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Estado de Derecho y Democracia en México

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El Estado de derecho garantiza un conjunto de derechos políticos y libertades civiles que permiten el

mejoramiento de la calidad en la democracia.

bajo esta forma de gobierno, se padecen condiciones graves de inseguridad por la comisión de delitos
de bajo y alto impacto en la sociedad, las libertades civiles.

Las opciones para que esto mejore son limitadas por el grado de impunidad e ineficacia institucional.

Las prioridades del sistema político mexicano después de su proceso revolucionario se concentraron
de manera sesgada en los mecanismos de acceso y distribución del [Link] origen autoritario del
presidencialismo en México

La ausencia del Estado de derecho constituye democracias defectuosas, frente a la posibilidad de


construir un sistema para garantizar libertades, se optó por imponer la efectividad del poder político
con mecanismos rígidos de control que limitan la participación ciudadana

México no encaja en los parámetros de calidad establecidos con el resto de las dimensiones
democráticas. Una democracia de calidad en México sólo será posible con la construcción de un
Estado democrático de derecho.

Los modelos teóricos que vinculan al Estado con la igualdad y la libertad tienen tres campos de
investigación:
la teoría filosófica y el pensamiento iusnaturalista;

la teoría político-institucional a partir de la organización y estructura de los actuales sistemas


políticos,

la teoría jurídico-social con la configuración jurídica de los marcos normativos en las democracias del
siglo xxi.

los principios de igualdad y libertad fueron esenciales para establecer los primeros Estados nación, los
sistemas políticos colocó a la democracia como la mejor forma de gobierno para protegerlos con
procedimientos y estructuras institucionales.

El Estado de Derecho:
Consiste en que toda ley debe haber sido redactada y promulgada públicamente por autoridad
competente antes de que se susciten los hechos que pretende regular, y que dicha ley se aplica
equitativamente por las instituciones relevantes, incluyendo, pero no sólo, al Poder Judicial
(O’Donnell, 2004, 2).

En ausencia de un Estado de derecho íntegro, apoyado por un poder judicial independiente, la libertad
e igualdad como valores de la ciudadanía no se garantizan, en México no se cumple con el Estado de
derecho, el Estado de derecho se relaciona con la democracia.

El cual debe vincularse de manera empírica con la protección de un conjunto de derechos políticos y
civiles, y establecer mecanismos de control al abuso potencial del poder del Estado a partir de tres
principios (O’Donnell, 2004):

a) El establecimiento de reglas legales válidas, en las que se consideran sanciones y procedimientos


previa y cuidadosamente asentados, reguladas por normas constitucionales.

b) Los derechos y las obligaciones especificadas son universales. Esto implica que cada individuo es
considerado una persona legal, sin importar su posición social, con el único requerimiento de haber
alcanzado la mayoría de edad. Igualdad antes que ley es la expectativa implícita en este tipo de
Estado.

c) Los derechos y las obligaciones inherentes a la ciudadanía política tienen un subconjunto de


derechos civiles del que las personas no se pueden deshacer.

En este sentido, una definición amplia sobre el Estado de derecho y en un contexto de democracia
como forma de gobierno, no sólo debe relacionarse genéricamente con el cumplimiento de la ley y el
correcto funcionamiento de los tribunales, sino principalmente

Como el fundamento de la autoridad legalmente ejercida por un Estado y un gobierno que coexisten
con un régimen democrático.

Esto significa que existe un sistema legal que es en sí mismo democrático en un triple sentido:

1) Sanciona y garantiza los derechos participativos, las libertades políticas y las garantías del régimen
democrático;

2) Sanciona y garantiza los derechos civiles de toda la población,


3) Establece redes de accountability 1 que someten a control de legalidad los actos de todos los
agentes públicos y privados, incluyendo a los funcionarios gubernamentales de mayor jerarquía
(O’Donnell, s.f., 7-8).

El cumplimiento de esas tres condiciones constituye para O’Donnell (s.f., 18) una definición
desarrollada de Estado de derecho, que se vincula al concepto de calidad a partir de seis indicadores:

1) Homogeneidad del sistema legal.

2) Control efectivo y legalmente sustentado sobre la totalidad del territorio.

3) Independencia del poder judicial.

4) Grado en el que las dependencias estatales tratan con equidad, consideración y respeto a la
ciudadanía.

5) Cumplimiento de derechos civiles.

6) Cumplimiento de derechos humanos.

