Final Psicología 1
Final Psicología 1
El objeto de estudio de la psicología, en sus inicios, sería el estudio del “hombre”, lo cual hizo
que surjan distintas concepciones al respecto en las distintas etapas históricas, es por ello que,
la psicología es una diversidad de objetos y de métodos.
Los filósofos griegos, Sócrates, Platón y Aristóteles, ya en los años A.C, se habían interesado
por la vida anímica del ser humano. Fue así que la psicología fue el estudio del alma, de la psique
o de la consciencia. 1. La psicología como ciencia natural: Aristóteles (año 300 AC), concebía al
alma como algo biológico; y que solo a través de ella, puede actualizarse la potencialidad
inherente de la materia (nuestro cuerpo).
Actualmente es considerada como la ciencia que estudia la conducta y los fenómenos internos
que se relacionan con todo lo que hace, piensa y siente la persona, de acuerdo a las
circunstancias que vive y en su relación con los demás. Se reconoce la importancia de los factores
mentales internos, así como lo son los pensamientos y los deseos (subjetividad), para estudiar
los fenómenos observables externos, como lo es la conducta (objetividad).
Se concibe al hombre como un ser que se desarrolla en un medio social, cultural e histórico que
lo instituye como humano. Es un ser que tiene experiencias y organiza su vida interior junto con
los demás individuos en una cultura determinada que él mismo ha creado.
Hoy en día, existe una enorme dispersión de diferentes campos de esta ciencia, de modo tal,
que se habla de la psicología como una ciencia dividida en enfoques diversos, pero todos
relacionados entre sí.
La psicología de la educación, por ejemplo, estudia la conducta que tiene lugar en situaciones
educativas y los cambios que en ella se producen como resultado del proceso de enseñanza-
aprendizaje.
El estructuralismo de Wundt.
La psicología requería de un método que se alienara a los modelos de las ciencias naturales
(construcción de hipótesis y verificación experimental), elaborando leyes que operaran de
manera matemática. Por ejemplo, Gustav Fechner, un filósofo y psicólogo, formuló una ecuación
para cuantificar la relación entre un estímulo físico y la sensación asociada. El método propuesto
por Wundt sería “la introspección”, la observación controlada bajo condiciones experimentales
hacia aquellos procesos conscientes, como la reacción frente a estímulos, la asociación de
palabras (como, por ejemplo, todas aquellas palabras que derivan de “verano”) o la memoria de
imágenes.
Wundt consideraba que, tanto la fisiología como la psicología se ocupaban de estudiar el mismo
objeto: “La vida humana”. La psicología desde la experiencia interna (la mente), y la fisiología
desde la experiencia externa (lo físico).
Fue por ello que, primeramente, el objeto de estudio de esta ciencia serían “los procesos
conscientes”, es decir, aquellas experiencias inmediatas que quedaban registradas en imágenes,
palabras o sentimientos; con esto nos referimos a cualquier situación que experimentamos
conscientemente, como las sensaciones, las percepciones, la atención (reflejos), la memoria y
las emociones; por ejemplo, adquirir los hábitos matutinos y, posteriormente, hacerlos siempre
de la misma manera, debido a que nuestros procesos conscientes ya reconocen esas
“imágenes”.
Esto conllevaba a hacer un informe del sujeto, donde este mismo detallaba todo lo que pensaba
y lo que sentía (estados subjetivos). Para ello, se empleó un método analítico (desmembración
de un todo, para observar sus causas, naturaleza y efectos).
Aunque este no terminó siendo un método rigurosamente científico, puesto que cada persona
describía sus propias sensaciones de una manera personal y única, fue por ello que
posteriormente fracasó.
Los estructuralistas no estudian el mundo exterior, sino la forma en la que el sujeto interpreta
lo que ve. De igual manera, se dejaban de lado temas importantes, como la motivación, las
diferencias individuales y los trastornos psicológicos.
Funcionalismo.
Esta teoría se desarrolló en el continente americano, y su principal exponente fue Dewey, quien
proyectó sus ideas hacia la educación, utilizando el pragmatismo (acción, prácticas manuales,
no solo teoría). Consideró que cuando se educa, son más importantes las necesidades de los
alumnos que los contenidos a enseñar, y no concordó con la descomposición del
comportamiento humano, como así lo sostenía el estructuralismo.
