Mod 4
Mod 4
en vacunas
Curso investigación en vacunas
Curso InVac
MÓDULO 4
Irene Rivero, Mara Garcés
Las vacunas, como el resto de los fármacos de la farmacopea, se diseñan con un objetivo terapéutico. En este
caso específico, su intención es producir en nuestro organismo una respuesta inmune suficiente para pre-
venir determinadas enfermedades. Al margen de la respuesta inmune y el impacto, en términos de eficacia
vacunal del preparado, a las vacunas se les exige el máximo estándar de seguridad de todos los fármacos co-
mercializados. Esta exigencia está completamente justificada, dado que se administran en su amplia mayoría
a personas sanas, la mayoría de ellos niños pequeños, y en porcentajes de población elevados.
Como el resto de los fármacos, una vez se dispone de datos correspondientes a la investigación clínica básica
de que el preparado vacunal puede, de una forma segura, producir un efecto beneficioso de protección frente
a una enfermedad, es necesario evaluar dicho efecto en los seres humanos, cuantificándolo de alguna mane-
ra, y a la vez seguir confirmando su seguridad en las diferentes etapas del estudio.
En este capítulo vamos a abordar porqué y cómo se realizan estos estudios, concretamente en el ámbito de
las vacunas, y cuáles son los “actores” implicados dentro de todo este proceso. Así mismo, aprovecharemos
para explorar cuáles son los requisitos que debe cumplir un investigador en vacunas en términos de forma-
ción y cuestiones éticas relacionadas con la investigación en humanos.
El ser humano, desde el principio de los tiempos, ha intentado comprender el comportamiento del mun-
do que nos rodea a través de su observación, buscando una explicación con la intención de poder predecir
los acontecimientos, generándose el concepto de “explicación científica”. Sin embargo, el desarrollo de una
metodología para poder obtener esta “explicación” de forma sistematizada, que en la actualidad conocemos
como “método científico” y que en nuestro ámbito conocemos como “método empírico-analítico”, ha sido
objeto de intenso y recurrente debate a lo largo de los últimos 3 siglos.
Desde la descripción realizada por Aristóteles de los diferentes tipos de razonamientos y la construcción del
empirismo hasta la actualidad, muchos pensadores han intentado dilucidar la mejor manera de obtener el
máximo conocimiento de la naturaleza que nos rodea, intentando acercar el método científico al estudio de la
medicina.
El Método Científico está compuesto de varios pasos que deben seguir un orden y una completa rigurosidad.
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La estandarización del método facilita la aplicación objetiva de toda la comunidad científica. Se basa en los
siguientes pasos:
Aunque resulte sorprendente, y a pesar de que todos los descubrimientos científicos son fruto de la apli-
cación de este método, no fue hasta mediados del siglo XX cuando la medicina basada en pruebas o en la
evidencia (MBE) irrumpió en la práctica habitual de la medicina con el objetivo de mejorar la calidad de la
práctica clínica y disminuir la enorme variabilidad de la práctica médica que había hasta el momento.
Para poder decidir si aplicar o no una determinada intervención es fundamental poder aplicar una jerarquiza-
ción a la evidencia científica disponible. La primera disponible fue elaborada por la Canadian Task Force on the
Periodic Health Examination en 1979 y adaptada después por la U. S. Preventive Services Task Force (USPSTF)
en 1984. Esta jerarquía establece niveles de evidencia (NE) y grados de recomendación (GR) para sujetos
asintomáticos, indicando en base a ellos qué procedimientos serían adecuados y cuáles debían ser evitados.
Desde entonces se han elaborado diferentes propuestas y clasificaciones, y todas ellas comparten como
paradigma de la evidencia un tipo de estudio: el ensayo clínico.
Los sujetos participantes son asignados de forma aleatoria a las distintas intervenciones que se comparan.
