más oportuna
y necesaria cuando a través de la historia vemos cómo muchos
cristianos, a pesar de haber estudiado el Evangelio, lo desenfocan,
sea con el rigorismo de los jansenistas en el s. XVIII, o el deísmo
de muchos progresistas actuales que marginan la providencia de
Dios. El resultado, resultado de todas las desviaciones heterodoxas,
es apartar a los fieles del trato auténtico con Dios, basado y ,
manifestado en u n profundo amor filial cotidiano.

Sin embargo, se puede insistir, en todo caso ha habido muchos


.santos que no h a n tenido la devoción al Sagrado Corazón, por
consiguiente no parece necesaria para la santidad. Desde luego
l a santidad es sólo una, y consiste en amar con perfección a Dioa
y al prójimo; pero para alcanzarla se nos descubre ahora un senda
escondida, fácil y segura. Sin ella otros gigantes llegaron a l a j
santidad; en cambio, ojalá nosotros, pobres pigmeos, aun con ella
consigamos acercarnos a sus metas. Y no hay ningún santo que
habiendo conocido esta senda no la haya seguido; lo que sucede
con todos los santos de los últimos tiempos. Por algo será. ¿Vas
t ú a desaprovecharla? ¿Tan f u e r t e eres e n t u s virtudes y tan
arriba estás ya e n la santidad, que te puedes permitir el lujo
de rechazar esta magnífica ayuda y regalo -de t u P a d r e del cielo?

Al tomar Jesucristo como portavoz d e su mensaje a Santa


Margarita ("Dios mismo la eligiói para establecer y propagar este
culto" como dice Pío XI) es n a t u r a l que las indicaciones de ella
sobre la m a n e r a d e practicar esta espiritualidad sean de gran
utilidad. Quizás muchas veces no se acierta y se obtiene menos
fruto, por el prurito de no querer seguir las revelaciones de una
humilde monja. Como si esa m o n j a no fuese santa y sus revela-
ciones totalmente aprobadas por la Iglesia. Si Dios h a querido
valerse de Santa Margarita, el despreciarla no puede ser sino
f r u t o de l a soberbia propia de quien se cree m á s que ella, en
desacato a Cristo, rechazando el cauce escogido por Él para
comunicarnos su mensaje. ¡No aceptan la promoción ciertamente
querida por Dios para ciertas m u j e r e s © intentan luego .promo-
cionar a otras m u j e r e s a un sacerdocio que Dios no quiere para
•ellas!

- 85 -i
¿QUÉ P R O P O N E LA ESPIRITUALIDAD
DEL SAGRADO CORAZÓN?

P a r a empezar: ¿se t r a t a de u n a devoción, d e u n culto o de


una espiritualidad? Devoción, (del verbo latino devoveo = entre-
garse) es la e n t r e g a a Dios, a u n q u e el emplee d e esta expresión
h a ido restringiendo: su sentido hasta significar práctica piadosa:
o gusto espiritual. Culto es l a manifestación de nuestra estima
y sumisión a Dios (directa, o indirectamente por medio de los
santos). La palabra'espiritualidad, aunque en realidad signifique
lo mismo, quizás p e r m i t a entender mejor que acá no se t r a t a de
u n a práctica piadosa o de -un aislado acto religioso sino de toda
la vida espiritual; es decir, u n a "norma d e vida", un enfoque
•completo d e la religión: que es "la mejor m a n e r a de vivir e l
cristianismo".
Esto supuesto, vamos a procurar con atención penetrar más
en el misterio revelado de la espiritualidad del Sagrado Corazón-
Es l a m e j o r m a n e r a d e vivir el cristianismo, el camino más fácil
p a r a la santidad. Su importancia n o puede ser mayor. Nos ju-
gamos mucho en entenderla bien o no.
La espiritualidad del Corazón d e Jesús es, como toda l a
teología, u n desarrollo —guiado por la luz del Magisterio— de
la revelación divina contenida en la Sagrada Escritura. Comenza-
ré, p o r tanto, exponiendo s u f u n d a m e n t a c i ó n bíblica.

E L AMOR SIMBOLIZADO
EN EL CORAZON TRASPASADO

E l Corazón de Cristo, como centro de su personalidad afectiva,


y símbolo d e su amor, se encuentra r e p e t i d a m e n t e en la Escri-
tura, y a p r e f i g u r a d o en e l Antiguo Testamento, y a proclamado
e n él Nuevo: cf. Salmos: 16, 8-9; 22,15; 40,9; 69,21; Ivlt. 11,29,
15,32; Me. 1,41; Fil. 1,8 (la semántica d e estos textos nos muestra,
que ise r e f i e r e n en sentido estricto al corazón y no tanto a las
e n t r a ñ a s o a l vientre).
P e r o también nos habla la Escritura d e l Corazón de Cristo
Jesús en u n sentido más p r o f u n d o y escondido. S. Pablo es el
primero que en s u s cartas nos desvela con emoción el misterio
d e Cristo:
"A mí, el menor de todos los santos, se m e ha dado la gracia
d e anunciar la buena nueva d e la insondable riqueza de Cristo,
e iluminar la comunicación del mjisterio oculto desde siempre e n
D i o s . . . p a r a que su polifacética sabiduría sea conocida mediante
l a Iglesia" (Ef. 3, 8-10).

- 86 -i
Riqueza y misterio de Cristo que nos explica a continuación
cuando pide que se nos conceda comprender ese insospechado
amor de Cristo para que lleguemos a la plenitud en Dios (plenitud
que resume de nuevo en la caridad: Rom. 13, 8-10 y 1 Cor. 13).
"Vemos aquí nuestra meta: llegar a la plenitud en Dios, que
es la caridad, mediante la comprensión del insondable amor de
Cristo, conocido por el cauce de la Iglesia. Primera fundamenta-', t
c i ó n d e la espiritualidad del -Corazón de Jesucristo que no reside'
en otra cosa sino en avanzar hacia la plenitud del amor de Cristo
simbolizado en su Corazón traspasado.
S. Pablo también nos anima a unirnos con Dios por el Corazón
de Cristo: Recuerda —él o algún discípulo suyo— a los hebreos
(cc. 9-10) cómo en el santuario del Templo no se podía entrar,
lo cual era para él figura de que- aún no estaba manifiesto el cami-
no para unirnos a Dios. Ahora en cambio, grandiosa realidad, la Di-
vinidad se nos hace patente y asequible: "Confiando en la sangre
de nuestro Salvador, acerquémonos a entrar en el santuario, por e]
camino nuevo y viviente que Él nos ha inaugurado- a través de]
velo, esto es de su carne" (Heb. 10,19 s).
Hemos de entrar en la Divinidad a través del velo del san-
tuario, es decir, de 1a- carne de Cristo, p e r o precisamente en su
muerte se rasgó aquel velo (cf. Mt. 27,51), al tiempo que la lanza
rasgaba su carne. Todo lo cual es tanto como decir que ya está
abierto -el camino a la Divinidad; y que ese camino, por el que
hemos de entrar, queda simbolizado en el Corazón -traspasado
de Cristo, santuario -de la Divinidad, que es lo que se hace pa-
tente y asequible al rasgar su carne la lanzada mortal.
Pero es sobre todo S. Jua-ii, que en su Evangelio tiene buenJ> )
cuidado de suplir lo importante que falta en los otros Evangelios,
quien m s introduce en el Corazón de Cristo: a) cuando lo
presenta como misterioso manantial y b) cuando .subraya el mis-
terio de la lanzada.
a) La fiesta -de los tabernáculos, o de las tiendas, —en otoño,
pidiendo la lluvia para la sementera—, -era la- conmemoración
festiva del éxodo y del milagro de Moisés, que hizo brotar agua
de la roca (cf. Ex 17,6; Núm. 20,11). Por lo cual -ese día se
sacaba agua de la fuente de Siloé y se la llevaba en procesión
al Templo, mientras se cantaba una profecía de Isaías (12,3): "Sa-
caréis agua -con gozo -de las fuentes de salvación". Fue en esa
ocasión que Cristo se apropió la profecía diciendo: "Si alguno
tiene sed, venga a Mí, y beba el que cree en Mí. Pues como dice
la Escritura: 'Brotarán de su Corazón ríos de agua viva'. Esto lo
de-cía refiriéndose al Espíritu que recibirían los que creyesen en
Él" (Jn. 7,37-39).

- 87 -i
El texto de la Escritura que cita Cristo, es sin duda del
profeta Zacarías (13,1), quien promete para los tiempos mesiáni-
cos u n a f u e n t e que purifique del pecado, y no puede ser otra que
Cristo. El mismo S. Juan, e n el Apocalipsis (22,1), hace 'brotar
ese río de Cristo. Asimismo S. Pablo dice que los israelitas en
el desierto "bebieron de la r o c a . . . y esa roca era Cristo" (1
Cor. 10,3 s). (La otra interpretación que se ha dado de Jn. 7,37
ss: "brotarán de su corazón [del corazón del que c r e a ] . . . " con
referencia a Jn. 4,14: "el agua que Yo dé se convertirá en quien
la beba en manantial de vida eterna" no es sostenible por estar
en contra de la tradición más antigua, y porque en la Escritura,
citada por Cristo, no se encuentra en ningún sitio esa lectura).
Por tanto, .según S. Juan, el Corazón de Cristo es la fuente
del Espíritu Santo que nos había de enviar (cf. Jn. 15,26; 14,16
s; 16,7 s) y que ¡está figurado en esa 'agua Viva. El Corazón de
Cristo es además aquí (Jn. 7,37) claro símbolo de su amor, pues
bien se ve en el mismo S. J u a n (cap. 14-17), que la razón de
enviarnos el Espíritu Santo es el amor que nos tiene.
Así, al presentarnos su Corazón como símbolo de su amor
y fuente de la gracia, y exhortarnos a que acudamos a beber en
Él los que creemos en Cristo, es el mismo Cristo quien nos pro-
pone e introduce ya en la espiritualidad de su Corazón.
Pero aún hay más, mucho más:
•b) El texto siguiente subraya de modo extraordinario el mis-
terio de la lanzada.
"Al llegar a Jesús, como vieron que ya había muerto1, no le
rompieron las piernas, sino que uno de los soldados con la lanza
le atravesó el costado y salió entonces sangre y agua. Y el que
vio da testimonio, y su testimonio es verdadero 1 , y él sabe que
dice la verdad, para que vosotros creáis también. Eso ocurrió
p a r a que se cumpliera la Escritura: No le romperán >un hueso.
Y otro pasaje que dice: Mirarán al que traspasaron" (Jn. 19,33-37).
Contrapone S. J u a n a los designios de los hombres de que-
brarle las piernas, el plan de Dios. P l a n de algo tan relevante
que estaba doblemente profetizado (Ex. 12,46; Sal. 34,21 y Zae.
12,10). Y de lo cual, para mayor constancia, levanta acta notarial
con su testimonio y la apelación solemne a su propia veracidad.
El importantísimo hecho profetizado de que se trata —dice
S. Juan— es precisamente la lanzada que hace brotar sangre y
agua. Y que relata "para que también nosotros creamos". Pero
qué es lo que hemos de creer?, ¿qué capital "mysterium salutis"
se encierra así en la muerte de Cristo? —El mismo misterio del
Corazón de Cristo como manantial del Espíritu Santo.

- 88 -i
Efectivamente: Ambos pasajes están unidos en las referen-
cias citadas de Zacarías: "Aquel día habrá una f u e n t e a b i e r t a . . .
para la purificación del pecado" (13,1), y "Aquel d í a . . . mirarán
al que traspasaron" (12,10).
En ambos pasajes se habla del agua que brota del Corazón
d e Cristo. '
En consecuencia, el Espíritu Santo, río de gracia, que pro-
metió Cristo en la fiesta de los tabernáculos (Jn. 7,38), nos lo da
en su m u e r t e (Jn. 19,33 s). Pues en ella, completada y simbolizada
por el Corazón traspasado, se consuma nuestra Redención, el
nacimiento de la Iglesia, y, por tanto, se nos comunica el Espíritu
.Santo, la gracia (que es nuestra incorporación a Dios).
El amor de Cristo es la razón última de su promesa del
Espíritu Santo, agua de Dios; y luego es su muerte, acto supremo
de amor ("nadie ama más que quien da su vida": Jn. 15,13), la
que hace brotar realmente de su Corazón esa agua viva.
Este es el misterio de salvación que con tanto énfasis nos
relata S. J u a n para que creamos: Que de la m u e r t e de Cristo,
supremo acto de amor, brota la comunicación del Espíritu Santo
con su gracia, y el nacimiento de la Iglesia con sus sacramentos.
Misterios de amor que simboliza en el Corazón de Cristo, de
cuyo Corazón, d e cuyo amor, brota el agua viva que satisface
toda sed >(cf. Jn. 4,14), pues con ella, con la gracia, unidos a
Cristo, llegamos a esa plenitud en Dios de que habla S. Pablo.
Estupendo grano de mostaza bíblico que al cabo de los siglos
florecerá en la formulación espléndida de la espiritualidad del
Corazón de Jesús.
Además, que tengamos que amar a Dios y a los hombres y
.llevar la cruz con Cristo, como vamos a ver subraya la espiri-
tualidad del Sagrado Corazón, está bien claro igualmente en la
Biblia.
ELEMENTOS CONSTITUTIVOS
DE ESTA ESPIRITUALIDAD
! Con precisión y claridad escolásticas podemos definir que
la espiritualidad del Corazón de Jesús consiste esencialmente en
creer con total persuación en el inmenso amor que Jesucristo-Dios () .
nos tiene, simbolizado en su Corazón traspasado,, y, llenos de con-
fianza, corresponder a tan maravilloso amor con nuestra entrega
plena, nuestra •consagración a vivir la grandiosa amistad divina
y la caridad fraterna, hasta la reparación del pecado o correden- i -
ción con Cristo y a imitación suya. Siempre con la gozosa es-
peranza de .participar en la vida divina sin fin.

- 89 -i
Procuraré, siguiendo las enseñanzas de los Sumos Pontífices,
probar y explicar los elementos dichos: el amor d e Dios simbolizado
en el amor de Cristo; nuestra respuesta al amor de Dios: la con-
sagración o imitación; la reparación o corredención con Cristo.

1. El amor que Dios nos tiene


'—s
No es difícil de probar con la Biblia en la mano1, como hemos
dicho, el inmenso amor que nos tiene Dios, nuestro Creador y
Redentor, P a d r e providente y Víctim;a por nosotros e n la Cruz,
en la Eucaristía, en el Sagrario. Pues bien, la espiritualidad del
Sagrado Corazón —y esto ya demuestra su trascendencia suprema—
se dirige en primer lugar a considerar y d a r culto a tan increíble
amor, origen y fin d e toda nuestra existencia. Ello está bien claro
en Santa Margarita y en la tradición anterior. Pero para probarlo
bastan dos frases definitivas de Pío XII en la "Haurietis aquas":
"El amor de Dios a nosotros es la razón principal de este culto".
"Es un culto al amor con que Dios nos amó por medio de Jesús".
Lo q u e ya no es tan fácil es convencernos de que Dios nos
ama. Esta desconfianza en el amor paternal de Dios es el gran
pecado del mundo y el mayor impedimento para la santidad.
Los hombres, cuando tenemos cosas buenas, ¡y tenemos tantas!,
nos olvidamos de dar gracias a Dios, como si no f u e r a n todas y
cada u n a de ellas regalos personales de nuestro Padre. Por el
contrario, cuando 1 algo1 nos hace sufrir, qué frecuente es la queja:
¿Por q u é Dios me hace esto a mí? Queja que en el fondo es una
terrible blasfemia, porque es como decir: Dios no es bueno. ¡El
mayor insulto y ofensa que le podemos hacer, pues si no fuera
por su Bondad ni siquiera existiríamos!
En el camino d e la santidad, cuando nos asusta pensar en
los sacrificios que nos puede pedir Dios (enfermedades, renuncias,
escasez, soledad), o cuando se nos cae el cielo encima con una
tribulación, ¿no es 'acaso porque en el fondo no creemos sufi-
cientemente en el amor de Dios? Creemos con la p u n t a del en-
tendimiento, pero luego no acabamos de persuadirnos de que tal
desgracia o cruz en realidad es un regalo de Dios, n o por más
costoso, hecho con menos amor. Y si tenemos miedo de Dios, si
n o confiamos del todo en Él, ¿no es porque nos falta el conven-
cimiento absoluto de que es Bueno sin límite, y que nos ama
infinitamente más que nadie?
Por el contrario, ; el secreto de todos los santos, la infancia
espiritual de una Santa Teresita del Niño' Jesús, por ejemplo,
es reductible últimamente a su f e en el amor imponderable, pro-
videncial e íntimo de Dios. Fe que constituye la poderosísima
dínamo para la santidad e incluso para hacer milagros.
De aquí la necesidad de meditar con frecuencia, particular-
mente en base al Evangelio, sobre (la "bondad de Dios,"idei Corazón
de Jesús, y de tanto como> me ama a mí, a quien tantos benefi-
cios h a hecho y tantos más quiere hacerme.
Esto hará brotar una confianza total en Él, q u e también he-
mos d e pedir y fomentar, y es elemento esencial en la espirituali-
dad del "Sagrado Corazón. Recomendada en todos los documentos-
y consagraciones, está condensada en la f r a s e de León XIII
("Annum Sacrum") reproducida por Pío XI ("Miserentissimus Re-
demptor") y Pío XII ("Haurietis aquas"): "En Él se ha de poner
todas las esperanzas". La confianza en el Corazón de Jesús ha sido
casi el resumen o -distintivo de su devoción proclamada infinidad
de veces por todos los fieles del mundo en la llamada jaculatoria,
milagrosa: "Sagrado -Corazón d e Jesús en Vos -confío-" (o "Corazón
de Jesús en Ti -confío, -porque creo en tu amor para conmigo").
Jaculatoria inspirada en aquella de Santa Margarita: "Corazón
de amor, yo -pongo toda m i confianza en Vos". Las promesas del
Sagrado Corazón contribuyen también a aumentar nuestra con-
fianza en quien tanto nos ama.

2. El amor de Dios simbolizado en el Corazón de Cristo

¡Creer en el amor "de Dios! Como no nos bastan para ello las
palabras ni los hechos, ha querido el Señor metérnoslo por los
ojos con la imagen de su Corazón traspasado.
De los muchos textos de los Papas al respecto, citemos a
León XIII ("Annum Sacrum") : "En el Sagra-do Corazón se encierra
el símbolo y expresión ¡de la infinità ¡caridad d e -Cristo... el culto-
que se ofrece al Corazón divino se ofrece propia y verdaderamente
al mismo Cristo".
# Y Pío XII ("Haurietis aquas"): "El motivo de tributar culto
de latría al ¡Corazón traspasado del Redentor, es -doble: -por estar,
como -parte de su naturaleza humana, -unido hipbstáticamente a
la Persona del Verbo, verdad de f e definida. Y por ser, más
que ningún miembro -de su cuerpo, índice natural o símbolo prin-
cipal de su inmenso amor triple con -que ama al Eterno P a d r e
y a .todos los hombres: amor divino común -con el Padre y el
Espíritu -Santo, amor infundido en Cristo, y de -modo .más natural
y directo su amor sensible. El Corazón traspasado de Jesús es una
imagen que supera a todas en fuerza expresiva.'; En Él pedemos
considerarono solamente u n símbolo) sino también como la síntesis
de todo -el misterio de nuestra Redención. Al mostrar Cristo su
Corazón pretendió llamar nuestra atención para que nos fijásemos
en los misterios de su amor, lleno de bondad, y así le diéramos
culto, culto que se dirige últimamente a la misma persona del

- 91 -i
Verbo. En una elevación sublime de la mente hemos de llegar
hasta la meditación y adoración del amor divino del Verbo en-
carnado".
Pablo VI ("Investigabiles divitias") añade: "El Sagrado Co-
razón es h o m o ardiente de caridad, símbolo e imagen perfecta da
aqueil eterno amor con el q u e tanto amó Dios al mundo que le
entregó su Hijo Unigénito".
El corazón es símbolo de amor en todas partes: no es extraño
que Cristo nos muestre el suyo también como símbolo de su
amor. Y como ayuda tanto este símbolo para comprender su
amor, tíos impulsa a emplearlo prometiendo especiales bendiciones
a los lugares donde se le dé culto.
Ya q u e Dios nos ofrece con tanta generosidad e insistencia
este símbolo para p e n e t r a r en su amor, ¿le vamos a hacer el
desprecio de marginarlo?

3. Nuestra respuesta al amor de Dios

/'•Una vez q u e Dios, el ser infinito, por mí hecho hombre y


niño, m e muestra su incomprensible amor hasta morir por mí,
y además m e pide le ame, ¿qué otra cosa puedo hacer sino, de
rodillas y adorándole, repetirle con toda el alma: Tomad Señor,
y recibid .todo mi haber y mi poseer? ¿Qué otro sentido sensato
puede tener mi vida sino dedicarla por entero a cumplir su
voluntad para manifestarle m i amor? Esto es la consagración.
Entrega gozosa, hasta en las renuncias costosas, porque entonces
tengo mayor oportunidad d e calmar ese comezón continuo de
corresponder de alguna manera a su amor. Como cuando quiero
de verdad a u n a persona que ha hecho mucho por m í y estoy
siempre deseando agradarle aunque ello me suponga u n sacrificio,
q u e entonces ni lo noto. Esto les pasa a los santos. Y esto hemos
de pedir y procurar, para imitarlos.
Responder al amor de Dios. No es otra la finalidad del culto
al Corazón de Jesús. "Tiene por fin, afirma con precisión, Pío XII
("Haurietis aquas"), el aumento de nuestro amor a Dios y a los
hombres". "Es esencial en esta devoción excitar el amor a Dios
y al prójimo hasta la total entrega de sí mismo" (Id., carta al
director general del Apostolado de la Oración, 19-IX-1948). "Este
culto exige de nosotros una plena y absoluta decisión de entre-
garnos y consagrarnos al amor d e Cristo" ("Haurietis aquas").
"En el culto al Sagrado Corazón sobresale la consagración, en la
cual nosotros y todo cuanto hemos recibido de Dios nos ofrecemos
al Corazón de Jesús" ("Miserentissimus Redemptor", 4). La consa-
gración, "que no es otra cosa que entregarse y obligarse con
Jesucristo" ("Annum Saerum"), es una constante en toda la his-

- 92 -i
toria de esta devoción y se manifiesta hasta en las solemnes,
consagraciones públicas.
En el mensaje aniversario al Cerro de los Ángeles (25-V-69)
concretaba Pablo VI: "Vivir y aplicar con realidades el manda-
miento supremo del amor a Dios y al prójimo es exigencia pri-
mordial de una consagración al Corazón d e Jesús, consciente y
consecuente".
El medio más eficaz de corresponder al amor de Jesucristo.,
será conocerle, amarle, imitarle. Pues bien: afirma Pío XI que la
espiritualidad del Sagrado Corazón, según estamos viendo que
la exponen los Papas, "es la mejor norma de vida, porque es la
que con más facilidad lleva a conocer íntimamente a Cristo y
con más eficacia impulsa a amarle con ardor y a imitarle con
exactitud" ("Miserentissimus Redemptor").
¿Por qué lleva a conocer más íntimamente a Cristo? Porque-
llegamos a conocer íntimamente a una persona cuando conocemos
• - sus sentimientos, sus afectos, y es precisamente en éstos, se-gún se
manifiestan en el amor humano y divino de Cristo, en -donde espe-
cialmente se fija el -culto a su Sagrado Corazón. En ello hemos
de -meditar -para que al ver cuánto y cómo nos ama el Señor crez-
ca nuestro amor a Él. Pues "en su Corazón —añade Pío XI— es-
'f tán escondidos todos los tesoros de la sabiduría y -de la ciencia".
Por eso, explica Pablo VI ("Diserti interpretes"), "el misterio de
la Iglesia no puede 'dignamente entenderse si no consideramos
atentamente el amor eterno del Verbo encarnado, cuyo expresivo
símbolo es su Corazón traspasado".
-Conocer su amor impulsa a amarle con más eficacia, ya que
nada nos impresiona más -que el sentirnos apreciados y queridos.
Y la eficacia en el amar a una -persona querida, y, con toda pro-
piedad, a-dorada, como es Cristo, modelo ideal de perfección, hará,
que también le imitemos con exactitud.
Sirva de sello final a esta cuestión la afirmación rotunda de
Pío XII: "La unión con Cristo se logra perfectamente -por medio
de la devoción al Corazón de Jesús" (AAS 40. [1948] 500).

4. La reparación o corredención con Cristo


Hay varias palabras, qu-e son entre sí sinónimas, y expresan
el hecho de "sufrir con Cristo", subrayan-do cada una un determi-
nado aspecto. "Corredención" destaca la asociación de nuestro su-
frimiento al suyo -redentor. "Expiación" y "satisfacción" aluden
a que dicho sufrimiento se ofrece por el pecado y en sumisión a
la justicia divina, respectivamente. "Reparación", en cambio, se
fija más en la persona de Cristo, en el restablecimiento de nuestro

- 93 -i
•amor y unión con Él, que se rompe por el pecado (como se repa-
ra, por ejemplo, el honor ofendido para rehacer la amistad).
"La reparación es la parte más importante del culto al Sagra-
v
do Corazón", enseña Pío XI en la encíclica "Misereintissimus Re-
demptor", dedicada a explicar el sentido de la reparación. Y con-
tinúa:
"Si en la consagración lo primero y principal es que al amor
.del Creador responda el amor de la creatura, de aquí se sigue otro
deber: el de compensarle por las injurias inferidas, lo cual se lla-
m a r e p a r a c i ó n . . . Este deber de expiación incumbe a todo el gé-
. ñero humano", pues aunque, "todo* el valor d e ia expiación de-
pende únicamente del sacrificio de C r i s t o . . . , a él debe unirse la
inmolación de los fieles". "Como 'la consagración proclama la
unión con Cristo, la reparación la comienza borrando las culpas,
la perfecciona participando en los padecimientos de Cristo, y la
consuma ofreciendo sacrificios por los hermanos".
Como se ve, ¿la reparación es el mayor acto de amor a Dios,
porque purifica del pecado y da la mayor medida del amor: el su-
frimiento. Es también el mayor acto de amor al prójimo, el mis-
mo de Cristo al morir por nosotros: su redención y salvación.
Valores inmutables. Por ello Pío XII consideraba en la "Hau-
rietis aquas" como "notas típicas" y "elementos esenciales" del
culto al Sagrado Corazón: el amor y ,1a reparación. Y Pablo VI
.añade: "El amor y la reparación son dos características de todos
los tiempos, y hoy, n o dudamos en decirlo, son más actuales que
nunca" (14-IV-66).

a) Cómo asociar nuestros sufrimientos al de Cristo

"Cuanto más perfectamente nuestro sacrificio responda al del

f Señor, más abundantes frutos obtendremos para nosotros y para


dos demás" ("Miserentissimus Redemptor"). En la espiritualidad
del Sagrado Corazón nuestra participación y colaboración en la
obra redentora de Cristo es personal, directa y por amor; lo que
la facilita y ayuda extraordinariamente. Sería inhumano, casi cruel,
u n enfoque del sufrimiento como expiación vindicativa, y mero
castigo de la Justicia divina. Nuestro enfoque es muy distinto:
contemplamos a Cristo amándonos con todo su Corazón y por ello
padeciendo terriblemente los efectos del pecado. Y entonces que-
remos acercarnos a Él, como el Cireneo o la Verónica en el Viacru-
cis, para e n j u g a r su rostro y ayudarle a llevar la cruz; queremos
seguir su invitación de tomar nuestra cruz para ir con Él; quere-
mos quemar nuestra vida, de golpe o a lo largo de los años, para
q u e su luz brille entre las tinieblas de los suyos, nuestros her-

- 94 -i
manos, que no le reciben y van por la vía ancha que conduce a
la perdición. *
En este contexto, la unión de nuestro sufrimiento al de Cris-
to, haciéndolo así sacrificio ( = sufrimiento sagrado por estar consa-
grado, unido a la divinidad), se realiza primordialmente por la
obediencia a la voluntad de Dios (bien de los preceptos que li-
bremente hemos de cumplir, bien de los padecimientos que ne-
cesariamente hayamos de soportar). Al igual que la pasión de
Cristo, la cual f u e por obediencia a la voluntad del Padre.
El sufrimiento aceptado es el que más vale, como el de Cristo
en la pasión. Porque en él más profundamente se verifica la na-
turaleza moral de la ereatura, que impele no a seguir su propio
plan (gran tentación en el camino de la santidad), sino el de Dios.
Y eso es lo más valioso del amor: complacer no la voluntad pro-
pia sino la del ser amado.
Además es la manera más fácil de sufrir, porque no se trata
de s u f r i r más (¡ya permite Dios suficiente sufrimiento e n el mun-
do!), sino de sufrir mejor, con más mérito, al aceptar el sufrimiento
como venido de la mano de Dios, y consecuentemente con paz
y alegría en vez de desánimo o desesperación. "Se santificarán,
dice el Vaticano II, si lo aceptan todo con f e de la mano del Padre
Celestial" (LG 41).
b) En qué consiste la aceptación del sufrimiento
Veamos primero lo que no es:
No es una postura quietista o meramente pasiva, dejando que
sólo obre Dios, y pensando en otra cosa. El aceptar es algo posi-
tivo, y tan costoso a veces que a Cristo el aceptar la pasión le
costo sudar sangre; sudor producido no por el miedo al dolor
inminente, sino por el esfuerzo de la voluntad al aceptarlo. Tan-
tísimo dolor como hay de sobra en el mundo —como todo lo que
nos es esencialmente necesario para la vida: el aire, el agua, los
alimentos, Dios nos los da sobreabundante-— bastaría para santi-
ficar a todos los hombres. ¡Pero los hombres n o lo aceptamos!
El aceptar tampoco es resignarse al estilo estoico, es decir: no
oponer resistencia porque sería inútil o contraproducente.
Ni es llegar a que el sufrimiento agrade. El sufrimiento co- v-¡
m e tal, en sí mismo, nunca puede gustar. Y no se excluye que a

* "Y son muchos los que entran, por ella" (Mt. 7,13). Esta advertencia
de Cristo es impresionante, y se repite en todas las revelaciones privadas
de los santos. En Fáti-ma, por ejemplo, la Santísima Virgen expresó su
dolor por -tantos qu-e se condenan. Terrible admonición, que debe esti-
mular nuestro deseo de apostolado y reparación.

