La pedagogía crítica se inserta en las corrientes pedagógicas y significa un punto de
partida para problematizar y convertir la educación en una herramienta al servicio del
cambio y la transformación de las sociedades latinoamericanas. Las concepciones de la
pedagogía crítica europea influyeron sobre el pensamiento social de la región a partir de
la década del sesenta y dieron lugar a la propuesta de educación popular que desarrolló
Paulo Freire.
La condición de subdesarrollo y de capitalismo dependiente periférico revela la
precariedad de la educación latinoamericana que con mayor fuerza asume los modelos
neoliberales globalizados de la educación capitalista del mundo desarrollado.
Tambien se ha dado un conformismo con las problemáticas educativas urgentes de la
región, por ejemplo resulta imposible pensar en minimizar el analfabetismo ya que los
proyectos educativos se privatizan y quedan aplazados en las agendas de las políticas
estatales para así disminuir el presupuesto destinado a la educación.
Una alternativa que puede ofrecer la pedagogía reside en establecer un eje común que
articule y sistematice el pensamiento actual de la pedagogía crítica latinoamericana. Con
las nuevas fórmulas neoliberales en las políticas educativas se pretende privatizar cada
vez más los ámbitos educacionales públicos en todos sus niveles de enseñanza.
La pedagogía crítica también demanda “analizar los fenómenos educativos desde una
perspectiva social considerándolos fundamentalmente como procesos de reproducción y
de transformación cultural” (Russo, 2002: 135).
Por otro lado, la pedagogía propuesta por Paulo Freire se sitúa como pionera para
América Latina, al heredarnos el camino de la educación popular. Su trabajo propone
repensar la concepción de la realidad social, por medio de la cual se hace posible
reinterpretar la sociedad y la historia a la luz de los nuevos cambios sociales, culturales,
económicos y políticos de la región.
Las principales herencias del pensamiento de Freire a tener en cuenta deben estar
asociadas a su función crítica, como proceso que debe nutrirse del presente en pos de
reconstruir métodos educativos, articulados a la práctica educativa. Por otro lado, las
nuevas políticas demandan un programa educativo integral comprometido con el cambio,
que parta de una educación abierta, responsable, y crítica, donde la pedagogía actual
incentive el aprendizaje creativo, transformador e innovador, que son claves en una
formación integral.
EDUCACIÓN POPULAR DESDE LA PERSPECTIVA FREIREANA:
Los principios básicos que constituyen la propuesta de educación popular son: la
concientización y la pedagogía del oprimido, conformando la posibilidad para construir y
reconstruir la teoría pedagógica en la medida en que se relaciona con la práctica y los
saberes populares. “Es una pedagogía para la transición social, y por tanto define su
actividad educativa como una acción cultural cuyo objetivo central puede resumirse en el
término concientización” (Torres, 2002: 36-37).
Esta concepción de la educación vino a reajustar otros modelos que existían, al asumir la
educación como un proceso sistemático de participación, formación e instrumentación de
prácticas populares, culturales y sociales.
Por otra parte, surge mediante él una propuesta crítica, de denuncia hacia las
problemáticas sociales fundamentales. Ello se da, precisamente, mediante la
concientización de la participación popular, que constituye el principal efecto de alcance y
ruptura de la concepción de educación crítica latinoamericana.
Conciencia de participación popular significa una propuesta educacional de apertura, de
redefinición de los actores sociales y sus funciones, que rompe con las formas
tradicionales de educación, con las estructuras y la institucionalidad establecida, así como
también impone una nueva distribución del poder del pueblo y del acceso público y
participativo a la educación.
La pedagogía liberadora de Freire, toma en cuenta las siguientes variables: La
participación activa de la pareja educador-educando, el diálogo como forma estratégica
para alcanzar el aprendizaje y la necesidad de interpretar lo vivido como primer
compromiso para poder comprender la historia.
En este marco, situar al sujeto oprimido freireano en cuanto movilizador de la
emancipación humana constituye otra de las dimensiones relevantes de su propuesta.
Este sujeto oprimido no sólo debe librarse de la opresión mediante el proceso educativo,
sino promover cambios en las estructuras existentes y en las relaciones de poder. Al decir
de Freire, “ahí radica la gran tarea humanista e histórica de los oprimidos: liberarse a sí
mismos y liberar a los opresores” (Freire, 1994: 2).