Se dejó de lado el estudio del alma o la consciencia, estos no podían observarse ni verificarse.
Fue por eso que el conductismo también se opuso a la introspección como método.
Con esta teoría, se dejaría de lado todo factor humano interno, como las emociones o los
conocimientos del sujeto; en fin, todo lo que no fuera objetivo, ya que la conducta humana debía
estudiarse objetivamente.
Esta teoría se postula como el comienzo de la psicología como ciencia, calificando a todo
antecedente como “no científico”. Watson consideraba que la psicología debía predecir, prever
y controlar la conducta.
1913
Teoría de la Gestalt.
Surge en Alemania, a fines del S XIX, como reacción al estructuralismo de Wundt. Ya que este
defendía el estudio de los componentes de los comportamientos, que un todo era la suma de
dichos componentes, pero estos defendían que un todo era “más” que la suma de sus partes.
La palabra alemana “Gestalt” significa forma y configuración de los componentes que integran
una totalidad, precisamente, la relación de todos los elementos entre sí, es lo que le otorga
significación a la misma. Es por ello que el aporte fundamental de esta teoría, fue revelar que
los elementos de la realidad no están separados, sino reunidos en una totalidad.
Se dio mucha importancia a lo que es la percepción, tomando como ejemplos de ello cuando
reconocemos una melodía, aunque el músico se equivoque, o cuando leemos un escrito y lo
entendemos, aunque este tenga errores de ortografía.
Luego nació la New Look. Esta teoría investigó la influencia de lo subjetivo y de lo objetivo en
la percepción (puso el acento en los factores subjetivos cuando en EEUU predominaban las ideas
del conductismo). Los determinantes de la percepción serían:
Estructurales: Aquellas que hacen posible que captemos dolores o molestias y que hagamos
ciertos movimientos al respecto. Esto se relaciona directamente con aspectos biológicos.
Isabel Solé, de Barcelona, considera indispensable el aprendizaje significativo en los niños, que
estos comprendan el significado de lo que estudian, para así poder establecer una relación entre
esa información con la experiencia personal.
Un alumno puede modificar su enfoque de una tarea a otra o de un profesor a otro, ya que
estos enfoques se crean a partir de la situación de enseñanza.
Si ante una tarea, el alumno siente que esta no cubre ninguna necesidad, y que, además, el
profesor solo da las indicaciones para cumplir con los requisitos de la misma sin explicar cuál es
su finalidad concreta, difícilmente se interesará en ella, y esto puede hacer adoptar un enfoque
superficial.
Algo parecido puede suceder cuando los alumnos deben pasar de un profesor a otro y de una
a otra materia con poca relación entre sí, ocupando buena parte de sus esfuerzos en adaptarse
a las exigencias de los distintos docentes. Esto puede provocar el miedo al fracaso, y, en
consecuencia, la adopción de enfoques de aprendizaje superficiales que lo eviten.
Así, podemos afirmar que, cuando aprendemos, aprendemos los contenidos y aprendemos
además que podemos aprender; cuando no aprendemos el contenido, podemos sentir que no
somos capaces de aprender. Todo ello tiene lugar en el curso de las interacciones que se
establecen en el seno de la clase; y es en el curso de esas interacciones cuando se construye la
motivación intrínseca, (que es una característica de la situación de enseñanza-aprendizaje). La
meta que percibe el sujeto intrínsecamente motivado es “la experiencia del sentimiento de
competencia”, sentimiento que no depende de recompensas externas (lo que sería propio de la
motivación extrínseca). Quiere esto decir, que cuando uno pretende aprender y aprende, la
experiencia vivida le ofrece una imagen positiva de sí mismo y se refuerza su autoestima, lo cual
hace que el alumno pueda continuar afrontando los demás retos que se le presentan. El
autoconcepto se ve influido por el proceso seguido y los resultados obtenidos en la situación de
aprendizaje.
En el caso de los profesores, lo que les conduce a formarse una u otra representación de un
alumno determinado, es su mayor o menor proximidad a su “imagen de alumno ideal”.
En las representaciones que los alumnos construyen sobre sus profesores, son de primera
importancia los factores afectivos, la disponibilidad, el respeto, la capacidad para mostrarse
acogedor y positivo. El peso de estos factores, es tanto más elevado cuanto más bajo es el nivel
de escolaridad.
Los alumnos mayores, a su vez, cobran también importancia al desempeño del profesor ante
situaciones conflictivas o comprometidas.
