Derechos Humanos
Los derechos humanos, como su nombre lo indica, son aquellas libertades y derechos básicos
que tienen las personas, sin distinción de sexo, nacionalidad, lugar de residencia, origen
nacional o étnico, color, religión, idioma, edad, partido político, condición social, cultural o
económica o cualquier otra condición.
No son derechos que existen desde siempre, ni tampoco son limitados en cantidad. Es
importante saber que son el resultado de luchas y conquistas sociales, porque surgieron a
partir de necesidades de los sectores populares y minorías a lo largo de la historia y en
diferentes lugares del mundo: esclavos, trabajadores, pobres, mujeres, infancias, migrantes,
personas con discapacidad, pueblos originarios, grupos políticos, religiosos y de diversidades
sexuales. Es decir, colectivos vulnerados fueron quienes impulsaron y encabezaron las luchas
por la ampliación de derechos.
Valores como la libertad, la democracia, los derechos humanos, la solidaridad, el
multiculturalismo, la libertad de cultos, la igualdad de género, entre otros que hoy son parte
de nuestra realidad, son reforzados y protegidos a través de la acción internacional del Estado.
La Argentina es uno de los países con más altos estándares en derechos humanos. La
Constitución Nacional, en su artículo 75, inciso 22 otorga jerarquía constitucional a los
instrumentos internacionales más importantes en materia de derechos humanos, los que
prevalecen sobre las leyes internas y otros tratados. A pesar de que los estándares
establecidos en derechos humanos en la Argentina superen largamente las exigencias del
sistema internacional, el país ha decidido que es bueno para sus ciudadanos asegurarles todas
las jurisdicciones disponibles para sus derechos humanos.
La diversidad y la multiculturalidad son características muy marcadas de nuestra sociedad. Una
de sus manifestaciones es la libertad religiosa. La libertad de expresión y de culto son derechos
humanos fundamentales, inseparables el uno del otro
Por otra parte, la dignidad del hombre y la solidaridad son valores que se busca resguardar con
la aplicación del derecho internacional humanitario. La igualdad de género y el
empoderamiento de las mujeres constituyen una política de estado en la Argentina. El país
adoptó un perfil muy definido de condena a la violencia y defensa de la democracia y de los
derechos humanos.
En la historia de nuestro país, la conquista de los derechos ha sido llevada adelante por
esclavos, trabajadoras y trabajadores, pobres, mujeres, migrantes, pueblos originarios, grupos
políticos, grupos LGTTTBIQ+ (lesbianas, gays, travestis, trans, transgénero, bisexuales, intersex
y queer) entre otros colectivos.
Las luchas para superar situaciones de profunda desigualdad y postergación social dieron lugar
a la conquista de nuevos derechos y a la ampliación de derechos que ya se tenían. Por
ejemplo, los derechos de los trabajadores que delimitan las horas de la jornada laboral, o la
protección frente a accidentes laborales o enfermedad. Otros ejemplos más actuales son la Ley
de Identidad de Género (2012) y la Ley de Matrimonio Igualitario (2010), que amplían los
derechos de los colectivos LGTTTBIQ+, permitiendo que personas del mismo sexo puedan
casarse, reconociendo sus identidades de género no tradicionales, o la ampliación de la noción
de familia.
Todos estos son proyectos de inclusión y transformación de la realidad para el bienestar y
equiparamiento de nuestra sociedad. Actúan sobre una franja de la sociedad muy vulnerable,
con el objetivo de generar condiciones para la ampliación de derechos, en un marco de
igualdad de oportunidades para lograr una sociedad más justa para todas y todos.
Es importante tener en cuenta que los derechos se tienen cuando se los ejerce y que no hay
derechos sin un Estado presente que actúe como su garante y promotor.
¿Cuáles son las características de los derechos humanos?
Son universales porque todas las personas son titulares, es decir, todas y todos somos sujetos
de derecho. Esto quiere decir que en cualquier lugar, tiempo y circunstancia política, social,
cultural y económica.
Son inalienables porque nadie puede renunciar a ellos, ni el Estado puede alegar que no se
reclamen para excusarse de su cumplimiento.
Son indivisibles e interdependientes porque un derecho está en relación con otros. La violación
de un derecho supone la violación del resto. Las políticas de promoción de derechos deben
guardar relación unas con otras. Ningún derecho debe ser considerado más importante que
otro, no debe existir una jerarquía entre los derechos.
