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BEUCHOT, Ensayo Sobre Teoria de La Argumentacion

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ENSAYOS SOBRE

TEORIA DE LA ARGUMENTACION

DIRECCION GENERAL DE DIFUSION CULTURAL


UNIVERSIDAD DE GUANAmATO
podríamos
lOcimiento
tipos: del
c.; similar­
lles son las
pósitos del
INDICE
rrelaciones
unlado,y
el diálogo"
módulo de
con lo que
,misos".
tdo en esta Presentación . . . . . . . 5
e "sistema
Dialéctica y antidialéctica 9
arrollar un
La posibilidad de la argumentación dialógica 21
Los campos de la argumentación 33
La clasificación estoica de las falacias 53
Las falacias aristotélicas y Fray Jerónimo de Feijóo 65
Breve historia de los argumentos de petición de principio 79
Las falacias de petición de principio en la lógica de
Fray Alonso de la Vera Cruz 87
Retórica, diálogo y argumentación 99
Sobre algunos aspectos de la "argumentación" del
escepticismo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 109
El uso de los argumentos "ad hominem" en la
propaganda religiosa . . . . . . . . . . . . . . 117
Dialéctica y argumentación en la inteligencia artificial 133

BIBLIOTECA
UNIVERSIDAD
PANAMERICANA
.a caracteri~
ribir la rela­
;a, como un
lS. Como en
endeQuine
1S creenClas
mos, si bien
[) se hallan
LOS CAMPOS DE LA ARGUMENTACION

En lo que sigue intentaremos presentar las nociones principales


de algunos dominios de aplicación de los argumentos, según fueron vistos por
Aristóteles y los escolásticos, y que han pasado a formar parte de la herencia
o tradición argumentativa filosófica. Comenzaremos indicando qué cosa es
la argumentación para esta corriente y cuándo se aplica; diremos qué partes
tiene en su proceso, y pasaremos los modos fundamentales que en esta línea
de pensamiento se le han encontrado: (i) la argumentación analítica, que
corresponde a la lógica formal deductiva (axiomática), y que fue tratada por
Aristóteles en los Analíticos, Primeros y Segundos; en este tipo de argumen­
tación, que es la que se ha privilegiado las más de las veces, no nos detendre­
mos mayormente; (ii) la argumentación tópica o dialéctica, que corresponde
a los sistemas no axiomáticos sino de inferencia natural, que son los que
especialmente rigen el diálogo; esta argumentación fue tratada por Aristóteles
en los Tópicos; a ella pertenecen también las falacias, de cuya disolución trató
Aristóteles en los Elencos Sofisticos, y (iii) la argumentación retórica, no
entendida como la oratoria que sólo mueve las pasiones, sino como una teoría
argumentativa que alude al hombre total e íntegro, con su intelecto y su afecto.
Veremos estos temas en el tratamiento que recibieron de Aristóteles
y de los escolásticos porque ellos fueron maestros en el argumentar y, sobre todo,
porque concibieron al filósofo como productor de argumentos. Esta tradición es
1
muy recuperable hoy en día para fomentar y fortalecer el diálogo filosófico.

Cfr. M. Beuchot, "La teoría de la argumentación en Aristóteles», en Revista deftlosofia (UlA),


18 (1985), pp. 79-88; también recogido en C. Pereda e 1. Cabrera (eds.), Argumentación y

33
Beuchot I González

Naturaleza de la argumentación
¿Qué es argumentar? Argumentar es dar razones en apoyo de un
enunciado que uno cree. Eso que uno cree es la tesis que se sostiene, la cual
se sigue como conclusión de las razones que se aducen a favor de ella. De
modo que las razones son las premisas y la tesis es la conclusión. Por 10 general
adoptamos una tesis y después ofrecemos las razones que la apoyan. Aunque
suene curioso, pues, primero establecemos la conclusión (como tesis) y luego
buscamos las premisas (Le. damos las razones que la sostienen). A las
premisas solas, sin la conclusión, los lógicos escolásticos las llaman "argu­
mento" (o "argumentos"); a las premisas junto con la conclusión la llamaban
fI argumentación". Al proceso de construir argumentaciones le podemos llamar

"argumentar", y al proceso de intercambiar con otro argumentaciones le


podemos llamar Ifdiálogo argumentativo", o "discusión", o "debate".
Se puede argumentar de manera monológica, esto es, sin inter­
cambio o diálogo con otro; y se puede argumentar de manera dialógica, esto
es, con intercambio dialogal con otro. Las más de las veces es de esta segunda
forma como argumentamos. Hay un proponente y un oponente.
Siempre hay un problema, o cuestión, o pregunta. Ella dará origen
a la respuesta o tesis. Y esta última es lo que hay que probar. Justamente las
razones que buscamos para ella son sus pruebas. Las pruebas fungen como
premisas y la tesis es la conclusión, según ya apuntábamos antes.
Suele verse la argumentación como la relación expresada por "P,
por 10 tanto Q" (en dondeP y Q son enunciados), "P, y por eso Q", "P, de ahí
que Q", "Q, ya que P", IfQ porque p,,2. Podríamos añadir "P, luego Q", "P,
entonces Q" y otras. Los escolásticos distinguían tres vocablos principales
que señalaban tres adverbios conectivos básicos para este punto: (a) "si P,
entonces Q", del que se decía que era una simple ilación condicional; es lo
que ahora se llamaría inferencia correcta y corresponde a la implicación
material, que permite el paso de lo falso a lo verdadero. Pero no era consi­

filosofia, México: UAM, 1986, pp. 31-41; S. Toulmin, The Uses 01 Argument, Cambridge:
University Press, 1958; H. W. Johnstone, Philosophy and Argumenl, The Pennsylvania State
University Press, 1959.
2 Cfr. Ch. L. Hamblin, Fal/acies, London: Methuen, 1970, p. 228.