Es así que, los anteriormente nombrados, que son considerados por algunos profesores como
“los mejores alumnos”, se acostumbran a verse coronados con el éxito, y le atribuyen todo esto
a su propia capacidad y esfuerzo, lo que alimenta su autoestima y permite generar expectativas
positivas respecto de sus posibilidades para afrontar nuevos retos.
Todo lo contrario, pasa con aquellos alumnos de los que se esperan pocos éxitos. A ellos, ciertos
profesores les llaman la atención constantemente, ya sea por su falta de conducta, por ejemplo;
y recibirán una ayuda educativa de menor calidad, tanto a nivel cognitivo, como afectivo-
relacional; porque se les propondrá tareas que no hacen referencia a sus capacidades
potenciales, sino que sería el contenido ya dictado por la clase, y que otros alumnos sí lo pueden
entender.
Esto hace que dicho alumno tenga una experiencia repetida de fracaso, atribuyéndole a este,
causas internas (como su escasa capacidad o esfuerzo), y los éxitos a causas externas que él no
controla, como la suerte, la simplicidad de la tarea, etc. Se refuerza en este caso una autoestima
negativa y una expectativa del profesor poco favorable para seguir avanzando en el aprendizaje.
Toda esta situación logra que el alumno construya un autoconcepto negativo.
Los resultados positivos o negativos que se atribuyen a causas internas tienen más
posibilidades de influir en la autoestima que aquellos resultados que se atribuyen a causas
externas (tanto en el caso de que sean favorables como desfavorables).
Aprender no es una tarea sencilla, ya que el alumno debe atender, establecer relaciones,
evaluar, etc; y que pueda realizar este proceso, o sea, atribuir sentido a todo ello, lo conducirá
a la elaboración de aprendizajes tan significativos como sea posible.
Para que una tarea tenga “sentido” para nosotros, es imprescindible saber cuál es la finalidad
que se persigue y con qué otras cosas puede relacionarse. Esta condición exige un esfuerzo de
los profesores para ayudar a los alumnos a comprender lo que se pretende llevar a cabo.
Para atribuir sentido a una tarea, hace falta que la veamos atractiva, que nos interese, que
podamos percibir que cubre una necesidad, esa necesidad puede funcionar entonces como un
motor de acción. La necesidad y el interés, se crean y se suscitan en la propia situación de
enseñanza-aprendizaje.
Cuando una tarea se presenta como un desafío al alcance de los alumnos, y les es presentada
como algo que les cubre las necesidades de aprender, de saber, de cambiar, etc, y se les ofrece
la oportunidad de realizarla activamente, es decir, que formen parte de la planificación y el
control de la misma para alcanzar ciertos objetivos, estamos poniendo las condiciones para que
dicha tarea les interese. Y una vez que se suscitó el interés hay que cuidarlo para que no decaiga;
lo mejor de todo esto, es tener la experiencia de que se aprende. En definitiva, demostramos
confianza en sus posibilidades, y hacemos que ellos mismos se tengan confianza, que se vuelvan
autónomos y responsables. Valorar sus resultados en relación al esfuerzo realizado fomenta la
autoestima y la motivación por continuar aprendiendo.
Las buenas o malas notas también influyen en el autoconcepto (ya que son el mediador
principal de lo que ocurre en el aula). Por ejemplo, un alumno que habiendo dado lo mejor de sí
mismo, recibe una calificación negativa; probablemente no tenga mucho sentido para él seguir
esforzándose.
El autoconcepto posee un carácter mediador entre las demandas que plantea la institución y
las respuestas que el alumno puede construir para ellas. Y, sobre todo, cabe insistir en su
dimensión vertebradora entre lo social y lo individual, entre lo cognitivo, lo afectivo y lo
relacional que intervienen en la formación global de la persona. El autoconcepto es aquella
visión que tenemos ante nuestras propias capacidades para afrontar determinadas situaciones.
Está demás decir que todo ello se inscribe en el marco de unas interacciones caracterizadas por
el respeto mutuo.
***
Sigmund Freud fue un médico que se dedicó principalmente a la investigación del sistema
nervioso. En 1896 propuso el Psicoanálisis, el cual se ocuparía de la causalidad inconsciente de
las conductas humanas, que serían desconocidas para el propio sujeto.
