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Apuntes Biograficos: Biografia de D. Bernardino Rivadavia

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  • Literatura y Sociedad,
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  • Ciencia y Tecnología
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José María Gutiérrez

APUNTES BIOGRAFICOS
DE
ESCRITORES, ORADORES Y HOMBRES DE ESTADO DE LA
REPUBLICA ARGENTINA.

BIOGRAFIA DE D. BERNARDINO RIVADAVIA.


Los hombres notables de la revolucion argentina de quienes nos separan el
tiempo y la muerte, soportan bajo sus humildes sepulcros el doble peso de la
losa y de la indiferencia.
La vida de nuestro pueblo ha sido turbulenta, rápida como un torrente. Nos
hemos derrumbado por sus aguas, sin hallar aquel reposo que exige la
contemplacion de la historia para poder distinguir con claridad la fisonomia de
los personajes que en ella se ilustraron.
Mientras tanto, los pueblos, como las familias se robustecen para las luchas
en que la virtud sale triunfante, volviendo la vista en las horas de conflicto á
las imágenes respetadas de los antepasados que conservó el arte ó perpetua la
tradicion.
[14]
Quien, en los momentos de fragilidad, en las indecisiones de la conciencia,
no ha hallado el buen camino á la luz de la mirada de su padre, aun arrojada
desde la region de la muerte? Nos retraemos de una accion que nos reprobaria
desde su tumba aquel á quien hemos amado y respetado en vida.
Y como el ciudadano es un hombre, y el pueblo es la coleccion de las
familias, y la patria el hogar de una sociedad entera; ese mismo poder
morijerador que ejerce sobre el individuo el recuerdo de sus antecesores, se
ejerce tambien sobre las naciones por la memoria de los varones eminentes
que son sus gloriosos projenitores.
El viento de nuestras querellas ha llevado en pedazos á nuestros viejos
próceres. Es preciso buscar la huella de sus pasos en los caminos del destierro,
en el pavimento de las cárceles, en la sombra triste á donde les confinó la
injusticia ajena ó los propios desengaños.
Es necesario lavar de sobre ellos las manchas de lodo con que les salpicó el
carro revolucionario, reparar sus mutilaciones, colocarles en dignos
pedestales, á fin de que la juventud les venere y se estimule al bien para no ser
bastarda de tan noble genealogia.
Son estas, sin duda, las consideraciones que han inspirado el pensamiento
de formar la presente[15] galeria de hombres célebres del pais, entre los cuales
se coloca con justicia en primera línea á D. BERNARDINO RIVADAVIA.
Fueron sus padres, el abogado de la Real Audiencia D. Benito Gonzalez de
Rivadavia y Da. Maria Josefa Rivadavia, y nació en esta ciudad de Buenos
Aires el dia 20 de Mayo de 1780.
Era diez años menor que D. Manuel Belgrano y dos menor que D. José de
San Martin, célebres generales de nuestra independencia: menor tres años que
el Dr. D. Mariano Moreno, aquel que como un meteoro brillante cruzó el cielo
de Mayo y se apagó en la inmensidad del oceano.
La profesion del padre y las tempranos propenciones del espíritu llevaron
naturalmente al Sr. Rivadavia á la carrera de las letras.
Los reales estudios existian en Buenos Aires desde el año 1772, época en
que se fundaron, con los bienes secuestrados á los jesuitas, bajo la direccion
del digno y desgraciado santafesino Dr. D. Juan Baltazar Maciel.
El personal docente del establecimiento académico, como denomina el
historiador Funes al primer colegio Bonaerense, se componia de dos
preceptores de latinidad, de los cuales uno debia enseñar la retórica; de un
maestro de filosofia y tres de teologia. Estas cátedras reunidas y
aumen[16]tadas tal vez en número, pasaron á formar el colegio de San Cárlos
en donde desde el año de 1785 se educaron los hijos de Buenos Aires que no
querian ó no podian trasladarse á la antigua universidad de Córdoba.
La enseñanza de la lengua latina se mantuvo á la altura de las necesidades
de la escolástica, hasta que la fortuna trajo al pais al presbitero D. Pedro
Fernandez, literato imbuido en las bellezas de los clásicos latinos, á cuya
difusion entre los jóvenes se consagró durante cinco años desde el de 1790.
Fué en la escuela de este hombre útil y modesto, en la que se inició el Sr.
Rivadavia en los rudimentos del saber, segun la disciplina ordinaria. El mérito
del maestro se mide por la gratitud que le conserva el discípulo.
“Mientras el Sr. Rivadavia tuvo influencia en los destinos de nuestro pais
(dice el ilustrado editor del Triunfo Argentino) se hizo un deber en protejer al
viejo presbítero que habia sido su maestro: razgo noble que le agradecemos en
lo mas profundo de nuestra alma.”
El pobre anciano Fernandez, entendido en agricultura y aficionado á los
campos, como Virgilio cuyas geórgicas y églogas sabia de memoria, aceptó
con gusto la direccion de una colonia de estrangeros, establecida en la
chacarita de los colegiales[17] en donde el nombre del Rector Chorroarin
debia salvarse del olvido segun las intenciones del decreto de 25 de Setiembre
de 1826. Bastóle este delito para que pasada la Presidencia se le dejase morir
en la oscuridad y en la miseria.
Muchos porteños distinguidos en las letras, en la magistratura y en la
diplomacia, y que han prestado eminentes servicios á la patria fueron
condiscípulos del Sr. Rivadavia.
Educáronse con él, el inspirado autor del himno nacional, fundador del
Departamento Topográfico y creador de la estadística entre nosotros, Dr. D.
Vicente Lopez: el que supo fundir cañones, dispararlos con valentia y
coronarse con laureles tan inmortales como los del héroe, cantando la Libertad
de Lima, D. Estevan de Luca: el elocuente orador en el púlpito y en la tribuna
parlamentaria, Dr. D. Julian Segundo de Agüero: el que fué digno de arrancar
con sus virtudes á la lira de D. Juan Cruz Varela una de las mas entonadas
elejias de la musa argentina, Dr. D. Matias Patron......
Todos estos conocieron al Sr. Rivadavia en la íntima familiaridad de las
aulas, sin que pudieran comprender entonces que la frente noble y
desenvuelta, sombreada por abundante cabello renegrido, que el aspecto grave
y la seriedad adulta de aquel jóven eran otras tantas promesas de l[18]as
calidades de iniciador y de reformador que habia de desenvolver en alto grado
cuando invistiese la autoridad para cuyo lustre habia nacido.
En la flor de la vida y en medio de la monotonia de la existencia colonial se
encontraban aquellos jóvenes, cuando la inesperada agresion británica vino á
sacudirles como con el golpe de una corriente galvánica.
El pueblo de Buenos Aires se alzó á manera de un solo hombre. Todos los
habitantes fueron soldados. Uno de los condiscípulos ya mencionados del Sr.
Rivadavia, recibió la insignia de doctor en leyes sobre el uniforme de capitan
de Patricios. Con el mismo grado sirvió el Sr. Rivadavia en el batallon de
gallegos, el cual se señaló en varios encuentros con el enemigo, muy
especialmente en el lance de la desgraciada defensa de los pasos del Riachuelo
contra las legiones del Mayor Crawfur.
El francés D. Santiago Liniers fué el héroe de la Defensa y de
la Reconquista en los años de 1806 y 1807. Sus hechos meritorios despertaron
los celos del Cabildo hasta el punto de empeñar esta corporacion todo su
influjo para que la corte de España no le recompensase con el mando efectivo
del vireinato, acéfalo por la fuga cobarde de Sobremonte y por las medidas
tomadas contra este indigno mandatario por la Audiencia gobernadora.
[19]
Los adversarios del vencedor obraron en seguida mas abiertamente contra él
y llegaron hasta los hechos. La primera revolucion armada que presenció
Buenos Aires fué la que tuvo lugar el 1.ᵒ de Enero de 1809, especie de tumulto
militar sofocado principalmente por la actitud decidida que los patricios
tomaron unánimes en defensa de la autoridad de Liniers. “Cuando los
españoles se divídieron entre Liniers y Alzaga (dice un escritor argentino)
Rivadavia se puso del lado del primero porque la idea americana en ello
ganaba, y su resolucion fué de gran peso para hacer inclinar la balanza en
favor de Liniers.”
Los que están al cabo de las curiosas complicaciones de aquella época,
aseguran que este no solo era el caudillo querido del pueblo por sus brillantes
proezas, sino porque los sucesos le habian colocado, sin que él mismo lo
percibiese, á la cabeza de los instintos patrios, despertados con el sentimiento
del propio valor, en oposicion al prurito de superioridad y predominio del
partido peninsular.
El jérmen de la revolucion habia llegado hasta nuestras playas, sin duda,
con las ideas de la filosofia política de la Francia moderna; pero puede decirse
tambien que la revolucion de 1810, tan favorable al desenvolvimiento del
comercio inglés en estas regiones de América, fué avivada
indirectamente[20] con el toque de las generalas con que el tambor argentino,
convocaba á la defensa contra los soldados de la Gran Bretaña.
La posicion en que la fuerza de las cosas habia colocado á Liniers, era ya de
suyo una poderosa razon para que el Sr. Rivadavia se hubiese conducido para
con él de la manera que hemos visto en el suceso del 1.ᵒ de Enero. Pero,
militaba á mas una circunstancia personal que comprometia su gratitud para
con el gefe bizarro de la defensa de Buenos Aires.
Liniers, para arrancar de manos de sus enemigos domésticos una arma
terrible, dispuso que la jura de Fernando VII se verificase el dia 21 de agosto
de 1808, inmediatamente despues que llegó á este puerto la noticia de la
exaltacion de aquel monarca al desacreditado trono de sus padres. Aquella
ceremonia debia tener lugar con el aparato y la pompa de que era capaz una
ciudad rica y populosa, y ocupar en la fiesta un lugar señalado el Alferez real;
empleado de cuenta cuya única incumbencía era pasear erguido el estandarte
de la conquista.
El virey Liniers, nombró para desempeñar aquel cargo al capitan Rivadavia
suscitándose con motivo de este nombramiento un conflicto de
compe[21]tencia de autoridad entre el virey y el cuerpo capitular del cual salió
este triunfante, eligiendo en consecuencia otro alferez real mas de su amaño
que el criollo Rivadavia.
“No era aquel tiempo de abrir al pueblo los secretos,” dice el mas
sentencioso de nuestros escasos historiadores. Mal interpretaria las
disposiciones del ánimo del Sr. Rivadavia, quien juzgare de ellas y de sus
ideas de entonces, por el papel que se disponia á desempeñar en las
festividades de la jura réjia. En medio de aquel concurso y de aquel júbilo
popular, usando de las espresiones del mismo escritor, no dejaban de
encontrarse algunos patriotas de fino tacto político, á cuya vista no se
escapaban los primeros crepúsculos del dia que iba á nacer para la América, y
cuya inclinacion nativa llevaba sus juramentos á la patria, como acreedora de
mejor derecho.
La vida entera del Sr. Rivadavia nos autoriza para asegurar que era él del
número de aquellos patriotas avisados que disimulaban ante la muchedumbre
y preveian para todos la próxima aurora de una luz que ardia y brillaba en el
interior de cabezas privilejiadas.
Sérias dificultades se presentaban á los hijos del pais para la eleccion de una
carrera.
[22]
Aquellos mismos que habian nacido en el seno de familias acomodadas, si
no éran abogados ó sacerdotes, no encontraban colocacion lucida en la
sociedad sin grande pena y con sacrificio de mucho tiempo.
Las ciencias matemáticas no se han cultivado entre nosotros hasta mucho
despues de 1801. La escuela de náutica, abierta por el distinguido ingeniero D.
Pedro A. Cerviño, durante la administracion del virey D. Joaquin del Pino
(1801 á 1804) no mereció sinó una fuerte reprobacion de la córte. Los
ingenieros que median las propiedades rurales eran los pilotos mercantes que
habian aprendido á cuartear la aguja náutica en las puertas de Cádiz ó del
Ferrol.
La literatura, esta madre amorosa con que nos ha dotado la sociedad
moderna, si daba fama escasa no proporcionaba, por cierto, medios sobrados
de subsistencia. Las carreras, pues, eran reducidas en número, ó mas bien
dicho, estaban limitadas á tres para los hijos del pais,—el foro, la iglesia, la
oficina. El comercio, puede decirse con verdad que estaba reservado con todo
el provecho y la respetabilidad que proporcionaba su ejércicio á los españoles
europeos.
El cultivo general de la inteligencia no debia servir mas que para tormento
de quienes le emprendian. La imprenta materia[23]lmente imperfecta y escasa,
erizada de peligros y embarazada con las mil trabas de la legislacion, no
presentaba estímulo para producir, ni facilitaba empleo de provecho al que se
sentia capaz de escribir para el público.
“Es una pérdida para las letras americanas, dice el autor del Ensayo de la
historia civil de Buenos Ayres, que por falta de imprenta quedasen ineditas las
producciones del Dr. D. Juan Baltazar Maciel. Haria un gran servicio á la
patria, añade, quien recogiera las que andan esparcidas en manos de muchos.”
Por la misma falta de medios de publicidad han caido en el olvido mas
profundo los trabajos literarios de otros compatriotas ilustrados que
contrajeron su vida al estudio y escribieron cosas dignas de memoria. ¿Quien
nos devolverá la história natural y política de Cuyo escrita por el abate
mendocino D. Manuel Morales? ¿Quien la historia del Rio de la Plata, escrita
por Iturri para rectificar los errores del español Muñoz? ¿Quien de entre los
que vivimos, ha oido nombrar siquiera á los porteños D. José Perfecto de
Salas y los Rospicllosis? ¿Quien al riojano Camacho y á los paraguayos
Cañete y Barrientos?
Sin embargo, todos ellos son gloria de nuestra literatura antigua, y nos
llenariamos de justo orgullo si llegásemos á pose[24]er la coleccion de sus
escritos.
La dificultad para tomar una posicion social, era aun ardua para aquel que
como el Sr. Rivadavia se sentia llamado por vocacion á la vida pública. Bajo
el réjimen colonial no era posible alcanzar sino una parte pasiva en la gestion
de los negocios de gobierno, y esta situacion humilde no podia convenir á un
hombre de ingenio y de luces. La iniciativa no partia de aqui.
Se pensaba en Madrid, y ese pensamiento, concebido en otro mundo, se
ejecutaba en el nuevo, por los empleados reales, como se ejecuta una
evolucion militar. Fué por esta razon que el Sr. Rivadavia permaneció
perplejo por algun tiempo acerca de la carrera que deberia abrazar.
Se ensayó en el ejercicio de comerciante y tomó á su cargo negocios
cuantiosos que no le dieron resultados satisfactorios.
Abrió estudio de abogado, pero no persistió mucho tiempo atado al potro en
que las difusas cavilosidades de Parladorio de Farinacio ó Baldo colocaban al
Togado, antes que los espositores modernos, el buen gusto introducido hasta
en la jurisprudencia, y los nuevos códigos hubiesen cundido entre nosotros.
Tanto en el foro como en el comercio no dió mas[25] que los primeros
pasos, “afectando ser grande y sábio en todas las carreras,” como le dijo con
intencion de censura, uno de sus ilustres contemporáneos, en una de aquellas
ocasiones en que el celo por los intereses agenos que se patrocinan ante los
tribunales, ofusca la imparcialidad de la razon mas recta. Aquel apóstrofe que
nuestra historia escrita ha querido consignarnos, vale para llenar un vacio en
esta noticia biográfica, y para deducir que dominaron en el Sr. Rivadavia
desde su juventud, las altas inspiraciones que le han traido su merecida
nombradia. Dedúcese tambien de aquellas mismas palabras que ya desde
entonces, sus actos y su persona, se revestian del aire de dignidad y elevacion
que son como el reflejo externo de la conciencia del valer individual.
La revolucion llamaba mientras tanto á nuestras puertas, trayendo consigo
sobrada tarea y aplicacion para los talentos y las virtudes.
La Junta central que gobernaba en le Península, cuando la invasion francesa
dominaba casi todo el territorio, acertó á herir al pueblo de Buenos Aires con
la eleccion de los altos funcionarios que destinó al gobierno del Rio de la
Plata. Hidalgo de Cisneros elevado al rango de virey, Elio al de sub-inspector
general y Nieto al de gobernador de Montevideo, no podian ser por sus
antecedentes sino instrumentos para abatir á los nativos del pais y[26] para
ensalzar una faccion de españoles intolerantes, ensoberbecidos con sus
caudales y con los recientes triunfos sobre los ingleses que se atribuian como
gloria exclusiva de ellos.
Conociendo Cisneros el estado del espíritu público en Buenos Aires, no
quiso hacer la entrada oficial en esta ciudad sino despues de haber recibido el
baston de manos de Liniers en la colonia del Sacramento. Las desconfianzas
mútuas entre el nuevo gefe y los que habian de obedecerle, establecieron una
frialdad que fué rápidamente tomando cuerpo hasta convertirse en una
protesta de hecho por parte del mas poderoso que era el pueblo.
Buenos Aires habia medido sus fuerzas. Las revoluciones del Norte de
América y de la Francia habian puesto en muchas manos la cartilla á la moda
de los derechos del hombre, y la Rejencia misma, vencida por la corriente
contemporánea, acababa de declarar á los americanos dignos de ser libres.
Al fin, un número reducido de porteños denodados, tomaron la resolucion
de arrostrar el poder del virey, en cuya persona mal querida se disponian á
mostrar la repugnancia que les causaba el gobierno de origen metropolitano.
Contando con la simpatía de sus compatriotas, arrojan á Cisneros de su
asiento y colocan en su lugar una junta de[27] nueve individuos
suficientemente autorizada para gobernar provisionalmente el vireinato hasta
la reunion de un congreso general formado de los diputados de todas las
provincias.
Este hecho que contamos como el primero en las glorias de nuestra carrera
política, tuvo lugar el 25 de Mayo de 1810.
La revolucion de ese dia fué verdaderamente popular y sin derramamiento
de sangre. Intervino en ella la razon, no la violencia. Las puertas del Cabildo
habian permanecido abiertas muchas horas á la principal y mas sana parte de
este vecindario, convocado con el fin de opinar acerca de las modificaciones
que la situacion exijia en el gobierno. El Obispo, los Oidores, los generales de
ejército, el Asesor, todos los empleados de nota, fueron escuchados y
consignaron sus opiniones en un rejistro bajo sus firmas. El comandante del
batallon de Patricios fué quien arrastró la opinion de la asamblea, y mereció el
aplauso de la multitud reunida en la plaza, declarando en su voto que
el pueblo era el único que podia conferir la autoridad y el mando. Al pié de
este voto escribieron sus nombres, Moreno, Chiclana, Vieites, Passo,
Belgrano, Castelli, Alberti, Larrea etc. etc., y D. Bernardino Rivadavia.
[28]
Desde ese instante, estos hombres audaces echaron sobre sus reputaciones
una responsabilidad que se mantendrá llamada á juicio mientras exista la
história. Terrible situacion, que es como el castigo de quienes se elevan tan
alto que alcanzan á tocar la fama.
Uno de los primeros episodios de la cuestion nacional, obligó al Dr. D.
Mariano Moreno á renunciar el cargo de secretario de la Junta gubernativa, á
mediados de Diciembre de 1810. Aquel hombre de génio, á quien sus
contemporáneos llamaron el Marcelo argentino, dejó un vacio dificil de llenar.
El secretario de la primera Junta habia impreso carácter y dado fisonomia
democrática á la revolucion y echado al pueblo en la via del entusiasmo, con
una elocuencia de que dan testimonio estas palabras memorables de uno de
sus decretos: “un habitante de Buenos Aires, ni ébrio ni dormido debe tener
inspiraciones contra la libertad de la patria.”
El puesto dejado por el Dr. Moreno debió ser ocupado necesariamente por
una persona de su mismo temple, y capaz de dar comienzo á la reforma social
y administrativa que exijian los nuevos fines del gobierno recien creado.
D. Bernardino Rivadavia fué señalado por la[29] opinion pública para
reemplazar á Moreno. La Junta ejecutiva instalada el 23 de Setiembre de
1844, que funcionó bajo la presidencia del honrado y enérjico Chiclana hasta
Octubre de 1812, le nombró su secretario en los Departamentos de Gobierno y
Relaciones Esteriores.
En el año que media entre aquellas dos fechas, se sucedieron como en
torbellino los sucesos de todo género. Causa admiracion respetuosa la
entereza de corazon y la claridad de juicio que supieron desplegar nuestros
padres en situaciones tan dificiles.
Dos ejércitos improvisados en pocos meses obraban en el Perú y en la
Banda Oriental, y era necesario proveer á la direccion y á las inmensas
necesidades de uno y otro.
Las negociaciones con Vigodet y con el enviado del Principe Regente de
Portugal para el arreglo de las complicadas cuestiones de la provincia oriental,
exijia por si solas, una contraccion de todos los instantes y el empleo de una
sagacidad que salvára con honra los peligros presentes sin comprometer los
planes de la independencia que tenia trazados la autoridad que gobernaba
aparentemente en nombre del rey de España. Nuestras costas eran teatro
frecuente de impensadas invasiones de los marinos de Montevideo
enseñoreados de las aguas de los rios. El gobierno patrio no contaba todavia
con el valiente granadero que habia de escarmentarles[30] en las barrancas de
San Lorenzo.
A par de estos conflictos que pueden llamarse esteriores, asaltaban á la
autoridad otros mas inmediatos y no menos premiosos. El rumor sordo de las
conspiraciones se apercibia á veces como resultado de las parcialidades, tanto
mas enconadas, cuanto que sus banderas en lugar de colores de principios
mostraban letreros de nombres propios.
Esta situacion del espíritu público dió su fruto amargo el 7 de Diciembre de
1811. En aquel dia “cediendo á las intrigas y á las seducciones de los
enemigos de la patria” segun el lenguaje oficial de entonces, una porcion de
soldados del regimiento número 1.ᵒ de la guarnicion, desobedecieron al
gobierno y consternaron al vecindario con una escena de sangre. La fuerza
trajo á los rebeldes á la antigua subordinacion; pero antes que la ejercitase el
gobierno, agotaron sus miembros todos los medios pacíficos, y hasta tuvieron
el heroismo de presentarse ante los amotinados sin mas armadura que la
persuacion.
No fué este el único ni el mayor peligro de que triunfó aquella
administracion. En los primeros dias del mes de Julio de 1812 hubo de estallar
una conspiracion contra-revolucionaria, de la cual habrian sido los miembros
de la Junta las primeras víctimas si por suerte de la buena causa no hub[31]iera
abortado el terrible plan que los conspiradores habian tramado. La habilidad é
incontrastable firmeza de D. Bernardino Rivadavia, dice un escritor argentino,
contribuyeron á descubrir y á vencer la vasta y poderosa conspiracion de
Alzaga, amago el mas serio entre cuantos han podido poner en peligro la
independencia del Rio de la Plata.
La administracion de la Junta fué tan laboriosa como las circunstancias lo
exijia. Apenas habian transcurrido seis meses despues de su instalacion
cuando ya habia dotado al “ejército de la patria,” como entonces se decia, de
un Estado Jeneral para su uniformidad y disciplina y de un plan metódico para
la reforma de los abusos introducidos en él. Se habian establecido fábricas de
fundicion de armas y de pólvora en la capital y en Tucuman. Las famosas
baterias del Rosario fueron construidas entonces para facilitar la navegacion y
el comercio con el Paraguay. Fué tambien entonces que se creó el regimiento
de Granaderos á caballo tan dignamente mandado por San Martin y Lavalle en
épocas distintas. Se creó una cámara de apelaciones en sustitucion de la
audiencia. Los ejércitos del Perú y de la Banda Oriental fueron socorridos con
mas de ochenta mil pesos en dinero efectivo. Se convocó á los caciques de la
pampa á un gran parlamento á fin de asegurar las comunicaciones con
Patagones[32] y levantar poblaciones en Salinas y en otros puntos adecuados
del desierto. Por último, y dejando de enumerar cien disposiciones mas, todas
importantes, el gobierno de la Junta estableció la libertad de imprenta y la
seguridad individual, bajo la éjida de los estatutos constitucionales, cuyos
bienes eran desconocidos en estos paises desde el tiempo de su
descubrimiento y conquista. Asi se espresa un documento de aquellos
tiempos.
El gobierno de la Junta se ocupó del presente preparando el porvenir. Fué
práctico y ejecutivo sin materializarse, no sacrificándolo todo á las urgentes
realidades del momento. Se apoyó tanto en las fuerzas morales de la opinion
como en la fuerza efectiva de los ejércitos. Supo fundir cañones á la Gomer;
pero tambien fué hábil para exitar el patriotismo hasta en el bello sexo. Las
damas mas distinguidas de Buenos Aires contribuyeron con una suscripcion
crecida para cubrir el valor de un brillante armamento que el Estado no podia
pagar por la penuria de su tesoro. Al dar cuenta estas damas del obsequio que
hacian al gobierno, y de la poética idea de inscribir sus nombres en las armas
adquiridas y distribuidas por ellas, decian en un documento digno de
recordarse: “Cuando el alborozo público lleve hasta el seno de nuestras
familias la nueva de una victoria, podremos decir en la exaltacio[33]n del
entusiasmo: yo armé el brazo de ese valiente que aseguró su gloria y nuestra
libertad.”
Las reuniones y fiestas públicas comenzaron desde aquel tiempo, con las
armonias de los himnos patrios escuchados por la concurrencia puesta en pié y
las cabezas descubiertas. El aniversario de Mayo de 1812 fué una especie de
palenque noble y pacífico, abierto al mérito y á las virtudes, premiadas ante la
muchedumbre para inspirarla una emulacion fecunda. Las sumas de dinero
que en los años anteriores se habian consagrado á vulgares y dispendiosas
diversiones, se aplicaron en 1812 á socorrer las viudas, hermanas é hijas de
los soldados muertos al servicio de la causa comun, á dotar doncellas pobres y
á libertar esclavos. Fomentóse la poblacion; se honraron las letras dando á un
afamado literato la comision oficial de redactar nuestros anales, y se buscaron
en Europa sábios y profesores para derramar en el pais los conocimientos
útiles. Las trabas del comercio se alijeraron, á la enseñanza se le dió ensanche
y proteccion. Un vasto establecimiento “en donde debia formarse el químico,
el naturalista, el jeometra etc.,” bajo la direccion de maestros afamados del
viejo mundo, es concebido por la Junta, y se abren suscriciones en la capital y
en las provincias del estenso vireinato, para llevar á cabo una idea de tan feliz
inspiracio[34]n. “Nada importaria, decia con este motivo un aviso oficial, que
nuestro fértil suelo encerrase tesoros inapreciables en los tres reinos de la
naturaleza, si privados del auxilio de las ciencias naturales, ignorásemos lo
mismo que poseemos.” A medio siglo seria oportuno repetir estas mismas
palabras, porque ahora, como entonces, esperimentamos la necesidad de dar á
nuestros estudios un caracter mas exacto y mas aplicable al aprovechamiento
de la naturaleza del suelo argentino, en el sentido de la industria.
La Europa no podia ser indiferente á los notables sucesos de que la parte
española de América era teatro desde 1810. La España hacia esfuerzos de todo
jénero para mantener su predominio y para robustecer la defensa de sus
derechos, no solo por medio de las armas sino tambien de las influencias de
los gabinetes europeos, casi todos devotos á ella ó cuando menos al principio
lejitimista que representaba.
Llevamos adelante una revolucion que habia de dar forzosamente un nuevo
mundo al réjimen republicano, y las monarquias no podian menos que
oponerse á la realizacion de este hecho. La España tenia de su parte á todos
los gobiernos absolutos del viejo mundo, y acababa de despertar las simpatias
de la Inglaterra, aliada suya en la [35]heróica resistencia contra la invasion de
los franceses. Los peligros que de esta situacion podian resultar para la
revolucion americana se presentaron de bulto con la vuelta de Fernando VII al
trono de sus mayores. Casi al mismo tiempo que llegaba á Buenos Aires la
noticia de este suceso y de la caida de Napoleon, llegaron avisos fidedignos de
la espedicion poderosa que el gobierno español preparaba para avasallar al
Rio de la Plata. Espedicion para la cual no contaba únicamente con sus
recursos propios, sino tambien con el buen éxito de las negociaciones
entabladas para sacar auxilios de provisiones y de fuerzas de los puertos del
vasto litoral brasilero, sujeto á las influencias de la casa de Braganza. Esta
influencia podia estenderse á toda la costa oriental del Rio de la Plata, que en
1817 fué ocupada realmente por los portugueses so pretesto de sofocar la
anarquia.
La politica del Ministerio británico añadia nuevas dificultades á la marcha
de la independencia. Cuando los borbones de la Península se restablecieron de
las usurpaciones del Corso, Lord Stranffordt exijia mas bien que aconsejaba
en nombre de su gobierno, la adopcion por el de las Provincias Unidas “de
una conducta politica cual convenia al nuevo órden de cosas” de la España.
[36]
Fué entonces y en mérito de tan complicada situacion, que se acordó por el
gobierno la mision diplomática de los Sres. Rivadavia y Belgrano cerca de los
gabinetes de Madrid, Paris y Londres. En 1814 debieron partir estos señores
del Rio de la Plata, y no seria sin emocion que al llegar á la linea que separa al
globo en dos hemisferios, tocaron con el inmenso sepulcro de su predecesor y
nuestro primer plenipotenciario en el estrangero.
El titulo diplomático de aquellos señores era el de Diputados del gobierno
de las Provincias Unidas, y los objetos de su mision de la mayor importancia,
pues, usando de las palabras de un distinguido actor en los sucesos argentinos
de aquella época, “se dirijian á ganar tiempo y prevenir los resultados de una
invasion; objetos, añade, que se hallan especificados en las actas del Consejo
de Estado, despues de aprobadas por la soberana Asamblea Jeneral
Constituyente.”
Esta aseveracion está de perfecto acuerdo con el testo de una nota oficial del
Sr. Rivadavia, datada en Perpiñan á 19 de Agosto de 1816, en la cual dice á su
gobierno: “En mi propartida de la córte de Madrid recibí el diploma de 19 de
Febrero último, por el que V. E. se ha dignado nombrarme por Diputado de
esas provincias cerca de la Corte de Paris con estension á otras potencias....
Recibí igualmente la instruccion á que se refiere, y ten[37]go la satisfaccion de
asegurar á V. E. que todas mis operaciones han prevenido el punto principal á
que se contrae, que es el de neutralizar todo proyecto de espedicion de la
Península con direccion á esas playas.”
A 21 de Diciembre de 1815, el ministro español D. Pedro Cevallos dirijió
desde Madrid al Sr. Rivadavia una nota, haciéndole saber que era voluntad de
S. M. que en vista de aquella real órden que le comunicaba con mucha gusto
por los informes que tenia de sus apreciables cualidades, se pusiese en camino
para aquella corte y se presentase á tratar del objeto de su mision, que seria
atendido por S. M. en todo lo que fuese compatible con su dignidad y su
decoro.
El Sr. Rivadavia no entró á Madrid hasta el 20 de Mayo de 1816, y al
siguiente dia fué recibido por el primer ministro á quien en esa ocasion
presentó su credencial. Alojaba nuestro Diputado en la calle del Desengaño,
casa número 4, cuarto segundo.
Tenemos á la vista algunas notas originales del mencionado ministro de
Estado, Cevallos, pasadas al diputado argentino. Se vé en ellas que desde las
primeras conferencias en que el rey se prestó á oir las espresiones de
sumision y vasallaje de los que se dicen diputados del llamado gobierno de
Buenos Aires, comenzó la diplomacia peninsular á a[38]percibirse de que bajo
aquellas formas respetuosas habia la intencion formada de una completa
emancipacion. No era estraño. Las conferencias comenzaban en Junio de
1816, es decir, un mes antes que el congreso de Tucuman dijese al mundo que
era voluntad unánime é indubitable de las Provincias Unídas en Sud-América
romper los violentos vinculos que las ligaban á los reyes de España.
El ministro Cevallos halló que el documento que acreditaba el carácter
público del Sr. Rivadavia era informal y á tal punto desnudo de autenticidad
que daba motivos para sospechar de su lejitimidad. Estas cavilosidades de
Cevallos eran alimentada por los informes personalmente interesados que le
comunicaba D. Manuel Sarratea, quien segun el mismo ministro tambien se
decia diputado. Sarratea aseguraba que los poderes del Sr. Rivadavia estaban
revocados. Las pasiones de la lucha intestina habian atravesado el océano y se
ejercitaban en mengua del crédito del pais y de su causa, en el seno mismo de
los gabinetes de Europa.
El Sr. Rivadavia tenia instrucciones precisas para arreglar á ellas su
conducta, pero acabamos de ver que no eran de naturaleza para manifestarse á
las cancillerias de Fernando VII. Cuando el ministro preguntó al diputado que
si las tenia, contestóle éste que ni la llevaba ni las habia pedido á sus
comite[39]ntes, dando por razon, que habiendo en la Junta de Buenos Aires
algunas cabezas exaltadas le había parecido preferible no llevar instrucciones
á llevarlas tales que pudiese irritar el ánimo de S. M.
El Sr. Rivadavia deseando obtener algo de importancia para la causa de su
pais, á pesar del mal sezgo que tomaba la negociacion invocó por medio del
director de la compañia de Filipinas D. Juan Manuel de Gondasegui, no
sabemos que capitulo de sus instrucciones.
Esta contradiccion, entre no tener guia escrita de su conducta y apelar á ella
al mismo tiempo, aumentó las sospechas del ministro contra la buena fé con
que obraba el diputado, y dictóle los siguientes párrafos de un oficio fecha 21
de Junio que creemos deber consignar al pié de la letra. Dicen así: “Las
sospechas crecieron con la noticia de que los corsarios de Buenos Aires se
habian apostado á las cercanias de Cádiz para hostilizar nuestro comercio; y
esta noticia unida al retardo de la venida de V. dieron á las sospechas un grado
de evidencia de que los designios de Buenos Aires no eran otros que los de
ganar tiempo y adormedecer las providencias reclamadas por la justicia y por
el decoro del gobierno.
“Despues que este ha puesto en práctica todas l[40]as medidas reclamadas
por la clemencia, y por el deseo de poner fin á una discordia intestina que hace
la desolacion de unos pueblos hasta ahora felices, asi por su aventajado clima
como por la prudencia y suavidad de las leyes que los regian; es preciso que
acordándose de su decoro, corte el hilo de unas conferencias destituidas por
parte de V. del candor, buena fé y sincero arrepentimiento que debian
animarlas singularmente cuando se entablaron bajo de la autoridad de un
soberano que ha querido que el atributo de padre de sus pueblos resalte sobre
los demas de su soberania.
“En consecuencia ha determinado S. M. que V. se retire de España para
donde guste, bajo la salvaguardia de su real garantia; pues como quiera que
esta se concedió á un sujeto que se creyó adornado de las calidades que
inspiran la confianza, y despues de las conferencias á otro muy distinto á los
ojos de la ley, sin embargo, el rey se desentiende de sus derechos y solo se
acuerda de lo que se debe á si mismo. Lo participo á V. de real órden para su
inteligencia y puntual cumplimiento.”
El diputado debió hacer al ministerio español una esposicion siete dias
despues de la nota que acaba de transcribirse, sincerándose de los cargos que
en ella se hacian á su persona y carácter, exposicion que fué tachada por
Cevallos de inexacta, y considerada indigna de toda atencion. Sin embargo,
el[41] ministro no pudo menos que establecer oficialmente una diferencia
entre la persona del Sr. Rivadavia y el gobierno de que emanaban sus poderes,
sentando que sus observaciones sobre la falta de candor y buena fé no recaen
sobre el diputado, sino sobre la comision que desempeñaba, pero sin embargo,
le repetia que el decoro del rey no permitia por mas tiempo la prolongacion de
su permanencia en la Península. En consecuencia salió el Sr. Rivadavia de
Madrid el dia 15 de Julio de 1816, llevando consigo el convencimiento de que
la córte de España estaba irrevocablemente decidida á no entrar por partido
alguno “racional, ni á aquietarse sino con el estremo de dominacion que
produce una conquista que ensangrienta el resentimiento y el furor en las
guerras civiles.”
En comunicaciones de 8 y 18 de Enero de 1816 dió cuenta el Sr. Rivadavia
á su gobierno de los incidentes de esta negociacion y del éxito de ella. Asi se
infiere de una nota datada en París á 10 de Setiembre del mismo año, dirijida
tambien á su gobierno. En esta misma nota se lée lo siguiente: “Es de mi deber
participar á V. E. que cuando salí de España se activaban por toda ella las
providencias para embarcar en Cádiz una espedicion contra esa capital y
dependencias al mando del conde de Labisbal: su número no era aun conocido
del público,[42] pues ya se decia de siete, de diez y aun de diez y ocho mil
hombres de tropa de línea de toda arma.
Tambien juzgo de mi obligacion avisar á V. E. que era persuacion universal
en la córte de Madrid y en toda España, que dichas fuerzas operarian contra
ese pais aliadas con las de S. M. el rey de Portugal y Brasil.”
Con respecto á su conducta en la negociacion, el diputado Rivadavia se
espresa asi al final de esta comunicacion: “Yo eseguro á V. E. que he llenado
todas las instrucciones de mi comision, y que no he omitido medio para
persuadir á la córte de Madrid de las buenas disposiciones de esos pueblos, asi
como para demostrar la justicia y los derechos no solo de ese pais, sino de
todas las poblaciones de América á quienes considero en un caso
absolutamente idéntico.”
En la diplomacia como en la guerra, el pueblo argentino no fué jamás
egoista. Su sangre y su pensamiento concurrieron jenerosamente á la obra de
la independencia, emprendida casi á un mismo tiempo por toda la América de
orijen español. El carácter del Sr. Rivadavia se prestaba naturalmente á la idea
jeneralizadora que fué como la base de la doctrina política del gobierno creado
por la revolucion de Mayo.
Estos antecedentes auténticos dan gran peso á las[43] siguientes palabras
que transcribimos del libro titulado Rosas y sus opositores, cuyo autor se
hallaba bien informado por relaciones que habia oído de la boca misma de
testigos y contemporáneos del Sr. Rivadavia. Tuvo la valentia (dice el autor de
aquel libro refiriéndose al diputado argentino) tuvo la valentia de decir rostro
á rostro á Fernando VII que la independencia americana era ya una necesidad.
El ministro Soler que entró con él en una discucion sobre este punto, salió de
ella convencido, y la córte de Madrid alarmada del proselitismo que hacia el
americano Rivadavia, ordenó que saliese de los dominios españoles.
Era pues, con mucha verdad que decia á su amigo Chiclana desde Paris en
carta confidencial fechada á 14 de octubre de 1816..... «Yo he trabajado
cuanto podía y acaso mas de lo que debia: no puedo referirle aun cuanto he
hecho, cuanto me he espuesto y los lances que he tenido por conseguir la
libertad y bien posible de nuestra compasible patria.....»
A dar crédito á los escritos sueltos que en justificacion propia han dado en
1820 algunos altos funcionarios, debieran obrar en nuestros archivos los
documentos suficientes para probar que, si por un abuso de facultades hubo
quien en nombre de las Provincias Unidas negociase con la córte de España
por conducto del conde de Cabarrus, el establecim[44]iento del infante D.
Francisco de Paula en el Gobierno de este pais, no faltó tampoco quien en
representacion de los intereses verdaderos de la revolucion se opusiese, en el
teatro mismo de aquellas desacordadas negociaciones, á la realizacion de un
plan que contrariaba el deseo manifiesto de estos pueblos. La gratitud que este
servicio debe despertar en nosotros, recae de justicia sobre la memoria del Sr.
Rivadavia, quien descubrió y deshizo, segun toda probabilidad, aquellos
errores hijos tal vez de la debilidad del espíritu mas que de la falta de probidad
patriótica.
El Jeneral D. Manuel Belgrano partió de Londres para el Rio del Plata el 15
de noviembre de 1815, y desde entonces; los graves negocios de la mision de
que hacia parte, quedaron al cuidado esclusivo del Sr. Rivadavia.
La situacion personal de este era embarazosa, no solo por el recargo de
quehaceres y responsabilidad, sino tambien por la escasez de medios
pecuniarios para atender á los gastos ocasionados por repetidos viajes, por una
estensa correspondencia (llevada por él solo, pues no tenia ni secretario ni
escribiente) «estando para nada menos aparejado que para pendalista,» como
el mismo lo aseguraba á un amigo, y por la necesidad de sostener el decoro de
la posicion que ocupaba.[45] Todo el caudal de que había podido disponer
desde la separacion de su amigo el Jeneral Belgrano hasta principios de
febrero de 1818, estuvo reducido á trescientas sesenta libras esterlinas, que
distribuidas en veinte y siete meses que median entre ambas fechas,
corresponden á sesenta pesos mensuales. El crédito pecuniario de nuestros
supremos Directores no debia ser muy grande entonces en las plazas
estrangeras, pues nos consta por documentos fidedignos que la casa de los
señores Hallet de Lóndres, no honraron la libranza de diez mil fuertes que á
favor del diputado habia librado el Jeneral D. Ignacio Alvarez, encargado
provisoriamente del ejecutivo nacional.
A mediados de octubre recibió en Paris el Sr. Rivadavia la noticia semi-
oficial de la declaracion de la independencia proclamada por el congreso.
«Rindo á V. E., decia al Director con este motivo, las mas sinceras
felicitaciones y le protesto los mas vivos votos por su felicidad y acierto.» El
dia 12 de Diciembre siguiente, llegó á sus manos un oficio del gobierno de las
Provincias-Unidas; comunicándole en forma aquella misma noticia
acompañada de «copias certificadas de la declaracion de la Independencia» y
advertiéndole del riesgo que corria su persona si aun se hallase en la córte de
Madrid, y de la necesidad de retirarse[46] de ella.
Con motivo de esta comunicacion tuvo oportunidad el Sr. Rivadavia de
manifestar nuevamente el patriotismo de sus sentimientos, espresándose asi en
contestacion. «Me lisongeo de haber anticipado mis felicitaciones por tan
plausible é importante suceso. Las repito con una plenitud de gozo que me
hace en parte olvidar que esta sancion aunque tan justa y necesaria, no debe
mirarse en la actualidad por todos los que tenemos el honor de pertenecer á
ese pais, sino como nueva obligacion que nos impone el sacrificio de nuestras
pasiones, la dedicacion de nuestros talentos y la concentracion de nuestras
fuerzas, para realizarla con la celeridad que exije la situacion urgente de esos
pueblos.»
A fines de Diciembre de 1816 fué instruido el Sr. Rivadavia de que en la
isla Antigua habia sido capturada por la corbeta Branes de S. M. B., una
fragata de guerra con pabellon argentino comandada por el coronel D.
Guillermo Brown. La captura tenia por pretesto la falta de los papeles que el
derecho de las naciones requiere para ejercitar el corso, y la noticia de este
suceso llegaba al conocimiento del Diputado con colores poco favorables á la
probidad tantas veces acreditada del que fué despues nuestro glorioso
almirante. En este acontecimiento de suma trascendencía en aquella[47] época,
procedió el Sr. Rivadavia con actividad y acierto. Su primer paso fué autorizar