34
Teoria de la argum,entl~cí(}n

derada propiamente como una inferencia -pues una proposición no debe ser
confundida con una inferencia-. 3 (b) "P, luego Q", del que se decía que era
poyo de un
una ilación consecuencial; es la que ahora se llamaría inferencia válida y
me, la cual
corresponde a la implicación formal o estricta, que sólo permite el paso de lo
de ella. De
verdadero a lo verdadero. Y (c) "Q porque P", del que se decía que era una
rlo general
ilación causal; y, además de la condición de pasar de lo verdadero a lo
m. Aunque
verdadero, exige que las premisas sean causa de la conclusión, es decir, tienen
;is) y luego
que ser relevantes a la conclusión y manifestar su relación causal. De esta
en). A las
manera, la argumentación sin más no connota implicación (puede ser inválida
nan "argu­
y aun incorrecta). Pero donde hay implicación material, la argumentación es
a llamaban
correcta (la cual argumentación era poco usada y aun no admitida por todos),
mos llamar
y donde la hay formal, la argumentación es válida. Y además de la validez se
:aClones le
requiere la relevancia y la conexión causal. Esto nos mueve, ya,de entrada, a
e".
distinguir entre inferencia y prueba; algo que ya había hecho la lógica
, sin inter­ escolástica: un argumento puede ser válido, pero no probar, como sucede en
ógica, esto algunos casos de la petición de principio, en los que la conclusión verdadera
tasegunda se sigue de premisas verdaderas, pero no prueban la conclusión, ya que no
tienen con ella esa conexión causal que es requerida.

iará origen En cuanto a los temas de la argumentación, se puede argumentar


amente las sobre creencias y se puede argumentar sobre acciones. Es decir, hay una
1gen como argumentación teórica y una argumentación práctica. Las creencias, nos dice
Geach, pueden tener motivos, causas y razones (y lo mismo puede decirse de
las acciones). Pero aquí usamos sólo razones para creencias, con el signifi­
lda por "P, cado de "razones constatables, de cuya verdad se seguiría, con certeza o con
. "P, de ahí probabilidad, que la creencia es verdadera".4
go Q", uP,
)rincipales
(a) "si P,
¿Cuándo es conveniente argumentar?
onal; es 10
s
nplicación Ya Aristóteles decía que no se puede pedir prueba de.todo. El se
era conSl­ refería a los primeros principios, que no son susceptibles de una demostración

r, Cambridge: 3 Cfr. P. Th. Geach,Reason andArgument, Berkeley and Los Angeles: University ofCalifornia
>ylvania State Press - London: Basil Blackwell, 1976, p. 17.
4 ¡bid., p. 3.
5 Cfr. Aristóteles, Metaphysica, IV, 4, 100008-11.

35
Beuchot / González

directa, i.e. mediante otros principios. Pero también hay otros motivos por los
que no conviene argumentar, pues no se llegaría a nada. Por ejemplo, quitando
impedimentos socio-éticos, y sin ir hasta los primeros principios, cuando no
se comparten creencias básicas, se está argumentando por lo que el otro no
cree, yeso es petición de principio. No se puede argumentar así, no tiene caso
continuar hasta no haber convencido antes de esos presupuestos al interlocu­
tor.
En cambio, los mejores resultados se obtienen en la polémica
cuando se está de acuerdo sobre principios y reglas, i.e. sobre creencias básicas
y reglas de inferencia. Si alguien no acepta la lógica, es inútil argumentarle
lógicamente; si acepta la lógica, pero sigue una lógica con principios y/o
reglas distintos, también es inútil la polémica. Siempre es necesario llegar a
ciertos acuerdos básicos que, si no se dan, es preferible no perder el tiempo
construyendo argumentos que el otro por principio jamás aceptará.

Momentos principales de la argumentación


En el proceso argumentativo podemos señalar tres momentos o
tres operaciones: (i) comprender, (ii) enjuiciar y (iii) demostrar. La tercera es
en la que propiamente consiste el argumentar, pero justamente supone y reúne
a las otras dos. La primera operación es el comprender; tenemos que entender
el significado de los términos en cuestión, hemos de entender claramente
sobre qué discutimos, qué estamos defendiendo o atacando; sólo gracias a esa
comprensión indispensable podemos iniciar una comunicación conveniente.
Y, para que los términos resulten comprensibles, sin equívocos ni am­
bigüedades, tenemos el recurso a la definición. A fin de que nuestra argumen­
tación sea efectiva, definimos los términos que lo requieran, o pedimos que
los definan; así se evitarán muchas falacias y rodeos inútiles. Esa operación
intelectual de comprensión era llamada por los griegos "hermeneia", de ahí
la actual "hermenéutica", que se centra en la actividad de interpretar. Al
interpretar establecemos relaciones lógicas entre términos, construimos enun­
ciados o examinamos enunciados que se nos presentan. Y eso nos conduce a
la segunda operación, que es enjuiciar. En la operación de interpretación
veíamos las conexiones entre conceptos, obtenidas mediante la comprensión
de sus nexos; pero en el enjuiciamiento damos un paso más: examinamos la
36
Teorla de la argumentación

6
vos parlas verdad o falsedad de las proposiciones o enunciados. Ponemos en ejercicio
), quitando la crítica (para los griegos" crítica" venía de "krínein", que es lo mismo que
cuando no "juzgar"). Los enunciados constan, pues, de términos (puestos como sujetos
el otro no y predicados). Y los enunciados son lo que se usa como premisas de una
tiene caso argumentación. Surge una nueva relación lógica, la' que buscamos entre los
interlocu­ enunciados y que recibe el nombre de "inferencia". La inferencia la ejercita­
mos en la tercera operación del argumentar. Es el aspecto más decisivo de la
argumentación. Para que una argumentación tenga efecto, la conclusión debe
, polémica inferirse de las premisas. Puede tratarse de una inferencia lineal como en la
ias básicas lógica monológica (í.e. la que no implica diálogo) o puede ser una secuencia
:umentarle de intervenciones de los interlocutores como en la lógica dialógica (i.e. la
cipios y/o lógica del diálogo), pero siempre hay una pertinencia entre los enunciados
io llegar a que permite que se hable de inferencia, de alguna manera. Tiene que haber en
el tiempo 7
ellos cierta implicación. Como lo establece Hamblin, en una argumentación
(i) las premisas deben ser verdaderas. y
(ii) la conclusión debe estar implicada por ellas (en algún sentido
aceptable del término "implicar").
Estos tres ciclos o etapas de la argumentación eran denominados
)mentos o por los filósofos escolásticos como "los tres modos de saber". porque en
tercera es realidad sintetizan los tres modos principales del conocimiento -según lo
neyreúne hemos visto-; tales modos de saber eran: (a) la definición, (b) la división y
e entender (c) la argumentación. La definición y la división (que se entiende aquí tanto
laramente como clasificación cuanto como enunciación que separa conceptos o térmi­
lClas a esa nos) eran los preliminares de la argumentación, y propiamente la argumenta­
lVeniente. ción era el raciocinio o inferencia demostrativa. Inclusive. para los
)s ni am­ escolásticos la argumentación era el objeto principal de la lógica, y la lógica
argumen­
limos que
operación
a", de ahí 6 Ya se entienda la verdad en sentido coherentista, correspondentista o pragmatista, ésta se da s610
en los juicios (mentales) y en las proposiciones o enunciados (orales o escritos). En los juicios
pretar. Al se da la verdad como en su sede propia, en su aspecto mental, y en proposiciones y enunciados
nosenun­ se da como en su signo, como en la expresión de los anteriores. En suma, los juicios son los
:;onduce a portadores de la verdad de manera propia y las proposiciones o enunciados lo !lOn como en un
signo.
'pretación 7 Ch. L. H.amblin, Op. cit., p. 324.
I1prensión
¡namos la
37
Beuchot / González

misma era vista como una teoría de los modos de saber. 8 Era una lógica llena
de vida, orientada hacia la argumentación en la disputa filosófica.

