Sacerdocio: Vocación y Responsabilidad
Sacerdocio: Vocación y Responsabilidad
Ordenaciones 79
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su vida sobre las almas. Esos medios son principalmente los sacramen-
tos, en función de los cuales, y de modo particular del sacramento de
la Eucaristía, el sacerdote ha recibido participativamente el sacerdocio
de Cristo. Una es la víctima y uno el oferente principal, pero que con-
tinúa su obra de santificación mediante la instrumentalidad de los ofe-
rentes secundarios ''por cuyo ministerio alcanza su plenitud el sacrifi-
cio espiritual de los fieles, el que por sus manos será ofrecido sobre el
<dtar en celebración incruenta". De ahí nace la necesidad de que el
primer santificado sea el sacerdote para que pueda tratar santamente
las cosas santas. Mediador entre Dios y los hombres, está destinado a
hacer descender hasta éstos los bienes celestiales y elevar hasta el Se-
ñor las necesidades de los hombres.
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Escuchemos a San Pablo. Queriendo impulsar a los fieles de Roma-
a la santidad, les escribe estas palabras: "Revestios de Cristo". Este
mandato toca de modo especial al sacerdote. Si quiere participar de
la gloria de Cristo resucitado, deberá primero asimilarse al Cristo del
Calvario. Significa esto que deberá poner su alma en estado de víctima,
para participar interiormente en el sacrificio de Cristo. Deberá repro-
ducir en sí lo que realiza en el altar del sacrificio.
Mis hermanos: muchas consideraciones más podríamos hacer en
torno a este tema tan rico y provechoso para nuestras vidas de sacer-
dotes, pero no quiero abusar de vuestra atención. Aunque os invito a
escuchar aún al Obispo que así habla en su alocución previa a la im-
posición de manos: "Al introducir a los hombres en el pueblo de
Dios por el bautismo, al perdonar los pecados en nombre de Cristo y
de la Iglesia por el sacramento de la penitencia, al dar a los enfermos
el alivio del óleo santo, al celebrar los ritos sagrados, al ofrecer du-
rante el día la alabanza, la acción de gracias y la súplica no sólo por
el pueblo de Dios sino por el mundo entero, recuerda que has sido
escogido entre los hombres y puesto al servicio de ellos en las cosas
de Dios".
Nadie es ordenado sacerdote para sí mismo. Si lo es, es en jun-
ción de servicio para sus hermanos, los hombres, pero según una fun-
ción específica: en las cosas de Dios. Al ser dispensadores de los mis-
terios de Dios, como nos dice el Apóstol San Pablo (/ Cor. 4, 1), los
sacerdotes están obligados a servir a Cristo en perfección de caridad y
a dedicarse a la salvación de sus hermanos con todas sus energías. Son
los apóstoles de la luz, son los apóstoles de la gracia y del perdón, son
los apóstoles ele lai caridad, y por lo mismo deberán dedicarse con to-
das sus fuerzas a que la luz ilumine a todo hombre, a que la- gracia y
el perdón alcance a toda alma y que la caridad abrace a todos sus
hermanos. En su encíclica "Mediator Dei" Pío XII nos dice: "Es abso-
lutamente cierto que Cristo es sacerdote, mas no para sí, sino más bien
para nosotros, presentando al Eterno Padre los votos y sentimientos
religiosos en nombre de todo el género humano; es igualmente vícti-
ma, pero también para nosotros, puesto que se inmoló en lugar del
hombre pecador". Y bien: si nuestro sacerdocio es participación del
sacerdocio de Cristo, se sigue que, además de tener nosotros los mis-
mos sentimientos que tuvo Cristo Jesús, como nos dice el Apóstol Pa-
blo, también nuestro sacerdocio debe tener las mismas características
que las del sacerdocio de El. Debemos ser sacerdotes para nuestros her-
manos los hombres.
Querido Alberto, queridos seminaristas: Creería que en estas po-
bres palabras tenéis trazado un programa de vida. Que quizá podráis
volver a ellas con provecho, toda vez que la duda o la obscuridad asal-
te a vuestras mentes y no veáis claro en vuestra acción. Todo esto la
ha dicho mejor que yo y sintéticamente S. Pedro Crisologo, en una
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advertencia a un sacerdote, y por vuestro bien no me resisto a trans-
cribir sus palabras: "Que seas sacrificado y sacerdote de Dios. No pier-
das lo que te dio y concedió la Divina Autoridad. Revístete de la tú-
nica de la santidad, cíñete el cíngulo de la castidad; sea Cristo velo
de tu cabeza; la cruz esté como baluarte sobre tu frente; guarda so-
bre tu pecho el sacramento de la ciencia divina; quema incesantemen-
te el perfume de la oración; empuña la espada del espíritu; has de
tu corazón un altar y así resuelto ofrece a Dios tu cuerpo como vícti-
ma. . . Ofrece la fe para que la perfidia sea castigada; practica el ayu-
nó para que cese la voracidad; ofrece el sacrificio de la castidad para
que muera la liviandad; haz que reine la piedad para que desaparezca
la impiedad; ejercita la. misericordia para que se destruya la avaricia;
e inmola incesantemente la santidad pura que se corrija, la estulticia;
así tu cuerpo será tu hostia, siempre que no sea herido por ningún
dardo de pecado".
¿Qué más podría agregar a estos hermosos pensamientos? Nada.
Solamente quisiera decirte, querido Alberto, que esta Virgen del Ce-
náculo, que ha visto crecer tus deseos y tus esperanzas, que conoce
tus gozos y tus tristezas, tus triunfos y tus fracasos en tu vida de se-
minarista, te conduzca a lo largo de toda tu vida de sacerdote a con-
figurarte más y más con Cristo, hasta que llegue tu hora y ella misma
te lleve de la mano a la presencia del mismo Jesucristo, gloria y co-
rona de todos los santos.
P. SILVESTRE C. PAUL
Rector del Seminario
Director de MIKAEL
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EL CORAZÓN DE JESÜS Y EL
MUNDO MODERNO
I. FUNDAMENTACIÓN TEOLÓGICA
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Quisiéramos comenzar con una definición que ilumine desde
el primer momento la fundamentación teológica de este humilde
trabajo.
Cuando hablamos del Corazón de Jesús, entendemos el Amor
/'• Infinito de Dios que, desbordando desde el seno de la Trinidad,
se vuelca en Jesucristo, y hace partícipes del Don de su plenitud
y de su vida a todos los que quieran recibirlo. O, más breve-
mente, el Amor divino y eterno, volcado en Cristo, hecho visible
en Él, y desde Él desbordando riquezas celestiales, ofrecidas a
toda la humanidad.
Este misterio del Amor divino desbordante se inicia concreta-
mente en la Encarnación del Verbo, se consuma en la Cruz y
e n la Resurrección.
Como Cristo es Dios y Hombre verdadero, su Amor será
divino-humano al mismo tiempo, producido por la gracia insondable
d e la unión hipostática, al ser deificado el "totus homo" que es
Jesús: Cuerpo, Sangre, Alma y vida humana. Desde entonces
este Corazón será el símbolo, el signo, el índice, la expresión
cabal de ese Amor divino-humano.
El hombre —creatura predilecta de Dios—, compuesto de
cuerpo y alma, necesita una forma sensible p a r a que sea más
hondo y más asimilable el contenido de este misterio, y p a r a que
su vida en el interior de Cristo sea más' plena y más profunda. Y
así el Amor d e Dios se corporizó, tomó rostro humano, y se hizo
visible.
Este misterio es obra del Amor trinitario, del Amor que por
su propia virtud es difusivo y transformante, Amor q u e se encarna
en Cristo, y se centra en Cristo. Desde entonces se dan en Él, el
Amor eterno q u e es común a toda la Trinidad, el Amor sobrena-
tural infuso, y el Amor humano propio de su condición de hombre.
E'l Amor divino y el Amor humano concurren en Cristo con
todas sus sobreeminentes virtudes. En Él habita la divinidad tior-
poralmente y todas las cosas subsisten en Él. De esta realidad
—Cristo Dios y Hombre— nacen las innumerables riquezas ce-
lestiales que infunden en las almas el culto y la devoción ai
Sagrado Corazón, en síntesis de Pío XII.
Las dos vertientes —Vida divina y Vida humana de Jesús—
se identifican por obra del Amor. Su expresión, su sello, su signo
de identificación es éste: el Corazón de Jesús.
II. EL SÍMBOLO
La lucha por las palabras en el campo teológico no f u e en
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realidad lucha por las palabras sino por el contenido auténtico^
de algunas de ellas. En el contenido de estas palabras estuvo siem-
pre subyacente la misma f e y su debida explicitación.
Las palabras: Corazón de Jesús pasaron a ser centro de po-
larización teológica, rodeada de una constelación de verdades,,
ordenadas casi todas ellas a nuestro vivir en Cristo y a la
respuesta que se ha de dar a quien "nos amó primero" (San
Juan).
Lo que más importa es el contenido de las palabras, no su
grafía o su fonética. Y en nuestro caso el contenido radicado de
u n modo u otro en esta palabra-símbolo: el Corazón corporal de
Jesucristo.
El contenido de la palabra "corazón" es tan antiguo como
el hombre. El corazón es la síntesis viva del ser humano; es la
expresión más profunda de su yo. Desde la prehistoria, el corazón
se ha convertido en el símbolo y el signo del amor.
A medida que el hombre se perfecciona, las potencias del
alma —inteligencia y voluntad— se intercomunican más plena-
mente. El corazón se enriquece con la inteligencia y la inteligencia
con el corazón. Es allí, en el corazón, donde se gestan las grandes
decisiones, y por él pasan 'los grandes impulsos hacia el heroís-
mo, hacia el bien, hacia la santidad.
El corazón es la sede del don de sí mismo. Al dar el corazón
entendemos darnos todo, es decir, con la gama infinita de reali-
dades y d e valores que hemos recibido y hemos cultivado.
El caldo propicio y el ambiente para q u e el corazón se en-
riquezca con múltiples quilates es la amistad, la que a su vez
vive y crece dentro del corazón humano.
Los teólogos señalan que si —por u n imposible— Dios fuera,
sólo inteligencia no habría creado el mundo, ni habría creado cosa
alguna. Viviría sólo dentro de Sí mismo. Pero como Dios es Amor
y el amor produce éxtasis, le urge comunicarse y darse al mismo
tiempo. El amor se exterioriza. La inteligencia, en cambio, cuan-
to más se perfecciona en su entender, m á s se interioriza. El cora-
zón 'tiende a la acción, provocado, sobre todo, desde afuera.
A los santos consagrados a servir, especialmente en el ám-
bito de la caridad, se los llama siempre "grandes corazones". Es-
ta expresión es, ciertamente, pequeña cuando se trata de los san-
tos, y mucho más pequeña aún cuando se refiere a Dios, pero
es la palabra cumbre en el ámbito de las relaciones personales.
El corazón es, además, u n puente tendido entre Dios y el
hombre, entre el tiempo y la eternidad. La intuición es u n a de
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sus cualidades instintivas. "Me lo dice el corazón" es expresión
sagrada q u e actúa a modo de subconsciente.
La razón no siempre capta las razones del corazón (Pascal).
Sin embargo, allí -están, superando las contrapruebas del tiempo.
Y por lo general triunfan.
Al corazón del hombre bueno hay que reconocerle, como va-
lores casi innatos, la nobleza, la ternura, la sed de sacrificio, la
capacidad de inmolación, la compasión por el prójimo y el ne-
cesitado, la cordialidad en el trato habitual, el coraje en los mo-
mentos árduos. Finalmente, aunque no en último término, hay
q u e reconocerle la maravillosa virtud de la misericordia, atributo
privativo de Dios, comunicado por el mismo Dios a las almas de
buen corazón.
No habría santos, no habría mártires, si no hubiera corazones.
El día de su Encarnación el Hijo de Dios asumió un corazón
humano. F u e entonces cuando se produjo esa maravillosa e irre-
petible conjunción entre Dios y el Hombre que es Jesús.
También en Jesús el corazón es u n órgano físico de su Cuer-
po. Pero substancialmente unido a la Segunda Persona de la Tri-
nidad. Este Corazón personificó, desde el primero de sus latidos,
e l Amor divino-humano. Y por la misma riqueza que descubre
el uso de' las palabras densas, por la fuerza de sus contenidos,
pasó a recibir el culto de adoración que ciertamente le es abso-
lutamente debido. El Corazón de Jesús se convirtió en símbolo
real del Amor eterno de Dios.
Realmente será siempre nueva la vigorosa afirmación del
evangelista San Juan: "Tanto amó Dios al mundo, que le dio a
su propio Hijo". Y lo dio bajo el signo del Amor, "per p u r a mi-
sericordia", dirá San Pablo.
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—verdadera r u t a de Yahveh— entra en juego la pedagogía divina
cuya característica es ir conduciendo primero de la oscuridad a
la penumbra y luego de la penumbra a la plena luz.
Las grandes gestas de Yahveh consistieron en la preparación
progresiva de 'los caminos para el reencuentro a través de Cristo.
El descubrimiento y la experiencia de Dios significó para
Abraham el toque con el Absoluto, con el Invisible; como en-
vuelto en llamas, obedeció a Yahveh, lo adoró, creyó en Él, lo
amó y se dejó conducir por Él. Toda la historia d e la Alianza
responde al designio de este encuentro personal entre Dios y e l
hombre de su confianza.
P a r a Moisés (Deut. 32) Yahveh f u e el águila que expandió sus
alas, cubrió a Israel, y lo salvó de Egipto.
Los textos de Oseas (cap. XI) parecen resonar aún con una'
f u e r t e carga de nostálgicos recuerdos y dolorosos reproches.
"Cuando Israel era un niño, Yo lo amé y de Egipto llamé a mi
h i j o . . . Yo enseñé a caminar a Efraín y lo llevé en brazos, pero
no reconoció mis desvelos". Yahveh se convertirá entonces en mi-
sericordia y en perdón. "Con lazos humanos los atraeré, con víncu-
los de amor. Yo sanaré sus rebeldías y los sanaré de corazón".
Isaías hace aún más tierna la ternura divina. "¿Puede una
madre olvidarse de su hijo y no'tener compasión del hijo de sus
entrañas? Pues aunque ella se olvidara, Yo jamás podré olvidar-
m e de ti" (Is. 49).
Jeremías se apoya en una realidad más profunda. Anticipán-
dose a la g r a n culpa de Israel, vuelve al punto esencial de origen:.
"He amado con amor eterno. P e r eso te he atraído, compadecido
de ti" (Jer. 31).
El soplo del amor a través del Espíritu Santo en el Antiguo
Testamento está saturado del misterio del Amor de Dios, hecho
y revestido sobre todo de misericordia, de paciencia divina, y de
invitación a la conversión.
El Nuevo Testamento es la gran epifanía del Amor de Dios
hecho carne en Jesucristo. Con Él, el misterio de la condescenden-
cia divina ha bajado al corazón del mundo. El testimonio de la ve-
racidad de Dios a sus promesas es ese niño que acaba de nacer y
que viene a derramar misericordia y no a imponer castigos. Esta
es su voz de orden: "Quiero misei'icordia y no sacrificios". La abo-
lición de los sacrificios en beneficio de la misericordia surgió así de
la historia de u n pueblo p a r a quien el altar de la sangre era ele-
mento esencial en su propia vida.
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"Quiero misericordia y no sacrificios" y la misericordia es pie-
dad, es lástima, es ternura, es perdón, es amor, es Dios.
La perenne encíclica "Haurietis Aquas", comienza con estos
dos cuadros bíblicos:
1. " 'Sacaré agua con gozo de las fuentes del Salvador'. Estas pa-
v labras con que el ¡Profeta Isaías, empleando imágenes llenas de
significado, anunciaba los múltiples y fecundos dones que habrán
de traer los tiempos cristianos, vienen espontáneamente a nuestra
mente al cumplirse el primer centenario de aquella fecha en que
nuestro predecesor de inmortal memoria, Pío IX, correspondien-
do a los deseos del orbe católico, mandó q u e se celebrase la fiesta
del Sagrado Corazón de Jesús. Es imposible e n u m e r a r los bienes
q u e el culto tributado al Corazón de Jesús infunde en los fieles,
purificándolos, aliviándolos con sus consuelos sobrenaturales, y
animándolos a alcanzar toda virtud.
.2. La Iglesia al disfrutar de este don inestimable puede manifes-
tar más ardientemente su caridad hacia su divino fundador y rea-
lizar, más ampliamente, la exhortación que el evangelista San Juan
pone en labios del mismo1 Jesucristo: 'En el último día, el más so-
lemne de la fiesta, Jesús, de pie, decía en alta voz: Si alguno tie-
ne sed venga a Mí y beba quien cree en Mí. Como dice la Escri-
tura: Ríos de agua viva m a n a r á n de sus entrañas' ".
Extraña el énfasis que pone el Señor: de pie, en alta voz, co-
mo quien quiere ser escuchado por la grave importancia del men-
saje. Vale decir que ya, en este ahora, del seno de Cristo ha co-
menzado el m a n a r de las aguas. Yo estoy aquí y soy la fuente.
P e r o también, una vez bebida el agua, brotarán torrentes de las
entrañas de quien la beba.
El seno misterioso de Cristo está presente en toda la econo-
mía d e la salvación. De este seno m a n a n infinitas riquezas celes-
tiales. Y la primera de todas es su propio Espíritu.
En ese mismo seno nos introduce San Pablo cuando, en su
carta a los Efesios, nos habla del recóndito misterio oculto en Dios
y revelado en Cristo, por el cual se nos da la virtud de recorrer
el i-nterior de Jesús, midiendo su inmensurable anchura, su altura
y su profundidad.
IV. EL TESTIMONIO DE LOS SANTOS
El progreso legítimo d e los dogmas nos descubre nuevas reali-
dades contenidas en la revelación. Al modo de las galaxias y de
los astros, con sus milenios de luz que recién van llegando a la
tierra, los siglos h a n ido meditando estas verdades de f e "siem-
p r e antiguas y siempre nuevas", siempre vivas.
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Así ocurrió con e l misterio del -Corazón de Jesús. La luz de
l a revelación no se nos dio acabada, como de u n a vez, sino que
f u e la lenta contemplación la q u e se adueñó de sus secretos, una
vez adentrada en el Corazón de Cristo.
Allí pudieron pulsar los siglos cómo inciden en el alma del
Señor el pecado, la indiferencia glacial, y la tibieza d e espíritu,
y al mismo tiempo cómo inciden también la búsqueda de Dios, la
sed de Dios, la oración ferviente, la necesidad de pagar amor por
amor, la reparación, y su última etapa: el fuego de una eminen-
te santidad.
La penetración de los santos —Místicos y Místicas— en este
misterio abismal de la contemplación divina f u e verdaderamente
extraordinaria. Los Místicos nos hablan de lo que h a n vivido, de
lo que han bebido en esta fuente. La experiencia de Cristo los
condujo a las profundidades de Cristo.
Vale la pena destacar la piedad medioeval, hondamente arrai-
gada y crecida en el contenido místico de las llagas del Señor, y
preponderantemente, e n la llaga del costado. Esta llaga f u e suspi-
r a d a por ellos como un refugio, una morada, un antecielo, u n ta-
bernáculo, infranqueable al demonio y al pecado. Pero sobretodo
quisieron entrar allí para allí vivir, amar y morir.
La herida del costado f u e para ellos un paso o u n pórtico de
acceso. La morada no era l a herida —el vulnus— sino el latus, el
costado abierto para permitir el acceso a lo más hondo del cora-
zón, y del que manó un día agua y sangre "dando vida a la Igle-
sia y a los Sacramentos de la Iglesia" (Liturgia). La herida f u e
el hilo conductor a lo más p r o f u n d o del ser d é Cristo, su Corazón,
pero su Corazón incendiado e n u n infinito Amor.
Las heridas de los clavos, como la herida de la lanza, están
glorificadas, cristalizadas en su Cuerpo resucitado. Son los trofeos
de la victoria de la Resurrección después de pasar por todo el
drama de la Cruz.
La herida del costado, muerto ya Jesús, es el certificado de
V su muerte, el testimonio final y definitivo de que "nadie tiene
más Amor que el q u e da la vida por el ser amado" (Jn. 17,15).
Esta herida inaugura nuevas relaciones entre Dios y el hom-
bre. Comienza entonces —albores de la Iglesia— la historia de
/ las grandes experiencias místicas, iniciadas con el martirio, con-
tinuadas en las Tebaidas y ancladas durante el mundo medioeval
en el corazón de Europa.
La invitación que formulara el Señor a los Apóstoles —a
Tomás en particular—: "Pon tu mano en la l'laga del costado",
no es isólo u n argumento para afirmar una realidad ya sucedida
sino más 'bien para señalar u n a trayectoria f u t u r a a las almas
interiores hasta llegar al cielo!
Desde el siglo X hasta eJl XIV inclusive el mundo vivió en
cierto modo una era de santidad. "Por sus frutos conoceréis el
árbol". Y aquellas generaciones que no sabían leer ni escribir con
caracteres d e tinta, sabían leer y escribir con caracteres de sangre
. arrancada por el pecado y felizmente entregada a los hombres para
que éstos pudieran introducirse e n Cristo y verlo por dentro.
¡Cuánto leyeron, cuánto meditaron, cuánto' intuyeron!
V. LA CONTRADICCIÓN
Acá entra también e n vigencia otra afirmación bíblica: "El
árbol que da f r u t o s debe ser podado para q u e dé frutos con más
abundancia". Es la inevitable poda mística que deben sufrir los
•amigos del Señor, así como también sus instituciones todas.
Tanto la devoción y el culto al Corazón de Jesús como las
ansias de vivir en Él n o se paralizaron jamás. Sin embargo, al
decaer la fe, decayó el amor. Y el ¡Señor inició .su poda. E'l ma-
terialismo renacentista, el protestantismo, y finalmente el jan-
senismo1, no sólo se alejaron de las fuentes d e aguas vivas sino
que iniciaron y continuaron u n a lucha sin tregua. Contra el sím-
bolo y la devoción del Sagrado Corazón de Jesús arreciaron las
tormentas.
Pero Dios entró de Heno y respondió a tantos ocultos ge-
midos de las almas buelnas con 'las revelaciones de Paray-le-Monia;
a Santa Margarita María de Alacoque. Ella, juntamente con San
J u a n 'Eudes, recibiría carismas excepcionales e n orden a esta de-
voción. Santa Margarita setrá hasta el final de los siglos la con-
fidente del Corazón de Jesús y el Heraldo elegido por Dios,
— m u j e r enclaustrada por añadidura—, para volver a incendiar
el mundo con el fuego del Sagrado Corazón.
Surgieron a pesar d e todo nuevas controversias en todos los
niveles. Y el Cristo "signo d e contradicción" continuó siéndolo en
esas horas de tan f r í a oscuridad.
Como siempre ocurre e n las almas de fe, la contradicción
f u e para bien. Se ahondaron y perfilaron los conceptos, se pun-
tualizaron los errores, se hicieron ajustes doctrinales, y la devo-
ción al Corazón de Jesús continuó su marcha triunfal. Hoy mismo,
con rasgos de primavera, resurge! esta devoción en sus dos aspec-
tos: interior y exterior.
La afirmación del Señor: "Mi Corazón triunfará" es absoluta-
m e n t e cierta.
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VI. EL FRENTE DEL MUNDO ACTUAL
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María Santísima, la gran consagrada al Corazón de su Hijo,
nos ayude a imitarla para que podamos conformarnos a ese mis-
mo Corazón.
Como punto final de este trabajo, pláceme ofrecer la traduc-
ción de un -himno litúrgico en honor al Sagrado Corazón, de alto
valor teológico y místico: Cor, arca legem coiitiiiens.
Oh Corazón, arca que contiene — no- la ley de la
vieja servidumbre — sino la d e la gracia, el perdón y la
misericordia;
Oh Corazón, santuario inviolado de la nueva alian-
za — templo más santo que el antiguo — y velo más
, . útil que el rasgado;
La caridad te quiso visiblemente herido por la lanza —
para que veneráramos las heridas de tu amor invisible.
Cristo sacerdote, con su pasión cruenta y mística,
— ofreció entrambos sacrificios — bajo este símbolo de
amor.
¿Quién n o corresponderá con amor al q u e lo ama?
— ¿ Qué redimido no amará a su Redentor — y pondrá en
aquel Corazón su eterna morada?
Oh Jesús, que de tu Corazón derramas la gracia, — a
T i sea la gloria juntamente con el P a d r e y el Espíritu
fecundo por todos los siglos. Amén.
t ADOLFO TORTOLO
Arzobispo de Paraná
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PROMETEO
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LUTERCX LOS BURGUESES Y LOS
PRÍNCIPES DE ESTE MUNDO
i »i ~ Antes de considerar los aspectos inte-
Siiuacion de Alemania lectuales del m u n d o a l e m ¿ en ví
e n la época de L u l e r o r a s d & l a r e f o r m a i u t e r a n a , conviene
observar algunas características de su organización eclesiástica.
Lo primero que llama la atención es la ausencia de obispados su-
ficientes en t a n dilatado territorio. Este gran cuerpo eclesiástico
no tenía cabeza y esto por u n doble motivo: había pocos obispos
y la mayor parte de ellos no estaba e n condiciones de ejercer su
cargo con idoneidad, ya porque gobernaran sus -diócesis con cri-
terios exclusivamente políticos o porque su falta de formación teo-
lógica los hacía poco aptos para el desempeño de sus funciones es-
pirituales.
Los canónigos, cuya asistencia era indispensable p a r a compen-
sar la ignorancia de los obispos, eran, salvo honrosas excepciones,
en su mayor parte laicos. Las rentas eclesiásticas se repartían pa-
r a favorecer vocaciones cortesanas y no religiosas de modo que,
con tales jefes, los curas unían a su pobreza, casi miserable, una
sabiduría teológica más pobre todavía.
Muchas órdenes religiosas se mantenían fieles a la f e y con
u n nivel de conocimientos bastante aceptable. Otras, como la an-
tigua de "Los Caballeros Teutónicos", se habían laicizado completa-
m e n t e y sus costumbres militares habían terminado con lo que
podía quedar d e religioso.
El pueblo bajo, ignorante y supersticioso, estaba asediado por
l a influencia de brujos, encantadores y hechiceros y en toda Ale-
mania pululaban con particular virulencia las influencias diabóli-
cas. Lutero, en sus "Conversaciones de Sobremesa", hará constan-
tes referencias a las intromisiones del Demonio, delatando la exis-
tencia de u n clima espiritual obsesionado por el satanismo.
Entre la gente de pueblo no se veía con buenos ojos a los sa-
cerdotes en general y existía una inclinación muy fuerte a pen-
sar en ellos como en unos sanguijuelas especialmente diestros pa-
r a sacar dinero de los bolsillos.
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Esta actitud f r e n t e a los curas alemanes se hacía más fuerte
cuando se trataba del clero romano. Roma era el centro de todas
las prevaricaciones clericales y sólo faltaba una voz tonante como
la de Lutero para convertir la Capital de la Cristiandad en "La
G r a n Prostituta" o "La Ramera de Babilonia" o en alguna otra
designación apocalíptica por el estilo.
Los historiadores protestantes consideran falsa la idea de u n
movimiento revolucionario fatal en el cisma del siglo XVI, pero
se niegan a ver en él el resultado de un trágico malentendido, "de
•un desfallecimiento' d e la Iglesia Católica y de una culpable prisa
en los reformadores". P a r a M. Emile Léonard, autor de una volu-
minosa historia general del protestantismo, esta opinión suele im-
ponerse cuando se examina la reforma en los límites exclusivos
del siglo XVI. Evidentemente en ese primer momento se puede
hablar de u n malentendido, pero las fuerzas desatadas por la re-
volución religiosa eran demasiado reales para reducirlas a un pro-
blema de desencuentro.
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de la Teología escolástica era, quizá, sincero. Obedecía en él a u n
gusto muy personal por las formulaciones directas y autoritarias.
Pero su prédica era subversiva y encontró la veta individualista,
romántica y antiromana de su raza. Esa es una de las razones ocultas
de su éxito y al mismo tiempo la f u e n t e de los efectos ulteriores
provocados por la reforma y que no parecían expresamente recla-
mados por la voluntad de los primeros protestantes.
Cuando se trata de descubrir las causas del movimiento, todos
los elementos largamente debatidos por la crítica de uno y otro
lado de la barricada, tienen su sentido y ocupan su sitio en la es-
tructura etiológica del proceso. La situación moral de la Iglesia Ca-
tólica era, sin lugar a dudas, deplorable y la avidez demostrada
por el clero caía, en ese momento, en un clima espiritual particu-
larmente sensible a los planteos económicos.
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J u n t o a esta actitud de inspiración típicamente burguesa, es-
taba la codicia de los príncipes, siempre dispuestos a aumentar sus
caudales con la incorporación de los bienes del clero. El ejemplo
d e Inglaterra será -una lección bien aprovechada por los feudales
alemanes que veían eclipsarse su poder con el crecimiento cada
día más oneroso- de los gastos d e gobierno. El invento de la pólvo-
r a había modificado completamente el arte de la guerra. Nadie
podía representar u n papel político de primer orden si no contaba
•con una respetable artillería y u n número suficiente de "lansque-
netes" para hacerla funcionar. Estos señores miraban las tierras
distribuidas en los conventos, con ojos brillantes de codicia y no
podían dejar de lamentar el desperdicio d e tantos jóvenes brazos,
aptos para la labranza o el manejo de la pica, e n faenas tan ociosas.
Tal vez Barbagallo nunca haya pensado que las multitudes pue-
den sentirse atraídas por planteos económicos o sociales difícilmen-
te comprendidos por los mismos dirigentes marxistas, pero que in-
fluyen decididamente en los movimientos políticos dei nuestra épo-
ca. Sin lugar a dudas el pueblo, en su mayoría cristiano, no hubie-
r a entendido las sutilezas teológicas de los reformistas, ni se hu-
biera preocupado por ellas. Pero junto a tales sutilezas, Lutero
planteó problemas de conducta y de normas de vida con respecto
a los representantes de la Iglesia que confirmaban criterios am-
pliamente extendidos entre los burgueses y cuyas índoles econó-
micas son innegables.
Pero una cosa es "criterios económicos" y otra, bastante dife.
rente, necesidades económicas. Los criterios económicos de la bur-
guesía hablan de una actitud espiritual, de una valoración del
mundo, dependiente de la inteligencia y la voluntad y por ende
del espíritu.
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Explicar la reforma en función de una crisis de la economía
es hacerla depender de u n suceso algo extraño al carácter espiri-
tual de sus planteos. Hubo con anterioridad al siglo XVI muchas
crisis económicas y lejos de t r a e r como consecuencia u n debilita,
miento de la fe, parecían aumentarla. Pero indudablemente esas
situaciones eran enfrentadas por un hombre en posesión de u n re-
pertorio valorativo diferente al impuesto por la ascendente bur.
guesía comercial.
Todos los movimientos históricos de algún relieve son res-
puestas humanas a ciertos acontecimientos y estas respuestas no
serían cabalmente humanas si no estuvieran determinadas por la
inteligencia y la voluntad. Parece un poco obvio, pero f r e n t e a
una inteligencia empeñada en negarlo, conviene advertir el carác-
ter espiritual de la negación.
Admito que la revolución está íntimamente sellada por el es-
píritu económico y que éste comienza a manifestarse, decisiva-
mente, a partir del siglo XVI. Más todavía, cuando el hombre re.
conoce una preferencia valorativa, de cualquier índole que sea:
estética, religiosa o económica, hay una suerte de lógica consecuen-
t e en los actos de su conducta y, de alguna manera, lo hace de-
pender en su conducta de los bienes preferidos. Esta dependencia
e s tanto más estrecha y fatal, cuanto más material y servil la na-
turaleza de los valores -destacados en las motivaciones. Podemos
a f i r m a r q u e u n a clase social como la burguesía, embarcada en la
promoción de bienes crematísticos, se encontrará metida cada
vez más en una concepción estrictamente económica del mundo
y n o se podrá prescindir de ese espíritu para comprender su evo-
lución histórica.
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de la pasada centuria, era necesario para equilibrar la originali-
dad del aporte hecho por el Renacimiento y el Humanismo.
La idea de u n retorno puro y simple a la sabiduría antigua,,
pasando como Hegel, calzado con las botas de las siete leguas, so-
b r e u n período de mil años era, históricamente hablando, una es-
tupidez absoluta. Nordstrom, entre otros, colaboró inteligentemen-
t e para destruir las consecuencias de esta opinión. La actitud ge-
neral de los historiadores del siglo X X tiende a corregir la idea
de un corte radical entre el Renacimiento y el cristianismo, pero
en esta coincidencia general caben diferencias no siempre peque-
ñas.
L a corriente humanista se comprende en toda su latitud cuan-
do se la coteja con el movimiento paralelo y casi sincrónico del
averroísmo latino. Se descubre en ella una marcada tendencia a
valorar enfáticamente la antigua educación retórica abandonada
u n poco despectivamente por los escolásticos de formación aristo-
télica. Santo Tomás, aunque escribió u n magnífico poema al San-
tísimo Sacramento, no goza del prestigio literario de los agusti-
nistas y se inscribe, a su modo cordial y sencillo, en la línea cientí-
fica de la escuela aristotélica. Pero indudablemente en la versión
averroísta esta línea hacía una virtud de su poco gusto por la li-
teratura y levantó, especialmente en Italia, u n poderoso clamor
de reclamaciones en nombre de los grandes escritores y oradores
de la antigüedad.
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la existencia de una gnosis que separa la comprensión sencilla de'
la f e y la sabiduría de los iniciados que, más allá de los símbolos
de uso popular, pretende descubrir el mensaje secreto del cristia-
nismo, su verdadero sentido.