á los Sres. Hallet hermanos y compañia de Londres, para que procedieran
judicialmente á reclamar el buque de guerra y las presas de su convoy, en
nombre y representacion del gobierno de las Provincias Unidas.
Apenas el coronel Brown se vió envuelto en aquellas dificultades se dirigió
á los Diputados de Buenos Aires en Europa, dándoles cuenta de las
circunstancias en que se hallaba. Y como fuese el Sr. Rivadavia el único
representante del gobierno de las Provincias Unidas del Rio de la Plata que á
la sazon se hallase allí, se creyó en el deber y con el derecho de contestarle
asegurándole que desde luego se hubiera dirijido al Lord Vizconde
Castlereaght en los términos exijidos por los intereses y derechos de su
gobierno, si no hubiese visto con placer que el coronel Brown le aseguraba de
que dentro de pocos dias seria declarada libre la fragata de su mando: que en
tal concepto creia mas prudente reservar todo paso oficial hasta recibir
noticias auténticas y pormenores del suceso.
El Sr. Rivadavia no perdió esta ocasion para levantar el espíritu del
prisionero comunicándole la reciente declaracion de la independencia y l[48]os
sucesos prósperos de los corsarios de Buenos Aires sobre las costas españolas
del Oceano y el Mediterráneo. Y como el bravo coronel pidiese en su
comunicacion reglas acertadas para dirijir su conducta, no quedó corto el Sr.
Rivadavia en satisfacer aquel deseo, haciéndolo con tanto peso que seria una
usurpacion á su fama el no consignar aqui aquellas reglas, ya que la
casualidad las ha traido á nuestro conocimiento. “Como V. S. tiene la bondad,
le decia con fecha 3 de Enero de 1817, de pedir consejos amistosos, yo opino
que el interés del Estado, de V. S. y su honor mismo exigen con urgente
preferencia que asi que se halle V. S. en disposicion, retorne con toda
brevedad á Buenos Aires, participándome en todo caso su determinacion y
cuanto sea digno de una noticia oficial.”
Un subalterno de aquella espedicion se había dirigido tambien á los
Diputados, y segun parece, con espíritu poco favorable al gefe á quien estaba
subordinado. Al contestarle el Sr. Rivadavia en la misma fecha que lo hacia al
coronel Brown, lo hace con palabras que tampoco deben condenarse al olvido.
Si las que hemos copiado honran la prevision del diplomático, las siguientes
demuestran el culto que prestaba el ciudadano, en toda ocasion, al principio de
autoridad que mas tarde se esforzó en radicar en su patria. “Creo tan de mi
deb[49]er como del interés de Vd., escribia al mencionado oficial, el
prevenirle á nombre de nuestro gobierno que por ningun motivo se separe V;
ni consiguientemente su tropa de la espedicion, hasta que esta regrese á
Buenos Aires, ó que otros resultados que imposibiliten este caso le faculten á
Vd. á hacerlo; y aun entonces no lo deberá ejecutar sin órden espresa de su
gefe. El contesto de su oficio me obliga á recordarle que un oficial de
verdadero mérito, cuantos mas conocimientos posea, aun sobre sus gefes,
tantos mayores deberes le ligan á la observancia de la disciplina. Yo me
lisongeo de que Vd. conocerá bien la importancia de este principio, y toda la
trascendencia de cualquiera infraccion de él. Asi espero, que, tan celoso de los
intereses de su patria como exacto en el cumplimiento de sus obligaciones,
sabrá continuar todos los sacrificios que estas le demanden, proporcionando á
nuestro gobierno la satisfaccion de premiar á un oficial que ha sabido
completar su mérito....”
Las esperanzas del coronel Brown fueron burladas. La “Hércules,” que asi
se llamaba la fragata de su mando, fué declarada buena presa por los
tribunales de Antigua, como lo fué mas tarde por el almirantazgo de Lóndres.
Para ventilar sus derechos ante los magistrados que componian esta córte
militar, se trasladó el coronel Brown á [50]aquella capital, desde donde se
puso en correspondencia con el Sr. Rivadavia. El coronel Brown comunicó al
Diputado argentino los antecedentes necesarios para que éste formase juicio
de aquel suceso ruidoso y para vindicarse de los cargos que la opinion hacia
recaer sobre él, no sin algunos visos de bien fundados. Pretendia tambien el
coronel que el Diputado se trasladase á Lóndres y tomase parte personalmente
en el proceso que bajo la direccion de letrados ingleses habia entablado contra
las autoridades de la Antigua.
El Sr. Rivadavia dió contestacion á la nota de Brown desde Paris, con fecha
27 de Junio de 1817, observando que si á él le tocaba “la defensa de nuestros
derechos y el honor de nuestro pabellon, no era aquel el campo en donde
debieran defenderse, porque ni el caballero Stirling, ni el subdelegado de la
marina Antigua, ni la misma córte del almirantazgo habian atacado el honor y
la propiedad del supremo gobierno de las Provincias Unidas del Rio de la
Plata, sino el ministerio de S. M. Británica.... A este, pues, corresponde
esclusivamente la subsanacion de todos los daños y perjuicios irrogados á
dicho gobierno, y un enviado no puede ni debe exijirlas de otra autoridad de
esa nacion.” Esta determinacion de no presentarse en la capital de Inglaterra,
sino en caso absolutamente necesario,[51] tenia por verdadero motivo evitar el
hacerse el blanco inmediato de desaires que preveia por el silencio del
gabinete y por el curso parcial de la subsanacion del negocio, en el cual habia
tomado parte el Cónsul de España desde su iniciacion ante los tribunales. Mas
no por esto dejó el Sr. Rivadavia de atender los intereses argentinos. Con la
misma fecha de la nota el coronel Brown dirijió una detenida comunicacion á
los señores Hallet hermanos y compañia, dándoles bases y razones en que se
fundaron para reclamar del ministerio de Relaciones Esteriores del gobierno
inglés la satisfaccion que el proceder del Comandante Stirling y la córte del
almirantazgo de la Antigua le ponian en el deber de dar.
Como el Sr. Rivadavia tenia á la vista una copia legalizada del espediente
obrado en la citada isla, puede considerarse como un estracto de él la relacion
que hace de los hechos, los cuales nos parecen interesantes para la historia,
por lo tanto oportuna la transcripcion siguiente de algunos párrafos de la nota
dirijida á la casa de Hallet.—“Partiendo del principio de la absoluta
neutralidad” (dice la nota) que en la guerra de España con las provincias del
Rio de la Plata ha proclamado y protestado el gobierno inglés, enunciaré los
datos y hechos mas esenciales. La fragata “Hércules” era bajo todo respectos
un buque de guerra del Gobierno de [52]Buenos Aires: la comision y el
destino son los que dan este carácter segun las convenciones y prácticas que
forman el derecho marítimo.
El que la propiedad del buque sea de un particular nada altera esta calidad, y
la nacion inglesa es la que puede suministrar mas pruebas de esto. El
comandante de dicho buque D. Guillermo Brown es un oficial de las
provincias del Rio de la Plata: él es de origen inglés; mas en el momento que
admitió el primer despacho del supremo gobierno de dichas provincias,
revistió todas las calidades que les autorizaban á obrar como oficial de honor
en una guerra contra aquel pais. Los vasallos de S. M. B. han tenido hasta
ahora la facultad de hecho y de derecho para consagrar sus servicios á
cualquiera nacion, como no sea contra la suya. Y sobre todo, el caballero
Brown hacia sobrado tiempo que servia al gobierno de Buenos Aires, para que
el de la Gran Bretaña pudiera haberlo sabido y reclamado, si juzgaba que los
servicios de él contrariaban sus intereses ó su política.
«En la espedicion de que era parte la citada «Hércules» no intervino la mas
mínima propiedad inglesa.» El armamento, pertrechos y habilitacion misma
eran de la propiedad y costo inmediato del gobierno de Buenos Aires, como
consta de los documentos que obran en el espediente.
[53]
El casco y aparejo del buque que formaban toda la propiedad del oficial
Brown, no puede calificarse por ningun sólido principio de propiedad inglesa:
ella pertenecia antes al mencionado gobierno que habia comprado dicho
buque para su servicio, del que hizo donacion á uno de sus oficiales
premiando al mérito y animando la emulacion de los que le servian.
«El arribo de la fragata «Hércules» á la Barbada, considerado como buque
de guerra no ha contravenido á ninguna ley marítima de comercio ó colonial
que autorice á su aprehension y confiscacion, y aun cuando se le gradue de
buque mercante, habiendo arribado por necesidad, y no probándole hecho ni
intencion de hacer alguna introduccion clandestina, como lo comprueba el
proceso, por los tratados y leyes coloniales de España misma, no puede
negársele en tal caso el auxilio que su necesidad demanda ni menos
detenerlo....»
Hemos dicho que sobre la conducta del coronel Brown pesaban algunas
sombras; él bien lo conocia, pues ofreció al Sr. Rivadavia una plena
satisfaccion prestándose á darla personalmente en Paris mismo si asi se lo
exijiese el Diputado de su gobierno.
El Sr. Rivadavia con la imparcialidad que correspondia en negocios tan
graves, no quiso disimular[54]le ni la naturaleza ni la fuerza, tal vez aparente,
de los actos que empañaban la fama del buen marino; pero tomando en cuenta
la instancia que este hacia para lavarse de toda mancha, tuvo la discrecion el
Sr. Rivadavia de tranquilizar el espíritu de quien podia aun prestar á la causa
de la independencia servicios de consideracion. En la nota mencionada del 27
de Junio le decia: «Pasando á lo que toca á su honor personal, aseguro á V. S.
con la franqueza que me pide; que mi opinion del benemérito coronel Brown
es siempre la misma que he tenido la satisfaccion de manifestar en toda
oportunidad, y le protesto que me lisongeara mucho poder obrar siempre
conforme á ella. Persuádase V. S. que conozco sobradamente los enemigos
que forman el mérito y la desgracia, mayormente si los accidentes prestan la
decoracion del celo á la calumnia. En caso semejante, donde hay un mérito
bien fundado y un talento que hacer valer no falta mas que el carácter, y yo
me congratulo de entreveer este en su persona.»
La nobleza de este lenguaje, los principios de derecho público y los
pormenores históricos que encierran las dos notas que en parte dejamos
copiadas, las dan una importancia que hace que tengamos á dicha la
conservacion de tan preciosos documentos. Por cierto que de la lectura de
ellos no podría[55] traslucirse la situacion personal del autor, ni los motivos de
desaliento que en el instante de firmarlos debian obrar sobre su ánimo.
Dejaremos que él mismo pinte esa situacion en el siguiente párrafo de su
comunicacion de 24 de Mayo de 1817, al Director Puyrredon, que dice asi:
«Acabo de recibir un oficio de V. E. datado en esa capital á 3 de Enero del
corriente año .... en que me íntima que no apareciendo motivo de conveniencia
que pueda fundar mi residencia en Europa para lo sucesívo, regrese á ese pais
.... Yo obedezco á la órden de V. S. y desde luego no promederia un momento
entre la obediencia y la ejecucion si no me retuvieran motivos insuperables
por el presente. En los puertos de Francia no será fácil encontrar buque que
haga viaje directo á esa por lo que probablemente me veré obligado á pasar á
Inglaterra. Mas no tengo recurso alguno para hacer frente á los gastos precisos
de mi transporte. Y sobre todo, no hace honor á ese gobierno ni á mi persona
el salir de esta capital sin cubrir lo que debo en ella, mayormente cuando se
me ha anticipado bajo la sola garantia de mi persona.»
El 10 de Diciembre de aquel mismo año recibió nuevos plenos poderes para
constituirse en órgano del gobierno de las Prov[56]incias Unidas de Sud-
América cerca de los soberanos de Europa, con el objeto de conquistar la
estima de estos á favor de aquel gobierno, el cual estaba seguro de
granjeársela por la bondad de su conducta, segun la espresion oficial de los
respectivos documentos diplomáticos.
Por los antecedentes que tenemos á la vista venimos en conocimiento de la
importancia de los trabajos del Sr. Rivadavia en Europa; pero no podemos
trazar una historia de ellos por lo incompleto de aquellos mismos
antecedentes.
El Diputado argentino no dejó de negociar un solo momento, á fin de
inclinar al gabinete francés á protejer con su fuerza moral la independencia de
esta parte de América, conato principal de nuestra política esterior. El Sr.
Rivadavia habia conseguido captarse la amistad de escritores y personajes
influyentes capaces de obrar sobre la opinion del pueblo francés y sobre la
política de su gabinete. Monseñor Deprat puso su pluma calorosa al servicio
de la gran causa americana, y los sentimientos democráticos del noble general
Laffayette, no permanecieron inoficiosos ante las hábiles instancias del Sr.
Rivadavia cuyo elevado carácter supo apreciar aquel hombre tan simpático
para los amigos de la libertad.
Debiendo respetar el punto político de partida[57] del monarca francés de
aquella época, el Sr. Rivadavia declaró que el gobierno que representaba habia
seguido una conducta conforme con las doctrinas conservadoras proclamadas
por el Congreso de Viena de 9 de Junio de 1815. Que aquel creia, por
consiguiente, cumplir con sus deberes, perseverando en la línea de conducta
que habia seguido, empleando con respecto del Rey de España todos los
medios de conciliacion que estuvieran á su alcance, aumentando y fortificando
los medios de defensa, al mismo tiempo que se esforzaba por mejorar y
perfeccionar sus instituciones. Hacia esta declaracion con motivo del
Congreso de soberanos que debia tener lugar en Aix-Lachapelle, y en el cual,
segun los cálculos del Sr. Rivadavia, deberia tratarse la gran cuestion
americana á instancias del gabinete peninsular. Los esfuerzos de nuestro
diplomático se contrajeron por tanto á presentar la causa y el crédito del
gobierno de las Provincias Unidas bajo puntos de vista favorables,
demostrando en laboriosas memorias que redactó al efecto, el progreso
creciente del comercio, de la riqueza y de la civilizacion del Rio de la Plata,
asi como de los demas Estados que tenian un propósito comun con nuestras
Provincias.—“La existencia politica, la organizacion interior y las relaciones
esteriores de la parte mas vasta, hermosa y fértil de la América, (decia el Sr.
Rivadavia en 15 de Octubre de 1818, en[58] nota confidencial escrita en
frances al Jeneral Dessales, ministro de Relaciones Esteriores) no es negocio
que pertenezca esclusivamente á la España: es del interés de todo el mundo
civilizado. Las dos potencias americanas reconocidas por la Europa, se
encuentran comprometidas en las numerosas complicaciones que acarrea la
prolongacion de una lucha desoladora, sostenida en el nuevo mundo durante
casi nueve años; lucha cuyas consecuencias son perniciosas para todas las
naciones mercantes. Ha ya muchos años que las Provincias Unidas de Sud
América y recientemente Chile, han conquistado cuanto título puede exijirse á
un pais nuevo para merecer una constitucion nacional.... .... Hasta hoy no se
ha presentado á la América la ocasion de hacerse oir y de esplicar de una
manera adecuada la gravedad é importancia de sus intereses .... Yo me hallo
en situacion de dar á este respecto todas las esplicaciones que se creyeren
necesarias.”
Nuestra diplomácia en Europa no perdió de vista, ni por un solo instante, un
peligro cuya gravedad debia disimularse y en prevision del cual era prudente
captarse simpatías en los gabinetes de primer órden. Consistia ese peligro en
una espedicion preparada en Cádiz, cuyo número de soldados montaba á 18 ó
20,000 hombres, segun los Bandos que en tinta colorada imprimia y hacia
colocar el[59] gobierno de Buenos Aires en las esquinas de esta ciudad, y ante
cuyo buen éxito probable trepidaban aquellos gabinetes para decidirse al
reconocimiento de nuestra independencia. “La España, decia con este motivo
el Sr. Rivadavia al ya mencionado ministro de relaciones esteriores de
Francia, podrá causar una sorpresa á la buena fé de la Europa; pero no está en
su poder el alucinar á la América.... No nos és indiferente, por cierto, que esa
espedicion parta ó no, puesto que en las Provincias Unidas de Sud-América, la
vida y la fortuna de cada ciudadano están identificadas con las de todos los
demas; pero el señor Ministro me permitirá asentar aquí dos verdades que
sobradamente se justificarán con el tiempo. La primera es que ni el gobierno
ni el plenipotenciario de aquellas provincias consentirán jamás en desviarse un
solo paso del camino que llevan, ni cederán un punto de la justa solicitud de
que se impida á la espedicion militar el zarpar de los puertos de la península.
La segunda es, que si la espedicion llegase á realizarse, entonces cesarán todas
las consideraciones y miramientos, y la fuerza se encargará de hacernos
justicia.”
Fácil es de comprender que la política francesa era dilatoria tanto como
indecisa. El Diputado que usaba tanta firmeza en sus comunicaciones
no [60]tenia acceso fácil para hacerse escuchar de viva voz como deseaba.
Para conseguirlo, ocurrió á la influencia de sus respetables amigos, y
especialmente á la del Jeneral Laffayette, quien levantándose mas alto que los
consejeros del Borbon restaurado, comprendia cuanto ganaria el prestigio un
tanto débil de la Francia, si se decidia á favor del Sur de la América en los
términos que lo habia hecho en otro tiempo con respecto al Norte.
El noble Jeneral que conocia todo el poder de conviccion en que abundaba
la palabra del diplomático argentino y que se interesaba en su causa, tenia
particular empeño en acercarlo al Ministro de relaciones esteriores. Dirijióle
con este fin una memoria sobre el estado general de los negocios de la
América meridional, en la cual comenzaba por disculparse de su injerencia en
materias de tan alta política, recordando que estaba suficientemente justificado
por la que habia tomado en la causa de los norte-americanos cuarenta y dos
años antes, y añadia: “La emancipacion de la América española, inspirada por
la revolucion de los Estados Unidos, ha sido acelerada por la revolucion
europea. Cualquiera género de oposicion á ella no puede conducir sino á aflijir
la humanidad sin dañar en lo mas minimo á esa misma independencia. ¿Qué
hará hoy la Francia? Al instinto despótico de Bonaparte[61] repugnaba la
política generosa.... Ha llegado el momento en que el gobierno constitucional
procure su apoyo en la opinion del pais, y sus alianzas en la simpatia liberal de
los demas pueblos. Me guardaré de hacer al rey la injusticia de creer que
quiera comprometer nuestros intereses y sus deberes por atender á cortesanias
de familia. En otro tiempo éramos dueños en gran parte del comercio de la
América española, llevando alli nuestros productos al través de la España y
por intervencion de las casas francesas establecidas en Cádiz. De aquella
ventaja real solo nos ha quedado la conocida preferencia que aun dan aquellos
pueblos á nuestras mercaderias; preferencia que los ingleses se empeñan en
que caiga en olvido.... Para indemnizar á la Francia de la pérdida de la
consideracion política debemos ponernos francamente como en 1778, sin que
ahora existan los peligros de entonces, á la cabeza de la independencia
americana, para asegurar provechos que no tardarán otros en arrebatarnos...
Por lo demas mi mision se reduce á presentar á V. E. en la noche de hoy al Sr.
Rivadavia, quien no solo está autorizado para hablar en nombre del pais de su
nacimiento, sino tambien de Chile, en donde las armas argentinas han sido tan
felices como lo serán pronto en el Perú.”
[62]
En la noche del 19 de Enero de 1819 el marqués de Laffayette y el Diputado
de Buenos Aires descendieron de un mismo carruaje á la puerta del ministro
de relaciones exteriores de Francia. En aquella ocasion debieron tratarse los
importantes negocios que las transcripciones que dejamos hechas dan á
conocer en defecto de documentos mas esplícitos que no han llegado á
nuestras manos.
El Sr. Rivadavia tuvo órden de su gobierno de pasar á Lóndres,
reemplazándole en el carácter de Diputado cerca del gobierno frances el Dr.
D. Valentin Gomez. Las instrucciones dadas á este último están firmadas por
el ministro D. Gregorio Tagle á 21 de Octubre de 1818, y de esta misma fecha
es la órden dada al Sr. Rivadavia para trasladarse á la córte de Inglaterra,
segun el tenor del artículo 4.ᵒ de dichas instrucciones.
En una nota datada en Paris á 18 de Junio de 1819, dió cuenta el nuevo
Diputado de su primera conferencia tenida con el ministro de relaciones
exteriores el dia 1.ᵒ de aquel mismo mes, en la cual le habia declarado que en
concepto del gabinete frances dependia la suerte de la independencia
americana de la aceptacion de la forma monárquica constitucional, y que
partiendo de esta persuacion, manifestada con franqueza, le habia propuesto
para el gobierno de esta parte de América, al principe europeo, heredero del
reino de Etruria,[63] entroncado por línea materna con la dinastía de los
Borbones. La manera como el congreso miró aquella proposicion que el Sr.
Gomez comunicó con una circunspeccion que le honra, fué el motivo que mas
de cerca decidió de la suerte funesta que cupo al cuerpo nacional que habia
declarado nuestra independencia en el acta memorable del 9 de Julio de 1816.
Cayó envuelto en un famoso proceso y los tiros que le derribaron tuvieron
alcance para herir á los Diputados que representaban en paises estrangeros al
gobierno de las Provincias Unidas. Estos diputados eran tres en aquel
momento. D. Manuel José Garcia, D. Valentin Gomez y D. Bernardino
Rivadavia. Una nota de idéntico tenor, en cuya lacónica redaccion se advierte
el intencional olvido de toda forma y de todo comedimiento, les anunció que
quedaban sin valor sus poderes y que en consecuencia regresaren sin demora á
esta capital. El Sr. Rivadavia recibió esta íntimacion el 2 de Julio de 1820.
Disueltas las autoridades nacionales, cayeron las provincias antes unidas en
una especie de aislamiento oscuro y estéril. En todos los puntos del vasto
territorio argentino dejó de existir el gobierno fundado en la razon y en la ley.
Las calles y plazas de la capital misma se convirtieron en teatro de una
desgreñada guerra civil, y sobre l[64]a superficie social aparecieron esas
influencias de baja estraccion que cobran albedrio pernicioso cuando las
riendas gubernativas pasan á cada instante de una mano á otra mano por falta
de alguna bien intencionada que las rija con energia y tino.
Forzoso era de en medio de este caos hacer brotar la luz; evocar el órden del
seno de la anarquia, y construir el poder administrativo con los escombros de
la autoridad derribada por la demagogia. Esta fué la obra dificil que el pueblo
de Buenos Aires; en un momento feliz de reposo, encomendó á la persona de
un guerrero de la independencia.
Todos los amigos del órden se asilaron al rededor de la silla del gobernador
D. Martin Rodriguez. La campaña, reducida á una frontera estrecha y mal
defendida, trajo tambien su continjente de fuerza en apoyo del nuevo
magistrado en quien confiaba para dar mas ámbito á su pingüe industria
especial y para garantir las propiedades rurales contra la rapacidad de los
bárbaros. La esperanza pintábase en todos los semblantes. La masa del pueblo
dotada de esa adivinacion de lo futuro que está negada al individuo, preveia
que comenzaba una época nueva, y que las promesas de la revolucion iban á
tener en los hechos mas realidad que en las columnas gárrulas de las gacetas.
Fatigados estaban los ciudadanos de glorias militares y de venganzas
domésticas; ansi[65]aban por el reposo de la paz y por la dulce satisfaccion de
poder amarse como hermanos.
Bajo el influjo de esta disposicion de los ánimos, nada recomienda tanto el
mérito y el carácter del Sr. Rivadavia como el nombramiento que invocando
“el voto público de sus conciudadanos;” hizo en él el gobernador Rodriguez
para desempeñar el Ministerio de gobierno, por decreto del 19 de Julio de
1821. “La importancia de sus servicios y la estension de sus luces,” eran otras
tantas calidades, que segun el mismo gobernador le señalaban para ser
llamado á aquel importante destino.
Los antiguos, ha dicho el mas afamado de los políticos prácticos, inventaron
el rio del olvido, al contacto de cuya corriente se desvanecian en las almas los
recuerdos de la vida. Pero el verdadero Leteo despues de una revolucion se
forma de cuanto puede abrir al hombre las sendas de la esperanza. Este
ingenioso pensamiento, bajo formas mas graves sin duda dominaba el ánimo
del nuevo ministerio. Esplicándose con alta y generosa filosofia los errores de
todos, (de los cuales él mismo no se consideraba exento) como consecuencia
de la marcha torrentosa de la conquista de la independencia, se propuso curar
esos errores, “cerrando para siempre el periodo de la revolucion, no
acordándose mas ni de las debilidades ni de las ingratitud[66]es.” Nueve dias
despues de su aceptacion del ministerio, y la primera vez que en este carácter
se presentó en la Sala de Representantes, fué para pronunciar la siguiente
declaracion que establece un programa tan lacónico como bello. “El gobierno
quiere constituirse en protector de todas las seguridades y en un conservador
de todas las garantias.”
La Providencia vinole en auxilio para que pudiera dar cumplimiento á los
votos de su política conciliadora. El ministro sabia aprovechar los instantes
oportunos, y sabia tambien que cuando la generosidad no es simulada tiene
eco inmediatamente en el corazon argentino.
En la noche del 26 de Setiembre llegó á Buenos Aires la noticia de un gran
triunfo obtenido por nuestras armas coaligadas con las chilenas. El Jeneral San
Martin habia entrado victorioso á la ciudad de los Reyes, á la resistente capital
del Perú, asiento del poder peninsular en aquel rico é inmenso pais.
Segun la espresion de nuestro gobierno quedaban colmadas con aquel
acontecimiento las nobles aspiraciones concebidas en 25 de Mayo de 1810.
Los pueblos del continente gozaban ya de independencia; que fuesen libres y
dichosos debia ser la única ambicion que cupiese para en adelante [67]á la
provincia de Buenos Aires.
Tan grata nueva y tan hermosos sentimientos fueron llevados al seno de la
Sala de Representantes el dia siguiente, con la mayor solemnidad, por los tres
secretarios de Estado, al mismo tiempo que el proyecto de ley de olvido que
fué el primer paso con que el Sr. Rivadavia abrió la série de sus trabajos
políticos. Tendia esta medida á tranquilizar y consolar los ánimos, á avivar la
fé en la libertad civil ahogada en la grita de los partidos apasionados, y á
conquistar entre las parcialidades en que el pais se encontraba dividido, las
capacidades y las influencias que pudieran concurrir á la reforma jeneral que
se disponia á emprender la administracion. Estas miras eran tas vastas é
imparciales que alcanzaron hasta á los antiguos vecinos españoles de esta
ciudad, á quienes las exijencias de la época negaban desde 1817 el inocente
derecho de unir su sangre en lejítimo matrimonio á las mugeres argentinas. La
justicia política fué pues absoluta para todos los habitantes de la provincia de
Buenos Aires.
Para apreciar bien el mérito de los trabajos que distingen á la administracion
que rijió al pais desde mediados de 1821 hasta el 9 de Mayo de 1824, seria
preciso trazar un cuadro detenido de la situacion de las cosas, del estado de la
cultura pública[68] y de las propensiones generales de la opinion, anteriores á
aquel brillante periodo. Dice con propiedad un escritor inglés, testigo de
aquellos trabajos, que nada es tan capaz de hacer el elojio cumplido de los
talentos del primer ministro del General Rodriguez como la comparacion del
estado del pais entre las fechas en que se encierran los tres años durante los
cuales desempeñó aquel empleo el Sr. Rivadavia. A pesar de la dócil voluntad
que se sentia en la poblacion para obedecer á un buen gobierno, existia una
fuerza secreta que desviaba y detenia su accion; fuerza formada
principalmente por las aspiraciones envidiosas apoyadas en hábitos rancios y
en preocupaciones que una prensa sin doctrina social habia irritado sin
correjir.
Comprendió el Sr. Rivadavia que en situacion semejante debia el gobierno
administrar y doctrinar á un tiempo, y que la autoridad, á la cual levanta
siempre los ojos el pueblo, debia presentarse como modelo de los que la
obedecian. Comprendia tambien que en una república, mas que bajo
cualquiera otra forma de gobierno, necesita la autoridad revestirse de la fuerza
moral que nace de las virtudes cívicas y de la conciencia de los deberes, y
adquirir respeto y prestigio, no por la popularidad que se compra á precio de
concesiones y debilidades que acaban por suprimir á la autor[69]idad misma,
sino por la bondad de sus medidas, por la razon y el acierto de ellas y por la
valiente constancia para sostenerlas á pesar á veces de la opínion pública
cuando se pervierte ó estravia.
El ministro del General Rodriguez no confió en si solo: mas que en él y en
sus hábiles compañeros puso su confianza en la verdad del sistema
representativo que francamente habia aceptado y acababa de estudiar al
natural en las instituciones de la Inglaterra.
En primer lugar exijió de la administracion de justicia, ese gran poder del
Estado, toda la imparcialidad y todo el saber que constituyen sus principales
elementos, elevando á la magistratura los letrados mas íntegros é inteligentes.
Y como el sistema democrático es una burla cuando los representantes del
pueblo no son mas que la significacion de un partido ó de las veleidades del
aura popular de una mañana de elecciones, ejerció su influencia para que en
los bancos de la legislatura se sentasen los mas dignos, los mas entendidos y
respetados entre los vecinos de la Provincia. Sus atrevidas reformas habrian
hecho fracazar al gobierno, si sus proyectos no se hubiesen convertido en ley
por el voto de los ciudadanos á quienes acataba toda lo sociedad. En una
palabra, el Sr. Rivadavia que no temia ni envidiaba la superiodidad de nadie, y
que se[70] consideraba en un puesto merecido, por el testimonio de su propia
conciencia, trató de que los poderes públicos se colocasen á la altura de sus
miras, y las personas que los componian al nivel de su ilustracion y de su
altísima moralidad.
El Sr. Rivadavia, usando de dos voces de su predileccion, era
«eminentemente gubernamental.» Y, añadiremos, uno de los argentinos mas
demócrata, tomando esta palabra en su hermoso y jenuino significado.
El brazo de este hombre de estado no manejó sino los verdaderos resortes
de los gobiernos libres. Los hilos secretos é ingeniosos con que se traman las
redes políticas, son demasiados ténues para que no se rompiesen en sus manos
de hércules. La libertad, la publicidad, el respeto por la dignidad de las
personas, la consistencia de las relaciones sociales por medio de la instruccion
y de la mejora moral de los individuos, y, segun su bella espresion, la
confianza en el imperio del bien.... tales eran aquellos resortes.
No somos nosotros los que lo aseguramos á título de biógrafos panegiristas:
son deducciones de sus propios actos administrativos. El Sr. Rivadavia nos ha
legado un precioso cuerpo de doctrina social y gubernativa en los
considerandos de los decretos que firmó, en los mensages del Ejecutivo á las
Cá[71]maras. Queria ser obedecido mas que por la fuerza del mandato por la
del convencimiento obrado por el raciocinio que precedia á sus disposiciones.
Traigamos á la memoria algunas de sus máximas:
«La publicidad es la mejor garantia de la buena fé de los actos, mayormente
en aquellos cuya desicion está sugeta á una arbitrariedad necesaria.
«No hay instituciones que contribuyan tanto á la civilizacion de un pueblo,
como las que inducen entre los individuos respeto recíproco en maneras y en
espresiones.
«No hay medio ni secreto para dar permanencia á todas las relaciones
políticas y sociales como el de ilustrar y perfeccionar tanto á los hombres
como á las mugeres, á los individuos como á los pueblos.
«La ilustracion pública es la base de todo sistema social bien reglado, y
cuando la ignorancia cubre á los habitantes de un pais, ni las autoridades
pueden con suceso promover su prosperidad, ni ellos mismos proporcionarse
las ventajas reales que esparce el imperio de las leyes.
«Todo premio adjudicado al verdadero mérito, sino es un tributo de rigorosa
justicia, es seguramente un resorte de los que ma[72]s ventajosamente
promueven la perfeccion moral.
«Es cierto que la opinion pública, especialmente en paises inespertos, se
estravia de suyo, es á veces sorprendida y frecuentemente resiste á la accion
del poder; pero en todos esos casos sosteniéndose esta sobre la masa de los
intereses ú obrando al frente de la corriente por medio de la instruccion, de la
libertad y de la publicidad, el triunfo es tanto mas cierto y glorioso cuanto que
se reviste el imperio del bien.»
Cerraremos esta incompleta página de un verdadero libro de oro con un
pensamiento que muestra toda la liberalidad de las miras de aquel exelente
estadista:
«Es preciso, decia, que los pueblos se acostumbren á ser celosos de sus
prerogativas.»
En el momento mismo en que desde la altura del mando emitia este
principio, ponia en manos del pueblo los medios para que conociese la
estension y la naturaleza de esa prerogativa, encargando la traduccion del libro
de su amigo M. Daunau, «de las garantias individuales» á uno de nuestros mas
sérios literatos de aquella época.
Esta traduccion, publicada en crecido número de ejemplares, ha sido uno de
los libros en que hemos aprendido á leer y á pensar muchos hombres hoy
maduros, ó mas bíen dicho, una jeneracion entera.
[73]
Consiste, pues, la principal gloria del Sr. Rivadavia haber colocado la moral
en la region del poder como base de su fuerza y permanencia, y en
comprender que la educacion del pueblo es el elemento primordial de la
felicidad y engrandecimiento. Sobre estas columnas fundó una administracion
que todavia no conoce rival en estos paises, y parte de cuyas creaciones, como
puntos luminosos, han lucido hasta en las negras horas del gobierno bárbaro
que por tantas años mantuvo detenido el carro del progreso argentino.
Apenas ocupó el puesto de ministro, erigió la Universidad mayor de Buenos
Aires con fuero y jurisdiccion académica, como estaba acordado por reales
cédulas desde el año 1778. Fué este su primer paso en la tarea de fundar
establecimientos de enseñanza alta y primaria, bajo un sistema general,
oportuno para desarrollar la educacion pública al abrigo del sosiego y del
nuevo órden que sucedia á la anarquia.
Inmediatamente despues fundó las escuelas gratuitas bajo el sistema rápido
y económico de Lancaster, no solo en los barrios de esta ciudad sino en los
mas apartados pueblos de campaña, confiando la inspeccion general de todas
ellas á un sacerdote recomendable por su ilustracion y conocido por su
jenerosa filantropía. El premio dado por el Sr. Rivadavia al difundidor del
benéfico preservat[74]ivo de Jenner, fué el encargarlo de dirijir el espíritu de
aquellos mismos niños cuya salud corporal habia salvado.
Pero su pensamiento orijinal, y mas fecundo fué el de apoderarse, á favor
del bien público, de las hermosas cualidades del corazon femenino. Sabia el
Sr. Rivadavia—son palabras suyas—que la naturaleza al dar á la mujer
distintos destinos y medios de prestar servicios, dió tambien á su corazon y á
su espíritu calidades que no posee el hombre, quien, por mas que se esfuerze
en perfeccionar las suyas se alejará de la civilizacion si no asocia á sus ideas y
sentimientos la mitad preciosa de su especie. La Sociedad de Beneficencia se
ha defendido en épocas de retroceso social por la propia importancia de sus
tareas, y ha podido educar dos jeneraciones de madres morales é instruidas
que han dado entre caricias los primeros consejos y las primeras lecciones á
centenares de ciudadanos. La Sociedad de Beneficencia es una escuela normal
donde se forman exelentes y dignas matronas que se sucederán unas á otras
practicando el bien y ejerciendo la insigne majistratura de la mejora de sexo,
mientras exista esta ciudad que la respeta y ama. La anciana moribunda les
dirije las últimas bendiciones desde el lecho de la misericordia, y la tierna niña
en el albor y fuerza de la vida, desde el banco de sus labores[75], eleva
tambien sus puros agradecimientos á esas segundas madres que les dió la
patria por la mano venerable de Rivadavia.
Cuadro demasiado estenso seria el que comprendiese todos los pormenores
de las reformas emprendidas en la administracion de Rodriguez. Ellas
abrazaron desde la economía interior de las oficinas hasta los actos ejercidos
por el pueblo en razon de su soberania; desde las prácticas forenses hasta los
hábitos parlamentarios; desde la policía del cuartel del soldado hasta la
clasificacion de las recompensas á que eran acreedores los jefes del ejército.
Como la reforma tuviese la inflexible intencion de desarraigar abusos é
introducir economia en la aplicacion de la renta pública, no pudo ponerse en
práctica sin lastimar intereses, personas y corporaciones que se sublevaron
contra sus tendencias. Estas reformas fueron sancionadas por los
representantes del pueblo. Por fortuna los lejisladores de entonces tenian en el
ejecutivo un brazo fuerte para hacer cumplir la ley, y una voluntad que no se
arredraba en presencia de las dificultades. El Mensaje del año 23, hablando de
la reforma, se espresa en estos términos: “Esta obra árdua ha sido ordenada
con valentia por las dos lejislaturas precedentes, y el gobierno para ejecutarlo
ha debido vencer grandes resistencias y chocar con senti[76]mientos
personales y preocupaciones comunes.” Estas palabras demuestran las
resistencias halladas para obrar el bien y acelerar la marcha de la civilizacion.
Dejan traslucir al mismo tiempo cuales debieron ser las luchas diarias,
sostenidas por los hombres colocados al frente del movimiento rejenerador.
Disculpable habria sido que se manifestasen engreidos por el triunfo y
agriados por las ofensas recibidas en retribucion de beneficios tan
importantes. Nada de eso. Una severa templanza rebosa en todo aquel
documento, modelo de filosofia política. En él se esplican y se absuelven los
errores de la opinion y se esperanza hasta en la exaltacion de las pasionas para
llegar al blanco á que se dirijia el gobierno, asi que esas pasiones entrasen al
cauce que la ley acababa de señalarlas. El Mensaje continúa así:
“Establecidos ahora los fundamentos del sistema representativo, es forzoso
que la conducta del gobierno sea conservadora. El tiempo debe consolidar
lentamente lo que acaba de construirse con tantas fatigas y peligros: él
tranquilizará los ánimos ajitados de las pasadas contiendas: las pasiones
sublevadas se amanzarán gradualmente y servirán tambien bajo el imperio de
instituciones saludables.”
La ley de reforma eclesiástica dictada en 21 de[77] Diciembre de 1822, fué
pretesto para que los mal avenidos, los aspirantes y los adoradores del statu
quo, formasen una especie de coalicion en nombre de la creencia de nuestros
mayores, haciendo entender al vulgo que se atacaban sus dogmas venerandos
y el lustre de su culto. Los principios relijiosos del primer ministro fueron
puestos en duda, y la calumnia declaró ateo á quien habia contribuido para que
el seminario conciliar, mal organizado y pobre en rentas, fuese levantado á la
categoria de colegio nacional de estudios eclesiásticos; á quien se proponia
dignificar el sacerdocio para que fuese capaz de desempeñar la alta mision
docente que el gobierno se disponia á confiarle. El Sr. Rivadavia quiso dar al
clero de Buenos Aires, en aquella época, una prerogativa que el clero francés
aún no ha podido conquistar del todo á pesar de su ciencia y acreditada
moralidad—la de participar libremente en la educacion y en la civilizacion del
pueblo. Estas intenciones fueron manifestadas con palabras terminantes y con
actos notorios. La sede en aquella época estaba vacante. El ardor de la
revolucion y la lucha intestina habian dado sus frutos hasta en el corazon de la
tribu de Levi, y el pavimento de los claustros habia sido mancillado con
sangre en la hora en que el crimen crée conseguir impunidad con las tinieblas.
La autoridad civil no podia ser[78] indiferente á este espectáculo. Ojalá que el
Sr. Rivadavia hubiera encontrado en su tiempo á la cabeza de la diócesis uno
de esos fuertes varones que saben ir al fondo de las intenciones del Evanjelio
por los caminos mas cortos! El se hubiera abrazado con el santo pastor y
habríale cedido la iniciativa en la parte eclesiástica de la reforma. Pero aquel
deseable obispo no existia. En su defecto el Sr. Rivadavia ordenó que se
estableciesen conferencias semanales para todos los individuos del clero sobre
materias de ciencías eclesiásticas. El decreto de 5 de abril de 1823, se funda
en estas bellas consideraciones: “No basta que el clero de Buenos Aires
obtenga por su santidad una reputacion distinguida, ni que los servicios en la
causa de la independencia le designen un buen lugar entre las clases que han
contribuido á establecerla. Es menester algo mas; es menester que su crédito
se eleve por la civilizacion, y que llegue por este medio á ponerse en estado de
cargar con la responsabilidad de difundirla.”
Esta es la verdadera tendencia de la reforma eclesiástica tan desfigurada por
la oposicion contemporánea á ella. Bajo la faz en que la presentamos será
mirada por la historia. El sábio estadista mártir de su moralidad y de su
honradez, queda lavado con la uncion de sus propias pal[79]abras, de la
mancha de incrédulo con que el espíritu vulgar del partido pretendió empañar
su memoría. En la vasta razon del Sr. Rivadavia habia lugar para los axiomas
de la ciencia y para las verdades de la relijion heredada que no se desprenden
jamás del alma de los bien nacidos: asi como tenian cabida en los estantes de
su biblioteca los escritores de la escuela del siglo XVIII y los ascéticos de la
época brillante de la prosa española.
La atencion del Sr. Rivadavia no estuvo enteramente absorta en los límites
del gobierno de que era miembro. Al crear instituciones útiles, y al mejorar las
formas representativas en Buenos Aires, creia hacer una obra de modelo y
aplicacion para las demas provincias de la república, que de mancomun y
debidamente representadas habian proclamado la independencia como un solo
cuerpo de nacion. Los vínculos de la union se hallaban desatados en 1821. A
la representacion nacional dispersada por la anarquia habia sucedido la
tentativa de otra cuyos miembros reunidos en Córdoba tuvieron mas de una
vez que defenderse contra las acusaciones de conspiracion que les hacian sus
propios comitentes. Quedó sin efecto esta tentativa de congreso. La reunion de
otro nuevo era completamente imposible en aquellos momentos. El Sr.
Rivadavia tuvo que aceptar el papel de min[80]istro de un gobierno provincial
á pesar de sentirse con la fuerza y la voluntad sobrada para encargarse de los
destinos nacionales. El pensamiento de toda su vida fué la union nacional. En
una ocasion en que circulaban en Europa noticias precursoras de la caida del
Directorio y de la disolucion del Congreso, se espresaba de la manera
siguiente en una nota oficial de 28 de Junio de 1818: “La union de esas
provincias es indispensable á su existencia nacional. Si la administracion
central deja de existir por algun tiempo, debe ser por consultar á su mejor y
mas sólido establecimiento.”