El Estado como forma de organización social tuvo un origen distinto al de la democracia como forma
de gobierno involucra cualidades esenciales de los seres humanos, como los principios de igualdad y
libertad que se pueden proteger con mayor o menor énfasis, pero con alcances y limitaciones
diferentes.

La democratización de los primeros Estados ha sido estudiada


por Samuel P. Huntington (1994) con el modelo de olas

Según el autor, la primera ola de democratización tuvo lugar en Estados Unidos, Francia, Argentina,
Chile, Suiza y Gran Bretaña, de 1828 a 1926.

La contraola que corresponde a este periodo tuvo lugar entre 1922 y 1942, en Italia, Alemania,
Lituania, Letonia, Polonia y Estonia. La segunda ola sucedió de 1943 a 1962, con la descolonización
de la India del gobierno inglés y la ocupación aliada de Alemania, Italia y Austria.
La contraloría respectiva fue de 1958 a 1975, con los golpes militares en países de Latinoamérica,
como Perú, Chile y Uruguay. La tercera ola de democratizaciones tuvo lugar a partir de 1976 en el sur
de Europa, Latinoamérica, Sudáfrica, Europa del Este, Rusia y Rumania.

Algunos de los criterios utilizados por Huntington (1994)


para diferenciar a los Estados que adoptaron la democracia como régimen político de los que no lo
hicieron se pueden resumir así:

1) Definir la democracia en términos sólo de elecciones es una definición mínima. La democracia real
implica un control ciudadano efectivo sobre las políticas, un gobierno responsable, honestidad y
apertura política, deliberación informada y racional, distribución equitativa del poder y la
participación.

2) Es posible que una sociedad elija a sus gobernantes con mecanismos democráticos, pero si esos
gobernantes electos no son en realidad los que detentan el poder y un grupo más poderoso que ellos
los controla, entonces se trata de un sistema no democrático.

3) La existencia o no de la democracia depende del grado de fragilidad o estabilidad del sistema


político. Es decir, la fuente de consolidación y estabilidad permanente de los sistemas determinan si la
democracia tiene lugar o no.

4) A partir del punto anterior, se puede saber si un sistema es democrático o no mediante el estudio de
la democracia con dos métodos: como dicotomía, el estudio de la democracia es descriptivo, toma en
cuenta lo que hay y lo que no en los sistemas políticos para determinar si son democráticos o no;
como indicador continuo, se pueden observar medidas o grados en los que un sistema es
antidemocrático y variables graduales de imparcialidad en las elecciones y de restricciones a los
partidos políticos en la libertad de expresión y la igualdad ante la ley, entre otras.

5) Los sistemas no democráticos no contienen competencia electoral ni amplia participación de la


sociedad. La participación tiene que ver con el derecho a elegir y la competencia con el derecho a
contender por el poder mediante reglas legales y leyes establecidas para ello.

Huntington utilizó un conjunto de instrumentos teóricos para observar, entender y explicar los
cambios que tuvieron lugar en los Estados durante el periodo de 1828 y comienzos del siglo xx, para
abarcar las tres olas de democratización, y a los que corresponde una directriz, según los cinco
criterios anteriores:
a) Aplicación de una definición de democracia.

b) Ubicación real de donde se ejerce la representatividad de la democracia, ya sea en las personas


electas para gobernar o en grupos alternos de poder.

c) Distinción del tipo de sistema político en donde tiene lugar la democracia, ya sea frágil o estable.

d) Definición de variables o indicadores para determinar la existencia o no de la democracia.

e) Establecimiento de principios que determinan el carácter democrático o no democrático de los


sistemas políticos que, en el caso de Huntington, son representados por la competencia electoral y la
participación social.

En la actualidad, la evidencia empírica muestra que más de 60% de los países posee al menos alguna
forma mínima de instituciones y procedimientos democráticos

La Conferencia Internacional sobre Democracias Nuevas o Restauradas de Naciones Unidas (icnirp,


por sus siglas en inglés) se ha fortalecido a partir de su creación en 1998 para el desarrollo global de la
democracia en virtud de su idoneidad para promover, entre otros objetivos, el desarrollo económico, la
reducción de la pobreza y la protección de los derechos humanos (Beetham, Carvalho y Weir, 2009,
7).

La democracia se ha convertido en la forma de gobierno predominante en el mundo no sólo por gozar


de legitimidad internacional, sino porque garantiza un conjunto mínimo de derechos y libertades
inherentes a las personas (Magen y Morlino, 2009).