Las masas permanecen lejos de estas especulaciones y las nue-
vas elites, a diferencia del clero y la nobleza medieval, desprecian
•al pueblo y lo despreciarán cada día más porque sigue siendo fiel,
por lo menos hasta el siglo XIX, a la doctrina tradicional. En el
siglo XVIII la reforma ha cumplido su ciclo laicisante y los inte-
lectuales se arrogarán definitivamente la herencia 'del clero y tra-
t a r á n d e tomar la dirección espiritual de las masas. Es el siglo de
la Pedagogía y de las luces. El siglo XIX, más eficaz en la lucha
revolucionaria, inventará los expedientes para terminar la des-
trucción del pueblo cristiano con la creación masiva de un hombre
dócil a sus santo y señas.
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guido hombre de letras apenas rozaba con su ironía, el duro sa-
jón extraía una afirmación o u n a negación rotundas. Erasmo nun-
ca planteó el problema de la separación de la Iglesia; estaba de-
masiado cómodo en ella para erigirse en cabeza de u n cisma, y
•aunque defienda en sus escritos u n cierto naturalismo religioso,
jamás abandonó los límites de una crítica prudente, y aunque su
abominación de la escolástica lo llevó a convertir a la Sagrada Es-
critura en única f u e n t e de saber teológico, jamás se metió con los
dogmas. No sé si lo hizo por precaución o por respeto, pero su
mordacidad se dirige a las costumbres del clero, a los ritos y a las
ceremonias de la Iglesia y en toda oportunidad aconseja los estu-
dios clásicos y filológicos como la mejor preparación para una
.auténtica sabiduría.
Viajero incansable conoció todos los pueblos y los hombres
importantes de su época. Enseñó griego en Cambridge y tradujo
al latín, en una edición comentada, el Nuevo Testamento. Cuando
estalló la rebelión luterana vivía entre Friburgo y Basilea y estu-
vo, durante u n tiempo, en contacto con Martín Lutero. Más tarde
se separó en agrios términos de su impetuoso discípulo y Lutero,
que no podía soportar la blanda condición del humanista, lo re-
cordaría siempre con palabras llenas de desprecio.
- 28 -i
dios de Derecho, pero, apenas ingresado, abandonó repentinamen-
te su carrera y entró en un convento de Agustinos.
¡Sobre su entrada en religión existe una copiosa literatura y
cada autor ha dado su interpretación del caso Lutero. En el prefa-
cio a su libro "De Votis Monasticis" dice que habiendo sido sor-
prendido por u n a tormenta el día 2 de julio de 1502 y "rodeado-
por el terror y la angustia de una m u e r t e súbita, hice u n voto for-
zado y no libre".
Con esta confesión hecha después de haber abandonado el
convento quiso justificar el incumplimiento de su promesa. En
una d e las conversaciones de sobremesa del año 1539 insistía: "me
hice m o n j e por la violencia y. contra la voluntad de m i padre, de
mi madre, de Dios y del D i a b l o . . . Hice u n voto para salvarme".
En la correspondencia escrita durante su permanencia en el
monasterio no hay ninguna referencia explícita a su falta de vo-
cación y todo hace suponer el comportamiento correcto de un mon-
je fiel a los principios y estricto observante de las reglas de su
orden.
En 1507 f u e consagrado sacerdote y en 1508 es enviado a Wit-
temberg, pequeña población d e mil habitantes en cuya universi-
dad enseñó la Etica de Aristóteles y continuó sus estudios teológi-
cos. Allí se aficionó a leer la Sagrada Escritura y alcanzó u n exce-
lente conocimiento en las lenguas griega y hebrea.
Ningún testimonio —existen numerosas cartas de su puño y
letra— de esa época hace sospechar su f u t u r o rompimiento con la
Iglesia, n i traduce las angustias, los horrores y las penurias que
años después dijo haber pasado en el convento. Luego de la minu-
ciosa obra d e Denifle no h a y escritor, por luterano que sea, capaz
de insistir en la existencia de u n pobre m o n j e asediado por una
disciplina imposible. Desde 1505 hasta 1520 Lutero f u e un monje
agustino, más inteligente, más personal y quizá más escrupuloso
q u e otros, pero no muy diferente. No se percibe en sus escritos de
la época una disconformidad especial con su suerte.
Los observadores de su sensibilidad religiosa advierten en él
una marcada disposición a huir de la aridez espiritual y en com-
pensación a buscar manifestaciones sensibles de la Gracia.
E n t r e los años 1510 y 1511 hace su famoso viaje a Roma y a
juzgar por lo que escribió mucho más adelante habría quedado
profundamente impresionado por la degradante corrupción de la
corte pontificia. E n la correspondencia contemporánea al viaje no
se advierte la huella de esta indignación y sí la legítima curiosi-
dad de un modesto habitante de Wittemberg en la capital del mun-
do cristiano.
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Promovido al grado de Doctor en Teología en 1512, f u e desig-
nado su'b-prior del convento de Wittemberg donde continuó pro-
gresando en sus conocimientos escriturísticos.
Desde 1508 está bajo la influencia espiritual del Vicario Gene-
ral de los Agustinos en Alemania y por su encargo desarrolló en
la Universidad de Wittemberg su curso de ética aristotélica. A su
llegada de Roma y luego- de recibido el título de Doctor, inicia un
curso sobre los Salmos y otro sobre la Epístola a los Romanos. Lu-
cien Febvre en su "Martín Lutero, u n destino" considera que en
ese tiempo habría encontrado la verdad que lo apartaría de la
Iglesia. Esta opinión del crítico sagaz tropieza con la dificultad
de no estar corroborada por los escritos contemporáneos del mis-
mo Lutero.
- 30 -i
maba como se la daban, pero sólo asimilaba lo que convenía a su
temperamento y rechazaba el resto violentamente".
Esta disposición lo convierte en el abuelo venerable de todos
cuanto cultivan u n cristianismo "a su manera'' y esto porque tra-
taba de tmirse a Dios con los lazos; de una disposición sensible apta
p a r a hacerle sentir esa unión.
'La explicación de los Salmos y las lecturas paulinas interpre-
tadas a su manera lo llevarán a descubrir su verdadero camino de
Damasco en la doctrina sobre la Gracia. Ockham lo había conven-
cido de la inutilidad de la teología anterior a la suya propia y le
había enseñado, cosa fácil de aprender, a desconfiar de las obras
de la inteligencia. Formado en el nominalismo y en parte reaccio-
nando contra él, encontró su deleite en la frecuentación de San
Agustín y San Pablo, prolijamente podados de cuanto no entrara
en el ámbito de sus extraños designios.
La frase paulina: "el justo vive de la fe" le reveló de golpe
la infinita misericordia de Dios y lo ilustró sobre u n hecho místico
q u e barrería todos sus excesivos escrúpulos y le daría la paz inte-
rior: el sacrificio de Cristo cubre todos los pecados, las obras de
la misericordia con sus mortificaciones disciplinarias no sirven
para santificar nuestras vidas.
ESntre 1516 y 1517 y a través de uno de sus discípulos, Gunther,
opone al catolicismo denominado religión de la ley, su nuevo con-
cepto de la Gracia. Era un descubrimiento genial y coincidía con
el mismo de San Pablo. Hasta ese momento ios doctores de la
Iglesia, como los viejos rabinos, se habían dedicado a comentar la
ley y se habían olvidado del Espíritu Santo. Lutero se sintió lla-
mado a revelar a todos la buena noticia.
Moreau, encargado de estudiar la crisis del siglo XVI en la
monumental "Histoire de l'Eglise" de Fliche et Martin, explica
brevemente la evolución de Lutero con estas palabras: "como sus
confesiones, sus penitencias y sus oraciones no le traían la paz, ni
el consuelo buscado, porque quería sentirse libre de sus pecados,
sentirse en Gracia con Dios, niega su eficacia y renuncia a esas
prácticas".
- 32 -i
Es notorio que el Diablo encuentra servidores en todas partes
y en esta oportunidad lo halló en u n hermano dominico llamada
Tetzel, cuyo ardor en j u n t a r dinero superaba en mucho sus con-
diciones de predicador. El buen hermano entró en discusión con
Lutero y como f u e arrollado por la. facundia del agustino, la vic-
toriosa disputa tuvo un eco enorme en toda Alemania y sirvió pars
agudizar más el pleito sobre las indulgencias.
En esta oportunidad Lutero escribió las noventa y cinco tesis
y las clavó en las puertas de la Catedral de Wittemberg. Era un
gesto audaz, pero no tan desusual como para significar u n rompi-
miento. Las tesis traen sus novedades luteranas, pero no consti-
tuían todavía una doctrina herética en toda su plenitud.
- 33 -i
7 Lucien Febvre insiste en ei carácter personal
.Nace una secta p r e o c U p a c i o n e s primeras de Lutero. Su
lucha para alcanzar la paz interior conforme con los caminos se-
ñalados por la teología ascética terminó para él en u n fracaso. Su
abandono a la misericordia divina le dio la calma y las gracias
sensibles buscadas tan infructuosamente en las mortificaciones.
Febvre se hace eco entusiasta de este descubrimiento y pone
de relieve su carácter revolucionario; en efecto, Lutero supo con-
vertirlo en una revolución porque inventó u n a justificación teoló-
gica para cubrir su actitud. Considerada en sí misma, y haciendo
abstracción de la personalidad genial de Lutero, es el descubri-
miento de cualquier monje que habiendo hecho algunos adelantos
en el camino de la perfección religiosa, renuncia a esperar dema-
siado de su esfuerzo personal y s e entrega a la misericordia divi-
na, sintiéndose incapaz de soportar el peso de su trabajo.
Pero si se hubiera quedado ahí, hubiere dado una prueba de
humildad y al f i n de cuentas Dios no abandona a los infelices que
se ponen en sus manos y se encomiendan a su generosidad, porque
se saben impotentes contra sus debilidades. Lutero hizo de la de-
bilidad fuerza y d e su fracaso un triunfo contra la Iglesia y una
glorificación de su propia miseria.
En esto radica su originalidad, y si Febvre ve en ello una re-
volución habrá que creerlo b a j o su palabra, aunque Lutero, apa-
rentemente, no intentó suplantar la ciudad cristiana por u n orden
social naturalista. Eso sí, un poco como el Angel rebelde, se sintió
herido en la dignidad de su condición humana, por una exigencia
que consideró por encima de sus fuerzas y atrincherado en su de-
recho a dar una interpretación personal de la Palabra Divina, se
liberó de la disciplina eclesiástica, dejando para el fuero íntimo
una relación que Dios quiso solidaria e institucional.
Sólo la fe, la Gracia de Dios, si se quiere, da al cristiano la se-
guridad de su salvación y ésta se manifiesta en u n sentimiento de
absoluta paz, inspirado por la confianza en la misericordia de Dios.
"Christianum, oportet semper securum esse" —nos dirá. En esta
presunción radica su fuerza y de ella nacen todas sus debilidades.
"Substituir [la religión tradicional] por una religión completa-
mente personal y que pusiera a la criatura, directamente y sin
intermediarios f r e n t e a Dios, sola, sin cortejo de méritos o de
obras, sin interposiciones parásitas ni de sacerdotes, ni de indul-
gencias adquiridas en este mundo y valederas en el otro, o de
absoluciones liberadoras con respecto a Dios mismo: ¿No es esto a
lo que debía atender en primer lugar el esfuerzo del reformador?"
Lucien Febvre dicit, y como en su afirmación va implícito el
individualismo de toda una época en proceso de conquistar el de-
- 34 -i
recho a hacer lo que a cada uno se le diera la gana, no hay más
remedio que colocar a Martín Lutero entre los grandes liberado-
res del género humano. Personalmente no m e opongo, pero pienso
q u e una religión personal tiene el inconveniente de no ser total-
m e n t e humana, y Lutero, gran creyente en la presencia constante
de Satanás, debió saber que el Príncipe de este mundo f u e el pri-
mero en practicarla. Con todo persistió 'en los principios individua-
listas de su reforma, pero cuando otros, más personales que él, sa-
quen consecuencias u n poco anárquicas, pondrá el grito en el cielo
y confiará, siempre con la Epístola a los Romanos en la mano, en
que la policía de los príncipes ponga orden en la ciudad y detenga
el curso' de la locura interpretativa. La doctrina sobre el poder
político nacerá de esas exigencias.
—
~ j Antes de examinar la relación de Lutero con los
vJíro poco a príncipes, conviene insistir u n poco más en sus
^ principios teológicos. En este primer paso de ar-
mas, la revolución ataca directamente a la f e y lo hace conforme
al espíritu reinante en esa época, exaltando el individualismo y
amenazando a la organización eclesiástica en su cabeza. Pero todo
esto en la dulzura de u n impulso capaz de contentar el ángel en
detrimento de la pobre bestia condenada al mundo de las necesi-
dades terrenas.
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"Cada vez que Lutero subía al pulpito se establecía entre él
y u n a parte al menos de su auditorio u n contacto espiritual conmo-
vedor . . Lutero sentía la "élite" de su pueblo con él. El eco des-
pertado por su voz en toda Europa lo emocionaba... Así Lutero
se sentía en comunión espiritual con todos aquellos a quienes ha-
bía tocado el Evangelio. Se sentía transportado por sus plegarias.
Día a día su seguridad se a f i r m a b a y nada podía separarlo de esa
Iglesia invisible expandida por toda la tierra y d e la cual hablaba
la Biblia y cuya realidad s e convirtió para él en u n hecho de ex-
periencia cierta".
A esta Iglesia invisible, alimentada con la fe y la sensibilidad
de sus creyentes, correspondía u n sacerdocio tan universal e in'
discernible como ella misma.
"Se ha inventado —decía Lutero— que el Papa, los obispos,
los sacerdotes, las gentes de los monasterios serían llamados 'esta-
do eclesiástico'. Los príncipes, los señores, los artesanos y los pai-
sanos 'estado laico' ".
"Esto es una fina sutileza —añadía— y una hermosa hipocre-
sía. Nadie debe d e j a r s e intimidar por esta distinción. La razón
es m u y simple: todos los cristianos pertenecen verdaderamente
al estado eclesiástico. No existe e n t r e ellos ninguna d i f e r e n c i a . . .
a no ser funcional. El bautismo, el Evangelio y la f e forman el
estado eclesiástico del pueblo cristiano".
Y acto seguido extraía su Biblia y citaba I Pedro, cap. II. ver-
sículo 9: "Sois u n sacerdocio real y u n a realeza sacerdotal". Y lo
corroboraba en el capítulo Y, versículo 10, del Apocalipsis: "Has
hecho d e nosotros, por la efusión de tu sangre, sacerdotes y reyes".
Se dice que el camino del infierno está empedrado con citas de
la Biblia y probablemente sea cierto. El entusiasmo por sacar con-
clusiones autoritarias de la Sagrada Escritura tiene también sus
sutilezas. Lutero extraía de ambas citas la idea de que cada cris-
tiano era un sacerdote, pero omitía con cierto pudor, la afirmación
de su realeza. Otros citadores, menos sensibles a la majestad del
poder político y mejor dispuestos para aceptar sin restricciones
el sentido aparentemente literal del texto bíblico, reivindicaban
también la realeza. Menudo pleito se entabló cuando los anabap-
tistas exigieron el gobierno sobre todas las cosas y comenzaron a
negar su obediencia a las autoridades.
Lutero se detuvo en los umbrales del poder y consideró que
siendo todos obispos y sacerdotes pero no príncipes y reyes, era
conveniente que las autoridades temporales cumplieran también
las funciones sacerdotales para evitar inútiles superposiciones de
poderes. El sacerdocio universal -no impide la existencia de un
ministerio especializado, pero sin sello indeleble como quieren los
papistas.
- 36 -i
La comunidad cristiana elige sus ministros y éstos cumplen
con sus funciones en tanto respondan a las exigencias de esa co-
munidad. Si asi no lo hicieren, pueden cesar en sus funciones y
volver a su antiguo estado, pero el poder temporal tiene el dere-
cho, y casi el deber, de intervenir en el ejercicio' de esos ministe-
rios.
"Es conveniente dejar al poder temporal cristiano actuar li-
bremente y sin trabas y no considerar que se las toma con el Papa,
con el Obispo o con el sacerdote. Que el culpable padezca. Lo que
dice el Derecho Canónico a este respecto —se refiere a las prerro-
gativas del fuero eclesiástico— es pura invención romana. San
Pablo habla asi a todos los cristianos: "Toda alma (pienso también
en la del Papa) debe estar sometida a la autoridad, porque no en
vano lleva la espada y es por la espada por da que sirve a Dios,
p a r a castigo de los malos y gloria d e los buenos" (Pablo, Roma-
nos, XIII, 1 y ss.). San Pedro corrobora: "Estad sometidos a todas
•las instituciones d e los hombres, por el a m o r d e Dios que así lo
quiere" (I Pedro, 11,13). Y el mismo Pedro predijo que llegaría
un día que se despreciaría toda autoridad terrena, como sucedió
con el advenimiento del derecho canónico".
Una Iglesia invisible, pero visiblemente sometida al poder
temporal, tiene muchas probabilidades de convertirse en instru-
mento de esas mismas autoridades. Lutero no ignoraba esta even-
tualidad, pero confiaba en el poder de la Palabra y la buena inter-
pretación que podían hacer de ella los auténticos creyentes.
- 37 -i
"No escapa a Nuestro Señor q u e los perros hacen sus necesida-
des en todos los rincones y lo tolera, pero- cuando comience sü
ronda, su cólera n o tendrá medida".
Se refería, sin duda, al castigo reservado por Dios a los prín-
cipes abusadores, pero como, en cierta medida, todos lo eran u n
poco o mucho según el caso, Lutero no disimulaba su regocijo de u n
desquite postumo a t a n t a humildad impuesta por la fuerza.
Lutero no pudo escribir ni hablar sin comprometer su genio
colérico y pronto llevado a la polémica. Es, posiblemente, uno de
los más grandes polemistas de un siglo que los conoció de todos
colores, desde el melifluo Erasmo hasta el calumniador Scaligero
pasando por las afiladas plumas de Calvino y Rabelais. Esto expli-
ca por qué razón y a propósito de u n tema t a n ceñidamente teo-
lógico como el de los sacramentos, lanzó u n panfleto cuyo solo
título era una declaración de guerra a las autoridades romanas:
"De captivitate babylonica praeludium".
La verdadera iglesia estaba cautiva y los papistas, para qui.
tarle su fuerza espiritual, habían tomado en sus manos la impar-
tición de los sacramentos. El sacramento debe ser impartido por
el sacerdote pero, como todos los bautizados lo somos, Lutero no
ve el motivo- n i la razón por la cual una agrupación auto-selecta
se arrogue el derecho de impartirlo ella.
Sobre el terreno resbaladizo de la polémica, plantea su doc-
trina sobre los sacramentos. Fue necesario e l advenimiento de
Calvino para que de medios efectivos, transportadores de Gracia
Divina "ex opere operato", se convirtieran en modestos signos de
la Gracia. Lutero dejó e r r a r su pensamiento entre uno y otro sig-
nificado sin que sus fórmulas permitan hacerse una idea precisa-.
i- 38 -
"Lo que se pone en tela de juicio —nos confirma Febvre— es
la vieja mentalidad artesana de la Edad Media. Oficios hechos
sin duda para alimentar a su hombre, pero que no incluían nin-
gún beneficio f u e r a del que permite vivir a l productor. La no-
ción del justo precio, mantenida por los magistrados, favorecía
únicamente el interés del consumidor".
Sería u n abuso pensar que Lutero favorecía conscientemente
el advenimiento del capitalismo o del espíritu capitalista, pero la
burguesía alemana deseaba con urgencia el cambio moral que la
pusiera de acuerdo con las nuevas realidades económicas y la
rebelión luterana estaba en el camino de ese cambio.
- 39 -i
dica libertaria y lo pusieron en la violenta situación de tener que
pensar contra sus propios principios. En verdad, para Lutero, una
contradicción más o menos era u n juego de niños y no repito al-
gunos de sus dichos sobre la lógica porque no haría más que ilus-
trar su tremenda facundia escatológica.
En la rebelión desatada entre el campesinado por los anabap-
tistas Lutero rechaza con violencia sus pretextos religiosos: el
Evangelio condena la rebeldía y son pocos los denuestos a que no
se hacen acreedores quienes suponen hallar en la Palabra de Dios,
motivos para levantarse contra las autoridades. En su carta a los
nobles alemanes es claro y terminante y sus palabras no dejan
mucho sitio para la comprensión, la misericordia o la simple pru-
dencia política.
"Por todas estas razones, queridos señores, desencadenaos, sal-
vadnos, ayudadnos, tened piedad de nosotros, exterminad, degollad
y el que tenga poder para ello, actúe".
Olvida un poco su teología cuando exclama: "Vivimos tiempos
tan extraordinarios que u n príncipe puede merecer el cielo ver-
tiendo sangre, mucho más fácilmente que otros rezando".
Esto es volver por el valor de las obras en un contexto algo
menos evangélico que el esgrimido por el más violento predicador
de cruzadas.
E n las "Conversaciones de Sobremesa" se nos cuenta que al-
guien preguntó a Lutero si era lícito matar a los anabaptistas y
recibió esta respuesta del maestro:
"Existen dos especies de anabaptistas. A la primera pertene-
cen los rebeldes endurecidos, cuya enseñanza combate toda auto-
ridad; a éstos es lícito que u n príncipe someta a juicio y los con-
dene a muerte. En cuanto a los otros fanáticos, que profesan ideas
insensatas y bizarras, el exilio es, con frecuencia, u n castigo su-
ficiente".
Cuando uno se alimenta en los concurridos pesebres del pen-
samiento liberal es corriente creer que la Iglesia Católica sostu-
vo alguna vez algo denominado- "el Derecho Divino de los Reyes".
Lueien Febvre, poco amigo de la tradición eclesiástica romana,
considera que f u e Lutero y sólo él "el primero q u e ha legitimado
verdaderamente, que ha fundado plenamente en Dios, el poder ab-
soluto de los Príncipes".
El mismo Lutero reconoció haber sido el inventor del princi-
pio cuando en 1525 escribió con orgullo: "Nuestra enseñanza ha
dado a la soberanía secular la plenitud -de sus derechos y de su
poder, realizando así lo que los Papas no¡ h a n hecho, ni han queri-
do hacer nunca".
_ 40 -
Y añade con énfasis: "Desde los tiempos apostólicos no hay
un doctor, ni u n teólogo, ni u n jurista, que con t a n t a maestría y
claridad como yo lo he hecho1, por la Gracia de Dios, haya acen-
tuado en sus fundamentos, instruido en sus derechos, hecho ple-
namente confiante en sí misma la conciencia del orden secular"
(cit. por Febvre op. cit. p. 249).
La consecuencia venía un poco como de suyo. Si se destruía
el derecho' divino de la Iglesia se hacía menester apuntalar el po-
der público convirtiéndolo en f u e n t e de autoridad religiosa. Las
sucesivas fases del proceso revolucionario nos acostumbrará al
ejercicio de esta dialéctica: en cuanto se destruye una autoridad
auténtica se hace menester reemplazarla por u n a artificial capaz
de suplirla. El criterio para percibir la diferencia entre una y otra,
surge del examen de la vida interior: la verdadera autoridad tiene
su. trono en la conciencia e impone su orden en la disciplina ínti-
ma de la moralidad. La falsa autoridad es siempre externa y sólo
puede obligar por la fuerza.
La espada sirve para castigar al transgresor, pero no puede
hacer que la justicia reine en el dispositivo moral del sujeto.
- 41 -i
pero interesa resaltar en ella el fundamento pesimista de su idea
de la justicia.
La base escriturística d e esta opinión nace, como escribe Mes-
n a r d en la p a r t e correspondiente a las ideas políticas de Lutero
en su "L'Essor ide Philosophie Politique a u XVle siècle", de una
abusiva interpretación de las Epístolas de Pablo y de u n a exten-
sión, no menos arbitraria, del carácter de la ley mosaica a todo
el orden jurídico positivo. El texto donde San Pablo dice a Timo-
teo: la ley no es para el justo, sino para el injusto, es convertido
por Lutero en principio universal de todo derecho y no sólo del
derecho penal.
Lutero era en su lenguaje de una espontaneidad tal que le
hacía decir cosas muchas veces desprovistas de sentido, como en
el caso del ejemplo que pone para ilustrar la necesidad de una
justicia rigurosa:
"¿Y esto por qué? —se pregunta—. Porque el justo se exige
y hace más de lo establecido por el derecho. Pero los injustos no-
hacen nada justo, por eso tienen necesidad del derecho, para que
se les enseñe a obrar bien por la coacción y la amenaza. Un buen
árbol no tiene necesidad para .dar buenos f r u t o s de doctrina o có-
digo, procede de su natural dar sin códigos n i doctrinas los frutos
de su especie. Sería obra de un loco hacer para el manzano u n li-
bro lleno de leyes y de derecho p a r a enseñarle a dar manzanas y
no ciruelas".
- 42 -i
"Pues como ningún hombre es por naturaleza n i cristiano ni
piadoso, sino todos pecadores y malvados, Dios les prohibe a todos,
por la ley, proyectar hacia afuera su maldad en obras inspiradas
por la malicia".
Algunos, gracias a la Divina Misericordia, logran superar las
desastrosas consecuencias de la caída, pero son tan pocos y es tan
precaria su situación en un mundo devorado por la concupiscencia,
que se hace imprescindible una legislación severa para preservar-
los de los malos.
"Los buenos y los malos están mezclados de tal manera, aun
entre los cristianos nominales, que abolir la coacción legal sería
quitar sus trabas a las bestias salvajes y d e j a r abandonados a los
apacibles corderos; ya se vio algo de esto con los profetas de
Zwickau: así los malos profanarán, bajo el nombre de cristianos,
la libertad evangélica y darán libre curso a su malicia, recusando
como cristianos toda ley y toda espada, como lo h a n hecho hoy al-
gunos locos furiosos".
El Reino de Dios ha sido ofrecido a los hombres de buena vo-
luntad y supone u n ingreso libre. El reino de este mundo se im-
pone por la fuerza y por el carácter obligatorio de su derecho pu-
nitivo. El primero es solamente para los predestinados, el segun-
do para todos, porque el cristiano debe ponerse espontáneamente
"bajo el gobierno de la espada, pagar impuestos, honrar la auto-
ridad, servirla y prestarle su apoyo. Si noi se conduce así, no obra
cristianamente, actúa contra el amor y da a los otros u n ejemplo
deplorable".
- 43 -i
cristiano se deja guiar por la f e en su actividad religiosa, en sus
faenas políticas obra como ejecutor decidido de una ley implaca-
ble de represión.
"En esta situación —escribe Lutero— irás más lejos y m e pre-
guntarás si los verdugos, los gendarmes, los juristas, los abogados
y sus gentes pueden ser cristianos y salvarse en su estado. Respues-
ta: si el poder y la espada están al servicio de Dios, como ya h e
probado, todo cuanto sea necesario al poder para usar su espada
•está también al servicio de Dios. Será el caso d e aquel que prende,
persigue, masacra y degüella a los malvados y por lo tanto prote-
ge a los buenos, los disculpa y ayuda a salvarlos".
Por momentos su pluma se enciende en f u r o r y cuando piensa
en sus enemigos, en la resistencia terca que oponen a sus santas
intenciones, se lanza a u n a apología de la guerra que no desmen-
tirán sus seguidores en los futuros sucesos:
"Puesto que la espada ha sido instituida por Dios para casti-
gar a los malos, proteger los piadosos y guardar la paz, es probar
con bastante fuerza que Dios instituyó la guerra, el degüello y to-
do cuanto aportan las costumbres de las leyes guerreras. Y aunque
n o parezca que degollar y robar sea una obra de amor y que u n
h o m b r e ingenuo no vea en ella u n a ocupación cristiana, sino in-
conveniente para u n cristiano, en realidad son obras del amor".
El suave Melanchton solía quejarse amargamente de la facun-
dia inexorable de Lutero, y cuando el maestro abría la boca para
hablar, temía las intemperancias de su lengua y el partido que los
adversarios podían sacar de sus excesos verbales.
¡Si supiera callar! —suspiraba.
Pero Lutero no solamente no podía callar, sino que transpor-
tado por el ardor de la inspiración, amaba hasta tal punto su pro-
pia falta d e medida que insistía una y otra vez en las mismas vio-
lencias, como si con ellas pudiera terminar para siempre con sus
enemigos.
"Es porque Dios toma la espada hasta el punto que la nombra
su orden propio y no quiere que se diga, o> que se imagine, que se
trata de un descubrimiento o de una institución humana. Porque
la mano que lleva esa espada y que extermina, no es una mano
humana, sino divina, no es el hombre, sino Dios quien cuelga, en-
roda, decapita, degüella y guerrea. Todo esto es de su resorte y
de su jurisdicción".
"La guerra es un empleo divino en sí mismo y t a n indispen-
sable y útil para e l mundo como beber y comer, o cualquier otra
obra semejante".
- 44 -i
Lo hemos insinuado u n par de veces, pero ahora lo decimos
con toda claridad: Lutero comienza u n movimiento de ideas que
va transformándose a lo largo de los siglos que de él nos separan
y que podemos designar con el nombre de Revolución. En todo
este movimiento existe una tónica general con respecto a la vio-
lencia que toma su origen en la predicación de Lutero y que con-
siste e n diluir la responsabilidad personal f r e n t e a las medidas
de fuerza atribuyéndolas a Dios a a entes de razón que el espíritu
revolucionario irá inventando, por exigencias de la causa, en la
medida que pierda su vinculación con la fe.
- 45 -i
tuales, su permanente combate contra el dualismo es indicio su-
ficiente de su voluntad para vencerlo. Lutero tomó de Agustín lo
que quiso y conforme a su índole poco dada a los distingos proli-
jos, exagera hasta la caricatura algunas enseñanzas del Santo
Doctor de la Iglesia. Esta distinción entre una persona angelical,
entregada a la fe y a las obras de la misericordia, y otra carnal,
.sometida a las exigencias materiales del orden mundano, es de
claro cuño maniqueo. Maritain la elaboró a su manera y trató de
usarla, como Lutero, en un intento de armonizar u n orden prácti-
co sin inspiración sobrenatural y un orden religioso sin fundamen-
tos reales.
Garantizada la neutralidad del gobierno en materia espiritual
y salvada la naturaleza puramente personal de la fe, no estaba en
el temperamento de Lutero dejar proliferar herejías capaces de
poner en tela de juicio su propia concepción de la Iglesia.
En sus primeros pases de armas comprendió que la herejía
era asunto del espíritu y no podía destruírsela con el hierro, que-
marla con fuego o ahogarla con agua:
"¿Qué se gana cuando se refuerza la herejía del corazón, aun-
que se logre debilitarla en los labios condenándola a la mentira?"
Esta frase la escribió en 1523, cuando su propia posición espi-
ritual había sido puesta en entredicho por el Emperador. A partir
de 1526, cuando se le impone la necesidad de pensar en una igle-
.sia establecida, comienza a comprender la proyección social de las
distintas creencias y la necesidad de controlarlas con medidas de
.gobierno.
En primer lugar porque el gobierno debe asegurar el orden
y luego porque incumbe al príncipe cristiano —luterano— confir-
mar la fe de sus hermanos y procurar que no sufra detrimento
en su integridad.
La persistencia de los ritos católicos lo exasperaba y no tardó
en aconsejar a los príncipes la supresión de la misa, no tanto por
ser una herejía corno por el carácter sacrilego de sus intenciones.
¿No afirma la reiteración constante del sacrificio de Cristo, como
si éste no se hubiera consumado de una vez para siempre?
Por lo demás comenzó a pensar que la coexistencia de dife-
rentes cultos en una misma ciudad era motivo de querellas entre
sus habitantes y las autoridades debían evitarlo unificando la fe.
Era u n retorno a las fuentes, pero sobre principios falsos, pre-
carios y pasablemente contradictorios.
- 46 -i
LA FILOSOFÍA EN DESORDEN
- 47 -i
tacto con lo que no es ella misma, sino la mente humana en cuanto
producto de la historia, que es cambiante, y que tiene una relación
también cambiante con el mundo. Más aún: el mundo también
debe ser concebido como cambiante en su esencia ya que, de
acuerdo a la afirmación kantiana, el entendimiento impone sus
leyes a la naturaleza. De este modo en toda época marcada por
los cambios históricos de la mente, el objeto del conocimiento, el
mundo aprehendido, sufre también una alteración radical. La
filosofía se- convierte en hermenéutica, en un trabajo de interpre-
tación constante, con el agravante de que cada época de inter-
pretación es totalmente independiente de las restantes: es única,
incomunicada e incomunicable, clausurada en sí misma.
D e este enfoque filosófico han nacido las influyentes teorías
historicistas y evolucionistas que, como lo hace la misma filosofía
"moderna", sostiene o afirma la existencia de un substractum
trans-especulativo e inmanente al que se llama "Historia" o "Evo-
lución". Este substractum no es nada estable, sino que aparece
como un flujo, una tensión, una futuridad. Pero mientras que
Darwin, acertado o equivocado en cuanto a la evolución, no
pretendía conocer la totalidad de ese substractum, al no fijar
u n punto final al proceso- de evolución, Hegel, reclamando un
total dominio sobre su substractum, concibe a la filosofía como
u n proceso de evacuación de lo infinito en lo finito, de Dios en
el hombre. Como ha dicho Heidegger, escribiendo sobre el intento
hegeliano, el objeto del entendimiento para Hegel es el Ser como
pensamiento auto-pensante que finalmente se convierte en auto-
consciente en el proceso de su desarrollo especulativo. De este
modo el pensamiento atraviesa distintas etapas de desarrollo (1).
El substractum evacuado de Dios en el hombre o, en otros tér-
minos, el auto-pensante proceso del Ser, es luego espíritu, término
igualmente aplicable en filosofía y en historia, y también en los
campos de la ley y de la voluntad (ver a Schelling para esta úl-
tima interpretación).
