Oscar
Clan Z 4
Jess GR
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la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo público. La infracción
de los derechos mencionados puede ser constituida de delito contra la
propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del código penal).
Diseño de Cubierta: Luce G. Monzant
Corrección: Nia Rincón
Los personajes, eventos y sucesos presentados en esta obra son ficticios.
Cualquier semejanza con personas vivas o desaparecidas es pura coincidencia.
En un mundo de locos, los locos son los cuerdos.
Akira Kurosawa
Advertencias
Este libro contiene escenas explicitas de
sexo,
sex o, violencia física y sexual, torturas,
asesinatos, trastornos mentales, lenguaje
explicito, autolesiones, referencias a
negligencia parental y maltrato infantil.
No recomendado para menores de edad ni
personas sensibles.
Recuerda
ficción. que es solo
La salud una historia
mental es muy de
importante y bajo ningún concepto debes
tomar lo que ocurr
ocu rre
e en este libro como un
ejemplo.
Prólogo
Oscar
Acabo de meter la última prenda de ropa en la maleta
cuando la puerta de mi habitación se abre de golpe. Giro la
cabeza, apenas un segundo, antes de regresar a mi tarea.
—¿Cómo estás? —pregunto sin mirarla, aunque la
escucho acercarse.
—Sobreviviré. Empiezo a acostumbrarme a que me
rompan la nariz cada poco tiempo —su voz suena nasal, y al
echar un nuevo vistazo en su dirección me doy cuenta del
gran apósito que cubre parte de su rostro.
rostro.
un —Tal vez deberías
niño frente pensar—farfullo,
a su madre dos vecesy antes de de
termino amenazar a
cerrar la
maleta.
—Entonces es cierto… —escucho a Luna suspirar, y tras
bajar la maleta al suelo, tomo una respiración profunda y
me atrevo a mirarla—. Te vas. —Asiento con la cabeza,
aunque sé que no era una pregunta.
Su pelo oscuro y corto le cae sobre un ojo y se lo aparta
con un golpe de cabeza. Hace una mueca con los labios,
seguramente por el movimiento brusco, y resopla con
fuerza.
—Tengo que ayudar a Angy. Ella y Alex se quedaron en la
finca para salvarnos el culo. Se lo debemos.
—Yo no le debo una mierda —sisea entre dientes, y sus
ojos azules se clavan en los míos—. Tú tampoco. Ella misma
se ha buscado esto. No se jode con los Urriaga.
—¿Te escuchas cuando hablas? —inquiero, frunciendo el
ceño—. Es Angy. Hemos crecido con ella, siempre estuvo ahí
cuando la necesitamos, como una hermana mayor. Esos
hijos de puta la drogaron y violaron.
—¿Y qué? ¡Yo no tengo la culpa, joder!
Pongo los ojos en blanco y sacudo la cabeza de un lado a
otro, dándola por imposible. Intentar que Luna se ponga en
los zapatos de otra persona es una pérdida de tiempo. La
empatía no es lo suyo. Sé que no lo hace a propósito. Solo
es un mecanismo de defensa. La vida ha sido tan perra con
ella que lo que menos le importa es entender los problemas
de los demás. Tiene bastante con los suyos.
—Bueno, pues yo sí me siento responsable. Tengo una
deuda con ella y pienso saldarla.
—¿Cuándo volverás? —Me encojo de hombros y aparto la
mirada—. ¡Mierda! No vas a regresar,
regresar, ¿verdad?
—No en un espacio corto de tiempo. Angy necesitará que
alguien la apoye mientras se hace cargo de todo en la finca,
y cuando Alex se recupere irá a por ella. —Suspiro—. Eso
puede acabar muy mal.
—¡¿Y a ti qué te importa?! Es problema de ellos. Ya sabes
cómo son. Se pasan la vida peleando, pero siempre vuelven
a estar juntos. No creo que quieras estar en medio de esos
dos cuando empiece la nueva batalla.
—Aquí tampoco —suelto sin pensar.
—¿Ocurre algo más, Oscar? —Antes de que pueda negar,
noto las manos de Luna sobre mi rostro. Reúno todo mi
autocontrol y me aferro al asa de la maleta con fuerza—.
Mírame —susurra, y no me queda más remedio que hacerlo.
¿Por qué?enPues
convierto porque
su jodido cuando
esclavo, en esta mujer
un perro me toca que
amaestrado me
vive y respira solo por un roce de su piel contra la mía—.
¿Qué está pasando? ¿Han vuelto las voces?
Trago
Trago saliva con fuerza y sacudo la cabeza de un lado a
otro. Las voces nunca andan lejos, intento silenciarlas, pero
siempre están ahí, queriendo hacerse oír, aunque eso no
tiene por qué saberlo nadie.
—Tengo que irme —repito sin aliento.
Sus manos caen de mi rostro y frunce el ceño,
contrariada.
—¿Vas a abandonarme por ella? Te gusta, ¿es eso?
Pestañeo
Pest añeo un par de veces por su tono acusatorio.
—No sé de qué mierda me hablas, Luna.
—No te hagas el idiota conmigo. Siempre la defiendes.
Durante años, cada vez que cualquiera nombra a Angy, tú
sales en su defensa como un maldito guardaespaldas.
Tomo
Tomo una respiración profunda y la observo en silencio
durante unos segundos.
Está celosa. Deja de hacer el maldito imbécil y fóllatela.
Lánzala sobre la cama, rasga su ropa y…
Me las arreglo para silenciar al monstruo que vive en mí
y retrocedo
retrocedo un par de pasos.
—Es lo mejor —atino a decir con la mandíbula tensa.
—¿Para quién? Alex irá a por ti si sabe que deseas a su
mujer.
—¿Quién ha dicho que lo hago? Estás haciendo
suposiciones estúpidas.
—¡Entonces dime la puta verdad! ¿Por qué huyes? ¿Estás
enfadado conmigo? Es por haber amenazado al crío de
Angy, ¿verdad? ¡Le pediré perdón, maldita sea!
—¡¿A ti qué mierda te importa a dónde vaya y con
quién?! —grito, perdiendo los papeles—. Yo no te pido
explicaciones de lo que haces ni siquiera cuando te follas a
un traidor
traidor..
—Entonces, ¿es por eso? —Esboza su típica sonrisa de
arpía
era unmaliciosa
traidor. y niega con la cabeza—. No sabía que Rai
—Pero sí que era un imbécil y, aun así, te metiste en su
cama. —No sé si es mi tono de voz o la forma en la que mi
cuerpo tiembla lo que me delata. Luna estrecha su mirada
sobre mí con desconfianza, o tal vez es solo curiosidad.
—Nunca antes me has juzgado por que me acueste con
quien me dé la gana. Somos amigos, ¿recuerdas?
¿Amigos? ¡Dios santo! Rájala de arriba abajo y fóllate su
cadáver. Solo así lo entenderá.
Vuelvo a retroceder, negando con la cabeza.
—No te juzgo, pero estoy harto de que cualquiera pueda
tenerte. ¿Qué te dan ellos que yo no? —Los ojos de Luna se
abren hasta el nacimiento del pelo. Aparto la mirada y niego
con la cabeza—. Da igual. Olvida lo que he dicho. Debo
irme.
Intento pasar por su lado arrastrando mi maleta, pero
noto su mano sobre mi brazo, tirando de mí para que me
gire en su dirección.
—No lo hagas, Oscar. —Inspiro hondo por la nariz y
espero a que me rodee y se quede frente a mí, muy cerca,
demasiado para mi propio bien.
Sus manos van a parar a mi pecho. Puedo notar la
calidez de su piel a través de la tela fina de mi camiseta.
Después se deslizan hacia abajo con lentitud. Contengo el
aliento cuando llegan a la parte baja de mi abdomen y
rozan la cinturilla de mi pantalón. Mi corazón late muy
rápido. Clavo mi mirada en su boca de labios gruesos y
apetecibles. Llevo soñando con este momento desde que
era un jodido crío.
—Quiero besarte —susurro
—susurro con un hilo de voz.
Mi mirada regresa a la suya y contengo un gemido
cuando noto como una de sus manos acaricia mi erección.
Luna asiente.
—Si esto es lo que tengo que hacer para que te quedes…
—Sus palabras me dejan paralizado. Me aparto de forma
brusca y moviendo la cabeza de un lado a otro.
¡Mata a la perra, joder! Es una maldita egoísta. Solo
piensa en sí misma. Jamás la tendrás.
Ignoro su voz y también la sombra que puedo ver por el
rabillo del ojo. Ahora mismo no puedo lidiar con él, no
mientras la poca esperanza que aún albergaba de algún día
tener a Luna se desvanece frente a mis ojos.
—¡No has entendido una mierda! —siseo furioso.
—No me importa, Oscar. Si lo que quieres es follarme, me
da igual, ¿vale? Lo aceptaré, pero no me dejes. Te necesito a
mi lado.
Exhalo una enorme bocanada y contengo las lágrimas
que amenazan con ahogarme desde adentro. Esta vez soy
yo el que sujeta su rostr
rostro
o con las manos y busco su mirada.
—Ese es el motivo por el que debo irme. Tú me necesitas
y yo… —Respiro hondo y cabeceo de nuevo, dejando que
una lágrima solitaria descienda por mi mejilla—. Yo te amo
más de lo que nadie nunca entenderá. —Sus ojos se abren
mucho con sorpresa, y aprovecho para depositar un beso
fugaz en su frente—. Adiós, Luna.
Antes de que pueda reaccionar, paso por su lado y me
marcho de la habitación sin mirar atrás.
Capítulo 1
Oscar
Tres años
añ os después
d espués
Respiro profundo por la nariz, dejo que el aire llene mis
pulmones y lo suelto despacio por la boca mientras muevo
ambas manos hacia abajo, después las acerco al pecho y
junto las palmas. A mi lado, Nacho repite mis movimientos
conElprecisión.
sol de la mañana nos hace sudar, pero no nos
detenemos. Seguimos moviendo nuestros cuerpos de forma
lenta, respirando y serenando la mente con cada una de las
técnicas que he llegado a perfeccionar estos últimos tres
años. Nacho se unió a mí hace ya unos cuantos meses y ha
resultado ser un gran compañero de ejercicios. A ninguno
de los dos nos gusta hablar demasiado. Estamos cómodos
con el silencio. Mientras ejercitamos nuestros cuerpos y
mentes, solo escuchamos el cantar de los pájaros, el
relinchar de los caballos a lo lejos y algunos animales más
que hay repartidos por distintas cuadras y corrales de la
finca Urriaga.
—¿Ya habéis acabado con el chan chin? —La voz de
Lucas sobresalta a Nacho, que se gira fulminándolo con la
mirada. Yo solo exhalo con fuerza y pongo los ojos en
blanco.
—Es taichí —lo corrijo.
El crío nos rodea y se sienta sobre la hierba amarillenta,
sonriendo de manera burlona.
—Lo que sea. Parecéis idiotas ahí bailando con el aire.
Nacho y yo nos miramos un instante antes de bajar los
brazos. Supongo que la sesión de hoy va a ser más corta
gracias a Lucas y su sentido de la oportunidad, o más bien
la falta de él. Es imposible que Alex pueda negar su
paternidad. Cada día que pasa, el chiquillo se parece más a
él. Siempre haciendo bromas fuera de lugar y provocando a
todo aquel que le rodea. Arrogancia pura. Son
insoportablemente idénticos.
—¿Tú no tienes nada mejor que hacer? —inquiero,
tendiéndole una botella de agua a Nacho. Le doy un trago a
la mía y lo miro expecta
expectante.
nte.
—Mamá me ha pedido que venga a buscaros. Se nos va a
hacer tarde para desayunar.
Asiento, aunque apuesto a que Angy le advirtió que no
nos interrumpiera, pero Lucas no lleva demasiado bien eso
de cumplir lo que le ordenan, y solo tiene ocho años. No me
gustaría estar en los zapatos de sus padres cuando sea un
adolescente.
Nacho se cuelga la camiseta del hombro y ayuda a Lucas
a ponerse en pie tirando de su mano. No entiendo esa
relación de amistad que los une. Nacho es un adolescente,
está a punto de cumplir los dieciséis, aunque la edad de
diferencia no creo que sea importante, lo que de verdad me
resulta extraño es que se lleven tan bien siendo tan
distintos. Lucas es un
siempre sonriendo, torbellino, corriendo
bromeando, habla y habla sin parar,
y saltando; el
otro, sin embargo, apenas dice una palabra al día con
suerte, es inexpresivo, tranquilo y muy tímido. Supongo que
juntos se complementan.
—¿Estás listo para vivir en Estados Unidos? —le pregunto
mientras caminamos a la par en dirección a la casa
principal. Se encoge de hombros a modo de respuesta y yo
sonrío—. Lina y tú vais a estar bien en la mansión de Zarco.
Además, yo me quedaré con vosotros. —Rodeo sus hombros
con el brazo y señalo con la barbilla a Lucas, que sigue
parloteando sin parar a pesar de que ambos lo ignoramos—.
Piensa en lo tranquilo que vas a estar sin él —susurro. El
chico esboza una sonrisa tímida.
—No… —Hace una pausa y respira hondo—. No está tan
mal.
Asiento y le agradezco su esfuerzo con un apretón
cariñoso en el hombro. Una de las razones por las que
Nacho apenas habla es porque le cuesta expresarse. No
tartamudea ni nada parecido, solo le cuesta encontrar las
palabras correctas en cada momento.
Dejo que los chicos pasen al interior de la casa y me
quedo un poco rezagado para poder disfrutar una vez más
de la maravilla que me rodea. Hubo una época en mi vida
en la que odié vivir aquí. Solo tenía malos recuerdos de este
lugar, pero estos últimos tres años he aprendido que no
importa el sitio, los malos pensamientos nos persiguen allá
donde vayamos.
Estoy a punto de entrar cuando veo algo volar hacia mí.
Me detengo y espero a que la mariposa de color violeta
intenso se pose sobre mi hombro. No me muevo, apenas
respiro mientras la observo. Sin ser capaz de evitarlo, mi
mente se inunda de imágenes del pasado, de las buenas,
esas que me esfuerzo en conservar.
Sigues siendo un Monstruo por muchas mariposas que
tengas a tu alrededor.
Aparto
junto la mirada
a la puerta. hacia mi
El mismo derecha
pelo oscuro,ylos
lo brazos
veo ahí, de pie
tatuados
bajo su camisa remangada, la misma puta sonrisa macabra
y maliciosa… Cierro los ojos y respiro hondo por la nariz.
—No eres real —susurro.
Eso ya lo sabemos, Oscar, pero sigo aquí. Siempre estaré
aquí.
Tenso
Tenso la mandíbula y sigo caminando. Ignoro sus
carcajadas y también la dichosa melodía que silba a lo lejos.
Por más que lo intento, no soy capaz de librarme de él.
Lleva acompañándome gran parte de mi vida, y sé que
tiene razón: siempre estará ahí, atormentándome,
incitándome a hacer cosas que no quiero, que no me
gustan, que simplemente aborrezco.
aborrezco.
Al llegar a la cocina ya he logrado tranquilizarme un
poco. Estoy mucho mejor que hace unos años. El taichí
ayuda, gastar energía ejercitándome me mantiene cuerdo,
al menos un poco. Sigo teniendo crisis, sigo perdiéndome en
mi propia mente, pero al menos ya no ocurre tan a menudo.
Supongo que el hecho de estar a punto de regresar a casa
me tiene nervioso. ¿Qué pasará cuando esté allí? ¿Qué
ocurrirá cuando la vea a ella de nuevo? ¿Podré controlarme?
He evitado a toda costa regresar a Phoenix, y siempre que
lo he hecho, tuve el cuidado de no coincidir con Luna. Tres
años sin verla y ahora tendré que volver a vivir bajo su
mismo techo.
Alex entra en la cocina, interrumpiendo mis oscuros
pensamientos. Liz está en sus brazos y, nada más verme, se
estira hacia mí. Cojo a la niña de pelo oscuro y mejillas
regordetas a la que he aprendido a querer como mi propia
sobrina y la estrecho contra mi pecho mientras ella juega
con el pelo de mi barbilla.
—Necesito que le eches un vistazo a los críos —dice Alex.
—¿Ocurre
—¿Ocurr e algo? —pregunto, frunciendo el ceño.
—Nada grave. Solo quiero un momento a solas con Angy.
Diez minutos, no te pido más.
un —Alex,
revolcónnocon
voy
tu amujer.
cuidarEsde
tutus hijos responsabilidad.
maldita para que te pegues
—¡Oh, vamos! Son solo diez putos minutos. —Señalo a la
niña con el dedo índice. Angy no deja de repetirnos que no
digamos palabrotas delante de ellos, y bueno… No está
teniendo demasiado éxito con esa tarea. Lucas ya habla
como un camionero y no descarto que su hermana siga su
mismo camino—. Vigílalos durante el desayuno. Enseguida
nos reuniremos con vosotros.
—¿Por qué no se lo pides a Lina o a Jacinta?
Alex bufa y se pinza el puente de la nariz.
—Jacinta está preparando las maletas y Lina… No tengo
ni puta idea de dónde se ha metido. Hazme este favor. Solo
diez minutos. Veinte como mucho.
Estrecho mi mirada sobre él y contengo una sonrisa.
—Tienes cinco. Si no estás en el comedor entonces, te
llevaré yo mismo a los críos.
—¿Cinco? —Parece pensarlo unos segundos y asiente—.
Un reto, me gusta —masculla.
—Empiezan ya —le advierto
—¡Mierda! Está bien. —Se acerca y besa a Liz en la
cabeza—. Pórtate bien. Papá va a… —Arqueo una ceja
divertido y él se calla de golpe—. Va a divertirse un ratito
con tu mamá. —Retrocede de espaldas y me señala con el
dedo—. Te debo una, Monstruo.
Antes de que pueda mandarlo al diablo por llamarme por
ese apodo que tanto odio, ya se ha ido. Me quedo mirando a
la pequeña, que sujeta mis mejillas con ambas manos y
sonríe de oreja a oreja.
—Tuviste poca suerte con el padre que te tocó, aunque
podría ser peor, te lo aseguro.
aseguro.
—Papá
—P apá se va —dice la niña, y beso su mejilla de nuevo.
—Sí, dejemos que papá se marche. ¿Tienes hambr
hambre?
e?
—Queo helado.
—Es muy pronto para comer helado. Veamos qué hay
para desayunar. —La dejo en el suelo y estiro mi mano. Ella
enseguida la coge y caminamos hacia el comedor.
comedor.
Voy a echar de menos esto. Entiendo que Zarco necesita
ayuda en casa. Acaba de ser padre y quiere dedicarle más
tiempo a su familia. Eso es algo que le honra y me hace
admirarlo aún más, pero me preocupa el cambio de rutina,
volver a descontrolarme. Aquí estoy bien, he encontrado la
forma de mantener al monstruo encerrado, bueno, casi
siempre. Solo sale cuando yo se lo permito, pero de vuelta
en Phoenix, allí, con ella… ¡Que Dios me ayude!
Capítulo 2
Luna
Camino descalza por el pasillo hasta llegar a la sala de
estar. Encuentro mis zapatos junto al sofá en el que Beni
está tumbado, como casi siempre, con un vaso de licor
entre las manos.
—Buenos días —saluda, haciendo gala de su habitual
sonrisa
del rompebragas
Madness , esacuando
babeando que tiene a todas
lo ven las camareras
pasar—. ¿Quieres
desayunar?
—No, llego tarde —farfullo, y me apoyo en la pared para
calzarme mientras lo observo. Ni siquiera me molesto en
comentar que ya casi es la hora de almorzar—. ¿No se
supone que tú también tienes que ir a comer a casa?
—Sí, son órdenes del gran jefe —masculla, haciendo una
mueca de disgusto, y se bebe el resto del vaso de un solo
trago.
—Prueba con café de desayuno. Te aseguro que te
sentará mejor que el tequila. Además, dudo que quieras
aparecer en la casa de tu hermano borracho
borracho..
—Luna, si quisiera escuchar sermones, seguiría viviendo
con vosotros en la mansión —sisea entre dientes.
Alzo ambas manos a modo de rendición. No seré yo
quien le diga lo que está bien o está mal. Beni ya no es un
niño. Tiene veinticinco años, él solo se hace cargo del
Madness Z, el club principal y más exitoso de la media
docena que nuestra organización tiene repartidos por todo
el estado de Arizona. Además, no soy la persona más
indicada para juzgarlo, al fin y al cabo, estoy aquí, en su
jodido apartamento de la ciudad después de haberme
jurado a mí misma que no volvería
volvería a hacerlo.
—Te avisaré cuando esté allí para que no lleguemos al
mismo tiempo. Podría levantar sospechas.
—Siempre he tenido la duda: ¿Te avergüenzas de mí o de
todo lo que me dejas hacerte? —Su pregunta va
acompañada por una nueva sonrisa, esta mucho más
provocativa y socarrona, y también de un sutil movimiento
de su mano deslizándose hacia su entrepierna.
Me acerco y empujo en su dirección la pequeña cajita
metálica que hay sobre la mesa.
—Todos tenemos nuestros secretitos, Beni. —Lo señalo
con el dedo índice—. No abras la puta boca.
—Lárgate de una vez —farfulla, y se sirve otra copa.
—Nos vemos en un rato. —Estiro la mano con la palma
hacia arriba—. Dámelas.
—Lunita, ya sabes cómo funciona esto. —Se sirve un
nuevo vaso lleno hasta arriba y lo bebe de un solo trago.
Mueve la prótesis de última generación tan bien que casi
parece su brazo real—. Yo te hago pasar una noche
alucinante y, a cambio, tú pagas el precio.
—Eres un puto pervertido —mascullo, poniendo los ojos
en blanco.
—Lo sé. —Se recuesta en el sofá y pone los pies sobre la
mesa sin dejar de mirarme—. Ahora lárgate o desnúdate, tú
decides.
—Me voy. Tampoco eres tan bueno.
—Sí que lo soy —replica, volviendo a sonreír.
Lo ignoro y salgo del apartamento con una prenda menos
de las que vestía anoche. Desciendo en el ascensor hasta la
planta baja y ni siquiera me molesto en saludar al portero.
Se supone que yo no he estado aquí. No creo que a Zarco le
agrade la idea de que de vez en cuando me tire a su
hermano pequeño. En realidad, ni siquiera a mí me gusta,
pero eso no significa que vaya a dejar de hacerlo.
Durante el camino hasta Paradise Valley no soy capaz de
dejar de mirar por
p or el espejo retrovisor
retrovisor cada pocos segundos.
Me he negado a tener escolta a pesar de la insistencia de
Zarco. Incluso accedí a que Bailey me entrenara para no
tener que cargar con varios hombres vigilando cada paso
que doy, pero el temor está ahí, dentro de mi piel. Samuel
sigue al acecho y sé que tarde o temprano vendrá a
buscarme. Lo estoy esperando.
Al llegar a la casa me tomo unos segundos dentro del
vehículo para respirar hondo y prepararme para lo que está
a punto de pasar. Hay varios todoterrenos frente a la
entrada que no reconozco, por lo tanto, es casi seguro que
Oscar ya haya llegado. Tres putos años sin verlo. Mi mejor
amigo, el único capaz de espantar mis pesadillas, de hacer
que me sienta segura, y se largó sin más. Sé que ha estado
evitándome. Todas las veces que ha venido a Phoenix por
distintos motivos ni siquiera se pasó a saludar. Se supone
que está mejor, o al menos eso es lo que dice Zarco. Ya no
pierde el control cada poco tiempo. Ese cambio de actitud
me hace creer que tal vez el problema siempre fui yo. «Solo
tuvo que alejarse de ti para ser mejor persona».
Tomo
Tomo una respiración profunda y busco el valor para salir
del cocheayladespués
dirección dar un paso,
puerta principal, que y
seotro
abrey sin
otro más
que en
tenga
que tocarla, como si estuviese a punto de entrar alguien de
la mismísima realeza. «La puta reina. Eso es lo que soy, o lo
que aparento ser». Pablo inclina la cabeza a modo de saludo
mientras sostiene la puerta y ni siquiera me molesto en
mirarlo de frente. Alzo la barbilla, echo los hombros hacia
atrás e instalo en mi rostro mi sonrisa ensayada mientras
sigo caminando con un contoneo provocativo
provocativo de caderas.
Oscar
El despacho de Zarco en su ala privada sigue estando
exactamente igual que cuando me fui. Los mismos muebles,
las mismas cortinas y alfombra, incluso el olor a puro que
flota en el aire es el mismo. La mansión, y base principal del
Clan Z, ha sufrido muchos cambios en estos tres años.
Lagos, Ness y Maya se han mudado a una de las tres casas
que se construyeron en el terreno. Se supone que las otras
dos eran para Luna y para mí, pero ella sigue viviendo en la
mansión y yo… Bueno, no creo que quedarme solo en un
lugar desconocido sea la mejor idea.
—¿Estás seguro de que no quieres mudarte? —insiste
Zarco. Asiento con la cabeza—. Lo supuse. Te alegrará saber
que tu dormitorio está tal como lo dejaste. He pedido que lo
limpiaran esta mañana. —Vuelvo a cabecear y Zarco esboza
una pequeña sonrisa—. Echaba de menos estas charlas tan
agradables.
sarcasmo está Yapresente
sabes,
pres esas
ente en enuna
cada lasdeque pparticipas.
sus palabras.
alabras. —El
—Todo me parece bien —digo, encogiéndome de
hombros.
—Ya, eso también lo supuse. ¿No vas a preguntar por qué
insistí en que regresaras?
regresaras?
—Quieres pasar tiempo de calidad con tu familia.
—Sí, esa es una de las razones. No quiero convertir
convertirme
me en
un desconocido para mi hija, pero te he hecho volver porque
necesito que estés pendiente de un par de cosas más. —
Enarco una ceja de manera interrogante. Lo bueno de estar
con Zarco es que me conoce bastante como para leer mis
gestos sin necesidad de hacerme hablar—. Hemos sufrido
varios robos y sabotajes en los últimos meses. El último fue
un cargamento de armas que iba hacia Europa. Han volado,
y los hombres que las transportaban aparecieron así. —
Desliza su teléfono por la superficie de la mesa en mi
dirección y hace un gesto con la cabeza para que lo mire. Es
una fotografía, en ella aparece un tipo decapitado y con la
piel del pecho desgarrada
d esgarrada formando
formando una gran ese.
—¿Samuel? —inquiero, frunciendo el ceño.
Zarco suspira y cabecea de manera afirmativa.
—Se hacen llamar Grupo S. —Estiro una de mis
comisuras y mi amigo y jefe pone los ojos en blanco—. Lo
sé, no es nada original, pero sí una declaración de
intenciones. Ese hijo de puta está usando la misma
estrategia que nosotros llevamos a cabo con el cártel de
Sonora y Urriaga. Quiere destruirnos, y no voy a
permitírselo.
—¿Vargas? —pregunto.
—Sigue en Bolivia. El muy cobarde no se atreve a dar la
cara. Sabe que, si lo hace, le volaré la puta cabeza. —
Resopla con fuerza y se toma unos segundos para encender
un puro y darle un par de caladas antes de regresar su
mirada en mi dirección—. Supongo que te estarás
preguntando por qué no he hablado antes de esto, ¿cierto?
Me encojo de hombros y niego con la cabeza. No es
asunto mío entender cómo y por qué Zarco hace lo que
hace. Confío en él y en que es capaz de tomar las mejores
decisiones en nombre de toda la organización.
—¿Quién iba a recibir esas armas?
Exhala con fuerza y se endereza, colocando los codos
sobre la mesa.
—Unos socios de Zakharov. Pretendían intercambiarlas
por cocaína con un proveedor sudamericano. Ahora todos
están cabreados y me culpan a mí.
—Supongo que ya tienes un plan para resolver la
situación —comento.
—Sí, seremos nosotros quienes les entreguemos esa
droga a los socios de Zakharov y las armas a su proveedor.
Más tarde hablaré con Alex. Necesito que mueva algunos
hilos al otro lado de la frontera.
Asiento. Imaginé que llamar a Alex y pedirle que viniese
hasta aquí no era solo una invitación amistosa.
—¿Qué quieres que haga? —inquiero.
—inquiero.
—Encuentra a Samuel. Haz preguntas por todos los putos
cuchitriles de esta ciudad. Si está aquí, alguien tiene que
saber algo. —Cabeceo de acuerdo—. Los socios de Zakharov
vendrán pronto para renegociar los términos del acuerdo.
No están contentos, pero eso es cosa de Lagos.
—¿Quieres que tome medidas de precaución?
—No. Luna ya los ha investigado. —Disimulo el
nerviosismo tragando saliva con fuerza al escuchar su
nombre—. Son narcotraficantes. Una especie de
organización familiar que operaron durante años en el norte
de España. Parece ser que han vuelto al negocio. Los rusos
confían en ellos.
Antes de que ninguno de los dos pueda decir algo más,
la puerta del despacho se abre y Alex entra acompañado
por Lagos.
—¿Qué pasa, cabrones? —dice, y rodea mis hombros con
un brazo—. ¿Ya estáis chismorreando como dos amas de
casa aburridas? Se os van a caer los huevos.
Me libro de su brazo con un movimiento brusco y le lanzo
una mirada de advertencia. Por muy Urriaga que sea, no le
conviene cabrearme.
cabrearme.
Deja que lo haga. Sería divertido aplastarle el cráneo
contra la puta pared y ver cómo sus sesos explotan. Nadie
echaría de menos ese cerebro
cerebro de mierda.
Cierro los ojos y muevo el cuello de un lado a otro con
lentitud
de llegarmientras intento
y ya estoy dejar la
deseando mente en
largarme de blanco. Acabo
aquí, pero no
puedo. Tengo que ayudar a Zarco a resolver esta mierda. Si
Samu está detrás de los robos, estoy seguro de que no
tardará en dar un paso más y atacar a cualquiera de
nosotros.. Un rostro acude a mi cabeza y contengo el aliento.
nosotros
«Luna. Si va a ir a por alguien, ella es la candidata
perfecta». Abro los ojos de golpe y observo a Zarco
mientras discute con su hermano mayor. No presto atención
a lo que se dicen. No importa. Siempre están jodiendo el
uno con el otro. Acabo de darme cuenta del motivo por el
que Zarco quiere que sea yo el que se encargue de
encontrar a Samuel. «Solo alguien tan perturbado como él
es capaz de adivinar su próximo movimiento».
Ese alguien eres tú, Monstruo.
Miro a mi izquierda y lo veo apoyado contra la pared,
muy cerca de la puerta. Sonríe de manera burlona y suspiro.
Esta vez no puedo quitarle la razón.
Capítulo 3
Luna
Al entrar en la sala de estar principal de la mansión,
encuentro a Bailey sentada en uno de los sofás, sostiene a
su bebé recién nacida mientras los demás la rodean. Ness,
Angy, Maya, los dos críos de Alex, el niño con su ridículo
sombrero de vaquero y también una chica y un adolescente
que nopor
Oscar reconozco. Echo un vistazo alrededor, pero no veo a
ningún lado.
—Luna, llegas tarde —me dice Bailey. Pongo los ojos en
blanco y me dejo caer en otro de los sofás. No me molesto
en saludar a nadie. ¿Para qué? A ellos les importo una
mierda—. ¿Dónde está Beni?
—No soy su niñera —respondo, encogiéndome de
hombros.
—Nadie lo diría, basándonos en todo el tiempo que pasas
en el club… —masculla Ness.
Fijo mi mirada en ella y sonrío de manera maliciosa.
—Anoche vi allí a tu querido marido. ¿Quieres que te diga
lo que estaba haciendo y con quién? Hay una nueva
camarera muy guapa y…
—Luna, suficiente —interviene Bailey en tono autoritario.
Amplío mi sonrisa y me recuesto hacia atrás. Ness ni
siquiera se molesta en contestarme. Todos en esta sala
sabemos que lo que acabo de insinuar es mentira. Lagos
sería incapaz de engañar a su esposa.
Siguen hablando mientras me ignoran, solo el chico, que
no creo que tenga más de quince o dieciséis años, me
presta atención. Arqueo una ceja y se ruboriza, apartando la
mirada enseguida. «Es por el pelo», pienso. Hace un par de
meses decidí teñirlo de un azul eléctrico que atrae todas las
miradas allá por donde paso. Me lo remuevo con la mano y
dejo que caiga sobre uno de mis hombros. Supongo que lo
más sensato sería ignorar al chico, ya que parece ser
bastante tímido, pero la perra mala que vive en mí disfruta
con estas mierdas.
—¿Quién eres? —le pregunto.
Su rostro enrojece, aún más si es posible, y la otra
desconocida da un paso a su lado y clava su mirada en la
mía. La observo unos segundos. Tiene un ojo azul y el otro
oscuro, su cabello castaño ondulado y una pose estoica,
como la que se prepara para una batalla. Esbozo una
sonrisa ladeada. Está protegiendo al que, por los rasgos en
común, podría apostar que es su hermano. «No la conozco,
pero ya me gusta. Tiene agallas».
—Ellos son Lina y Nacho —dice Angy—. Van a quedarse
aquí un tiempo. Ya lo he hablado con Gabriel.
—No sabía que nos habíamos convertido en una casa de
caridad —mascullo divertida.
—No queremos la caridad de nadie —sisea la chica, la tal
Lina.
—Ignórala —pide Ness—. Luna disfruta provocando. Si le
sigues el juego acabarás dándole un puñetazo.
Frunzo el ceño y me toco la punta de la nariz. Aún no sé
cómo sigue entera y recta después de habérmela roto tres
veces ya.
—Lina empezará a trabajar en uno de los clubes muy
pronto —informa Angy
Angy..
Una vez más dirijo la mirada al chico, que sigue
observándome de reojo. Estoy a punto de molestarlo de
nuevo cuando escucho varias voces de hombres
acercándose. Zarco entra en la sala de estar, después Alex
y tras él vienen Lagos y… Oscar. Esboza un amago de
sonrisa y cabecea por algo que le dice Lagos, y entonces me
mira. Su sonrisa se esfuma y una arruga cruza su frente.
Sigue caminando hacia mí sin apartar sus ojos de los míos.
Me pongo en pie y enarco una ceja cuando se detiene a solo
un par de pasos. «¿Ha crecido? Eso no es posible, pero
parece más alto, o tal vez solo esté más fuerte». Observo
sus hombros anchos, su pecho voluminoso bajo la camiseta
de tirantes y esos brazos… No son imaginaciones mías. Hay
músculos nuevos ahí. También está más moreno y lleva un
aro plateado en la oreja izquierda.
