Internet de las cosas (IoT) es un término que se refiere a la red de dispositivos
físicos conectados entre sí y a Internet, que pueden recolectar y compartir datos
automáticamente. Estos dispositivos pueden ser cualquier objeto cotidiano equipado con
sensores, software y conectividad, lo que les permite interactuar y comunicarse entre sí para
realizar tareas específicas sin intervención humana directa. La IoT facilita la automatización de
procesos, el monitoreo remoto, la optimización de recursos y la creación de sistemas
inteligentes que mejoran la eficiencia y la comodidad en diversos ámbitos, como hogares
inteligentes, ciudades inteligentes, salud, agricultura, industria, entre otros. Con pequeñas
variaciones, existen varias definiciones del IoT, como son:
Para Gartner, el Internet de las Cosas (IoT) es la red de objetos físicos que contienen
tecnología incorporada que puede comunicarse, percibir o interactuar con otros
sistemas, ya sean internos o externos.
Según McKinsey, el Internet de las Cosas (IoT) describe objetos físicos dotados de
sensores y activadores que se comunican con sistemas informáticos a través de redes
cableadas o inalámbricas, lo que permite supervisar o incluso controlar el mundo
físico.
Para Deloitte, es la agrupación e interconexión de dispositivos y objetos a través de
una red (bien sea privada o Internet), en la que pueden ser visibles e interactuar.
Además, pueden ser cualquier tipo de objeto, desde sensores y dispositivos mecánicos
hasta objetos cotidianos como el frigorífico o la ropa.
Como vemos en estas definiciones, a pesar de sus diferencias, tienen varias cosas en
común: por una parte, se trata de una red compuesta por todo tipo de objetos; segundo, estos
dispositivos están conectados a Internet; y tercero, no necesitan la interacción humana para
funcionar.
¿Qué son los dispositivos IoT y cómo se usan?
Los dispositivos IoT son aparatos capaces de recoger datos de forma cada vez más
precisa y específica según diferentes ámbitos de aplicación. Por ejemplo, tenemos dispositivos
dedicados a recoger datos relacionados con:
La temperatura de los entornos.
Los movimientos de vehículos.
La calidad del aire.
Los niveles de ruido.
La presencia de determinadas sustancias.
Aquí es correcto recordar que antes del IoT ya existían múltiples sensores cubriendo
estas funciones que detectaban información y la transformaban en datos digitales. Pero lo que
falta en esta fase es la conexión con la red. Se trata de dispositivos que, de diferentes formas y
maneras, se interrogaban “manualmente”.
La transición de los sensores a la Internet de los objetos
Con el paso del tiempo, estos sensores evolucionaron. Por poner un ejemplo, cuando
un sensor detecta los datos de un entorno (temperatura, movimiento, calidad de su aire, etc.)
y “pone en red” estos datos, entramos en el Internet de las Cosas como lo conocemos. Pero no
todos los dispositivos del IoT son iguales y tienen diferentes categorías como:
Dispositivos conectados en red capaces de detectar múltiples tipos de datos y de
transferir estos datos.
Dispositivos conectados en red capaces de realizar un primer nivel de procesamiento
de datos a nivel local para transferir solo los datos que cumplan determinados
requisitos.
Dispositivos conectados en red capaces de recoger datos, realizar un primer nivel de
selección y ejecutar acciones basadas en las indicaciones recibidas.
Dispositivos conectados en red capaces de recoger datos, realizar una selección de
primer nivel y llevar a cabo acciones en función de las indicaciones recibidas, así como
de la capacidad de procesamiento local.
¿Para qué sirve el Internet de las cosas?
El Internet de las cosas (IoT) sirve para conectar y automatizar
objetos físicos cotidianos a través de Internet, permitiendo la
recolección, análisis y uso de datos en tiempo real. Esto posibilita una
amplia gama de aplicaciones, como la monitorización remota de
dispositivos, la optimización de procesos industriales, la gestión
eficiente de recursos en ciudades inteligentes, el seguimiento de la
salud en tiempo real, la creación de hogares inteligentes que se
adaptan a las necesidades de sus habitantes, entre otros. En
resumen, la IoT ofrece la capacidad de mejorar la eficiencia, la
comodidad y la calidad de vida al permitir la interconexión y la
automatización de objetos físicos.
