Diabetes Mellitus
Diabetes Mellitus
Complicaciones
Tras varios años de hiperglucemia mal controlada aparecen múltiples
complicaciones, sobre todo vasculares, que afectan los vasos pequeños
(microvasculares), los grandes vasos (macrovasculares), o ambos. (Para obtener
detalles adicionales, véase Complicaciones de la diabetes mellitus).
a enfermedad microvascular es la causa subyacente de 3 complicaciones
comunes y graves de la diabetes mellitus:
Retinopatía
Nefropatía
Neuropatía
La enfermedad microvascular también puede afectar la cicatrización de las
heridas, de manera que incluso defectos menores en su integridad pueden
conducir al desarrollo de úlceras más profundas que se infectan fácilmente, en
particular en los miembros inferiores. El control exhaustivo de la glucemia puede
evitar o retrasar muchas de estas complicaciones, pero puede no revertirlas una
vez establecidas.
Diabetes de tipo 2
Resistencia a insulina
En la diabetes mellitus tipo 2 (antes conocida como del adulto o no dependiente de
la insulina), la secreción de insulina es inadecuada porque los pacientes han
desarrollado resistencia a la insulina. La resistencia hepática a la insulina inhibe la
supresión de la producción de glucosa hepática, y la resistencia periférica a la
insulina afecta la absorción periférica de glucosa. Esta combinación da lugar a la
hiperglucemia en ayunas y posprandial. Los niveles de insulina a menudo son muy
altos, especialmente al principio de la enfermedad. Más tarde en el transcurso de
la enfermedad, la producción de insulina puede caer, lo que exacerba la
hiperglucemia.
En general, la enfermedad aparece en adultos y es más frecuente a medida que
avanza la edad; hasta un tercio de los adultos > 65 años de edad tienen tolerancia
alterada a la glucosa. En los adultos mayores, los niveles de glucemia alcanzan
niveles más altos después de la ingesta que en los adultos más jóvenes,
especialmente después de comidas con alta carga de carbohidratos. Los niveles
de glucosa también tardan más en retornar a valores normales, en parte como
consecuencia de la acumulación de grasa visceral y abdominal y la disminución de
la masa muscular.
La diabetes tipo 2 se ha vuelto más común entre los niños porque la obesidad
infantil se ha convertido en epidémica. Más del 90% de los adultos con diabetes
mellitus también tiene la enfermedad tipo 2. Hay determinantes genéticos claros,
como lo demuestra la alta prevalencia de la enfermedad en familiares de personas
con la enfermedad. Aunque se detectaron algunos polimorfismos genéticos, no se
halló un solo gen responsable de las formas más frecuentes de diabetes mellitus
tipo 2.
La patogenia es compleja y mal comprendida. Aparece una hiperglucemia cuando
la secreción de insulina ya no puede compensar la resistencia a la insulina.
Aunque la resistencia a la insulina es característica en las personas con diabetes
tipo 2 y aquellos con alto riesgo de desarrollarla, también existe evidencia de
disfunción de las células beta y deterioro de la secreción de la insulina que
progresa con el paso del tiempo, que incluye
Dieta
La adaptación de la dieta a las circunstancias del individuo puede ayudar a los
pacientes a controlar las fluctuaciones en la glucemia y, en aquellos con diabetes
mellitus tipo 2, puede ayudarlos a perder peso. Las recomendaciones dietéticas
deben individualizarse en función de los gustos, las preferencias, la cultura y los
objetivos del paciente y deben formularse para adaptarse a los requisitos que
plantean las enfermedades asociadas. No hay recomendaciones establecidas
sobre los porcentajes de calorías que deben provenir de hidratos de carbono,
proteínas o grasas. Los pacientes deben ser educados sobre el consumo de una
dieta rica en alimentos integrales en lugar de alimentos procesados. Los hidratos
de carbono deben ser de alta calidad y deben contener cantidades adecuadas de
fibra, vitaminas y minerales y bajo contenido de azúcar, grasa y sodio. Algunos
adultos pueden reducir los niveles de glucosa en sangre y requerir menos
hipoglucemiantes si siguen un plan de alimentación con contenido bajo o muy bajo
de hidratos de carbono, aunque mantener esta dieta puede ser un desafío y los
beneficios pueden no mantenerse a largo plazo.