De este modo, se establece la posibilidad de “comparar” si una nueva intervención (p.e. una nueva vacuna)
es mejor frente (grupo control) a una antigua o a “no hacer nada” (placebo). Ambos grupos son seguidos
de forma concurrente durante un periodo de tiempo determinado y se comparan las diferentes respuestas
obtenidas en los dos grupos del estudio.
La aleatorización favorece que los grupos de intervención y de control sean similares en todo excepto en la
intervención, por lo que, si se detectan diferencias en la respuesta entre los dos grupos, es más probable que
se deban a la intervención en estudio.
Este tipo de estudio se piensa que presenta el menor número de errores sistemáticos o sesgos; por ello se
considera que constituye la mejor prueba científica para apoyar la evidencia de eficacia de una intervención
concreta. Está considerado como el diseño más idóneo para evaluar la eficacia de las intervenciones sanita-
rias.
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El requisito de que el resultado de un ensayo clínico es que sea predecible. Esta condición se expresa general-
mente en función de su repetibilidad: si se realizan las mismas intervenciones en objetos de estudio similares
en las condiciones especificadas, entonces se debe obtener el mismo resultado. Este requisito es fundamen-
tal para los ensayos clínicos, ya que los realizamos para obtener información confiable en la práctica clínica.
a) Pregunta o hipótesis inicial. Los resultados del ECA deben poder responder a la pregunta o hipó-
tesis planteada. Ésta debe estar adecuadamente estructurada y deben estar definidos la población
implicada, la intervención, la forma de comparación y las características de los resultados.
b) Aleatorización. La asignación de los participantes en los grupos de intervención debe realizarse me-
diante un procedimiento de aleatorización que asegure que todos los sujetos tengan la misma probabi-
lidad de acceder a cualquiera de los grupos establecidos. Además, el algoritmo o secuencia de aleatori-
zación debe permanecer oculto para asegurar que no pueda existir interferencia en la asignación, tanto
por parte del investigador como de los participantes. La aleatorización permite realizar pruebas direc-
tas de causa y efecto y construir pruebas válidas de significancia estadística. Los ensayos clínicos deben
utilizar métodos verificables de aleatorización, de tal manera que después del estudio el investigador
pueda demostrar que la asignación se mantuvo libre de sesgo.
d) Seguimiento. Debe ser completo e igual en los diferentes grupos de intervención, asegurando ade-
más la comparabilidad de ambas muestras en términos de tamaño muestral para evitar interferencia
con los resultados del ECA.
e) Análisis de los resultados. Los sujetos se analizan en función del grupo al que fueron inicialmente
asignados (análisis por intención de tratar) y según el grupo en el que finalmente participaron (análisis
por protocolo). El análisis por intención de tratar da una estimación del beneficio de una intervención
más cercana a la práctica diaria (efectividad) ya que incluye todos los sujetos participantes, indepen-
dientemente de que hayan podido incluirse o no en el análisis por protocolo.
- Diseño paralelo: los sujetos del estudio siguen el tratamiento al que han sido asignados al azar duran-
te el tiempo que dure el ensayo.
- Diseño de tratamiento sucesivo: cada sujeto es asignado al azar a un grupo que sigue una secuencia
de tratamiento previamente determinada, de manera que cada persona recibe más de un tratamiento.
Variantes:
• Diseño de tratamiento de remplazo. Obtiene datos sobre el efecto de cambiar un tratamiento.
Los sujetos se dividen en grupos iguales.
• Diseño cruzado (Crossover). Un grupo recibe un tratamiento y el otro en orden inverso. Cada
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sujeto sirve como su propio control.
• Diseño factorial: se pueden asignar de manera aleatoria dos o más intervenciones en forma
independiente, siempre y cuando no exista una interacción; de tal manera que los sujetos pueden
no recibir ninguna intervención, una de ellas o eventualmente todas.
b) Enfoque de enfermedad
c) Tipo de asignación
- Fija
- Dinámica
- Adaptativa
d) Tamaño muestral
- Fijo
- Secuencial
e) Número de sedes
- Centro único: Es aquel realizado por un solo investigador o equipo de investigación en un centro hos-
pitalario o extrahospitalario.