- 95 -i
nuestro Padre podamos pedirle que nos libre de él. Cristo mismo-
nos da ejemplo: no tuvo a menos el rogar a su Padre insistente,
mente, u n a y otra vez, que pasara d e Él el cáliz de la pasión. (Pe-
tición q u e no es cierto fuese desoída [cf. Heb. 5,7], puesto que
la pasión duró sólo unas horas y Jesús se sintió fortalecido para
llevar con heroica paciencia los más terribles sufrimientos. Si
nuestra oración no consigue a menudo librarnos de u n dolor, sin.
embargo siempre obtendrá que Dios nos lo disminuya o nos for-
talezca para sufrir, incluso con alegría, que es una gracia mayor).
P a r a determinar exactamente en q u é h a de consistir nuestra
aceptación del sufrimiento (y esto es importantísimo en la vida
cristiana), observemos que la gran tentación en los .momentos de
dolor es pensar que Dios no es bueno, o incluso que no existe,
que no1 nos oye; tentación capaz de matar toda la vida religiosa.
En el fondo es la misma tentación con que en el desierto Satanás
probó a Cristo (quien también quiso darnos ejemplo de cómo
resistir las tentaciones): en último término, lo que le proponía el
demonio era que no aceptase el plan de Dios, que se saliese de
él, por desconfianza. (Que era mejor comer, lanzarse por el aire
para ser recibido como Mesías, pactar con Satanás para implan-
tar su reino. Y también a nosotros nos tienta: "Como león rugiente
da vueltas a nuestro alrededor, buscando a quien devorar": 1 Petr.
5,8. Aunque ahora son muchos los que apenas creen en el demo-
nio, en el Evangelio Cristo lo toma bien en serio).
Por tanto, la aceptación auténtica del sufrimiento' es creer, a
pesar d e todo, que DIOS ES BUENO, y que me lo manda para
mi bien. Y por ello avivar la esperanza en el premio que mere-
ce, y agradecérselo al Señor. Atención a lo dicho, .porque esto es
heroico. El valor santificador del sufrimiento es enorme, si en él
se hace ese conjunto de actos tan difíciles: el acto de fe (creer
que Dios es bueno), de esperanza (alegrarme, pues el dolor me
sirve de mucho) y de caridad (agradecerlo).

ACTUALIDAD DE LA DEVOCIÓN
AL CORAZÓN DE CRISTO

A) Ante la gravísima crisis del actual alejamiento de Dios,


raíz de todo mal, hay que volver a la esencia de la religión,
insistir en nuestra relación vertical con Dios, lo cual se logra
perfectamente mediante el trato íntimo con Él por la vía más
fácil y que más nos capta: el amor personal a Cristo como res-
puesta a la entrega de su Corazón.
Ante la marea negra de los pecados de lujuria y ambición,
por el ansia insaciable de placeres lícitos o ilícitos, lo que más

- 96 -i
puede contenernos para no ofenderle,-para reparar junto a Él,
es contemplar su Corazón padeciendo pleno de amor y humillado
por nuestros pecados.
Ante nuestro propio orgullo y la soberbia de nuestro corazón ;
tan hinchado por las ideas modernas, nada más oportuno que
aprender del Corazón d e Cristo, en la oración, su mansedumbre
y humildad, para aceptar el Magisterio- instituido por Él.
Buena prueba de ser esta espiritualidad el mejor antídoto
contra la contaminación heterodoxa, es la absoluta incompatibili-
dad entre ambas; ni los que permanecen leales al Corazón de
Jesús caen en herejías, ni los tocados de ellas admiten esta
devoción.
B) Según el Vaticano II "late una aspiración universal y
profunda: las personas y los grupos sociales están sedientos de
una vida plena y de u n a vida libre, digna del hombre, poniendo
a su servicio las inmensas posibilidades que les ofrece el mundo
real". Porque "la humanidad toma conciencia que puede y debe
no sólo perfeccionar su dominio sobre las cosas creadas, sino que
le corresponde además establecer u n orden político, económico
y social que esté más al servicio del hombre y permita a cada
grupo afirmar y cultivar su propia dignidad" (GS. 9).
Nuestras justas aspiraciones de elevación y dignidad humana,
de ninguna manera las realizaremos mejor que incorporándonos
a Dios, a su amor, a la obra grandiosa -de la corredención con
Cristo, a su reino eterno, reino que es el único capaz de llenar
plenamente nuestras ansias de perfección natural y sobrenatural
Pero la mejor vía para esa incorporación es su Corazón, con
todo lo q u e supone de correspondencia y de entrega según su
específica espiritualidad.
Dentro de ella, y más que por cualquier otro medio, esta
vinculación con el Señor, superando egoísmos y ambiciones, nos
dará luz y fuerza para ver en el prójimo a nuestro hermano,
ver en él al mismo Cristo, t r a t a r l e con todo respeto y si es
necesario perdonarle su ¡enemistad o sacrificarnos por su promo-
ción completa, h u m a n a y religiosa, en u n amor universal que
abarque a todos los hombres.
Entonces sí. Si logramos introducir en nuestra familia, en
nuestra comunidad, en nuestra nación, en el mundo, la práctica
auténtica de esta caridad cristiana, conseguiremos en todos los
niveles la paz social que la humanidad anhela, y que es funda-
mento de la felicidad temporal e incluso preparación de la eterna.
Será conveniente, y para nuestro apostolado m u y útil, no
olvidar que las revelaciones del Corazón de Jesús a Santa Mar-

- 97 -i
garita, según el mismo Cristo repite, están dirigidas principal-
mente a procurar la conversión y salvación d e los pecadores,
pues el Señor afirma que muchos se condenan. Pero también
se h a d e insistir al mismo tiempo en el incomparable valor de
esta espiritualidad para subir a los más altos grados de santidad,
como experimentalmente lo demuestran tantos místicos y santos
que la han practicado.
Y el que haya santos, sí que es el remedio más eficaz y la
realización plena de las aspiraciones humanas.
No confiemos en otros reformadores que los santos. Un santo
es el único capaz de hablar a los opresores con el fuego y el
amor necesarios para convertirlos. Un santo sabe aplicar a los
oprimidos el "opio" embriagador del ideal cristiano p a r a trans-
f o r m a r su amargura en esperanza gozosa. Un santo convence con
su vida abnegada, arrastra con su ejemplo desprendido, consigue
con su oración fervorosa la paz plena prometida a los discípulos.
Y la mejor f r a g u a de santos es el Corazón de Cristo, con su
amor, p a r a p r e n d e r el fuego que t r a j o a la tierra (Le. 12,49),
con su verdad, para encender la luz q-ue puso en el mundo (Mt.
5,14), con su bondad, para que aprendamos de Él a pasar por
la vida haciendo el bien a todos (Hech. 10,38). Cristo, en esta
hora definitiva, necesita santos; nos invita: "Estoy a t u puerta y
llamo" (Apoc. 3,20). ¿Estás dispuesto a abrir de par en par tus
puertas para que el amor de Cristo invada y transforme tu vida,
en la más ¡bella y grandiosa intimidad?

JOSE LUIS DE URRUTIA S.J.


Madrid

98
LA EXPERIENCIA MÍSTICA *
Experiencia significa advertimiento; conocimiento adquirido
por la práctica. Es la definición del Diccionario R . A . La expe-
riencia es m a d r e de la ciencia, dice el refranero, y tiene sus moti-
vos. La experiencia supone reiteración y u n saber práctico, por
amoldamiento o connaturalidad con las cosas, que proviene de
la propia reiteración. Diremos que la reiteración, el volver sobre
el mismo camino, origina la advertencia sobre mínimos detalles,
que pasaría por alto una enseñanza del todo especulativa.
Nosotros tratamos de la Experiencia Mística. La experiencia
mística es también una advertencia singular; algo que suscita la
atención, y conmueve la afectividad. Por eso no es conocimiento
especulativo, ni simple conocimiento sensible, sino q u e participa
de los dos. La experiencia mística es advertencia de la presencia
de Dios en el alma, de la humanidad de Jesucristo, o de las cosas
divinas en general.
El adjetivo: mística, añadido a experiencia, complica las co-
sas. Experiencia significa u n modo de ver claro; quien tiene ex-
periencia de u n asunto, lo ve con claridad. La palabra: mística
nos habla de algo oscuro y escondido; algo que es más no ver que
ver.
La experiencia mística como advertencia, no es simplemente
el acto de creer, aunque se f u n d a en la fe, y supone el acto de fe
teologal. Diremos que es una percepción, pero no visual, no es por
la vista; la f e es por el oído (ex auditu). Por la fe, y creciendo la
f e en el alma, adquirimos certeza y firmeza, adhesión inquebran-
table en todo el contenido de la f e católica. Es aquí, en el acto de
fe, donde se inserta la experiencia mística.
La experiencia mística pertenece a la familia de la experien-
cia religiosa. Existen diversos grados de experiencia religiosa: el
fervor en la oración, el gusto por las cosas de Dios, es ya una
cierta experiencia. Hablamos de sensibilidad religiosa, sentimiento

* El presente artículo resume las conclusiones de un trabajo sobre la Expe-


riencia Mística.

- 99 -
religioso, que puede inspirarse en la fe viva, provocada sin duda
por gracias actuales que ayudan en la vida cristiana del hombre.
Pero esta experiencia religiosa no es aún experiencia mística.
Existe en las personas realmente piadosas, dadas habitualmen-
te a la oración, la lectura espiritual, cuidadosas de sus deberes,
que. luchan contra sus defectos, u n comienzo de experiencia mís-
tica o bien pre-mística. Se puede pensar en cierta moción del Es-
píritu Santo. La experiencia mística no viene de golpe, sino por
grados. Los santos, como Tomás ¡de Kempis, Santa Teresa, Taule-
ro, etc., nos hablan de u n combate espiritual. Quien no ha tenido
alguna experiencia de ello tiene la impresión de que hablan de
memoria. Quienes h a n tenido alguna experiencia espiritual, ya
pueden apreciar que aquello del combate espiritual obedece a las
exigencias mismas de la vocación cristiana.
La experiencia mística se inserta así en el contexto más am-
plio de la experiencia religiosa en general, que tiene el cristiano
por las gracias actuales. La experiencia mística es el punto más
elevado, y tiene sus propios principios en los actos de virtud he-
roica, bajo la moción del Espíritu Santificador.
Existe efectivamente, dijimos, u n a experiencia religiosa (fer-
vor, devoción), que no es mística; u n cierto sentimiento religioso,
inspirado en la f e viva, dado por gracias actuales, que dirige la
vida cristiana del hombre; en cierto momento, quizás pueda ha-
blarse de una etapa pre-mística, caracterizada por una mayor "sen-
sibilidad" f r e n t e al pecado, la imperfección, en personas que ya
aman y desean la unión íntima con Dios. Pero nuestro objetivo
es t r a t a r d e la experiencia mística propiamente dicha. Como pun-
to de partida hemos debido elegir una base de indudable firmeza:
la experiencia de la presencia de la Santísima Trinidad en el al-
ma, expuesta por Santa Teresa de Jesús en la Séptima Morada
del Castillo Interior. Llegar a ésto supone todo el itinerario que
0.a misma m a d r e Teresa describe por los distintos compartimen-
tos del Castillo.
"Él quiere —escribe otra mística carmelita, Sor Isabel de la
Trinidad—• que allí donde Él está estemos también nosotros; no
sólo durante la eternidad, sino también en el tiempo" (1).
Las palabras d e la carmelita de Dijon nos recuerdan la adver-
tencia de la m a d r e Teresa: Mas habéis de entender que va mu-
cho de estar a estar. Dios habita por su gracia en el centro del
alma; pero nosotros andamos "a la ronda del Castillo", por otras
partes. La unión con Dios y la experiencia de las cosas divinas se

(1) Souvenirs. Carmel de Dijon, (Francia), 1937, p. 37.

- 100 -
da cuando "estamos" con Dios, unidos a Él, gozando de su presen-
cia con toda la inmediatez d e que es capaz el ampr unitivo de
caridad, liberado de muchas solicitudes temporales.
La mística experiencia que estudiamos aquí, tiene su princi-
pio en la misión de las divinas personas por la gracia, según he-
mos dicho. Sin esa misión, sin aquel envío por el Padre del Hijo
y del Espíritu Santo, no podría el hombre pretender gozar expe-
rimentalmente de una divina persona. Por parte del hombre es
menester u n largo recorrido; pero el hombre nunca está solo, sino
que recibe los auxilios de la gracia de Dios.

La experiencia mística es la admiración, el gozo,


la paz de la persona, fe y caridad (los frutos del Espí-
ritu Santo), como experiencia de la presencia de Dios,
vuelta en cierto modo sensible por las bienaventuran-
zas vinculadas a la contemplación

De modo indirecto todas las bienaventuranzas, como actos per-


fectos de las virtudes, colaboran en la experiencia de Dios; aquí
nos referimos a las que intervienen de manera directa, como son
las correspondientes a los dones de entendimiento y sabiduría.
Hemos incluido la admiración, como acto de la f e y del saber en
presencia del misterio.

Las bienaventuranzas son actos humanos; los actos más eleva-


dos de las virtudes informadas por los dones del Espíritu Santo.
Considerando lo que esto significa, suponen la gracia operante del
Espíritu Santo, suponen el modo de obrar de u n S. Domingo de
Guzmán, de u n a S. Catalina, de u n S. Martín de Porres, y de
otros héroes anónimos de la santidad. Bienaventuranzas vincula-
das a la contemplación son actos de la f e y caridad informadas
por los dones de entendimiento y sabiduría; son actos contempla-
tivos en los misterios divinos, posibles por la unión y connatura-
lidad establecidas por el vínculo de la caridad, y de una caridad
fortalecida en su propia entidad por el desprendimiento de las
cosas del tiempo y del espacio.

Toda experiencia es por actos humanos; la experiencia místi-


ca, aun e n el misterio de Dios, debe ser también por actos huma-
nos. Tales actos, de la más alta experiencia posible, son actos de
virtudes, tales como la f e y la caridad, purificadas en su modo
de obrar por los dones del Espíritu Santo.

- 101 -i
El hombre conoce por actos de inteligencia y amor; elícitos
de la f e y de la caridad alcanzan a Dios en su misterio; estos actos
humanos en el alma purificada son las bienaventuranzas.
La bienaventuranza —dice Santo Tomás— es el último fin de
la vida humana; por eso se traslada el nombre de bienaventuran-
za a los actos por los cuales aquella felicidad eterna se posee,
en cierto modo, ya por anticipado (2). P a r a concebir las bienaven-
turanzas, debemos violentar u n tanto el lenguaje habitual. En-
tendemos vulgarmente por "bienaventuranza" u n estado de placi-
dez, de gozo, de felicidad. La bienaventuranza en la Patria será
realmente u n estado semejante. Aquí, en la tierra, nos movemos
hacia aquel estado, mediante actos humanos, como acabamos de
decir: el hombre se aproxima a la bienaventuranza, moviéndose
de m a n e r a conveniente a ese fin:
"Al fin de la bienaventuranza se mueve uno y se acerca por
las obras de las virtudes, y sobre todo de los dones, si se trata de
la bienaventuranza eterna, para la cual no basta la razón sino
que ha de impulsar a ella el Espíritu Santo, para cuya obediencia
y seguimiento somos perfeccionados por los dones" (3).
Notemos que para movernos hacia la bienaventuranza eterna,
no basta la razón, o sea no basta la acción regulativa de la razón
y la operación de las virtudes regulada por la razón, sino que es
necesaria la moción o instinto del Espíritu Santo, y la acción
de los dones, dando el modo conveniente (divino) al ejercicio
de las virtudes. Es la virtud heroica.
Trátase de llegar a la bienaventuranza de la Patria. Jesucristo
es el camino; el Espíritu Santo debe conducir por ese camino.
Santo Tomás así lo entiende, y para la operación conductora del
Espíritu Santo requiere la acción de los dones:
"Nadie puede recibir la herencia d e aquella tierra de los
bienaventurados si no es movido s y llevado por el Espíritu San-
to" (4).
Al cristiano corresponde acoger, como u n don divino, las
gracias actuales, que por lo común preparan el campo al instinto
del Espíritu Santo. El hombre debe prepararse por la meditación
discursiva, por la práctica de las virtudes, por el vencimiento de
sí mismo, por todo lo que se conoce como vida ascética. La expe-
riencia mística envuelve complexivamente todos estos actos que
denominamos: bienaventuranzas.

(2) I-IIae,69,l.
(3) Ibid.
(4) Cf. I-IIae,68,2.

- 102 -i
A nosotros nos interesa el papel de las bienaventuranzas en
•la vida contemplativa, que es donde se da la experiencia mística.
Hay bienaventuranzas de la vida activa, que predisponen a la vida
contemplativa.
Santo Tomás considera en las bienaventuranzas: el mérito y
el premio. Son meritorios aquellos actos de la vicia activa que
disponen a la contemplación. El efecto de la vida activa, en cuanto
a las virtudes y dones con que uno se perfecciona en sí mismo,
es la pureza de corazón (5). P a r a la contemplación, los dones que.
abren camino a la experiencia mística son los dones d e entendi-
miento y sabiduría y las bienaventuranzas respectivas: bienaven-
turados los limjpios d e corazón, porque ellos verán a Dios, y
bienaventurados los pacíficos porque ellos poseerán la tierra.
Dice el P. Santiago Ramírez: "Concurrunt ergo ut principia
contemplationis: fides, quae formaliter dat attingentiam Primae
Veritatis secundum se, sed non visam seu absentem; caritas quae
dat formaliter unionem et praesentiam. "Veritatis P r i m a e u t Bo-
nitas Prima; dona Spiritus Sancti intellectus et sapientiae quae
dant formaliter cognitionem experimentalem ex connaturalitate
ad Veritatem e t Bonitatem Primam, et sic attingunt eam veluti
praesentem per gustum secundum illud "gústate et videte", et
scientiae circa objectum secundarium" (6).
Las bienaventuranzas son ocho; es necesario distribuirlas para
mostrar el panorama donde tiene lugar la experiencia mística.
Santo Tomás se encarga de ello:
Lo primero exigible en la perfección cristiana, en orden a
aquella unión con Dios íntima y perfecta, hecha experimental y
mística, es apartarse de la vida voluptuosa; prepararse para la
vida activa, que dispone p a r a la contemplativa. "La felicidad de
la vida activa —dice Santo Tomás— dispone a la f u t u r a ; y la
contemplativa, si es perfecta, constituye esencialmente la bienaven-

(5) I-IIae,69,3.
— (6) "Concurren como principios de la contemplación: la fe, la cual for-
malmente llega a la Verdad Primera en sí, pero como no vista o ausente;
la caridad, que da formalmente la unión y la presencia de la Verdad
Primera como Bondad Primera; los dones del Espíritu Santo de enten-
dimiento y sabiduría que dan formalmente el conocimiento experimental
por connaturalidad' con la Verdad y Bondad Primera, y así la alcanzan
como presente por el gusto, según aquello de "gustad y ved", y el
don de ciencia sobre el objeto secundario": Iacobus M. Ramírez O. P.,
De Donis Spiritus Sancti deque Vita Mystica, Madrid, 1974, p. 424,

- 103 -i
turanza f u t u r a ; y sí es imperfecta forma una cierta incoación
de la misma" (7).

Los tres géneros de vida enumerados: voluptuosa, activa y


contemplativa, guardan diversa relación con los actos que se deben
poner, sea en el campo de los placeres sensibles, sea en aquél de
la actividad humana, sea en el terreno de la contemplación.
En el campo de los placeres sensibles, la vida voluptuosa,
en el l e n g u a j e de Santo Tomás, es la barrera principal que hay
que sobrepasar para llegar a la unión mística con Dios. El hombre
debe moderarse en sus exigencias y apetitos. Debe actuar mode-
rando por las virtudes los deseos de honores y riquezas, y aun
despreciándolos totalmente de un modo más excelente por los
dones que hacen aflorar la humildad. En lo interior, las virtudes
que regulan las pasiones irascibles y concupiscibles, son llevadas
a un grado máximo por los dones correspondientes. En esta lucha
contra intentos y deseos más o menos lícitos o ilícitos, aparecen
(o deben aparecer) los actos de virtud auxiliada por los dones;
actos de pobreza d e espíritu, por el mienosprecio de riquezas y
•honores, "honras y dineros", diría Santa Teresa, la mansedumbre,
"bienaventurados los mansos", por el dominio de lo irascible,
bienaventurados los que lloran, dominio de lo concupiscible.

Tenemos así un verdadero esquema de todo el ascetismo cris-


tiano, indispensable para la perfección de la caridad.

La vida activa consiste en las cosas que se dan al prójimo:


como debidas en justicia o como beneficio espontáneo. El hambre
y sed de justicia y la misericordia, son los actos-bienaventuran-
zas correspondientes. La contemplación o mística unión con Dios
s e realiza por l a f e y la caridad, auxiliadas por los dones de
entendimiento y sabiduría, y por los actos supremos, ver a Dios,
en la f e y en la paz de la más elevada sabiduría.

Acabamos de distribuir las bienaventuranzas, a lo largo de


todos los principios operativos humanos. Per© notemos, para acla-
rar, que las bienaventuranzas sobre la vida voluptuosa suponen
ya algo de mística, de contemplación. La lucha contra el pecado
supone un sentido especial de la fidelidad hacia Dios, así como
del mismo pecado, de lo que separa de Dios, donde intervienen
indudablemente gracias contemplativas; los actos elícitos como
bienaventuranzas suponen las purificaciones del sentido y del
espíritu; son actos de caridad unitiva o consumada.

(7) I-IIae,69,3.

- 104 -i
II

La experiencia mística es fruto del ejercicio heroico


de las virtudes cristianas

Ejercicio heroico, en cuanto al modo. Efectivamente, es fruto


complexivo del ejercicio de las virtudes, auxiliadas por los dones
del Espíritu Santo; es efecto de aquel ejercicio.
Hagamos una comparación. Así como el árbol cuando es
adulto, en la plenitud de su vigor y lozanía, da sus frutos, el
árbol de la vida espiritual, en el vigor y lozanía de sus virtudes,
da también sus frutos.
"El nombre de fruto se transfiere de las cosas corporales a las
espirituales; en aquéllas se llama f r u t o lo que es producido por la
planta, cuando ha llegado' a la perfección, y contiene en sí cierta
suavidad". La analogía es de Santo Tomás (8). El ejercicio he-
roico del bien, natural y sobrenatural, nace de una virtud acriso-
lada, probada en el fuego del amor divino. P o r eso es un fruto.
Y es f r u t o no solamente por proceder, y ser un acto de virtud
perfecta, sino por el mérito que el hombre obtiene como premio.
La idea de f r u t o consecutivo al ejercicio heroico de las virtudes,
envuelve la idea de fin último, gozoso y deleitable.
De las virtudes auxiliadas por los dones: "Si la operación hu-
mana procede del hombre mediante su facultad racional, será fru-
to de la razón. Mas si procede del hombre movido por una virtud
más alta, que es la virtud del Espíritu Santo, entonces tal opera-
ción del hombre se llama f r u t o del Espíritu Santo, que es como
cierto germen divino en él, según dice S. J u a n : Quien ha nacido de
Dios no .peca, porque la simiente de Dios está en él (I Jn.3,9)" (9).
La experiencia de gozo, de paz, de contemplación, como expe-
riencia global del ejercicio heroico de las virtudes informadas por
los dones, puede considerarse, y es, u n a experiencia mística; es el
gozo experimental de la contemplación, de la posesión incoada del
premio de la bienaventuranza.
Todo ejercicio de virtudes produce —según hemos apuntado—
alguna connaturalidad gozosa con el objeto. Es una experiencia,
algo que se vuelve como sensible, pero no es experiencia mística.
En nuestro caso, requiérese el ejercicio de las virtudes: teologales,
intelectuales y morales en condiciones especialísimas de perfec-
ción. Primero, deben ser informadas por los dones del Espíritu

(8) I-IIae,70,l.
(9) Ibid., final.

- 105 -
Santo. Segundo, deben obedecer a la moción operante del Espíri-
tu Santo, que conduce a la "tierra perfecta" (Ps. 142,10).
Al asimilar la experiencia mística a los frutos del Espíritu San-
to, debemos tener en cuenta que todo lo que el hombre consigue
con su esfuerzo, es en cierto modo u n fruto: "Para ser f r u t o bas-
ta que algo tenga la condición de último y deleitable; mas para
la razón de bienaventuranza se requiere además que sea algo per-
fecto y excelente" (10). El hombre puede deleitarse con los fru-
tos de su esfuerzo; pero solamente los frutos del Espíritu Santo,
dados en el ejercicio de la virtud heroica o bienaventuranzas, son
los frutos asimilables a la experiencia mística.

III

La experiencia mística es efecto complexivo de los


actos de fe y caridad, llevados a su perfección por los
dones de entendimiento y sabiduría

Trátase de una experiencia compleja; producto de las biena-


venturanzas, es decir de actos perfectos de la fe y caridad. Vamos
a intentar describir esta experiencia altísima, dada por la conna-
turalidad del acto de fe y caridad con su objeto divino, la posesión
de Dios uno y trino.
El fruto asignado al don de entendimiento es la fe, "es decir,
la certeza de la fe; como f r u t o último le corresponde el gozo, que
pertenece a la voluntad" (11).
No se trata de la virtud teologal de la fe, que sigue a la po-
tencia intelectiva, como hábito suyo; trátase de una certeza espe-
cial de la fe (12). La fe en tal estado, ha dejado de ser un simple
asentimiento, para penetrar en Dios, digámoslo así, y adquirir un
estado contemplativo.
Primero tendremos la admiración. "La admiración es cierto
deseo de saber. Acontece en e l :hom|bre, o porque v e el efecto e
ignora la causa, o porque la causa de tal efecto excede las facul-
tades de conocer, o la capacidad intelectual del sujeto" (13). Así
la admiración comienza con la certeza de q u e h a y algo por cono-
cer; eso despierta el apetito de saber, y el gozo por la esperanza
de llegar a aquel conocimiento.

(10) I-IIae,70,2.
(11) II-IIae,8,a.8.
(12) Ibid. ad 2.
(13) I-IIae,32,8.

- 106 -i
L a admiración origina el gozo de la inteligencia, mejor dicho,
el gozo por la esperanza de saber: "Omnia admirabilia sunt delec-
tabilia" (14). Lo admirable es deleitable; no causa deleite por la
ignorancia de lo que no se ve, sino por el deseo de saber. "Tal co-
mo la entendemos ahora —dice un psicólogo— resulta del concur-
so de diversas tendencias; envuelve curiosidad,, temor, humil-
dad" (15).
Fenómeno específicamente intelectual, no es u n simple placer
sensible; se mueve por resortes de la misma inteligencia movida
por el apetito intelectual. El apetito de saber se resuelve en ad-
miración y gozo peculiar de la inteligencia. La inteligencia inter-
pela, con humildad y temor, el misterio aún no inteligible; la no-
vedad que maravilla toca los resortes más íntimos de la afectivi-
dad. Admiración viene del latín: ad-mirare (mirum=maraviiloso);
es ir hacia lo maravilloso. Es una consecuencia de la f e viva y con-
templativa:
"La admiración es una forma de temor producida en nosotros
por el conocimiento de algo que excede nuestro poder. Por lo tanto
es consecuencia» de la contemplación de una verdad sublime, pues
ya hemos dicho que la contemplación termina en la voluntad" (16).
A la certidumbre de la fe y capacidad de saber de u n alma pu-
rificada, se unirá la esperanza viva del bien divino que se anhela;
el temor filial tomará las formas de la admiración o de una reve-
rencia maravillada. La admiración es acto perfecto, ya que Nues-
tro Señor también se maravilló por la f e del centurión (cf. Mt.
8,10).

En cuanto especie del temor, la admiración va unida a la es-


peranza, y f u n d a d a como ella en el saber:
"Como el conocimiento mueve al apetito representándole su
objeto, según sean las diversas formalidades (rationes) del obje-
to conocido, se siguen diversos movimientos en el apetito" (17).
Habrá, pues, un tipo de admiración que sigue al temor mun-
dano, otro que seguirá ail temor servil, y otro- tipo de admiración
que seguirá al temor filial. Este último tipo de admiración será
el propio del acto contemplativo de la fe viva.
La admiración es la aurora de la contemplación; es búsque-
da de lo que aún n o se ve, y que suscita eil movimiento de la inte-

(14) Ibid.
(15) George Dumas, Principios de Psicología, II, p. 453.
(16) 11-11,180,3,ad 3.
(17) I-IIae,40,2.