En la medida en la que la democracia se ha extendido como la mejor forma de gobierno, también ha


crecido la necesidad de encontrar formas válidas, significativas y confiables de medir y evaluar sus
alcances y limitaciones, y de explicar y fomentar sus valores esenciales.

Estado de derecho y su relación con el sistema político se han clasificado en formales, sustantivas y
operativas (Aguiar, 2013).

Esta clasificación permite identificar qué tipo de estructura institucional se ha diseñado según el
Estado de derecho del que se hable:
Se garanticen derechos como el bien común, la igualdad, la libertad y la justicia, y operativa, para
implementar instituciones de justicia profesionales, independientes e imparciales que garanticen los
derechos fundamentales (Aguiar, 2013, 277).

Así, es posible la implementación práctica de tres indicadores:

1) La estructura institucional establecida conforme a los Estados-nación.

2) Los sistemas políticos que han incorporado mecanismos para garantizar derechos fundamentales, y
por lo tanto, pueden ser considerados democracias.

3) La medición y evaluación del desempeño del Estado de derecho y el grado de consolidación que ha
alcanzado.

Las definiciones universales y formales, como su nombre lo indica, se refieren a un Estado de derecho
basado en la generalidad y la formalidad de las leyes.

Con base en principios propios de la técnica jurídica como el debido proceso para su promulgación o
la no retroactividad de la ley, entre otros, el resultado esperado es la observación u obediencia de la
ley, lo que marca una clara diferencia entre sistema legal y Estado de derecho, en virtud de la
discrepancia entre la existencia de un marco jurídico a seguir y el cumplimiento efectivo de la ley.

El Estado de derecho en una definición sustantiva incorpora, además de los principios de formalidad y
generalidad de la ley, los conceptos de igualdad, libertad y bienestar social.

Se le atribuye la obligación de tutelar los derechos fundamentales de las personas bajo un marco legal
instituido para ello.

Se le reconoce la facultad no sólo para expedir leyes que cumplan con el proceso legislativo, sino su
obligación para garantizar un conjunto mínimo de derechos.

Sumados a los fines, se establecen los medios para alcanzar las cualidades esenciales de las personas
para el establecimiento de los Estados y sus sistemas políticos.

Un Estado de derecho con contenido sustantivo no se limita al control del poder estatal ni a la
vigilancia en el ejercicio de gobierno, sino que asume la tutela de derechos fundamentales que deben
cumplirse por medio del correcto funcionamiento de su estructura institucional.
El Estado de derecho no puede desvincularse de los elementos fundamentales de la moralidad política
y la viabilidad institucional.

Las leyes consagran y protegen las libertades políticas y civiles, así como a las garantías procesales el
propio gobierno se rige por la ley. La corrupción política y otras formas de ilegalidad están prohibidas.

Esto supone una estructura eficaz de las instituciones del Estado, con un grado de capacidad
administrativa adecuada para llevar a cabo sus funciones.

Es decir, los jueces deben ser imparciales e independientes del resto del aparato del Estado, de lo
contrario, la capacidad de los individuos para defender sus derechos corre peligro por la manipulación
y dependencia política.

Una democracia en términos de contenido, procedimientos y


resultados, por consiguiente, se caracteriza por la presencia de un Estado democrático de derecho, que
incorpora cinco dimensiones principales:

1) Protección de las libertades civiles y derechos políticos.

2) Independencia del poder judicial y un sistema de justicia moderno.

3) Capacidad institucional y administrativa para formular, aplicar y hacer cumplir la ley.

4) Eficiencia en la lucha contra la corrupción, la ilegalidad y el abuso de poder por parte de


organismos del Estado.

5) Fuerzas de seguridad respetuosas de los derechos de los ciudadanos y bajo control civil.

En consecuencia, estas cinco dimensiones constituyen los principales indicadores de los cambios en la
calidad democrática, sobre la base del Estado de Derecho.