Son progresivos e irreversibles porque la tendencia histórica indica el avance de derechos.
Cuando un derecho se plasma en Ley, Norma o Tratado internacional no se puede ni volver
atrás ni cancelarlo.
Son obligatorios para cualquier Estado, sin importar si se está atravesando una crisis
económica, política, una guerra o una catástrofe natural. El Estado no sólo debe garantizar y
respetar los derechos reconocidos, sino además ponerlos en práctica.
El fin de la segunda guerra mundial llevó a la comunidad internacional a hacer un ejercicio de
reflexión conjunto sobre la necesidad de dotar de una mayor protección a los derechos
humanos (DDHH). Esta reflexión dio como resultado el derecho internacional de los derechos
humanos (DIDH), tal y como lo conocemos hoy en día.
La Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), aprobó en 1948 la Declaración Universal
de los Derechos Humanos, marcando un hito en la historia. La Declaración fue el punto de
partida e inspiración de todos los subsiguientes sistemas de protección de DDHH, tanto a nivel
internacional como regional y nacional.
Sin embargo, a pesar de su importancia, sus disposiciones no eran vinculantes, por lo que la
comunidad internacional acordó promulgar dos tratados internacionales que desarrollaran la
Declaración y plasmaran en obligaciones jurídicas los derechos que en ella figuraban. De este
modo, en 1966 se adoptaron el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto
Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, junto a dos Protocolos
facultativos que establecen procedimientos a los que se someten los estados para monitorear
el cumplimiento de sus disposiciones.
En estos tratados se establecieron los derechos que todos los seres humanos, de manera
universal, disfrutamos por el solo hecho de serlo. Sin embargo, con los años, y gracias a las
demandas de la sociedad civil, se entendió que esta ‘universalidad’ no era tan universal, sino
que se basaba en el sujeto legal liberal tradicional: el hombre blanco heterosexual occidental
sin ninguna discapacidad. Todas aquellas personas que no encajaran en esas categorías se
encontraban con un doble obstáculo: por un lado, tenían más dificultades en el acceso a sus
derechos y, por otro, corrían más riesgo de que sus derechos fueran vulnerados. Por ello, el
DIDH comprendió la necesidad de elaborar catálogos de derechos específicos, adaptados a las
realidades de determinados colectivos: personas racializadas, mujeres, infancia,
trabajadores/as migrantes, personas con discapacidad, etc. Asimismo, igual que en el caso de
los dos Pactos internacionales, se implantaron mecanismos de protección de cada uno de
estos tratados para velar por su cumplimiento.
Dicho todo esto, podemos concluir que en las últimas décadas el avance en materia de
protección DDHH ha sido extraordinario. Los estándares y mecanismos de protección han
proliferado adoptando caminos diversos para poder responder adecuadamente a realidades
sociales cambiantes. La comunidad internacional ha jugado un papel importante en este
progreso, pero ha sido la sociedad civil la que ha impulsado los cambios y ha mostrado el
camino. El DIDH y sus mecanismos de protección están cada vez más presentes en nuestro día
a día y la sociedad civil los empieza a conocer, a interiorizar y a utilizar, ya sea a través de la
investigación, la incidencia política o el litigio estratégico. En definitiva, el DIDH no es un fin
sino un medio: es una herramienta dirigida al cambio a todos los ámbitos, legislativo, político y
social.
Por supuesto, no todo es de color de rosa. Hay todavía múltiples obstáculos que impiden la
efectividad de los DDHH en la práctica: la ausencia de un enfoque interseccional en el DIDH, la
falta de mecanismos de control de la ejecución de sentencias y dictámenes internacionales, o
gobiernos que deciden desvincularse de la comunidad y de los tratados internacionales de
forma unilateral, entre otros muchos.
ACTIVIDADES
1- Lectura del Texto
2- Realizar un mapa conceptual de los aspectos más importantes
3- ¿En qué parte de la Constitución Nacional figuran los Derechos Humanos?
4- Con tus palabras explicar Igualdad de género, ¿en qué somos iguales mujeres y varones?
5- ¿Por qué creen que los DDHH no son limitados en cantidad?
6- ¿Por qué es importante conocer los derechos que tenemos los ciudadanos?
7- ¿De quién es la responsabilidad de respetar y hacer cumplir los DDHH?
8- Explica con tus palabras las características de los DDHH.
9- Resumir con sus palabras, el surgimiento de los DDHH.
10- Realizar una reflexión personal acerca de la realidad actual.