El proceso de aprendizaje social: la responsabilidad, percepción, comprensión y
conocimiento de la realidad se convierten en un hecho compartido. No obstante, el hecho
de ser un proceso gradual de aprendizaje mutuo demanda necesariamente la
transformación y el cambio, donde los educandos constituyen actores esenciales.
Desde la herencia freireana, los proyectos de educación popular contextualizados en el
presente deben enfrentar la relación que ha existido entre el Estado y la institucionalidad
educacional, en especial en la esfera pública, que no ha apostado por mayor coherencia e
integración de sus políticas educacionales. En este caso, el papel del Estado en la
educación ha sido desplazado por otras instituciones como las ONG, que tienden a
suplantar las funciones estatales en materia de políticas educacionales.
CULTURA E IDENTIDAD DESDE LA PRAXIS PEDAGÓGICA FREIREANA
La educación popular aboga por la confluencia entre lo simbólico, la vivencia, la
experiencia, los aprendizajes de la cotidianidad, de las potencialidades de cada sujeto
participante desde los diferentes compromisos que asume en la sociedad. Una
concepción de la educación que acepta y legitima la diferencia, la transformación del ser
humano, su papel en la construcción y en la crítica permanente de la realidad social y
cultural más inmediata en la que se inscribe.
La educación popular debe ser entendida como un proceso sistemático de participación y
formación mediante la instrumentación de prácticas populares y culturales tanto en los
ámbitos públicos como privados.
En este camino, las herramientas conceptuales y metodológicas de Freire aportan una
alternativa hacia la comprensión de la formación de la/s identidad/es de diversos grupos
sociales, los ámbitos con los que necesariamente se relacionan y conforman. Estos
espacios sociales los constituyen, entre otros: el espacio geográfico y de territorio, la
historicidad del sujeto, su subjetividad, la memoria histórica, individual, la conformación de
la personalidad y su socialización en los diferentes espacios sociales, la formación e
identificación cultural, nacional. Todos ellos deben ser considerados necesariamente en
una propuesta educativa que articule cultura e identidad de los sujetos involucrados
mediante aprendizajes educativos y desde la experiencia que las interrelaciones sociales
establecen.
Asi vemos como en la concepción de Freire se incorpora al sujeto desde lo individual e
inmediato, hasta lo social y el entorno, en función de un aprendizaje apropiado desde la
vivencia de los sujetos participantes en los procesos educacionales, convirtiéndo así al
sujeto en protagonista de su educación. El proceso complejo y dinámico de formación
identitaria y cultural depende de la posibilidad de ese sujeto de pertenecer y de ser, en la
medida en que se relaciona con los otros creando nuevos sentidos de pertenencia y de
referencia.
Al mismo tiempo, el proceso de diferenciación en la interrelación con los otros se vuelve
un requisito indispensable de conformación identitaria grupal. Los sentidos de pertenencia
y de referencia que tengan los individuos y grupos sociales en sus distintas interacciones
resultan fundamentales en la configuración de la identidad y, por tanto, en el proceso de
aprendizaje cultural y social compartido .
La educación popular no puede pretender homogeneizar el conocimiento, sino apropiarse
de esa diversidad identitaria y cultural en función de un aprendizaje desarrollador y
problematizador, que dé cuenta también de las diversidades sociales de los que participan
en el proceso educativo: educador y estudiantes. Por tanto, en el proceso educativo y
desde la propuesta freireana, no se deben absolutizar ni simplificar identidades, sino que
es necesario que estas puedan coexistir con otras formaciones identitarias: colectivos
étnicos, territoriales, generacionales, institucionales, culturales, etc., pero que tienden a
interrelacionarse entre ellas, a la vez que son influenciadas por un referente sociocultural
común en el que se han inscripto y se inscriben continuamente.