La idea de la organizacion del territorio de un pueblo que tantas virtudes y


jénio habia mostrado en comun durante la lucha de la independencia, no podia
dormir en la cabeza del hombre que habia sido vocal de las primeras juntas,
representante de las Provincias Unidas cerca de las córtes estrangeras y actor
principal en el movimiento revolucionario á que el pais entero habia
contribuido con su sangre y sus tesoros....... Sobre la jeneracion que vivia
entonces no habian pasado los veinte años de aislamiento que llevan el
apellido y la divisa de Rosas.
El restablecimiento de la union de los pueblos[81] argentinos, tan ansiada
por Rivadavia, se preparó por él con habilidad y discrecion. «Esa union, decia,
es necesario que se obre por el convencimiento de que las ventajas son
superiores, respecto á cada una de las partes concurrentes, á cualquier
perjuicio real ó de mera opinion, que á alguna de ellas puede ocurrir.» La
explicacion de esas ventajas y del pensamiento desinteresado del gobierno de
Buenos Aires fué confiada al blando y persuasivo tucumano Dr. D. Diego
Estanislao Zavaleta, con sujecion á las notables instrucciones datadas á 30 de
Mayo de 1823 bajo la firma de D. Bernardino Rivadavia. Pero ántes de tomar
la iniciativa «para reunir todas las provincias del territorio que ántes de la
emancipacion componian el vireinato de Buenos Aires ó del Rio de la Plata,
en un cuerpo de nacion administrada bajo el sistema representativo, por un
solo gobierno y por un mismo cuerpo legislativo,» quiso el estadista porteño
poner de bulto con los hechos la conveniencia de la union y hacerla apetecible
con beneficios prácticos para los pueblos invitados. Seis jóvenes de cada uno
de los territorios que estaban entonces bajo gobiernos independientes, fueron
mantenidos y educados en los colegios de Buenos Aires. Medida excelente
cuyo resultado fué establecer entre aquella numerosa juventud, vaciada en un
mismo molde intelectual, vinculos estrec[82]hos y fraternales que con el
tiempo debian producir una accion armoniosa en la máquina del Estado.
Dictóse al fin la ley de 27 de Febrero de 1824, facultando al ejecutivo de la
provincia de Buenos Aires para reunir la representacion nacional. Esta ley fué
precursora de varias medidas que mas tarde facilitaron al congreso de 1826 y
al presidente que nació de su seno, el ejercicio de sus respectivas funciones.
Las relaciones y el crédito que al gobierno provincial habian grangeado la
elevacion y justicia de su conducta, permitiéronle la formacion de compañias
europeas, con fuertes capitales, para la explotacion de los metales preciosos,
para facilitar el comercio interior, la navegacion de buques á vapor, y para
establecer un banco nacional que sustentase esas mismas empresas
proveyendo á las provincias del numerario que necesitaban para alentar sus
respectivas industrias.
El autor de este plan preparatorio para el restablecimiento de la union
argentina, tuvo la oportunidad de ser su agente en los centros europeos de
actividad y riqueza. Habiéndose negado por tres veces el Sr. Rivadavia á
continuar en su cargo de ministro de gobierno al comenzar la administracion
del jeneral Las Heras, fué nombrado ministro Plenipotenciario y Enviado
Extraordinario[83] cerca de las cortes de Inglaterra y de Francia, por decreto
de 17 de Febrero de 1825, época en que el gobierno de la provincia estaba ya
encargado del poder ejecutivo nacional.
Fué durante esta mision que tuvo lugar la ratificacion y cange del tratado
celebrado con la Gran Bretaña. El nombre del Sr. Rivadavia corre á par del
afamado Ministro M. Canning en la última página de aquel documento á que
debe Buenos Aires adquisiciones de que ya se apercibe, y otras que el tiempo
está encargado de revelar en toda su importante trascendencia. Pero el
patriotismo y las luces del diplomático arjentino no le permitian ceñirse á
procederes de mera forma. Las respetuosas consideraciones que mereció del
gabinete inglés, le ayudaron para emplear con fruto de su pais el año escaso
que permaneció en Europa en desempeño de sus nuevas funciones.
Consagróse con empeño á dar á conocer la aptitud del pais que representaba
para empresas industriales en grande escala, y para un desarrollo comercial
mas estenso que el que hasta entonces habia recibido. La prensa de Lóndres
reveló, por primera vez, puede decirse, los caudolosos veneros de preciosos
minerales que encierran las Cordilleras del centro y de los estremos de nuestro
vasto territorio, y las ventajas que reportaria una numerosa emigraci[84]on
agrícola, estableciéndose en los llanos fértiles y estensos que riegan nuestros
rios caudalosos bajo el clima hospitalario de una zona templada.
Las garantias que en favor de la civilizacion y riqueza del pais acababan de
obtener los súbditos británicos por los tratados que son el punto de partida del
jeneroso derecho público que nos rije, fueron el natural apoyo de la confianza
con que se arriesgaron fuertes capitales europeos á trasladarse á rejiones
lejanas pero que tanto prometen á la industria y al trabajo intelijente bajo la
custodia de las leyes sábias. El crédito, elemento moral de los gobiernos, obró
su preciosa consecuencia, convirtiéndose en valores positivos. Si los frutos
posteriores no correspondieron á las esperanzas concebidas en vista del
movimiento favorable de la opinion exterior hácia nosotros, no fué culpa de
quienes excitaron ese movimiento con tanto acierto como con medios tan
lejítimos; culpa fué de la mala estrella que guió por tantos años nuestros
destinos.
Siempre que busquemos con verdad el camino de nuestro
engrandecimiento, le hemos de hallar por el rumbo trazado por la escuela
económica y administrativa de que es fundador el Sr. Rivadavia. El órden y la
paz interior, serán en adelante como lo fueron desde 1821 hasta 1827 las
proclamas mas elocuentes para traer pobladores al seno de
nuestros[85] desiertos, y capitales á la masa de nuestra circulacion monetaria.
Estas verdades son vulgares en nuestros dias. No le eran cuando se
anunciaban y aplicaban por primera vez. Los que derramaron tales ideas como
una semilla que alguna vez habia de fructificar, fueron tenidos por visionarios
y utopistas. Sin embargo, la fábula se hizo verdad. Las garantias acordadas al
estranjero han salvado nuestra civilizacion naciente y la dignidad del
ciudadano.
El dia 8 de Febrero de 1826, en el salon principal de nuestra vieja fortaleza,
entre un crecido número de ciudadanos y en presencia de los jefes del ejército
y de los departamentos todos de la lista civil, tuvo lugar un acto importante y
trascendental para la suerte del pais.
En aquel dia y en aquel lugar, el gobernador de la provincia de Buenos
Aires proclamó á D. Bernardino Rivadavia, presidente de las Provincias
Unidas del Rio de la Plata.
El Congreso, haciendo justicia á los méritos contraidos por aquel ciudadano
habíale escojido para elevarle á puesto tan honroso como erizado de espinas.
Al tomar el Presidente las insignias del mando y el Jeneral D. Juan G. de las
Heras al entregárselas, pronunciaron palabras que honran á uno y otro. Los
méritos de la administracion que se retiraba fueron r[86]econocidos y
aplaudidos por el Presidente, quien á su vez fué alentado con la halagüeña
perspectiva de una marcha gloriosa. Tan nobles deseos se frustraron
completamente. El Gobierno de la presidencia halló un terreno conmovido
que no le permitió asentarse. El Sr. Rivadavia no podia fundar su gloria en los
triunfos militares sino en las conquistas del pensamiento con armas pacíficas
de una administracion arreglada. Mientras tanto el pais estaba comprometido
en una guerra esterior, en la cual las victorias sobre el enemigo fueron una
verdadera derrota para el poder del Presidente. Otras causas combinadas con
esta no permitieron al réjimen nacional mas que una duracion cortísima.
El Sr. Rivadavia renunció el cargo de Presidente y cesó en sus funciones á
fines de Julio de 1827.
Al descender de la presidencia, el Sr. Rivadavia dirigió una carta autógrafa
á cada uno de sus ministros, dándoles gracias por la cooperacion que habian
prestado á su gobierno, y asegurándoles de la aprobacion que le merecia la
conducta de los empleados en los tres departamentos de la administracion. Las
contestaciones de los Señores Agüero, Cruz y Carril son un testimonio de los
sentimientos nobles y afectuosos que el magistrado habia sabido despertar en
aquellos hombres notables. En momentos en que declinaba el valimiento del
gobern[87]ante, y en que ya se divisaba delante de él el camino lóbrego que
iba á recorrer en el resto de sus dias, no pueden ser tachadas de lisonjeras las
espresiones con que los ministros contestaron al Sr. Rivadavia. El de hacienda
se espresaba así: “La administracion de V. E. deja descubierto el secreto y en
él la garantia que faltaba á los intereses sociales. No mas el saqueo y la
violacion de las propiedades particulares serán en nuestra patria
suficientemente escudadas con los nombres de patriotismo y de obligacion....
La mas grata recompensa que me queda es haberme empleado en el servicio
de la nacion, bajo las órdenes del hombre público que en la historia de la
América española ocupará el lugar mas distinguido, por su constante empeño
en propagar la civilizacion de los verdaderos principios con que, en menos
tiempo, y escusando mil calamidades, los moradores de estas rejiones puedan
llegar á la ventura social, y las diversas secciones del continente elevarse á un
grado de prosperidad prodigiosa.”
La nacion pasaba por una verdadera crísis. El carácter provisorio que
imponia al nuevo presidente la ley de 3 de Julio, la reunion próxima de una
convencion nacional; la disolucion del Congreso asi que se tuviere
conocimiento oficial de la instalacion de aquella; la guerra civil que alzaba la
rebelion[88] por una parte, y por otra la guerra estrangera, colocaban al pais en
una situacion que se agrababa con la decadencia del comercio y los excesos
del ajio y con el mal éxito de las negociaciones diplomáticas entabladas para
terminar la contienda con el Imperio. Las pasiones políticas se hallaban
exaltadas. El Gobierno Nacional caía enlutando el corazon de unos y vistiendo
con colores alegres las ambiciones de otros. Los numerosos amigos de un
órden de cosas que databa desde 1821, se sentian sin apoyo y se consideraban
entregados por la renuncia del Sr. Rivadavia á las consecuencias de una
reaccion que comenzando por las formas habia de llegar hasta las ideas. Para
calmar estos temores y para templar el ardor de los partidos, revistiéndose el
Sr. Rivadavia de esa grave tranquilidad que mostró tantas veces en los
momentos críticos, dirijió al pais las siguientes palabras que se deslucirian con
cualquier comentario:
“Argentinos: No emponzoñeis mi vida haciéndome la injusticia de
suponerme arredrado por los peligros, ó desanimado por los obstáculos que
presenta la majistratura que me habeis conferido. Yo hubiera arrostrado
sereno aun mayores inconvenientes, si hubiera visto por término de esta
abnegacion la seguridad y la ventura de la patria.
[89]
“Consagradle enteramente vuestros esfuerzos, si quereis dar á mi celo y á
mis trabajos la mas dulce de las recompensas. Ahogad ante sus aras la voz de
los intereses locales, de la diferencia de partidos y sobre todo, la de los afectos
y ódios personales, tan opuestos al bien de los estados como á la
consolidacion de la moral pública.... Abrazaos como tiernos hermanos y
acorred como miembros de una misma familia á la defensa de vuestros
hogares, de vuestros derechos, del monumento que habeis alzado á la gloria de
la nacion. Tales son los deseos que me animarán en la oscuridad á que
consagro mi vida; tales los que me consolarán de la injusticia de los hombres;
tales, en fin, los que me merecerán un recuerdo honroso de la posteridad.”
El Congreso que declaró la independencia terminó su carrera bajo la
acusacion de traidor á la patria. El primer Presidente y sus actos fueron
llamados al tribunal de la opinion pública por los hombres públicos que no
acertaron á disimular su parcialidad. El Mensaje pasado á la legislatura por el
gobierno que restituyó á Buenos Aires su antigua forma provincial, es un
documento cuya lectura desconsuela al mismo tiempo que demuestra la
intensidad de los ódios que fermentaban dispuestos á estallar bajo la silla del
Presidente y en la tribuna del Congreso. Aquel Mensaje clasificó al
pensamiento del réjimen general del pais, como “un inst[90]ante desgraciado
de delirio”: y declarando que “la concentracion y la desunion se habian hecho
igualmente impracticables”, colocó á las provincias en una situacion incierta
que no podia conducirlas sinó á la anarquia, ó á caer en manos de jefes
irresponsables y vitalicios.
Apartado el Sr. Rivadavia de la vida pública, la privada fué para él en lo
sucesivo y hasta el fin de sus dias, una perpétua expatriacion. Para
comprender las tribulaciones de su espíritu, bastará transcribir las siguientes
palabras escritas por él en Paris en Mayo de 1833: “Son estos los momentos
mas tristes de mi vida. Un amigo me instruye sobre la estrema degradacion y
miseria de mi desventurada patria. No he recibido una sola letra que me
consuele sobre la situacion de mi esposa é hijos, ni recuerdos de mis
amigos....., sin embargo no puedo dejar de pensar constantemente en esa
República Argentina que se arruina y degrada cada vez mas. Ni seria digno ni
posible separar mi ánimo de la contemplacion de tan cara y amada patria....”
En aquellos momentos lamentaba la muerte de un noble y respetable
estrangero amigo suyo, “el único ser, segun su propio testimonio, á quien
debiera favores en su desgracia.” Pero tantas desventuras no abatian su alma
bien templada. Cuantos mas motivos se le agolpaban para quejarse de la
ingrati[91]tud de la patria, mas se identificaba con ella consagrándola sus
desvelos. Nada podia hacer ya en su servicio el estadista repudiado, pero si el
literato estudioso. “Para aliviar su espíritu” emprendió entonces la traduccion
de los viajes de D. Félix Azara, “porque era lo mejor que se habia publicado
sobre su pais.”
El Señor Rivadavia cedió este manuscrito al Sr. D. Florencio Varela el año
de 1842, en Rio Janeiro, al separarse ambos “para no verse mas en este
mundo.” El tomo segundo de la Biblioteca del Comercio del Plata, contiene la
primera edicion de este escrito tan importante para el conocimiento de la
historia natural del Rio de la Plata y Paraguay. Tal vez hasta el año 45, época
de aquella edicion, no se conocian las exactas observaciones del ilustre
geógrafo y viajero en la lengua en que se habian redactado.
Al hablar de los trabajos diplomáticos del Sr. Rivadavia en Europa, hasta
poco antes de 1820, hemos procurado hacer las transcripciones que ha sido
posible de su correspondencia oficial, para probar indirectamente el ningun
fundamento de las acusaciones que se le han hecho acerca de sus pretendidas
tendencias á monarquizar la América. El señor Rivadavia no ha dado un paso,
que nos conste, en este sentido. Habrá si se quiere, escuc[92]hado
proposiciones y aun abierto esperanzas sobre semejante pensamiento en
circunstancias en que era preciso, para no comprometer nuestra independencia
ni el éxito de la lucha con el poder español, calmar los celos que en los
gabinetes de los soberanos europeos despertaban los gobiernos insurjentes del
nuevo mundo. Pudo haber en su ánimo momentos de duda acerca de cual
fuese la forma política mas conveniente para constituir su pais. Y esto nada
tendrá de estraño, pues trepidaciones de la misma especie hallaban escusas en
1846 para el sesudo redactor del Comercio del Plata, en consideracion al
espectáculo de sangre y de lodo que por treinta y seis años presentaban las
repúblicas americanas. La calumnia, sin embargo, valiéndose de la discreta
reserva en que se envuelve toda negociacion diplomática, por inocente y
lejítima que ella sea, prohijó aquella suposicion vulgar y la presentó con el
carácter de acusacion oficial, durante la última residencia del Sr. Rivadavia en
Francia. Fué entonces que él tuvo el noble coraje de presentarse en Buenos
Aires, á mediados de Mayo de 1834 para vindicarse de las acusaciones que se
le hacian. Solo dos horas pudo permanecer bajo el techo de su propia casa y
en la ciudad de su nacimiento. La autoridad lo obligó á reembarcarse y á
esperar á bordo de un buque durante veinte dias la decision de la Sala
de[93] Representantes sobre la reclamacion entablada ante ella por acto tan
injusto.
El Sr. Rivadavia se asiló entonces en el Estado Oriental. En una hacienda de
las inmediaciones de la Colonia del Sacramento se consagró á ocupaciones
rurales. Rodeado estaba de colmenas, de su querido rebaño de cabras del Tibet
y de plantas útiles y exóticas, cuando en Octubre de 1836, por órden del
gobierno de aquel pais, fué deportado á la Isla de Ratas en la rada de
Montevideo, y de allí desterrado con otros argentinos notables á la isla
brasilera de Santa Catalina.
Peregrino y proscripto por Europa, por el Estado Oriental, por el Brasil,
rindió al fin el espíritu en la ciudad de Cádiz el 2 de Setiembre del año del
Señor MDCCCXLV.
El Sr. Rivadavia es sin disputa un argentino digno de preferente lugar en el
panteon de nuestros grandes hombres.
Su razon fué elevada; su carácter recto y firme; su voluntad constante; sus
intenciones intachables. Nadie ha hecho mas que él á favor de la civilizacion y
de la legalidad en estos paises. Nadie ha amado con mas desinterés y mas sin
lisonja, mas de veras al pueblo. Nadie ha respetado mas que él la dignidad de
los compatriotas. Tuvo la conciencia de nuestras necesidad[94]es y se desveló
por satisfacerlas. Trajo á su rededor todas las intelijencias, diólas impulso y
las preparó un teatro útil y brillante de accion. Buscó en el estranjero las
ciencias de que careciamos y las aclimató en nuestro suelo. Compensó y
alentó los servicios y las virtudes; protejió las artes y confió mas en el poder
de la razon que en la fuerza.
Su mérito es tan positivo como su gloria será eterna.
Sus bendecidas cenizas están entre nosotros. Tandem quiescat. La mano del
agradecimiento las ha devuelto á la Patria como un tesoro usurpado. Del
fondo del sepulcro que las custodia, saldrá constantemente una voz que
resonará como un aplauso ó como una censura en la conciencia de nuestros
mandatarios.

[95]

BREVES APUNTAMIENTOS PARA LA BIOGRAFIA DE


D. JOSÉ ANTONIO MIRALLA.
En el número de los arjentinos que se han granjeado fama fuera de la patria,
debe contarse al Sr. D. JOSÉ ANTONIO MIRALLA.
Él “era incapaz de olvidarse [son sus propias palabras] de las Provincias
donde habia tenido el honor de nacer, y mucho menos de la gran ciudad donde
recibió su instruccion.” Esas provincias eran las arjentinas, y Buenos Aires la
gran ciudad.
El hombre que asi se espresaba despues de 12 años de ausencia de la patria,
merece cuando menos, el afecto de sus paisanos.
Nosotros hemos sentido siempre simpatia por Miralla, avivándose toda vez
que la casualidad nos presentó este nombre mezclado con algun incidente ó
unido á algunas personas notables en la historia moderna de la América
independiente.
Hemos recojido esos pocos incidentes; conocemos algunos pasos de la
carrera de Miralla; pero ignoramos con precision donde y cuando termina.[1]
Miralla hizo sus estudios en el Colejio de Buen[96]os Aires durante el
rectorado del Dr. D. Luis José Chorroarin[2]. Permaneció en esta ciudad hasta
1810 y probablemente ya no residia en ella el dia 25 de Mayo de aquel año.
No hemos podido rectificar la verdad de algunas curiosas anécdotas
referentes á Miralla y á la proteccion que le dispensó cierto artífice italiano de
una custodia famosa, que pasó al Perú despues de haber espuesto al público en
uno de nuestros templos aquella joya destinada al culto.
El hecho es que en 1812 se le vé á Miralla en Lima, dando cuenta, en un
cuaderno de pocas pájinas, “de las fiestas celebradas en la Ciudad de los
Reyes con motivo de la promocion del Exmo. Señor Dr. D. José Baquijano al
Supremo Consejo de Estado.”
Las descripciones de festividades públicas formaron un ramo especial de la
literatura peruana. En[97] época en que el talento del escritor tenia allí pocas
aplicaciones, era una buena fortuna la oportunidad de lucir erudicion y
facundia en el panejírico de algun personaje ó en la relacion de la alegria ó del
dolor del público en ocasiones estraordinarias.
Miralla se manifiesta en ese escrito digno de desempeñar una tarea que él
quiso confiar (como lo espresa en la dedicatoria) “á la pluma delicada de un
ilustre literato.” No faltan allí, ni las citas latinas, especialmente de Lucano y
de Ovidio, ni la desenfadada verbosidad á que la jeneralidad de los escritores
limeños tenian acostumbrado el oido de sus conciudiadanos.
Sin embargo, cualquiera que lea el discurso que encabeza la “breve
descripcion,” no podrá menos de advertir que es fruto de la cabeza de un
hombre de ingénio, no mal preparado para honrar la carrera de las letras.
Es demas decir que en este cuaderno abundan los versos en todo metro y
medida, la mayor parte anónimos. Sospechamos que muchos pertenecerán á
Miralla y especialmente el siguiente cuarteto que fué colocado sobre el
frontis iluminado de las casas consulares: el dejo á culto que tienen esos
cuatro versos, es propió del terreno en que nacieron.
[98]
Estas llamas ardientes simbolizan
El amor que mereces á este pueblo:
Su inquietud el deseo de tu gloria,
Su claridad la luz de tu consejo.
La única composicion poética, firmada con iniciales que allí se rejistra,
pertenece al Dr. D. José Sanchez Carrion, quien mas tarde se hizo notable por
la parte que tomó en la emancipacion del Perú y por el cargo de Ministro
jeneral de Bolivar que desempeñó hasta la batalla de Junin. Este personaje se
liga con nuestra historia en cuanto se le considera por algunos como un rival
poco jeneroso del Dr. Monteagudo, asesinado en las calles de Lima durante la
influencia política de Sanchez Carrion.
Baquijano pasó á Madrid á tomar posesion de su empleo, y entendemos que
llevó consigo á Miralla de quien se habia declarado protector.
Es de presumir que la gratitud no flaquease en el ardiente corazon de
Miralla; pero tambien es presumible que sus opiniones políticas y su devocion
á la causa de la independencia americana, levantasen un celaje opaco y frio en
las relaciones amistosas entre el magnate protector y su protejido, novel y
oscuro literato republicano.
Baquijano, Conde de Vista Florida, estaba ligado[99] con estrechos vínculos
á dos Ministros del absolutismo de Fernando VII, ambos, por una aberracion
singular, nacidos en América. El uno era el Duque de San Carlos, peruano, y
el otro el mejicano Lardizabal.
La reunion á Cortes habia hecho de Madrid la residencia de muchos
americanos distinguidos, quienes se dividieron, alistándose en uno ú otro de
los dos grandes partidos que ajitaban entonces á la Península.
Los americanos liberales que veian en el triunfo del sistema constitucional
de la Metrópoli, el triunfo tambien de la libertad en América, manifestaron
con una loable valentia su indignacion contra el decreto de 4 de Mayo de 1814
aboliendo la constitucion y disolviendo en consecuencia las cortes del Reino.
Algunos de aquellos, como D. Vicente Rocafuerte, y Rivero, diputados por
las ciudades de Guayaquil y de Arequipa, llevaron la enerjia de sus
convicciones y principios hasta negarse á asistir á una audiencia real,
declarando que no era digno de sus respetos un monarca que hacia jemir en las
cárceles á los diputados liberales cuyas opiniones estaban garantidas por el
rejimen constitucional bajo cuyo imperio las habian emitido. Esta valiente
determinacion fué, como es de creerse en los momentos de la reaccion
absolutista, castigada[100] ejemplarmente. Arrebatado Rivero de los brazos de
su joven y reciente compañera, fué encerrado en la oscuridad de una prision
de estado, en donde jimió durante seis años.
Si Miralla se hallaba entonces en Europa es de presumirse que pensase
como el ecuatoriano Rocafuerte: decia este, “que, los americanos eran mas
delincuentes que los españoles en reconocer al rei absoluto, porque sufrian
mas de su lejano despotismo y porque habia llegado la época en que era
obligacion de ellos trabajar en sacudir el yugo español y combatirlo de todos
modos.”
Al fin de una carrera llena de amarguras y de tantos desengaños como
importantes servicios habia prestado á la libertad y á la ilustracion del nuevo
mundo, el mismo Rocafuerte volviendo la memoria á la aurora de la
revolucion esclamaba desde Lima en 1844: «En esa época feliz yo
consideraba toda la América española como la patria de mi nacimiento.» Esta
tambien era la manera de sentir de todos los americanos ilustres que el espíritu
de fraternidad filosófica del siglo XVIII, habia preparado como por milagro
para esa larga y heróica lucha de que habia de resultar independiente un
mundo entero.
Bolivar, Morelos, San Martin, se buscaban anhel[101]antes con el
pensamiento en ese oceano de llanuras, de bosques y montañas vírjenes que
fueron teatro de la lucha de la emancipacion, deseándose mútuamente el
acierto y la victoria en la idéntica causa que sostenian.
Camilo Enriquez no reconoce en los Andes el poder de separar en dos
patrias el suelo chileno y el argentino, y electriza simultáneamente con sus
escritos republicanos á Santiago y á Buenos Aires. El Dr. D. Bernardino Vera,
ignorado y completamente desconocido á las márjenes del Paraná, donde tuvo
su ilustre cuna, vivirá eternamente en los fastos de la revolucion chilena, como
pensador, como majistrado, como poeta, como patriota.
A este tenor, muchos otros americanos fueron del mismo modo de pensar
que Rocafuerte. Miembros de una misma familia por los principios, las
aspiraciones y los fines, siguieron el rumbo que el destino quiso señalarles y
cultivaron el campo de la independencia con la pluma y la espada como una
heredad comun. Las victorias de Boyacá y de Maypu alcanzadas por dos
distintos heroes en dos opuestos estremos de la América española, son tan
hermanas como Leutres y Mantinea.
Miralla vivia en la atmósfera de esas mismas jenerosas ideas.—«A pesar de
haber sido el principal é inalterable anhelo de su alma e[102]l volver al círculo
de sus amigos y paisanos y al grato calor de sus hogares,» como lo decia á su
antiguo maestro en Julio de 1822, el destino le detenia en la Habana en donde
por aquel tiempo era vecino comerciante y propietario acaudalado.
El restablecimiento de la Constitucion en Cádiz permitió á los amigos de la
independencia americana residentes en la principal de las islas Antillas, mayor
libertad para sus proyectos y trabajos. Existia en la Habana una asociacion
secreta relacionada con otras de la misma especie en Caracas, cuyo objeto era
ganar prosélitos y difundir ideas á favor de la gran causa de nuestro
continente.
En esos trabajos tomó Miralla una parte activa, y aprovechando de la
libertad de imprenta que el movimiento revolucionario de Riego y Quiroga
habia devuelto á los súbditos españoles, se asoció á Fernandez Madrid para
escribir en el sentido de la independencia y de la democracia.
En 1821 fundaron ambos en la misma Habana un periódico titulado
el Argos, para influir en la política del continente y en especial en la de los
habitantes de Méjico, en donde acababa de dar Iturbide el grito de
independencia, (24 de febrero de 1821.) Las ideas monárquicas del plan de
Iguala dejaban demasiado transparente los fines de ambicion personal que se
realizaron en 18 de Mayo de 1822;—dia en que se vió en América la
parod[103]ia de un Emperador consagrado por el motin militar de un sarjento.
Los verdaderos patriotas mejicanos querian entrar francamente en el camino
natural de los destinos de América que ellos comprendian y aceptaban como
ley infalible en lo futuro. Aspiraban al triunfo del sistema democrático
republicano y á la comunidad de principios é intereses entre los nuevos
Estados que nacian á la independencia, para que esta gran familia de naciones
llegase á ser próspera y feliz por medio de la paz, del órden y de una sabia
administracion económica. El programa del Argos era este mismo, y estas las
ideas y tendencias á cuyo servicio se pusieron sus inteligentes redactores.
Fernandez Madrid, nacido en Cartajena de la antigua Colombia en 1789, y
cuya existencia se apagó en las cercanias de Lóndres en Junio de 1830, nos es
mas conocido que su amigo Miralla, compatriota nuestro y educado en esta
capital, objeto constante de sus simpatías y recuerdos.
La amistad entre estos dos ilustrados y beneméritos americanos redunda en
elogio del que es objeto de esta breve noticia. Madrid llegó á tener, dentro y
fuera del territorio de Colombia las posiciones mas elevadas de la majistratura
y de la diplomacia. Orador elocuente, versado en las ciencias, ha salvado su
nombre del olvido, no tanto por[104] el distinguido papel que desempeñó en el
teatro de la política, cuanto por las amables calidades de su carácter y por su
aventajada inspiracion poética.
Natural es presumir que entre el Argentino y el Colombiano que habian
fundido sus pensamientos y pasiones políticas en el molde de las columnas
del Argos, existiese una especial analojía en el carácter y en las propensiones
del espíritu, cultivado en ambos por la disciplina de la escuela y por la
enseñanza práctica que proporcionan los viajes.
Madrid ha dejado en su coleccion de poesias, publicadas en Lóndres en
1828, huellas bien marcadas de la intimidad con Miralla, de las inclinaciones
literarias de este, y de su influencia en la sociedad habanera en cuyo seno
pasaron ambos juntos muchos años.
Una de esas composiciones forma por si sola un rasgo sumamente
característico de la fisonomia de nuestro ilustre compatriota. Ella coloca á
Miralla en el número de esos varones insignes en merecimientos, cuyas
palabras son poderosas para aplacar el mar de las iras populares.
Ille regit dictis animos, et pectora mulcet.
Esa composicion no necesita esplicaciones ni comentarios: las relaciones
entre las colonias del golfo mejicano y su metrópoli de entonces,
esplicar[105]án los motivos posibles de la asonada que dá ocasion al
SONETO.
Al ciudadano Miralla, con motivo de haber sosegado el furor popular del
pueblo el 15 de Abril de 1820.
Visteis alguna vez del mar airado
Encresparse las olas ajitadas,
Cuando de opuestos vientos contrastadas
Bramando sin piedad se han levantado?
Ya descienden de un cielo encapotado
Las centellas por Júpiter lanzadas;
Ya no atiende á las velas destrozadas
El marinero absorto y consternado.
Pero armada la diestra del tridente,
Habla Neptuno y calla el océano
Que la voz reconoce omnipotente.
Imájen de ese mar fué el pueblo Habano,
Y de Neptuno el jóven elocuente,
Que aplacar supo su furor insano.
La otra composicion es una sátira bella y orijinal escrita en tercetas fáciles y
de grata lectura bajo la inspiracion de estos dos versos que dictó Miralla para
que sirvieran de tema al poeta:
[106]
Hay en el mundo dos felicidades,
Una ser rico, y otra ser soltero.
Dedúcese de la lectura de esta sátira que era comun á ambos amigos la
inclinacion á escribir en metro:
No mas el tiempo en versos malgastemos,
Porque á la sombra del laurel de Apolo,
Coronados y hambrientos moriremos......
Dedúcese tambien de la lectura de esta composicion, que doce años de
apartamiento de la patria, no habian desvirtuado en Miralla las amables dotes
intelectuales y los jeniales arranques de un carácter desenvuelto y
comunicativo que con frecuencia acarrean el elojio ó la crítica de los estraños
á los hijos de nuestro pais!....
Porque sabes hablar eres pedante;
Porque entiendes de todo eres lijero;
Por ameno y jovial eres tunante.
Asi te juzga el público habanero!....
Otros hechos parciales que han llegado á nuestro conocimiento prueban el
amor á las letras y la aptitud para cultivarlas que asistia á Miralla. Rayaba alto
en un lujo en que pocas veces pecan los americanos estudiosos. No solo
estimaba las buenas obras y los autores clásicos, sino tambien las bellas
ediciones acreditadas entre los eruditos. Complacíase en leer á Homero, á
Horacio, á Lafontaine,[107] al Tasso, en anchas pájinas de bien abatanado
papel y en tipos vaciados en moldes artísticamente correctos.
Este placer, propio de un hombre de gusto y entendido, quiso compartirle
con sus compatriotas destinando á la biblioteca pública de Buenos Aires, en
donde existen hoy, treinte y siete volúmenes de las ediciones in-folio del
Bodoni, muchas de las cuales eran ya raras en Europa en 1822, segun la
indicacion del donante en la carta con que remite el obsequio desde la Habana
á su respetable rector el Dr. D. Luis José Chorroarin.[3] Esta carta cuya fecha
es de 27 de Julio de 1822 se publicó en el Argos de Buenos Aires del Sábado
28 de Diciembre de aquel mismo año. El mismo periódico, cuya redaccion se
señaló en su larga carrera por inteligente y noticiosa, habia anunciado de
antemano el donativo de Miralla, agregando: “D. José Antonio Miralla, hijo
de esta ciudad, que se halla en el dia en la Habana ejerciendo el comercio......
es un argentino muy recomendable por sus talentos y por el[108] número
considerable de idiomas que posée. Cuantos porteños han visitado aquel
puerto, hacen elojios de la cordialidad con que los ha tratado.” (Argos número
90—Miércoles 27 de Noviembre de 1822.)
Fruto de su inclinacion al estudio de las lenguas, es su traduccion del
orijinal italiano de la afamada obra de Foscolo, titulada: últimas cartas de
Jacobo Dortis. Este libro, reimpreso en Buenos Aires en 1835, por un porteño
amigo de las letras, que habia tratado y estimaba á Miralla, es el único
documento que haya llegado á nuestras manos, medianamente apropiado para
dar testimonio de los dotes ó de los defectos de su estilo.
Esa version es fácil y correcta, y conserva transparente, sin daño de la
lengua patria, las formas mórbidas del orijinal italiano, indecisas y vaporosas
á veces, enérjicas y lúgubres con mayor frecuencia. Miralla habria sido capaz
de traer al dominio del habla española los recónditos tercetos de la Divina
Comedia, como puede juzgarse por la muestra que nos ofrece la version de
las últimas cartas. Es imposible traducir con mayor concision, con mas
eficacia, aquellos dos hemistiquios del Dante tan conocidos como citados;
[109]
....Come sa di sale
Lo pane altrui!......
AH! COMO SABE A SAL EL PAN AJENO!
Algunos trozos de la trajedia de Alfieri, intercalados en el testo orijinal, han
sido traducidos en verso con igual propiedad y maestria.
El acierto en traducir de que dió pruebas nuestro compatriota faltole para
elejir el objeto de su “principal obra literaria.”[4] La familia enfermiza de
Verther pudo llegar vigorosa hasta el umbral del siglo presente; pero hoy no
puede tener descendencia en las Repúblicas que crecen en el nuevo mundo,
sin ruinas del tiempo sobre sus juveniles espaldas, y que andan alegremente el
camino hácia lo venidero en que tantas esperanzas de hoy han de ver
cumplidas. Podemos aceptar la dulce y fecunda melancolia que el cristianismo
hace brotar del contraste entre nuestra nada y la eternidad; pero de manera
alguna la amarga y venenosa desesperacion que proviene de la duda ó del
ateismo. Estamos por lo tanto los argentinos, en el deber de buscar en el rastro
de la existencia andariega y desprendida del Sr. Miralla, otros títulos para
colocarle en el lugar que le corresponde por su indudable mérito como
literato, asi como los tiene ya granjeados, como patriota, para nuestra gratitud
y nuestro cariño.[110] Alentar á otros para que efectuen esas indagaciones, es
el objeto que nos hemos propuesto al escribir estos lijeros apuntes que
reclaman la induljencia de los lectores.