El punto terminal de este proceso es el conocimiento absoluto,
el cual importa un estado divino. Todo esto supone que el pensa-
miento y los hechos progresan dentro de una armonía preestable-
cida y determinándose recíprocamente. Al nuevo orden político na-
poleónico correspondía en el plano intelectual la aparición de la
Fenomenología del Espíritu. Y este segundo hecho, siendo de na-
turaleza especulativa (espiritual, auto-pensante), supera de facto
al primero, ya que en la misma Fenomenología leemos: "Si el co-
nocimiento es un instrumento para subyugar a la esencia absoluta.
- 48 -i
entonces la aplicación de un instrumento a .una cosa modifica la
cosa" (2). Pero nos resulta claro que ello no es así: el conocimien-
to no es u n instrumento, y no modifica la esencia de las cosas; sólo
intenta alcanzar esa esencia.
Todo sucede de este modo si se admite que en cada período
histórico, coincidente con las distintas "fases hegelianas de desarro-
llo" del Ser, quedamos presos en u n sistema. Pero miremos u n po-
co alrededor de esta celda que h a fabricado la filosofía moderna.
Lo primero que descubrimos es que la epistemología clásica ha
sido invalidada. Según ella somos seres limitados (oreaturas), y
por tanto nuestro conocimiento es también limitado. El sujeto y
el objeto se distinguen realmente, pero el primero sale de sí y
aprehende al segundo. La definición del conocimiento como adae-
quatio se apoya aquí firmemente, aunque esa adecuación no es ni
absoluta ni completa. El conocimiento tiene certeza, pero como han
sostenido Aristóteles y Santo Tomás, nuestra inteligencia pasa de
la potencia al acto y alcanza, al principio, u n cierto conocimiento
confuso.
Desde el punto de vista de la nueva epistemología, la distin-
ción sujeto-objeto y consecuentemente la condición no plenaria
del conocimiento, son fracturas graves que deben superarse. No
sé si quienes proponen esta nueva epistemología comprenden que
el precio que hay que pagar p a r a superar estas "deficiencias" es
nada menos que la desaparición del sujeto y del objeto. El sujeto
es entendido como algo que está en manos del espíritu histórico
en su fase auto-pensante más o menos desarrollada (Hegel), o,
usando el lenguaje de Heidegger, es atención al ser; el objeto es
deshecho, dominado, sometido por el acto de conocimiento. La
desaparición del sujeto y del objeto se pretende compensar por
e l hecho de una revelación permanente que se sigue de la noción
hegeliano-heideggeriana de que la historia del ser es su propio
desenvolvimiento. La historia aparece así, no como una empresa
de cooperación entre la guía de Dios y la libertad humana, sino
como la periódica auto-develación del ser. Así subraya Hans Jo-
ñas que "al desaparecer la posibilidad y la necesidad de distinguir
entre doctrina verdadera y herejía desaparece la idea misma de
doctrina verdadera" (3). Esta desaparición de distinciones está
precedida, naturalmente, por la desaparición de un conocimiento
verdadero.
¿Por qué se ataca la epistemología clásica? Según la posición
prevaleciente en este ataque, representada por la línea de pensa-
- 49 -i
dores que va de Hegel a Heidegger, y plenamente explicitada en
el sistema de este último, la teoría gnoseológica de la adaequatio
está infectada por u n estrecho antropomorfismo o centralización
en la razón, consecuencia de u n descarrilamiento filosófico. Heideg-
ger trata esta cuestión e n u n largo ensayo de Holzwege ("Cami-
nos que no llevan a ninguna parte") bajo el título de "La Era de
las Cosmovisiones". La afirmación substancial de este ensayo es
que desde Platón el hombre occidental ya no se somete al ser, si-
no que somete el ser a sí mismo y lo reduce a representaciones,
de modo que el mundo se hace imagen (Bild). De acuerdo a esto,
el hombre platónico u occidental dice que conoce cuando posee
e-videncia, visión, retrato, idea, eidos. En opinión de Heidegger es-
to es un descarrilamiento especulativo: el hombre pre-platónico
conocía en cuanto que estaba atento al ser, y el hombre medieval
(escolástico) conocía en cuanto que era creatura. Ninguno de ellos,
según Heidegger, redujo el ser a la condición de objeto convocado
a la presencia del hombre (vor-stellen).
- 50 -i
miento de la filosofía occidental, sino que es una realidad admiti-
da tanto por Moisés como por Platón. Es algo que está en la na-
turaleza misma de las cosas.
¿Qué ocurre con el conocimiento en la especulación contem-
poránea en cuanto ésta está influenciada y orientada por Heideg-
ger? La crítica de la representación como imagen (VorstelTung
ais Bild) tiene enormes consecuencias. En p r i m e r término, como
se ha señalado, la posición de Heidegger es inseparable de la crí-
tica del sujeto cuya falta (en el sentido de un "pecado original" fi-
losófico) es representar al ser como objeto: el hombre debe tras-
cender su subjetividad, y de este modo ser "recibido en la Nada
que es el ser mismo" (loe. cit.). En segundo lugar, la crítica de Hei-
degger anula, junto con la imagen, el cogito mismo, el pensamiento
conceptual en cuanto tal. "El pensamiento sólo empezará —escribe
en otro de los ensayos d e Holzwege—, cuando aprendamos que la
Razón, glorificada durante siglos, es la más estricta contradicción
del pensamiento" (en "frase de: Nietzsche, 'Dios ha m u e r t o ' " ) .
La razón y el pensamiento conceptual forman una única cate-
goría heideggeriana, y por cierto no una categoría privilegiada.
La nueva epistemología debe organizar todas las otras categorías
(Angst, Sorge, etc.), para salvar a la filosofía de esa invención pla-
tónica que es la metafísica. La filosofía es "la correspondencia for-
malmente consumada que habla en cuanto que considera el lla-
mado del ser del ente" (4); o, según otra formulación, "la filoso-
fía consiste en nuestra apertura hacia aquello que es horizonte
de la búsqueda filosófica, fundamentalmente, el ser del ente" (5).
Para nosotros es necesario captar el transfondo de la concep-
ción heideggeriana de la metafísica. Allí no h a y filosofía; sólo
hay apertura-hacia y referencia a los sucesivos desenvolvimientos
del ser. Y aquí se nos hace evidente que este caminar hacia el ser
es mucho más ambicioso que el simple conocimiento al que humil-
demente llega la razón; de una razón que, para empeorar su pro-
pia situación, confiesa sus propias limitaciones! E l remedio que
se nos propone es recurrir a aquellos filósofos que h a n descifrado
tantas trampas usadas por la filosofía occidental al estar empeña-
da en reducir el ser a representaciones, a imágenes. Y así se llega
a sostener que el f r a u d e perpetrado desde Platón hasta Nietzsche
puede suscintamente formularse diciendo que el cogito ocultaba lo
fundamental, que la razón desfiguraba al ser. Ahora ha llegado el
momento de desenmascarar a la razón; esta es la misión de la filo-
sofía embarcada en la nueva de-velación del ser.
- 51 -i
En este itinerario hacia el ser, la filosofía -primero debe lim-
piar el campo y mostrarse desconfiada (como escribe Paul Ri-
coeur) de los filósofos -de la razón. Desconfiada de sus conocimien-
tos porque fabrican ilusiones; de la evidencia y el razonamiento
verdadero, de las imágenes que pretendiendo ser respuestas, sa-
tisfacen nuestras preguntas y f r e n a n la atención que es in-termina-
ble. ¿Quiénes son los filósofos de la desconfianza, los descifrado-
res? Freu-d, que descubrió los impulsos libidinosos bajo las imáge-
nes del padre y de Dios; Darwin, -que arrancó al hombre su pri-
macía, su centralidad en la creación, y -encontró por debajo de una
fachada d e estabilidad de las razas crea-das por Dios, todo el mo-
vimiento de la evolución; Marx, que desenmascaró al Estado, la
Sociedad y la Clase, y encontró bajo estas respetables instituciones
intereses únicamente económicos; Nietzsche, que desenmascaró la
moralidad hebreo-cristiano-socrática (y su Dios imaginado y con-
ceptualizado) y dejó al descubierto la realidad subyacente: la vo-
luntad de poder; y así otros.
El nombre de todo este juego es: des-enmascarar. Pero Ricoeur
no se da cuenta en su estudio de hermenéutica (6) que lo que
Freud, Marx, Darwin, etc., hicieron —bien o mal, eso es otra cues-
tión— f u e hecho antes como función normal de la razón crítica.
Al igual que otros, los "filósofos de la desconfianza" aplican la ra-
zón a su objeto natural en u n trabajo sistemático (ciencia) orien-
tado a analizar ese objeto, y a lograr resultados positivos. Pero eso
no es lo que ellos dicen que están haciendo. Heidegger, Ricoeur y
otros, como Hegel lo hizo antes, dividen la historia de la filosofía
en fases d e desarrollo, clausurada cada una en sí -misma: la natu-
ral (pre-socrática), fase en que el hombre estuvo abierto a la auto-
desclausura del ser; el descarrilamiento (desde Platón hasta Nietzs-
che), época de la razón y la imagen; y la salvación (ahora). De esta
división tripartita se sigue que el pensamiento, antes de la "filoso-
• fía de la -desconfianza" era fingimiento y falsedad, porque la razón
-había usurpado el lugar d e otras categorías. Consecuentemente, el
papel central de la hermenéutica moderna en la "nueva era" de la
filosofía es -derribar a la razón de su lugar privilegiado. La razón
debe ahora confesar ante el tribunal de Heidegger y d e Ricoeur
que su método es preguntar ordenando varias representaciones en
u n concepto abierto que es luego cerrado con la ayuda de otro con-
cepto, la respuesta. La pregunta termina cuando se encuentra la
evidencia.
La visualidad qu-e per-turba a Heidegger no nos perturba a
nosotros. P a r a nosotros, como lo era para Platón y Aristóteles, la
visión es el más intelectual de los sentidos; los ojos colaboran na-
- 52 -i
turalmente con la mente, más naturalmente que los otros senti-
dos. Hans Joñas nos recuerda aquel pasaje -bíblico: "todo el pue-
blo vio la voz" (Éxodo 20,18).* Si la razón -es descalificada, no por
ello los sentidos serán beneficiados; m á s aún, quedaremos entre-
gados -a los impulsos, los dinamismos obscuros, los estímulos libi-
dinosos, la voluntad de poder, la atención al ser; ya que cualquier
coagulación de la experiencia en u n concepto cae bajo sospecha
y es mirada como algo fraudulento.
Recordemos que en toda esta controversia el "concepto" no
es entendido como un mero término lógico-gramatical. Es más que
una fase en el proceso de raciocinio. Para Hegel y Heidegger el
concepto es u n instrumento para capturar el ser, al que intentan
liberar de esta armazón arbitraria. Pero todo esto es para nosotros
imposible. Es antifilosófico. No -podemos pensar sin conceptos.
Nuestro -conocer consiste en representaciones válidas y las rela-
ciones de estas represntaciones, igualmente conceptualizadas. Si
se eliminan los conceptos, quedan conjuntamente eliminadas las
normas, el razonar metódico, la conciencia y, más allá todavía, el
juicio moral y Dios mismo. La misión propia de la filosofía es
analizar y re-analizar conceptos, normas, cuestiones y su solución,
El resultado sólo podrá ser: conceptos y normas más perfectos,
cuestiones mejor formuladas y un discurso racional más adecuado.
La ambición de la hermenéutica heideggeriana es otra. Es,
como ya se ha señalado, salvar a la filosofía de la metafísica. Pa-
ra nosotros, nutridos en el pensamiento clásico, ésta es una em-
presa inaudita, literalmente escandalosa. Heidegger lo sabe, y se
coloca en paralelo -con otra "empresa escandalosa", el descubrimien-
to -del1 Superhombre según la afirmación del Zarathustra de Nietzs-
che: "Dios ha muerto, nosotros lo hemos matado". Heidegger, en
el ya mencionado ensayo de Holzwege, dice que estas palabras son
"terribles", y es la misma calificación que debemos dar a su pro-
pio proyecto de salvar a la filosofía de la metafísica. Argumenta
que Nietzsche en su proclama no ha abolido a Dios sino al dominio
de lo suprasensible (metafísica). La metafísica, escribe Heidegger,
es el lugar en que las Ideas (Dios, Cristianismo, Moralidad, Pro-
greso, etc.), caen, una tras otra, en una t r a m p a después de haber
perdido su vitalidad. Y ¿por qué pierden su poder constructivo,
su validez, por qué caen? Porque vienen de f u e r a (o de arriba) y
se proponen representar el ideal de la existencia. En este sentido,
"Dios" es un término colectivo que sostiene todos los ideales; su
asesinato es la caída de todos los ideales dictados al hombre "des-
de arriba" por una hipotética deidad o por sus subrogados. En la
época de Nietzsche "Dios" había degenerado tanto ("Dios" mismo
- 53 -i
era una forma de degeneración propuesta por las derivaciones de
la metafisica platònica) que pudo ser reemplazado por ideales
tan vulgares como "la felicidad de las masas", "el socialismo", la
música wagneriana. Esto resultaba tan evidente para Nietzsche
(y para Heidegger) que la solución f u e no prolongar la serie de
ideales degradados, sino invertir todos los valores, esto es, empe-
zar un nuevo movimiento de valoraciones: "la inversión de los va
lores es un cambio completo en el proceso de valoración".
- 54 -i
¿En qué radica, pues, el presente desorden filosófico? Diga-
mos ante todo que este desorden, como nos es inmediatamente ob-
vio, no tiene a Heidegger por causa única, ya que otros filósofos
especulativos comparten con él esa responsabilidad. Este desorden
radica en u n fatal debilitamiento del discurso racional, en u n gra-
dual rechazo del objeto, de la realidad extra-mental en general y
del sujeto mismo. Convertidos así los dos polos del conocimiento
en algo precario, sus instrumentos, es decir, la representación, el
concepto, la evidencia, el cogito, la conciencia, las normas, quedan
también descalificados. Se los mira como injustificados, aun co-
mo fraudulentos, como simples coagulaciones de esfuerzos, impul-
sos, estímulos libidinosos, voluntad de poder, dinámica de clase.
Con Ricoeur, la hermenéutica alcanza u n punto en que se consi-
dera deshonesto contestar preguntas, porque sería reducir el ser
que es (al que se ha hecho único contenido legítimo de nuestras
preguntas) a una estructura conceptual informada por la razón.
No debemos maravillarnos que desde el existencialismo de Sartre
a la teología fluyente, de la "cristificación" teilhardiana a la "teo-
logía del f u t u r o " de Jürgen Moltmann, la existencia sea interpre-
tada como eficacia, como apertura al llamado de u n ser brumoso,
como proyecto nunca-terminado ("salto adelante") de sí. De la
especulación anti-conceptual del filósofo al rechazo que el hombre
de nuestra época hace de todo compromiso final sólo media un
corto paso.
En el tercer ensayo de Holzwege ("La palabra de Anaximan-
dro") Heidegger lleva más adelante este desorden filosófico, que
él ve como la restauración de la filosofía. En éste y en otros tra-
bajos persiste en insistir que Occidente y su pseudo-sabiduría es-
tán condenados, condenados fundamentalmente desde Platón y
en u n segundo grado por el Cristianismo. Si se niega radicalmen-
te a la razón su- función central y legítima, como lo hace Heidegger,
también se debe concluir que la decadencia de Occidente no es
meramente histórico-cultural como sostiene Spengler, sino mucho
más: la disolución de la razón, que hasta aquí era forma del cono-
cimiento, en provecho de una forma nueva. Anaximandro dice:
"Desde que las cosas nacen, en esa medida deben también destruir-
se; deben expiar y ser juzgadas por su injusticia, según la
regla del tiempo". Tanto Nietzsche como Heidegger entienden que
en la escala de Anaximandro, Occidente está en su nadir. Para
ambos se trata de una noticia "terrible", pero al mismo tiempo
maravillosa. "¿Estamos —pregunta Heidegger en su ensayo— en
el amanecer de la más enorme transformación de toda la tierra
y de su tiempo histórico? ¿Estamos en la'Noche esperando la Ma-
ñana?"
¿Por qué este optimismo? En el enfoque de Heidegger la me-
- 55 -i
tafísica occidental no f u e sino un intento fallido, incapaz para
penetrar en la esencia aún suponiendo que ésta estuviese allí. Y
por eso él considera que la siguiente formulación de Nietzsche es
la más importante de la filosofía occidental en su decadencia-ama-
necer: "¡Que el sello del ser sea impreso en lo cambiante!" Esto
se consideró la síntesis mejor lograda del gran proyecto metafí-
sico de Nietzsche; y este sumario se convirtió en u n programa que
sus discípulos llevaron adelante. Heidegger aclara que la palabra
"ser" en esa expresión, es el equivalente del "eterno retorno a lo
mismo", que es pensamiento central d e Nietzsche. Releamos ahora
esa afirmación según lo que propiamente quiere decir: el mundo
está en flujo constante (cambiante), no en una determinada di-
rección, sino siempre volviendo sobre sí mismo. De este modo lo
que es está cambiando, no siendo. Esta es la interpretación de la
Eilosofía que dan Nietzsche y Heidegger, y constituye el núcleo
de la hermenéutica contemporánea. No se trata de una interpre-
tación realmente nueva, sino que es u n a acomodación del regreso
a sí (bei sich sein) del espíritu absoluto hegeliano, y, antes que
Hegel, del gran ciclo de la especulación hindú, y, aún antes, del
mito de la serpiente que se muerde su propia cola. El significada
último del mito es q u e no hay ningún significado; si lo mismo re-
torna eternamente, todo ser humano y todo hecho está determi-
nado y se hace o sucede como sus innumerables copias anteriores
o subsiguientes. El tiempo mismo pierde sentido y diferenciación,
y la razón funciona en el "vacuum" desde que sus percepciones y
juicios ya no son tales.
- 56 -i
sofía de Heidegger —aunque, como vimos, él no está solo en es-
to— es creadora del desorden porque en ella aparece como filoso-
fía especulativa occidental lo que es un sistema de salvación cua-
si-oriental. Este sistema de salvación consiste en decir la palabra
debida, en el tiempo debido, por la persona debida para reintegrar
así este mundo caído en la Nada.
THOMAS MOLNAR
Ediciones "MiKAEL"
1. SAN MIGUEL, EL ARCANGEL DE DIOS
- 57 -i
ROMANCILLO DEL SEÑOR SAN JOSÉ
¡Y cómo lloraba
La Virgen María/
/Qué tiernos extremos
De ausencias hacía/
Pensar que el Esposo
Pensar que moría,
Pensar que el caifado
De lirio caía
Sin saberse dónde
Resucitaría:
Si entre los olivos
Del Monte sería
O acaso en el Qólgota
Que oía 14 gemía.
¡V cómo lloraba
La Virgen María/
En tomo de) lecho
Que al Cíelo se abría
forman las escuadras
De la angelería.
No muere de viejo:
De santo moría
José carpintero
De la Profecía.
Callan las mujeres
Sobre su agonía,
Y a su lado el Hijo
Que le bendecía...
V llora que llora
Que te lloraría,
Colmada de gracia
La Virgen María.
IQNACIO B. ANZOÁTEQUI
PARA UNA FILOSOFÍA DE
LOS ÁNGELES
Regina angelorum
ora pro nobis
- 61 -i
respecto de la realidad a la cual tenemos acceso; es decir, que la no
existencia de los ángeles no se nos presenta como un absurdo para la
razón, como sería el caso de la n a existencia de Dios o de la negación
de las principales tesis metafísicas, y por supuesto, de los primeros prin-
cipios. En este sentido, ¿cómo puede hablarse de una filosofía de los
ángeles? Sólo podría pensarse, pareciera pues, en una teología de los
ángeles.
Deja sin embargo bien en claro Santo Tomás que los argumentos
que emplea no son absolutamente probatorios, de modo que pudiese
concluirse 1 la necesaria existencia de los ángeles como resultado de pre-
vias verdades racionalmente evidentes. Se trata solamente de argumen-
tos denominados de congruencia, o sea fundados en determinadas, exi-
gencias de correspondencia y de orden, a los cuales la razón adhiere en
v i r t u d de'su adecuación respecto de otras proposiciones que1 se presen-
tan como verdaderas. Es decir, se trata de argumentos verosímiles, del
punto de vista racional, coherentes, y que aclaran cuestiones que serían
más difíciles de entender si tales argumentos además de no ser verosí-
miles no fueran verdaderos. Sería] el caso como si en .un sistema d e ver-
(2) La teología versa sobre Dios, o sobre otras cuestiones pero en cuanto
se las encara desde la perspectiva de la Revelación.
(3) Aristóteles hace referencia a las inteligencias que mueven las esferas. Cf.
I. Met. c. 6:987, a y XI, 8, 10, 1074, a.
dades bien claras y probadas, quedasen ciertos vacíos, ciertas lagunas,
que una exigencia de congruencia llevase a cubrir con proposiciones
no plenamente fundadas pero que engarzadas en el conjunto favorecie-
sen la comprensión del todo.
(4) En la Sum. Teol. las partes dedicadas especialmente a los ángeles son:
a) I p., Qs. 50-64, y b) I p., Qs. 106-114. Para este trabajo se han tenido
también en consideración las introducciones a tales partes que figuran en
la edición de la B . A . C .
- 63 -i
Más a ú n , si pensamos en el universo p r o p i a m e n t e humano, mucho
más asombroso y p r o f u n d o q u e el .universo material, podemos extender
esa idea de Santo Tomás, sin! á n i m a de exagerar, por cierto, hacia otras
múltiples manifestaciones de la realidad. ¡Cuántas maravillas, en efecto,
acaecidas a través d e la historia, cuántas acciones humanas, cuántas co-
sas dichas y pensadas por centenares de miles de personas a través de
todos los tiempos quedarían en cierto m o d o perdidas si no fuesen rete-
nidas por e! pensamiento angélico! ¡Cuántos afanes, cuántos sueños,
extravagantes o no, cuántas cosas sentidas, amadas o. temidas, imagina-
das, o meramente proyectadas, quedarían sumidas y perdidas en la
s u b j e t i v i d a d de cada cual, o naufragarían en el o l v i d o , si no las alcan-
zase la penetrante mirada de los ángeles! Las obras d e los hombres,
además, grandes o pequeñas, buenas o malas, habrán quizás de rein-
tegrarse a través del conocimiento, del amor, o del dolor angélicos
ante la presencia- del Dios uno y trino. Podría añadirse, incluso, que
la misma fascinación q u e ante nosotros t i e n e muchas veces el mal, su
atracc'ón e interés, -no sería explicable si fuese algo meramente nega-
t i v o , una ausencia- de b i e n o de orden, si no hubiese detrás de ello una
presencia angélica, una presencia angélica, en este caso, caída y ma-
ligna, por cierto, pero angélica al f i n , y atrayente por ello.
- 64 -i
están, en efecto, las teogonias y epopeyas con sus dioses y semidioses,
seres superiores a ¡los hombres pero subordinados, en último t é r m i n o a
jun p r i n c i p i o absoluto, que podrá ser el Destino, los Hados, o el Todo;
están líos espíritus protectores de las naciones, pueblos, ciudades, ríos
y bosques, los espíritus benignos y los espíritus malignos, los inmorta-
les,;, esas deidades q u e tienen mucho de d i v i n o y n o poco de humano.
¡Hasta, para un fülósofo como Tales "el m u n d o está 'lleno de dioses", e
incluso, hay algunos que se ocupan particularmente de cada hombre,
como, por ejemplo, era para Sócrates su " d a i m o n " , q u e lo hacía ir
siempre no donde él quería, sino d o n d e debía, y que según la interpre-
tación de Eugenio D'Ors, era el ángel guardián del f i l ó s o f o ateniense (5).
11 I
Decíamos q u e el filósofo q u e reflexiona' acerca de los ángeles co-
menzará por considerar la hipótesis de su existencia, para deducir d e
la aceptación de tal hipótesis, la índole y características de dichos seres
espirituales. Si el f i l ó s o f a es alguien que acepta el depósito de la Re-
velación, se encontrará ya con datos fundamentales sobre los ángeles,
tratando de explicarse lo mejor posible la existencia y esencia de los
mismos. Desde el punto de vista de la fe, los ángeles existen, decía-
mos; tanto la tradición como el dogma son en esto bien explícitos. No
son muy precisas, en cambio, las Escrituras acerca de ciertos caracteres
de los espíritus angélicos. De ahí diversas posiciones, al respecto, en
distintos autores: sagrados. En, esto Santo Tomás muestra su peculiar lu-
cidez y p r o f u n d i d a d de teólogo y de filósofo, resolviendo las cuestio-
nes difíciles q u e se plantean, y esclareciendo, en la medida de lo po-
sible, el misterio de la realidad angélica.
- 65 -i
en genera!, las imágenes referentes a los ángeles expresan simbólica-
mente atributos y condiciones espirituales. El símbolo hace sensible lo
inteligible, y presenta plásticamente lo que debe ser entendido de un
modoi espiritual; de esa manera nos aproxima a lo que de suyo nos es
distante y adecúa a nuestra medida lo que sobrepasa nuestro entendi-
miento; pero debemos cuidarnos de no resbalar sobre 'la 'letra del sím-
bolo perdiendo de vista su auténtico y p r o f u n d o significado. Así l'as
alas, las aureolas, el oro, las espadas y cosas semejantes con q u e suele
representarse los espíritus angélicos designan siempre por analogía
condiciones, cualidades, potencias, operaciones, oficios.
I V
- 67 -i
lenguaje humano solemos decir q u e el orgullo enceguece; así los grie-
gos vinculaban el pecado de soberbia, ubrís, con 'la ceguera, até, q u e
era principalmente una ceguera de Jal mente, un oscurecimiento del in-
telecto (14), aunque en algunos casos también era ceguera física, como-
vemos en el Edipo Rey de Sófocles. Esto nos ayuda a comprender, aun-
que mínimamente, algo tan misterioso como el pecado angélico. En
efecto, supuesta .'la existencia de los ángeles y su naturaleza egregia,
parece inconcebible que no hubiesen previsto la consecuencia d e su
falta; sin embargo siendo aneja a 'la soberbia la obnubilación de la
mente, pierde su fuerza esta dificultad. Debe presuponerse, además,
q u e el ángel, como ser espiritual, es plenamente! libre.
Según los teólogos, los ángeles habrían recibido una gracia divina-
especia! para ejercer adecuadamente su l i b e r t a d ; esa gracia, sin em-
bargo, no sería total ni definitiva. Se trataría de un don gratuito que-
ofrecería al ángel una bienaventuranza que iría más allá de lo reque-
rido por su naturaleza; en tal situación, el ángel, consciente de la g r a n -
diosidad de su ser, podría o bien aceptar en un acto de confianza y
h u m i l d a d aquello que excede de suyo su propia capacidad, o bien, por
el contrario, mantenerse en lo que es suyo- y le pertenece por sí, p r e -
f i r i e n d o su p r o p i o conocimiento al acto de f e o, en t o d o caso, inten-
tando por sí mismo, por su propia capacidad, el ofrecimiento divino.
Estas dos últimas posibilidades configuran un pecado de soberbia; el
primer caso, en cambio, supone, como decíamos, h u m i l d a d y confian-
za; aquí h a y rebeldía,- allí, docilidad y acatamiento (15).
i- 68 -
Hay, en efecto, sostiene Santo Tomás, un instante angélico en el
q u e el ángel hace uso de su -libre 'albedrío, u n instante que le pertenece
plenamente. Lo contrario nos llevaría a afirmar 'la creación directa del
•diablo, o, lo que es peor, la eternidad del principio del mal, al m o d o
persa. El d e m o n i o no es naturalmente malo; Ja naturaleza angélica no
cambia en los demonios; éstos habrán, sin duda, p e r d i d o la gracia y
imuchos dones preternaturales, pero no así las condiciones derivadas de
su propia naturaleza; la inteligencia seguirá siendo intuitiva, y la vo-
l u n t a d , aunque pervertida y obstinada en el mal, conservará su pecu-
liar índole (16).
- 69 -i
t i m o se realiza; esto es p r o p i o de todo acto. Así la jerarquía primera-
se enouentrai más próxima a Dios y v e el fin de sus obras, la segunda
dispone su gobierno, la tercera lleva a cabo sus decretos.
Dante sostiene con Santo Tomás que los ángeles fueron creados
simultáneamente con el m u n d o corpóreo. Al participar ellos en el go-
bierno del universo, carecería de sentido q u e hubiesen existido con
anterioridad al mismo, ya que d e ese modo habrían estado entonces
privados de esa' perfección en q u e consiste la acción que les compete
(22). Además vincula Danté los n u e v e órdenes angélicos con las nueve
esferas, o nueve cielos, de acuerdo al sistema astronómico geocéntrico,
es dejcir las) esferas- o cielos de la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte,
Júpiter, Saturno, las estrellas fijas, y el p r i m e r m ó v i l , claro está q u e
en un-á| correspondencia más bien -simbólica. En cuanto a la décima es-
fera, o cielo empíreo, es el ámbito de lo d i v i n o y por lo tantoi trascen-
dente al toda criatura. Aristóteles, a quien tanto sigue también el poeta
florentino, había señalado que las inteligencias separadas son las q u e
mueven a las esferas, siendo el número de aquel-las el mismo que el
de los cuerpos celestes; en cambio la tradición cristiana, y Santoi Tomás
en particular, recuerdan para este taso el texto de las Escrituras que se
refiere a "miríadas y miríadas de ángeles" (23), y Dante dice que su
i- 70 -
número se multiplica más quei el producido por la multiplicación de un
tablero d e ajedrez (24).
Los ángeles gobernarían pues el mundo. Cada una de las cosas vi-
sibles de este mundo tiene a su frente un poder angélico, dice S,. Agus-
tín, citado por Santo Tomás quien, a1 su vez, admite 'la orientación del
mundo corpóreo por Jos] ángeles, sin desmedro- de las leyes fijas de la
naturaleza establecidas por Dios. Los ángeles orientarían e impulsarían
las cosas de acuerdo ai su -naturaleza, y las ordenarían también según
-las intenciones de la gracia en preparación para la "nueva tierra". El
regimiento del universo iría, además, más allá de -lo puramente cor-
póreo, alcanzaría a las plantas, a las distintas especies de animales y ,
por supuesto, a los hombres.;
(24) Par. X X V I I I .
(25) Sum. Teol. I p„ Q. 113.
(26) Dan. 10, 13.
(27) Cf. la nota correspondiente en la trad. de la Biblia de Felipe Scio de
San Miguel.
(28) Sum. Teol. I p., Q. 113.
[- 71 -
V 9
Decíamos que filosóficamente no p u e d e deducirse la existencia de
los ángeles, en cuanto la negación de tal existencia hubiera de condu-
cirnos a Ja i n i n t e l i g i b i l i d a d y al absurdo, c o m o sucedería, en cambio,
con!'la negación de la existencia de Dios; pero sí se puede argumentar,
según vimos, con razones de congruencia y de v e r o s i m i l i t u d , de mane-
ra que la razón natural vea como- algo más claro la existencia que la
n o existencia de los puros espíritus en el ámbito de 'la realidad. Incluía-
mos t a m b i é n motivos ; de carácter histórico cultural, referentes a distin-
tas tradiciones, y asimismo recordábamos algunas expresiones de filó-
sofos, d e interés especial para nuestro asunto. A h o r a bien, si. damos
por supuesta la existencia de substancias p u r a m e n t e espirituales, e n -
tonces sí podemos argumentativamente, racionalmente, deducir una se-
r i e de conclusiones acerca, por e j e m p l o , de su m o d o d e conocimiento,
de la índole de su lenguaje, de su v o l u n t a d , de su relación con el t i e m -
po, con el lugar, etc. A continuación nos referiremos a algunos de estos
puntos, limitándonos a ciertos aspectos que nos parecen más significa-
tivos respecto d e la vida angélica en comparación con la realidad humana.
- 72 -i
se constituyen en nosotros mediante la abstracción, en cuya operación
entran en juego t a n t o la potencia activa del e n t e n d i m i e n t o , esa capaci-
d a d i l u m i n a n t e del intelecto, que los antiguos d e n o m i n a b a n intelecto
agente, como la capacidad receptiva, o intelecto paciente, y por cierto
los sentidos externos y .los sentidos internos, como la imaginación y la
memoria, que f u n d a m e n t a n la percepción sensible.
La referida d u a l i d a d o bipolar.idad en el procesa cognoscitivo, que
se manifiesta, por e j e m p l o , explícitamente en el juicio, es así la expre-
sión de la composición natural del h o m b r e . Si el alma humana no estu-
viese u n i d a substancialmente al cuerpo, sino que —ta.1 c o m o 1o sostiene
la antropología platónica— sólo lo estuviese de un m o d o accidental,
corno el piloto está unido a su navio, habría que explicar el conoci-
m i e n t o al m o d o p l a t ó n i c o c o m o u n a explicitación o patencia de las
ideas, las cuales ya estarían contenidas latentemente en el espíritu. En
el h o m b r e , según Platón, se produciría, c o m o es sabido, la reminiscencia,
s i r v i e n d o el conocimiento sensitivo como aldabonazo para despertar
lo que está d o r m i d o . De cualquier! manera si el espíritu no se vale de
los sentidos para la f o r m a c i ó n de sus ideas, éstas tendrán q u e surgir
de1 sí mismo, ya p o r q u e son innatas, ya p o r q u e las recibe directamente
por m e d i o de una especie de iluminación espiritual. Por eso cabría de-
cir que en cierta manera, y según ciertos aspectos, el platonismo es un
angelismo, según los modos peculiares de conocer q u e p u e d e atri-
buirse a los ángeles.