- 107 -i
ligencia: "La admiración tiene por objeto una cosa nueva e insó-
lita" dice el Angélico Doctor (18). La cosa nueva e insólita es la
gracia d e Dios, los actos de las virtudes teologales que vienen
con la gracia, y que tienen por objeto a Dios mismo. La unión con
Dios por el vínculo de la caridad. La caridad, amor sobrenatural
de Dios, informando los hábitos cognoscitivos, uniéndolos más y
más a Dios, intensifica el acto contemplativo, radicándolo en la
certeza, en la sabiduría, en la admiración y gozo ante el misterio
que se verá en la otra vida.
Entramos por este camino, después de las purificaciones del
sentido y del espíritu, en la sabiduría de Dios, como dice S. Pablo,
y de modo especial en la primera carta a los Corintios (cf. 1,20-26).
Sabiduría secreta de Dios, delectación, gozo, paz, completan la
descripción que podemos hacer de la experiencia mística.
Por una parte tenemos: la certidumbre de la fe, la admiración
consecutiva al temor filial; adhesión, gusto y experiencia de la fe.
Por otra parte, la caridad como primer fruto: "en que se da espe-
cialmente el Espíritu Santo como en propia semejanza. Ya que Él
es amor" (19).
Al amor de caridad siguen el gozo, y la perfección del gozo
que es la paz (20). El gozo también proviene de la certidumbre
de la fe, f r u t o del don de entendimiento (21). No proviene dicha
certidumbre de ninguna visión de Dios que, por otra parte, qui-
taría el mérito de la fe. "Es una visión imperfecta, dice el Angé-
lico, por la cual si bien no vemos lo que es, vemos de Él lo que
no es, y tanto más conocemos a Dios e n esta vida, cuanto mejor
entendemos que sobrepasa todo lo que el entendimiento compren-
de" (22). Es el acto de los q u e verán a Dios en la otra vida, y en
ésta ven o aprecian de Dios su trascendencia divina.
Con otro lenguaje, la m a d r e Teresa d e Jesús señala también
como nota característica de aquel estado de unión con Dios la cer-
tidumbre de la persona en lo q u e ve o entiende. Dice en la Sexta
Morada:
"Diréis quft si no se ve, que cómo se entiende que es Cristo
o cuándo es santo, o su m a d r e gloriosísima. Eso no sabrá el alma
decir ni puede entender cómo lo entiende, sino que lo sabe con
una grandísima certidumbre" (23).

(18) 111,15,8.
(19) I-IIae,70,3.
(20) Cf.-IIae,70,3; II-IIac,45,6, ad 1.
(21) II-IIae,8,8.
(22) II-IIae,8,7.
(23) M.VI, c.8.

- 108 -i
En el simple acto de fe, ya tenemos el doble aspecto de certi-
dumbre y oscuridad que le es característico; tanto uno como otro,
certidumbre y oscuridad, crecen en la f e informada por los do-
nes, explicitándose cada vez más. Las verdades de fe, sobre las
oua'les versa el conocimiento místico y teológico, no son aligo que se
ve por el entendimiento; la f e es "de non visis", de lo que no se ve
(24), como el conocimiento histórico también es de lo que no se
ve; pero el creyente (y en otro nivel el historiador) sabe que esas
verdades deben ser creídas (25). La luz de fe hace ver que
aquellas verdades tales como la Trinidad, la Encarnación del "Ver-
bo, la gracia, etc., deben ser creídas por el testimonio divino. El
acto de la f e es iluminado por el don de entendimiento, para dar
a la f e "acuta perspectio divinorum", aguda penetración de las
realidades divinas (26). Es en esta penetración, por connaturali-
d a d con el misterio, donde crece en el acto contemplativo la cer-
tidumbre de la fe, la admiración, el sosiego, la paz.
La experiencia mística se completa con la rectitud del juicio,
obra de la sabiduría, y la paz, que es su fruto.
No es rectitud del juicio por uso perfecto de la razón sino
por connaturalidad con la cosa juzgada. El juicio recto puede per-
tenecer a la sabiduría-virtud; pero, como afirma Santo Tomás,
poseerlo por connaturalidad con las cosas divinas en vista, perte-
nece al don de sabiduría. A la sabiduría pertenece ordenar, y e]
orden debido engendra la paz (27).
La sabiduría, dice Juan de Santo Tomás, es eminentemente
contemplativa... Por la transformación y unión del alma con Dios,
y por la experiencia de las realidades divinas, el alma es condu-
cida por el Espíritu del Señor de claridad en claridad, hasta la
contemplación de su misma gloria (28). La caridad divina, amor
de Dios efectivo, f u e r t e y desprendido de las cosas humanas, arrai-
gada en la voluntad del hombre, llega hasta insertarse en ella de
tal manera que la transforma; envuelve y penetra como por os-
mosis el acto contemplativo, hasta ver de otra manera la doctrina
de Cristo, la Iglesia, la gracia de Dios, los misterios de salvación.
Es la ciencia d e los santos, porque sólo se da en quien vive la
gracia de Dios, la pide con insistencia y purifica el alma de sus
pecados.

(24) II-IIae,l,4.
(25) Ibid. ad 2.
(26) II-IIae,49,2, ad 2.
(27) Cf.II-IIae,45.6.
(28) Texto trad. ppor I. Menéndez Reigada en Los Dones y la Perfección
Cristiana, p. 499.

- 109 -i
IV

La connaturalidad
Es propio de la fe la certidumbre; en esto se distingue de la
opinión. La opinión es con temor de errar; la fe, tanto la natural
como la teologal, tiene certeza en lo que cree, en el objeto de su
asentimiento.
En la f e teologal, auxiliada por los dones de entendimiento
y sabiduría, la connaturalidad afectiva abre nuevas perspectivas
en la materia de la fe. La connaturalidad no es una posesión de
la verdad divina en la línea de la visión; es como una nueva ad-
vertencia, en la mística noche d e ¿La fe, de le verdad poseída, oída
y gustada como palabra de Dios y verdad de Dios.
Existen grados diversos en esta misma línea de la afectividad,
con respecto a los contenidos de la fe. Una es la connaturalidad
que, al movilizar el acto de fe, puede dar la gracia cooperante, y
otra la connaturalidad que puede darnos la gracia operante. En
la gracia cooperante la acción de la fe, de la caridad, depende de
la razón, del propio libre albedrío; la iniciativa es personal, pero
la caridad hace su aporte de amor sobrenatural, aunque ese afec-
to está como dosificado por la medida de la razón y una caridad
no depurada. Hay un grado de afectividad verdadero, pero sería
exagerado hablar de connaturalidad.
En la moción de la gracia operante o instinto del Espíritu
Santo, cambian las cosas; la iniciativa pertenece al Espíritu de
Dios; el afecto, el amor no está dosificado por el modo humano
de obrar. La gracia operante otorga al sujeto u n nuevo nivel ope-
rativo; es mayor la fuerza de la gracia, mayor la caridad, mayor
la firmeza de adhesión de la fe, mayor la admiración, la adver-
tencia, el gozo, la paz, la plenitud y reverencia en el misterio de
Dios, la noticia secreta recibida en el amor.
"Compassio et connaturalitas ad res divinas" (29), significa
la invasión del amor de caridad en el ámbito de la f e y de los
hábitos intelectivos del hombre. La persona quiere ver a Dios; los
hábitos cognoscitivos quieren ver, conocer; este deseo, encendido
por la caridad, embiste en la f e y m u e v e la esperanza. La f e sabe
que el camino de la visión pasa por la puerta estrecha del asenti-
miento oscuro, la oblación de todo el hombre en el altar de Dios.

ALBERTO GARCIA VIEYRA O. P.

(29) II-IIae,45,2.

- 110 -
PERFILES SACERDOTALES

LAS DOS BANDERAS


Plática del Cura Brochero
Cúmplese este año el Centenario tie la fundación de la
Casa de Ejercicios por obra del P. José Gabriel Brochero en
la ex Villa del Tránsito, hoy Villa Cura Brochero. Aun cuan-
do, gracias a la colaboración de Efraín U. Bischoff, ya he-
mos dedicado una semblanza al P. Brochero (cf. MIKAiEL <>),
nos parece conveniente aludir de manera especial a este glo-
rioso Centenario.
La personalidad espiritual de Brochero está íntimamente
ligada a la obrai de los Ejercicios. Fue precisamente a la luz
de una tanda de Ejercicios donde se resolvió a e n t r a r en el
-Seminario. Desde entonces se convirtió -en un admirador sin
límites del método ignaciamo y, ya sacerdote, pensó qu-e el
mejor modo de evangelizar el difícil medio serrano al que
había sido destinado no sería otro que los Ejercicios. Y así
lo vemos recorriendo todos los rincones de su extenso curato,
con sus 500 teguas de serranías indómitas y casi desiertas, en
busca de candidatos a los que conduciría h a s t a l a ciudad de
Córdoba p a r a p a s a r allí 8 días de retiro en la Casa de Ejer-
cicios de esa localidad. E s fácil decirlo. Pero no lo es tanto
imaginar esas caravanas de hombres o mujeres que dejaban
sus hogares y ocupaciones, presididas por el Santo Cura en
su muía malacara, atravesando, en pleno invierno a veces, la
agreste P a m p a de Achala, por caminos de herradura.
iSin embargo era pedir demasiado para no pocos de sus
pobres fieles. Entonces Brodhero, ese hombre quemado por
el fuego del amor divino, soñó una solución m e j o r : hacer en
su misma Parroquia una Casa de Ejercicios. Y puso manos
'al la obra. Enorme f u e su gozo cuando se abrieron los cimien-
tos dé esa Casa; él mismo quiso poner la primera piedra, y
previendo la oposición del infierno contra aquel edificio del
que esperaba tanto fruto, la arrojó con brío, exclamando:
"¡Te fregaste, diablo!". "Los que habitaban en el Tránsito
—cuenta— desde 7 años arriba, me llevaban ladrillos y cal
quemada al pie: de la obra, en el hombro y en la cabeza; como
lo hacían también las damas y señoritas, que me traían la
cal cruda de una legua de d i s t a n c i a . . .; y de diversos puntos
me conducían los postes a remolque, a cincha de muía, vinien-
do muchas de estas vigas, hasta de veinte leguas". Resultó
una construcción sencilla y sólida: dos patios rodeados de
habitaciones, entre ambos una espaciosa capilla, y un largo
comedor. Con razón dice Gustavo Martínez Zuviría: "Algún
día se ha de escribir la historia de la Casa de Ejercicios, y
no s e r á el capítulo menos esplendoroso' de nuestra historia
religiosa, y contendrá episodios que parecerán copiados de
relatos medievales, y páginas que se diría arrancadas de la
Leyenda Dorada, y personajes que creeríamos imaginarios, si
no estuviéramos tocando la persona misma de su principal

- 111 -
protagonista''. La Casa quedó i n a u g u r a d a en 1'877 y Broohero
tuvo que dividir a los e j e r c i t a n t e s e n cinco taradas, p u e s pasa-
ron de 3.000. Al año siguiente f u e r o n ocho tandas, con más
de 4.000. Cuenta 'el P. Horacio F e r r e y r a que, siendo él semi-
narista, fe .manifestó Brodfaero su peculiar y p a s t o r a l aimor
•por los Ejercicios: "Si quieres t e n e r f e y piedad en t u p a r r o -
quia —-le aconsejaba— levanta u n a Casa de Ejercicios".
Dentro de.l conjunto de meditaciones y contemplaciones
que t e j e n la t r a m a d e los Ejercicios, Brochero no ocultaba
su predilección por la meditación de las Dos Banderas. F u e
p r e c i s a m e n t e al hacer p o r vez p r i m e r a e s a meditación cuando
comprendió que el Señor lo. llamaba al sacerdocio. Tal cariño
'le cobró desde entonces que, a p e s a r de- que 'habitua.lmente
invitaba & sacerdotes d e a f u e r a p a r a d a r Ejercicios e n la Ca-
sa, con frecuencia se r e s e r v a b a él mismo la predicación de
dicha meditación.
P r e s e n t a m o s acá la copia fiel d e la meditación de las
Dos Banderas, e n f o r m a de plática, t a l como la daba el P.
Brochero, fervoro sámente escrita de .su ipuño y letra, y que
s a b i a de memoria. La tomamos de u n folleto apenas conoci-
do, editado por el P. Antonio A z n a r S. J . Con su publicación,
que nos p e r m i t e conocer u n a n u e v a f a c e t a del p e r f i l sacerdo-
t a l del P. Brocheiro, creemos r e n d i r el m e j o r y más cálido
homenaje a este Apóstol de n u e s t r a t i e r r a e n el Centenario
de su obra m á s querida: la C a s a de Ejercicios.
P. A L F R E D O SÁENZ S. J.
T e m a : "Qui non est mecum contra me e s t "

Exordio

Cuando el ¡oven Tobías estaba para hacer el viaje a la ciudad de


Rages, se le presentó el Arcángel San Rafael en persona de ¡oven y
se Je ofreció para compañero y conductor; pero, si a Tobías se le hu-
biesen presentado dos jóvenes y bajo el! aspecto del p r i m e r o se hu-
biese ocultado el Arcángel, y bajo el aspecto del segundo se hubiese
ocultado Lucifer; si Tobías volviendo las espaldas al Arcángel hubiese
elegido a Lucifer, ¿no se hubiese precipitado por sí mismo en el mayor
infortunio que p u e d e imaginarse? Mis amados, todos nosotros esta-
mos actualmente de viaje para la Eternidad': todas las horas damos un
paso más haci,a la eternidad. El' camino es desconocido: está Heno de
peligros y asechanzas. Dos guías, dos conductores se nos o f r e c e n . . .
Jesucristo y Lucifer. . . Jesús. Hijo unigénito del Padre. . . Jesús san-
tidad por esencia. Jesús q u e nos ama en extremo. Jesús que no bush
ca sino nuestra felicidad. Oh y qué .segura es esta guía. La. segunda
es Lucifer. Lucifer, el mayor e n e m i g o de Dios, Lucifer espíritu con-
denado, Lucifer que nos aborrece en extremo, Lucifer que no- busca
otra cosa que nuestra eterna condenación. ¿Cuál de ¡los dos queréis
seguir, mis amados? Y qué ¿habréis p e r d i d o el juicio, para abandonar
al conductor del Cielo, por seguir al' conductor que lleva ai infierno?
¡Ah! No hagáis tal cosa, mis amados. Por el contrario seguid a Jesucristo
hasta ¡la muerte, y alistaos bajo de su bandera, por él el camino que

- 112 -i
conduce con s e g u r i d a d a i Padre; la v e r d a d que descubre todos ios enga^
ños y asechanzas de Lucifer, y la v.ida d o n d e se encuentra la bienaven-
turanza eterna.
<A este f i n v o y a explicar en esta noche la consideración q u e S.
Ignacio llamó d e las banderas: -la que alentará más y más nuestro co-
razón, y le dará más bríos, para seguir m u y de cerca & Jesucristo: por-
que siendo verdad 1 q u e El nos convida a empresas v e r d a d e r a m e n t e difí-
ciles y arduas, quizá nuestro corazón tendría menos á n i m o para seguir-
le, si no se hallase reforzado por ¡la eficacia de u n llamamiento incon-
trastable: esto obra poderosa y suavemente la consideración de las ban-
deras, que ha p r o d u c i d o ya tantas esclarecidas religiones, y ha f o r m a d o
tantos hombres y tantas mujeres eminentes en santidad; p o r q u e esta

v/e<$i

/ '¿c.

g fS ée e

& a* ¿a

áes-^css*

D e l original escrito personalmente por el p r o p i o P. Brochero.

- 113 -
consideración hace elegir estado de vida al que no lo tiene; y hace re-
f o r m a r lo malo del estado q u e ya se -ha tomado. Punto, sobre todos, im-
portantísimjo.

Pero y o q u i e r o recitaros t e x t u a l m e n t e las palabras del santo, y son:


"El p r i m e r p u n t o es i m a g i n a r , así como si se asentase el caudillo de
todos Ibs enemigos en aquel gran c a m p o de Babilonia, c o m o en una
cátedra d e f u e g o y h u m o , en f i g u r a h o r r i b l e y espantosa.

El 2?, considerar c ó m o hace l l a m a m i e n t o de innumerables demonios,


y c ó m o los esparce a los unos en t a l ciudad, y a los otros en otra, y
así por todo el m u n d o , n o dejando provincias, lugares, estados ni per-
sonas algunas en particular.

El 3°, considerar el sermón que les hace, c ó m o los amonesta


para echar redes y cadenas; q u e p r i m e r o hayan de tentar de codicia
de riquezas (como suele in plliribus), para q u e más f á c i l m e n t e vengan
a vano honor del m u n d o , y después a crecida soberbia y de estos tres
escalones induce a todos ios vicios.

Así por el contrario, se ha de imaginar del sumo verdadero capi-


tán, q u e es Cristo Nuestro Señor.

El primer p u n t o es considerar, c ó m o Cristo Nuestro Señor se pone


en un gran c a m p o d e aquella región de Jerusalem, en lugar h u m i l d e ,
hermoso y gracioso.

El segundo, c ó m o el Señor de t o d o el m u n d o escoge tantas perso¡-


nas, apóstoles, discípulos. . . y los envía p o r ' t o d o el m u n d o , esparciendo
su sagrada doctrina por todos Itas estados y condiciones de personas.

El tercero, considerar el sermón que Cristo Nuestro Señor hace a


todos sus siervos y amigos q u e envía a tal jornada, encomendándoles
que a todos quieran ayudar en traerlos, p r i m e r o a suma pobreza espi-
r i t u a l , y si su D i v i n a Majestad f u e s e servido y los quisiese elegir, no me-
nos a la pobreza actual; el segundo a deseo de oprobios y menospre-
cios, p o r q u e de estas dos cosas se sigue l!a hurrVildad; de manera q u e
sean tres escalones: el p r i m e r o pobreza contra riqueza; el 2° o p r o b i o
n menosprecio contra el ¡honor m u n d a n o ; el 3 ? h u m i l d a d contra sober^
bia, y de estos tres escalones introduzcan a todas las v i r t u d e s " .

Ya véis, pues, q u e en esta meditación, en esta plática, d e S. Igna-


cio se miran en campaña dos capitanes, de la una parte Jesucristo Nues-
t r o Señor, y de la otra Lucifer: cada uno en contraposición deí otro, lla-
ma soldados y pregona con qué sueldo y con qué f i n se ha de militar,
y pelear bajo d e s¡u b a n d e r a ; cada u n o ofrece sus bienes: el uno pre-
sentes, es v e r d a d , p e r o mezquinos y breves; el otro alao leíanos, como
venideros, p e r o ciertos, cuanto lo es el' m i s m o Dios, pues son eternos.
Ahora vosotros, mis amados, antes de extender la mano a tomar los
unos o los otros bienes, y antes de entrar el p i e en la cadena de Luz-

- 114 -i
bel, o poner el cuello en el y u g o de Jesucristo: mirad bien tales bienes,
y comparad los u n o s con los otros. . . Oh Señor mío Jesucristo y capi-
tán general de los buenos, dadme a conocer los engaños del mal cau-
dillo; y dadme también la fortaleza suficiente para librarme de ellos;
dadme, hazme practicar la santa vida q u e enseñas con tu ejemplo; pues
con .este solo f i n te ofrezco el corto sacrificio que hago al: oír tu pala-
bra. Espero que me concedáis estas gracias por la intercesión de María
a quien saludo con las palabras del Angel: Ave.

Qui non est mecum, contra me est

Mis amados, no se p u e d e seguir a Jesucristo ni vivir según su


espíritu, y mucho menos practicar sus virtudes, sjn encontrar muchí-
simas dificultades y contrariedades; por cuya razón os p o n g o en esta
noche por ejemplar a Jesús, para que no rehuséis por Dios, lo que
Dios ha padecido por nosotros; y para que forméis en esta noche, una
resolución eficaz de seguir m u y de cerca y vivir conforme a su es-
píritu, os' v o y a pincelar en su campaña a los dos capitanes, Jesucristo
y Lucifer, que ambos quieren ¡llevarnos a su bandera. Poned pues,
por u n momento delante los ojos de vuestra consideración a Lucifer,
príncipe de las tinieblas, y tirano del mundo- que, en medio de Ba-
bilonia, está sentado sobre un t r o n o de f u e g o y humo, alrededor un
cortejo terrible de demonios, conjurados a hacer daño al género huí-
mano, y a destruir el reino de Jesucristo. M i r a d lo horrible de su sem-
blante: su f r e n t e altiva y llena d e soberbia; sus ojos fieros y encen'r
didos; su boca sangrienta y arrabiada, que no respira sino amenazas
y estrago, como lo pinta Job: de su boca, dice, salen llamaradas de
fuego, como hornillos de quemar ladrillos; de sus narices sale un
humo como de olla hirviendo; su aliento es tan abrasador, que hace
arder hasta las piedras.
En estado y circunstancias levanta y tremolea su bandera, en la
que van pintadas figuras feas, placeres -abominables, odios, homici-
dios; honores y riquezas que se desvanecen como el humo. Convida con
un tono de voz f o r m i d a b l e , p e r o lisonjero a los míseros mortales, para
que le sigan. Venite et fruamur bonis. Venid 1 conmigo a gozar los
bienes que os ofrezco; daos a los pasatiempos mientras os permite
la juventud; coronaos de rosas antes q u e se marchiten; nullum prat-um
sit, quod non -pertranseat luxuria nost-ra; no haya flor de deleite que
no se corte por vuestras manos; dad rienda suelta al' apetito, ya que
sois de naturaleza deleznable. Poneos en grande estimación del mun-
do, porque los honores y dignidades son los verdaderos bienes del
hombre; poned todo vuestro cuidado e industria en adquirir y amon-
tonar riquezas que son el único medio para haceros grande sobre la
tierra, y -para comprar l'os placeres que regalan -los sentidos; yo no
p o n g o otras leyes a mis soldados que los dictámenes de su concupis-
cencia, y el vivir a su gusto.

Esta y peores máximas derechamente contrarias a los preceptos


de Cristo, propone Lucifer, para- arruinar al m u n d o ; y a esto le esti-

- 115 -i
muía p r i m e r o el o d i o implacable contra Dios, cuya justicia vengadora
e x p e r i m e n t a , y quisiera, a pesar suyo, p r i v a r l e del servicio y obse-
q u i o de sus criaturas; y en s e g u n d o lugar, Je estimula la ambición de
su soberbio espíritu, a fi,n de que los hombres antes sirvan a él, crue-
lísimo tirano, q u e al Creador, su legítimo Rey; y en tercer lugar, le
punza lia rabiosa e n v i d i a , p o r q u e los hombres n o lleguen a gozar la
f e l i c i d a d del cielo, de q u e él cayó con eterna ruina.

Pero no se contenta Lucifer con 'llamar y convidar quienes l'e


sigan bajo de su bandera, sino que envía innumerables legiones de
demonios para que traigan g e n t e a su partido: i,d, pues, les dice, fie-
les mpnistros míos, id a alistar soldados bajo mis estandartes. ¿No- véis
c ó m o el Crucificado di,lata cada día más su reino, y por m e d i o de unos
vilísimos pescadores nos roba el d o m i n i o q u e teníamos sobre la
tierra? ¿Hemos de sufrir que se enarbole el estandarte de la cruz e r
todos aquellos Jugares d o n d e se veneraban nuestras insignias y armas?
¿Y hemos d e sufrir que los hombres, hechos de barro, suban a ocu-
par en el cielo aquellas sillas, de d o n d e nosotros, espíritus nobilísimos,
f u i m o s arrojados? Id, pues, oponeos a sus designios, apartadlos de las
empresas d e v i r t u d ; d o n d e n o valga la fuerza, valga el engaño; en-
c e n d e d la ansia de las riquezas, q u e son tazos m u y poderosos para
traer los menos advertidos a nuestro b a n d o ; acalorad el ardor del
apetito, q u e es -una espuela, un estímulo el más eficaz para los de L
leites sensuales; ponedles por delante honores, aplausos y dignidades,
q u e son sebos m u y agradables para pescar corazones humanos; en
una parte, c o l g a d figuras deshonestas y pinturas obscenas; en otra,
esparcid odios mortales, p r e g o n a d convites regalados a l;a gula; p o n e d
ocasiones de amores torpes; n o haya h o n e s t i d a d segura de vuestros
asaltos ni v i r t u d libre de vuestros engaños. En suma, aquel será más
valiente soldado mío, q u e v o l v i e r e con más copioso botín de aJmas
rendidas.

A tal exhortación de Luzbel 1 ¿qué malignos brillos no conciben


los demonios? ¿Con qué rabia no se aprontan a sus malvadas em-
presas con aquellas tres armas que a p u n t ó San Juan: Concupiscentia
carnís, concupiscentia o c u l o r u m , et superbia vitae: los apetitos d e la
carne, q u e son Ja gula y la lujuria, la concupiscencia de los ojos, que
son la codicia d e riquezas, y la soberbia de la v i d a , que es la ambi-
ción de honras? A esto atienden ya con instancias violentas como
leones, q u e b r a m a n d o dan vuelta buscando a quién devorar, y con en-
gaños ocultos se introducen, c o m o áspides lisonjeros, para envenenar
hasta ilo más recóndito. Lo cierto es que S. A n t o n i o v,io al m u n d o por
todas partes de lo alto a bajo s e m b r a d o de lazos, y lleno de demonios
engañosos cazadores de las afmas. Y S. Agustín nos avisa sobre aquel
lugar de la sabiduría: in medio laqueorum ambulas; q u e el d e m o n i o
por todas partes nos ti,ene escondidos lazos a nuestros pies; lazos en
las riquezas, lazos en los placeres, lazos en Jas conversaciones, lazos
en los convites. ¿Quién p o d r á escaparse sin quedar preso en ellos?

- 116 -i
Pero el principal cuidado ¡lo ponen en ocultar t o d o el mal baje
las apariencias del' b i e n , esconder el anzuelo traidor en el sebo de
los placeres, y hacen creer que ¡los soldados serán bien servidos, y con
esto p a g a n los trabajos de los que m i l i t a n a su sueldo. ¡Oh y cuántos
cristianos engañados por sus falsas promesas, coreen a gran prisa a
alistarse en sus estandartes! ¡Cuántos halagados y atraídos por sus
falsos y lisonjeros sueldos v a n a estrellarse en los escollos de la
i n i q u i d a d y del pecado! ¡Oh, y quién tuviese .un p o q u i t o de celo por
1-a gloria de D'ios, y una gota de deseo p o r la salud de las almas!
¡Cómo lloraría las ruinas y los errores de tantos jóvenes ¡nocentes y
de tantas doncellas ¡puras, q u e en la flor de sus años, engañados por
tales promesas han v u e l t o las espaldas a Jesucristo, por seguir a los
traidores demonios! Dederunt dilectam animam suami in manu i n i m i -
corum ejtis. No os dejéis, mis amados, tan de prisa y tan a ojos cerra-
dos, arrastrar por los halagos de Lucifer, sin conocer cuáles son los
premios y sueldos q u e os deciden seguir su b a n d e r a . . .

Pero volvamios a la bandera de Jesucristo para considerar, como


en la de Lucifer, sus leyes, sus trabajos y fatigas, sus sueldos y slus
premios. M i r e m o s ahora de la otra parte a Jesús, Salvador del m u n d o ,
que en u n sitio humi'lde, j u n t o al¡ t e m p l o de Jerusalem, está sentado,
y q u e con un m o d o suavísimo llama y convida a que le sigan. M i r a d
cuán amable es su semblante, sobre itodas 'las bellezas' del m u n d o
speciosus f o r m a prae filiis h o m i n u m . . . En su f r e n t e reside la majes-
tad, pero h u m i l d e ; en sus ojos reina alegría, pero modesta; de sus
labios destila la dulzjura, p e r o q u e n o empalaga; de sus manos salen
las gracias, p e r o sin interés; en suma, él es todo desiderable.

Corónanle al rededor sus queridos discípulos pendientes de su


boca a oír y recibir palabras de vida eterna; verba vitae aeternae. Tie-
ne enarbolado el estandarte de la cruz, in quo est salus vita e t re-
surrectiio nostra. Convida con su m o d o suavísimo, con palabras dul-
císimas a seguirle y ponerse bajo su bandera. Venite ad me o m n e s . . .
V e n i d a mí, dice, todos 'los' q u e estáis fatigados, y agravados, q u e y o
os daré aliento, descanso y refacción. T o m a d mi y u g o y aprended de
mí q u e soy manso y h u m i l d e de corazón; p o r q u e mi y u g o es suave y
mi peso l i g e r o .

Es v e r d a d , mis amados, q u e nos muestra el estandarte de la cruz,


bajo el cual debemos militar; pero juntamente nos av.isa q u e en la
cruz está nuestra salud y nuestra v i d a ; q u e en la cruz está ladefensa
de nuestros enemigos, y :1a gracia de las consolaciones celestiales;
q u e en la cruz se halla la fortaleza del corazón, el gozo del espíritu,
laperfección de ¡las virtudes y 'la esperanza' d e la bienaventuranza! eterna.

Es v e r d a d q u e Jesucristo i m p o n e a sus soldados leyes a! parecer


m u y duras: abneget semetipsum, tollat crucem suam et sequatur mje;
p o r q u e el negarse a sí m i s m o i m p o r t a una renuncia completa de todos

- 117
los placeres del sentido, u n a b a n d o n o de las riquezas superfluas,
y un desprecio de los vanos honores; p e r o el tomar la cruz, es una
preparación del ánimo, para tolerar las cosas contrarias al genio de la
naturaleza; tales son, la penitencia, la mortificación del cuerpo, la po-
breza de espíritu y la h u m i l d a d de corazón; cosas todas que se oponen
directamente a los tres genios de apetitos q u e sugiere Lucifer.