La complejidad del fenómeno y la necesaria diversidad de variantes conceptuales que
requiere su análisis obliga a un acercamiento metodológico al tema de naturaleza
interdisciplinaria donde se combinen, al menos como núcleos esenciales, la perspectiva
histórica con la indagación antropológica, sociopsicológica y específicamente sociológica,
y sus vínculos con las relaciones económicas que le sirven de base, de manera que se
entienda el proceso de formación y consolidación de la identidad; sus modificaciones en el
tiempo, los elementos esenciales de su continuidad, sus expresiones a nivel macro
(política, educación, cultura) y microsocial (vida cotidiana), y los nexos entre ellas, las
peculiaridades de la multiplicidad de identidades que coexisten aún en los marcos de una
identidad sólidamente conformada; los elementos racionales e irracionales o intuitivos que
convergen; y, todo ello, en estrecha interconexión con la evolución socioeconómica y
política del territorio ubicado en un contexto de relaciones sociales (Domínguez, 2005: 4).
La obra freireana, precisamente, retoma en el proceso educativo una práctica pedagógica
ligada a la vivencia y la experiencia conformadora de aprendizajes identitarios mutuos del
educador/educando. Cuanto más articulada esté la práctica pedagógica con la
experiencia y la vivencia de los ámbitos en los que los sujetos se forman –es decir,
familia, barrio, comunidad, instituciones, espacios y grupos humanos formales e
informales, etc.–, mayores posibilidades encontrará el reconocimiento de la identidad
popular y cultural de cada individuo, grupo social o comunidad.
Estas nuevas construcciones simbólicas de la realidad inciden en la formación,
integración, anulación o sustitución de identidades. Cada vez más, son múltiples y
diversos los patrones culturales de consumo que refuerzan estilos y prácticas culturales
que vienen a definir, redimensionar y conformar identidades a la luz de los nuevos
acontecimientos sociales tecnológicos y culturales que tienen lugar en la
contemporaneidad; estos impactan “en los nuevos modos de percibir el espacio y el
tiempo, la velocidad y la lentitud, lo lejano y lo cercano” (Martín-Barbero, 2000: 13) y en
las nuevas maneras de acceder al conocimiento en otros espacios no tradicionales, como
las instituciones educativas y la escuela.
La concepción de educación popular que aporta la propuesta freireana constituye un
marco de referencia para potenciar el proceso de conformación identitaria de los
educandos, mediante mejores y nuevos aprendizajes populares, culturales y sociales.
EDUCACIÓN POPULAR: ACERCAMIENTO DESDE EL CONTEXTO EDUCATIVO
CUBANO
El proceso revolucionario durante las últimas, casi ya, cinco décadas sostiene un proyecto
de justicia social, en el que la articulación entre educación y cultura constituye un eje
medular. Las políticas sociales más diversas van encaminadas a potenciar una cultura
emancipadora y política de todo el pueblo.
El progreso cubano hacia una educación crítica en todos los ámbitos de la enseñanza
muestra indicadores similares a los de los países del primer mundo desarrollado, e incluso
supera a muchos de ellos. Tales éxitos parten del hecho de que la educación cubana “ha
reforzado su significación como elemento clave en la jerarquía de valores socioculturales,
fuente de satisfacción y realización personal, mecanismo de organización de la identidad
psicosocial, orientadora del sentido de la vida y del tiempo existencial” (Domínguez, 2003:
11).
La correspondencia entre todas las políticas educacionales orientadas a conectar todos
los niveles de la enseñanza, desde la primaria hasta la universitaria y la de posgrado,
asegura una concepción pedagógica del aprendizaje como proceso formativo
participativo, gradual y sistemático
Las alternativas posibles para la construcción de un paradigma de una cultura
emancipadora como la cubana cuentan con un proyecto de cultura para todo el pueblo, en
un proceso en el que este ha participado activamente, como actor y generador de su
propia cultura
El modelo de educación integral cubana retoma la sabiduría popular y las tradiciones
culturales que le dan sentido y expresión a la identidad nacional, territorial, local, popular;
aseguran que la educación popular y cultural deben integrarse en estrecha relación,
vínculo y conformación de sentido identitario para los educandos.
Promover una cultura también crítica y reflexiva que refleje no sólo el hecho meramente
cultural y estético, sino que actúe como ideología de todo un pueblo y al servicio de
nuestro proyecto de justicia social, sin duda será una alternativa para que perduren los
logros alcanzados y se conviertan en motivos que sigan generando una cultura popular
emancipadora
Siempre quedarán espacios para profundizar pero el camino de Freire se abre como
posible en nuestro contexto latinoamericano y, por qué no, cubano. Una praxis que
potencie la articulación de la educación y la cultura al servicio de la formación y
consolidación identitaria de los diversos grupos humanos y asegure con ello la constante
transformación crítica de sus realidades educativas, culturales y sociales.