Una democracia electoral mínima no puede existir a menos que los gobernantes cumplan con por lo
menos una regla: la que regula quién puede ocupar esa posición como resultado de un procedimiento
electoral.
En términos más generales, las virtudes del Estado de derecho son en esencia las mismas que las del
proceso democrático en tres aspectos clave (Magen y Morlino, 2009):

a) El imperio de la ley defiende los derechos políticos de un régimen democrático.

b) Protege las libertades y derechos de toda la población, incluyendo minorías y otros grupos
desfavorecidos.

c) Establece la rendición de cuentas horizontal: redes de responsabilidad que implica que todos los
agentes públicos y privados, hasta los más altos funcionarios, están sujetos a controles apropiados y
legalmente establecidos sobre la legalidad de sus actos.

El respeto a la autoridad soberana del pueblo y a su Constitución depende de su aceptación de la ley.

La democracia, por su parte, incluye instituciones y procesos que, aunque más allá del dominio
inmediato del ordenamiento jurídico, están arraigados en ella.

Guianluigi Palombella (2010) explica que el significado del Estado de derecho y su relación con la
justicia social se pueden entender cona partir de tres criterios:

a) De acuerdo con sus condiciones históricas, no sólo sobre la base de generalidades y de una
definición abstracta.

b) De manera crítica, sobre las transformaciones institucionales contemporáneas, incluso más allá del
Estado.

c) Conceptualmente, sobre la base de un plano teórico-filosófico y jurídico

En concreto, el autor señala que el Estado de derecho tiene que ver con la idoneidad de las
instituciones jurídicas para impedir que la ley se convierta en un simple instrumento de dominación,
una herramienta del monopolio del poder con intereses individuales.

El Estado de derecho debe descansar en una estructura normativa que vaya más allá del imperio de la
ley la facultad para aplicar cualquier decisión discrecional en la vida de los ciudadanos y que postule
el principio de que nadie se encuentra por encima de la ley, incluido el gobierno y sus instituciones.
Con la llegada del neoliberalismo como nueva doctrina económica del capitalismo, se implementó un
cambio radical en cuanto a la función y las tareas de los Estados nacionales para reducir al máximo su
intervención no sólo como reguladores de sus mercados y sectores productivos internos, sino como
últimos responsables de la formulación e implementación de políticas económicas.

En ese contexto, el interés de algunas organizaciones internacionales gira en torno al combate a la


corrupción como dimensión del Estado de derecho, porque tiene implicaciones importantes sobre la
relación entre Estado, democracia y sociedad, en tres aspectos:

• La economía global, basada en el capitalismo como régimen de producción, limita la soberanía de


los Estados con organizaciones supranacionales en función de una división internacional del trabajo,
que a su vez demanda altos índices de obediencia y conformidad de sus respectivas sociedades.

• Un margen de acción limitado de los Estados para generar instituciones y políticas públicas ha
generado una tensión permanente entre capitalismo y democracia, reflejada en particular en los
efectos negativos de la economía global y el surgimiento de grupos sociales que se oponen a ésta con
nuevas formas de protesta y mecanismos de participación.

• La democracia como forma de gobierno es el eje que regula y norma la relación entre Estado y
sociedad, abre o cierra la posibilidad de modificar la acción del Estado con instrumentos de
representación, de tutela de derechos y satisfacción de demandas primordialmente (Santos, 2007,
7-28).

En el caso de México, encontramos que en pleno siglo xxi, al igual que en el resto de Latinoamérica,
el principal problema de la democracia es la desigualdad (Morlino, 2014), que crece a la par de los
problemas económicos generados por políticas económicas ancladas en principios de libre mercado y
libre competencia, sin promover lazos de solidaridad ni justicia social.

En este tipo de democracia equitativa, las brechas de desigualdad entre las clases sociales aumentan
constantemente en lugar de declinar.

En una sociedad cuyo principal problema es la desigualdad, se observan nuevas formas de


participación y de protesta social que buscan, en algunos casos con éxito, limitar o modificar las
acciones del gobierno en sus estados. Ya sea con objetivos bien delimitados o agendas temáticas,
grupos sociales, organizaciones no gubernamentales (ong),
Morlino define ocho tipos de democracia sin calidad: ineficiente, irresponsable, pasiva, bloqueada,
ilegítima, reducida, inequitativa y mínima.

Para efecto de la argumentación, se retoma la definición de democracia inequitativa, sin excluir otras
características de la democracia mexicana que pueden estar contenidas en las otras definiciones (2012,
38-41).

Magen y Morlino tienen una hipótesis interesante sobre la influencia externa en el cambio interno de
los países en desarrollo.

