ACTIVIDAD: Crisis del modelo de “industrialización sustitución de importaciones” (ISI)
1. ¿Cuáles fueron los principales factores que llevaron al estancamiento y a la crisis del
modelo de industrialización por sustitución de importaciones (ISI) en América Latina?
2. ¿De qué manera afectó el modelo ISI a los sectores agrícola y manufacturero en países
como Brasil y México, y qué impacto tuvo en su desarrollo económico y social?
3. ¿Por qué fue necesaria la intervención del FMI en varios países de América Latina, y
cuáles fueron las consecuencias de las políticas de ajuste que recomendó para enfrentar
la inflación y el endeudamiento?
4. ¿Qué papel jugaron los ciclos económicos mundiales y el alza en los precios del petróleo
en 1973 en el aumento de la deuda externa latinoamericana?
5. ¿En qué aspectos del desarrollo urbano, la educación y la salud se pueden identificar
logros importantes del modelo ISI, y cómo influyeron estos en la transformación social
de América Latina?
6. ¿Cómo se diferencia el impacto de las reformas estructurales de los años 80 respecto a
los logros y desafíos que dejó el modelo ISI según el análisis del economista José Antonio
Ocampo?
Las nuevas políticas económicas: estancamiento, inflación, endeudamiento
Entre 1950 y el inicio de la década de 1980 América Latina adoptó un modelo basado en la
industrialización como motor principal del crecimiento. Hubo sin embargo énfasis diferentes
a lo largo de este período, así como diferencias por países y por regiones en cuanto a las
políticas, sus instrumentos y sus resultados. En términos generales, se registra una fase de
crecimiento sostenido. Algunos países lograron resultados mejores que los de India o China,
países que hoy son grandes potencias económicas a escala mundial. En 1950, la economía
argentina era la más grande de la región, pero luego fue superada por Brasil el cual, al llegar
al inicio de los ‘80 tenía un PBI que equivalía casi a tres cuartas partes del correspondiente
al Reino Unido. México tuvo un crecimiento semejante y hacia 1990 México y Brasil unidos
representaban tres quintos del PBI latinoamericano. En ese mismo año, la producción
argentina representaba sólo un tercio de la brasileña y la mitad de la mexicana.
Este crecimiento produjo una transformación de la estructura productiva, con un descenso
significativo de la participación de la agricultura en el PBI. Paralelamente, hubo un aumento
significativo de la participación del sector manufacturero. Estos cambios fueron
especialmente visibles en los países de rápido crecimiento como Brasil o México mientras
en otros la participación de la agricultura siguió siendo alta.
Esta realidad era parcialmente resultado de las perspectivas pesimistas para las
exportaciones tradicionales de productos básicos durante este período: un ambicioso
programa de industrialización aparecía como la estrategia adecuada. Por otra parte, en
algunos países se contaba con una acumulación previa de capital que permitía las
inversiones en la industria. En dos países, Brasil y Colombia, no es casual que los polos de
desarrollo industrial hayan coincidido con las respectivas regiones cafeteras de San Pablo y
Antioquia y capital, Medellín. La otra fuente de inversiones procedía de la inversión
extranjera directa. Todo ello resultó en que en los años 60 avanzó la diversificación del
comercio de América Latina con el crecimiento de las exportaciones manufactureras en
aquellos países donde el proceso de industrialización fue más firme.
En otros países, a finales de los años 50, se experimentaron problemas con el desarrollo
industrial, mientras se acentuaban el desempleo y la pobreza. Por otra parte, el lento
crecimiento de las exportaciones provocó restricciones en la disponibilidad de divisas para
importar insumos, materias primas y maquinaria necesarios para la industria. El débil
crecimiento en el volumen de las exportaciones se combinó con el deterioro en los términos
de intercambio. Varios productos básicos de exportación como el café, el azúcar y el algodón
sufrieron fuertes fluctuaciones. A ese cuadro se añadía el tamaño demasiado pequeño de
los mercados interiores de muchos países. Este último factor llevó a diseñar los primeros
grupos sub-regionales de integración que serán examinados más adelante.
