Cuando David era rey, Dios le prometió que uno de sus hijos sería un rey muy especial y que su
reino duraría para siempre. Ese hijo fue Salomón. Cuando David era mayor y sabía que pronto
dejaría de ser rey, preparó todo para que Salomón fuera el próximo rey de Israel.
Así que, Salomón no solo heredó el trono de su papá David, sino que también heredó su amor
por Dios y su deseo de seguir sus caminos. Salomón reinaba en Israel y no era un rey cualquiera:
él era muy especial porque amaba a Dios y siempre quería hacer lo correcto.
Cuando Salomón se convirtió en rey, una noche tuvo un sueño. En ese sueño, Dios le dijo: «Pide
lo que quieras, y yo te lo daré». ¿Qué crees que pidió Salomón? ¡Podría haber pedido tesoros, o
ser el rey más poderoso del mundo! Pero no, el Rey Salomón pidió algo muy diferente: pidió
sabiduría.
Quería tener un corazón sabio y comprensivo para gobernar bien a su pueblo y saber distinguir
entre lo bueno y lo malo. Dios, muy contento con esta petición, le concedió a Salomón mucha
sabiduría, y también riquezas y honor.
Y dió Dios á Salomón sabiduría, y prudencia muy grande, y anchura de corazón como la arena
que está á la orilla del mar. Que fué mayor la sabiduría de Salomón que la de todos los
orientales, y que toda la sabiduría de los Egipcios.
La gente de su reino lo admiraba y siempre buscaba su consejo cuando tenían problemas. Un
día, dos mujeres vinieron a ver a Salomón con un gran problema. Ambas habían tenido bebés,
pero lamentablemente, uno de los bebés murió. Cada mujer decía que el bebé vivo era su hijo.
¿Cómo podía saber Salomón quién decía la verdad?
Aquí es donde su sabiduría brilló. Dijo: «Traigan una espada y corten al bebé vivo en dos, y den
la mitad a cada mujer». Pero la verdadera madre del bebé dijo rápidamente: «¡No! ¡Denle el
bebé a la otra mujer, pero por favor no lo lastimen!» Salomón supo entonces que ella era la
verdadera madre, porque prefería ver a su hijo con vida aunque no estuviera con ella.
Salomón también era famoso por sus grandes obras. Construyó un templo magnífico para
Dios en Jerusalén, lleno de oro y hermosas decoraciones. La gente venía de lugares lejanos solo
para escuchar su sabiduría y ver las maravillas que había construido.
Además del famoso Templo de Dios, el rey Salomón construyó muchas otras cosas
impresionantes como su propio palacio, murallas y fortificaciones y obras de arte.
Después de que el rey Salomón vivió una vida llena de sabiduría y construyó muchas cosas
maravillosas, llegó el momento de que su hijo Roboam se convirtiera en rey.