V I I
- 73 -i
ción angélica, o sea, provenir de otros espíritus, se plantea entonces-
otra cuestión, que es precisamente -la de -I-a comunicación o, si se quie-
re, del lenguaje angélico. A q u í habremos también de recurrir a la ana-
logía para comprender, aunque sea muy limitadamente, lo que podría
ser -un lenguaje entre seres puramente espirituales. No es cosa fácil,
por cierto, ya que para nosotros el lenguaje se .lleva a cabo mediante
el uso de signos instrumentales, o sea aquellos q u e poseen un soporte
sensible, captable por ¡los sentidos, y a través de los cuales pasa la
significación.
- 74 -i
distinción entre el contenido- de pensamiento que se quiere trasmitir y
el signoi a través del cual la trasmisión se efectúa, es necesaria en toda
comunicación, de modo pues que las substancias espirituales, si se co-
munican entre ellas deben tener también una manera de significar,,
aunque no se trate de signos instrumentales, o sea con soporte sensible.
En -la mente humana- I-as ideas o conceptos son pues signos forma-
les de las cosas. Está bien decir que el entendimiento se- hace o se f o r -
ma ideas o conceptos acerca de las cosas, señalándose así el aspecto
activo del entendimiento. Por eso cabef -afirmar también que el intelec-
to se dice a sí mismo- interiormente lo que piensa, y que en este de-
cirse a sí mismp se pone el fundamento de la comunicación. Este v e r b o
interior, o v e r b u m cordis, en cuanto se orienta hacia la comunicación
y, por] l o tanto, en cuanto tiende a encarnarse en el signo sensible, co-
mienza por prefigurarse en la imaginación, constituyéndose así la ima-
gen verbal, para exteriorizarse l u e g o en el signo instrumenta-I, es de-
cir, en la locución o- palabra, cuyo soporte sensible es -la; voz articulada.
Quien recibe el mensaje, irá inversamente de -la palabra a la imagen
verbal, y de ésta al verbo interior, para comprender el pensar del que
habla.
(30) Siendo el objeto propio del conocimiento humano las jornias inteligible:
del mundo sensible, cabe decir que conocer es informarse. Cf. A. Marc
Psichologie Reflexive.
(31) Signum est id. quod repraesentat aliud a se potentiae cognoscenti, dicc
Juan de S. Tomás, Log. II p., Q.XXXI, art. I 9 .
.- 75 -
encarnar su pensamiento en una lengua concreta. Esto ha llevado a al-
gunos a identificar pensamiento y lenguaje, sin distinguir con claridad
una casi simultaneidad cronológica de una prelación ontológica (32).
VIII
i- 76 -
I X
- 77 -i
•
- 78 -i
ORDENACIONES
DIACONADO
CARLOS EMILIO BARON. Nació e n Crespo, Pcia. de En-
tre Ríos, el l 9 de Judio de 1952. Hizo sus estudios de Filo-
sofía y Teología en el Seminario de Paraná. Fue. ordena-
do el 28 de Mayo en la Catedral de Paraná, por Möns.
Adolfo: S. Tortolo.
FLORENCIO GREGORIO BURGARDT. Nació en Santa
Elena, Pcia. de Entre Ríos, el 4 de Enero de 1952. Hizo
sus estudios de Filosofía y Teología en el Seminario de
Paraná. Fue ordenado el 28 de Mayo en la Catedral de
Paraná, por Möns. Adolfo S. Tortolo.
BAUTISTA RUIZ. Nació en Perito Moreno, Pcia. de San-
ta Cruz, el 20 de Diciembre de 1946. Hizo sus estudios
de Filosofía y Teología en el Seminario de Paraná. Fue
ordenado el 16 de Julio en la Iglesia Parroquial de Caleta
Olivia, Pcia. de Santa Cruz, por Möns. Miguel Angel
Alemán, para la Diócesis de Río Gallegos.
MINISTERIOS
ACOLITADO
LECTORADO
- 79 -i
" M l l C A E L "
CAPITAL FEDERAL
INTERIOR
- 81 -i
costumbres. Pero muchas veces, aunque no ejerza expresamente
este magisterio extraordinario, por la importancia de lo que dice
y por decirlo repetida y definitiva o categóricamente a todo el
pueblo de Dios, el Espíritu Santo 110 puede permitir que se equi
voque; y, d e hecho, en estas cuestiones jamás se han equivocado
los Papas. La asistencia del Espíritu Santo ¿dónde la limita el
Evangelio únicamente a los casos en que hable "ex cathedra"?
(Si algunas veces los Papas hablan así, es para mayor claridad
y seguridad. Pues tampoco son infalibles en cualquier ccsa q w
digan de pasada, o menos importante, o como opinión p e r s o n a l . . . ) .
Pues bien, los Papas han dicho ya de manera irreversible,
-sería absurdo se volvieran en esto atrás—, que la mejor ma-
nera de practicar el cristianismo es la espiritualidad del Sagrado
Corazón.
•
- 82 -i
No puede estar más clara la enseñanza de los P a p a s . ' T r e s
importantísimas encíclicas: "Annum sacrum" (León XIII, 1899),
•"Miserentissi-mus Redemptor" (Pío XI, 1928) y "Haurietis aquas"
(Pío XII, 1956), h a n tratado- el tema, aparte de otros innumerables
discursos y documentos. Podrían seleccionarse otros muchos textos
categóricos.
Si los Papas han dicho que la espiritualidad del Corazón de
Cristo es la "síntesis del cristianismo y la mejor manera de prac-
ticarlo", evidentemente ello seguirá siendo siempre así. ¿O es
q u e antes el cristianismo era u n a cosa y ahora es otra?; ¿o lo
que antes santificaba ahora ya no sirve? (La teología, la mora]
o la ascética cristiana pueden desarrollarse y enriquecerse, pero
n o contradecirse: Quienes pretenden modificarlas sustancia-lmente,
negando lo anterior —que lo que antes era verdad y a no lo sea—
liarán u n a religión t a l vez m u y de moda y más o menos cristiana,
pero ciertamente y a no será el cristianismo verdadero, el católico,
el del Primado Romano).
La espiritualidad del Sagrado Corazón no solamente es hoy
útilísima, es también obligatoria. Tajantemente escriben Pío XII
y Pablo VI:
"Los que estimen en poco este extraordinario beneficio dado
por Cristo a la Iglesia obrarán temeraria y perniciosamente y
ofenderán al mismo D i o s . . . No se puede confundir con otras
formas de piedad que la Iglesia fomenta, pero no prescribe; n i se
puede tener como algo secundario q u e cada uno pueda practicar
o no según le agrade" (Pío XII, "Haurietis aquas").
"Debe ser estimado en grado- sumo" (Pablo VI, "Investígateles
divitias"). "Es vuestro -deber difundir cada vez con más ar.dor
- 83 -i
este amor al Corazón d e Jesús. Aquí es donde deben tcdos recibir
la inspiración y la eficacia para la renovación interior, moral y
social... Es absolutamente necesario que los fieles rindan culto
a aquel Corazón, y aprendan de Él a ordenar su vida" ("Diserti
interpretes").
Por todo lo cual constituye una ofensa a Dios: 1) el no apre-
ciar sus beneficios, 2) el desobedecer al Magisterio, 3) la incuria
en desaprovechar el m e j o r medio p a r a vivir el cristianismo.
¿Será posible que alguien se imagine y pretenda llegar a
la santidad por u n a vía distinta, cuando todos los santos de los-
últimos siglos propuestos como modelos por la Iglesia h a n segu-idc
este camino señalado por los Papas?
Pío XII dice en la "Haurietis aquais": "Hay que reconocer
que sólo gradualmente llegó el Corazón de Jesús a ser objeto de
culto especial como imagen del amor humano y divino- del Verbo
encarnado". Estamos persuadidos q u e el culto tributado por los
hombres al amor de Dios y de Cristo, mediante el símbolo de
su Corazón traspasado, nunca f u e completamente ajeno a la pie-
dad de los fieles".
EL SENTIR DE LA IGLESIA
- 84 -i
gran Corazón; como cuando decimos "Inmaculada Concepción"
significamos la persona de la Virgen siempre Inmaculada.
Sus elementos esenciales, conforme dicen los Papas y veremos
después, son los esenciales del cristianismo. Entonces, si no tiene na-
d a de nuevo, ¿para qué sirve? Precisamente, como dice Pío XII, es
una llamada de atención, u n semáforo, para indicarnos cuál es el
m e j o r camino para llegar a Cristo, a Dios; cuál es el enfoque
exacto y fecundo del cristianismo. Orientación tanto más oportuna
y necesaria cuando a través de la historia vemos cómo muchos
cristianos, a pesar de haber estudiado el Evangelio, lo desenfocan,
sea con el rigorismo de los jansenistas en el s. XVIII, o el deísmo
de muchos progresistas actuales que marginan la providencia de
Dios. El resultado, resultado de todas las desviaciones heterodoxas,
es apartar a los fieles del trato auténtico con Dios, basado y ,
manifestado en u n profundo amor filial cotidiano.
- 85 -i
¿QUÉ P R O P O N E LA ESPIRITUALIDAD
DEL SAGRADO CORAZÓN?
E L AMOR SIMBOLIZADO
EN EL CORAZON TRASPASADO
- 86 -i
Riqueza y misterio de Cristo que nos explica a continuación
cuando pide que se nos conceda comprender ese insospechado
amor de Cristo para que lleguemos a la plenitud en Dios (plenitud
que resume de nuevo en la caridad: Rom. 13, 8-10 y 1 Cor. 13).
"Vemos aquí nuestra meta: llegar a la plenitud en Dios, que
es la caridad, mediante la comprensión del insondable amor de
Cristo, conocido por el cauce de la Iglesia. Primera fundamenta-', t
c i ó n d e la espiritualidad del -Corazón de Jesucristo que no reside'
en otra cosa sino en avanzar hacia la plenitud del amor de Cristo
simbolizado en su Corazón traspasado.
S. Pablo también nos anima a unirnos con Dios por el Corazón
de Cristo: Recuerda —él o algún discípulo suyo— a los hebreos
(cc. 9-10) cómo en el santuario del Templo no se podía entrar,
lo cual era para él figura de que- aún no estaba manifiesto el cami-
no para unirnos a Dios. Ahora en cambio, grandiosa realidad, la Di-
vinidad se nos hace patente y asequible: "Confiando en la sangre
de nuestro Salvador, acerquémonos a entrar en el santuario, por e]
camino nuevo y viviente que Él nos ha inaugurado- a través de]
velo, esto es de su carne" (Heb. 10,19 s).
Hemos de entrar en la Divinidad a través del velo del san-
tuario, es decir, de 1a- carne de Cristo, p e r o precisamente en su
muerte se rasgó aquel velo (cf. Mt. 27,51), al tiempo que la lanza
rasgaba su carne. Todo lo cual es tanto como decir que ya está
abierto -el camino a la Divinidad; y que ese camino, por el que
hemos de entrar, queda simbolizado en el Corazón -traspasado
de Cristo, santuario -de la Divinidad, que es lo que se hace pa-
tente y asequible al rasgar su carne la lanzada mortal.
Pero es sobre todo S. Jua-ii, que en su Evangelio tiene buenJ> )
cuidado de suplir lo importante que falta en los otros Evangelios,
quien m s introduce en el Corazón de Cristo: a) cuando lo
presenta como misterioso manantial y b) cuando .subraya el mis-
terio de la lanzada.
a) La fiesta -de los tabernáculos, o de las tiendas, —en otoño,
pidiendo la lluvia para la sementera—, -era la- conmemoración
festiva del éxodo y del milagro de Moisés, que hizo brotar agua
de la roca (cf. Ex 17,6; Núm. 20,11). Por lo cual -ese día se
sacaba agua de la fuente de Siloé y se la llevaba en procesión
al Templo, mientras se cantaba una profecía de Isaías (12,3): "Sa-
caréis agua -con gozo -de las fuentes de salvación". Fue en esa
ocasión que Cristo se apropió la profecía diciendo: "Si alguno
tiene sed, venga a Mí, y beba el que cree en Mí. Pues como dice
la Escritura: 'Brotarán de su Corazón ríos de agua viva'. Esto lo
de-cía refiriéndose al Espíritu que recibirían los que creyesen en
Él" (Jn. 7,37-39).
- 87 -i
El texto de la Escritura que cita Cristo, es sin duda del
profeta Zacarías (13,1), quien promete para los tiempos mesiáni-
cos u n a f u e n t e que purifique del pecado, y no puede ser otra que
Cristo. El mismo S. Juan, e n el Apocalipsis (22,1), hace 'brotar
ese río de Cristo. Asimismo S. Pablo dice que los israelitas en
el desierto "bebieron de la r o c a . . . y esa roca era Cristo" (1
Cor. 10,3 s). (La otra interpretación que se ha dado de Jn. 7,37
ss: "brotarán de su corazón [del corazón del que c r e a ] . . . " con
referencia a Jn. 4,14: "el agua que Yo dé se convertirá en quien
la beba en manantial de vida eterna" no es sostenible por estar
en contra de la tradición más antigua, y porque en la Escritura,
citada por Cristo, no se encuentra en ningún sitio esa lectura).
Por tanto, .según S. Juan, el Corazón de Cristo es la fuente
del Espíritu Santo que nos había de enviar (cf. Jn. 15,26; 14,16
s; 16,7 s) y que ¡está figurado en esa 'agua Viva. El Corazón de
Cristo es además aquí (Jn. 7,37) claro símbolo de su amor, pues
bien se ve en el mismo S. J u a n (cap. 14-17), que la razón de
enviarnos el Espíritu Santo es el amor que nos tiene.
Así, al presentarnos su Corazón como símbolo de su amor
y fuente de la gracia, y exhortarnos a que acudamos a beber en
Él los que creemos en Cristo, es el mismo Cristo quien nos pro-
pone e introduce ya en la espiritualidad de su Corazón.
Pero aún hay más, mucho más:
•b) El texto siguiente subraya de modo extraordinario el mis-
terio de la lanzada.
"Al llegar a Jesús, como vieron que ya había muerto1, no le
rompieron las piernas, sino que uno de los soldados con la lanza
le atravesó el costado y salió entonces sangre y agua. Y el que
vio da testimonio, y su testimonio es verdadero 1 , y él sabe que
dice la verdad, para que vosotros creáis también. Eso ocurrió
p a r a que se cumpliera la Escritura: No le romperán >un hueso.
Y otro pasaje que dice: Mirarán al que traspasaron" (Jn. 19,33-37).
Contrapone S. J u a n a los designios de los hombres de que-
brarle las piernas, el plan de Dios. P l a n de algo tan relevante
que estaba doblemente profetizado (Ex. 12,46; Sal. 34,21 y Zae.
12,10). Y de lo cual, para mayor constancia, levanta acta notarial
con su testimonio y la apelación solemne a su propia veracidad.
El importantísimo hecho profetizado de que se trata —dice
S. Juan— es precisamente la lanzada que hace brotar sangre y
agua. Y que relata "para que también nosotros creamos". Pero
qué es lo que hemos de creer?, ¿qué capital "mysterium salutis"
se encierra así en la muerte de Cristo? —El mismo misterio del
Corazón de Cristo como manantial del Espíritu Santo.
- 88 -i
Efectivamente: Ambos pasajes están unidos en las referen-
cias citadas de Zacarías: "Aquel día habrá una f u e n t e a b i e r t a . . .
para la purificación del pecado" (13,1), y "Aquel d í a . . . mirarán
al que traspasaron" (12,10).
En ambos pasajes se habla del agua que brota del Corazón
d e Cristo. '
En consecuencia, el Espíritu Santo, río de gracia, que pro-
metió Cristo en la fiesta de los tabernáculos (Jn. 7,38), nos lo da
en su m u e r t e (Jn. 19,33 s). Pues en ella, completada y simbolizada
por el Corazón traspasado, se consuma nuestra Redención, el
nacimiento de la Iglesia, y, por tanto, se nos comunica el Espíritu
.Santo, la gracia (que es nuestra incorporación a Dios).
El amor de Cristo es la razón última de su promesa del
Espíritu Santo, agua de Dios; y luego es su muerte, acto supremo
de amor ("nadie ama más que quien da su vida": Jn. 15,13), la
que hace brotar realmente de su Corazón esa agua viva.
Este es el misterio de salvación que con tanto énfasis nos
relata S. J u a n para que creamos: Que de la m u e r t e de Cristo,
supremo acto de amor, brota la comunicación del Espíritu Santo
con su gracia, y el nacimiento de la Iglesia con sus sacramentos.
Misterios de amor que simboliza en el Corazón de Cristo, de
cuyo Corazón, d e cuyo amor, brota el agua viva que satisface
toda sed >(cf. Jn. 4,14), pues con ella, con la gracia, unidos a
Cristo, llegamos a esa plenitud en Dios de que habla S. Pablo.
Estupendo grano de mostaza bíblico que al cabo de los siglos
florecerá en la formulación espléndida de la espiritualidad del
Corazón de Jesús.
Además, que tengamos que amar a Dios y a los hombres y
.llevar la cruz con Cristo, como vamos a ver subraya la espiri-
tualidad del Sagrado Corazón, está bien claro igualmente en la
Biblia.
ELEMENTOS CONSTITUTIVOS
DE ESTA ESPIRITUALIDAD
! Con precisión y claridad escolásticas podemos definir que
la espiritualidad del Corazón de Jesús consiste esencialmente en
creer con total persuación en el inmenso amor que Jesucristo-Dios () .
nos tiene, simbolizado en su Corazón traspasado,, y, llenos de con-
fianza, corresponder a tan maravilloso amor con nuestra entrega
plena, nuestra •consagración a vivir la grandiosa amistad divina
y la caridad fraterna, hasta la reparación del pecado o correden- i -
ción con Cristo y a imitación suya. Siempre con la gozosa es-
peranza de .participar en la vida divina sin fin.
- 89 -i
Procuraré, siguiendo las enseñanzas de los Sumos Pontífices,
probar y explicar los elementos dichos: el amor d e Dios simbolizado
en el amor de Cristo; nuestra respuesta al amor de Dios: la con-
sagración o imitación; la reparación o corredención con Cristo.
¡Creer en el amor "de Dios! Como no nos bastan para ello las
palabras ni los hechos, ha querido el Señor metérnoslo por los
ojos con la imagen de su Corazón traspasado.
De los muchos textos de los Papas al respecto, citemos a
León XIII ("Annum Sacrum") : "En el Sagra-do Corazón se encierra
el símbolo y expresión ¡de la infinità ¡caridad d e -Cristo... el culto-
que se ofrece al Corazón divino se ofrece propia y verdaderamente
al mismo Cristo".
# Y Pío XII ("Haurietis aquas"): "El motivo de tributar culto
de latría al ¡Corazón traspasado del Redentor, es -doble: -por estar,
como -parte de su naturaleza humana, -unido hipbstáticamente a
la Persona del Verbo, verdad de f e definida. Y por ser, más
que ningún miembro -de su cuerpo, índice natural o símbolo prin-
cipal de su inmenso amor triple con -que ama al Eterno P a d r e
y a .todos los hombres: amor divino común -con el Padre y el
Espíritu -Santo, amor infundido en Cristo, y de -modo .más natural
y directo su amor sensible. El Corazón traspasado de Jesús es una
imagen que supera a todas en fuerza expresiva.'; En Él pedemos
considerarono solamente u n símbolo) sino también como la síntesis
de todo -el misterio de nuestra Redención. Al mostrar Cristo su
Corazón pretendió llamar nuestra atención para que nos fijásemos
en los misterios de su amor, lleno de bondad, y así le diéramos
culto, culto que se dirige últimamente a la misma persona del
- 91 -i
Verbo. En una elevación sublime de la mente hemos de llegar
hasta la meditación y adoración del amor divino del Verbo en-
carnado".
Pablo VI ("Investigabiles divitias") añade: "El Sagrado Co-
razón es h o m o ardiente de caridad, símbolo e imagen perfecta da
aqueil eterno amor con el q u e tanto amó Dios al mundo que le
entregó su Hijo Unigénito".
El corazón es símbolo de amor en todas partes: no es extraño
que Cristo nos muestre el suyo también como símbolo de su
amor. Y como ayuda tanto este símbolo para comprender su
amor, tíos impulsa a emplearlo prometiendo especiales bendiciones
a los lugares donde se le dé culto.
Ya q u e Dios nos ofrece con tanta generosidad e insistencia
este símbolo para p e n e t r a r en su amor, ¿le vamos a hacer el
desprecio de marginarlo?
- 92 -i
toria de esta devoción y se manifiesta hasta en las solemnes,
consagraciones públicas.
En el mensaje aniversario al Cerro de los Ángeles (25-V-69)
concretaba Pablo VI: "Vivir y aplicar con realidades el manda-
miento supremo del amor a Dios y al prójimo es exigencia pri-
mordial de una consagración al Corazón d e Jesús, consciente y
consecuente".
El medio más eficaz de corresponder al amor de Jesucristo.,
será conocerle, amarle, imitarle. Pues bien: afirma Pío XI que la
espiritualidad del Sagrado Corazón, según estamos viendo que
la exponen los Papas, "es la mejor norma de vida, porque es la
que con más facilidad lleva a conocer íntimamente a Cristo y
con más eficacia impulsa a amarle con ardor y a imitarle con
exactitud" ("Miserentissimus Redemptor").
¿Por qué lleva a conocer más íntimamente a Cristo? Porque-
llegamos a conocer íntimamente a una persona cuando conocemos
• - sus sentimientos, sus afectos, y es precisamente en éstos, se-gún se
manifiestan en el amor humano y divino de Cristo, en -donde espe-
cialmente se fija el -culto a su Sagrado Corazón. En ello hemos
de -meditar -para que al ver cuánto y cómo nos ama el Señor crez-
ca nuestro amor a Él. Pues "en su Corazón —añade Pío XI— es-
'f tán escondidos todos los tesoros de la sabiduría y -de la ciencia".
Por eso, explica Pablo VI ("Diserti interpretes"), "el misterio de
la Iglesia no puede 'dignamente entenderse si no consideramos
atentamente el amor eterno del Verbo encarnado, cuyo expresivo
símbolo es su Corazón traspasado".
-Conocer su amor impulsa a amarle con más eficacia, ya que
nada nos impresiona más -que el sentirnos apreciados y queridos.
Y la eficacia en el amar a una -persona querida, y, con toda pro-
piedad, a-dorada, como es Cristo, modelo ideal de perfección, hará,
que también le imitemos con exactitud.
Sirva de sello final a esta cuestión la afirmación rotunda de
Pío XII: "La unión con Cristo se logra perfectamente -por medio
de la devoción al Corazón de Jesús" (AAS 40. [1948] 500).
- 93 -i
•amor y unión con Él, que se rompe por el pecado (como se repa-
ra, por ejemplo, el honor ofendido para rehacer la amistad).
"La reparación es la parte más importante del culto al Sagra-
v
do Corazón", enseña Pío XI en la encíclica "Misereintissimus Re-
demptor", dedicada a explicar el sentido de la reparación. Y con-
tinúa:
"Si en la consagración lo primero y principal es que al amor
.del Creador responda el amor de la creatura, de aquí se sigue otro
deber: el de compensarle por las injurias inferidas, lo cual se lla-
m a r e p a r a c i ó n . . . Este deber de expiación incumbe a todo el gé-
. ñero humano", pues aunque, "todo* el valor d e ia expiación de-
pende únicamente del sacrificio de C r i s t o . . . , a él debe unirse la
inmolación de los fieles". "Como 'la consagración proclama la
unión con Cristo, la reparación la comienza borrando las culpas,
la perfecciona participando en los padecimientos de Cristo, y la
consuma ofreciendo sacrificios por los hermanos".
Como se ve, ¿la reparación es el mayor acto de amor a Dios,
porque purifica del pecado y da la mayor medida del amor: el su-
frimiento. Es también el mayor acto de amor al prójimo, el mis-
mo de Cristo al morir por nosotros: su redención y salvación.
Valores inmutables. Por ello Pío XII consideraba en la "Hau-
rietis aquas" como "notas típicas" y "elementos esenciales" del
culto al Sagrado Corazón: el amor y ,1a reparación. Y Pablo VI
.añade: "El amor y la reparación son dos características de todos
los tiempos, y hoy, n o dudamos en decirlo, son más actuales que
nunca" (14-IV-66).
- 94 -i
manos, que no le reciben y van por la vía ancha que conduce a
la perdición. *
En este contexto, la unión de nuestro sufrimiento al de Cris-
to, haciéndolo así sacrificio ( = sufrimiento sagrado por estar consa-
grado, unido a la divinidad), se realiza primordialmente por la
obediencia a la voluntad de Dios (bien de los preceptos que li-
bremente hemos de cumplir, bien de los padecimientos que ne-
cesariamente hayamos de soportar). Al igual que la pasión de
Cristo, la cual f u e por obediencia a la voluntad del Padre.
El sufrimiento aceptado es el que más vale, como el de Cristo
en la pasión. Porque en él más profundamente se verifica la na-
turaleza moral de la ereatura, que impele no a seguir su propio
plan (gran tentación en el camino de la santidad), sino el de Dios.
Y eso es lo más valioso del amor: complacer no la voluntad pro-
pia sino la del ser amado.
Además es la manera más fácil de sufrir, porque no se trata
de s u f r i r más (¡ya permite Dios suficiente sufrimiento e n el mun-
do!), sino de sufrir mejor, con más mérito, al aceptar el sufrimiento
como venido de la mano de Dios, y consecuentemente con paz
y alegría en vez de desánimo o desesperación. "Se santificarán,
dice el Vaticano II, si lo aceptan todo con f e de la mano del Padre
Celestial" (LG 41).
b) En qué consiste la aceptación del sufrimiento
Veamos primero lo que no es:
No es una postura quietista o meramente pasiva, dejando que
sólo obre Dios, y pensando en otra cosa. El aceptar es algo posi-
tivo, y tan costoso a veces que a Cristo el aceptar la pasión le
costo sudar sangre; sudor producido no por el miedo al dolor
inminente, sino por el esfuerzo de la voluntad al aceptarlo. Tan-
tísimo dolor como hay de sobra en el mundo —como todo lo que
nos es esencialmente necesario para la vida: el aire, el agua, los
alimentos, Dios nos los da sobreabundante-— bastaría para santi-
ficar a todos los hombres. ¡Pero los hombres n o lo aceptamos!
El aceptar tampoco es resignarse al estilo estoico, es decir: no
oponer resistencia porque sería inútil o contraproducente.
Ni es llegar a que el sufrimiento agrade. El sufrimiento co- v-¡
m e tal, en sí mismo, nunca puede gustar. Y no se excluye que a
* "Y son muchos los que entran, por ella" (Mt. 7,13). Esta advertencia
de Cristo es impresionante, y se repite en todas las revelaciones privadas
de los santos. En Fáti-ma, por ejemplo, la Santísima Virgen expresó su
dolor por -tantos qu-e se condenan. Terrible admonición, que debe esti-
mular nuestro deseo de apostolado y reparación.
- 95 -i
nuestro Padre podamos pedirle que nos libre de él. Cristo mismo-
nos da ejemplo: no tuvo a menos el rogar a su Padre insistente,
mente, u n a y otra vez, que pasara d e Él el cáliz de la pasión. (Pe-
tición q u e no es cierto fuese desoída [cf. Heb. 5,7], puesto que
la pasión duró sólo unas horas y Jesús se sintió fortalecido para
llevar con heroica paciencia los más terribles sufrimientos. Si
nuestra oración no consigue a menudo librarnos de u n dolor, sin.
embargo siempre obtendrá que Dios nos lo disminuya o nos for-
talezca para sufrir, incluso con alegría, que es una gracia mayor).
P a r a determinar exactamente en q u é h a de consistir nuestra
aceptación del sufrimiento (y esto es importantísimo en la vida
cristiana), observemos que la gran tentación en los .momentos de
dolor es pensar que Dios no es bueno, o incluso que no existe,
que no1 nos oye; tentación capaz de matar toda la vida religiosa.
En el fondo es la misma tentación con que en el desierto Satanás
probó a Cristo (quien también quiso darnos ejemplo de cómo
resistir las tentaciones): en último término, lo que le proponía el
demonio era que no aceptase el plan de Dios, que se saliese de
él, por desconfianza. (Que era mejor comer, lanzarse por el aire
para ser recibido como Mesías, pactar con Satanás para implan-
tar su reino. Y también a nosotros nos tienta: "Como león rugiente
da vueltas a nuestro alrededor, buscando a quien devorar": 1 Petr.
5,8. Aunque ahora son muchos los que apenas creen en el demo-
nio, en el Evangelio Cristo lo toma bien en serio).
Por tanto, la aceptación auténtica del sufrimiento' es creer, a
pesar d e todo, que DIOS ES BUENO, y que me lo manda para
mi bien. Y por ello avivar la esperanza en el premio que mere-
ce, y agradecérselo al Señor. Atención a lo dicho, .porque esto es
heroico. El valor santificador del sufrimiento es enorme, si en él
se hace ese conjunto de actos tan difíciles: el acto de fe (creer
que Dios es bueno), de esperanza (alegrarme, pues el dolor me
sirve de mucho) y de caridad (agradecerlo).
ACTUALIDAD DE LA DEVOCIÓN
AL CORAZÓN DE CRISTO
- 96 -i
puede contenernos para no ofenderle,-para reparar junto a Él,
es contemplar su Corazón padeciendo pleno de amor y humillado
por nuestros pecados.
Ante nuestro propio orgullo y la soberbia de nuestro corazón ;
tan hinchado por las ideas modernas, nada más oportuno que
aprender del Corazón d e Cristo, en la oración, su mansedumbre
y humildad, para aceptar el Magisterio- instituido por Él.
Buena prueba de ser esta espiritualidad el mejor antídoto
contra la contaminación heterodoxa, es la absoluta incompatibili-
dad entre ambas; ni los que permanecen leales al Corazón de
Jesús caen en herejías, ni los tocados de ellas admiten esta
devoción.
B) Según el Vaticano II "late una aspiración universal y
profunda: las personas y los grupos sociales están sedientos de
una vida plena y de u n a vida libre, digna del hombre, poniendo
a su servicio las inmensas posibilidades que les ofrece el mundo
real". Porque "la humanidad toma conciencia que puede y debe
no sólo perfeccionar su dominio sobre las cosas creadas, sino que
le corresponde además establecer u n orden político, económico
y social que esté más al servicio del hombre y permita a cada
grupo afirmar y cultivar su propia dignidad" (GS. 9).
Nuestras justas aspiraciones de elevación y dignidad humana,
de ninguna manera las realizaremos mejor que incorporándonos
a Dios, a su amor, a la obra grandiosa -de la corredención con
Cristo, a su reino eterno, reino que es el único capaz de llenar
plenamente nuestras ansias de perfección natural y sobrenatural
Pero la mejor vía para esa incorporación es su Corazón, con
todo lo q u e supone de correspondencia y de entrega según su
específica espiritualidad.
Dentro de ella, y más que por cualquier otro medio, esta
vinculación con el Señor, superando egoísmos y ambiciones, nos
dará luz y fuerza para ver en el prójimo a nuestro hermano,
ver en él al mismo Cristo, t r a t a r l e con todo respeto y si es
necesario perdonarle su ¡enemistad o sacrificarnos por su promo-
ción completa, h u m a n a y religiosa, en u n amor universal que
abarque a todos los hombres.
Entonces sí. Si logramos introducir en nuestra familia, en
nuestra comunidad, en nuestra nación, en el mundo, la práctica
auténtica de esta caridad cristiana, conseguiremos en todos los
niveles la paz social que la humanidad anhela, y que es funda-
mento de la felicidad temporal e incluso preparación de la eterna.
Será conveniente, y para nuestro apostolado m u y útil, no
olvidar que las revelaciones del Corazón de Jesús a Santa Mar-
- 97 -i
garita, según el mismo Cristo repite, están dirigidas principal-
mente a procurar la conversión y salvación d e los pecadores,
pues el Señor afirma que muchos se condenan. Pero también
se h a d e insistir al mismo tiempo en el incomparable valor de
esta espiritualidad para subir a los más altos grados de santidad,
como experimentalmente lo demuestran tantos místicos y santos
que la han practicado.
Y el que haya santos, sí que es el remedio más eficaz y la
realización plena de las aspiraciones humanas.
No confiemos en otros reformadores que los santos. Un santo
es el único capaz de hablar a los opresores con el fuego y el
amor necesarios para convertirlos. Un santo sabe aplicar a los
oprimidos el "opio" embriagador del ideal cristiano p a r a trans-
f o r m a r su amargura en esperanza gozosa. Un santo convence con
su vida abnegada, arrastra con su ejemplo desprendido, consigue
con su oración fervorosa la paz plena prometida a los discípulos.
Y la mejor f r a g u a de santos es el Corazón de Cristo, con su
amor, p a r a p r e n d e r el fuego que t r a j o a la tierra (Le. 12,49),
con su verdad, para encender la luz q-ue puso en el mundo (Mt.
5,14), con su bondad, para que aprendamos de Él a pasar por
la vida haciendo el bien a todos (Hech. 10,38). Cristo, en esta
hora definitiva, necesita santos; nos invita: "Estoy a t u puerta y
llamo" (Apoc. 3,20). ¿Estás dispuesto a abrir de par en par tus
puertas para que el amor de Cristo invada y transforme tu vida,
en la más ¡bella y grandiosa intimidad?
98
LA EXPERIENCIA MÍSTICA *
Experiencia significa advertimiento; conocimiento adquirido
por la práctica. Es la definición del Diccionario R . A . La expe-
riencia es m a d r e de la ciencia, dice el refranero, y tiene sus moti-
vos. La experiencia supone reiteración y u n saber práctico, por
amoldamiento o connaturalidad con las cosas, que proviene de
la propia reiteración. Diremos que la reiteración, el volver sobre
el mismo camino, origina la advertencia sobre mínimos detalles,
que pasaría por alto una enseñanza del todo especulativa.