Modos de argumentar
Desde la antigüedad se han distinguido dos grandes clases o
modos de la argumentación. Aristóteles las denominaba" analítica" y "tópica",
ya que una era la que exponía en sus libros Analíticos Primeros y Segundos,
y la otra en su libro sobre los Tópicos. Ambos tipos de argumentación tienen
la misma fuerza inferencial o deductiva, pero diferente fuerza en las premisas.
La argumentación analítica tiene principios o premisas necesarias y autoevi­
dentes, mientras que la argumentación tópica tiene premisas contingentes y
opinables. La argumentación analítica procede por esos principios o axiomas
y además por reglas de inferencia, mientras que la argumentación tópica no
cuenta con axiomas, sino sólo con reglas de inferencia (como en nuestros
actuales sistemas lógicos de inferencia natural). En ambos tipos de argumen­
tación se supone la verdad de los principios o premisas, pero en la inferencia
analítica esa verdad de las premisas es evidente (de manera lógica, no
necesariamente empírica), y en la inferencia tópica la verdad de las premisas
es pragmática o por convención (pues sólo se puede utilizar una premisa si es
aceptada por el interlocutor en el diálogo o debate).
La argumentación analítica es, pues, la que corresponde a la de
un sistema axiomático (que, aun cuando parezca que no necesita argumenta­
ción polémica, era concebido desde los griegos en términos de discusión y de
diálogo).9 A diferencia de ella, la argumentación tópica es como un sistema
de reglas de inferencia. En efecto, los tópicos, aunque en cierta manera pueden
ser vistos como principios, son más bien reglas (o esquemas) de pro­
cedimiento basadas en principios (al modo como en la lógica actual las leyes

8 Cfr. v. MuñozDelgado,La obra lógica de Pedro de laSema (1583-1642). La lógica como una
filosofía de los modos de saber, Madrid: Eds. de la revista Estudios, 1966.
9 Así, en los Analflicos Posteriores, de Aristóteles, los conceptos técnicos de la axiomática eran
definidos por relación al maestro y al alumno como interlocutores de un diálogo: axioma era lo
que entendían y aceptaban tanto el maestro como el alumno; áUema o postulado era lo que
entendía el maestro y todavía no el alumno, pero el maestro le pedía (i.e. postulaba) que lo
aceptara y vería los resultados, etc.

38
TeOlía de la argumentación

Jgica llena lógicas se transforman en, o se usan como, reglas lógicas), son ciertas
"recetas" de procedimiento u operación.
La tópica, por lo demás, es el tipo de argumentación más rica y
diversificada. La analítica es, como dijimos, la deducción en un sistema
axiomático. Pero pocas veces nos encontramos en la posibilidad de recurrir a
s clases o ese procedimiento argumentativo. Y es entonces cuando se tiene que recurrir
I
y"tópica", a la argumentación tópica o de inferencia natural, la cual era subdividida en
Segundos, dialéctica y retórica (ambas palabras con un sentido que cuidadosamente
~ión tienen tenemos que definir).
¡premIsas.
yautoevi­
ingentes y La argumentación tópica-dialéctica
oaxiomas
La argumentación tópica se presta más que la analítica para el
l tópica no
diálogo vivo. Más que inferencia lineal, es una sucesión de intervenciones
n nuestros
alternadas. lO La tópica dialéctica que es toda una lógica dialógica tiene como
:argumen­
fin aportar el método para disputar de manera probable acerca de cualquier
inferencia
tema o problema, utilizando el razonamiento dialéctico o silogismo tópico. 11
lógica, no
A diferencia de la lógica analítica, que no podía tratar de cualquier cosa, la
s premIsas
lógica tópica sí puede hacerlo, porque es más lo que se puede tratar de manera
~misa si es
probable, y aun lo apodíctico es susceptible de ese tratamiento. En la lógica
tópica se trata del predicado dialéctico, del problema dialéctico, de la proposi­
lde a la de ción dialéctica, de la proposición probable y del silogismo tópico, junto con
rgumenta­ los tópicos o lugares de los que se toman los esquemas o reglas de argumen­
usión y de tación dialéctica y dialógica.
JO sistema
Los términos del enunciado son dos: sujeto y predicado, pero el
;rapueden
predicado es la parte principal del mismo, por ello se tratará del predicado
.) de pro­
dialéctico. Los predicados posibles son cuatro, según el esquema tradicional:
tI las leyes
(i) género, (H) definición, (iii) propio y (iv) accidente. Son los predicados que
'icacomo una

iomática eran 10 Cfr. P. Noriega y E. González Ruiz, "Los sistemas dialógicos y algunas de sus aplicaciones", en
axioma era lo Ila Reunión de Inteligencia Artificial, Monterrey (México), 1985, pp. 85 ss.
:lo era lo que 11 Seguimos la exposición que de los tópicos hace Antonio Rubio en su Logica Mexicana ...
ulaba) que lo C011lmentarii Breviores 11Iaxime perspicui in universa11l Aristote/is Dialecticam, una cum dubiis
et quaestionibus, hac tempestate agitari solitis... , Lyon: A. PiIlehott, 1620, p. 664.