Aun así, Freud advirtió la importancia decisiva que adquirían las experiencias infantiles (muchas
veces de carácter sexual) en la estructura de la personalidad.
Desde su nacimiento, el ser humano se encuentra sujetado a un orden biológico, que posibilita
su adaptación al mundo natural. Pero luego, a medida que va creciendo, también se ve sujetado
a un orden social, ya que comienza a verse inmerso en una red de distintas relaciones. Es ahí
donde se constituye como un “sujeto psíquico”, que tiene la capacidad de autorrealizarse, de
hacerse autónomo, aunque si bien, sea dependiente de las cosas que lo rodean, como por
ejemplo las normas culturales.
• El preconsciente-consciente y el inconsciente.
El sistema preconsciente está formado por aquellos sentimientos y pensamientos que no están
presentes en la consciencia, pero que pueden hacerse conscientes fácilmente. Por ejemplo,
cuando se le pregunta a un adolescente sobre alguna vivencia ocurrida en la infancia, ese
recuerdo alojado en el preconsciente se hace consciente para responder, pero luego vuelve al
preconsciente.
Según ellos, para Freud, la necesidad nace de un estado de tensión interna que encuentra su
satisfacción por la acción específica que procura el objeto adecuado (por ejemplo, alimento). En
cambio, el deseo se haya ligado a huellas mnémicas (de la memoria). El deseo inconsciente está
ligado a signos infantiles indestructibles.
Ya que este siempre se debe a una primera experiencia de satisfacción. A partir de allí, la
memoria la registra, mientras que el deseo, será un movimiento en el interior del psiquismo
tendiente a reencontrar al objeto que produjo esa satisfacción, lo cual no sucederá, porque
como las situaciones y objetos serán siempre distintos al original, el deseo permanece como una
búsqueda que pone en funcionamiento nuestra vida anímica, debido a que el sujeto, tendrá
todo tipo de deseos (de conocer, de vincularse con las personas, de aprender), con tal de
encontrar satisfacción.
En efecto, el humano desde que nace está inmerso en un mundo lleno de mensajes, y él tendrá
obligatoriamente el deseo de comprender lo que sucede a su alrededor.
• El ello, el yo y el superyo.
El niño al nacer es todo ello, todas sus necesidades requieren inmediata satisfacción. Pero,
poco a poco va aprendiendo a esperar, dando así origen al yo. Y mientras sigue creciendo, va
descubriendo que hay cosas que puede hacer y otras que no, comienza así a conformarse el
superyo. El niño va orientando sus conductas según lo indicado por los adultos, quienes le
transmiten una cultura donde hay que respetar ciertas normas y valores, que este debe
internalizar. Así, el superyo representa al “vigilante” de los actos del sujeto, es el ideal moral.
El yo, para ajustarse al mundo exterior, debe poner freno a los impulsos del ello por exigencia
del superyo, quien le impone sus normas éticas y morales. A su vez, debe ajustarse a los
requerimientos del mundo externo también.
El problema reside en que el reprimido no cesa de actuar, todas las energías vitales vienen de
él y es imprescindible para la acción humana, pero el yo y el superyo lo quieren detener
constantemente, esto es lo que Freud denomina “conflicto intrapsíquico”, lo cual lleva, a que,
para seguir las reglas de la cultura, ocurra un proceso de sublimación, en el cual, interfiere
mucho el papel de la educación, ya que, mediante esta se instaura el principio de realidad. La
inmediatez de la satisfacción impulsiva es reemplazada, ya que el sujeto aprende a inhibir o
demorar sus deseos, en post de objetivos socialmente aceptados.
Una de las acepciones psicoanalíticas refiere a la relación del sujeto con un “Otro significativo”,
que satisface, alimenta, cuida y brinda placer, que cumple la función materna o paterna; pero
que luego, debe separarse de este y volverse autónomo.
Otros autores sostienen que la historia del sujeto humano comienza antes del nacimiento, e
influye en su constitución, el deseo de los padres de tener un hijo, por ejemplo. Luego, estos
mismos son los primeros en introducir en él, algo distinto de lo biológico: “la subjetividad”, la
cual hará posible que el sujeto se vincule con el mundo.
Silvia Bleichmar (1999) señala que, en los orígenes de la vida psíquica, el Otro no solo nos
propicia la satisfacción de las necesidades biológicas, ya que estas mismas, nos llevan a recibir
caricias, olores, sensaciones e impresiones que forman parte de nuestra subjetividad.
