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Marion Cotillard en El origen

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Espectáculos
Jueves 29 de julio de 2010 | Publicado en edición impresa
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El origen, un portentoso ejercicio de


imaginación
Por Marcelo Stiletano | LA NACION
Twitter: @stiletano | Mail: mstiletano@[Link] | Ver perfil

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Leonardo DiCaprio y Ellen Page. Foto: Warner


El origen (Inception, [Link].-Reino Unido/2010, color; hablada en inglés).
Dirección: Christopher Nolan. Con Leonardo DiCaprio, Joseph Gordon-Levitt,
Ellen Page, Tom Hardy, Ken Watanabe, Marion Cotillard, Tom Berenger,
Cillian Murphy, Michael Caine, Dileep Rao. Guión: Christopher Nolan.
Fotografía: Wally Pfister. Música: Hans Zimmer. Edición: Lee Smith.
Presentada por Warner. 148 minutos. Para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: muy bueno

Desde el enigmático comienzo, con DiCaprio arrastrado por la corriente en


estado de inconsciencia hacia una misteriosa playa, hasta un plano final
que ya es objeto de las más variadas interpretaciones, las fascinantes dos
horas y media de El origen se desarrollan entre realidades convertidas en
simulacro y apariencias que parecen cobrar en la pantalla el espesor y las
dimensiones de los elementos más tangibles.

Con este film, que estará con toda seguridad entre los más comentados del
año, Nolan se suma a la larga lista de realizadores atrapados por las
sugerentes posibilidades visuales y narrativas que abre para el cine la
exploración de los sueños. En su obra más ambiciosa -lo que es mucho
decir tratándose del director de Batman, el caballero de la noche cruza esa
materia prima con sus propios anhelos creativos a través de una
monumental construcción de climas, secuencias, referencias cinéfilas y
alusiones a múltiples disciplinas, plasmada en imágenes de portentosa
creatividad.

Si El caballero de la noche es una indagación sobre la mente de un


terrorista, Nolan traslada en El origen la pregunta al terreno del espionaje
corporativo. En este único (aunque tan elusivo como los demás) terreno de
realidad visible dentro de un film que hace equilibrio todo el tiempo sobre
distintas fases simultáneas de narración, el equipo encabezado por Dom
Cobb (DiCaprio) se especializa en ingresar en los sueños de otros para
extraer información clave.

En una de las muchas paradojas con las que juega deliberadamente el film,
un trabajo fallido abre para Cobb la posibilidad de reivindicarse espiando al
rival corporativo de su último patrón y soñar con reencontrarse muy pronto
con los suyos, algo que veía casi imposible. Esta vez, el trabajo exige una
apuesta todavía más fuerte y la entrada al inconsciente ajeno no sólo pasa
por la apropiación de ideas ya presentes. Lo nuevo es
la originación (término con el que se traduce el título original del film), el
acto creativo de instalar ideas nuevas en el subconsciente de alguien.

TODA LA ATENCIÓN
De la nada, Nolan nos lleva hacia allí con el pulso firme de quien nos guía a
lo largo de un camino que sólo él conoce a la perfección y se dedicó a
explorar meticulosamente con anterioridad. Coloca infinitas pistas y señales
con una precisión abrumadora -el film exige máxima concentración para no
descuidar ni el mínimo detalle- para que el espectador pueda recuperarlas y
evaluar su sentido en cualquier momento.

Seguramente por eso, el personaje con el que más parece identificarse es


el de Ariadne, laarquitecta encargada de diseñar los distintos escenarios en
los que transcurrirá la ilusión y que personifica aquí Ellen Page con la
misma aplicación seguida por el resto del admirable elenco a las
instrucciones del realizador.

No será el único. Dos asistentes todoterreno (Joseph Gordon-Levitt y Tom


Hardy), un efusivo chofer (Dileep Rao) y el propio contratista de Cobb (el
gran Ken Watanabe) se suman a un equipo que se vale de una compleja red
de cables, aparejos y compuestos químicos para cumplir con el plan. En su
transcurso, unas cuantas dificultades operativas se mezclarán además con
las tribulaciones de Cobb y su aproximación a una enigmática mujer
(Marion Cotillard).

Si toda esta enmarañada intriga aparece más o menos inteligible para el


espectador atento es porque Nolan jamás pierde el control de lo mucho que
sucede minuto a minuto, y también porque la intriga, en el fondo, responde
ante todo a impulsos propios del cine de acción. Por cierto, hay en El
origen una vía que alienta todo tipo de indagaciones psicoanalíticas y llega
a plantearse interrogantes de alguna trascendencia, pero por encima de
ella se impone la debilidad de Nolan por los films de James Bond y Michael
Mann, representada en apasionantes persecuciones por las callejuelas de
Tanger y las heladas montañas de Calgary.

Con la ayuda de extraordinarios colaboradores (el fotógrafo Wally Pfister, el


diseñador de producción Guy Dyas), Nolan desplega toda su creatividad en
estas travesías y otras mucho más personales e introspectivas que desafían
los sentidos (y hasta la ley de gravedad) y llegan a provocar genuino
asombro. Lo hace al punto de presentarle al espectador la hoja de ruta
entera (el camino principal, posibles atajos, eventuales salidas) de un modo
quizá demasiado explícito.

El director enfría por momentos la intensidad del planteo, tal vez temeroso
de que algún nudo llegara a soltarse y el esquema entero termine
desmoronándose. El precio a pagar es el de cierto distanciamiento, que no
impide disfrutar al mismo tiempo de una obra de las más imaginativas y
provocadoras de los últimos tiempos, con un director que vuelve a creer en
los sueños como materia prima de la maravillosa realidad del cine. .

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