—Hola —susurro, y siento una especie de nerviosismo
extraño que enseguida disimulo con un golpe de cabeza
para acomodar mi cabello.
Oscar estrecha su mirada sobre mí y cabecea despacio,
como un asentimiento sutil.
—Bonito color —murmura. Estoy a punto de contestar,
pero entonces se gira y comienza a hablar con Bailey,
dándome la espalda.
«¡¿En serio?! ¡¿Tres malditos años sin vernos y eso es
todo lo que tiene que decir?!». Inspiro hondo por la nariz y
me muerdo el interior de la mejilla de manera disimulada.
«¿Qué esperabas, idiota? Se fue para estar lejos de ti y
ahora lo han obligado a volver. Lo que menos le apetece es
tener que soportar tu presencia».
—¿Pasamos a comer? Me muero de hambre —sugiere
Lagos.
—Falta Beni —informa Maya. La dichosa cría está
obsesionada con su medio hermano. Lo idolatra.
Echo un vistazo a mi alrededor y soy consciente de que
todos están hablando entre ellos, sonriendo y haciendo
bromas, y nadie me mira a mí, ni siquiera Oscar.
—Yo voy a cambiarme —mascullo, y salgo de la sala de
estar a toda prisa.
Las voces me siguen hasta la escalera. Me giro a medias
para mirar sobre mi hombro antes de subir el primer
escalón. Nada. Ni siquiera me han escuchado. Suspiro y
empiezo a ascender.
Oscar
Veo a Luna subir las escaleras y al fin soy capaz de
respirar con normalidad. ¡Santo Cristo, ¿cómo es posible
que esté aún más bella ahora que hace tres años?! El pelo
largo y ese color la hacen parecer una especie de hada
sacada de mis sueños más calientes. Tuve que contenerme
para no estirar mi mano y tocarlo. Parecía tan suave y
sedoso… Pero lo hice, mantuve el control a pesar de que las
malditas voces no dejaban de gritarme que la cargara sobre
mi hombro y la llevara a cualquier lugar oscuro donde poder
follarla hasta que perdiera el sentido.
Me alejo
tequila en laun pocoAprovecho
mano. de la multitud,
paraaún con sobre
dejarlo mi vaso
unolleno de
de los
muebles y exhalo con fuerza. Se supone que iba a ser
distinto, que ya no sentiría nada, pero solo he necesitado un
maldito segundo para darme cuenta de que nada ha
cambiado. Luna sigue siendo mi jodida obsesión y mi más
absoluto anhelo.
Ve a por ella, mátala y fóllate su maldito cadáver. Esa
zorra seguirá burlándose de ti, imbécil.
Gruño bajo y le lanzo una mirada asesina al hijo de puta
que se ríe de mí sentado en uno de los sofás. ¡Lo odio
tanto…! Me encantaría poder librarme de él, pero sé que no
hay nada que pueda hacer para que eso ocurra. Lo he
intentado todo. Terapia, medicación… Zarco me obligó a
consultar a un psiquiatra hace años, su diagnóstico fue que
padezco de trastorno bipolar; después fui a otro que
aseguró que es esquizofrenia. Trastorno disociativo de la
identidad; estrés postraumático; trastornos delirantes
persistente… Acudí a más de una docena de especialistas y
todos ellos creían haber dado con la causa de mi locura,
pero lo único que hicieron por mí fue recetarme drogas que
me dejaban babeando como un recién nacido y
completamente desconectado de la realidad. Intenté lo de
ponerme en manos de profesionales, sin embargo, no tardé
en darme cuenta de que esto es algo con lo que solo yo
puedo lidiar.
Recibo
Rec ibo un golpe en el hombro y me giro de forma brusca.
Beni retrocede un par de pasos y me mira, frunciendo el
ceño. «¿Cuándo ha llegado? ¿He vuelto a desconectar?».
Dirijo la mirada al sofá. Él sigue ahí, observándome
mientras sonríe de manera burlona.
—¿Qué pasa, hermano? —Regreso la mirada a Beni—.
Mierda, estás aún más fuerte que la última vez que te vi.
—Hago ejercicio —mascullo, y me encojo de hombros.
—Yo también, cabrón, y no estoy como tú —se burla.
—Esfuérzate más.
Lina ríe en alto de algo que acaba de decirle Angy y Beni
se gira de golpe hacia ella.
—¿Porr qué no te conozco? —pregunta sonriendo. Angy se
—¿Po
queda callada y le lanza una mirada extraña, como si
estuviese advirtiéndole que no vaya por ese camino,
aunque Beni parece no darse cuenta; si lo hace, la ignora.
Da un par de pasos en dirección a Lina y su sonrisa se
ensancha—. ¿Quién eres, cosita?
Lina enarca una ceja con chulería y esboza un amago de
sonrisa.
—Alguien que está muy fuera de tu liga.
Su respuesta provoca reacciones diversas. Lagos, Zarco,
Bailey y Ness empiezan a reír, sin embargo, Alex y Angy
parecen preocupados, y eso es algo que llama mi atención.
Entiendo que quieren proteger a Lina de un cafre como
Beni, pero es una adulta y la reacción de ambos resulta,
como poco, extraña.
—Ahora que has llegado ya podemos ir al comedor —le
dice Zarco a su hermano menor, rompiendo el momento de
tensión. Hay un tono de reproche en la forma en la que se
expresa. Beni parece notarlo también porque pone los ojos
en blanco, pero decide ignorarlo.
Uno a uno empiezan a salir de la sala de estar, Alex se
queda rezagado para asegurarse de que Lina permanezca
alejada de Beni, acrecentando aún más mis sospechas de
que algo raro está pasando. Vuelvo a mirar hacia la
escalera.
—¿No esperamos a Luna? —pregunto cuando Lagos se
detiene a mi lado.
—Ya nos alcanzará —responde, y pega su hombro al mío
—. Me alegra que estés de vuelta, hermano. ¿Cómo te
encuentras?
Fuerzo una sonrisa y asiento con la cabeza a modo de
respuesta mientras regreso la mirada a la escalera, pero
enseguida soy consciente de que lo estoy haciendo de
nuevo. «No
mente, cedas aalacaminar
y empiezo obsesión», meadigo
junto a mí
Lagos enmismo en mi
dirección al
comedor.
Capítulo 4
Luna
Todos hablan, bromean y ríen sentados alrededor de la
mesa. Solo Oscar y el chico, Nacho, cuchichean en voz baja.
Me acomodo en mi lugar habitual y los observo en silencio.
Parecen
Parecen tener muy buena conexión. No recuerdo haber visto
nunca a Oscar tan relajado con otra persona aparte de mí.
No meque
en la ha mirado ni una
me ignora me sola
hacevez desde¿Triste?
sentir… que entré. La forma
¿Furiosa? No
lo tengo demasiado claro. Se supone que él era lo único
seguro en mi vida, mi ancla, la persona que siempre estaría
a mi lado, y entonces me abandonó. Tenía la esperanza de
que solo necesitara alejarse un tiempo y al regresar todo
volvería a ser como antes, pero por su actitud sé que no va
a ser así. Ya ni siquiera parecemos amigos.
Después de comer, los críos se retiran y empezamos a
hablar de negocios. El hijo de puta de mi hermano sigue al
acecho. Nos ha robado varios cargamentos de drogas y
armas. Por más que intentamos dar con él, siempre logra
huir y esconderse como una maldita rata callejera. Sus
constantes robos y sabotajes están empezando a ser un
problema grave y, como ya esperaba, Zarco ha decidido
tomar cartas en el asunto.
—Oscar se encargará de buscar a Samu —ordena sin
moverse de su lugar en el cabecero de la mesa, con Bailey
sentada en su regazo.
regazo.
—Yo lo ayudaré —digo sin poder contenerme.
Zarco me mira una vez, suspira y niega con la cabeza.
—No.
—¿Por qué? —inquiero, frunciendo el ceño—. Lo conozco
mejor que ninguno de vosotros.
—Luna, no voy a darte explicaciones. La respuesta es no.
Quiero que le des apoyo a Lagos. Mañana llegan los socios
de Zakharov y tenemos que convencerlos de que sigan
confiando en nosotros para proveerles mercancía.
—¿Esperas que lo haga con Luna? —pregunta Lagos en
tono de sorpresa. Zarco solo asiente con la cabeza.
Antes de que Lagos pueda continuar con sus quejas,
decido intervenir.
—Cualquiera quiere hacerlo conmigo —digo, y le guiño
un ojo de manera provocativa.
—«Cualquiera», esa es la palabra clave —sisea Ness,
fulminándome
—Señoritas,con la mirada.
no se peleen. —Alex se acuesta hacia atrás
en su silla y esboza una sonrisa ladeada—. Y si lo hacéis que
sea sin ropa, por favor.
Antes de que Lagos pueda decir nada, Angy ya está
golpeando su nuca con la mano abierta. El idiota hace una
mueca y suelta una carcajada.
—Solo bromeaba —se excusa entre risas.
—¿Sabes por dónde puedes meterte las bromas? —
replica ella cabreada.
—Apuesto a que tú vas a decírmelo, ¿verdad, Ángel?
—¿Podemos centrarnos en lo importante? —Zarco llama
al orden con gesto serio y todos lo miramos—. No estoy
pidiendo vuestra opinión. Solo asigno tareas y espero que
las llevéis a cabo.
—Hermanito, no soy uno de tus perros —farfulla Alex,
perdiendo la sonrisa. Se pone en pie y se remanga la camisa
hasta los codos con lentitud y chulería—. Reuniré esa droga
para ti, pero no te acostumbres a darme órdenes.
—Hijo de…
—Ya que no tienes ninguna tarea para mí, me retiro —
dice Beni, cortando de raíz la posible discusión que se
avecinaba entre sus dos hermanos mayores
mayores..
Mientras se levanta de su silla, Zarco lo observa con el
ceño fruncido.
—La reunión con los españoles se llevará a cabo en el
Madness, espero que no haya problemas.
La forma en la que Beni le sostiene la mirada con la
mandíbula tensa y los puños apretados no augura nada
bueno, sin embargo, no tarda en respirar hondo por la nariz
y asentir con la cabeza.
—¿Tienes algo que decir al respecto de mi gestión del
club? —pregunta, arqueando una ceja—. ¿Alguna queja? —
Zarco niega con la cabeza.
—Son los excesos y el descontrol en tu vida privada los
quelame
No preocupan. Este negocio es muy importante, Beni.
cagues.
—Descuida, mi vida «privada» no influye en mi trabajo.
Eso ya deberías tenerlo claro.
—Bien. —Zarco suspira sin apartar la mirada de su
hermano pequeño—. Búscale un hueco a Catalina en el club.
Angy dice que es buena con los números y necesita trabajo.
—Es solo Lina —lo corrige la chica, frunciendo el ceño
mientras Beni la mira de reojo
reojo..
—No creo que sea buena idea —comenta Angy.
Zarco gira la cabeza
—Me pediste que… en su dirección con gesto confuso.
—Lo sé, pero creí que la enviarías a otro club.
Nuestro jefe resopla y se rasca el mentón cubierto de
barba.
—¿Alguien más quiere llevarme la contraria hoy? ¡Maldita
sea! —Golpea la mesa con la palma de la mano y Alex se
mueve hacia él.
—Ten cuidado con el tono que usas con mi mujer, cabrón
—sisea, señalándolo con el dedo.
Antes de que pueda pensar en ello, las palabras salen de
mi boca.
—¿Solo tú puedes insultarla y maltratarla? —inquiero,
sonriendo de manera burlona.
—Luna, te estás ganando un jodido puñetazo —me
amenaza Angy.
—¡Ya está bien! —el grito de Bailey nos pone a todos en
alerta. Se levanta del regazo de Zarco ignorando sus quejas
y se cruza de brazos—. Se supone que esto iba a ser una
maldita reunión familiar, un encuentro para disfrutar de la
compañía de unos y otros y lo estáis convirtiendo en una
batalla.
—Mia… —empieza a decir Zarco, pero su mujer lo
silencia con una sola mirada fulminante.
—Ahora voy a ir a ver cómo está mi hija, y cuando vuelva
espero que estéis todos sentados en la sala, charlando y
poniéndoos al día de
armas y negocios. cualquier cosa
¿Entendido? que responde.
—Nadie no sean drogas,
Bailey
dirige la mirada a su marido y exhala con fuerza—.
¿Entendido, Zarco? —Él esboza una pequeña sonrisa y
asiente.
—Entendido.
Oscar
Ya
Ya ha caído la noche cuando al fin abandonamos la sala
de estar. Por más que Bailey intentó mediar entre Zarco y
Alex, fueron constantes las discusiones entre ambos. Puedo
entenderlo, los dos tienen dotes de liderazgo. No puedes
meter a dos lobos alfa en una jaula y esperar que no se
peleen, sin embargo, de alguna manera Angy y Bailey
logran apaciguar los ánimos. Por suerte, mañana Alex y su
familia regresarán a México y es probable que tarden en
volver. Mientras tanto, aquí nos pondremos manos a la obra
con las tareas que nos ha asignado nuestro líder. Sé por
dónde empezar la mía. Samuel Sandoval es una rata, por lo
tanto, el primer lugar donde pienso ir en busca de su rastro
es en las cloacas de la ciudad, y esas las conozco bien.
En cuanto todos se retiran, decido pasar por la cocina
para hacerme con un par de botellas de agua y subirlas a mi
habitación. Aún es temprano para acostarme, y más aún
teniendo en cuenta que no creo poder dormir más de un par
de horas. El insomnio es uno de mis muchos trastornos.
Cierro el frigorífico, y al girarme casi choco contra una
mujer. Frunzo el ceño al no reconocerla.
—¿Quién eres? —inquiero.
La señora, que rondará los cincuenta años, no parece
intimidada por mi postura corporal, y eso es algo extraño.
Mi corpulencia, y lo que suelen definir como «mirada de
desquiciado» que tanto me representa, acostumbra a
amedrentar a cualquiera que se cruce conmigo, al menos la
primera vez.
—La cocinera —responde, y aparta un mechón de pelo
oscuro de su frente. Su melena llega hasta más abajo de los
hombros, tiene la piel de un tono tan claro como la propia
leche, su cuello es largo y esbelto y unos ojos oscuros me
miran con curiosidad—. A ti no te conozco.
—Oscar —farfullo.
—Encantada, Oscar. ¿Puedo ayudarte en algo? —Niego
con la cabeza y ella señala las botellas que llevo en las
manos—. Tienes mucha sed por lo que veo.
—Me
muy biengusta tener agua en mi dormitorio —aclaro, y no sé
por qué.
No le cuento que necesito hidratarme cuando despierto
bañado en sudor y con la garganta seca tras el poco tiempo
que logro
l ogro dormir.
—Las pesadillas son una mierda —comenta en tono
relajado, y frunzo aún más el ceño por su insinuación—. Yo
también las tengo, por eso me aseguro de que haya
siempre una jarra de agua fría sobre la mesita de noche.
¿Quieres algo más? Tal vez una tila te ayude a dormir mejor.
La estudio en silencio unos segundos. «¿Quién demonios
es esta mujer?».
—No, gracias —respondo
—respondo..
—Bien, en ese caso, te deseo que pases una buena
noche, Oscar.
—Eh… Sí, tú también —mascullo, y salgo de la cocina
cabeceando por la extraña conversación que acabo de tener
t ener
con una desconocida.
Capítulo 5
Oscar
Al llegar a mi dormitorio, tomo una gran bocanada de aire y
no puedo evitar mirar la puerta cerrada del baño, el mismo
que siempre he compartido con Luna. Su habitación está al
otro lado. Me quedo inmóvil unos segundos y hasta dejo de
respirar, pero no logro escuchar ningún sonido. Tal vez esté
dormida
para ya, aunque
conciliar lo dudo.
el sueño, Ella también
o al menos era así tiene
hace problemas
tres años;
puede que ahora haya cambiado. Deshago mi maleta y lo
guardo todo en el vestidor, ignorando de manera deliberada
la pequeña puerta que hay oculta tras las prendas colgadas
en perchas en uno de los laterales de la estancia. «No voy a
entrar ahí». Después me meto en el baño y tomo una ducha
caliente. Ignoro otra puerta más, la que lleva al dormitorio
de Luna. Trato de ni siquiera mirarla antes de salir del baño
con solo un pantalón de algodón puesto.
—Has tardado. —Me detengo de golpe y alzo la cabeza
cuando escucho su voz.
Contengo el aliento al verla sentada a los pies de mi
cama, con una pierna sobre la otra y ambas manos
apoyadas en el colchón. «¿Qué hace aquí?».
¡Viene a torturarte, joder!
Sacudo la cabeza de un lado a otro y reúno la fuerza
suficiente como para apagar su voz en mi cabeza antes de
caminar hacia el centro de la habitación sin apartar mi
mirada de la de Luna.
—¿Puedo ayudarte en algo? —pregunto en un susurrsusurro.
o.
Ella frunce el ceño y sus ojos van a parar a mi pecho y
después más abajo, recor
recorre
re mi vientre con la mirada y sigue
descendiendo. «No te levantes, no te levantes». Repito en
mi mente, y tenso la mandíbula. Carraspeo y su cabeza se
alza rápido.
—Estás más fuerte —señala.
Tomo
Tomo una respiración
respiración profunda y me encojo de hombr
hombros.
os.
—Hago ejercicio.
—Ya veo. —Luna esboza su habitual sonrisa descarada y
se acomoda la melena azul sobre un hombro—. ¿Esto va a
ser así entre nosotros a partir de ahora, Oscar?
—No entiendo a qué te refieres —mascullo confuso.
confuso.
—Has pasado tres años huyendo de mí, y ahora regresas
y sigues ignorándome.
—Lo somos —afirmo, Creí
y que éramos
le doy amigos.
la espalda para coger la
camiseta que está sobre el escritorio.
Sé que ahora mismo le estoy dando una panorámica
perfecta de todas las cicatrices que decoran mi espalda,
esas que he cubierto con dibujos de tinta para que nadie
pueda ver, pero siguen ahí, rugosas, marcadas a fuego en
mi piel. No tiene sentido ocultárselas. Las ha visto y tocado
más veces de las que puedo recordar. Ella misma me curó la
mayoría de ellas.
—Si es así, ¿por qué tengo la impresión de que todo ha
cambiado?
Su pregunta me hace suspirar con fuerza. Termino de
ajustar la camiseta y me giro para mirarla.
—La gente cambia, Luna. En algún momento tenemos
que dejar el pasado atrás y buscar otro camino. Eso no
significa que dejamos de ser amigos, solo… —Me quedo
callado al ver ese brillo de tristeza en su mirada, el mismo
que tantas veces me hizo abrazarla y estrecharla contra mi
cuerpo cuando éramos niños. Aprieto los puños con fuerza y
me obligo a permanecer inmóvil, aunque mi mayor deseo es
correr hacia ella—. Somos amigos —repito con un hilo de
voz.
—¿Tú crees? —Puedo notar el instante exacto en el que
se coloca su máscara de indiferencia, esa que usa con todo
el mundo menos conmigo, al menos hasta ahora. Se pone
de pie y esboza su sonrisa de arpía descarada mientras se
peina el cabello con los dedos—. Supongo que tienes razón.
Hay que dejar atrás el pasado. Al fin y al cabo, hemos
crecido. Ya no necesitas que me quede contigo cuando
tienes pesadillas ni que te cure las heridas después de que
tu padre te dé una paliza; tampoco que te tranquilice cada
vez que pierdes la cabeza, ¿verdad? —Se acerca despacio y,
sin apartar su mirada de la mía, coloca la palma de la mano
en el centro de mi pecho—. Me alegra que estés mejor,
Oscar, y espero que sigas así.
Trago
T rago de
ponerse saliva con fuerza
puntillas, sientoysu
dejo de en
mano respirar cuando
mi cuello la veo
y después
deslizándose hacia mi nuca, tira de mi cabeza hacia abajo y
deposita un beso en mi mejilla.
Te está provocando, imbécil. Empújala sobre la cama y
demuéstrale que no puede jugar contigo.
Retrocedo de forma brusca y exhalo con fuerza,
apartando la mirada.
Puto cobarde.
—Buenas noches, Luna —mascullo entre dientes, con la
mandíbula apretada.
La escucho suspirar y después sus pasos alejándose. La
puerta se abre y entonces vuelve a hablar, es solo un
susurro,
susurro, pero lo escucho a la perfección.
—Te he echado de menos —dice, y se va.
Eres patético. Un idiota sin agallas. Mereces un correctivo
correctivo
solo por esta escena tan lamentable.
—Cállate —siseo, y me giro de golpe para mirarlo. Está
ahí, junto a la ventana, riéndose de mí para no variar
variar..
Suelta una carcajada y vuelve a burlarse. Intento apagar
su voz, no hacer caso a todas las mierdas que me dice, pero
pierdo la batalla. Antes de que pueda darme cuenta, mis
manos están temblando y mi visión se nubla.
«Contrólate, Oscar. Puedes hacerlo», me repito en mi
mente una y otra vez, pero sus gritos suenan aún más altos.
Casi puedo notar su aliento en mi nuca. Se mueve a mi
alrededor, vociferando y riendo sin parar. Echo un vistazo
hacia la puerta del vestidor cuando noto que estoy
perdiendo la batalla.
Ya sabes lo que tienes que hacer, pedazo de mierda. Ve
allí, entra al armario. Un monstruo como tú tiene que ser
encerrado.. Nadie va a venir ayudarte.
encerrado
Exhalo con fuerza y corro hacia el vestidor, aparto la ropa
con el brazo de forma brusca, haciendo que algunas
prendas caigan de sus perchas, y miro la pequeña puerta
que
una no mide más
pequeña de un metro
abertura dondede alto. No
meter tiene manilla,
la mano solo
para poder
tirar de ella y abrirla. Dejo que mis dedos se deslicen por la
madera vieja y descascarillada y cierro los ojos con fuerza.
A duras penas estoy siendo capaz de mantener mi mente
centrada. Noto como voces e imágenes se entremezclan,
creando un caos de pensamientos inconexos
inconexos..
Abre la puta puerta y enfréntate a lo que eres y siempre
serás, un maldito monstruo.
Estoy a punto de tirar de la puerta, pero me detengo y
niego con
tiempo. Yalanocabeza. «He logrado controlarlo durante mucho
hago esto».
—No —susurro, y retrocedo de espaldas.
En ese caso. Ya sabes cuál es la alternativa, ¿verdad?
Lo miro una vez y muevo el cuello de un lado a otro con
los hombros tensos y la mandíbula apretada.
Eso es. Deja que el monstruo salga a pasear. Esto va a
ser divertido.
El muy hijo de puta ríe a carcajadas mientras me calzo a
toda prisa, cojo mi chaqueta de cuero y salgo del dormitorio
como un jodido vendaval. Él gana una vez más, pero voy a
hacerlo a mi manera.
Capítulo 6
Oscar
Ni siquiera tengo que decir mi nombre para que el portero
del Madness me deje entrar. Me reconoce del par de veces
que estuve aquí, la última hace ya más de un año. El lugar
está abarrotado de gente, como todas las noches. Es un
club exclusivo, con pista de baile y barra de bebidas, pero
también una zona más tranquila y apartada con mesas
bajas y sofás semicirculares donde hombres millonarios y
poderosos vienen a cerrar sus negocios mientras las
camareras con faldas cortas y tops ajustados les sirven las
bebidas. Este es uno de los negocios legales de nuestra
organización, la tapadera perfecta y, al mismo tiempo, un
lugar con el que blanquear sumas importantes de dinero sin
levantar sospechas.
Tomo
Tomo asiento en uno de los taburetes altos que hay
frente a la enorme barra, donde tres camareros se mueven
de un lado a otro sin descanso, y echo un vistazo en
dirección al enorme ventanal que hay en la planta superior.
Allí está el despacho de Beni, el lugar desde donde controla
todo lo que ocurre en el club. Aunque no le avisé de mi
visita, estoy seguro de que ya sabe que estoy aquí. En el
Madness no hay nada que se le escape. El muy cabrón es
jodidamente bueno haciendo su trabajo.
trabajo.
Le doy un trago al refresco que he pedido y echo un
vistazo a mi alrededor. Podría haber ido a cualquier otro
lugar, pero elegí este porque la parte racional de mi
cerebro, al menos lo que aún queda de ella, mantiene la
esperanza de que tal vez Beni pueda venir a buscarme e
impedir lo que estoy planeando hacer. Respiro hondo por la
nariz y mascullo una maldición al darme cuenta de que los
cristales están opacos. Lo más probable es que al hijo de
puta se la estén chupando ahí arriba, o tal vez haya invitado
a su despacho a alguna del centenar de mujeres que han
venido esta noche al Madness y se la esté follando.
Deja de buscar excusas. Dame lo que quiero de una
maldita vez.
Cierro los ojos con fuerza e intento mantener mi mente
despejada, pero no lo logro. Ni siquiera el sonido de la
música a todo volumen es capaz de apagar las voces en mi
cabeza. A cada segundo que pasa las escucho con más
fuerza.
Hazlo.EsNo
hacerlo. unlocobarde.
pienses ¿Vas
más.aBusca
llorar?a tu alrededor. No va a
Me tapo los oídos con ambas manos mientras inhalo y
exhalo con fuerza. Miro a mi alrededor, busco entre la
multitud y entonces lo veo. Al fondo de la barra hay una
chica, es hermosa. Está rodeada por tres tipos, todos ellos
bien vestidos con ropa de marca y peinados a la moda.
Ahí lo tienes, cabrón. Muévete.
Aparto las manos de mis orejas y ladeo la cabeza hacia la
izquierda, escucho un crujido en mi cuello y repito el mismo
movimiento hacia la derecha. Las voces desaparecen de
inmediato, como si supiesen que ahora mismo necesito
centrarme en mi nuevo objetivo. Los observo con fijeza. Los
cuatro parecen estar bastante borrachos. La chica esboza
una sonrisa forzada y se agacha para recoger su bolso
cuando uno de los tipos le da un pequeño golpe y este cae
de la barra. Entonces, otro de ellos acerca su mano a la
copa de pie alto y deja caer en su interior algo que no logro
ver, pero sé qué es.
—No puede ser tan fácil —murmuro
—murmuro para mí en voz baja.
No pasan ni diez minutos y la chica empieza a moverse
de forma errática. Vuelvo a mirar hacia el ventanal del
despacho de Beni y me pregunto si él sabrá que tres hijos
de puta acaban de drogar a una chica en el club que dirige
y pretenden llevársela sin que ella oponga ninguna
resistencia. Lo dudo. Si él estuviese enterado, no lo
permitiría.
Míralo por el lado bueno. Vas a proteger los intereses de
la organización.
Gruño y dejo un billete sobre la barra antes de ponerme
en pie y seguir a los tres idiotas que caminan hacia la salida
llevando a la chica medio inconsciente casi en volandas. Ya
fuera, me recibe la brisa nocturna de junio en Arizona. Me
mantengo varios metros por detrás de los idiotas que,
aunque aún no lo saben, ya están muertos. Se detienen
junto a un todoterreno
todoterreno de lujo y dos de ellos se encargan de
subir
colocaa alla volante.
chica a Dejo
la parte
que trasera mientras
arranquen el tercero
el motor se
antes de
acercarme
acercar me y abrir la puerta trasera.
—¡¿Qué mierda…?! —Ni siquiera puede terminar la frase
antes de que lo sujete por la camisa y lo saque del vehículo
con un tirón contundente.
Después agarro a la chica y, con cuidado, la arrastro
hacia afuera. No se mueve, pero tiene los ojos abiertos. La
dejo en el suelo y tiro de su barbilla para que me mire.
—¿Puedes hablar? —pregunto.
—pregunto.
Abre la boca, pestañea un par de veces y vuelve a
cerrarla.
—Creo… Creo que sí —susurra.
—Bien. —Me aparto, y cuando el hijo de puta que acabo
de sacar del coche se abalanza sobre mí, le lanzo un
puñetazo a la mandíbula que acaba con él de nuevo
aterrizando contra el asfalto de culo—. En cuanto nos
marchemos, pide ayuda y que te lleven a un hospital. ¿Lo
has entendido? —La chica solo vuelve a pestañear—.
Asiente si lo has entendido. —Su cabeza se mueve de arriba
abajo.
—¡¿Quién demonios eres tú?! —grita el que sigue en la
parte trasera del todoterreno. Está a punto de salir, pero
antes de que pueda hacerlo, cierro la puerta con fuerza,
golpeando la mano que tiene apoyada en el borde—. ¡Aaah!
¡Hijo de puta! ¡Me ha roto los dedos!
Me muevo deprisa, antes de que el alarido del idiota
llame la atención hacia mí, y voy a por el que sigue en el
suelo, doliéndose por el puñetazo que acaba de recibir. Lo
agarro por el cuello y lo obligo a meterse de nuevo en el
vehículo. Cierro la puerta y me monto en el asiento de
acompañante en la parte delantera.
—¡Fuera de aquí, joder! —grita el que está tras el
volante.
Echo la mano hacia atrás y saco de mi espalda el puñal
de caza que cogí antes de salir de la mansión. Coloco el filo
justo bajo su barbilla
—Arranca —ordeno. y el muy cobarde
cobarde me mira aterrado.
aterrado.
—¿Qué? Deja que nos vayamos. —Echo un vistazo a la
parte trasera, donde los otros dos siguen gimiendo de dolor
—. Por favor. Llévate el coche y nuestras carteras. Tenemos
mucho dinero.
Esbozo una sonrisa ladeada y hago crujir mi cuello una
vez más mientras lo miro con fijeza.
—No quiero vuestro dinero —murmuro en tono calmado.
—Entonces, ¿qué quieres? —pregunta uno de los de
atrás, creo que el de la mano rota.
—Divertirme. —Aparto el cuchillo y me acomodo en el
asiento—. Ahora arranca de una puta vez.
∞∞∞
Una hora después, en una zona desierta y oscura a las
afueras de la ciudad, ya me he cansado de golpear con los
puños a dos de los tres hijos de puta. El conductor, que
parece ser el cabecilla, apenas puede abrir los ojos y su
nariz está doblada en un ángulo casi imposible. De los otros
dos, el de la mano rota se ha llevado unos buenos
puñetazos, pero aún sigue en pie, y con el tercero todavía
no he empezado.
—Vamos a jugar a un juego —digo, guardando el puñal
en su funda
el asiento a mide
antes espalda. Me hacia
dirigirme quito ellos,
la chaqueta y la delante
que están dejo en
del coche para que pueda verlos bien a la luz de los faros—.
Está claro que os gusta divertiros, ¿verdad? —No contestan,
así que le doy una patada en el costado al de la mano rota.
—¡Sí! ¡Sí, joder! ¡Nos gusta! —Miro a los otros dos. El
conductor gime algo mientras se retuerce en el suelo sin
apenas poder moverse y el otro asiente con la cabeza.
—Bien, a mí también. Vosotros lo pasáis bien drogando a
chicas y follándolas en contra de su voluntad y yo
torturando a hijos de puta. —Tomo una respiración profunda
y vuelvo a mover mi cuello para hacerlo crujir—. Vuestra
tarea para esta noche es no dejar que yo me aburra. Vais a
ser mis jodidos monos de feria. —Apoyo la espalda contra la
carrocería
carrocería y me cruzo de brazos—. ¿Quién quiere empezar?
—Maldito loco —masculla el conductor, escupiendo
sangre.
Mi sonrisa se ensancha. Supongo que aún le quedan
ganas de seguir jugando.
—Tenemos a nuestro primer voluntario —señalo mientras
camino hacia él.
Lo levanto tirando de su pelo, que está sucio por la tierra
y la sangre que cubre su frente, y lo lanzo contra el coche.
Su cuerpo aterriza con un golpe seco seguido de un jadeo
ahogado. Está a punto de caerse, pero lo agarro a tiempo y
estiro sus brazos para colocarlos en la puerta, que tiene la
ventanilla abierta. Con una mano, le quito el cinturón que
lleva puesto y sujeto sus muñecas juntas al interior del
vehículo, inmovilizándolo. Después lo enderezo, desabrocho
su pantalón y se lo bajo junto a la ropa interior. Su culo
queda expuesto.
expuesto.
—¿Qué haces? —masculla, gimiendo de dolor con cada
uno de sus movimientos.
Sonrío de nuevo y me giro hacia sus dos amigos.
—¿Cuál de vosotros se lo va a follar primero? —pregunto
con gesto divertido.
Capítulo 7
Oscar
El de la mano rota empieza a llorar y suplicar, el otro solo
niega con la cabeza y retrocede asustado.
—Por favor —gime el que tengo a mi lado.
—Tú. —Señalo al de la mano rota y enseguida noto cómo
desvía la mirada. Está a punto de salir corriendo.
—Lo siento —susurra, mirando a su amigo.
—No lo hagas, chico —le advierto—. Si tengo que
perseguirte, será mucho… —Antes de que pueda acabar la
frase, el muy imbécil se pone en pie de un salto y sale
corriendo—. Nunca escuchan —mascullo entre dientes.
Saco mi puñal y, antes de que pueda recorrer dos
metros, se lo lanzo. Se escucha un sonido ahogado y su
cuerpo cae hacia delante con la empuñadura sobresaliendo
de la parte trasera de su cuello, justo bajo la nuca.
—¡Marco!
—¡Marc o! —grita el que sigue en el suelo.
Lo miro, frunciendo el ceño.
—Le dije que no lo hiciera. —Recupero
—Recupero mi puñal y levanto
al tipo, que aún sigue vivo, por el cuello. Intenta bracear y
apartarse, pero le lanzo un cabezazo directo a la nariz; tras
escuchar el chasquido de su tabique haciéndose pedazos,
grita con fuerza y lo empujo en dirección a su amigo—. No
entiendo, creí que os lo pasabais bien follando a gente sin
su consentimiento. Ahí tienes a tu colega. —Le doy una
palmada en el trasero con la mano abierta y vuelvo a
sonreír—. Vamos, apuesto a que alguna vez has pensado
cómo sería metérsela por el culo.
—No puedo. Por favor —gimotea, sujetándose el rostro
con ambas manos.
Frunzo el ceño y lo sujeto por la nuca para que me mire.
—Voy a dejarlo claro, empiezo a aburrirme, y cuando lo
haga, tu amigo y tú morís. Ahora, sácate la polla y fóllale el
culo.
—Te lo suplico…
—Me aburro —siseo, y rodeo su garganta con mi mano.
En cuanto empiezo a apretar, sus manos van a parar a
mi muñeca e intenta forcejear.
—Está bien —gime con un hilo de voz. Lo suelto y tose un
par de veces—. ¡Lo haré, joder!
