Se entiende por bioética a la disciplina centrada en estudiar los dilemas morales que
se presentan a través de los avances de las ciencias de la vida humana y animal, cubriendo
aspectos científicos y médicos, así como biotecnológicos y medio ambientales. Con esto es
como se establece su principal función como efectora de promover el bienestar de todo ser
vivo, con la instauración de principios propiamente éticos para dicho fin, consistentes en
guiar la toma de decisiones en las áreas correspondientes. Sin embargo, su aplicación, como
todo factor temporal, surge mediante eventos sucedidos a lo largo de la historia, que
caracteriza al origen de esta disciplina como una existencia que trasciende el tiempo,
sufriendo evoluciones determinantes que a continuación se pretenden explicar.
En el pasado y desde que el hombre tiene memoria, las prácticas poco ortodoxas y la
barbarie en la experimentación en general tuvieron una presencia significativa que, podría
decirse son pioneras del pensamiento conservacionista actual, cuyos cimientos catalizadores
se remontan en el Código de Hammurabi y el Juramento Hipocrático, que son compendios
históricos para las leyes universales y médicas, respectivamente. Desde entonces,
innumerables avances científicos surgieron, siendo el siglo XX el principal testigo de
progresos sin precedentes en los estudios biológicos y la tecnología médica, lo que generó
una serie de nuevos desafíos éticos, que se evidencia principalmente en la adopción de la
Declaración Universal de los Derechos Humanos por parte de la ONU, en 1948, tras la
Segunda Guerra Mundial. En respuesta a todo esto, surgió el campo de estudio protagonista
de este artículo: la bioética.
Cronológicamente, en 1939, el bioquímico, oncólogo y filósofo estadounidense Van
Rensselaer Potter publicaría su primer libro que sentaría las bases para su interés en la
intersección de la bioquímica y la ética. Posteriormente a eso, fundaría la Sociedad para el
Estudio de la Evolución Biológica y Social, en 1941, que destacaría su enfoque holístico en
la comprensión de la vida. También, en el año 1966, Joseph Fletcher introduciría el
situacionismo en la ética médica con su escrito “Situaciones Éticas”, que serviría como
familiarización para Rensselaer. A raíz de esto, estableció el término “bioética” mediante un
artículo que la conceptualizaba como “una ciencia para la supervivencia”, abogando por una
nueva disciplina determinante en la integración de la ética y la biología por el bien común.
Todo esto en el año 1970, que sería una fecha determinante para el desarrollo de este tema,
pues debido a sus actos es considerado como el padre fundador del estudio en cuestión.
Rensselaer no se quedaría ahí, ya que tan solo un año después, en 1971, puclicaría su
obra maestra denominada “Bioética: Puente hacia el Futuro”, donde explora los desafíos
éticos emergentes en áreas como la investigación biomédica, la tecnología reproductiva e
incluso en el medio ambiente. Su asociación con el “McArdle Laboratory for Cancer
Research” sirvió a su vez como factor clave para la fundación del Hasting Center por parte
de Callahan y Gaylin en 1969, dedicado a la investigación, educación y compromiso público
en pos de los aspectos éticos.
En cuanto a la relación de sus definiciones, la bioética y los eventos precursores de
su desarrollo, se mencionan los casos de Tuskegee (entre 1932 y 1972, dónde cientos de
hombres afroamericanos con sífilis se les permitió desarrollar esta enfermedad sin estos ser
informados al respecto con anterioridad), y Quinlan (entre 1975 y 1985, en el cual una joven
acabó en estado vegetativo, lo que daría concepción al término de “muerte cerebral”, y
supondría un hito en la bioética y jurisprudencia, reconociendo los derechos de las personas
para tomar decisiones sobre su tratamiento, así como establecer las implicaciones éticas en
mantener a un paciente en dicho estado).
Siguiendo con el desarrollo de la bioética como disciplina, a partir de 1974, con el
informe médico Belmont serían influyentes factores intrínsecos en la experimentación con
seres humanos y la protección de estos durante dichos procesos. Y no sería hasta 1978, con
la Declaración de Bellagio, que se establecen los principios éticos para el desarrollo y la
tecnología en la recombinación de ADN.
Ya en los noventas, finalmente sucede la expansión de la bioética como campo
académico y profesional, cuya atención global se vio aumentada entrado los 2000. Diez años
después se determina el surgimiento de nuevas áreas especializadas dentro de la bioética,
como la neuroética, la bioética de investigación animal y de inteligencia artificial. Esta última
se vería afectada por nuevos desafíos en el 2020, junto a la edición de ADN y la pandemia
por COVID-19.
En la actualidad, la bioética sigue siendo un campo en constante evolución, ya que
aborda nuevos retos que surgen en el campo de la ciencia y la tecnología. Las ideas de Van
Rensselaer Potter siguen siendo relevantes y proporcionan un marco valioso para el análisis
y la resolución de estos desafíos. Esta es claramente una disciplina esencial, constituida por
subdisciplinas, que trabajan para garantizar que los avances científicos y tecnológicos se
utilicen de manera responsable y ética, con el objetivo de proteger la salud y el bienestar de
las personas y el planeta. Su desarrollo ha recorrido un largo camino desde sus inicios en la
década de 1970, siendo las contribuciones de Rensselaer elementos fundamentales para el
desarrollo de este campo, que deja en claro la tarea de garantizar un futuro más justo y
sostenible para todos.