Explican que al comienzo del siglo xxi se han suscitado dos fenómenos que desafían la comprensión
de la democracia y la democratización:

a) La transición de los regímenes autoritarios a alguna forma de democracia ya no se entiende como el


cambio más frecuente o importante en los procesos de democratización mundial.

b) El proceso contemporáneo de cambio político interno se desarrolla en un entorno internacional


radicalmente diferente, comparado en el de 20 años atrás.

Frente a la solidez mundial que ha mostrado la democracia


alrededor del mundo, la preocupación de ambos autores es que los regímenes abiertamente
autoritarios han sido reemplazados por regímenes híbridos, que combinan elementos democráticos y
autoritarios

Sin llegar todavía a una conclusión por la novedad del tema, Magen y Morlino (2009) sugieren cuatro
líneas de investigación sobre la intervención externa en procesos de democratización interna o de
promoción del Estado de derecho como dimensión de la calidad democrática:

En la práctica, sin embargo, por razones históricas, intelectuales, metodológicas e institucionales, las
teorías de la política comparada, las de relaciones internacionales, el institucionalismo y el derecho
internacional han construido esferas de investigación separadas, independientes y autónomas, con
actores y preguntas de investigación distintas.

1) Es necesario desarrollar conocimientos teóricos y empíricos sobre los vínculos externos-internos de


la democratización.
2) La literatura existente tiende a ser descriptiva, centrada en los motivos, estrategias e instrumentos
de los países promotores con Estados Unidos a la cabeza, en lugar de intentar obtener la experiencia
de los países objetivo del cambio.

3) Al igual que los promotores de la democracia han tendido a adoptar plantillas o patrones únicos
para su trabajo, los evaluadores del cambio democrático interno tiende implícitamente a
homogeneizar la influencia externa en los procesos de reforma internos.

Sin embargo, los factores que causan un avance electoral pueden ser de poca relevancia en
transiciones pactadas pero esenciales y de primera necesidad para transiciones después de una guerra.

4) Atender las dificultades menos visibles y más desordenadas de los esfuerzos por mejorar la calidad
democrática en las democracias defectuosas.

Estudiar los procesos de múltiples capas, de largo y abierto plazo. La democratización debe
entenderse como un proceso multifacético, potencialmente reversible, que dura décadas en lugar de
años.

En consecuencia, se requieren nuevos modelos analíticos para conceptualizar la influencia de los


actores internacionales en el desarrollo del régimen, en las esferas que se extienden después de la
brecha electoral y hasta el atrincheramiento de una democracia de alta calidad.

En términos generales, Magen y Morlino (2009) identifican seis categorías de influencia externa que
la Unión Europea ha utilizado en procesos de democratización nacionales o subnacionales:

a) Un modo de participación de arriba hacia abajo, centrado en la negociación intergubernamental y el


intercambio burocrático en lugar de un apoyo más difuso y de abajo hacia arriba para la sociedad
civil.

b) Un enfoque legalista, tecnocrático, para reformar y promover mediante el marco jurídico nacional e
internacional.

c) Asesoramiento o apoyo según el tipo de recompensa, el uso de la condicionalidad.

d) Monitoreo regular e informes sobre los avances en el cumplimiento de los parámetros de referencia
de las reformas.
e) Asistencia financiera y técnica para ayudar a financiar las reformas.

f) Establecimiento y desarrollo de foros de socialización, la adscripción de funcionarios en programas


de vinculación y la participación selectiva de un tercer país.

El Estado de derecho es clave para mejorar el desempeño democrático. Hasta hace pocos años, esta
variable no era prioridad en el sistema político mexicano a pesar los esfuerzos por fortalecer otras
dimensiones procedimentales.

1) Protección de las libertades civiles y derechos políticos;

2) independencia del poder judicial y un sistema de justicia moderno;

3) capacidad institucional y administrativa para formular, aplicar y hacer cumplir la ley;

4) eficaz lucha contra la corrupción, la ilegalidad y el abuso de poder por parte de organismos del
Estado,

5) fuerzas de seguridad que son respetuosos de los derechos de los ciudadanos y están bajo control
civil (Magen y Morlino, 2009).

La corrupción es un fenómeno complejo, con múltiples causas y consecuencias. Los ámbitos de


análisis atraviesan casi toda la actividad humana.