También es v e r d a d cierta q u e si Jesucristo nos exige cosas difi-


cultosas nos concede juntamente gracias extraordinarias para q u e las
hagamos con facilidad y suavidad, como advirtió San León: que da
a los que lo siguen tal abundancia de ayudas y socorros divinos, que
no sólo se hacen fáciles, sino agradables y deleitables los ejercicios
de las virtudes. Convida el Salvador al desprecio de las riquezas y
amor a la. pobreza; p e r o al m i s m o t i e m p o reparte tal gracia para
sufrir la falta de los bienes humanos, que San Luis, rey d e Nápoles,
después d e ihecho p o b r e religioso franciscano, solía decir: que l e era
mucho más sabroso u n m e n d r u g o de p a n , recogido de limosna, que
las delicias d e la mesa real, q u e había despreciado.. -Exhorta a la pureza
y castidad; pero conforta la flaqueza de la carne con socorros tan
eficaces, que San Agustín, después de haber e x p e r i m e n t a d o tantos
deleites carnales, sentía mayor gusto en v i v i r p r i v a d o de ellos, que
cuando soltaba las riendas al apetito. Persuade a huir las honras y
tener afecto a la h u m i l d a d ; pero alienta los corazones débiles con tanta
eficacia, q u e Santa Isabel, reina de Hungría, tenía p o r mayor gloria
ser ultrajada, que cuando antes era honrada y venerada en el trono.
Q u i e r e el d i v i n o capitán q u e todos, con sudores y trabajos apostoliz-
eos, llevemos almas a su bandera: Omnes Christo lucrifacere; p e r o
endulza d e tal m o d o esos trabajos y fatigas, q u e San Francisco Javier
en lo más penoso del difícil apostolado se v i o o b l i g a d o a exclamar:
Basta, Señor, satis, satis, Domine. N : o más gusto, mi Dios, que m i co-
razón n o es capaz de tantas delicias del cielo. Sí, mis amados, las m o r -
tificaciones, las penurias y las deshonras, que tal vez se padecen por
seguir la bandera -de Jesucristo, son -recompensadas con tantos re-
galos del espíritu, que s i e m p r e corren a las parejas los trabajos y los
consuelos de los soldados, q u e bien p u e d e n decir con el real profeta:
Secundum m u l t i t u d i n e m d o l o r u m , in corde m e o , consolationes tuae
laetificaverunt animam meam. El apóstol S. Pablo n o se contenta con
decir q u e - c o r r e s p o n d e una consolación igual al' peso de^tristeza que se
padece -por Dios, sino- protesta ser cien veces mayor la- avenida dé
gozo q u e la gota d é afli'xión. Superabundabo gaudio in o m n i tr-¡bul!a|-
t i o n e mea.

Pero supongamos q u e el d i v i n o capitán no quiera favorecer con


gracias extraordinarias a sus soldados, ni les quiera endulzar la amar-
gura. d e su ley con. el maná de sus celestiales dulzuras; f i n j a m o s que
dice a sus soldados. Non veni pacem rriittere sed g l a d l u m . Guerra os
i n t i m o , guerra os i n t i m o contra el m u n d o y contra vosotros mismos. En
esta vicia, por amor m í o , os habéis de privar de esos bienes y deleites

- 118 -i
tan agradables, tan buscados, tan apetecidos, para entrar en una mili-
cia trabajosa, difícil, molesta, sin alivio, sin consuelo alguno. Plorabitis
et flebitis vos, m u n d u s auítem g a u d e b i t ; y o , soldados míos, os convido
a lágrimas, a dolores, a. padecer; c u a n d o el m u n d o al contrario os llama
a sus festines y diversiones. Vosotros habéis d e gemir bajo el peso de
ía cruz; mientras q u e el m u n d o os dará a g o z a r ' t o d o el campo de sus
placeres; p e r o notad bien el t r u e q u e q u e al f i n ha de suceder, p o r q u e
tristitia vestra vertetur in g a u d i u m , vuestro b r e v e padecer p r o n t o se
convertirá en u n eterno gozar; a la b r e v e batalla se seguirá un eterno
t r i u n f o : Estote fortes in b e l l o et accipietis r e g n u m aeternum: Pelead
valerosamente que os espera un reino eterno. Cuando al contrario gau-
d i u m m u n d i vertetur in tristitiam: todas aquellas transitorias alegrías del
m u n d o , se convertirán en eternos llantos. Los gustos de u n a vida can
duca m u y p r o n t o serán castigados con penas atrocísimas d e una muerte
sempiterna e I n m o r t a l . Si e l Redentor así afligiese a sus soldados en
este m u n d o por premiarlos después en el o t r o ; con t o d o eso ¿no de-
beríamos entrar gustosos en su partido, y alistarnos en sus banderas?
La f e l i c i d a d de un t é r m i n o b i e n a v e n t u r a d o y sin f i n , ¿no debiera ser
bastante poderosa para facilitar cualquier áspero camino? ¿Cómo po-
dremos, sin pelear y sin padecer, pretender aquel cielo, q u e costó a
las vírgenes tantas' mortificaciones, a ¡los confesores tantas penitencias,
y a los mártires tanta sangre? ¿Acaso no es v e r d a d lo a u e dijo el' após-
tal S. Pablo: q u e no e q u i v a l e n , ni igualan las penas y aflicciones de esta
v i d a , a la grandeza 1 de la gloria q u e esperamos? N o n sunt condignae
passiones hujus temporis ad f u t u r a m g l o r i a m , quae revelabitur in nobisl

Pero n o se porta así con sus soldados el capitán del cielo. Es ver-
dad que les tiene p r e p a r a d o u n gran p r e m i o en la otra v i d a , para des-
pués de ¡la victoria; p e r o aun en ¡la vida presente, que es t i e m p o de ba-
talla, reparte a sus soldados gran d o n a t i v o de sus gracias, y les anticipe
copiosos sueldos d e dulcísimos confortativos, para q u e las pocas mor-
tificaciones del c u e r p o se les conviertan en sumos gozos del espíritu.
Usa el Salvador con sus secuaces, lo q u e Dios usó con el p u e b l o de
Israel, a quien ¡le había p r o m e t i d o u n a tierra tan f e l i z y tan f é r t i l que
manase leche y miel, y abundase en t o d o g é n e r o de delicias,- pero con
t o d o eso, aun en el desierto, cuando caminaban por aquellas sendas
ásperas y molestas, ¡les p r o v e y ó d e un pan del cielo, tan abundante,
como gustoso: Pluit illLs manna ad m a n d u c a n d u m , p a n e m coeli dedil
eis. Labró para ellos un maná q u e encerraba en sí todas las suavidades
y sabores, s i r v i e n d o no sólo a Ja necesidad del sustento, s i n o t a m b i é n
a las delicias del paladar. N o d e otra suerte se p o r t a nuestro capitán,
si bien es cierto que t i e n e p r e p a r a d o a sus siervos en el paraíso, aquel
torrente de delicias celestiales; p e r o aun en el destierro d e esta vida,
les reparte con abundancia sus dulzuras, para mantener los bríos, aun
en m e d i o del trabajo, aun. en m e d i o de la batalla, aun en m e d i o de
la fatiga. Pero lo doloroso es q u e con t o d o no consigue el Salvador
traer a la mayor p a r t e d e los cristianos a sus banderas. Estiman más
militar al .infeliz sueldo de Lucifer por la miseria de algunos bienes su-

- 119 -i
yos, amargos y perecederos, que al sueldo de Cristo por la abundancia
de sus bienes purísimos, alegrísimos y eternos. Antes quieren ser escla-
vos de f i e r o tirano, q u e por una vida llena de m)il miserias los lleva a
una muerde eterna, q u e siervos d e su legítimo Señor, e hijos de un
amorosísimo p a d r e q u e con tantas gracias y p o r m e d i o de tantas con-
solaciones los conduce a una v i d a bienaventurada.

Pero v o l v a m o s a la bandera de Lucifer para acabar de considerar


lo falso de sus promesas, ;lo amargo de sus bienes y su poca duración.
¿Son por ventura las ostentaciones liberales de riquezas, de placeres,
de honras tras las q u e andáis tan ciegamente perdidos? A d v e r t i d , en-
tonces, q u e tales promesas, tan conformes a vuestro d e p r a v a d o genio,
y tales sueldos, tan condescendientes con vuestros irracionales deseos,
son indicios ciertos, son p r u e b a s irrefragables, de que los demonios os
quieren hacer traición y perderos para siempre: Decipientium m a x i m e
opus hoc est, dice San Crisòstomo, prius suaviora p r o p o n e r e ut maxi-
mam inferant tristitiam': Es costumbre, es a r d i d de todos los traidores
introducirse con algún embuste agradable a los sentidos. Caín mató
alevosamente a A b e l , c o n v i d á n d o l o con la recreación alegre del cam-
po: Egrediamur in a g r u m , para q u i t a r l e ¡la vida más a su salvo. Dalila
hizo muchas caricias a Samsón y después de vencerle le entregó a la
furia rabiosa d e sus enemigos. Judas se i n t r o d u j o a Cristo con la salu L
tación y con el ósculo d e paz, para echarle el lazo' al cuello y pren-
derle. ¿Qué importa que Lucifer os prometa liberal y aun os arroje al
seno de todos sus bienes, si son bienes engañosos, si son bienes enve-
nenados, si tales bienes no tienen más que el sobre escrito- y aparien-
cia de bienes, si, tales bienes, Salomón, después d e haberlos gozado
hasta hartarse, los d e f i n i ó , q u e no sólo eran vanos, sino q u e eran la
misma v a n i d a d y aflicción congojosa del alma? Vanitas v a n i t a t u m , aflic-
tio spiri,tus! Pero supongamos q u e sean verdaderos esos bienes y ten-
gan los secuaces de Lucifer placeres inmorales con que desfogar sin
f r e n o los bochornos de sus sentidos; pero con los placeres van de or-
d i n a r i o juntas, gravísimas enfermedades, y más tolerables remordi-
mientos de conciencia. Tengan riquezas, con q u e granjear abundancia
de comodidades, y adelantar en sus depravados intentos; p e r o con las
riquezas van inseparables los temores, las fatigas, n o sea que falten
las tales riquezas, raíces de muchos vicios, estímulos de tantas tentacio-
nes. Tengan finalmente honras con q u e hacerse grandes sobre la tierra,
y ganar gran reputación y estimación entre los hombres; pero sepan
t a m b i é n q u e con los honores van inseparables las rencillas, las inquie-
tudes del ánimo, y el ¡incentivo d e la soberbia, tan aborrecida y tan
castigada de Dios y de los hombres. v

Pero más: supongamos q u e sean verdaderas las promesas, y que


sean verdaderos los bienes, ya sean deleitables, ya útiles, ya gloriosos,
y ¿cuánto t i e m p o durarán ellos? ¿Son acaso m)ás duraderos, más esta-
bles q u e ;la v i d a ? ¿Y no es v e r d a d que los secuaces de Lucifer, ducunt
in bonjs dies suos et in p u n c t o a d inferna descendunt; gozan pocos días

- 120 -i
esos bienes y después de un m o m e n t o son precipitados al i n f i e r n o a
experimentar eternos males? Tales bienes son como las dulces aguas
del Jordán, q u e después de un b r e v e curso van a parar al Mar M u e r t o ,
h e d i o n d o y salado; son semejantes a las bebidas del Circe, q u e se b r i n -
daban en copas doradas y rociado con suaves perfumes, p e r o en be-
biéndolas, se sentía el corazón m o r t a l m e n t e e n v e n e n a d o y causaban la
m u e r t e en el acto. Si, pues, a un breve gozar se ha de suceder y se-
guir un cast¡,go eterno, ¿cómo seremos tan locos, c ó m o seremos tan
enemigos de nosotros mismos, que queramos entrar a servir a tan bár-
baro y p é r f i d o t i r a n o , sólo p o r q u e nos p r o m e t e tales bienes, sabiendo
por tantas experiencias que no sabe c u m p l i r sus promesas y q u e si las
c u m p l e entonces es mayor la ruina q u e nos causa? Lucifer dará a sus
secuaces el p r e m i o que dio M a h o m a a un capitán renegado: éste, después
de haber entregado t r a i d o r a m e n t e a Constantinopla, pasó de las ban-
deras cristianas a las mahometanas; pero M a h o m a , después que en
p r e m i o de la traición le había p r o m e t i d o casarlo con su hija, 'e dijo:
que h a b i e n d o sido sus carnes bañadas con las aguas d e l bautismo,
contra la ley de M a h o m a , quería que antes de las bodas fuese deso-
llado v i v o , para que depusiese 'la piel bautizada. Así lo dijo y así lo
hizo con increíble pasmo y t o r m e n t o del infelicísimo cristiano. Tales
premios deben esperar los que habiéndose alistado en las banderas
de Jesucristo, se atreven t r a i d o r a m e n t e a pasar a las fijas de Lucifer.

Pero volvamos a las banderas de Jesucristo para ver si siempre


con nuestras buenas obras hemos p r o c l a m a d o a Jesucristo por nuestro
legítimo Rey, y si en todos los días de nuestra vida le hemos se(-
g u i d o ; p o r q u e n o f u e r o n sólo Jos pérfidos gentiles los que gritaron
a Jesús: nolumus hunc regnare super nos; ni f u e r o n sólo los sacrilegos
judíos los que antepusieron a Barrabás, homicida, a Jesús Salvador,
p e r o lo hacen algunos cristianos, si no con las palabras, a lo menos
con las obras; ¡se niegan al' r e i n o de Jesucristo, h u y e n de ser sus dis-
cípulos, y eligen antes la esclavitud d e un tirano' que Ja filiación de
Dios! ¡Oh rebelión afrentosa! ¡Ultraje gravísimo que se hace al Rey de
la gloria! Y así Lucifer, ufano y jactancioso, hace a Cristo aquellos im-
properios q u e p i n t a S. Cipriano: Ego p r o istis, quos mecum vides, flage-
la non accepi! M i r a , oh Cristo, cuántos siguen m i bandera. Y o n o me
hice h o m b r e por ellos; y o no he p a d e c i d o n i n g ú n trabajo por ellos;
y o no he d e r r a m a d o n i una gota d e m i sangre por ellos; y con t o d o
m e siguen en tropas, con t o d o eso, casi todos los hombres y casi todas
las mujeres vienen gustosos a servirme. Tú tomaste carne humana por
ellos; tú has d e r r a m a d o tantos sudores y tanta sangre por ellos; ¡tú
has llegado hasta dar Ja vida en una afrentosa cruz por ellos! y, ¿cuál
es el séquito que tiene tu estandarte? Bah, ¡qué pocos son los que si-
guen tu bandera y se aplican a servirte! Ego ne r e g n u m illis caeleste
promitto. Yo n o les p r o m e t o el reino de Jos cielos, antes por u n cami-
no lleno de miserias, los guío a un i n f i e r n o de penas. No obstante eso,
t e n g o un s i n n ú m e r o d e secuaces que vienen a m i mala paga, y v i v e n
contentos con m i mal sueldo. Tú les prometes un r e i n o de felicidad,

- 121 -i
comprado a costa de tu sangre; y halagándolos con miil favores y ca-
ricias los convidas a reinar c o n t i g o en la eterna gloria; pero ellos bru-
talmente te v u e l v e n las espaldas con los pecados. Más quieren ser in-
felices c o n m i g o , que dichosos contigo. Esta es la f e l i c i d a d de tus cris»
tianos; de esta suerte corresponden a tus beneficios.

O h , mis amados. ¿Hemos de sufrir q u e el d e m o n i o afrente así al


Salvador? ¿No nos resolveremos a v o l v e r cuanto antes a su partí,do?
Pero si no nos acaban d e mover tan indignos y afrentosos improperios
de Lucifer, muévannos las justas quejas de Jesucristo, expresadas a
Santa Brígida en una triste y dolorosa aparición: " Y o estoy abandonado
de mis cristianos: estoy depuesto de mi reino, por colocar en él a un
pésimo ladrón. Decidme, opresores de m i f e , ¿qué mal habéis visto
en mí para abandonarme? Q u i d tríale feci? A no ser q u e tengáis por
mal el haberos criado, el haberos conservado la vida y el haberos en-
riquecido con tantos beneficios. Y mi enemÜgo Lucifer, ¿qué b i e n os
ha hecho, para q u e con tanta ansia y afecto 'le sigáis? ¿Os ha dado
alguna mejor vida? ¿Os iha rescatado a costa de su sangre? ¡Haced
que muestre las heridas q u e por vosotros ha r e c i b i d o y las fatigas que
ha tolerado por vosotros! ¡Ay! que non ille sed ego r e d e m i vos: Yo sí
que p u e d o mostraros mis pies cansados de tantos viajes por buscaros,
m!,s manos llagadas por haceros beneficios, mi cabeza atravesada de
espinas por daros ósculos de paz, mi costado abierto por acogeros y
entraros en m i corazón. Ego r e d e m i vos sangu.ine meo. Ego emi vbs
hereditatem aaternam. ¿Qué motivos tenéis para rebelaros contra mí,
que tanto mal he s u f r i d o por haceros tanto bien? ¿Qué razón tenéis
para seguir a mi, enem|igo Lucifer, q u e t a m b i é n lo es vuestro,, y n o
pretende otra cosa que vuestra perdición? Mejor os hubiera sido' no
haber hecho j u r a m e n t o d e f i d e l i d a d en el bautismo, que rebelaros des-
pués, como si en mi servicio hubiéseis recibido algunos malos trata-
mientos. A h o r a , si tenéis compasión de mis lágrimas, de mis fatigas, y
de mii sangre, c u i d a d de vuestra salud que perdéis, tened compasión
de vuestra eterna condenación a donde os lleva Lucifer".

Y, ¿tendremos valor para oír estas justísimas quejas del Salvador,


sin conmovernos, y sin resolvernos a seguirlo, aunque sea caminando
por el m e d i o de la amargura, y a u n q u e sea derramando nuestra sangre
gota a gota hasta dar, exhalar el' alma? A y , no, Jesús mío; no, ya es¡-
t o y resuelto a l i b r a r m e de la dura esclavitud^ del d e m o n i o . V a d e retro
Satana.: anatema contra t i , contra tus leyes y contra la promesa de
riquezas, de placeres, y honras, con las q u e m e habéis engañado, f i n -
g i e n d o en ellas el bien q u e n o tienen, y ocultando el mal q u e acarrean.
Sí, Jesús mío, n o m e atrevo a poner mis ojos en el estandarte de la
cruz, p o r q u e en ella veo q u e nunca te he seguido, que nunca t e he
acompañado e n las batallas, que toda m i v i d a , p r e s c i n d i e n d o de
los pocos días d e inocencia, he m i l i t a d o bajo la bandera de Luci-
f e r ; p o r q u e eres h u m i l d e , y y o soberbio y ambicioso,- t ú obedien L

- 122 -i
te, y o i n d ó c i l y caprichoso; t ú p o b r e , y o codicioso de riquezas; t ú
t e afanas p o r la salvación d e las almas, y y o paso la v i d a en el
ocio, sin haber s a l v a d o .un a l m a , antes sí p e r d i d o muchas con mis
escándalos; t ú ayunaste e n el desierto, y t e n i e n d o sed en la cruz, be-
b i s t p hiél y v i n a g r e , y y o e s t o y l l e n o d e apetitos sensuales, y sólo
busco el d e l e i t e , y m e e n t r e g o a la g u l a ; t ú estuviste en la oración, y
y o en ía d i s i p a c i ó n ; t ú eres m a n s o , y y o soy duro* con : los p o b r e s , imi-
p a c i e n t e c o n los q u e están a t r i b u l a d o s , y áspero con t o d o s ; t ú despre-
cias al m u n d o y condenas sus m á x i m a s , y y o estoy s o m e t i d o a ellas, y
a v a s a l l a d o por las ideas del s i g l o ; t ú f u i s t e u l t r a j a d o , e s c u p i d o , abo-
f e t e a d o y l l a g a d o , y yo v i v o en el r e g a l o , l l e n o d e c o m o d i d a d e s y
s i e m p r e ansioso d e deleites; t ú f u i s t e acusado y n o abriste t u boca
para q u e j a r t e d e tantas c a l u m n i a s y falsos t e s t i m o n i o s , tantas afrentas
y tantos escarnios, y y o n o puedo- s u f r i r e l m e n o r a g r a v i o sin q u e j a r -
m e v i v í s i m a m e n t e , y a veces sin v e n g a r m e , o sin desear :la venganza..

O h , m i c a p i t á n Jesús, b i e n v e o ahora q u e n o he m i l i t a d o b a j o el
e s t a n d a r t e de t u c r u z , sino bajo el estandarte de Lucifer. Bien m e r e z c o
q u e t ú t a m b i é n m e v u e l v a s las espaldas, y m e arrojéis d e v u e s t r o ser-
v i c i o ; p e r o ya q u e v u e s t r a b o n d a d q u i e r e vencer m i i n g r a t i t u d , y lla-
m a r m e de n u e v o , c o m o lo haces ahora, aquí m e tenéis p r o n t o a ejeí-
cutar vuestras ó r d e n e s y m i l i t a r b a j o t u cruz — etiamsi o p o r t u e r i t m e
mor,i ftecum, n o n t e n e g a b o . Escdjo antes padecer c o n t i g o , q u e gozar
con el m u n d o . A l i s t a r m e e n t r e tus más v a l i e n t e s soldados, y armar-
m e con el e s c u d o p o d e r o s o d e vuestra gracia, para alcanzar v i c t o r i a
n o sólo d e mis e n e m i g o s , sino de mí m i s m o y reinar c o n t i g o en la g l o r i a .

JOSE GABRIEL BROCHERO

- 123 -i
LA SED DE DIOS
Mons. A d o l f o S. Tortolo

En estos admirables escritos espirituales, el autor expone


con maestría las constantes generales de la espiritualidad, la
Realeza de Cristo y el recto orden t e m p o r a l , el inagotable mis-
terio de la Santísima V i r g e n , la vida y espiritualidad de los
Santos, y la grandeza del sacerdocio.

La presente obra está llamada a prestar un gran servicio


a tantas personas que, en esta época de sequía de las almas,
e x p e r i m e n t a n la ansiosa exigencia de entonar su espíritu be-
b i e n d o en las fuentes puras de una espiritualidad sólida y pro-
funda.

Si Ud. desea que le mandemos el libro


LA SED DE DIOS, e n v í e un cheque o g i r o p o r
valor de $ 1.800 ( p r e f e r e n t e m e n t e
utilizar giros postales o bancarios sobre
Paraná) a n o m b r e de:

REVISTA S A N MIGUEL
Casilla de Correo 141
3100 P A R A N A (Entre Ríos)
MISIÓN DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA

Ha llegado a nuestra mesa de redacción la conferencia


que .el Obispo de San Luis, Mons. J u a n R. Laise, pronuncia,
ra en San J u a n con motivo de la inauguración del ciclo lec-
tivo 1977 en la Universidad Católica de Cuyo. Con gusto
ofrecemos su texto a nuestros lectores.
(N. de la R.)

1. MISION DE LA IGLESIA

Mater et Magistra. Así f u e evocada la Iglesia, en una Encícli-


ca Social, por el célebre Pontífice, de feliz memoria, J u a n XXIII.
Madre en la dispensación de la gracia, maestra en la comunicación
de la verdad.
Iglesia Evangelizadora, la llama Su Santidad Pablo VI, en un
reciente e iluminador documento, la Exhortación Apostólica "Evan-
gelii Nuntiandi", porque la tarea de la Evangelización de todos los
hombres constituye la misión esencial de la Iglesia; tarea y misión
que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hacen
cada vez más vigentes. La Iglesia existe para evangelizar, es de-
cir, para predicar y enseñar. Es, pues, su misión intransferible e
inalienable, enseñar a todos los hombres y en todos sus niveles.
Si así no lo hiciera defraudaría su misma esencia y razón de ser.
No puede menos de enseñar; debe enseñar. No es algo facultati-
vo; es un deber por mandato del Señor. De este modo cumple el
mandato de su Fundador: continúa la misión de Jesucristo. En este
aspecto, existe u n nexo íntimo entre Cristo, Iglesia y Evangeliza-
ción. Nuestra misión es nada más ni nada menos que predicar, co-
municar el Evangelio del Señor, del que no somos dueños, sino
ministros, para transmitirlo con fidelidad. Este m e n s a j e es nece-
sario, es único. No puede ser reemplazado; no admite indiferencia,
ni sincretismo, ni acomodos. ¿La razón? Es la verdad. E'n este sen-
tido es u n absurdo y una "contradictio in terminis" que u n cató-
lico y, con más razón, u n sacerdote, afirme: "No somos dueños de
la Verdad", "la verdad es de todos", "estamos en búsqueda de la
verdad". Para la Iglesia la verdad es una —es el Verum—, que los

125 -
filósofos identifican con el Ens en el que la unidad indivisible se
encuentra conjugada con la Verdad, la Belleza y el Bien absolutos.
Ahora bien, el Verum, la única Verdad, se encarnó en la Hu-
manidad sacratísima de Jesucristo quien, sin ambages, dio testi-
monio de la Verdad que encarna y de la que hace depositaría a
la Iglesia, para que ésta continúe comunicándola, por su Espíritu
de verdad, a todos los hombres hasta el fin de los siglos.
Es el Santo Padre, quien en su discurso a los Cardenales en
la última Navidad se refiere a esta cuestión diciendo: Comprensi-
vos con las personas, intransigentes en la verdad. En ella no po-
demos ceder. Esta es precisamente la misión de la Iglesia: ser de-
positaría de la verdad, comunicarla pura y diáfana en sus miste-
rios para la salvación integral del hombre.

2. LA IGLESIA Y LA CULTURA

La misión educadora de la Iglesia no sólo es intransferible y


esencia de su ser, sino de infinitas dimensiones en la proyección
de su mensaje, a todos los hombres y a todo el hombre, en su
complejo misterio de materia y espíritu, de tiempo y eternidad.
Pablo VI, en la Exhortación Evangelii Nuntiandi (N° 19 y
20) aborda con admirable maestría el tema de la cultura. Para
la Iglesia, no se trata solamente de predicar el Evangelio en zo-
nas geográficas cada vez más vastas o -poblaciones más numerosas,
sino de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los
criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de inte-
rés, las líneas de pensamientos. Las fuentes inspiradoras y los
modelos de vida de la humanidad actual están en contraste con
la palabra de Dios y con el designio de salvación. Lo que impor-
ta es evangelizar, no sólo de una manera decorativa, como con un
barniz superficial, sino de manera vital, en profundidad y hasta
las mismas raíces, la cultura y las culturas del hombre.
Si bien es cierto que Cultura y Evangelización no se identi-
fican, no son, sin embargo, incompatibles. El Evangelio trasciende
a todas.las culturas, pero tocando al hombre inserto en diversas
cullturas puede y debe impregnarlas, sin someterse a ninguna.
La r u p t u r a entre Evangelio y Cultura es sin duda alguna el
d r a m a de nuestro tiempo, como lo f u e también en otras épocas.
De ahí la importancia del esfuerzo con vista a una generosa evan-
gelización de la cultura o, más exactamente, de las culturas.
También hoy, como en otras épocas, existen quienes conside-
ran a la Iglesia como una institución más, no pocas veces mal in-

- 126 -i
terpretada en su especificidad y obstaculizada abierta o solapada-
mente e n esta misión instransferible e inalienable. Pensemos en
los países •comunistas, en donde con planes sistematizados se pri-
va al hombre del legítimo derecho de enseñar y de proclamar la
verdad; y en los países no comunistas, en donde la masonería cer-
teramente traba e indispone por todos los "medios su influencia en
la sociedad.