Noe:
Ámbito educativo como espacio de socialización que a pesar de que las sociedades, las
formas y necesidades cambian, el sistema educativo mantiene modelos de antaño.
El respeto a la diversidad, potenciación de autonomía, pensamiento crítico y divergente,
responsabilidad y compromiso social y la adecuación de la enseñanza están ausentes
aún en las aulas contemporáneas.
Es complejo querer transformar la sociedad y la participación juvenil sin reestructurar el
sistema educativo desde una Concepción más humanista y liberadora manteniendo la
importancia de aprendizajes que garanticen la inserción laboral, capacidad crítica y
formación de valores y de si mismo para desarrollar una conciencia colectiva
emancipatoria
Brasil, década del 60, Paulo Freire desarrolla una propuesta para conseguir participación
juvenil. Transformación sociopolítica donde sus miembros tengan espacio y voz.
La pedagogía popular surge del análisis político y social de las condiciones de vida de los
pobres y sus problemas más visibles e intenta generar conciencia individual y colectiva de
estás condiciones.
Propone que deje de ser un proceso u unidireccional y jerárquico para ser un proceso
donde ambas partes se retroalimenten y construyan el conocimiento.
Imaginar que se socializan en instituciones que como bases enseñan el reconocimiento
de sus necesidades, el pensamiento crítico para entender los porqués de la realidad y que
la autoridad jerárquica pasen a ser actores que construyen con su entorno.
La participación social depende del entorno pero también es algo que se aprende, a
participar activa, comprometida y conscientemente ya que estás cosas conforman el
andamiaje de la educación popular y ayudan a desarrollar la necesidad individual de
participar.
Según el propio Freire el pensamiento del oprimido se encuentra condicionado por su
situación y la idea que tienen de ser "hombres" es ser opresor.
Freire también dice que el hombre tiene vocación de "ser más" y al encontrarse en la rol
de oprimido no puede expresar o desplegar su potencial.
Desde el punto de vista pedagógico, habría que poder identificar que impide a los jóvenes
ser más para que logren esa participación social.
Las sociedades son adultocentricas lo que de por si limita. La educación popular al
considerar el aprendizaje-enseñanza como algo que implica participación activa de ambos
lados, permitiría romper con la jerarquía y lograr integrar a las nuevas generaciones. Se
cuestiona si siempre habrá una relación de antagonismo entre opresor - oprimido o puede
haber otros vínculos coexistiendo en relación al contexto y momento que se den. En este
punto de vista se toma el antagonismo como un conflicto con lo diferente y no como algo
importante, inevitable y enriquecedor. Está visión limita la participación de aquellos
considerados diferentes ya que su participación también sería diferente. Es por esto que
Freire plantea que las necesidades de los estudiantes sirven de propuesta a la forma de
encaminar el proceso de aprendizaje y permite el compromiso de los mismos, siendo esta
una forma de comenzar la transformación social, entendiendo la historia personal, el
porqué son las cosas de cierta forma y así reforzar la identidad.
A través de este entendimiento se logra la comprensión y respeto a los individuos y unir la
diversidad de sujetos, aplicando una mirada integral que no sea adultocentrista sino con la
mirada de ellos sobre sus necesidades.
Entonces podría decirse que la pedagogía popular parte del principio de respetar al otro y
la diversidad es una fortaleza. Freire dice que las condiciones correctas entre los
estudiantes y los docentes ayudan a la experiencia de asumirse como seres pensantes,
sociales e históricos y que está capacidad se extiende de ser sujetos a objetos, como
figuras de cambio. Somos en relación a los otros. Lo local como ámbito de conformación y
transformación.