Hago un gesto con la cabeza y retrocedo un par de
pasos. Vuelvo a cruzar los brazos sobre mi pecho mientras
lo veo desabrocharse
acerca los pantalones
al otro, arrastrando una de sus ypiernas,
sacarsey la polla. Se
después se
gira a medias y me mira por encima del hombro.
hombro.
—¿Algún problema? —inquiero, arqueando una ceja con
diversión. Cojo el puñal con dos dedos y lo balanceo de un
lado a otro como un péndulo.
—No creo que pueda… —Solloza y niega con la cabeza.
—Entiendo. —Me acerco y lo sujeto por el hombro. Miro
hacia abajo, donde su polla cae flácida, y chasqueo la
lengua—. Tranquilo, le pasa a uno de cada tres hombres.
Necesitas un aliciente, algo que te la ponga dura. Puedes
pensar en tu madre. Apuesto a que un hijo de puta violador
como tú ha soñado muchas veces con entrar por el mismo
sitio que salió al nacer.
—Suéltame, joder —lloriquea el del culo al aire.
Vuelvo a darle otro azote, esta vez con la hoja del puñal,
pero sin cortarlo.
—Calla, estamos hablando —siseo, y dirijo mi mirada de
nuevo al polla flácida—. Tu colega es un maleducado. Está
interrumpiendo nuestro momento. —Sonrío y sacudo su
camisa para sacarle algo de tierra y polvo—. No pareces un
mal tipo. ¿Cómo te llamas?
—Ciro —responde entre sollozos.
—Bonito nombre, Ciro. —Palmeo su mejilla despacio—.
Me gusta. Si algún día tengo un hijo, lo llamaré como tú.
Ahora empieza a meneártela. —Me aparto un poco y señalo
su miembro con el puñal.
—No va a funcionar —murmura, negando con la cabeza.
Tomo
Tomo una respiración
respiración profunda.
—Ciro, amigo, tienes dos opciones. Puedes follártelo tú o
te la corto y yo mismo se la meto, pero esta noche tu polla
va a estar dentro del culo de tu colega de una manera u
otra.
Baja la cabeza y su espalda se sacude mientras llora
como un puto crío. Tal vez debería sentir pena o compasión,
solo que no lo hago. Ahora mismo estoy disfrutando al ver
como
actos. dos hijos de
Además, las puta
vocessufren las consecuencias
no están. Estos son losde sus
pocos
momentos que logro ahuyentarlas. Les doy lo que quieren y
me dejan en paz.
—No puedo —repite mientras mueve su mano,
intentando que su polla se endurezca.
—Bien, amputación entonces. —Doy un paso en su
dirección.
—¡No! —exclama. Sorbe la sangre que cae de su nariz y
aprieta los dientes, masturbándose con más fuerza—. Voy a
hacerlo. ¡Voy a hacerlo, joder!
Le doy un par de minutos antes de hablar de nuevo.
—Me aburro —farfullo.
—¡Ya! ¡Ya está! —Se gira para que pueda ver su erección
y asiento con la cabeza.
—Adelante. Usa un poco de saliva, eso ayudará.
Me hago a un lado y observo cómo se acerca a su amigo.
Solloza y vuelve a mirarme. Lo animo a continuar, y tras dar
un último paso, escupe en la palma de su mano, se unta la
punta de la polla con saliva y la dirige al culo de su amigo.
—¡No! ¡Por favor!
—Lo siento, Josh —susurra entre sollozos mientras sigue
empujando para hacerse paso. Prueba varias veces y
regresa su mirada a mí—. No entra. Lo estoy intentando,
pero no entra —lloriquea.
Suspiro y me acerco deprisa. Lo aparto un poco y clavo la
punta del puñal en el ano. El alarido de dolor del tal Josh
resuena en mitad de la noche mientras corto con el filo una
pequeña porción de piel y carne.
—Ahí tienes, la sangre es un buen lubricante.
—¡Eres un sádico hijo de puta! —grita Josh antes de
empezar a llorar de nuevo.
—¿A qué esperas?
—Sí —susurra—. Lo haré, lo haré.
Ciro aprieta los dientes, y con un empujón contundente
se la mete de golpe. Sonrío y limpio la hoja del puñal
manchada
caderas dededelante
sangre hacia
en su atrás.
camisaCon
mientras
cada éluna
mueve las
de sus
arremetidas, su amigo grita y se remueve. A juzgar por la
sangre que chorrea por sus muslos y los de Ciro, no creo
que tarde demasiado en perder el conocimiento.
—Más fuerte —ordeno.
Ancla las manos en la cintura de su amigo y golpea con
más rapidez en su interior, dentro y fuera y dentro de
nuevo. Como ya esperaba, el tal Josh se desmaya en
cuestión de segundos. Solo necesito una mirada de
advertencia para que entienda que no puede detenerse.
Jadea por el esfuerzo mientras las lágrimas recorren
recorren sus
mejillas, poco después echa la cabeza hacia atrás y se corre
con un jadeo ahogado. Retrocede
Retrocede y cae de rodillas.
—Lo has hecho muy bien —susurro, poniéndolo en pie
mientras él sigue llorando. Su ropa está empapada de
sangre.
—¿Vas a dejar que me vaya? —pregunta entre sollozos.
—Claro. —Lo agarro por la nuca con una mano y lo obligo
a mirarme—. Has aprendido la lección, ¿verdad? —Asiente
deprisa—. Repite conmigo: No volveré a drogar y abusar de
ninguna mujer.
—No volveré… a… a… drogar y abusar de ninguna mujer.
—No, no lo harás. —Antes de que pueda darse cuenta de
mis intenciones le estoy cortando la garganta.
Tose
Tose una vez y la sangre sale a chorro,
chorro, salpicando mi
camiseta. Me aparto y su cuerpo cae al suelo. Tarda apenas
unos segundos en morir. Después suelto a Josh, sigue
inconsciente, pero vivo, aunque no por mucho tiempo. Solo
una pasada del filo por su cuello es suficiente para terminar
el trabajo.
En solo cinco minutos tengo los tres cadáveres en el
maletero. Hundo el todoterreno en el río, me limpio un poco
y de camino me deshago de mi camiseta manchada de
sangre antes de llamar a uno de los chicos para que venga
a por mí.
Capítulo 8
Luna
Al pasar frente a la puerta cerrada de la habitación de
Oscar, no puedo evitar agudizar el oído. Lo escuché llegar
de madrugada y ducharse también. No sé a dónde fue en
mitad de la noche ni con quién estuvo. Es extraño porque
antes nos lo contábamos todo; ahora ni siquiera me atrevo
a preguntárselo.
preguntárselo. Echo de menos a mi amigo, al único que he
tenido nunca, y anoche cometí el error de decirlo en voz
alta. No volverá a pasar. No acostumbro a exponer mis
partes vulnerables, hasta ahora solo Oscar ha conocido
alguna de ellas, pero eso se acabó. Si quiere que lo trate
como a uno más, así lo haré.
Sigo recorriendo el pasillo hasta llegar a la escalera, y a
medio camino de la planta principal me doy cuenta de la
presencia de Bailey, Ness y Angy en la sala de estar. Las
tres están de pie frente al ventanal que da al jardín,
inmóviles y en silencio. Termino de bajar y me acerco a
ellas. Siento curiosidad por saber qué las tiene tan
ensimismadas.
—¿Cómo es posible que pueda hacer eso? —escucho que
susurra Bailey cuando ya casi he llegado.
—No lo sé —responde Ness.
Las tres ladean la cabeza al mismo tiempo y me parece
escuchar una especie de suspiro generalizado.
—¿Qué hacéis? —inquiero. Echo un vistazo a través del
cristal y mis ojos se abren hasta el nacimiento del pelo al
ver a Oscar fuera. Lleva puesta una camiseta de tirantes y
un pantalón ajustado, parecen… ¿mallas?—. Pero…
Pero… ¿qué? —
farfullo, entonces se gira y empieza a mover los brazos de
un lado a otro con lentitud.
—Entiendo por qué lo llaman Monstruo —suelta Angy con
una risita.
Me fijo en el lugar que ha clavado la mirada, que resulta
ser la entrepierna de Oscar. Con el pantalón pegado a su
cuerpo como una segunda piel se le marca todo. Se agacha
de nuevo y toca sus pies con las puntas de los dedos,
dándonos una perfecta panorámica de su trasero, un gran
trasero en mi opinión.
—Con lo grande que es, jamás imaginé que tendría tanta
flexibilidad —comenta Ness.
Las otras dos asienten y vuelven a ladear la cabeza,
siguiendo los movimientos
las miro, frunciendo el ceño.de Oscar. Me cruzo de brazos y
—¿Vosotras tres no sois mujeres casadas?
Angy gira la cabeza en mi dirección y sonríe.
—Casadas, pero no ciegas.
—No creo que vuestros maridos piensen lo mismo —
replico, esbozando una sonrisa maliciosa.
Bailey clava su mirada en la mía y resopla con fuerza.
—¡Santo Cristo, Luna! ¿Por qué siempre eres tan odiosa?
—Es un don —respondo, acomodando mi cabello azul
hacia un lado con la mano.
Bailey va a decir algo más, pero un carraspeo que viene
de detrás de mí la interrumpe. Echa un vistazo sobre mi
hombro y le da un pequeño toque con la mano a Angy para
llamar su atención.
—Nacho, ¿qué ocurre? —Me hago a un lado y el chico da
un paso más hacia Angy.
—Perdón, no quería molestar. Voy a… —Señala a Oscar
que, ajeno a lo que está ocurriendo, sigue moviéndose y
estirando partes de su cuerpo que, al igual que Ness, yo
tampoco imaginé que fueran tan flexibles.
—¿Vais a mantener vuestra rutina de ejercicios
matutinos? —le pregunta Angy sonriendo. El chico solo
asiente y abre la puerta acristalada, deslizándola sobre su
carril, para salir al exterior—. Voy a echarlos de menos —
murmura, creo que para sí misma.
—¿Hace esto todas las mañanas? —inquiere Ness, y
señala al exterior con un gesto de su barbilla. Angy asiente
—. Va a ser divertido.
Las tres ríen y yo las observo con el ceño fruncido.
¡¿Quién demonios se creen?! No conocen a Oscar, no como
lo hago yo.
—¿Tú no te largabas? —mascullo, lanzándole a Angy una
mirada poco amistosa.
—En un rato. Alex y Gabriel siguen poniéndose de
acuerdo en los
—No creo detalles
que lo quede la entrega
esos de la
dos hacen mercancía.
pueda considerarse
una conversación. ¿De dónde sacan toda esa testosterona y
cabezonería? —comenta Bailey.
Angy suspira y se encoge de hombros.
—Yo llevo haciéndome esa pregunta más de treinta y
cinco años —responde en tono divertido.
Ambas ríen y Ness se gira para mirarlas.
—Me encantaría seguir admirando el paisaje, pero tengo
una hija preadolescente que estará volviendo loco a Lagos.
Nos vemos después.
Se marcha y Bailey la sigue. Mi intención es hacer lo
mismo, pero Angy me detiene.
—Tengo que pedirte un favor —dice, y enseguida obtiene
mi atención. Angy no es de las que piden nada a nadie. Su
orgullo casi rivaliza con el de los hermanos Urriaga. Arqueo
una ceja de manera interrogante y resopla—. Necesito que
eches un vistazo a Lina. Va a trabajar en el Madness y no
quiero que nadie le haga daño. Es una buena chica.
—Y adulta —añado—. ¿Cuántos años tiene?
—Veinte,
—V einte, pero eso no es importante. Lina es muy madura
y sé que se las arreglará bien. Lo que me preocupa es el
interés por ella que noté ayer en Beni.
—Sigo sin entender a qué te refieres. Beni a veces se
comporta como un idiota y tiene problemas serios, sí, pero
no es un mal tipo.
—Lo sé, pero él y Lina… —Sacude la cabeza de un lado a
otro y vuelve a resoplar—. Eso no va a pasar, no es posible.
—¿Por qué? —pregunto.
—Porque
—Por que no. ¿Puedes mantenerla vigilada por mí? Al fin y
al cabo, te encanta meterte en los asuntos de los demás,
¿no?
Frunzo el ceño y me cruzo de brazos con gesto serio.
—Ya que estás pidiendo mi ayuda, te sugiero que seas un
poco más amable.
Angy respira hondo por la nariz y clava su mirada en la
mía.
—Tienes razón. Según tengo entendido, pasas mucho
tiempo en el club, solo te pido que si ves algo raro entre
esos dos me avises. ¿Puedes, por favor, hacer eso por mí?
—¿No vas a contarme la razón? —Niega con la cabeza.
Tras
Tras unos segundos de silencio, hablo de nuevo—. Está bien,
pero pienso guardármela.
guardármela. Me debes una.
—Lo supuse. Sigues siendo una perra interesada y
oportunista.
—Esa soy yo —canturreo, y sonrío de oreja a oreja. Angy
cabecea y, tras dar media vuelta, se marcha sin despedirse.
Mientras la veo alejarse, no puedo evitar pensar qué es
lo que oculta. ¿Por qué no quiere que la chica esa se
acerque a Beni? Es cierto que el pequeño de los Urriaga
hace años que dejó de ser ese niño sonriente de buen
corazón. Ahora vive para sus vicios y mujeres, pero la
actitud de Angy es extraña.
Capítulo 9
Oscar
Después de mis ejercicios matutinos y una buena ducha,
salgo de mi dormitorio relajado y tranquilo. No hay voces, ni
siquiera la de él, y si todo va bien seguirá siendo así al
menos durante un par de días. Es el «efecto sangre», así es
como lo llamo. Les doy lo que quieren y ellas me dejan en
paz.
Me reúno con Zarco en el despacho de su ala privada y,
al llegar, descubro que Lagos, Luna y, para mi sorpresa,
Beni también están aquí. Mi intención es evitar la mirada de
Luna. Después de lo que ocurrió anoche, no sabría qué
decirle. «Me ha echado de menos», pienso. Eso es lo que
dijo. No obstante, ni siquiera me tengo que esforzar en
ignorar su presencia ya que es ella la que actúa como si ni
siquiera nos conociéramos. Permanece sentada en el sofá
mientras Lagos, Beni y yo rodeamos el escritorio de Zarco y
escuchamos sus órdenes.
—Lagos y Luna van a preparar la reunión con los
españoles. Han adelantado su viaje. Llegan esta noche —
informa.
—¿Has conseguido contactar con Roma? —le pregunta
Lagos.
—Sí, tendremos las armas cuanto antes. Solo espero no
tener que viajar a Palermo yo mismo.
—¿Hablamos de Roma Provenzano? —inquiere Beni.
Zarco asiente con la cabeza—. ¿Crees que va a poder
encargarse de un pedido tan grande?
—Él y su primo, Nicola Baglioni, se han quedado con
parte de los negocios de los F
Farnese
arnese —explica Lagos.
—Roma… —canturrea Luna desde el sofá, y dirige su
mirada a Zarco—. Si quieres enviar a alguien a Palermo, yo
me presento voluntaria. Siempre es divertido coincidir con
él.
Por la manera en la que sonríe, no es difícil adivinar qué
tipo de diversión busca en el italiano. Aprieto los dientes y
sigo atento a lo que dice nuestro jefe. Conozco poco a
Roma, pero dicen que está loco, casi tanto como yo. Loco o
no lo odio, al igual que a cualquiera que haya tocado a
Luna.
—Dejando a un lado los caprichos de Luna, he pensado
que Beni puede darte apoyo en la búsqueda de Samu —dice
Zarco,
¿sabes dirigiéndose a mí. Solo asiento con la cabeza—. Bien,
por dónde empezar?
—El basurero —respondo, esbozando un amago de
sonrisa.
—Ya estuvimos allí tres veces —replica Luna.
Por primera vez, me giro para mirarla de frente.
—No me teníais a mí. Si alguien en esa mierda de sitio
sabe algo, hablará.
Pocos minutos después, Zarco da por terminada la
reunión y Beni y yo abandonamos el despacho. Reunimos a
un grupo de hombres y no tardamos en subirnos a la parte
trasera de un todoterreno. Mientras yo compruebo que mi
pistola esté cargada y lista para ser usada, igual que el
puñal que llevo en la cintura, observo como Beni saca de
una pequeña bolsita de terciopelo varios anillos, son
grandes, metálicos y todos tienen dibujos y formas de
calaveras.
—¿Te gustan? —pregunta, y empieza a colocárselos en
los dedos de la mano izquierda, la única real.
La prótesis que usa para sustituir su brazo izquierdo
tiene mano y dedos completamente funcionales, incluso
parece estar cubierta de piel real con tatuajes similares a la
de la otra.
—¿No llevas pistola? —Niega con la cabeza.
—Hace mucho que dejé de usar armas. —Mueve los
dedos, haciendo que los anillos tintineen, y sonríe—.
Prefiero
Prefi ero hacerlo a la vieja usanza.
—Dudo que puedas acabar con varios hombres armados
usando solo tus puños.
—Por suerte, no voy a tener que hacerlo. Para eso estás
tú, ¿no? Yo solo soy el apoyo por si las cosas se tuercen.
Entonces lo entiendo. Beni no viene a ayudarme, sino a
controlarme. Zarco teme que pueda perder la cabeza.
Bueno, pues no va a ser así. Me siento bien. Sin voces, sin
impulsos ni visiones. Solo yo mismo.
—Creí que no solías salir demasiado del despacho del
club —comento
—Así es, peroendetono
vezcasual.
en cuando me gusta hacer trabajo
de campo. Me mantiene en forma. —Se queda callado unos
segundos, observándome con curiosidad—. Por cierto,
anoche me pareció verte en el Madness.
«Mierda».
—No podía dormir y pasé a tomar una copa —respondo
de manera escueta.
—Es curioso, estuve revisando las cámaras de seguridad
porque una chica joven fue drogada y aseguró que alguien
alto y muy fuerte la había ayudado, y ¿sabes quién aparecía
en las grabaciones?
Inspiro hondo por la nariz y clavo mi mirada en la suya.
—No sé de qué me hablas —mascullo.
Beni esboza una sonrisa ladeada y asiente.
—Espero que esos hijos de puta no regresen al club.
—No lo harán —afirmo. No son necesarias más palabras.
Sé que me ha entendido.
Llegamos a una zona que llaman el basurero, ya que aquí
se reúne toda la mierda de la ciudad, y ordeno a los chicos
que se dispersen mientras Beni y yo nos adentramos en uno
de los edificios abandonados que Rata suele usar para sus
negocios. Ni siquiera tengo que usar el arma. En cuanto me
ven, sus perros salen corriendo. Le doy una patada a la
puerta y encuentro al hijo de puta que buscaba sentado
frente a una mesa de madera destartalada.
—Monstruo —farfulla, y sus ojos se abren como platos.
Después mira a Beni y niega con la cabeza—. ¿Por qué lo
has traído? Te dije que… —Antes de que pueda terminar la
frase, ya ha recibido el primer puñetazo por parte del
pequeño de los Urriaga.
Estrecho mi mirada sobre él mientras veo cómo lo sujeta
por la mugrienta camiseta y vuelve a sentarlo en la silla a la
fuerza.
—Aquí mi amigo Oscar quiere hacerte unas preguntas.
Creo que ya os conocéis.
—¿Mede
el puñal has
miechado de menos, cariño? —inquiero, sacando
espalda.
—¡Mi mercancía es buena, joder! —exclama Rata, y se
limpia la sangre de la mejilla con el dorso de la mano.
Admito que esos anillos son efectivos. Le han hecho un
corte profundo en el pómulo derecho—. Ya no vendo mierda.
—Gira la cabeza para mirar a Beni—. ¡Díselo tú! —Recibe
otro puñetazo de inmediato.
Para ser el apoyo, Beni está participando más de lo que
esperaba, y no es difícil adivinar el motivo.
—Me importa una mierda tu mercancía —digo, y clavo la
punta del puñal en la mesa con un golpe seco—. Samuel
Sandoval, ¿qué sabes de él?
—¡Nada! —Vuelve a mirar a Beni, como si estuviese
pidiendo su ayuda—. ¡Digo la verdad! Monstruo, yo no te
mentiría. Sé lo que pasa cuando te cabreas.
—Me alegra que lo tengas claro. —Me acerco aún más y
coloco mi mano sobre su hombro. Empiezo a apretar y él se
retuerce, gimiendo de dolor—. Solo dame un nombre, Rata.
No tengo ganas de mancharme la ropa con tu sangre.
—¡Está bien! —grita cuando mi pulgar llega hasta su
músculo y lo comprime. Aflojo el agarr
agarre
e y vuelvo a sonreír—.
Vino a buscarme hace un par de meses —masculla, y hace
una mueca de dolor, tocándose el hombro—. ¡Va a matarme
por esto, maldita sea!
—Puede matarte él o puedo hacerlo yo. ¿Estuvo aquí? —
Asiente con la cabeza—. ¿Qué quería?
—Hombres. Me ofreció armas a cambio de buscarle a
algunos chicos que pelearan para él.
—¿Cuántos? —pregunto.
—Veinte o algo así. Fue lo máximo que pude conseguir.
—El hijo de puta está comprando un puto ejército con los
cargamentos que nos roba —sisea Beni entre dientes.
—Intenté negarme, lo juro. Nadie quiere involucrarse con
ese demente, pero no me dejó otra opción.
—Ya, claro, tú eres un buen chico, ¿verdad? —Lo agarro
por—No
la nuca
lo ysé,
lo Monstruo.
obligo a mirarme—.
Programé¿Dónde está? con los
un encuentro
chicos, me entregó las armas y no volví a saber nada más
de él.
—¿Dónde están esas armas? —inquiere Beni.
—Eh… Yo no…
—Responde a la puta pregunta, Rata —ordeno, y arrastro
el filo del puñal por la superficie de la mesa, dejando un
surco profundo en la madera.
—En la habitación del fondo hay algunas. —Exhala con
fuerza y niega con la cabeza—. He vendido gran parte de lo
que me trajo, pero os devolveré el dinero
dinero..
Hago un gesto en dirección al interior del apartamento, si
es que este estercolero puede ser llamado así, y Beni
enseguida se marcha para comprobar si lo que dice nuestro
amigo es verdad.
—¿No tienes ninguna manera de contactar con Samuel?
—Vuelve a negar, no obstante, sé que no dice la verdad. He
interrogado y torturado a bastantes hijos de puta como para
saber detectar una mentira tan descarada. Cojo el puñal con
fuerza y se lo clavo en la mano. Su aullido de dolor rebota
contra las paredes de papel desconchado y ennegrecido—.
Prueba de nuevo —siseo, retirando la hoja.
—¡Me dio un teléfono! —grita, y empieza a llorar
mientras se sujeta la mano ensangrentada contra el pecho.
—¿Qué teléfono? —Sigo su mirada hacia un mueble. Me
muevo deprisa,
antiguo—. ¿Esto?abro el primer cajón y encuentro un móvil
—Asiente.
—Me dijo que no… —Toma aire y cierra los ojos con
fuerza antes de volver a hablar—. Se supone que solo debo
contactarlo en caso de emergencia, si alguien venía a
preguntar por él.
—Interesante —murmuro.
Samuel sabía que vendríamos a por el Rata. El tipo es un
cobarde hijo de perra, pero mueve gran parte de la droga
que se consume en esta ciudad, y eso lo hace poderoso.
Conoce genteelque
Enciendo conoce ay más
teléfono gente y toda
compruebo que esa
solomierda.
hay un
número agendado. Sin nombre, solo números.
—¡Voy a desangrarme, joder! —gime Rata.
Me acerco a él y lo obligo a mirarme de nuevo.
—Ahora vas a hacer lo que te digo y puede que permita
que conserves la mano. Quiero que hables con Samuel y le
digas que hemos estado aquí, pero no nos has dicho nada.
También
También le vas a ofrecer un nuevo grupo de hombres, igual
que la vez anterior
anterior.. ¿Lo has entendido?
—No creo que… —Agarro su mano, la coloco a la fuerza
sobre la mesa y, con un movimiento rápido y certero con el
puñal, le amputo el pulgar—. ¡Aaah! ¡Por favor, por favor! —
grita.
—Vamos a probar de nuevo, y ahora presta atención. ¿Lo
has entendido?
—¡Sí! ¡Lo he entendido!
—Bien. —Presiono el botón de llamada y lo señalo con el
dedo índice para que deje de lloriquear.
lloriquear.
Suena un tono, y cuando creo que va a empezar el
segundo, una detonación a mi lado me hace cubrirme el
rostro. Aturdido, noto que mi camiseta y parte de mi cara
están cubiertas de sangre.
—¡¿Qué demonios ha pasado?! —grita Beni, entrando en
la estancia cargado con varias bolsas de lona.
Sigo su mirada hacia el lugar donde está Rata, o al
menos lo de
separado quelaqueda de Beni
cabeza. él. Su
mecuello
mira está
a mí abierto y casi
con gesto de
sorpresa.
—No he sido yo —afirmo.
Me toco la sien derecha y descubro que tengo varios
cortes, de uno de ellos sobresale algo, tiro de él y frunzo el
ceño. Parece
Parece una pequeña astilla de hueso.
—Le ha explotado la puta cabeza —dice Beni, que ya se
ha acercado e inspecciona el cadáver haciendo muecas de
asco—. ¿Tú estás bien?
—Sí,enfue
tengo al llamar.En—Le
la mano—. muestrotono
el segundo el teléfono quesiaún
sonó como se
detonara un explosivo
explosivo..
—Voy a informar a Zarco. Nos llevamos el teléfono.
—Y a él también —añado.
Beni lo mira y vuelve a hacer una mueca con los labios.
—Todo
—T odo tuyo, colega.
Capítulo 10
Oscar
Zarco hace una mueca de asco cuando dejo el cadáver
sobre la camilla de la enfermería.
—¿Cómo le has hecho esto? —pregunta Bailey, y se
acerca poniéndose unos guantes de látex.
—No he sido yo. —Ambos me miran frunciendo el ceño.
Saco el teléfono de mi bolsillo y lo dejo junto a lo que queda
de la cabeza de Rata—. Se lo dio Samuel. Intenté llamarlo,
pero antes de que sonara el segundo tono algo explotó.
Bailey estrecha su mirada sobre mí y se acerca. Estira
sus manos hacia mi rostro y me hace girarlo para
inspeccionar los cortes que tengo en la sien y la mejilla
izquierda.
—Son heridas superficiales. Deja que termine con el
fiambre y te lo curo.
—Estoy bien —mascullo, y ella pone los ojos en blanco.
—Si me dieran un centavo cada vez que escucho eso
sería millonaria —farfulla.
—Ya eres millonaria —comenta Zarco sonriendo, aunque
enseguida vuelve a su gesto de asco cuando ve a su mujer
manipular el cuello desgarrado y ensangrentado del cadáver
—. ¡Santo Cristo, Mia! No vas a tocarme con esas manos.
Ella se gira a medias y esboza una sonrisa ladeada.
—¿Apostamos?
Antes de que puedan enfrascarse en un intercambio de
comentarios que deberían ser privados, decido interceder.
interceder.
—Sonó como un explosivo, y por la forma en la que su
cuello… —dejo la frase en el aire y señalo hacia la camilla.
Bailey sigue toqueteando la cabeza, y cuando introduce
la mano por la tráquea desgarrada hasta la muñeca, Zarco
cierra losa ojos.
estuviese punto Contengo
de vomitar.una sonrisa. Parece como si
—Lo tengo. —Saca la mano y, tras ponerla bajo el grifo
para limpiar la sangre y trozos de carne sueltos, se gira y
nos muestra algo que lleva entre los dedos índice y pulgar.
No mide más que un grano de arroz—. Es un dispositivo
explosivo implantable. He escuchado hablar de ellos en el
ámbito militar.
—¿Esa mierda tan pequeña ha causado todo el destrozo?
—inquiere Zarco.
de —No,
un seresto es solo
humano se uno de ellos.
necesitan Para provocar
al menos la muerte
veinte. Funcionan
con micro explosiones en cadena, se alimentan unas a otras
para crear una lo bastante potente como para destrozar
huesos y partes blandas.
—¿Cómo demonios fueron a parar esos dispositivos al
cuello de Rata? —pregunto confuso.
—Estaban en su nuca. No es difícil, con una pistola de
implantación apenas se nota. Es como ponerle un microchip
a un perro. No más doloroso que un pinchazo y casi no deja
marca.
—¿Es posible que Rata no supiese que los llevaba? —
inquiere Zarco. Su mujer se encoge de hombros a modo de
respuesta y se quita los guantes.
—De lo que estoy seguro es de que no tenía ni idea de
que hacer esa llamada lo mataría, si no me lo hubiese
intentado impedir —comento.
Bailey coge el teléfono de la camilla y lo revisa unos
instantes.
—Es posible que no haya sido la llamada lo que los
detonó. Los mecanismos de activación suelen estar
diseñados para ser casi imposibles de interferir. Usan
señales de radiofrecuencia encriptada, única para cada
dispositivo, que solo puede ser emitida a control remoto.
Cualquier intento de extracción no autorizada activa
sensores de proximidad
automática. queellos
—Bailey le da hacen adetonarse
aparato de manera
Zarco y exhala con
fuerza—. Es una pena que Angy se haya marchado ya. Ella
podría haber averiguado más si inspeccionara el teléfono.
—Tenemos a Luna —digo, frunciendo el ceño. Me molesta
que siempre olviden lo inteligente y buena que es en su
trabajo.
—Sí, se lo daré para que eche un vistazo —comenta
Zarco—. Lo que no termina de convencerme es que Samu
esté detrás de todo esto. ¿De dónde ha sacado la
tecnología?
—Tal vez Ysolo
¿porlaqué
estéusarla con un
probando imbécilBailey.
—sugiere como Rata?
—Le pediré a Lagos que lo investigue a fondo. —Zarco
echa un nuevo vistazo al cadáver y arruga los labios—. Voy
a ordenar que se deshagan de esta cosa. ¿Nadia está con
Ness?
—Sí, iré a buscarla ahora. Maya está obsesionada con
enseñarle a decir su nombre.
—Es imposible. Acaba de nacer. —Zarco sonríe y niega
con la cabeza.
—Ya, pero eso es algo que no termina de entender.
—¿Tú no deberías estar descansando? —pregunto.
No creo que sea habitual que una mujer se mueva como
si nada de un lado para otro solo un par de días después de
haber dado a luz. No obstante, la mujer en cuestión es
Bailey, una de las personas más fuertes que he conocido
nunca. De ella se puede esperar cualquier imposible.
—Estoy bien —dice, y sonríe—. Te curaré las heridas del
rostro.
—No es necesario. —Retrocedo de espaldas hacia la
puerta—. Voy a sacarme toda esta sangre de encima. Tú
misma has dicho que son superficiales.
—Está bien, pero límpialas bien para que no se infecten,
y si ves que hay alguna más profunda, búscame y te daré
un par de puntos.
Asiento y, tras dar media vuelta, salgo de la enfermería.
Luna
Después de una mañana interminable preparando junto
a Lagos la reunión de esta noche, me encierro en el lugar
que se ha convertido en un refugio para mí desde que Zarco
mandó hacerla durante las reformas de la mansión. La
biblioteca es inmensa, con estanterías que van desde el
suelo hasta el techo repletas de libros de todo tipo y
géneros.
Nuestro jefe quiso complacer a su querida esposa
fomentando su afición a la novela romántica. Una sección
bastante grande de la biblioteca está dedicada a ese tipo de
libros. Por suerte para mí, a Bailey también le gusta la
fantasía. Me encanta pasar las tardes o noches en compañía
de personajes que solo existen en mundos creados a partir
de mitos y leyendas. Hadas, elfos, dragones, seres alados
de moralidad cuestionable… Estos últimos son mis favoritos.
A media tarde, justo cuando estoy leyendo una escena
especialmente interesante y, para qué mentir, caliente
también, soy interrumpida por la persona que menos
esperaba ver. Catalina, Lina o como demonios sea que
quiera que la llamen entra en la biblioteca sin llamar a la
puerta.
—Espero que sea importante. Acabas de cortarme a
medio polvo —refunfuño, cerrando el libro sobre mi regazo.
La chica esboza una sonrisa fugaz y se detiene a pocos
pasos de mí.
—¿Tú también lees porno? Angy está enganchada a esos
libros.
—Lo mío es porno con hadas —respondo sin ningún tipo
de vergüenza.
Sé que Bailey, Angy y Ness comparten lecturas y se
recomiendan títulos. Siempre están cotilleando en el grupo
de mensajería instantánea que han creado para ellas. Por
supuesto, nadie
—Al final voyme ha preguntado
a tener si yo
que probar quería participar
—murmura,participar.
.
poniendo
los ojos en blanco.
—¿Has venido solo a decirme esto o tu interrupción tiene
algún otro propósito?
—¿Siempre eres así de perra con todo el mundo o es que
te caigo mal por alguna razón? —replica, y casi me echo a
reír.
No me equivocaba con esta chica, tiene agallas. Dejo el
libro sobre el sofá a mi lado y clavo mi mirada en la suya.
—Me
sobre mí.extraña que Angy o Alex no te hayan advertido
—Lo hicieron, pero no acostumbro a juzgar a las
personas sin conocerlas.
«Mierda, me gusta esa respuesta».
—¿Qué es lo que quieres, Lina?
—Me envía Lagos. Esta noche empiezo a trabajar en el
club y, según él, tú conoces ese lugar casi tan bien como
Beni. —Estrecha la mirada con gesto pensativo—. Supongo
que Beni es el idiota que int
intentó
entó ligar conmigo ayer
ayer..
No soy capaz de contener la carcajada.
—Supones bien, es un idiota, pero también un chico listo
y está a punto de convertirse en tu nuevo jefe, por lo
tanto…
—Ya —masculla, interrumpiéndome—. Voy a tener que
besarle el culo, ¿no?
—No diría tanto. —Recuerdo la petición de Angy y exhalo
con fuerza—. Solo mantén las distancias con él. No solo lo
has rechazado, lo hiciste delante de sus hermanos mayores.
Conociéndolo, va a intentar que te tragues tus palabras y,
para ello, el camino más sencillo es lograr meterse entre tus
piernas.
—Qué presuntuoso —murmura sonriendo.
—Eso es algo en lo que los Urriaga no escatiman, al igual
que el orgullo, el egocentrismo y la arrogancia.
—¿Algohondo
Inspiro más que
pordeba saber?
la nariz y vuelvo a buscar su mirada.
—Beni no es un mal tipo, pero si hace un movimiento y
tú lo rechazas de nuevo… —Hago una mueca y ella frunce
el ceño—. Va a ir a por ti sin medir las consecuencias. No
parará hasta tenerte.
