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Exégesis Perícopa Marcos

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SEMINARIO CONCILIAR DE BOGOTÁ

METODOS TEOLOGICOS
P. HUGO MARTINEZ
RAFAEL LEONARDO MENDOZA

EXÉGESIS PERÍCOPA MARCOS (MC 7, 31-37)

31 Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea,
atravesando el territorio de la Decápolis.
32 Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos.
33 Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con
su saliva le tocó la lengua.
34 Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y dijo: «Efatá», que significa: «Abrete».
35 Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar
normalmente.
36 Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía,
ellos más lo proclamaban
37 y, en el colmo de la admiración, decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y
hablar a los mudos».

EXÉGESIS:

Jesús después de curar a la hija de una sirofenicia, en la región de Tiro, partió hacia Galilea,
pasando por Sidóm y Decápolis. Allí, le presentaron un Sordo, las personas habiendo
escuchado que Jesús hacia milagros, le llevaron un sordomudo, para que lo curar y ver los
milagros, y ellos queriendo como sea la curación le dicen a Jesús como hacerla [impóngale
las manos sobre él] (Lucas 4,40) da a conocer que Jesús curó muchas personas imponiendo
las manos, y las personas viendo que Él actuaba así, le obligaban de cierta manera que
hiciera lo mismo para ellos presenciar el fenómeno sobrenatural.
Jesús, percatándose de que la gente quería ver sólo un espectáculo, más no ver el deseo de
tener sano a un ciudadano, llevando a apartar a todos del enfermo, dando a conocer que no
estaba enfermo, sino que los enfermos eras los demás.
Jesús lo toma y lo aparta de todos, buscando que cada persona sea respetada en su
intimidad, y dando a conocer que él no está obligado a una forma única de obrar, decide no
sólo poner las manos, sino que estando a solas, donde él y el mudo sin hablar uno con el
otro, con la mirada se podían comunicar. Jesús toma sus dedos y los mete en los oídos, no
dejando de lado la necesidad de esta persona, puesto que le bastaba solo con imponerle las
manos, pero Jesús toca cada dolencia de la persona, y por ello, decide tocar sus oídos,
palpar con el sordo su realidad, que no sea ajena a él, sino que, a pesar de no poder oír con
el oído, pueda sentir con él. Luego, de igual modo, no siendo ajeno a la dolencia de éste,
Jesús con su saliva toca su lengua, entendiendo que su legua estaba seca, no podía salir
palabra de su garganta y refrescar su habla, por eso, Jesús comparte de su lengua, el habla,
pues él es la palabra hecha carne, sólo el sabio como devolverle el habla a una persona que
no lo tenía.
Ahora, podemos entender que esa falta de palabra para ésta persona, es debido a la perdida
de sentido de su uso, pues para que hablo si nadie escucha, Jesús que es la palabra lo aparta
y escucha todo lo que hay en su corazón. Y entrando en relación con lo que sentía, deja que
se una su habla con el de él y permitir que su garganta exprese libremente las palabras
ocultas en su corazón.
Levantando los ojos al cielo, el mismo Hijo de Dios da a conocer a la humanidad, la
necesidad de levantar la mirada al Padre que todo lo puede. Hace un gesto en el cual, está
reconociendo que se necesita de tener la mirada fija en Dios, y dejando salir de su garganta
palabras de aliento, grita Ábrete. Cristo deja salir de su corazón lo que Él sentía, deja salir
alte los oídos del sordo mudo el afecto y la cercanía que quizás nunca experimento, ver que
alguien se preocupa por él. Se dice que, tras ese gesto, se fue soltando su atadura, fue
cambiando su corazón de piedra, a uno de carne; deja escapar su sentir ante Jesús y expresa
lo que Cristo desea oír. Además de hablar, expresar que hablaba correctamente, a lo que
nos lleva a pensar que sus palabras eran verdaderas, no había ya mentiras, así como
cualquiera puede decirlas, ante Jesús la verdad sale y Cristo deseaba que la verdad saliera
siempre a flote.
De igual modo, le dice Jesús que a nadie le cuenten, estando a solas con el sordomudo y la
multitud viendo que el que no hablaba ahora habla, ven un milagro, pero Él desea que no se
cuente, puesto que no están preparados, aun todos no conocen la verdad, desea Jesús que,
quienes predican la buena nueva, primero tengan una experiencia y sepan lo que es verdad,
ya que podemos distorsionar lo que Él desea que se conozca.
Pero cuanto más decía que no lo contasen, más proclamaban lo sucedido, para muchos,
Jesús parece estar contradiciendo lo que hizo con lo que dice, puesto que cura a un sordo
mudo, da el habal ero calla a los que hablan. Hace hablar a los mudos y confundir a los
necios.
Cristo pide que no empiecen a hablar las cosas sin conocer bien su significado, pues Él hizo
un milagro, pero deben ver más allá de ese gesto, no quedarse en lo visible, en lo físico o en
lo material, sino ver la gracia que Dios derrama sobre cada persona. Puesto que ha dicho,
“pedid y se os dará” (Mt 7, 7-11). No se debe ver sólo lo que nuestros ojos pueden ver, el
espíritu también debe abrir su mirada y penetrar en los misterios de Dios, en otras palabras,
primero vena que esta persona enferma está de nuevo alentada para dar gloria al Padre, para
estar con su familia, para vivir en comunidad y poder obrar como todo hombre y no ser ante
la vista del resto una carga. Ellos ven a Jesús como un curandero, así como lo veían
quienes presenciaron la multiplicación de los panes, vieron solo los panes en sus manos,
más no el gesto de compartir y dar gracias a Dios por haber permitido que llegara ese
pedazo de pan en sus manos.
Hace oír a los sordos y hablar a los mudos, aun que es lo que se está proclamando es
verdadero, Jesús desea que den gloria a Dios por ver que una persona a la vista de los
demás (obsoleta) no daba mucho, ahora está por dar frutos. Además de dar gloria a Él por
dar bendiciones, se debe de recibir esas bendiciones, y en ese caso, acoger al que está
sordo, no solo acogerlo cuando esta sano, como lo debían hacer al curarlo Jesús.
Exégesis perícopa Marcos (Mc 1, 40-45)

