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Hermenéutica: Perspectivas Filosóficas

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MARIA GABRIELA MARTINEZ ASCANIO 251193

CRISTIAN ALEXANDER BELTRAN MARQUEZ


KARLA JULIANA VERGEL
Platón:
Platón, considera que la hermenéutica no puede detenerse ante la canonización
de un libro, sino que ha de incorporar previamente el conocimiento y discusión del
correlato externo al que un texto se refiere.
En Platón y Aristóteles, la hermenéutica, antes que interpretar, es anuncio y
expresión, hacer presente que lleva al conocimiento porque oye un mensaje, lo
que ha sido dicho por los poetas, quienes “son mensajeros de los dioses”
(Sócrates en Ferraris, Ídem). No nace como metodología de la interpretación sino
como la experiencia de llevar mensajes, tampoco como teoría de la recepción sino
como práctica de la transmisión y de la mediación. Así entiende Platón la
hermenéutica y por eso la menosprecia, el intérprete lleva anuncios cuyo sentido
no necesariamente ha comprendido y, por ello, no controla. La hermenéutica como
téchne se subordina totalmente a la episteme (en Ferraris, Ídem).

Aristóteles:
Aristóteles apunta a una teoría de la expresión, es una función que media entre los
pensamientos del alma y su expresión lingüística. Por otro lado, se opone a la
teoría del sentido multívoco, pueden reconocerse significados estables y, por ello,
comunicables. En Aristóteles, el significado de la hermenéutica está más alejado
del nuestro de lo que está el platónico, aunque en ambos comparte el descrédito:
“es una parte de la gramática lógica, se ocupa del logos apofántico (del juicio), y
de todas esas otras partes del logos en las que todavía no está en cuestión la
verdad”

San Agustín:
San Agustín (334-430) asiste a la confluencia entre las tendencias histórico-
gramaticales y las perspectivas alegóricas y neoplatónicas de los alejandrinos, su
hermenéutica se entrelaza con una teoría del conocimiento fundada en una
semiótica. Hermenéutica y semiótica se habían desarrollado paralelamente, en
una tradición que se remonta a Heráclito, continuada por Aristóteles y los estoicos.
Para Agustín las palabras son signos, no los únicos, se basa en la omnipotencia e
infalibilidad del Verbum-Dios, minusvalora la palabra externa respecto a la interior,
la “verdadera” palabra, de sus manifestaciones en las diversas lenguas (Gadamer
1960: 504). No es el diálogo, la palabra externa, sino el verbum cordis, la garantía
de nuestro entendimiento.

Gadamer:
Gadamer la conectan al universo del lenguaje y del logos como verbum y como
sermo, lo que confirma el uso de “interpretación” en el lenguaje ordinario: hacerse
intérprete de un sentimiento, hacer de intérprete entre personas, interpretar una
sonata, interpretar un libro, interpretar un sueño.
Gadamer (1995) intenta demostrar cómo la hermenéutica, indica no sólo el
procedimiento de algunas ciencias, o el problema de una recta interpretación de lo
comprendido, sino que se refiere al ideal de un conocimiento exacto y objetivo,
siendo la comprensión el carácter ontológico originario de la vida humana que deja
su impresión en todas las relaciones del hombre con el mundo, pues el
comprender no es una de las posibles actitudes del sujeto, sino el modo de ser de
la existencia como tal.

Schleiermacher:
Se constituye en una disciplina autónoma en la época del romanticismo, cuando
Schleiermacher (1768-1834) estableció una teoría pedagógica general de la
interpretación e integró las diferentes técnicas hermenéuticas en un campo
general unificado y propuso una serie de principios básicos o cánones
(contextuales o psicológicos). Los primeros se centraban en la gramática y
ayudaban a descifrar el significado de las palabras en relación con su contexto
lingüístico y los segundos estaban relacionados con la totalidad del pensamiento
del autor, asegurando que para alcanzar la claridad y precisión del texto era
necesario llegar a revivir la experiencia del autor cuando escribió el texto original,
pues consideraba el acto de interpretación análogo al de la creación del
manuscrito (Martínez, 1999). Schleiermacher recobra la tesis de que el lenguaje
no sólo es visión del mundo sino su fundamento, pues en un análisis hecho de los
poemas de Homero concluye que en ellos hay la inspiración del autor y el
producto de un pueblo. En consecuencia, concibe el lenguaje como: (a) un
acuerdo originario entre el hombre y el mundo, (b) una actividad racional y
voluntaria, (c) una producción espontánea y sensible del sujeto que prevalece en
la práctica de los hechos históricos en cuanto contiene en su estructura interna de
manera innata, la visión del mundo que la ha generado, permitiendo al individuo
protagonizar la historia de la humanidad. También plantea diversos criterios de
interpretación que se requieren para captar con precisión y plenitud el sentido del
texto.
Dilthey:
Fue Dilthey (1833-1911), quien circunscribió nuevos horizontes de compresión
para los métodos de trabajo en la producción del conocimiento y amplió su ámbito
a todas las ciencias tanto de la naturaleza como las del espíritu, le adjudicó a la
hermenéutica la misión de descubrir los significados de las cosas, la interpretación
de las palabras, los escritos, los textos, pero guardando su propiedad con el
contexto del cual formaba parte. Para realizar esas discusiones es necesario
hacer una buena observación e interpretación de eventos existenciales a través de
recursos como: estudios lingüísticos, filológicos, contextuales, históricos,
arqueológicos, entre otros. También sugirió una técnica fundamentada en la
dialéctica del “círculo hermenéutico”, movimiento del pensamiento que va del todo
a las partes y de las partes al todo, de manera que en cada movimiento aumente
el nivel de comprensión: las partes reciben significado del todo y el todo adquiere
sentido de las partes. Es un proceso anasintáctico, inductivo–deductivo de
búsqueda de sentido del texto que coactúa en la experiencia humana (Martínez,
1999).

Heidegger:
Asume una posición en torno al problema de la verdad y del ser, siendo la verdad
definida como fruto de una interpretación y, el ser como (mundo y hombre), donde
el lenguaje es la relación más primaria entre el ser y el hombre. La pretensión de
la verdad hermenéutica ha permitido al intérprete rastrear la experiencia de la
verdad, buscarla, indagar sobre ella como práctica realizable de cada persona,
como el arte de interpelar, conversar, argumentar, preguntar, contestar, objetar y
refutar; derogando de una manera lógica el discurso unívoco que nos está
siguiendo en la actualidad

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