—No tengo ninguna intención de que eso suceda —
replica.
—Bien, porque en cuanto te folle todo su interés
desaparecerá. Volverá a centrarse en su club y en el harén
de mujeres
últimas que besan
palabras las digoelsiendo
suelo totalmente
por el que sincera.
camina. Beni
—Esas
no
es el tipo de hombre que se enamora. Él disfruta teniendo a
una mujer o varias distintas cada noche.
—Aparte de tener cuidado con mi nuevo jefe, ¿hay algo
más que tenga que saber?
—Tecnicismos —digo, y me encojo de hombros—.
Después de la reunión te haré un tour y te presentaré al
resto de trabajadores del Madness. ¿Puedo ayudarte con
algo más? Tengo a un pedazo de hombre alado a punto de
correrse entre las páginas de ese libro. —Señalo el ejemplar
en cuestión y ella sonríe.
—No tengo mucho más que hacer. Mi hermano ha sido
abducido por una adolescente pelirroja que habla por los
codos. —Ruedo los ojos y se me escapa una sonrisa.
Maya. Esa cría no sabe lo que es el silencio, siempre
tiene algo que decir, te guste a ti o no.
—¿Por qué crees que me escondo aquí? —pregunto,
enarcando una ceja con gesto divertido.
Lina ríe y señala el libro con un movimiento de su
barbilla.
—¿Por dónde me recomiendas empezar con el porno
entre hadas?
—¿En serio quieres leer esto? —Asiente—. ¿No prefieres
unirte al grupito de Angy? —Vuelve a cabecear, esta vez de
manera negativa y, por alguna razón, esa respuesta me
alegra—. Muy bien, novata. Empecemos por los dragones.
Capítulo 11
Oscar
Tras ducharme y cambiarme de ropa, me miro en el espejo
y compruebo que uno de los cortes, creo que es del que
quité la astilla de hueso, no tiene buena pinta. Parece más
profundo de lo que creía y, por más que lo intento, no
consigo que deje de sangrar.
Aprieto las gasas contra la sien y espero más de una
hora, pero la sangre no se detiene. Aunque no quiero
molestar a Bailey con esta tontería, creo que no me va a
quedar de otra. Quiero ir al club esta noche. Es el primer día
de Lina y me gustaría asegurarme de que no va a tener
ningún problema en su nuevo trabajo.
Salgo de mi dormitorio y bajo a la planta principal sin
dejar de presionar la herida. Antes de llegar a la enfermería
me cruzo con Lina. Puedo notar su gesto de sorpresa al ver
que estoy herido.
—¡¿Qué te ha pasado?! —exclama, y enseguida se
acerca.
Solo después de que empiece a moverse me doy cuenta
de que hay alguien detrás de ella. Mi mirada y la de Luna
coinciden unos segundos antes de que la aparte.
—No es nada —mascullo, y me aparto cuando va a
quitarme la gasa para ver la herida—. Estoy buscando a
Bailey. No logro que esta maldita cosa deje de sangrar.
—No está en la enfermería —informa Luna.
—Da igual. Buscaré algo para cortar la hemorragia por mí
mismo.
—¿Quieres que te ayude? —pregunta Lina.
Le sonrío y niego con la cabeza. Paso por su lado y estoy
a punto de entrar en la enfermería cuando Luna vuelve a
hablar.
—En una hora nos vemos en el recibidor —le dice a Lina.
Ella no contesta, solo se marcha y yo abro la puerta y
entro en la habitación, que huele a desinfectante y
medicamentos. Ya se han llevado el cadáver y todo vuelve a
estar limpio y reluciente. Me acerco a una de las estanterías
repletas de material médico y empiezo a rebuscar. Puedo
notar la mirada de Luna sobre mí. Sé que sigue ahí,
observándome.
—¿Sabes al menos qué es lo que buscas? —pregunta, y
por su tono sé que le resulta divertido verme tan perdido.
—No tengo ni puta idea. Solo quiero que esta mierda
deje de sangrar —respondo con una exhalación.
Chasquea la lengua y escucho sus pasos acercándose.
Me aparto cuando llega a mi lado. No quiero que me toque.
En realidad, ni siquiera deseo tenerla cerca. Intento luchar
contra mi maldita obsesión por esta mujer, y su cercanía no
ayuda.
—No muerdo —masculla sin mirarme. Parece encontrar
algo en la estantería. Se gira y me obligo a retroceder un
par de pasos—. Son puntos de aproximación. Déjame ver la
herida. —Aparto un poco la gasa y agacho la cabeza para
quedar a su altura—. Siéntate y te los pongo.
—No es necesario. Yo me encargo.
Su mirada va a parar a la mía y aprieta los labios con
fuerza.
—Bien. —Empuja los enseres médicos que ha cogido
contra mi pecho con fuerza—. Ni siquiera sé por qué me
molesto.
Hago una mueca y, antes de que pueda marcharse, la
sujeto por el brazo. Alza la cabeza de golpe y soy consciente
de esa chispa de rabia y tristeza que hay en sus ojos. «Estoy
haciendo lo mismo que todos los demás. La trato como una
porquería».
—No creo que pueda curarme solo. —Una de sus cejas se
arquea
para y esbozade
defenderse esa sonrisa
todo aquelmaliciosa
que cree y dañina
que que usa
va a atacarla.
El simple hecho de que piense que yo quiero lastimarla me
revuelve el estómago. Jamás haría algo que pudiese hacerle
daño—. Lo siento, Luna —añado.
Toma
Toma una respiración profunda y hace un gesto con su
barbilla en dirección a la camilla. Camino hacia allí y tomo
asiento. Casi no respiro al notarla tan cerca de mí. Su
cintura roza mis rodillas y estira la mano para sujetar la
gasa que aún sigo manteniendo pegada a mi piel.
—¿Cómo ha quedado el otro? —pregunta sin dejar de
limpiar la herida.
—Muerto. —Me mira a los ojos y me veo obligado a
apretar los puños para contener la tentación de tocarla. Es
una jodida tortura. ¿Cómo pude pasar tantos años a su lado
sin atreverme a hacer nada?—. No fui yo —aclaro.
—Entonces, ¿quién fue? —Regresa a su tarea y exhalo
una gran bocanada.
—Creemos que Samuel. —Sus manos se detienen. Puedo
notar como todo su cuerpo se tensa al escuchar el nombre
de su hermano—. Vamos
Vamos a pillarlo, Luna. Solo es cuestión de
tiempo. Daré con él y lo estrangularé con sus propias tripas.
Luna esboza un amago de sonrisa y parece relajarse.
Coge un par de pequeñas tiras y empieza a pegarlas en mi
sien. Después aplica un poco de desinfectante y regresa su
mirada a la mía.
—Ya no sangra —susurra.
Me fijo en sus labios, carnosos, apetecibles… Daría
cualquier cosa por probarlos. Llevo toda mi vida deseando
averiguar a qué saben. Mi respiración se vuelve pesada y
tenso la mandíbula con fuerza.
—¿No tienes que irte? —pregunto sin aliento.
La escucho suspirar y me obligo a apartar la mirada.
—Oscar, ¿he hecho algo mal? —su pregunta me toma por
sorpresa. No contesto. La verdad es que no sabría qué decir.
Soy yo el que tiene el problema.
—No —mascullo.
Me sobresalto cuando sus manos sujetan mi rostro y me
obligan a mirarla a los ojos.
—¿Sigues cabreado porque me acosté con Rai? —Niego,
apenas capaz de contener el impulso de besarla. Exhala con
fuerza y su aliento golpea mi rostro—. Tal vez debería
dejarlo estar, pero me duele demasiado perder a mi único
amigo. Solo… Dime qué puedo hacer para arreglarlo.
arreglarlo.
—No hay nada que arreglar, Luna. —Aparto sus manos
de mi rostro y me bajo de la camilla. Carraspeo antes de
volver a hablar. Me cosquillea la piel donde me ha tocado.
Quiero que siga haciéndolo, pero sé que no está bien. «Ella
no siente lo mismo que yo»—. Somos amigos. Todo sigue
igual —afirmo.
Se cruza de brazos y frunce el ceño.
—Entonces, si alguna de estas noches me meto en tu
cama como he hecho tantas veces, no saldrás huyendo,
¿cierto? —Contengo el aliento y la miro sin saber qué
contestar—. Si todo sigue igual como dices…
—No lo hagas —suelto de golpe.
—¿Por qué?
—Ya sabes por qué. —Exhalo con fuerza y sacudo la
cabeza de un lado a otro—. Por la misma maldita razón por
la que me marché hace tres años.
Su gesto cambia. Se encoge de hombros y aparta la
mirada.
—Aún sigo sin saber por qué demonios te marchaste.
Podría
Podría callarme e irme de una vez, sin embargo, no voy a
hacerlo. Ese día, tres años atrás, tomé la decisión de
confesarle mis sentimientos y no estoy dispuesto a recular.
recular.
—¿En serio? ¿No fui lo bastante claro? —Sigue mirando
sus propios zapatos como si fuesen la cosa más interesante
del mundo—. Entonces es eso, ¿no? Vas a enterrarlo debajo
de la alfombra, ignorarlo y pretender que no ocurrió como
todo aquello que te molesta o no puedes controlar. —No
responde. Solo sigue
menos mirarme mirando
cuando sus pies—. Luna, ¿puedes al
te hablo?
La escucho suspirar, alza su cabeza con lentitud y me
lanza una mirada que soy incapaz de descifrar. Quiero
acercarme,
acercarme, decir que lo siento y que todo vuelva a ser como
antes, pero ¿a dónde me llevaría eso? De vuelta a ser el
amigo fiel, el que siempre está disponible, el que debe fingir
que no le afecta ver a la mujer que ama en brazos de
cualquiera. No, no voy a regresar
regresar ahí. Eso se acabó.
—Te dije que podrías tener de mí lo que quisieras —
susurra tras carraspear.
Frunzo el ceño y niego con la cabeza.
—Si después de todo este tiempo aún piensas que lo que
quiero es tu cuerpo, entonces no has entendido una mierda.
—No tengo nada más, Oscar. —Puedo notar el temblor en
su tono de voz. Sus ojos azules se vuelven brillantes y
aprieta los labios con fuerza—. No hay nada más para ti ni
para nadie.
Quiero gritarle que se equivoca, que yo puedo verla
como es de verdad, que esa coraza que tiene a modo de
escudo no funciona conmigo, que si tan solo me diera una
oportunidad… Antes de que pueda hacer nada de eso, la
puerta de la enfermería se abre de golpe y Lagos asoma la
cabeza al interior.
—Luna, llevo buscándote un buen rato. ¿Estás lista?
Quiero llegar al club antes de que abra. —Sé que lo está
escuchando, pero su mirada no se aparta de la mía—.
¿Interrumpo algo? —inquiere Lagos al notar que ella no
reacciona.
Soy yo quien rompo el contacto visual. Cabeceo y
retrocedo
retrocedo un par de pasos.
—Ya hemos terminado —farfullo, y salgo de la estancia
sin despedirme.
Maldito idiota. ¿De verdad creíste que una mujer como
Luna puede fijarse en un desquiciado como tú?
—Cállate —siseo entre dientes mientras recorro el pasillo
a toda prisa.
El muy hijo de puta empieza a reír a carcajadas. Lo veo
apoyado en cada puerta por la que paso, burlándose de mí.
Deberías dar gracias por que ella no sienta lo mismo que
tú. ¿Cuánto tiempo crees que lograrías pasar a su lado sin
matarla? Sabes que tarde o temprano terminará ocurriendo.
Perderás el control y…
—¡Lárgate, joder! —gruño, y pongo todo mi esfuerzo en
encerrarlo en lo más profundo de mi mente, de donde jamás
debería salir.
Capítulo 12
Luna
De camino al Madness, Lagos me informa de los últimos
acontecimientos. Ya sé cómo ha terminado Oscar con esos
cortes tan feos. Samuel, siempre él. ¿Explosivos
implantables? Está jugando con tecnología muy interesante.
Al menos ya tengo en qué gastar mi tiempo de insomnio
esta noche. Abriré ese teléfono y lo estudiaré de forma
minuciosa.
Llegamos al club cuando aún está cerrado. Lina ha
decidido no venir con nosotros. Dijo que Oscar la traería.
Justo cuando estamos a punto de entrar en el enorme local,
escucho el motor de una motocicleta de alta cilindrada. Dejo
que Lagos siga avanzando y yo me detengo para observar a
las dos personas que se quitan los cascos y charlan de
manera amistosa. Oscar y Lina. Los noto relajados, él sonríe
por algo que ella le dice y ambos empiezan a caminar hacia
mí. Al verme, Oscar pierde la sonrisa de inmediato.
—Hola —saluda Lina. No respondo, solo sigo mirando al
que fue mi único amigo más años de los que soy capaz de
recordar.
Creí que no volvería a mencionar lo mismo que me dijo
hace tres años, que, de alguna manera, este tiempo
alejados habría servido para volver a poner las cosas en su
lugar, pero hoy me he dado cuenta de que ya nada volverá
a ser igual que antes. Lo he perdido. Quiere de mí algo que
nunca podré darle.
Inspiro hondo por la nariz y enseguida me enfundo mi
disfraz de indiferencia al mirar a Lina.
—Sígueme, voy a mostrarte el club.
Me adentro en el Madness sin esperar su respuesta, pero
la escucho caminar detrás de mí. Durante más de diez
tour
minutos
hasta loslealmacenes
hago un y terminamos
por el local,
endesde losde
la zona reservados
la barra.
Paso otros diez minutos indicándole los lugares donde están
las bebidas y le presento a los que están a punto de
convertirse en sus compañeros de trabajo.
—¿Qué tipo de gente suele venir por aquí? Tiene pinta de
ser un lugar bastante exclusivo —murmura Lina cuando las
luces intermitentes de colores empiezan a funcionar.
funcionar.
—Cualquiera que pueda pagar la entrada es bienvenido,
pero tienes razón, en su gran mayoría, los clientes del
Madness
de papá enZ son niñossexo
alcohol, ricosyque vienen
drogas. a gastarse
Estos el dinero
dos últimos solo
los consiguen cuando se marchan o antes de entrar. Aquí
todo es legal, Beni se encarga de que así sea. No te
sorprendas si ves por aquí algunas caras conocidas.
Políticos, altos cargos de la Policía, fiscales, abogados y
actores famosos. Por cierto… —Meto la mano en el bolsillo y
deslizo por la superficie de la barra una tarjeta de
identificación—. Usa esto.
Lina la coge y frunce el ceño.
—¿Un carné falso? ¿Qué le pasa al mío?
—Para empezar, estás en Estados Unidos. Solo has
podido cruzar la frontera porque Alex es un hijo de puta con
muchos contactos, pero sigues siendo una inmigrante ilegal.
Además, vas a trabajar en un club nocturno y aún no tienes
veintiún años.
—Los cumplo el mes que viene.
—Bien por ti. Ya puedes sentirte una mujer mayor, pero
no se te ocurra ir a ningún lado sin la identificación que te
acabo de dar.
La chica clava su mirada en mí con gesto aburrido.
—¿Has pensado alguna vez en ser un poquito más
amable y simpática? Ese tono condescendiente que usas
resulta bastante irritante.
Contengo una carcajada y me encojo de hombros.
—No eres
trabajar. —Echola un
primera
vistazoque
a lame lo dice.
planta Ahora
superior, ponte
donde a
está
la gran cristalera desde donde Beni vigila todo lo que pasa
en el club. Al muy cabronazo nunca se le escapa nada—.
Supongo que el gran jefe no tardará en venir a darte la
bienvenida y explicarte exactamente cuáles serán tus
tareas de ahora en adelante. —Lina alza la mirada justo en
el momento en el que la silueta de Beni se asoma y él
esboza una sonrisa ladeada, levanta el vaso que tiene en la
mano a modo de saludo y la chica se queda mirándolo con
fijeza—. Recuerda
Parece estar lo queocupada
demasiado te dije sobre él. —No me
comiéndoselo conescucha.
los ojos
—. ¡Lina! —Chasqueo los dedos frente a su rostro y al fin
logro obtener su atención.
—¿Qué? Solo estaba mirando.
—Ya. —Ruedo los ojos y la señalo con el dedo—. Por tu
propio bien, usa solo los ojos y nada más.
Está a punto de decir algo cuando Oscar se planta frente
a la barra. Mira a Lina y sus comisuras se estiran.
—Te queda bien el puesto —comenta.
La chica sonríe de oreja a oreja y coloca las manos en las
caderas.
—A mí todo me queda bien. —Se acerca y apoya una
mano en la superficie de la barra—. ¿Qué quieres tomar,
guapo?
Los miro a ambos reír. ¿Están flirteando? Puede dar esa
impresión. Aunque… No, Oscar no la mira de ese modo. Sé
cómo se ven sus ojos cuando se siente atraído por una
mujer, cómo ese negro en sus iris se oscurece aún más, las
venas de su cuello se tensan, sus fosas nasales se dilatan…
Lo sé porque yo he sido la diana de ese tipo de miradas
muchas veces. Lo que de verdad me molesta es que ahora
mismo Lina tiene todo lo que deseo: la amistad de Oscar, su
cariño, su instintiva forma de proteger a las personas que
quiere, y la quiere a ella como antes me quería a mí.
—La idea es que trates bien a los clientes, no que te
ofrezcas a ellos como una jodida prostituta —suelto sin
poder contenerme.
Dos cabezas se giran hacia mí con lentitud. Lina parece
cabreada por mi comentario, Oscar solo triste o
decepcionado, aunque su gesto se tensa enseguida.
—Solo estamos bromeando —afirma con la mandíbula
apretada.
Aparto mi melena azulada con un golpe de cabeza y
sonrío de manera maliciosa.
—¿Así lo llaman ahora?
de Lina me mira a mí y después a Oscar, cabecea y se cruza
brazos.
—Cuidado, Lunita. Puede parecer que estés celosa —
canturrea.
Oscar aparta su mirada de la mía y frunce el ceño.
—Te equivocas —sisea antes de que yo pueda abrir la
boca—. Luna no tiene nada para mí.
Trago
Trago saliva con fuerza y aprieto los puños. Una
sensación extraña y desagradable se instala en mi
garganta. Por primera vez en mi vida, acabo de recibir un
golpe de mi mejor amigo, puede que no físico, solo que
igual de doloroso. Ha usado mis propias palabras para
lastimarme, y eso es… ¡Es una mierda, joder!
Mi expresión debe ser un fiel reflejo de lo traicionada y
humillada que me siento porque su gesto no tarda en
cambiar. Chasquea la lengua y cierra los ojos unos
segundos. Cuando vuelve a abrirlos, yo ya he logrado
recomponer mi coraza. «Nadie puede dañarme si no se lo
permito». Hace muchos años que me repito esa frase en mi
cabeza una y otra vez, cada día, cada hora y cada maldito
segundo, sin embargo, hasta este momento no había tenido
que usarla con Oscar
Oscar.. Él siempre ha sido mi lugar seguro, mi
refugio, pero ya no.
—Luna, yo no…
No permito que termine la frase. Sé que se arrepiente,
puedo verloesen
que quiere sulomirada,
que no obstante,
trate como estoy
a cualquiera, así harta.
será. Si lo
—Yo tengo de todo —digo, volviendo a lucir mi sonrisa
más macabra y maliciosa—. Cualquiera puede tomar de mí
lo que desee, eso es lo divertido. —Ladea la cabeza
despacio, como si estuviese estudiando cada una de mis
palabras, y antes de que pueda responder, empiezo a
alejarme—. Pasadlo bien, chicos. —Doy media vuelta, y solo
cuando estoy segura de que no pueden ver mi rostro, dejo
que mi sonrisa muera en mi boca.
Me dirijoBeni
instalado. a la está
zona con
de reservados,
él. No sé donde
en quéLagos ya se ha
momento ha
abandonado su despacho, y tampoco me importa. Paso por
su lado y me siento en el sofá frente al que se ha
acomodado Lagos.
—Hola a ti también —saluda Beni.
No me molesto en responder. Abro mi ordenador portátil
y me centro en repasar una vez más toda la información
que tengo sobre la pareja con la que vamos a reunirnos esta
noche. Lo mejor que puedo hacer es trabajar y no seguir
pensando en el par de idiotas que siguen junto a la barra.
Verónica y Gael Novoa son hermanos adoptivos. El padre
de ella fue el líder de uno de los clanes de narcotráfico que
proveía a gran parte de Europa de cocaína, tabaco y hachís
en los noventa; después de que lo encerraran a él y a sus
socios, falleció en la cárcel y su hija pasó varios años en un
internado antes de regresar al norte de España y retomar el
negocio familiar.
familiar. Gael, que fue acogido por los Novoa siendo
solo un niño, era el principal sospechoso de haber delatado
a los tres clanes, aunque nunca fue acusado de ello de
manera oficial. Eso es algo que me preocupa. Dicen que
cuando el río suena… A ella la dieron por muerta. No hay
ningún registro suyo desde hace años, aunque sabemos por
los rusos que llevan bastante tiempo operando desde algún
lugar remoto de Costa Rica, además de su pueblo natal en
España. Son dos sombras,
bien protegidas. Si estamosindetectables
a punto dey cerrar
con lasun
espaldas
nuevo
trato con ellos, necesito averiguar si él de verdad no tuvo
nada que ver con la traición de la que fue sospechoso. Lo
último que necesitamos ahora mismo es tener un soplón
entre nosotros. Ya tuvimos bastante con Gambo y después
Rai.
Capítulo 13
Oscar
Soy muy consciente de que he vuelto a cagarla. Ni siquiera
sé por qué solté esa gilipollez. Me molestó que Lina
sugiriera la posibilidad de que Luna podría estar celosa de
mí. Eso es algo que sé que jamás ocurrirá porque no siente
lo mismo que yo.
Le doy un trago a mi cerveza y echo un vistazo en
dirección al lugar donde Lagos y ella siguen reunidos con
nuestros nuevos socios, o al menos espero que sigan
siéndolo. Después de fallar en la primera entrega de la
mercancía por culpa de Samu, este encuentro no es más
que una prueba para medir lealtades por ambas partes.
Escucho un estruendo y me giro, frunciendo el ceño. Lina
acaba de tirar una botella, otra más. Salta a la vista que le
está costando adaptarse al ritmo de trabajo. No debe ser
sencillo, el club está lleno de gente que no para de pedir
bebidas. Los camareros se mueven de un lado a otro con
soltura, pero ella parece perdida, como un jodido pez fuera
del agua. Mi primer instinto es intentar ayudarla, no
obstante, sé que eso solo empeoraría las cosas. Lina es una
chica fuerte y valiente, se las arreglará. Además, dudo que
agradezca que me entrometa en sus asuntos. La conozco
bien, he pasado los últimos tres años conviviendo con ella a
diario y estoy seguro de que no tardará en sobreponerse y
controlar la situación.
Resopla con fuerza y sigo la dirección de su mirada. Beni
está ahí arriba, observándolo todo
t odo con atención. Ayer fuimos
testigos del momento en que Lina lo dejó en ridículo. Hizo
un movimiento y la chica lo puso en su lugar con solo un par
de palabras. El muy hijo de puta no va a dejarlo estar.
Aunque Lina aún no lo sepa, se ha convertido en un jodido
reto para
juegue el porque
sucio menor nodevoy
losa Urriaga. Solole espero
permitir que
permitir que no
haga daño.
Vuelvo a beber y me sorprendo al darme cuenta de que
ya no queda nada en el interior de la botella. La dejo sobre
la barra. No acostumbro a beber demasiado. En realidad, la
mayoría de las veces me pido un refresco o agua. Las voces
suenan más altas cuando tengo la mente nublada por el
alcohol, por lo tanto, prefiero mantenerme sobrio.
—¿Quieres que te pida algo más fuerte? —Me giro
deprisa y descubro que hay una mujer sentada a mi
izquierda.
—Eh… No, gracias —mascullo.
Mi intención es seguir observando a Luna y a Lagos.
Quiero mantenerlos vigilados por si algo va mal, aunque
parecen tener la situación controlada, sin embargo, la chica
que está a mi lado vuelve a hablar.
—¿Estás seguro? Parece
Parece que necesites una copa.
La miro de nuevo y frunzo el ceño. Ella sonríe y le da un
pequeño sorbo al botellín de cerveza que tiene en la mano.
No parece ser el tipo de mujer que bebe cerveza directa de
la botella. Es muy guapa, con el pelo rubio que le llega a la
altura de la barbilla y unos ojos muy grandes y expresivos
de color claro.
—¿Quién eres? —inquiero, mi tono suena más brusco de
lo que pretendía. Nunca se me ha dado bien hablar con
desconocidos.
—Raina. —Extiende su mano hacia mí y me quedo
mirándola unos segundos—. Tranquilo, no muerdo. Solo es
un saludo. —Alzo la vista y la descubro sonriendo.
Exhalo despacio y estrecho su mano, es más áspera y
fuerte de lo que podría haber imaginado.
—Oscar —mascullo.
—Encantada de conocerte, Oscar
Oscar.. —Le da un nuevo trago
a su cerveza y hace un gesto con la botella en dirección al
lugar donde están Luna y Lagos—. A ver si lo adivino, tu
esposa
Se mey su amigouna
escapa especial.
sonrisa¿Has venido
y niego con alaespiarla?
cabeza.
—Amigos, ambos.
Ella… ¿Raina dijo que se llamaba?, ensancha su sonrisa.
—Eso es aún peor. Esperando en la friend zone mientras
él se lleva el premio
premio..
—Él está casado. Solo están en una reunión de negocios
—aclaro. Decido obviar la parte en la que le doy la razón
respecto a lo de esperar en la friend zone. Llevo en ella
tanto tiempo que se ha convertido en mi hogar
hogar..
Su carcajada profunda y sincera me sorprende.
—Vaya, no he dado ni una. Está claro que no me ganaría
la vida como detective privado.
p rivado.
—¿Y cómo lo haces? —pregunto sin pensar demasiado.
—¿El qué? ¿Cómo me gano la vida? —Asiento—.
Publicidad y marketing. No es la profesión más apasionante
del mundo, pero me gusta. ¿Y tú?
Me quedo callado unos segundos. No sé qué contestar
contestar..
—Torturo y mato gente —suelto con una pequeña
sonrisa.
Como ya esperaba, Raina ríe por mi supuesta broma,
aunque en realidad no lo es.
—Entonces, supongo que estás buscando una nueva
víctima esta noche, ¿no?
Echo un vistazo a mi alrededor y me encojo de hombros.
—No hay nadie interesante.
—Me alegra saber que no estoy en tu lista. —Entorna los
ojos—. No lo estoy, ¿verdad?
Esta vez soy yo el que río. Estoy disfrutando de la
extraña conversación con una desconocida. ¿Quién lo iba a
decir?
—Tranquila, estoy pensando en tomarme la noche libre.
—En ese caso, deja que te invite a otra cerveza.
Tomo
Tomo una respiración profunda
profunda mientras me lo pienso. No
quiero que regresen las voces. He conseguido controlarlo
después de mi conversación de hace un rato con Luna en la
enfermería, sin
comportarme comoembargo,
un hombre pornormal.
una Tomar
vez, me
unasapetece
copas,
conocer a una mujer guapa y, sobre todo, dejar de pensar
en mi obsesión por cierta chica de pelo azul y lengua
afilada.
—Está bien, pero yo invito.
Charlamos durante un rato largo mientras sigo vigilando
de cerca a Lina y sus contantes meteduras de pata. Raina
resulta ser muy divertida y habladora. Me cuenta que está
divorciada, trabaja en una empresa de marketing desde
hace cinco años y le encanta hacer deporte. Sale a correr
todas las mañanas. Al principio me siento algo cohibido. No
puedo hablarle sobre mí abiertamente. Estoy seguro de que,
si le contara lo que hay en mi cabeza, saldría corriendo en
busca de una camisa de fuerzas para encerrarme de por
vida en una habitación acolchada. No obstante, me siento lo
bastante cómodo como para mencionar mis aficiones.
—¿Taichí? —pregunta sorprendida—. Jamás lo hubiese
imaginado. —Desliza la mirada por mis hombros y mi pecho
antes de volver a hablar—. Te veo más como un hombre de
boxeo
box eo o algún deporte de contacto.
—No me disgusta darle puñetazos a un saco, pero
prefiero serenar la mente.
—Yo probé con el yoga y no funcionó. —Hace una mueca
con los labios, pintados de rojo—. Necesito moverme, sentir
que avanzo hacia algún lado.
—Por eso corres —deduzco. Ella asiente.
—Hagamos algo, un día de estos te vienes a entrenar
conmigo. Un par de kilómetros y después me enseñas
algunos movimientos de lo tuyo.
Su invitación me toma por sorpresa y de forma
inconsciente todo mi cuerpo se tensa. Estoy casi seguro de
que está flirteando conmigo.
—Eh… Sí, claro —contesto mientras me rasco la nuca.
—¿Qué te parece mañana?
—Mañana —repito. Vuelve a cabecear y ensancha su
sonrisa.
—Solo si te apetece.
¿De verdad quiero tener una especie de cita con una
mujer que acabo de conocer? No es propio de mí. Estoy a
punto de negarme, pero antes de que pueda hacerlo soy
interrumpido por alguien que coloca una mano sobre mi
hombro. Me giro despacio y veo a Lagos justo detrás de mí,
junto a él está Luna; también los españoles.
—¿Puedes acompañarnos, Oscar? —pregunta.
Frunzo el ceño, extrañado. No sé qué está ocurriendo. Se
supone que no tendría que ir a ningún lugar esta noche.
Quiero preguntar, pero sé que no es el mejor momento y
mucho menos el lugar apropiado. Me giro de nuevo hacia
Raina y me disculpo con la mirada.
—Debo irme.
Parece extrañada, pero solo asiente, y tras sacar un
bolígrafo de su bolso, escribe algo sobre una servilleta y me
la tiende.
—Es mi número. Cuando quieras que salgamos a correr
o… —deja la frase en el aire y noto como me arden las
mejillas. Sí, es definitivo: está flirteando conmigo—.
Llámame, Oscar.
Carraspeo y me alejo mientras me guardo el papel en el
bolsillo delantero de los vaqueros. Antes de salir del club,
soy consciente de la mirada de Luna sobre mí, parece…
¿cabreada? Pasa frente a mí con la espalda tensa y los
puños apretados, y yo me quedo mirándola como un imbécil
sin poder entender qué demonios le ocurre ahora.
—Se te acumula el ganado —dice el español, que se ha
quedado un poco rezagado junto a su acompañante.
—Gael —sisea la chica.
—¿Qué? No he dicho nada. —El tipo sigue sonriendo
mientras mueve las cejas de arriba abajo y ella lo empuja
por la espalda para sacarlo del local.
Al pasar
mirada por mi lado,Sipalmea
de advertencia. vuelvemi hombro ysinle permiso
a tocarme lanzo una
le
daré un jodido puñetazo en la cara.
—Ignora a mi marido, a veces es idiota —se excusa.
¿Marido? Creí que Zarco había comentado que eran
hermanos, aunque físicamente no se parecen nada. Ella es
más bien bajita y tiene el pelo castaño. Él es alto, aunque
no tanto como yo, de cabello oscuro y rasgos afilados. Tiene
mucho más sentido que sean pareja y no hermanos. Al
menos eso aclara la forma en la que él la estaba sujetando
antes por la cintura.
Ni siquiera me molesto en responder, solo salgo del club
y sigo a los demás hacia el todoterreno en el que ellos han
venido. Si Lagos me ha pedido que los acompañe no quiero
separarme demasiado, por lo tanto, descarto la idea de
coger la moto.
Capítulo 14
Luna
En cuanto nos acomodamos en la parte trasera del
todoterreno, abro mi ordenador portátil y empiezo a teclear
con furia. Estoy muy cabreada, y no solo por el cambio de
planes, también por la actitud de Oscar. Es un jodido
hipócrita. Hace solo unas horas me recordó todo lo que me
dijo antes de marcharse a la finca, pero en cuanto una rubia
le puso las tetas frente a la cara… Exhalo con fuerza e
ignoro las miradas interrogantes de mis dos acompañantes.
Al fin y al cabo, es un hombre, ¿no? ¿Qué se puede esperar
de él?
—¿A dónde vamos? —escucho que le pregunta a Lagos
mientras Pablo pone el vehículo en marcha. Los Novoa nos
siguen en su propio coche.
—Al almacén de North Valley View. Quieren comprobar
por ellos mismos que el lugar en el que guardaremos las
armas y la droga sea seguro.
—¿Desde cuándo permitimos que nuestros clientes
conozcan el paradero de los almacenes?
—Yo hice la misma maldita pregunta —siseo entre
dientes para mí.
Tras
Tras unos segundos de silencio, alzo la vi
vista
sta y compruebo
que ambos me están mirando.
—¿Te pasa algo, Luna? —inquiere Lagos—. Te noto
alterada, y no es un buen momento para que… —Se sube
las gafas por la nariz y pone esa cara de listillo sabelotodo
que tanto me irrita—. Intenta no ser tú misma, ¿quieres?
—¿Por qué mierda aceptamos todo lo que exigen estos
imbéciles? Podrían jugárnosla. ¿No te parece suficiente con
Samuel robándonos?
Lagos resopla y su mirada se endurece.
—Si Zakharov
Sonrío confía burlona
de manera en ellos, yyo regreso
también.mi atención al
portátil.
—Claro que sí. No enfademos a tu querido cuñadito —
mascullo.
—Estoy de acuerdo con Luna. Es demasiado arriesgado.
Ni siquiera los conocemos.
—Tengo la aprobación de Zarco. Él fue quien sugirió que
los llevara al almacén. Relajaos, chicos, no va a pasar nada.
—Si estás tan seguro de eso, ¿por qué me pediste que os
acompañara? —replica Oscar.
—Porque tú eres el plan B. No está de más asegurarse de
tener uno en el hipotético caso de que las cosas se tuerzan,
¿no crees? —Sigo tecleando mientras los escucho hablar—.
Por cierto, siento haber interrumpido tu momento con la
chica del club. ¿Quién es?
Se me tensan los hombros, pero no aparto la mirada de
la pantalla.
—No lo sé. Acabo de conocerla.
—Es guapa.
Hay un silencio y Oscar exhala con fuerza.
—Sí, supongo. Quiere que la acompañe mañana a correr
por el parque.
—¿Una cita?
Antes de tener que seguir soportando la conversación de
besugos que están manteniendo, cierro el portátil con
fuerza para llamar la atención sobre mí.
—Si ya habéis terminado de chismorrear, os informo que
podemos acceder al almacén sin preocuparnos por las
cámaras de seguridad de la decimonovena y la séptima. Las
he desactivado.