Conclusión: el desarrollo del pensamiento social crítico ayuda a comprenderse y
comprender la constitucción del sujeto. La pedagogía popular ayuda a entender los
problemas y encontrar formas de solucionarlos o al menos enfrentarlos, construir alianzas
estatales y civiles como dice Gadotti, para mejorar las instituciones.
https://www.youtube.com/watch?v=pdGxA7vsK58
https://www.youtube.com/watch?v=H4I98wVj8rI
La pedagogía crítica se inserta en las corrientes pedagógicas y significa un punto de
partida para problematizar y convertir la educación en una herramienta al servicio del
cambio y la transformación de las sociedades latinoamericanas. Las concepciones de la
pedagogía crítica europea influyeron sobre el pensamiento social de la región a partir de
la década del sesenta y dieron lugar a la propuesta de educación popular que desarrolló
Paulo Freire.
La condición de subdesarrollo y de capitalismo dependiente periférico revela la
precariedad de la educación latinoamericana que con mayor fuerza asume los modelos
neoliberales globalizados de la educación capitalista del mundo desarrollado.
Tambien se ha dado un conformismo con las problemáticas educativas urgentes de la
región, por ejemplo resulta imposible pensar en minimizar el analfabetismo ya que los
proyectos educativos se privatizan y quedan aplazados en las agendas de las políticas
estatales para así disminuir el presupuesto destinado a la educación.
Una alternativa que puede ofrecer la pedagogía reside en establecer un eje común que
articule y sistematice el pensamiento actual de la pedagogía crítica latinoamericana. Con
las nuevas fórmulas neoliberales en las políticas educativas se pretende privatizar cada
vez más los ámbitos educacionales públicos en todos sus niveles de enseñanza.
La pedagogía crítica también demanda “analizar los fenómenos educativos desde una
perspectiva social considerándolos fundamentalmente como procesos de reproducción y
de transformación cultural” (Russo, 2002: 135).
Por otro lado, la pedagogía propuesta por Paulo Freire se sitúa como pionera para
América Latina, al heredarnos el camino de la educación popular. Su trabajo propone
repensar la concepción de la realidad social, por medio de la cual se hace posible
reinterpretar la sociedad y la historia a la luz de los nuevos cambios sociales, culturales,
económicos y políticos de la región.
Las principales herencias del pensamiento de Freire a tener en cuenta deben estar
asociadas a su función crítica, como proceso que debe nutrirse del presente en pos de
reconstruir métodos educativos, articulados a la práctica educativa. Por otro lado, las
nuevas políticas demandan un programa educativo integral comprometido con el cambio,
que parta de una educación abierta, responsable, y crítica, donde la pedagogía actual
incentive el aprendizaje creativo, transformador e innovador, que son claves en una
formación integral.
EDUCACIÓN POPULAR DESDE LA PERSPECTIVA FREIREANA:
Los principios básicos que constituyen la propuesta de educación popular son: la
concientización y la pedagogía del oprimido, conformando la posibilidad para construir y
reconstruir la teoría pedagógica en la medida en que se relaciona con la práctica y los
saberes populares. “Es una pedagogía para la transición social, y por tanto define su
actividad educativa como una acción cultural cuyo objetivo central puede resumirse en el
término concientización” (Torres, 2002: 36-37).
Esta concepción de la educación vino a reajustar otros modelos que existían, al asumir la
educación como un proceso sistemático de participación, formación e instrumentación de
prácticas populares, culturales y sociales.
Por otra parte, surge mediante él una propuesta crítica, de denuncia hacia las
problemáticas sociales fundamentales. Ello se da, precisamente, mediante la
concientización de la participación popular, que constituye el principal efecto de alcance y
ruptura de la concepción de educación crítica latinoamericana.
Conciencia de participación popular significa una propuesta educacional de apertura, de
redefinición de los actores sociales y sus funciones, que rompe con las formas
tradicionales de educación, con las estructuras y la institucionalidad establecida, así como
también impone una nueva distribución del poder del pueblo y del acceso público y
participativo a la educación.
La pedagogía liberadora de Freire, toma en cuenta las siguientes variables: La
participación activa de la pareja educador-educando, el diálogo como forma estratégica
para alcanzar el aprendizaje y la necesidad de interpretar lo vivido como primer
compromiso para poder comprender la historia.
En este marco, situar al sujeto oprimido freireano en cuanto movilizador de la
emancipación humana constituye otra de las dimensiones relevantes de su propuesta.
Este sujeto oprimido no sólo debe librarse de la opresión mediante el proceso educativo,
sino promover cambios en las estructuras existentes y en las relaciones de poder. Al decir
de Freire, “ahí radica la gran tarea humanista e histórica de los oprimidos: liberarse a sí
mismos y liberar a los opresores” (Freire, 1994: 2).