Para los objetivos de esta investigación, sólo nos ocuparemos de sus generalidades, definición y
clasificación más apropiada para vislumbrar la corrupción política en el ámbito gubernamental.
Generalidades De acuerdo con Francisco Laporta (2010), algunas generalidades de la corrupción son:

a) Es permanente. Ha existido siempre, desde las sociedades más antiguas hasta la actualidad y ha
atravesado todos los tipos de sistemas políticos, no es privativa de las dictaduras o las democracias.

b) Es universal. Tiene lugar en el ámbito público, sociedad e instituciones de gobierno y en el ámbito


privado actividades profesionales o relaciones de familia.

c) Siempre implica la violación de un deber. Ya sea en la antigüedad o en la actualidad, en lo público o


en lo privado, por acción u omisión, la corrupción consiste en el incumplimiento de un deber, facultad
o atribución.
d) El comportamiento corrupto de quien corrompe y de quien es corrompido lleva implícita la
búsqueda de un beneficio colectivo o individual

Éste es el primer rasgo distintivo del tipo de corrupción que nos interesa introducir.
CAUSAS Son múltiples, pero en general se pueden agrupar en seis apartados (Laporta, 2010):

a) Causas genéricas. Rápido crecimiento económico y modernización como consecuencia de un


cambio de valores y de una expansión en su administración. Incremento de las oportunidades políticas
en relación con las oportunidades económicas, de modo que la política se convierte en un medio de
promoción profesional y social. Cambio en el marco en el que se desarrolla la actividad económica.

Desequilibrio institucional entre el protagonismo de algunos agentes y recursos para cumplir sus
propósitos.

b) Causas específicas. Salarios de bajo nivel; inestabilidad en la función pública; ausencia, debilidad o
escasa probabilidad de sanciones, ya sea por la ausencia de legislación, de sanciones o por
ineficiencia; excesiva regulación administrativa o ineficiencia de gestión; gran impacto económico de
las decisiones públicas; doble lealtad del agente público; falta de competitividad o inexistencia de
mercado abierto; defectos en la organización burocrática que puede afectar los controles internos.

c) Causa formal. En un triple sentido, esta causa consiste en el monopolio de la decisión pública, en la
discrecionalidad de decisiones públicas y la escasa responsabilidad en la toma de esas decisiones.

d) Causa última de la corrupción. La conducta deshonesta del actor público.

Características

Algunas de las condiciones más importantes de los actos de corrupción, de acuerdo con Jorge Malem
(2002), son:

a) Para que un acto de corrupción tenga lugar, se tiene que transgredir una regla que regula el cargo o
función que se ostenta. Al menos una de las partes involucradas debe ocupar un cargo público.
b) Debe existir un marco normativo como referencia de las reglas que no se cumplen para
contextualizar el ámbito en el que la corrupción tiene lugar, por ejemplo, en el marco de la corrupción
policial o política.

c) Las conductas corruptas tienen que tipificarse. Un acto de corrupción política no siempre significa
una acción ilegal, ello depende del sistema jurídico establecido, los procedimientos y las sanciones
contempladas para identificar, perseguir y sancionar actos de corrupción.

d) Los actos de corrupción conlleva beneficios adicionales que no siempre son económicos, pueden
ser en especie, a cambio de favores políticos o de cualquier otra índole pero siempre a cambio de algo
extra.

DEFINICIÓN

De acuerdo con el mismo autor, los actos de corrupción política se definen “como aquellos que
constituyen la violación, activa o pasiva, de un deber posicional o del incumplimiento de una función
de carácter político con el objeto de obtener un beneficio extra-posicional, cualquiera que sea su
naturaleza” (Malem, 2002, 35).

CONSECUENCIAS

Algunas de las consecuencias de la corrupción política se agrupan en:

a) Consecuencias económicas.

Atentan contra la inversión de un país, por lo tanto, es negativa para su desarrollo económico; afecta
la productividad y la calidad de las inversiones de un país, por los beneficios a obtener, es decir, se
privilegian los negocios que dejarán mayores beneficios, por encima de las áreas de interés social,
como la educación, la cultura o la salud; incrementa los costos de los precios en bienes y servicios
debido al impacto de las pérdidas económicas por el gasto destinado a pagos de corrupción.

b) Consecuencias políticas. La corrupción socava la estructura social, el principio de la mayoría y las


bases mínimas de la democracia; la calidad de la democracia se ve debilitada porque la corrupción
afecta el ámbito de la transparencia y el acceso a la información pública en detrimento de los
mecanismos de rendición de cuentas; cuestiona seriamente la relación entre sociedad y democracia,
porque la corrupción política privilegia las acciones de las instituciones sobre la voluntad de la
ciudadanía; el pluralismo y la competencia se ponen en riesgo por favorecer a una u otra opción
política por fuera del sistema de electoral o de partidos.