- Multicéntrico: Es aquel realizado en dos o más centros con un mismo protocolo y un coordinador que
se encarga del procesamiento de todos los datos y del análisis de los resultados.
Cada nueva vacuna candidata a ser aplicada a la población debe evaluarse para determinar su seguridad,
inmunogenicidad y eficacia protectora en seres humanos antes de que tenga licencia para su uso. Para ello, se
utiliza como metodología de estudio el ensayo clínico, que como veíamos en apartados anteriores, se consi-
dera el paradigma actual de la evidencia.
Después de la evaluación inicial de seguridad, cada vacuna candidata sigue un camino de desarrollo único y
diferente, en función de que se trate de una nueva vacuna para la prevención de una enfermedad o que se
trate de un nuevo producto con diferente mecanismo de protección a los anteriores o una modificación de
este. Influyen además en su desarrollo las características específicas de cada vacuna (organismos vivos, pro-
teínas, subunidades…), la epidemiología de la enfermedad, el tipo de población a la que se va a aplicar, etc.
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El desarrollo clínico de una vacuna está basado fundamentalmente en las directrices emitidas por la Orga-
nización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) y la Administración de
Fármacos y Alimentos de los Estados Unidos (US-FDA). Estas directrices incluyen los objetivos, población a
estudio, diseños de estudio, lugares donde se realiza y resultados de cada una de las fases (Fase I-III) de un
ensayo clínico.
Las agencias reguladoras de todo el mundo dividen este proceso de desarrollo en fases preclínicas (pruebas
in vitro e in vivo en animales) y clínicas (ensayos clínicos en seres humanos).
Pocas vacunas candidatas consiguen pasar del laboratorio (fase preclínica) a la fase de ensayos clínicos. Para
poder hacerlo y continuar su desarrollo, deben superar criterios como la inmunogenicidad demostrada en
animales de experimentación, ausencia de toxicidad, la existencia de respuesta de inmunogenicidad, impacto
en la salud pública, la rentabilidad y la preexistencia de una vacuna con un perfil de riesgo-beneficio satisfac-
torio.
Los ECA se consideran en la actualidad el “estándar de oro” de la investigación en vacunas. Son estudios
aleatorizados en donde los participantes se asignan al azar para recibir la vacuna de investigación o el control
(placebo, vacuna diferente). Su carácter prospectivo permite el control de las variables, evita el sesgo y maxi-
miza las posibilidades de detectar una diferencia entre la vacuna en investigación y el control.
A estas cuestiones se suma una exigencia mayor y especial cuando se realizan ensayos clínicos de vacunas en
una población pediátrica, a diferencia de los medicamentos que se administran a los pacientes, las vacunas
son administradas a sujetos sanos, por lo que el margen de seguridad debe ser muy alto.
Como los niños sanos también reciben inmunización bajo el programa de vacunación sistemática de cada
país, el diseño del ensayo se complica debido a la posibilidad de interferencia durante la coinmunización o
coadministración.
Además, el desarrollo clínico en pediatría implica que previamente el producto debe haber sido evaluado en
términos de seguridad primero en adultos, seguido de los adolescentes y niños antes de poder ser evaluado
en lactantes.
Antes de la aprobación reglamentaria, una vacuna candidata generalmente se somete a tres fases de desa-
rrollo en seres humanos, que, en su mayor parte, progresan secuencialmente: fase I, fase II y fase III.
Después de completar con éxito los ensayos de la fase III y luego de obtener la licencia del producto, los estu-
dios de la fase IV, también denominados estudios de vigilancia posterior a la comercialización se utilizan para
continuar monitorizando la seguridad y la efectividad de la vacuna una vez aplicada a la población.
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en cuanto a dosis, seguridad, pauta o vía de administración.