Los pacientes con diabetes mellitus tipo 1 deben contabilizar los ingresos de
hidratos de carbono o utilizar el sistema de intercambio de hidratos de carbono
que permite hacer coincidir la dosis de insulina con la ingesta y facilita la
reposición fisiológica de insulina. El “recuento” de la cantidad de hidratos de
carbono presentes en una comida se utiliza para calcular la dosis de insulina
preprandial. Por ejemplo, si se usa un índice insulina:hidrato de carbono (IIH) de
15 gramos:1, un paciente requerirá 1 unidad de insulina rápida por cada 15 g de
hidratos de carbono en una comida. Estas relaciones pueden variar
significativamente entre los pacientes, dependiendo de su grado de sensibilidad a
la insulina y ajustarse en función del tiempo. También se debe informar a los
pacientes que las comidas con mayor contenido de proteínas o grasas pueden
aumentar los requerimientos de insulina y que pueden ser necesarios ajustes de
dosis. Este método requiere mucha educación del paciente y tiene más éxito
cuando se realiza bajo la guía de un nutricionista con experiencia en pacientes con
diabetes. Algunos expertos han recomendado el uso del índice glucémico (una
medida del impacto de un alimento ingerido que contiene carbohidratos sobre el
nivel de glucosa en sangre) para definir los carbohidratos metabolizados de forma
rápida y lenta, aunque hay poca evidencia que respalde este enfoque.
Tanto para la diabetes tipo 1 como para la tipo 2, la consulta nutricional con un
dietista debe complementar las recomendaciones del médico; tanto el paciente
como quien le prepara las comidas deben estar presentes.
Ejercicio
La actividad física debe aumentarse hasta el nivel que el paciente pueda tolerar.
Se ha demostrado que tanto el ejercicio aerobio como el ejercicio de resistencia
mejoran el control de la glucemia en la diabetes tipo 2, y varios estudios han
mostrado que una combinación de resistencia y ejercicio aerobio es mejor que
cada uno por separado (5, 6, 7). En la diabetes tipo 1, se ha demostrado que el
ejercicio disminuye la mortalidad, aunque el efecto sobre la disminución de la
HbA1C es menos claro (8, 9, 10). Los adultos con diabetes sin limitaciones físicas
deben hacer ejercicio durante un mínimo de 150 min/semana (dividido en al
menos 3 días). El ejercicio tiene un efecto variable sobre la glucemia, lo que
depende del momento en que se realiza en relación con las comidas y de la
duración, la intensidad y el tipo de ejercicio. En particular en los pacientes con
diabetes tipo 1, el ejercicio puede provocar hipoglucemia. Por lo tanto, debe
controlarse el nivel de glucosa en sangre inmediatamente antes y después del
ejercicio. El rango objetivo para la glucemia antes del ejercicio debe estar entre 90
mg/dl y 250 mg/dL (5 mmol/L a 14 mmol/L).
Pérdida de peso
En personas con diabetes y obesidad, los médicos deben prescribir
hipoglucemiantes que promuevan la pérdida de peso (p. ej., agonistas del receptor
de GLP1, inhibidores de SGLT-2 o un agonista doble de la incretina), o que no
afecten el peso (inhibidores de la dipeptidil peptidasa-4, metformina), si es posible
(para obtener detalles, véase Tratamiento farmacológico de la diabetes). Dos
agonistas del receptor de GLP-1 que se utilizan para la pérdida de peso en dosis
más altas (semaglutida en dosis de 2,4 mg, liraglutida en dosis de 3 mg) se
asocian con una pérdida de peso significativa, incluso con las dosis utilizadas para
el tratamiento de la diabetes.