c) Consecuencias vinculantes. Se cuestiona de manera general a la democracia como forma de


gobierno, porque la corrupción política puede detonar golpes de Estado o la destitución ilegal de
autoridades democráticamente electas; la política pervierte sus propios fines y la corrupción puede
afectar el diseño e implementación de políticas públicas, así como la organización y funcionamiento
de las instituciones; los actos de corrupción llevan implícita la comisión de otros delitos penales e
incluso pueden generar la pérdida de vidas humanas, por ejemplo, en materia de infraestructura o
construcción cuando se privilegia la ganancia económica sobre la calidad de las obras; el sistema de
justicia es gravemente afectado por jueces, magistrados o ministros que se corrompen y ponen en
riesgo la impartición de justicia, desde juicios ciudadanos hasta los que persiguen la destitución de
autoridades electas.

En síntesis:

La corrupción se muestra como una actividad altamente distorsionadora del proceso económico,
político y social.

En una democracia, sus efectos son gravísimos. Tan es así que desde un punto de vista conceptual se
puede afirmar que corrupción y democracia son términos mutuamente excluyentes

Para hacer frente a los casos individuales de corrupción basta con medidas adecuadas de control con
aparatos de investigación y judiciales eficaces y con la imposición de las penas respectivas.

Con la corrupción sistémica, generalizada, practicada por medio de redes integradoras y estables
destinadas a intercambios irregulares se introduce el germen de la destrucción de la democracia como
modo de vida política (Malem, 2002, 34).

Después de una breve explicación sobre las escuelas o teorías que explican la corrupción
integracionista, institucionalista y economicista, Franco Cazzola argumenta que ésta se vincula con el
desarrollo de los sistemas políticos democráticos; su alcance y crecimiento tienen que ver con la falta
de control social denuncia y de su eficiente investigación y sanción, de manera que el sistema judicial,
de impartición y procuración de justicia está estrechamente relacionado con el Estado de derecho y
con los principios de igualdad y libertad en la medida de su cumplimiento (Cazzola, 2006, 41-51).
En la teoría institucional se explica que la corrupción se ha relacionado históricamente con el
desarrollo de los sistemas políticos.

Desde los primeros Estados-nación, como Inglaterra y Francia, así como en el siglo xix en Alemania y
Estados Unidos, ya se configuraban otras formas de entender, perseguir y castigar la corrupción de
acuerdo con la característica considerada fundamental en los seres humanos.

En Inglaterra se construyó un régimen para limitar el poder de los gobernantes y garantizar la igualdad
ante la ley.

En Estados Unidos se erigió un régimen de separación de poderes para proteger libertades. A


principios del siglo xix en Alemania, el Estado colocó la libertad como el valor más importante, no
obstante que hacia la mitad de ese mismo siglo, después de la Revolución de 1848, se impuso la idea
del derecho objetivo legislado por el Estado.

En Francia, durante la Tercera República, el poder estatal debía asumir funciones de Estado policía,
Estado legal y Estado de derecho (Aguiar, 2013, 264-271).

De acuerdo con el mismo informe, la corrupción en México ocupa el tercer lugar de importancia entre
los problemas a tratar, con un nivel de preocupación intermedio para su atención. Sólo 46% de las
personas entrevistadas opinó que es posible eliminar la corrupción, mientras el promedio de la región
es de 50%. Una de cada cuatro personas afirmó saber de la comisión de algún acto de corrupción, lo
que coloca a México entre los tres países con mayor conocimiento sobre el tema, sólo después de
Brasil y Chile. Es decir, el fenómeno de la corrupción es cada vez más recurrente y de conocimiento
general sin que se tomen decisiones o se implementen políticas públicas para su detención
(Latinobarómetro, 2016).

Transparencia Internacional informó en 2016 que México es el país más corrupto de los 34 miembros
de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (ocde) y ocupa el lugar 123 de 176
países en el Índice de Percepciones sobre Corrupción 2016, con un puntaje de 30 en una escala de 0 a
100, donde 0 significa “altamente corrupto” y 100 “muy limpio”.