En esta fase de desarrollo algunos ensayos pueden ser abiertos y no aleatorizados, en función
del objetivo principal de seguridad que se busque. No obstante, la mayoría son ECA, frente a un
placebo o un preparado vacunal frente a una enfermedad diferente, como comparador. Para con-
trolar el sesgo, el estudio puede ser simple o doble ciego. Estos estudios se realizan en el ámbito
hospitalario o en centros que disponen de un hospital de atención terciaria cercano.
Las pruebas de laboratorio de seguridad clínica (por ejemplo, hematología, bioquímica, análisis
de orina) también forman parte de los datos de seguridad que se recopilan al inicio del estudio,
a intervalos definidos y al final del ensayo. Los ensayos de inmunogenicidad deben validarse y rea-
lizarse preferiblemente de acuerdo con las buenas prácticas de laboratorio clínico (GCLP).
La Agencia Europea del Medicamento (EMA) establece una serie de directrices para la presenta-
ción de los datos inmunológicos de las vacunas, que se resumen del siguiente modo:
En esta fase el número de participantes es mucho mayor que en la fase I, pasándose de un entor-
no clínico controlado a una primera evaluación de campo. Se reclutan, por lo general, cientos de
sujetos de la población objetivo de forma multicéntrica, lo que permitirá concluir con certidum-
bre si la vacuna candidata es segura, suficientemente inmunogénica y quizás protectora. Estos
ensayos se realizan habitualmente en el ámbito de la atención primaria, que dispone de acceso a
prácticamente toda la población general.
El objetivo de esta fase consiste sobre todo en la estimación de la dosis óptima de vacuna y la
pauta vacunal óptima.
Del mismo modo que en la fase I, en la fase II se sigue evaluando la seguridad de la vacuna estu-
diada. Por regla general, el control utilizado en estos estudios es un placebo que permite estimar
mejor la tasa de reacciones adversas detectadas. El tamaño muestral de estos estudios se calcula
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en función de la potencia estadística deseada y se espera que proporcionen un resultado clínica-
mente significativo en términos de seguridad, inmunogenicidad y eficacia.
Los estudios de fase II evalúan el impacto de múltiples variables en la respuesta inmune, como la
edad, raza, género, presencia de anticuerpos preexistentes, etc, y tienen en consideración tanto
la edad de administración de la vacuna, como el número y el intervalo entre dosis. Para vacunas
cuya población diana son los lactantes, habitualmente se establece un proceso progresivo de
estudio que se inicia en adultos, adolescentes y niños antes de realizar el ensayo en lactantes.
Así mismo, los estudios fase II se subdividen en diferentes estudios para poder estimar de forma
correcta el impacto de variables como la estimación de la dosis seleccionada, el programa elegido,
el grupo de edad y la duración del seguimiento, antes de continuar con los estudios de fase III. Su
máximo interés es proporcionar información sobre la eficacia protectora en humanos de las dosis
empleadas. Estos estudios, denominados fase IIa, hacen referencia a los estudios iniciales. Se
realizan con un número delimitado de sujetos y permiten una evaluación rápida de si el preparado
vacunal tiene características óptimas para seguir avanzando en la investigación y progresar hacia
otros estudios, denominados fase IIb o estudios finales, previos a la fase III. Los estudios fase
IIa se realizan en pocos sujetos, con criterios de inclusión/exclusión más estrictos, y los fase IIb,
que incluyen más sujetos, evalúan la eficacia y la seguridad y representan una demostración más
rigurosa de la eficacia del nuevo compuesto.
Del mismo modo que sucede en los estudios de fase I, en los de fase II se evalúa la respuesta hu-
moral y la concentración mínima inhibitoria (CMI) considerada como inmunógena en las vacunas,
pero en esta ocasión con el objeto de determinar la dosis óptima a emplear. En la mayoría de las
ocasiones, la vacuna deberá demostrar de forma directa su eficacia frente a la enfermedad en los
estudios.
