Marcos 4: 9 ¿de quién es la culpa? ¿ o cómo están tus oídos?
De quien es la culpa cuando los sermones parecen secos, muchas veces
culpamos al predicador, pero pensémoslo bien, en la parábola del sembrador,
vemos que satanás quito la semilla que cayo junto al camino. Quizás no nos
concentramos en el mensaje y como las aves, el diablo se lleva las semillas aun
antes de recibirlas en la mente. Quizás el suelo es pedregoso, pero la semilla
nace. Decimos que Dios nos habló; pero como en un campo las raíces no
alcanzaron profundidad y por una pequeña dificultad dejamos de crecer y luego
morimos espiritualmente. No hay remedio fácil para el suelo pedregoso, quitar las
piedras que impiden que las raíces se profundicen exige, sudor, lágrimas y mucho
esfuerzo. Dios nos puede ayudar a quitar las piedras de la vida. El espera que le
pidamos ayuda. Los espinos también son problemáticos, al igual que en la vida
física. Igualmente, tenemos que pedirle ayuda a Dios para quitar los estorbos que
satanás pone ¿podemos imaginar un campo sembrado en el cual no se quita la
melaza? Sin duda se pierde la cosecha. Para el colmo de males, muchas personas
que asisten a los cultos hacen esto mismo en la vida espiritual. ¿Qué tal es el
suelo de tu corazón?, Cierto hombre luchaba por pagar 200 mil soles que debía,
un día decidió escapar de su problema robando a su amo, la policía saqueo su
casa, publico su fotografía, notifico a todas las fronteras para que vigilaran por si
tratara de escapar y dio a cada banco los números de la serie de los billetes que
había robado, este hombre lo que tenía en sus manos no podía gastarlos porque la
policía lo rastreaba, ¿crees que disfruta su vida?, lo que tenemos en nuestra
manos valen mucho más que el dinero que ese hombre robo, la palabra es como
semilla que contiene vida y riqueza incontable. Es el elemento más potente que
jamás se puede poseer por dinero, cuando oímos la palabra de Dios va a reflejar
en nuestro corazón ese gozo, quitemos la cera de nuestros oídos espirituales para
poder oír y obedecer lo que Dios nos dice a través de su palabra.
4.9 Escuchamos con nuestros oídos, pero hay una forma más profunda de oír, con
el corazón, necesaria para captar el sentido espiritual de las palabras de Jesús.
Algunas personas en la multitud buscaban alguna evidencia en contra de Él; otros
en realidad querían aprender y crecer. Las palabras de Jesús son para los que le
buscan con sinceridad. El que tiene oídos (capacidad) para oír (oportunidad), que
oiga (responsabilidad) (v. 9). A pesar de todo lo que ven y escuchan, algunas
personas no van a ver ni comprender; si así fuera, se volverían a Dios para recibir
su perdón. Isaías estaba describiendo a un pueblo de corazón empedernido que
había dado la espalda a Dios y había rehusado escucharle. Esto es lo mismo que
han hecho muchos de los oyentes de Jesús aun hoy. Sin embargo, aun en el caso
de aquellos que están listos para escuchar, una respuesta superficial es un peligro.
Escuchar descuidada o superficialmente, aquellos que no tienen raíz, o aquellos
cuyas vidas están demasiado llenas de preocupaciones o diversiones (a veces
peligros iguales) no darán fruto. La historia contada por Jesús era fácil de
comprender. Durante la estación de la siembra, era común ver hombres
esparciendo semillas a mano sobre sus pequeños campos. Echaban las semillas
sobre los diversos tipos de suelos que Jesús describe: junto al camino llano, en
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terreno áspero que esconde piedras grandes bajo la superficie, en campos llenos
de espinos y en terreno excelente y fértil. El punto de la parábola es que la
condición del suelo determina el potencial de crecimiento. Los principios son reales
para cristianos y no cristianos por igual. Quienes se han transformado en personas
complacientes e indolentes no están dispuestos a recibir la Palabra con beneficio
(Stg 1.22-25).
oír, escuchar, atender, obedecer, publicar». El verbo puede referirse solamente a
«oír», como cuando Adán y Eva «oyeron» a Dios que caminaba en el huerto (Gn
3.8: primer caso del verbo en la Biblia). Ordenar «escuchar», sin especificar el
mensaje, expresa «convocar»
Esta era una señal de peligro. Era una advertencia. Como una señal de "stop" en
un cruce de vías. Pero aún así, algunos no lo tuvieron en cuenta
El sentido usual de oír, «prestar atención», oye» significa aceptar personalmente al
que habla.
¿Qué diferencia hay entre oír y escuchar la palabra de Dios?