Obtuvo el mismo puntaje en 2014, sólo un punto por encima de 2013 y 2012. La falta de contrapesos
reales entre poderes, el número y la gravedad de los casos de corrupción expuestos a la opinión
pública y los niveles de impunidad fueron determinantes en esta evaluación.

Entre las recomendaciones derivadas, destacan:


a) Corrupción e impunidad deben ser excepción y no regla. Las redes de corrupción formadas por
empresas y funcionarios públicos deben ser investigadas, perseguidas y desmanteladas.

b) Es necesaria una fiscalía general de la república capaz, autónoma e independiente para asegurar que
la política anticorrupción del país no dependa de la política interna ni de la externa. Su diseño deberá
permitirle emprender acciones decididas, sistemáticas y permanentes para desmantelar redes de
corrupción.

c) El Congreso, y en particular los congresos locales, deben cumplir su función constitucional de ser
un contrapeso a los poderes ejecutivos y cumplir cabalmente su función de vigilancia de las
decisiones y el ejercicio local de los recursos.

d) Además de asegurar la correcta implementación del Sistema Nacional Anticorrupción en el ámbito


federal, es necesario emprender el proceso de creación de los sistemas locales anticorrupción.

e) En muchos estados del país, las instituciones que formarán parte de los sistemas locales
anticorrupción cuentan sólo con autonomía jurídica, sin independencia real para investigar y sancionar
la corrupción subnacional.

Debe revisarse que existan contrapesos reales, no sólo formales, entre los poderes de los estados, en
especial en los órganos de fiscalización estatales.

f) En el contexto económico del país, además de medidas de austeridad, deben incorporarse


instrumentos adicionales que fortalezcan la apertura gubernamental, la integridad y la apropiada
fiscalización del gasto público (Transparency International 2017).

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, mediante los Objetivos de Desarrollo Sostenible,
también sugiere poner más atención al problema de la corrupción con 17 metas para transformar el
mundo contemporáneo, entre las que destacan:

a) Promover el Estado de derecho en los planos nacional e internacional y garantizar la igualdad de


acceso a la justicia para todos.

b) Reducir considerablemente la corrupción y el soborno en todas sus formas. c) Crear en todos los
niveles instituciones eficaces y transparentes que rindan cuentas.
d) Garantizar en todos los niveles la adopción de decisiones inclusivas, participativas y representativas
que respondan a las necesidades de la ciudadanía.

e) Ampliar y fortalecer la participación de los países en desarrollo en las instituciones de gobernanza


mundial.

f) Garantizar el acceso público a la información y proteger las libertades fundamentales, de


conformidad con las leyes nacionales y los acuerdos internacionales.

g) Promover y aplicar leyes y políticas no discriminatorias a favor del desarrollo sostenible.

Lo anterior con base en la siguiente información:

• El poder judicial y la policía están entre las instituciones más afectadas por la corrupción.

• La corrupción, el soborno, el robo y el fraude fiscal cuestan alrededor de 1 260 millones de dólares
para los países en desarrollo cada año.
Esta cantidad de dinero podría utilizarse para elevar por encima de los 1.25 dólares diarios el gasto de
las personas que viven con menos de seis años.

• El Estado de derecho y el desarrollo tienen una interrelación significativa y se refuerzan


mutuamente, por lo que es esencial para el desarrollo sostenible nacional e internacional (pnud 2016).

En el país existen pocas organizaciones que miden, evalúan y reportan los niveles de corrupción y sus
consecuencias: el Instituto Mexicano para la Competitividad (imco), Transparencia Mexicana (tm), la
Red por la Rendición de Cuentas (rrc), Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (mcci),
México Evalúa (me), la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y el Instituto
Nacional de Estadística y Geografía (inegi) son las más reconocidas en la materia, pero en general
toman como referencia las mediciones y resultados de los organismos internacionales.

La mayoría funciona con recursos propios, excepto el inegi, y limitados, y sus evaluaciones no son tan
frecuentes.

México se inserta tarde en el combate a la corrupción. Aunque eso es un avance, enfrenta retos que
será difícil enfrentar sin el acompañamiento integral de otras dimensiones democráticas, en primer
lugar, el Estado de derecho en un sentido mucho más amplio, no sólo el combate a la corrupción, y en
segundo, la rendición de cuentas horizontal y vertical, la participación ciudadana, la competencia
política o la responsividad, entendida como la satisfacción de la sociedad en general, derivada de la
capacidad de respuesta del gobierno y sus instituciones.

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