Nosotros tratamos de la Experiencia Mística. La experiencia
mística es también una advertencia singular; algo que suscita la
atención, y conmueve la afectividad. Por eso no es conocimiento
especulativo, ni simple conocimiento sensible, sino q u e participa
de los dos. La experiencia mística es advertencia de la presencia
de Dios en el alma, de la humanidad de Jesucristo, o de las cosas
divinas en general.
El adjetivo: mística, añadido a experiencia, complica las co-
sas. Experiencia significa u n modo de ver claro; quien tiene ex-
periencia de u n asunto, lo ve con claridad. La palabra: mística
nos habla de algo oscuro y escondido; algo que es más no ver que
ver.
La experiencia mística como advertencia, no es simplemente
el acto de creer, aunque se f u n d a en la fe, y supone el acto de fe
teologal. Diremos que es una percepción, pero no visual, no es por
la vista; la f e es por el oído (ex auditu). Por la fe, y creciendo la
f e en el alma, adquirimos certeza y firmeza, adhesión inquebran-
table en todo el contenido de la f e católica. Es aquí, en el acto de
fe, donde se inserta la experiencia mística.
La experiencia mística pertenece a la familia de la experien-
cia religiosa. Existen diversos grados de experiencia religiosa: el
fervor en la oración, el gusto por las cosas de Dios, es ya una
cierta experiencia. Hablamos de sensibilidad religiosa, sentimiento
- 99 -
religioso, que puede inspirarse en la fe viva, provocada sin duda
por gracias actuales que ayudan en la vida cristiana del hombre.
Pero esta experiencia religiosa no es aún experiencia mística.
Existe en las personas realmente piadosas, dadas habitualmen-
te a la oración, la lectura espiritual, cuidadosas de sus deberes,
que. luchan contra sus defectos, u n comienzo de experiencia mís-
tica o bien pre-mística. Se puede pensar en cierta moción del Es-
píritu Santo. La experiencia mística no viene de golpe, sino por
grados. Los santos, como Tomás ¡de Kempis, Santa Teresa, Taule-
ro, etc., nos hablan de u n combate espiritual. Quien no ha tenido
alguna experiencia de ello tiene la impresión de que hablan de
memoria. Quienes h a n tenido alguna experiencia espiritual, ya
pueden apreciar que aquello del combate espiritual obedece a las
exigencias mismas de la vocación cristiana.
La experiencia mística se inserta así en el contexto más am-
plio de la experiencia religiosa en general, que tiene el cristiano
por las gracias actuales. La experiencia mística es el punto más
elevado, y tiene sus propios principios en los actos de virtud he-
roica, bajo la moción del Espíritu Santificador.
Existe efectivamente, dijimos, u n a experiencia religiosa (fer-
vor, devoción), que no es mística; u n cierto sentimiento religioso,
inspirado en la f e viva, dado por gracias actuales, que dirige la
vida cristiana del hombre; en cierto momento, quizás pueda ha-
blarse de una etapa pre-mística, caracterizada por una mayor "sen-
sibilidad" f r e n t e al pecado, la imperfección, en personas que ya
aman y desean la unión íntima con Dios. Pero nuestro objetivo
es t r a t a r d e la experiencia mística propiamente dicha. Como pun-
to de partida hemos debido elegir una base de indudable firmeza:
la experiencia de la presencia de la Santísima Trinidad en el al-
ma, expuesta por Santa Teresa de Jesús en la Séptima Morada
del Castillo Interior. Llegar a ésto supone todo el itinerario que
0.a misma m a d r e Teresa describe por los distintos compartimen-
tos del Castillo.
"Él quiere —escribe otra mística carmelita, Sor Isabel de la
Trinidad—• que allí donde Él está estemos también nosotros; no
sólo durante la eternidad, sino también en el tiempo" (1).
Las palabras d e la carmelita de Dijon nos recuerdan la adver-
tencia de la m a d r e Teresa: Mas habéis de entender que va mu-
cho de estar a estar. Dios habita por su gracia en el centro del
alma; pero nosotros andamos "a la ronda del Castillo", por otras
partes. La unión con Dios y la experiencia de las cosas divinas se
- 100 -
da cuando "estamos" con Dios, unidos a Él, gozando de su presen-
cia con toda la inmediatez d e que es capaz el ampr unitivo de
caridad, liberado de muchas solicitudes temporales.
La mística experiencia que estudiamos aquí, tiene su princi-
pio en la misión de las divinas personas por la gracia, según he-
mos dicho. Sin esa misión, sin aquel envío por el Padre del Hijo
y del Espíritu Santo, no podría el hombre pretender gozar expe-
rimentalmente de una divina persona. Por parte del hombre es
menester u n largo recorrido; pero el hombre nunca está solo, sino
que recibe los auxilios de la gracia de Dios.
- 101 -i
El hombre conoce por actos de inteligencia y amor; elícitos
de la f e y de la caridad alcanzan a Dios en su misterio; estos actos
humanos en el alma purificada son las bienaventuranzas.
La bienaventuranza —dice Santo Tomás— es el último fin de
la vida humana; por eso se traslada el nombre de bienaventuran-
za a los actos por los cuales aquella felicidad eterna se posee,
en cierto modo, ya por anticipado (2). P a r a concebir las bienaven-
turanzas, debemos violentar u n tanto el lenguaje habitual. En-
tendemos vulgarmente por "bienaventuranza" u n estado de placi-
dez, de gozo, de felicidad. La bienaventuranza en la Patria será
realmente u n estado semejante. Aquí, en la tierra, nos movemos
hacia aquel estado, mediante actos humanos, como acabamos de
decir: el hombre se aproxima a la bienaventuranza, moviéndose
de m a n e r a conveniente a ese fin:
"Al fin de la bienaventuranza se mueve uno y se acerca por
las obras de las virtudes, y sobre todo de los dones, si se trata de
la bienaventuranza eterna, para la cual no basta la razón sino
que ha de impulsar a ella el Espíritu Santo, para cuya obediencia
y seguimiento somos perfeccionados por los dones" (3).
Notemos que para movernos hacia la bienaventuranza eterna,
no basta la razón, o sea no basta la acción regulativa de la razón
y la operación de las virtudes regulada por la razón, sino que es
necesaria la moción o instinto del Espíritu Santo, y la acción
de los dones, dando el modo conveniente (divino) al ejercicio
de las virtudes. Es la virtud heroica.
Trátase de llegar a la bienaventuranza de la Patria. Jesucristo
es el camino; el Espíritu Santo debe conducir por ese camino.
Santo Tomás así lo entiende, y para la operación conductora del
Espíritu Santo requiere la acción de los dones:
"Nadie puede recibir la herencia d e aquella tierra de los
bienaventurados si no es movido s y llevado por el Espíritu San-
to" (4).
Al cristiano corresponde acoger, como u n don divino, las
gracias actuales, que por lo común preparan el campo al instinto
del Espíritu Santo. El hombre debe prepararse por la meditación
discursiva, por la práctica de las virtudes, por el vencimiento de
sí mismo, por todo lo que se conoce como vida ascética. La expe-
riencia mística envuelve complexivamente todos estos actos que
denominamos: bienaventuranzas.
(2) I-IIae,69,l.
(3) Ibid.
(4) Cf. I-IIae,68,2.
- 102 -i
A nosotros nos interesa el papel de las bienaventuranzas en
•la vida contemplativa, que es donde se da la experiencia mística.
Hay bienaventuranzas de la vida activa, que predisponen a la vida
contemplativa.
Santo Tomás considera en las bienaventuranzas: el mérito y
el premio. Son meritorios aquellos actos de la vicia activa que
disponen a la contemplación. El efecto de la vida activa, en cuanto
a las virtudes y dones con que uno se perfecciona en sí mismo,
es la pureza de corazón (5). P a r a la contemplación, los dones que.
abren camino a la experiencia mística son los dones d e entendi-
miento y sabiduría y las bienaventuranzas respectivas: bienaven-
turados los limjpios d e corazón, porque ellos verán a Dios, y
bienaventurados los pacíficos porque ellos poseerán la tierra.
Dice el P. Santiago Ramírez: "Concurrunt ergo ut principia
contemplationis: fides, quae formaliter dat attingentiam Primae
Veritatis secundum se, sed non visam seu absentem; caritas quae
dat formaliter unionem et praesentiam. "Veritatis P r i m a e u t Bo-
nitas Prima; dona Spiritus Sancti intellectus et sapientiae quae
dant formaliter cognitionem experimentalem ex connaturalitate
ad Veritatem e t Bonitatem Primam, et sic attingunt eam veluti
praesentem per gustum secundum illud "gústate et videte", et
scientiae circa objectum secundarium" (6).
Las bienaventuranzas son ocho; es necesario distribuirlas para
mostrar el panorama donde tiene lugar la experiencia mística.
Santo Tomás se encarga de ello:
Lo primero exigible en la perfección cristiana, en orden a
aquella unión con Dios íntima y perfecta, hecha experimental y
mística, es apartarse de la vida voluptuosa; prepararse para la
vida activa, que dispone p a r a la contemplativa. "La felicidad de
la vida activa —dice Santo Tomás— dispone a la f u t u r a ; y la
contemplativa, si es perfecta, constituye esencialmente la bienaven-
(5) I-IIae,69,3.
— (6) "Concurren como principios de la contemplación: la fe, la cual for-
malmente llega a la Verdad Primera en sí, pero como no vista o ausente;
la caridad, que da formalmente la unión y la presencia de la Verdad
Primera como Bondad Primera; los dones del Espíritu Santo de enten-
dimiento y sabiduría que dan formalmente el conocimiento experimental
por connaturalidad' con la Verdad y Bondad Primera, y así la alcanzan
como presente por el gusto, según aquello de "gustad y ved", y el
don de ciencia sobre el objeto secundario": Iacobus M. Ramírez O. P.,
De Donis Spiritus Sancti deque Vita Mystica, Madrid, 1974, p. 424,
- 103 -i
turanza f u t u r a ; y sí es imperfecta forma una cierta incoación
de la misma" (7).
(7) I-IIae,69,3.
- 104 -i
II
(8) I-IIae,70,l.
(9) Ibid., final.
- 105 -
Santo. Segundo, deben obedecer a la moción operante del Espíri-
tu Santo, que conduce a la "tierra perfecta" (Ps. 142,10).
Al asimilar la experiencia mística a los frutos del Espíritu San-
to, debemos tener en cuenta que todo lo que el hombre consigue
con su esfuerzo, es en cierto modo u n fruto: "Para ser f r u t o bas-
ta que algo tenga la condición de último y deleitable; mas para
la razón de bienaventuranza se requiere además que sea algo per-
fecto y excelente" (10). El hombre puede deleitarse con los fru-
tos de su esfuerzo; pero solamente los frutos del Espíritu Santo,
dados en el ejercicio de la virtud heroica o bienaventuranzas, son
los frutos asimilables a la experiencia mística.
III
(10) I-IIae,70,2.
(11) II-IIae,8,a.8.
(12) Ibid. ad 2.
(13) I-IIae,32,8.
- 106 -i
L a admiración origina el gozo de la inteligencia, mejor dicho,
el gozo por la esperanza de saber: "Omnia admirabilia sunt delec-
tabilia" (14). Lo admirable es deleitable; no causa deleite por la
ignorancia de lo que no se ve, sino por el deseo de saber. "Tal co-
mo la entendemos ahora —dice un psicólogo— resulta del concur-
so de diversas tendencias; envuelve curiosidad,, temor, humil-
dad" (15).
Fenómeno específicamente intelectual, no es u n simple placer
sensible; se mueve por resortes de la misma inteligencia movida
por el apetito intelectual. El apetito de saber se resuelve en ad-
miración y gozo peculiar de la inteligencia. La inteligencia inter-
pela, con humildad y temor, el misterio aún no inteligible; la no-
vedad que maravilla toca los resortes más íntimos de la afectivi-
dad. Admiración viene del latín: ad-mirare (mirum=maraviiloso);
es ir hacia lo maravilloso. Es una consecuencia de la f e viva y con-
templativa:
"La admiración es una forma de temor producida en nosotros
por el conocimiento de algo que excede nuestro poder. Por lo tanto
es consecuencia» de la contemplación de una verdad sublime, pues
ya hemos dicho que la contemplación termina en la voluntad" (16).
A la certidumbre de la fe y capacidad de saber de u n alma pu-
rificada, se unirá la esperanza viva del bien divino que se anhela;
el temor filial tomará las formas de la admiración o de una reve-
rencia maravillada. La admiración es acto perfecto, ya que Nues-
tro Señor también se maravilló por la f e del centurión (cf. Mt.
8,10).
(14) Ibid.
(15) George Dumas, Principios de Psicología, II, p. 453.
(16) 11-11,180,3,ad 3.
(17) I-IIae,40,2.
- 107 -i
ligencia: "La admiración tiene por objeto una cosa nueva e insó-
lita" dice el Angélico Doctor (18). La cosa nueva e insólita es la
gracia d e Dios, los actos de las virtudes teologales que vienen
con la gracia, y que tienen por objeto a Dios mismo. La unión con
Dios por el vínculo de la caridad. La caridad, amor sobrenatural
de Dios, informando los hábitos cognoscitivos, uniéndolos más y
más a Dios, intensifica el acto contemplativo, radicándolo en la
certeza, en la sabiduría, en la admiración y gozo ante el misterio
que se verá en la otra vida.
Entramos por este camino, después de las purificaciones del
sentido y del espíritu, en la sabiduría de Dios, como dice S. Pablo,
y de modo especial en la primera carta a los Corintios (cf. 1,20-26).
Sabiduría secreta de Dios, delectación, gozo, paz, completan la
descripción que podemos hacer de la experiencia mística.
Por una parte tenemos: la certidumbre de la fe, la admiración
consecutiva al temor filial; adhesión, gusto y experiencia de la fe.
Por otra parte, la caridad como primer fruto: "en que se da espe-
cialmente el Espíritu Santo como en propia semejanza. Ya que Él
es amor" (19).
Al amor de caridad siguen el gozo, y la perfección del gozo
que es la paz (20). El gozo también proviene de la certidumbre
de la fe, f r u t o del don de entendimiento (21). No proviene dicha
certidumbre de ninguna visión de Dios que, por otra parte, qui-
taría el mérito de la fe. "Es una visión imperfecta, dice el Angé-
lico, por la cual si bien no vemos lo que es, vemos de Él lo que
no es, y tanto más conocemos a Dios e n esta vida, cuanto mejor
entendemos que sobrepasa todo lo que el entendimiento compren-
de" (22). Es el acto de los q u e verán a Dios en la otra vida, y en
ésta ven o aprecian de Dios su trascendencia divina.
Con otro lenguaje, la m a d r e Teresa d e Jesús señala también
como nota característica de aquel estado de unión con Dios la cer-
tidumbre de la persona en lo q u e ve o entiende. Dice en la Sexta
Morada:
"Diréis quft si no se ve, que cómo se entiende que es Cristo
o cuándo es santo, o su m a d r e gloriosísima. Eso no sabrá el alma
decir ni puede entender cómo lo entiende, sino que lo sabe con
una grandísima certidumbre" (23).
(18) 111,15,8.
(19) I-IIae,70,3.
(20) Cf.-IIae,70,3; II-IIac,45,6, ad 1.
(21) II-IIae,8,8.
(22) II-IIae,8,7.
(23) M.VI, c.8.
- 108 -i
En el simple acto de fe, ya tenemos el doble aspecto de certi-
dumbre y oscuridad que le es característico; tanto uno como otro,
certidumbre y oscuridad, crecen en la f e informada por los do-
nes, explicitándose cada vez más. Las verdades de fe, sobre las
oua'les versa el conocimiento místico y teológico, no son aligo que se
ve por el entendimiento; la f e es "de non visis", de lo que no se ve
(24), como el conocimiento histórico también es de lo que no se
ve; pero el creyente (y en otro nivel el historiador) sabe que esas
verdades deben ser creídas (25). La luz de fe hace ver que
aquellas verdades tales como la Trinidad, la Encarnación del "Ver-
bo, la gracia, etc., deben ser creídas por el testimonio divino. El
acto de la f e es iluminado por el don de entendimiento, para dar
a la f e "acuta perspectio divinorum", aguda penetración de las
realidades divinas (26). Es en esta penetración, por connaturali-
d a d con el misterio, donde crece en el acto contemplativo la cer-
tidumbre de la fe, la admiración, el sosiego, la paz.
La experiencia mística se completa con la rectitud del juicio,
obra de la sabiduría, y la paz, que es su fruto.
No es rectitud del juicio por uso perfecto de la razón sino
por connaturalidad con la cosa juzgada. El juicio recto puede per-
tenecer a la sabiduría-virtud; pero, como afirma Santo Tomás,
poseerlo por connaturalidad con las cosas divinas en vista, perte-
nece al don de sabiduría. A la sabiduría pertenece ordenar, y e]
orden debido engendra la paz (27).
La sabiduría, dice Juan de Santo Tomás, es eminentemente
contemplativa... Por la transformación y unión del alma con Dios,
y por la experiencia de las realidades divinas, el alma es condu-
cida por el Espíritu del Señor de claridad en claridad, hasta la
contemplación de su misma gloria (28). La caridad divina, amor
de Dios efectivo, f u e r t e y desprendido de las cosas humanas, arrai-
gada en la voluntad del hombre, llega hasta insertarse en ella de
tal manera que la transforma; envuelve y penetra como por os-
mosis el acto contemplativo, hasta ver de otra manera la doctrina
de Cristo, la Iglesia, la gracia de Dios, los misterios de salvación.
Es la ciencia d e los santos, porque sólo se da en quien vive la
gracia de Dios, la pide con insistencia y purifica el alma de sus
pecados.
(24) II-IIae,l,4.
(25) Ibid. ad 2.
(26) II-IIae,49,2, ad 2.
(27) Cf.II-IIae,45.6.
(28) Texto trad. ppor I. Menéndez Reigada en Los Dones y la Perfección
Cristiana, p. 499.
- 109 -i
IV
La connaturalidad
Es propio de la fe la certidumbre; en esto se distingue de la
opinión. La opinión es con temor de errar; la fe, tanto la natural
como la teologal, tiene certeza en lo que cree, en el objeto de su
asentimiento.
En la f e teologal, auxiliada por los dones de entendimiento
y sabiduría, la connaturalidad afectiva abre nuevas perspectivas
en la materia de la fe. La connaturalidad no es una posesión de
la verdad divina en la línea de la visión; es como una nueva ad-
vertencia, en la mística noche d e ¿La fe, de le verdad poseída, oída
y gustada como palabra de Dios y verdad de Dios.
Existen grados diversos en esta misma línea de la afectividad,
con respecto a los contenidos de la fe. Una es la connaturalidad
que, al movilizar el acto de fe, puede dar la gracia cooperante, y
otra la connaturalidad que puede darnos la gracia operante. En
la gracia cooperante la acción de la fe, de la caridad, depende de
la razón, del propio libre albedrío; la iniciativa es personal, pero
la caridad hace su aporte de amor sobrenatural, aunque ese afec-
to está como dosificado por la medida de la razón y una caridad
no depurada. Hay un grado de afectividad verdadero, pero sería
exagerado hablar de connaturalidad.
En la moción de la gracia operante o instinto del Espíritu
Santo, cambian las cosas; la iniciativa pertenece al Espíritu de
Dios; el afecto, el amor no está dosificado por el modo humano
de obrar. La gracia operante otorga al sujeto u n nuevo nivel ope-
rativo; es mayor la fuerza de la gracia, mayor la caridad, mayor
la firmeza de adhesión de la fe, mayor la admiración, la adver-
tencia, el gozo, la paz, la plenitud y reverencia en el misterio de
Dios, la noticia secreta recibida en el amor.
"Compassio et connaturalitas ad res divinas" (29), significa
la invasión del amor de caridad en el ámbito de la f e y de los
hábitos intelectivos del hombre. La persona quiere ver a Dios; los
hábitos cognoscitivos quieren ver, conocer; este deseo, encendido
por la caridad, embiste en la f e y m u e v e la esperanza. La f e sabe
que el camino de la visión pasa por la puerta estrecha del asenti-
miento oscuro, la oblación de todo el hombre en el altar de Dios.
(29) II-IIae,45,2.
- 110 -
PERFILES SACERDOTALES
- 111 -
protagonista''. La Casa quedó i n a u g u r a d a en 1'877 y Broohero
tuvo que dividir a los e j e r c i t a n t e s e n cinco taradas, p u e s pasa-
ron de 3.000. Al año siguiente f u e r o n ocho tandas, con más
de 4.000. Cuenta 'el P. Horacio F e r r e y r a que, siendo él semi-
narista, fe .manifestó Brodfaero su peculiar y p a s t o r a l aimor
•por los Ejercicios: "Si quieres t e n e r f e y piedad en t u p a r r o -
quia —-le aconsejaba— levanta u n a Casa de Ejercicios".
Dentro de.l conjunto de meditaciones y contemplaciones
que t e j e n la t r a m a d e los Ejercicios, Brochero no ocultaba
su predilección por la meditación de las Dos Banderas. F u e
p r e c i s a m e n t e al hacer p o r vez p r i m e r a e s a meditación cuando
comprendió que el Señor lo. llamaba al sacerdocio. Tal cariño
'le cobró desde entonces que, a p e s a r de- que 'habitua.lmente
invitaba & sacerdotes d e a f u e r a p a r a d a r Ejercicios e n la Ca-
sa, con frecuencia se r e s e r v a b a él mismo la predicación de
dicha meditación.
P r e s e n t a m o s acá la copia fiel d e la meditación de las
Dos Banderas, e n f o r m a de plática, t a l como la daba el P.
Brochero, fervoro sámente escrita de .su ipuño y letra, y que
s a b i a de memoria. La tomamos de u n folleto apenas conoci-
do, editado por el P. Antonio A z n a r S. J . Con su publicación,
que nos p e r m i t e conocer u n a n u e v a f a c e t a del p e r f i l sacerdo-
t a l del P. Brocheiro, creemos r e n d i r el m e j o r y más cálido
homenaje a este Apóstol de n u e s t r a t i e r r a e n el Centenario
de su obra m á s querida: la C a s a de Ejercicios.
P. A L F R E D O SÁENZ S. J.
T e m a : "Qui non est mecum contra me e s t "
Exordio
- 112 -i
conduce con s e g u r i d a d a i Padre; la v e r d a d que descubre todos ios enga^
ños y asechanzas de Lucifer, y la v.ida d o n d e se encuentra la bienaven-
turanza eterna.
<A este f i n v o y a explicar en esta noche la consideración q u e S.
Ignacio llamó d e las banderas: -la que alentará más y más nuestro co-
razón, y le dará más bríos, para seguir m u y de cerca & Jesucristo: por-
que siendo verdad 1 q u e El nos convida a empresas v e r d a d e r a m e n t e difí-
ciles y arduas, quizá nuestro corazón tendría menos á n i m o para seguir-
le, si no se hallase reforzado por ¡la eficacia de u n llamamiento incon-
trastable: esto obra poderosa y suavemente la consideración de las ban-
deras, que ha p r o d u c i d o ya tantas esclarecidas religiones, y ha f o r m a d o
tantos hombres y tantas mujeres eminentes en santidad; p o r q u e esta
v/e<$i
/ '¿c.
g fS ée e
& a* ¿a
áes-^css*
- 113 -
consideración hace elegir estado de vida al que no lo tiene; y hace re-
f o r m a r lo malo del estado q u e ya se -ha tomado. Punto, sobre todos, im-
portantísimjo.
- 114 -i
bel, o poner el cuello en el y u g o de Jesucristo: mirad bien tales bienes,
y comparad los u n o s con los otros. . . Oh Señor mío Jesucristo y capi-
tán general de los buenos, dadme a conocer los engaños del mal cau-
dillo; y dadme también la fortaleza suficiente para librarme de ellos;
dadme, hazme practicar la santa vida q u e enseñas con tu ejemplo; pues
con .este solo f i n te ofrezco el corto sacrificio que hago al: oír tu pala-
bra. Espero que me concedáis estas gracias por la intercesión de María
a quien saludo con las palabras del Angel: Ave.
- 115 -i
muía p r i m e r o el o d i o implacable contra Dios, cuya justicia vengadora
e x p e r i m e n t a , y quisiera, a pesar suyo, p r i v a r l e del servicio y obse-
q u i o de sus criaturas; y en s e g u n d o lugar, Je estimula la ambición de
su soberbio espíritu, a fi,n de que los hombres antes sirvan a él, crue-
lísimo tirano, q u e al Creador, su legítimo Rey; y en tercer lugar, le
punza lia rabiosa e n v i d i a , p o r q u e los hombres n o lleguen a gozar la
f e l i c i d a d del cielo, de q u e él cayó con eterna ruina.
- 116 -i
Pero el principal cuidado ¡lo ponen en ocultar t o d o el mal baje
las apariencias del' b i e n , esconder el anzuelo traidor en el sebo de
los placeres, y hacen creer que ¡los soldados serán bien servidos, y con
esto p a g a n los trabajos de los que m i l i t a n a su sueldo. ¡Oh y cuántos
cristianos engañados por sus falsas promesas, coreen a gran prisa a
alistarse en sus estandartes! ¡Cuántos halagados y atraídos por sus
falsos y lisonjeros sueldos v a n a estrellarse en los escollos de la
i n i q u i d a d y del pecado! ¡Oh, y quién tuviese .un p o q u i t o de celo por
1-a gloria de D'ios, y una gota de deseo p o r la salud de las almas!
¡Cómo lloraría las ruinas y los errores de tantos jóvenes ¡nocentes y
de tantas doncellas ¡puras, q u e en la flor de sus años, engañados por
tales promesas han v u e l t o las espaldas a Jesucristo, por seguir a los
traidores demonios! Dederunt dilectam animam suami in manu i n i m i -
corum ejtis. No os dejéis, mis amados, tan de prisa y tan a ojos cerra-
dos, arrastrar por los halagos de Lucifer, sin conocer cuáles son los
premios y sueldos q u e os deciden seguir su b a n d e r a . . .
- 117
los placeres del sentido, u n a b a n d o n o de las riquezas superfluas,
y un desprecio de los vanos honores; p e r o el tomar la cruz, es una
preparación del ánimo, para tolerar las cosas contrarias al genio de la
naturaleza; tales son, la penitencia, la mortificación del cuerpo, la po-
breza de espíritu y la h u m i l d a d de corazón; cosas todas que se oponen
directamente a los tres genios de apetitos q u e sugiere Lucifer.
- 118 -i
tan agradables, tan buscados, tan apetecidos, para entrar en una mili-
cia trabajosa, difícil, molesta, sin alivio, sin consuelo alguno. Plorabitis
et flebitis vos, m u n d u s auítem g a u d e b i t ; y o , soldados míos, os convido
a lágrimas, a dolores, a. padecer; c u a n d o el m u n d o al contrario os llama
a sus festines y diversiones. Vosotros habéis d e gemir bajo el peso de
ía cruz; mientras q u e el m u n d o os dará a g o z a r ' t o d o el campo de sus
placeres; p e r o notad bien el t r u e q u e q u e al f i n ha de suceder, p o r q u e
tristitia vestra vertetur in g a u d i u m , vuestro b r e v e padecer p r o n t o se
convertirá en u n eterno gozar; a la b r e v e batalla se seguirá un eterno
t r i u n f o : Estote fortes in b e l l o et accipietis r e g n u m aeternum: Pelead
valerosamente que os espera un reino eterno. Cuando al contrario gau-
d i u m m u n d i vertetur in tristitiam: todas aquellas transitorias alegrías del
m u n d o , se convertirán en eternos llantos. Los gustos de u n a vida can
duca m u y p r o n t o serán castigados con penas atrocísimas d e una muerte
sempiterna e I n m o r t a l . Si e l Redentor así afligiese a sus soldados en
este m u n d o por premiarlos después en el o t r o ; con t o d o eso ¿no de-
beríamos entrar gustosos en su partido, y alistarnos en sus banderas?
La f e l i c i d a d de un t é r m i n o b i e n a v e n t u r a d o y sin f i n , ¿no debiera ser
bastante poderosa para facilitar cualquier áspero camino? ¿Cómo po-
dremos, sin pelear y sin padecer, pretender aquel cielo, q u e costó a
las vírgenes tantas' mortificaciones, a ¡los confesores tantas penitencias,
y a los mártires tanta sangre? ¿Acaso no es v e r d a d lo a u e dijo el' após-
tal S. Pablo: q u e no e q u i v a l e n , ni igualan las penas y aflicciones de esta
v i d a , a la grandeza 1 de la gloria q u e esperamos? N o n sunt condignae
passiones hujus temporis ad f u t u r a m g l o r i a m , quae revelabitur in nobisl
Pero n o se porta así con sus soldados el capitán del cielo. Es ver-
dad que les tiene p r e p a r a d o u n gran p r e m i o en la otra v i d a , para des-
pués de ¡la victoria; p e r o aun en ¡la vida presente, que es t i e m p o de ba-
talla, reparte a sus soldados gran d o n a t i v o de sus gracias, y les anticipe
copiosos sueldos d e dulcísimos confortativos, para q u e las pocas mor-
tificaciones del c u e r p o se les conviertan en sumos gozos del espíritu.
Usa el Salvador con sus secuaces, lo q u e Dios usó con el p u e b l o de
Israel, a quien ¡le había p r o m e t i d o u n a tierra tan f e l i z y tan f é r t i l que
manase leche y miel, y abundase en t o d o g é n e r o de delicias,- pero con
t o d o eso, aun en el desierto, cuando caminaban por aquellas sendas
ásperas y molestas, ¡les p r o v e y ó d e un pan del cielo, tan abundante,
como gustoso: Pluit illLs manna ad m a n d u c a n d u m , p a n e m coeli dedil
eis. Labró para ellos un maná q u e encerraba en sí todas las suavidades
y sabores, s i r v i e n d o no sólo a Ja necesidad del sustento, s i n o t a m b i é n
a las delicias del paladar. N o d e otra suerte se p o r t a nuestro capitán,
si bien es cierto que t i e n e p r e p a r a d o a sus siervos en el paraíso, aquel
torrente de delicias celestiales; p e r o aun en el destierro d e esta vida,
les reparte con abundancia sus dulzuras, para mantener los bríos, aun
en m e d i o del trabajo, aun. en m e d i o de la batalla, aun en m e d i o de
la fatiga. Pero lo doloroso es q u e con t o d o no consigue el Salvador
traer a la mayor p a r t e d e los cristianos a sus banderas. Estiman más
militar al .infeliz sueldo de Lucifer por la miseria de algunos bienes su-
- 119 -i
yos, amargos y perecederos, que al sueldo de Cristo por la abundancia
de sus bienes purísimos, alegrísimos y eternos. Antes quieren ser escla-
vos de f i e r o tirano, q u e por una vida llena de m)il miserias los lleva a
una muerde eterna, q u e siervos d e su legítimo Señor, e hijos de un
amorosísimo p a d r e q u e con tantas gracias y p o r m e d i o de tantas con-
solaciones los conduce a una v i d a bienaventurada.
- 120 -i
esos bienes y después de un m o m e n t o son precipitados al i n f i e r n o a
experimentar eternos males? Tales bienes son como las dulces aguas
del Jordán, q u e después de un b r e v e curso van a parar al Mar M u e r t o ,
h e d i o n d o y salado; son semejantes a las bebidas del Circe, q u e se b r i n -
daban en copas doradas y rociado con suaves perfumes, p e r o en be-
biéndolas, se sentía el corazón m o r t a l m e n t e e n v e n e n a d o y causaban la
m u e r t e en el acto. Si, pues, a un breve gozar se ha de suceder y se-
guir un cast¡,go eterno, ¿cómo seremos tan locos, c ó m o seremos tan
enemigos de nosotros mismos, que queramos entrar a servir a tan bár-
baro y p é r f i d o t i r a n o , sólo p o r q u e nos p r o m e t e tales bienes, sabiendo
por tantas experiencias que no sabe c u m p l i r sus promesas y q u e si las
c u m p l e entonces es mayor la ruina q u e nos causa? Lucifer dará a sus
secuaces el p r e m i o que dio M a h o m a a un capitán renegado: éste, después
de haber entregado t r a i d o r a m e n t e a Constantinopla, pasó de las ban-
deras cristianas a las mahometanas; pero M a h o m a , después que en
p r e m i o de la traición le había p r o m e t i d o casarlo con su hija, 'e dijo:
que h a b i e n d o sido sus carnes bañadas con las aguas d e l bautismo,
contra la ley de M a h o m a , quería que antes de las bodas fuese deso-
llado v i v o , para que depusiese 'la piel bautizada. Así lo dijo y así lo
hizo con increíble pasmo y t o r m e n t o del infelicísimo cristiano. Tales
premios deben esperar los que habiéndose alistado en las banderas
de Jesucristo, se atreven t r a i d o r a m e n t e a pasar a las fijas de Lucifer.
- 121 -i
comprado a costa de tu sangre; y halagándolos con miil favores y ca-
ricias los convidas a reinar c o n t i g o en la eterna gloria; pero ellos bru-
talmente te v u e l v e n las espaldas con los pecados. Más quieren ser in-
felices c o n m i g o , que dichosos contigo. Esta es la f e l i c i d a d de tus cris»
tianos; de esta suerte corresponden a tus beneficios.