Oír es percibir un sonido, lo cual requiere el funcionamiento del sentido del oído y
el sistema auditivo para interpretar de qué se trata. Escuchar, en cambio,
involucra no solo la acción de oír los sonidos, sino comprenderlos y responder en
función de dichos estímulos.
Ahora entiendo por qué a pesar de oír la Palabra de Dios, no la ponemos en
práctica. Nuestra comunicación con el Señor debe de ser óptima, la mejor. Sin
embargo, oímos y sabemos de memoria muchos versículos de la Biblia pero no los
practicamos porque no nos hemos dedicado a ponerles la atención debida ni a
estudiarlos; no podemos razonar sobre los mismos y entender profundamente su
significado porque simplemente los repetimos como una frase más. Hacemos lo
del lorito: repetir y repetir sin tener conciencia de lo que en verdad decimos. Dice la
Biblia en Romanos 10:17 lo siguiente: “Así que la fe viene como resultado de oír el
mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo”. Esto lo dice Pablo
hablando de los israelitas quienes oyeron desde la antigüedad el mensaje; no
obstante, Isaías se pregunta: “¿Quién ha creído a nuestro mensaje?” (Isaías
53:1). El mensaje profético lo oyeron muchos pero no lo creyeron todos, de lo
contrario habrían aceptado al Señor cuando vino a la tierra y no lo hubiesen
matado. En estos tiempos pasa igual: Son muchísimas las personas que han oído
ya el mensaje de salvación y que incluso se congregan en una iglesia, pero que en
verdad lo hayan escuchado como tal, no. Esto marca la diferencia y lo que no
permite ser radicales en la fe ni dar el testimonio que convencería y cambiaría a
otros. Puesto que el no escuchar es una de las grandes barreras de la
comunicación, es importante que hagamos un alto en el camino y empecemos a
diferenciar entre el oír y el escuchar. Aprendamos que la Palabra de Dios
inicialmente se oye, pero después hay que analizarla, estudiarla, memorizarla y
practicarla.
¿Cuál es la primera puerta que Dios necesita que usted y yo abramos para que
Él entre? Los pensamientos.
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La segunda puerta son los ojos, que son la lámpara del cuerpo. Si nuestros ojos
son malos, todo nuestro cuerpo está lleno de tinieblas
La tercera puerta son los oídos. El Señor Jesús repitió en cada carta de
Apocalipsis: «Que cualquiera que tenga oído oiga lo que dice el Espíritu Santo».
La gente escucha muchas voces, muchos ruidos. Pero aquellos que tienen oídos
(los oídos espirituales) oyen la Voz de Dios y obedecen Su Palabra. Cuando
tenemos los oídos abiertos no solo para escuchar sino para oír la palabra de Dios,
entonces Lo obedecemos. Esta es la gran diferencia entre escuchar y oír.
¿La mayoría de la gente en la iglesia escucha o oye?
Escuchan. No oyen, no practican, no aceptan, no siguen lo que se dice y, en
consecuencia, se desvían. Se cansan, se aburren de sí mismos, de la familia, del
gobierno, del mundo… Con todo, menos com la falta de obediencia a la Palabra de
Dios. Siempre escucharemos voces que dicen: «No vale la pena ser honesto, ir a
la iglesia, perdonar, diezmar», ni por eso debemos dejar de oír a Dios.
Cada uno de nosotros tiene que decidir si hacer lo que otros dicen o lo que Dios
ordena. Cuando Dios sacó al pueblo de Egipto, primero lo llevó al Altar natural de
Dios, al Monte Sinaí. Cuando llegaron al Monte, Él no les permitió subir a todos,
solo Moisés lo hizo y permaneció allí durante 40 días. Mientras tanto, tres millones
de personas estaban al cuidado de Aaron, el hermano mayor de Moisés.
Muchos dijeron que Moisés se había ido, que había muerto, que había huido o que
los había engañado. Cuando Moisés bajó del Monte con las dos Tablas de la Ley,
se sorprendió, porque ya en los Diez Mandamientos Dios sabía lo que estaba
sucediendo allí. La gente había oído las muchas voces, incluso el propio Aaron,
que dejó de oír la Voz de Dios para escuchar la Voz de la gente y creó un dios de
oro. Por la puerta de sus oídos dejaron entrar el mal, y el que eligió idolatrar a ese
dios de oro fue muerto. Cuidado. El hermano de Moisés fue influenciado y sufrió
las consecuencias. Nosotros también escuchamos muchas voces, pero solo
tenemos que oír la Voz de Dios y esa es la que tenemos que obedecer, porque
nos guiará y protegerá.
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