39
Beuchot I González

aduce Aristóteles, y según ellos estructura los lugares argumentativos en los


Tópicos. 12 Ellos muestran cómo se atribuye un predicado a un sujeto, y al
mismo tiempo cómo se ha de probar la conveniencia de dicho predicado a ese
sujeto.
En efecto, la disputa tiene como origen una cuestión o problema,
y siempre es la pregunta de si un predicado conviene a un sujeto. En el fondo
se pregunta por un predicado atribuible. Por consiguiente, el predicado tópico
es lo que se puede preguntar de una cosa en la disputa. Y, por ende, tantos son
los predicados cuantas son las preguntas que pueden hacerse sobre una cosa.
De los predicados, por tanto, se toma el número de problemas que hay, de
modo que si puede sistematizarse lo predicable, también 10 cuestionable o
discutible, y se tendría así el principio de clasificación para los mismos tópicos
dialécticos. Y, ya que de una cosa preguntamos o su género, o su definición,
o sus propiedades, o sus accidentes comunes -y toda otra pregunta puede
reducirse a una de éstas-, resulta que esos cuatro ~redicados dan el orden de
las cuestiones y de los tópicos de argumentación. 1
El problema dialéctico y la proposición dialéctica son los modos
de enunciar la cuestión acerca de la que se discute. El problema enuncia los
dos lados de la cuestión (p. ej. "si 'animal racional' es la definición de hombre,
o no"), mientras que la proposición dialéctica sólo enuncia uno de ellos (p.
ej. 11 ¿piensas que 'animal racional' es la definición del hombre?"). El problema
dialéctico añade al enunciado el modo de interrogación y la proposición
dialéctica le añade el modo de duda. Pues bien, tanto el problema dialéctico
como la proposición dialéctica se dividen según los cuatro predicados tópicos
que hemos mencionado.
Generalmente el problema dialéctico sirve en la disputa para
plantear la cuestión a debatir, y por eso tiene el primer lugar: anuncia 10 que
se va a discutir en general. A diferencia de él, la proposición dialéctica, que
es una pregunta más concreta, sirve como interrogación lanzada por el
oponente al respondiente (o proponente, o sustentante), para que éste a su vez
enuncie la proposición que va a defender. La defensa se efectúa mediante un

12 Cfr. Aristóteles, Toptea, 1, 1, lOOb21.


13 Cfr. A. Rubio,Op. cit., pp. 665-666.

40
Teona de la argumentación

silogismo tópico construido a base de proposiciones probables; con ello se


.Ívos en los
puede probar lo intentado y satisfacer a la pregunta o cuestión. Por eso el
mjeto, y al
problema y la proposición dialécticos no forman parte propiamente del
icadoa ese
silogismo tópico, sino que más bien 10 preparan y lo preceden; y sólo la
proposición probable forma parte de él; y por ende sólo ella pertenece con
'problema, toda propiedad a la disputa.
~n el fondo
Tomamos aquí "probable" en el sentido de argumentable, no de
:adotópico
probabilístico. Es lo que parece plausible a todos, o a la mayoría o al menos
,tantos son
a los entendidos en el tema en cuestión. Lo probable es lo intermedio entre 10
e una cosa.
evidentemente verdadero y lo evidentemente falso (de manera cercana a la
lue hay, de
clasificación que hace Wittgenstein de las proposiciones en tautológicas,
;tionable o
contradictorias y contingentes; éstas últimas serían para nosotros las proba­
[lOS tópicos
bies). 14 La proposición probable es la que, siendo de hecho verdadera, o falsa,
definición,
o necesaria, o cierta, parece probable a sus usuarios, a causa de alguna
unta puede
verosimilitud que encuentran en su opuesta. Por ello, aun cuando no es posible
el orden de
que dos contradictorias sean verdaderas al mismo tiempo, sin embargo,
pueden ser al mismo tiempo probables, pues así pueden parecerlo a la
los modos comunidad epistémica. De estas proposiciones probables se compone el
muncia los silogismo probable.
dehombre,
Y, ya que el silogismo tópico tiene premisas probables, también
:le ellos (p.
infiere una conclusión probable. 15 Aun cuando sólo una premisa sea probable
Jprcrblema
y la otra sea evidente, la conclusión es probable solamente, pues la conclusión
lroposición
, dialéctico siempre sigue a la parte más débil (que en este caso es 10 probable, por
jos tópicos contraposición a lo evidente).
Por otra parte, los esquemas argumentativos, o los "lugares" de
los que se sacan los argumentos probables -y que además reciben la forma
sputa para
silogística- son los tópicos (tópoi o loci, lugares) argumentativos. Ellos son
neia 10 que
los que llevan el mayor peso en el desarrollo de la discusión, pues son como
éctica,que
las reglas de juego (o reglas de inferencia) dentro de la misma. Se nos
ada por el
presentan a modo de reglas de procedimiento: p. ej. "es válido pasar de una
;tea su vez
tediante un
14 Cfr. L. Wittgenstein, Tractatus logico-philosophicus, Frankfurt am Mmn: Suhrkamp Verlag,
1969,4.25 ss.
15 Cfr. Arist6teles, Topica, 1,1, 1001129.

41
Beuchot I González

propiedad del todo a una propiedad de la parte", o como entimemas, i.e. como
silogismos truncos, a los que les falta una premisa, y que con sólo una premisa
obtienen la conclusión, p. ej. "esto puede hacerlo un inferior, luego puede
hacerlo el superior", o "una parte de este ejército puede vencer a este enemigo,
luego todo el ejército podrá hacerlo". El entimema se convertía fácilmente en
silogismo completo, pues la premisa faltante tenía el mismo término medio
que la otra. Pero originalmente se presentaban en forma esquemática, ya sea
como simples entimemas o como principios generales acompañados de
estrategias (o reglas) argumentativas que se derivaban de ellos. l. e. consistían
en una estrategia argumentativa a la que se adjuntaba un principio en el que
se apoyaba; p. ej. se decía: "del todo a la parte, porque 10 que conviene al todo
conviene asimismo a la parte". Además, al principio se le llamaba la "proposi­
ción máxima", o "máxima" simplemente, y a la clase de casos se llamaba la
"diferencia de la máxima". P. ej., en el tópico del todo la máxima es: "lo que
conviene al todo conviene a la parte", y la diferencia de la máxima es: "del
todo a la parte" .
Los tópicos eran, por tanto, algo más cercano a esquemas argu­
mentativos o reglas de inferencia que a leyes y mucho menos a axiomas. 16
Aunque algunos de ellos tienen carácter de principios, no se toman aquí como
axiomas, sino como reglas inferencia les. Pues, según se dijo, la dialéctica o
tópica es la lógica de lo probable, y, en consecuencia, no puede partir de
axiomas, ya que ello la haría lógica de 10 cierto y apodíctico. Más bien es una
lógica que procede por reglas de inferencia o estrategias, sin axiomas. Tales
reglas de inferencia (p. ej. "es válido pasar del todo a la parte") son los tópicos.
Se intenta el cambio de creencias por parte de los contrincantes,
y, si la prueba tuviera un carácter apodíctico, el cambio de creencias se daría
automático e instantáneo, como una corrección o rectificación de un error.
Pero vemos que en la dialéctica es muy arduo hacer cambiar de creencia al
contrincante. El objetivo sigue siendo el cambio de creencias, y, sin embargo,
justamente el procedimiento dialéctico es ir poco a poco aportando los
elementos para que ese cambio se produzca. Inclusive puede decirse que la

16 Cfr. E. Stump, "Dialectic in Ancient and Medieval Logíc", en su traducción de Boecio,De topicis
d¡fferentiis, Ithaca and London: Cornell University Press, 1978.