- 122 -i
te, y o i n d ó c i l y caprichoso; t ú p o b r e , y o codicioso de riquezas; t ú
t e afanas p o r la salvación d e las almas, y y o paso la v i d a en el
ocio, sin haber s a l v a d o .un a l m a , antes sí p e r d i d o muchas con mis
escándalos; t ú ayunaste e n el desierto, y t e n i e n d o sed en la cruz, be-
b i s t p hiél y v i n a g r e , y y o e s t o y l l e n o d e apetitos sensuales, y sólo
busco el d e l e i t e , y m e e n t r e g o a la g u l a ; t ú estuviste en la oración, y
y o en ía d i s i p a c i ó n ; t ú eres m a n s o , y y o soy duro* con : los p o b r e s , imi-
p a c i e n t e c o n los q u e están a t r i b u l a d o s , y áspero con t o d o s ; t ú despre-
cias al m u n d o y condenas sus m á x i m a s , y y o estoy s o m e t i d o a ellas, y
a v a s a l l a d o por las ideas del s i g l o ; t ú f u i s t e u l t r a j a d o , e s c u p i d o , abo-
f e t e a d o y l l a g a d o , y yo v i v o en el r e g a l o , l l e n o d e c o m o d i d a d e s y
s i e m p r e ansioso d e deleites; t ú f u i s t e acusado y n o abriste t u boca
para q u e j a r t e d e tantas c a l u m n i a s y falsos t e s t i m o n i o s , tantas afrentas
y tantos escarnios, y y o n o puedo- s u f r i r e l m e n o r a g r a v i o sin q u e j a r -
m e v i v í s i m a m e n t e , y a veces sin v e n g a r m e , o sin desear :la venganza..
O h , m i c a p i t á n Jesús, b i e n v e o ahora q u e n o he m i l i t a d o b a j o el
e s t a n d a r t e de t u c r u z , sino bajo el estandarte de Lucifer. Bien m e r e z c o
q u e t ú t a m b i é n m e v u e l v a s las espaldas, y m e arrojéis d e v u e s t r o ser-
v i c i o ; p e r o ya q u e v u e s t r a b o n d a d q u i e r e vencer m i i n g r a t i t u d , y lla-
m a r m e de n u e v o , c o m o lo haces ahora, aquí m e tenéis p r o n t o a ejeí-
cutar vuestras ó r d e n e s y m i l i t a r b a j o t u cruz — etiamsi o p o r t u e r i t m e
mor,i ftecum, n o n t e n e g a b o . Escdjo antes padecer c o n t i g o , q u e gozar
con el m u n d o . A l i s t a r m e e n t r e tus más v a l i e n t e s soldados, y armar-
m e con el e s c u d o p o d e r o s o d e vuestra gracia, para alcanzar v i c t o r i a
n o sólo d e mis e n e m i g o s , sino de mí m i s m o y reinar c o n t i g o en la g l o r i a .
- 123 -i
LA SED DE DIOS
Mons. A d o l f o S. Tortolo
REVISTA S A N MIGUEL
Casilla de Correo 141
3100 P A R A N A (Entre Ríos)
MISIÓN DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA
1. MISION DE LA IGLESIA
125 -
filósofos identifican con el Ens en el que la unidad indivisible se
encuentra conjugada con la Verdad, la Belleza y el Bien absolutos.
Ahora bien, el Verum, la única Verdad, se encarnó en la Hu-
manidad sacratísima de Jesucristo quien, sin ambages, dio testi-
monio de la Verdad que encarna y de la que hace depositaría a
la Iglesia, para que ésta continúe comunicándola, por su Espíritu
de verdad, a todos los hombres hasta el fin de los siglos.
Es el Santo Padre, quien en su discurso a los Cardenales en
la última Navidad se refiere a esta cuestión diciendo: Comprensi-
vos con las personas, intransigentes en la verdad. En ella no po-
demos ceder. Esta es precisamente la misión de la Iglesia: ser de-
positaría de la verdad, comunicarla pura y diáfana en sus miste-
rios para la salvación integral del hombre.
2. LA IGLESIA Y LA CULTURA
- 126 -i
terpretada en su especificidad y obstaculizada abierta o solapada-
mente e n esta misión instransferible e inalienable. Pensemos en
los países •comunistas, en donde con planes sistematizados se pri-
va al hombre del legítimo derecho de enseñar y de proclamar la
verdad; y en los países no comunistas, en donde la masonería cer-
teramente traba e indispone por todos los "medios su influencia en
la sociedad.
- 127 -i
penetrante de estos medios. En este aspecto, es preciso educar e
iluminar desde la primera infancia en los criterios de valor, for-
jadores de la clarividencia para distinguir la verdad del error,
el bien del mal, en todas las manifestaciones de la vida, en el
arte, en el deporte, en el cine, en la diversión, las relaciones
humanas, la familia, etc.
Por fin, la lucha a muerte contra la misma cultura parece ser
otro de los fenómenos propios de nuestro tiempo. Esta lucha en-
cuentra una expresión vigorosa y reciente en el Eurocomunismo,
con sus implicancias y derivaciones también en nuestro continente.
La batalla del nuevo comunismo europeo es batalla ante todo
cultural. No le interesa tanto la conquista inmediata del Estado
como al viejo comunismo, sino la conquista d e la sociedad, minando
sus relaciones familiares, morales, de cultura. Lo que importa
no son los cambios económicos graves sino las transformaciones
culturales profundas y, a ser posible, no violentas; no se propug-
na la lucha entre burgueses y proletarios, sino entre integristas
y progresistas. Se entiende por "integrismo" a lo religioso, lo tras-
cendente, es decir, toda idea más allá de la materia.
Gramsci, que es un ideólogo marxista de principios de siglo
(1891-1937), busca la interpretación del marxismo en un sentido
pseudo-humanista. Es preciso —dice Gramsci— conseguir que las
grandes masas se separen de la cultura.
En las democracias occidentales la toma del poder sólo será
posible si va precedida de esta reforma "cultural". Tal revolución
cultural tiene como meta implantar u n a nueva sociedad materia-
lista, suprimiendo la idea misma de Dios en todas sus manifesta-
ciones, en la familia, en la escuela, en el arte, en la política, en
la ley. Es preciso —dicen— construir u n a nueva moral, no cris-
tiana, un nuevo sentido moral, una forma de pensar distinta.
Todo puede servir para imponer el "nuevo sentido común", la
nueva forma de pensar: el cine, la música, los libros de textos de
niños o de universitarios.
Los eurocomunistas (Berlinguer, Carrillo, Marchais) no hablan
de Marx, de Lenin, pero no renuncian a la dictadura ideológica,
al monopolio de la cultura, al mayor terrorismo intelectual co-
nocido hasta la fecha. El contenido, el fin, es el mismo del marxis-
mo: la toma del poder. Sólo es distinto el idioma, desplazándose
el acento al marco cultural. La impronta es la misma: materialista
y atea, con todas sus consecuencias.
E's preciso, pues, no engañarse porque se diluye el color tra-
dicional un tanto irritante, para instalarse en la atalaya aparente-
mente desteñida del "eurocomunismo".
- 128 -i
La lucha contra la cultura occidental es a muerte. Se la
quiere destruir por todos los medios, valiéndose de todo, incluso
de los mismos católicos y hasta de los sacerdotes. Lo que importa
es destruir la cultura y las instituciones que se fundamentan en
la idea cristiana del hombre y del mundo,
Los que en ello no colaboren deben ser destruidos, tachados
de "fascistas", y en lo posible culturalmente aniquilados. La revo-
lución cultural realizará su cometido poco a poco, mediante la
infiltración de nuevos contenidos en todas partes, desde las edi-
toriales hasta las escuelas y los mass-media.
Esta campaña es llevada adelante por todos los medios posi-
bles, buscando amalgamas, puntos comunes con otras ideologías,
luchas comunes con los mismos propósitos. De este modo, ganar
la batalla del divorcio, del aborto, etc., en la que los marxistas
cuentan con muchos aliados de corte liberal e incluso católicos, uti-
lizados como idiotas útiles, es para ellos ganar la batalla de la des-
cristianización de la sociedad. Ganar la batalla de la escuela o de
la universidad es para ellos ganar la batalla de la cultura, porque
sólo una sociedad con escuela cristiana puede vivir una cultura
cristiana.
Buscan t r a b a j a r junto con otros que no piensan en todo como
ellos, en organismos d e decisión y poder, para ir poco a poco do-
minando al grupo y acabar decidiendo por sí mismos. Caso típico
es el del "compromesso italiano".
Ya no se lucha directamente contra la Iglesia. Lo que se bus-
ca es cambiar la doctrina cristiana por la ideología atea. Para ello
se emplearán todos los medios. Se calumniará el pensamiento de
la Iglesia, se difamará a sus instituciones, miembros y dirigentes.
¿Puede decirse que esta nueva Kulturkampf ha alcanzado ya
sus objetivos? Del Noce asegura que su éxito ha sido tan sólo par-
cial, puesto que no se ha formado aún una nueva conciencia, mar-
xista, iluminista, sino que se h a producido solamente u n vacío de
ideales.
La tarea que aguarda con urgencia a los católicos en la socie-
dad actual, y sobre todo a las Universidades Católicas, consiste
en volver a los principios, enseñar con claridad los fundamentos,
reafirmar bases filosóficas claras, alimentarse de la savia siempre
fresca del Evangelio, practicar sin complejos la fe y empapar con
su substancia todas las actividades humanas.
Hoy, más que nunca, junto con la ciencia del saber hace fal-
ta caracteres robustos, fuertes y firmes, para no dejarse amilanar
ni debilitar por nadie ni por nada.
- 129 -i
No debe olvidarse que la batalla, en el hoy de nuestra histo-
ria, se plantea principalmente en los campos de la cultura, de la
ciencia, del arte, de las costumbres.
4. LA UNIVERSIDAD Y LA CULTURA
- 130 -i
criterios de los valores absolutos y de las normas éticas siempre
válidas de la Iglesia, Madre y Maestra, Evangelizadora de todos
los hombres y de todos los tiempos. Sin esta apertura clara y diá-
fana a estos principios, criterios y valores, la Universidad Católi-
ca, como cualquier escuela católica, no íiene sentido.
•La misión de la Universidad será pues no sólo el cultivo de
las verdades científicas, técnicas, especulativas y prácticas sino
sobretodo de la verdad filosófico-teológica que brinde una visión
del hombre y de su vida, de su fin trascendente y divino, dentro
del cual la ciencia adquiere un exacto alcance en una unidad je-
rárquica.
En una Universidad Católica, sólo en la integridad de la fe
la investigación tiene sentido. La cultura cristiana se constituye
en un perfeccionamiento permanente de la vida divina.
De este modo la Iglesia, por la educación integral, contribuye
a lo que la Patria y el mundo hoy necesitan: hombres nuevos pa-
ra una humanidad nueva. No bastan, ni importan tanto las refor-
mas de planes universitarios y de estructuras. Lo que importa es
cambiar al hombre, formarlo, hacerlo líder de un mundo que ne-
cesita dirigentes responsables y capaces para elevarlo e infundir-
le las energías morales de las que carece, en una palabra re-crearlo
en su dimensión divina.
Meta de la escuela católica, de la Universidad Católica, de toda
evangelización es formar caracteres recios, personalidades defini-
das en el sentido cristiano de la vida, cristianos, católicos sin mie-
dos, ni retaceos, responsables f r e n t e a Dios y la sociedad, en su
conciencia y en la vida pública, en todo momento y lugar.
Hace falta formar personalidades definidas. En este sentido
S . S . Pablo VI, en la Encíclica "Ecclesiam suam" se refiere a la
necesidad de este espíritu recio en tiempos en que corrientes de
pensamiento filosófico y político como olas del mar envuelven y
sacuden a la propia Iglesia, de tal modo que un peligro como de
vértigo, de aturdimiento, de extravío puede sacudir su misma so-
lidez e inducir a muchos a aceptar los más extraños pensamientos,
como si la Iglesia debiera renegar de sí misma y adoptar novísi-
mas e impensadas formas de vida (n 9 20).
Una de las posiciones más negativas que caracteriza a mucho;
cristianos es precisamente la superficialidad y la apariencia; po-
sición que se manifiesta incluso en católicos de movimientos o
instituciones de la Iglesia. Este lamentable estado urge a los for-
madores de los líderes del f u t u r o a tomar conciencia de la grave-
dad en el diagnóstico de la enfermedad y de los medios de una
terapia intensiva para su remedio y curación.
- 131 -i
Esta superficialidad y vacío de conceptos y de verdades esen
cíales es el mejor caldo de cultivo para el desmoronamiento, a cor-
to plazo, de fogonazos aparentemente impactantes. Nada sólido se
h a edificado nunca en la historia sino sobre fundamentos firmes
y fuertes.
En cierta ocasión, el escultor Dal Zotto, de Venecia, se propu-
so modelar un crucifijo. Después de mucho estudio empezó el tra-
bajo. Plantó una cruz en su sala de estudio, extendió las varillas
de hierro y las barras de plomo para construir la armadura inte-
rior del modelo. Después colocó la greda y comenzó a plasmar el
cuerpo de crucifijo. Resultó u n a bella obra de arte. Con todo, e]
escultor no estaba contento. Continuó por mucho tiempo retocan-
do el modelo de greda. Le encomendó a un criado mantener siem-
pre húmeda la greda rodándola siempre con agua. El escultor no
se decidía a ordenar el vaciado del yeso. Sucedió entonces que pof
falta de cuidado del sirviente, se abrió una grieta en la espalda
del crucifijo. El agua rociada penetró e n la grieta y con su oculta
y lenta penetración aflojó la ensambladura interior. Una mañana
al entrar el escultor en el estudio, encontró el crucifijo deshecho:
un montón de greda y de pingajos a los pies de una cruz y la ar-
madura de hierros, plomo fijado al madero, aparecía muda y tris-
te, con uno que otro pedacillo de arcilla pegado a los hierros.
Así sucede con el que no se decide a dar solidez a lo que ea
sustancial. La acción del tiempo desmorona lo aparente y frágil.
Concluyamos con una cita de la Exhortación '"Evangelii Nun-
tiandi": "Las mejores estructuras, los sistemas más idealizados se
convierten pronto en inhumanos si las inclinaciones inhumanas
del hombre no son saneadas. Si no hay una conversión del cora-
zón y de la mente por parte de quienes viven estas estructuras
o las rigen" (n? 36). Esto es lo que deseamos en estos días para
la Universidad Católica de Cuyo, en su valiosa contribución a la
misión que la Iglesia debe realizar en este hoy conflietivo de la
humanidad.
JUAN RODOLFO LAISE
Obispo de San Luis
- 132 -i
Sacra Congregatio
Pro Doctrina Fidei
Roma, 4 de agosto d e 1976.
Prot. N. 1434/69
Excelencia,
A Su Excelencia,
Mons. Dr. HORACIO A . BOZZOLI
O b i s p o A u x i l i a r de BUENOS AIRES
- 133 -i
Libros Recibidos
—KUSS Otto, Carta a los Romanos. Cartas a los Corintios. Carta a los Gálatas,
Herder, Barcelona, 1976, 453 pgs.
—PAZOS Luis, El fracaso del socialismo, Tradición, México, 1976, 219 pgs.
—BORREGO E. Salvador, México cautivo. Diez engaños y una verdad, Tra-
dición, México, 1976, 95 pgs.
- 135 -i
una Maternidad desdoblada: Madre co de iSales y al Santo Cura de Ars.
n a t u r a l de Jesucristo, Madre espiri- En el primero se dio> una alianza
tual de los cristianos. María, cual muy honda entre naturaleza y gra-
auténtica Madre espiritual, posee in- cia, análoga a la unión que se die-
comparables dotes de formadora y r a en el mismo Jesucristo. Desde
educadora, actuando por sus ruegos la primera hora, su vida f u e un
("omnipotencia suplicante") y por su •deslizarse en la pendiente de la
presencia junto a nosotros. Cuando gracia, un querer darlo todo con
un ¡alma acepta ser f o r m a d a por Ma- •amor, simplicidad y dulzura. San
ría y se pone confiadamente en sus Francisco de Sales es, en opinión del
manos, descubre que Ella es el cami- A., la más perfecta reviviscencia de
no más corto, más rápido y más se. Jesucristo. E l Cura de Ars personi-
guro p a r a llegar a la santidad. fica en su vida la teología de la
instrumentalidad sacerdotal. Es ejem-
Des pués de la glorificación de Dios, plo preclaro de docilidad a la gra-
y perfectamente subordinada a ella, cia, de humildad y de oración. Por
la vida cristiana tiene por finalidad último P í o X es presentado como
•la santificación de nuestra propia al- el Santo de las virtudes teologales,
ma. El bautismo, puerta de entrada en mediante las cuales se unió íntima-
la vida cristiana, siembra en nues- mente a Dios como Verdad infinita,
t r a s .almas una "semilla de Dios": es como Bienaventuranza 'Suprema y
la gracia santificante. El germen di- como Sumo Bien en Sí mismo.
vino está llamado a desarrollarse ple-
namente, y esa plenitud de desarrollo La quinta sección t r a t a acerca del
es, cabalmente, la santidad. Tal es el llamado al sacerdocio. Se insertan
tema que el A. analiza en la cuarta en ella mensajes vocacionales a los
sección al considerar la vida y la es- jóvenes, padres, educadores y pasto-
piritualidad de los Santos: S. Benito, res. Todas las almas tienen, como
S. Tomás de Aquino, S. Francisco de una lira, •ciuerdas muy delicadas: es
Sales, S. J u a n María Vianney y S. Pío preciso tener un corazón de artista
X. Corazón de la Iglesia y arquetipo para despertar sus armonías recón-
del pueblo cristiano, cada santo es ditas. El A. revela en estas páginas
singular y por lo tanto posee una for- su g r a n corazón de artista de las
ma personal de santidad; (pero vis- almas. Es imposible que quien las
tos en conjunto nos muestran una lea no sienta un impulso hacia la
síntesis maravillosamente rica de la santidad, el deseo de tomar una de
vida espiritual. esas ideas capitales, nobles y eleva-
das, que se vierten en relación a la
E l proceso de santidad de San vocación sacerdotal o profana, y ha-
Benito, f a r o luminoso en un tiempo cerla propia, convertirla, como sue-
decadente, es descrito según un triple le decirse, en idea fija, de tal mo-
momento: reencuentro consigo mismo, do que en todas' las coyunturas de
expansión hacia Dios y fluencia sobre la vida se h a g a presente al entendi-
el hombre. Tomás de Aquino es pre- miento, refuerce la voluntad, suges-
sentado como el Santo de la Verdad. tione y fascine p a r a el bien.
Dios es la Verdad. A m a r a Dios y
a m a r a la Verdad es una misma cosa. •Cerrando estos magníficos escri-
El Doctor Angélico vivió el amor a la tos, la sexta sección incursiona en
Verdad como misterio propio y co- temas de espiritualidad sacerdotal.
mo vocación personal. Lo vivió desde El sacerdote es intermediario entre
•el lado de Dios, experimentalmente, Dios y los hombres. Así como no
sin otro compromiso que Ella misma. se puede ir a Dios sino por Jesu-
Y porque vivió el amor a la Verdad, cristo, así tampoco se puede ir nor-
vivió también el odio al error, al cual malmente a Jesucristo sino por la
combatió, no con el ímpetu de la mediación del sacerdote. Nuevo Moi-
tempestad, sino con la serenidad con sés, el sacerdote ha recibido la mi-
que la luz del día avanza disipan- sión de guiar a las almas, a través
do las tinieblas. del desierto de la vida presente,
¡Singular importancia revisten los hasta la tierra prometida de la eter-
artículos dedicados a San Francis- nidad. "E'l sacerdocio •—afirma el
- 136 -i
A.— puede vivirse de un solo mo- del contenido, método de elabora-
do: unido a Cristo. Con un solo es- ción e importancia de esta novedad
tilo .de vida: el de Cristo. Con una bibliográfica.
sola meta sacerdotal: la de Cristo.
La vocación sacerdotal es la voca- Contenido de la Enciclopedia
ción al despojo m á s absoluto de la
propia personalidad. E s un indispen- L o s , artículos de la GER tratan
sable despojo del propio yo que de- todos lo® temas, desde deportes y
be verse substituido por el Yo de espectáculos, arte, etnografía y folk-
Cristo". El sacerdote debe ser, al lore a las ciencias físico-naturales
decir de Chevrier, un hombre despo- y a las del espíritu. Es decir, se
jado, crucificado, comido. Y Mons. t r a t a de una obra de consulta e in-
Tortolo culmina diciéndole a cada sa- vestigación de ámbito universal. Se
cerdote: "Sé Cristo en t u época, en abordan especialmente con mayor
t u ambiente, en las coyunturas todas amplitud las cuestiones más vincu-
de t u vida, hasta en la última vi- ladas a la vida del hombre, las refe-
bración de tu ser". rentes a las que se suelen llamar
La obra que comentamos está más ciencias del espíritu y humanidades
allá de toda ponderación: es sim- (Filosofía, Derecho, Teología, His-
plemente extraordinaria. 330 pági- toria, Literatura, Filología y Lin-
nas con sabor a cielo, aptas para güística, Arte, etc.) y a las ciencias
ensanchar el alma y contribuir a sa- sociales (como Sociología y Políti-
ciar el hambre y la sed de Dios. ca, Economía, Geografía, Ciencias
330 páginas que nos enseñan que a de la Información, Pedagogía, etc.)
Dios hay que amarlo s i n tasa, sin pero también son tratadas con pro-
condiciones, sin "peros'', sin intermi- fundidad y nivel universitario los
tencias, sin cobardías.. . y sin res- temas de las ciencias físico-natura-
petos humanos. ¡Hacía f a l t a un libro les (Física, Química, Matemáticas,
así! Geología, Biología, Medicina, Tecno-
logía, etc.).
ALVARO F. EZCURRA
Para aclarar lo que se acaba de
Seminarista de la Arquidió- decir, basta considerar cómo se plan-
cesis de Paraná, Año de teó la redacción de la Enciclopedia.
Teología. El Consejo de Dirección buscó entre
los mejores especialistas, Catedráti-
cos 'de Universidad, Investigadores
AUTORES VARIOS, Gran En- del C. .S. I. C., etc., a los que podrían
ciclopedia Rialp, 24 tomos, encargarse de la dirección de cada
•Ed. Rialp, Madrid. una de las materias mencionadas
y de otras que sería largo enume-
rar. .Se pidió a estos Directores de
Ha aparecido recientemente el to- Sección que hicieran una lista com-
mo 24 y último de la GER (abrevia- pleta de los temas y personajes im-
t u r a de Gran Enciclopedia Rialp) portantes en la materia o sección
que contiene los índices alfabéticos respectiva, de modo que a lo largo
generales y la cartografía en color de ellos quedase t r a t a d a toda la ma-
de los 23 tomos anteriores, de cer- teria de un modo sistemático, tanto
ca de 1.000 páginas cada uno, pu- en su contenido actual como en su
blicados de 1971 a 1976. A lo largo historia. Luego estos temas se han
de esos 23 grandes tomos aparecen ordenado alfabéticamente.
cerca de 15.000 artículos sobre to-
dos los temas del saber. Cada uno De este modo ha resultado una
de esos artículos son estudios mono- Enciclopedia sistemática completa,
gráficos que contienen una amplia pero puesta en orden alfabético. Es
síntesis científica del estado de la decir en la GER se encuentran, a
cuestión de los diversos objetos de la vez, las características prácticas
todas las ciencias. E n estas líneas de cualquier Enciclopedia general y
intentarnos hacer una descripción la profundidad necesaria para tra-
- 137 -i
t a r todos los .grandes temas que tan- Respecto a las personalidades que
to en el presente como< a lo largo lian intervenido, s e r í a prolijo dar
de la historia han preocupado a los nombres concretos. La firma, comple-
hombres. Estos temas forman gran- t a de cada uno va al final de su ar-
des unidades, a modo de amiplios ar- tículo, y un pequeño resumen de sus
tículos o estudios (en general autén- datos biográficos (títulos y cargos
ticas monografías científicas). No académicos, etc.) en cada tomo don-
hay artículos de menos de 40 líneas, de salen sus artículos y en el tomo
que son los artículos menores de- final de índices generales. Son cerca
dicados a algunas pequeñas biogra- de 3.000 los autores de, los artículos
f í a s (otras ocupan varias páginas) de la GER, de los que un 80 o 85 %
o a lugares geográficos muy concre- son españoles e hispanoamericanos, y
tos o de menor importancia. los demás de todos los países del
mundo. Habría que citar a la mayor
parte de los catedráticos universita-
Proceso de elaboración rios de España, profesores y colabo-
radores del C.S.I.C., y 'diversos espe-
Los Directores de Sección, junto cialistas extranjeros, todos muy co-
con la lista completa de grandes te- nocidos.
mas de su materia, se han encarga-
do también de proporcionar los nom- Lo más nuevo en la GER, quizá sea
bres de los más destacados especia- el haber conseguido una obra, origi-
listas en cada tema concreto. La nal, de nivel internacional, no tradu-
Coordinación Central de redacción y cida ni adaptada de otras extranjeras,
asesor amiento les invitaba en nom- evitando tener "que padecer una espe-
bre del Director de Sección a redac- cie de colonialismo cultural, frecuen-
t a r el artículo correspondiente. Una te en las obras científicas de consul-
vez .hecho y recibido, el artículo se ta e investigación que se han publi-
remitía al Director de Sección para cado hasta ¡ahora en castellano. Y res-
su aprobación científica (en realidad pecto al método de trabajo, es carac-
dada de antemano) o p a r a ver si terístico de la GER el respeto a la
era conveniente sugerir al autor com- personal responsabilidad de cada au-
pletar o aclarar algún punto, etc. tor, reflejándose entre otras cosas en
su f i r m a completa (no hay artículos
La Coordinación Central se ocupa-
anónimos ni firmados con abreviatu-
ba también, si resultaba necesario,
ras).
de cuidar la presentación, subdivi-
sión de los temas en epígrafes, mo-
dos de citar, uso de abreviaturas y Aporte a la producción editorial
otros detalles técnicos que facilita-
sen el uso práctico de la Enciclope-
dia, evitando repeticiones innecesa- El tomo primero se publicó en 1071,
rias, etc. y se empezó a t r a b a j a r cinco años
antes. ,Se t r a t a de u n a aportación
Lógicamente, las respuestas de to. ¡científica y cultural d e primer or-
dos los científicos y especialistas fue- den; una obra mejor y más actual
ron muy entusiastas, comprendiendo que las pocas grandes Enciclopedias
lais sugerencias que se les hacían, si de consulta e investigación que exis-
por ejemplo algún aspecto de su ten internacionalmente conocidas y
tema ya había sido tratado por otro apreciadas desde hace años. Una o-
especialista paralelo (piénsese en te- bra cuya necesidad se venía sintiendo
mas que necesariamente tenían que en los países de habla española des-
ser tratados por varios, como los de de hace tiempo. Psdro Saínz Rodrí-
países, en los que hay artículos de guez cuenta en uno de sus libros que
Geografía, Historia, Sociología y Polí- ya alrededor de 1930 el gran escritor
tica, Literatura y Artes, Filosofía y Gabriel Miró tuvo con él varias con-
Ciencias, Periodismo, etc.; o en te- versaciones en las que hablaron de
mas como la voz TIEMPO que tiene la necesidad de una obra de este tiipo
artículos de Física y Astronomía, en lengua española, y que Miró es-
Filosofía, Psicología, Religión, etc.). taba ilusionado, como la meta enton-
- 138 -i
ees ideal, en traducir una gran enci- bido necesidad en la GER de recu-
clopedia americana. Esa meta se ha r r i r a especialistas extranjeros; sólo
sobrepasado con creces con la GER. en concretos casos (piénsese por ej.
en la voz NEGRITUD firmada por
Pero su aporte no es sólo a la pro- Léopold Sédar Senghor, y otras co-
ducción editorial española, sino a es- sas así). También se h a recurrido en
cala mundial. Como ha señalado una otros temas a científicos extranjeros
revista italiana "la Gran Enciclope- reconocidos, precisamente p a r a evi-
dia Rialp es una obra singular cuya t a r hasta la apariencia de ciertos lo-
importancia supera los confines de calismos o parcialidad hispánica.
España. La originalidad de 'sus apor-
taciones, unida a la seriedad cientí-
fica, la hacen ser una obra de con- La GER ante los problemas de la
sulta indispensable para el público promoción cultural en la sociedad
italiano y de otros países, estudiosos
e intelectuales". Todas las Bibliote- El a f á n de saber, aunque es innato
cas, Universidades y demás institu- al hombre, se manifiesta quizá .más
c i o n . e s científicas y culturales del en nuestro tiempo, entre otras cosas
mundo tienen o tendrán necesaria- porque hay más medios de comunica,
mente la GER. El Japón ha sido uno ción y más posibilidades de ir satis-
de los países de donde han llegado faciendo ese a f á n interminable. Se
las primeras y abundantes peticiones estudia y se investiga cada vez más;
de la GER; ha habido que hacer un se escribe y se publica mucho. Y un
folleto explicativo en japonés; se han primer problema muy serio, es pre-
hecho ya otros en inglés y alemán, cisamente la multiplicación de publi-
y se están preparando en francés e caciones y libros, y el discernir o en-
italiano. contrar en esa desbordante abundan-
cia lo verdaderamente valioso y útil.
Dentro del alcance internacional de Gran parte de lo que se publica Vale
la GER, como es lógico se ha conce- muy poco; se t r a t a de resúmenes, co-
dido especial atención a los temas de pias y vulgarizaciones de otras pu-
España y de los países de habla es- blicaciones. Y así muchos se creen
pañola, en el presente y en la histo- en posesión de una cultura que no
ria; y por razones de proximidad fí- es más que una colección de lugares
sica e histórica, a Portugal y a Bra- comunes y tópicos sin fundamento;
sil. De modo análogo, y todavía más con ello, queriendo o sin querer, en
acentuado, han hecho las grandes en- lugar de avanzar en el entendimiento
ciclopedias publicadas en otros paí- de las cosas y en el intercambio de
ses, en las que a veces es vano bus- conocimientos y experiencias se tien-
car muchos personajes y temas de la de a producir el caos mental en las
vida española e hispanoamericana. personas y en las comunicaciones.
Sin embargo, en la GER se ha evi- Las publicaciones y libros solventes,
tado la parcialidad y el localismo. Es en cambio, suelen llegar poco al pú-
decir, se ha procurado reflejar las pe- blico general, bien porque circulan
culiaridades de los pueblos hispáni- sobre t o d o entre los especialistas,
cos, su historia, geografía y cultura, bien porque sus tecnicismos los ha-
tratando ampliamente los temas del cen poco accesibles.
mundo iberoamericano, y a la vez los
de todas las demás partes del inundo. E n este sentido, la GER, con su
gran número de autores y con su gran
Con la GER se muestra enseguida difusión, es una experiencia muy cla-
que el nivel cultural y científico de rificadora. Cada tema ha sido abor-
España no es .menor que el de los dado por los especialistas necesarios,
países que se consideran más adelan. desde todos los puntos de vista posi-
tados. Queda zanjada la vieja polé- bles. Se ha citado antes el ejemplo de
mica, en gran p a r t e inútil, sobre la la voz TIEMPO; se podrían mencio-
"ciencia española" y sobre la capaci- n a r otros miles .de temas; por ej. el
dad del español para la ciencia y la MATRIMONIO está tratado e n l a
cultura en serio. Pocas veces ha ha- GER por especialistas de Antropolo-
- 139 -i
gía y Sociología, de Teología y Mo- decir lo suyo. La GER resulta un va-
ral, de Derecho Canónico y Civil, de liosísimo instrumento p a r a que el es-
Historia de las religiones; el REA- pecialista y cualquier profesional se
LISMO por filósofos, críticos litera- abra más fácilmente a la compren-
rios y críticos de arte; la LIBERTAD sión de otras profesiones y otros sa-
y la RESPONSABILIDAD por psicó- beres, que busque complementarse y
logos, filósofos, teólogos, juristas y así evitar lo que algunos han llamado
pedagogos; la MATERIA por físicos, " b á r b a r a ignorancia" producida por
químicos y filósofos; etc. la necesidad de especialización en los
conocimientos, profesiones y trabajos
E n cada voz de la GER se encuen- humanos.
tra, pues, una exposición objetiva del
estado de l a cuestión en los distintos Se t r a t a de un pluralismo real, no
saberes y ciencias que se ocupan de artificial ni basado en un escepticis-
ella, dentro de la autonomía y ge- mo o agnosticismo, siempre banales,
nuina significación de los datos cien- sino en el conocimiento de las verda-
tíficos. Desde luego esa ha sido la des adquiridas y confrontadas y en
intención, y en general se ha conse- las diversas opiniones responsable-
guido, porque los autores de los ar- mente expuestas, en el a f á n de ver-
tículos se h a n buscado entre especia- dad y de respeto a legítimas discre-
listas, que no se lian limitado a ha- pancias y gustos. Este pluralismo es
cer un " r e f r i t o " o un resumen irres- una notable 'característica de la GER
ponsable o apresurado de otras publi- y del camino de entendimiento' y pro-
caciones, sino una exposición original greso cultural que .deja abierto.
y completa, procurando ahorrar pala-
bras y circunloquios, yendo a lo esen-
cial sin simplismos. Al final de cada Terminación y planes para el futuro
artículo se incluye además una biblio-
grafía, un conjunto de libros y publi- El tomo 23 se publicó a finales de
caciones serias que se ocupan del te- 1975; y el 24 y último apareció a
ma, para el lector que necesite am- principios de 1977, con índices alfa-
pliar o realizar mayor investigación béticos generales y mapas en color.
en ese campo. La elaboración del índice alfabético
•general, con m á s de .220.000 términos
Así, la GER resulta un lugar de en- que se estudian en los artículos de la
cuentro muy interesante de las dis- que se estudian en os artículos de la
tintas ciencias y puntos de vista so- GER, h a sido una larga y difícil ta-
bre las cosas. No se h a n intentado rea, que multiplica el valor de una
paliar o disimular ni las discrepan- Enciclopedia como ésta. E s el último
cias ni las concordancias entre auto- trabajo de la Redacción Central de
res y puntos de vista o de interés en coordinación y asesoramiento; en la
cada r a m a del saber. Ha salido un Coordinación Central ha trabajado
conjunto espontáneamente pluralista, durante estos años con empeño un
no en el sentido escéptico o relativis- buen equipo de licenciados y doctores
ta, sino con el mismo pluralismo de en todas las materias.
la realidad, de los seres humanos, y
de las distintas ciencias. Sin concor - Aihora, aunque lógicamente este e-
dismos superficiales y sin falsas con- quipo se ha reducido en número, el
traposiciones, se refleja en la GER plan es mantenerlo en lo posible. Se
la realidad objetiva y 1 a s distintas reciben .muchas sugerencias, tanto ue
opiniones sobre ella, cosas ambas que autores de artículos como de lectores
son punto de partida de entendimien- de la GER, p a r a su mejor aprovecha-
to y progreso. Ciertamente, se puede miento y difusión. Se recogen ideas
comprobar cómo cada especialista para publicar otras cosas, f u t u r o s su-
tiende a pensar que él a g o t a los te- plementos y ediciones para mante-
mas dentro de la ciencia que cultiva; nerla al día, etc. Todo esto quizá lle-
y se puede comprobar al mismo tiem- gue a cuajar en una especie de ins-
po que no es así; otras ciencias y titucionalización de tipo cultural al
otros métodos también tienen q u e servicio de las características plura-
- 140 -i
listas ¡de la GE®, de s u s autores y dos los aspectos del misterio de Cristo
lectores; al menos es el deseo de mu- presentan entre sí .perfecta coheren-
chos y en parte se va consiguiendo cia y se explican unos a otros, los tex-
ya; a ello animan cada vez más las tos relativos a cada uno de ellos no
sugerencias que continuamente se re- adquieren su plenitud de sentido sino
ciben en la Coordinación Central. cuando se los sitúa en el vasto con-
junto a que pertenecen, es decir tie-
E n t r e los autores de artículos de nen entre sí tales conexiones que la
las .naciones americanas, indicamos interpretación teológica de uno de
para terminar algunos de los nom- ellos repercute necesariamente en los
bres principales de Argentina: Blas otros.