Cuando el sujeto conoce a más personas además de sus padres, en esos vínculos se ponen en
juego los dinamismos psíquicos. Al respecto, existen tres mecanismos presentes en todo vínculo
humano:
Puede que este haya tenido padres protectores y establezca vínculos de dependencia con sus
alumnos, predominando conductas amorosas y de excesiva protección. Mientras que, si un
docente ha tenido padres autoritarios, en su desempeño tal vez ubique inconscientemente a
sus alumnos en una posición de sometimiento. Sin embargo, es posible que todo esto se pueda
revertir, y que el docente plasme con sus alumnos lo inverso de lo vivido.
También, tanto niños como adolescentes, pueden realizar desplazamientos de sus emociones
desde su padre o madre a la persona del maestro.
La identificación: Es importante la figura del docente, rol semejante al de los padres por su
influencia en la estructuración y el desarrollo de la personalidad y función clave para el
desarrollo de la autonomía del niño.
La sublimación: Sublimar significa transformar los impulsos instintivos en actos más aceptados
desde el punto de vista moral y social. Significa poder calmar la energía propia de los impulsos
sexuales hacia fines socialmente valorados.
Es aquí donde la escuela cumple una importante misión al enseñar que resignar ciertos
intereses individuales permite el intercambio con otros, como por ejemplo actividades
innovadoras y creativas.
Psicología sociocultural.
Los humanos enfrentan estímulos culturales que modifican permanentemente, y que, a su vez,
regulan la propia conducta. Así es que la conducta humana está mediatizada por herramientas
y signos culturales, y por los significados otorgados a los objetos que nos rodean. La cultura
estructura la consciencia humana a partir de instrumentos, siendo el lenguaje uno de los más
fundamentales creados por el hombre para organizar el pensamiento.
Cabe agregar que Vygotsky enfatiza la importancia de la actividad compartida para aprender
más y de mejor manera. Dice que en el hacer con otros se produce el verdadero aprendizaje.
Psicología genética.
El psicólogo suizo Jean Piaget centró sus estudios en el desarrollo de la inteligencia humana. Él,
luego de aplicar el método clínico con los niños, es decir, la indagación clínica interviene como
interrogación dirigida a determinar el funcionamiento cognoscitivo; descubrió que en las
distintas edades deben aprender distintas cosas y de diferentes maneras, ya que su capacidad
de aprendizaje depende de su nivel de desarrollo cognitivo, o sea, sus estructuras.
Es por eso aconsejable, que el maestro adecúe los contenidos escolares a las distintas
capacidades intelectuales de los alumnos. Estos desarrollan en distintas etapas dichas
estructuras, y esto se debe a sus conocimientos previos y sus aprendizajes ya logrados.
Según la teoría del desarrollo cognitivo de Piaget, debemos atravesar por cuatro etapas:
* Lenguaje.
* Juego simbólico. Por ejemplo, una niña juega con su lápiz y con una remera de su mamá a
actuar de un hada y el lápiz sería una varita mágica. O hacerse pasar por su madre al cocinar.
* Dibujo.
Período intuitivo (de 5 a 7 años): Capacidad para clasificar los objetos en distintas
categorías o tamaños etc. Creemos que los juguetes están vivos (Animismo). Aprendemos a
comunicarnos más, y hacemos muchas preguntas.
Si bien, el egocentrismo se disminuye, aún no tenemos en cuenta los conceptos de los demás,
solamente los nuestros.
Piaget dice que, una vez haber atravesado por estas cuatro etapas sin importar la edad que
tengamos, alcanzaremos la inteligencia humana completa.
Las personas buscamos un equilibrio cognitivo, es decir uno un equilibrio en el que nuestros
conocimientos previos integren a nuestras nuevas experiencias. Cuando parece otra nueva
experiencia desconocida e incomprensible, al principio se provoca un desequilibrio. Esto nos
lleva al aprendizaje, el cual puede ser a través de la asimilación o acomodación, que es cuando
nuestras ideas viejas se encajan con las nuevas, o sea se encuentra un significado a lo nuevo que
se conoce. La acomodación es cuando estas viejas ideas se reestructuran para incluir a las
nuevas.