—¡¿En serio?! —exclama Oscar con los ojos muy abiertos.
Parece
Pa rece de verdad sorprendido—. ¿Cómo lo has hecho?
—Entrando en el sistema de seguridad de la red de
tráfico de la ciudad.
susSu expresión
ojos cambia,
oscuros brillan incluso
con me parece
algo parecido verlo sonreír y
al orgullo.
—Bien hecho, Luna —murmura Lagos.
Ruedo los ojos y me acomodo en el asiento. No
tardaremos en llegar. El almacén de North Valley se
encuentra a escasos diez minutos del centro de la ciudad,
que es donde está el Madness Z. Cierro los ojos e intento
relajarme. Hace como un mes que soy incapaz de dormir
más de dos horas por noche. Estoy tan agotada… Sin
embargo, sé que en cuanto regresemos a casa y me meta
en la cama volverán las pesadillas y después el insomnio. Es
una mierda.
Capítulo 15
Oscar
Los Novoa han quedado satisfechos tras comprobar que el
almacén donde vamos a gestionar su mercancía es seguro,
aunque también han decidido alargar su estancia en la
ciudad, por lo tanto, creo que siguen sin confiar en que
sepamos hacer bien nuestro trabajo. Zarco los ha invitado a
quedarse en una de las casas vacías que hay en los terr
terrenos
enos
de la mansión. Estoy seguro de que no le gusta la idea de
tener extraños en nuestro hogar y centro de mando, sin
embargo, el hecho de que esos dos sean de la total
confianza de los rusos le hace bajar la guardia. Yo no estoy
tan seguro. Prefiero mantenerlos vigilados. Al fin y al cabo,
velar por la seguridad de los miembros de la organización es
una de mis tareas; en mi opinión, la más importante.
No me molesto en recoger la moto del aparcamiento del
club. Mañana pediré que alguien la vaya a buscar. Llegamos
a la mansión de madrugada. Lagos se encarga de instalar a
nuestros invitados y Luna no tarda en desaparecer. Lleva
rara toda la noche, como si le molestara mi presencia.
Supongo que se debe a nuestra conversación en la
enfermería.
Tras
Tras indicarles a los hombres que van a encargarse del
turno nocturno de vigilancia que presten especial atención a
los Novoa y me informen de cualquier movimiento o actitud
extraña, me meto en mi dormitorio y le envío un mensaje a
Lina para preguntarle cómo le está yendo en su primera
noche de trabajo, pero no me contesta. Decido probar con
Beni, y solo me dice que no me preocupe, que él mismo se
encargará de traerla a casa sana y salva. No sé si me gusta
su respuesta. Beni puede ser un verdadero hijo de puta
cuando se lo propone, no obstante, tampoco puedo hacer
nada
capazpara evitarsus
de tomar quepropias
se acerque a Lina.y Ella
decisiones es una
espero que adulta
tenga
la madurez suficiente como para saber que no debe
inmiscuirse con el pequeño de los Urriaga. Tengo claro que
él hará algún movimiento. Todos fuimos conscientes de la
forma en la que la miraba durante la cena. Lina lo rechazó
sin ni siquiera conocerlo, y Beni no es de los que ignora un
reto cuando se le presenta.
Me quito la camiseta y empiezo a desabrocharme el
vaquero mientras camino en dirección a la puerta del baño,
estoy a punto de agarrar la manilla cuando escucho el
sonido del agua. Me detengo y agudizo el oído. La ducha
está abierta y solo puede ser una persona la que está en su
interior.
«Mierda».
Bufo con fuerza y todo mi cuerpo se tensa. Ella está ahí
dentro, me la imagino desnuda, mojada y… Noto cómo me
pongo duro en cuestión de segundos y sé que, por mucho
que lo intente, no voy a poder detener lo que está a punto
de suceder.
suceder. Han pasado tres largos años desde la última vez
que la vi sin ropa, y ahora, con el pelo largo de color azul,
aún está más bella si es posible. Tomo una bocanada
profunda y coloco mi mano en la manilla con suavidad. Mis
movimientos son lentos y precisos. Sé cómo abrir la puerta
sin que emita ningún sonido, lo he hecho muchas veces,
demasiadas. Dejo solo una pequeña abertura por donde
mirar hacia el interior del baño. La mampara de cristal no es
opaca, al menos no lo bastante como para impedirme verla
con claridad. Sus hombros, su espalda repleta de tatuajes
coloridos y más abajo, un trasero rredondo
edondo y firme con el que
he fantaseado gran parte de mi vida.
Trago
Trago saliva con fuerza y sigo mirándola mientras
termino de desabrochar mi pantalón, después bajo un poco
la ropa interior y libero mi más que notable erección. Rodeo
mi polla con el puño y aprieto los dientes para contener un
gemido mientras muevo la mano por toda su extensión.
Debería
invadiendosentirme mal por
su privacidad, hacerpodría
también esto,considerarse
no solo estoy
una
forma de acoso, sin embargo, no hay ni una sola pizca de
culpabilidad en mí cuando acelero mis movimientos. Soy un
jodido enfermo y estoy obsesionado con una mujer que
jamás será mía, pero me da igual, al menos en mi mente
puedo tenerla, puedo imaginarla de rodillas frente a mí,
hundiendo mi polla en su boca, sujetándola por el pelo,
follándola como un maldito animal.
Luna se gira y la observo, tiene los ojos cerrados y la
cabeza inclinada hacia arriba. El agua golpea su rostro y
también sus pechos, perfectos, redondos con los pezones
rosados y tan jodidamente apetecibles que me cuesta
contenerme. Ralentizo el ritmo de mi mano y sigo
deslizando la mirada por su cuerpo. Daría cualquier cosa por
enterrar mi boca entre sus muslos, por saborearla, por
hacerla gritar mi maldito nombre mientras me entierro en
ella, aunque fuese solo una vez. Sé que podría hacerlo. Si
ahora mismo entro en esa ducha no me rechazará, pero ¿en
qué me convertiría eso? Solo sería uno más, otro tipo que la
usa para saciar sus instintos, o tal vez sería ella la que me
utilizaría a mí, de cualquier forma, eso no es ni de cerca
suficiente y solo lograría obsesionarme aún más. Si nunca
he dado ese paso que nos separa es porque sé que, si en
algún momento ocurre, ya no podré detenerme. La
perseguiré, la arruinaré, haré cualquier cosa para
mantenerla a mi lado, para obligarla a quererme tanto como
yo la quiero a ella, y eso… Bueno, eso puede salir muy mal.
Tardo
Tardo solo unos segundos en corrcorrerme,
erme, y tras cerrar la
puerta con cuidado, limpio todo el desastre que he hecho y
me tumbo boca arriba sobre la cama.
Eres patético.
Muevo la cabeza en dirección a su voz y ni siquiera me
molesto en responder. Tiene toda la razón. Soy un pedazo
de mierda que rezuma patetismo y cobardía por todos los
poros. Por más que intente convencerme de que lo hago por
ella,
que meparaaterra
protegerla de mí,
intentar algoeny el fondo
pasar el soy consciente
resto de
de mi vida
esperando a que Luna me corresponda. Es más sencillo así,
sin contacto, controlando mi propia obsesión, sin una pizca
de esperanza. He aguantado toda una vida, podré seguir
haciéndolo. Mientras no tenga esperanza, todo irá bien.
Luna
Una hora, eso es todo lo que soy capaz de dormir antes
de que comiencen las pesadillas. Me encantaría decir que
no me afectan, que no despierto sudando y con el corazón
latiendo a toda velocidad, que en los primeros segundos de
consciencia aún me siento como esa chiquilla indefensa y
destruida que he pasado la vida fingiendo que no soy, pero
la realidad es muy distinta. Mi primer instinto es saltar de la
cama y atravesar el baño como una exhalación; estoy a
punto de abrir la puerta que da al dormitorio de Oscar.
Oscar. Es mi
lugar seguro, durante años acudía a él siempre que era
incapaz de lidiar con mi propia mierda, incluso cuando se
marchó seguía metiéndome en su cama en mitad de la
noche. Una parte de mí se sentía más segura en su entorno,
con su olor rodeándome, con el fantasma de su presencia
inundando la estancia. Me detengo de golpe y tomo una
respiración profunda.
«He perdidode
Retrocedo eso.espaldas
Ya no existe».
de vuelta a mi habitación y
contengo las ganas de gritar. ¿Por qué no podemos volver a
ser los de antes? Necesito a mi amigo de vuelta. Es egoísta,
lo sé, nunca he pretendido convencer a nadie de lo
contrario. Conozco mis defectos. Soy una persona horrible,
mi manera de defenderme es atacar a los demás y ahora
Oscar se está convirtiendo en uno más.
Logro tranquilizarme un poco y decido que ya he tenido
suficiente descanso por una noche. Con el teléfono que me
dio Lagos en
biblioteca. la mano,
Paso variassalgo
horasdeldesmontando
dormitorio y me dirijo a la
el aparato y
volviendo a colocar las piezas una por una en su lugar. No
encuentro nada extraño, solo es un móvil antiguo, sin GPS
ni conexión a internet. Logro conectarlo al ordenador
portátil y el resultado es el mismo. Está limpio. Lo que sea
que haya activado esos microexplosivos no vino de este
aparato.
Escucho un ruido y dirijo la mirada en dirección a la
puerta. Oscar está ahí de pie, observándome, como
siempre. Nuestras miradas coinciden y me apresuro a
apartarla hacia la ventana. Ya casi ha amanecido.
—¿No puedes dormir? —pregunto tras unos segundos de
silencio.
—Insomnio —responde en tono calmado.
Asiento. Sé lo que eso significa. Él también lucha en
sueños contra sus propios demonios. Supongo que, en
parte, por eso lo necesito tanto. Oscar me conoce, me
entiende mejor que nadie. Somos iguales, excluyendo sus
problemas mentales. Puede que yo sea una arpía y una
zorra, pero al contrario de él, soy capaz de controlar mis
propios impulsos y no tengo alucinaciones que confundo
con la realidad.
—¿Vas
—¿V as a entrar o seguirás mirándome desde la puerta?
Lo escucho suspirar y después sus pisadas sobre el suelo
de mármol
descalzo, oscurolo yestá.
siempre pulido. Me éramos
Cuando fijo en niños,
sus pies. Está
Jacinta lo
regañaba constantemente por no ponerse zapatillas, pero a
Oscar le daba igual. Disfrutaba correteando por todos lados
hasta quedar con las plantas de los pies negras de suciedad
y polvo. Recorro con la mirada sus piernas enfundadas un
pantalón de algodón flojo y más arriba su abdomen y pecho
cubiertos por una camiseta de tirantes de color blanco. Todo
el mundo dice que está más fuerte que hace tres años, y
tienen razón. Hay músculos, en sus hombros y brazos, que
no —¿Por
estabanqué
ahí tengo
cuandolasesensación
fue. de que estás cabreada
conmigo, Luna?
Su pregunta me toma por sorpresa. Lo miro a los ojos y
contengo las palabras que están a punto de abandonar mi
boca. «No me gustó verte con esa mujer en el club».
«Huyes de mí, pero a ella le sonreías, y eso me duele más
de lo que soy capaz de admitir». En cambio, solo me encojo
de hombros y esbozo una sonrisa maliciosa.
—No te confundas, amor. Tampoco eres tan importante.
Sus ojos se convierten en dos puntos oscuros, baja el
mentón y un par de mechones le caen sobre la frente. Ahora
mismo, con este hombre enorme y de pose amenazante
taladrándome con la mirada, soy un poco más consciente
de qué es lo que siente todo aquel que comete el error de
provocar al Monstruo. No obstante, sé que no corro peligro.
Estoy total y absolutamente segura de que Oscar jamás me
lastimaría, ni siquiera perdido en su propia locura como ha
estado en tantas ocasiones.
—No te atrevas a usar ese tono conmigo —su voz suena
dura y rasgada, como una amenaza, pero una vez más, yo
vuelvo a sonreír de manera cínica.
—Te trato como a todos los demás que viven en esta
casa. Eso es lo que quieres, ¿no? Has dejado claro que
nuestra amistad se ha terminado.
Se queda inmóvil unos segundos, en absoluto silencio, y
entonces
manera casiexhala con fuerza y niega con la cabeza de
imperceptible.
—Yo nunca he dicho tal cosa. Ni en cien vidas podría
dejar de ser tu amigo, Luna. Solo intento protegerte.
—¿De qué? —inquiero confusa.
—De mí.
La intensidad con la que me mira hace que se me seque
la boca. Me tiemblan las manos y mi corazón se acelera.
«Detenlo. Ahora mismo». Bufo y desvío la mirada hacia la
pantalla del ordenador.
de —El teléfono está limpio —digo para romper el momento
tensión.
Vuelve a quedarse callado y, aunque no lo miro, sé que
está más cerca.
—¿Qué significa eso?
—Que lo más probable es que los explosivos hayan sido
activados de manera remota. La llamada solo alertó a quien
quiera que tenga el detonador
detonador..
—Sabían que estábamos allí, apretando a Rata para que
cantara, y lo mataron.
—Sí, es una posibilidad. He intentado rastrear el número
al que se hizo la llamada, pero no me lleva a ningún lado.
—¿Crees que puede ser él quien esté detrás de todo
esto?
Todo
T odo mi cuerpo se tensa y contengo el aliento. No
necesito que su nombre sea pronunciado, la simple mención
de Samuel, saber que se refiere al hijo de puta de mi
hermano mayor logra afectarme. Oscar lo sabe, entiende mi
rabia y mi odio, apoya mi idea de arrancarle la piel a tiras al
cabronazo y dejar que se desangre con lentitud. Espero
tener la ocasión de hacerlo muy pronto.
—Sí, tiene toda la pinta —mascullo tras exhalar con
fuerza—. Lo que no entiendo es de dónde ha sacado esos
explosivos. Voy a hacer una búsqueda por la Dark Web, tal
vez, si encuentro algún vendedor, tengamos una pista.
Oscar asiente y se inclina para mirar la pantalla del
ordenador.
—Tengo que irme —informa, deduzco que tras ver la
hora.
—¿Vas a empezar con tus ejercicios matinales? —
pregunto con una sonrisa burlona.
—Hoy no. He quedado con… —Deja la frase a medias y
sacude la cabeza de un lado a otro—. Voy a salir a correr.
Recuerdo la conversación entre Lagos y Oscar anoche,
en el coche, y soy incapaz de contenerme.
—¿Con
Sus ojosella? —inquiero
buscan deyforma
los míos fruncebrusca.
el ceño.
—Se llama Raina. Tal vez… —Suspira y se rasca la nuca
con una mano—. Parece una buena persona y, por algún
motivo, está interesada en mí.
—Eso lo entiendo, Oscar. ¿Por qué ahora? Nunca te he
visto salir con una mujer. No digo que seas un monje,
tendrás tus momentos, pero… ¿una cita?
—¿Por qué no? —Ladea la cabeza y una sonrisa nerviosa
asoma en sus comisuras—. ¿Crees que no sería capaz de
hacer feliz a una mujer? Estoy loco, sí, pero al menos puedo
intentarlo.
—Entonces, ¿va en serio? ¿Te gusta esa chica?
Se encoge de hombros y retrocede un par de pasos sin
dejar de mirarme.
—Apenas la conozco. Voy a probar, y si sale mal…
—Puede que la mates. —Aparto la mirada y aprieto los
puños con fuerza. Sé que estoy siendo cruel y una
verdadera hija de perra, pero no me detengo—. Prueba todo
lo que quieras, de todos modos, saldrá corriendo en cuanto
tengas una de tus crisis. Ninguna mujer en su sano juicio se
plantearía tener una relación con un jodido demente.
Noto como deja de respirar. Cierro los ojos, sabiendo que
no puede ver mi rostro, y me maldigo a mí misma en mi
mente por ser tan cabrona. Estoy dejando que mis miedos e
inseguridades se carguen lo poco que queda de nuestra
amistad, y me odio
—Sí, puede que por ello. pero cualquier cosa es mejor
lo haga,
que seguir enamorado de una mujer que es incapaz de
querer a nadie, ni siquiera a sí misma. —Esta vez soy yo la
que contengo el aliento, y cuando giro la cabeza descubro
que ya se ha ido.
—Imbécil —murmuro entre dientes—. ¡Eres una maldita
bocazas, joder!
Capítulo 16
Oscar
Mientras mis pulmones se contraen y me arden por el
esfuerzo, soy incapaz de dejar de pensar en las palabras de
Luna. «Ninguna mujer en su sano juicio se plantearía tener
una relación con un jodido demente». Tal vez ese sea el
motivo por el que ella no quiere estar conmigo.
O simplemente le importas una puta mierda.
Le lanzo una mirada de advertencia al hijo de puta que
me sonríe sentado en un banco cercano, como los cientos
que hay repartidos por el parque, pero solo logro que se
burle de mí aún más. Es lo que pasa cuando intentas
interactuar con alguien que ha sido creado por tu jodida
mente enferma. Nada le afecta ni incomoda. La única razón
de su existencia es atormentarme.
—¿Todo bien? —Giro la cabeza deprisa y esbozo media
sonrisa sin dejar de correr.
Me sorprende que apenas haya dicho nada desde que
empezamos con el ejercicio hace ya casi una hora. Anoche
no dejaba de hablar, pero ahora solo parece concentrada en
controlar su respiración y avanzar una zancada tras otra.
—Cuando
—¡Graciasquieras
a Dios!detenerte
—Aminoradilo —mascullo.
la marcha y frunzo el ceño
al ver que empieza a parar. Se dobla por la cintura y su
cabello rubio y corto le cubre parte del rostro—.
rostro—. Hace un par
de kilómetros que estoy a punto de desfallecer. —Alza el
rostro y respira hondo.
—¿Porr qué no lo has dicho?
—¿Po
Se encoge de hombros a modo de respuesta y vuelve a
sonreír.
—Parecías estar disfrutando y… —Estrecha su mirada
sobre mí mientras traga saliva con fuerza—. ¿De dónde
sacas la energía para mover un cuerpo tan grande y pesado
sin apenas esfuerzo? —Mi sonrisa se amplía. La verdad es
que resulta bastante graciosa con las mejillas rojas y
boqueando como un pez en busca de oxígeno—. ¡Mierda,
casi ni estás sudando!
Me acerco y le tiendo la botella de agua que he traído de
casa. Enseguida la coge y le da un par de tragos generosos.
—Estoy acostumbrado al ejercicio intenso —digo a modo
de explicación.
Raina me tiende la botella casi vacía y se endereza. Le
hago un gesto con la cabeza y empezamos a caminar con
tranquilidad para que pueda recuperar el aliento.
—Supongo que tu trabajo de asesino en serie requiere
estar en forma. ¿Cómo vas a cazar a tus víctimas si no? —
Decido no responder a su broma. No quiero que me
pregunte a qué me dedico de verdad y tener que mentir.
Tras
Tras un rato en el que su respiración
respiración parece haberse
normalizado, vuelve a hablar—. Me sorprendió que me
enviaras ese mensaje de madrugada.
—Siento haberte despertado.
—No importa, aunque me gustaría saber por qué lo
hiciste. Anoche, en el club, me dio la impresión de que no
estabas… —Estrecha su mirada sobre mí. Hace mucho ese
gesto—. Interesado.
Interesado.
¿Por qué lo
masturbarme hice? Ni
espiando siquiera
a Luna, yo jodido
estaba lo sé.y Acababa
cuando vi de
el
papel con su número de teléfono en el bolsillo… Fue un
impulso. En ese momento creí que tal vez quedar con otra
mujer, conocer a alguien más me vendría bien. No estoy
seguro de que haya sido una buena decisión.
La arpía tiene razón. Saldrá huyendo en cuanto te vea
perder el control.
Sacudo la cabeza para librarme de su maldita voz y me
centro en Raina.
—¿Tienes hambre?
hambre? No hhe
e desayunado y…
—Acepto —suelta sin esperar siquiera a que termine la
frase. Se muerde el labio inferior en lo que parece ser un
gesto de nerviosismo—. Conozco un lugar aquí cerca. Me
vendría bien un café.
—Café entonces —asiento, y respondo a su sonrisa con
otra.
¡Ahí vamos! Estás perdiendo el tiempo, idiota. Por mucho
que intentes fingir ser un hombre corriente, sabes que
jamás lo serás. Estás loco. Demente. Perturbado. Perturbado.
Desequilibrado. Chiflado.
Chiflado. Majareta. Zumbado. Mal de la puta
chaveta…
—Cállate —siseo entre dientes.
—¿Qué has dicho? —pregunta Raina.
—Nada —contesto con una sonrisa forzada.
La risa escandalosa del hijo de puta resuena en mi
cabeza. Respiro hondo por la nariz y pienso en mariposas,
las visualizo, sus alas de colores intensos y llamativos, tan
frágiles y quebradizas, majestuosas, hermosas. Logro
tranquilizarme y apagar su voz mientras sigo caminando. Tal
vez esto no esté tan mal. Puedo controlarme,
controlarme, solo tengo que
seguir respirando y evitar emociones fuertes.
Luna
Con el ordenador portátil bajo el brazo, atravieso la
cocina y me dirijo a la puerta del sótano que está oculta tras
un pequeño cuarto de lavado. Comienzo a descender las
escaleras con el sonido de un gorgoteo y gemidos en voz
baja. Ni siquiera necesito llegar abajo para saber lo que está
ocurriendo. Esta mañana encontré a un posible vendedor de
microexplosivos implantables en la Dark Web y Oscar fue a
por él. El cabronazo vive en una zona bastante exclusiva de
la ciudad. Padre de familia, empleado de banca… No es un
delincuente común, por lo tanto, Lagos pidió que lo trajeran
a la mansión para interrogarlo.
interrogarlo.
Eso es justo lo que está haciendo Oscar cuando termino
de descender los escalones. El sonido que escuchaba de
camino no es otro que el de la sangre que se acumula en la
boca de nuestro nuevo invitado mientras Monstruo lo
tortura. Hago una mueca al ver los dedos amputados que
hay en el suelo, junto a la silla metálica en la que está
inmovilizado.
—¿Ha dicho algo? —pregunto
—pregunto..
Oscar se gira de golpe, con un cuchillo en la mano y el
rostro
rostro salpicado de sangre. Su mirada oscura y salvaje tarda
unos segundos en suavizarse al reconocerme. Carraspea y
retrocede
retrocede unos pasos.
—Nada interesante. Asegura no conocer a Samuel ni a
nadie de su entorno —responde
—responde con voz ronca.
Suspiro y me giro para dejar el ordenador sobre una de
las mesas en las que están las distintas herramientas de
tortura que suele usar en sus interrogatorios. Aparto una
especie de cepillo de púas metálicas y afiladas y abro el
archivo que quiero mostrarle.
—Tal
—T al vez diga la verdad.
verdad .
de —¿Tú has encontrado algo en el disco duro que recuperé
su casa?
—Algo —mascullo, y le tiendo un trapo para que se
limpie las manos. Noto su respiración muy cerca de mi nuca
cuando se inclina por detrás de mí para mirar la pantalla y,
como siempre, finjo no darme cuenta de que se acerca más
e inspira seguridad,
bastante hondo para olernomitancabello—.
pero El cabrón
buena como tenía
para evitar
que la descifre. He encontrado varios registros de
transacciones en criptomonedas.
—¿Sus clientes?
—Sí, eso creo. Coinciden con entradas a un foro bastante
cuestionable de la Dark Web, el mismo en el que lo localicé.
—¿Hay alguna forma de averiguar quiénes son los
compradores?
—He seguido el rastro a algunos de ellos, pero no tienen
nada que ver con Samuel. —Muevo el cuello de un lado a
otro para desentumecerlo. He pasado todo el maldito día
con esto y empiezo a notar el cansancio. Daría cualquier
cosa por dormir ocho horas del tirón—. Lo más interesante
está en otro foro distinto. Creo que sé quién le vende a él
los explosivos.
—¿Puede ser el mismo que se los ha proporcionado a
Samuel?
—Es posible. Se supone que esos chismes son raros y de
uso exclusivo militar en muy pocos países. No sé…
Noto su mano rodeando mi antebrazo y me obliga a
girarme para mirarme de frente.
—¿Qué ocurre? Hay algo que no te encaja, ¿verdad?
Contengo una sonrisa. El muy cabrón me conoce
demasiado bien.
—Nada de esto tiene sentido. Samuel no es precisamente
un genio. Lo suyo es la fuerza bruta.
—En eso somos iguales —murmura, creo que para sí
mismo.
Frunzo el ceño y sujeto su barbilla con una mano para
que regrese la vista a mi rostro.
—No vuelvas a decir eso. Samuel y tú no os parecéis en
nada —afirmo.
Noto como su respiración se acelera. Sus mirada oscura
y profunda va a parar a mis labios. Enseguida lo suelto y me
giro para darle
movimiento la espalda
que ambos antes
podamos de que haga algún
lamentar.
Tras
T ras unos segundos de silencio, lo escucho exhalar con
fuerza. A pesar de mi tremenda bocaza y lo que le dije esta
madrugada, no parece cabreado conmigo. Eso es lo mejor y
lo peor de Oscar, que siempre me perdona. A veces me
gustaría que no lo hiciera.
—Entonces, ¿sabes cómo encontrar al vendedor de
explosivos?
—No, pero tengo toda la noche para
p ara averiguarlo.
—¿Qué hago con él? —Me doy la vuelta y observo el
cuerpo ensangrentado y desmadejado, o al menos lo que
queda de él—. Si no conoce a Samu, no nos sirve para nada
y solo estoy perdiendo el tiempo.
—No tan rápido. —Clico en la carpeta que he
seleccionado y me aparto para que Oscar pueda ver la
pantalla—. Al revisar su disco duro me di cuenta de que
nuestro invitado no solo se dedica a vender armas de uso
militar. Sus ingresos provienen de otro tipo de mercancías.
—Hago un gesto con la barbilla en dirección al ordenador y
estiro la mano para reproducir uno de los vídeos de la
carpeta—. Míralo. Yo no quiero volver a verlo. Aún tengo el
estómago revuelto.
Oscar permanece callado unos segundos, y poco después
un verdadero gruñido ronco y profundo sale del fondo de su
garganta.
—Hijo de puta —sisea.
Cierro el ordenador y lo miro con los brazos cruzados
sobre el pecho.
—Es un puto pederasta. Encontré cientos de vídeos de
pornografía infantil, eso es lo que vende a sus clientes. Lo
de los explosivos es algo puntual.
Oscar clava sus ojos en el interior de la celda donde ese
enfermo perturbado sigue medio inconsciente y mueve el
cuello de un lado a otro con lentitud. Reconozco ese gesto.
A partir de este momento, el Oscar atento, callado y
retraído se ha
sanguinario ido
y sin y en su lugar solo queda un monstruo
escrúpulos.
—Vete —ordena mientras agarra el cepillo de púas.
Sonrío y apoyo la cadera en una de las mesas.
—Prefiero
—Pr efiero quedarme. Esto tiene pinta de ser divertido.
d ivertido.
No contesta, solo avanza con rapidez hacia la celda.
—¿Te gusta hacer daño a niños pequeños, hijo de puta?
El tipo parece espabilarse un poco. Escupe un gran
chorretón
chorretón de sangre y niega con la cabeza.
—No, por favor… —gime.
Oscar lo sujeta por el pelo y lo obliga a alzar la cabeza.
—Ahora vas a probar lo que se siente cuando alguien te
despoja de toda dignidad, cuando te obligan a hacer cosas
que no quieres para el disfrute de los demás. —Le clava el
cepillo en la entrepierna y lo arrastra hasta su muslo
mientras el cabronazo grita de dolor. La tela de su pantalón
de traje se rasga, dejando expuesta su polla flácida y en
carne viva. Oscar se aparta y vuelve a mover el cuello de un
lado a otro, una sonrisa macabra y peligrosa asoma en sus
comisuras—. ¿Sabes una cosa? Soy un hombre que se
aburre
aburr e con facilidad, y si yo me aburro, alguien muere.
—Por favor… —lloriquea.
Me subo de un salto a la mesa y cruzo las piernas para
ponerme cómoda y disfrutar del espectáculo. Me encanta
eso de «me aburro con facilidad», es un clásico de
Monstruo, pero siempre resulta divertido presenciarlo. En
unos pocos minutos los gritos y las súplicas inundan el
sótano. Oscar no se detiene ni siquiera cuando el pederasta
se desmaya, solo lo despierta y sigue torturándolo despacio
y con lentitud. Cualquiera en mi lugar estaría horrorizado,
sin embargo, yo lo disfruto casi tanto como él. Hay algo
majestuoso y artístico en la forma en la que mi compañero
se mueve alrededor de su víctima, en cómo lo hace cagarse
encima de miedo cada vez que lo toca, en sus cortes
precisos, en cómo lo lleva al límite de la propia muerte una
y otra vez para causarle el mayor sufrimiento posible.
Monstruo
nadie digaes
lo un mago, un jodido artista, y no aceptaré que
contrario.
Capítulo 17
Oscar
Ha sido una tarde divertida y satisfactoria. Si tuviese que
ponerle una pega es lo poco que ha aguantado el pedófilo.
¡Jodidos enfermos! No entiendo cómo alguien puede
encontrar placentero hacerles daño a menores. Tal vez no
soy la persona más imparcial en ese tema, al fin y al cabo,
un miembro de nuestra familia fue abusado durante toda su
infancia. No es un secreto, Ness nos lo contó hace mucho
tiempo. A ella la usaron como a una mercancía desde una
edad muy corta. Admiro su entereza y la forma en la que ha
sido capaz de afrontar el trauma que todos esos años de
violencia y degeneración le han causado. Ahora está bien, al
menos lo parece. Dudo que algún día logre olvidar toda esa
mierda. Cuando te rompen, te destruyen y humillan de esa
manera, los recuerdos te persiguen hasta el fin de tus días.
Termino
Termino
baño de vestirme
para peinar y me negro
mi cabello detengo frente
hacia al espejo
atrás. del
Aún está
húmedo por la ducha. La necesité para quitarme de encima
toda la sangre de la piel después de varias horas de
torturas. ¿Lo he disfrutado? Por supuesto. Además, me ha
servido para mantener a raya a las voces. El efecto sangre
siempre las tranquiliza,
no dura tanto como antes.esMe
infalible,
temo queaunque
tienehe notado
que que
ver con el
entorno. En la finca todo era mucho más sencillo. Estaba
tranquilo, lograba serenar mi mente con más facilidad, pero
aquí…
Suspiro con fuerza y clavo la mirada en mi reflejo. Aquí
está ella. Su sola presencia me altera. He probado a
ignorarla, la he evitado en la medida de lo posible y nada.
Por más que lo intento, sigue metida bajo mi jodida piel
como un maldito volcán. Un gesto, una palabra, su olor o el
más mínimo roce es suficiente para hacerlo entrar en
erupción. Se siente como lava candente y espesa
recorriendo mis venas, abrasándome de dentro hacia
afuera, y lo peor de todo es que no hay ninguna forma de
detenerla.
Escucho el sonido de la puerta de mi dormitorio al abrirse
y asomo la cabeza desde el baño. Es ella. Una vez más mi
jodida perdición viene a buscarme y sé que, aunque no
debería, voy a recibirla con los brazos abiertos. Luna camina
hacia mí contoneando sus caderas, lleva el pelo azul suelto
y se mueve de un lado a otro con cada uno de sus pasos
seguros y firmes.
—¡Ey! —exclama a modo de saludo.
Tomo
Tomo una respiración profunda por la nariz y estiro una
comisura en respuesta. Sus palabras aún resuenan en mi
mente. «Ninguna mujer en su sano juicio se plantearía tener
una relación con un jodido demente». Tal vez debería seguir
cabreado, hacerle ver lo mucho que me duele que piense
eso, pero en el fondo sé que tiene razón. Luna tiene muchos
defectos. La mayor parte del tiempo se comporta como una
arpía sin sentimientos, es cruel, cortante y mezquina, no
obstante, pocas veces dice mentiras. Su mayor defecto o
virtud, según se mire, es su despiadada y desgarradora
franqueza. Dice lo que piensa sin importarle las
consecuencias.
La observo, apoyado en el marco de la puerta. Toma
asiento
divertido.a los pies de mi cama y me mira con gesto
—Zarco ha invitado a los Novoa a cenar con nosotros, ¿te
lo puedes creer? Va a ser una velada interesante. —Me
encojo de hombros y se coloca la melena azulada sobre un
hombro, dejando el otro al descubierto. Mi mirada va a parar
a su clavícula, al tatuaje en forma de mariposa de color
violeta que yo mismo dibujé en su piel. Me encanta. Es, sin
duda, mi mejor trabajo. Parece darse cuenta, ya que se toca
la zona y hace una mueca con los labios—. Le hace falta un
repaso. ¿Tienes la pistola de tatuajes a mano?
repaso.
—Necesito comprar agujas nuevas —contesto, apartando
la mirada.
—Pues hazlo. Tengo ganas de algo nuevo. —Entorna los
ojos y se da pequeños golpecitos en el labio con una uña—.
Tal
Tal vez en el muslo.
—¿Qué tienes en mente? —inquiero, y me acerco un
poco más, solo unos cuantos pasos.
—Lo dejo a tu elección. Yo soy el lienzo y tú el artista.
No puedo evitar sonreír. Desde niños, Luna siempre me
ha animado a explorar esa parte artística que se supone
que hay en mí. Durante mi adolescencia iba a todos lados
con mi bloc de dibujo, intentaba plasmar en cada trazo mis
miedos y frustraciones. Admito que fue de ayuda durante un
tiempo. De alguna manera, las voces se apagaban cuando
dejaba salir esa parte de mí, pero entonces todo empeoró y
me di cuenta de que no era suficiente. Quieren sangre, no
garabatos de mierda en un papel.
Doy los pocos pasos que me separan de la cama y me
siento a su lado, dejando un espacio considerable entre
nosotros. Durante un rato largo ninguno dice nada. Tampoco
es necesario. Nos conocemos lo bastante bien como para
que no existan los silencios incómodos entre nosotros.
Entonces Luna suspira y gira su cabeza en mi dirección.
Abre la boca, exhala y vuelve a cerrarla.
—Dilo de una vez. ¿Qué pasa?
Sonríe
—¿Cómo entre dientes Siempre
lo haces? y niega con la cabeza.
sabes lo que me ronda la
cabeza. —Me encojo de hombros y hago un gesto con mi
barbilla para que responda a mi pregunta. Vuelve a exhalar
con fuerza—. No quise decir… Ya sabes que a veces soy una
bocazas, y lo que te dije… —Se frota las palmas de las
manos contra los muslos en un gesto de nerviosismo y
busca mi mirada—. No hablaba en serio. Eres un buen
hombre, Oscar, y cualquier mujer debería sentirse
afortunada por tenerte.
