Fernando Ulloa, el psicoanalista
de la ternura
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La autora de este texto, la eutonista, psicóloga social y profesora de
Letras Susana Kesselman, recuerda a quien fuera uno de sus maestros.
Discípulo de Enrique Pichon-Rivière, a Ulloa (1924-2008) se lo considera
el creador de una Psicología de las Instituciones y fundador de una
corriente de abordajes interdisciplinarios en ese ámbito.
POR SUSANA KESSELMAN
20-03-2022
Fernando Ulloa nació en Pigüé, provincia de Buenos Aires, el 1º de marzo de
1924. Murió el 30 de mayo de 2008, en CABA.
El doctor Fernando Ulloa fue un psicoanalista cercano, es decir amigo, es decir
maestro. Fue quien introdujo la ternura en el discurso psicoanalítico,
quien hizo de este concepto un concepto político. "Donde no hay ternura hay
maltrato", decía. El maltrato contrapuesto a la ternura. Cultura de la
mortificación.
En su momento me invitó a una conferencia que pronunciaría en la Universidad
de las Madres, en el marco de un Congreso anual. Ese año yo exponía allí sobre
la con frecuencia olvidada “Ley de la silla”. Una ley histórica del socialismo
que consideraba el derecho de cada trabajador a tener una silla para cuando
precisara un descanso, un no estar de pie una jornada completa, con las
consecuencias para la salud que el hecho podría producir.
Ulloa además fue nuestro terapeuta de pareja, de nuestros hijos en el retorno
del exilio. No cualquier psicoanalista podría entender la desintegración familiar
que produce un exilio y más aún un retorno.
El pensamiento de Ulloa
“Entre el hacedor y la hechura. Entre la ternura y la crueldad” fue un artículo
que Ulloa publicó, más de dos décadas atrás, en el periódico Página/12. Aquí
algunos de sus conceptos más importantes:
“La idea de tensión es fundamental -en tanto dinamizador- de los procesos
sociales y va más allá de lo pertinente y lo transgesivo. La tensión social como
motor de la cultura, queda ilustrada por el hecho de que para cualquier
comunidad que respete principios éticos básicos, los sujetos son a la vez
hacedores y hechuras de la cultura que ahí se está procesando. En
psicoanálisis esto se traduce como ‘malestar en la cultura’. Un malestar
fundado precisamente en ese accionar contrapuesto entre ser hechura y
hacedor propio de la dinámica social. Para expresarlo de otra manera diré que
ahí se juega, en cada individuo, su ética entre el deseo propio y su compromiso
social. Cuando los sujetos dejan de ser hacedores, se instaura un malestar
hecho cultura, más precisamente la ´cultura de la mortificación´. Cuando esta
mortificación se ha establecido, desaparece en lo manifiesto esta tensión y los
sujetos terminan naturalizando la intimidación… Una comunidad
mortificada es fácil presa de cualquier embaucador y sus falsas
promesas".
“Dentro mismo del psicoanálisis, se plantea un nuevo desafío metodológico y
técnico. Este desafío consiste en abandonar los tradicionales dispositivos, en
pos de enfrentarse con las producciones socio-culturales sobre las que
se despliega la idea de salud mental”.
“Este desafío lleva trabajar en las organizaciones institucionales, en tanto
lugares donde se procesan los esfuerzos para obtener los bienes necesarios a
la organización y subsistencia de la gente. Se trata de trabajar desde un
psicoanálisis decidido a sostener su quehacer en la numerosidad
social. Esto puede llevar, incluso, a tomar a los sectores empobrecidos como
ámbito de trabajo. De esta manera, se opera desde una concepción de la salud
mental articulada con la ética y con los derechos humanos”.
“Esta nueva modalidad de trabajo implica abordar, no solo a los sectores
marginados, sino a las instituciones asistenciales que presentan una carencia
crónica de recursos, tanto materiales como de capacitación de sus integrantes.
El desafío también pone en beneficiosa tensión la disciplina de la abstinencia y
la no neutralización del operador, aun respetando la neutralidad clínica”.
“Cultura de la mortificación: Un matiz de sufrimiento social contemporáneo que
afecta a sectores sumergidos en la mudez sorda y ciega de la mortificación. Se
habla de cultura en sentido estricto, pues no ha desaparecido la producción de
pensamiento ni el suficiente valor para resistir, bajo la forma de protesta que
incluso pueda animar alguna trasgresión enfrentando un estado de cosas que
en el ámbito institucional de esa persona provoca sufrimiento. La
mortificación aparece por momentos acompañada de distintos grados
de fatiga crónica, estrés, hasta patologías difusas o definidas". La
grieta que nos aqueja en estos últimos tiempos es una forma de
crueldad.