Otros fármacos para bajar de peso, como orlistat, fentermina/topiramato y
naltrexona/ibupropión pueden ser útiles en pacientes seleccionados como parte de
un programa completo para la pérdida de peso. El orlistat, un inhibidor de la lipasa
intestinal, reduce la absorción de la grasa de la dieta, lo que le permite disminuir la
lipemia y ayuda a promover el descenso de peso. La combinación de
fentermina/topiramato es un compuesto que reduce el apetito a través de múltiples
mecanismos en el cerebro. Muchos de estos fármacos también han demostrado
reducir la HbA1C.
Un hidrogel oral que contiene celulosa y ácido cítrico y hace que los pacientes se
sientan satisfechos y coman menos puede inducir una leve pérdida de peso en
pacientes con prediabetes y diabetes.
También se dispone de dispositivos médicos, como el implante de balones
gástricos, un estimulador del nervio vago y terapia de aspiración gástrica, pero su
uso sigue siendo limitado debido al alto costo y a la falta de datos en pacientes
con diabetes.
Vacunación
Todos los pacientes con diabetes mellitus deben ser vacunados contra
Streptococcus pneumoniae, y el virus de la gripe, de la hepatitis B, varicela y
SARS-CoV-2 según las recomendaciones establecidas.
Trasplante de páncreas
El trasplante de páncreas y el trasplante de islotes pancreáticos son métodos
alternativos a la administración de insulina (11, 12); ambos sirven para injertar en
forma efectiva células beta productoras de insulina en pacientes con deficiencia de
insulina (tienen diabetes mellitus tipo 1).
oblaciones y circunstancias especiales
La atención de la diabetes requiere un ajuste cuidadoso según los factores del
paciente, incluidos los relacionados con la edad y el estilo de vida, las
enfermedades concomitantes y la necesidad de tratamiento de otras
enfermedades agudas o crónicas.
Pacientes con dificultad para mantener los niveles de glucosa prestablecidos
El término diabetes frágil se utilizó para los pacientes con fluctuaciones
significativas y recurrentes de la glucemia, con frecuencia sin causa aparente. La
glucemia lábil tiene más probabilidades de identificarse en pacientes con diabetes
mellitus tipo 1 porque la producción de insulina endógena está casi
completamente ausente, y en algunos casos, la respuesta contrarreguladora a la
hipoglucemia también está comprometida. Otras causas de la labilidad de los
niveles de glucosa en plasma son la infección oculta, la gastroparesia (que
promueve una absorción errática de los hidratos de carbono de la dieta) y las
endocrinopatías (p. ej., enfermedad de Addison).
Los pacientes con dificultad crónica para mantener niveles de glucosa aceptables
deben ser evaluados para detectar factores situacionales que afectan el control de
la glucosa. Estos factores incluyen la educación o la comprensión inadecuada del
paciente, que conduce a errores en la administración de insulina, elecciones
inapropiadas de alimentos y el estrés psicosocial que se expresa a través de
patrones erráticos de consumo de drogas e ingesta de alimentos.
Este abordaje comienza con una revisión minuciosa de las técnicas de cuidado
personal, que incluyen la preparación y la inyección de la insulina y la medición de
la glucemia. El aumento de la frecuencia de la automedición de los niveles de
glucemia puede revelar patrones que habían pasado inadvertidos y le permite al
paciente obtener una retroalimentación útil. Una anamnesis de la dieta, que debe
incluir el horario de las comidas, sirve para identificar potenciales factores que
contribuyen con un control inadecuado. Deben excluirse trastornos subyacentes a
través del examen físico y estudios de laboratorio apropiados.
En algunos pacientes tratados con insulina, puede resultar beneficioso un cambio
a un régimen más intensivo que permita realizar ajustes de dosis más frecuentes
(de acuerdo con la glucemia medida). La monitorización continua de la glucosa
con alarmas y la terapia con bomba de insulina potenciada con sensor o con
circuito cerrado híbrido son herramientas útiles en individuos que fluctúan entre
hipoglucemia e hiperglucemia.
Niños
La diabetes en los niños se analizará con más detalle en otro apartado.