«Cualquiera menos tú», pienso, aunque, por supuesto, no
lo verbalizo. Hundo los dedos en mi pelo húmedo y echo la
cabeza hacia atrás.
—No estaba enfadado. Lo sabes, ¿verdad? —La miro de
nuevo—. Yo nunca podría enfadarme contigo —mi voz es
apenas un susurro ronco.
Mi teléfono suena al otro lado de la habitación y me
pongo en pie para ir a buscarlo Al mirar la pantalla
compruebo que es un mensaje de Raina.
«Necesito la ubicación del restaurante».
restaurante».
Tecleo
Tecleo a toda velocidad una respuesta.
respuesta.
«Paso
«P aso a buscarte. Estaré ahí en media hora».
Ni siquiera sé por qué acepté su invitación para cenar. O
sí, tal vez sí lo sé. Intento sentirme una persona normal, un
hombre que sale con una mujer guapa e inteligente. Sé que
no funcionará. Es solo cuestión de tiempo que descubra lo
que soy de verdad, pero nada me impide intentarlo al
menos.
«No sé si es buena idea tener a un asesino en serie
frente a mi casa».
Río por su broma y enseguida recibo su ubicación.
—¿Todo bien? —Alzo la mirada y encuentro a Luna
observándome con el ceño fruncido.
Bloqueo la pantalla y asiento mientras me muevo por la
habitación para coger mi chaqueta.
—T
—Tengo
—¿Aengo que irme
dónde? Vamos—i
—informo.
anformo.
cenar enseguida.
—Yo no. Zarco lo sabe. Esta noche ceno fuera.
Luna clava sus ojos en el teléfono, que aún tengo en la
mano, y ancla sus manos a cada lado de su cintura.
—Vas a ir con ella, ¿verdad? La rubia del Madness otra
vez.
Suspiro y vuelvo a encogerme de hombros.
—Sí —respondo escueto.
Parece que va a decir algo, pero se contiene y esboza
una falsa sonrisa.
—Que tengas buena noche. —Pasa a mi lado y sale de la
habitación deprisa.
Me quedo pensando unos segundos en qué demonios le
ocurre. Luna siempre ha sido bastante protectora conmigo,
pero hasta ahora jamás se había comportado de esta forma.
«Está celosa», resuena en mi mente, y esta vez no son las
voces, solo mis propios pensamientos. Sacudo la cabeza de
un lado otro, descartando esa idea. Puede que sienta celos,
solo que no como a mí me gustaría. Nuestra relación ha
cambiado y teme que otra persona ocupe su lugar como mi
mejor amiga. Pasó lo mismo cuando Bailey y Ness llegaron a
nuestras vidas. Luna no lleva demasiado bien los cambios,
mucho menos que personas ajenas a nuestra familia estén
presentes en nuestro día a día.
Echo un vistazo al reloj y chasqueo la lengua,
contrariado. Tengo que darme prisa o llegaré tarde. Ya
tendré tiempo de hablar con ella con tranquilidad. No hay
ninguna mujer en el mundo que pueda reemplazarla. Luna
es y siempre será la persona más importante de mi vida.
Capítulo 18
Luna
Lleno hasta arriba mi cuarta copa de vino. ¿O eran cinco?
No importa. Si tengo que soportar que Bailey, Ness y la tal
Verónica sigan hablando de bebés, biberones y pañales, ni
diez botellas serán suficientes.
—Aunque ahora os parezca una locura, os aseguro que la
fase de despertar llorando en mitad de la noche y absorber
toda vuestra energía acabará pasando —afirma la española.
—Sí, después se vuelve peor —añade su marido.
—¡Gael!
—¡¿Qué?! Es cierto. —Termina de tragar y le da un sorbo
a su botellín de cerveza antes de seguir hablando—. No los
engañes, Princesa. No tardará en empezar a gatear y
después a correr, y vuestros problemas pasarán de intentar
que no se ahogue con su propio vómito a perseguirlo por
toda la casa para que no se tire por una ventana.
Bailey suelta una carcajada, aunque Zarco no parece tan
divertido con lo que acaba d
dee escuchar
escuchar..
—Bueno, al final acabará ignorándoos de todos modos —
masculla Lagos, y hace un gesto con su barbilla para
señalar a Maya,
cuchichea que ni Está
con Nacho. siquiera le que
claro presta
la atención
chiquilla mientras
no tiene
problemas para hacer nuevos amigos.
Bebo la mitad de mi copa de un solo trago mientras ellos
siguen parloteando sin parar. Solo Lina no participa en la
conversación. Se limita a revolver la comida en su plato de
un lado a otro de manera distraída.
No lo entiendo. ¿Por qué todo el mundo actúa como si
estos dos extraños fuesen parte de la familia? Están aquí
para vigilarnos. Ni siquiera confían en nosotros. Al principio
de la noche el ambiente estaba algo cargado, sin embargo,
aún no habían servido el plato principal cuando
mencionaron que tienen un hijo pequeño y entonces Bailey
comenzó a hablarles de su bebé, Ness se sumó con las
hazañas de Maya y ahora es como si se conocieran de toda
la vida.
—Tengo que irme —anuncia Lina, y aparta su plato.
Apenas ha tocado la comida. Se pone en pie y Zarco la
observa frunciendo el ceño—. Tengo turno en el Madness.
—Le pediré a uno de los chicos que te lleve.
—Yo lo haré —digo, saltando de la silla como un jodido
resorte. Cualquier excusa
excusa es buena para largarme de aquí.
Lagos frunce el ceño y estrecha su mirada sobre mí.
—Has bebido.
—Era eso o enterrar la cara en el puré de guisantes —
farfullo—. Vuestra conversación de mierda no puede ser
más aburrida.
—Tú siempre tan amable y simpática, Luna —sisea Bailey
entre dientes.
Le lanzo una sonrisa de suficiencia y me encojo de
hombros. No puede importarme menos lo que piense de mí.
Si le incomoda mi presencia, que se largue. Yo ya estaba
aquí antes de que ella apareciera.
—Puedo conducir —dice Lina, atrayendo la atención.
Zarco parece
parece dudar, pero al fin asiente con la cabeza.
—Coge el vehículo que quieras de la cochera. Las llaves
están…
—Ya sé dónde están —digo interrumpiéndolo, y le doy un
golpecito con el hombro a Lina para que se ponga en
marcha.
Poco más de media hora después, Lina detiene el Aston
Martin en el aparcamiento del club y apaga el motor.
—Es una maravilla —susurra, y acaricia el volante de
cuero con suavidad.
—Si sigues tocándolo así, vas a hacer que el coche pierda
aceite —me burlo.
Frunce el ceño y tarda unos segundos en darse cuenta
del doble sentido de mis palabras. Ríe y niega con la
cabeza.
—Si tuviese que escoger a un hombre por el coche que
conduce, definitivamente este sería el afortunado.
—¿Por qué no me extraña? —farfullo, poniendo los ojos
en blanco. Lina me mira con una ceja arqueada de manera
interrogante—. Este coche suele usarlo Beni —explico, y su
sonrisa se esfuma de inmediato.
Enseguida abre la puerta y no tarda en salir del vehículo.
Me da la impresión de que intenta huir de mí, o tal vez teme
que pueda hacerle preguntas. No tengo ninguna intención
de interrogarla. Ya he cumplido con lo que le prometí a
Angy. Advertí a la muchacha respecto a Beni y sus hábitos,
el resto es cosa suya.
Entramos en el Madness y Lina se dirige a la barra para
ponerse a trabajar. Yo pido una botella de tequila y me
instalo en uno de los reservados. Poco a poco el club va
llenándose de gente mientras yo sigo bebiendo un vaso tras
otro. En cierto momento, alzo la cabeza y veo a Beni
asomado a la enorme cristalera de su despacho. Esto es lo
que siempre hago cuando la soledad resulta más que
insoportable, acudo a la única persona que sé que no va a
hacerme preguntas y, por un instante, es posible que me
haga olvidar lo detestable que soy.
No soy
mujer, capaz
la tal de va
Raina, sacarme de la
a ocupar uncabeza la idea
lugar que me de que esa
pertenece.
Cuando Bailey apareció en la mansión sentí algo parecido,
no son celos, es algo más visceral y profundo. «Envidia»,
resuena en mi mente. Sí, tal vez sea eso. La envidio por su
forma de ser, por haber sido capaz de poner a Zarco a sus
pies y por ganarse el cariño y la confianza de los que se
supone que son mi familia. «Oscar era el único que siempre
estuvo a mi lado, y ahora ni siquiera tengo eso».
Bebo un último vaso de un solo trago y, tras peinarme
con los dedos, atravieso toda la pista de baile. Uno de
nuestros chicos me da paso cuando llego a la escalera y
empiezo a ascender.
ascender. No toco a la puerta de la oficina, solo la
abro y entro esbozando una sonrisa provocativa.
—Luna —saluda Beni, alzando su vaso de licor a medio
beber.
Lo repaso con la mirada, desde sus zapatos
escandalosamente caros, después el pantalón de vaquero
oscuro y más arriba una camisa blanca con los botones
superiores desabrochados. El menor de los Urriaga es, a
pesar de la explosión que le arrebató una extremidad, sin
duda, el más atractivo de los tres, con el cabello negro más
largo por arriba, un rastro de barba cubriendo su mandíbula,
también la cicatriz que cruza su mejilla derecha y esos ojos
azules como el océano tiene a todas las mujeres comiendo
de su mano.
—Te veo bien —susurro, y me acerco más.
Beni esboza una sonrisa lobuna al mismo tiempo que
arquea una ceja.
—A ver si lo adivino… Has venido a que te folle.
Tomo
Tomo una respiración
respiración profunda y mi máscara de
indiferencia titubea. ¿Eso es lo que quiero? Se supone que
no iba a volver a ocurrir. La imagen de Oscar con esa mujer
asalta mi mente. Lo más probable es que esté con ella
ahora mismo, cenando o tal vez ya han pasado al postre.
¿Un hotel? ¿La casa de ella? ¿El coche? Exhalo con fuerza y
me acerco
puede al cristal
ver todo del suelo
el local. al techo
La gente baila, desde donde
bebe y se
ríe. Me
gustaría ser como ellos, poder encontrar a alguien en quien
confiar de verdad, tener amigos, salir a pasarlo bien sin
preocuparme
preocupar me de nada.
Noto la presencia de Beni a mi espalda y cierro los ojos
con fuerza. La habitación está insonorizada. Aquí dentro la
música y los gritos de la gente solo son ecos amortiguados
en el silencio.
—Hoy no —susurro sin apartar la mirada de toda esa
gente que no tiene ni idea de que están siendo observados.
—¿Estás bien?
Me esfuerzo en recomponer mi máscara y escucho sus
pasos alejándose. Me giro justo a tiempo para ver cómo
coge una pastilla de su pequeña caja metálica y se la mete
en la boca, después bebe un trago de licor y regresa su
mirada a la mía.
—Esa mierda te matará algún día —susurro.
—¿No lo sabes? Soy inmortal. —Sonríe de esa forma tan
característica suya y coloca la mano en su abdomen—.
Sobreviví a dos balazos y una explosión. Si eso no me ha
matado, no creo que nada pueda hacerlo.
Ruedo los ojos y vuelvo a girarme hacia el ventanal.
Entonces me fijo en la rubia de pelo corto que está sentada
en una de las mesas del fondo y en el hombre que la
acompaña.
—Lo que me faltaba —murmuro para mí entre dientes.
—¿Qué pasa? —inquiere Beni.
Inspiro hondo por la nariz y noto como la sangre me
hierve en las venas, o tal vez sea el alcohol, no lo tengo
demasiado claro. Lo que de verdad importa es que sé que
esta noche voy a hacer algo que es más que probable que
termine con lo poco que queda de la amistad entre Oscar y
yo porque esa zorra no va a seguir usurpando mi lugar.
Oscar es mi amigo, mi compañero, mi refugio… ¡Maldita
sea, él es solo mío!
Capítulo 19
Oscar
Jamás imaginé que me sentiría cómodo pasando tiempo
con una mujer que apenas conozco. Raina es divertida,
charlatana y muy espontánea. Salta de un tema de
conversación a otro con relativa facilidad, y lo más curioso
es que de verdad parece interesada en mí. También es
cierto que no tiene ni idea de
d e quién soy y de lo que hago. En
cuanto se dé cuenta de lo jodido que estoy, echará a correr
sin mirar atrás, estoy seguro.
—¿Cómo has conseguido que el guardia de seguridad nos
libere esta mesa? —pregunta confundida.
Casi nos han escoltado hasta aquí entre la multitud.
Personalmente prefiero quedarme en la barra y pasar
desapercibido, pero uno de los chicos que se encarga de la
vigilancia del club me reconoció.
—Conozco al dueño —respondo de manera escueta.
—¿El de pelo negro y ojos azul profundo? —Me contengo
para no poner los ojos en blanco. Beni deja huella en todas
las mujeres con las que se cruza.
—¿Lo conoces?
me—No,
gustasolo lo he visto
pasarme por alguna que relajarme.
aquí para otra vez. Ya—Asiento
sabes que
y
bebo un trago de mi refresco
refresco..
Raina es una clienta habitual del Madness. Desde que se
divorció viene a menudo, unas veces con su grupo de
amigas, otras con compañeros de trabajo y, como la otra
noche, también sola.
Vuelve a sacar otro tema de conversación trivial y yo la
escucho con atención. Creo que el motivo por el que me
siento cómodo con ella es porque no intenta indagar sobre
mi vida. Parece como si solo quisiera tener compañía,
alguien que la escuche y con quien divertirse.
—Buenas noches —escucho la voz de Luna a mi espalda
y todo mi cuerpo se tensa.
Raina mira sobre mi hombro y parece confusa. Me giro
un poco y compruebo que está ahí, de pie, con una mano en
la cadera y sonriendo de esa forma que no augura nada
bueno.
—Luna —susurro.
—Hola, amor. ¿No me presentas a tu nueva amiga?
Estrecho la mirada sobre ella. ¿Amor? Definitivamente,
su tono no es en absoluto amigable. Trama algo. Tomo una
respiración profunda y espero a que se acerque más. Me
sorprende al tomar asiento en el banco acolchado, justo a
mi lado.
—Eh… Ella es Raina —digo confuso.
—Encantada. —Estira su brazo por encima de la mesa sin
dejar de sonreír y mi preocupación va en aumento—. Yo soy
Luna.
Raina la saluda con amabilidad, aunque no parece
demasiado cómoda por la interrupción.
—Es un placer —masculla.
Un silencio pesado cae sobre nosotros a pesar de que la
música sigue sonando a un volumen alto y la gente baila, ríe
y grita a nuestro alrededor.
—¿Os conocéis desde hace mucho? —pregunta Raina,
supongo que para, de alguna manera, romper el momento
de tensión.
Antes de que pueda abrir la boca, Luna ya está
respondiendo.
—Desde niños. —Me mira de reojo y su falsa sonrisa se
ensancha—. Oscar y yo siempre hemos estado juntos.
Somos algo así como… —Se da golpecitos con la uña en el
labio inferior—. ¿Inseparables?
Un momento… La forma en la que se toca el pelo, su
tono de voz, esa manera en la que estira las palabras…
¡Joder, está borracha! Todas mis alarmas se encienden. Si
Luna sobria puede ser una verdadera arpía, cuando bebe se
transforma en la peor pesadilla de cualquiera.
—¿Qué haces aquí? —pregunto en tono cortante.
Gira su cabeza en mi dirección y una chispa de diversión
y malicia brilla en sus ojos.
—La cena era aburrida, así que decidí venir a divertirme
un rato. Por cierto, te echamos de menos.
—¿Habíais quedado para cenar? —inquiere Raina.
—No, es solo…
—Vivimos juntos —suelta Luna, cortándome a media
frase—. Como ya he dicho, somos inseparables.
Me mira de nuevo y doy un respingo al notar su mano
sobre mi muslo por debajo de la mesa. Mi primera reacción
es apartarme, pero no soy capaz de moverme. Aprieto los
dientes e inspiro despacio por la nariz mientras sus dedos
siguen moviéndose de arriba abajo con suavidad, en una
caricia lenta por encima de mi pantalón. No sé qué es lo que
pretende con esto, o sí lo sé, solo que una parte de mí no
quiere detenerla.
«Está celosa». Ese pensamiento me asalta de nuevo. ¿Es
posible? Raina dice algo que soy incapaz de comprender,
aunque no parece estar hablando conmigo, ya que es Luna
la que le responde. Yo apenas soy capaz de seguir
respirando. Me debato entre ponerme en pie y largarme,
echar a Luna o… Pierdo el hilo de mis pensamientos cuando
siento su mano
endurece muy cerca
de inmediato. de mi
Tenso la entrepierna.
mandíbula yMisujeto
polla se
el
borde de la mesa con tanta fuerza que temo romperla. Un
centímetro más cerca y después otro y otro más. Entonces
lo noto, sus dedos, su tacto recorriendo toda la extensión de
mi polla, la cual se agita en respuesta.
No despego la mirada de su rostro. Ella sigue hablando
con Raina. Está relajada, incluso parece estar divirtiéndose,
como si por debajo de la mesa no me estuviese haciendo
perder el poco control que me queda. Trago saliva con
fuerza y contengo un gemido cuando aprieta su palma
contra mi entrepierna, ejerciendo la presión justa para que
pueda notar el calor de su piel.
Clavo la mirada en la curva de su cuello. Quiero besarlo,
lamerlo y morderlo. Sujeto su muñeca y aprieto su mano
con más fuerza contra mi polla. Luna sigue hablando sin
parar, pero no me pasa desapercibida la pequeña sonrisa
que esboza al darse cuenta de que se está saliendo con la
suya. Esto es lo que quería. Su plan es demostrar que solo
ella puede destrozarme y traerme de vuelta a la vida. No le
falta razón. Es mi jodida dueña, le pertenezco, ha sido así
desde que tengo uso de razón.
Trago
Trago saliva con fuerza y dejo escapar un pequeño
suspiro de frustración cuando su mano se detiene.
—¿Oscar?
Sacudo la cabeza y dirijo mi mirada al otro lado de la
mesa, donde Raina parece estar observándome con
detenimiento.
—Eh… —Carraspeo, y cuando Luna va a apartar la mano
la sujeto y vuelvo a pegarla a mi entrepierna—. ¿Qué
decías?
—Te estaba preguntando si te apetece que nos vayamos
ya. Mañana trabajo y… —Dejo de escuchar de nuevo al
notar cómo mi cremallera se desliza hacia abajo.
La mano de Luna se adentra en el interior de mi pantalón
y
micasi pierdo
polla. la cabeza
Baja la ropa alinterior
notar su pielun
solo tanpoco
caliente rodeando
y tira de mi
erección hacia fuera. Me contengo para no mover las
caderas tal como lo deseo. Mierda, no me llega con su
mano. Quiero su boca, su coño húmedo y apretado. Tengo
unas ganas locas de follarla, y sé que esta vez no voy a ser
capaz de contenerme.
Capítulo 20
Luna
¿Es normal que esté disfrutando tanto de esto? La rubia
sigue intentando llamar la atención de su cita de esta
noche. No parece darse cuenta de que le estoy haciendo
una jodida paja por debajo de la mesa, y si es así lo disimula
bastante bien.
Muevo mi mano despacio, arriba, abajo, otra vez arriba y
vuelvo a bajar. Noto como Oscar se estremece. Carraspea
de nuevo, intenta hablar, pero no le salen las palabras.
Supongo que está demasiado ocupado intentando no
correrse. Lo noto tan duro, caliente y grande… Esto no es
solo satisfacción por estar haciendo una de las mías. ¡Estoy
cachonda! Siento cómo me humedezco cada vez más a
cada segundo que pasa. Hay algo oscuro y prohibido en lo
que estoy haciendo, aunque en realidad debería decir
estamos haciendo. Puede que sea mi mano la que agarra su
polla, pero es Oscar quien sujeta mi muñeca y marca el
ritmo.
Deslizo el pulgar por la punta y siento cómo se
humedece. Está a punto de correrse, lo sé, puedo notarlo en
la
se rigidez
tensa de
aúnsumás.
espalda,
Miro en la forma
a la enrubia
maldita la queque
su mandíbula
creyó que
podría quitarme lo que me pertenece y sonrío de oreja a
oreja.
—Pídele al portero que llame a un taxi.
—¿Disculpa? —Me mira a mí y después a Oscar, que
cierra los ojos con fuerza. Su pecho sube y baja con
violencia.
—Oscar no va a poder acompañarte. Si quieres irte,
hazlo. Él se queda.
Una vez más, vuelve a dirigir la mirada en su dirección
justo cuando siento como su polla se hincha aún más. Es
tan gruesa que apenas puedo abarcarla con el puño.
—¿Oscar? —Él parece escucharla. Abre los ojos de golpe
y con la respiración acelerada.
—Vete —gruñe.
Un nuevo vistazo inquisitorio a ambos y la rubia se pone
en pie con rapidez y el ceño fruncido. Tarda solo unos
segundos en recoger su bolso y marcharse. En cuanto la veo
perderse entre la multitud, detengo mis movimientos.
—Ni se te ocurra —la voz ronca de Oscar reverbera
contra mi piel.
Una de sus manos sujeta mi rostro y me obliga a mirarlo.
Se acerca, demasiado. Por un momento pienso que va a
besarme, pero solo se queda ahí, a unos centímetros de mi
boca, con la mirada encendida y la respiración agitada
golpeando mi piel en cada bocanada.
Clavo mis ojos en sus labios secos y contengo el impulso
de humedecerlos con mi propia saliva. «¡He llegado
demasiado lejos, joder!». Se supone que solo iba a
provocarlo un poco, lo suficiente para espantar a su jodida
cita.
—Oscar… —susurro, e intento apartar mi mano, pero me
sujeta con fuerza por la muñeca y su mirada desquiciada se
clava en la mía.
—Vas a terminar lo que has empezado —sisea, y su
aliento
posteriorgolpea
de mimicuello,
boca. sujetándome
Sus dedos se concurvan en la parte
violencia—. No
sabes la suerte que tienes. Si estuviésemos solos, ahora
mismo estarías de rodillas bajo la mesa y con mi polla
enterrada en tu garganta.
Trago
Trago saliva sin poder reaccionar
reaccionar.. La imagen que acaba
de describir asalta mi mente, calentándome aún más si es
posible. Me noto empapada y ansiosa. «¡¿Qué mierda estás
haciendo, Luna?!», me pregunto a mí misma en mi cabeza,
pero no contengo el impulso que me lleva a volver a mover
la mano. Oscar bufa y sigue mirándome con fijeza mientras
acelero el movimiento. Otro gruñido y me muerdo el labio
inferior, apretando los muslos para buscar algo de alivio.
Estoy muy excitada, y lo peor es que él lo sabe, estoy
segura de que se da cuenta de ello cuando ladea la cabeza
con suavidad y esboza una sonrisa canalla y peligrosa.
Ninguno aparta la mirada, su respiración se acelera aún
más y pega su frente a la mía cuando noto cómo explota en
mi mano. Chorros calientes y espesos me humedecen los
dedos, pero no me detengo hasta que suelta la última gota.
Oscar se aparta un poco y se recuesta contra el respaldo del
sofá en forma de media luna intentando recuperar el
aliento. Cojo una servilleta de la mesa y me limpio la mano
sin terminar de creerme lo que acabo de hacer. No solo he
cruzado una línea, ¡me la he llevado por delante, joder! Y lo
peor de todo es que he disfrutado cada maldito segundo.
Esto es malo, muy, muy malo.
Oscar
Se ha ido. Apenas he tardado unos segundos en
recuperar el aliento y al abrir los ojos Luna ya no estaba.
¿Unos segundos? Has entrado en coma como un jodido
imbécil.
ha Ignoro su comentario
vuelto tan y ni acaba
pronto. Lo que siquiera
de me pregunto
pasar por qué
ha mandado al
traste cualquier intento de mantenerlo controlado. «Luna
me hecho una jodida paja». ¿Cuántas veces he fantaseado
con ello? Ni siquiera soy capaz de contarlas. Llevo soñando
con que algo así pasara desde… Bueno, desde siempre.
Muevo la cabeza a un lado y a otro mientras me guardo
la polla en los pantalones y los abrocho. No la veo por
ningún lado. ¿Dónde demonios ha ido? No puede dejarme
así. Estoy confuso y un poco cabreado también. Necesito
que me explique por qué se ha comportado de esa manera.
¿Qué la ha llevado a tocarme así?
¿De verdad no lo sabes? La muy zorra estaba marcando
territorio, y como tú no tienes ni una pizca de dignidad ni
autocontrol…
—Cállate —siseo mientras me pongo en pie a toda prisa.
p risa.
Camino lo más rápido que puedo, casi corro hasta llegar
a la barra. Lina se mueve dentro de ella, esta noche parece
más suelta y confiada. La veo bastante ocupada, así que
aparto a empujones a varios tipos que gritan sus pedidos
para hacerse escuchar por encima de la música y logro
ponerme frente a ella.
—¡Eh, hola! —saluda.
—¿Dónde está Luna?
—¡¿Qué?! —Sonríe y hace un gesto en dirección a su
oreja para explicar que no me escucha bien.
—¡Luna! —grito—. ¡¿La has visto?!
—¡Se fue hace unos minutos!
¿Minutos? ¿Cuándo ha pasado tanto tiempo?
Te lo dije, yidiota.
Lo ignoro sigo intentando comunicarme con Lina.
—¡¿A dónde ha ido?! —Se encoge de hombros—. ¡¿Llegó
aquí conduciendo?!
—¡No, yo lo hice! —Mete la mano en el bolsillo delantero
de su vaquero y saca unas llaves—. ¡Supongo que habrá
pedido
—Oye,a alguien
colega,que
questamos
e la acerque a casa!—escucho
esperando ¡¿Qué ocurre?!
una voz a
mi espalda, y me giro con violencia. Una mirada, eso es
suficiente para hacer retroceder
retroceder al pijo trajeado.
No me molesto en responderle a Lina, solo echo a andar
casi a la carrera y me dirijo a la salida del club. Pregunto por
ella a uno de los porteros y me informa de que él mismo le
dio las llaves de su todoterreno
todoterreno..
La rabia hace que me hierva la sangre, y si no le doy una
paliza al jodido idiota que ni siquiera ha tenido en cuenta
que Luna no estaba en condiciones de conducir un vehículo
es porque sería perder un valioso tiempo que prefiero
invertir en correr a toda velocidad hacia el aparcamiento
aparcamiento..
Arranco el motor y piso el acelerador a fondo. Por el
espejo retrovisor puedo ver al hijo de puta sentado en la
parte trasera; como siempre, se burla de mí.
Esto era lo que estabas esperando, ¿no? Te has
contenido durante todos estos años porque ella jamás dio
una señal, una muestra de que podría corresponderte, pero
hoy… —Se toca la entrepierna y alza ambas cejas de
manera provocativa—. Esa hembra estaba deseando que la
follaras. No lo digo yo. Lo viste en sus ojos. Si hubieses
tenido las pelotas de meterle los dedos lo habrías
comprobado.
—Cierra la puta boca —siseo, apretando el volante con
fuerza.
Resopla y se asoma entre los asientos sin dejar de
sonreír.
Suelta las malditas cadenas de una vez. ¡Libérate! Esta
es tu oportunidad.
hacerle. Piensa
Se acabaron las ennoches
todo lopensando
que vas en
a poder
ella,
masturbarse a escondidas, desearla en silencio. Si eres
valiente, podrás follarla siempre que quieras, hacer todas
esas cosas que has fantaseado durante
d urante años.
Sacudo la cabeza de un lado a otro con la espalda tensa
y los dientes apretados. Si lo hago, no habrá vuelta atrás.
—¡Ellacon
y exhalo no fuerza—.
me quiere! ¡Esaestaba
¡Solo mierda…! —Golpeo
jugando el volante
conmigo, joder!
Vuelve a echarse hacia atrás y se encoge de hombros.
Entonces demuéstrale que no eres un maldito mono de
feria ni un perrito amaestrado que mueve la colita cuando
ella te llama. Si quiere que tu cola se mueva, que se
arrodille
arrodille y te la chupe.
—No me quiere —repito para convencerme.
¡No puedo dejar que él gane, joder! Si cedo ahora, ya no
podré detenerlo.
Oblígala a quererte. Conviértete en todo lo que tiene.
Mata a cualquiera que se interponga y será tuya para
siempre.
Capítulo 21
Oscar
Tras llegar a la mansión, paso más de media hora
buscándola. Pregunto por ella a los vigilantes de noche, la
vieron llegar, el todoterreno que la trajo hasta aquí está en
el garaje, pero nadie sabe dónde se esconde. Recorro una
estancia tras otra, furioso y también preocupado. ¡¿Dónde
mierda puede haberse metido?! Atravieso el jardín y busco
en la única casa que está vacía, la que se supone que es
mía, no hay ni rastro de Luna. Me siento tentado a
preguntarle a Lagos si la ha visto y revisar también la casa
en la que se están quedando los Novoa, pero cambio de
idea y regreso a la mansión. Tal vez esté en el ala privada
de Zarco. Si voy allí… Echo un vistazo a la hora en mi
teléfono y resoplo con fuerza. Son las tres de la madrugada
y Bailey me matará si despierto a la bebé.
porDecido regresar
aquí, no a la cocina.
había nadie, Hacepuedo
pero ahora un rato,
vercuando pasé
a una mujer
de espaldas y el aroma a chocolate caliente flota en el aire.
Enseguida la reconozco, es la misma que conocí el día que
llegué de la finca, Laura.
—Buenas noches —me saluda con una sonrisa mientras
se gira con una taza entre las manos.
—Hola —mascullo entre dientes—. ¿Has visto a Luna? —
Niega con la cabeza.
Bufo de nuevo y siento como la rabia y la frustración se
incrementan. Estoy a punto de abandonar la cocina cuando
Laura vuelve a hablar.
—¿Quieres un chocolate? —Estrecho mi mirada sobre
ella, confuso—. Chocolate caliente. —Se gira, y cuando
vuelve a mirarme lo hace con una nueva taza que no tarda
en poner sobre la isla de granito—. Bebe, te sentirás mejor.
—¿Qué te hace pensar que no estoy bien?
La mujer ríe y sus pómulos huesudos se le marcan aún
más. Parece demasiado delgada y endeble, incluso
enfermiza.
—Reconozco esa expresión. Algo te atormenta. —Empuja
más la taza hacia mí y vuelve a sonreír—. Con mi hijo
siempre funcionaba. Un par de sorbos y esa nube oscura
que empañaba su humor
h umor desaparecía por completo.
Dudo unos segundos antes de tomar asiento en uno de
los taburetes que rodean la isla y darle un pequeño trago al
chocolate.
—Está bueno —mascullo.
No tengo por costumbre meterme donde no me llaman,
por lo tanto, decido no hacer preguntas respecto a su hijo.
¿Qué mierda haces aquí con la cocinera? ¡Ve a buscar a
Luna, maldita sea! Esa zorra te debe una explicación.
Exhalo con fuerza e intento apagar su voz. No lo miro,
aunque sé que está ahí, junto a la pared, observando cada
uno de mis movimientos.
—Puedes
frunzo controlarlo,
el ceño. La miradaOscar. —Alzo
de Laura la cabeza
se clava en la de golpe
mía. y
Tiene
los ojos oscuros y muy expresivos—. Las voces solo tienen
el poder que tú decidas darles.
—¿Cómo…? —Sacudo la cabeza de un lado a otro y ella
se encoge de hombros.
—Yo también las escucho. Están ahí todo el tiempo,
atormentándome, obligándome a hacer cosas que no me
gustan. —Suspira—. Esta maldita enfermedad… —Se señala
la sien con el dedo índice—. Me lo ha arrebatado todo. Le di
la espalda a las pocas personas que me querían. Abandoné
a mi hijo. —Su garganta se mueve con violencia al tragar
saliva con fuerza—. No he podido verlo crecer. Solo me
queda aferrarme a los buenos recuerdos. El chocolate
caliente —señala la taza que está entre mis manos y una de
sus comisuras se estira—, esos momentos de diversión
cuando jugaba al escondite con él y sus amigos… —Respira
hondo por la nariz y vuelve a mirarme a los ojos—. Tú aún
estás a tiempo de controlarlo.
—No puedo. Lo he intentado —musito con voz
entrecortada.
—Nadie dijo que sea sencillo. Busca ayuda. A mí nadie
me tendió la mano, pero tú tienes a personas que te
quieren, rodéate de ellas. Deja que la luz que irradian
ilumine tu oscuridad.
Me quedo callado durante un buen rato. Nunca se me
han dado bien las conversaciones profundas, y menos aún
con desconocidos. Luna es con la única con la que siempre
he podido abrirme, y ni ella conoce todos mis secretos, todo
lo que me atormenta.
No es hasta que me termino toda la taza de chocolate
que me pongo en pie y carraspeo algo incómodo.
—Gracias —susurro.
Laura vuelve a sonreír y asiente con la cabeza.
—Siempre ando por aquí, muchacho. Si alguna vez
quieres otro chocolate caliente, estaré encantada de
prepararlo.
Me despido con un gesto de mi barbilla y abandono la
cocina con una sensación extraña en el pecho. Sigo
cabreado y frustrado, pero ya no siento la urgencia de
encontrar a Luna y confrontarla. Esperaré a que aparezca y
entonces hablaremos. No voy a soltar las cadenas que yo
mismo me he impuesto.
Imbécil.
Alzo el dedo corazón hacia él mientras subo los
escalones en dirección a la planta superior y después a mi
dormitorio. Antes de meterme en la ducha, compruebo que
Luna sigue sin aparecer, pero lo hará. No puede esconderse
toda la vida. Tarde o temprano tendrá que enfrentarse a las
consecuencias de sus actos.
Luna
Soy patética. Llevo horas encerrada en la biblioteca. Sé
que Oscar me está buscando. Me escondí bajo la mesa
cuando escuché sus pisadas acercarse; como la idiota
cobarde que soy, no salí hasta que estuve segura de que ya
se había ido y ahora aquí sigo, mirando en dirección a la
jodida puerta y sin tener el valor para salir ahí fuera. Va a
pedirme una explicación, y se la merece. Tal vez me odie
por
decirloverdad,
que he no
hecho o segura
estoy puede que sea de
de cuál todo
laslodos
contrario.
opcionesA
prefiero.
