Educere
ISSN: 1316-4910
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Universidad de los Andes
Venezuela
Sinardet, Emmanuelle
Sobre aplazamientos, pancartas y protestas en la Facultad de Medicina - ULA
Educere, vol. 2, núm. 8, febrero, 2000, p. 0
Universidad de los Andes
Mérida, Venezuela
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SOBRE APLAZAMIENTOS, PANCARTAS Y PROTESTAS
EN LA FACULTAD DE MEDICINA - ULA
h
ace pocos días, la ciudad de Mérida fue sorprendida por una curiosa guerra interna en la universidad, mejor
dicho, una de las tantas escaramuzas que los habitantes de la casa de Lora protagonizan frecuentemente. Esta
vez se trató de un combate singular pues, los contendientes, en vez de esgrimir los tradicionales y humeantes
cauchos, las consabidas consignas, las repetidas marchas, optaron por la Guerra de las Pancartas y las
Exhibiciones Desnudas.
El clarín que anunciaba la batalla sonó con tal intensidad, que tocó las fibras más íntimas de ese grupo
EDUCERE, EL AULA, VIVENCIAS Y REFLEXIONES, AÑO 2, Nº 8, FEBRERO, 2000
humano que nunca se involucra directamente en las manifestaciones estudiantiles, pero que cuando es necesario,
sobre todo en tiempos electorales, no duda en recurrir al halago, a la compra o al tráfico directo con las
necesidades de los jóvenes. Entonces, los Profesores de una Cátedra no dudaron en salir también a la palestra
con su respectiva pancarta, aunque no se atrevieron al desnudo, quizás por pudor, tal vez por inhibición, o
muy probablemente, por la conciencia que los hombres tenemos respecto a los estragos que el tiempo hace en
los cuerpos humanos. Mientras los estudiantes clavaban el pendón de su protesta en la entrada de la Facultad
de Medicina con la evidente interjección de “Hasta cuando Fisiología” profesores retrucaron con otra no
menos contundente: “Hasta que aprendan lo suficiente para no asesinar pacientes inocentes” Por vulgar azar,
el singular despliegue de lienzos escritos se cerraba con un tercer comunicado, aunque mucho más pequeño
en tamaño y de duración permanente: prohibido estacionar. Entrada y salida de vehículos
Si leemos de corrido los tres mensajes, que por simple capricho conformas una composición, descubrimos
la paranoia que nos ha hecho presa. Mientras unos reclaman por los magros resultados obtenidos en una
asignatura bajo el presupuesto que la institución universitaria debe promover a todos los que llegan a sus
aulas, o que todos los estudiantes por el sólo hecho de recibir ese nombre, efectivamente, cumplen con la
dedicación y la entrega que el estudio demanda, o bien, que la promoción escolar se logra mediante la protesta
social, los otros, es decir, los profesores, asumen que la
Fisiología es el núcleo, la médula y la sustancia de la ciencia
de la salud, motivo por el cual proclaman públicamente que
la Medicina se reduce a la Fisiología y que es la única
garantía para que los “pacientes inocentes” no sean
asesinados. Entonces, no dudan en convertirse en el rasero,
en el tamiz y cartabón con el cual deben medirse todos los
aspirantes al titulo de médico. Y convertidos en dioses,
justicieros e iracundos, clavan con fiereza la daga de los
exámenes, que por sí y ante sí, convirtieron en la guillotina
que decapita a los que, según su real entender, deben ser
inmolados para saciar la sed y el apetito de sabiduría
fisiológica que evitará que en el futuro mueran los inocentes
que acuden en busca de auxilio sanitario. La mayor gloria
de la medicina se alcanzará y sólo la Fisiología es del total y definitivo dominio de los estudiantes.
Quizás, para contribuir a este diálogo sin comunicación, proponemos una cuarta pancarta: Viva la
locura, pues sólo ella nos salvará
40 JESÚS ESPINOZA