El manejo ambiental en Guatemala ha evolucionado a lo largo de los años en
respuesta a las crecientes preocupaciones globales sobre la sostenibilidad y la
necesidad de proteger los recursos naturales. Estos recursos no solo son esenciales
para la biodiversidad del país, sino que también están estrechamente ligados al
bienestareconómicoysocialdesuscomunidades.Losacuerdosgubernativosde2016
y 2019 sobre el Reglamento de Evaluación, Control y Seguimiento Ambiental
representanmomentoscríticosenestaevolución,yaqueambosreflejanlastensiones
inherentesentrelapromocióndeldesarrolloeconómicoylanecesidaddesalvaguardar
el medioambiente.Unanálisiscomparativodetalladoentreestosdosacuerdosrevela
cómolaspolíticasambientalesenGuatemalahanpasadodeunenfoquesimplificadoa
uno másriguroso,enunintentodeequilibrarlosintereseseconómicosylaprotección
ambiental.
El AcuerdoGubernativo137-2016fueemitidoenuncontextomarcadoporunimpulso
para atraer inversiones y dinamizar la economía nacional, facilitando el desarrollo de
proyectos de infraestructura, industria y agricultura, entre otros. En este sentido, el
reglamento de 2016 adopta un enfoque que buscaba simplificar los trámites para la
obtención de licencias ambientales, lo quepermitíaalosdesarrolladoresavanzarcon
mayorrapidezenlaejecucióndesusproyectos.Laclavedeestemarcoregulatorioera
la clasificación de los proyectos en cuatro categorías, de acuerdo con su nivel de
impactoambiental:lascategoríasIyIIincluíanproyectosdebajoimpacto,quepodían
seguirunprocesomássimpleymenoscostosoparalaobtencióndelicencias;mientras
que las categorías III y IV abarcaban proyectos con impactos ambientales más
significativos, requiriendo un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) más exhaustivo y
medidas de mitigación más estrictas.
Este esquema, si bien resultaba atractivo para muchos desarrolladores, no estuvo
exentodecríticas.Lasimplificacióndelostrámitesenlasprimerasdoscategoríasllevó
a que ciertos sectores de la sociedad, particularmente las organizaciones
ambientalistasycomunidadesafectadas,expresaransupreocupaciónporlaposibilidad
de que proyectos que sí podían tener efectos adversos sobre el medio ambiente no
fuerandebidamenteevaluados.Elprocedimientorápidoenestascategoríasamenudo
significaba que no se llevaban a cabo estudios exhaustivos sobre el impacto a largo
plazo de estosproyectos,especialmenteenáreasecológicamentesensiblescomolos
bosques tropicales y las zonas costeras.
Unaspectoclaveenelreglamentode2016erasuenfoqueenpromoverlainversión.El
gobierno guatemalteco, en ese momento, enfrentaba la presión de mejorar la
competitividaddelpaísenlaregióncentroamericana,especialmenteenáreascomola
construcciónylaagriculturaagranescala,sectoresque,sibienpuedensermotoresde
desarrolloeconómico,tambiénpuedengenerarimpactosambientalessignificativos.La
flexibilidad administrativa ofrecida por este reglamento fue vistacomounamanerade
eliminarbarrerasinnecesariasaldesarrollodeestosproyectos.Noobstante,lafaltade
mecanismos de seguimiento y controladecuadossobreloscompromisosambientales
asumidos por los desarrolladores fue señalada como una debilidad significativa. Esto
llevó a la percepción de que, aunque los proyectos se aprobaban más rápidamente,
existíaunriesgoconsiderabledequenosecumplieranloscompromisosambientalesa
largo plazo.
En respuesta a estas críticas, el Acuerdo Gubernativo 23-2019 introdujo cambios
sustanciales en el marco regulatorio, buscando reforzar los mecanismos de control y
seguimiento ambiental. Aunqueestenuevoreglamentomantuvolaclasificacióndelos
proyectos en categorías, se implementaron nuevas disposiciones para asegurar un
mayor control sobreelcumplimientodelasnormativasambientales,especialmenteen
las etapas posteriores a la aprobación de los proyectos. Uno de los cambios más
significativosfuelaexigenciadequelosproyectospresenteninformesperiódicossobre
las medidas de mitigación implementadas, así como la realización de auditorías
ambientales independientesparaverificarquelosdesarrolladoresestabancumpliendo
con sus compromisos.