El proceso de aprendizaje social: la responsabilidad, percepción, comprensión y
conocimiento de la realidad se convierten en un hecho compartido. No obstante, el hecho
de ser un proceso gradual de aprendizaje mutuo demanda necesariamente la
transformación y el cambio, donde los educandos constituyen actores esenciales.
Desde la herencia freireana, los proyectos de educación popular contextualizados en el
presente deben enfrentar la relación que ha existido entre el Estado y la institucionalidad
educacional, en especial en la esfera pública, que no ha apostado por mayor coherencia e
integración de sus políticas educacionales. En este caso, el papel del Estado en la
educación ha sido desplazado por otras instituciones como las ONG, que tienden a
suplantar las funciones estatales en materia de políticas educacionales.
CULTURA E IDENTIDAD DESDE LA PRAXIS PEDAGÓGICA FREIREANA
La educación popular aboga por la confluencia entre lo simbólico, la vivencia, la
experiencia, los aprendizajes de la cotidianidad, de las potencialidades de cada sujeto
participante desde los diferentes compromisos que asume en la sociedad. Una
concepción de la educación que acepta y legitima la diferencia, la transformación del ser
humano, su papel en la construcción y en la crítica permanente de la realidad social y
cultural más inmediata en la que se inscribe.
La educación popular debe ser entendida como un proceso sistemático de participación y
formación mediante la instrumentación de prácticas populares y culturales tanto en los
ámbitos públicos como privados.
En este camino, las herramientas conceptuales y metodológicas de Freire aportan una
alternativa hacia la comprensión de la formación de la/s identidad/es de diversos grupos
sociales, los ámbitos con los que necesariamente se relacionan y conforman. Estos
espacios sociales los constituyen, entre otros: el espacio geográfico y de territorio, la
historicidad del sujeto, su subjetividad, la memoria histórica, individual, la conformación de
la personalidad y su socialización en los diferentes espacios sociales, la formación e
identificación cultural, nacional. Todos ellos deben ser considerados necesariamente en
una propuesta educativa que articule cultura e identidad de los sujetos involucrados
mediante aprendizajes educativos y desde la experiencia que las interrelaciones sociales
establecen.
Asi vemos como en la concepción de Freire se incorpora al sujeto desde lo individual e
inmediato, hasta lo social y el entorno, en función de un aprendizaje apropiado desde la
vivencia de los sujetos participantes en los procesos educacionales, convirtiéndo así al
sujeto en protagonista de su educación. El proceso complejo y dinámico de formación
identitaria y cultural depende de la posibilidad de ese sujeto de pertenecer y de ser, en la
medida en que se relaciona con los otros creando nuevos sentidos de pertenencia y de
referencia.
Al mismo tiempo, el proceso de diferenciación en la interrelación con los otros se vuelve
un requisito indispensable de conformación identitaria grupal. Los sentidos de pertenencia
y de referencia que tengan los individuos y grupos sociales en sus distintas interacciones
resultan fundamentales en la configuración de la identidad y, por tanto, en el proceso de
aprendizaje cultural y social compartido .
La educación popular no puede pretender homogeneizar el conocimiento, sino apropiarse
de esa diversidad identitaria y cultural en función de un aprendizaje desarrollador y
problematizador, que dé cuenta también de las diversidades sociales de los que participan
en el proceso educativo: educador y estudiantes. Por tanto, en el proceso educativo y
desde la propuesta freireana, no se deben absolutizar ni simplificar identidades, sino que
es necesario que estas puedan coexistir con otras formaciones identitarias: colectivos
étnicos, territoriales, generacionales, institucionales, culturales, etc., pero que tienden a
interrelacionarse entre ellas, a la vez que son influenciadas por un referente sociocultural
común en el que se han inscripto y se inscriben continuamente.