Los niños con diabetes mellitus tipo 1 requieren una reposición fisiológica de la
insulina de la misma manera que los adultos; los regímenes terapéuticos utilizados
son los mismos, incluso con bomba de insulina. Sin embargo, el riesgo de
hipoglucemia por comidas fuera de hora y de actividades no tenidas en cuenta, y
también por la limitada capacidad para informar los síntomas de hipoglucemia,
puede requerir modificaciones en los objetivos terapéuticos. La mayoría de los
niños pequeños puede aprender a participar en forma activa en su cuidado
personal, incluso en la evaluación de la glucemia y las inyecciones de insulina. El
personal escolar y otros cuidadores deben conocer la enfermedad del niño y
deben estar informados sobre las maneras de identificar y tratar los episodios de
hipoglucemia. La búsqueda sistemática de complicaciones microvasculares en
general puede postergarse hasta después de la pubertad.
Los niños con diabetes mellitus tipo 2 requieren la misma atención a la dieta y el
control del peso, así como a la identificación y el tratamiento de las dislipidemias y
la hipertensión arterial, que los adultos. La mayoría los niños con diabetes mellitus
tipo 2 son obesos, de manera que la modificación del estilo de vida es el elemento
fundamental del tratamiento. También puede indicarse farmacoterapia.
Adolescentes
La diabetes en adolescentes se analizará en detalle en otro apartado.
El control típico de la glucemia se deteriora cuando los niños con diabetes mellitus
entran en la adolescencia. Múltiples factores contribuyen, incluyendo
Aumento de peso puberal e inducido por insulina
Cambios hormonales que disminuyen la sensibilidad a la insulina
Factores psicosociales que impiden el cumplimiento de la terapia con insulina (p.
ej., trastornos del estado de ánimo y de ansiedad, agendas agitadas, comidas
irregulares, conflictos familiares)
Experimentación con cigarrillos, alcohol y uso de sustancias
Trastornos alimentarios que determinan la omisión de la insulina como medio para
controlar el peso.
Por estas razones, algunos adolescentes presentan episodios recurrentes de
hiperglucemiay, cetoacidosis diabética e hipoglucemia que requieren consultas
con el departamento de emergencias e internaciones.
El tratamiento suele requerir supervisión médica intensiva combinada con
intervenciones psicosociales (p. ej., tutoría o grupos de apoyo), terapia individual o
familiar y psicofármacos cuando se consideren necesarios. La educación del
paciente es importante para que el adolescente pueda disfrutar con seguridad las
libertades de la adultez temprana. En lugar de juzgar las elecciones y las
conductas personales, los médicos deben reforzar continuamente la necesidad de
mantener un control glucémico estricto, en especial con monitorización frecuente
de la glucemia y uso frecuente de dosis bajas de insulinas de acción rápida según
sea necesario.
Hospitalización
La diabetes mellitus puede ser una causa primaria de internación o acompañar a
otras enfermedades que requieren la internación del paciente. Todos los pacientes
con cetoacidosis diabética, síndrome hiperglucémico hiperosmolar o hipoglucemia
prolongada o grave deben ser internados. Los pacientes con hipoglucemia
inducida por sulfonilureas, hiperglucemia controlada en forma inadecuada o con
empeoramiento agudo de las complicaciones de la diabetes pueden beneficiarse
con una hospitalización breve. Niños y adolescentes con diabetes de aparición
reciente también pueden beneficiarse de la hospitalización. El control puede
empeorar después del alta hospitalaria cuando los regímenes de insulina usado en
el ámbito controlado del hospital resultan inadecuados para las condiciones no
controladas fuera del ambiente hospitalario. En pacientes con diagnóstico reciente
de diabetes, las dosis de insulina utilizadas en el ámbito hospitalario a menudo
son demasiado altas y pueden causar hipoglucemia si no se ajustan cuando estos
salen del hospital.