3. CULTURA OCCIDENTAL CONTEMPORANEA

La fuerza dinámica del Evangelio debe impregnar la cultu-


ra. Nos preguntamos: ¿Cuál es la cultura de nuestro tiempo? Po-
dríamos definir la cultura occidental contemporánea como un
positivismo racionalista, técnico-científico, basado en el concepto
que tiene como finalidad lo útil, lo inmediato, lo práctico. Pre-
valece el sentido técnico y materialista. Los valores del espíritu
poco o nada cuentan. Todo es medio para lograr u n bienestar he-
donista. Lo q u e importa no es tanto lo cualitativo sino el impacto
y el número, la cantidad, la productividad, lo cuantitativo. Este
mecanismo' lleva 'a la desintegración del hombre y a la pérdida
de los valores absolutos.
Otro fenómeno propio de la cultura contemporánea es el
secularismo, en virtud del cual el mundo se explica por sí mismo,
con prescindencia de Dios.
El Santo Padre en la "Evangelii Nuntiandi" lo llama "secu-
larismo ateo", más aún, "ateísmo militante", "ateísmo antropo
céntrico, pragmático y militante" (n 9 54 y 55).
Este es el verdadero drama de nuestro tiempo, "el drama
del humanismo ateo", oue radicaliza al hombre en posturas auto-
suficientes, en una civilización de consumo, en el que el hedonis-
mo se erige como el valor supremo de la vida.
En esta moral de situación no cabe lugar para Dios, los va-
lores absolutos, el espíritu como dimensión esencial del hombre,
el sentido de las virtudes cristianas. Secularismo ateo y ausencia
de práctica religiosa: tal es lo que se encuentra en los adultos y
en los 'jóvenes, en la élite y en la masa, en las antiguas y en las
jóvenes Iglesias.
Es esta u n a de las mayores preocupaciones de la Iglesia. Debe
ser también la nuestra.
Otro signo de la cultura contemporánea es la masificación,
por el tremendo poder de los medios de comunicación social. El
hombre medio no se da cuenta de la terrible presión y del influjo

- 127 -i
penetrante de estos medios. En este aspecto, es preciso educar e
iluminar desde la primera infancia en los criterios de valor, for-
jadores de la clarividencia para distinguir la verdad del error,
el bien del mal, en todas las manifestaciones de la vida, en el
arte, en el deporte, en el cine, en la diversión, las relaciones
humanas, la familia, etc.
Por fin, la lucha a muerte contra la misma cultura parece ser
otro de los fenómenos propios de nuestro tiempo. Esta lucha en-
cuentra una expresión vigorosa y reciente en el Eurocomunismo,
con sus implicancias y derivaciones también en nuestro continente.
La batalla del nuevo comunismo europeo es batalla ante todo
cultural. No le interesa tanto la conquista inmediata del Estado
como al viejo comunismo, sino la conquista d e la sociedad, minando
sus relaciones familiares, morales, de cultura. Lo que importa
no son los cambios económicos graves sino las transformaciones
culturales profundas y, a ser posible, no violentas; no se propug-
na la lucha entre burgueses y proletarios, sino entre integristas
y progresistas. Se entiende por "integrismo" a lo religioso, lo tras-
cendente, es decir, toda idea más allá de la materia.
Gramsci, que es un ideólogo marxista de principios de siglo
(1891-1937), busca la interpretación del marxismo en un sentido
pseudo-humanista. Es preciso —dice Gramsci— conseguir que las
grandes masas se separen de la cultura.
En las democracias occidentales la toma del poder sólo será
posible si va precedida de esta reforma "cultural". Tal revolución
cultural tiene como meta implantar u n a nueva sociedad materia-
lista, suprimiendo la idea misma de Dios en todas sus manifesta-
ciones, en la familia, en la escuela, en el arte, en la política, en
la ley. Es preciso —dicen— construir u n a nueva moral, no cris-
tiana, un nuevo sentido moral, una forma de pensar distinta.
Todo puede servir para imponer el "nuevo sentido común", la
nueva forma de pensar: el cine, la música, los libros de textos de
niños o de universitarios.
Los eurocomunistas (Berlinguer, Carrillo, Marchais) no hablan
de Marx, de Lenin, pero no renuncian a la dictadura ideológica,
al monopolio de la cultura, al mayor terrorismo intelectual co-
nocido hasta la fecha. El contenido, el fin, es el mismo del marxis-
mo: la toma del poder. Sólo es distinto el idioma, desplazándose
el acento al marco cultural. La impronta es la misma: materialista
y atea, con todas sus consecuencias.
E's preciso, pues, no engañarse porque se diluye el color tra-
dicional un tanto irritante, para instalarse en la atalaya aparente-
mente desteñida del "eurocomunismo".

- 128 -i
La lucha contra la cultura occidental es a muerte. Se la
quiere destruir por todos los medios, valiéndose de todo, incluso
de los mismos católicos y hasta de los sacerdotes. Lo que importa
es destruir la cultura y las instituciones que se fundamentan en
la idea cristiana del hombre y del mundo,
Los que en ello no colaboren deben ser destruidos, tachados
de "fascistas", y en lo posible culturalmente aniquilados. La revo-
lución cultural realizará su cometido poco a poco, mediante la
infiltración de nuevos contenidos en todas partes, desde las edi-
toriales hasta las escuelas y los mass-media.
Esta campaña es llevada adelante por todos los medios posi-
bles, buscando amalgamas, puntos comunes con otras ideologías,
luchas comunes con los mismos propósitos. De este modo, ganar
la batalla del divorcio, del aborto, etc., en la que los marxistas
cuentan con muchos aliados de corte liberal e incluso católicos, uti-
lizados como idiotas útiles, es para ellos ganar la batalla de la des-
cristianización de la sociedad. Ganar la batalla de la escuela o de
la universidad es para ellos ganar la batalla de la cultura, porque
sólo una sociedad con escuela cristiana puede vivir una cultura
cristiana.
Buscan t r a b a j a r junto con otros que no piensan en todo como
ellos, en organismos d e decisión y poder, para ir poco a poco do-
minando al grupo y acabar decidiendo por sí mismos. Caso típico
es el del "compromesso italiano".
Ya no se lucha directamente contra la Iglesia. Lo que se bus-
ca es cambiar la doctrina cristiana por la ideología atea. Para ello
se emplearán todos los medios. Se calumniará el pensamiento de
la Iglesia, se difamará a sus instituciones, miembros y dirigentes.
¿Puede decirse que esta nueva Kulturkampf ha alcanzado ya
sus objetivos? Del Noce asegura que su éxito ha sido tan sólo par-
cial, puesto que no se ha formado aún una nueva conciencia, mar-
xista, iluminista, sino que se h a producido solamente u n vacío de
ideales.
La tarea que aguarda con urgencia a los católicos en la socie-
dad actual, y sobre todo a las Universidades Católicas, consiste
en volver a los principios, enseñar con claridad los fundamentos,
reafirmar bases filosóficas claras, alimentarse de la savia siempre
fresca del Evangelio, practicar sin complejos la fe y empapar con
su substancia todas las actividades humanas.
Hoy, más que nunca, junto con la ciencia del saber hace fal-
ta caracteres robustos, fuertes y firmes, para no dejarse amilanar
ni debilitar por nadie ni por nada.

- 129 -i
No debe olvidarse que la batalla, en el hoy de nuestra histo-
ria, se plantea principalmente en los campos de la cultura, de la
ciencia, del arte, de las costumbres.

4. LA UNIVERSIDAD Y LA CULTURA

Esta misión de evangelizar la cultura de nuestro tiempo es


ingente deber de todos, de los Pastores, de los maestros, de los
padres cristianos, de los laicos dirigentes, de todo bautizado. Na-
die puede permanecer pasivo y amorfo. Esta responsabilidad urge,
hoy más que nunca, a nuestras escuelas y Universidades Católicas.
Al iniciar el ciclo lectivo de la Universidad Católica de Cuyo
queremos referirnos particularmente a la importancia de la Uni-
versidad Católica para la realización de esta tarea básica: evange-
lizar la cultura contemporánea.
El Concilio Vaticano II, en la declaración Gravissimum Edu-
eationis N 9 10, afirma: "El f u t u r o de la sociedad y de la misma
Iglesia está íntimamente unido al desarrollo de los jóvenes que
cursan estudios superiores".
El Santo Padre, por otra parte, en un mensaje a los Presiden-
tes y Rectores de las Universidades de la Compañía de Jesús, di-
ce: " . . .Del trabajo de las-Universidades Católicas depende la pro-
moción de la Iglesia, en las avanzadas del pensamiento humano;
la Iglesia tiene más qiie nunca necesidad de ellas, -es una función
a la que no puede renunciar. Porque la Universidad Católica de
be evangelizar la cultura técnica, materialista y atea de nuestra
época. Esta debería ser la característica específica de todo esta-
blecimiento educacional católico: al unísono con la excelencia aca-
démica, la catolicidad genuina".
En primer lugar calidad intelectual, que significa seriedad en
el trabajo y profundidad en la investigación. La verdadera cultu-
ra no puede hacerse sin trabajo serio. Nada que sea superficial
puede ser realmente importante. Menos aún, en el campo de las
disciplinas universitarias.
En segundo lugar catolicidad genuina, es decir, fidelidad a la
Iglesia, a su magisterio, a su espíritu, a sus directivas en todo mo-
mento y lugar.
Es un absurdo quere limitar la acción de la Iglesia a lo pro-
piamente teológico, al anuncio estricto del Evangelio. Debe ser
preocupación de la Universidad Católica que en todos los ámbitos
de la cultura (filosofía, literatura, derecho, economía, medicina,
etc.), todo esté iluminado e impregnado por los principios y los

- 130 -i
criterios de los valores absolutos y de las normas éticas siempre
válidas de la Iglesia, Madre y Maestra, Evangelizadora de todos
los hombres y de todos los tiempos. Sin esta apertura clara y diá-
fana a estos principios, criterios y valores, la Universidad Católi-
ca, como cualquier escuela católica, no íiene sentido.
•La misión de la Universidad será pues no sólo el cultivo de
las verdades científicas, técnicas, especulativas y prácticas sino
sobretodo de la verdad filosófico-teológica que brinde una visión
del hombre y de su vida, de su fin trascendente y divino, dentro
del cual la ciencia adquiere un exacto alcance en una unidad je-
rárquica.
En una Universidad Católica, sólo en la integridad de la fe
la investigación tiene sentido. La cultura cristiana se constituye
en un perfeccionamiento permanente de la vida divina.
De este modo la Iglesia, por la educación integral, contribuye
a lo que la Patria y el mundo hoy necesitan: hombres nuevos pa-
ra una humanidad nueva. No bastan, ni importan tanto las refor-
mas de planes universitarios y de estructuras. Lo que importa es
cambiar al hombre, formarlo, hacerlo líder de un mundo que ne-
cesita dirigentes responsables y capaces para elevarlo e infundir-
le las energías morales de las que carece, en una palabra re-crearlo
en su dimensión divina.
Meta de la escuela católica, de la Universidad Católica, de toda
evangelización es formar caracteres recios, personalidades defini-
das en el sentido cristiano de la vida, cristianos, católicos sin mie-
dos, ni retaceos, responsables f r e n t e a Dios y la sociedad, en su
conciencia y en la vida pública, en todo momento y lugar.
Hace falta formar personalidades definidas. En este sentido
S . S . Pablo VI, en la Encíclica "Ecclesiam suam" se refiere a la
necesidad de este espíritu recio en tiempos en que corrientes de
pensamiento filosófico y político como olas del mar envuelven y
sacuden a la propia Iglesia, de tal modo que un peligro como de
vértigo, de aturdimiento, de extravío puede sacudir su misma so-
lidez e inducir a muchos a aceptar los más extraños pensamientos,
como si la Iglesia debiera renegar de sí misma y adoptar novísi-
mas e impensadas formas de vida (n 9 20).
Una de las posiciones más negativas que caracteriza a mucho;
cristianos es precisamente la superficialidad y la apariencia; po-
sición que se manifiesta incluso en católicos de movimientos o
instituciones de la Iglesia. Este lamentable estado urge a los for-
madores de los líderes del f u t u r o a tomar conciencia de la grave-
dad en el diagnóstico de la enfermedad y de los medios de una
terapia intensiva para su remedio y curación.

- 131 -i
Esta superficialidad y vacío de conceptos y de verdades esen
cíales es el mejor caldo de cultivo para el desmoronamiento, a cor-
to plazo, de fogonazos aparentemente impactantes. Nada sólido se
h a edificado nunca en la historia sino sobre fundamentos firmes
y fuertes.
En cierta ocasión, el escultor Dal Zotto, de Venecia, se propu-
so modelar un crucifijo. Después de mucho estudio empezó el tra-
bajo. Plantó una cruz en su sala de estudio, extendió las varillas
de hierro y las barras de plomo para construir la armadura inte-
rior del modelo. Después colocó la greda y comenzó a plasmar el
cuerpo de crucifijo. Resultó u n a bella obra de arte. Con todo, e]
escultor no estaba contento. Continuó por mucho tiempo retocan-
do el modelo de greda. Le encomendó a un criado mantener siem-
pre húmeda la greda rodándola siempre con agua. El escultor no
se decidía a ordenar el vaciado del yeso. Sucedió entonces que pof
falta de cuidado del sirviente, se abrió una grieta en la espalda
del crucifijo. El agua rociada penetró e n la grieta y con su oculta
y lenta penetración aflojó la ensambladura interior. Una mañana
al entrar el escultor en el estudio, encontró el crucifijo deshecho:
un montón de greda y de pingajos a los pies de una cruz y la ar-
madura de hierros, plomo fijado al madero, aparecía muda y tris-
te, con uno que otro pedacillo de arcilla pegado a los hierros.
Así sucede con el que no se decide a dar solidez a lo que ea
sustancial. La acción del tiempo desmorona lo aparente y frágil.
Concluyamos con una cita de la Exhortación '"Evangelii Nun-
tiandi": "Las mejores estructuras, los sistemas más idealizados se
convierten pronto en inhumanos si las inclinaciones inhumanas
del hombre no son saneadas. Si no hay una conversión del cora-
zón y de la mente por parte de quienes viven estas estructuras
o las rigen" (n? 36). Esto es lo que deseamos en estos días para
la Universidad Católica de Cuyo, en su valiosa contribución a la
misión que la Iglesia debe realizar en este hoy conflietivo de la
humanidad.
JUAN RODOLFO LAISE
Obispo de San Luis

- 132 -i
Sacra Congregatio
Pro Doctrina Fidei
Roma, 4 de agosto d e 1976.
Prot. N. 1434/69

Excelencia,

El 29 de abril ha enviado a este Dicasterio el t e x t o de una lección


y nos ha solicitado u n juicio sobre su contenido.
La lección es sobre t o d o una disertación sobre la Resurrección de
Jesús, pero el' autor trata t a m b i é n otros temas, como el d e la conciencia
que Jesús ha t e n i d o de su d i v i n i d a d , y el d e la institución de los sacra-
mentos. En su exposición sobre la Resurrección, afirma q u e la exégesis
actual se orienta en el sentido de las. teorías expuestas por él, y cifta
como apoyo el libro del R.P. X. León-Dufour: "Resurrección y mensa-
je pascual".
Al respecto, esta Congregación reafirma que, según ¡la doctrina de
la f e , debe sostenerse esto:
1. Por la Resurrección de Jesús su cuerpo sepultado se ha levan-
tado de ¡la t u m b a y ha recibido una v.ida t o t a l m e n t e gloriosa en el más
all'á.
2. El c u e r p o resucitado del Señor, q u e es sólo su cuerpo propia-
mente dicho, es realmente distinto de su cuerpo eclesial, q u e le está
íntimamente u n i d o , y del universo que ¡le está sometido.
3. El h o m b r e es c u e r p o y al'ma, p e r o v e r d a d e r a m e n t e uno; su
alma es espiritual e inmortal.
4. La resurrección de Jesús no escapa t o t a l m e n t e al conocimien-
to histórico.
5. Como lo enseña el Concilio de Trento, Nuestro Señor Jesucristo
ha instituido los siete sacramentos. La o p i n i ó n que busca explicar e l
o r i g e n de la Eucaristía p o r m e d i o de ciertas visiones del Señor, q u e ¡los
Apóstoles habrían t e n i d o durante sus comidas después de su resurrec-
ción, es errónea y contraria a la fe católica q u e sostiene q u e la institu-
ción del sacramento de ¡la m u e r t e de Jesús, nuestro d i v i n o Salvador, ha
sido realizada p o r él mismo durante la última Cena.

Esperando que estas observaciones l'e sean útiles, r u e g o a V . Excia.,


tener a bien aceptar la expresión de mis sentimientos d e respeto y de-
voción.

Francisco Cardenal Seper


Prefecto

A Su Excelencia,
Mons. Dr. HORACIO A . BOZZOLI
O b i s p o A u x i l i a r de BUENOS AIRES

- 133 -i
Libros Recibidos

—KUSS Otto, Carta a los Romanos. Cartas a los Corintios. Carta a los Gálatas,
Herder, Barcelona, 1976, 453 pgs.

— S C H E L K L E Karl Hermann, Teología del Nuevo Testamento. Vol. II. Dios


estaba en Cristo', Herder, Barcelona, 1976, 472 pgs.

—PORADOWSKI Miguel, El marxismo en la teología, Speiro, Madrid,


1976, 176 pgs.

—ÉSQUERDA B I F E T Juan. Teología de la espiritualidad sacerdotal, BAC,


Madrid, 1976, 375 pgs.

Nosotros somos testigos, Sigúeme, Salamanca.


1974, 354 pgs.

—SARRIA Gustavo, Parapsicología. Posesión diabólica, Córdoba, 1977, 35 pgs

—PAZOS Luis, El fracaso del socialismo, Tradición, México, 1976, 219 pgs.
—BORREGO E. Salvador, México cautivo. Diez engaños y una verdad, Tra-
dición, México, 1976, 95 pgs.

•—MC. I A N Thomas, Mentiras del mundo moderno, Cruz y Fierro, Buenos


Aires, 1976, 214 pgs.

— E V O L A Julius, Orientapiones, Bau, Barcelona, 1977, 63 pgs.

— C A L D E R O N B O U C H E T Rubén, Sobre las causas del orden político. Nuevo


Orden, Buenos Aires, 1.976, 218 pg?.

—LIEBIG Rudolf, La otra revelación. La fe cristiana en diálogo con la ciencia


•Moderna, Sal Terrae, Santander, 1977, 278 pgs.

•—VARIOS, Pedro en el Nuevo« Testamento, Sal Terrae, Santander, 1976,


166 pgs.

— R O G U E T A. M., Homilías para el matrimonio y para el bautismo, Sal


Terrae, Santander, 1976, 145 pgs.
Homilías para las exequias, Sal Terrae, Santander,
1976, 190 pgs.

— D E P E D R O H . Aquilino, La ?iueva celebración eucarística, Sal Terrae,


Santander, 1976, 239 pgs.
La Eucaristía en moniciones iniciales, Sal Te-
rrae, Santander, 1976, 94 pgs.

— G O N Z A L E Z Q U E V E D O Oscar, Los curanderos, Sal Terrae. Santander, 1977,


364 pgs.
BIBLIOGRAFIA
lección de artículos, conferencias y
sermones actualizados en su conteni-
MÖNS. ADOLFO S. TORTO- do, así como p á r r a f o s de mensajes
LO, La sed de Dios. Escritos pastorales y plegarias por el, A. com-
espirituales, Ed. Claretiana, puestas. __ Dividido en seis secciones,
Buenos Aires, 1977, 330 pgs. las dos primeras nos introducen en
una rica temática: Las constantes de
la espiritualidad cristiana y La Rea-
Puede en verdad afirmarse que con leza de Cristo y el orden temporal.
media hora de lectura de un libro Se nos presenta la realidad de un
realmente bueno, ¡se aprende más que mundo en pecado, esclavo de tres vi-
con medio año de charlas insulsas. Es cios predominantes: la lujuria, la in-
un hec'ho que conviene destacar con justicia y el orgullo. F r e n t e a e s e
especial énfasis en este tiempo de "se- mundo de pecado sólo cabe la reac-
quía de las almas", t a n prolífero en ción propia del cristiano. El primer
encuentros, mesas redondas y pane- paso debe ser la propia conversión:
les cuya utilidad —por lo común— no morir al pecado y vivir la moral cris-
es otra que dar cauce a un río de pa- tiana, que más que en normas y en
labras sin una gota de buen sentido. leyes consiste en vivir a Cristo. El
También es cierto, por otra parte, segundo paso implica la restauración
que los buenos escritos de espiritua- del concepto de pecado, que el mun-
lidad no son hoy en día moneda co- do moderno desconoce. Vivir como
rriente, ya porque escasean los auto- cristiano no es fácil, es heroico. Las
res de valía, ya porque la mayor; par- almas heroicas, santas, comunican al
te de las librerías y editoriales (cató- mundo y a los hombres el secreto po-
licas o no) están más interesadas en der de la gracia, y ¡son capaces de
comerciar con el sexo, la astrología, transformar, aun con la sola presen-
el ocultismo, la teología de la libera- cia, un ambiente corrompido. La reac-
ción, el esplritualismo de extraños gu- ción cristiana debe tender a la ins-
rúes y demás plagas vigentes. tauración de todas las cosas en Cris-
to, pero p a r a ello es preciso primero
La obra que comentamos viene, ,por entronizar a Cristo Rey en nuestra
lo tanto, a llenar un inmenso vacío. propia alma. Lo demás se dará por
Libro verdaderamente bueno, lo es, añadidura.
ante todo, porque tiene la virtud de
elevar el alma del lector a aquellas La misión de María y la vocación
regiones donde n o s e condensa la mariana de nuestro pueblo es el tema
tempestad, situándola en esa atmós- que ocupa la tercera sección, que in-
f e r a límpida y pura del espíritu que cluye la oración compuesta por Mons.
tanto nos cuesta alcanzar, porque la Tortolo en ocasión de la Coronación
inclinación a las cosas materiales nos Pontificia de la .Santísima Virgen del
tiene agazapados en la tierra, como Rosaxio de P a r a n á y el diálogo enta-
renacuajos en el fondo de un estan- blado entre, el Arzobispo y sus fieles,
que. por el cuail el pueblo paranaense pro-
•El A. no necesita presentación: clamó su fidelidad a la Patrona el 8 de
Monseñor Tortolo es ampliamente co- diciembre de 1973. La f i g u r a de la
nocido de todos por su brillante foja Virgen, en la inagotabilidad del Mis-
de servicios, ¡por la hondura de su terio que la constituye en los confi-
inteligencia y por los quilates de su nes .de la Trinidad, es una constante
piedad. Su f i r m a basta para dar so- en la doctrina espiritual del A. María
brado testimonio de la calidad y se- aparece corno la creatura más santa,
riedad de estos escritos. porque es la que cumplió con mayor
El cuer po del presente volumen es- plenitud la voluntad de Dios. Su fi-
t á constituido por una criteriosa se. delidad al Señor la hizo digna de

- 135 -i
una Maternidad desdoblada: Madre co de iSales y al Santo Cura de Ars.
n a t u r a l de Jesucristo, Madre espiri- En el primero se dio> una alianza
tual de los cristianos. María, cual muy honda entre naturaleza y gra-
auténtica Madre espiritual, posee in- cia, análoga a la unión que se die-
comparables dotes de formadora y r a en el mismo Jesucristo. Desde
educadora, actuando por sus ruegos la primera hora, su vida f u e un
("omnipotencia suplicante") y por su •deslizarse en la pendiente de la
presencia junto a nosotros. Cuando gracia, un querer darlo todo con
un ¡alma acepta ser f o r m a d a por Ma- •amor, simplicidad y dulzura. San
ría y se pone confiadamente en sus Francisco de Sales es, en opinión del
manos, descubre que Ella es el cami- A., la más perfecta reviviscencia de
no más corto, más rápido y más se. Jesucristo. E l Cura de Ars personi-
guro p a r a llegar a la santidad. fica en su vida la teología de la
instrumentalidad sacerdotal. Es ejem-
Des pués de la glorificación de Dios, plo preclaro de docilidad a la gra-
y perfectamente subordinada a ella, cia, de humildad y de oración. Por
la vida cristiana tiene por finalidad último P í o X es presentado como
•la santificación de nuestra propia al- el Santo de las virtudes teologales,
ma. El bautismo, puerta de entrada en mediante las cuales se unió íntima-
la vida cristiana, siembra en nues- mente a Dios como Verdad infinita,
t r a s .almas una "semilla de Dios": es como Bienaventuranza 'Suprema y
la gracia santificante. El germen di- como Sumo Bien en Sí mismo.
vino está llamado a desarrollarse ple-
namente, y esa plenitud de desarrollo La quinta sección t r a t a acerca del
es, cabalmente, la santidad. Tal es el llamado al sacerdocio. Se insertan
tema que el A. analiza en la cuarta en ella mensajes vocacionales a los
sección al considerar la vida y la es- jóvenes, padres, educadores y pasto-
piritualidad de los Santos: S. Benito, res. Todas las almas tienen, como
S. Tomás de Aquino, S. Francisco de una lira, •ciuerdas muy delicadas: es
Sales, S. J u a n María Vianney y S. Pío preciso tener un corazón de artista
X. Corazón de la Iglesia y arquetipo para despertar sus armonías recón-
del pueblo cristiano, cada santo es ditas. El A. revela en estas páginas
singular y por lo tanto posee una for- su g r a n corazón de artista de las
ma personal de santidad; (pero vis- almas. Es imposible que quien las
tos en conjunto nos muestran una lea no sienta un impulso hacia la
síntesis maravillosamente rica de la santidad, el deseo de tomar una de
vida espiritual. esas ideas capitales, nobles y eleva-
das, que se vierten en relación a la
E l proceso de santidad de San vocación sacerdotal o profana, y ha-
Benito, f a r o luminoso en un tiempo cerla propia, convertirla, como sue-
decadente, es descrito según un triple le decirse, en idea fija, de tal mo-
momento: reencuentro consigo mismo, do que en todas' las coyunturas de
expansión hacia Dios y fluencia sobre la vida se h a g a presente al entendi-
el hombre. Tomás de Aquino es pre- miento, refuerce la voluntad, suges-
sentado como el Santo de la Verdad. tione y fascine p a r a el bien.
Dios es la Verdad. A m a r a Dios y
a m a r a la Verdad es una misma cosa. •Cerrando estos magníficos escri-
El Doctor Angélico vivió el amor a la tos, la sexta sección incursiona en
Verdad como misterio propio y co- temas de espiritualidad sacerdotal.
mo vocación personal. Lo vivió desde El sacerdote es intermediario entre
•el lado de Dios, experimentalmente, Dios y los hombres. Así como no
sin otro compromiso que Ella misma. se puede ir a Dios sino por Jesu-
Y porque vivió el amor a la Verdad, cristo, así tampoco se puede ir nor-
vivió también el odio al error, al cual malmente a Jesucristo sino por la
combatió, no con el ímpetu de la mediación del sacerdote. Nuevo Moi-
tempestad, sino con la serenidad con sés, el sacerdote ha recibido la mi-
que la luz del día avanza disipan- sión de guiar a las almas, a través
do las tinieblas. del desierto de la vida presente,
¡Singular importancia revisten los hasta la tierra prometida de la eter-
artículos dedicados a San Francis- nidad. "E'l sacerdocio •—afirma el

- 136 -i
A.— puede vivirse de un solo mo- del contenido, método de elabora-
do: unido a Cristo. Con un solo es- ción e importancia de esta novedad
tilo .de vida: el de Cristo. Con una bibliográfica.
sola meta sacerdotal: la de Cristo.
La vocación sacerdotal es la voca- Contenido de la Enciclopedia
ción al despojo m á s absoluto de la
propia personalidad. E s un indispen- L o s , artículos de la GER tratan
sable despojo del propio yo que de- todos lo® temas, desde deportes y
be verse substituido por el Yo de espectáculos, arte, etnografía y folk-
Cristo". El sacerdote debe ser, al lore a las ciencias físico-naturales
decir de Chevrier, un hombre despo- y a las del espíritu. Es decir, se
jado, crucificado, comido. Y Mons. t r a t a de una obra de consulta e in-
Tortolo culmina diciéndole a cada sa- vestigación de ámbito universal. Se
cerdote: "Sé Cristo en t u época, en abordan especialmente con mayor
t u ambiente, en las coyunturas todas amplitud las cuestiones más vincu-
de t u vida, hasta en la última vi- ladas a la vida del hombre, las refe-
bración de tu ser". rentes a las que se suelen llamar
La obra que comentamos está más ciencias del espíritu y humanidades
allá de toda ponderación: es sim- (Filosofía, Derecho, Teología, His-
plemente extraordinaria. 330 pági- toria, Literatura, Filología y Lin-
nas con sabor a cielo, aptas para güística, Arte, etc.) y a las ciencias
ensanchar el alma y contribuir a sa- sociales (como Sociología y Políti-
ciar el hambre y la sed de Dios. ca, Economía, Geografía, Ciencias
330 páginas que nos enseñan que a de la Información, Pedagogía, etc.)
Dios hay que amarlo s i n tasa, sin pero también son tratadas con pro-
condiciones, sin "peros'', sin intermi- fundidad y nivel universitario los
tencias, sin cobardías.. . y sin res- temas de las ciencias físico-natura-
petos humanos. ¡Hacía f a l t a un libro les (Física, Química, Matemáticas,
así! Geología, Biología, Medicina, Tecno-
logía, etc.).
ALVARO F. EZCURRA
Para aclarar lo que se acaba de
Seminarista de la Arquidió- decir, basta considerar cómo se plan-
cesis de Paraná, Año de teó la redacción de la Enciclopedia.
Teología. El Consejo de Dirección buscó entre
los mejores especialistas, Catedráti-
cos 'de Universidad, Investigadores
AUTORES VARIOS, Gran En- del C. .S. I. C., etc., a los que podrían
ciclopedia Rialp, 24 tomos, encargarse de la dirección de cada
•Ed. Rialp, Madrid. una de las materias mencionadas
y de otras que sería largo enume-
rar. .Se pidió a estos Directores de
Ha aparecido recientemente el to- Sección que hicieran una lista com-
mo 24 y último de la GER (abrevia- pleta de los temas y personajes im-
t u r a de Gran Enciclopedia Rialp) portantes en la materia o sección
que contiene los índices alfabéticos respectiva, de modo que a lo largo
generales y la cartografía en color de ellos quedase t r a t a d a toda la ma-
de los 23 tomos anteriores, de cer- teria de un modo sistemático, tanto
ca de 1.000 páginas cada uno, pu- en su contenido actual como en su
blicados de 1971 a 1976. A lo largo historia. Luego estos temas se han
de esos 23 grandes tomos aparecen ordenado alfabéticamente.
cerca de 15.000 artículos sobre to-
dos los temas del saber. Cada uno De este modo ha resultado una
de esos artículos son estudios mono- Enciclopedia sistemática completa,
gráficos que contienen una amplia pero puesta en orden alfabético. Es
síntesis científica del estado de la decir en la GER se encuentran, a
cuestión de los diversos objetos de la vez, las características prácticas
todas las ciencias. E n estas líneas de cualquier Enciclopedia general y
intentarnos hacer una descripción la profundidad necesaria para tra-

