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Rostro y Personalidad: Ciencia y Mitos

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El rostro humano transmite emociones.

Lo que ya
no está tan claro es hasta qué punto puede reflejar
también la personalidad. ¿Acaso las facciones son
una clave para nuestros comportamientos? Varios
expertos lo explican
Jordi Jarque / 11-Maig-2013 / La Vanguardia ES

Más allá de si un rostro nos atrae o no, en algunas ocasiones nos atrevemos a afirmar,
con sólo ver la cara, si aquella persona es más racional que emocional, incluso si
estamos delante de una persona manipulable o astuta, si parece activa o perezosa.
También descubrimos que muchas veces nos equivocamos al encasillar a una persona.
Los expertos coinciden en que la cara puede expresar emociones, pero no se ponen de
acuerdo hasta qué punto es el espejo del alma, o hasta qué punto refleja la
personalidad del individuo o el mapa psicológico de la persona. ¿Qué puede reflejar el
rostro? No hay duda de que, salvo excepciones, es bastante fácil identificar si la
persona está triste, alegre o enfadada. Como mínimo, el rostro “nos aporta datos
sobre nuestra identidad individual (sexo masculino o femenino, raza, edad juvenil o
persona mayor), nuestras intenciones (actitud amenazante o amistosa) y nuestros
estados emocionales (temor, valentía, ira, enfado, asco, tristeza, alegría…)”, asegura
Julián Gabarre, psicólogo y experto en morfopsicología. También añade que la
dificultad reside en saber interpretar ese rostro. Enrique García Huete, director de
Quality Psicólogos, añade que algo tiene que ver porque todo queda reflejado en el
cuerpo, “aunque si nos remitimos a la fisiognomía que pretendía categorizar, ya en
tiempos de los antiguos griegos, las medidas de los rostros con la predicción de los
comportamientos, hasta la fecha no hay ni una sola hipótesis científica que lo avale”.
Carlos Rodríguez, psicólogo, grafólogo y périto calígrafo, reconoce que hay un abanico
amplísimo de emociones y de alguna manera u otra todas tienen un reflejo en la
contractura muscular del rostro, pero no es tan fácil saber desentrañar qué nos dice el
rostro. Y Víctor Amat, psicólogo, presidente de la Asociación Española de Psicoterapia
Breve y experto en comunicación no verbal, no duda de que los rostros transmiten
sensaciones. “Dentro de nuestro cerebro tenemos registrado una comunicación no
verbal. Pero cada uno lo tiene registrado a su manera”. Salvo algunas patologías, el
rostro transmite emociones, pero los investigadores intentan saber hasta qué punto
puede predecir comportamientos. Un grupo de psicólogos liderados por Michael
Stirrat, investigador del Instituto de Neurociencias del Comportamiento de la
Universidad de St. Andrews (Escocia), intentó averiguar si, al menos, a partir de las
formas del rostro se podía predeterminar si un individuo se comportaría de manera
honesta y si los demás lo interpretarían así. Los primeros resultados del estudio fueron
difundidos por la propia universidad en marzo del 2010 y publicados más ampliamente
dos años después en Psychological Science. En dicho estudio se invitó a un grupo de
chicos universitarios a participar en un juego apostando dinero. A los jugadores se les
permitía ser honestos con otros participantes o aprovecharse de ellos y engañarlos.

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Antes de cada partida se les mostraba una foto inexpresiva del rostro de su
contrincante para que decidieran qué hacer. De este modo, Michael Stirrat comprobó
que los sujetos eran más propensos a desconfiar de oponentes con facciones duras y
mandíbulas cuadradas y, en cambio, a confiar con los rostros masculinos de quijada
más estrecha. “Hacemos juicios instantáneos sobre los desconocidos, por ejemplo para
decidir si somos sinceros con ellos o cautelosos. Los hombres con caras anchas se
asocian con los malos de la película”, explica Stirrat. Este experto se aventura a
comentar el porqué de esta asociación. “Cuantos mayores niveles de testosterona
reciba el embrión en el útero, los rostros se mostrarán más marcadamente masculinos
a partir de la pubertad, cuando se incrementa el nivel de testosterona. Como la
testosterona se asocia a la agresividad, hay quien vincula las caras anchas con las
personas que siempre buscan pelea, que son menos de fiar, mientras que asociamos
otras formas del rostro masculino, de líneas más suaves, a la honestidad”. Pero la
realidad es más compleja. Y esta investigación puso de relieve, además, que las
personas con facciones más duras pueden ser más competitivas, más agresivas, sí,
pero también se muestran más predispuestas a sacrificarse por quienes consideran
que forman parte de su equipo, son más cooperativos. Parece ser que hormonas y
genes perfilan el rostro, o, pero también comportamientos. El genetista Dean Hamer,
un científico estadounidense, no duda en asegurar que su equipo de investigación
indaga en n los genes para dilucidar los comportamientos de los seres humanos.
“Entendemos que todo lo que controla el cerebro se ve influido por los genes que e lo
codifican, y que controlan las sustancias químicas que se liberan en él”. Pero también
afirma que con los genes que codifican específicamente la conducta, todo es mucho
más indirecto. “Estos genes actúan liberando sustancias químicas en el cerebro. Y el
mismo gen que hace que alguien padezca una adicción a la cocaína (porque necesita
dopamina) puede convertir a otra persona en un gran inversor o en un gran político,
porque le gusta la novedad. El mismo gen, la misma sustancia química, provoca cosas
distintas. Es sutil, efectivamente”. Igual que configuran comportamientos, los genes s
también configuran rostros. El año pasado, la revista especializada Plos One publicó el
resultado o de un estudio de Manfred Kayser, antropólogo genetista del centro médico
universitario Erasmus en Rotterdam, en el que participaron unos diez mil individuos,
en el que han descubierto cinco genes que determinan la forma facial humana. Los os
investigadores utilizaron imágenes por resonancia ia magnética (IRM) de la cabeza de
los individuos así como fotografías para mapear puntos de referencia faciales, con los
cuales se estimaron las distancias dentro de la cara. Posteriormente se llevó a cabo lo
que se conoce como un estudio de asociación genética, diseñado para buscar
pequeñas variaciones genéticas que ocurren de forma más frecuente en gente con
determinadas características faciales. Manfred Kayser y su equipo de investigadores
identificaron cinco tipos de genes con posibilidad de estar asociados con distintas
formas faciales: PRDM16, PAX3, TP63, C5orf50 y COL17A1. La cuestión ahora es saber
si el aspecto facial pueda darnos pistas sobre la posible conducta del individuo. Para
Mireia Esparza, de la unidad de antropología a del departamento de Biología Animal de
la Universitat de Barcelona, no. Esta experta se ha centrado o en la agresividad y ha
participado en un estudio internacional coordinado por Rolando González José, del
Centro Nacional Patagónico (CenpatConicet, Argentina), y Jorge Gómez Valdés, de la
Universidad Nacional Autónoma de México, para determinar si existe relación o no
entre los rasgos faciales y un comportamiento agresivo. Para ra realizar el estudio se

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contó con la colaboración de e cinco mil personas de 94 poblaciones de todo el
mundo. Como base del protocolo de estudio,

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