Este precepto se cumple para todas las vacunas con la excepción de las que protegen frente a
enfermedades de muy baja incidencia, aunque de elevada morbimortalidad. En este caso se ad-
mite la utilización de los correlatos serológicos de protección como medida indirecta de la eficacia
vacunal. Esto es necesario porque una incidencia baja significa que se requiere un gran número de
sujetos para estimar la eficacia de la vacuna en comparación con los números necesarios si la inci-
dencia de la enfermedad es mayor. Estos correlatos de protección estimados también se emplean
en la fase III. Un ejemplo de su uso son las vacunas conjugadas frente a los meningococos C o
ACWY. Estas vacunas se autorizaron en España en base a estos correlatos serológicos, sin datos
de eficacia directa.
Los eventos adversos detectados en la fase I (solicitados y no solicitados) son recopilados tam-
bién en la fase II con el objeto de estimar la seguridad vacunal. Dado que el tamaño muestral en
esta fase es mucho mayor, los estudios de la fase II tienen mayor potencia estadística para esti-
mar diferencias significativas de los eventos adversos entre los grupos. Del mismo modo orien-
tan con su resultado los eventos adversos específicos que deben evaluarse en ensayos de fase III
con mayor tamaño muestral.
Estos ensayos están diseñados típicamente para evaluar la eficacia y la seguridad, y se realizan a
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gran escala, es decir, con la participación de miles de sujetos, lo que aumenta todavía más la po-
tencia estadística de los estudios. Se denominan también “estudios de campo”, ya que el elevado
número de participantes hace que la condición se asemeje a cuando la vacuna sea utilizada de
forma rutinaria en un futuro.
Los ensayos clínicos fase III también se subdividen en: estudios fase IIIa, que se llevan a cabo una
vez determinada la eficacia y constituyen la evidencia de efectividad que se exige para la trami-
tación del expediente de la nueva vacuna. Estos estudios se denominan también “ensayos pivo-
tales” y son fundamentales en la solicitud de valoración de la nueva vacuna por las autoridades
reguladoras. La fase IIIb incluye estudios que se realizan una vez aceptada la tramitación y antes
de la aprobación y comercialización de la nueva vacuna.
En los estudios fase III de vacunas frente enfermedades infecciosas se pueden evaluar diferentes
objetivos en función de las prioridades para la salud pública y para la enfermedad que se desea
proteger. En función de estas características, se pueden evaluar: la eficacia de la vacuna en fun-
ción de la susceptibilidad, colonización, progresión y patogenicidad e infecciosidad de la enfer-
medad, efectos indirectos de la vacunación en los no vacunados y efectos generales a nivel de la
población.
Si los resultados de la fase III demuestran eficacia y seguridad, el fabricante de la vacuna puede
enviar una solicitud a la autoridad reguladora nacional para otorgar licencias y comercializar el
producto.
Las fases anteriormente descritas suelen transcurrir de forma consecutiva, aunque en ocasiones
pueden superponerse entre sí, comenzando una fase posterior sin haber terminado las previas.
Vamos a evaluar de forma somera estos diferentes elementos, fundamentales para comprender todo este
proceso.
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punto de vista ético, podríamos encontrar muchos errores en la metodología que empleó Jenner para
sus estudios.
Por desgracia, la investigación clínica con seres humanos está llena de ejemplos de abusos cometidos
por “científicos” amparados en la supuesta neutralidad de la ciencia. Este pasado reciente nos debe re-
cordar que siempre debemos estar atentos a la exigencia de mecanismos de protección de las personas
que participan en los ensayos clínicos.
La ética en la investigación es un campo de reciente desarrollo. Se trata de una ética aplicada o prác-
tica, que trata de resolver problemas no meramente generales, sino también específicos, que surgen
en la realización de la investigación. Exige que la práctica de la ciencia se realice conforme a principios
éticos que aseguren el avance del conocimiento, la comprensión y mejora de la condición humana y el
progreso de la sociedad. Se focaliza el interés en la perspectiva moral de la ejecución de la investigación,
en la consideración de sus aspectos éticos, en su naturaleza y fines.