42
Teoría de la argumentación

s, 1.e. como posibilidad de un cambio ordenado de creencias es lo que caracteriza a la


mapremisa lógica dialógica en contraste con la monológica, donde todo puede dirimirse
lego puede radicalmente mediante un test de consistencia aplicado al argumento del otro.
:eenemigo,
~ilmente en
En cuanto a la clasificación de los tópicos también se ha discutido
lino medio mucho. A algunos les parece que han sido acumulados sin ningún orden
tica, ya sea teórico, y sólo tomando en cuenta como criterio la utilidad para rebatir. Mas,
por ejemplo, en el caso de Aristóteles, la guía fue aportada por los predicables
>añados de
o tipos de predicados dialécticos. Y también en la doctrina de Boecio se
. consistían
observa el mismo orden, tanto lógico como gnoseológico y hasta ontológico.
o en el que
¡eneal todo Se puede incluso construir una tabla o lista de los tópicos combi­
a "proposi­ nando las clasificaciones de Aristóteles y de Boecio, y así -de acuerdo con
llamaba la toda una tradición- dividirlos en intrínsecos y extrínsecos (omitiendo los
es: "lo que tópicos intermedios, que había puesto Boecio entre unos y otros), y el
:na es: "del fundamento es el mismo. El argumentar por los tópicos intrínsecos hace
pensar que se está basando la argumentación en la misma esencia intrínseca
emas argu­ de la cosa en cuestión, o en algo que la acompaña de cerca. Y en los tópicos
extrínsecos el argumento se apoya en algo que es exterior a la esencia de la
axiomas. 16
cosa, y, por lo mismo, más accidental y menos fuerte para probar. Se ve que
aquí como
el objetivo es lograr el cambio de creencias en el oponente, pues argumentar
iialéctica o
con base en los tópicos intrínsecos equivale a decirle que está sosteniendo
.e partir de
algo en contra de la esencia misma de la cosa, lo cual es bastante tozudez y
bien es una
contrario a la razón. En cambio, los tópicos extrínsecos se apoyan en algo
mas. Tales
exterior y accidental con respecto a la cosa, y tienen menos fuerza que los
los tópicos.
anteriores en las premisas.
ltrincantes,
ias se daría Los tópicos intrínsecos son nueve: el tópico de la definición (lo
e un error. que conviene a la definición conviene a lo definido, p. ej. "La ciencia que
enseña a hacer argumentos es necesaria para adquirir las otras ciencias; pero
creencia al
la dialéctica es la ciencia que enseña a hacer argumentos; luego es necesaria
nembargo,
para adquirir las otras ciencias ti), el del género (lo que conviene e~encialmente
)rtando los
al género, también a las especies), el de la diferencia (lo que conviene a la
:irse que la
diferencia, también a las subalternas), el de las partes (lo que necesariamente
acompaña a la parte, también al todo), el del todo (dado el todo, necesaria­
mente se dan sus partes esénciales), el de la descripción (lo que conviene a la
:cío,De topicis
descripción conviene a lo que ella describe), el del propio (lo que conviene a
la definición conviene a la propiedad), el del accidente (si los accidentes del

43
Beuchot / González

predicado no convienen al sujeto, tampoco el predicado será coherente a ese


sujeto), el del sujeto (lo que repugna a los accidentes, también al sujeto o
substancia, porque donde está el sujeto están los accidentes y donde están los
aCCI·dentes está' e1 sUJeto.
. ) 17

Los lugares extrínsecos, por su parte, son once: el tópico de los


conjugados (lo que se dice de uno de dos conjugados, se dice del otro
guardando las debidas distinciones), el de los semejantes (lo que se da en un
semejante, también en el otro), el de las causas (puesta la causa, se pone el
efecto), el del efecto (quitado el efecto, cesa la causación, p. ej. "No es de día,
luego no brilla el sol"), el de lo mayor (quien puede lo más, puede lo menos),
el de lo menor (quien no puede lo menos, no puede lo más), el de la autoridad
divina, el de la autoridad humana (a cada quien hay que creerle en lo que
domina), el de los opuestos repugnantes (lo que conviene a uno no puede
convenir al otro), el de los opuestos disparatados (10 que conviene a un
disparatado no conviene siempre al otro), y el de los desemejantes (lo que
.
conVIene .
a uno no conVIene a1 otro. 18

La argumentación tópica-dialéctica negativa: las falacias


Dentro de la dialéctica aristotélica se solía incluir el tratado de los
sofismas o falacias, como la parte negativa de la tópica, es decir, de defensa.
Aristóteles hizo que los nombres de "sofista" y "sofisma" quedaran para
designar, respectivamente, al hombre que sólo busca la apariencia de sabio
sin serlo de verdad, y la argumentación viciosa en la que se llega al error o se
defiende la falsedad encubriéndolas y disfrazándolas de verdad. Se definía el
sofisma o falacia como la oración argumentativa que, debido a la semejanza
con el silogismo auténtico, aparenta ser un silogismo, sin serlo de verdad. La
falacia tiene un doble origen: la forma o la materia. Puede deberse a la forma,
yen este sentido es paralogismo, o silogismo en el que la materia es verdadera,
pero la forma es ilegítima o inválida (por ir contra alguna regla silogística).
Puede también deberse a la materia, que es doble: remota (términos) y próxima