Cuando debe indicarse internación por otras enfermedades, algunos pacientes
pueden continuar con su régimen terapéutico ambulatorio para la diabetes. No
obstante, el control de la glucemia a menudo es difícil y suele no evaluarse de
manera tan exhaustiva cuando otras enfermedades son más agudas. La
restricción de la actividad física y la enfermedad aguda empeoran la hiperglucemia
en algunos pacientes, mientras que las restricciones de la dieta y los síntomas que
acompañan la enfermedad (p. ej., náuseas, vómitos, diarrea, anorexia) precipitan
la aparición de hipoglucemia en otros pacientes, sobre todo cuando no se
modifican las dosis de los hipoglucemiantes. Asimismo, el control adecuado de la
glucemia puede resultar difícil en el paciente hospitalizado porque las rutinas
habituales (p. ej., horario de las comidas, fármacos y procedimientos) tienen
horarios fijos relacionados con los regímenes terapéuticos para la diabetes.
En los pacientes hospitalizados, los hipoglucemiantes orales a menudo deben
suspenderse. La metformina puede causar acidosis láctica en pacientes con
insuficiencia renal y debe interrumpirse si es necesario administrar agentes de
contraste. Por lo tanto, la metformina se suspende en todos los pacientes excepto
en los hospitalizados más estables. Las sulfonilureas pueden causar hipoglucemia
y también deben suspenderse.
La mayoría de los pacientes internados pueden tratarse en forma apropiada con
insulina basal junto con suplementos de insulina de acción corta o sin estos
suplementos. Los inhibidores de la dipeptidil peptidasa-4 son relativamente
seguros, incluso en pacientes con enfermedad renal, y también pueden usarse
para reducir la glucosa posprandial.
La escala móvil de insulina no debe ser la única intervención para corregir la
hiperglucemia; es reactiva más que proactiva y conduce a un control glucémico
deficiente en comparación con la insulina en bolo basal. Se prefiere el ajuste de
las dosis de insulinas de acción prolongada para prevenir la hiperglucemia en
lugar de sólo utilizar insulinas de acción corta para corregirla.
La hiperglucemia en pacientes hospitalizados se asocia con un aumento de la tasa
de infección y de mortalidad. Las enfermedades graves producen resistencia a la
insulina e hiperglucemia, incluso en pacientes sin diabetes mellitus confirmada.
Esta hiperglucemia por el estrés se asocia con malos resultados, incluyendo
aumento de la mortalidad. La infusión de insulina para mantener la glucemia entre
140 y 180 mg/dL (7,8 y 10,0 mmol/L)
Previene resultados adversos como insuficiencia orgánica,
Es posible que mejore la recuperación tras un accidente cerebrovascular
Prolonga la supervivencia en pacientes que requieren un período largo (> 5 días)
de cuidados críticos
Anteriormente, los niveles objetivo de glucosa eran menores; sin embargo, parece
que los objetivos menos estrictos como los descritos anteriormente pueden ser
suficientes para evitar resultados adversos. Los pacientes gravemente enfermos,
en especial los tratados con glucocorticoides o presores y los que reciben nutrición
parenteral total (NPT), pueden necesitar dosis muy altas de insulina (> 5 a 10
unidades/hora) debido a resistencia a la insulina. En pacientes críticos o en
posoperatorios que están en una unidad de cuidados intensivos, pueden usarse
protocolos de infusión de insulina y/o algoritmos computarizados para ajustar el
goteo de insulina de modo de mantener la normoglucemia.
Cirugía
El estrés fisiológico de la cirugía puede aumentar la glucemia en los pacientes con
diabetes mellitus e inducir el desarrollo de cetoacidosis diabética en aquellos con
diabetes mellitus tipo 1. Para procedimientos más cortos, se puede usar insulina
subcutánea. En pacientes con diabetes tipo 1, entre dos tercios y la mitad de la
dosis habitual matutina de insulina de acción intermedia o 70 a 80% de la dosis de
insulina de acción prolongada (glargina o detemir) puede administrarse la noche o
la mañana antes de la cirugía (en el momento habitual de la administración de la
insulina de acción prolongada).
Los pacientes con diabetes tipo 2 tratados con insulina deben recibir el 50% de su
dosis de insulina basal la noche o a la mañana antes de la cirugía. Puede iniciarse
una infusión IV de solución de dextrosa antes de la cirugía a una velocidad de 75-
150 mL/hora y ajustarse para mantener la normoglucemia.