Este cambio de enfoque refleja una mayor preocupación por parte del gobierno y la
sociedad civil sobre la importancia delseguimientocontinuodelosproyectosunavez
queestosentranenoperación.Lanormativade2019buscabaevitarlasituaciónenla
que un proyecto cumpliera con los requisitosambientalessoloenelpapel,peroenla
práctica no implementara las medidas de protección necesarias para minimizar su
impacto. Este ha sido un problema recurrente en Guatemala, especialmente en
sectorescomolamineríaylaconstrucción,dondelosproyectosamenudogeneranun
impacto ambiental considerable a largo plazo.
Uncasoemblemáticoqueilustralaimportanciadeestoscambiosregulatorioseselde
los proyectos hidroeléctricos en Guatemala. Durante la década de 2010, varios
proyectos de generación de energía fueron aprobados bajo el marco del Acuerdo
Gubernativo 137-2016, muchos de ellos sin la debida consulta a las comunidades
locales o la evaluación adecuada de los impactos sobre los ecosistemas fluviales.
Como resultado, surgieron conflictos entre las empresas desarrolladoras y las
comunidades indígenas que habitan las áreas afectadas,loquellevóalasuspensión
de varios proyectos. El Acuerdo Gubernativo 23-2019 introdujo nuevas disposiciones
que obligan a las empresas a llevar a cabo consultas más exhaustivas con las
comunidades y a presentar planes detallados de mitigación, lo que ha ayudado a
reducir estos conflictos y a garantizar un desarrollo más inclusivo y sostenible.
Además de reforzar los mecanismosdecontrol,elacuerdode2019tambiénintrodujo
sanciones más severas para aquellos proyectos que incumplieran conlasnormativas
ambientales. Mientras que el acuerdo de 2016 ya contemplaba sanciones, estas no
eran lo suficientemente disuasivas como para prevenir infracciones significativas. El
nuevo régimen sancionatorio incluía multas más elevadas, lasuspensióntemporalde
las actividades de los proyectos y, en casos graves, la revocación de las licencias
ambientales. Este enfoque más estricto en el cumplimiento de las normativas
ambientalesreflejauncambiodeparadigmahaciaunamayorresponsabilidadporparte
de los desarrolladores de proyectos, quienes ahora enfrentan consecuencias más
severas si no cumplen con sus compromisos.
Por otro lado, el reglamento de 2019 también introdujo un enfoque renovado en la
participación ciudadana en los procesos de evaluación ambiental. Las consultas
públicas, aunque ya existían en el marco de 2016, a menudo eran vistas como un
trámite más que como un proceso significativo de toma de decisiones. El nuevo
reglamentoestablecedisposicionesmásclarassobrelaobligatoriedaddelasconsultas
y la necesidad de que estas se realicen de manera transparente e inclusiva. Este
enfoque fue bien recibido por las comunidades locales y las organizaciones de la
sociedad civil, que durante años habían demandado una mayor participación en los
procesosqueafectanasusterritoriosyrecursosnaturales.Deestamanera,elAcuerdo
Gubernativo 23-2019 no sólo refuerza los controles ambientales, sino que también
promueve una mayor democratización en la toma de decisiones sobre proyectosque
pueden tener un impacto significativo en las comunidades.
En cuanto al impacto económico, las empresas desarrolladoras de proyectos han
tenido que adaptarse a los nuevos requisitos establecidosporelacuerdode2019.Si
bien algunos sectores hanexpresadopreocupacionessobreelaumentodeloscostos
asociados con los estudios de impacto y las auditorías ambientales, otros han
reconocido que la implementación de estos controles contribuye a la sostenibilidad a
largo plazo de los proyectos. El sector empresarial también ha destacado la
importancia de contar con un marco regulatorio claro y predecible, que brinde
seguridadjurídicayfomenteunarelaciónmásarmónicaconlascomunidadeslocalesy
las autoridades ambientales.
En conclusión, la comparaciónentrelosacuerdosgubernativosde2016y2019sobre
el Reglamento de Evaluación, Control y Seguimiento Ambiental en Guatemala revela
unaevoluciónsignificativaenlapolíticaambientaldelpaís.Mientrasqueelacuerdode
2016 se centraba enlasimplificacióndetrámitesylapromocióndelainversión,elde
2019 introdujo un enfoque más riguroso, centrado en el control y seguimiento de los
compromisos ambientales, la participación ciudadana y la implementación de
sancionesmásseveras.Estoscambiosreflejanunmayorreconocimientoporpartedel
Estado y la sociedad guatemalteca de la necesidad de equilibrar el desarrollo
económico con la protección efectiva del medio ambiente y el respeto a las
comunidades locales. En última instancia, esta evolución normativa busca asegurar
queelcrecimientodelpaísseasostenibleyequitativo,garantizandoquelosproyectos
de desarrollo se lleven a cabo de manera responsable y en armonía con el entorno
natural.