17 Cfr. A. Rubio, Op. cit., p. 674.


18 Cfr. Ibidem.

44
Teoria de la

rente a ese
(proposiciones). En cuanto a la materia remota o términos, tenemos como
al sujeto o
causa de la falacia a los vocablos que se emplean, en los que la significación
le están los
varía, pero aparenta ser idéntica, se llama falacia en la dicción (sofismas
debidos al lenguaje o lingüísticos); en cuanto a la materia próxima o proposi­
>ico de los ciones, tenemos como causa de la falacia los conceptos que se unen en la
e del otro predicación y que se refieren a realidades, se llamaJalacia en las cosas ofuera
.e da en un de la dicción (sofismas debidos a las cosas o extralingüísticos).19
se pone el
De entre los sofismas debidos a la dicción, podemos distinguir los
) es de día,
siguientes: falacia de equívoco, falacia de anfibología, falacia de composi~
lo menos),
ción, falacia de división, falacia de acento y falacia de figura de dicción.
t autoridad
en lo que (i) Falacia de equívoco: es aquella en la que un nombre equívoco
I no puede o con diferentes significados es usado como si tuviera uno solo. P. ej. "Los
TIene a un gramáticos aprenden; pero los gramáticos son sabios; luego los sabios apren­
:es (lo que den". Aquí el término "aprender" es equívoco, pues de una manera se dice
"aprender" al acto de entender al que enseña algo, y así, aun los sabios
aprenden; y de otra manera se dice "aprender" al acto de recibir de otro una
ciencia (en este caso la gramática, que los sabios aJordori conocen), y así los
sabios no aprenden.

tado de los (ii) Falacia de anfibología: es aquella en la que toda una oración
le defensa. que significa diversas cosas es usada como si significara la misma. P. ej. "Todo
laran para lo que es de Aristóteles es propiedad de Aristóteles; este libro es de
a de sabio Aristóteles; luego es propiedad de Aristóteles". Aquí la expresión lllibro de
1error o se Aristóteles" puede tener dos sentidos: o que la doctrina contenida en el libro
~ definía el fue escrita por Aristóteles en la antigüedad, o que el libro es actualmente
semejanza posesión de Aristóteles.
verdad. La
(iii) y (iv) Falacias de composición y de división: aquellas en las
a la forma, que dos expresiones pueden significar distintas cosas unidas o separadas, y
verdadera, se usan como si tuvieran una sola significación. P. ej. "Todo número que se
tlogística). compone de dos y de tres, es dos y tres; pero el número cinco no es dos y tres;
ypróxima
luego el número cinco no se compone de dos y de tres". Aquí "dos y tres"

19 Seguimos la exposici6n que de los elencos sofisticos de Aristóteles hace Santo Tomás en su
opúsculo ffDefaJlaciís", en M. Beuchot (ed.), Tomás de Aquino. Opúsculos filosóficos selectos,
México: SEP, 1986, pp. 197- 234.

4S
Beuchot / González

tienen diferentes significados y son tornados corno si tuvieran uno solo; pero
pueden entenderse del sujeto separadamente y resultar así una verdad; se trata
de una falacia de composición. Lo cual se ve si la compararnos con ésta:
"Todas las cosas que son dos y tres, son dos; pero cinco es dos y tres; luego
cinco es dos". Aquí sucede lo contrario a lo anterior; si la expresión "dos y
tres" se torna en sentido compuesto, resulta verdad; se trata por ello de una
falacia de división.
(v) Falacia de acento: es poco frecuente y casi ridícula; consiste
en dar a una expresión diferentes significados según se la pronuncia. P. ej.
"sábana" y "sabana" son diferentes según el acento con que se las pronuncie,
y lo mismo otras.
(vi) Falacia de figura de dicción: es aquella en la que se torna una
dicción corno semejante a otra que en realidad no lo es, existiendo la siguiente
relación: una tiene sentido propio, la otra tiene un sentido figurado o trasla­
ticio. P. ej. "Hombre es especie; Sócrates es hombre; luego Sócrates es
especie". Aquí hay una confusión proveniente de la dicción "hombre", que se
torna en doble significado: corno esencia universal y corno individuo o
persona.
De entre los sofismas debidos a la cosa, podernos distinguir los
siguientes: falacia de accidente, falacia del paso de lo relativo a lo absoluto,
falacia de ignorancia del elenco, falacia de petición de principio, falacia de
consecuente, falacia de causa falsa, y falacia de intetrogación múltiple.
(i) Falacia de accidente: es aquella en la que algo se predica de la
misma manera del accidente y de la substancia, y que se tornan corno una sola
cosa, siendo que sólo son una accidentalmente. P. ej. "Este perro es tuyo, y es
padre; luego es tu padre". Esta falacia se debe a que "perro" y "padre" son uno
por accidente, esto es, sólo en este caso.
(ií) Falacia del paso de lo relativo a lo absoluto: es aquella en la
que se concluye que convienen de manera absoluta cosas que sólo convienen
relativamente. P. ej. "El etíope es blanco de dientes; luego es blanco". Esta
falacia resulta de tornar corno blanco el todo, siendo que se predicó sólo de
una de sus partes.

46
Teoría de la

) solo; pero (iii) Falacia de ignorancia del elenco (tomada del voca,blo griego
lad; se trata "élenjos", que significa silogismo contradictorio, en el que se contradice algo;
s con ésta: su vicio procederá de la ignorancia de lo que es el silogismo y de 10 que es la
tres; luego contradicción): es la falacia en la que se ignora el modo de contradecir algo,
,ión "dos y por lo cual se trata de una contradicción sólo aparente. La contradicción debe
~1l0 de una ser de lo mismo, según lo mismo, respecto de su misma manera de ser,
respecto del mismo lugar y respecto del mismo tiempo. P. ej. "La casa está
cerrada por la noche, pero no por el día; luego está cerrada y no está cerrada".
a; consiste
En esta falacia se concluye una contradicción aparente, pues no se toma en
ncia. P. ej.
cuenta la simultaneidad del tiempo.
pronuncie,
(iv) Falacia de petición de principio: es aquella en la que una cosa
se toma como prueba de sí misma con otras palabras, asumiendo así, como
e toma una
principio de prueba, lo mismo que debe ser probado. P. ej. "Platón es hijo de
a siguiente
Sócrates; porque Sócrates es padre de Platón". Aquí se toma como prueba lo
lo o trasla·
:ócrates es mismo que debe ser probado, cambiando sólo el modo de decirlo. Y sucede
de otras formas, como cuando se quiere probar el universal por sus individuos
Ire", que se
(que son igualmente cuestionables), o cuando se argumenta por 10 que el otro
tdividuo o
no acepta, etc. 20
(v) Falacia de consecuente: es aquella en la que se estima que el
tinguir los
antecedente se sigue del consecuente de la misma manera que el consecuente
) absoluto,
se seguía del antecedente. P. ej. "Si algo es asno, es animal; pero tú eres
falacia de
animal; luego tú eres asno". No se sigue, porque intenta inferir 10 más común
tiple.
de lo menos común, confiando en que lo menos común sí se había seguido de
edica de la lo más común.
la una sola
(vi) Falacia de ignorancia de la causa o de falsa causa: es aquella
,tuyo, y es
en la que se pone entre las premisas alguna que no causa la conclusión ni
en son uno