[111]

D. HIPOLITO VIEITES.
D. HIPÓLITO VIEITES sobrevivió apenas cinco años á la revolucion de
Mayo, no obstante, tuvo en ella una parte muy principal. El Dean Funes le
coloca en la lista de aquellos “hombres atrevidos en quienes el eco de la
libertad hacia una impresion irresistible.” La casa del Dr. Vieites en la calle de
Venezuela (dice un testigo presencial) servia frecuentemente de punto de
reunion á los iniciados en el pensamiento de formar un gobierno
independiente de la antigua metrópoli.
El primer gobierno patrio le confió una comision importante al lado del
jeneral D. Francisco Antonio Ocampo, jefe de la expedicion auxiliadora á las
provincias del interior del Vireinato. Intervino con esta ocasion en el famoso
suceso de la prision de Liniers y contribuyó á que se ejecutase sin demora la
órden cruenta pero enérgicamente necesaria que para salvar la revolucion hizo
célebre el lugar de la Cabeza del Tigre.
Obtuvo otros muchos empleos que dan testimonio de la jeneralidad de sus
conocimientos y de la confianza que ins[112]piraba á sus compatriotas.
Fué miembro de la Cámara de Apelaciones en 1812. En noviembre de este
mismo año le nombró el Gobierno para que con otros ciudadanos preparasen
las materias que habian de ventilarse en la Asamblea Nacional que estaba
convocada para el próximo Enero. Segun el tenor de la circular gubernativa, el
Señor Vieites y sus asociados debian “trabajar muy particularmente en la
ilustracion metódica de los ramos relativos á la prosperidad general y comun
seguridad de estas provincias, formando al mismo tiempo un proyecto de
constitucion digno de someterse al examen de los Representantes de ellas, y
de llevar á estos paises al punto de elevacion y grandeza á que les llama el
destino.”
Reunida la Asamblea jeneral, tomó asiento en ella como diputado por
Buenos Aires, y desempeñó la Secretaria de ese cuerpo lejislativo
acompañado del Sr. Dr. D. Valentin Gomez.
El mejor título del Dr. Vieites á la atencion de la posteridad del pais es su
aplicacion apasionada al estudio de las cuestiones económicas é industriales á
que tan poco se inclinaban en la época en que él se formó los hombres de
carreras liberales. Promover la riqueza del pais por la libertad del comercio,
por la difusion de las ciencias aplicables, y por el cultivo inteligente de la
tierra; tal fué el pensamiento constante de la buena cabeza de aquel ilustrado
patriota. Para servir á este fin, fundó el periód[113]ico titulado: Semanario de
Agrícultura, Industria y Comercio, cuyo primer número apareció el miércoles
1ᵒ de Setiembre de 1802. Solo las atenciones de la defensa del pais en 1807
contra el enemigo exterior, pudieron arrebatar la pluma á la mano incansable
de Vieites. Cinco años consecutivos y sin tregua, combatió contra la pereza,
contra los abusos, contra las ideas estraviadas, y otros tantos empleó en
derramar ideas sanas y buenos principios que al fin fructificaron á pesar del
mal preparado terreno en que caia la exelente semilla. Sus contemporáneos le
hicieron justicia, y el Virey Liniers en comunicacion de Setiembre de 1806,
pidiéndole su cooperacion para la defensa contra las fuerzas británicas, le
decia: “los escritos de V. no respiran mas que el mas puro patriotismo, amor á
las artes, y mas acendradas ideas morales.”
Llegará dia en que los agricultores de Buenos Aires levantarán una estátua á
Vieites como al primero de nuestros escritores que, por medio de la prensa
trató de ennoblecer y de alentar el arte de cultivar la tierra. Antes que Grigera
publicase su cartilla rural, que aun se reimprime como un prontuario útil,
habia llenado Vieites la misma necesidad bajo una forma mas didáctica y con
mas método, guardando el sencillo proceder de preguntas y respuestas.
[114]
Los papeles públicos de los primeros años de la revolucion abundan en
rasgos jenerosos del carácter del Señor Vieites. Dotó jenerosamente de varias
obras de su uso á la biblioteca pública de Buenos Aires, y como las dádivas
del hombre de juicio tienden á ser fecundas y se hacen con discrecion, donó
entre aquellos libros, en lengua española, el tratado mas estenso y de mejor
doctrina que sobre la industria rural era conocido en aquellos tiempos. El
ejemplar del diccionario de Agricultura de Rozier que pertenece á aquel
establecimiento público conserva todavia el nombre respetable de su primer
poseedor.
Hombre de este carácter no podia mantener esclavos á su lado ni con
permiso de la ley y del hábito. Cuando se formó una Compañia de Castas para
engrosar con ella las filas del ejército del Perú, el Sr. Vieites dió la libertad al
único esclavo que poseia y le colocó bajo las banderas de la patria. Murió en
Buenos Aires el dia 27 de Setiembre de 1815.[5]
El Dr. Vieites tuvo un hermano, canónigo de la Catedral de Buenos Aires,
no menos decidido que él por la causa de la revolucion desde sus primeros
síntomas. Era aquel sacerdote hombre de talento é instruccion y nos aseguran
que escribió y pu[115]blicó por los años de 1812 una cartilla ó catecismo
político que no hemos visto.
El buen canónigo cayó en cama postrado por una paralisis. De aquí tomó
causa el mal espíritu antagonista del órden nuevo, para atribuir aquella
desgracia física á castigo del cielo. Los hechos reales de decision patriótica se
agravaron con la calumnia que nunca se hace esperar, siendo, á veces, no tanto
hija de la perversidad, cuanto de la propension del vulgo á exajerar las cosas y
á darlas tintes vivos y novelescos.
Como su hermano D. Hipólito habia ayudado á formar la sumaria en el
proceso de la conspiracion de Alzaga; tomaron de aquí ocasion para suponer,
que el dia de la ejecucion de este altivo español, habia empapado su pañuelo
en sangre: afeaban mas esta accion los impostores recordando que era un
ministro de paz aquel á quien se la imputaban.
Cuando llegó este maligno rumor á oidos del canónigo Vieites, no pudiendo
incorporar su cuerpo, levantó los ojos al cielo esclamando: ¡Qué
calumnia! Era un hombre caritativo y bondoso; un santo, segun la espresion
de una persona que le trató hasta su último dia.
[116]

[117]

D. JUAN IGNACIO GORRITI.


D. JUAN IGNACIO GORRITI, es hijo de la provincia arjentina de Jujuí: recibió
su educacion literaria en el colejio de Monserrat de Córdoba en tiempo que lo
dirijia la comunidad de PP. franciscanos, sucesores de los espulsados jesuitas
en la funcion de dirijir la enseñanza. A consecuencia del movimiento
revolucionario de 1810, vino á Buenos Aires en el carácter de diputado por su
provincia, y como tal votó en 18 de Diciembre de aquel año memorable á
favor de la incorporacion de los Diputados de las Provincias, á la Junta
provisional gubernativa. En 1813 obtuvo una silla de canónigo en la catedral
de Salta de la cual llegó á ser Arcediano. Se atribuye á su doctrina y á su
ejemplo una parte muy principal en el espíritu de independencia que
manifestó el clero y la poblacion de la provincia de Salta durante la lucha con
los ejércitos realistas. Posteriormente sirvió en el ejército del Perú el empleo
de Vicario Jeneral castrense. Despues de los trastornos del año 20, la
provincia de Salta, á imitacion de la de Buenos Aires, trató de reparar sus
males creando una[118] administracion arreglada é intelijente. En esta tarea
prestó el Sr. Gorriti tan eficaz cooperacion que logró acabar de conquistar la
confianza que desde muy atrás le dispensaban los Salteños, quienes le
nombraron diputado para el Congreso Nacional de 1824 que se abria bajo
lisonjeros auspicios. La figura del Sr. Gorriti en aquel cuerpo compuesto de
personas notables sobresale en los primeros planos por la buena ley de su
elocuencia, la alta moralidad de sus sentimientos y la robustez de su razon.
Sobre el fruto final de aquel Congreso,—la Constitucion llamada vulgarmente
unitaria,—tenia el Sr. Gorriti un concepto favorable que espresaba de esta
manera. “Ese código reune todas las ventajas del sistema federal con las del de
Unidad, evitando los inconvenientes de ambos.” Lleno de este
convencimiento aceptó la comision de presentar la Constitucion á las
autoridades de Córdoba en nombre del Congreso. El éxito de esta mision no
fué favorable como es notorio, y la manera como fué desempeñada consta de
un informe detenido pasado por el Sr. Gorriti al Congreso con fecha 8 de
febrero de 1827; informe, que segun su autor, seria “una leccion bien
instructiva para la posteridad.” El último dia de Agosto de aquel mismo año
regresó á Salta. En 1829 fué electo go[119]bernador de esta provincia, cargo
que desempeñó hasta 1831. En esa época se espatrió voluntariamente á
Bolivia en donde murió rodeado de la estima y de las consideraciones debidas
á su talento, méritos y servicios. Segun el editor del libro del Dr. Gorriti,
publicado en Valparaiso con el título: “Reflexiones sobre las causas morales
de las convulsiones interiores de los nuevos Estados Americanos, etc.,” este
señor dejó escrito una memoria sobre la conducta que observó en el Congreso
de 1825 y sobre toda su vida pública: interesante documento que permanece
inedito, no sabemos en poder de quien.

[120]
D. JULIAN NAVARRO.
El presbitero Dr. D. JULIAN NAVARRO: hijo de Buenos Aires. El General
San Martin le recomienda por el valor con que animó á los patriotas en la
jornada de 3 de febrero de 1813, administrándoles al mismo tiempo sobre el
campo de batalla los auxilios espirituales. Esta recomendacion se encuentra en
el parte que dió al Gobierno aquel jeneral, de la importante victoria de San
Lorenzo, preludio de otras mas gloriosas. En 1816 fué nombrado capellan del
regimiento de artillería y catedrático de vísperas de los estudios públicos de
esta capital.
El Dr. Navarro hizo parte de la espedicion á Chile al lado del jeneral San
Martin. Allí obtuvo muy pronto empleos de lucimiento, pues en 1819 era
Rector del seminario de Santiago.
En aquella ciudad ha muerto há pocos años en una edad avanzada, con fama
de injenio agudo pero no en olor de santo.

[121]

D. FRANCISCO JAVIER ITURRI


El abate D. FRANCISCO JAVIER ITURRI, de la Compañía de Jesus, era natural
de la ciudad de Santa Fé de la Vera Cruz. La espulsion de los dominios de
España de aquella órden célebre, abrió al P. Iturri el mismo campo en que se
ilustraron Clavijero, Molina, Velazco y otros jesuitas americanos. El Sr. Funes
en el prólogo de su Ensayo, dice lo siguiente: “Tenia ya muy adelantado mi
trabajo cuando leí en Hervas y Panduro que el V. Abate D. F. J. Iturri habia
concluido su historia de esta parte de América.” Esta importante obra debe
existir manuscrita en alguno de los colejios ó casas de la órden de Jesus en
Roma ó en Boloña, cindades en donde residieron los expulsados que se
dirijieron á Italia. Solo se conoce de nuestro P. Iturri dos pequeños volúmenes
de cartas sobre crítica histórica americana, publicados en Madrid; una de las
cuales se reimprimió en Buenos Aires en 1818, á costa del Dr. Soloaga, íntimo
corresponsal del autor.[6] Este escrito se contrae á rebatir algunos errores
cometidos sobre la naturaleza y productos del suelo americano, por D. Juan
Bautista Muñoz[122], en la Historia de América que nunca concluyó, y para
cuya formacion habia reunido laboriosamente gran cópia de documentos. Ese
escrito es datado en Roma á 20 de Agosto de 1797, y en él hace mencion
varias veces el autor, del trabajo histórico de que se ocupaba y al que se
refiere el Sr. Hervas, quien debia estar bien informado acerca de los trabajos
literarios de los miembros de la Compañia de Jesus, contemporáneos suyos.
No sabemos si la carta del P. Iturri, de la cual cópia un párrafo el Dr. Funes
en la paj. 361 del t. 3ᵒ de su Ensayo, corresponde á las impresas ó si era una
epistola confidencial y manuscrita. El dean es un autor muy de la escuela
opuesta al historiador Prescott. Este deja en pié los andamios que le sirvieron
para levantar su fábrica histórica; aquel quisiera pasar por único testigo de los
sucesos que relata: aborrece las citas y poco se ocupa de las datas.

[123]

D. PANTALEON RIVAROLA.
El Dr. D. PANTALEON RIVAROLA fué un sacerdote natural de Buenos Aires,
capellan del rejimiento del Fijo, muy dado al cumplimiento de sus santos
deberes; versado en la literatura antigua y en la historia de su patria. Escribió
dos largos romances describiendo la Gloríosa reconquista y la gloriosa
defensa de la capital del virreinato en los años de 1806 y 1807. Al emplear un
metro vulgar y un estilo que raya en prosa desaliñada, tuvo en vista el que sus
producciones se hiciesen familiares con el pueblo y fuesen “cantables para los
labradores, para los artesanos, para las mujeres, en los campos, en los talleres,
y hasta en las plazas públicas.” Son palabras testuales del autor.

[124]

F. PANTALEON GARCIA.
El M. R. P. Fr. PANTALEON GARCIA del órden de San Francisco, nació en
Buenos Aires y vistió su humilde hábito en esta misma ciudad, pasando muy
jóven, pero ya sacerdote, á la de Córdoba, del Tucuman. Allí se ilustró en el
púlpito, y en el desempeño de las cátedras que la Universidad le confió desde
el año 1780.
Una parte de los sermones panejíricos de este notable fraile se publicaron en
Madrid en 6 volúmenes el mismo año de nuestra revolucion. La última de sus
obras impresas es la oracion fúnebre que pronunció en las exéquias del
estimable Fr. Cayetano Rodriguez, de quien no solo debió ser un hermano en
el claustro y la penitencia sino un amigo en el patriotismo y en la comunidad
del amor á los buenos estudios.
El P. Garcia tenia una voz sonora y penetrante, espresion viva, presencia
grave y circunspecta: sus panejíricos son elocuentes y llenos de sana y
oportuna erudicion.

[125]

D. RAMON DIAZ.
Dr. D. RAMON DIAZ.—En la calle central del cementerio de la Recoleta,
existe una modesta tumba, levantada á espensas del Estado para encerrar los
restos mortales del Dr. D. Matias Patron y Salgado. Descansan allí mismo las
cenizas de los dos hermanos, D. Avelino Diaz y Salgado, el Euclides del Rio
de la Plata, y D. Ramon, objeto de esta breve noticia.
Sobre esa tumba que encerró avara tres primaveras cargadas de frutos en
flor, pudiera escribirse con propiedad los siguientes versos de un romance
castellano del siglo XV:
Una tierra les crió,
Una muerte les llevó,
Una gloria les posea.
El Dr. Diaz falleció á la edad de veinticuatro años, el dia 6 de diciembre de
1824, ejerciendo el empleo de Defensor de Pobres. En el desempeño de esta
magistratura mostró un corazon compasivo, y su caridad por los desgraciados
le permitió conseguir que se tuviese por práctica de nuestros tribunales el
aliviar de los grillos á los reos de graves delitos despues de prestada la
confesion en el proceso[126]. Solo en lo interior de su bella conciencia pudo
gozar de la recompensa de estos servicios á la humanidad afligida. Él no pudo
ver el séquito de desvalidos que le acompañaron con llanto hasta la última
morada. Los Diaz fueron predestinados á despertar estimacion y amor, en los
cortos años de su existencia. D. Avelino fué conducido al cementerio desde la
iglesia de Monserrat, en brazos de sus amigos y numerosos discípulos
poseidos del mas amargo dolor por su pérdida irreparable para las ciencias
físico-matemáticas y para la sociedad que honraba con sus virtudes.
El Dr. D. Ramon Diaz desempeñó durante tres legislaturas consecutivas el
cargo de diputado; y el de Procurador jeneral de Provincia.
Su modestia quiso ocultar un hecho que nos complacemos en revelar y en
agradecerle. Suya fué la idea de reunir en un volumen todas las composiciones
en verso que se habian compuesto y publicado en Buenos Aires desde 1810 y
que podian servir para alentar el espíritu público en el camino de mejoras
morales y materiales en que entró el pais pasados los conflictos del año 20. D.
Ramon Diaz fué el compilador y el editor de la Lira Argentina, impresa en
Paris en 1824; libro que puede considerarse como el primer tomo de los anales
de la poesía del Rio de la Plata.
[127]

[128]

D. JOSÉ RIVERA INDARTE.


D. JOSÉ RIVERA INDARTE.—Nació en la ciudad de Córdoba del Tucuman el
dia 13 de Agosto de 1814. Hizo sus estudios en la Universidad de Buenos
Aires, desplegando desde niño suma aplicacion á los libros y una inclinacion á
la carrera periodística que acabó por ser la vocacion y el empleo de toda su
existencia. Apenas contaba 18 años fundó en Montevideo, bajo la proteccion
del Sr. D. Santiago Vasquez, el periódico ministerial titulado El Investigador.
Confiado en sus fuerzas y decidido ya por uno de los dos grandes partidos que
luchaban en el Rio de la Plata, se hizo cargo de la redaccion del Nacional de
Montevideo en el mes de Julio de 1839. Solo se apartó de este puesto y de las
penosas obligaciones que le imponia, cuando se sintió rendido por la dolencia
contraida en una brega de seis años. El espíritu, tendencia y medios de este
diario están reasumidos en el libro que se titula Rosas y sus opositores,
reimpreso en Buenos Aires despues de la desaparicion del tirano. Indarte
escribió versos de los cuales se salvarán algunos en la memoria de los
hombres de gusto. En 1853 se reunieron estos versos en un libro[129] impreso
en Buenos Aires llevando al frente una biografia crítica del autor, obra del Sr.
Coronel D. B. Mitre, en la cual se mencionan todos los escritos de Indarte, sus
viajes, padecimientos y demas vicisitudes de una existencia trabajosa y poco
mimada de la fortuna. Murió de una enfermedad pulmonar el dia 19 de Agosto
de 1845 en la ciudad del Destierro, en la isla brasilera de Santa Catalina.

[130]

PATRICIO DE BASABILBASO.
D. PATRICIO DE BASABILBASO, hijo de Buenos Aires, se educó en el
antiguo colegio de esta ciudad bajo el rectorado del Sr. Dr. Achega;
Mi venerable maestro siempre amado,
Que del estudio en la tortuosa vega
Dirigió mi razon con celo honrado.
como él mismo lo dice á la pág. 20 del poemita escrito en octavas, de donde se
han tomado las que se registran en la presente coleccion. Siguió la carrera del
comercio y residió muchos años en Méjico, en las Antillas y en Estados
Unidos donde contrajo matrimonio. Era entusiasta admirador de los
Americanos que se habian señalado por sus talentos y por su amor á la
libertad. Movido de este sentimiento promovió en 1835 la reimpresion de las
cartas de Jacobo D’Ortiz traducidas por D. J. Antonio Miralla. Murió en
Buenos Aires poco tiempo despues.

[131]

F.ʳ GAYETANO JOSÉ RODRIGUEZ.


Jamas la patria podrá olvidar su memoria pues es la de un hijo en quien se
reunían los mejores talentos á una vida llena de probidad.
(ARGOS del sabado 23 de Enero 823.)
Hombre de cualidades muy amables, y particularmente recomendable por su
erudicion y génio.
(MORENO, vida y memorias.)
FR. CAYETANO JOSÉ RODRIGUEZ, relijioso franciscano, lector jubilado, Ex-
Provincial, Examinador Sinodal de los obispados de Buenos Aires, Córdoba,
Paraguay y Concepcion de Penco, nació en el Rincon de San Pedro, y tomó el
hábito en el convento de la órden en esta Capital, el dia 12 de Enero de 1777,
pocos meses despues de haber cumplido diez y seis años de edad.—En aquella
época el jóven Rodriguez, poseia, segun su panegirista, una alma buena, un
corazon del cielo, y un ardiente amor á las letras. Por estas calidades se hizo
acreedor á acercarse al altar antes de tiempo, recibiendo á la edad de 22 años
las órdenes de sacerdote de manos del Señor San Alberto, obispo de Córdoba.
[132]
El Padre Rodriguez, ante todo, fué un sacerdote de la creencia y de la
doctrina católica. Orar, asistir al confesonario, endulzar con las esperanzas de
mejor vida los últimos instantes de los enfermos, fueron sus principales
ocupaciones. Fué director, durante veinte años, de la conciencia de las monjas
de Santa Catalina y Santa Clara, y por cinco de aquellos años, “cargó sobre
sus hombros todo el peso de la Santa Casa de Ejercicios,” que supone la tarea
de pláticas espirituales diarias, la asídua contraccion al confesonario, y la
atencion molesta á las consultas personales sobre intereses de la conciencia ó
del mundo. Para el desempeño de estas dos ocupaciones tenia que caminar
diariamente la larga distancia que media entre el monasterio de Santa Catalina
y la Casa de Ejercicios, puntos distantes entre sí mas de media legua.
El descanso del P. Rodriguez era el estudio de la ciencia y de las bellas
letras.—Tanto en el convento grande de Buenos Aires como en la Universidad
de Córdoba, dictó filosofía, teología y escritura, introduciendo en esta
enseñanza métodos mas adelantados y principios mas exactos que aquellos en
que se habian educado. “Es verdad, dice el elocuente orador de sus honras
fúnebres, que tuvo la desgracia de que le formase las entrañas un maestro que
juraba en Aristóteles. ¿Pero no es su mayor gloria haber debido á su génio
distinguir la[133] moneda falsa de la verdadera?” Segun este mismo
contemporáneo, detestó el P. Rodriguez el ergotismo, la teología sistemática y
las cuestiones inútiles. En la enseñanza de la física hizo por primera vez
comprender á sus discípulos, que era esta una ciencia de hechos y de mera
esperimentacion.
El P. Rodriguez se declaró decididamente en favor de la emancipacion. El
movimiento de 1810 era una realizacion de antiguos deseos suyos, aunque no
fuese mas que considerado como el precursor de mejores destinos para los
despejados talentos de los hijos de América. Sus discípulos, en la secreta
fidelidad del claustro, le oyeron lamentarse mas de una vez del apocamiento á
que tenia reducido el pensamiento patrio la política colonial. Preparado muy
de antemano para las nuevas luchas, pudo escribir desde los primeros dias de
Mayo un manifiesto sobre las vejaciones que habia recibido la América de sus
dominadores, y alentar el fuego de la libertad en canciones y poesías
patrióticas, algunas de las cuales se entonaban al rededor del monumento
levantado á la memoria de la rejeneracion.
Su patriotismo fué de exelente ley. Preparar á los compatriotas para los
nuevos destinos á que les llamaba la revolucion, fué uno de sus primeros
objetos.[134] Esos destinos los previó con la sagacidad de su jénio, desde un
tiempo en que debia ser una insensatez si nó un delito el imajinarlos. Cuantas
veces no esclamaba bajo las bóvedas de sus aulas: “qué haya uno nacido en un
suelo en que el jénio oprimido pierde su vigor!.... Los americanos son
culpables; nos agoviamos bajo el yugo cuando tiempo há se nos viene á las
manos el sacudirlo. Pero es necesario trabajar, ilustrarnos: no se qué presajios
advierto de libertad y es necesario formar hombres.”
Magníficas palabras conservadas por un testigo; tanto mas notables, cuanto
que resonaban en las paredes de un convento de franciscanos!
Lleno de esta idea de preparar hombres para la libertad, abrió las puertas de
la biblioteca de San Francisco á cuantos talentos jóvenes aparecian con algun
lucimiento. El Dr. D. Mariano Moreno fué uno de estos, y la proteccion del
ilustre fraile le siguió hasta Chuquisaca á donde fué á completar la educacion
que bajo tan buenos auspicios habia comenzado en Buenos Aires.
El P. Rodriguez fué un apasionado activo de la libertad de su patria y daba
por infecundos y malgastados los años transcurridos bajo el réjimen
colonial. Steriles transmissimus annos fueron las palabras sentidas que él
adoptó como epígrafe de alguna de sus producciones para representar aquella
idea.
[135]
El Congreso de Tucuman instalado el 24 de Marzo de 1816, le contó entre
sus miembros y fué redactor de las actas de sus sesiones. Representante allí de
la Provincia de su nacimiento, tuvo la gloria de firmar el acta famosa de
nuestra independencia, cuya fecha inolvidable es de 9 de Julio de aquel mismo
año.
Hasta aqui las tareas del P. Rodriguez no habian debido inquietarle ni
acibararle el espíritu. No habia hasta entonces descendido á la lucha de la
prensa periódica. La revolucion habia marchado con su espíritu hasta entonces
en cuanto á los principios fundamentales de ella y á su propósito final. Pero en
el año 1822 se presentó una novedad que le obligó á tomar la pluma del
periodista. La reforma eclesiástica suscitó dos campos en la opinion pública y
uno y otro tuvieron sus sostenedores y paladines. El Ambigú, el Espíritu,
el Centinela, sobre todos, eran periódicos consagrados á sostener las medidas
gubernativas. Y como el terreno era resbaladizo, se fueron mas allá de lo que
habria sido conveniente en un pueblo católico. La obra del hombre, en cuanto
habia abastardeado la influencia religiosa y sus formas, necesitaba pasar por el
crisol en que se habian depurado la forma y los medios del sistema político
anterior á 1810. Esto es evidente: una revolucion no se completa,[136] si en su
marcha no pasa abatiendo las cabezas de las amapolas cargadas de ópio
nocivo arraigadas en el campo de las ideas. Pero ¿era político para llegar á
este fin, maltratar con la irrision y las púas de acero del lenguaje volteriano, á
antiguas comunidades, á las cuales pertenecian hombres del mérito y de la
constancia de alma del P. Rodriguez?
Jamás los frailes, la lejitimidad de sus propiedades, los derechos de la
iglesia, fueron mejor defendidos que en las columnas del Oficial de dia. Alli
derramó Fr. Cayetano, todo su saber, la amenidad de su estilo, y la elevacion
de su alma, resistiendo con una moderacion ejemplar á caer en los exesos á
que casi le forzaban sus adversarios.
En esta amarga tarea falleció en Buenos Aires á la edad de 62 años
cumplidos, el dia 21 de Enero de 1823.
El claustro americano, ha producido como el español sus Leones y
Gonzalez. Méjico se gloría de su Navarrete; Lima de su Delso; Buenos Aires
de su Rodriguez, que merece un lugar distinguido entre sus mejores poetas.
Su exesiva modestia hizo que no diera versos á la imprenta con su nombre.
Son muchos los que escribió, devotos, patrióticos, y tambien inspirados por
los intereses del mundo que hasta en el claustro entran á asirse de los
corazones sensibles. Hemos[137] tenido en nuestro poder una coleccion de
sonetos de puño y letra del P. Rodriguez, y nada sería mas fácil á una persona
empeñosa que el reunir todas las composiciones que de pública voz y fama
pertenecen á este escritor y deben hallarse en poder de los amigos de las
musas argentinas.
“Aquí está sepultado el que con sus virtudes patrias cuidó de su nacion y
alcanzó gloria dando á su pueblo lecciones de un buen ciudadano.” Este es el
epitafio que le destinaba otro fraile compatriota, no menos notable por su
talento y carácter, el P. Fr. Pantaleon Garcia.

[138]

D. BERNARDO MONTEAGUDO.
El Dr. D. BERNARDO MONTEAGUDO tuvo su humilde cuna en la ciudad del
Tucuman, y es tradicion que se hallaba, por parte de madre, en el caso de
aquellos de quienes dice Lope de Vega....
Haberles dado el sol mas fuerte.
En el comun camino de la muerte.[7]
Él no aceptaba esta suposicion: la contradice en una carta (datada en la
Punta de San Luis á 16 de Marzo de 1813, que tenemos original á la vista)
desahogándose con vehemencia de la ofensa personal que semejantes rumores
le causaba. En uno de los párrafos se lee lo siguiente:... “Yo no hago alarde de
contar entre mis mayores, títulos de nobleza adquiridos por la intriga y acaso
por el crímen; pero me lisonjeo de tener unos padres penetrados de honor,
educados en el amor del trabajo y decentes sin ser nobles.”
Monteagudo hizo probablemente sus primeros estudios en Córdoba pero de
cierto los completó en Chuquisaca, poco[139] mas ó menos en la misma época
en que se hallaban allí con igual objeto Moreno, Agrelo y otros argentinos que
tan principal parte habian de tener en los hechos de la revolucion que ya se
aproximaba.
Cuando Monteagudo se presentó en la escena del Rio de la Plata no era un
novicio en los peligros, ni era aquella la primera vez en que daba pruebas del
ardor de su carácter. En la insurreccion de Charcas del año 1809, fué él uno de
los mas decididos por la idea de formar una Junta Gubernativa; como
efectivamente se formó, instalándose el dia 25 de Mayo. Estos sucesos no eran
mas que síntomas precursores de lo que dentro de un año justo, á contar desde
aquella fecha, habia de verificarse definitivamente en el Vireynato del Rio de
la Plata. La junta fué disuelta por una inmediata reaccion y Monteagudo,
perseguido y condenado á muerte se asiló en Buenos Aires en donde iba
inmediatamente á encontrar la atmósfera que convenia al elevado grado del
ardor de su carácter y á la estension de su inteligencia. En 1811 tomó parte en
la redaccion de la Gaceta, devolviendo por un momento á este periódico, algo
del brillo y de la energia del estilo de su ilustre fundador. Tambien redactó
otros periódicos. El Martir ó libre, el Independiente, el Grito del Sur, fueron
el éco de un espíritu tan frenético de democracia que tenia por favorable al
despotismo la doctrina misma del contrato social. Tal es la ingenua
y[140] posterior confesion de su propio redactor.
En el seno de la Asamblea Constituyente instalada á principios del año
1813, se mostró Monteagudo, promotor inteligente y celoso sostenedor de las
grandes medidas de reforma dictadas por aquella corporacion nacional.
En el mes de Julio de 1815 ausentóse de Buenos Aires para un viaje á
ultramar que duró hasta fines de 1817. Despues de visitar á Rio Janeiro
recorrió gran parte de la Europa: en Marzo de 1817 estuvo Monteagudo en
Burdeos, segun una carta autógrafa de este, que tenemos á la vista.
Vuelto á su patria, pasó al lado del General San Martin á desempeñar en las
gloriosas campañas de Chile el cargo de Auditor de guerra. No debió este
empleo á otra influencia que á la de su mérito reconocido por las autoridades
chilenas segun consta de documentos oficiales. Un solo dia no se apartó de su
jefe en aquellas rudas y peligrosas operaciones militares. En la noche del
espantoso desastre de Cancha-rayada, el Auditor se separó de San Martin á la
altura del pueblo de San Fernando para pasar á Mendoza, en donde tomó parte
indirecta, pero probablemente decisiva, en la suerte de los hermanos Carrera,
acusados de delito de lesa patria. Condenados estos á la pena capital por el
fiscal de la causa, quiso oir el gobernador de Mendoza el parecer
de[141] algunos letrados y entre estos el del Dr. Monteagudo: este se
pronunció por la necesidad de cumplir una sentencía justificada por la
indudable naturaleza del delito de que eran acusados los reos.
Monteagudo mantuvo la confianza del libertador de Chile, con quien pasó al
Perú desempeñando el mismo empleo de Auditor del ejército.
Las relaciones entre Monteagudo y San Martin eran de data antigua; venian
desde el movimiento semi-popular y semi-militar que derrocó la junta de que
era secretario D. Bernardino Rivadavia, el dia 8 de Octubre de 1812.
Monteagudo fué el alma de aquella revuelta, que San Martin apoyó,
desplegando en la plaza principal de Buenos Aires, la lucida linea de sus
granaderos á caballo.
En 3 de Agosto de 1821, el jeneral San Martin se declaró Protector del Perú
y formó un ministerio en el cual dió el departamento de guerra y marina al Dr.
Monteagudo. Duró en el manejo de este ramo de la administracion hasta el 1ᵒ
de Enero de 1822, pasando en este dia á desempeñar el ministerio
de Estado y Relaciones Esteriores. El cumplimiento de los deberes de tan
elevados puestos le trajeron muchos compromisos y sinsabores, y por último
le ocasionaron el horrible fin que tuvo, en la flor de su edad, el dia 28 de
Enero de 1825. En una de las calles principales de Lima, frente al convento
de [142]San Juan de Dios que sirve hoy de paradero interior al ferro-carril del
Callao, exhaló el aliento varonil y patriótico bajo el golpe del bárbaro y traidor
cuchillo de un negro, instrumento de alguna venganza fanática que aun
permanece entre misterios. Bolivar mandaba entonces en el pais, y
Monteagudo conservaba el puesto oficial que le habia acordado San Martin.
El Dr. Monteagudo promovió activamente la instruccion pública en el Perú,
mientras influyó en los consejos de su gobierno. La biblioteca pública de
Lima le reconoce como á su principal fundador. A él tambien es debido la
inspiracion y redaccion del decreto de 10 de Enero de 1822 creando el
establecimiento literario con el título de Sociedad Patriótica de Lima,
compuesto de 40 miembros, con el fin que aparece en el artículo 8ᵒ que dice
así: “El objeto de esta sociedad es discutir todas las cuestiones que tengan un
influjo directo ó indirecto sobre el bien público, sea en materias políticas,
económicas, ó científicas, sin otra restriccion que la de no atacar las leyes
fundamentales del pais ó el honor de algun ciudadano.” En el notable
considerando de este decreto asienta su redactor que la instruccion pública es
la primera necesidad de las sociedades, y que el gobierno que no la fomenta
comete un crímen que la mas distante posteridad tiene derecho á
vengar,[143] maldiciendo su memoria. Como todos los creadores jenerosos de
instituciones análogas en nuestra América, tuvo la honrada sencillez de creer
que la sociedad patriotica, incorporaria pronto á la patria de Baquijano y
de Olacide á la lista de aquellos pueblos célebres por los continuos
esperimentos que se hacen en ellos de la fuerza intelectual que es la última
barrera de la tirania.
El viaje á Europa tuvo gran influencia sobre las maneras y las opiniones de
Monteagudo. El demócrata exaltado regresó dispuesto á volver de sus
primeros pasos y á influir para que la revolucion sesgase de la direccion que él
habia contribuido á imprimirla. Este cambio está confesado por él mismo, en
una memoria que escribió en Quito y que la prensa del Pacífico ha reimpreso
varias veces; contraida á esplicar los principios políticos que le habian guiado
en la administracion del Perú.[8] El Censor de la Revolucion que publicó en
Chile en 1819 fué el agua con que pretendió apagar la hoguera levantada por
las ráfagas del Martir ó Libre.
[144]
El futuro biógrafo de este sobresaliente argentino tomará talvez por epígrafe
de su trabajo los siguientes versos de D. Estevan Echeverria, que describen
con rara y armoniosa concision el camino de aquel bello meteoro del cielo de
nuestra política:
................Monteagudo,
El de gran corazon é injenio agudo,
Del porvenir apóstol elocuente,
Que entre las pompas del marcial estruendo,
Fué desde el Plata hasta el Rimac, vertiendo
La fé viva y la lumbre de su mente.
(AVELLANEDA, poema).

[145]

D. MANUEL JOSÉ DE LABARDEN.


El nombre del Dr. D. MANUEL JOSÉ DE LABARDEN, estaria hoy envuelto en
el olvido mas profundo, si el primer periódico que se publicó en Buenos Aires
al comenzar el siglo presente, el Telégrafo Mercantil, no hubiese dado á luz la
oda reimpresa en la página 370 de la Lira Argentina. Aquella oda tiene por
asunto el magestuoso rio Paraná, y parece escrita en el año de 1801.
Sin embargo la fama literaria del Sr. Labarden debia ser grande en los años
inmediatamente anteriores á la revolucion. El Dr. D. Vicente Lopez al
comenzar su canto El Triunfo Argentino (Noviembre de 1807) pide silencio
“al sublime acento de aquel hijo de Apolo” para dar salida al entusiasmo de su
pecho.
El Sr. Labarden nació en Buenos Aires, siguió la carrera del foro, y
desempeñó el cargo de Auditor de guerra del ejército reconquistador en 1807.
Su muerte ha debido tener lugar por los años 1812 ó 13.
Refiere la tradicion que él fué el promotor de la primera casa de comedias
que se edificó en Buenos Aires, la cual estuvo situada en el parage que
hoy[146] ocupa el mercado público. Aquel edificio, que no debia ser muy
sólido ni muy suntuoso, pereció por las llamas el año 1793. De esta aficion al
arte dramático que se atribuye al Dr Labarden, da testimonio afirmativo una
trajedia que de su pluma se conserva con el título de Siripo, personage muy
conocido en los fastos de la historia novelesca y primitiva del Rio de la Plata.
Esta trajedia se representaba frecuentemente en Buenos Aires en los
aniversarios de sucesos prósperos de la revolucion, despertando mucho
entusiasmo en los espectadores. No la conocemos, pero sabemos que existen
copias de ella en Buenos Aires. Seria una buena accion el rescatarla de una
pérdida segura, conservándola en los archivos de algunos de los cuerpos
literarios que acaban de fundarse en Buenos Aires.
El Dr. Labarden fué de carácter amable, caballeroso, culto de maneras, dado
al trato social, y al mismo tiempo enemigo del bullicio y de la multitud, tanto
como su maestro Horacio:
Odi profanum vulgus, et arceo.
Amó la vida retirada y las tranquilas tareas del campo, en las cuales
procedió con el acierto de un hombre ilustrado. Por una casualidad rara
podemos asegurar que él antes que nadie tuvo la idea de mejorar con la cruza
de razas mas perfectas, la calidad de las ovejas del Rio de la Plata. En un libro
de cue[147]ntas de la casa de comercio de D. Tomas Antonio Romero, aquel
“jenio vasto y emprendedor”, como le llama el Sr. Funes, hemos hallado con
fecha 10 de Diciembre de 1794, la partida siguiente: “Por 187 ps. ½ rs.
corrientes que han tenido de costo y gastos diez carneros y veinte ovejas que
de su cuenta y riesgo se embarcaron en Cadiz abordo de la fragata Santa-Ana,
como consta por menor de su respectiva cuenta.... etc.”
Este ganado lanar no podia ser sino merino, pues bien notorio es que la
España posee esa especie; que en aquel suelo es en donde adquirió, siglos
hace, la perfeccion que la distingue, y que de allí se estendió á Alemania
primero, y despues á Francia bajo el reinado de Luis XVI.
En aquella época residió el Dr. Labarden en lo que es hoy Estado Oriental y
entonces se decia, la otra banda, en una estancia llamada del Sauce en las
cercanias del pueblo del Colla. Sospechamos que desempeñaba el cargo de
administrador de las propiedades rurales de la Corona conocidas con el
nombre de Estancias del rey. En el mismo libro de la casa de Romero, aparece
comprada en 1793, para el mismo Sr. Labarden, y por el precio de 10 ps. 2½
rs. la obra de Barcarcel sobre Agricultura. En aquel año tenia esposa y madre
vivas.
[148]

[149]

D. BERNARDO VERA Y PINTADO.


El Dr. D. BERNARDO VERA Y PINTADO, nació el año 1780 en Santa Fé de la
Vera-Cruz, ciudad natal del jesuita D. Javier Iturri y de D. Juan Baltazar
Maciel, afamados por su literatura.
Ligado por relaciones de parentezco á la familia del teniente general D.
Joaquin del Pino, que mas tarde fué Virey de Buenos Aires, se trasladó con
este á Chile el año 1799. En la Universidad de San Felipe completó su carrera
literaria graduándose en cánones y en leyes.
En esta real Universidad, para recibir grados por aquella época, era preciso
prestar seis exámenes solemnes: cinco de instituta y uno de cánones y leyes en
el cual se absolvian, cuando menos, treinta y tantas proposiciones relativas á
ambas facultades. Los catedráticos eran cuatro: dos de prima de leyes, uno
de decreto y otro de instituta. Los jóvenes que se dedicaban al foro, no solo
concurrian á la Academia de práctica, sino tambien al estudio de algun
abogado de nombradía durante los cuatro años del curso jeneral de derecho.
La Universidad percibia cien reales por cada grado.
[150]
El Dr. Vera se distinguió desde muy temprano y se granjeó la simpatía de
los hijos de Chile, por sus talentos y su carácter jeneroso, segun la espresion
de uno de ellos. Desempeñó varios destinos públicos antes de la revolucion y
formó numerosos discípulos en la Academia práctica de jurisprudencia que
estuvo algunos años bajo su direccion.
El primer suceso que atrajo la atencion pública sobre su persona al abrirse la
era que comienza en 1810, fué un acto despótico del presidente Carrasco.
Urgido este por los conflictos que le rodeaban al recrearse la revolucion, tomó
una medida que vino á mostrar toda la popularidad del Dr. Vera. Siguiendo
aquel mandatario los consejos de la Audiencia, se decidió á poner presos á
aquellos individuos que mas indicados estaban de conspiradores ante el
partido peninsular. Fué el Dr. Vera uno de los tres que en la noche del 25 de
Mayo cayeron en poder de la fuerza armada, estando en una casa particular.
Trasladados á un cuartel, se les hizo salir inmediatamente, y en la alta noche,
para el puerto de Valparaiso escoltados con 12 dragones á caballo. Llegados
allí los pusieron á abordo del fragata Astrea; en donde, y mas tarde en el
castillo de San José, se les siguió una causa.
Los padecimientos de aquellos patriotas irritaron[151] los ánimos de los
Santiagueños, y el Cabildo tuvo el noble corage de interesarse por su suerte
ante la autoridad de Carrasco. Pero, equivocado este mandatario sobre la
situacion de las cosas y afectando una enerjia que no era natural en su
carácter, hizo que los detenidos en la fortaleza de San José se embarcasen en
la corbeta Miontina próxima á zarpar para el Callao. Vera quedó en tierra so
pretesto de enfermedad.
Mientras tanto los principales vecinos de Valparaiso que habian tomado
relacion con los presos, se interesaban por su suerte é influian para que se
revocasen las órdenes del Presidente. La solicitud que con este objeto le
dirijieron, llegó á la capital el 11 de Julio y con ella se tuvo un conocimiento
exacto de la aflijida situacion en que se encontraban aquellos que eran ya
considerados como victimas de la causa del pueblo. Subió de punto la
exaltacion de este. Juntóse por todas partes la poblacion en corrillos, y como
resultado de la voluntad jeneral se pidió la reunion estraordinaria del Cabildo.
Verificóse esta; pero muy al principio de la sesion se convirtió en Cabildo
abierto, es decir en una asamblea de notables en la cual podian estos discutir y
deliberar en razon de lo estraordínario de las circunstancias y la gravedad del
objeto.
Aquella reunion de ciudanos nombró una diputa[152]cion cerca del
Presidente, la cual fué desairada por éste. Entonces el pueblo le notificó en
términos mas enérgicos su voluntad, y despues de varios incidentes que
agravaron el descontento general y los motivos de queja del vecindario, se vió
Carrasco en la necesidad de separarse del mando, pretestando el mal estado de
su salud. Este fué el primer paso á la independencia de Chile.
El 18 de Setiembre se efectuó en aquella república el mismo cámbio
político que habia tenido lugar en Buenos Aires, el 25 de Mayo de 1810.
Cuatro dias despues de aquella fecha entró en Santiago el Dr. Vera. “Volvió
este á la capital (dice el historiador español de la revolucion de Chile, el P.
Martinez) con innumerable acompañamiento de los personages de la ciudad
que en carruages y á caballo lo recibieron y entraron como en triunfo,
celebrando y admirando á este sugeto como á una de las primeras columnas
que debian de erijir y sostener el plan de la revolucion.”
Instalado el primer congreso chileno fué nombrado el Dr. Vera secretario de
ese cuerpo teniendo por compañero de taréas al famoso clérigo de la buena
muerte Camilo Henriquez. Uno y otro pertenecian al partido republicano
como decididos parciales del Dr. Rozas, el Moreno de la revolucion chilena.
[153]
Estos dos amigos consagraron tambien sus talentos á despertar é ilustrar el
espíritu público por medio de los escritos periódicos. Asi que se pudo obtener
una imprenta, fundó Camilo Henriquez el primer periódico que conoció el
pueblo chileno, con el título la Aurora. Vera fué su cooperador incansable, y
sus articulos llevan por firma el siguiente anagrama de su nombre ó de sus dos
apellidos: David Parra y Bedernoton.
Fué el Dr. Vera el primer representante del gobierno de Buenos Aires cerca
del de Chile; cargo que tenia por objeto uniformar la marcha de ambos en la
empresa que acababan de acometer, y atender la propaganda de la idea
revolucionaria por todo el litoral del Pacífico. En este cargo se desempeñó con
tanta actividad como desprendimiento. La jenerosidad fué siempre en él un
rasgo muy visible de su carácter. En las penurias que padecia el erario de su
patria adoptiva, el Dr. Vera no trepido en ofrecer el fruto de su trabajo y de su
economía para ayudar á la marcha naciente de la revolucion. La Junta de
gobierno contestó á tan noble ofrecimiento en los términos siguientes: “La
Junta se cubre del mayor gozo cuando ve desprenderse á V. de todos sus
bienes por amor á la causa comun: contará siempre con su fidelidad, le
distinguirá entre los mejores patriotas, y l[154]e será de la mayor satisfaccion
tener oportunidad de acreditar su reconocimiento. Asi lo entenderá V. en
respuesta á su representacion fecha del dia.—Febrero 7 de 1811.”
Vera fué instado varias veces por D. Bernardino Rivadavia, cuando era éste
secretario del Gobierno de Buenos Aires en 1812, para que pasase á aquella
capital á ocupar un destino. Con este motivo, en una carta confidencial le
contesta, dándole idea de sus aptitudes y hábitos, de la manera siguiente:
“Santiago 24 de Julio de 1812.... Cuando V. se empeña en convidarme con
esa capital me hace mas honor que el que merezco porque no me conoce.
Permítame que le hable con toda la franqueza que me caracteriza. Yo no soy á
propósito para comision alguna militar: abomino esta carrera. Tampoco tengo
aquella luz de alta política que en las circunstancias exije la grande estension
del gobierno superior de un Estado naciente. Mis talentos no pasan la raya de
comunes; tal cual expedicion en la pluma, y el deseo de formarme por
principios de pura reflexion y estudio sobre el hombre, acaso los hago
aparecer mas de lo que son. Carezco de erudicion, porque ni he sido muy
aplicado á la historia, ni me ha sobrado tiempo para dedicarme á ella: ahora
empiezo. Casado cinco años hace en Chile con una jóven indotada[155] y con
dos hijos, el foro ha hecho toda mi subsistencia. Lo desamparé desde que
acepté la Diputacion de Buenos Aires. Su corta renta es la que sufraga á las
urgencias diarias porque nada he guardado ni he podido guardar de los
honorarios de la abogacía que siempre han seguido la naturaleza de mi génio
desprendido de intereses.... Diré mas: soy honrado: amo la justicia, y mi
corazon solo deja de ser benigno cuando se le ataca. Los derechos de los
pueblos y la libertad bien reglada, son mi manía”....
No sabemos precisamente en que fecha, pero es indudable que atravesó la
cordillera y llegó á Buenos Aires, en donde desempeñó empleos y comisiones
de mucha importancia. En una de estas se unió al general San Martin,
gobernador de Cuyo entonces, á cuyo lado sirvió de secretario.
En toda época tuvo la fortuna el Dr. Vera de prestar sus servicios á la
revolucion de Chile y al progreso social de aquel pueblo que le daba
hospitalidad. O’Higins le encargó la redaccion del manifiesto justificativo de
la independencia que se preparaba á declarar. Habiendo cedido el jeneral San
Martin los 10,000 pesos que por indemnizacion de gastos de viaje le habia
concedido el Cabildo para fomentar la biblioteca pública de Santiago, fué
nombrado Vera para aplicar aquella[156] cantidad al noble objeto á que era
destinada.
Pero, en nuestro modo de ver, el gran servicio prestado por nuestro
compatriota á la sociedad chilena, fué el haber contribuido á templarla en el
fuego que iba cundiendo desde las orillas del Plata, y á despertar en ella ese
entusiasmo atrevido sin el cual se quedan los pueblos á medio andar en el
camino de un gran propósito.
El Dr. Vera que se confiesa poco dado á la historia, habia nacido poéta y
acertaba sin violencia á herir el corazon con sus versos, sus canciones eran
populares; todos las repetian;—y el autor mismo cubierto con el gorro frígio,
resucitado por los jacobinos franceses, aparecía en los banquetes patrióticos
entonando himnos que habia compuesto pocas horas antes. Compréndese, cual
seria el entusiasmo que se despertaba en los que le oian y juntaban sus voces á
la suya, al leer las estrofas de uno de aquellos ráptos líricos:
El augusto dia
Empezó á brillar
En que los esclavos
Puedan respirar.
El hombre recobra
La gran magestad
Que naturaleza
[157]
Le quiso donar.
Las generaciones
Nos bendecirán,
Cuando á nuestro esfuerzo
Libres se verán.
De padres á hijos
La voz pasará,
Y esta noble historia,
¡Que honor nos hará!....
Al principiar esta noticia hemos dado intencionalmente una idea de los
estudios universitarios en Chile. Requerian una reforma, y el 10 de Agosto de
1813 ya se inauguraba una escuela verdaderamente nueva con el título
modesto de Instituto, sentada sobre tan buenas bases que desde entonces acá
ha continuado mejorándose y progresando. El Dr. Vera contribuyó á la
solemnidad de aquel acto componiendo el himno que en él se cantó y cuyo
asunto es la glorificacion de las ciencias que ivan á cultivarse en adelante con
mejores métodos y bajo mas felices auspicios. El coro del himno es la
siguiente cuarteta:
La Patria nos convoca
Con noble y suave voz,
[158]
A rendir á la ciencia
El merecido honor.
Creemos que es digna de conservarse en la memoria la mayor parte de esta
composicion que falta en la Lira Argentina.
No hay libertad sin luces;
Al pueblo oscurecido
De sus grillos el ruido
Jamás le despertó:
La gran filosofia
Del error ha triunfado,
Y alegre ha levantado
Su augusto pabellon.
La patria jenerosa
Hoy sus luces nos brinda;
Habrá quién no se rinda
A su tierna mocion?
O Libertad! ó Patria,
O época luminosa,
La juventud virtuosa
Os llama á su favor.
O padre de los hombres
Que libres les formaste,
El bien que les donaste
No lo usurpe el error!
Que de una vez acabe
Al último tirano,
[159]
Esa divina mano,
Que á Chile protejió.. .. ..
Libertado Chile completamente de la dominacion española, volvió el Dr.
Vera á contraerse á su ejercicio de abogado, y á escribir para los periódicos
sin descuidar la direccion de los jóvenes que se ponian al amparo de sus luces
y de su esperiencia. En estas tareas le tomó la muerte en la madrugada del 27
de Agosto de 1827.
El sentimiento público rodeó su féretro. Los artículos necrológicos que se
publicaron en su obsequio se reimprimieron en grandes telas de seda á costa
de sus numerosos amigos; y uno de los discípulos pronunció un elógio funebre
(que corre impreso) en la Capilla del Instituto Nacional.
Como epílogo de los anteriores apuntamientos transcribiremos la rápida y
exacta pincelada con que el Sr. D. Manuel Antonio Tocornal retrata al Dr.
Vera, en su conocida Memoria sobre el Gobierno Nacional de Chile.
“Se repetirán siempre con entusiasmo (dice aquel distinguido é ilustrado
chileno) los himnos á la patria que entonó el Dr. Vera en los primeros dias de
nuestra existencia política.... Elocuente, vivo y animado hasta en el trato
familiar, fué uno de los jenios que honran nuestra naciente
literatura....[160] Jamás abandonó su patria adoptiva que le contó en el número
de los defensores de su independencia”.