Entierro el rostro entre mis manos y me maldigo a mí
misma por haber tomado una serie de malas decisiones.
Ahora, sin los efectos del alcohol nublando mi mente, soy
consciente de que la línea que he cruzado esta noche es de
lejos lo peor que podría haber hecho. Se supone que mi
intención era recuperar a mi mejor amigo, que entre
nosotros todo volviera a ser como antes, y lo único que he
logrado es alejarlo
cuando vuelva aún más
a romperle porque si no me odia, lo hará
el corazón.
—Eres una maldita perra —murmuro.
Hago una mueca por el significado de mis propias
palabras y la reacción que provocan en mí. Casi puedo
escuchar sus voces repitiéndolo una y otra vez mientras…
Aparto esos pensamientos y sacudo la cabeza de un lado a
otro, poniéndome en pie con decisión. No puedo seguir
escondiéndome. Si algo he aprendido es que no sirve de
nada evitar los problemas.
Recompongo mi máscara mientras camino con paso
firme hacia la puerta, la abro y salgo de la biblioteca. No me
cruzo con nadie de camino al piso superior. Entro en mi
dormitorio, y cuando estoy a punto de encender la luz, me
fijo en una sombra apenas iluminada por la claridad que
entra por el ventanal.
—Te he estado esperando —la voz de Oscar suena ronca
y profunda.
Doy un respingo y golpeo con la mano el interruptor. La
luz se enciende y lo veo al fondo de la estancia, en un
rincón, vestido con un pantalón de algodón y sin camiseta.
Solo me mira sin hacer o decir nada. Me pregunto cuánto
tiempo llevará ahí. Aparto la mirada y afianzo mi máscara
con más fuerza.
—¿No puedes dormir? —pregunto, adentrándome en el
dormitorio.
—Eso no va a funcionar, Luna. —Me giro despacio y me
atrevo a mirarlo. No se ha movido ni un centímetro. Parece
una jodida estatua tallada en piedra.
—No sé de qué me hablas. Estoy cansada. ¿Podemos
dejar la charla para mañana?
Sí, esa soy yo desinflándome. Por lo visto, mi arranque
de valentía no ha durado demasiado.
—Ni siquiera intentes actuar como si no hubiese pasado
nada.
Suspiro
—Estabay borracha
aparto la y
mirada.
me comporté como una perra. Si lo
que buscas es una disculpa… —Me quedo a media frase
cuando lo veo caminar hacia mí.
—Quiero mucho más que eso, por ejemplo, una maldita
explicación. ¡Solo querías burlarte de mí! ¡¿Es eso?!
—Baja la voz —mascullo.
—¡No! Estoy muy harto de tus jueguecitos. He sido
sincero contigo, sabes lo que siento por ti y, aun así…
—Aun así, sales con esa idiota como si de verdad pudiera
ocupar mi lugar —suelto, cortándolo.
—¿Tu lugar? ¡¿Cuál es tu maldito lugar?! —Bufa con
fuerza y se revuelve el pelo negro en un gesto de
frustración—. Somos amigos, ese es el puesto que yo ocupo
en tu vida. Has dejado claro que no sientes lo mismo que
yo, y lo respeto, siempre lo he hecho, pero no pienses ni por
un segundo que vas a seguir manipulándome.
Me echo hacia atrás y abro los ojos con sorpresa. Oscar
nunca antes me había hablado en ese tono.
—¿Crees que te manipulo? —pregunto con un hilo de voz.
—Puedes llamarlo de otra forma, pero el resultado es el
mismo. Me tratas como a un perro. Cada vez que me alejo
un poco, tiras de la correa para que vuelva a ti. ¿Es que no
lo ves? Me mata tenerte cerca. No soporto ver cómo te
acuestas con cualquiera, cómo otros pueden tener lo que
nunca será mío.
Lo escucho en silencio mientras su pecho sube y baja con
violencia. Oscar retrocede un par de pasos y agacha la
cabeza.
—Entonces, ¿ya está? Has decidido que, si no somos algo
más que amigos, ya no vale la pena seguir a mi lado, ¿es
eso?
Suspira y vuelve a mirarme.
—No, Luna. Tú siempre serás la persona más importante
de mi vida, pero por una vez soy consciente de que mi
mundo no empieza y termina contigo. Hay más personas ahí
fuera, y tal —siseo
—Raina vez… entre dientes.
—Sí, Raina o cualquier otra.
Su respuesta me pone furiosa. Odio con todas mis
fuerzas a esa maldita rubia que ha venido a destruir lo único
puro y bueno que siempre he tenido. Esbozo una sonrisa
maliciosa y me acerco más a él.
—¿Vas a contarle a tu querida Raina que te masturbas
pensando en mí? ¿Le dirás que cada vez que me ducho me
espías?
La sorpresa se refleja en sus ojos, pero no retrocedo.
—Lo sabes —susurra.
—Por supuesto que lo sé. Al igual que todas esas noches
en las que te metes en mi habitación y me observas
mientras crees que estoy dormida. ¿Qué edad tenías la
primera vez que lo hiciste? ¿Dieciséis? ¿Quince?
Estiro mi mano para ponerla en su pecho, pero me
detiene sujetando mi muñeca. La sorpresa en su mirada ha
sido sustituida por rabia. Está furioso.
—Durante todos estos años sabías lo que sentía por ti y
eso no te impidió obligarme a ver cómo te arrastrabas
frente a Zarco. Lo besabas, lo acariciabas en mis putas
narices, Luna. Me hacías daño y te daba igual. ¿En qué clase
de amiga te convierte eso?
«En una amiga horrible o la mejor que jamás podrías
tener», pienso, pero ni una sola palabra sale de mi boca.
—Vete —pido, tirando de mi mano.
Oscar parece dudar unos segundos, pero al fin me suelta.
Da media vuelta y empieza a caminar hacia la puerta del
baño que compartimos. Se detiene antes de cruzar el
umbral.
—Por tu propio bien, nunca más vuelvas a ponerme una
mano encima —dice sin mirarme.
—¿Me estás amenazando?
Se gira a medias y su mirada oscura y peligrosa se clava
en la mía.
has—Es una advertencia.
hecho Vuelve que
hoy y tendrás a jugar conmigo como
enfrentarte lo
a las
consecuencias de tus actos. Si sigues tirando de la puta
correa, tarde o temprano el perro te morderá el culo. —
Ladea la cabeza y esboza una sonrisa extraña mientras
pasea la mirada por todo mi cuerpo—. No más juegos a
menos que estés dispuesta a seguir las reglas, mis reglas.
Antes de que pueda preguntarle a qué demonios se
refiere, desaparece en el interior de baño y escucho cómo la
refiere,
puerta de su dormitorio se cierra con violencia.
Capítulo 22
Oscar
Tres semanas
sema nas después
d espués
Golpeo el saco con fuerza, intento ralentizar los latidos de
mi corazón, pero me cuesta demasiado. Las últimas
semanas han sido una mierda. Me estoy descontrolando, lo
noto.faltado
han He probado conputa
hijos de el «efecto sangre»,
a los que porysuerte,
torturar matar no
en me
mi
búsqueda de Samu, sin embargo, parece no funcionar. Las
voces suenan cada vez más altas en mi cabeza y él… Lo
miro de reojo y vuelvo a incrustar mi puño vendado en el
saco de boxeo. Él nunca se va.
—¡Oscar! —escucho el grito de Bailey y me giro de golpe
con la respiración acelerada. Tardo unos segundos en
enfocar la vista—. ¿Estás bien? —inquiere con el ceño
fruncido.
—Sí. —Cojo una botella de agua y me bebo la mitad de
un solo trago.
Mi pelo está mojado y siento cómo las gotas de sudor me
recorren la espalda.
—¿Estás seguro? Llevo varios minutos llamándote y no
contestabas.
¿A ella qué mierda le importa? ¡Mátala! ¡Rodea su cuello
con las manos y…! Sabe que eres un puto tarado. ¿Cuánto
crees que tardarán tus amigos en encerrarte? Unas
cadenas, eso es lo que necesitas. ¡Dolor y control!
¡Compórtate como una persona normal! Acaba con esto de
una maldita vez. Una soga al cuello, solo eso, y todo
terminará. ¡Necesitas un correctivo!
Sacudo la cabeza de un lado a otro para intentar apagar
todas las voces que resuenan en mi mente.
—No te escuché —me excuso, y tomo una respiración
profunda.
Cierro los ojos unos segundos e invoco imágenes de
mariposas, algunas pequeñas, otras más grandes, todas con
colores llamativos. Me imagino sosteniéndolas entre mis
manos con extremo cuidado para no dañarlas, acariciando
sus alas… Inspiro hondo y casi puedo oler el aroma de las
flores silvestres que crecen en la orilla del río. Escucho el
sonido del agua y una voz aniñada que logra relajarme un
poco. «¿Vamos a cazar mariposas?». Luna me sonríe y
siento como algo me remueve el estómago.
—¡Oscar! —Abro los ojos de golpe y recuerdo que Bailey
sigue ahí, justo delante de mí, y ahora parece preocupada
—. ¿Tengo que pedirle a Luna que venga a tranquilizarte? —
inquiere. No me pasa desapercibida su postura defensiva.
Se está preparando para un ataque.
Vuelvo a inspirar profundo y niego con la cabeza. Si hay
alguien en esta casa capaz de darme una paliza, esa es
Bailey. Su fuerza no puede compararse con la mía, pero es
ágil y muy rápida en la lucha cuerpo a cuerpo. Sabe
esquivar los golpes como nunca antes he visto a nadie
hacerlo.
—Estoy bien —respondo, exhalando con fuerza.
Tras unos segundos observándome en silencio, relaja un
Tras
poco su postura, aunque sigue alerta.
—Nacho te estuvo esperando en el jardín, pero no
apareciste.
—Mierda Olvidé
húmedo—. —mascullo,
que yhabíamos
me paso quedado
la mano para
por elhacer
pelo
ejercicio.
—Ya, estos últimos días no pareces demasiado centrado.
Me tenso y frunzo el ceño.
—¿Tienes alguna queja respecto a mi rendimiento en el
trabajo? Sé que no he logrado encontrar a Samuel ni a su
proveedor de explosivos, pero estoy revolviendo toda la
jodida ciudad y…
—¡Eh, tranquilo! —exclama cortándome, y alza sus
manos con media sonrisa—. Solo me preocupo por ti. Entre
Luna y tú nos tenéis locos. ¿Qué mierda os pasa? Parece
como si estuvieseis enfadados con el mundo.
Estoy a punto de contestar de manera evasiva cuando la
puerta del gimnasio se abre de golpe y se me corta el
aliento. Las voces de mi cabeza casi desaparecen mientras
observo a Luna caminando hacia nosotros. ¿A quién quiero
engañar? No hay nada ni nadie en este mundo que pueda
hacerme sentir la paz que ella me transmite. Solo ella es
capaz de controlar y amansar al monstruo que vive en mí.
—¡Luna! ¡Joder, no lo hagas! —Frunzo el ceño al ver a
Lagos correr tras ella con gesto de preocupación.
—Ahí vamos de nuevo —masculla Bailey, y se gira justo
cuando Luna llega al lugar donde estamos—. ¿Qué está
pasando?
Lagos farfulla algo que no soy capaz de entender, ya que
todos mis sentidos están ocupados con la mujer que tanto
se esfuerza en ignorarme. Se me escapa un bufido de
frustración. No me ha dirigido la palabra desde la noche en
la quenotar
puedo discutimos hacemirarme.
cómo evita ya tres semanas. Ahora mismo
¿No era eso lo que querías? Le dijiste que no volviera a
poner sus manos sobre ti. Ahora no te lamentes como un
maldito llorón.
Gruño en dirección al hijo de puta que ha decido hacer
acto de presencia
comentarios para seguir mortificándome con sus
de mierda.
—A Zarco no le va a gustar esto —la afirmación de Lagos
logra atraer mi atención.
—¿Qué es exactamente lo que no le va a gustar? —
inquiere Bailey, con una ceja arqueada y los brazos
cruzados sobre el pecho.
—He tenido una idea —dice Luna.
Bailey hace una mueca de disgusto y frunce el ceño.
—Chica, cada vez que dices eso consigues que me
tiemblen las piernas —masculla, y suspira con fuerza—.
¿Qué idea?
Luna ni siquiera se molesta en responder a su
comentario.
—Hemos estado buscando en el lugar equivocado todo
este tiempo.
—Luna, no sigas —le advierte Lagos.
Bailey lo fulmina con la mirada y Lagos tiene la sensatez
de cerrar la boca. Hace un gesto con su mano en dirección a
Luna para que continúe hablando.
—Nos obcecamos en la búsqueda del proveedor de
explosivos para dar con Samuel, pero eso no nos está
llevando a ningún lado. —Extiende su mano en mi dirección
para que confirme lo que acaba de decir, pero no me mira.
Aprieto los dientes, cabreado por su actitud, no obstante,
gruño una afirmación y sigue hablando—. La única certeza
que tenemos es que esa tecnología proviene de la rama
militar.
—¿A dónde quieres llegar? Deja de dar rodeos —la incita
Bailey.
—Bueno, tú fuiste militar.
—¿En serio? ¿Esa es tu gran idea? —Bailey resopla y
niega con la cabeza—. Dejé el servicio activo hace años,
además, no sé nada de ese proyecto. Lo mío era salvar
vidas.
—Sabes ymás
explosivos que cualquiera
su procedencia demás
nada nosotros. Reconociste
verlo —Luna vuelvelos
a
la carga, aunque, a excepción de Lagos, nadie parece saber
qué es lo que pretende.
—Solo obtuve información sobre el proyecto porque mi
padre… —Bailey se calla de golpe y Luna esboza una
sonrisa maliciosa—. ¿Mi padre? Estás loca si crees que va a
ayudarnos.
—Te lo dije. Es una idea horrible y Zarco va a meternos
un tiro en el culo solo por mencionar la posibilidad de meter
a Bailey en esta locura —sisea entre dientes Lagos.
—Si alguien tiene una idea mejor que lo diga —replica
Luna, girándose hacia él con los brazos en jarras—. Se
supone que esos explosivos salieron de instalaciones
militares. El general James Bailey controla todo el
armamento que entra y sale de la Costa Oeste.
—Lleva varios años en la base militar de San Diego —
murmura Bailey con gesto pensativo.
—Dime que no te estás planteando ir a verlo. ¡Maldita
sea, es una puta
put a locura! —exclama Lagos—. Zarco…
—Deja que yo me ocupe de mi marido —lo corta Bailey, y
toma una respiración profunda—. No perdemos nada con
intentarlo. Habla con el piloto, que tenga el jet preparado
para dentro de una hora.
—¿A dónde se supone que vamos? —escuchamos la voz
de Zarco desde la puerta y Lagos cabecea y suelta una
maldición en voz baja. Bailey camina hacia él sonriendo y
coge a la pequeña Nadia, que parece estar dormida en los
brazos de su padre. Zarco desliza su mirada por cada uno
de Me
nosotros antes de
sorprende lo regresarla
tranquilo aque
su mujer—.
parece ¿Y bien? líder
nuestro
Me sorprende lo tranquilo que parece nuestro líder
mientras su mujer le explica la situación. Al terminar, solo
alza la barbilla y niega con la cabeza.
—No vas a ir —afirma con contundencia.
—No te estaba pidiendo permiso —replica Bailey—. Mi
padre puede darnos acceso a la información que buscamos.
Conoce
—He la tecnología…
dicho que no —la corta—. Estoy de acuerdo en que
es una buena alternativa, pero tú no vas arriesgarte tanto.
—¡Oh, vamos! Me arriesgo todos los putos días. Es el
precio que pago por haberme casado contigo.
Lagos, Luna y yo nos apartamos un poco para darles
d arles algo
de privacidad al ver en el rostro de Zarco una expresión
entre dolor, tristeza e ira.
—¿Sabes eso que has estado intentando de no herir a los
demás con las palabras? —sisea nuestro jefe—. Ahora
mismo sería un buen momento para ponerlo en práctica.
Bailey suspira y niega con la cabeza.
—No lo dije con mala intención, pero es cierto. Tomé la
decisión de quedarme a tu lado y asumí las consecuencias.
No puedes mantenerme encerrada en una urna de cristal. Yo
no funciono así, ya deberías
deb erías saberlo.
Él resopla con fuerza y, tras unos segundos, asiente con
la cabeza.
—Está bien, pero yo voy contigo. No vas a enfrentarte a
ese hijo de puta tú sola.
—No estaré sola. Oscar y Luna me acompañarán.
—Pero…
—Uno de los dos tiene que quedarse con Nadia.
Zarco vuelve a bufar y se gira hacia mí.
—No la pierdas de vista ni un segundo. Si algo le ocurre…
—La protegeré con mi vida, como siempre he hecho —
afirmo con gesto serio.
—¡Por Dios santo! ¡No nos vamos a la guerra! —exclama
Luna—. San Diego está a menos de dos horas de vuelo. Le
haremos una visita al papi Bailey y estaremos de regreso
para el almuerzo.
—No lo llames así —se queja Bailey.
Luna esboza una sonrisa ladeada, y por el brillo en sus
ojos sé que no va a referirse al padre de Bailey de otra
forma que no sea como «Papi Bailey».
—Voy a llamar al piloto —masculla Lagos.
—Dile que estaréis en la pista en dos horas —ordena
Zarco.
—Con una es suficiente —replica Bailey. Zarco rodea su
cintura con un brazo y le dice algo al oído antes de
apartarse—. Sí, dos está bien —rectifica con un hilo de voz.
No hace falta ser adivino para saber en qué van a gastar
esa hora extra. Las mejillas encendidas de Bailey y la forma
en la que su marido la desnuda con la mirada son más que
reveladoras.
Capítulo 23
Oscar
Tras darme una ducha y cambiarme de ropa, paso por la
cocina en busca de Laura, pero no la veo por ningún lado.
Casi todas las noches me encuentro con ella y charlamos un
rato. Esas conversaciones y dibujar son lo único que me
entretienen
años acudí adurante
Luna delas horas de insomnio.
madrugada, pasábamosDurante
el ratomuchos
tirados
sobre la cama viendo series malas o yo hacía garabatos en
mi bloc de dibujo mientras ella me observaba en silencio.
Esos días ya han quedado atrás y dudo que vuelvan nunca.
Entre nosotros se ha instaurado una especie de guerra
fría. Parecemos dos desconocidos obligados a convivir bajo
el mismo techo. Es insoportable y me desquicia hasta el
punto de pensar en la posibilidad de mudarme a una de las
casas vacías de la finca. El único problema es que allí no
tengo un armario de castigo y, aunque he estado evitando
entrar en él, me siento más seguro al saber que está cerca
en caso de emergencia.
Me dirijo al salón y encuentro a Nacho y a Maya sentados
en uno de los sofás. El chico tiene el brazo extendido
mientras la pelirroja
ser un trozo de cuerda.le Sobre
anuda laenmesa
la muñeca lo quehilos
hay distintos parece
de
colores y cajas de abalorios.
—Son pulseras de la amistad —dice Maya, y sonríe de
oreja a oreja—. Con ellas seremos amigos para siempre.
Nacho aparta la muñeca, haciendo una mueca con los
labios. Parece bastante agobiado, y no lo culpo. El vendaval
pelirrojo tiene la capacidad de llevar al límite hasta al más
paciente de los humanos.
—¿Todo bien, chicos? —pregunto tras acercarme.
Nacho enseguida se pone en pie, aprovechando mi
presencia para huir de Maya y su verborrea incesante. A
veces me cuesta entender la amistad que los une, igual que
con Lucas. Nacho no se parece en nada a ellos, es tranquilo,
tímido y poco hablador.
—Te estuve esperando en el jardín —me dice.
—Lo siento, se me olvidó avisarte de que hoy no habría
ejercicios.
El chico me mira, frunciendo el ceño, y entrecierra sus
ojos desiguales.
—No me dejes solo con ella —susurra. Extiende la mano
y me señala la muñeca en la que lleva una pulsera de hilo
en color rosa con un dije en forma de corazón—. Está
hablando de hacerme un nuevo peinado y depilarme las
cejas.
Disimulo una carcajada con tos y sacudo la cabeza de un
lado a otro. Maya es tres años más joven que Nacho, sin
embargo, el chico cuenta con una madurez muy poco propia
de su edad que lo hace parecer mayor.
—Solo se aburre. No tiene a nadie con quien jugar —
susurro
susurro para que Maya n
noo pueda escucharme.
Nacho resopla y le aprieto el hombro en un gesto de
compresión.
—¿Vas a salir? ¿Puedo acompañarte?
—Esta vez no, chico —respondo.
los Nacho está
distintos deseando
trabajos y serunirse al Clan,
de ayuda, peroquiere participar
su hermana no en
se
lo permite. La entiendo, ella trabaja como camarera de
forma legal. A pesar de vivir en la mansión, no se inmiscuye
en el negocio familiar y pretende que Nacho siga su
ejemplo. Dudo que pueda lograrlo. El muchacho parece
bastante obcecado con una forma de ganarse la vida que
nada tiene que ver con servir copas en el Madness. Por el
momento sigue estudiando, aunque no creo que tarde
demasiado en dejarlo.
—¡Luna! ¡¿Quieres una pulsera?! —El grito de Maya hace
que me tense de pies a cabeza.
Contengo el aliento y escucho sus pisadas acercándose
por detrás. Pasa por mi lado y, como ya es costumbre, ni
siquiera me dirige una mirada.
—¿Qué mierda voy a hacer yo con una pulsera? —
pregunta, arrugando los labios.
Nacho le lanza una mirada poco amistosa, no obstante, a
Maya no parece molestarle su comentario. Coge una de las
cajas repletas de abalorios y dijes que hay sobre la mesa y
la acerca a Luna.
—Tengo en forma de corazón, de animales… ¡Oh, mira
esta! —Le señala una y sonríe de oreja a oreja—. ¡Es una
Luna!
Observo en silencio como la cría sigue insistiendo en que
acepte su regalo, pero Luna se niega. Llevado por un
impulso, me acerco a ellas.
—Yo
—Y o qui
quiero
ero una —digo.
Maya se gira hacia mí sonriendo de oreja a oreja. Siento
lástima por ella. Para una cría de trece años, lo peor de
pertenecer a una familia de mafiosos es la soledad. Lagos y
Ness hacen todo lo que está en sus manos para que su hija
esté segura y a salvo, para que tenga una buena educación
y todos los cuidados, pero no es como si pudiese invitar a
sus amigas del colegio a jugar en la mansión o quedar con
ellas en un parque todas las tardes. Su vida es distinta a la
de las demás siempre
acostumbrada, niñas de su edad,
intenta atraery laaunque
atenciónyadeestá
los
demás hacia ella.
—¿Cuál te gusta? —pregunta, estirando sus brazos para
acercarme la caja.
Rebusco entre los distintos dijes metálicos hasta que
encuentro uno que me gusta, es una mariposa con las alas
extendidas.
—Este. —Se llo
o doy
doy..
—¡Genial! Te haré la pulsera más bonita que hayas visto
nunca.
Esbozo una pequeña sonrisa y le guiño un ojo.
—Estoy seguro de que será perfecta.
Luna
«¿Por qué tiene que ser tan d
«¿Por dulce
ulce y tierno?».
A veces olvido que bajo todos esos músculos y mirada
aterradora vive un hombre bueno y atento que siempre
intenta
siquieracontentar
pensé quea los demás.a Somos
negarme recibir tan distintos…
el regalo de laYocría
ni
podría dañar sus sentimientos, solo me di cuenta de ello
cuando Oscar intercedió. No estoy acostumbrada a pensar
en nadie más que en mí misma, y sí, eso hace de mí una
persona horrible y egoísta, pero es la única manera en la
que he aprendido a sobrevivir. «Cuanto más te importan los
demás, más sufres cuando se vuelven en tu contra».
Oscar sigue hablando con Maya, le dice de qué color
quiere la pulsera y la chiquilla le muestra entusiasmada
varias muestras y modelos. Estoy a punto de dejarme caer
sobre el sofá cuando suena el timbre. Nadie se mueve, así
que resoplo y camino hacia la puerta.
—No os molestéis en abrir, ya me encargo yo —mascullo
entre dientes en tono irónico.
Muy pocas
principal personas Todo
de la mansión. pueden llegar hasta
el perímetro está la puerta
vigilado y
hay varios guardias patrullando el exterior, de modo que, al
abrir la puerta y comprobar que es Angy, no me sorprendo
sorprendo..
—¿Qué haces tú aquí? —pregunto tras hacerme a un lado
para que el hijo de Alex entre corriendo en la casa sin ni
siquiera saludar.
—Hola a ti también —dice, y pasa al interior con la niña
en brazos.
Espero con la puerta abierta unos segundos por si Alex
viene tras ellos, pero no hay nadie. Cierro y la sigo hasta la
sala de estar, donde Maya y Lucas se están abrazando y
hablan casi a gritos de pura emoción. No sé cómo lo
aguantan. ¿Qué hay de bueno en tener hijos?
Nunca he tenido ni una pizca de curiosidad por saber qué
se siente al ser madre. Gritos, lloros, pañales, biberones y
después de eso adolescentes hormonales y contestones que
creen saberlo todo y no tienen ni puta idea de nada. No,
definitivamente lo de criar mocosos no es para mí.
Liz, la hija menor de Angy y Alex, estira sus brazos en
dirección a Oscar y este la coge enseguida. Si algo tengo
claro es que él sí sería un gran padre. «Tal vez lo sea algún
día». Ese pensamiento me provoca una especie de
quemazón en la boca del estómago. Puede que ahora
mismo nos tratemos como dos desconocidos, pero
imaginarlo con Raina, o cualquier otra mujer, formando una
familia con hijos, perro, casa con valla blanca y toda esa
mierda… ¡Maldita sea! No debería molestarme tanto. Él más
que nadie se merece ser feliz. ¿Por qué no puedo dejar de
pensar en mí misma por un momento?
pensar en mí misma
—¿Dónde por un —pregunta
está Alex? momento? Oscar con la cría
colgada de su cuello.
—Con un poco de suerte, en el fondo del río —masculla
Angy en voz baja y mirando de reojo a su hijo.
—¿Qué ha pasado esta vez? —Oscar también baja el tono
para que el chiquillo no los escuche.
La niña
tirando delno parece
cuello de enterarse dede
la camiseta demasiado, está ocupada
Oscar y mirando hacia
el interior, como si su pecho fuese la cosa más interesante
del mundo. Nadie puede decir que sea tonta. Esos
pectorales son dignos de admiración, incluso cuando apenas
levantas unos palmos del suelo.
—Todo y nada —responde Angy con un suspiro—. Ya
sabes cómo somos. Necesitaba salir de la finca o corría el
riesgo de asesinarlo con mis propias manos, y no me parece
justo dejar a mis hijos huérfanos de padre siendo tan
jóvenes. Quiero esperar al menos hasta que cumplan los
veinte. —Oscar esboza una pequeña sonrisa y sacude la
cabeza de un lado a otro.
Yo
Yo tampoco entiendo esa relación. Alex y Angy han
pasado toda la vida peleándose y al mismo tiempo parecen
quererse con locura. En realidad, creo que esa es la palabra
clave, «locura», están como putos cencerros. Aunque no
seré yo la que les diga cómo deben vivir sus vidas. Si a ellos
les funciona lo del amor y odio es su jodido problema.
—Angy, no sabía que vendrías —escuchamos la voz de
Zarco y todos nos giramos para verlo bajar las escaleras
junto a Bailey y la bebé.
Lo observo caminar con esa seguridad y no entiendo
cómo alguna vez pude arrastrarme tanto por él. Bueno, sí lo
entiendo, en ese momento me aferré a Zarco, a lo que él
me daba. Estaba acostumbrada a ser su mascota y
funcionaba para mí. Me hacía sentir cosas, aunque fuese
solo durante un rato. Además, está toda esa mierda del
agradecimiento por haberme sacado del mismísimo infierno,
eso—Vengo
influyó bastante.
en busca de asilo. —Angy señala a sus hijos con
gesto serio—. ¿Te importa si nos quedamos unos días por
aquí?
Zarco frunce el ceño y chasquea la lengua, contrariado.
—Siempre eres bienvenida, pero sabes que esto va a
traerme problemas con el cabrón de mi hermano, ¿cierto?
—¿Alguna vez no tienes problemas con él? —inquiere
Angy, arqueando una ceja con diversión.
—En eso tienes razón. ¿Cuánto tiempo crees que
tenemos antes de que aparezca por aquí amenazando a
todo el mundo?
Angy parece pensarlo unos segundos y se encoge de
hombros.
—No más de cuarenta y ocho horas. —Su teléfono suena
en el interior del bolsillo y hace una mueca con los labios—.
Veinticuatro —se corrige, e ignora la llamada.
—Llegaremos justo a tiempo para ver el espectáculo —
señala Bailey riendo—. Tenemos que irnos ya. —Me mira a
mí y después a Oscar—. ¿Listos?
Oscar le tiende la niña a su madre y asiente con la
cabeza. Yo no respondo, solo me pongo a andar en dirección
a la salida. Escucho como ellos se despiden ya desde la
puerta, y al echar la vista atrás, por un instante, me
pregunto qué se sentirá al saber que alguien se preocupa
por ti. Estoy segura de que nadie me echaría en falta si no
volviera de este viaje. Soy prescindible, incluso menos que
eso. Desvío la mirada hacia Oscar y exhalo con fuerza.
«Ahora ni siquiera a él le importo». Una vez más, la
sensación de quemazón me abrasa por dentro, pero no dejo
que mi máscara se derrumbe.
d errumbe.
—¡¿Nos vamos de una maldita vez?! —exclamo a voces.
Zarco me fulmina con la mirada, solo que no me importa.
Ya
Ya tendrá tiempo de hacer arrumacos con su mujer cuando
volvamos. Ahora solo quiero largarme de aquí y dejar de
sentir toda esta mierda. No la necesito.
Capítulo 24
Oscar
Paso todo el vuelo dibujando, Bailey no despega la vista de
la pantalla de su teléfono y Luna… En realidad, no estoy del
todo seguro de lo que hace, parece ausente, pensativa, o
puede que solo esté aburrida. Por más que intento
centrarme en los trazos
levanto la cabeza sobre el
de la libreta papel,
para cada Sus
mirarla. pocos minutos
manos me
tienen fascinado, o más bien lo que es capaz de hacer con
ellas.
¿Otra vez fantaseando con la paja que te hizo en el club?
Doy un respingo al escucharlo justo detrás de mí.
Enseguida asoma la cabeza por encima de mi asiento y
echa un vistazo a mi dibujo.
—¿Todo bien, Oscar? —me pregunta Bailey.
La miro a ella y después a Luna; parecen expectantes. Mi
sobresalto ha logrado llamar la atención de ambas. Asiento
e intento seguir dibujando como si no pasara nada, pero soy
incapaz de concentrarme cuando el maldito cabrón se
acomoda en el asiento vacío que hay junto a mí y empieza a
burlarse de lo que hago.
Otra obra de arte que nunca nadie va a ver. ¿No te
cansas de hacer el idiota? Sus manos, has dibujado sus
jodidas manos.
Suelta una carcajada y yo intento ignorarlo, aunque no lo
logro.
Prueba a dibujar su coño o esas tetas tan apetecibles. La
has visto desnuda tantas veces que podrías hacerlo de
memoria.
—Cierra la puta boca —siseo entre dientes.
Noto como el corazón me late a toda velocidad y mi
pierna tiembla de manera involuntaria. Me está alterando, y
eso nunca es bueno.
—Deja de decir que estás bien —escucho la voz de Luna
y en solo un segundo la tengo justo delante de mí—.
Estamos a tiempo de volver.
Clavo mi mirada en la suya y contengo el aliento. Es la
primera vez en tres semanas que se dirige a mí.
Tiene miedo de que la líes. ¿Vas a hacerlo? Sería
interesante. Otra opción es encerrarte en la habitación
privada del jet con ella y demostrarle que no puede
ignorarte y volver a hablar contigo cuando le plazca.
—¡He dicho que te calles, joder! —exclamo, alzando la
voz.
—¡Hey! —Luna chasquea los dedos frente a mi rostro y la
miro de nuevo—. Oscar, estamos encerrados en un avión a
miles de pies de altitud. No es un buen momento para que
pierdas el control.
¿En serio? ¿Eso es todo lo que tiene que decir la zorra?
No le importas, solo le preocupa salvar su propio culo.
Respiro
Res piro hondo por la nariz e intento tranquilizarme.
—Vete —siseo entre dientes.
Vete —Luna
—¿Qué? siseo entre dientes.
parece confusa, como si no esperara que
le dijera eso—. ¿Me estás hablando a mí?
—¿Ves a alguien más tocándome las pelotas? —suelto
con una exhalación—. Déjame en paz, joder. No vas a morir
hoy, si eso es lo que te preocupa.
—¡¿A ti qué mierda te pasa?! ¡Solo intento ayudarte!
—¡Nadie te lo ha pedido!
—¡Ya está bien! —grita Bailey—. Parad los dos. ¿Se puede
saber qué está pasando entre vosotros? Hace semanas que
os comportáis como dos idiotas.
¿Esta quién demonios se cree? Se folla al jefe y piensa
que puede dar órdenes.
—¿Y si pruebas a meterte en tus malditos asuntos, perra?
—replico, apretando los puños con fuerza.
—¿Qué acabas de decir? —Bailey me fulmina con la
mirada—. Vuelve a hablarme en ese tono y te demostraré
cuáles son mis asuntos. Me importa una mierda si escuchas
voces o ves unicornios de colores, Oscar. Un insulto más y
te lanzo desde el jodido avión. ¿Lo has entendido?
Esto se pone interesante. Veamos si es capaz de cumplir
su amenaza.
Abro la boca, pero enseguida vuelvo a cerrarla. Sacudo la
cabeza de un lado a otro e intento relajar mi respiración.
Luna y Bailey me observan expectantes. No están seguras
de cuál será mi siguiente movimiento y, a decir verdad, yo
tampoco.
Antes de cometer alguna estupidez más, me pongo en
pie y camino a toda prisa hasta el fondo del avión. Abro la
puerta de la única habitación y me encierro en su interior.
Paso el resto del vuelo sentado en el suelo, con las rodillas
encogidas, pegadas al pecho e intentando recuperar un
poco la cordura. Solo cuando noto que tocamos tierra me
atrevo a ponerme en pie y salir del habitáculo.
—¿Mejor? —pregunta Bailey, deteniéndose frente a mí de
camino a la puerta de salida.