uella en la 20 En la falacia de petición de principio se da auténtica consecuencia o inferencia válida, pero no


hay prueba; porque hay identidad proposicional entre antecedente y consecuente; y esto hizo que
convienen ya los lógicos escolásticos distinguieran entre inferencia y prueba, a propósito de esta falacia.
neo". Esta Por ejemplo, lo hace Pedro Hispano en el siglo XlII. Cfe. J.. Mackenzie, "Confirmation of a
có sólo de Conjecture of Peter of Spain Concerrung Question-Begging Arguments", en Joumal 01 Phi/o­
sophica/ Logic, 13 (1984), pp. 35-45. El texto se encuentra en P. Hispano, Traclatus, llamados
después Summule logicales, trad. de M. Beuchot, México: Instituto de Investigaciones Filosófi­
cas de la UNAM, 1986, p. 150.

47
Beuchot I González

influye en que se siga. P. ej. "El alma y la vida son idénticas; la muerte y la
vida son contrarias; la generación y la corrupción son contrarias; pero la
muerte es corrupción; luego la vida es generación". Esto significaría que vivir
es ser engendrado, lo cual es falso, porque lo que vive ya ha sido engendrado.
Pero lo que ocurre es que se han opuesto muerte y vida como contrarias, siendo
en realidad opuestas por privación de lo otro; hay una premisa falsa y que
además no hace al caso; se ha fallado al asignar en la premisa mayor la causa
de la conclusión, y se puso una premisa impertinente o irrelevante.
(vii) Falacia de pregunta múltiple: es aquella en la que se responde
a varias interrogaciones como si fueran una sola, pensando así que no exige
más que una y la misma respuesta. P. ej. "¿Eres hombre y asno? Si respondes
negativamente, entonces no eres hombre; si respondes afirmativamente,
entonces eres asno". Esta falacia se debe a que no se han tomado por separado
las preguntas que van implicadas en la que se expresa, para responderlas cada
una según se requiere.
Para refutar fácilmente las falacias, hay que tener en cuenta que,
si la falacia procede de la materia, puede tratarse de la materia remota
(términos) o de la materia próxima (proposiciones). Procede de la materia
remota cuando se debe a la ambigüedad de los términos de que constan las
proposiciones que constituyen las premisas; en este caso se pide hacer
distinciones en cuanto a la dicción. Procede por la materia próxima cuando
se debe a la falsedad de las proposiciones que constituyen las premisas; en
este caso se niegan sin más. Y si la falacia procede de la forma, se trata de
algún vicio en la disposición argumentativa de la que depende la inferencia,
no hay consecuencia buena, y entonces se rechaza la consecuencia o inferen­
cia.

La argumentación tópica-retórica
La retórica se ha entendido muchas veces como una especie dé
sofistica o sofistiquería, que mueve tramposamente la inteligencia y la volun­
tad hacia algo. Pero en la concepción tradicional no es asÍ. La retórica se
inscribía en una teoría de la praxis o teoría de la acción que se conecta con la
ética, de acuerdo con la cual intenta mover a los hombres hacia el bien de la
polis o sociedad. Con ella se trata de aludir a todo el hombre (no sólo a su

48
Teoria de la argumentación

nuerte y la inteligencia, sino también a su voluntad) para producirle convencimiento de


as; pero la 10 que se cree verdadero y bueno para la comunidad política. Es cierto que
.laqueVIVIr
..
hay una habilidad natural en algunos para la oratoria, pero también se ha
1gendrado. sintetizado en un arte o ciencia; es cierto que muchas veces se utilizó
~ias, siendo únicamente en aras del poder (como en el caso de los sofistas, los antiguos y
:alsa y que los de todos los tiempos), pero también es un arma de la verdad y del bien.
or la causa Aristóteles quiso que estuviera sujeta a la filosofia y que transmitiera los
•" contenidos filosófico-morales con una persuasión profunda; por eso -según
él- la retórica combinaba una teoría de la argumentación (es la parte que
eresponde
alude al intelecto) con una psicagogía (o psicología aplicada al conven­
:e no exige
cimiento, y es la parte que alude a la voluntad, mediante el movimiento de las
respondes , ' ) 21
paSIOnes y emOCIOnes .
tivamente,
Irseparado Además, se ha visto que en el debate entre escuelas filosóficas se
:ledas cada ponen en cuestión los principios mismos de cada sistema, y éstos las más de
las veces no tienen principios comunes más universales por los que puedan
ser probados (como lo muestra la actual metafi/osofia), y tiene que acudirse
:uenta que,
a la persuasión, En estos casos no se tiene la posibilidad de una inferencia
ría remota deductiva, ni siquiera de una argumentación dialéctica-tópica, sino que se
la materia
argumenta con una presión sobre el ánimo; es un debate que no puede ser tan
:onstan las
frío y desapasionado, sino adornado por la persuasión,
)ide hacer
na cuando Al definir la retórica, ya Aristóteles la coloca en la teoría de la
emlsas; en argumentación, en la lógica misma, como un terreno en el que ésta encuentra
se trata de una aplicación especial y su; generis. En la línea aristotélica se nota un
inferencia, predominio que se concede a la parte intelectiva del hombre sobre su parte
o ¡nferen­ volitiva; por eso la persuasión del bien para la po/is o ciudad se hace sobre
todo argumentando; el mover los afectos es algo concomitante y que refuerza
el argumentar, no algo que lo desplaza, ni siquiera que está en rango de
igualdad con éL De ahí que la retórica, para Aristóteles, esté relacionada con
la dialéctica (tópica), pues ambas tienen que ver con la argumentación, ambas
son teorías de la argumentación. 22 Pero hay diferencias entre dialéctica y
especie de·
if la volun­
:etórica se 21 Cfr. Alfonso Reyes, La antigua retórica, en Obras Completas, vol. XIII, México: FCE, 1961,
pp. 349 ss.; Aristóteles, Rhe/orica, 1, 1,passim.
~cta con la
22 Muy posteriormente, en el siglo XVI, Domingo de Soto hará que tanto la retórica corno la misma
bien de la poética pertenezcan a la lógica aristotélica, una corno la argumentación de lo verosímil y la otra
,sólo a su