[161]

D. JULIAN LEIVA.
El Dr. D. JULIAN LEIVA “Abogado de mucho crédito en el foro argentino,
en una época en que no faltaban talentos que lo ilustrasen”, segun se espresa
D. P. de Angelis en uno de los prólogos de los Documentos Históricos, es una
de las entidades literarias del pais cuyo nombre y producciones merecen
sacarse del olvido.
El Dean Funes en la pág. 11 del tom. 1ᵒ de su Ensayo, hace terminante
mencion de un dictámen critico del erudito Dr. Leiva, sobre la parte histórica
de las obras de D. Félix de Azara. Existe en nuestro poder un m. s., en el cual
me parece reconocer, de una manera inequívoca, la forma de escritura del Sr.
Leiva. Es una representacion al Virey con fecha de febrero de 1803, en
nombre del Procurador Sindico de esta Capital, contraida á convencer de la
necesidad que habia de formar nuevas poblaciones en las vastas campañas que
corren al medio dia de Buenos Aires habitadas entonces por los indios.
Escribió tambien el informe que el Virey Arredondo elevó á su corte sobre
materias de su gobierno, publicado por primera y única vez en la mencionada
coleccion[162] de documentos.
Por estos antecedentes y por el tenor de la carta al Dr. Funes que damos á
luz y poseemos orijinal, con algunas enmendaturas de mano ajena que
manifiestan la intencion de un plagio, se deduce que el Dr. Leiva fué hombre
versado notablemente en el estudio de nuestras antigüedades históricas y de
los hechos administrativos que se relacionan con el conocimiento del pais en
que habia nacido.
El Dr. Leiva, debió haber hecho sus estudios de leyes y jurisprudencia en la
Universidad de San Felipe, pues pertenecia al foro chileno por los años de
1783.
En los dias de la revolucion, desempeñaba el Dr. Leiva el cargo de Síndico
Procurador, y como tal, era de su incunvencia la citacion del pueblo para los
cabildos abiertos. Sabido es que el 24 de mayo se elijió popularmente una
junta presidida por el Virey. Pesada bien esta resolucion, se resolvieron los
patriotas á provocar una nueva asamblea de vecinos, y como á la media noche
del 24, se encaminó á casa del Dr. Leiva una comision de aquella con el
objeto de preparar lo necesario para el plan que se proponian. Un testigo
ocular ha descripto la entrevista de los comisionados con el Dr. Leiva, del
modo siguiente:
[163]
“El Procurador, saltando de su cama acudió á los golpes dados á la ventana
de su habitacion, y abriéndola oyó la notificacion de la voluntad de los
patriotas, hecha en el lenguaje de una intimacion perentoria. La prudencia y
circunspeccion del Dr. Leiva, no podian reconciliarse llanamente con la
iniciativa á otro llamamiento del pueblo para destruir lo que pocas horas antes
se habia sancionado con su beneplácito. Luchaban en él, notoriamente, sus
sentimientos patrióticos y la responsabilidad de sus deberes oficiales. Negóse
á la solicitud. Vencido, empero, por reflexiones calorosas, ofreció en fin que
invitaria al Cabildo á convocar al pueblo una vez mas[9].”
Pasó sus últimos años en una casa de campo en el pueblo de San Isidro.
Nombrado en 25 de agosto de 1815 “para componer la Comision de los cinco
individuos que habian de estender las instrucciones que la Asamblea Electoral
habia de dar á los Diputados nombrados por esta provincia para el futuro
Congreso general,” se negó á aceptar este cargo fundándose en que atacado de
una parálisis que le privaba de todo trabajo mental, no habia podido aceptar
tampoco los empleos de Presidente del Tribunal de Concordia y el de
Diputado á la Asamblea[164] Constituyente por la ciudad de Córdoba.
El Dr. Leiva, era alto de estatura, corpulento, y de aspecto respetable.
Falleció el último dia del carnabal de 1818, á la edad de 75 años cumplidos.

[165]

D. ANTONIO SAENZ.
El Dr. D. ANTONIO SAENZ (presbítero) puede contar como su principal
mérito la elección que en él hizo el Gobierno en 16 de febrero de 1821, para
fundar la Universidad de Buenos Aires y arreglar todos los departamentos que
debian componerla segun un reglamento formado por el mismo Sr. Saenz. A
este título se conserva en la Sala de Grados de aquel establecimiento el retrato
de este ciudadano recomendable.
Nació el Dr. Saenz en Buenos Aires á 6 de Junio de 1780 y entró al Colegio
de San Cárlos á los 15 años de edad: allí hizo sus estudios de latinidad,
filosofía y teología hasta fines del año 1800, siendo Rector el Dr. Chorroarin,
y el Dr. D. Diego Estanislao Zavaleta uno de los profesores. Al año siguiente
emprendió viaje para la ciudad de la Plata con el fin de graduarse en cánones
y dedicarse á la jurisprudencia; todo lo que consiguió con aplauso, hasta
matricularse entre los abogados de la Real Audiencia de la Plata, el año 1804.
En 1805 regresó á Buenos Aires y fué inmediatamente nombrado por el Virey
en clase de sostituto[166] de la Catedra de Teologia que rejenteaba en
propiedad el Dr. D. Matias Camacho. A este cargo se le acumuló el de
Secretario Capitular y Notario de la Iglesia que le confirió el Dean y Cabildo
de la misma. Las mismas autoridades le confirieron en 1807 el empleo de
defensor general de los derechos y acciones de la Santa Iglesia Catedral y del
Cabildo eclesiástico.
Desempeñaba este cargo y otras honrosas y benéficas comisiones, cuando
en la noche del 15 de Marzo 1808, fué asaltada su casa por una fuerza armada
que puso en consternacion á su respetable madre y familia. El promotor fiscal
en lo eclesiástico, apoyado en aquellos soldados, tenia órden de apoderarse de
la persona del Dr. Saenz.
El delito de que se le hacia reo era haber redactado una presentacion al rey
quejándose de algunos malos procederes del Obispo, y se le acusaba
especialmente de haber cohechado y engañado á varios de los sacerdotes que
firmaban el recurso al Trono. Fué esta una causa sumamente ruidosa en aquel
tiempo, hasta el punto de intervenir en ella el Virey y el Cabildo de una
manera pública. Con este motivo escribió el Dr. Saenz un notable recurso á la
Audiencia pidiendo declaracion de fuerza de los procedimientos de la Curia al
formar y dirijir el proceso que se le seguia. Este documento es[167] digno de
la luz pública por lo que ilustra acerca de las formas judiciales de aquella
época, del estado, del clero entonces, y del estado social todo en la víspera de
la revolucion. Se lee con el interés que despierta una historia viva y bien
narrada.
Despues de la revolucion desempeñó el Dr. Saenz muchos cargos públicos;
fué miembro de la Junta de Observacion en 1815 y uno de los redactores del
Estatuto que dió aquel cuerpo para el gobierno del Estado. Nombrado
catedrático de derecho natural y de Gentes escribió un curso sobre estas
materias acerca del cual corre impreso en 1823 un informe firmado por los
Dres. Castro y Acosta.—Se vé por este informe que el Dr. Saenz habia tratado
en el Capítulo 3ᵒ del T. 1ᵒ de su obra, sobre el antiguo uso de los duelos,
“produciendo el convencimiento y poniendo en claro que lejos de ser los
duelos la prueba del honor, son un testimonio de bajeza, porque son opuestos
á todas las ideas de decencia y de justicia natural, á no ser que se quieran
tomar de los tontos y los locos las ideas que constituyen el verdadero honor,
como dice oportunamente Puffendorf.” “Omitimos (agregan los señores del
informe) analizar los exelentes principios é irresistibles demostraciones que
contiene este capítulo interesante, porque ya lo vemos publicado en la Abeja
Arjentina, que, dándole todo el aprecio [168]debido, lo ha considerado digno
de ilustrar al público.”
En el Cabildo abierto de Mayo de 1810, debe notarse la manera como el Dr.
Saenz emitió su voto: es ya el caso, dijo, de que el pueblo reasuma su
originaria autoridad y derechos. En mayo de 1810 solo podian espresarse así
los caracteres muy enérjicos y las intelijencias muy cultivadas.
El Dr. Saenz murió á las 4 de la tarde del 25 de Julio de 1825, á los 44 años,
un mes y 15 dias de edad. El Gobierno le decretó una sepultura de preferencia
en el cementerio público.

[169]

D. MANUEL MORENO.
Ha muerto en el retiro despues de 55 años de carrera pública. Su fin ha sido
digno del varon fuerte y del cristiano. (Orden, 30 de Noviembre 1857.)
D. MANUEL MORENO, que falleció en Buenos Aires, su ciudad natal, el 18
de Diciembre de 1857 á la edad de 77 años, se recomienda muy especialmente
por su dedicacion á ilustrar la memoria y los trabajos de su distinguido
hermano el Dr. D. Mariano Moreno, secretario de la primera Junta. Él recojió
las últimas palabras de éste, y yendo en clase de secretario de la legacion á
Inglaterra despachada en 1811, en nombre del gobierno de las Provincias
Unidas del Rio de la Plata. Apesar de las impresiones dolorosas de semejante
catástrofe á que el Oceano mismo daba solemnidad, tuvo D. Manuel bastante
fuerza de espíritu para publicar inmediatamente en Lóndres el volúmen que
lleva por título: “Vida y memorias del Dr. D. Mariano Moreno etc.” en cuyo
testo dió oportunamente una idea de la revolucion del Plata y de las repúblicas
hermanas, contribuyendo á despertar en Inglaterra el interés público á favor de
las colonias españolas que se[170] levantaban contra una Metrópoli que no
merecia gobernarlas. Estas memorias se tradujeron al inglés en 1813 y se
publicaron en la Revista titulada Monthly Magazine, vol. 33, en la parte
consagrada al recuerdo de personas ilustres. En la larga residencia que D.
Manuel Moreno hizo en Inglaterra desde principios de 1829, dió otra forma á
aquel primer estudio sobre su hermano, y dió á luz en 1836 el primer tomo de
la “Coleccion de arengas en el foro y escritos del Dr. D. Mariano Moreno
etc.” adornado de un prefacio maduramente escrito, en el cual se enlaza la
biografía con la historia del pais y con muchos curiosos accidentes hasta fines
del primer año de la revolucion. Estos dos libros harán eterna entre nosotros la
hermandad de la sangre como del ingénio, vinculada en las personas de D.
Mariano y D. Manuel Moreno.
Era ya este un empleado distinguido cuando se le nombró secretario de la
Legacion primera á Inglaterra. Perseguido en 1817 por sus opiniones en la
ardorosa cuestion de la invasion portuguesa en el Estado Oriental, espatriado
tambien por la misma causa, permaneció en Estados Unidos hasta mediados
de 1821. “Alli ha estudiado la facultad médica, (dice el Argos de 11 de
Setiembre de aquel año, anunciando su regreso á Buenos Aires) y se asegura
que en los últimos meses estaba al servicio del en[171]viado de Colombia
cerca de los Estados Unidos, en clase de secretario y que viene en una
comision muy importante.” Inmediatamente despues, fué electo diputado á la
Junta de Representantes; cargo que desempeñó en todas las lejislaturas por
reelecciones sucesivas hasta el año 1826. Entonces pasó á representar á la
Provincia Oriental en el Congreso constituyente en donde perteneció al
partido que sostenia en el seno de aquella corporacion la ventaja de la forma
federal sobre la unitaria. En aquel mismo año se negó á aceptar el cargo que le
confería el Presidente Rivadavia, de Ministro Plenipotenciario cerca del
gobierno de Washington.
Elevado al mando de la Provincia el Coronel Borrego, aceptó el Sr. Moreno,
el puesto de ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, que llegó á
hacérsele insoportable como se advierte de sus repetidas renuncias, de las
cuales la última tiene la fecha de Diciembre de 1827. El 13 de Noviembre del
año siguiente, hecha ya la paz con el Brasil, salió de Buenos Aires á bordo del
paquete británico Nocton con el carácter de Enviado Estraordinario y Ministro
Plenipotenciario cerca del Gobierno de S. M. B. A consecuencia del
movimiento militar de primero de Diciembre fué suspendido de sus funciones
por la administracion de D. Juan Lavalle; pero no por eso salió de Inglaterra.
Allí escri[172]bió un opúsculo defendiéndose de lo que él llamó “calumnias
del Tiempo y el Pampero,” que ilustra en algo la triste historia de aquella
época: pamfleto escrito con moderacion y que prueba que el Sr. Moreno no
aspiraba á los empleos á que ponen la mira los ambiciosos turbulentos y que
preferia vivir lejos de su pais espuesto á la dolencia de las revueltas, para
curar las cuales, no se queria aplicar la medicina que él habia aprendido en
Estados Unidos. Parece que lo mas importante de su cómoda comision á
Inglaterra fué la discusion que sostuvo sobre los títulos argentinos á la
posesion de Malvinas. Publicó sobre esta interesante materia una memoria con
un mapa, que si en nada ha mejorado nuestro sufrido desaire de 1833, ha
servido para dar muestras de que el diplomático porteño podia habérselas en
erudicion sobre descubrimientos marítimos en el Continente Meridional de
América, con los Lores mas espertos del almirantazgo.
El Sr. Moreno, como Ministro Plenipotenciario en Lóndres desempeñó una
comision importante y laboriosa—la de examinar y juzgar las reclamaciones
británicas por causa del corso marítimo de la República durante la guerra con
el Brasil. La discusion de las reclamaciones duró desde Noviembre de 1831
hasta Setiembre de 1832, en cuyo periodo[173] se liquidaron 27 casos, cuyo
valor ascendió á 23,501 libras. En el curso de esta negociacion tuvo lugar un
incidente curioso. El comisionado por parte de Inglaterra era un Mr. Bruce. Al
emitir este su opinion sobre la captura del bergantin Anna se deslizó y
maltrató no solo al gobierno argentino sino á la República, declarándola
incapáz de gobernarse por sí misma atendidos sus antecedentes coloniales. El
Sr. Moreno, resentido de que en desempeño de una comision de reparacion
voluntaria se insultase al pais que representaba, declaró al gabinete de S. M.
que no continuaria desempeñando su comision mientras tuviese por asociado á
aquel gratuito denigrador de su patria. El Ministro Palmerston hizo justicia á
la enérgica nota de nuestro plenipotenciario y mandó testar todas las claúsulas
ofensivas en el parecer firmado por Mr. Bruce.
El proceso de estas negociaciones puede estudiarse en un libro que publicó
el mismo Sr. Moreno en Lóndres en 1835 con el siguiente título:
“Reclamaciones examinadas y juzgadas por la comision mista, reunida en
Lóndres por parte del gobierno de S. M. Británica, y el de las Provincias
Unidas del Rio de la Plata, en virtud de la convencion de 19 de Julio de 1830,
sobre indemnizacion de súbditos británicos por actos de corsarios de la
Repúblic[174]a en la última guerra con el Brasil: que comprende varias
cuestiones de derecho público naval. Publicacion hecha de los documentos
oficiales.” Este libro está en español é inglés, y como se advierte en su título,
merece un lugar en toda biblioteca de escritos sobre materias de derecho
público internacional, especialmente en cuanto á corso y apresamiento de
naves mercantes.
D. Manuel Moreno, amaba el retiro y el estudio. Era un verdadero hombre
de letras como lo prueban sus escritos y la escojida biblioteca que dejó á su
muerte, la primera en nuestro concepto entre cuantas pertenecen á particulares
en Buenos Aires sin hablar de los de ciencias especiales. Era un verdadero
conocedor de los libros curiosos y raros, sin despreciar los útiles.
El Dr. Moreno desempeñó por muchos años el cargo de bibliotecario,
cuidando con celo intelijente de la mejora y conservacion de un
establecimiento que se liga á la memoria de su ilustre hermano su verdadero
creador y primer protector oficial. Contribuyó á la redaccion de la Abeja
Argentina en clase de miembro de la Sociedad Literaria fundada en 1822, y
fué el primero en Buenos Aires que enseñó en público la química
esperimental, servicio que el espíritu de partido le retribuyó con un apodo que
aun se conserva en la memoria de los[175] lectores del Granizo.
En la reciente publicacion de los escritos históricos del Sr. D. Ignacio
Nuñez, puede verse una biografia de Moreno donde se hace prolija reseña de
los destinos públicos que desempeñó.

[176]

D. MIGUEL CALISTO DEL CORRO.


El Dr. D. MIGUEL CALISTO DEL CORRO nació en la ciudad de Córdoba del
Tucuman, el dia 14 de Octubre de 1775. A la edad de 23 años recibió el grado
de Dr. en Teologia en la Universidad de su provincia. En 1803 se presentó á
hacer oposicion á la silla magistral del Cabildo Eclesiástico de Córdoba en
cuyo acto se desempeñó con mucho lucimiento. Confiado en sus luces y
actividad le encomendó el cláustro de Doctores una comision cerca del Virey,
y del Soberano (si hubiese sido necesario recurrir á él) para recabar el
cumplimiento de ciertas Reales cédulas de Cárlos III, por las cuales se
mandaba que no pudiesen rejentear las cátedras de aquella Universidad sino
miembros del clero secular. Esto tenia lugar en 1806, y en el mismo año fué
nombrado cura interino de la ciudad de Salta, destino que sirvió hasta fines de
1808.
El Dr. Corro fué del número de aquellos argentinos que presintieron y
concurrieron á acelerar la revolucion americana. A fines del año de 1809 hizo
circular en Córdoba un escrito que se suponia hecho en Buenos Aires,
contraido á despertar los[177] instintos de independencia y de libertad en el
pueblo. El primer aniversario del 25 de Mayo celebrado en Córdoba, fué
solemnizado en el templo con una oracion pronunciada por el Dr. Corro,
oracion que mas tarde dedicó su autor á la Asamblea Nacional. No deja de ser
curioso el modo como el sacerdote católico y el hombre de una revolucion
democrática se esplican por una sola boca desde el púlpito y en lengua
española acerca de la lejitimidad orijinaria del poder. “Es ya un dogma
político (dice el Dr. Corro en la 2ª parte de su oracion) que la autoridad de los
Reyes emana orijinariamente de la voluntad de los pueblos. Sea cual fuere el
oríjen de las sociedades, lo cierto es que á ninguno, á exepcion de los Reyes
de Israel, ha conferido Dios inmediatamente la autoridad y el derecho de
reinar. Cuando San Pablo escribiendo á los Romanos, asegura que toda
potestad viene de Dios: non est potestas nisi á Deo; no quiso decir con esto
que era Dios el que inmediatamente la concedia: este seria un absurdo que
contrasta enormemente con el orijen é historia de todos los reinos é imperios.
Aunque las obligaciones que resultan del pacto, de las promesas y
convenciones, se fundan en aquella ley eterna que manda á todos ser fieles á
ella, ¿habremos de decir por eso que la accion ó derecho que de ellas nace
venga inmediatamente de Dios? A[178] la verdad si buscamos el oríjen
primordial de todas las obligaciones, hallaremos no ser otro que Dios y su
justícia. Pero distingamos los derechos y por ellos conoceremos mas bien el
oríjen inmediato de toda autoridad.”
Al comenzar el año 1816 le nombró la provincia de Córdoba Diputado al
Congreso reunido en Tucuman; pero no pudo tener la gloría de poner su
nombre al pié de la acta de declaracion de la Independencia que hace tan
célebre á aquella reunion de patriotas ilustres.
Cuando aquella declaracion tuvo lugar el Dr. Corro, en su carácter de
Diputado, desempeñaba la importante comision de interceder por la paz
interior, y de inducir á la provincia de Santa Fé, á la Oriental dominada por
Artigas y al Paraguay á que enviasen sus Representantes al Congreso de la
Nacion.
Trájole la vejez al benemérito Dr. Corro uno de sus favoritos achaques—la
ceguera. Para divertir la lentitud de unas horas pasadas en la inaccion y la
oscuridad se propuso reveer los manuscritos de sus numerosos sermones,
valiéndose de la intervencion de su sobrina Da. Patricia Bustamante, que le
hacia la lectura de ellos. Correjidos y enmendados se imprimieron en
Filadelfia el año 1849, en tres volúmenes en 8ᵒ.
[179]
[180]

D. ESTEVAN LUCA Y PATRON.


Por muchos títulos se salvará del olvido el nombre de D. ESTEVAN LUCA Y
PATRON. El pasará á la posteridad mas remota unido á hechos grandes y á
gloriosos acontecimientos del pueblo argentino.
Mucho antes que la robusta entonacion de Lopez prorrumpiese en el himno
nacional,—en lira mas humilde pero con sentimiento y fé, ya habia cantado el
Sr. Luca dos canciones alentando “á la lid tremenda contra los tiranos que
osaban oprimir la América.”
Estas bellas composiciones tienen la misma fecha de la revolucion y
debieron ser muy populares en los dias en que aparecieron á causa de la
sencillez del métro y de la oportunidad de los conceptos.
Cuando San Martin coronó los trabajos de su gran campaña comenzada en
Chacabuco, clavando la bandera de la independencia en el palacio de los
Vireyes de Lima, Luca, que ejercitándose en cantar otros episodios de la
guerra, habia desplegado su talento y su estilo, fué el poeta que con mas
dignidad y grandeza celebró aquel acontecimiento.
[181]
El “Canto lírico á la libertad de Lima” que comienza:
No es dado á los tiranos
Eterno hacer su tenebroso imperio.....
fué premiado por el gobierno, adjudicando á su autor una coleccion de los
épicos mas célebres entre los antiguos y modernos.
Bajo el uniforme de sarjento mayor de artillería que vistió el Sr. Luca hasta
1822, se escondia un filósofo amigo de la paz y de las artes útiles. Vuelta en sí
la provincia de Buenos Aires, despues de los trastornos del año 20, él se
asoció á la obra de rejeneracion social comenzada con tan buen éxito y
lucimiento, y publicó su notable composicion al pueblo de Buenos Aires en el
periódico titulado la Abeja Arjentina, redactada por los miembros de la
sociedad literaria. Llamámosla notable mas por las ideas que por la forma,
mas por su moralidad y sus acertadas miras sobre lo venidero que por el calor
de la inspiracion y las calidades puramente poéticas; y mas que todo porque
encierra los primeros jérmenes de muchas ideas que si pareciensen vulgares
seria porque se han desvirtuado á fuerza de repetirse, y han pasado al tesoro
comun de los convencimientos conquistados por toda la sociedad arjentina.
Luca, discípulo de Fernandez en el Colegio de[182] San Cárlos, era gran
conocedor de los maestros latinos, y comete al comenzar aquella composicion
una figura verdaderamente horaciana, imitando aunque remotamente, la
profecia de Nereo. “Muéstrase sobre las aguas, el PARANÁ, con serena frente
hablando á la prole hermosa de la victoria.” “Abandonad, (les dice), la molicie
de las ciudades y el lujo corruptor que entregó á Roma, cuna de los Camilos y
los Fabios, al poder del Godo. No durmais imprudentes en el ocio muelle de
una paz engañosa. Corred á los campos hoy desiertos, á esa vastísima llanura
que como el mar no tiene horizontes. Mejorad allí la raza del caballo jeneroso:
esquilad el bellon que defiende al hombre de las injurias del invierno; y
acreced el número del útil animal que sabe romper el seno de la tierra con el
corvo filo del arado. Los campos llenos ahora del espinoso cardo, se cubrirán
de las rubias espigas de Céres y se fundarán con el trabajo pueblos venturosos
y en tanto número como las estrellas. Crecerán á par de vuestros hijos los
árboles cargados de frutos y de sombra, y de misterio para los castos amores.
La fama de tamaña ventura resonará en los climas remotos, y los pueblos
desgraciados que beben las frias aguas del Volga y del Danubio vendrán á
buscar asilo entre nosotros.”
Talvez para mayor gloria suya, ha querido el destino[183] que no se
conozcan de este poeta, mas que sus composiciones patrióticas. Todos sus
papeles se hundieron con él en un leño náufrago sobre los bajios del Banco-
Inglés, en el mes de Marzo de 1824.... D. Juan Ramon Rojas, militar y
versificador, pereció tambien en un naufrajio. Regresaba de una legacion
diplomática á la corte de Rio Janeiro confiada por el Gobierno Argentino al
Sr. Dr. D. Valentin Gomez, y á él como secretario. Habia compuesto un
poema con el título La Martiniana, cuyo asunto debia ser las campañas del
General San Martin en Chile y el Perú.—(Argos de 27 de Octubre de 1821.)
El Sr. Luca no fué únicamente un literato distinguido. Los estudios de
humanidades no le parecieron bastante para llenar con inteligencia el lugar
que la revolucion brindaba á la juventud virtuosa y séria. Dedicóse á las
ciencias exactas, á esas grandes ausiliadoras de la fuerza que transforma á la
naturaleza venciéndola bajo las máquinas del hombre. Si compuso himnos
para entusiasmar al pueblo en el albor de la revolucion, tambien supo fundir
los cañones y templar las hojas de las espadas con que se equiparon nuestros
primeros ejércitos improvisados. El fué discípulo del coronel D. Anjel
Monasterio, (el amigo del sábio Jovellanos), y su sucesor en la direccion de la
fábrica de cañones y fusíles establecida desde 1812.
[184]
D. Estevan Luca contaba apenas 38 años de edad cuando pereció: habia
nacido en Buenos Aires el dia 2 de Agosto de 1786. Su vida fué corta pero
bien aprovechada. Defendió á su patria y la ilustró con sus talentos, dejando
conquistador con su dulce carácter las simpatias que sus versos revivirán
constantemente.
[185]

D. FLORENCIO BALCARCE.
Yo he sido una gota del agua que llueve, Perdida, de noche, que el polvo
bebió.
F. BALCARCE.
En su muerte, perdió nuestra patria infortunada una de las mas robustas
intelijencias, un espíritu abierto á grandes concepciones.—(Comercio del
Plata, núm. 142—marzo 24 de 1846.)
D. FLORENCIO BALCARCE, hijo del virtuoso vencedor de Suypacha, murió á
la edad de 24 años, en Buenos Aires, ciudad de su nacimiento, el dia 16 de
Mayo de 1839.
El jóven Balcarce no solo tenia un talento natural muy distinguido sino
tambien mucha contraccion al estudio sério. Al examinar sus trabajos
emprendidos, los libros de su pequeña biblioteca y los apuntes tomados por él
en los bancos de las aulas, se advierte inmediatamente la buena direccion que
daba á la cultura de su espíritu. La amena literatura no formaba su ocupacion
principal, sino el empleo honesto y laudable de los momentos de descanso. En
la época en que él se educaba habian declinado mucho los estudios públicos
en Buenos Aires, y aspiró á beber su instruccion en mejor fuente. Quien á su
edad y propensiones no sueña[186] con las escuelas de Europa, con sus
grandes bibliotecas y con el nombre de sus sábios? Balcarce pudo realizar este
sueño, y partió para la capital de la Francia en Abril de 1837. Alli se propuso
adquirir conocimientos jenerales, y profundizar en especial la ciencia de la
filosofia por cuyos problemas manifestaba una predileccion innata. Fueron sus
maestros, entre otros, los señores Saint-Hilaire, Jouffroi, Lerminier,
celebridades con cuyos nombres estamos familiarizados y que entonces
estaban al frente de las aulas mas concurridas de París.
El barrio latino fué la patria y el mundo esclusivo de Balcarce durante dos
años seguidos; dos años que él supo duplicar en duracion por su infatigable
asiduidad al trabajo y sus largas vijilias.—No iban á la par en él la robustez de
su cabeza con la de los demas miembros de su cuerpo. Su cerebro,
materialmente muy desarrollado, absorbia egoista la vida toda de la existencia
que presidia, y llegó dia en que la atmósfera de París no fué respirable para los
pulmones debilitados del jóven estudiante. Pensó entonces en los aires patrios,
en el agua balsámica de su rio natal, en su familia, y vióse forzado á sacrificar
á la esperanza de mejor salud la cosecha de saber que se prometia recojer
madura por una larga permanencia en Europa.
[187]
Esta esperanza fué otra ilusion desvanecida. Balcarce estaba condenado á
morir apenas pisase de nuevo el umbral de su casa en la calle que lleva su
glorioso apellido, y á dar razon á la exactitud de este pensamiento de Ercilla:
Aquella vida es bien afortunada
Que una temprana muerte la asegura.
Por qué ¿quién puede sernos garante de que mezclado al movimiento de
nuestra época, no habria naufragado en algun error, en alguna pasion, ó no se
hubiese alistado en algun partido doméstico que le atrajese la enemistad de
una gran parte de sus propios conciudadanos? Su temprana desaparicion de
este mundo, la inocencia de sus actos hasta el momento de entregar su alma al
Creador, le aseguran una memoria de amor y de simpatías entre sus
compatriotas, mientras haya (y esto será por siglos) amor á la poesía en la
ciudad donde fué concebido aquel injenio prematuro.
Balcarce tradujo del francés al castellano el estenso curso de filosofia de
Mr. Laromiguiere; el drama de Dumas titulado Catalina Howard, y escribió
una novela histórica, y muchos artículos literarios para los periódicos, antes de
salir de Buenos Aires. Pero estos trabajos, apesar de lo que recomiendan á
quien en tan corta edad los emprendió y realizó, no son sus timbres ni la
prenda de la duracion de su memoria. Unas cuantas
composiciones[188] poéticas escritas con arte, y sentidas con toda la verdad de
que es capaz el corazon, son las hojas de la corona de su fama. Cuando se
conocieron por primera vez en Montevideo (en 1833) esas composiciones,
escribió sobre ellas D. Florencio Varela un artículo publicado en el número 8
del Iniciador, del cual tomamos las siguientes palabras: “D. Florencio
Balcarce aparece ahora en la escena literaria para ocupar despues un lugar
muy distinguido entre los poétas argentinos. Cuenta apenas 23 años, y sería
una injusticia no reconocerle ya acreedor á aquel título tan dificil de merecer.
En las dos únicas composiciones suyas que hemos tenido la fortuna de ver, (la
Partida, y la cancion á las hijas del Plata) se descubren ya todas las dotes del
verdadero poéta: corazon muy sensible, imaginacion ardiente, inspiraciones
elevadas, abundancia y propiedad de imágenes, colores naturales, animados,
vivísimos, gala de diccion, pureza de lenguaje, y un estilo lleno de lozania y
de soltura capáz de prestarse á todas las entonaciones.”
El noble entusiasmo del distinguido crítico no le cegaba al espresarse así. Es
imposible pensar de diversa manera al leer los versos de la Partida saumados
con el aroma de una melancolía grave y de un patriotismo intenso. Imposible
es repetir sin conmoverse aquel final de todas las estrofas,
[189]
Adios, Buenos Aires, amigos, adios,
cuando se sabe que aquella despedida será eterna dentro de poco tiempo.
Las ideas mas poéticas están encerradas en este cuadro limitado. Grandeza
de Dios y de la Creacion; pequeñez fugaz de la criatura, presentimientos de
gloria y de muerte; profecias de una libertad próxima, imprecaciones contra
los tiranos inicuos. Todo esto, naturalmente traido y bien dicho, forman entre
luces vivas y sombras profundas un cuadro que deja al que le medite una
impresion duradera.
Antes de escribir estos adioses habia dirijido una composicion notable á su
condiscípulo el Sr. D. Victor Silva, al ordenarse este de Sacerdote, en la cual
le describe con severidad y seso las obligaciones que imponen el estado á que
iva á consagrarse.
El comienzo de esta composicion es muy felíz:
Humilla al polvo la elevada frente
Y á Dios entona, ó Victor, alabanza,
Qué él te estendió su mano omnipotente,
Y con paterno anhelo
Alzarte quiso á celestial bonanza............
Una composicion existe tambien de Balcarce que es una muestra de su
talento y una prenda de la utilidad so[190]cial de sus trabajos literarios para un
porvenir á que no pudo alcanzar. Es una cancion que puede titularse: el
cigarro, modelo de filosofia popular y de sencillez y nobleza de lenguaje á la
vez. Un anciano, guerrero en otro tiempo, fuma á la puerta de su rancho y
compara las vicisitudes de la vida con las diversas transformaciones á que el
fuego condena á su cigarro hasta convertirle en un pucho inútil. Si algo fuese
capaz de dar una idea en lengua estranjera á la francesa, del sentimiento
melancólico y prácticamente filosófico que hay en el fondo de las canciones
de Beranger, es sin disputa esta cancioncita de Balcarce enteramente orijinal y
escrita, como se vé claro, para mostrar como se pueden ennoblecer y como
son propios para el arte los incidentes de nuestra naturaleza, de nuestra
civilizacion y de nuestras costumbres. Cuando la pintura tenga entre nosotros
mas adeptos que hoy, ha de inspirarse alguno de ellos en la siguiente estrofa
que por sí sola es un cuadro trazado con la pluma:
En la cresta de una loma,
Se alza un ombú corpulento,
Que alumbra el sol cuando asoma
Y bate si sopla el viento:
Bajo sus ramas se esconde
Un rancho de paja y barro,
Mansion pacífica donde
[191]
Fuma un viejo su cigarro.
Balcarce tiene muchos puntos de contacto y de similitud con Adolfo Berro,
esa otra esperanza arrebatada en flor al Parnaso de la opuesta orilla del Plata.
Pero lo que mas les asemeja es el buen rumbo en que ambos se habian
colocado al comenzar sus escursiones literarias. Uno y otro habian hecho un
estudio esmerado de los recursos del idioma en que debian espresar sus
pensamientos. Leian en los antiguos; se inspiraban en una de las eternas
fuentes de toda poesia, en la Biblia; y eran orijinales, procediendo con los
elementos patrios, como los maestros habian procedido con los que les fueron
familiares. La inspiracion sola no basta para alcanzar la palma de poeta en las
sociedades cultas y artificiales, se necesita la intervencion del arte, sin el cual
la espontaneidad misma marcha tímida como si la faltase luz y aplomo. Para
los poetas hechos por la naturaleza, es para quienes justamente escribió este
precepto el amigo de los Pisones: Sapere est principium et fons: Y eso, que él
sabia muy bien que los poetas
Son genus irrítabile en estremo
Y les hay que aspirando á ciego culto
Hasta el consejo toman por insulto.

[192]

D. FRANCISCO AGUSTIN WRIGHT.


D. FRANCISCO AGUSTIN WRIGHT, perteneció á una familia antigua y
conocida de Buenos Aires. Su apellido y sus facciones, justificaban en él su
conocida predileccion por los usos y por el idioma de la nacion inglesa.
Wright comenzó á aparecer en la vida pública bajo la bandera del partido
federal, y fué blanco de los tiros satíricos de los periódicos del partido
contrario. Representó varias veces al pueblo, fué jefe de un batallon de
cívicos, y tomó una parte muy activa en los sucesos que restablecieron en el
mando á D. Juan Manuel de Rosas, despues de la administracion de Balcarce,
echado á tierra por una revolucion.—Wright pertenecia á la cámara de
diputados y como tal se negó á votar por las facultades estraordinarias,
perdiendo de este modo la confianza de los Restauradores, de quienes tuvo
que huir á Montevideo en busca de seguridad personal.
En aquella ciudad, donde murió estimado de todos, escribió una estensa
obra que comprende la narracion prolija de los acontecimientos del
ased[193]io que sufrió aquella plaza por D. Manuel Oribe.
El Sr. Wright era hombre de principios rectos y un buen patriota, y mereció
la amistad de personas caracterizadas y de mas edad que él, como lo prueba la
dedicatoria de uno de sus escritos. Su Breve Ensayo sobre la prosperidad de
los Estrangeros y decadencia de los Nacionales (1833), que está dedicado á
los Señores D. Vicente Lopez y D. Manuel Garcia, es un escrito contraido á
mostrar por qué el estranjero adquiere una posicion mejor que el hijo del pais,
á pesar de tener que vencer una gran porcion de inconvenientes y resistencias
que el autor examina con detencion. El pensamiento fundamental de este
escrito se resume en estas palabras de su página 52: «los estrangeros y el libre
ejercicio de sus industrias es enteramente ventajoso al pais y voy á demostrar
que cualesquiera restricciones ó prohibiciones hacia ambos respectos, en
tiempo de paz, es un quebrantamiento á los tratados que tenemos con las
Naciones Amigas, y á lo que hemos ofrecido al mundo entero; cuando hemos
llamado á voces á los hombres de todos los paises á vivir entre nosotros.»
Escribió tambien las biografias de los bravos D. Federico Brandsen y D.
Tomas Espora. La primera se registra entre los documentos históricos dados á
luz por el Sr. Lamas en Montevideo en 1849, y la segunda se imprimió en
Buenos Aires con este[194] título: «Noticia del Sr. Coronel D. Tomas Espora
que falleció en esta ciudad el 25 de Julio de 1835.—Por un amigo suyo.»—
(1835.)