Dada la flexibilidad y variedad de los dispositivos que conforman el
Internet de las Cosas, su potencial es gigantesco en todos los
sectores e industrias. Proyecciones de McKinsey estiman que IoT
podría generar entre 5,5 y 12,6 billones de dólares para 2030, con
especial penetración en industrias y nichos como:
Internet de las cosas en distintas industrias
Ciudades Inteligentes: Los centros urbanos se encuentran en un proceso de
Transformación Digital global que incluye la modernización y coordinación de muchos sectores
como el transporte público, la salud, la energía eléctrica, el agua, el manejo de basuras y la
seguridad. En esta estrategia, el uso de dispositivos inteligentes que va desde cámaras de
seguridad hasta semáforos inteligentes es una necesidad y una tendencia de nuestros días.
Domótica: Las casas inteligentes son cada vez más comunes, con equipos que van
desde aires acondicionados hasta refrigeradores, luces y puertas inteligentes. Los hogares
comenzaron una carrera por modernizarse que se acelerará en el futuro. De hecho, este
mercado se proyecta que moverá más de 581 mil millones de dólares para 2032.
aplicaciones de internet de las cosas
Agricultura: La tecnología también está llegando al campo formando otra tendencia, la
de Agricultura Inteligente, en la que innumerables sensores y drones vigilan los cultivos y el
uso de recursos (como agua y fertilizantes) no solo para crear mejores productos, sino también
para mejorar eficiencias operativas.
Monitores ‘fitness’ y de salud: Algunos de los primeros dispositivos que ayudaron a la
popularización de los ‘wearables’ fueron los monitores de actividades deportivas. Con origen
en el atletismo de alto desempeño, estos equipos empezaron a llegar a los aficionados en
forma de pulseras, relojes y bandas, entre otras opciones.
Fábricas inteligentes (manufactura): Se trata de una división tan grande que ha creado
su propia categoría, también conocida como Internet Industrial de las Cosas (IIoT). En esencia,
es un conjunto de dispositivos autónomos y sensores conectados a la red a través de
aplicaciones industriales que buscan mejorar la eficiencia de los procesos de una organización.
Vehículos autónomos: Los coches inteligentes autónomos son uno de las revoluciones
del mercado más anunciadas de los últimos años y crecen a pasos agigantados, tanto que para
2022 el mercado global ya generaba más de 126.190 millones de dólares.
Redes eléctricas inteligentes: La siguiente generación de redes eléctricas, también
conocidas como Smart Grids, no solo son más sostenibles, también permiten reducir costos y
administrar mejor los recursos.
Retail: Los almacenes de retail son un gran laboratorio de múltiples dispositivos
inteligentes que interactúan entre sí, permitiendo ofrecer mejores ofertas a los usuarios
(personalizadas) y reducir costos a las empresas.
¿Cómo funciona Internet de las cosas y qué se puede hacer?
El Internet de las cosas (IoT) opera mediante la conexión de dispositivos físicos a través
de diferentes tecnologías de comunicación, como Wi-Fi o Bluetooth, que les permiten
recopilar datos del entorno. Estos datos se envían a una plataforma de IoT donde son
almacenados, procesados y analizados para generar información útil. Basándose en este
análisis, se pueden enviar comandos a los dispositivos para realizar acciones específicas, como
ajustar la temperatura de un termostato inteligente. En esencia, el IoT facilita la interconexión,
recopilación y automatización de datos para mejorar la eficiencia y la toma de decisiones en
una amplia gama de aplicaciones.
Para que el Internet de las Cosas funcione correctamente y nos sea realmente útil, es
importante procesar y analizar grandes volúmenes de datos en tiempo real, tanto en la
empresa para mejorar la seguridad y la productividad, como en cualquier ámbito y para
cualquier tipo de objeto conectado. Para ello, se necesitan sistemas integrados entre Big Data,
bases de datos NoSQL y datos IoT.