49
Beuchot I González

retórica. Así como la lógica analítt,ca versa sobre lo verdadero y necesario,


así a la lógica tópica y a la retórica les basta 10 que es opinable, plausible y
verosímil. Y la retórica difiere de la dialéctica en que no echa mano tanto del
silogismo como del entimema, que es un silogismo abreviado. El argumento
retórico es aun más breve que el dialéctico, por el curso más rápido de la
oratoria, comparada con la discusión dialéctica. Además, en la dialéctica no
se mueven las pasiones y emociones, mientras que en la retórica sí.
La retórica versa, pues, sobre lo verosímil, tiene corno objeto la
persuasión y los medios conducentes a ella. Y procura la persuasión de
cualquier cosa: ciertamente resultaría raro hablar de persuadir acerca de lo
necesario y evidente, por eso se dice que persuade acerca de 10 probable,
creíble y verosímil. Incluso, puede decirse que le compete tratar cosas que son
verdaderas pero de las que no hay evidencia inmediata, resultando, pues,
opinables, discutibles y creíbles por el contexto; y las trata en cuanto que aquí
lo verdadero (como los primeros principios) tiene que hacerse verosímil para
aquellos que ni siquiera como eso lo aceptan o no alcanzan a verlo como tal. 23
Los argumentos que se usan en la retórica pueden aludir más al
intelecto o más a la voluntad, e incluso pueden ser cosas ajenas al arte retórica.
Por eso Aristóteles divide primeramente los argumentos retóricos en extrín­
secos al arte (y son los que preexisten a él, como los testigos, la tortura y otros
medios semejantes de persuasión) e intrínsecos al arte (y son los que se van
descubriendo al paso que se incrementa y se desarrolla esta disciplina).
Los argumentos intrínsecos o intra-artísticos son de tres clases:
(i) unos radican en el carácter del que habla, (ii) otros radican en provocar al
oyente cierto estado de ánimo, y (iii) otros radican en el discurso, según 10
que significa o 10 que parece significar. Los argumentos de los tipos (i) y (ii)
son eminentemente psicagógicos o fundados en motivos psicológicos, pues
los que se basan en el carácter del que habla se apoyan en que sus buenas
costumbre y autoridad provocan en el ánimo de los oyentes la inclinación a
darle crédito; y los que se basan en el ánimo de los oyentes son semejantes:
se apoyan en que las personas conceden diversamente según el estado de

como argumentación de 10 posible.


23 Cfr. Aristóteles, Rhetorica, 1, 2, 1355b29.

50
Teoría de la argum1entl:lCl(m

, necesano, ánimo que tengan, y éste puede producirse y modificarse (por la psicagogía).
plausible y Los argumentos que son más cercanos a la lógica y a la teoría de la argumen­
10 tanto del tación, en sentido propio de discurso racional, son los que radican en el
argumento discurso mismo, y se basan en que se muestra lo verdadero o 10 verosímil
ipido de la según lo que en cada caso parece persuasivo. Respecto a esto, dice Aristóteles
aléctica no que la persuasión se basa en el conocimiento de la argumentación y en el
conocimiento de la psicología humana; por ello el que sabe razonar lógica­
mente y el que conoce los caracteres y las virtudes, a sí como las pasiones, es
.0 objeto la
el que puede realizar bien el convencimiento. Por eso puede decirse que la
suasión de
retórica es algo que ha crecido a la vera de la dialéctica y de la psicología
~erca de 10
social o política; y es más cercana a la dialéctica que a la política, pues la han
) probable,
acercado a la política quienes quieren hacer abuso de ella, pero se encuentra
sas que son
más vinculada a la dialéctica o lógica porque, al igual que eH'}, no tiene un
mdo, pues,
objeto particular sobre el que versa, sino que ambas se encargan de procurar
to que aquÍ razones o argumentos?4 La retórica, así, participa de la dialéctica en cuanto
Jsímil para produce razones conforme a la lógica, y participa de la política en cuanto las
23
comota1. produce conforme a la psicagogía, que es como la psicología al servicio de la
ldir más al política. Según ambas se produce la persuasión.
te retórica. Los medios persuasivos que se ponen al alcance de la retórica en
; en extrín­
la dimensión raciocinativa o lógica dependen de la dialéctica. Según ésta, son
tura y otros
de dos clases principales: inducción (epagogé) y deducción (syllogismós).
que se van También la dialéctica nos enseña que la inducción abreviada es el paradigma
¡lina).
o ejemplo y que la deducción abreviada es el entimema. Por eso Aristóteles
:res clases: llega a decir que el entimema es el silogismo retórico o deducción retórica y
)rovocar al que el paradigma o ejemplo es la inducción retórica. 25 A eso añade que los
), según lo discursos que proceden mayormente por entimemas son mejores que los que
os (i) y (ií) son más abundantes en ejemplos. Y en todos estos casos se tiende a lo
~icos, pues persuasible, verosímil o creíble. Por ello, aunque algunas premisas de los
ms buenas entÍmemas retóricos sean necesarios, la mayoría son contingentes. Y lo
~linación a contingente es aquello que ocurre de ordinario, lo que los escolásticos
emejantes: llamarán contingens ut in p/uribus, y es lo mismo que lo verosímil. Aristóteles
estado de dice que se puede razonar por indicios o por argumentos, pero en ambos casos

24 [bid., 1, 2, 1356a5; A. Reyes, Op. ciJ., pp. 375 ss.


25 Cfr. Aristóteles, Rhelorica, l, 2, 1356b3.

51
Beuchot I González

el retórico buscará lo verosímil. Y, dado que lo más frecuente y seguro es


razonar por argumentos, éstos han de preferirse; y, como los argumentos
discurren por ciertas reglas o tópicos, al igual que sucedía en la dialéctica,
deben establecerse como aquéllos: como reglas o esquemas de inferencia.
Ellos deben usarse en los tres géneros de la oratoria, que son el género
deliberativo, el forense y el de exhibición. El primero es para persuadir de
algo que se ha de hacer o no hacer, el segundo para persuadír de que algo se
ha hecho o no, y el tercero para persuadir de las virtudes o los vicios de
alguien. 26 .

26 Cfr. ¡bid., 1, 2, 1357a4. Sobre estos temas puede verse Ch. Perelman, The New Rhetoric and Ihe
Humanilies, Dordrecht: Reidel, 1979 y H. W. Johnstone, Valtdity andRhetoric in Philosophícal
Argument, Pennsylvania: The Free Press ofMan and World, 1977.

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