40.Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes
limpiarme.»
41. Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.»
42.Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio.
43.Le despidió al instante prohibiéndole severamente:
44. «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación
la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.»
45. Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de
modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba
a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.

En esta perícopa presentada por Lucas, se logra ver que, un leproso se acerca a
Jesús. Éste acercarse debe de entenderse como una forma desesperada de pedir ayuda,
debido a las circunstancias de aquel tiempo, puesto que los leprosos debían ser excluidos de
la sociedad, marginados y alejados de todo contacto social. Por ello, se logra ver el
desarrollo de este fragmento, en el que, al parecer el leproso termina por dejar de la do la
ley antigua, y busca afianzar su fe en la nueva ley de Cristo. Éste, le παρακαλῶν [suplicaba]
a Jesús, y γονυπετῶν [arrodillado] le pide quedar limpio καθαρίσαι [limpiar]. Las acciones
que tuvo el leproso fue acercarse a Jesús, suplicó, se arrodillo y pidió quedar limpio, no
antes realzando la grandeza: querer y poder.
Compadecido o encolerizado*, con su mano tocó al leproso, algo que no era permitido por
la ley de aquel tiempo. Pues el leproso debía estar lejos del reto y quien tocara a un leproso
quedaba impuro y bajo juicio del sacerdote. Si lo quiero y puedo, estas limpio. Puede
entenderse que ese encolerizar, es debido a un tipo de rabia que surgió por el momento,
puesto que el leproso, vivió totalmente sometido a una ley que le rebajaba su dignidad. A lo
que Cristo tocándolo, le devuelve su estado de persona.

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