El Internet de las Cosas es un verdadero “nuevo Internet” precisamente porque abre
perspectivas antes inimaginables, en las que no solo las personas físicas o jurídicas, las
empresas, son reconocibles en Internet, sino que también pueden serlo las cosas. Cosas,
objetos, herramientas que adquieren un papel activo gracias a estar en la red y adquieren
inteligencia. Es decir, capacidad para detectar información y comunicarla.
Ejemplos de cómo y dónde utilizar dispositivos del Internet de las cosas
Los principales ámbitos de aplicación de la Internet de las Cosas (tanto para
consumidores finales como para empresas y fabricantes) son aquellos contextos en los que hay
“cosas” que pueden “hablar” y generar nueva información, como:
Hogar, hogar inteligente, domótica.
Edificios inteligentes, automatización de edificios.
Supervisión industrial, robótica, robótica colaborativa.
Industria del automóvil, coches autónomos.
Salud inteligente, asistencia sanitaria, mundo biomédico.
Todos los ámbitos de la telemetría.
Todos los ámbitos de la vigilancia y la seguridad.
Ciudad inteligente, movilidad inteligente.
Nuevas formas de pago digital a través de objetos.
Agroalimentación inteligente, agricultura de precisión, sensores de campo.
Ganadería, wearables para animales.
Futuro del IoT
El crecimiento de los dispositivos IoT, sumado a una mayor penetración de Internet y
nuevas redes móviles con mayor capacidad de transmisión de datos, abren la puerta a nuevas
posibilidades. Además, su crecimiento implica también una disminución de costos al acceder a
los beneficios de las economías a escala.
Más específicamente, algunas tendencias claras son:
Seguridad desde el diseño. Existen varios casos tristemente célebres, como el de la
Mirai Botnet, porque la inmensa variedad de dispositivos IoT son un blanco grande para ser
ignorado por los ciberdelincuentes. Por ello, uno de los primeros desafíos es cómo proteger
estas redes desde su mismo diseño.
Salud. Es tan grande este campo que tiene su propia distinción: el Internet of Medical
Things (IoMT) or Healthcare IoT, una vertical que ha venido ganando relevancia en los últimos
años y que fue estimulada por la pandemia del Covid-19.
Metaverso. Con millones de dólares impulsando el Metaverso, el uso de dispositivos
de Realidad Aumentada y Virtual (AR/VR) seguirá creciendo para tener acceso a estas nuevas
plataformas.
Artificial Intelligence of Things (AIoT). Como era de esperarse, representa la
convergencia con la Inteligencia Artificial para la captura, el análisis y el uso de los datos de
una forma más acertada gracias al uso de tecnologías como Machine Learning y Deep
Learning.
Por supuesto, estas son apenas algunas de las grandes tendencias, aunque existen
muchas otras en la optimización de cadenas de suministro o para mejorar el almacenamiento y
la entrega de productos.
Otro aspecto a tener en cuenta es que el IoT es una convergencia de otras tecnologías
como la computación en el borde o en la nube, y su evolución es constante, integrándose cada
vez más en la vida de todos.
Además, el IoT no es el futuro, es el presente. Con el liderazgo de países como China,
Estados Unidos, Alemania y Corea del Sur, esta tendencia tecnológica es transversal afectando
innumerables industrias, entre ellas los gobiernos. Y por esta misma circunstancia, sirve no
solo como una herramienta para optimizar viejos procesos de negocios, sino también para
generar nuevas ideas y servicios. Piense, por ejemplo, en la explosión de aplicaciones de salud.
Dicho de otra forma, IoT es un requisito actual para la competitividad empresarial y, si
bien, la inversión en estas plataformas puede representar un “sacrificio” en términos
económicos, a la larga es para el bien de todas las empresas.
Seguridad IoT y privacidad (datos sensibles)
La privacidad y la protección de datos personales y sensibles son otros puntos
importantes en el Internet de las Cosas. Un campo en el que Europa y Estados Unidos llevan la
delantera con regulaciones como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) o la
Privacy and Data Protection Task Force de la FCC estadounidense.
En Colombia, la Constitución estableció en el artículo 15 el derecho de protección de
datos personales como el derecho de toda persona para conocer, actualizar, rectificar y/o
cancelar la información y datos personales que de ella se hayan recolectado y/o se traten en
bases de datos públicas o privadas.