Existen 4 principios éticos básicos a respetar: el sujeto experimental debe dar su consentimiento libre
a la investigación (autonomía de su voluntad), el investigador tiene derecho a decidir las condiciones
en las que el sujeto participará, siempre y cuando, el procedimiento que se aplique alcance el mayor
estándar ético y asegure el respeto a la dignidad del ser humano. Finalmente, los datos obtenidos sólo
podrán utilizarse para el estudio, asegurando la protección de datos, privacidad y confidencialidad.
El primer conjunto de normas éticas para la investigación en seres humanos formuladas por la comu-
nidad médica internacional fue establecido en 1964, tras la Segunda Guerra Mundial, por la Asociación
Médica Mundial (AMM) en la Declaración de Helsinki. La AMM es una organización internacional que
representa a los médicos y fue fundada en 1947. Se han realizado diversas actualizaciones, y la última
versión fue aceptada en la 64.ª Asamblea General, en Fortaleza, Brasil, en octubre de 2013.
La declaración incluye un número de importantes códigos de práctica ética para la investigación en
seres humanos. Define los principios éticos de forma breve y es un documento fundamental de guía
para la investigación en seres humanos. A pesar de ello, no es un instrumento legal que vincule interna-
cionalmente, aunque muchas de las leyes nacionales recogen estos principios éticos.
Declaración de Helsinki
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La buena práctica clínica (BPC) es un término acuñado en Estados Unidos (Good clinical practi-
ce, GCP) que engloba una serie de normas dirigidas a garantizar los derechos de los sujetos que
participan en un ensayo clínico, asegurar la calidad de los datos y evitar errores en la investigación
clínica.
De acuerdo con dicho documento, titulado “Normas de BPC” (Note for guidance on Good Clinical
Practice, CPMP/ICH/135/95), la BPC se define como una norma internacional de calidad científica
y ética dirigida al diseño, registro y redacción de informes de los ensayos clínicos en los que parti-
cipan seres humanos.
“Las buenas prácticas clínicas (BPC) son un estándar de calidad ética y científica internacional para el
diseño, la realización, el registro y la comunicación de ensayos en los que participan seres humanos. El
cumplimiento de ese estándar proporciona una garantía pública de que los derechos, la seguridad y el
bienestar de los participantes de los ensayos están protegidos, de manera coherente con los principios
originados en la Declaración de Helsinki, y que los datos del ensayo clínico son creíbles”
La Directiva Europea 2001/20/EC puso las bases legales y administrativas para la aplicación de las
normas de BPC en los ensayos clínicos con medicamentos realizados en Europa. Esta Directiva ha
sido transpuesta en España mediante el Real Decreto 223/2004, de 6 de febrero, que regula los
ensayos clínicos con medicamentos.
La Directiva 2005/28/EC establece los principios y directrices detalladas de la BPC respecto a los
medicamentos en investigación de uso humano, así como los requisitos para autorizar la fabrica-
ción o importación de dichos medicamentos. Esta directiva ha sido transpuesta en España por
medio de la Orden SCO/256/2007 de 5 de febrero, modificada por la Orden SCO/362/2008.
Los ensayos clínicos en los que se basa la autorización de comercialización de los medicamentos en
Europa deben seguir las normas de BPC de acuerdo con la Directiva 2004/27/EC transpuesta en
España mediante el Real Decreto 1345/2007, de 11 de octubre, que regula la autorización, registro
y dispensación de los medicamentos de uso humano.
Todas las personas y entidades implicados en el desarrollo de un ensayo clínico deben tener en
cuenta, no solo las normas de BPC, sino también las directrices científicas sobre calidad, seguridad
y eficacia de los medicamentos de uso humano adoptadas por el CHMP y publicadas por la EMA,
así como las demás directrices farmacéuticas comunitarias publicadas por la Comisión Europea en
los distintos volúmenes de las Normas sobre Medicamentos en la Unión Europea.