La complejidad del fenómeno y la necesaria diversidad de variantes conceptuales que
requiere su análisis obliga a un acercamiento metodológico al tema de naturaleza
interdisciplinaria donde se combinen, al menos como núcleos esenciales, la perspectiva
histórica con la indagación antropológica, sociopsicológica y específicamente sociológica,
y sus vínculos con las relaciones económicas que le sirven de base, de manera que se
entienda el proceso de formación y consolidación de la identidad; sus modificaciones en el
tiempo, los elementos esenciales de su continuidad, sus expresiones a nivel macro
(política, educación, cultura) y microsocial (vida cotidiana), y los nexos entre ellas, las
peculiaridades de la multiplicidad de identidades que coexisten aún en los marcos de una
identidad sólidamente conformada; los elementos racionales e irracionales o intuitivos que
convergen; y, todo ello, en estrecha interconexión con la evolución socioeconómica y
política del territorio ubicado en un contexto de relaciones sociales (Domínguez, 2005: 4).
La obra freireana, precisamente, retoma en el proceso educativo una práctica pedagógica
ligada a la vivencia y la experiencia conformadora de aprendizajes identitarios mutuos del
educador/educando. Cuanto más articulada esté la práctica pedagógica con la
experiencia y la vivencia de los ámbitos en los que los sujetos se forman –es decir,
familia, barrio, comunidad, instituciones, espacios y grupos humanos formales e
informales, etc.–, mayores posibilidades encontrará el reconocimiento de la identidad
popular y cultural de cada individuo, grupo social o comunidad.
Estas nuevas construcciones simbólicas de la realidad inciden en la formación,
integración, anulación o sustitución de identidades. Cada vez más, son múltiples y
diversos los patrones culturales de consumo que refuerzan estilos y prácticas culturales
que vienen a definir, redimensionar y conformar identidades a la luz de los nuevos
acontecimientos sociales tecnológicos y culturales que tienen lugar en la
contemporaneidad; estos impactan “en los nuevos modos de percibir el espacio y el
tiempo, la velocidad y la lentitud, lo lejano y lo cercano” (Martín-Barbero, 2000: 13) y en
las nuevas maneras de acceder al conocimiento en otros espacios no tradicionales, como
las instituciones educativas y la escuela.
La concepción de educación popular que aporta la propuesta freireana constituye un
marco de referencia para potenciar el proceso de conformación identitaria de los
educandos, mediante mejores y nuevos aprendizajes populares, culturales y sociales.
EDUCACIÓN POPULAR: ACERCAMIENTO DESDE EL CONTEXTO EDUCATIVO
CUBANO
El proceso revolucionario durante las últimas, casi ya, cinco décadas sostiene un proyecto
de justicia social, en el que la articulación entre educación y cultura constituye un eje
medular. Las políticas sociales más diversas van encaminadas a potenciar una cultura
emancipadora y política de todo el pueblo.
El progreso cubano hacia una educación crítica en todos los ámbitos de la enseñanza
muestra indicadores similares a los de los países del primer mundo desarrollado, e incluso
supera a muchos de ellos. Tales éxitos parten del hecho de que la educación cubana “ha
reforzado su significación como elemento clave en la jerarquía de valores socioculturales,
fuente de satisfacción y realización personal, mecanismo de organización de la identidad
psicosocial, orientadora del sentido de la vida y del tiempo existencial” (Domínguez, 2003:
11).
La correspondencia entre todas las políticas educacionales orientadas a conectar todos
los niveles de la enseñanza, desde la primaria hasta la universitaria y la de posgrado,
asegura una concepción pedagógica del aprendizaje como proceso formativo
participativo, gradual y sistemático
Las alternativas posibles para la construcción de un paradigma de una cultura
emancipadora como la cubana cuentan con un proyecto de cultura para todo el pueblo, en
un proceso en el que este ha participado activamente, como actor y generador de su
propia cultura
El modelo de educación integral cubana retoma la sabiduría popular y las tradiciones
culturales que le dan sentido y expresión a la identidad nacional, territorial, local, popular;
aseguran que la educación popular y cultural deben integrarse en estrecha relación,
vínculo y conformación de sentido identitario para los educandos.
Promover una cultura también crítica y reflexiva que refleje no sólo el hecho meramente
cultural y estético, sino que actúe como ideología de todo un pueblo y al servicio de
nuestro proyecto de justicia social, sin duda será una alternativa para que perduren los
logros alcanzados y se conviertan en motivos que sigan generando una cultura popular
emancipadora
Siempre quedarán espacios para profundizar pero el camino de Freire se abre como
posible en nuestro contexto latinoamericano y, por qué no, cubano. Una praxis que
potencie la articulación de la educación y la cultura al servicio de la formación y
consolidación identitaria de los diversos grupos humanos y asegure con ello la constante
transformación crítica de sus realidades educativas, culturales y sociales.