[195]

D. JUAN CRISOSTOMO LAFINUR.


En la parte mas central de la Sierra de la provincia de San Luis, y á la falda
del cerro Tomalarta, llamado tambien Cerro Rico por la abundancia de oro
que le hizo célebre en otro tiempo, existe un valle denominado de la Carolina,
y un pueblo de este mismo nombre en el dia decaido y casi desierto. En este
humilde lugar fué en dónde vió la luz el dia 27 de Enero de 1797 el Dr. D.
JUAN CRISÓSTOMO LAFINUR, hombre entusiasta y activo, condenado por su
temperamento á gastar la existencia en pocos años, y cuyos escritos (los que
nos son conocidos, al menos) son inferiores á su fama y al talento que le
atribuyen los contemporáneos.
Frecuentaba Lafinur las escuelas de Córdoba, cuando emprendió sus
campañas del Norte el jeneral D. Manuel Belgrano. Dejando entonces el
manteo de estudiante de ciencias morales, ciñó la espada y dió otra direccion á
su espíritu, pues segun espresion de él mismo tuvo la honra de pertenecer á la
Academia de matemáticas fundada en Tucuman por aquel jeneral para
instruccion de los cadetes de su ejército; “academia á que se agolpaba la
ju[196]ventud á sorprender á la naturaleza en sus misterios y á fecundar desde
temprano el jérmen de la gloria.”
No sabemos en que época abandonó una carrera que no debia ser la de su
verdadera vocacion. Pero antes de pasar á la ciudad de Mendoza en donde
fundó un colegio en 1822, se habia hecho notable en Buenos Aires como
periodista, como poeta, y sobre todo como innovador en la enseñanza de la
filosofía. Esta última circunstancia, le atrajo algunos disgustos que le
decidieron á avecindarse en Chile en cuya capital se graduó en ambos
derechos el año 1823, tomó estado, y murió el 13 de Agosto de 1824.
La muerte del jeneral Belgrano hizo una viva sensacion en el alma
impresionable de Lafinur y arrancó á su lira tres composiciones poéticas que
le colocan en un lugar distinguido entre los poetas argentinos. El Canto
elegiaco, el Canto fúnebre y la oda á la Oracion fúnebre pronunciada por el
Dr. D. Valentin Gomez en las exéquias del héroe y del patriota ejemplar,
apagan en nuestro concepto los acentos de dolor con que otros vates lloraron
el mismo lamentable acontecimiento. En esos cantos se revelan todas las dotes
y todos los defectos de la musa de Lafinur. Son inspirados por un dolor
verdadero por un aprecio reflexivo de las virtudes del ciudadano[197] y del
guerrero, y parece como que se exhalase de sus estrofas algo de las entrañas
de un hijo. La inspiracion corre á par de la incorreccion; la naturalidad, el
sentimiento, la gracia y la harmonía se mezclan alternativamente con los
conceptos oscuros y ponderativos, y las frases desaliñadas, aunque sea verdad
que estos defectos son en menos número que las bellezas y los rasgos
verdaderamente poéticos de las tres composiciones en general. Todas ellas
brotan de la fuente poética en el carácter de una inspiracion innegable, y pocas
veces hallamos en las obras de nuestros versificadores modos de comenzar
mas felices que los que se advierten en estos de Lafinur. La interrogacion es
su figura favorita:
Por qué tiembla el sepulcro, y desquiciadas
Sus sempiternas losas de repente,
Al pálido brillar de las antorchas
Los justos y la tierra se conmueven?
Así se introduce el poeta en su Canto elegiaco, y con no menos brio y
entonacion prorrumpe al entonar su canto fúnebre:
Adonde alzaste fugitivo el vuelo,
Robándote al mortal infortunado,
[198]
Virtud, hija del cielo?....
Pero en nuestro concepto las estrofas regulares con que celebró la
elocuencia del orador sagrado son de un mérito mayor y mas orijinales que las
anteriores silvas. El asunto tambien, como menos trillado, liberta al autor de la
remora de las reminiscencias y de los modelos y le obliga á buscar un cauce
propio para dar salida á los sentimientos en que reboza. Qué natural y digna
introduccion!:
Era la hora: el coro majestuoso
Dió á la endecha una tregua; y el silencio,
Antiguo amigo de la tumba triste,
Sucedió á la harmonía amarga y dulce....
Pinta en seguida la urna solitaria presidiendo la augusta escena, y supone
que todas las virtudes que andaban en torno de aquella, levantando al cielo,
llanto, esperanzas y amores, volaron á posarse en los lábios del sacerdote
elocuente; y los hombres se dolieron de ser hombres al escuchar sus acentos.
Los suspiros del pueblo llegan por una senda muda y misteriosa hasta el
orador, y avara el alma, recoje sus palabras cual si fuesen reliquias del héroe
que elojia..... Esta oda es una joya de nuestra literatura.

[199]

Articulos Críticos y Literarios


DEL
DR. D. JUAN MARIA GUTIERREZ.
[200]

[201]

LA QUICHUA EN SANTIAGO.

(UN RATO DE CONVERSACION ESCRITA CON EL SR. D. B. POUCEL QUE SE PERMITE


SU ATENTO S. S. JUAN MARIA GUTIERREZ.)
Buenos Aires, Enero 16 de 1856.
Es un hecho, al abrigo de toda duda, que la poblacion de la provincia
Argentina de Santiago del Estero habla la lengua quiehua ó quichua, que es la
lengua jeneral del Perú. Si esa parte del territorio de la Confederacion se
hallase inmediatamente en contacto con la República Boliviana, no causaría
tanta estrañeza el fenómeno que acabamos de señalar; pero no es así. Entre la
parte meridional del territorio Boliviano y la Provincia de Santiago, se
interponen otras provincias arjentinas cuyas poblaciones no conocen la lengua
de los Incas y hablan el español únicamente.
El Sr. Poucel, con la sagacidad de induccion que le es familiar, ha echado
de paso algunas ideas sobre esta materia en un artículo recientemente
publicado en el Orden; ideas que nos proponemos ayudar un poco con los
presentes renglones.
[202]
La cuestion histórica que á este respecto debe ventilarse es: ¿Los pobladores
primitivos de los llanos de Santiago, se establecieron allí durante el gobierno
de los Incas, ó con posterioridad á la conquista del Perú por las armas
españolas?—Nos parece que por mucho que se compulsen los elementos
deficientes que componen la historia de esta parte de América, no se hallarian
pruebas terminantes para asegurar lo primero ni para negar lo segundo. Los
Incas eran conquistadores é invasores: hicieron por muchos siglos el papel de
los romanos, y se dice de ellos como se ha dicho de los Señores del mundo,
que tomaban lo mejor de los usos y costumbres de los pueblos que sometian á
su dominio. Eran tolerantes y trataban de alijerar la mortificacion de la
conquista derramando en sus nuevos dominios los beneficios de la exelencia
de su gobierno, de su administracion y de su civilizacion verdaderamente
notables. Es de creer, pues, que tanto por medio de las armas como de la
habilidad, y sobre todo por la fuerza de espansion que tienen en sí los pueblos
adelantados, se estendió el Imperio de los Incas en el ámbito que le señalan
los historiadores. Oigamos á este respecto al Sr. Prescott (Guillermo), quien,
refiriéndose á la relacion manuscrita de Sarmiento, á la Crónica del Perú de
Cieza de Leon y al exactísimo y bien informado Garcilaso de la Vega, dice lo
siguiente: “El[203] Imperio del Perú, en la época de la invasion española, se
estendía por la costa del Pacífico, desde el segundo grado, por mas ó menos de
latitud Norte hasta el 37 de latitud Sur; línea que describen actualmente los
límites occidentales de las repúblicas modernas del Ecuador, Perú, Bolivia y
Chile. Su anchura no puede ser determinada con exactitud, porque aunque
totalmente limitado al Oeste por el gran Oceano, hácia el Este se dilataba en
varias partes mucho mas allá de los montes, hasta los confines de las tribus
bárbaras, cuya exacta situacion no es conocida y cuyos nombres han sido
borrados del mapa de la historia.”
En las palabras que quedan subrayadas en esta larga cita de la Historia de la
Conquista del Perú con observaciones preliminares sobre la civilizacion de
los Incas, puede apoyarse cualquiera que tenga interés en sostener que antes
de la conquista fueron del Señorio del Inca las llanuras que median entre los
rios Salado y Dulce. Veamos ahora los datos que en el otro sentido presentan
los historiadores de la conquista del Tucuman, compulsados por el Dr. Funes,
en su Ensayo Histórico, al que seguiremos para no acumular autoridades en
una nota pasajera.
Supone el Dr. Funes que deseando D. Francisco Pizarro alejar la influencia
poderosa de su rival D.[204] Diego de Almagro, tuvo la habilidad de
persuadirle la conveniencia de la conquista de Chile, la cual emprendió
Almagro por los años de 1535, tomando la ruta de Tupiza, y de aquí la del
valle de Chicoan, jurisdiccion de Calchaqui. Si esto es exacto, el ejército
español en camino para Chile, se internaba en la provincia llamada entonces
del Tucuman, no por espíritu de conquista sino con el objeto de evitar las
desiertas é inhospitalarias soledades de Atacama que separan á Chile del Perú.
La resistencia á los invasores comenzó desde Jujuy. De cinco soldados
españoles que se separaron del grueso del ejército, fueron tres despedazados
cruelmente por los indios; y cuando la totalidad del mismo ejército atravesaba
el citado valle de Chicoan, fué atacada por la retaguardia con tanta enerjia,
que mataron al caballo del jeneral escapado dificilmente con vida á merced
del oportuno socorro que le prestaron sus muy leales soldados. Almagro no
pudo vengarse de este insulto. Los indios tomaron las alturas y se burlaron de
las fuertes caballerias que destacó en su persecucion. La relacion algo confusa
é incompleta del Dean, deja lugar á penas para suponer que el ejército de
Almagro entró á Chile por la altura del valle de Calchaquí, lo que, segun las
mejores cartas, cuadra bien con a proposicion que hicimos antes, pues en
aquella altura termina el desierto de[205] Atacama y comienza el suelo fértil
de Chile.
Este ejército español se componia de 570 españoles y 15,000 indios
peruanos. Se vé pues que para las empresas de conquista se valian los
españoles de sus nuevos súbditos, acostumbrados por sus envejecidos usos á
invadir tierras estranjeras y á imponerles el uso de su idioma que era en lo que
principalmente hacian consistir los Incas el buen éxito definitivo y la
perpetuidad de sus conquistas.
No seria estraño, pues, que cuando poco mas tarde se concedió la Capitanía
General á aquel Diego de Rojas que tanto se habia señalado en la conquista de
Nicaragua y en otras grandes empresas que supo llevar á cabo con reducidos
recursos, nada tendria de estraño, repetimos, que trajese consigo algunos
aliados peruanos aunque no fuesen en el crecido número de 15,000. En esta
suposicion y aunque segun puede deducirse del historiador que seguimos, el
Capitan General Rojas estendió sus conquistas hácia Catamarca en donde
halló una resistencia que le costó la vida, puede creerse sin embargo y sin
violencia de la razon, que los pobladores de Santiago, (entonces, y hasta
mucho tiempo despues, comprendidos en la jurisdiccion del Tucuman) son el
resultado de la conquista española como lo presume tambien el Señor Poucel.
[206]
Porqué la influencia de los ausiliares peruanos del conquistador español se
fijó de preferencia en aquel punto, no puede tampoco aplicarse de otro modo
que lo hace el Sr. Poucel, es decir por las afinidades del indíjena Santiagueño
con el Peruano, lo que dice mucho á favor del primero, atendiendo el grado de
adelantamiento social é intelectual que no puede negarse por entonces á la
raza de la lengua quichua. Es de añadir que cuando por los años de 1550,
despues de la catástrofe de Rojas, recayó la Capitania de Tucuman en otro
Capitan de la conquista del Perú llamado Juan Nuñez de Prado, quien abrió la
vanguardia de sus conquistas con 84 soldados y muchos indios amigos. Esta
vez los indíjenas se presentaron mas dóciles. Los de Calchaqui se convinieron
en formar una nacion con la de su propio invasor, y los habitantes del Valle
de Catamarca, los de los Rios Salado y Dulce, los de la jurisdiccion de
Santiago y los belicosos Lules se sujetaron con grande docilidad.
Estos hechos posteriores justifican aun mas las suposiciones que quedan
aventuradas en un punto todavía tan oscuro de nuestra historía[10].
Volviendo al hecho constante de que la lengua hablada hoy por el pueblo de
Santiago del Est[207]ero, es la misma llamada por los escritores la lengua
jeneral del Perú, tengo motivos para creer que la adulteracion que haya
podido sufrir en las llanuras, distante de su orijen y circundada de pueblos que
hablan un idioma tan superior como es el castellano, no es de gran
consideracion. Conocemos personas cultas de la Provincia de Tucuman que
han aprendido el quichua en largas residencias que en su juventud hicieron en
los linderos de ambas provincias, y que teniendo despues que atravesar el
territorio de Bolivia y del Perú á causa del comercio en mulas, se hicieron
entender y entendieron perfectamente á los quichuas puros con el[208] idioma
que habian aprendido en Santiago.
Los Santiagueños tienen, como es natural mucho apego á la lengua que para
ellos es materna. El español es el latin de aquellos scitas, la lengua oficial en
que no derraman ni los sentimientos intensos, ni las confianzas íntimas de la
familia y de la amistad. La ola creciente de la civilizacion debe respetar ese
rasgo variado de la fisonomía del pueblo argentino. Y lejos de desdeñar la
parte culta de Santiago el espresarse en aquella lengua, debe al contrario
esforzarse por llevarle á las fuentes puras de su origen y lavarla allí de las
manchas que han de desfigurarla probablemente por las muchas pecaminosas
influencias que la combaten. Los sacerdotes en especial, debian allí aprender
en las gramáticas y diccionarios que dejaron de la lengua quichua los
misioneros jesuitas, la pureza de que esta es susceptible para derramar con
majestad y eficacia la palabra de Dios entre aquel pueblo tan industrioso y
simpático.—Si se tratara de algun dialecto pobre y oscuro, encerrado en
espacio reducido, y empleado como signo de groseras ideas por una tribu poco
numerosa, nos guardariamos de recomendarla como digna de estudio, de
conservacion y mejoramiento. Pero la lengua de la gran civilizacion peruana
es hablada actualmente por mas de dos millones de americanos, y sus
exelencias como idioma claro, espresivo y harmoni[209]oso están atestiguadas
por muchos escritores de nota. Nos contentaremos con recordar lo que á este
respecto dice un célebre Granadino, el malogrado Caldas, á quien cupo en sus
montañas natales de América la misma suerte que al frances Lavoisier,
pidiendo en vano una tregua á la muerte (que no le mandaba Dios) para
terminar un trabajo útil. “Los peruanos siempre exactos, siempre cuidadosos
en dar á las cosas nombres tomados de sus virtudes, (dice el fundador del
semanario de Nueva Granada) ó su figura, de su situacion etc., llamaron á las
yerbas por sus virtudes y por sus usos en la medicina, en las artes, y en la
sociedad. Cuando se conoce un poco su lengua, esta lengua armoniosa, dulce
y flexible, esta lengua que representa en el nuevo continente á la Toscana del
antiguo, entonces se conoce el juicio y la eleccion que tuvieron los peruanos
en la imposicion de los nombres á todos los objetos que los rodeaban. Un
volcan que arroja de su cima columnas de humo espeso mezclado con llamas,
se le nombra Cotopaxi (masa de fuego); otro que lanza de su seno nubes de
arena, conmueve los fundamentos de la provincia, y arruina los templos y los
edificios, se le llama el Pichincha (el terrible, el amenazador): una cima
inmensa cubierta de nieve, y colocada al otro lado de un rio, se
nombra Chimborazo (nieve al o[210]tro lado): una poblacion establecida en
una garganta estrecha que corta la Cordillera, se le impone el nombre de Lacta
cunga (garganta estrecha); y en fin á una planta que fortifica los músculos,
que dá vigor, que hace andar á un tullido, le llama.... calpachina yuyu (yerba
que hace caminar). Los nombres de esta lengua contienen las virtudes de las
plantas y las cualidades de todos los objetos. Al oir los nombres de las plantas
casi se saben sus virtudes. ¿No es esto mas sabio, mas importante á la
humanidad que esos nombres que ha criado la adulacion, el reconocimiento ó
el interés? Qué idea nos pueden dar de una planta las
voces diascorea, plinia, busfonica, sigesvechia?....” Para dar algun idea mas
de esta lengua, copiamos aquí la esclamacion patética de una madre que
acababa de perder un hijo tierno: chaupipurchapi tutayarca! (en la mitad del
dia le anocheció). Si faltase armonia á estas dos palabras nadie podrá tacharlas
de faltas de elocuencia y de laconismo[11].
Hay una circunstancia digna de tomarse en cuenta y que prueba la exelencia
de la lengua quichua. Tal es la de haber[211]se naturalizado muchas de sus
palabras en el lenguaje usual de las poblaciones civilizadas, aun en aquellas
que por su situacion jeográfica no están en contacto inmediato con los
indígenas que hablan la quichua. Como se verá mas adelante, esas palabras
inoculadas en el habla de los españoles, es decir de los conquistadores,
responden á usos é ideas mas adelantadas en el imperio de los Incas que en las
sociedades formadas en el molde de la civilizacion española.—En las
ciudades de Chile, Santiago y Copiapó, por el centro de las cuales corren rios
que las divide en dos partes, se llama bario de la Chimba al suburbio que está
al otro lado del rio separado de la parte principal de la poblacion. Chimba, en
quichua significa del otro lado. En el fondo del valle de Copiapó y en toda la
provincia llamada modernamente de Atacama, centro de afamados laboreos de
metales de plata y cobre, la mayor parte de los términos tecnicos de mineria
que allí se emplean son los mismos que usan los potosinos y demas mineros
del Perú, términos que pertenecen á la lengua quichua sin disputa alguna. De
estos recordamos los siguientes: Apir, poruña, chancar, cancha etc. Cuando
los españoles bajo la bandera del jeneral Valdivia comenzaron la famosa
guerra contra el resistente araucano,[212] ya estaban allí en uso palabras
quichuas que D. Alonzo de Ercilla consideró tal vez como pertenecientes á la
lengua chilena, pues incorporó las palabras ojota, Llanto, Palla etc. en
la Declaracion que puso al frente de su conocido y famoso poema, para
inteligencia del lector no familiarizado con las cosas de Indias.
La ciudad de Buenos Aires situada en el estremo sur de la parte poblada del
Continente español de la América, distante centenares de leguas del Cuzco y
de Quito, emporios de la civilizacion de los Incas, ha dado carta de ciudadanía
á muchas palabras de la lengua quichua, sin el ausilio de las cuales, á veces se
hallarian muy embarazados sus habitantes para espresar ciertas ideas.
Mientras tanto, no goza de la misma prerogativa la lengua guarani que es sin
disputa muy bella, muy propia y llena de imájenes, ha sido hablada, y lo es
todavia, en lugares inmediatos y que se hallaron siempre en constante
comunicacion con la antigua Capital por los canales de los grandes
rios.[12] Nosotros tenemos rejistradas como veinticinco de esas palabras
quichuas corrientes en nuestro lenguaje vulgar, y de entre ellas daremos el
significado de las siguientes como mas características, valiéndonos para
probar su orijen del[213] Vocabulario de la lengua natural del Perú, etc., del
padre Diego Gonzalez Olguin, impreso en Lima en el año 1608. Cancha, patio
ó corral: esta palabra se aplica entre nosotros para designar un espacio estenso
de terreno bien nivelado, y así decimos, cancha de pelota, cancha de bolos, al
patio donde tienen lugar estos juegos. Cancha de un horno de ladrillos, es el
lugar á propósito para poner en órden el ladrillo crudo para que se oree antes
de ponerle á la accion del fuego. Cancha, en nuestros rios, significa una larga
porcion en que se mantienen rectos y sin serpenteos, conservando una misma
direccion. Pucho ó puchasca (sobras, reliquias). De estas palabras hemos
hecho el espresivo modismo no vale un pucho para despreciar el valor ó la
importancia que indebidamente se quiere dar á una cosa cualquiera. La
aplicacion mas terminante que hacemos de la palabra pucho, es el resto ó
sobra que se arroja del cigarro que se ha fumado; así decimos: pucho de
cigarro.[13]
Chhacra (heredad de labor, tierras ó huertas). Nosotros usamos esta palabra
en la misma significacion escribiéndola co[214]n una sola h. Es palabra de uso
indispensable. De la palabra chharqui, que en quichua
significa tasajo ó resina y tambien el cuerpo de un animal ó del
hombre flaco ó seco, hemos hecho la voz charque que solo usamos en la
primera significacion, cuando la carne es seca al sol. Esta palabra tiene sus
derivados, como charqueada, el lugar de la faena del charque; y charcon que
se dice del animal enjuto pero fuerte, especialmente del
caballo. Chhasca (melena) se emplea en Buenos Aires, aunque no
jeneralmente, para designar un cabello mal cuidado y abundante. De Chasquí,
se ha hecho en casi toda la América del Sur Chasque, que significa, como
entre los Incas, el correo ó espreso despachado para dar una noticia especial y
urgente. La Chhuspa, bolsa en que los peruanos guardan el maiz, la coca y
demas enseres de viaje y[215] llevan al hombro á guisa de maleta, se ha
convertido entre nosotros en Chuspa, especie de talego largo y angosto, hecho
jeneralmente del buche del avestruz ó de la piel de animalillos silvestres y
pequeños que sirve á nuestros paisanos para guardar el tabaco, el papel y los
avios de encender. Vulgarmente se compara con una Chuspa el seno de las
mujeres cuando está lácio y flaco por falta de cuidado, por la edad, etc.
Huasca (soga ó cordel grueso), es una palabra que escribimos guasca, y es
la única que empleamos para significar la cuerda hecha de cuero de animales
que tiene infinitos usos en nuestras industrias: tiene á mas entre nosotros, el
derivado guascaso que es el golpe dado con una guasca. Vincha (cinta ó
apretador de los caballos) se emplea en el mismo sentido aun cuando sea un
pañuelo el que se ajuste á la frente como tienen de costumbre las jentes
humildes cuando les duele la cabeza. Yuyu (hortaliza, yerba de comer). Es
nuestra voz favorita para indicar cualquiera planta espontánea é inútil: se usa
jeneralmente en plural, y cambiando la u en o: yuyos. Humita (bollicos de
maiz como tamales) dice el P. Olguin, describiendo así con la mayor exactitud
el plato que llamamos umitas y que consiste en maiz tierno guisado y envuelto
en la hoja de la planta del mismo maiz (chala). Dispuesto[216] así forma lo
que en el Perú se llama tamal, palabra probablemente quichua que no ha
llegado hasta nosotros. Pampa; este nombre con que designamos la llanura
poblada á este lado de los Andes por la raza Araucana, significa en quichua—
plaza, suelo llano, llanada, sábana, campo abierto. Para nosotros representa la
idea de estension inmensa y solitaria. Llamamos pampas á los indíjenas del
desierto indicado antes. Chuccho, es el frio con temblor que produce la fiebre
y especialmente la llamada terciana (calofrio). “Me dá chucho” se dice en
Buenos Aires cuando se siente esa impresion que los franceses distinguen con
la espresion chair de poule. La palabra cháguara con que designan los niños
de Buenos Aires el hilo torcido consistente que les sirve para hacer bailar el
trompo, la supongo derivada de chahuarhuana, que significa en quichua—
soga de cáñamo, aunque tambien puede proceder del nombre de un aloes del
chaco llamado chaiguar, segun el Sr. Arenales en su conocida obra sobre
aquella rejion paj. 221. Dar cháguara, es un modismo humorítico de nuestra
ciudad que significa—alentar á una persona á que muestre ó desenvuelva
alguna propension inocentemente ridícula. La agricultura debe algunas voces
á la misma lengua del Perú: decimos maiz ó trigo chuso al que se halla en el
caso descripto por el P. Olgu[217]in en el vocablo chusso de su citado
diccionario: “maiz ó trigo chupado, no lleno, arrugado por helarse en leche, ó
faltarle el agua al granar, que molido es todo cáscara ó afrecho;” y
llamamos chaucha á la vaina tierna en que se encierra el poroto, que es la
misma acepcion que esa palabra tiene en quichua etc. etc.—Es sabido que los
Incas contraian especial atencion á la construccion y mejora de los caminos de
los cuales habia algunos que atravesaban toda la estension del imperio y que
se llamaban por antonomasia del Inca, porque este monarca transitaba por
ellos en sus visitas oficiales. A distancia como de 3 á 4 leguas habia en estos
caminos unas posadas que se llamaban tambos, y con este mismo nombre se
denominan todavia en Lima algunos grandes edificios construidos por
particulares para proporcionar alojamiento á la jente y sus bestias que entran
del interior con cargas ó productos para alimentar los mercados. Nosotros
hemos adoptado esta voz pero dejenerándola notablemente en su significado:
llamamos tambo al lugar donde se atan y ordeñan las vacas: tamberas á las
vacas mansas cuya leche se destina para beber, hacer mantequilla, ó quesos; y
tambien llamamos tambo al lugar donde se reunen los negros africanos á
bailar y á tener sus juntas y reuniones. Lope de Vega, haciendo en su rica
imajinacion una mezcla graciosa de cosas americ[218]anas ha introducido esta
palabra en el siguiente estribillo de una cancioncilla preciosa:
Piraguamonte, piragua,
Piragua, gerizarizagüa;
Bio, Bio,
Que mi TAMBO lo tengo en el rio.
Por último recordaremos una palabra cuyo significado no es misterioso hoy
para nadie en el mundo porque ¿quien no conoce la substancia
llamada guano y sus felices aplicaciones al abono de las tierras cansadas?—Es
probable que este descubrimiento arrebate al elenco peruano de las voces
porteñas, esta que hasta nuestras damas empleaban sin saber lo que decian en
la frase siguiente para ponderar el exeso de las tareas de una persona: «trabaja
hasta echar el guano.»—Esta circunstancia es nueva en la historia del
lenguaje, porque es cosa que no se ha visto nunca abandonar el empleo de una
palabra en el mismo momento en que se aclara ó se conoce su verdadero valor
y significado.
La lengua quichua como casi todas las americanas es lengua hablada
únicamente, porque no consta que se haya escrito en ella obra alguna de larga
estension como sucede con la mejicana en la cual se conservan algunos
manuscritos históricos redactados por indíjenas educados por los europeos.
Sin[219] embargo existen escritos en la lengua jeneral del Perú algunos
sermonarios, devocionarios, etc., y las siguientes que copiamos de catálogos
hechos por personas muy versadas en la bibliografia americana.
1. Gramática de la lengua quichua ó del Perú, por Frai Domingo de Sto.
Tomas. Valladolid, 1560, in-12ᵒ.
2. Vocabulario de la lengua jeneral del Perú, llamada quichua ó del Inca,
etc. Por el P. Diego Gonzalez Olguin. Lima, 1608.—4.ᵒ grandes de 330 f.
3. Lexicon de la lengua quichua, por frai Domingo de Sto. Tomas.
Valladolid, 1560.
4. Ritual para los curas del Perú, por Bocanegra. Lima, 1631; in-4ᵒ.
5. Arte y vocabulario de la lengua quichua, por el P. Torres Rubio. Lima,
1754, in-12ᵒ[14].
La topografia etnográfica del actual territorio de la República Arjentina no
se halla ni siquiera en la cu[220]na. Los historiadores modernos la han
descuidado enteramente, y los antiguos deben leerse con suma precaucion
para no caer con ellos en errores de nota al señalar las localidades ocupadas
por las razas primitivas. En esta materia hay que atender ante todo á fijar el
número de naciones verdaderas existentes en la época de la conquista; y á
nuestro juicio no debe considerarse como una nacion sino aquella que habló
un idioma especial completamente diferente de los demas conocidos, teniendo
en cuenta que muchas de estas lenguas tenian sus dialectos derivados de ellas,
ó corrupciones provenientes de la separacion y apartamiento de un grupo del
seno de la familia principal.—En la coleccion de Documentos de D. P. de
Angelis hay una relacion de las naciones que repartió en encomiendas el 2.ᵒ
fundador de Buenos Aires, D. Juan de Garay. Pero esas no pueden
considerarse como naciones sino como parcialidades ó tribus de la Gran
nacion Guarani, la que, en la parte de la provincia de Buenos Aires, no pasó
jamas á la márjen derecha del Paraná. Los nombres que se dan en aquel
repartimiento de carne humana en esas supuestas naciones deben ser los de
sus jefes ó los de los lugares que ocupaban en aquel momento.
La nacion querundio querandi, era la Señora del terreno sobre que se
asienta Buenos Aires. Era una raza de valientes que se e[221]xtinguió
completamente sin dejar rastros de su idioma en ningun objeto topográfico.
Los nombres de lenguas indíjenas que conservan los lugares, arroyos, lagunas,
etc., de la provincia de Buenos Aires, son de oríjen guarani y araucano. Los
nombres guaraní son en pequeño número y sobre el litoral, mientras que los
araucanos son muchos y comienzan desde la márjen exterior del Rio Salado.
Los indios quilmes del Tucuman, trasladados desde allí á cuatro leguas al sur
de Buenos Aires, no han dejado mas rastros que el del nombre de nacion ó
parcialidad dado al pueblo que se fundó con ellos y que hoy es completamente
de jente blanca agricultora. (Véase Azara, t. 2.ᵒ p. 241, ded. del C. del Plata.)
Las huellas impresas en la nomenclatura topográfica por las naciones de
orijen chileno, pueden ser efecto de una conquista hecha sobre los habitantes
indíjenas por aquella raza que es numerosa y aguerrida, borrando las
denominaciones anteriores dadas á los mismos objetos por los primitivos
señores del suelo de la llanura arjentina. Sin embargo, los rastros de estos no
se advierten en ninguna parte, y hay motivos para creer que la rejion oriental
de las Cordilleras hasta la actual frontera sur de Mendoza, no fué poblada sino
por los llamados actualmente indios pampas, quienes pasaron los montes
atraidos por los ganados y caballos alzados de los establecimientos
cristianos,[222] que recobraban en aquellas pingües y solitarias dehesas su
ferocidad é independencia primitivas bajo la denominacion de baguales.
Leyendo en el único libro que queda de la historia de esas pobres razas
perseguidas, y extintas muchas de ellas, cuyas pájinas se componen de los
nombres propios de las localidades, hay motivo para presumir que en las
actuales jurisdicciones de Catamarca y la Rioja existió una raza que poseia un
idioma peculiar, pues los nombres terminados en gasta y en gala que allí son
frecuentes como sinogasta, adalgala no corresponden, segun lo que podemos
nosotros alcanzar, á la lengua del Perú ó quichua.
La história ha conservado el nombre de la nacion que poblaba en tiempo de
los conquistadores las provincias denominadas de Cuyo, que son Mendoza,
San Juan y San Luis. El P. Jesuita Ovalle, consagra en su historia de Chile
algun capítulo á esa nacion que se llamaba de los Guarpes, y de cuya lengua
escribió su arte y compuso su vocabulario el P. Valdivia, famoso misionero de
la Compañia de Jesus, segun le afirma el mismo historiador Ovalle.
El Entre-Rios y Corrientes estuvieron indudable[223]mente ocupados por las
tribus de la gran nacion Guaraní, cuyo idioma se habla actualmente por la
mayoria de los habitantes civilizados de la segunda de aquellas provincias
argentinas, lo mismo que sucede en el Paraguay. Los guaranis que eran
emigrantes como pocas naciones indíjenas no atravesaron con sus aduares
lengua y costumbres á esta parte del Paraná, sin duda detenidos por el ancho
de este rio al acercarse al Plata[15]. Sin embargo el gran ángulo formado por el
cabo de San Antonio en este rio, que es de parte de tierra sumamente
pantanoso, lleva el nombre Rincon del Tuyú que significa barro en la lengua
guarani, lengua que denominaba las cosas, como Caldas observa de la
quichua, describiendo algunas de las principales propiedades del objeto
denominado.
Este es el único rástro guaraní que sobresale en la nomenclatura topográfica
de la tierra firme de la provincia de Buenos Aires. Varios de los riachos
formados por el Paraná al incorporarse al Plata, mantienen muchos de ellos
sus primitivos nombres guaranís, como el cané, por ejemplo, que
significa tortuoso y al cual llaman los espa[224]ñoles de las nueve vueltas,
justificando la propiedad del sustantivo-adjetivo indíjena.
Las líneas que quedan escritas son unos cuantos rasgos lijerísimos sobre una
materia que seria curioso aclarar y sobre la cual debe fijarse en adelante le
atencion de los viajeros sábios que visiten estas rejiones. El Sr. d’Orbigny ha
señalado el primer rumbo en la carta etnográfica que acompaña á su obra
sobre el hombre de la América meridional; pero él se ha contraido únicamente
á las principales razas conocidas, dejando los detalles para los que hayan de
sucederle en las investigaciones mas prolijas de esta misma naturaleza.
JUAN MARIA GUTIERREZ.

[225]

A CONFEDERAÇAO DOS TAMOYOS, POEMA POR DOMINGO


GONSALVES DE MAGALHAES

(Rio Janeiro en casa de Paula Brito, impresor de la corte. 1856. 1 v. fol. men.
de 340 pags.)
....Se siente ondear como á manera de un perfume de flores de la India en
ese poema escrito bajo el cielo del trópico. Los dulces acentos de su
melancolia en nada han alterado los fenómenos; y al dar el arte mayor poder á
las impresiones sabe añadir grandeza y exactitud á las imágenes como le
acontece toda vez que ocurre á fuentes puras.
(A. DE HUMBOLDT, hablando de la grande epopeya de los portugueses.)
Los indios Tamoyos fueron para la ciudad de Rio Janeiro, lo que los
Querandies para Buenos Aires,—los primitivos y denodados habitantes de la
tierra en que el conquistador europeo plantó la cruz afianzándola con la
espada.
No hay americano dotado de sensibilidad y de fantasia que al hojear las
crónicas y leyendas patrias no sienta fraguarse en su cabeza el poema animado
de aquellas luchas en que se cruzaba la espada y la macana[16], la bala del
mosquete[226] y del arcabuz con la flecha armada del colmillo de un yaguar,
del hueso de un yacaré ó del fragmento de un pedernal aguzado á fuerza de
paciencia. La inocencia iba desnuda por una parte, sin mas loriga que una
musculatura que raza alguna puede mostrar mas consistente, y por otra la
estrategia y la disciplina militar se presentaban revestidas del acero de las
cotas de malla. Los unos tenian á su servicio el rayo de los cañones; apenas si
los otros podian disparar con mal amaño algunos haces de arbustos
encendidos en el estremo de sus flechas para destruir las tiendas de campaña
que se han convertido en ciudades.
Algunos americanos del habla española, durante el gobierno metropolitano,
emprendieron escursiones de mal éxito en ese campo seductor. Saavedra
Guzman cantó las hazañas de Hernan Cortés desde su arribo á las costas
mejicanas hasta la aleve prision de Guatimozin. Pedro de Oña, nacido bajo la
tienda de un conquistador, ha cantado las mismas proezas que dieron á Ercilla
una celebridad tan persistente. Peralta Barnuevo, bajo el[227] título de Lima
fundada compuso mil ciento cuarenta octavas, para decantar toda la historia
del descubrimiento y sujecion de las provincias del Perú por el marqués de los
Atabillos.
Estos poemas impresos por primera vez en 1599, 1605 y 1732, fueron
compuestos bajo influencias poco favorables al aprovechamiento de la
abundante cosecha de poesía verdadera y orijinal que presentaban sus asuntos.
Los autores de esos poemas, á pesar de su oríjen indijena, se apasionaron mas
que el mismo autor madrileño de la Araucana, de los héroes castellanos,
dejando sin relieve la constancia de los naturales en la defensa audaz, y
paciente al mismo tiempo, del suelo patrio. Tampoco acertaron á interesar la
sensibilidad del lector con los inauditos é inmerecidos padecimientos de los
desventurados moradores de este nuevo mundo, condenados por la fatalidad
de leyes inmutables y ajenas al criterio humano, á abonar con sangre y con
sudores de muerte el terreno en que la Europa habia de establecer la
civilizacion cristiana.
En esas largas epopeyas, dignas no obstante de ser leidas, no hay que buscar
la perspectiva artística ni el fond[228]o natural del paisaje, en cuyos primeros
planos se agrupan ex-abrupto los personajes y se traman y desenvuelven las
escenas de dramas siempre bélicos en cuyo desenlace es casi siempre seguro
el exterminio de una tribu y la desaparicion de un idioma. A veces la buena
intencion amanece en el espíritu de los autores y esperimentan como una
vision confusa de la magnificencia de la naturaleza vírjen y de lo pintoresco
de las costumbres y usos primitivos. Pero, ni esa yntension es
perseverantemente auxiliada por la voluntad, ni la vision llega á tomar cuerpo
bastante para que se aperciba bien. De manera, que, esos poemas, por lo
jeneral, parece que tuviesen por teatro el vacío, y que sus héroes, que tan
recios mandobles se regalan, fuesen creaciones osiánicas de aquellas que
escojen la rejion de las nubes para campo de sus batallas fantásticas.
Es verdad que Peralta, imitando sin duda á alguien, forma en verso la
nomenclatura descriptiva de los frutos y flores peculiares á los climas
tropicales del Perú, sin olvidar la granadilla ó pasionaria en cuyos pétalos vé
con los ojos de una fé sencilla y sincera los instrumentos del mas santo de los
martirios. Pero al consagrar un canto especial á esta materia, la separa y aisla,
siguiendo el método científico de los historiadores jesuitas de América que
destinan un libro aparte á sus crónicas, á los productos, maravillas y
fenómenos de[229] la naturaleza; algunas veces bien mal observados y peor
descriptos, sea dicho de paso.
Aunque el poeta verdaderamente inspirado, inventa, y se adelanta á los
preceptistas y dá á estos la materia para que por ella sientan y deriven sus
reglas y establezcan la disciplina literaria de la composicion, del gusto y del
estilo; aunque el arte antiguo, fuente eterna y perenne de la verdadera y sabia
inspiracion, pudo haber dado á los adeptos de su escuela medios suficientes
para sacar todo el fruto que les brindaba la orijinalidad del nuevo
continente,—sin embargo, así como el descubrimiento de la cuarta parte del
mundo fué reservado al siglo XVI (siglo de grandes novedades) así parece
reservado al presente, en que la humanidad ensancha tanto sus fuerzas, el
conocimiento completo de los ricos mineros que para la imajínacion y el arte
encierra este suelo tan querido y risueño. El jénio apenas si ha comenzado su
explotacion; pero ha dado ya los primeros pasos, y en esta como en toda ruta
desconocida el señalamiento del rumbo es casi una prenda de seguridad para
el acierto y realizacion de la jornada.
La América necesitaba emanciparse para tener conciencia de si propia. El
astro de la monarquía señalaba la direccion en que habian [230]de jirar las
plantas vivaces y jugosas que brotaban entre nosotros en el terreno de la
intelijencia. La antigüedad y la superioridad de las escuelas; la mayor y mas
próxima proteccion al injenio, la facilidad para instruirse y para producir por
la prensa, redujeron por largos años á los hombres estudiosos de América á la
humilde condicion de pupilos de los peninsulares, precipitándose con la
exajeracion que es natural, por el lamentable despeñadero abierto por el
gongorismo y por los cultos al abatimiento de las letras españolas. Cuánto
talento, cuánta erudicion, cuántas bellísimas dotes han malgastado los
antiguos americanos en escribir versos hinchados y prosa tan inflada que no
resistirian á la picadura de un alfiler! Y sin embargo, cuánta perla de buen
oriente podria hacer brillar al sol el paciente erudito que de entre aquella
lobreguez de mal gusto estrajese lo que es pena que permanezca en olvido!
Aquel meteoro social que en el segundo lustro de este siglo cundió por las
colonias españolas y electrizó las almas, fué una verdadera ráfaga de luz
celestial. Llovieron tambien entonces lenguas de fuego sobre cabezas nuevas é
ignoradas, y comenzó la conquista de la doctrina democrática y de los justos
derechos del individuo, por medio de la espada de los héroes improvisados y
de la palabra de los oradores y poétas que de nadie habian aprendi[231]do el
arte de conmover, y de avasallar las voluntades.
El nombre de Olmedo se asocia perdurable al del vencedor en Junin, como
se asociaron mas tarde los de Lafinur y de Belgrano, de Luca y San Martin, de
D. J. C. Varela y de Alvear. Fernandez Madrid emplea las formas de la elejía
antigua para avivar el resentimiento de la opresion y el espíritu de
emancipacion, presentando cuadros patéticos de los padecimientos de aquel
Inca cuya empinada estatura no alcanzó á saciar la codicia de oro de sus
vencedores y se hundió en el sepulcro con todo su imperio y sus códigos.
Heredia desde las alturas monumentales de Cholula se engolfa en sublimes
meditaciones sobre las jeneraciones y pueblos desaparecidos de sobre el suelo
de Anahuac; llora en el destierro la ausencia del sol tropical de su cuna;
traslada al verso las magnificencias del Niagara, y se convierte sin sentirlo en
creador inspirado de un jénero de literatura americana en la cual, entre
nosotros, es el Sr. D. José Marmol su succesor y rival en este torrente de
armonías y de reflejos de rubíes y diamantes que él ha llamado El Peregrino.
En las obras firmadas con estos nombres, y en[232] otras que no es del caso
mencionar, se halla la solucion práctica de esta cuestion tantas veces
planteada: existe, es posible una literatura americana?
Seria largo transcribir todo lo que en crédito y elógio de nuestros injenios
anteriores á la revolucion han espresado los literatos peninsulares. Nos
limitaremos á citar unos cuantos entre los eminentes escritores estranjeros
que, de paso, han resuelto afirmativamente aquel problema.
«La raza criolla, dice M. de Sainte-Beuve, parece creada para darse al canto,
y á los sueños de la fantasía.»—«Resplandeciente de juventud, la América
debe concebir pensamientos tan nuevos y flamantes como ella..... En aquellas
comarcas mimadas sin tasa por la naturaleza, el pensamiento debe
ensancharse á par del espectáculo que ante él se ostenta..... La América debe
permanecer ajena á toda imitacion y solo la cuadra tomar por guía á la
observacion propia.»—De esta manera se ha expresado un historiador frances
de la literatura brasílica. Cuando el jenio de águila de Humboldt, en su mas
reciente y notable produccion, examina la parte que ha cabido á la pintura de
paisage en los progresos del estudio de la naturaleza, ha estampado los
siguientes líneas que parecen dictadas al pincel del artista por la observacion,
esta gran reveladora de las verdades: «Existen en la América del sur, (leemos
en el Kosmos) populos[233]as ciudades que se alzan hasta cerca de 13 mil pies
sobre el nivel del Oceano. La vista descubre desde aquellas alturas toda la
variedad de vejetales que proviene de la diversidad de los climas. Cuanto no
debemos esperar de los esfuerzos del arte aplicados á la naturaleza, cuando
desapareciendo la discordia y reinando las institucionos libres se despierte en
aquellas rejiones el sentimiento del arte!» Ut pictura poesis.
El viejo mundo espera las revelaciones del nuevo en los fenómenos de la
imajinacion, del sentimiento y del estilo, y es en este concepto que M.
Augusto de Saint-Hilaire, examinando una obra americana de ciencia y de
erudicion, dijo no ha muchos años: «Tambien ellos (los hijos de América)
tienen mucho que enseñarnos.»
Sin mengua de mérito alguno, sin desvirtuar los esfuerzos anteriores
espontaneos, ó premeditados, para dar color nacional ó indijena á las
producciones de la fantasía, puede asentarse como príncipio jeneral que, hasta
la época en que aparecieron las doctrinas y las obras llamadas románticas, ese
color no ha sido subido ni intencional de veras en los poetas sud-americanos.
D. Estevan Echeverria es el primero entre los nuestros que emprende la
pintura de la fisonomia poética del desierto, colocando en la vasta soledad
de[234] la pampa dos seres de su invencion, seres que al mismo tiempo son
reales por los hábitos, por las escenas en que son actores y por los
sentimientos de la sociedad que reflejan.
La Cautiva señala una época notable en las letras del Rio de la Plata y
establece un punto nuevo de partida á nuestra novel y escasa literatura poética.
La marcha que de la poesia española en América hemos tratado de trazar en
pocos renglones, es en gran parte la misma que han seguido las producciones
de la musa en la parte de nuestro continente que habla y escribe en portugues.
Con la diferencia única que habiéndose conservado la unidad nacional en el
imperio, no ha habido alli dispersion en la familla de los poetas anteriores á la
emancipacion, formando todos un Parnaso mas numeroso, mas homojeneo y
tambien mas característico.
Santa Rita Duráo que canta las aventuras de Diego Alvarez, el hijo del
trueno y dragon de los mares, pertenece al siglo de Peralta, y
su Caramurú puede hacer juego en sus bellezas y lunares con el poema
de Lima Fundada. Entre la aparicion del Caramurú en 1781 y la del poema
titulado el Uruguay, digno de la atencion de los lectores argentinos bajo
muchos respectos, puede colocarse un gran número de producciones de la
musa brasilera á las cuales como á las nuestras de aquellos mismos
tiempos[235] es aplicable el juicio que hace de ellas el ilustrado autor de
la historia de la poesia y de la lengua portuguesa, al frente del Parnaso
lusitano[17]. «Cierto es (dice) que las majestuosas y nuevas escenas de la
naturaleza de aquella vasta rejion debieran haber dado á sus poetas mas
orijinalidad, mas variedad en las imájenes, en la espresion y en el estilo. Pero
debe tenerse en cuenta para su descargo que el espíritu nacional fué apagado
en esos injenios por la educacion europea: manifiestan como á manera de
recelo de mostrarse americanos; de donde proviene cierta afectacion é
impropiedad que desluce sus mejores cualidades.»
Pero donde el sincronismo histórico entre una y otra literatura viene á
ponerse de bulto, es cuando se personifican en D. Estevan Echeverria, y en el
Sr. Magalháes autor del poema cuyo título encabeza este escrito.
El Sr. Magalháes nació en el suelo pintoresco de Rio Janeiro y recibió una
educacion literaria apropiada al sano desarrollo de las dotes intelectuales que
debia á la naturaleza. Los autores que primero manejó, fueron los que en un
tiempo no muy distante se apellidaban clásicos como por escarnio. Los poetas
é historiadores de aquellas dos fecund[236]as y seductoras literaturas que
envueltas en el sudario oscuro de sus muertos idiomas reviven con cada
jeneracion, cada vez mas brillantes y mejor comprendidas, abrieron las puertas
de la orijinalidad al Sr. Magalháes. Él no hubiera podido llegar á ser
innovador y á señalar nuevas rutas, si no se hubiese robustecido con el estudio
de aquellos maestros: ellos enseñan por donde y como se llega á la fuente de
toda poesía que es la naturaleza, en las cosas, y en el hombre, en las
profundidades del alma y en esa region de los meteoros de la luz y de colores
que se llama la fantasía.