Durante la cirugía, debe medirse la glucemia (y las cetonas si la hiperglucemia
sugiere la necesidad de esta evaluación) al menos cada 2 h. La infusión de
glucosa puede continuar y debe administrarse insulina de acción corta o regular
por vía subcutánea cada 4 a 6 horas según sea necesario para mantener la
glucemia entre 100 y 200 mg/dL (5,5 y 11,1 mmol/L) hasta que sea posible iniciar
la alimentación por vía oral y el régimen de insulina habitual del paciente. Deben
administrarse otras dosis de insulina de acción intermedia o prolongada si es
necesario retrasar bastante (> 24 h) el reinicio del régimen terapéutico habitual.
Este método también puede ser útil para los pacientes con diabetes mellitus tipo 2
tratados con insulina, pero en ellos es posible omitir la medición frecuente de las
cetonas.
Algunos médicos prefieren suspender la insulina subcutánea o inhalatoria el día de
la cirugía y administrar insulina por infusión intravenosa. Para pacientes que se
someten a una cirugía mayor o procedimiento prolongado, se prefiere una infusión
continua de insulina, especialmente dado que los requerimientos de insulina
pueden aumentar con el estrés de la cirugía. La infusión de insulina IV se puede
administrar al mismo tiempo que la solución de dextrosa intravenosa para
mantener la glucosa en sangre. Un abordaje consiste en combinar la glucosa, la
insulina, y el potasio en la misma bolsa (régimen GIK), por ejemplo, combinando
10% de dextrosa con 10 mEq (10 mmol) de potasio, y 15 unidades de insulina en
una bolsa de 500 mL. Las dosis de insulina se ajustan en incrementos de 5
unidades. Este enfoque no se usa en muchas instituciones debido a la frecuente
remezcla y cambio de bolsas necesarias para ajustarse al nivel de glucemia del
paciente. Un enfoque más común en los Estados Unidos es infundir insulina y
dextrosa por separado. La insulina se puede infundir a una velocidad de 1 a 2 U/h
con infusión de dextrosa al 5% de 75 a 150 mL/h. La velocidad de la infusión de
insulina puede tener que reducirse en pacientes con diabetes tipo 1 más sensible
a la insulina y aumentarse en pacientes con diabetes tipo 2 más resistente a la
insulina. También se puede utilizar dextrosa al 10%. Especialmente en la diabetes
tipo 1, es importante continuar la infusión de insulina para evitar el desarrollo de
cetoacidosis diabética. La adsorción de la insulinaen la tubuladura intravenosa
puede provocar una variación en los efectos, lo que puede reducirse al mínimo si
se irriga la tubuladura con una solución de insulina antes de la administración de
este fármaco. La infusión de insulina continúa durante la recuperación, con ajustes
de la dosis de insulina de acuerdo con los valores de glucemia obtenidos en la
sala de recuperación y cada intervalos de 1 a 2 horas a partir de entonces.
La mayoría de los pacientes con diabetes mellitus tipo 2 tratados con
hipoglucemiantes orales mantienen glucemias aceptables mientras permanecen
en ayunas y pueden no requerir insulina durante el período perioperatorio. La
mayoría de los hipoglucemiantes orales, como las sulfonilureas y la metformina,
deben suspenderse el día de la operación y la glucemia debe medirse antes y
después de la cirugía y cada 6 h mientras los pacientes reciben líquido por vía
intravenosa. Los hipoglucemiantes orales pueden reiniciarse cuando el paciente
es capaz de alimentarse, pero la metformina no debe administrarse hasta la
confirmación de que la función renal es normal 48 h después de la cirugía.
Cribado para diabetes
Las pruebas de cribado para la diabetes mellitus deben indicarse en los individuos
con mayor riesgo de desarrollar la enfermedad.
Diabetes tipo 1
Las personas con riesgo elevado de diabetes mellitus tipo 1 (p. ej., hermanos e
hijos de personas con diabetes mellitus tipo 1) pueden ser evaluadas en busca de
anticuerpos contra las células de los islotes o contra la ácido glutámico
descarboxilasa, que se identifican antes del establecimiento de la enfermedad
clínica (1).