- 137 -i
t a r todos los .grandes temas que tan- Respecto a las personalidades que
to en el presente como< a lo largo lian intervenido, s e r í a prolijo dar
de la historia han preocupado a los nombres concretos. La firma, comple-
hombres. Estos temas forman gran- t a de cada uno va al final de su ar-
des unidades, a modo de amiplios ar- tículo, y un pequeño resumen de sus
tículos o estudios (en general autén- datos biográficos (títulos y cargos
ticas monografías científicas). No académicos, etc.) en cada tomo don-
hay artículos de menos de 40 líneas, de salen sus artículos y en el tomo
que son los artículos menores de- final de índices generales. Son cerca
dicados a algunas pequeñas biogra- de 3.000 los autores de, los artículos
f í a s (otras ocupan varias páginas) de la GER, de los que un 80 o 85 %
o a lugares geográficos muy concre- son españoles e hispanoamericanos, y
tos o de menor importancia. los demás de todos los países del
mundo. Habría que citar a la mayor
parte de los catedráticos universita-
Proceso de elaboración rios de España, profesores y colabo-
radores del C.S.I.C., y 'diversos espe-
Los Directores de Sección, junto cialistas extranjeros, todos muy co-
con la lista completa de grandes te- nocidos.
mas de su materia, se han encarga-
do también de proporcionar los nom- Lo más nuevo en la GER, quizá sea
bres de los más destacados especia- el haber conseguido una obra, origi-
listas en cada tema concreto. La nal, de nivel internacional, no tradu-
Coordinación Central de redacción y cida ni adaptada de otras extranjeras,
asesor amiento les invitaba en nom- evitando tener "que padecer una espe-
bre del Director de Sección a redac- cie de colonialismo cultural, frecuen-
t a r el artículo correspondiente. Una te en las obras científicas de consul-
vez .hecho y recibido, el artículo se ta e investigación que se han publi-
remitía al Director de Sección para cado hasta ¡ahora en castellano. Y res-
su aprobación científica (en realidad pecto al método de trabajo, es carac-
dada de antemano) o p a r a ver si terístico de la GER el respeto a la
era conveniente sugerir al autor com- personal responsabilidad de cada au-
pletar o aclarar algún punto, etc. tor, reflejándose entre otras cosas en
su f i r m a completa (no hay artículos
La Coordinación Central se ocupa-
anónimos ni firmados con abreviatu-
ba también, si resultaba necesario,
ras).
de cuidar la presentación, subdivi-
sión de los temas en epígrafes, mo-
dos de citar, uso de abreviaturas y Aporte a la producción editorial
otros detalles técnicos que facilita-
sen el uso práctico de la Enciclope-
dia, evitando repeticiones innecesa- El tomo primero se publicó en 1071,
rias, etc. y se empezó a t r a b a j a r cinco años
antes. ,Se t r a t a de u n a aportación
Lógicamente, las respuestas de to. ¡científica y cultural d e primer or-
dos los científicos y especialistas fue- den; una obra mejor y más actual
ron muy entusiastas, comprendiendo que las pocas grandes Enciclopedias
lais sugerencias que se les hacían, si de consulta e investigación que exis-
por ejemplo algún aspecto de su ten internacionalmente conocidas y
tema ya había sido tratado por otro apreciadas desde hace años. Una o-
especialista paralelo (piénsese en te- bra cuya necesidad se venía sintiendo
mas que necesariamente tenían que en los países de habla española des-
ser tratados por varios, como los de de hace tiempo. Psdro Saínz Rodrí-
países, en los que hay artículos de guez cuenta en uno de sus libros que
Geografía, Historia, Sociología y Polí- ya alrededor de 1930 el gran escritor
tica, Literatura y Artes, Filosofía y Gabriel Miró tuvo con él varias con-
Ciencias, Periodismo, etc.; o en te- versaciones en las que hablaron de
mas como la voz TIEMPO que tiene la necesidad de una obra de este tiipo
artículos de Física y Astronomía, en lengua española, y que Miró es-
Filosofía, Psicología, Religión, etc.). taba ilusionado, como la meta enton-

- 138 -i
ees ideal, en traducir una gran enci- bido necesidad en la GER de recu-
clopedia americana. Esa meta se ha r r i r a especialistas extranjeros; sólo
sobrepasado con creces con la GER. en concretos casos (piénsese por ej.
en la voz NEGRITUD firmada por
Pero su aporte no es sólo a la pro- Léopold Sédar Senghor, y otras co-
ducción editorial española, sino a es- sas así). También se h a recurrido en
cala mundial. Como ha señalado una otros temas a científicos extranjeros
revista italiana "la Gran Enciclope- reconocidos, precisamente p a r a evi-
dia Rialp es una obra singular cuya t a r hasta la apariencia de ciertos lo-
importancia supera los confines de calismos o parcialidad hispánica.
España. La originalidad de 'sus apor-
taciones, unida a la seriedad cientí-
fica, la hacen ser una obra de con- La GER ante los problemas de la
sulta indispensable para el público promoción cultural en la sociedad
italiano y de otros países, estudiosos
e intelectuales". Todas las Bibliote- El a f á n de saber, aunque es innato
cas, Universidades y demás institu- al hombre, se manifiesta quizá .más
c i o n . e s científicas y culturales del en nuestro tiempo, entre otras cosas
mundo tienen o tendrán necesaria- porque hay más medios de comunica,
mente la GER. El Japón ha sido uno ción y más posibilidades de ir satis-
de los países de donde han llegado faciendo ese a f á n interminable. Se
las primeras y abundantes peticiones estudia y se investiga cada vez más;
de la GER; ha habido que hacer un se escribe y se publica mucho. Y un
folleto explicativo en japonés; se han primer problema muy serio, es pre-
hecho ya otros en inglés y alemán, cisamente la multiplicación de publi-
y se están preparando en francés e caciones y libros, y el discernir o en-
italiano. contrar en esa desbordante abundan-
cia lo verdaderamente valioso y útil.
Dentro del alcance internacional de Gran parte de lo que se publica Vale
la GER, como es lógico se ha conce- muy poco; se t r a t a de resúmenes, co-
dido especial atención a los temas de pias y vulgarizaciones de otras pu-
España y de los países de habla es- blicaciones. Y así muchos se creen
pañola, en el presente y en la histo- en posesión de una cultura que no
ria; y por razones de proximidad fí- es más que una colección de lugares
sica e histórica, a Portugal y a Bra- comunes y tópicos sin fundamento;
sil. De modo análogo, y todavía más con ello, queriendo o sin querer, en
acentuado, han hecho las grandes en- lugar de avanzar en el entendimiento
ciclopedias publicadas en otros paí- de las cosas y en el intercambio de
ses, en las que a veces es vano bus- conocimientos y experiencias se tien-
car muchos personajes y temas de la de a producir el caos mental en las
vida española e hispanoamericana. personas y en las comunicaciones.
Sin embargo, en la GER se ha evi- Las publicaciones y libros solventes,
tado la parcialidad y el localismo. Es en cambio, suelen llegar poco al pú-
decir, se ha procurado reflejar las pe- blico general, bien porque circulan
culiaridades de los pueblos hispáni- sobre t o d o entre los especialistas,
cos, su historia, geografía y cultura, bien porque sus tecnicismos los ha-
tratando ampliamente los temas del cen poco accesibles.
mundo iberoamericano, y a la vez los
de todas las demás partes del inundo. E n este sentido, la GER, con su
gran número de autores y con su gran
Con la GER se muestra enseguida difusión, es una experiencia muy cla-
que el nivel cultural y científico de rificadora. Cada tema ha sido abor-
España no es .menor que el de los dado por los especialistas necesarios,
países que se consideran más adelan. desde todos los puntos de vista posi-
tados. Queda zanjada la vieja polé- bles. Se ha citado antes el ejemplo de
mica, en gran p a r t e inútil, sobre la la voz TIEMPO; se podrían mencio-
"ciencia española" y sobre la capaci- n a r otros miles .de temas; por ej. el
dad del español para la ciencia y la MATRIMONIO está tratado e n l a
cultura en serio. Pocas veces ha ha- GER por especialistas de Antropolo-

- 139 -i
gía y Sociología, de Teología y Mo- decir lo suyo. La GER resulta un va-
ral, de Derecho Canónico y Civil, de liosísimo instrumento p a r a que el es-
Historia de las religiones; el REA- pecialista y cualquier profesional se
LISMO por filósofos, críticos litera- abra más fácilmente a la compren-
rios y críticos de arte; la LIBERTAD sión de otras profesiones y otros sa-
y la RESPONSABILIDAD por psicó- beres, que busque complementarse y
logos, filósofos, teólogos, juristas y así evitar lo que algunos han llamado
pedagogos; la MATERIA por físicos, " b á r b a r a ignorancia" producida por
químicos y filósofos; etc. la necesidad de especialización en los
conocimientos, profesiones y trabajos
E n cada voz de la GER se encuen- humanos.
tra, pues, una exposición objetiva del
estado de l a cuestión en los distintos Se t r a t a de un pluralismo real, no
saberes y ciencias que se ocupan de artificial ni basado en un escepticis-
ella, dentro de la autonomía y ge- mo o agnosticismo, siempre banales,
nuina significación de los datos cien- sino en el conocimiento de las verda-
tíficos. Desde luego esa ha sido la des adquiridas y confrontadas y en
intención, y en general se ha conse- las diversas opiniones responsable-
guido, porque los autores de los ar- mente expuestas, en el a f á n de ver-
tículos se h a n buscado entre especia- dad y de respeto a legítimas discre-
listas, que no se lian limitado a ha- pancias y gustos. Este pluralismo es
cer un " r e f r i t o " o un resumen irres- una notable 'característica de la GER
ponsable o apresurado de otras publi- y del camino de entendimiento' y pro-
caciones, sino una exposición original greso cultural que .deja abierto.
y completa, procurando ahorrar pala-
bras y circunloquios, yendo a lo esen-
cial sin simplismos. Al final de cada Terminación y planes para el futuro
artículo se incluye además una biblio-
grafía, un conjunto de libros y publi- El tomo 23 se publicó a finales de
caciones serias que se ocupan del te- 1975; y el 24 y último apareció a
ma, para el lector que necesite am- principios de 1977, con índices alfa-
pliar o realizar mayor investigación béticos generales y mapas en color.
en ese campo. La elaboración del índice alfabético
•general, con m á s de .220.000 términos
Así, la GER resulta un lugar de en- que se estudian en los artículos de la
cuentro muy interesante de las dis- que se estudian en os artículos de la
tintas ciencias y puntos de vista so- GER, h a sido una larga y difícil ta-
bre las cosas. No se h a n intentado rea, que multiplica el valor de una
paliar o disimular ni las discrepan- Enciclopedia como ésta. E s el último
cias ni las concordancias entre auto- trabajo de la Redacción Central de
res y puntos de vista o de interés en coordinación y asesoramiento; en la
cada r a m a del saber. Ha salido un Coordinación Central ha trabajado
conjunto espontáneamente pluralista, durante estos años con empeño un
no en el sentido escéptico o relativis- buen equipo de licenciados y doctores
ta, sino con el mismo pluralismo de en todas las materias.
la realidad, de los seres humanos, y
de las distintas ciencias. Sin concor - Aihora, aunque lógicamente este e-
dismos superficiales y sin falsas con- quipo se ha reducido en número, el
traposiciones, se refleja en la GER plan es mantenerlo en lo posible. Se
la realidad objetiva y 1 a s distintas reciben .muchas sugerencias, tanto ue
opiniones sobre ella, cosas ambas que autores de artículos como de lectores
son punto de partida de entendimien- de la GER, p a r a su mejor aprovecha-
to y progreso. Ciertamente, se puede miento y difusión. Se recogen ideas
comprobar cómo cada especialista para publicar otras cosas, f u t u r o s su-
tiende a pensar que él a g o t a los te- plementos y ediciones para mante-
mas dentro de la ciencia que cultiva; nerla al día, etc. Todo esto quizá lle-
y se puede comprobar al mismo tiem- gue a cuajar en una especie de ins-
po que no es así; otras ciencias y titucionalización de tipo cultural al
otros métodos también tienen q u e servicio de las características plura-

- 140 -i
listas ¡de la GE®, de s u s autores y dos los aspectos del misterio de Cristo
lectores; al menos es el deseo de mu- presentan entre sí .perfecta coheren-
chos y en parte se va consiguiendo cia y se explican unos a otros, los tex-
ya; a ello animan cada vez más las tos relativos a cada uno de ellos no
sugerencias que continuamente se re- adquieren su plenitud de sentido sino
ciben en la Coordinación Central. cuando se los sitúa en el vasto con-
junto a que pertenecen, es decir tie-
E n t r e los autores de artículos de nen entre sí tales conexiones que la
las .naciones americanas, indicamos interpretación teológica de uno de
para terminar algunos de los nom- ellos repercute necesariamente en los
bres principales de Argentina: Blas otros.
Barisani, A r t u r o Berenguer Cariso-
mo, José María Castiñeira de Dios, Ciertamente no descuida nuestro A.
Alberto Caturelli, Octavio N. Derisi, el conocimiento objetivo de la histo-
Bernardino Montejano, Alfredo A. ria t a l como se desarrolló en la rea-
Roggiano, Vicente D. Sierra, Juan C. lidad concreta, ni el mensaje de sal-
Zuretti, entre otros que sería largo vación tal como f u e formulado y de-
enumerar. sarrollado en el tiempo. Pero una co-
sa es saber que la Palabra de Dios
resonó verdaderamente en el pasado
Dr. JORGE IPAS y otra cosa es querer oírla resonar
Director de la Coordinación actualmente como Palabra del Señor
Central de la GER, Madrid. Resucitado dirigida a la Iglesia hoy.
E n o t r a s palabras, trascendiendo
Kuss un sentido meramente literal de
los textos, se interesa por captar una
realidad más profunda dada por un
OTTO KUSS, Carta a los Ro- sentido más pleno. Este esfuerzo lo
manos, Cartas a los Corintios, sitúa dentro de la acción pastoral de
Carta a los Gálatas, Herder, la Iglesia que tiene por centro el
Barcelona, 1976, 453 pgs. anuncio de esta Palabra "a todas las
gentes" (Me. 16,15) y su participa-
ción efectiva e n el misterio d e la
salvación.
El comentario a "Las grandes car-
ta® paulinas" que nos presenta Otto Después de una breve introduc-
Kuss constituye, sin duda, una mues- ción a cada carta, expone el A. los
t r a de los esfuerzos que últimamente diversos textos que luego analiza
realizan aquellos exégetas y teólogos con mano maestra y gran sentido
que, animados por las exhortaciones de síntesis. No es por ello super-
del 'Concilio Vaticano II, continúan ficial, antes bien al poner en juego
estudiando la E s c r i t u r a "e o n todo las diversas disciplinas, magnífica-
empeño, con f u e r z a s redobladas, se- mente combinadas, confluyen éstas
gún el sentir de la Iglesia" (D. V. en una no menos profunda teología
23). bíblica. De esta manera va pedagó.
gicamente llevando al lector a una
La nota de originalidad de esta o- cada vez más pronunciada intro-
bra está dada por la novedad del ducción y comprensión del texto sa-
enfoque exegético. No se trata, en grado y a una más intensa compe-
efecto, de situar a la Escritura en netración con el pensamiento de San
un plano subordinado a la Teología, Pablo. Las "grandes cartas" pau-
sino más bien de una interpretación linas recobran así su perennidad y
teológica de los textos isagrados. In- actualidad: el fundamento de toda
terpretación teológica de la Escritura vida cristiana, en efecto, es el Bau-
que consiste en exponer la totalidad tismo, y este "sumergirse" en Cris-
de la doctrina cristiana partiendo de to (eibaptísthemen = fuimos bauti-
los textos mismos que expresan la Pa- zados) implica compartir el destino
labra de Dios'. E s decir, dado que to- mismo de Cristo. La vida de Cristo

- 141 -i
resucitado y glorificado es im¡a co- lemne y definitiva. En. la tercera
munión viva con el Dios viviente. En parte (7,1-11,1) responde el Apóstol
esta comunión viva con el morir y a algunas cuestiones que la comuni-
resucitar de Jesús, el cristiano ob- dad de Corinto le había planteado
tiene la libertad de la esclavitud por escrito. En f r a s e s prudentes y
del pecado y así vive fundamental- ponderadas, dando muestras de una
mente en Cristo, entregado sólo a consumada sabiduría y de un senti-
Dios. do superior de la realidad, Pablo con-
trapone la doctrina cristiana sobre
Con exquisita maestría el A. va el matrimonio y 1a. virginidad a las
perfilando la verdadera personalidad exageraciones de los desenfrenados
del Apóstol a través de sus cartas. y de los rigoristas. Con la misma
Estas tres epístolas, escritas en dis- altura resuelve el problema de las
tintas circunstancias, a diversos des- carnes inmoladas a los dioses: «1
tinatarios, revelan, según Kuss, las cristiano no está solo, tiene respon-
ideas fundamentales de ia teología sabilidades y deberes para con la
paulina. Como las restantes, son el comunidad y deibe tener en conside-
producto de su amor a Cristo, de ración a los "débiles''. En la cuarta
su pasión por el Evangelio y de la piarte (11,2-14,40), que divide en dos
necesidad de robustecer la fe de las secciones, t r a t a las cuestiones rela-
diversas Iglesias que muchas veces tivas a la vida litúrgica de la co-
debían luchar en un ambiente hostil munidad y de la función que desem-
cuando no moralmente desbocado. Por peñan los dones del Espíritu Santo
eso las cartas de Pablo son las car- en la vida comunitaria cristiana. En
tas de un apóstol y están, en con- la quinta y última parte (15,1-58)
secuencia, al servicio de su trabajo el Apóstol aborda un tema nuevo.
misional. Un solo objetivo lo mueve: Profundamente interesado en elimi-
abrir para el Evangelio un camino nar cualquier confusión o inseguri-
en el corazón del hombro. Y para dad, expone con toda claridad la f e
ello se servirá de todo: recursos li- cristiana en la resurrección. Este es,
terarios, giros rabínicos, hasta del en apretada síntesis, el esquema que
sarcasmo y la ironía cuando haga O. Kuss nos presenta de la primera
f a l t a y, por qué no, de la "necedad Carta a los Corintios. En cuanto a
de la C r u z " (I Cor. 1,18); "todo la segunda Carta, la divide en t j e s
coopera p a r a el bien" (Rom. 8,28), grandes partes. Comienza con una
porque todo esta penetrado con la apologética de su ministerio (1,12-
fuerza de su convicción cristiana. 7,16) y ataca a los falsos maestros
judaizantes que pretenden minar su
La Carta primera que dirige a los autoridad. Continúa trayendo el ejem-
Corintios, como suele acontecer con po de la ¡caridad de ¡los mace don ios
sus otras cartas, está motivada por la cual muestra de manera palma-
asuntos circunstanciales; en este ca- ria cómo la generosidad cristiana es
so nos muestra una buena imagen f r u t o de l a gracia de Dios (8,1-9,15).
de una comunidad formada por gen- Finalmente concluye con una nueva
tiles convertidos en una gran ciu- apología contra los judaizantes: tie-
dad. Ciñendo su comentario a lo ne clara conciencia de su derecho;
esencial, el A. divide la carta en sin titubeos de ninguna clase ha re-
cinco partes. En la primera (1,10-4, suelto proceder con "osadía" contra
21) el Apóstol exhorta, a los corin- cuantos opinan que actúa por moti-
tios a la unidad: las comunidades vaciones ¡y recursos meramente te-
por él fundadas deben, ser una sola rrenos y que carece de espíritu, úni-
cosa. Le preocupa que la unidad ca f u e r z a capaz de sustentar toda au-
realizada en Cristo no se ponga de téntica conducta cristiana (10 a 13).
relieve hasta en los detalles cotidia-
nos. En la segunda (5,1-6,20) diser- El fino ojo avizor ¡del A. se des-
t a sobre los abusos que se dan en la taca en el comentario que hace a la
comunidad; se t r a í a de un lastimo- Carta a los Gálatas. Es¡ ella, en efec-
so caso de -lujuria que con autoridad to, la carta m á s apasionada que Pa-
apostólica decide Pablo en forma so- blo ha escrito. Allí expone ¡en forma

- 142 -i
singularmente clara su inquebranta- sin las obras de la ley mosaica, sobre
ble decisión de defender el mensa- la base exclusiva de la fe en Jesu-
je que se le ha confiado contra cual- cristo. En la segunda (9, 1-11,36), a-
quier falseamiento y judaización, pa- •borda la función, del pueblo elegido
r a evitar la recaída del cristianismo en la historia de la salvación: ¿Qué
en «1 judaismo legalista. Sabe que papel debía representar Israel en la
está en juego la pureza y eficacia realizajoión de los planes de Dios y
de su mensaje. Por eso quiere sal-* cuál es la función que de hecho ha
var a quienes se han puesto en peli- desempeñado? Dios es totalmente li-
gro y a los que, ¡pese1 a todo, amia bre en su obrar. Israel, al endurecerse
con todo su corazón. Pero dejemos culpablemente, c a r g a con su destino,
al A. mismo que nos la exponga con aunque siempre l a última palabra la
sus propias palabras: "La carta está tiene la gracia. Ciertamente si el re-
construida de un modo simple y cla- pudio de Israel h a traído a los gen-
ro. Tras una breve introducción (1, tiles a la reconciliación, la conversión
1-5), el apóstol expresa de inmedia- de Israel a p o r t a r á al mundo .la con-
to, y con palabras estremecidas, su sumación. E n la última parte (12, 1-
dolor por la apoetasía de los gála- 15, 13) el Apóstol enumera algunas
t a s . . .". Y con admirable poder de consecuencias prácticas de su Evan-
síntesis, prosigue: "El cuerpo prin- gelio: "la renovación de ,1a .mente en
cipal de esta carta se divide en tres el amor y en la justicia, renovación
parteis. Primero presenta Pablo la que abarca a todo el hombre, tiene
demostración histórica de la autori- que dejarse sentir en la vida social
dad divina de su apostolado y de su de la comunidad y también en las re-
Evangelio (1,11-2,21). En la parte laciones del cristiano con el Estado".
segunda fundamenta su mensaje de
la justicia de Dios sobre la base de Digamos, para terminar, que el Co-
la f e sin las obras de la ley con ar- mentario del profesor Kuss corres-
gumentos teológicos (3,1-5,12), mien- ponde a l VI de los IX volúmenes de
tras que en la tercera parte habla la gran obra conocida como Comen-
de la vida moral en la verdadera li- tario de Ratisbona, publicación bíbli-
bertad cristiana del caminar en el ca bajo la dirección de A. Wikerihau-
Espíritu (5,13-6,10). La misiva se ser y el mismo Otto Kuss.
cierra con una exhortación de con-
junto que Pablo traza de su puño y
letra (6,11-18)".
MARCELINO OCAMPO
E n la Carta a los Romanos ocurre Seminarista de la ¡Diócesis de
que la elaboración teológica de la Catamarca, 2? Año de Teología
verdad revelada no se conecta c o n
una circunstancia concreta. Lo que
ella presenta es más bien una expo-
sición detenida y perfectamente en-
samblada de la doctrina paulina de la HERBERT HAAG, Breve Dic-
salvación. Hace notar el A. c ó m o cionario de la Biblia, Herder,
"esta teología ha surgido en un pro- Barcelona, 1976, 562 pgs.
ceso vivo, en una confrontación in-
cesante con -gentiles y judíos, en, una
postura vital renovada de continuo,
lo que confiere a la exposición sere- Este Breve Diccionario de la Biblia
na, con su división y fórmulas rela- nace sobre la base del "Diccionario
tivamente cuidadas, su vitalidad in- de ¡la Biblia", de la misma editorial
terna que jamás deja de cautivarnos". y autor. Pero no se t r a t a de una sim-
ple edición reducida, pues sus artícu-
También a e s t a carta la divide los h a n sido no sólo seleccionados, si-
Kuss en tres partes. E n la primera no revisados y rehechos, y en buena
de ellas (1, 1$-®, 39) desarrolla el parte escritos de nuevo.
Apóstol las ideas capitales de s u pre-
dicación acerca de la justicia de Dios Procura ser un manual informativo

- 143 -i
sobre personas, lugares, objetos e ins- o Roma. .El centro es el lugar de la
tituciones que aparecen ¡en la Sagra- presencia de Dios, en el eje del mun-
da Escritura y contiene artículos in- do y en el corazón del hombre. Pero
troductorios .de, cada uno de los 72 ¿ qué puede significar esto para, quien
libros q u e componen ambos Testa- entiende las Hespérides como mero
mentos. Incluye la explicación de 800 mito material y habla de la "primiti-
términos, con más de 200 artículos- va imagen del mundo, según la cual,
remisiones; 42 figuras ilustran el tex- la tierra está regada por cuatro ríos
to, al que se añaden 3 cuadros de que la dividen en las cuatro partes
cronología bíblica, sincronizada con del .mundo de la cosmología oriental''
la de las culturas circundantes. (col. 481) ? ¿ Por qué no dice "de la
geografía oriental", ya que se mues-
Podría .ser u n a obra interesante pa- t r a incapaz de comprender el simbo-
r a auxiliar a católicos medianamente lismo trascendente de estas imáge-
instruidos en la lectura o el estudio nes?
de la Biblia, p e r o . . . (por desgracia
siempre hay un ".pero'') en algunos Observaciones similares nos sugie-
artículos mete la cola —et in cauda re la breve referencia a la teología
venenum— la exégesis neomodernis- del Génesis (col. 262), donde el Paraí-
ta. 'Características de esta exégesis so es proyectado totalmente hacia el
son el escepticismo de los historiado- f u t u r o pues "el relato de los princi-
res de la religión, el racionalismo sin pios ( . . • ) , llamado protologia, se
f e de los críticos protestantes, .la ne- refiere al pasado sólo en apariencia"
gación bultmaniana d e l a realidad pues "la protologia bíblica es una es-
histórico-evangélica, y la fresca pres- catología". Se insinúa aquí el prejui-
cindencia de la Tradición y el Magis- cio evolucionista, t a n caro a la men-
terio. Los ¡historiadores de las religio- talidad moderna, que quiere hundir el
nes limitados al estrecho campo de pasado en la oscuridad, pues la rea-
las ciencias positivas (históricas, lin- lidad del estado primordial y de la
güísticas, crítico-literarias o arqueo- caída original viene a a r r u i n a r la
lógicas) son topos ciegos ante l a luz perfección de sus esquemas precon-
de :1a f e o la. oscuridad transluminosa cebidos.
del misterio, y repletos de erudición,
se rompen los dientes al intentar que- Pero dejemos estos aspectos más
brar la dura 'corteza de los símbo- complejos. Señalemos al pasar cierta
los. >Son ineptos p a r a .penetrar el sen- presencia de Bultmann e n los artícu-
tido de los libros sagrados, y no sólo los sobre los Evangelios y en la iden-
de la Biblia, ¡sino a u n del Corán o tificación de .los "géneros literarios"
del Bhagavadi-Gita. con la "historia de las f o r m a s " (cf.
Remisión, col. 260 y Artículo, col. 293
Esta carencia se halla omnipresen- s.), y pasemos a destacar algunas a-
te en el Diccionario, aunque t a l vez severiaciones verdaderamente inacep-
•—admitámoslo— de modo difuso, por- tables.
que para el tratado de los conceptos
específicamente teológicos remite al Por ejemplo en el artículo "Demo-
"Diccionario de l a Biblia". Citemos a nios" (col. 163 s.) se concluye: "Las
modo de ejemplo el vocablo "Paraíso" afirmaciones neotestamentarias sobre
(col. 480-482) .Parece un lugar co- demonios pertenecen a la concepción
mún de la exégesis hodierna derivar del mundo de aquella época y no tie-
"Pardes" del persa antiguo, donde se nen nada que ver con u n a revelación
refería al parque del rey o al jardín obligatoria". Sabemos que negar la
zoológico. ¿No .sería más acertado existencia del "Adversario" es hoy
referirse al sánscrito "Paradesha", una moda teológica bastante difundi-
que significa lugar o región supre- da, pero no por ello menos contraria
ma? Esto nos acercaría al simbolis- a la f e (cf. Pablo VI, alocución del
mo del "Centro deil Mundo". Y el Pa- 15 de noviembre de 1972 y el docu-
raíso, realidad del estado primordial, mento publicado en 1975 por la S. C.
es Centro del Mundo originario, an- para la Doctrina de la Pe, "Fe cris-
tes que Thule o Agartha, Jerusalem tiana y demonología").