El Sr. Magalháes apareció como Echeverria cuando menos se le esperaba,


trayendo como este el sentimiento, el colorido, la melancolia y el perfume
relijioso que traspiran en las composiciones de Chateaubriand y de Lamartine.
El libro con que se hizo notar el Sr. Magalháes titulábase—Suspiros poéticos
e saudades; portada bien significativa para preparar al hallazgo de las dulces
penas y de las nobles esperanzas encerradas en aquellas pájinas aplaudidas del
público y hábilmente apreciadas en su tiempo por escritores de nota como
Evaristo Ferreira y el vizconde de Cayrú. Echeverria denominó consuelos á la
primera coleccion de poesías que publicó en 1834. «He denominado
así[237] estas fugaces melodías de mi lira, decía el autor en una nota, porque
ellas divirtieron mi dolor y han sido mi único alivio en dias de amargura. Ellas
pintan en bosquejo el estado de mi ánimo en una época funesta».....
Los Consuelos eran el canto de la resurreccion penosa de una alma que casi
había naufragado para siempre. Los Suspiros Poéticos salvaron á su autor á
las puertas ya del sepulcro sembrándole de agradables perspectivas para lo
futuro el tiempo de su convalescencia. «Moribundo estaba, dice Magalháes,
cuando mis amigos los mandaron imprimir para consolar el último crepúsculo
de mi existencia.
Querian adormecerme el alma y volverla á la vida. Lo consiguieron, y este
libro fué mi salvador.»
El Sr. Magalháes recobró sus fuerzas para emplearlas en nuevas y mas
sérias tareas: escribió varios dramas, el Olgiato, Antonio José, Mazanielo etc.,
y cooperó como secretario del ilustre Baron de Caxias á la hábil pacificacion
de Rio Grande, trabajo en que no brilló menos la discrecion que la clemencia,
únicos remedios heróicos para curar las heridas causadas por las armas de
hermanos cuando se vuelven unos contra otros por instigacion del infierno.
Dice á favor del juicio y del carácter del Sr. Magalháes el haber
contrib[238]uido á que se procediese de una manera jenerosa en una querella
de familia. Eso es amoldarse á los consejos de la historia, mostrar una política
profunda y comprender bien la índole de la filosofía que preside á la direccion
de los hechos y de las costumbres del siglo. Cuando el Cristo vino á redimir el
mundo de las pasiones paganas traia en los dos brazos de su cruz estas
palabras: caridad, perdon; palabras que supieron fecundar unos humildes
pescadores, pero que no han sido comprendidas por el orgullo de algunos
sabios.
El arjentino autor de los Consuelos se vió precisado á abandonar sus bienes
de fortuna y su pais al dia siguiente de haberle dotado con la segunda edicion
de aquellos cantos tan nobles y armoniosos, y fué á morir prematuramente en
tierra estraña en medio de una lucha civil encarnizada cuyo término no podia
preveer. Su lira de paz sonó dos veces en el estranjero para llorar la sangre
inocente y la mala estrella de sus compatriotas, en los campos del sur de
Buenos-Aires y en la victoria de Oribe, cuyo botin fué la cabeza de
Avellaneda presentada oficialmente á Rosas. El último éco que escucharon
sus oidos no fué el de la voz de sus amigos, casi todos dispersos, sino el del
cañon del asedio de la nueva Troya. El pasó su vida en esa árdua tarea que
consiste segun la espresiva idea d[239]e un poeta francés en faire un avenir á
sa tombe. Y sin embargo sus restos no descansan al lado de sus padres, sino
en un rincon estranjero y olvidado.
Antes de entrar al lijero anális que nos proponemos hacer del poema del Sr.
Magalháes, queremos fijarnos un momento sobre su dedicatoria al emperador.
Nos llama la atencion esta dedicatoria, por que al poner un poéta una
produccion suya en manos de un monarca, necesita para no pasar por lisonjero
fundar su predileccion en razones que honren al autor y al Mecenas. No es el
súbdito rendido, ni el cortesano de vértebras flexibles quien se inclina con
aquella admiracion rastrera que tanto afea las pájinas primeras de muchos
buenos libros, sino el hombre que halla en el monarca las calidades que exije
para sus amigos. La dedicatoria del Sr. Magalháes es la noble accion de un
ciudadano libre pero agradecido y la espresion razonada de ese mismo
agradecimiento. Bajo las formas cultas y pulimentadas con el roce social
puede haber tanta independencia democrática como en las declamaciones
de Bruto en la trajedia filosófica. «No es la gratitud del individuo, dice el
poeta á su soberano, sino el sentimiento patriótico de reconocimiento por la
justicia y el amor á las instituciones libres que distinguen á V. M. lo que me
induc[240]e á ofrecerle este trabajo literario.»
Y para que nadie pueda tacharle de inexacto hace la siguente reseña de las
conquistas alcanzadas por el Brasil en el terreno fundamental de la
civilizacion, bajo el ala de la buena índole del monarca. “La instruccion
pública propagada y protejida (añade), la entera libertad de imprenta, la
independencia de la tribuna y la libertad de los cultos, los puestos públicos
abiertos á todos los talentos y capacidades, las trabas del comercio rotas, todos
estos grandes bienes y los que de ellos necesariamente se derivan, están ahí
para presentar al Brasil como una nacion constituida con arreglo á la dignidad
de la naturaleza humana, y conforme al dictamen de la razon ilustrada y de la
buena política, y para dar al mismo tiempo de V. M. I. una idea al mundo de
un principe perfecto, contraido esclusivamente á promover la felicidad de su
pueblo.”
Nuestro Echeverria hubiera buscado en vano (en su tiempo) en toda la
estension que abarca en América el habla española un magistrado protector de
la instruccion, respetuoso por la dignidad del hombre, á quien manifestarle su
gratitud de patriota asociando su nombre duradero de poeta al del mandatario
digno de estima y de fama. Hubiér[241]ale buscado sin fruto. Por eso en la
primera edicion de los Consuelos cada composicion está dedicada á uno de
sus amigos íntimos, su Elvira al Dr. D. José M. Fonseca; la Cautiva á nadie;
el Avellaneda al tucumano que mejor habia pintado el paraiso argentino. En la
nobleza de sus ideas no cabia sino la indignacion contra los mandones
voluntariosos ó los indolentes é ignorantes administradores que las pasiones
sublevadas ó las nociones torcidas sobre el uso del derecho de elejir, levantan
al poder para rémora del verdadero progreso.
Entremos á dar una idea del poéma de que nos vamos apartando.
Acosados de las repetidas invasiones de los lusitanos, se confederan los
Tamoyos. Estos valientes descendian de la raza de los Tupis, pero no vagaban
errantes por los desiertos como los feroces Aimores. Eran los Tamoyos dados
á la poesia y al canto, y estaban persuadidos de que la armonía de sus
gargantas les era comunicada por las aguas puras del Carioca. Poetas y
músicos, eran altivos al mismo tiempo que tratables. Las diversas tribus de
que se componia aquella nacion ocupaban el vasto espacio comprendido entre
las altas sierras de los Organos [llamadas asi por su aparente configuracion] y
las orillas del mar. Adoraban un[242] Dios cuya voz para hacerse escuchar de
los hombres era el trueno. Los payés eran sus sacerdotes, ministros de Tupan.
Respetaban como á Gefe al que mas se señalaba entre todos por el injenio y la
fuerza.
Aimbire, amaestrado desde la niñez, á disparar la saeta con acierto, asi
derribaba al yaguar en las breñas de las montañas como al mas pequeño
pajarillo en el aire. Robusto, audaz, elocuente, Aimbire acaba de ser
proclamado caudillo principal de aquellas tribus que se aprestan á castigar á
sus opresores. Ceñida trae la cintura con un largo y airoso tejido de plumas
encarnadas y azules. Desde el cuello desciéndele formando vueltas, hasta
cubrirle el pecho, un collar formado con los dientes de sus enemigos vencidos,
y la piel verdinegra y escamosa de un yacaré jigantesco, muerto por sus
propias manos, es el manto con que se cubre las espaldas. Una hacha formada
á modo de sierra con colmillos de onzas es el arma mortal que levanta en su
diestra. Descansan en sus hombros una ancha aljaba y un arco tan pesado que
aun cuando él le maneja como un juguete de niño no bastarian á cimbrarle las
fuerzas de dos atletas. Una diadema de plumas refuljentes como rayos del sol
ciñe sus sienes y es la prenda del amor d[243]e Iguazú, su bella prometida para
despues de la guerra.
La pátria y el amor se disputan el corazon de Aimbire; la recompensa de su
victoria será la posesion de la mas hermosa mujer de su raza. Habíala
conocido el gefe Tamoyo en una situacion verdaderamente romántica.
Recorriendo las tribus para provocar el alzamiento vá en busca del anciano
Pindoburú, de cuyo brazo y consejo necesita. El Nestor del desierto acababa
de enterrar á su hijo muerto á manos de los cristianos. Los hermanos y
compañeros de la víctima, cabizbajos y llorosos acarrean toscos pedazos de
piedra para levantarle un monumento, y el cacique sentado junto á la fosa,
absorto en su dolor, apoya una de sus manos en la cabeza de su hija que
solloza reclinada sobre las rodillas paternas. Esta mujer que llora y padece es
Iguazú, de quien Aimbire se aficiona, seducido por sus gracias y su virtud.
Puede decirse que el poema del Sr. Magalháes es la historia de estos dos
hijos de la naturaleza que nunca llegarán á ser esposos y para quienes no habrá
tranquilidad ni patria. Esta idea del poeta es acertada. Haciendo pasar á estos
dos interesantes personages por todas las visicitudes de la guerra y de las
modificaciones ocasionadas en torno de ellos por la civilizacion y la relijion
cristiana qu[244]e adelanta su conquista, ha logrado mantener cierta unidad de
accion de que careceria una obra cuyo carácter es descriptivo y concebido con
la idea de idealizar algunos rasgos aislados de las costumbres primitivas,
trazadas sobre el fondo pintoresco y sublime de una naturaleza que dejará
siempre atras al pincel mas diestro y á la poesia mejor inspirada. De este
modo aumenta tambien el interés del lector porque es propension humana
tomar mayor parte en los dolores individuales que en las catástrofes colectivas
por grandes y célebres que sean los pueblos ó asociaciones de hombres que las
esperimenten. En medio de las llamas de Troya no distinguirá la posteridad
sino á la familia de Priamo, y uno de los cuadros mas patéticos de la epopeya
antigua será siempre el que presenta el hijo de Anquises seguido de su esposa
y doblado bajo el peso de sus penates.
Hemos visto ya quien era Aimbire; veamos ahora bajo que aspecto se nos
presenta su querida.
El ejército de los Tamoyos está en marcha: es la madrugada. Los guerreros
sacuden las cabezas emplumadas para espantar al sueño y la pereza,
remedando un campo sembrado de cañas silvestres que se erguien, pasado el
viento que las dobló. Sobre la cumbre de una eminencia, Iguazú,
contempl[245]ativa, derramando en ondas fluctuantes el cabello, vé
desaparecer á lo lejos aquel ejército al que van incorporados sus deudos y á
cuyo frente camina Aimbire. Ya trepan una colina, ya descienden á un
precipicio, finjiendo los guerreros á la distancia arbustos débiles en medio á
los robustos troncos de la selva. La melancolía la tiene aprisionado el corazon.
En los verdes ramos de un árbol inmediato, el saibá, el ruiseñor del Brasil,
modula canciones de amor y de dulces recuerdos.—“Canta, la dice entonces el
poeta, canta, vírjen del bosque, vírjen de ojos negros, bella Iguazú. El canto
que desde el alma se levanta al cielo, mitiga inmediamente las angustias del
corazon que llora. Acompaña al dulce saibá que te convida.”
La hija del desierto prorrumpe en estas endechas:
Vedme aqui sola de mi padre ausente,
ausente del querido bien amado;
como tórtola viuda solitaria
en desierto arenal su mal llorando.
Hasta hoy estaba de mi padre al lado,
Al lado de mi amante .... ambos huyeron,
Como veloces ciervos de la selva:
[246]
mi dicha pasó ya:—soy desgraciada.
Los ecos respondieron: ¡desgraciada!
Desgraciada! y aun vivo? ir á la guerra
en compaña del padre y del amante,
escucharles la voz y acariciarles,
y á par de ellos morir, mas me valiera.
Y el eco respondió: mas le valiera!
Oh jénios que poblais grutas y valles,
jénios que contestais á mis acentos,
id y al amante murmurad al oido
que esta su ausente de tristeza muere.
Los ecos repitieron: muere! muere!
Esta última palabra resonó largo tiempo. La jóven suspendió su canto y
repitió en voz baja el estribillo de los ecos como si la asaltara algun
presentimiento. Enjuga sus negros ojos cansados de llorar; pero vuelven á
brotar las lágrimas que le caen como lluvia de perlas sobre el seno tostado, asi
como gotea abundante la linfa pura de la hendida Taboca. El saibá se
entristeció al oirla modular quejosas é interrumpidas notas, y como si
obedeciese á un mandato secreto apagó sus trinos. Tal vez juzgándose
vencido, hizo silencio para aprender nuevas armonias; no pudiendo rivalizar
con la voz de aquella criatura humana. “Quien presume conocer bastante
(observa el poeta) los instintos [247]de semejantes seres y los misterios
íntimos de la vida, para afirmar ó negar estas apariencias”?
Parece que en este rasgo tradujese el Sr. Magalháes aquellos conocidos
versos del epílogo de la Cautiva:
Quizá los sueños brillantes
De la inquieta fantasia,
Forman coro en la armonia
De la invisible creacion.
La espedicion de las tribus reunidas de los Tamoyos, como se vé, comienza
bajo la influencia de presentimientos funestos. Nos hemos detenido en ella
porque pone de manifiesto el tinte de melancolía y de sensibilidad que
constituye el fondo de la poesia del autor, sin dejar por eso de dar toques
enérjicos á sus demas cuadros en los lugares que lo exige el efecto. Por
ejemplo; los tamoyos forman un campamento en donde se sirven manjares
silvestres y licores y se discurre sobre las operaciones militares que deben
acometerse y en donde, en fin se alientan recíprocamente á la constancia y al
valor por el recuerdo de sus derechos á la voz elocuente de sus caudillos, de
sus sacerdotes y vates, entre quienes se distingue Coaquira. Con este motivo
se ensaya en imitar los caracteres y elementos de la[248] oratoria primitiva y
salvage de los cantos de guerra de que toda tribu americana estaba dotada. Hé
aquí esos pasages, y como se desempeña el autor: usamos del verso para
acercarnos en lo posible á los efectos rítmicos del orijinal:
.... Reina el silencio. Coaquira entonces
Sobre una prominencia se levanta
Para que le oigan todos y le vean,
Y la punta del arco clava en tierra.
Un albo vaso de enemigo cráneo
De licor espumoso rebosando
Lleva al labio, y apura: de improviso
Sacro fuego devora sus entrañas:
Inflámanse sus ojos círcuidos
De una aureola de sangre; como espinos
Sobre su frente críspanse sus canas;
Crujen sus dientes, hincha las mejillas,
Dilátase su pecho, y se estremece
Como á los calofrios de la fiebre.
Plácida resplandece en quieto cielo
La luna cuya lumbre baña el rostro
Con albor macilento al indio vate,
Mientras con esa luz contrasta el rojo
Resplandecer de las hogueras que arden.
Apenas si interrumpe allí el silencio
[249]
El blando soplo de nocturnas auras
Que estremecen las hojas murmurando.
Sacro horror de los pechos se apodera
De cuantos allí están. Remeda el bardo
Fantasma aparecida en un ensueño,
Ó maléfico génio que se antoja
En solitaria noche al peregrino.
Despavoridos ojos por el campo
Vibra, y despues en el cenit los clava.
Levanta hácia los cielos ambos brazos
Y con potente voz, ronca, espantosa
Entona así su cántico de guerra:
«Gloria, gloria á Tupan, su voz resuena
Desde la choza erguida en la montaña
Hasta la oscura cueva de las fieras.
«El cielo es de Tupán, la tierra es nuestra;
Con sangre la regaron nuestros padres
Y nos toca morir para vengarlos.
«Fueron nuestros mayores el azote
Del terrible aimoré que carne viva
Devora, y bebe nada mas que sangre.
«De qué nos sirve el brazo, el arco y flechas
Si el fiero portugués impune huella
Nuestra tierra y cautiva nuestros hijos?»
[250]
Danza veloz emprenden los Tamoyos
En torno de Coaquira repitiendo:
«El cielo es de Tupán, la tierra es nuestra.»
En nueva inspiracion arde la mente
Del bardo de la tribu y continua:
«Tal vez es esta noche la postrera
Que presencie en algunos de nosotros
La luna el inocente pasatiempo.
«Cuando mañana el sol dore el racimo
De las palmas del monte, ya marchando
Le hemos de saludar todos armados.
«Bebamos y danzemos en compaña
De nuestros hijos y mujeres hora,
Que solo en guerra es de pensar mañana.
«Tupán es con nosotros! En la sangre
enemiga lavemos nuestro oprobio,
y que yazcan sus cuerpos insepultos.
«Repúdielos la tierra de su seno;
que negros urubús pasten sus miembros;
y muera el que piadoso toque á ellos.
«De heredado valor, ejemplo nuevo
demos á nuestros hijos. Muera el flaco
que no sepa vengar al deudo muerto.»
[251]
Cesa el Tamoyo trovador y en tierra
cae arrobado en éxtasis. En torno
de él la tribu se ajita, danza y canta:
«El cielo es de Tupán, la tierra es nuestra.»
La propiedad de estas escenas y su naturalidad saltan á la vista. Aquí no hay
imitaciones de los cantos de los bárbaros de uno y otro mundo, poetizados por
Chateaubriand en los Mártires y en los Natches. Es una poesía
verdaderamente orijinal y americana: sin conocer probablemente la Cautiva,
el Sr. Magalhaes, ha empleado en su himno guerrero algunas pinceladas
idénticas á las que empleó Echeverría poniendo en boca de
un pampa inspirado por el licor la valiente estrofa que sigue:
Guerra, guerra y esterminio
al tiránico dominio
del huinca;—engañosa paz:—
devore el fuego sus ranchos,
que en su vientre los caranchos
ceben el pico voraz.
Hacemos estos paralelos con el objeto de mostrar que puede tomar
caracteres especiales la poesía en América, esplotando con inteligencia sus
verdaderas fuentes.
[252]
Entre las dificultades de la empresa de los Tamoyos debe contarse el
desaliento de los guerreros mismos de quienes se apoderan á veces los
sentimientos supersticiosos inspirados por sus sacerdotes. En medio de la
noche aparéceseles el Payé trayendo en el estremo superior del arco un cráneo
blanquecino por cuyas huecas órbitas reboza la luz de la resina ardiendo.
Parece una momia animada que surjiese del centro de la tierra. Sobre sus
huesos descarnados se pega macilenta y rugosa una piel semejante á la corteza
de un tronco añoso. “Huid, Tamoyos mios, les dice, huid. Dejadles las
márgenes deleitosas de Nitheroy que ellos tanto envidian y en donde
pretenden á costa vuestra apacentar su ocio y levantar ciudades con el trabajo
de vuestros brazos .... Huid y sereis libres, que todo es nada en comparacion
de la libertad. Sacad únicamente de esta tierra, que no puede ya llamarse
vuestra, los huesos de vuestros padres para que no los profane el pié de tan
feroces enemigos!....”
Copiemos del poema otra bellísima escena que servirá para caracterizar los
sentimientos de Aimbire. El sol se pone; el héroe vá acompañado únicamente
del hermano de su querida Iguazú.
¿Adonde van silenciosos uno en pos de otro esos[253] dos bultos de porte
agigantado y de tostado cútiz, que parecen al claro de la luna dos jénios
nocturnos? siguen la márjen de un rio.—Aimbire, en que piensas, le pregunta
Parabusú, estamos todavia distante? Aimbire levanta los ojos á los luceros de
la constelacion de la cruz del Sur, y bajándolos lentamente: no, le responde,
solo nos faltan unos pocos pasos,—llegaremos al salir el sol.—Mucho antes
de la aurora; cuando la luna brille en la mitad del cielo .... ya estamos cerca—
No oyes un rumor?—Si, es el rio que se despeña en cascadas.—No
equivocarás el sitio?—Bien presente le tengo; paréceme que estoy viendo
todavía á mi anciano padre recostado al tronco de un gran árbol que entre
otros mas pequeños se levanta á la márgen de la corriente.—Existirá aun? No
habrá sido devorado por el fuego europeo? Suspira Aimbire y no replica.
Reina entre ambos el silencio por algun tiempo, hasta que Parabusú le
pregunta con calma: en que piensas, Aimbire?—Y tú?—Y ambos á un tiempo
pronuncian el nombre de Iguazú. Pensaba en ella, continúa Aimbire;
pareciame que la oia, que me llamaba por mi nombre con voz tan ahogada y
sentida que me llenaba el pecho de pavor y de pena.—Y á mí pareciame, le
dice el amigo, que la veia caer en manos de nuestros fieros enemigos.—Calla,
Parabusú, ¿que te atreves á decirme? No mas: e[254]sos recuerdos me
horrorizan. Ah! cuando tendrán fin nuestras desgracias? Mucho hemos
sufrido, y el corazon me dice que mucho mas hemos de padecer aun. Que
torrente de males han descargado sobre nosotros esos hombres crueles que nos
han puesto en la alternativa de una guerra cruenta ó de una dura esclavitud!
Ah! no, tu no sabes lo que es ser esclavo! no ser dueño de si mismo; vivir sin
honra, dormir y despertar por voluntad agena; obedecer callando con rostro
complacido; sufrir sin quejarse; comer con lágrimas; trabajar, trabajar al sol, á
la lluvia, para que el amo viva abundante y tranquilo! Ah! tú no sabes lo que
es ser esclavo; yo sí. Cuando pienso en esto me abrasa la ira........ Mi padre;
desgraciado! murió en la esclavitud: si vivo es para vengar tamaña infamia.
Ellos me la pagarán con un mar de sangre. Asi pudiesen rodar sus cadáveres
hasta las playas de donde zarparon, que entonces arrojaria al mar sus
cadáveres para que llevasen nuevas de nosotros á sus hermanos y amigos!
Discurriendo de esta manera llegaron á un valle cuyo suelo estaba sembrado
de troncos envejecidos de árboles corpulentos que el hacha y el fuego hadian
derribado con trabajo para proporcionar al hombre un alimento mezquino. Un
hermoso yatai,[255] herido en la raiz, cediendo á su paso, caia sobre el rio
formando una puente rústica y peligrosa. Pasan ambos por ella, Aimbire
reconoce el lugar apesar de los multiplicados y empinados árboles caidos en
tierra. Vaguea con la vista por aquellos troncos jigantes que parecen
esqueletos de una raza titánea respetada por los siglos. Un soplo de muerte le
hiere el pecho anhelante y la sangre se le agolpa tumultuosa al corazon ....
recela, teme no hallar lo que busca .... avanza el paso por la márjen del rio, y
distingue negrear al resplandor de la luna el bulto inmenso del árbol robusto
porque ansía—Helo aquí—exclama; corre, le abraza, le besa y riega con su
llanto aquel monumento del bosque á cuyo pié enterrara el vaso tosco de barro
que contiene el cuerpo de su padre. Afánanse á porfía los dos amigos, cavan y
desentierran la urna. Al verlo, exclama Aimbire enternecido:—Oh Cairuzú,
ilustre guerrero que despues de una vida gloriosa tuviste una vejez tan escasa
de fortuna y cerraste los ojos en los dolores del cautiverio. Oh! Cairuzú, padre
mio! desde aquella noche en que aquí escondí tus huesos [la luna que me
aclara lo atestigüe] desde esa noche en que juré tu venganza, no he descansado
un solo dia. De esta tierra bañada con tu llanto, tierra de esclavitud que
alimen[256]ta la codicia de un magnate, vengo á rescatar tu cuerpo .... te
prepararé otro descanso en aquel monte que mira al mar, que tomará tu
nombre para eterna memoria y en donde el paso del bárbaro extranjero no
haga estremecer tus cenizas. Pero, antes que mis hombres te alejen de este
lugar daré castigo al cruel que incauto duerme en estas cercanías....
Efectivamente: eran aquellos los campos que la invasion habia convertido
en propiedad de Blas Cubas, á quien Aimbire debia sus martirios y los de su
padre. El mismo habia sido el matador de su primera esposa, y de su hija
primojénita. El Tamoyo, ayudado de su amigo incendia los plantíos y
embaraza las salidas de la habitacion del cristiano con pesados trozos de
piedra. El incendio y el humo crecen, arden ya los techos. Aimbire como el
cazador que espia la fiera, acecha por la ventana que al fin se abre. El bulto de
un hombre despavorido se lanza por ella pálido como un fantasma que se
despoja del sudario y huye. Aimbire le reconoce y le dá caza como un
demonio se apodera del alma condenada que le pertenece por un contrato
infernal—Mírame, Blas Cubas, mírame, conóceme. No quiero que perezcas
antes que sepas quien se venga de ti matándote. Aimbir[257]e le hace una
larga relacion de las crueldades del lusitano con su familia y con sus amigos.
Acuérdate, le dice, del pobre Guarativa á quien amarraste á un árbol á cuyo
pié hervia un hormiguero y le azotaste hasta arrancarle la piel con la sangre
dejándole en llaga viva. Acuérdate de los suplicios de aquella víctima en
cuyas úlceras negreaban enjambres de hormigas que le mordian el cuerpo
convulsivo.
La vida del vencido tenia un angel que la custodiaba, su hija Maria, que
como una aparicion del cielo, cubre con sus desnudos y torneados brazos el
cuerpo del padre cuya salvacion pide con lágrimas. El Tamoyo, desarma su ira
y se deja vencer por los ruegos de la inocencia. Otros héroes mimados por la
fortuna, observa aqui el autor, celebrados por altisonantes poetas, no dieran
ejemplo de piedad semejante en el momento en que blandian el hierro de la
venganza.
Los presentimientos de los dos amigos eran de corazones leales. Iguazú
habia caido prisionera en manos cristianas y padecia cautiva lejos del objeto
de su cariño. A par de otras indias compañeras suyas habia tenido que sufrir
mal trato y los lascivos atrevimientos, para salir victoriosa de los cuales habia
puesto á prueba su egregio valor y[258] su constancia. El poéta echa un velo
sobre estas escenas, porque como él dice bellísimamente:
No halla deleite el númen que le inspira
Con hechos que al pudor la faz coloran (p. 227).
Con cuanto dolor supo Aimbire la suerte que le cabia á su prometida, nada
menos que cautiva en poder del aborrecído Cubas. Devora el furor dentro del
pecho, como el fuego subterráneo que calcina las entrañas de la tierra. La
fortaleza de su voluntad contiene la explosion de su ira. Descubre á Pindobuzú
postrado en el suelo, llorando por su hija querida, reclinada la cabeza sobre el
hombro del hijo tambien aflijido. Entonces da rienda á su cólera: Oh!
Pindobuzú exclama, enjuga el llanto, prepárate para una venganza ejemplar,
Iguazú será libre, te lo prometo. Con ella te daré en represalias cuantas hijas y
esposas quieras de esa raza de crueles. Haré correr rios de sangre y alzaré un
monte de cadáveres. Opíparo banquete dispone mí brazo á los hambrientos
cuervos. Al mar canoas, al mar volemos.... ....
Una batalla tiene lugar. En aquel campo halla el ofendido su venganza.
Veamos el papel que hace allí Aimbire y como describe el poéta el
nuevo[259] encuentro de aquel con Blas Cubas:
Cansado de esparcir muerte y espanto,
Aimbire se adelanta, revolviendo
Los ojos que el furor en sangre tiñe,
Busca sus principales enemigos
Para verles morir bajo su brazo.
“Traidor Tibirizá, donde te escondes
Cayubi, Cuñambeba”! asi diciendo
Tropieza con D. Blas. “Eres tú, infame!
Te concedí la vida, hoy de tu muerte
vienes en busca”—Por vengarme vengo,
el portugues le replicó; salvaje,
esclavo envilecido, reconoce,
á tú señor en mí que te castiga.—
Y al espresarse asi descarga un golpe
que en la maza del indio no hizo mella.
—“Mas vigor en la lengua que en el brazo
tienes, y es poca gloria arrebatarte
la vida que desprecio y te regalo.
Mas, ven conmigo y muéstrame primero
en donde está Iguazú, dónde el infame
que consumó su rapto y cautiverio.”
Júzgale descuidado el lusitano
y con cautela previniendo el arma
le dice con irónica sonrisa:—
—Quiero ahorrarte la pena de llorarla.
—Y yo el infame peso de tu vida,—
[260]
y con pronta respuesta pronto golpe
aséstale el Tamoyo, retumbando
á un mismo tiempo el golpe, la respuesta
y la caida tambien del alevoso.
—La muerte lenta y cruel que merecias
no me es posible darte; estoy á prisa,
dijo el Tamoyo, y en su propia sangre
dejo teñido el cuerpo de Blas Cubas....
Pero no era la victoria alcanzada con sangre la que habia de volver al
cacique á la mujer de sus sueños. En éste poema hacen un papel principal los
famosos misioneros Nóbrega y Anquieta cuyas intenciones y santidad
ofendidas en sus compañeros por el autor del Uruguaya, ha vindicado sin
afectacion el Sr. Magalháes. En tanto que la carniceria tenia lugar, el segundo
de aquellos beneméritos sacerdotes oraba en el templo humilde y recien
levantado como prenda de paz y de cultura en aquellas soledades que hoy
forman los bellos y pintorescos alrededores de Rio Janeiro. El santo varon
manifiesta en su rostro las señales del extásis y presta profunda atencion como
si diese el oido á la voz de algun mensagero misterioso. Cesa el órgano; el
ministro de Dios pónese en pié y dirijiéndose á Iguazú que estaba en el templo
con las[261] mugeres cristianas, tócala el hombro y la dice: «hija, levántate,
ven conmigo.» Absorta la concurrencia ábreles camino y todos se preguntan
curiosos: ¿dónde irán?—Marchan silenciosos por las tinieblas; Iguazú vá llena
de asombro y de incertidumbre: el pié de ambos evita mancharse en la sangre
que cubre el suelo. El sacerdote se detiene al fin y esclama ¡Aimbire!! Aquella
voz parecia resonar en una bóveda armoniosa. Aimbire! Aimbire! repite varias
veces. El rabioso Tamoyo acude al llamado despavorido y chorreando
sangre.—Toma á Iguazú; huye. El indio fascinado vuelve los ojos á su amada,
en tanto que desapareciéndose Anquieta súbitamente, repite al ocultarse del
todo: huye.
Reflexionando Aimbire sobre sí mismo, en aquella especie de tregua á sus
afanes y desgracias, se cree digno de ser feliz y declara ante los suyos que
toma á Iguazú por esposa. Esposa solo en el nombre la virjínea flor del bosque
estaba todavía en pimpollo: era preciso esperar la aurora que la diera el
perfume y nectar. Los indios sabian respetar severamente á esas impúberes
esposas que segun sus usos tenian derecho de elejir. No eran tan brutos ni
lascivos que cojiesen fuera de sazon los frutos del amor. Amaba Aimbire á su
tierna esposa[262] como un lirio próximo á abrir su mimoso caliz á los besos
del colibrí.
Iguazú traia al volver á su tribu inoculadas en el alma las verdades del
evanjelio. Su esposo mismo no podia resistir á las tentaciones de aquel nuevo
misionero cuya palabra llegaba con los écos simpáticos al fondo de su alma.
Así, cuando llegaron Anquieta y Nóbrega á inducir á los Tamoyos á la paz y á
la adopcion del evanjelio, con discursos llenos de elocuencia y de uncion,
vieron que á imitacion de la india convertida, todos aquellos adoradores de
Tupan se postraban en el polvo de los desiertos en donde por primera vez se
consumaban los misterios del cristianismo.
La ambicion del conquistador vino á despertar de nuevo en el ánimo de los
Tamoyos los resentimientos y la innata inclinacion de la independencia,
burlando los pacíficos esfuerzos de los misioneros. Las naves de Mendo de Sá
preséntanse preñadas de soldados y muerte para echar á los franceses, aliados
de los Tamoyos, del pais de Nitheroy y fundar la capital de Rio de Janeiro.
Aimbire duda nuevamente de la lealtad lusitana, enciéndese otra vez en ira,
hace sonar las trompas guerreras y parte con sus parciales al encuentro de los
recien llegados. Nada le detiene, ni las ob[263]servaciones de otros caciques
de su raza, ni los peligros á que de nuevo pueda esponerse la jóven cuya
existencia depende ya de su apoyo. Pronto se encuentra con sus huestes al pié
de la reciente fortaleza: la asedia meses enteros; la lucha es porfiada; á los
Tamoyos que caen á las balas suceden otros, como olas que crecen unas en
pos de otras.
El mismo Mendo de Sá acude al lugar de la lucha. Aimbire le reconoce, y
levantando los ojos desde el nivel del Oceano hasta las montañas sublimes que
dan majestad al golfo, los vuelve hácia los suyos y los fija con detencion
especial sobre su esposa. Parece que diera el último adios á tan caros objetos,
y la lágrima de dolor que no se muestra en sus ojos le cae petrificada y
ardiente sobre su corazon.—«A las trincheras! esclama derrepente; combatir ó
morir.» Dice, y se lanza á la pelea. No son hombres sino leones los que
batallan; la sangre espumosa forma lagos. Los ojos de Aimbire parecen dos
relámpagos: ensánchasele el alma como el mar al trueno de la artilleria.
Parece que desafiara al cielo y al infierno, á las balas de los arcabuces y á los
escombros que vuelan á su derredor. Su esposa, Iguazú, cae á su lado herida
de muerte en el mismo instante en que el enemigo proclama la victoria.
Mañana la cruz se alzará so[264]bre aquel campo perdido para siempre para
sus moradores primitivos. Aimbire se detiene pasmado y blandiendo su maza
feroz grita con todas sus fuerzas: «Tamoyo soy, y quiero morir libre como
lejítimo Tamoyo. Soy el último de la raza: no daré á mis enemigos la gloria de
arrancarme la vida.» Dice, y blandiendo sus armas, por entre contrarios y
cadáveres se abre paso al mar y se arroja en sus abismos.
Asi perece con sus amores, sus deudos y su patria el Hector salvaje de esta
epopeya americana.
Nos hemos visto forzados á encerrar en poco espacio diez cantos que
forman 340 páginas en folio menor, y á no bosquejar mas que la fisonomia
descarnada de dos de sus actores. Hay en el poema, sin embargo, variados é
interesantes caracteres, como por ejemplo, el del calvinista frances Ernesto,
aliado y compañero de armas de los Tamoyos, á quien Aimbire premia con la
mano de su hija del primer matrimonio. El sabio Anquieta,
que mundanas pasiones no cobija
bajo la capa de Jesus....
está representado como pudiera estarlo en la historia mas severa y sin que el
tinte poético aparezca por eso descolorido. Al contrario sobre todos
los[265] perfumes de aquellos deliciosos bosques y valles se levanta como una
columna de incienso, el que exhala el alma de aquel varon, impregnando las
páginas del libro de una mansedumbre verdaderamente celestial. Los
caracteres, lenguage y hechos de los personages indígenas son bien escojidos,
alejan por su novedad característica todo jénero de monotonia y sin
embarazarse ni producir oscuridad, contribuyen no solo á completar el cuadro
de aquella edad y costumbres, sino á desenvolver el plan que es tan sencillo
como el de una leyenda. El arte principal del autor consiste en ocultar bajo la
sencillez mas depurada, el trabajo y la detenida meditacion que el desempeño
de la composicion arguye.
El Sr. Magalháes conoce la historía de su pais, ha hecho estudios sérios de
las crónicas y de la naturaleza. No pinta sino con colores americanos. Sus
cuadros tienen la orijinalidad de la verdad. En nada se parecen sus indias
adornadas de plumas á las ridículas Atalas y Coras de las litografías europeas.
El Sr. Magalháes ha hecho gala, á mas, de sus conocimientos en la filosofia
relijiosa. Aprovechando discretamente de la idolatria de los bárbaros, de la
creencia disidente de los franceses parciales de Coligny que habian llegado á
aquellas playas á fundar una Francia antártica, y de la doctrina católica,
profesada por los lusitanos y predicada por[266] los misioneros, pone en boca
de los caciques, de Anquieta y de Ernesto, instructivos discursos en apoyo de
las respectivas creencias de estos, y en los cuales se ventila á veces con
novedad la sofística cuestion planteada por Rousseau sobre si es ó no propicio
á la felicidad del individuo el progreso de la cultura social. Hé aquí de que
manera el sábio Anquieta comprende la tarea que á él le cabe para la dicha de
sus semejantes como soldado pacífico de la conquista:
.......... No, lusitanos!
otra es nuestra mision. La luz de Europa
no sus errores difundir debemos
en esta tierra santa, hospitalaría,
debe al amparo de la cruz sembrarse
la justicia y la paz entre los hombres.
Levantemos la cruz, la cruz, del Cristo,
Signo de redencion que en otro tiempo
allá en el capitolio salvó á Roma,
cual la arca santa que arrancó al diluvio
la prole antigua. De la cruz en torno
aprenda la verdad este jentío,
y cáigales la venda de los ojos,
como en otras edades disipóse
el error de los bárbaros del norte....
[267]
En las obras poéticas, la poesia es todo. Aunque cuanto la constituye pueda
caber en una noble prosa como está probado por repetidos ejemplos, es
preciso convenir, sin embargo, en que hay mucho de arte en la poesia y que
por consiguiente ella debe halagar el oido con los sonidos,—fin que solo se
consigue plenamente por medio de la versificacion, es decir por el período
medido y por consonante. Estamos persuadidos de que el Sr. Magalháes
habria dado un grado mas de perfeccion á su poema, si le hubiese compuesto
en estancias regulares, ó en octavas italianas á imitacion das Luciadas ó del
Curamurú de Duráo. La rima es una esclava para el que conoce su idioma y
tiene imajinacion: solo es estorbo, por dicha, para aquellos versificadores á
quienes, segun el dicho epigramático de Horacio, no pueden soportar ni los
postes. La lenta rémora del consonante sazona, por decirlo así, al pensamiento
que busca una forma definitiva al bregar con ella, saltan chispas de gracia, de
novedad y eficacia que el prosador no habria hecho brotar jamás en el camino
llano de su pluma: Manzoni la ha llamado con razon inspiratrice, porque es un
verdadero jenio, aunque subalterno, en el coro de los que inspiran la labor del
poeta.
[268]
Los escritores que hacen sensacion en nuestros paises meridionales, no
deben apoyar ningun mal ejemplo en literatura, porque hay en nosotros una
lijereza, una laxitud innatas que nos inclinan á buscar sendas fáciles y á
ahorrarnos trabajo mental.
La poesia, que puede considerarse como el lujo superfluo de la república de
las letras, es preciso que se presente siempre, como el oro y la seda, bajo las
formas mas acabados y como fruto de un esmero artístico en consonancia con
la preciosidad de la materia primera, si es permitida esta espresion profana.
No se crea por esto que carece de armonía, de número ni de entonacion el
verso libre en que está escrita la Confederacion de los Tamoyos. No
aceptamos este jénero de versificacion por mas que Heredia y Basilio de
Gama en América, y Quintana y Moratin en Europa, hayan dado bellísimas
muestras de lo que pueden el talento y el estilo para producir armonia con
instrumentos mal encordados.
Lunares mas visibles que este hemos creido encontrar en la obra de que nos
ocupamos.
Parece que la organizacion del autor no estuviese predispuesta sino para
sentir y pintar la voluptuosidad perfumada y luminosa de la naturaleza
inanimada. El amor á Dios y á la patria, se presentan tambien en el poema con
la conveniente exaltacion[269] y con todo el calor con que la esperimentan las
almas de buen temple. Pero el amor humano, el amor entre esos dos seres que
desde la tentacion del paraiso se dicen al oido palabras que producen
incendios y que los ata por el mas santo y dulce de los vínculos, ese amor no
se muestra en los labios de personage alguno del poema; dejando asi sin
pulsar la cuerda á que el corazon del hombre es mas sensible, y malogrando la
ocasion de beber en la fuente inexhausta de la inspiracion mas viva. El casto
Virjilio comunicó hasta cierto punto su carácter al pio Eneas; pero supo
revivir en el pecho de la reina de Cartago los vestigios de la antigua llama. Es
tanto mas sensible este vacio cuanto que aquella pasion, como todas las demas
que mueven á la humanidad, reviste caracteres especiales y aspectos distintos
segun el grado de civilizacion que ocupa en la escala social y segun otras
influencias que el vate debe tomar en cuenta tanto como el fisiolojista. Que
enérgico y orijinal debió ser aquel afecto en hombres que amaban á sus padres
y á la patria con la vehemencia de Aimbire! Aimbire ama, es verdad, á Iguazú;
no quiere vivir un momento mas que ella; pero deseamos conocer como se
espresaria ese amor en el lenguage del desierto adornado con las imájenes
sujeridas á la pasion[270] por los torrentes y las selvas.
El chileno Oña, que hemos citado al principio, no solo salpica su poema con
escenas amorosas, sino que interesa con ellas el alma y los sentidos, pintando
al desnudo las gracias sin atavio de Fresia, jugueteando con su amante en las
aguas corrientes de Arauco sombreadas de enredaderas y propicias al misterio.
La belleza airada y celosa de Moema forma uno de los episodios que
salvarán del olvido el poema épico de la Conquista de Bahia, escrito por un
fraile Agustino.
Las relaciones místicas entre el saibá y la doncella son de un efecto
esquisito; pero el amor humano se compone, segun la espresion de un poeta,
no solo de «los delirios del alma sino tambien de los estremecimientos de la
carne.»
Por que condenar á la india brasílica al conocido destino de Atala? Acaso
no santifica la relijion los apetitos lejítimos que la naturaleza pone en nuestras
entrañas? Hay ausencia completa de la muger en el poema del Sr. Magalháes.
Iguazú es un pimpollo, una promesa, pero no una esposa. No hay alli como en
la Araucana, por ejemplo, madre alguna que arroje el hijo á su cobarde
compañero; ni una Glaura, ni una Tegualda en fuerte[271] hora nacida,
«espaciosa de pecho y de dientes engastados en fino coral.» En aquel Eden de
poesia no hay una sola Eva.
Notaremos tambien algunas contradicciones en el carácter de Iguazú. En su
bella y sentida cancion que hemos traducido habla ella del amante querido.
¡Habíase despertado en su corazon el sentimiento del amor de esposa cuando
no era todavia una muger, cuando todavía, segun la poética espresion del
autor, no habia abierto el broche á los besos del colibrí aquella azucena
silvestre! ¿Sientan bien, por otra parte, las sombras de la melancolía sobre
aquella tierna niña, siendo así que las aflicciones de esa dolencia vaga del
alma son fruto por lo general de cierta esperiencia de la vida y del ejercicio de
la sensibilidad?
Algo podiamos añadir á esta crítica en cuanto al uso de lo maravilloso que
el autor ha introducido en la máquina de su poema. El sueño de Jagoanharo le
permite al poeta desenvolver las pájinas de la historia futura de su patria; pero
por mas elevacion que haya logrado dar á la intervencion de Satanás en las
filas opuestas á la cruz, enarbolada por los misioneros, no quisiéramos ver allí
lo que no nos parece estemporáneo ni mal traido en las octavas del Tasso, en
consideracion á la [272]época en que nació la Jerusalem libertada.
Anjel antes de luz, hoy de tenieblas
maldito Lucifer! perdiste el cielo.....
Todo esto es muy bello. Seria, empero, mas natural y no menos poético,
poner en el corazon de un europeo influyente las pasiones á las venganzas del
angel caido.—El autor de la Araucana dice terminantemente que los
conquistadores españoles mas que otras gentes, eran
Adúlteros, ladrones, insolentes.
Serian de mejor condicion los lusitanos? Con semejantes calidades no podia
faltar entre ellos alguno que produjese los mismos fines para que sirve la
evocacion del espíritu malo entre los Tamoyos.
Deseariamos tambien que la erudicion del Sr. Magalháes y su menudo
conocimiento en las costumbres primitivas de su pais no lo llevase á referir
algunas que son aberraciones de la inocencia y la ignorancia y perjudican al
carácter varonil de aquel llas razas. El ejemplo de ternura conyugal tal cuase
leé en la pájina 69 del poema, no nos sensibiliza ni le creemos un rasgo noble.
Si cuando las mujeres de nuestros querandies [273]se entraban con sus
recien nacidos á las aguas del Plata, hubiesen ocupado sus varones el lugar
que dejaban en el hamaca, no esperimentariamos por ellos profunda simpatía,
ni les ofreceriamos (como lo hacemos ahora) a la juventud bonarense como
dignos de la resurreccion que sabe dar el injenio á los pueblos estintos que
solo viven en los anales de la historia.
El Sr. Magalhaes ha hecho con su poema un servicio á las letras americanas,
dando una prueba mas, entre las poquísimas que existen, de la posibilidad que
hay de interesar el sentimiento y la imajinacion con nuestras crónicas
primitivas, dándolas por fondo las peculiaridades de nuestra espléndida
naturaleza. Es por esta razon que hemos escrito la presente noticia, sintiendo
no haber contraido á ella mayor estudio y meditacion. El Sr. Magalháes puede
con mas razon que su compatriota el autor del poema Uraguay, decir al
suyo: ¡serás leido! Lo será en todas partes. Para sus paisanos será no
solamente un poema sino una buena accion.
Bajo estos dos aspectos recomendamos tambien su lectura á la jeneracion
jóven de Buenos Aires que hoy se prepara para ilustrarlo en un dia proximo
con las producciones de su espíritu privilejiado.
[274]