Barisani, A r t u r o Berenguer Cariso-
mo, José María Castiñeira de Dios, Ciertamente no descuida nuestro A.
Alberto Caturelli, Octavio N. Derisi, el conocimiento objetivo de la histo-
Bernardino Montejano, Alfredo A. ria t a l como se desarrolló en la rea-
Roggiano, Vicente D. Sierra, Juan C. lidad concreta, ni el mensaje de sal-
Zuretti, entre otros que sería largo vación tal como f u e formulado y de-
enumerar. sarrollado en el tiempo. Pero una co-
sa es saber que la Palabra de Dios
resonó verdaderamente en el pasado
Dr. JORGE IPAS y otra cosa es querer oírla resonar
Director de la Coordinación actualmente como Palabra del Señor
Central de la GER, Madrid. Resucitado dirigida a la Iglesia hoy.
E n o t r a s palabras, trascendiendo
Kuss un sentido meramente literal de
los textos, se interesa por captar una
realidad más profunda dada por un
OTTO KUSS, Carta a los Ro- sentido más pleno. Este esfuerzo lo
manos, Cartas a los Corintios, sitúa dentro de la acción pastoral de
Carta a los Gálatas, Herder, la Iglesia que tiene por centro el
Barcelona, 1976, 453 pgs. anuncio de esta Palabra "a todas las
gentes" (Me. 16,15) y su participa-
ción efectiva e n el misterio d e la
salvación.
El comentario a "Las grandes car-
ta® paulinas" que nos presenta Otto Después de una breve introduc-
Kuss constituye, sin duda, una mues- ción a cada carta, expone el A. los
t r a de los esfuerzos que últimamente diversos textos que luego analiza
realizan aquellos exégetas y teólogos con mano maestra y gran sentido
que, animados por las exhortaciones de síntesis. No es por ello super-
del 'Concilio Vaticano II, continúan ficial, antes bien al poner en juego
estudiando la E s c r i t u r a "e o n todo las diversas disciplinas, magnífica-
empeño, con f u e r z a s redobladas, se- mente combinadas, confluyen éstas
gún el sentir de la Iglesia" (D. V. en una no menos profunda teología
23). bíblica. De esta manera va pedagó.
gicamente llevando al lector a una
La nota de originalidad de esta o- cada vez más pronunciada intro-
bra está dada por la novedad del ducción y comprensión del texto sa-
enfoque exegético. No se trata, en grado y a una más intensa compe-
efecto, de situar a la Escritura en netración con el pensamiento de San
un plano subordinado a la Teología, Pablo. Las "grandes cartas" pau-
sino más bien de una interpretación linas recobran así su perennidad y
teológica de los textos isagrados. In- actualidad: el fundamento de toda
terpretación teológica de la Escritura vida cristiana, en efecto, es el Bau-
que consiste en exponer la totalidad tismo, y este "sumergirse" en Cris-
de la doctrina cristiana partiendo de to (eibaptísthemen = fuimos bauti-
los textos mismos que expresan la Pa- zados) implica compartir el destino
labra de Dios'. E s decir, dado que to- mismo de Cristo. La vida de Cristo
- 141 -i
resucitado y glorificado es im¡a co- lemne y definitiva. En. la tercera
munión viva con el Dios viviente. En parte (7,1-11,1) responde el Apóstol
esta comunión viva con el morir y a algunas cuestiones que la comuni-
resucitar de Jesús, el cristiano ob- dad de Corinto le había planteado
tiene la libertad de la esclavitud por escrito. En f r a s e s prudentes y
del pecado y así vive fundamental- ponderadas, dando muestras de una
mente en Cristo, entregado sólo a consumada sabiduría y de un senti-
Dios. do superior de la realidad, Pablo con-
trapone la doctrina cristiana sobre
Con exquisita maestría el A. va el matrimonio y 1a. virginidad a las
perfilando la verdadera personalidad exageraciones de los desenfrenados
del Apóstol a través de sus cartas. y de los rigoristas. Con la misma
Estas tres epístolas, escritas en dis- altura resuelve el problema de las
tintas circunstancias, a diversos des- carnes inmoladas a los dioses: «1
tinatarios, revelan, según Kuss, las cristiano no está solo, tiene respon-
ideas fundamentales de ia teología sabilidades y deberes para con la
paulina. Como las restantes, son el comunidad y deibe tener en conside-
producto de su amor a Cristo, de ración a los "débiles''. En la cuarta
su pasión por el Evangelio y de la piarte (11,2-14,40), que divide en dos
necesidad de robustecer la fe de las secciones, t r a t a las cuestiones rela-
diversas Iglesias que muchas veces tivas a la vida litúrgica de la co-
debían luchar en un ambiente hostil munidad y de la función que desem-
cuando no moralmente desbocado. Por peñan los dones del Espíritu Santo
eso las cartas de Pablo son las car- en la vida comunitaria cristiana. En
tas de un apóstol y están, en con- la quinta y última parte (15,1-58)
secuencia, al servicio de su trabajo el Apóstol aborda un tema nuevo.
misional. Un solo objetivo lo mueve: Profundamente interesado en elimi-
abrir para el Evangelio un camino nar cualquier confusión o inseguri-
en el corazón del hombro. Y para dad, expone con toda claridad la f e
ello se servirá de todo: recursos li- cristiana en la resurrección. Este es,
terarios, giros rabínicos, hasta del en apretada síntesis, el esquema que
sarcasmo y la ironía cuando haga O. Kuss nos presenta de la primera
f a l t a y, por qué no, de la "necedad Carta a los Corintios. En cuanto a
de la C r u z " (I Cor. 1,18); "todo la segunda Carta, la divide en t j e s
coopera p a r a el bien" (Rom. 8,28), grandes partes. Comienza con una
porque todo esta penetrado con la apologética de su ministerio (1,12-
fuerza de su convicción cristiana. 7,16) y ataca a los falsos maestros
judaizantes que pretenden minar su
La Carta primera que dirige a los autoridad. Continúa trayendo el ejem-
Corintios, como suele acontecer con po de la ¡caridad de ¡los mace don ios
sus otras cartas, está motivada por la cual muestra de manera palma-
asuntos circunstanciales; en este ca- ria cómo la generosidad cristiana es
so nos muestra una buena imagen f r u t o de l a gracia de Dios (8,1-9,15).
de una comunidad formada por gen- Finalmente concluye con una nueva
tiles convertidos en una gran ciu- apología contra los judaizantes: tie-
dad. Ciñendo su comentario a lo ne clara conciencia de su derecho;
esencial, el A. divide la carta en sin titubeos de ninguna clase ha re-
cinco partes. En la primera (1,10-4, suelto proceder con "osadía" contra
21) el Apóstol exhorta, a los corin- cuantos opinan que actúa por moti-
tios a la unidad: las comunidades vaciones ¡y recursos meramente te-
por él fundadas deben, ser una sola rrenos y que carece de espíritu, úni-
cosa. Le preocupa que la unidad ca f u e r z a capaz de sustentar toda au-
realizada en Cristo no se ponga de téntica conducta cristiana (10 a 13).
relieve hasta en los detalles cotidia-
nos. En la segunda (5,1-6,20) diser- El fino ojo avizor ¡del A. se des-
t a sobre los abusos que se dan en la taca en el comentario que hace a la
comunidad; se t r a í a de un lastimo- Carta a los Gálatas. Es¡ ella, en efec-
so caso de -lujuria que con autoridad to, la carta m á s apasionada que Pa-
apostólica decide Pablo en forma so- blo ha escrito. Allí expone ¡en forma
- 142 -i
singularmente clara su inquebranta- sin las obras de la ley mosaica, sobre
ble decisión de defender el mensa- la base exclusiva de la fe en Jesu-
je que se le ha confiado contra cual- cristo. En la segunda (9, 1-11,36), a-
quier falseamiento y judaización, pa- •borda la función, del pueblo elegido
r a evitar la recaída del cristianismo en la historia de la salvación: ¿Qué
en «1 judaismo legalista. Sabe que papel debía representar Israel en la
está en juego la pureza y eficacia realizajoión de los planes de Dios y
de su mensaje. Por eso quiere sal-* cuál es la función que de hecho ha
var a quienes se han puesto en peli- desempeñado? Dios es totalmente li-
gro y a los que, ¡pese1 a todo, amia bre en su obrar. Israel, al endurecerse
con todo su corazón. Pero dejemos culpablemente, c a r g a con su destino,
al A. mismo que nos la exponga con aunque siempre l a última palabra la
sus propias palabras: "La carta está tiene la gracia. Ciertamente si el re-
construida de un modo simple y cla- pudio de Israel h a traído a los gen-
ro. Tras una breve introducción (1, tiles a la reconciliación, la conversión
1-5), el apóstol expresa de inmedia- de Israel a p o r t a r á al mundo .la con-
to, y con palabras estremecidas, su sumación. E n la última parte (12, 1-
dolor por la apoetasía de los gála- 15, 13) el Apóstol enumera algunas
t a s . . .". Y con admirable poder de consecuencias prácticas de su Evan-
síntesis, prosigue: "El cuerpo prin- gelio: "la renovación de ,1a .mente en
cipal de esta carta se divide en tres el amor y en la justicia, renovación
parteis. Primero presenta Pablo la que abarca a todo el hombre, tiene
demostración histórica de la autori- que dejarse sentir en la vida social
dad divina de su apostolado y de su de la comunidad y también en las re-
Evangelio (1,11-2,21). En la parte laciones del cristiano con el Estado".
segunda fundamenta su mensaje de
la justicia de Dios sobre la base de Digamos, para terminar, que el Co-
la f e sin las obras de la ley con ar- mentario del profesor Kuss corres-
gumentos teológicos (3,1-5,12), mien- ponde a l VI de los IX volúmenes de
tras que en la tercera parte habla la gran obra conocida como Comen-
de la vida moral en la verdadera li- tario de Ratisbona, publicación bíbli-
bertad cristiana del caminar en el ca bajo la dirección de A. Wikerihau-
Espíritu (5,13-6,10). La misiva se ser y el mismo Otto Kuss.
cierra con una exhortación de con-
junto que Pablo traza de su puño y
letra (6,11-18)".
MARCELINO OCAMPO
E n la Carta a los Romanos ocurre Seminarista de la ¡Diócesis de
que la elaboración teológica de la Catamarca, 2? Año de Teología
verdad revelada no se conecta c o n
una circunstancia concreta. Lo que
ella presenta es más bien una expo-
sición detenida y perfectamente en-
samblada de la doctrina paulina de la HERBERT HAAG, Breve Dic-
salvación. Hace notar el A. c ó m o cionario de la Biblia, Herder,
"esta teología ha surgido en un pro- Barcelona, 1976, 562 pgs.
ceso vivo, en una confrontación in-
cesante con -gentiles y judíos, en, una
postura vital renovada de continuo,
lo que confiere a la exposición sere- Este Breve Diccionario de la Biblia
na, con su división y fórmulas rela- nace sobre la base del "Diccionario
tivamente cuidadas, su vitalidad in- de ¡la Biblia", de la misma editorial
terna que jamás deja de cautivarnos". y autor. Pero no se t r a t a de una sim-
ple edición reducida, pues sus artícu-
También a e s t a carta la divide los h a n sido no sólo seleccionados, si-
Kuss en tres partes. E n la primera no revisados y rehechos, y en buena
de ellas (1, 1$-®, 39) desarrolla el parte escritos de nuevo.
Apóstol las ideas capitales de s u pre-
dicación acerca de la justicia de Dios Procura ser un manual informativo
- 143 -i
sobre personas, lugares, objetos e ins- o Roma. .El centro es el lugar de la
tituciones que aparecen ¡en la Sagra- presencia de Dios, en el eje del mun-
da Escritura y contiene artículos in- do y en el corazón del hombre. Pero
troductorios .de, cada uno de los 72 ¿ qué puede significar esto para, quien
libros q u e componen ambos Testa- entiende las Hespérides como mero
mentos. Incluye la explicación de 800 mito material y habla de la "primiti-
términos, con más de 200 artículos- va imagen del mundo, según la cual,
remisiones; 42 figuras ilustran el tex- la tierra está regada por cuatro ríos
to, al que se añaden 3 cuadros de que la dividen en las cuatro partes
cronología bíblica, sincronizada con del .mundo de la cosmología oriental''
la de las culturas circundantes. (col. 481) ? ¿ Por qué no dice "de la
geografía oriental", ya que se mues-
Podría .ser u n a obra interesante pa- t r a incapaz de comprender el simbo-
r a auxiliar a católicos medianamente lismo trascendente de estas imáge-
instruidos en la lectura o el estudio nes?
de la Biblia, p e r o . . . (por desgracia
siempre hay un ".pero'') en algunos Observaciones similares nos sugie-
artículos mete la cola —et in cauda re la breve referencia a la teología
venenum— la exégesis neomodernis- del Génesis (col. 262), donde el Paraí-
ta. 'Características de esta exégesis so es proyectado totalmente hacia el
son el escepticismo de los historiado- f u t u r o pues "el relato de los princi-
res de la religión, el racionalismo sin pios ( . . • ) , llamado protologia, se
f e de los críticos protestantes, .la ne- refiere al pasado sólo en apariencia"
gación bultmaniana d e l a realidad pues "la protologia bíblica es una es-
histórico-evangélica, y la fresca pres- catología". Se insinúa aquí el prejui-
cindencia de la Tradición y el Magis- cio evolucionista, t a n caro a la men-
terio. Los ¡historiadores de las religio- talidad moderna, que quiere hundir el
nes limitados al estrecho campo de pasado en la oscuridad, pues la rea-
las ciencias positivas (históricas, lin- lidad del estado primordial y de la
güísticas, crítico-literarias o arqueo- caída original viene a a r r u i n a r la
lógicas) son topos ciegos ante l a luz perfección de sus esquemas precon-
de :1a f e o la. oscuridad transluminosa cebidos.
del misterio, y repletos de erudición,
se rompen los dientes al intentar que- Pero dejemos estos aspectos más
brar la dura 'corteza de los símbo- complejos. Señalemos al pasar cierta
los. >Son ineptos p a r a .penetrar el sen- presencia de Bultmann e n los artícu-
tido de los libros sagrados, y no sólo los sobre los Evangelios y en la iden-
de la Biblia, ¡sino a u n del Corán o tificación de .los "géneros literarios"
del Bhagavadi-Gita. con la "historia de las f o r m a s " (cf.
Remisión, col. 260 y Artículo, col. 293
Esta carencia se halla omnipresen- s.), y pasemos a destacar algunas a-
te en el Diccionario, aunque t a l vez severiaciones verdaderamente inacep-
•—admitámoslo— de modo difuso, por- tables.
que para el tratado de los conceptos
específicamente teológicos remite al Por ejemplo en el artículo "Demo-
"Diccionario de l a Biblia". Citemos a nios" (col. 163 s.) se concluye: "Las
modo de ejemplo el vocablo "Paraíso" afirmaciones neotestamentarias sobre
(col. 480-482) .Parece un lugar co- demonios pertenecen a la concepción
mún de la exégesis hodierna derivar del mundo de aquella época y no tie-
"Pardes" del persa antiguo, donde se nen nada que ver con u n a revelación
refería al parque del rey o al jardín obligatoria". Sabemos que negar la
zoológico. ¿No .sería más acertado existencia del "Adversario" es hoy
referirse al sánscrito "Paradesha", una moda teológica bastante difundi-
que significa lugar o región supre- da, pero no por ello menos contraria
ma? Esto nos acercaría al simbolis- a la f e (cf. Pablo VI, alocución del
mo del "Centro deil Mundo". Y el Pa- 15 de noviembre de 1972 y el docu-
raíso, realidad del estado primordial, mento publicado en 1975 por la S. C.
es Centro del Mundo originario, an- para la Doctrina de la Pe, "Fe cris-
tes que Thule o Agartha, Jerusalem tiana y demonología").
- 144 -i
Más -grave aún es lo que se a f i r m a Permítasenos añadir algunas obser-
en el artículo " M a r í a " (col. 399 s . ) : vaciones. L a negación de la historici-
dad de los Evangelios de la infancia
"Contra la interpretación d e u n y su identificación con los mitos pa-
parto virginal ¡históricobiológico, se ganos revela la mentalidad típica de
han propuesto las siguientes objecio- la crítica del protestantismo liberal.
nes: a) Los Evangelios de la infancia * E l hecho de que otros escritos neo-
no son relatos históricos, sino n a r r a - t e s t a m e n t a r i o s n o se r e f i e r a n al p a r -
ciones (midrasáhim) que quieren a f i r - to virginal, en modo alguno puede
mar la significación salvadora de Je- ser argumento p a r a negarlo. P o r úl-
sús. b) Les sirven de ejemplos anti- timo, la afirmación de que " u n a t a l
guos mitos; de dioses que engendran intervención m i l a g r o s a de Dios no es
hijos con seres humanos, c) A p a r t e sostenible desde el .punto de vista
de estos Evangelios de la infancia, el teológico" es plenamente gratuita, e
N T (.principalmente Pablo y Marcos) insostenible en sí misma. Precisamen-
desconocen por completo el parco vir- t e la teología catplica con unanimi-
ginal. d¡) U n a t a l intervención mila- dad ha sostenido desde siempre lo
g r o s a de Dios no es sostenible desdo contrario.
un punto de vista teológico. E n todo
caso, l a discusión sobre el parto vir- Todo esto d e m u e s t r a lo qué seña-
ginal h a puesto en claro su único sig- lábamos a n t e r i o r m e n t e : E s t o s exége-
nificado teológico i m p o r t a n t e : el na- ta,s inficionados de libre examen pres-
cimiento de J e s ú s es el signo obrado cinden con t o d a tranquilidad de la
por el Espíritu, de un nuevo comien- auténtica Tradición católica, e inclu-
zo e n l a historia de la salvación (cf. so de las definiciones dogmáticas y
Gen. 1,2). E s t a n u e v a acción de Dios, enseñanzas infalibles del Magisterio.
e s t a nueva f o r m a de e s t a r "Dios con
nosotros", e s el m i l a g r o : el signo del E l Evangelio r e s u l t a t r a n s f o r m a d o
parto virginal de J e s ú s e s t á por en- en u n a novela con " m e n s a j e " . No in-
t e r o al servicio de la cristología y la t e r e s a el "en sí" de la realidad his-
soteriología" (col. 400). tórica, sino el subjetivo " p a r a mí"
d é lo que e n e s t e caso se denomina
•Señalemos e n p r i m e r l u g a r la a m - "signo". Ahora bien, si ñor ejemplo
bigüedad del lenguaje, que y a San la Resurrección de Cristo no f u e s e
"Pío X indicaba como característica una realidad e n 1 a historia, sería
de los modernistas. "Se proponen" i r r e a l también n u e s t r a redención y
objeciones anónimas, icón las cuales la resurrección a la que e s t a m o s des-
el a u t o r ciertamente e s t á de acuerdo. tinados. .'Si la Virginidad de María, es
sólo un "signo", si se pudiera a f i r -
E n segTindo término, por más que mar, como lo h a c e Bauer (cf. MI-
e n u n p á r r a f o a n t e r i o r e.1 A. hable K A E L 11, ,p. 122), que J e s ú s "tuvo
de "la concepción de J e s ú s por el Es- u n p a d r e humano", entonces María
p í r i t u Santo", aludiendo a Is. 7, 14, no es Madre d e Dios, .ni Cristo es
no se limita ia ne.gar la virginidad de Dios, y n o s o t r o s . . . "¡somos los m á s
M a r í a " i n p a r t u ' ' , sino que a f e c t a la desgraciados de todos los h o m b r e s ! "
m i s m a concepción virginal. E n efec- (1 Cor. 15, 19), porque " v a n a es nues-
to, en el artículo "Virginidad" (col. t r a f e " (id. 14).
627) el A. se preocupa e n hacer desa-
parecer la "virginidad" de la p r o f e - No podemos comentar con sereni-
cía mesiániea de I s a í a s : "Parece que dad e s t a s negaciones .pseudocientífi-
en el ámbito del antiguo oriente no cas, capciosas y solapadas de la Vir-
se poseía ninguna palabra especial ginidad de María, porque cuando la
p a r a designar a la muchacha inviola- tocan a Ella sentimos, como decía e l
da: betulah (LXX e n general parthé- correntino, que nos están "mentando
nos) sale con frecuencia como epíteto la madre". P o r ello, .aunque e n e s t e
dé l a diosa u g a r í t i c a A n a t que se libro h a y muchos aspectos interesan-
veneraba como aiosa de la fertilidad, tes, que suponen u n esfuerzo merito-
por tanto la p a l a b r a significa más rio, no podemos recomendarlo a los
bien juventud y poder de u n a diosa". católicos. No podemos recomendarles
- 145 -i
un libro donde la Virgen Madre apa- fensa de la f e católica contra atrevi-
rece confundida con "la diosa ugarí- dos innovadores de la doctrina t r a -
tica de la fertilidad". dicional y la exposición de s u doctri-
na espiritual en favor de las almas
ansiosas de perfección.
P. ALBERTO EZCURRA
Si bien no pudo vivir en aquel re-
nombrado monasterio donde se en-
contraba su maestro, la admiración
afectuosa que le profesaba permitió-
le terminar sus días escribiendo "La
GUILLERMO D E S A I N T - Vida de S a n Bernardo". Pero sólo
THIERRY, De la Contempla- alcanzó a redactar los primeros capí-
ción de Dios. De la Naturale- tulos, ya que la hermana muerte lo
za y de la Dignidad de/1 Amor. condujo al Seno de Aquél en el cual
La Oración, Puibl. del Monas- "vivimos, nos movemos y existimos"
terio Ntra. Sra. de los Ange- (septiembre de 1148).
les, Azul, 1976, 184 ipgs.
Guillermo de Saint-Thierry buscó
insaciablemente a Dios. " E s t a bús-
queda amorosa de Dios le hace escri-
bir sus pensamientos para entregár-
C o n este primer libro comienza, selos a sus hermanos. Siendo abad
como anota el editor, "la serie Pa- de Saint-Thierry compuso los presen-
dres Cistercienses, la cual estará de- tes tratados 'De la Contemplación de
dicada a la publicación de las obras Dios', 'De la Naturaleza y Dignidad
de los principales autores del 'Siglo del Amor', 'La Oración' " 15). Es-
de O r o' cistereiense —siglo XII—, t á n escritos e n f o r m a de meditación
cuya experiencia y doctrina espiri- y oración. Son como confidencias del
tual dio peculiar impronta a la en- alma.
tonces naciente Orden 'del Cister".
Creemos conveniente d a r algunos De la Contemplación de Dios está
datos biográficos del A. Guillermo de dividido en dos partes. La primera,
Saint-Thierry nació en Lieja (Bélgi- más vehemente e íntima, t r a t a del
ca), de u n a familia noble, hacia el "itinerario del alma a Dios". Empie-
año 1070. Tomó el hábito monástico za con una suerte de invitatorio li-
en la Abadía de Saint-Nicaise de túrgico, convocando al alma, a la con-
Reims. E n 1121 llegó a ser abad de templación de Dios: "Venid, subamos
Saint-Thierry, cerca de Reims. De a la montaña del Señor, y a la casa
constitución algo delicada, e r a un del Dios de Jacob. El nos enseñará
monje piadoso y exigente; amaba la sus caminos. Venid: atención, inten-
soledad y el silencio. Al mismo tiem- ciones, voluntades, pensamientos, a-
po poseía un espíritu voluntarioso, fectos, y todo m i interior, subamos
viril y magnánimo. Vivió siempre pa- al monte en que Dios ve y es visto.
r a Dios. "Se sabe 'teólogo', pero por Y vosotros: cuidados, solicitudes, an-
encima de ello es u n contemplativo" siedades, trabajos, sufrimientos de la
(P- 15). esclavitud, esperadme aquí con el as-
no —este cuerpo—, hasta que yo y
Su amistad con San Bernardo des- el niño —mi razón y mi inteligen-
pertó en su corazón el ardor y la sed cia^— lleguemos allá arriba y después
de Dios, como sólo los santos saben de haber adorado, volvamjs a voso-
comunicar. Mantuvo con él relaciones tros" (l?1 parte, cap. I, pp. 33-34).
epistolares. Y porque tuvo su mismo
espíritu lo representó en muchas a-
En la segunda parte prosigue sus
badías, acompañando al s a n t o de
análisis de la perfección del amor, pe-
Clairvaux e n la reforma de la Orden
ro ahora aborda este tema desde el
Cistereiense, recientemente fundada.
vértice de su contemplación, ya que,
Durante los últimos años, su acti- como bien dice la autora de la intro-
vidad se vio repartida entre la de- ducción, "para captar la unión de amor
- 146 -i
/
e n t r e Dios y el hombre es necesario nos permitido e n t r a r e n contacto con
elevarse h a s t a el centro diel misterio u n a fuente' tain r i c a de la espirituali-
trinitario, h a s t a la consustaneialidad, dad monástica.
la 'homousios' de las Personas divi-
n a s " (p. 30).
PEDRO MARTÍNEZ
De la N a t u r a l e z a y Dignidad del
Amor es u n t r a t a d o en el se Seminarista de la Arquidióce-
m u e s t r a el camino que deben seguir sis de Mendoza, 3er. Año de
las " a l m a s novicias en el a r t e de la Filosofía.
oración". Em su m a g i s t r a l exposición
sobre e l desarrollo de l a vida -de la
gracia el A. deja t r a s l u c i r sus nota-
bles condiciones de m a e s t r o espiritual. GUILLERMO DE SAINT-
E l t e m a e s " l a génesis y crecimiento T H I E R R Y , Diálogo con Dios.
d e l a m o r ' ' (intr. p. 77). Comparando Sacramento del altar, Publ.
•los estadios del a m o r con las e t a p a s del Monasterio N t r a . Sra. de
de la vida del hombre, escribe: "Del los Ángeles, Azul, 1977, 329
mismo modo, e n efecto, que siguiendo pgs.
•el crecimiento o 'el desgaste de las
edades d e la vida, el miño se hace
joven; el joven, hombre m a d u r o ; el
hombre maduro, viejo; cambiando de
n o m b r e s a medida i n s cambia de cua- U n a vez m á s l a serie " P a d r e s Cis-
lidades, así, s e g ú n el progreso de las tercienses" nos ofrece o t r a obra de
virtudes la voluntad al desarrollarse uno de los principales autores del
se t r a n s f o r m a e n amor, el amor es Cister. E n ella se r e ú n e n dos obras
caridad, la caridad es sabiduría" (p. de Dom Guillermo, quien nos h a le-
88). gado e s t a s p á g i n a s e n las que r e f l e j a
su a p a s i o n a d a e insaciable espiritua-
El tercer t r a t a d o es el de La Ora- lidad al mismo tiempo que un g r a n
ción. "Como es u s u a l en él —leemos conocimiento de la E s c r i t u r a y de los
e n s u introducción—, la p l e g a r i a y la P a d r e s de la Iglesia. L a finalidad de
reflexión se entremezclan con piado- s u s escritos aparece clara desde las
sa unción an ese insaciable deseo de •primeras p á g i n a s y a lo largo de to-
Dios que c a r a c t e r i z a ai nuestro au- d a la obra. Especialmente en Diálo-
t o r " (p. 163). E l f i n que en e s t e bre- go con Dios, a l que limitaremos nues-
ve t r a t a d o se propone es saber dón- t r o comentario, e l A. nos da u n evi-
do e s t á Dios, o dónde se lo puede dente testimonio de s u afanosa bús-
encontrar, o cuál es su l u g a r : Maes- queda de Dios. B'iísqueda con mu-
tro, ¿dónde h a b i t a s ? A lo que res- c h a s vicisitudes. "Amo el amor de t u
ponde: " E s t a localización es la uni- amor", dice en una ocasión, lo que
d a d del Padre y del Hijo, la con- implica una experiencia m u y vivida
sustaneialidad de la Trinidad" (p. del .amor de Dios, con su consiguien-
169). te paz y alegría. Mientras que en
otras p a r t e s de sus meditaciones Gui-
T r e s t r a t a d o s espirituales llenos llermo r e f l e j a u n agobio enorme, y a
de contenido en los que el A. se ex- por s u s achaques físicos, ya por la
presa con u n l e n g u a j e místico. La dureza de su soledad (cf. Med. X I I
introducción general y las propias de y XIII, respectivamente).
cada uno de ellos facilitan sin duda
la comprensión de los mismos. A lo Consideremos algunos aspectos de
largo de e s t a s p á g i n a s se nos des- su espiritualidad.
cubre aquella alma e n a m o r a d a de
Dios, que f u e Guillermo de Saint- La miseria h u m a n a purificada por
Thierry. el dolor es el camino para la paz y
el amor. El contemplativo experimen-
Agradecemos al Monasterio de t a corno nadie la compunción por sus
N t r a . Sra. de los Ángeles el haber- pecados en lo m á s íntimo de su s e r
- 147 -i
con su luz. Así, por ejemplo, la "ru- En la soledad y el contacto con. la
y éste es el punto de partida que lo Palabra divina se encuentra a Dios.
lleve al amor, ' - a volurtiad del hom- El icistercdense, ebrio de Dios-, asu-
b r e donde reside el amor, es tomada, me des-de su conversión) u n serio
" t o c a d a ' por Dios, y por Él confor- •compromiso: l a búsqueda de D-ios a
mada plenamente a su imagen y se- través de su Palabra. Todos los m o -
mejanza. Dios no- se d e j a vencer en nasterios deibeirán poseer e¡n el claus-
¡generosidad. Cuando el hombre se en. tro un lugar apropiado p a r a que
trega, Dios no se hace esperar. Sin allí esté expuesta l a Biblia. Gracias
embargo para alcanzar a Dios muchas a este instrumento para la "lectio-
veces se debe t r a n s i t a r por el cami- meditatio", y e-n este lugar santo,
no del dolor. El dolor es signo de la e-1 mo-nje se v a capacitando- para ser
predilección divina, quizás la prueba vivificado por el Espíritu Santo, p e r -
m á s grande del amor de Dios, que es mitiendo así que termine en su co-
"nuestro Padre". Esto no siempre se razón la Palabra de Dios.
comprende: "Señor ¿qué te ha desa-
gradado de m í ? —pregunta el A.—; A través de la oración perseveran-
¿ por qué no juzgar a t u siervo ? An- te, a veces árida, difícil, esforzada,
t e el obsequio ¡de la pecadora dijis- Dios nos -conduce a. la luz. De este
te: 'Ha hecho lo que ha podido'. modo nos va llevando como -de la
¿ Acaso no hice yo lo que pude ?; pa- ¡mano a la plena revelación de su
ré'ceme incluso haber excedido mis amor, lo ¡cual es resultado de un lar-
fuerzas. Respuesta del Señor: 'Hijo go y píen-oso proceso; de interiori-
mío, no desdeñes la disciplina de tu zación y de ascensión -e-n espiral,,
Padre, ni te abatas cuando te con- -proceso que d u r a toda, la vida.
tradice, pues el Señor castiga al que
ama, azota a quien adepta por hijo La meditación, en cuanto ejerci-
suyo. ¿Qué hijo hay a quien no- le cio, es siempre igual, pero existen
•corrija su P a d r e ? . Si te encuentras variedad ¡de contenidos, cambios de
f u e r a dle la disciplina no eres hijo alturas, horizontes nuevos, .aires más.
sino b a s t a r d o ' " (p.p. 224-225). puros, energías más vivas, hasta lle-
gar al punto culminante de 1-a su-
E-1 "venid a Mí" -se gritó a todos, bida: la experiencia del amor de
enseña Dom Guillermo, más no a to- Dios y, a través- ¡de Él, necesaria-
dos -es -da-do el venir. -El sufrimiento mente del próji-mo.
es, pues, signo de elección; -el ele-
gido es preferido -por Dios a otros Guillermo nos m u e s t r a cómo Dios
que se tienen por ricos y poderosos. hace sentir .en sus predilectos la f u e t -
Así s¡e explica que ©1 progreso en la ea de su palabra. Usía produc-j mía
vida espiritual necesariamente debe resonancia en ©1 corazón: es la " e r u p -
ir acompañado -del -dolor. " S u f r í f a t i - tatio". Los sermones del A., su
g a s y conviene que t ú 1-a-s s u f r a s " "eruptatio", no son sino ¡el eco de la
(p. 226). "La caridad da la suavidad- Palabra de Dios que h a resonado en
a mi yugo y la ligereza a mi carga. e)l fondo de su alma, así como esa
Si tuviera-s ¡caridad sentirías esa -sua- -misma Palabra provocara antaño los
vidad" (p. 225). Con estas pal-abras llamados " r u p t u s " en los autores
que el A. -pone en boca del Señor inspirados.
se nos declara el meollo, el secreto
del sufrir. Pero a la caridad se- llega
por la obediencia; abrazando la obe- La característica fundamental de
diencia arribamos al amor, por éste a los escritos de Do-m Guillermo, como
la paciencia y finalmente a la fideli- de l¡os demás autores cistercienses del
dad. Así este -gran maestro espiritual alto medioevo, es el matiz intensa-
nos .presenta en su di logo la m-eta mente bíblico. Tales escritos son el
del sufrimiento. "Fortaleza mía, com- resultado de una continua "rumina-
-dece-ie <im mi debilidad y que mi fla- tio", rumiación. El A. hace ver cómo
queza, sometida a tu servicio, sea tu la palabra de Dios, -a-1 penetrar en el
gran gloria. Amén'' (p. 228). interior del hombre media-nte la as-
oesis y la soledad, fe-cunda -el alma
- 148 -i
minatio" de una pasaje de la vida •("fruitio"), que equivale a la sabidu-
de Cristo es el instrumento para in- ría o "sapientia".
gresar em la mística del Verbo. Ad-
vertimos de este modo, cómo a través 'Creemos que- e s t a joya de la litera-
del ejercicio meditativo, independien- t u r a cisterciense es un valioso aporte
temente de las bonanzas o de espesas en materia d e espiritualidad. El con-
tinieblas, el ¡hombre espiritual logra tacto de estos "autores místicos no
atravesar todos los periodos de pu- ¡puede d e j a r de- promover un firme de-
rificación de los sentidos, pasiones y seo de incoar el "diálog'o con Dios",
veleidades. Y de' este modo llega a .preludio del "cara a. cara" de la eter-
la meta, l a experiencia vivida del nidad.