Noe:
Ámbito educativo como espacio de socialización que a pesar de que las sociedades, las
formas y necesidades cambian, el sistema educativo mantiene modelos de antaño.
El respeto a la diversidad, potenciación de autonomía, pensamiento crítico y divergente,
responsabilidad y compromiso social y la adecuación de la enseñanza están ausentes
aún en las aulas contemporáneas.
Es complejo querer transformar la sociedad y la participación juvenil sin reestructurar el
sistema educativo desde una Concepción más humanista y liberadora manteniendo la
importancia de aprendizajes que garanticen la inserción laboral, capacidad crítica y
formación de valores y de si mismo para desarrollar una conciencia colectiva
emancipatoria
Brasil, década del 60, Paulo Freire desarrolla una propuesta para conseguir participación
juvenil. Transformación sociopolítica donde sus miembros tengan espacio y voz.
La pedagogía popular surge del análisis político y social de las condiciones de vida de los
pobres y sus problemas más visibles e intenta generar conciencia individual y colectiva de
estás condiciones.
Propone que deje de ser un proceso u unidireccional y jerárquico para ser un proceso
donde ambas partes se retroalimenten y construyan el conocimiento.
Imaginar que se socializan en instituciones que como bases enseñan el reconocimiento
de sus necesidades, el pensamiento crítico para entender los porqués de la realidad y que
la autoridad jerárquica pasen a ser actores que construyen con su entorno.
La participación social depende del entorno pero también es algo que se aprende, a
participar activa, comprometida y conscientemente ya que estás cosas conforman el
andamiaje de la educación popular y ayudan a desarrollar la necesidad individual de
participar.
Según el propio Freire el pensamiento del oprimido se encuentra condicionado por su
situación y la idea que tienen de ser "hombres" es ser opresor.
Freire también dice que el hombre tiene vocación de "ser más" y al encontrarse en la rol
de oprimido no puede expresar o desplegar su potencial.
Desde el punto de vista pedagógico, habría que poder identificar que impide a los jóvenes
ser más para que logren esa participación social.
Las sociedades son adultocentricas lo que de por si limita. La educación popular al
considerar el aprendizaje-enseñanza como algo que implica participación activa de ambos
lados, permitiría romper con la jerarquía y lograr integrar a las nuevas generaciones. Se
cuestiona si siempre habrá una relación de antagonismo entre opresor - oprimido o puede
haber otros vínculos coexistiendo en relación al contexto y momento que se den. En este
punto de vista se toma el antagonismo como un conflicto con lo diferente y no como algo
importante, inevitable y enriquecedor. Está visión limita la participación de aquellos
considerados diferentes ya que su participación también sería diferente. Es por esto que
Freire plantea que las necesidades de los estudiantes sirven de propuesta a la forma de
encaminar el proceso de aprendizaje y permite el compromiso de los mismos, siendo esta
una forma de comenzar la transformación social, entendiendo la historia personal, el
porqué son las cosas de cierta forma y así reforzar la identidad.
A través de este entendimiento se logra la comprensión y respeto a los individuos y unir la
diversidad de sujetos, aplicando una mirada integral que no sea adultocentrista sino con la
mirada de ellos sobre sus necesidades.
Entonces podría decirse que la pedagogía popular parte del principio de respetar al otro y
la diversidad es una fortaleza. Freire dice que las condiciones correctas entre los
estudiantes y los docentes ayudan a la experiencia de asumirse como seres pensantes,
sociales e históricos y que está capacidad se extiende de ser sujetos a objetos, como
figuras de cambio. Somos en relación a los otros. Lo local como ámbito de conformación y
transformación.
Conclusión: el desarrollo del pensamiento social crítico ayuda a comprenderse y
comprender la constitucción del sujeto. La pedagogía popular ayuda a entender los
problemas y encontrar formas de solucionarlos o al menos enfrentarlos, construir alianzas
estatales y civiles como dice Gadotti, para mejorar las instituciones.
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https://www.youtube.com/watch?v=H4I98wVj8rI