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EMA-BPC
Ministerio de Sanidad (Normas de Buena Práctica Clínica)
El desarrollo de una nueva vacuna está formado por un patrón estricto de interacción. Por ello, están
definidas las diferentes responsabilidades que permitan el desarrollo de ensayos clínicos de alta calidad,
de manera segura y ética.
El promotor interactúa tanto con la autoridad regulatoria como con el investigador antes, durante y
después del ensayo, mientras que el investigador interactúa con el CE generalmente.
No obstante, el personaje fundamental de un ECA son los participantes del ensayo, pacientes o vo-
luntarios sanos. Aunque no participen en el ensayo clínico a través del desarrollo o la planificación del
ensayo, sin ellos sería completamente imposible llevar a cabo la investigación.
Cada país tiene su propia autoridad regulatoria de fármacos. Estas autoridades elaboran normas
para la aprobación y realización de protocolos de ensayos clínicos. Si el ECA se realiza en diferentes
países, puede ser supervisado por varias autoridades regulatorias de fármacos en función del país.
Las autoridades regulatorias de fármacos reciben distintos nombres en los diferentes países. Por
ejemplo, en los EE. UU. la autoridad es la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), en
la Unión Europea se llama Agencia Europea de Medicamentos (EMEA); y en Japón, es el Ministe-
rio de Salud, Trabajo y Bienestar Social (MHLW). Otros ejemplos son, Salud Canadá (Canadá), la
Administración de Alimentos y Medicamentos del Estado, (SFDA, China), la Administración de
Bienes Terapéuticos (TGA, Australia), el General de Control de Fármacos de la India (DGCI, India),
la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (ANVISA, Brasil), y el Servicio Federal de Control de la
Atención Médica y el Desarrollo Social (Roszdravnadzor; Rusia).
Son responsabilidades de las autoridades regulatorias, entre otras, revisar y aprobar los protocolos
de ensayos clínicos y asegurar que los ensayos clínicos cumplan con las normas nacionales de un
país y las directrices internacionales.
4.2.2. Promotor
El promotor de un ensayo clínico es una persona, empresa, institución u organización que se res-
ponsabiliza de la gestión y la financiación de un ensayo clínico. Un promotor puede ser una empre-
sa farmacéutica o biotecnológica, una organización sin fines de lucro como un fondo de investiga-
ción, una organización gubernamental o una institución en la que se llevará a cabo el ensayo o un
investigador individual.
El promotor solicita el permiso de la/s autoridad/es reguladora/s para el inicio del ensayo, presen-
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tando un protocolo del ensayo clínico que debe ser evaluado y aprobado por un comité ético de
ensayos clínicos. Debe asegurar, además, la coordinación entre las actividades de los ensayos clíni-
cos mientras dure el estudio (desarrollo del protocolo, solicitudes regulatorias, auditorias, gestión
de los datos clínicos, pruebas de laboratorio, etc). Debe asegurar también que los investigadores
dispongan de información completa y actualizada acerca del estudio.
La monitorización de ensayos clínicos es uno de los procesos clave para lograr el éxito en una
investigación. El monitor trabaja para asegurar que en los ensayos se obtienen datos fiables, res-
petando la normativa y la ética. El promotor debe asegurar la existencia de monitores o asociados
de investigación clínica que actúen en su representación. El monitor es el enlace entre el promotor
y el investigador clínico y su equipo de investigación, interactuando regularmente, monitoreando
los diferentes procesos y el cumplimiento del protocolo.
4.2.3. Investigador
Los equipos de investigación están formados habitualmente por el investigador principal y uno
o varios subinvestigadores, uno o varios enfermeros y, en caso de ser necesario, demás personal
de apoyo para el estudio. Puede pertenecer a centros médicos académicos, hospitales públicos o
centros de atención primaria, organizaciones médicas privadas o instalaciones de investigación.
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