- 144 -i
Más -grave aún es lo que se a f i r m a Permítasenos añadir algunas obser-
en el artículo " M a r í a " (col. 399 s . ) : vaciones. L a negación de la historici-
dad de los Evangelios de la infancia
"Contra la interpretación d e u n y su identificación con los mitos pa-
parto virginal ¡históricobiológico, se ganos revela la mentalidad típica de
han propuesto las siguientes objecio- la crítica del protestantismo liberal.
nes: a) Los Evangelios de la infancia * E l hecho de que otros escritos neo-
no son relatos históricos, sino n a r r a - t e s t a m e n t a r i o s n o se r e f i e r a n al p a r -
ciones (midrasáhim) que quieren a f i r - to virginal, en modo alguno puede
mar la significación salvadora de Je- ser argumento p a r a negarlo. P o r úl-
sús. b) Les sirven de ejemplos anti- timo, la afirmación de que " u n a t a l
guos mitos; de dioses que engendran intervención m i l a g r o s a de Dios no es
hijos con seres humanos, c) A p a r t e sostenible desde el .punto de vista
de estos Evangelios de la infancia, el teológico" es plenamente gratuita, e
N T (.principalmente Pablo y Marcos) insostenible en sí misma. Precisamen-
desconocen por completo el parco vir- t e la teología catplica con unanimi-
ginal. d¡) U n a t a l intervención mila- dad ha sostenido desde siempre lo
g r o s a de Dios no es sostenible desdo contrario.
un punto de vista teológico. E n todo
caso, l a discusión sobre el parto vir- Todo esto d e m u e s t r a lo qué seña-
ginal h a puesto en claro su único sig- lábamos a n t e r i o r m e n t e : E s t o s exége-
nificado teológico i m p o r t a n t e : el na- ta,s inficionados de libre examen pres-
cimiento de J e s ú s es el signo obrado cinden con t o d a tranquilidad de la
por el Espíritu, de un nuevo comien- auténtica Tradición católica, e inclu-
zo e n l a historia de la salvación (cf. so de las definiciones dogmáticas y
Gen. 1,2). E s t a n u e v a acción de Dios, enseñanzas infalibles del Magisterio.
e s t a nueva f o r m a de e s t a r "Dios con
nosotros", e s el m i l a g r o : el signo del E l Evangelio r e s u l t a t r a n s f o r m a d o
parto virginal de J e s ú s e s t á por en- en u n a novela con " m e n s a j e " . No in-
t e r o al servicio de la cristología y la t e r e s a el "en sí" de la realidad his-
soteriología" (col. 400). tórica, sino el subjetivo " p a r a mí"
d é lo que e n e s t e caso se denomina
•Señalemos e n p r i m e r l u g a r la a m - "signo". Ahora bien, si ñor ejemplo
bigüedad del lenguaje, que y a San la Resurrección de Cristo no f u e s e
"Pío X indicaba como característica una realidad e n 1 a historia, sería
de los modernistas. "Se proponen" i r r e a l también n u e s t r a redención y
objeciones anónimas, icón las cuales la resurrección a la que e s t a m o s des-
el a u t o r ciertamente e s t á de acuerdo. tinados. .'Si la Virginidad de María, es
sólo un "signo", si se pudiera a f i r -
E n segTindo término, por más que mar, como lo h a c e Bauer (cf. MI-
e n u n p á r r a f o a n t e r i o r e.1 A. hable K A E L 11, ,p. 122), que J e s ú s "tuvo
de "la concepción de J e s ú s por el Es- u n p a d r e humano", entonces María
p í r i t u Santo", aludiendo a Is. 7, 14, no es Madre d e Dios, .ni Cristo es
no se limita ia ne.gar la virginidad de Dios, y n o s o t r o s . . . "¡somos los m á s
M a r í a " i n p a r t u ' ' , sino que a f e c t a la desgraciados de todos los h o m b r e s ! "
m i s m a concepción virginal. E n efec- (1 Cor. 15, 19), porque " v a n a es nues-
to, en el artículo "Virginidad" (col. t r a f e " (id. 14).
627) el A. se preocupa e n hacer desa-
parecer la "virginidad" de la p r o f e - No podemos comentar con sereni-
cía mesiániea de I s a í a s : "Parece que dad e s t a s negaciones .pseudocientífi-
en el ámbito del antiguo oriente no cas, capciosas y solapadas de la Vir-
se poseía ninguna palabra especial ginidad de María, porque cuando la
p a r a designar a la muchacha inviola- tocan a Ella sentimos, como decía e l
da: betulah (LXX e n general parthé- correntino, que nos están "mentando
nos) sale con frecuencia como epíteto la madre". P o r ello, .aunque e n e s t e
dé l a diosa u g a r í t i c a A n a t que se libro h a y muchos aspectos interesan-
veneraba como aiosa de la fertilidad, tes, que suponen u n esfuerzo merito-
por tanto la p a l a b r a significa más rio, no podemos recomendarlo a los
bien juventud y poder de u n a diosa". católicos. No podemos recomendarles

- 145 -i
un libro donde la Virgen Madre apa- fensa de la f e católica contra atrevi-
rece confundida con "la diosa ugarí- dos innovadores de la doctrina t r a -
tica de la fertilidad". dicional y la exposición de s u doctri-
na espiritual en favor de las almas
ansiosas de perfección.
P. ALBERTO EZCURRA
Si bien no pudo vivir en aquel re-
nombrado monasterio donde se en-
contraba su maestro, la admiración
afectuosa que le profesaba permitió-
le terminar sus días escribiendo "La
GUILLERMO D E S A I N T - Vida de S a n Bernardo". Pero sólo
THIERRY, De la Contempla- alcanzó a redactar los primeros capí-
ción de Dios. De la Naturale- tulos, ya que la hermana muerte lo
za y de la Dignidad de/1 Amor. condujo al Seno de Aquél en el cual
La Oración, Puibl. del Monas- "vivimos, nos movemos y existimos"
terio Ntra. Sra. de los Ange- (septiembre de 1148).
les, Azul, 1976, 184 ipgs.
Guillermo de Saint-Thierry buscó
insaciablemente a Dios. " E s t a bús-
queda amorosa de Dios le hace escri-
bir sus pensamientos para entregár-
C o n este primer libro comienza, selos a sus hermanos. Siendo abad
como anota el editor, "la serie Pa- de Saint-Thierry compuso los presen-
dres Cistercienses, la cual estará de- tes tratados 'De la Contemplación de
dicada a la publicación de las obras Dios', 'De la Naturaleza y Dignidad
de los principales autores del 'Siglo del Amor', 'La Oración' " 15). Es-
de O r o' cistereiense —siglo XII—, t á n escritos e n f o r m a de meditación
cuya experiencia y doctrina espiri- y oración. Son como confidencias del
tual dio peculiar impronta a la en- alma.
tonces naciente Orden 'del Cister".
Creemos conveniente d a r algunos De la Contemplación de Dios está
datos biográficos del A. Guillermo de dividido en dos partes. La primera,
Saint-Thierry nació en Lieja (Bélgi- más vehemente e íntima, t r a t a del
ca), de u n a familia noble, hacia el "itinerario del alma a Dios". Empie-
año 1070. Tomó el hábito monástico za con una suerte de invitatorio li-
en la Abadía de Saint-Nicaise de túrgico, convocando al alma, a la con-
Reims. E n 1121 llegó a ser abad de templación de Dios: "Venid, subamos
Saint-Thierry, cerca de Reims. De a la montaña del Señor, y a la casa
constitución algo delicada, e r a un del Dios de Jacob. El nos enseñará
monje piadoso y exigente; amaba la sus caminos. Venid: atención, inten-
soledad y el silencio. Al mismo tiem- ciones, voluntades, pensamientos, a-
po poseía un espíritu voluntarioso, fectos, y todo m i interior, subamos
viril y magnánimo. Vivió siempre pa- al monte en que Dios ve y es visto.
r a Dios. "Se sabe 'teólogo', pero por Y vosotros: cuidados, solicitudes, an-
encima de ello es u n contemplativo" siedades, trabajos, sufrimientos de la
(P- 15). esclavitud, esperadme aquí con el as-
no —este cuerpo—, hasta que yo y
Su amistad con San Bernardo des- el niño —mi razón y mi inteligen-
pertó en su corazón el ardor y la sed cia^— lleguemos allá arriba y después
de Dios, como sólo los santos saben de haber adorado, volvamjs a voso-
comunicar. Mantuvo con él relaciones tros" (l?1 parte, cap. I, pp. 33-34).
epistolares. Y porque tuvo su mismo
espíritu lo representó en muchas a-
En la segunda parte prosigue sus
badías, acompañando al s a n t o de
análisis de la perfección del amor, pe-
Clairvaux e n la reforma de la Orden
ro ahora aborda este tema desde el
Cistereiense, recientemente fundada.
vértice de su contemplación, ya que,
Durante los últimos años, su acti- como bien dice la autora de la intro-
vidad se vio repartida entre la de- ducción, "para captar la unión de amor

- 146 -i

/
e n t r e Dios y el hombre es necesario nos permitido e n t r a r e n contacto con
elevarse h a s t a el centro diel misterio u n a fuente' tain r i c a de la espirituali-
trinitario, h a s t a la consustaneialidad, dad monástica.
la 'homousios' de las Personas divi-
n a s " (p. 30).
PEDRO MARTÍNEZ
De la N a t u r a l e z a y Dignidad del
Amor es u n t r a t a d o en el se Seminarista de la Arquidióce-
m u e s t r a el camino que deben seguir sis de Mendoza, 3er. Año de
las " a l m a s novicias en el a r t e de la Filosofía.
oración". Em su m a g i s t r a l exposición
sobre e l desarrollo de l a vida -de la
gracia el A. deja t r a s l u c i r sus nota-
bles condiciones de m a e s t r o espiritual. GUILLERMO DE SAINT-
E l t e m a e s " l a génesis y crecimiento T H I E R R Y , Diálogo con Dios.
d e l a m o r ' ' (intr. p. 77). Comparando Sacramento del altar, Publ.
•los estadios del a m o r con las e t a p a s del Monasterio N t r a . Sra. de
de la vida del hombre, escribe: "Del los Ángeles, Azul, 1977, 329
mismo modo, e n efecto, que siguiendo pgs.
•el crecimiento o 'el desgaste de las
edades d e la vida, el miño se hace
joven; el joven, hombre m a d u r o ; el
hombre maduro, viejo; cambiando de
n o m b r e s a medida i n s cambia de cua- U n a vez m á s l a serie " P a d r e s Cis-
lidades, así, s e g ú n el progreso de las tercienses" nos ofrece o t r a obra de
virtudes la voluntad al desarrollarse uno de los principales autores del
se t r a n s f o r m a e n amor, el amor es Cister. E n ella se r e ú n e n dos obras
caridad, la caridad es sabiduría" (p. de Dom Guillermo, quien nos h a le-
88). gado e s t a s p á g i n a s e n las que r e f l e j a
su a p a s i o n a d a e insaciable espiritua-
El tercer t r a t a d o es el de La Ora- lidad al mismo tiempo que un g r a n
ción. "Como es u s u a l en él —leemos conocimiento de la E s c r i t u r a y de los
e n s u introducción—, la p l e g a r i a y la P a d r e s de la Iglesia. L a finalidad de
reflexión se entremezclan con piado- s u s escritos aparece clara desde las
sa unción an ese insaciable deseo de •primeras p á g i n a s y a lo largo de to-
Dios que c a r a c t e r i z a ai nuestro au- d a la obra. Especialmente en Diálo-
t o r " (p. 163). E l f i n que en e s t e bre- go con Dios, a l que limitaremos nues-
ve t r a t a d o se propone es saber dón- t r o comentario, e l A. nos da u n evi-
do e s t á Dios, o dónde se lo puede dente testimonio de s u afanosa bús-
encontrar, o cuál es su l u g a r : Maes- queda de Dios. B'iísqueda con mu-
tro, ¿dónde h a b i t a s ? A lo que res- c h a s vicisitudes. "Amo el amor de t u
ponde: " E s t a localización es la uni- amor", dice en una ocasión, lo que
d a d del Padre y del Hijo, la con- implica una experiencia m u y vivida
sustaneialidad de la Trinidad" (p. del .amor de Dios, con su consiguien-
169). te paz y alegría. Mientras que en
otras p a r t e s de sus meditaciones Gui-
T r e s t r a t a d o s espirituales llenos llermo r e f l e j a u n agobio enorme, y a
de contenido en los que el A. se ex- por s u s achaques físicos, ya por la
presa con u n l e n g u a j e místico. La dureza de su soledad (cf. Med. X I I
introducción general y las propias de y XIII, respectivamente).
cada uno de ellos facilitan sin duda
la comprensión de los mismos. A lo Consideremos algunos aspectos de
largo de e s t a s p á g i n a s se nos des- su espiritualidad.
cubre aquella alma e n a m o r a d a de
Dios, que f u e Guillermo de Saint- La miseria h u m a n a purificada por
Thierry. el dolor es el camino para la paz y
el amor. El contemplativo experimen-
Agradecemos al Monasterio de t a corno nadie la compunción por sus
N t r a . Sra. de los Ángeles el haber- pecados en lo m á s íntimo de su s e r

- 147 -i
con su luz. Así, por ejemplo, la "ru- En la soledad y el contacto con. la
y éste es el punto de partida que lo Palabra divina se encuentra a Dios.
lleve al amor, ' - a volurtiad del hom- El icistercdense, ebrio de Dios-, asu-
b r e donde reside el amor, es tomada, me des-de su conversión) u n serio
" t o c a d a ' por Dios, y por Él confor- •compromiso: l a búsqueda de D-ios a
mada plenamente a su imagen y se- través de su Palabra. Todos los m o -
mejanza. Dios no- se d e j a vencer en nasterios deibeirán poseer e¡n el claus-
¡generosidad. Cuando el hombre se en. tro un lugar apropiado p a r a que
trega, Dios no se hace esperar. Sin allí esté expuesta l a Biblia. Gracias
embargo para alcanzar a Dios muchas a este instrumento para la "lectio-
veces se debe t r a n s i t a r por el cami- meditatio", y e-n este lugar santo,
no del dolor. El dolor es signo de la e-1 mo-nje se v a capacitando- para ser
predilección divina, quizás la prueba vivificado por el Espíritu Santo, p e r -
m á s grande del amor de Dios, que es mitiendo así que termine en su co-
"nuestro Padre". Esto no siempre se razón la Palabra de Dios.
comprende: "Señor ¿qué te ha desa-
gradado de m í ? —pregunta el A.—; A través de la oración perseveran-
¿ por qué no juzgar a t u siervo ? An- te, a veces árida, difícil, esforzada,
t e el obsequio ¡de la pecadora dijis- Dios nos -conduce a. la luz. De este
te: 'Ha hecho lo que ha podido'. modo nos va llevando como -de la
¿ Acaso no hice yo lo que pude ?; pa- ¡mano a la plena revelación de su
ré'ceme incluso haber excedido mis amor, lo ¡cual es resultado de un lar-
fuerzas. Respuesta del Señor: 'Hijo go y píen-oso proceso; de interiori-
mío, no desdeñes la disciplina de tu zación y de ascensión -e-n espiral,,
Padre, ni te abatas cuando te con- -proceso que d u r a toda, la vida.
tradice, pues el Señor castiga al que
ama, azota a quien adepta por hijo La meditación, en cuanto ejerci-
suyo. ¿Qué hijo hay a quien no- le cio, es siempre igual, pero existen
•corrija su P a d r e ? . Si te encuentras variedad ¡de contenidos, cambios de
f u e r a dle la disciplina no eres hijo alturas, horizontes nuevos, .aires más.
sino b a s t a r d o ' " (p.p. 224-225). puros, energías más vivas, hasta lle-
gar al punto culminante de 1-a su-
E-1 "venid a Mí" -se gritó a todos, bida: la experiencia del amor de
enseña Dom Guillermo, más no a to- Dios y, a través- ¡de Él, necesaria-
dos -es -da-do el venir. -El sufrimiento mente del próji-mo.
es, pues, signo de elección; -el ele-
gido es preferido -por Dios a otros Guillermo nos m u e s t r a cómo Dios
que se tienen por ricos y poderosos. hace sentir .en sus predilectos la f u e t -
Así s¡e explica que ©1 progreso en la ea de su palabra. Usía produc-j mía
vida espiritual necesariamente debe resonancia en ©1 corazón: es la " e r u p -
ir acompañado -del -dolor. " S u f r í f a t i - tatio". Los sermones del A., su
g a s y conviene que t ú 1-a-s s u f r a s " "eruptatio", no son sino ¡el eco de la
(p. 226). "La caridad da la suavidad- Palabra de Dios que h a resonado en
a mi yugo y la ligereza a mi carga. e)l fondo de su alma, así como esa
Si tuviera-s ¡caridad sentirías esa -sua- -misma Palabra provocara antaño los
vidad" (p. 225). Con estas pal-abras llamados " r u p t u s " en los autores
que el A. -pone en boca del Señor inspirados.
se nos declara el meollo, el secreto
del sufrir. Pero a la caridad se- llega
por la obediencia; abrazando la obe- La característica fundamental de
diencia arribamos al amor, por éste a los escritos de Do-m Guillermo, como
la paciencia y finalmente a la fideli- de l¡os demás autores cistercienses del
dad. Así este -gran maestro espiritual alto medioevo, es el matiz intensa-
nos .presenta en su di logo la m-eta mente bíblico. Tales escritos son el
del sufrimiento. "Fortaleza mía, com- resultado de una continua "rumina-
-dece-ie <im mi debilidad y que mi fla- tio", rumiación. El A. hace ver cómo
queza, sometida a tu servicio, sea tu la palabra de Dios, -a-1 penetrar en el
gran gloria. Amén'' (p. 228). interior del hombre media-nte la as-
oesis y la soledad, fe-cunda -el alma

- 148 -i
minatio" de una pasaje de la vida •("fruitio"), que equivale a la sabidu-
de Cristo es el instrumento para in- ría o "sapientia".
gresar em la mística del Verbo. Ad-
vertimos de este modo, cómo a través 'Creemos que- e s t a joya de la litera-
del ejercicio meditativo, independien- t u r a cisterciense es un valioso aporte
temente de las bonanzas o de espesas en materia d e espiritualidad. El con-
tinieblas, el ¡hombre espiritual logra tacto de estos "autores místicos no
atravesar todos los periodos de pu- ¡puede d e j a r de- promover un firme de-
rificación de los sentidos, pasiones y seo de incoar el "diálog'o con Dios",
veleidades. Y de' este modo llega a .preludio del "cara a. cara" de la eter-
la meta, l a experiencia vivida del nidad.
Amor divino en el fondo de su ser.
Es el premio a su fidelidad. RICARDO L. ADRIEL

Cerremos este apartado apuntando Seminarista de la Diócesis de


un aspecto muy apreciado en la espi- Gualeguaychú, 2? Año de Teología
ritualidad d e 1a. familia cisterciense.
L a s Sagradas Escrituras han de. leer-
se no sólo en privado sino también en
común, reactualizámidose así en toda
su intensidad el "buscar ccta" del re- ^HOMAS MC. IAN, Mentiras
lato de Emaús. Pero para ello se re- del Mundo Moderno, Cruz y
quiere que reine entre los monjes una Fierro, Buenos Aires, 1976,
estrecha amistad sobrenatural, como 214 pgs.
en el caso de San Bernardo y Gui-
llermo.

Conocimiento experimental de Dios E s t a r "formado" es más impor-


a partir de su amor. Dom Guillermo tante que estar "informado''. El hom-
establece u n a curiosa analogía entre bre carente de una "forma interior",
la sensación y el conocimiento-expe- de una cosmovisión unifieador¿i, es in-
riencia. Así, hablando del "sentido capaz de una asimilación crítica de
del amor'' dice que el alma es como la información y se ve reducido a una
una especie de placa que vibra a n t e materia puramente pasiva, apta para
los objetos que la afectan, y tales recibir todas las deformaciones que
impresiones transmutan de a l g ú n quieran imprimirle los medios masi-
modo al sujeto en la naturaleza de vos de comunicación. Inepto p a r a la
lo que experimenta. De aquí la im- Verdad liberadora, su libertad resulta
portancia de la caridad: el amor mis- anulada por los condicionamientos
m o es conocimiento, "amor ipse in- que fe imponen la desinCo.rmación, la
tellectus est", el amor tiene la llave moda, la "opinión pública", y que
del conocimiento más profundo. Al tienden a convertirlo en número, ma-
decir de San Pablo, "contemplando sa, cliente o rebaño.
la gloria del Señor, nos transforma-
mos en su misma imagen" (2 Cor. 3, D e aihí la importancia de este libro,
18). Guillermo afirma que e! amor es guía pedagógica para la adquisición
como el sentido del alma (cf. p. 104). de un hábito intelectual capaz de "de-
Conocimiento, amor, deificación: "¡Oh sentrañar la' verdad, sumergida entre
•caridad, caridad, que hasta aquí nos la ¡escoria periodística". La intención
has traído para que amando a Dios del A. es clara:
y al Hijo de Dios, nos llamemos y
seamos dioses e hijos de Dios!" (p. — "Despertar ¡el espíritu crítico del
105). lector, ante 1 o s constantes bombar-
deos de noticias falsas, deformadas o
deformantes.
A'l conocimiento sabroso de la Es-
critura ayuda no poco el Espíi-itu San- — "Iniciar una propedéutica del di-
-to, f r u t o del Amor del Padre y el fícil a¡rte de leer los diarios, la 'Biblia
I-Iijo. El Espíritu, por su iluminación dial hombre moderno', lo que presu-
produce en la creatura un saboreo pone t r a n s f o r m a r la noticia anónima,

- 149 -i
a m o r f a y -masificada en un evento vi- mate -al apellido del M<c. Ian chester-
vo y orgánico, que- adquiere sentido ton-iano, aquel escocés- -dispuesto a ba-
gracias a su -en-cuadramiento en un tirse- por l a restauración del Rey ca-
contexto iluminador e interpretativo. tólico o por .eil honor ultrajado, de la
Virgen Madre, Reina de- -los Cielos.
— "Hacer conocer aquellos hechos
de l a historia contemporánea poco A. E.
conocidos o que gozan de escasa o
ninguna prensa en, razón d e la orien-
tación 'progresista' de la información
mundial ( . . . ) .
J-OSE LUIS D»E. URRUTIA S.
— "Deducir de la concatenación e J., Nuevo Devocionario. Guía
interrelación de esos sucesos oculta- de Caminantes, 2^ edición, Ed.
dos y poco difundidos, el formidable Studium, Madrid, 1976, 704
avance de la Revolución Mundial en pgs.
el campo de l a cultura y de la infor-
mación" (pp. 8-9).

El método del A. consiste, en la re- Gracias a Dios se va llenando el


producción de i n formaciones perio- vacío que hasta hace poco tiempo
dísticas "-claves", se-guidas de comen- imperaba ¡en materia ¡de Devociona-
tarios breves e incisivos, apoyados en rios y libros de piedad. El libro
rica e inobjetable documentación. El del P. U r r u t i a -que tenemos ¡entre
cuerpo de la obra lleva el significa- manos nos lo -confirma. E l A. es di-
tivo título de "Diccionario de un Ru- rector ¡de- -diversas revistas, en espe-
miante" y constituye una ágil vivi- cial d'e- la revista internacional del
sección de las corrientes disgregado- Apostolado de la Oración ("RC"), y
r a s del mundo moderno. Obra contra- ha ¡escrito numerosas obras de espi-
corriente, -de -gran utilidad p a r a de- ritualidad, principalmente en torno
velar aquella realidad señalada otrora al inagotable tema del Sagrado Co-
por Benjamín Disraeli, en un famo- razón. Con ¡el presente -libro entronca
so pasaje de "Coningtsby": "El mundo en la l a r g a tradición de cuatro si-
está manejado .por otros personajes, gilos ein -el -curso- de los cuales la
que no imaginan aquellos cuya- mira- Compañía de Jesús puso -en manos
da no llega 'hasta detrás de los bas- ¡de los fieles' tantos devocionarios
tidores" (cit. p. 125). para alimento -d-e la piedad, y nos
ofrece "una guía completa de las
El libro resulta enriquecido por la prácticas fundamentales para el ca-
inclusión, -de ocho- -apéndices más ex- tólico auténtico'' (Presentación, p .
tensos, entre los cuales cabe destacar 15).
la tremenda y conmovedora historia
-d-el martirio del Cardenal Mi-ndszen- Eso es, ni más ni menos, el "Nue-
ty, l a excelente radiogi-afía de Ki- vo Devocionario": un libro cotidiano,
ssin-ger, quien apare-ce» como encarna- con los ¡elementos principales de la.
do reflejo de la f i g u r a típica de Ju- liturgia, oraciones para diversas cir-
liano Fielsienfour.g (e-1 Antieri-sto de la cunstancias, instrucción elemental
novela dle R. H. Bension) y el humor para los laicos en todo lo que hace
de primera calidad con que ell A. ha a su relación con Dios, a su re-ligión,
coleccionado y -engarzado en imagina- y con ¡el -prójimo ¡en vistas a lle-
r i a entrevista la hueca fraseo-logia de varlo hacia Dios. E s t á perfectamen-
alguna -celebridad -de n u e s t r a política t e actualizado ein lo que toca a -las
reformas litúrgicas- (incluyendo un
casera.
calendario y cuadro de fiestas movi-
bles), al Santoral (con interesantes
Verdad y Humor pa,recen ser las etimologías de los nombres), a las
características de quien h a reunido indulgencias, e incluso a la biblio-
en su .pseudónimo el nombre del Aqui- grafía, añadiéndose e¡n apéndice una.

- 150 -i
m u y oportuna "Biblioteca católica bá- la praxis, f u n d a m e n t a l m e n t e econó-
sica". mica. Analiza los resultados negati-
vos de la política a g r a r i a cubana y
E n fin, e s t e libro ha sido recomen soviética y l a crisis económica de
dado con énfasis por el Cardenal la I n g l a t e r r a laborista. A f i r m a que el
Primado dle E s p a ñ a , Mons. Marcelo crecimiento chino no se debe al so-
González 'Martín. " E n e s t e Devociona- cialismo, sino al aporte n o r t e a m e -
r i o h a y doctrina que instruye, unción ricano, señalando a los E. U. como
que eleva, a r m o n í a que ayuda a es- reales y eficaces aliados de los paí-
cuchar con gozo- las l l a m a d a s que ses socialistas. Desmiente la. reali-
la Iglesia de la santidad hace desde dad del socialismo sueco, al señalar
la rica interioridad d e su v i d a " . . . que e n Suecia- el 95 % de la t i e r r a
" L a l i t u r g i a y el credo e s t á n t a m - y el 90 % dé l a industria se ha-
bién aquí, e n este pequeño y her- llan e n mamios privadas. En todo es-
moso libro. E s t á n e n f o r m a de de- to se puede señalar u n análisis claro
voción y p r á c t i c a piadosa o en f o r - y pragmático, a l que se suma el
mulación doctrinal que instruye y aporte de datos interesantes.
clarifica, o 'en invitación seria y amo-
rosa a la purificación ascética. U n a
devoción sin f e se convierte e n su- El proyecto del A. se r e f i e r e a
perstición y m a g i a ; u n a fiq, s i n pie- n u e s t r o continente y gira sobre dos
dad y devoción vividas y m a n i f e s t a - ejes: la integración económica, po-
das con l a corrección que- la Iglesia lítica y social de Iberoamérica y u n a
desea, ni s e concibe siquiera en un economía de mercado, bajo la¡ cual
hombre que quiera h a b l a r con Dios é s t a debe realizarse. Como modelos
desde la 'sencillez interior de su al- de éxito, opuestos a. los f r a c a s o s so-
m a ( . . . ) o a y u d a r s e en su oración cialistas, ofrece los "milagros eco-
y e n s u lucha contra el p e c a d o . . .". nómicos" de Brasil, España, Taiwan,
Alemania Occidental y Japón, dete-
"A todo ello —concluimos con el niéndose de modo particular en el
Sr. Arzobispo d e Toledo— contribui- estudio de este último.
r á m u y eficazmente' este Devociona-
rio". La mayor p a r t e del libro se desti-
n a ,a analizar los dos aspectos del
JORGE BENSON proyecto y procura deshacer por an-
¡Seminarista de la Arquidióce- ticipado objeciones fácilmente pre-
sis d e P a r a n á , 1er. Año de visibles como los peligros de la in-
Teología. versión e x t r a n j e r a , de las empresas
Traiisnacionailes, refiriéndose t a m -
bién a los efectos del estatismo o
del r é g i m e n de propiedad privada.
L U I S PAZOS, E l f r a c a s o del
socialismo, Tradición, México, Por cierto no nos resulta posible
1976, 219 pgs. aceptar t o d a s las afirmaciones del
A. Como ésta se sitúa principalmente
en- e l nivel económico, r e s u l t a r í a f u e -
r a de l u g a r oponerle' las t r e m e n d a s
E s t e libro constituye la segunda falencias que p r e s e n t a n en otros pla-
edición, corregida y aumentada, de nos algunos d e Jos países señalados
la obra t i t u l a d a " P r a x i s p a r a ei de- como modelos. Limitémonos a seña-
sarrollo" (México, 1975). Ambos tí- l a r el trágico vacío espiritual ca-
tulos ofrecen l a síntesis del conte- racterístico d é Suecia. y Alemania,
nido, e n sus dos facetas, crítica la o el desorden que hoy a f l o r a e n u n a
u n a y expresión la o t r a de las solu- E s p a ñ a que pecó de autosatisfacción
ciones y proyectos pz-opuestos por durante 1 muchos años de paz y desa-
el A. rrollo materiales.