Desde que la persona nace, las acciones que va ejerciendo se repiten, se combinan, se
reorganizan, se diferencian. Piaget ha afirmado que dichas acciones poseen una lógica interna:
“sistematicidad y organización”, y a su conjunto las denominó “esquemas de acción”. Estos se
constituyen en instrumentos de conocimiento que permiten aprehender la realidad, se
conservan y se consolidan por el ejercicio, y, al aplicarse a nuevas situaciones se recombinan
formando nuevos esquemas, construyendo procesos de asimilación, lo cual supone la
incorporación (significación) del objeto a los esquemas mentales ya construidos por el sujeto.
Luego está la acomodación, la cual supone abrir los viejos esquemas para incorporar a los
nuevos conocimientos.
Una vez reestablecido el nuevo equilibrio, este tenderá a una mayor estabilidad y, a su vez, a
una mayor movilidad, lo que significa que la estructura será capaz de compensar un mayor
número de perturbaciones. Se puede decir que, en la marcha de construcción del conocimiento
al máximo equilibrio, le corresponde un máximo de actividad del sujeto.
Piaget ha observado que los niños, ante situaciones de perturbación cognitiva, en sus intentos
por compensarlas, dan respuestas muy creativas y originales, aunque, muchas veces, el
observador adulto las interpreta como “erróneas”. Si embargo, Piaget considera que los errores
están ligados al funcionamiento de las estructuras. Además, estas “teorías” que crean los niños
son provisorias, y forman parte del camino que deben recorrer hasta construir el conocimiento
que es considerado “socialmente válido”. Es en este sentido que Piaget ha considerado que el
error juega un rol constructivo.
El progreso cognoscitivo del sujeto está dado por los desequilibrios que pueden provocarle las
perturbaciones que encuentra a su paso. Será en ese esfuerzo por resolverlos cuando se
producirá la construcción de nuevos esquemas.
El aprender tiene un carácter subjetivamente, es decir que, tanto profesores como padres,
pretenden que los niños y jóvenes aprendan solo por el hecho de que de esa manera tendrán
asegurado un buen futuro… Pero así, como si “se los obligara a estudiar”, muchas veces estos
pierden el verdadero placer por aprender. Para que el aprendizaje genere un plus de alegría, se
necesita que el enseñante no imponga al aprendiente un fin utilitario.
Es un sujeto transicional.
Primero digo: “me enseñó”, pero al finalizar digo: “aprendí”. Y cuando digo esto, significa que
me he apropiado del conocimiento (autoría), y eso me va a llevar a que lo siga practicando hasta
que lo internalice.
ABC
Todo tipo de enseñanza pone de manifiesto un cierto tipo de comunicación, es por ello que
esta es compleja, ya que al final de cuentas, cuando un docente pretende enseñar un contenido
en específico a sus alumnos, también enseñará/transmitirá otras cosas. Es por eso que siempre
se dice que se comunica (y se aprende) más de una cosa a la vez.
Todo mensaje social comunica más de una cosa a la vez, y cada vía de comunicación, la palabra,
la postura corporal, la distancia, el gesto; tiene su propio código, su propio lenguaje.
Metamensajes: Mensajes que transmite el mensaje. Quien se dedica a trabajar con personas y
grupos, debe saber “metacomunicar”.
El mensaje que llega por las distintas vías no siempre es coherente o consistente. En la
transmisión sistemática que se produce en la escuela, los mensajes son múltiples, complejos y
provienen de diversas fuentes.
Todos los seres humanos necesitamos algún tipo de ayuda para adquirir habilidades y saberes.
La dotación genética de los seres humanos precisa ser complementada con la
formación/internalización de pautas y herramientas culturales. La forma que tenemos para
preparar a las personas para participar de los intercambios sociales es crear un sistema de
comunicación/influencia educativa.
Si bien, todas las personas nacemos con cierto potencial, el “potencial de desarrollo” se basa
en la diferencia entre lo que una persona puede hacer sola, y en lo que puede llegar a hacer con
la guía de otra persona más experimentada. Es aquí donde comienza a aparecer la educación,
haciendo que nuestro conocimiento vaya evolucionando para así empezar a sistematizar
aprendizajes más complejos.
Solos no podemos dirigir nuestra vida apenas nacemos, es por eso que es imprescindible que
alguien cumpla la función de “maternaje”.
Entendemos “conducta” tanto a acciones externas [físicas, observables], como a las internas
[mentales, no observables].