Amor divino en el fondo de su ser.
Es el premio a su fidelidad. RICARDO L. ADRIEL
- 149 -i
a m o r f a y -masificada en un evento vi- mate -al apellido del M<c. Ian chester-
vo y orgánico, que- adquiere sentido ton-iano, aquel escocés- -dispuesto a ba-
gracias a su -en-cuadramiento en un tirse- por l a restauración del Rey ca-
contexto iluminador e interpretativo. tólico o por .eil honor ultrajado, de la
Virgen Madre, Reina de- -los Cielos.
— "Hacer conocer aquellos hechos
de l a historia contemporánea poco A. E.
conocidos o que gozan de escasa o
ninguna prensa en, razón d e la orien-
tación 'progresista' de la información
mundial ( . . . ) .
J-OSE LUIS D»E. URRUTIA S.
— "Deducir de la concatenación e J., Nuevo Devocionario. Guía
interrelación de esos sucesos oculta- de Caminantes, 2^ edición, Ed.
dos y poco difundidos, el formidable Studium, Madrid, 1976, 704
avance de la Revolución Mundial en pgs.
el campo de l a cultura y de la infor-
mación" (pp. 8-9).
- 150 -i
m u y oportuna "Biblioteca católica bá- la praxis, f u n d a m e n t a l m e n t e econó-
sica". mica. Analiza los resultados negati-
vos de la política a g r a r i a cubana y
E n fin, e s t e libro ha sido recomen soviética y l a crisis económica de
dado con énfasis por el Cardenal la I n g l a t e r r a laborista. A f i r m a que el
Primado dle E s p a ñ a , Mons. Marcelo crecimiento chino no se debe al so-
González 'Martín. " E n e s t e Devociona- cialismo, sino al aporte n o r t e a m e -
r i o h a y doctrina que instruye, unción ricano, señalando a los E. U. como
que eleva, a r m o n í a que ayuda a es- reales y eficaces aliados de los paí-
cuchar con gozo- las l l a m a d a s que ses socialistas. Desmiente la. reali-
la Iglesia de la santidad hace desde dad del socialismo sueco, al señalar
la rica interioridad d e su v i d a " . . . que e n Suecia- el 95 % de la t i e r r a
" L a l i t u r g i a y el credo e s t á n t a m - y el 90 % dé l a industria se ha-
bién aquí, e n este pequeño y her- llan e n mamios privadas. En todo es-
moso libro. E s t á n e n f o r m a de de- to se puede señalar u n análisis claro
voción y p r á c t i c a piadosa o en f o r - y pragmático, a l que se suma el
mulación doctrinal que instruye y aporte de datos interesantes.
clarifica, o 'en invitación seria y amo-
rosa a la purificación ascética. U n a
devoción sin f e se convierte e n su- El proyecto del A. se r e f i e r e a
perstición y m a g i a ; u n a fiq, s i n pie- n u e s t r o continente y gira sobre dos
dad y devoción vividas y m a n i f e s t a - ejes: la integración económica, po-
das con l a corrección que- la Iglesia lítica y social de Iberoamérica y u n a
desea, ni s e concibe siquiera en un economía de mercado, bajo la¡ cual
hombre que quiera h a b l a r con Dios é s t a debe realizarse. Como modelos
desde la 'sencillez interior de su al- de éxito, opuestos a. los f r a c a s o s so-
m a ( . . . ) o a y u d a r s e en su oración cialistas, ofrece los "milagros eco-
y e n s u lucha contra el p e c a d o . . .". nómicos" de Brasil, España, Taiwan,
Alemania Occidental y Japón, dete-
"A todo ello —concluimos con el niéndose de modo particular en el
Sr. Arzobispo d e Toledo— contribui- estudio de este último.
r á m u y eficazmente' este Devociona-
rio". La mayor p a r t e del libro se desti-
n a ,a analizar los dos aspectos del
JORGE BENSON proyecto y procura deshacer por an-
¡Seminarista de la Arquidióce- ticipado objeciones fácilmente pre-
sis d e P a r a n á , 1er. Año de visibles como los peligros de la in-
Teología. versión e x t r a n j e r a , de las empresas
Traiisnacionailes, refiriéndose t a m -
bién a los efectos del estatismo o
del r é g i m e n de propiedad privada.
L U I S PAZOS, E l f r a c a s o del
socialismo, Tradición, México, Por cierto no nos resulta posible
1976, 219 pgs. aceptar t o d a s las afirmaciones del
A. Como ésta se sitúa principalmente
en- e l nivel económico, r e s u l t a r í a f u e -
r a de l u g a r oponerle' las t r e m e n d a s
E s t e libro constituye la segunda falencias que p r e s e n t a n en otros pla-
edición, corregida y aumentada, de nos algunos d e Jos países señalados
la obra t i t u l a d a " P r a x i s p a r a ei de- como modelos. Limitémonos a seña-
sarrollo" (México, 1975). Ambos tí- l a r el trágico vacío espiritual ca-
tulos ofrecen l a síntesis del conte- racterístico d é Suecia. y Alemania,
nido, e n sus dos facetas, crítica la o el desorden que hoy a f l o r a e n u n a
u n a y expresión la o t r a de las solu- E s p a ñ a que pecó de autosatisfacción
ciones y proyectos pz-opuestos por durante 1 muchos años de paz y desa-
el A. rrollo materiales.
- 151 -i
nooer al A. la buena intención de de- y la Fundación Rockefeller, son váli-
fender y promover las aplicaciones das p a r a toda Iberoamérica, continen-
prácticas del importantísimo princi- t e len leí »que coinciden l a presencia
pio de subsidiariedad. Pero si éste no d e abundantes recursos no» explota-
resulta equilibrado con los no menos dos, o mal explotados, con un índice
importantes de la totalidad y el bien bajísimo d e densidad demográfica.
c o m ún, queda abierta una, amplia
senda al liberalismo, en sus aspectos E n el capítulo dedicado a la educa-
políticos y económicos. Y éste es sólo ción resume e-1 A. los cinco "conoci-
u n a etapa en el camino de la Revo- mientos" básicos quei constituyen el
lución y alimenta las raíces del so- dogma ofiicial contenido e n los. textos
cialismo y del comunismo, aunque únicos obligatorios:
-hoy, disfrazado y renovado, se pre-
sente a muchos como una opción, a "I. lAmimal y 'hombre s e hallan len
la que no podemos menos que califi- ell mismo plano. E l espíritu no existe.
car de fraudulenta. II. La religión e s producto d e la. igno-
rancia. III. »El que tiene algunos bie-
nes (privilegiado) explota al que no
A. E. tiene. IV. La guerrilla alienta "idea-
les d e justicia". V. Habrá justicia so-
cial en México cuando, triunfe, y se
implante el marxismo, que ya t r i u n f ó
en la URSS, en iChina y en Cuba'
SALVADOR BORREGO E., (P- 45).
México cautivo. Diez engaños
y una verdad, Tradición, Mé- Los. productos de esta educación
xico. 1976. 96 pgs. son lógicamente similares a los que
•durante largos años nos ha venido
ofreciendo la Universidad argentina.
El capítulo onceno resume, los diez
anteriores y expresa, a título dle con-
El A., conocido ya entre nosotros clusión, la verdad anunciada desde el
por sus libros "Derrota Mundial'' (23 subtítulo de la obra: "La. única rea-
ediciones) y "América peligra" (5 lidad. . . es» quei México vive» como
ediciones), procura en. las breves »pá- •país cautivo" (p. 2) y »este cautiverio
ginas d e esta obra demoler el mito "debe irse haciendo c a d a vez más
de la Revolución Mexicana. Mito de completo, más» cerrado., más infran-
trágicas consecuencias para el orden queable''. Tal es la consigna de la Re-
interno »de la nación hermana, fa- volución Mundial.
chada que sirve también co»mo enga-
ñabobos para la exportación.
A. E.
Diez sintéticos capítulos que» des-
nudan con lacietrtoi las tremendas men-
t i r a s y las desastrosas consecuencias
de i45 ¡años die f r a u d e b a j o l a omní- J U A N E S Q U E R D A BIFET,
moda dictadura del Partido Revolu- Teología de la espiritualidad
cionario. Institucional. De especial in- sacerdotal, La »Editorial Cató-
terés resultan los referidos a la situa- lica (B. A. C-), Madrid, 1976,
ción económica, y ien particular a la 375 pgs.
Reforma Agraria, bandera favorita de
Obregón, Calles y Lázaro» »Cárdenas,
•absoluto fracaso en el orden de la
producción, pero útil instrumento pa- ".El Vaticano II es un punto de par-
r a mantener bajo la sujeción del tida. Las líneas sobre la espirituali-
Partido a millones de ejidatarios. dad sacerdotal son pistas de trabajo
que hay que recorrer para construir
Las observaciones sobre la política •el .estilo del sacerdote actual y del
antinatalista patrocinada por la ONU f u t u r o " (p. 380). A pesar del carác-
- 152 -i
/
t e r terminante-del los documentos con- concretamente, con gran profundidad
ciliares, en el primer decenio postcon- teológica, y yo diría con piedad, la
cil.iar ®a ha producido una crisis muy espiritualidad, la vivencia que se de-
honda, f r u t o quizás de malas inter- riva del ser sacerdotal, y cómo el sa-
pretaciones, <3© parcializfaciomles o de cerdote ministro "no' tiene o t r a razón
f a l t a de elementos de juicio. Pero en de ser que la de sensibilizar a Cristo
-el fondo esa crisis es producto de Sacerdote, Buen Pastor, y unir a los
f a l t a de f e y por lo t a n t o de identi- fieles con Cristo p a r a adquirir la fi-
dad. E n una siooiedad que busca lo sonomía d e hijos de Dios" (p. 95).
inmanente, ¿ qué sentido tiene en ella La tendencia a l a santidad aparece
un testigo délo sobrenatural?, "en uin como un preisupuesto' esencial; de ahí
mund'o que cambia, ¿qué estilo co- que "el no tender seriamente, hacia la
rresponde a la existencia sacerdotal santidad sacerdotal, sería una inau-
y cuál es su razón de ser y su lugar tenticidad que produciría desequili-
en la Iglesia, Pueblo de Dios ? " (p. 4). brio y f a l t a de identidad" (p. 188).
"Por lo que somos, p o r lo que hace-
Sin embargo este tiempo de crisis mos y por lo quei recibimos, nos' urge
sirvió p a r a una mayor profundización y es posible s e r santos" dice el A.
del tema "sacerdocio": los Papas, es- (p. 194).
pecialmente ieili actual, no h a n dejado
pasar ocasión p a r a exhortar al clero De todas las virtudes quei esta san-
•a la fidelidad; los Obispos h a n publi- tidad «nnone (obediencia, pobreza,
cado a este respecto numerosas car- humildad, v i r g i n i d a d . . . ) el A. pone
t a s pastorales; el Sínodo Episcopal curiosamente e,n primer lugar la acti-
da 1971 (en el cual el A. t r a b a j ó co- tud dialogal: la 'disponibilidad al diá-
mo perito) abordó el t e m a y dio a log-o es esencial, el objetivo es la evan-
luz un i m p o r t a n t e 'documento; los gelización, "la fuindamentación es la
teólogos1, han investigado con seriedad palabra, d e un Dios-Amor, quien ha
los distintos aspectos de la vida sa- iniciado ¡el diálogo 'habitando entre
cerdotal. nosotros'; el ministro es un instru-
mento y una continuación, de, este diá-
"Tal vez la originalidad d e la pre- logo del Verbo encarnado" (p. 205).
s e n t e síntesis, nos dice el P. Esquer-
da en la, introducción, es el querer E s una visión arquitectónica de la
abarcar todos los temas sacerdotales vida espiritual del sacerdote, b u e n
de espiritualidad, sin olvidar las cues- pastor, hay una persona que no puede
tiones problemáticas actuales y los dejarse de lado si realmente se quie-
estudios realizados en el primer de- r e s e r d e veras sacerdote según Cris-
cenio postconciliar... He recogido to: es María Santísima, Madre, ejem-
también las preocupaciones y expe- plo y colaboradora del sacerdote. En
riencias encontradas durante estos efecto "la espiritualidad sacerdotal
años postconiciliares en todas las lati' m a ñ a n a no es un adorno, ni siquiera
tudes y en contacto con sacerdotes de un complemento de la espiritualidad
toldas las razas, lenguas, edades y mi- sacerdotal general, sino que es un
nisterios'". Por ello esta obra es prác- aspecto integrante de la misma, pues-
ticamente el primer tratado completo to' que María es p a r t e integrante del
de teología sobre la espiritualidad sa- misterio d e Cristo anunciado, presen-
cerdotal. ¡Se p a r t e de una idea cemi- cializado, comunicado y vivido por el
t r a l : Cristo, Hijo de Dios, Hermano sacerdote. La caridad pastoral es una
nuestro, Cabeza y Mediador, Saicerdo- imitación de los sentimientos y dis-
ta y Víctima, eis la f u e n t e de todo ponibilidad del Buen Pastor, quien ha
sacerdocio. A partir de esta realidad asociado y continúa asociando a su
«el A. aborda los temas ya clásicos: Madre a' la obra redentora" (p. 245).
la Iglesia pueblo sacerdotal (cap- A este aspecto de la espiritualidad el
III), el sacerdocio común de los fie- A. leí dedica un, extenso capitulo.
les (cap. IV), el sacerdocio ministe-
rial (cap. V), etc. Ampliamente analiza también el
misterio de la vocación sacerdotal así
Desde el cap. VI en adelante t r a t a como la pastoral que requiere su de-
- 153 -i
tectación y cultivo. Este tema, tan mando los artículo-s-cbiva de cada una
importante, máxime en nuestros días, de las cinco partes -en que se divide
es tratado de manera muy interesan- -el libro- original: existencia, historia,
t e e instructiva. Presenta a la voca- represión, exorcismo y formas.
ción (especialmente l a sacerdotal)
como "una declaración de amor por La existencia de Satán es analizada
p a r t e de Dios" (p. 259). en la Sagrada Escritura y en la Igle-
sia primitiva y patrística. Su historia,
La obra del P. Esquerda que tene- entre los pueblos- paganos y en la
mos entre manos, por su riqueza doc- perspectiva dualista- de. l o s . mani-
trinal, s u claridad a l a Vez que -pro- queos. El capítulo- sobre la represión
fundidad 1 , y por el a-mor con que tra- estudia la obsesión por el tenia que
t a los -distintos aspectos de la viven- caracterizó a los siglos XVI y XVII,
cia sacerdotal, puede convertirse en con s j g r a n mezcla de superstición,,
un útil texto de meditación. Si a sus y analiza los procesos die b r u j e r í a en
méritos intrínsecos añadimos la abun- ambientes católicos y protestantes.
dante bibliografía- que s e añadlei al fin Bajo el título de exorcismo, el Dr.
de cada capítulo, en especial la sín- Jeam Vinchon estudia los aspectos de
tesis valorada y orientada de- la bi- la personalidad diabólica a. través de
bliografía postconciliar (a la cual el los diversos estados de posesión. El
A. dedi-oa un último capítulo), pode- quinto y último artículo contem pía
mos pensar que el deseo y la inten- las formas demoníacas, en las artes
ción de-1 P. 'Esqu-erda pueden hacerse plásticas- de Oriente y Occidente. Se
realidad; es. -decir, "que llegue a for- añade una abundante bibliografía, l a -
mar parte de los estudios (al menos mentablemente no actualizada can
personales) d e cuantos se preparan posterioridad a la edición francesa
p a r a el sacendo-cio- y de cuantos sa- d-e 1948.
cerdotes realizan cursos de renova-
ción teológica (formación permanen- Cabe señalar que, por t r a t a r s e de
t e ) " (intr.). una selección, la visión de alguno -de
estos temas puede parecer incomple-
Manifestar al 'mundo- la alegría de t a o parcial. Corno toda selección im-
la propia identidad presupone- ainte plica un criterio hasta cierto punto
todo el conocimiento de lo que somos subjetivo, se puede l-amentar la exclu-
eto Cristo. P a r a tal fin la síntesis del sión de algunos artículos d-e la obra
P. . Esquerda constituye un valioso original, entre los que- -nos gustaría
aporte. ¡señalar las magníficas: páginas del
P. de To-n-quédé-c S-. J. Aunque por
cierto habría significado' un mayor
RUBEN DARIO MELCHIORI esfuerzo editorial, hubiera sido de de-
Seminarista de la Diócesis d-e Gua- sear l a traducción, completa de "Sa-
leguay-chú, 3er. Año de Teología t a n " que, junto co¡n l a "Demono logie"
de voai Petersdorf, .puede señalarse
entre los mejores tratados sobre el
terna.
- 154 -
i
ca. Como idiea unificadora se puede
señalar la defensa y fundamentación
G U I L L E R M O PATRICIO metafísica del .derecho n a t u r a l contra
M A R T I N, Introducción al la teoría kelseniana que reduce la.
"Tratado de la Ley'' en Santo ciencia jurídica a una "ciencia d e 1
Tomás de Aquino, Cooperadora derecho positivo o sea del derecho
de Derecho' y Ciencias Socia- creado por los hombres" (eit. p. 11).
les, Buenos Aires, 1976, 73 pgs.
'Señalemos un punto que nos, parece
discutible: al -explicar la causa final
de la ley (pp. 19 ss.) el A. se refiere
E l A., titular de la cátedra de De- a la polémica "primacía de la perso-
recho Natural de la Universidad Ca- na o -primacía del bien común'', seña-
tólica die La Plata, destina este en- lando como exponientes de amibas po-
sayo 'a sus alumnos y lo considera siciones a Maritain y a Charléis de
especialmente útil para los de- Intro- Koninick. Busca luego u n a tereerq,
ducción al Derecho' "como primera vía y, siguiendo al Padre Laichance,
aproximación, a la temática riquísima considera que la controversia es "más-
dial Doctor Angélico". Es una g-uía y semántica que real" y que ha sido
presentación de las cuestiones 90 a agotada por la definición del bien co-
97 de- la "prima sscundae" de. 1a- Su- mún acuñada por F. A. Torresl Lacro-
ma Teológica, cuya lectura —pese a ze, a quien el A. considera su maes-
las abundantes .citaciones— intenta tro. Tal definición es, sin. dud'a, co-
facilitar, y no suplantar. rrecta, pero no pensamos que agote
tan fácilmente la controversia, a la
que no .podemos considerar un mero
El Tratado de la Ley, que sigue al
problema de palabras, sobre todo al
de los actos, humanos y sus .princi-
advertir las consecuencias concretas
pios intrínsecos, fuie redactado por
que ha tenido la posición marifcainia-
Santo Tomás en una perspectiva teo-
na, contra las que el mismo Maritain
lógica. Bu culminación, en efecto, se
reaccionó con violencia en su "Cam-
halla en .las cuestiones referidas a la
pesino del Garona" —aunque sin re-
Ley Evangélica, íntimamente compe-
conocerse causa de tales efectos.
netrada con el tema de la Gracia, a
cuyo estudio específico precede, y en
el que. halla su plenitud toda la visión Creímos conveniente dejar constan-
moral del Aquinate. cia de esta reserva. Ello no nos im-
pide reconocer el valor de esta obri"
El A. tiene clara conciencia de esto, t-a, y señalarla como positiva y reco-
y lamenta que la concreta finalidad mendable.
de .este trabajo lo obligue a. 'omitir el
.tratamiento de la Ley Divina —anti- A. E.
g u a y nueva. Pero aun prescindiendo
de la incomparable riqueza de una
más ampldai visión teológica en el or-
den de la Redenlció-n, los principios de
Santo Tomás son plenamente válidos LEONARDO CASTELLANI,
p a r a iluminar el orden natural, y dt- Elementos de Metafísica,
f u n d a m e n t a l importancia en- ests ed., Penca, Buenos Aires, 1977,
mundo suicida, dondle el Orden está 201 pgs.
amenazado de muerte.
El ensayo sigue el orden de l a ? La primera edición de "Elementos
cuestiones de la Suma, tratando, de) de Metafísica" apareció en 1950, pa-
concepto y esencia de 1.a ley, de sus r a desarrollar el programa de Meta-
clases y efectos, die las leyes eterna, física y Etica propuesto por el Mi-
natural y humana. La exposición es nisterio de Educación -para el curso
clara, y cumple s u finalidad introduc- de Filosofía del sexto año de M a -
toria, relacionando los diversos temas gisterio. El programa oficial se per-
con la hodierna problemática jurídi- dió en el flujo y reflujo de las reso-
- 155 -i
lucioraes ministeriales, en la marea escrita en un espíritu de Adviento,
del cambio permanente que soportan en medio de la oscuridad de un mun-
desde tiempos inmemoriales las po- do ¡cuya "enfermedad mental especí-
bres víctimas de la enseñanza oficial fica es ¡pensar que Cristo no vuelve
en la Argentina Pero el libro sigue más; o al menos no pensar que vuel-
siendo válido, porque la Metafísica ve" (p. 17).
—gracias a Dios— está m á s allá de
los humores pasajeros de ¡gobernantes ¡Conocida es la predilección de Cas-
heraclitianos. tellani por ¡el tema "esjatológico", tal
vez porque le ha tocado sufrir en
Se t r a t a de un "manual", pero no carne propia la Gran Tribulación, y
fabricado a f u e r z a ¡de tijera y ¡cola ha fortalecido en ella ¡su esperanza.
—¡como ¡la mayoría ¡de sus congéneres. La ¡expectación de la venida gloriosa
Los fabricantes profesionales de ma- del Mesías perva.de todas sus obras,
nuales escolares los hacen a s í , sa- científicas o literaria». Quisiéramos
queando en el estudio ajeno. Y luego recordar aquí las que le consagra de
salen a buscar amigos en el Ministe- manera específica:
rio, o profesores que los "recomien-
den". No- es éste el caso. Aquí se ha- — "El Apokalypsis de San J u a n "
lla reflejado el saber de un maestro, (2* ed„ Jus, México, 1967), traduc-
capaz ¡de exponer en ¡estilo ágil y a- ción del original griego y comentario
trayente, a l ¡alcance de ¡l¡os principian- exegético.
tes, el f r u t o ¡de lo asimilado en mu-
chos años de estudio y meditación. — "La Iglesia patrística y la Pa-
rusía" I (Paulinas, Bs. As., 1962), tra-
¡E1 textol explaya los principios fun- ducción comentada y ampliada de la
damentales ¡de la Metafísica, presen- obra del R. P . F. Aleañi? S. J., que
t a un ¡breve panorama histórico de la glosa los principales textos, patrísti-
misma e incursiona en l a Teología cas referidos ai capítulo XX del Apo-
natural y ¡en l a Etica fundamental. kalypsis.
Se completa con una rica selección de
textos, que el A. propone para ejem- — "Los papeles de Benjamín Be-
plo y ejercicio.
navídez" (Jus, México, 1967) donde,
Por cierto no se t r a t a de u n a obra en significativa trama, personajes
p a r a profundización o estudio exhaus- (hasta cierto punto) ficticios sirven
tivo. Pero por su claridad puede¡ ser de soporte a t r a v é s de ¡sabrosos diá-
útil —incluso en el nivel universita- logos p a r a la comprensión de los sím-
rio— para fines de repaso y síntesis. bolos apocalípticos.
Puede también señalárselo como uno
provechosa introducción 'a la Filoso- — " S u ¡Majestad Dulcinea" (2* ed.,
fía. P a t r i a Grande, Bs. As., 1974), novela
¡según nuestro criterio ¡la más logra-
A. E. da de Castellani, inspirada en el "Se-
ñor del Mundo" de¡ R. H. Benson (cu-
ya mejor traducción castellana se de-
be a la pluma del A.). Magnífico ali-
LEONARDO CASTELLANI, mento ¡espiritual p a r a los "cristeros"
Cristo ¿vuelve o no vuelve?, que procuran sobrevivir ¡en fidelidad
2* ed., Dictio, Buenos Aires, los ¡tiempos ¡de la Gran Apostasía y
1976, 300 pgs. la ¡Gran Persecución.
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ción, plena de bu©n sentido natural la alto, con versación asombrosa y
y sobrenatural, al que se suma su in- seguridad de maestro, los campos va-
mensurable y polifacética cultura. riopintos del peregrinar humano.
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pertar un estado anímico pasional co- blo en muchos países latinoamerica-
mo 'disposición p a r a la "toma de con- nos ( Chile, Brasil, U r u g u a y . . .), la
ciencia", en el más puro sentido mar- negación en la práctica de la invio-
xista de la expresión. labilidad del -domicilio, del habeas
corpus, del secreto de la correspon-
E l transfondo teológico de este li- dencia, de la libertad de prensa, de
bro, si es que existe, habría que bus- reunión, de expresión del pensamien
carlo por el lado de una "teología del to, de la libertad sindical, del de-
Exodo'' judaica, t a n cara a todos lo? recho de huelga. Luz p a r a ver el
"teólogos" de la liberación. Decimos terrorismo oficial institucionaliza-
judaica, porque en ella el Exodo deja do: control del espionaje interno y de
de ser sombra y f i g u r a p a r a trans- la policía secreta, creciente intromi-
formarse e n 1 a realidad definitiva, sión del Estado en ¡1a vida particu-
mientras que la Pascua de Cristo —su lar de los oprimidos, sin trepidar
muerte y resurrección— se diluye en recurrir con frecuencia a la tor-
h a s t a quedar reducida a mero símbo- tura, al asesinato o el hambre para
lo y tipo- de la liberación material. mantener sometido al pueblo" (p.
Teología veterotestamentaria d é l a 29)...
retribución intramundana, anhelo fa-
risaico del Mesías como- liberador
temporal. Moraleja: " E r a t lux vera quae
illuminat omnem h o m i n e m . . . "
Vayan por delante algunos boto-
nes de muestra. El primero se refie- La parábola del buen samaritano
r e al reduceionismo dialéctico seña- le sugiere al A. (como al Don Quiquí
lado más arriba: "Salta a la vista de Giovanni Guareschi) t a n sólo com-
que el núcleo de la lucha no se da pasión por los ¡salteadores: " ¿ P o r
entre creyentes y no creyentes, co- qué existen bandidos, salteadores?
mo quiere hacernos ver la ideología ¿¡Será poraue quieren ¡serlo? ¿O se-
del poder. La lucha existe entre do- r á n la consecuencia de ambientes in-
minadores y dominados, barrera en- frahumanos ? ( . . . ) ¿ Por qué se dan
tre los hombres, escándalo y verda- esas circunstancias ambientales infra-
dera f r a c t u r a del pueblo de Dios, h u m a n a s ? " (p. 49). "Jesús nos habla
cuando e n t r e los dominadores h a y de bandidos ( . . . ) de una justicia he-
ouienes se dicen cristianos" (p. 22). cha por pocos en beneficio de pocos''.
Tenemos así una original versión En cambio el asaltado "era un hom-
actualizada de las Dos Banderas de bre procedente de Jerusalén, ciudad
San Ignacio, o de las Dos Ciudades donde se encontraba el orden del De-
de San Agustín. recho de Roma" (p. 50).. «Es decir
•un "opresor imperialista".
E l llamado del Señor: "el que quie-
r a asegurar su vida la perderá, pe- Moraleja: ¡Bien por los bandidos!
ro el que pierde su vida por causa ¡Abajo el samaritano, cómplice del
mía la a s e g u r a r á " (Le. 9,24), resulta opresor!
una "formulación escandalosa para
nuestro sistema sociopolitico, y su Digna de ¡antología es la reflexión
educación pequeñoburguesa, sistema 27, sobre l a parábola ¡del hijo pródi-
y educación que excluyeron de su go. "®1 hijo- menor, mediante el ejer-
conversación el Evangelio, el cam- cicio de su libertad reclama, pide y
bio sociopolitico y el sexo". Conti- obtiene justicia, porque la propiedad
nuando la reflexión nos enteramos no pertenecía enteramente al padre,
que perder la vida por Cristo signi- sino a cada uno en proporción"; por
fica "hacer una economía al servi- ello "es f i g u r a ¡de 'el hombre ¡en libe-
cio del hombre, y no un hombre al ración', de la sangre joven, de los
servicio de la economía" (p. 44). humildes y los hambrientos, del pue-
blo, de los oprimidos, que irrumpe en
Cristo es luz para los ciegos (cf. •1a relación de dominio del padre y de
Le. 4, 19). "Luz para ver ¿ q u é ? : la seguridad del hermano mayor". . .
substracción de los derechos del pue- (p. 63).
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Nos preguntamos cómo esta exége- velada de la tendencia a vaciar de
•sis genial pudo permanecer ignorada su substancia el lenguaje evangélico,
durante veinte siglos. ¡Tiemblen en para rellenarlo luego de contenido
sus sepulcros Padres y Santos, Exé- socio-político. Traición al Verbo. Ins-
getas y Doctores! núes las lecturas trumentalización de l a f e y de la
que hicieron de la parábola son mere- Iglesia p a r a el servicio de la Revo-
cedoras de severa reprobación: "Por lución.
supuesto, para quien vea e n el Evan-
gelio una 'colección de moralismos E l segundo peligro consiste en el
bienpensantes, este texto del hijo pró- influjo de estas ideas sobre los cató-
digo ejemplificará la historia de ur licos desprevenidos, y en particular
muchacho bueno y otro malo. Enton- los jóvenes. La reacción ante la in-
ces todos los valores humanos, la vi- justicia, la capacidad de ideal y de
da que nos t r a e Jesús, quedarán sir sacrificio, la .disposición para la uto-
descubrir. Quien así lo interprete es- pía que éstos poseen, son canaliza-
t a r á enrolado, sin duda, entre los sos- das, a través del sentimiento exacer-
tenedores de una sociedad cadavérica, bado, por el camino del odio, hacia
con los últimos estertores de un or- l a destrucción y e'1 crimen, Lamenta-
den de injusticia, cuyas contradiccio- blemente poseemos sobre el tema a-
nes isaltan a la vista: Mientras decla- bundante experiencia e información.
m a la libertad esclaviza con el dine- Parecería que s e quiere tender una
ro, domina con los medios de comu- cortina de silencio sobre la responsa-
nicación y m a t a con las armas" (pp. bilidad de tantos sacerdotes y cole-
63 s.). gios religiosos que han encaminado a
no pocos jóvenes a la cárcel o a la
Podríamos continuar citando dispa- muerte. Y no se trata, cierbamente,
r a t e s de este calibre, o más gruesos de casos aislados. Por su parte, los
aun, pero no nos interesa transcribir iconcientizadores terminan por escu-
aquí todo el libro. Por cierto se trata darse tras los "privilegios clericales"
de una obra de ínfima categoría, mas —por ellos t a n t a s veces repudiados—
se inscribe en la amplia corriente que p a r a escapar al castigo y proseguir
intenta marxistizar a la Iglesia. Vale traicionando su misión, envenenando
la pena señalarla para indicar a tra- almas y deformando conciencias.
vés de ella dos peligros.
Proclamar esto es, también, "dar
E l primero es la lectura materia- testimonio de la Verdad".
lista del Evangelio, intentada por va-
rias obras de reciente aparición. Esta
constituye una etapa más o menos P. ALBERTO EZCUKKA
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