La f a c e t a crítica se r e f i e r a al f r a - Desde el punto de vista de la doc-


caso del socialismo en el orden de t r i n a social católica, podemos reco-

- 151 -i
nooer al A. la buena intención de de- y la Fundación Rockefeller, son váli-
fender y promover las aplicaciones das p a r a toda Iberoamérica, continen-
prácticas del importantísimo princi- t e len leí »que coinciden l a presencia
pio de subsidiariedad. Pero si éste no d e abundantes recursos no» explota-
resulta equilibrado con los no menos dos, o mal explotados, con un índice
importantes de la totalidad y el bien bajísimo d e densidad demográfica.
c o m ún, queda abierta una, amplia
senda al liberalismo, en sus aspectos E n el capítulo dedicado a la educa-
políticos y económicos. Y éste es sólo ción resume e-1 A. los cinco "conoci-
u n a etapa en el camino de la Revo- mientos" básicos quei constituyen el
lución y alimenta las raíces del so- dogma ofiicial contenido e n los. textos
cialismo y del comunismo, aunque únicos obligatorios:
-hoy, disfrazado y renovado, se pre-
sente a muchos como una opción, a "I. lAmimal y 'hombre s e hallan len
la que no podemos menos que califi- ell mismo plano. E l espíritu no existe.
car de fraudulenta. II. La religión e s producto d e la. igno-
rancia. III. »El que tiene algunos bie-
nes (privilegiado) explota al que no
A. E. tiene. IV. La guerrilla alienta "idea-
les d e justicia". V. Habrá justicia so-
cial en México cuando, triunfe, y se
implante el marxismo, que ya t r i u n f ó
en la URSS, en iChina y en Cuba'
SALVADOR BORREGO E., (P- 45).
México cautivo. Diez engaños
y una verdad, Tradición, Mé- Los. productos de esta educación
xico. 1976. 96 pgs. son lógicamente similares a los que
•durante largos años nos ha venido
ofreciendo la Universidad argentina.
El capítulo onceno resume, los diez
anteriores y expresa, a título dle con-
El A., conocido ya entre nosotros clusión, la verdad anunciada desde el
por sus libros "Derrota Mundial'' (23 subtítulo de la obra: "La. única rea-
ediciones) y "América peligra" (5 lidad. . . es» quei México vive» como
ediciones), procura en. las breves »pá- •país cautivo" (p. 2) y »este cautiverio
ginas d e esta obra demoler el mito "debe irse haciendo c a d a vez más
de la Revolución Mexicana. Mito de completo, más» cerrado., más infran-
trágicas consecuencias para el orden queable''. Tal es la consigna de la Re-
interno »de la nación hermana, fa- volución Mundial.
chada que sirve también co»mo enga-
ñabobos para la exportación.
A. E.
Diez sintéticos capítulos que» des-
nudan con lacietrtoi las tremendas men-
t i r a s y las desastrosas consecuencias
de i45 ¡años die f r a u d e b a j o l a omní- J U A N E S Q U E R D A BIFET,
moda dictadura del Partido Revolu- Teología de la espiritualidad
cionario. Institucional. De especial in- sacerdotal, La »Editorial Cató-
terés resultan los referidos a la situa- lica (B. A. C-), Madrid, 1976,
ción económica, y ien particular a la 375 pgs.
Reforma Agraria, bandera favorita de
Obregón, Calles y Lázaro» »Cárdenas,
•absoluto fracaso en el orden de la
producción, pero útil instrumento pa- ".El Vaticano II es un punto de par-
r a mantener bajo la sujeción del tida. Las líneas sobre la espirituali-
Partido a millones de ejidatarios. dad sacerdotal son pistas de trabajo
que hay que recorrer para construir
Las observaciones sobre la política •el .estilo del sacerdote actual y del
antinatalista patrocinada por la ONU f u t u r o " (p. 380). A pesar del carác-

- 152 -i

/
t e r terminante-del los documentos con- concretamente, con gran profundidad
ciliares, en el primer decenio postcon- teológica, y yo diría con piedad, la
cil.iar ®a ha producido una crisis muy espiritualidad, la vivencia que se de-
honda, f r u t o quizás de malas inter- riva del ser sacerdotal, y cómo el sa-
pretaciones, <3© parcializfaciomles o de cerdote ministro "no' tiene o t r a razón
f a l t a de elementos de juicio. Pero en de ser que la de sensibilizar a Cristo
-el fondo esa crisis es producto de Sacerdote, Buen Pastor, y unir a los
f a l t a de f e y por lo t a n t o de identi- fieles con Cristo p a r a adquirir la fi-
dad. E n una siooiedad que busca lo sonomía d e hijos de Dios" (p. 95).
inmanente, ¿ qué sentido tiene en ella La tendencia a l a santidad aparece
un testigo délo sobrenatural?, "en uin como un preisupuesto' esencial; de ahí
mund'o que cambia, ¿qué estilo co- que "el no tender seriamente, hacia la
rresponde a la existencia sacerdotal santidad sacerdotal, sería una inau-
y cuál es su razón de ser y su lugar tenticidad que produciría desequili-
en la Iglesia, Pueblo de Dios ? " (p. 4). brio y f a l t a de identidad" (p. 188).
"Por lo que somos, p o r lo que hace-
Sin embargo este tiempo de crisis mos y por lo quei recibimos, nos' urge
sirvió p a r a una mayor profundización y es posible s e r santos" dice el A.
del tema "sacerdocio": los Papas, es- (p. 194).
pecialmente ieili actual, no h a n dejado
pasar ocasión p a r a exhortar al clero De todas las virtudes quei esta san-
•a la fidelidad; los Obispos h a n publi- tidad «nnone (obediencia, pobreza,
cado a este respecto numerosas car- humildad, v i r g i n i d a d . . . ) el A. pone
t a s pastorales; el Sínodo Episcopal curiosamente e,n primer lugar la acti-
da 1971 (en el cual el A. t r a b a j ó co- tud dialogal: la 'disponibilidad al diá-
mo perito) abordó el t e m a y dio a log-o es esencial, el objetivo es la evan-
luz un i m p o r t a n t e 'documento; los gelización, "la fuindamentación es la
teólogos1, han investigado con seriedad palabra, d e un Dios-Amor, quien ha
los distintos aspectos de la vida sa- iniciado ¡el diálogo 'habitando entre
cerdotal. nosotros'; el ministro es un instru-
mento y una continuación, de, este diá-
"Tal vez la originalidad d e la pre- logo del Verbo encarnado" (p. 205).
s e n t e síntesis, nos dice el P. Esquer-
da en la, introducción, es el querer E s una visión arquitectónica de la
abarcar todos los temas sacerdotales vida espiritual del sacerdote, b u e n
de espiritualidad, sin olvidar las cues- pastor, hay una persona que no puede
tiones problemáticas actuales y los dejarse de lado si realmente se quie-
estudios realizados en el primer de- r e s e r d e veras sacerdote según Cris-
cenio postconciliar... He recogido to: es María Santísima, Madre, ejem-
también las preocupaciones y expe- plo y colaboradora del sacerdote. En
riencias encontradas durante estos efecto "la espiritualidad sacerdotal
años postconiciliares en todas las lati' m a ñ a n a no es un adorno, ni siquiera
tudes y en contacto con sacerdotes de un complemento de la espiritualidad
toldas las razas, lenguas, edades y mi- sacerdotal general, sino que es un
nisterios'". Por ello esta obra es prác- aspecto integrante de la misma, pues-
ticamente el primer tratado completo to' que María es p a r t e integrante del
de teología sobre la espiritualidad sa- misterio d e Cristo anunciado, presen-
cerdotal. ¡Se p a r t e de una idea cemi- cializado, comunicado y vivido por el
t r a l : Cristo, Hijo de Dios, Hermano sacerdote. La caridad pastoral es una
nuestro, Cabeza y Mediador, Saicerdo- imitación de los sentimientos y dis-
ta y Víctima, eis la f u e n t e de todo ponibilidad del Buen Pastor, quien ha
sacerdocio. A partir de esta realidad asociado y continúa asociando a su
«el A. aborda los temas ya clásicos: Madre a' la obra redentora" (p. 245).
la Iglesia pueblo sacerdotal (cap- A este aspecto de la espiritualidad el
III), el sacerdocio común de los fie- A. leí dedica un, extenso capitulo.
les (cap. IV), el sacerdocio ministe-
rial (cap. V), etc. Ampliamente analiza también el
misterio de la vocación sacerdotal así
Desde el cap. VI en adelante t r a t a como la pastoral que requiere su de-

- 153 -i
tectación y cultivo. Este tema, tan mando los artículo-s-cbiva de cada una
importante, máxime en nuestros días, de las cinco partes -en que se divide
es tratado de manera muy interesan- -el libro- original: existencia, historia,
t e e instructiva. Presenta a la voca- represión, exorcismo y formas.
ción (especialmente l a sacerdotal)
como "una declaración de amor por La existencia de Satán es analizada
p a r t e de Dios" (p. 259). en la Sagrada Escritura y en la Igle-
sia primitiva y patrística. Su historia,
La obra del P. Esquerda que tene- entre los pueblos- paganos y en la
mos entre manos, por su riqueza doc- perspectiva dualista- de. l o s . mani-
trinal, s u claridad a l a Vez que -pro- queos. El capítulo- sobre la represión
fundidad 1 , y por el a-mor con que tra- estudia la obsesión por el tenia que
t a los -distintos aspectos de la viven- caracterizó a los siglos XVI y XVII,
cia sacerdotal, puede convertirse en con s j g r a n mezcla de superstición,,
un útil texto de meditación. Si a sus y analiza los procesos die b r u j e r í a en
méritos intrínsecos añadimos la abun- ambientes católicos y protestantes.
dante bibliografía- que s e añadlei al fin Bajo el título de exorcismo, el Dr.
de cada capítulo, en especial la sín- Jeam Vinchon estudia los aspectos de
tesis valorada y orientada de- la bi- la personalidad diabólica a. través de
bliografía postconciliar (a la cual el los diversos estados de posesión. El
A. dedi-oa un último capítulo), pode- quinto y último artículo contem pía
mos pensar que el deseo y la inten- las formas demoníacas, en las artes
ción de-1 P. 'Esqu-erda pueden hacerse plásticas- de Oriente y Occidente. Se
realidad; es. -decir, "que llegue a for- añade una abundante bibliografía, l a -
mar parte de los estudios (al menos mentablemente no actualizada can
personales) d e cuantos se preparan posterioridad a la edición francesa
p a r a el sacendo-cio- y de cuantos sa- d-e 1948.
cerdotes realizan cursos de renova-
ción teológica (formación permanen- Cabe señalar que, por t r a t a r s e de
t e ) " (intr.). una selección, la visión de alguno -de
estos temas puede parecer incomple-
Manifestar al 'mundo- la alegría de t a o parcial. Corno toda selección im-
la propia identidad presupone- ainte plica un criterio hasta cierto punto
todo el conocimiento de lo que somos subjetivo, se puede l-amentar la exclu-
eto Cristo. P a r a tal fin la síntesis del sión de algunos artículos d-e la obra
P. . Esquerda constituye un valioso original, entre los que- -nos gustaría
aporte. ¡señalar las magníficas: páginas del
P. de To-n-quédé-c S-. J. Aunque por
cierto habría significado' un mayor
RUBEN DARIO MELCHIORI esfuerzo editorial, hubiera sido de de-
Seminarista de la Diócesis d-e Gua- sear l a traducción, completa de "Sa-
leguay-chú, 3er. Año de Teología t a n " que, junto co¡n l a "Demono logie"
de voai Petersdorf, .puede señalarse
entre los mejores tratados sobre el
terna.

VARIOS, Satán. Estudios so- j Pero estas observaciones críticas


bre el adversario de Dios, La- jj no quitan el mérito del libro que co-
bor, Barcelona, 1975, 255 pgs. j mentamos, al que se puede recomen-
dar corno uno de los ¡pocos serios y
confiables, entre la arrolladora ma-
rea -d.e obras estúpidas, peligrosas o
directamente ®atáni-eas¡ que hoy inun-
Este- volumen presenta a los- lecto- dan los escaparates de las -librerías y
res de habla castellana una selección las pantallas de los cinematógrafos.
de los ensayos reunidos por "Etudes
Carmeilitaines" b a j o el título- "Satan"
(Desclé dé Brovrer, 1948). A. E.
La selección ha sido realizada to-

- 154 -

i
ca. Como idiea unificadora se puede
señalar la defensa y fundamentación
G U I L L E R M O PATRICIO metafísica del .derecho n a t u r a l contra
M A R T I N, Introducción al la teoría kelseniana que reduce la.
"Tratado de la Ley'' en Santo ciencia jurídica a una "ciencia d e 1
Tomás de Aquino, Cooperadora derecho positivo o sea del derecho
de Derecho' y Ciencias Socia- creado por los hombres" (eit. p. 11).
les, Buenos Aires, 1976, 73 pgs.
'Señalemos un punto que nos, parece
discutible: al -explicar la causa final
de la ley (pp. 19 ss.) el A. se refiere
E l A., titular de la cátedra de De- a la polémica "primacía de la perso-
recho Natural de la Universidad Ca- na o -primacía del bien común'', seña-
tólica die La Plata, destina este en- lando como exponientes de amibas po-
sayo 'a sus alumnos y lo considera siciones a Maritain y a Charléis de
especialmente útil para los de- Intro- Koninick. Busca luego u n a tereerq,
ducción al Derecho' "como primera vía y, siguiendo al Padre Laichance,
aproximación, a la temática riquísima considera que la controversia es "más-
dial Doctor Angélico". Es una g-uía y semántica que real" y que ha sido
presentación de las cuestiones 90 a agotada por la definición del bien co-
97 de- la "prima sscundae" de. 1a- Su- mún acuñada por F. A. Torresl Lacro-
ma Teológica, cuya lectura —pese a ze, a quien el A. considera su maes-
las abundantes .citaciones— intenta tro. Tal definición es, sin. dud'a, co-
facilitar, y no suplantar. rrecta, pero no pensamos que agote
tan fácilmente la controversia, a la
que no .podemos considerar un mero
El Tratado de la Ley, que sigue al
problema de palabras, sobre todo al
de los actos, humanos y sus .princi-
advertir las consecuencias concretas
pios intrínsecos, fuie redactado por
que ha tenido la posición marifcainia-
Santo Tomás en una perspectiva teo-
na, contra las que el mismo Maritain
lógica. Bu culminación, en efecto, se
reaccionó con violencia en su "Cam-
halla en .las cuestiones referidas a la
pesino del Garona" —aunque sin re-
Ley Evangélica, íntimamente compe-
conocerse causa de tales efectos.
netrada con el tema de la Gracia, a
cuyo estudio específico precede, y en
el que. halla su plenitud toda la visión Creímos conveniente dejar constan-
moral del Aquinate. cia de esta reserva. Ello no nos im-
pide reconocer el valor de esta obri"
El A. tiene clara conciencia de esto, t-a, y señalarla como positiva y reco-
y lamenta que la concreta finalidad mendable.
de .este trabajo lo obligue a. 'omitir el
.tratamiento de la Ley Divina —anti- A. E.
g u a y nueva. Pero aun prescindiendo
de la incomparable riqueza de una
más ampldai visión teológica en el or-
den de la Redenlció-n, los principios de
Santo Tomás son plenamente válidos LEONARDO CASTELLANI,
p a r a iluminar el orden natural, y dt- Elementos de Metafísica,
f u n d a m e n t a l importancia en- ests ed., Penca, Buenos Aires, 1977,
mundo suicida, dondle el Orden está 201 pgs.
amenazado de muerte.
El ensayo sigue el orden de l a ? La primera edición de "Elementos
cuestiones de la Suma, tratando, de) de Metafísica" apareció en 1950, pa-
concepto y esencia de 1.a ley, de sus r a desarrollar el programa de Meta-
clases y efectos, die las leyes eterna, física y Etica propuesto por el Mi-
natural y humana. La exposición es nisterio de Educación -para el curso
clara, y cumple s u finalidad introduc- de Filosofía del sexto año de M a -
toria, relacionando los diversos temas gisterio. El programa oficial se per-
con la hodierna problemática jurídi- dió en el flujo y reflujo de las reso-

- 155 -i
lucioraes ministeriales, en la marea escrita en un espíritu de Adviento,
del cambio permanente que soportan en medio de la oscuridad de un mun-
desde tiempos inmemoriales las po- do ¡cuya "enfermedad mental especí-
bres víctimas de la enseñanza oficial fica es ¡pensar que Cristo no vuelve
en la Argentina Pero el libro sigue más; o al menos no pensar que vuel-
siendo válido, porque la Metafísica ve" (p. 17).
—gracias a Dios— está m á s allá de
los humores pasajeros de ¡gobernantes ¡Conocida es la predilección de Cas-
heraclitianos. tellani por ¡el tema "esjatológico", tal
vez porque le ha tocado sufrir en
Se t r a t a de un "manual", pero no carne propia la Gran Tribulación, y
fabricado a f u e r z a ¡de tijera y ¡cola ha fortalecido en ella ¡su esperanza.
—¡como ¡la mayoría ¡de sus congéneres. La ¡expectación de la venida gloriosa
Los fabricantes profesionales de ma- del Mesías perva.de todas sus obras,
nuales escolares los hacen a s í , sa- científicas o literaria». Quisiéramos
queando en el estudio ajeno. Y luego recordar aquí las que le consagra de
salen a buscar amigos en el Ministe- manera específica:
rio, o profesores que los "recomien-
den". No- es éste el caso. Aquí se ha- — "El Apokalypsis de San J u a n "
lla reflejado el saber de un maestro, (2* ed„ Jus, México, 1967), traduc-
capaz ¡de exponer en ¡estilo ágil y a- ción del original griego y comentario
trayente, a l ¡alcance de ¡l¡os principian- exegético.
tes, el f r u t o ¡de lo asimilado en mu-
chos años de estudio y meditación. — "La Iglesia patrística y la Pa-
rusía" I (Paulinas, Bs. As., 1962), tra-
¡E1 textol explaya los principios fun- ducción comentada y ampliada de la
damentales ¡de la Metafísica, presen- obra del R. P . F. Aleañi? S. J., que
t a un ¡breve panorama histórico de la glosa los principales textos, patrísti-
misma e incursiona en l a Teología cas referidos ai capítulo XX del Apo-
natural y ¡en l a Etica fundamental. kalypsis.
Se completa con una rica selección de
textos, que el A. propone para ejem- — "Los papeles de Benjamín Be-
plo y ejercicio.
navídez" (Jus, México, 1967) donde,
Por cierto no se t r a t a de u n a obra en significativa trama, personajes
p a r a profundización o estudio exhaus- (hasta cierto punto) ficticios sirven
tivo. Pero por su claridad puede¡ ser de soporte a t r a v é s de ¡sabrosos diá-
útil —incluso en el nivel universita- logos p a r a la comprensión de los sím-
rio— para fines de repaso y síntesis. bolos apocalípticos.
Puede también señalárselo como uno
provechosa introducción 'a la Filoso- — " S u ¡Majestad Dulcinea" (2* ed.,
fía. P a t r i a Grande, Bs. As., 1974), novela
¡según nuestro criterio ¡la más logra-
A. E. da de Castellani, inspirada en el "Se-
ñor del Mundo" de¡ R. H. Benson (cu-
ya mejor traducción castellana se de-
be a la pluma del A.). Magnífico ali-
LEONARDO CASTELLANI, mento ¡espiritual p a r a los "cristeros"
Cristo ¿vuelve o no vuelve?, que procuran sobrevivir ¡en fidelidad
2* ed., Dictio, Buenos Aires, los ¡tiempos ¡de la Gran Apostasía y
1976, 300 pgs. la ¡Gran Persecución.

Castellani ¡no es un exégeta "eru-


Un estudio breve y denso en tres dito", a la ¡manera d e los que asesi-
secciones que¡ ¡se refieren a la Parusía, n a n la Escritura sacra, a f u e r z a de
el Anticristo y los signos ¡del Adve- diseccionanlia y ¡desarmarla en piezas,
nimiento. Más una cuarta, donde el bajo el f r í o análisis de la lente críti-
A. intenta aproximarse poéticamente ca. Su ¡exégesis es la de los Padres,
a lo inexpresable del misterio. Obra iluminada por la f e y la contempla-

- 156 -i
ción, plena de bu©n sentido natural la alto, con versación asombrosa y
y sobrenatural, al que se suma su in- seguridad de maestro, los campos va-
mensurable y polifacética cultura. riopintos del peregrinar humano.

Su lectura del Apokalypsis rechaza


la interpretación alegórica, favorita A. E.
de los autores modernos, a la que
antepone l a fidelidad al sentido lite-
ral. E l l a Ta obliga a marchar contra-
corriente en muchos puntos, particu-
larmente en la interpretación de Ap. GUILLERMO R AND LE S. J.,
XX, en el espinoso' problema de> la Oculto y descubierto, Guada-
doble resurrección y el Reino de los lupe, Buenos Aires, 1975, 99
mil años. E n esto se halla en com- pgs.
pañía de casi todos los Padres anti-
guos (incluso el San Agustín prime-
ro) y retoma las orientaciones» del P.
Lacunza ("La Venida del Mesías en
Gloria y Majestad"), extraño, olvida-
do y meritorio exégeta chileno de] E l libro se presenta como " u n a lec-
período hispánico. t u r a de los signos d e los tiempos a
la luz del Evangelio de San Lucas"
Por cierto esta posición le h a vali- y consiste en una serie de "reflexio-
da ataques y menosprecios. Pero e.l nes" sobre diversos textos, evangéli-
A. se ocupa en distinguir claramente cos. El A. sigue en ellas la conocida
el "quiliasmo" carnal, burdo y con- técnica del bandido Procusto, hijo de
denado, del milenardsmo espiritual Poseidón: extiende l a realidad del
que si bien no puede enseñarse con Evangelio sobre sus propios esquemas
seguridad ("tuto doceri non posse":. mentales, p a r a cortar luego lo que so-
P.C.B. 20-VI1I-41) tampoco es lícito b r a v estirar lo cine falta, hasta ob-
condenar o rechazar a prior i (cf, pp tener la exacta dimensión deseada.
67-71). El esquema mental del A. es muy
simple, y lo hemos analizado ya co-
mentando a Paulo Preire: la reduc-
El libro encierra urna segunda sec- ción de toda la realidad al plano so-
ción d e "Ensayos religiosos", enri- iciopolítico y el análisis de la misma
quecida con varios' capítulos en esta desde la oposición dialéctica de opre-
nueva edición. El Castellani asiste- sores y oprimidos. Como resulta un
mático incursiona e n ella por los te- esqueleto muy pobre, se procura re-
mas más diversos, desde la Infalibi- llenarlo después con el recurso a to-
lidad pontificia h a s t a el comunismo, dos los "slogans" de moda y a todas
y de la educación a la parapsicología las nal abra s mágicas que la "intelli-
y la "televisión católica". gentsia'' revolucionaria se h a preocu-
pado por c a r g a r de afectividad posi-
E l estilo es el clásico del A., maes- tiva o negativa, con el laudable in-
tro de la pluma y del idioma en to- tento d e "liberar" a los hombres de
das s u s obras, desde l a conmovedora la engorrosa tarea de pensar. Libe-
diafanía de las fábulas camperas ración, dependencia, concientización,
hasta la elegante precisión con que imperialismo, pueblo, violencia insti-
aborda los más abstrusos problemas tucionalizada, c o m p r o m i s o , proceso,
en su "Conversación y crítica filosófi- cambio de e s t r ucturas, alienación,
ca". En medio de las más serias re- América Latina, etc., etc. El eterna
flexiones salta la chispa del humor "ritornello" de palabras reiteradas
inesperado, como t r a s el estilo humo- según la misma frecuencia machaco-
roso o la ironía cáustica se disimulan n a y obsesiva con la que el "corazón"
modestamente perlas preciosas de sa- y la " p e r c a n t a " se hacen presentes en
biduría. Eso es Oasteilani. sabiduría cualquier antología tanguera. Pala-
f o r j a d a en el estudio, en la oración bras que no se ordenan a iluminar un
y el sufrimiento, que ilumina desde 'concepto en la inteligecia, sino a des-

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pertar un estado anímico pasional co- blo en muchos países latinoamerica-
mo 'disposición p a r a la "toma de con- nos ( Chile, Brasil, U r u g u a y . . .), la
ciencia", en el más puro sentido mar- negación en la práctica de la invio-
xista de la expresión. labilidad del -domicilio, del habeas
corpus, del secreto de la correspon-
E l transfondo teológico de este li- dencia, de la libertad de prensa, de
bro, si es que existe, habría que bus- reunión, de expresión del pensamien
carlo por el lado de una "teología del to, de la libertad sindical, del de-
Exodo'' judaica, t a n cara a todos lo? recho de huelga. Luz p a r a ver el
"teólogos" de la liberación. Decimos terrorismo oficial institucionaliza-
judaica, porque en ella el Exodo deja do: control del espionaje interno y de
de ser sombra y f i g u r a p a r a trans- la policía secreta, creciente intromi-
formarse e n 1 a realidad definitiva, sión del Estado en ¡1a vida particu-
mientras que la Pascua de Cristo —su lar de los oprimidos, sin trepidar
muerte y resurrección— se diluye en recurrir con frecuencia a la tor-
h a s t a quedar reducida a mero símbo- tura, al asesinato o el hambre para
lo y tipo- de la liberación material. mantener sometido al pueblo" (p.
Teología veterotestamentaria d é l a 29)...
retribución intramundana, anhelo fa-
risaico del Mesías como- liberador
temporal. Moraleja: " E r a t lux vera quae
illuminat omnem h o m i n e m . . . "
Vayan por delante algunos boto-
nes de muestra. El primero se refie- La parábola del buen samaritano
r e al reduceionismo dialéctico seña- le sugiere al A. (como al Don Quiquí
lado más arriba: "Salta a la vista de Giovanni Guareschi) t a n sólo com-
que el núcleo de la lucha no se da pasión por los ¡salteadores: " ¿ P o r
entre creyentes y no creyentes, co- qué existen bandidos, salteadores?
mo quiere hacernos ver la ideología ¿¡Será poraue quieren ¡serlo? ¿O se-
del poder. La lucha existe entre do- r á n la consecuencia de ambientes in-
minadores y dominados, barrera en- frahumanos ? ( . . . ) ¿ Por qué se dan
tre los hombres, escándalo y verda- esas circunstancias ambientales infra-
dera f r a c t u r a del pueblo de Dios, h u m a n a s ? " (p. 49). "Jesús nos habla
cuando e n t r e los dominadores h a y de bandidos ( . . . ) de una justicia he-
ouienes se dicen cristianos" (p. 22). cha por pocos en beneficio de pocos''.
Tenemos así una original versión En cambio el asaltado "era un hom-
actualizada de las Dos Banderas de bre procedente de Jerusalén, ciudad
San Ignacio, o de las Dos Ciudades donde se encontraba el orden del De-
de San Agustín. recho de Roma" (p. 50).. «Es decir
•un "opresor imperialista".
E l llamado del Señor: "el que quie-
r a asegurar su vida la perderá, pe- Moraleja: ¡Bien por los bandidos!
ro el que pierde su vida por causa ¡Abajo el samaritano, cómplice del
mía la a s e g u r a r á " (Le. 9,24), resulta opresor!
una "formulación escandalosa para
nuestro sistema sociopolitico, y su Digna de ¡antología es la reflexión
educación pequeñoburguesa, sistema 27, sobre l a parábola ¡del hijo pródi-
y educación que excluyeron de su go. "®1 hijo- menor, mediante el ejer-
conversación el Evangelio, el cam- cicio de su libertad reclama, pide y
bio sociopolitico y el sexo". Conti- obtiene justicia, porque la propiedad
nuando la reflexión nos enteramos no pertenecía enteramente al padre,
que perder la vida por Cristo signi- sino a cada uno en proporción"; por
fica "hacer una economía al servi- ello "es f i g u r a ¡de 'el hombre ¡en libe-
cio del hombre, y no un hombre al ración', de la sangre joven, de los
servicio de la economía" (p. 44). humildes y los hambrientos, del pue-
blo, de los oprimidos, que irrumpe en
Cristo es luz para los ciegos (cf. •1a relación de dominio del padre y de
Le. 4, 19). "Luz para ver ¿ q u é ? : la seguridad del hermano mayor". . .
substracción de los derechos del pue- (p. 63).

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Nos preguntamos cómo esta exége- velada de la tendencia a vaciar de
•sis genial pudo permanecer ignorada su substancia el lenguaje evangélico,
durante veinte siglos. ¡Tiemblen en para rellenarlo luego de contenido
sus sepulcros Padres y Santos, Exé- socio-político. Traición al Verbo. Ins-
getas y Doctores! núes las lecturas trumentalización de l a f e y de la
que hicieron de la parábola son mere- Iglesia p a r a el servicio de la Revo-
cedoras de severa reprobación: "Por lución.
supuesto, para quien vea e n el Evan-
gelio una 'colección de moralismos E l segundo peligro consiste en el
bienpensantes, este texto del hijo pró- influjo de estas ideas sobre los cató-
digo ejemplificará la historia de ur licos desprevenidos, y en particular
muchacho bueno y otro malo. Enton- los jóvenes. La reacción ante la in-
ces todos los valores humanos, la vi- justicia, la capacidad de ideal y de
da que nos t r a e Jesús, quedarán sir sacrificio, la .disposición para la uto-
descubrir. Quien así lo interprete es- pía que éstos poseen, son canaliza-
t a r á enrolado, sin duda, entre los sos- das, a través del sentimiento exacer-
tenedores de una sociedad cadavérica, bado, por el camino del odio, hacia
con los últimos estertores de un or- l a destrucción y e'1 crimen, Lamenta-
den de injusticia, cuyas contradiccio- blemente poseemos sobre el tema a-
nes isaltan a la vista: Mientras decla- bundante experiencia e información.
m a la libertad esclaviza con el dine- Parecería que s e quiere tender una
ro, domina con los medios de comu- cortina de silencio sobre la responsa-
nicación y m a t a con las armas" (pp. bilidad de tantos sacerdotes y cole-
63 s.). gios religiosos que han encaminado a
no pocos jóvenes a la cárcel o a la
Podríamos continuar citando dispa- muerte. Y no se trata, cierbamente,
r a t e s de este calibre, o más gruesos de casos aislados. Por su parte, los
aun, pero no nos interesa transcribir iconcientizadores terminan por escu-
aquí todo el libro. Por cierto se trata darse tras los "privilegios clericales"
de una obra de ínfima categoría, mas —por ellos t a n t a s veces repudiados—
se inscribe en la amplia corriente que p a r a escapar al castigo y proseguir
intenta marxistizar a la Iglesia. Vale traicionando su misión, envenenando
la pena señalarla para indicar a tra- almas y deformando conciencias.
vés de ella dos peligros.
Proclamar esto es, también, "dar
E l primero es la lectura materia- testimonio de la Verdad".
lista del Evangelio, intentada por va-
rias obras de reciente aparición. Esta
constituye una etapa más o menos P. ALBERTO EZCUKKA

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