[275]

EL Dr. D. TEODORO M. VILARDEBÓ.

Como si estuviese dotada de un instinto infernal de dominacion, la fiebre


pestilente acaba de conseguir victoria sobre uno de sus mas denodados é
intelijentes adversarios. El jeneroso orgullo del que se consideraba fuerte por
la ciencia, ha sido castigado por la mano misteriosa de la naturaleza. El Dr.
Vilardebó ha muerto de la fiebre amarilla en la noche del Sábado al Domingo
29 de Marzo último, á la cabecera de los enfermos, esforzándose por
tranquilizar los ánimos aterrados por la secreta y rápida circulacion de la
muerte, como espira gloriosamente el guerrero al pié de su bandera.
En medio del silencío egoista que se apodera de las poblaciones azotadas
por la peste, no han faltado en Montevideo ecos que repitan el dolor especial
causado por la muerte de aquel hombre distinguido.
El Dr. Vilardebó habria sido estimado en cualquier parte del mundo por sus
luces, por su noble carácter, por su constante devocion á las ciencias[276] y al
estudio; pero en esta parte de América donde tan pocos de sus hijos se
consagran por puro amor, por irresistible vocacion al cultivo de los
conocimientos recónditos que tienen por base la observacion y cálculo, era
una especie de escepcion y un objeto de orgullo para los hombres de su propio
orijen.
Nosotros no podemos hacer una biografia de la noble víctima. Hemos
estado privados por largos años de su agradable trato y de sus instructivas
conversaciones. No estamos iniciados en la marcha de su espíritu desde el año
1843, ni de sus proyectos científicos, ni de los trabajos á que ha sabido
consagrarse despues de aquella época, aparte del ejercicio de su profesion de
médico. El Dr. Vilardebó, bajo aquellas formas sociales y amables con que
aparecia revestido en público, ocultaba la severa y elevada rejion en que se
mantenian sus ideas constantemente. Su silencioso gabinete era el oasis de sus
sueños en ese arenal que atravesaba como médico en las horas de su práctica
de cada dia.
El Dr. Vilardebó comenzó sus estudios mayores en la Universidad de
Cervera. Creyendo que su vocacion le llamaba á consagrarse á las
matemáticas, hubo de dedicarse á ellas esclusivamente, y aun fué invitado
para rejentar allí una cátedra de cálculo trascendente. Otra era la profesion á
que su[277] destino le llevaba. De España pasó á Francia para dedicarse á la
medicina y fué discípulo de la escuela de Paris hasta recibir en ella su diploma
conquistado con un trabajo asiduo, una conducta ejemplar y lucidos actos
científicos, de cuyo mérito puede dar testimonio la notable tésis que leyó para
recibir el grado de Doctor en la famosa Universidad de aquella capital. Al
frente de esa tésis habia escrito con ternura el nombre de su padre, pensando
al escribirle en los servicios próximos que iba á ofrecer á su querida patria
despues de una larga ausencia y de muchos desvelos.
La fama de su mérito se adelantó á él en América. Poco antes de partir para
Montevideo, habia sido elejido para componer una comision de distinguidos
profesores franceses encargados oficialmente de estudiar en el Norte de
Europa el carácter y los sintomas del cólera en sus primeras invasiones en
aquella parte del mundo.
Esto era por los años 1830 y tantos: estaba entonces en la plenitud de su
robustez y de su fuerza: su estatura era alta, su semblante simpático, sus
modales benévolos y cultos, y su palabra pura y perfectamente acentuada no
dejaba nunca traslucir que poseia fundamentalmente muchos idiomas
estranjeros, porque había cultivado con preferenc[278]ia el que amaba y
respetaba como heredado de sus padres. No nos engaña la aficion de amigos.
Podemos citar un ejemplo práctico del encanto de la conversacion íntima del
Dr. Vilardebó, con tal que ella se contrajera á materias científicas y graves. A
las oraciones de una tarde del verano de 1841 se reclinó nuestro amigo en una
hamaca correntina, colgada á las paredes de nuestra habitacion. Era la primera
vez que descansaba el cuerpo sobre las redes de aquel lecho americano, y las
observaciones que hizo con este motivo nos autorizaron para decirle:
«Querido Doctor: haga V. de cuenta que se encuentra V. en este momento en
las soledades primitivas de Nueva Granada y que ha hallado V. allí como A.
Humboldt á aquel pobre americano del Pozo, sediento de los raudales de la
ciencia europea, que el sábio viajero describe con tanta admiracion en una de
sus obras. Hábleme V. de Paris, del Paris intelectual que V. conoce tanto, de
los profesores que allí se distinguen, de las teorias científicas á la moda, y de
las verdades inconclusas que la observacion ha arrancado del avaro seno de la
naturaleza.» Con qué modestia y con cuanta gracia, comenzando por la parte
pintoresca de las costumbres de las escuelas francesas, fué remontando hasta
la parte árdua y elevada á que le c[279]onvidábamos á subir! El sol del dia
siguiente bañaba las azoteas de la blanca y rizueña Montevideo, cuando nos
despediamos despues de haber pasado una noche ática, como él decia,
inolvidable para nosotros. Seriamos incapaces de reproducir lo que dijeron de
bueno y de interesante los lábios que hoy están para siempre mudos. Pero un
biógrafo del famoso físico, M. Ampere, hablando del inmenso saber de este
profesor, ha descripto con una rara fidelidad el cuadro que acabamos de
dibujar con vagos perfiles. «Habló trece horas con una lucidez no
interrumpida: y como el mundo es infinito, y todo en él se encadena, y
Ampere le conocia zona por zona y de un círculo al otro, sus palabras corrian
sin cesar: si el cansancio no le hubiese detenido, creo que aun continuaria. ¡Oh
ciencia! Esta vez habiais puesto bien á descubierto el puro, bullente y sagrado
manantial de tus verdades!»
Ocupaba mucho al Sr. Vilardebó la idea de hacer un estudio formal de la
historia política y natural del pais de su nacimiento. Y como la historia civil
del territorio oriental está ligada desde la conquista á la jeneral del antiguo
Vireinato del Rio de la Plata; se estendian á todo él sus investigaciones. Llegó
á reunir muchos é importantes mapas, planos parciales y documentos escritos
para servir á sus miras,[280] y aun redactó unas décadas que, mas que un
trabajo histórico completo, eran un cuadro cronolójico de acontecimientos y
descubrimientos esplicados con los preciosos materiales que habia sistemado
laboriosamente. El estudio de las razas extintas de la gran familia guaranítica
que habian poblado las tierras comprendidas entre el Uruguay y el Plata,
habíale llamado su atencion con preferencia, y deben existir entre sus papeles
apuntes útiles sobre esta interesante materia y en especial sobre el carácter,
hechos y costumbres de aquellos famosos charruas que fueron rebeldes por
siglos á la espada y á la doctrina de la civilizacion. Creemos que los primeros
pasos que se dieron en Montevideo para formar una asociacion de personas,
que se contrajesen á la jeografia y á la historia patria, fueron dados por el Sr.
Vilardebó. Esta idea se realizó mas tarde, quedando hasta ahora en estado de
jérmen, como quedan siempre entre nosotros las ideas de esta naturaleza.
El segundo viaje que emprendió á Europa el Sr. Vilardebó debió tener por
objeto, si no estamos mal informados, el perfeccionar sus conocimientos para
realizar sus escursiones científicas en el territorio oriental. Al ocuparse de la
geografia práctica, al estudiar la geolojía especial de aquel suelo[281], advertió
que las nociones generales que poseia sobre estos ramos no eran suficientes
para llegar á la perfeccion á que aspiraba, y para responder á las exijencias
que tiene en la actualidad el mundo científico. Adelantado ya en la vida,
pudiendo gozar de la independencia que ya habia conquistado, se resignó por
amor patrio y por devocion al estudio, á volver á la humilde condicion de
discípulo, interrogando los sábios especiales y sentándose en los bancos del
aula como en los años de su primera juventud. El aspiraba á determinar
astronómicamente los puntos principales que habian de servirle de base para
formar en seguida la red trigonométrica de su cartas, asi como aspiraba con
este segundo objeto á perfeccionarse en el manejo de los instrumento
jeodésicos. En el estudio de los minerales, y de la formacion de los terrenos,
en la clasificacion de los abundantes restos fósiles que en esos mismos
terrenos están como incrustados desde las épocas antediluvianas, aspiraba
igualmente á presentarse digno de los jeólogos y de los paleontógrafos mas
acreditados. Es lástima que las inquiétudes políticas y otras causas de
desaliento que militan en América para esterilizar los mejores propósitos,
hayan detenido al Sr. Vilardebó en este camino tan honroso como útil.
Su[282] espíritu debe haber padecido mucho con los obstáculos que encontró
invencibles para la prosecucion de sus miras, pues hemos sido testigos de la
satisfaccion con que decia hablando de la firme resolucion que tenia de
entregarse á ese género de trabajos: «Para quien desea formarse un nombre en
la carrera científica, nada es tan penoso como la indecision del rumbo que
haya de seguir. Yo le he hallado ya. Mi ocupacion en adelante será el estudio
de la naturaleza y de la historia civil de mi pais.».... La muerte lo ha
sorprendido sin haber satisfecho tan laudable ambicion. Esta es la historia del
hombre.
Lo repetimos, el espíritu y el carácter del Dr. Vilardebó eran sérios y
reflexivos. El profesaba principio de que no se puede ejercer en la vida mas
que un sacerdocio, y que los ocios del medico son la meditacion y el estudio.
El profesaba tambien la máxima de Plinio el viejo: para él, vivir era velar. Si
las cuestiones de la política intestina de su pais no le eran indiferentes por la
relacion que tienen con la felicidad pública, nunca quiso tomar una parte
activa en ellas, dejando la jestion de los negocios de estado á cabezas mas
audaces ó á personas mas presumidas de entender la táctica de los
movimientos gubernativos. El era uno de[283] esos pocos hombres con que
contamos en estos paises para que se coloquen á la cabeza de la falanje
científica que es preciso organizar alguna vez para sacar de la pereza en que
yacen las fuerzas de la naturaleza y devolverlas activas á las necesidades de
un pais que se desarrolla como un niño bien constituido,—á pasos de gigante.
Si hay un consuelo para los amigos del Dr. Vilardebó al verle detenido en la
vida, no por el cansancio de los años sino por el veneno traidor de una
épidemia inesperada, es sin duda la idea de que ha sucumbido en el lugar de
honra á donde le llamaban sus deberes. La actitud del médico que sucumbe al
mal que en aquel momento combate, es mas modesta, pero no menos
meritoria que la del soldado que dá la vida en su puesto. Nosotros, sin
embargo, colocamos al Sr. Vilardebó mas arriba de los héroes de espada,
dándole el lugar que merece entre los hombres sabios y rectos que se
sacrifican por la humanidad. Tenemos á la vista la carta de un digno y
respetable europeo que ha tratado al Dr. Vilardebó hasta sus últimos instantes
y de ella estractamos las siguientes palabras: «Estoy convencido por
esperiencia propia de que hay almas tan nobles y sublimes en el seno de las
civilizaciones jóvenes, como en el de las antiguas. Vilardebó[284] me
recordará siempre la verdad de este principio, que para mi es sin
contradiccion.»
Quien conoce el mérito moral é intelectual de la persona que escribe estas
palabras, sabe que ellas son el mayor elojio que se puede escribir sobre el
sepulcro del amigo malogrado á quien deseamos paz.

[285]
HONORES FUNEBRES.

El Domingo á las 11 de la mañana fueron llevados al Cementerio del Norte


los restos mortales del Dr. D. Vicente Lopez.
Seguía al ataud una larga fila de carruages conduciendo lo mas distinguido
de esta sociedad, que espontáneamente acudia á rendir el último tributo de
respeto ó de amistad al ilustre finado.
Terminadas las preces religiosas el Dr. D. Juan Maria Gutierrez pronunció
sobre la tumba el bello y sentido discurso que insertamos en seguida. El Sr. D.
Mariano Varela dijo en seguida algunas palabras muy oportunas, y otro
caballero tomó tambien la palabra para hacer el elojio del varon justo que
despues de tantos servicios á la Patria, ha ido á descansar en el seno de su
Creador.
(El Orden del 14 de Octubre de 1856.)

[286]

Discurso
PRONUNCIADO POR EL DR. D. JUAN M. GUTIERREZ, EN EL SEPULCRO
DEL Doctor Don Vicente Lopez.

Señores!!
La muerte no ha completado su triunfo sobre el hombre que aquí yace. La
tierra ha caido sobre sus restos, pero no el olvido. Las jeneraciones argentinas
al sucederse unas á otras, trasmitirán á la mas remota posteridad el nombre,
las virtudes, el patriotismo y el claro talento del Sr. Dr. D. Vicente Lopez y
Planes.
El que narrase la vida tan llena y completa de este varon benemérito, haria á
la vez la historia laboriosa de nuestra patria desde los primeros años de este
siglo. El fué uno de esos séres privilejiados que recibieron de la Providencia
las dotes necesarias para emprender la obra de la rejeneracion de América. El
pertenece á esa jeneracion denodada que en los campos de batalla, en las
asambleas, en los consejos del gobierno, por medio de la accion y de la
palabra, estaba destinada por Dios para transformar una colonia en una nacion
independiente.
En diferentes climas de este mundo, mi corazon se conmovió siempre,
como el corazon de un hijo cuando una de esas almas bien templadas
remontaba al cielo. En este momento yo lamento la pérdide de uno de los
padres de mi patria y tambien de[287] mi inteligencia. A este último título,
escusadme, señores, si ante esos lábios elocuentes que ha enmudecido el
sueño eterno, se atreven á abrirse los mios. Yo no soy capaz ni siquiera de
comprender todo el valor moral de ese republicano segun el evangelio; de ese
justo acrisolado por la filosofia; de esa cabeza escojida é indagadora que tras
las huellas de Newton sabia seguir el curso de los astros, y cantar inspirado
como Fr. Luis de Leon sus misterios y sus armonias reveladas por el
sentimiento de lo infinito.
Señores, somos argentinos: somos hombres de amor, de sentimiento y de
entusiasmo. Estas magnificas cualidades hervian ardientes en el alma del Dr.
Lopez: él fué nuestro compatriota por escelencia. Nuestro amor debe
derramarse á torrentes sobre su tumba como nuestras lágrimas.
Las fuerzas morales tuvieron para él en las dificultades de la vida, dos
fuertes columnas de apoyo la relijion de sus padres y la relijion de la Patria.
Le habeis conocido, Señores: Aquel manso filósofo, cuya palabra escojida,
mesurada, armoniosa, acariciaba amorosamente el oido de quien la escuchaba;
aquel cristiano que amaba al prójimo como á si mismo; aquel hombre de paz
que estudió por inclinacion la ciencia de distribuir la justicia,—
ese[288] mismo fué un guerrero intrépido y audaz cuando el peligro de la
patria puso una espada en sus manos de ciudadano. Las insignias de maestro
en leyes, le fueron colocadas en la Universidad de Chuquisaca sobre el
uniforme de capitan de Patricios con que se habia distinguido en las famosas
acciones de guerra de 1806 y 1807, en las calles y suburbios de la ciudad que
tanto amó.
Bautizado por los peligros en la religion de la gloria, la gloria estará siempre
desvelada sobre su tumba.
El Dr. Lopez fué una de esas criaturas á quienes Dios tanto ama, que los
identifica con su patria, dándoles un instante de inspiracion para que en él
reasuman y den forma al instinto característico de esa mísma patria en toda su
prolongada duracion.
La noble igualdad de la democracia; el presentimiento de la realidad de la
independencia en el albor de la lucha que habia de conquistarla; la fé en la
libertad, todas estas aspiraciones realizades mas tarde á fuerza de sangre y de
heroismo, él las impuso como de fé á su pueblo y al mundo, desde los
primeros dias de nuestra revolucion en las magníficas estrofas de la marcha
nacional argentina. Himno sagrado que repetimos en las grandes
conmemoraciones patrias, puestos en pié y con la cabeza[289] descubierta por
respeto á la santidad de los conceptos y á la sangre de nuestros mártires:—
¿Cuánto no habrá contribuido á alentar el esfuerzo de nuestros viejos soldados
desde las márjenes del Plata hasta los torrentes del Ecuador? Vosotros,
señores, conoceis las emociones que en la niñez y en la edad madura produce
en todo pecho argentino ese himno para nosotros inmortal. Yo he
comprendido todo su poder y toda su influencia cuando me he sentado á la
orilla del Maipú y á las faldas del Pichincha. El agua que corria, la brisa que
pasaba por mis cabellos, me traia los versos patrios del poeta como si saliesen
de las tumbas de nuestros guerreros que pelearon allí por la libertad de dos
republicas hermanas. Ah! señores, el molde en donde se vaciaron tan sublimes
y armoniosos pensamientos tiene ya en esa fria tierra la almohada de la noche
sin dia siguiente.
Ah! y cuán sin vanidad era en medio de una gloria tan envidiable! El prémio
de merecerla, consistia, para él, por bendicion del cielo, en encontrarse
estimulado para obrar bien, para amar mas, y para sentirse impelido hácia la
juventud en quien miró siempre la prolongacion de la patria. El estudiaba para
enseñar, y enseñaba no solo para cultivar la mente sino para elevar los
sentimientos[290] del corazon sobre el orgullo del espíritu tan propenso á
sublevarse en la edad de la inexperiencia. El alma del Dr. Lopez era de
aquellas que buscan el estudio como medio de perfeccion moral: la encendia
en el fuego de la ciencia para que se levantase hácia arriba como una llama.
Esa alma de poeta jamás se materializó al investigar las leyes del mundo físico
y al someter esas mismas leyes al cálculo matemático. La fuerza atrayente de
su moral, subordinaba en ella todo lo creado de que tenia conciencia y
conocimiento, y armonizando lo que se palpa con lo que únicamente se
concibe, lo devolvia á Dios en un himno cuya sintesis segun él mismo se
encerraba en estas tan sublimes como sencillas espresiones: hágase, señor, tu
voluntad así en la tierra como en el cielo.[18]
Su voluntad se ha realizado—un justo mas está á su diestra....
Adios, mi venerado compatriota! Adios para siempre, maestro y amigo mio!
Permitidme que al separarme de vuestro sepulcro, diga para vos, lo que
dijisteis elocuentemente en este mismo sitio sobre la tumba de otro sabio y
virtuoso porteño: “Adornemos tu sepulcro con rosas y siempre-viva[291]s y
mientras existan tus discípulos y amigos, y mientras haya amantes de la gloria
literaria de Buenos Aires, serás nombrado y alabado como un digno modelo.
Semper honos, nomenque tuum laudesque manebunt.”[19]
Eneid. lib. 1, v. 609.
[292]

[293]

INDICE.

Pág.
Adios, 5

BIOGRAFIAS.

D. Bernardino Rivadavia, 13

« José Antonio Miralla, 95

« Hipólito Vieites, 111

« Juan Ignacio Gorriti, 117

« Julian Navarro, 120

« Francisco Javier Iturri, 121

« Pantaleon Rivarola, 123

« Pantaleon Garcia, 124

« Ramon Diaz, 125

« José Rivera Indarte, 128

« Patricio de Basabilbaso, 130

« Cayetano José Rodriguez, 131

« Bernardo Monteagudo, 138

« Manuel José de Labarden, 145


« Bernardo Vera y Pintado, 149

[294]« Julian Leiva, 161

« Antonio Saenz, 165

« Manuel Moreno, 169

« Miguel Calisto del Corro, 176

« Estevan Luca y Patron, 180

« Florencio Balcarce, 185

« Francisco Agustin Wright, 192

« Juan Crisóstomo Lafinur, 195

ARTICULOS CRÍTICOS Y LITERARIOS.

La Quichua en Santiago, 201

A Confederaçao dos Tamoyos, 225

El Dr. D. Teodoro Vilardebó, 275

Discurso pronunciado en el sepulcro del Dr. D. Vicente Lopez, 286

[295]

[296]
FE DE ERRATAS.

DICE. LÉASE.

Pág. 14— lin. 9, en vida, en vida.

” 14— ” 21, á los propios ó los propios

” 14— ” 24, separar reparar

” 15— ” 26, decente docente

” 22— ” 8, materiales matemáticas

” 23— ” 2, comprendian emprendian

” 24— ” 9, á la gestion en la gestion

” 26— ” 26, arrastrar arrostrar

” 39— ” 9, tener obtenor

” 41— ” 20, á las guerras en las guerras

” 43— ” 5, haya hallaba

” 45— ” 22, el Director al Director

” 58— ” 20, adecuada á adecuada

” 61— ” 12, eran éramos


” 67— ” 19, las vastas tan vastas

” 75— ” 14, política policía

” 77— ” 17, decente docente

” 94— ” 15, quiecat quiescat

” 103— ” 21, no es nos es

” 109— ” 1, encistiquios hemistiquios

” 121— ” 18, uno de los una de las

” 124— ” 1, D. F.

” 129— ” 3, salvaron salvarán

” 134— ” 2, meros nuevos

” 156— ” 12, su gran un gran

” 157— ” 18, nuevas buenas

” 184— ” 9, conquistado conquistador

” 186— ” 21, densos demas

” 198— ” 7, silvos silvas

” 216— ” 26, humanítico humorítico


” 224— ” 3, carré cané

” 226— ” 8, lógica loriga

” 270— ” 9, desgracias gracias.

NOTAS
[1]Segun datos vagos, Miralla ha debido morir en Colombia, tal vez en Nueva
Granada, el año de 1826. Con fecha 14 de Enero de 1857, nos prometen desde
Valparaiso algunas noticias pedidas sobre el particular á Bogotá. No nos merece entera
fé las que dá el editor bonaerense de las Cartas de Jacobo Dortis.
[2]El Real Colejio de San Carlos fundado el 3 de Noviembre de 1783. El Dr.
Chorroarin era ya Rector de este establecimiento el año 1792.
[3]Miralla libró con los libros una cantidad para que fuesen encuadernados en Buenos
Aires, porque en la Habana no habia entonces un artesano capaz. En Buenos Aires no
existia tampoco; pero no faltó un atrevido que envolviese en badana verde aquellos
preciosos volúmenes y sobre todo que hiciera la heregia de recortarles los márjenes. Ahí
están bien maltratados en aquel establecimiento, con aire de libros de caja de
comerciante pobre.
[4]Asi denomina el editor de Buenos Aires la traduccion de esas cartas.
[5]O el 5 de Octubre del mismo año: esta fecha nos es dudosa.
[6]Esta obra que no conocemos, se encuentra catalogada del modo siguiente en
la Coleccion de obras impresas y manuscritas formada por D. Pedro de Angelis, 1853:
Cartas criticas sobre la historia de América de D. Juan Bautista Muñoz. Madrid, 1797,
2 vol., en-12.
[7]Dragontea C. IV.
[8]A mas de esta memoria escribió y publicó los siguientes opúsculos: Esposicion de
los tareas del gobierno, desde su instalacion hasta 1822; Lima 1822. Ensayo sobre la
necesidad de una federacion jeneral entre los Estados Hispano-Americanos; Lima 825,
en 8ᵒ. Oracion inaugural en la apertura de la sociedad patriótica de Buenos Aires, 1812
en 4ᵒ.
[9]General D. Tomas Guido: Reseña histórica de los sucesos de Mayo. Plata
Científico y Literarío. T. 6. pág. 156 y 157.
[10]Existe en el valle de Calchaquí, situado al N. O. de la ciudad del Tucuman, vastos
enterratorios ó huacas á la manera de los peruanos. Estos monumentos son los mas
característicos de aquella civilizacion, por cuanto preparaban sus momias de una manera
especial y porque enterraban sus muertos con objetos de sus usos, particularmente vasos
de una construccion especialísima ya bien conocida en Europa. En el catálogo de los
libros y papeles vendidos al instituto histórico brasilero, por el Sr. D. Pedro de Angelis,
se registra la obra siguiente, escrita por un Chileno avecindado en la ciudad de
Salta: Monumentos del tiempo de los Incas, cuyos vestigios se admiran en las
provincias que componian la intendencia del Tucuman, por D. Filiberto de Mora.
Manuscrito autógrafo.—(Catálogo de Angelis, publicado en Buenos Aires en corto
número de ejemplares.)
[11]M. A. D’Orbigny hablando de los quichuas se esplica así con respecto al
idioma:.... leur langue est remplie de figures gracieuses, descomparaisons justes, de
proverbes naifs, et peint avec force, et élégance les passions vives, l’amour surtout, la
plus entrainante de toutes....
Alcide D’Orbigny p. 281.—L’homme americain (de l’Amerique meridionale) etc.
etc., tom. 1er. Paris 1839.
[12]La palabra tapera,(habitacion arruinada) y alguna otra que se nos escapa, son las
únicas palabras del guaraní aceptadas en el lenguaje habitual de la provincia de Buenos
Aires.
[13]D. Florencio Balcarce, muerto en el verdor de su juventud y despues de haber
enriquecido su espíritu con las lecciones de los mas célebres profesores de Paris desde
1837 á 1839, ennobleció esta espresion vulgar dándole cabida en su afamada cancion el
cigarro, en la penúltima estrofa que dice así:
Qué nos dejan en sus huellas
La grandeza y los honores?
Por la paz hondas querellas,
Los abrojos por las flores.
La patria al que ha perecido
Desprecia como un guijarro......
Como yo arrojo y olvido
El pucho de mi cigarro.
(América Poética, paj. 58 y 59.—Valparaiso 1846.)
[14]No se ha tenido á la vista el exelente catálogo de M. de Compans.
[15]Segun Azara el pueblo del Baradero sobre el Paraná en la Provincia de Buenos
Aires, debió fundarse con indios de una parcialidad Guarani. Pero esto debe
considerarse como una emigracion forzosa provenida de la conquista.
[16]Esta palabra tan vulgarizada entre nosotros, es una contraccion de la voz
quichua vinu macana, cuyo significado esplica asi el P. Holguin en su
vocabulario: porra de armas de guerra, como baston.
[17]Paris 1826.
[18]Armonia de los cielos y la moral, poema en verso del Dr. Lopez.
[19]En la inhumacion del cadáver de D. Avelino Diaz, catedrático de ciencias físico-
matemáticas, etc. etc.
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La postura de Bernardino Rivadavia respecto a la independencia se caracterizó por su firme creencia en la necesidad de la unión nacional para asegurar la existencia nacional de las provincias argentinas, pese a su aislamiento político en algunos momentos . Rivadavia desempeñó un papel muy activo en la diplomacia, dirigiéndose a defender la independencia y los intereses de las Provincias Unidas en Europa, pese a las complejidades políticas de la época . Aunque Madrid y otros poderes europeos no reconocían fácilmente la independencia argentina, Rivadavia continuó abogando por la causa nacional, apoyando la necesidad de una administración central fuerte y trabajando por la estabilidad interna del país . Incluso bajo condiciones adversas y con recursos limitados, demostró un profundo compromiso con el futuro de la Argentina .

El cuerpo nacional que proclamó la independencia de 1816 enfrentó un proceso complicado y consecuencias adversas debido a su postura política, particularmente por su aceptación del modelo monárquico constitucional propuesto por el gabinete francés. Esta alineación provocó su implicación en un famoso proceso judicial, con el resultado de la disolución de sus autoridades y el retiro de poderes a sus representantes en el extranjero, como D. Manuel José García, D. Valentín Gómez, y D. Bernardino Rivadavia, quienes fueron notificados de regresar sin demora .

Bernardino Rivadavia fue reemplazado como representante ante el gobierno francés porque recibió la orden de su gobierno de trasladarse a la corte de Inglaterra. Fue sustituido en su posición ante el gobierno francés por el Dr. D. Valentín Gómez, según instrucciones firmadas el 21 de octubre de 1818. Estas órdenes coincidieron con la disposición del Congreso que exigió el regreso de los Diputados en el extranjero, incluido Rivadavia, después de disueltas las autoridades nacionales, dejando las provincias argentinas en una situación difícil .

Los escritos de Bernardo Vera y Pintado y Camilo Henríquez desempeñaron un papel importante en la revolución chilena al fomentar el espíritu público y apoyar la causa independentista. Bernardo Vera y Pintado, conocido por su elocuencia y generosidad, contribuyó significativamente a la literatura patriótica de Chile. Fue uno de los primeros en entonar himnos a la patria y utilizó su posición en el primer congreso chileno como secretario junto con Camilo Henríquez, para influir en la divulgación de ideas republicanas y revolucionarias . Henríquez, por su parte, fundó el primer periódico en Chile, "La Aurora", el cual servía como plataforma para la propaganda revolucionaria, con Vera contribuyendo activamente a través de artículos periódicos . Sus escritos periodísticos ayudaron a despertar e ilustrar el espíritu público, uniendo esfuerzos para establecer un frente común con Buenos Aires en la causa libertadora .

La declaración de independencia de 1816 afectó significativamente la actividad diplomática de Bernardino Rivadavia en Europa. Como representante del gobierno de las Provincias Unidas, Rivadavia recibió instrucciones para trasladarse a Londres desde París en 1818, lo que refleja un cambio en las estrategias diplomáticas tras la independencia . La independencia fortaleció su misión, dándole autoridad para representar no sólo a Buenos Aires sino también a Chile, posicionando las armas argentinas con éxito en los conflictos con España . Tras la declaración, las relaciones entre las nuevas naciones americanas y Europa eran críticas, y Rivadavia, junto con otros diputados, tuvo que trabajar contra la presión de las monarquías europeas que apoyaban a España . Sin embargo, la independencia también presentó dificultades: la caída del directorio y el congreso, situacionalmente desfavorables, llevaron a la disolución de sus poderes diplomáticos en 1820 . En resumen, la independencia reforzó la legitimidad de Rivadavia en Europa, pero al mismo tiempo incrementó las complejidades de las relaciones diplomáticas con las potencias europeas que apoyaban a España."

La captura de una fragata por los británicos fue sensible para Rivadavia debido a la situación diplomática y política compleja de la época. Aunque los documentos no abordan directamente el incidente específico de la fragata, ilustran un contexto de conflictos internacionales y desafíos que Rivadavia enfrentó con Inglaterra. La nación argentina estaba en una crisis con guerras civiles e internacionales, decayendo el comercio y las negociaciones diplomáticas malogradas que complicaban la situación política. Esto elevó las tensiones y obligó a Rivadavia a navegar con habilidad política en un ambiente donde las pasiones políticas se encontraban exaltadas . Adicionalmente, Rivadavia se esforzaba por establecer una infraestructura estatal sólida, enfrentando también desafíos internos, y la crisis con un país extranjero como Inglaterra habría aumentado la sensibilidad diplomática, afectando su ya frágil posición política ."}

La Junta de gobierno de las Provincias Unidas respondió positivamente al ofrecimiento de sacrificio económico del Dr. Bernardo Vera y Pintado durante la revolución chilena. Apreciaron su generosidad y desprendimiento al ofrecer todos sus bienes por amor a la causa común, y expresaron que contarían siempre con su fidelidad, distinguiéndolo entre los mejores patriotas. Además, manifestaron su satisfacción y la intención de acreditar su reconocimiento en el futuro .

La captura de la fragata comandada por el coronel Guillermo Brown tuvo un impacto significativo en la actuación diplomática de Rivadavia. Al enterarse de la captura de la fragata por la corbeta Branes de S. M. B., Rivadavia procedió con rapidez y eficacia, autorizando a la firma Hallet de Londres a emprender acciones judiciales para reclamar el buque en nombre del gobierno de las Provincias Unidas . Este incidente demostraba la habilidad de Rivadavia para gestionar crisis internacionales y proteger los intereses de la joven nación en el ámbito diplomático .

La Casa Hallet de Londres desempeñó un papel crucial durante la crisis con la fragata capturada, ya que fue autorizada por el gobierno de las Provincias Unidas, a través de su representante Rivadavia, para intervenir judicialmente. Esto se hizo con el propósito de reclamar el buque de guerra y las presas de su convoy en nombre de dicho gobierno, tras la captura de una fragata argentina por la corbeta británica Branes debido a la falta de documentación legal para el corso .

La oferta de sacrificio económico del Dr. Bernardo Vera y Pintado se dio en el contexto del inicio de la revolución chilena, cuando el erario de su patria adoptiva, Chile, enfrentaba penurias económicas. Vera mostró gran desprendimiento generoso al ofrecer el fruto de su trabajo y ahorro para apoyar la causa común de la revolución. Este gesto fue recibido por la Junta de Gobierno con gran aprecio, quien reconoció su fidelidad y patriotismo, destacando su disposición a desprenderse de sus bienes materiales en favor de la causa revolucionaria .

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