Diabetes de tipo 2
Los factores de riesgo para diabetes tipo 2 incluyen
Edad ≥ 35 años
Sobrepeso u obesidad
Estilo de vida sedentario
Antecedentes familiares de diabetes mellitus de tipo 2
Antecedentes de alteración de la regulación de la glucosa (prediabetes)
Diabetes mellitus gestacional o parto de un bebé > 4,1 kg
Hipertensión
Dislipidemia (colesterol HDL (high-density lipoprotein) < 35 mg/dL [0,9 mmol/L] o
nivel de triglicéridos > 250mg/dL [2,8 mmol/L]
Antecedentes de enfermedad cardiovascular
Síndrome del ovario poliquístico
Ascendencia africana, hispana, asiática o india americana
Esteatosis hepática (antes conocida como hígado graso)
Infección por HIV
En las personas ≥ 35 años y en todos los adultos con los factores de riesgo
adicionales ya mencionados deben realizarse pruebas de cribado en busca de
diabetes mellitus, con medición de la glucemia en ayunas, HbA1C o una prueba
de tolerancia oral a la glucosa (PTOG de 2 h tras ingerir 75 g de glucosa al menos
1 vez cada 3 años mientras la glucemia permanece normal y al menos 1 vez al
año si los resultados muestran una alteración de la regulación de la glucemia en
ayunas (véase tabla Criterios de diagnóstico para la diabetes mellitus y la
alteración de la regulación de la glucosa).
Referencia de detección sistemática
1. Sims EK, Besser REJ, Dayan C, et al. Screening for Type 1 Diabetes in the
General Population: A Status Report and Perspective. Diabetes 2022;71(4):610-
623. doi:10.2337/dbi20-0054
Diabetes de tipo 2
Los pacientes con alteraciones de la regulación de la glucosa deben recibir
asesoramiento respecto de su riesgo de desarrollar diabetes mellitus y de los
cambios en el estilo de vida que le permitirán prevenir la enfermedad. Estos
pacientes deben controlarse estrictamente para identificar la aparición de síntomas
de diabetes mellitus o hiperglucemia. No se determinaron los intervalos ideales
para el seguimiento, aunque es probable que un control anual o 2 veces al año
sea apropiado.
La diabetes mellitus tipo 2 suele poder prevenirse con modificaciones en el estilo
de vida. El descenso de tan sólo el 7% del peso corporal basal combinado con
actividad física de intensidad moderada (p. ej., 30 min de caminata por día)
pueden reducir > 50% la incidencia de diabetes mellitus en los individuos con
riesgo elevado (6).
Se han evaluado varios medicamentos para la prevención de la diabetes, como
metformina, acarbosa, liraglutida, tiazolidinedionas, valsartán, testosterona, orlistat
y fentermina/topiramato. La metformina es segura y rentable y la avala la
evidencia más fuerte para la prevención de la diabetes. Puede considerarse si la
dieta y el estilo de vida no son exitosos, especialmente en pacientes con mayor
riesgo de desarrollar diabetes (índice de masa corporal ≥ 35 o antecedentes de
diabetes gestacional) (7, 8).
En pacientes obesos, la farmacoterapia para la pérdida de peso, los dispositivos
médicos y la cirugía para la pérdida de peso pueden utilizarse como
complementos de la dieta y la actividad física (véase pérdida de peso en la
diabetes). Se ha demostrado que la cirugía metabólica (cirugía bariátrica)
disminuye el riesgo de progresión a diabetes (9).
Complicaciones
El riesgo de las complicaciones de la diabetes puede reducirse con un control
estricto de la glucemia, que se define a través del mantenimiento de una
concentración de HbA1C < 7%, y con control de la hipertensión arterial y las
concentraciones de lípidos. En la mayoría de los pacientes con diabetes, la
tensión arterial debe mantenerse < 130/80 mmHg, aunque puede ser necesario
individualizar los objetivos de tensión arterial teniendo en cuenta los efectos
adversos de los medicamentos antihipertensivos. Las medidas específicas para
evitar la progresión de las complicaciones una vez detectadas se describieron en
la sección sobre Complicaciones y Tratamiento.