El escaso desarrollo de las exportaciones llevó a muchos países a apelar al endeudamiento
para financiar el déficit y varios planes de inversión en infraestructura. En algunos casos, el
endeudamiento excesivo se tradujo en inflación y con ella llegaron los planes de
estabilización recomendados por el FMI. Como los países se vieron forzados a apelar a la
asistencia del organismo multilateral, tuvieron también que aceptar sus condiciones las
cuales se tradujeron en la adopción de un conjunto de políticas dirigidas a estabilizar precios
y tasa de cambio.
En ese proceso se origina un debate muy fuerte entre el pensamiento estructuralista,
representado en la CEPAL, y los ortodoxos y monetaristas. Los primeros sostuvieron que las
políticas recomendadas por el FMI se traducirían en la reducción de la inversión y
provocarían como resultado el retroceso en el proceso de industrialización. Los segundos
consideraban que la estabilidad monetaria era prioritaria sobre el desarrollo industrial.
A partir de ese debate luego se volvió un lugar común en los medios académicos y en la
prensa hablar de la crisis del modelo ISI aunque faltaron las evaluaciones cuidadosas. Un
reciente estudio de la CEPAL expuesto por el economista e historiador José Antonio Ocampo
revela que las reformas estructurales impulsadas desde finales de los 80 no se tradujeron
en un desempeño mejor que el alcanzado con el modelo ISI. Así, un balance primario de
esta parte establece que el modelo ISI produjo entonces algunos resultados positivos, al
menos en términos de crecimiento.
Pero además, un modelo económico es algo más que cuadros y cifras: tiene que ver con
impactos sociales precisos y en ese sentido se anotan en el haber del proceso de los años
50-80 varios logros importantes en términos de desarrollo urbano, expansión de la
educación y ampliación de la cobertura en salud que siempre se han considerado asociados
con los procesos de urbanización. América Latina se desruralizó durante ese período,
disminuyó las tasas de analfabetismo y mejoró los indicadores de salud, se extendió la red
de comunicaciones por carretera y por avión y regiones antes aisladas no sólo del mercado
mundial sino de sus propios centros económicos a escala nacional quedaron integrados en
circuitos activos.
De 1973 a 1982, cuando se inicia la crisis de la deuda y la llamada “década perdida” América
Latina vivió el impacto de los ciclos económicos mundiales. En primer término, la crisis
internacional originada en el alza de precios del petróleo en 1973 que tuvo efectos
diferenciados en los países según ellos fueran exportadores o importadores de petróleo.
Entre los primeros, se situaban México, Venezuela y Ecuador que eran miembros de la OPEP.
Mientras los países centroamericanos negociaron con ellos un tratamiento preferencial, las
dictaduras del Cono Sur, hostiles por razones ideológicas a la organización petrolera, se
abstuvieron y prefirieron que sus países pagaran los costos.
El impacto de la crisis de 1973 tuvo que ver con lo siguiente: los precios internacionales del
petróleo se multiplicaron por tres. Era la primera vez que un grupo de países en desarrollo
desafiaba al mundo desarrollado. Sin embargo, uno de los resultados fue que el alza en los
precios del petróleo originó una redistribución del ingreso mundial y una concentración de
fondos en los grandes centros financieros del mundo.
Este hecho posibilitó que los países en vías de desarrollo encontraran una coyuntura
excepcional de liquidez en los mercados financieros. Como resultado, la deuda externa de
los países latinoamericanos creció. Para decirlo en los términos de la historiadora de la
economía Rosemary Thorp, los “países latinoamericanos se habían endeudado más de lo
sostenible y los bancos internacionales habían prestado bastante por encima de un nivel
razonable de riesgo,” Cuando México suspendió el servicio de su deuda externa
desencadenó una espiral de graves consecuencias para las sociedades latinoamericanas que
tuvieron que experimentar los efectos de los planes de ajuste estructural y refinanciación
de la deuda.