Sí. Lo siento,
—Todo no quise
está bien, decir…
Oscar. —Coloca la mano sobre mi
hombro y estira una de sus comisuras—. Mantén al
monstruo encerrado un rato más, ¿quieres? Hace muchos
años que no veo a mi padre. Te necesito a mi lado,
centrado, no solo para protegerme, también para apoyarme.
Tomo
Tomo una respiración
respiración profunda y asiento.
asiento.
—Cuenta con ello. —Bailey vuelve a sonreír a medias y
sale del avión.
Cuando Luna pasa frente a mí estoy a punto de detenerla
y disculparme con ella también, pero no lo hago. Dejo que
se marche y la sigo escaleras abajo hasta la pista de
aterrizaje.
Un coche sin conductor nos espera a la salida del
aeropuerto. Me pongo al volante y sigo las indicaciones del
navegador hasta la base naval de San Diego. Luna sigue
ignorándome cuando llegamos, y Bailey pide hablar con su
padre. Me mantengo alerta ante cualquier peligro. Luna se
ha encargado de ir cegando las cámaras de las carreteras
por donde pasábamos; aun así, estamos demasiado lejos de
Phoenix. Si alguien se ha enterado de nuestro viaje
podríamos sufrir un ataque directo
directo..
Tras
Tras más de una hora de espera, al fin nos informan de
que el general James Bailey va a poder atendernos. No
estoy de acuerdo en que me desarmen, pero Bailey me
ordena que entregue mi pistola, de modo que, a
regañadientes, lo hago. Por supuesto, me quedo con el
cuchillo que llevo en el tobillo. No pienso dejar que la mujer
de nuestro líder y… ella entren en la guarida del lobo sin
nada más con qué protegerlas que mis manos desnudas.
Nos acompañan hasta un despacho y un hombre canoso,
vestido de uniforme y con más banderas en el pecho que
una convención de las Naciones Unidas, nos saluda de
manera fría antes de sentarse detrás del escritorio que
preside la estancia. Enseguida busco una posible salida.
A la derecha. Una ventana. En el caso de que la cosa se
ponga
sobre lafea, puedes romperla con el pisapapeles que hay
mesa.
Me fijo en el objeto, una especie de pájaro, puede que
sea un búho, y parece macizo. Coloco las manos
entrelazadas a mi espalda y dejo que Bailey dé los pocos
pasos que la separan de su padre.
—Has vuelto —dice el anciano, mirándola con el ceño
fruncido.
—Solo estoy de paso. Necesito información, general.
Capítulo 25
Oscar
El general permanece en silencio mientras su hija le
comenta que ha detectado el uso de los explosivos
implantables y alguien está comerciando con ellos en el
mercado negro. Yo lo observo con atención. Al mínimo
movimiento extraño
—Entonces, ¿has me abalanzaré
venido sobrepara
hasta aquí él. acusarme de
algo? —inquiere el viejo, frunciendo el ceño.
—No, general. —Bailey sigue tensa, con las piernas
entreabiertas y bien ancladas al suelo. Tiene la típica
postura de militar. Supongo que no puede evitar
comportarse de ese modo al estar frente a su padre—. Solo
quiero saber quién está traficando con armamento militar.
El general echa un vistazo en dirección a Luna y después
a mí antes de regresar la mirada a su hija mientras esboza
una pequeña sonrisa.
—¿Crees que no sé con quién te has estado relacionando
estos últimos años? El Clan Z. —Chasquea la lengua en un
gesto de desdén—. Me dejé la piel criando a una hija para
que sirviera a su país y ha terminado siendo la fulana de un
delincuente.
Doy un paso hacia delante con la mandíbula tensa y los
puños apretados. Nadie insulta a uno de los nuestros y
conserva su lengua. Bailey se da cuenta de cuál es mi
intención y se atraviesa en mi camino. Estoy a punto de
apartarla cuando escucho un golpe seco y después un
quejido de dolor. Ambos giramos la cabeza de golpe y Luna
nos sonríe, aún con el pisapapeles en la mano.
—¡¿Qué has hecho?! —exclama Bailey al ver a su padre
con un corte en la frente del que sale sangre a borbotones.
—Tu método no estaba siendo efectivo —responde Luna,
y deja el objeto sobre la mesa—. Seguro que después de un
buen golpe está más colaborativo. ¿V¿Verdad,
erdad, papi Bailey?
Estrecho mi mirada sobre ella y contengo una sonrisa. La
conozco bastante como para saber que su reacción no ha
tenido nada que ver con los métodos interrogatorios que
Bailey está usando. Al igual que a mí, el insulto de su padre
la ha enfurecido. Puede intentar ocultarlo, incluso meterse
con Bailey constantemente, pero Luna es de las que lucha
con uñas y dientes para defender a su familia.
—Voy a encerraros a todos en una celda el resto de
vuestros días. —Escucho un sonido metálico y apenas me
da tiempo a reaccionar.
El general levanta la mano, empuñando una pistola. Una
zancada, otra más y lo agarro por la muñeca. Ejerzo fuerza
sobre ella y el chasquido que produce me avisa de que le he
roto al menos un hueso. El anciano grita de dolor.
—¡Mierda! —exclama Bailey, y se dirige a la puerta para
bloquearla—. Seguro que lo han escuchado. No tardarán en
venir a… y entre
Resopla, Un golpe
ella en la madera
y Luna la corta
arrastran a media frase.
una estantería baja
para frenar la entrada de lo que supongo será un pequeño
ejército—. ¡Tenemos que salir de aquí!
Giro la cabeza en dirección al general. Lo sigo sujetando
por la muñeca. Se revuelve, gimiendo de dolor, pero no lo
suelto.
—Por la ventana —digo, y coloco mi otra mano alrededor
de su cuello—. Quiero un nombre. ¿Quién podría robar esa
tecnología y venderla sin que nadie lo notara?
—Yo —responde con un hilo de voz.
Miente. Arráncale la jodida garganta. Mejor aún, un ojo o
los dos.
Echo un vistazo en dirección a Bailey, que sigue
bloqueando la puerta.
—¿Puedo matarlo? —pregunto, apretando aún más su
cuello.
Ella bufa con fuerza y niega con la cabeza.
—No es una mala persona, solo un padre de mierda. Tal
vez algún día Nadia quiera saber de su abuelo y no me
gustaría tener que decirle que fui la responsable de su
muerte.
Frunzo el ceño mientras giro de nuevo la cabeza hacia el
general y aflojo el agarre en su garganta. Espero que la
pequeña Nad nunca tenga que lidiar con este hijo de puta.
—Dame un puto nombre —siseo, pegando mi rostro al
suyo mientras las gotas de sangre que caen de su frente
salpican mi antebrazo.
—No negocio con delincuentes —jadea, intentando
estirar la mano que le queda libre para apartarme.
Gruño y le doy un cabezazo en la nariz. Otro chasquido,
más gritos y los soldados aporrean la puerta con más
fuerza.
—¡Oscar! —grita Bailey.
Bailey.
—Sigue vivo —mascullo. Lo atraigo hacia mí y pego mi
boca a supara
segundos oídodarme
. Escúchame
cualquier bien, cabrón.que
información Tienes
creascinco
que
pueda sernos de utilidad. Después de ese tiempo nos
marcharemos, pero no creas que me olvidaré de ti. Puede
que sea en una semana, un mes, un año o incluso una
década, pero iré a buscarte. Piénsalo bien. Vas a vivir el
resto de tus días esperando el momento en el que un jodido
demente entre en tu casa por la noche y te use como a un
muñeco. Vas a ser mi juguete. Te haré sufrir tanto que
suplicarás que acabe con tu vida, y entonces seguiré
torturándote durante horas, puede que días, hasta que ya
no quede de ti nada más que piel y huesos.
Me aparto unos centímetros y clavo mi mirada en la
suya. Puedo ver el terror reflejado en sus ojos. Suelto su
cuello y lo empujo para dejarlo sentado en la silla.
—Jackson Black —susurra con una exhalación. La sangre
que cae de su nariz le cubre la barbilla y mancha la camisa
blanca de su uniforme—. Era teniente en esta misma base.
Descubrimos que estaba robando armamento
armamento..
—¿Dónde está? —inquiero, alzando la voz por encima de
los gritos que se escuchan al otro lado de la puerta.
—No lo sé. Cuando la Policía Militar fue a detenerlo ya
había huido. Nadie ha vuelto a saber nada de él.
—Puedo hacer algo con eso —dice Luna con la
respiración acelerada mientras sigue empujando la
estantería con todas sus fuerzas contra la puerta.
—¡Pues
Cojo la larguémonos
pistola del de aquí! —ordena
general y lanzoBailey.
el pisapapeles
ensangrentado por la ventana para romper el cristal.
De nada.
Lo ignoro y corro en dirección a la puerta.
—Yo me encargo, salid —digo mientras apoyo la espalda
contra la estantería.
Ellas se dirigen a la ventana. Bailey sale, y cuando Luna
está a punto de seguirla, por el rabillo del ojo veo que el
general mueve su brazo hacia arriba. Un segundo, eso es
todo lo que
Me mira tardo
a mí, en darme
sé quedva
arme cuenta matarme.
a intentar de que tiene otra pistola.
—¡Cuidado!
Todo ocurre
Todo ocurre demasiado deprisa, Luna corre
corre hacia él y el
general duda. Mi corazón se detiene. Mis piernas se mueven
sin que ni siquiera tenga que dar la orden para que lo
hagan. Escucho la detonación justo cuando me lanzo hacia
delante y empujo a Luna de la trayectoria de la bala.
Caemos al suelo y siento la quemazón en mi abdomen. Me
ha dado.
Luna
Aturdida y con la respiración acelerada, logro sacarme a
Oscar de encima y me pongo en pie de un salto. Miro con
rapidez a papi Bailey por si vuelve a disparar, pero en algún
momento Bailey ha vuelto a entrar por la ventana, ha
desarmado a su padre y lo está encañonando.
—¿Vas a matarme? —le pregunta él.
—Yo salvo vidas, no las arrebato —masculla furiosa.
Vuelvo a agacharme junto a Oscar. Siento como el terror
me atenaza la garganta. Apenas soy capaz de respirar
mientras lo giro para comprobar cómo se encuentra.
—Estoy bien —susurra, y sus ojos oscuros se clavan en
los míos.
Exhalo con fuerza y noto la gran mancha roja que
empapa
—¡Te su
hacamiseta.
dado, joder! —Levanto la prenda y compruebo
que la bala solo le ha rozado el costado. Tiene una especie
de arañazo grueso y con los bordes de la piel quemados.
—¡¿Cómo está Oscar?! —pregunta Bailey.
—¡Bien! —Bajo la camiseta y un golpe fuerte en la puerta
hace temblar las paredes—. ¡Están a punto de entrar!
Bailey saca la cabeza por la ventana y masculla una
maldición.
—Nos están rodeando. ¡Hay que irse ya!
—¿Puedes levantarte? —le pregunto a Oscar, aún con la
garganta cerrada por el miedo.
Asiente y tiro de su mano para ayudarlo a ponerse en
pie. Escucho su gruñido cuando pasamos frente al cabrón
que acaba de dispararle. Estoy segura de que le encantaría
matarlo con sus propias manos. Yo, sin duda, lo disfrutaría
mucho, pero no tenemos tiempo para eso.
Bailey sale de nuevo y Oscar apunta al general mientras
me cubre con su cuerpo.
—Vamos a volver a vernos —sisea, y me empuja en
dirección a la ventana.
Aunque intenta soltarme, no dejo que su mano se aparte
de la mía. Tiro de él hacia fuera y echamos a correr tras
Bailey. Un grupo de militares nos persiguen y empiezan a
disparar, sin embargo, no nos detenemos hasta llegar a la
salida. Oscar abate a varios guardias que custodian la
puerta y no tardamos en meternos en el coche y salir a toda
velocidad.
Capítulo 26
Oscar
Estoy herido, pero no es nada grave. Observo los dedos de
Luna entrelazados con los míos. No me ha soltado desde
que salimos de la base militar. Bailey tuvo que conducir
porque Luna me empujó a la parte trasera del vehículo sin
darme
—Tetiempo
echaréa negarme.
un vistazo a eso —dice Bailey en cuanto
subimos al jet y da la orden para que el piloto despegue.
Noto como la mano de Luna se tensa y la miro de reojo.
reojo.
—Yo me encargo —sisea entre dientes, y tira de mí hacia
la habitación.
No digo nada cuando cierra la puerta y me insta a que
me siente en el borde del colchón. Nuestras manos se
separan y no puedo evitar sentir una especie de sensación
de pérdida. Luna entra en el pequeño baño y regresa pocos
segundos después con un botiquín.
—¿Quieres que me la quite? —pregunto, tirando del
borde de mi camiseta hacia arriba.
Asiente y deja varios apósitos y desinfectantes sobre la
cama antes de arrodillarse delante de mí.
Esto se pone interesante.
Trago
Trago saliva con fuerza y mi polla se alza en respuesta.
Mantengo mis manos sobre el colchón al notar su tacto en
mi abdomen. Es ella quien me quita la camiseta y después
limpia la herida de mi costado con mucho cuidado. Inspiro
hondo por la nariz y suelto el aire por la boca muy despacio.
No hay nada que pueda hacer para ocultar mi erección,
aunque ella está tan concentrada en su tarea que no parece
notarla. En cuanto me pone el apósito, intento levantarme.
—Espera, aún no he terminado —dice, empujándome
hacia abajo. Su mano está en mi muslo, tan cerca de mi
polla que resulta casi doloroso.
¿En serio vas a salir huyendo? Esta es tu maldita
oportunidad. Fóllala
Fóllala de una vez.
Gruño en voz baja y Luna me mira desde abajo,
frunciendo el ceño.
—¿Estás bien? —Asiento con el corazón retumbando con
fuerza en el interior de mi pecho—. Has tenido mucha
suerte de que la bala solo te rozara.
—Es
—¿A culpa tuya
qué te —siseoIntenté
refieres? entre dientes.
desármalo cuando vi que
tenía una pistola.
—Exacto. Te dije que te marcharas y no me hiciste caso.
Si no me llego a cruzar en la trayectoria de la bala, ahora
estarías muerta.
Se me queda mirando unos segundos con la boca
abierta, después pestañea rápido y su rostro se contrae de
furia.
—Eres imbécil —masculla, y se pone en pie, gracias a
Dios.
En eso estoy de acuerdo con la zorra. La tienes
arrodillada, a solo un paso de meterle la polla hasta el
esófago y decides cabrearla. Eres un puto idiota.
Su comentario me enfurece, y como no puedo
destrozarle la cabeza a alguien que solo existe en mis putos
delirios, lo pago con la única persona real que está delante
de mí.
—Así es como te gustan, ¿verdad? —suelto, y me levanto
de un salto—. Solo los imbéciles logran llamar tu atención.
Está a punto de marcharse, pero se da la vuelta y me
fulmina con la mirada.
—Si estás hablando de Rai…
—Rai, Gambo, Zarco y muchos más. No importa cómo se
llamen, mientras te traten como una mierda es suficiente
para que los metas en tu cama.
—¿Sabes? No creo que sea de tu maldita incumbencia a
quién me follo. Aunque ese es el puto problema, ¿verdad?
Odias que ellos hayan tenido algo que jamás será tuyo.
¡Haz callar a esa puta!
Doy un paso hacia ella con todo el cuerpo en tensión.
—No lo he tenido porque lo he rechazado. ¿Tengo que
recordarte que me ofreciste sexo a cambio de que no me
marchara a la finca?
—Y, aun así, lo hiciste. —Sonríe de esa forma tan dañina
y sus ojos azules brillan por la furia contenida—. Perdiste tu
oportunidad y nose
No dejes que volverás
vaya. a tener otra.
Se gira para marcharse, pero la detengo sujetándola por
el brazo.
—¡¿Qué mierda haces?! ¡Suéltame!
—Esto es lo que te gusta, ¿no? —Tiro de ella y la pego a
mi cuerpo—. Disfrutas dejando que cualquier idiota te trate
como un pedazo de carne. No te importa arrastrarte por
ellos.
Eso es, ahora empújala contra la pared y…
Sacudo la cabeza de un lado a otro para apagar su voz.
Gruño y coloco mi mano en la nuca de Luna.
—¿Qué estás haciendo, Oscar? —susurra contra mis
labios—. Tú no eres así.
—Tal vez no me conozcas tan bien como crees. Estoy
harto de tus juegos de mierda, de que me ignores por
semanas y después arriesgues tu vida para salvar la mía,
las curas, arrodillarte delante de mí poniéndome la cara
justo delante de la polla… La pregunta es: ¿Qué carajos
quieres de mí?
Su mirada se suaviza y noto como su cuerpo se relaja
entre mis brazos. Por un instante incluso parece como si…
No puede ser, ¿o sí?
Claro que sí, imbécil. Te está suplicando con la mirada
que la beses. ¡Hazlo de una maldita vez!
Con la respiración acelerada, deslizo la mirada hacia sus
labios. ¡Quiero hacerlo, carajo! He soñado con este
momento toda mi vida. Luna coloca la mano en el centro de
mi pecho y estoy seguro de que puede notar cada uno de
los desbocados latidos de mi corazón.
—Esto no es buena idea —susurra.
Vuelvo a mirarla a los ojos.
—Entonces dime que pare y lo haré.
Un segundo, dos, tres, cuatro, cinco… Mi corazón late
aún con más fuerza. Su lengua asoma entre sus labios
abiertos para
¡Hazlo! humedecerlos.
¡Maldita sea, hazloDiez,
ya! once, doce, trece…
Quince, dieciséis… Con un gruñido profundo, estrello mi
boca contra la suya.
Luna
Oscar me está besando, y no es dulce o cariñoso. Sus
labios presionan contra los míos y noto como su lengua se
abre paso en el interior de mi boca. Me empuja con fuerza y
mi espalda golpea la pared. Soy consciente del error que
estoy cometiendo. Debería apartarlo de mí, pero no lo hago.
Subo mis manos hasta sus hombros anchos y rodeo su
cuello con los brazos, poniéndome de puntillas para atraerlo
más hacia mí.
Vuelve a gruñir y hunde su lengua en mi boca aún más
profundo. Sus manos grandes y ásperas me raspan la piel
en la zona de la cintura. Se aprieta más contra mí y no
puedo evitar que se me escape un gemido cuando su
erección se clava en mi bajo vientre. Rompe nuestro beso y
su mirada encendida se clava en la mía.
—Quiero follarte tan fuerte… —Desliza sus manos por
mis costados hasta llegar a mis pechos, los estruja y amasa
sin apartar la mirada de mi rostro—.
rostro—. Intento contenerme con
todas mis fuerzas, Luna. Juro que lo hago, pero tu actitud de
mierda no ayuda. Cada vez que te acercas, solo puedo
pensar en desnudarte y meterte la polla por todos los
jodidos agujeros de tu
tu cuerpo.
Dejo de respirar y un calor húmedo y abrasador se
instala entre mis piernas. Quiero pedirle que lo haga, que
me use para cumplir todas esas fantasías que tiene
conmigo, pero de mi boca no sale ni una sola palabra. Un
nuevo gruñido reverbera contra mi clavícula cuando baja la
cabeza y empieza a besar y mordisquear mis hombros,
después más arriba en mi cuello, clava los dientes con
fuerza y gimo
—Oscar otra vez.aunque en realidad no sé qué es lo
—susurro,
que quiero decirle.
Desliza la lengua por mi cuello, dejando un rastro de
humedad a su paso, y una de sus manos se adentra en mi
pantalón. Cierro los ojos y echo la cabeza hacia atrás
cuando sus dedos acarician mis pliegues.
—¡Santo Cristo! Estás empapada —gruñe de nuevo, y
empuja los dedos hacia mi entrada—. Vas a volverme loco.
Casi río. Ya está loco y yo no tengo nada que ver con eso,
creo. Giro la cabeza y esta vez soy yo la que busca su boca
mientras sus dedos se adentran aún más en mi interior.
Nuestras lenguas se enredan y bebo de su aliento. Nunca
nadie me ha hecho sentir así, tan… deseada. Creo que por
eso lo estoy disfrutando tanto. Oscar no está buscando su
propio placer, no ha hecho un solo intento de rozarse contra
mí para encontrar alivio a pesar de la enorme dureza que
reposa contra mi vientre. Quiere que sea yo quien lo
disfrute.
—Más —susurro contra sus labios.
Una sonrisa ilumina su rostro y mueve los dedos con más
fuerza, dentro y fuera y dentro de nuevo.
—Vas a correrte en mi mano, ¿verdad? —Asiento y cierro
los ojos con fuerza—. ¡Mírame! —ordena en tono brusco y
con voz grave. Lo hago de inmediato—. No vas a apartar la
mirada mientras te corres. —Gimo en alto y un latigazo de
placer me recorre la columna vertebral—. Eso es, ¿más
rápido?
—Sí —pido, casi suplico.
Oscar empuja sus dedos hasta el fondo y los curva,
tocando esa parte sensible que me hace estallar en mil
pedazos. Me aferro a su antebrazo, le clavo las uñas y no
dejo de mirarlo a los ojos mientras el orgasmo más intenso
que he sentido nunca recorre cada centímetro de mi cuerpo.
Capítulo 27
Oscar
Saco la mano del interior de sus bragas sin poder apartar la
mirada de la suya. Me siento exultante. ¿Cuánto tiempo
llevo soñando con esto? Ni siquiera soy capaz de recordar la
primera vez que fantaseé con tener a Luna así,
deshaciéndose entre demis
acelerada y un brillo brazos, posorgásmica
satisfacción con la respiración
en los
ojos que casi hace que me corra en los pantalones.
Acerco los dedos a mi boca y los lamo despacio,
saboreándola a ella. Su mirada se enciende aún más y
esbozo media sonrisa con el corazón latiendo a toda
velocidad. Estoy tan duro que el simple roce de mi polla
contra la tela del pantalón resulta una verdadera tortura.
¿A qué esperas? Dale la vuelta y métesela hasta el
fondo. Atraviésala como a una jodida brocheta.
Inspiro hondo por la nariz e intento tranquilizarme y
contener mis impulsos. No quiero cagarla ahora. Acaricio su
mejilla con suavidad y acerco mi rostro al suyo con
intención de besarla. Noto como todo su cuerpo se tensa en
respuesta.
Demasiado tarde, idiota. Va a rechazarte. Sabes que lo
hará.
Me aparto, conteniendo el aliento, y frunzo el ceño. «Es
cierto. Va a rechazarme».
Hazlo de todos modos. Es tuya. Oblígala a…
Gruño con fuerza y retrocedo unos cuantos pasos. No voy
a forzarla a nada que no quiera hacer, y tampoco creo estar
preparado para soportar su rechazo. «¡Va a doler, maldita
sea!». Es posible que ni siquiera pueda contenerme y acabe
cometiendo alguna locura. Cierro los ojos y pienso en
mariposas. Necesito calmarme.
—Ahora estamos en paz —siseo entre dientes cuando
creo haber recuperado un poco más de control.
Luna pestañea un par de veces y estrecha su mirada
sobre mí. Parece confusa.
—¿Cómo dices?
—Te he devuelto lo que me hiciste en el Madness.
Estamos en paz —repito.
Su mirada se desliza por mi torso desnudo y más abajo,
donde mi erección sigue siendo más que notable.
—¿Tú…?
—Llevo toda la vida ocupándome de mí mismo. Sal de
aquí.
Ese brillo en sus ojos desaparece y da paso a algo
parecido al arrepentimiento
arrepentimiento o, peor aún, lástima.
—Oscar…
—¡Lárgate de una maldita vez! —gruño, apretando los
puños con fuerza—. No voy a darte otra oportunidad. Te
advertí que mantuvieras las distancias.
Luna resopla y se acomoda la melena azul con la mano
antes de clavar su mirada en la mía.
—¿Esto es una venganza por lo que pasó con Rai?
¿Quieres demostrar que tú también puedes usarme?
—¿Usarte? —suelto, esbozo una falsa sonrisa y señalo mi
entrepierna—. Soy yo el que va a terminar el día con un
dolor de huevos impresionante. ¿Dónde ves que te haya
usado? —Doy un paso hacia ella, pero me detengo antes de
llegar a tocarla—. Nunca vuelvas a compararme con ese hijo
de puta traidor.
traidor. Debí matarlo antes de que llegara a ponerte
un dedo encima.
—¿Por eso te fuiste? Fue tu castigo por haberme
acostado con él, ¿verdad? Me abandonaste.
Respiro
Res piro hondo y trago saliva con fuerza.
—No, Luna. Me marché a la finca porque al enterarme de
que tú y él… —Sacudo la cabeza de un lado a otro.
—Quisiste matarlo —intenta adivinar.
—¡No, maldita sea! ¡Quise matarte a ti! —Sus ojos se
abren como platos—. Por primera vez en toda mi vida,
mientras ese cabrón bromeaba delante de todos de lo bien
que sabes usar la lengua, quise hacerte daño por
permitírselo, por no cabrearte, por no romperle la puta
cabeza solo por hablar así de ti.
El silencio cae sobre nosotros. En la habitación solo se
escucha mi respiración acelerada.
—¿Aún quieres hacerme daño? —Su pregunta me toma
por sorpresa.
Regreso
el cuerpo enlatensión.
mirada a su rostro con el ceño fruncido y todo
—A veces sí —respondo con sinceridad.
—Tal vez eso sea justo lo que merezco. —Esta vez es ella
la que da un paso hacia mí. Ladea la cabeza y me observa
con una pequeña sonrisa tirando de sus labios—. Sea lo que
sea que crees sentir por mí, mátalo. Soy demasiado egoísta
para prescindir de ti, Oscar. Te necesito en mi vida y lo que
menos deseo es hacerte daño.
—No puedo —mascullo, y tomo una respiración profunda.
Aún noto su sabor en mi boca y me está volviendo loco—.
Estoy al límite. Si te tengo cerca no creo ser capaz de
contenerme. Por
Por eso te pido… No, te suplico que mantengas
las distancias. No me busques, ignórame. Haz todo lo que
esté en tus manos para evitarme.
—Me estás pidiendo que renuncie a lo único bueno y
verdadero que he tenido en mi vida —susurra con un hilo de
voz.
—¡No, carajo! ¡Te estoy salvando! No quieres saber en
qué me puedo convertir si dejo de contenerme.
Estrecha su mirada sobre mí y se cruza de brazos.
—No vas a lastimarme.
—Te destrozaré. Hay un jodido monstruo dentro de mí
que te desea tanto… —Bufo y paso la mano por mi pelo en
un gesto de frustración—. Irá a por ti. No te dejará salida.
Matará a cualquiera que se interponga en su camino hasta
lograr lo que quiere.
—¿Y qué es lo que quiere?
—A ti, cada pequeña parte, todos los pedazos y sin
importar el estado en el que se encuentren. Puedo pasar de
ser tu mejor amigo a tu peor pesadilla, depende de ti
evitarlo.
Luna
No puedo sacarme de la cabeza las palabras de Oscar y
tampoco lo que ocurrió entre nosotros. Una parte de mí
sabe que lo mejor para ambos es que él se haya detenido,
sin embargo, la otra, la más osada e irresponsable aún se
sigue lamentando por no haber forzado más la situación y
obligarlo a follarme allí mismo.
No hubo más palabras entre nosotros durante el resto del
vuelo. Yo regresé junto a Bailey, que si supo lo que había
ocurrido en esa habitación no comentó nada al respecto, y
Oscar no salió hasta que aterrizamos.
aterrizamos.
Incluso ahora, mientras detiene el todoterreno justo
delante de la puerta principal de la mansión, no me dedica
ni una sola mirada. Nos dirigimos a la entrada y soy incapaz
de librarme de esta sensación de pérdida y ahogo que se ha
instalado en mi garganta desde que lo escuché decir esas
últimas palabras: «Puedo pasar de ser tu mejor amigo a tu
peor pesadilla, depende de ti evitarlo».
Pablo se encarga de abrirnos la puerta y pierdo el hilo de
mis pensamientos al escuchar unos gritos que provienen del
interior. Bailey se detiene en el recibidor y arquea una ceja
de manera interrogante. Sé que ha puesto al corriente a
Zarco de lo ocurrido en San Diego, pero dudo que él tenga
algo que ver con todo este escándalo.
—Alex está aquí —informa Pablo.
—Ahora todo tiene sentido —masculla Bailey con un
suspiro.
Nos adentramos en la casa, siguiendo el sonido de las
voces. Lagos, Ness, Lina y Zarco observan con atención a la
pareja, que parece estar a punto de abalanzarse el uno
sobre el otro.
—¡Maldita sea, no puedes largarte sin más y llevarte a
mis hijos! —grita Alex.
Angy arquea una ceja, esbozando una sonrisa burlona sin
bajar los brazos, que mantiene cruzados sobre el pecho.
—Puedo hacer lo que me apetezca. No eres mi jodido
dueño, Alex.
La mirada
—Retira que
eso le lanza
—sisea Alex no augura nada bueno.
furioso.
—No.
Da un paso amenazante hacia ella y, en vez de
retroceder,
retroceder, Angy alza la barbilla con chulería.
—Escúchame bien. —La sujeta por la nuca y la atrae
hacia él—. Soy y siempre seré el jodido dueño de todo lo
que eres, toques o respires.
respires.
—Buscad una habitación —sugiere Bailey, atrayendo
todas las miradas.
Zarco se acerca en unas pocas zancadas y la abraza con
fuerza.
—¿Estás bien? —le pregunta.
Bailey asiente sonriendo.
—De una sola pieza. ¿Dónde está Nadia?
—La pelirroja la ha secuestrado —responde Lina sin dejar
de observar a Alex y Angy, que siguen discutiendo al
margen de los demás.
De pronto, él se agacha y la carga sobre su hombro.
—¡¿Qué mierda estás haciendo?! ¡Alex, bájame!
El muy cabrón le da un azote en el trasero con fuerza y
esboza una sonrisa canalla.
—Voy
—V oy a seguir el consejo de mi querida cuñadita y buscar
una habitación.
—¡Ni se te ocurra! ¡Hijo de puta! ¡Déjame!
—¡Intenta no romper nada esta vez! —grita Zarco
mientras Alex sale de la sala de estar cargando a su mujer
en el hombro y ella intenta revolverse y le da puñetazos en
la espalda.
Es increíble lo normalizado que está en esta familia que
ocurran este tipo de situaciones. No es extraño ver a Lagos
cargar a Ness sobre el hombro cuando pierde los papeles o
que Zarco y Bailey discutan a gritos delante todos, aunque
lo de Alex y Angy sobrepasa los límites de lo aceptable. Son
dos trenes de mercancías que cuando colisionan arrasan
con todo lo que les rodea.
Siempre
alguien me he preguntado
tan pendiente qué en
de una misma se todo
sentirá al tenerLos
momento. a
hombres del Clan Z son celosos, controladores y bastante
tóxicos,
tóxicos, pero si en algo sobresalen es en la intensidad con la
que aman y cuidan a sus mujeres. A mí nunca nadie me ha
celado de esa manera. Ni siquiera cuando Zarco y yo
jugábamos a estar juntos. A él le importaba una mierda si
me acostaba o no con otros.
Miro de reojo a Oscar y sus palabras resuenan en mi
mente: «No quieres saber en qué me puedo convertir si dejo
de contenerme». ¿No quiero saberlo? Sacudo la cabeza de
un lado a otro y respiro profundo. No, Oscar es demasiado
bueno para mí. No se merece seguir enganchado a alguien
como yo. Lo quiero a mi lado como siempre, como mi
amigo, nada más que eso.
Capítulo 28
Luna
Después de comer algo y darme una ducha, paso toda la
tarde encerrada en la biblioteca buscando información sobre
el tal Jackson Black. El tipo resulta ser bastante escurridizo.
El FBI, la CIA, INTERPOL… Casi todas las agencias de
defensa gubernamentales nacionales y extranjeras llevan
años tras su pista. Lo acusan de traición, tráfico de armas y
una docena de delitos más que, en caso de que lleguen a
apresarlo algún día, le garantiza pasar el resto de su vida en
la cárcel con suerte, la otra opción es la pena de muerte.
Intento seguir su rastro, pero parece como si la tierra se lo
hubiese tragado.
Estoy a punto de darme por vencida y hacer un descanso
cuando la puerta se abre y Angy entra en la biblioteca con
pinta de estar bastante cabreada.
—¿Ya ha terminado la batalla porno? —mascullo,
volviendo a centrar la vista en la pantalla—. ¿Quién ha
ganado esta vez?
—¡Guárdate tus comentarios de mierda! —Levanto la
cabeza sorprendida, y algo confusa también—. ¡Solo te pedí
una maldita cosa, Luna! ¡Una sola!
—¿Y si dejas de gritar y me explicas de qué demonios
hablas? —sugiero, arqueando una ceja.
Angy respira hondo y se cruza de brazos.
—Lina. Beni. ¿Te suena de algo?
—¿Qué pasa con ellos? Tengo entendido que a la
muchacha le va bien trabajando en el Madness.
—¡Claro que sí! Tan bien le va que se acuesta con el jefe,
justo lo que te pedí que evitaras.
Suspiro y dejo el portátil sobre la mesa baja antes de
recostarme
recostar me hacia atrás en el sofá.
—Le advertí a Lina sobre Beni, hice lo que me pediste.
—Entonces, ¡¿por qué mierda han pasado toda la tarde
lanzándose miradas provocativas?! ¡Solo un idiota no se
daría cuenta de que ahí hay algo!
—¡¿Y qué pretendes que haga yo?! ¡Son adultos, carajo!
Si quieren follar, van a hacerlo. ¿Le compro un cinturón de
castidad a Lina? O mejor aún, le damos bromuro a Beni, que
no se le levante y asunto resuelto. —Resoplo
—Resoplo y me pongo en
pie—. ¿Por qué te importa tanto lo que hagan esos dos?
Entiendo
advertida. que quieras
Si quiere proteger
meterse a Lina,
en la boca peroesha
del lobo sido
su puto
problema.
—¡No es eso, maldición! —Bufa con fuerza y se frota el
rostro con las manos—. ¿Sabes dónde está Beni? Tengo que
hablar con él.
Echo un vistazo al reloj de pared que hay sobre el marco
de la puerta y me encojo de hombros.
—Lo más probable es que esté en el Madness. Siempre
es el primero en llegar. ¿No vas a decirme qué es lo que
está pasando?
—No es asunto tuyo. Lo resolveré por mi cuenta —
farfulla. Desvía la mirada a mi ordenador—. ¿Has
encontrado algo del militar huido? —No me sorprende que
esté enterada de la situación. Lo más probable es que
Bailey los haya puesto a todos al corriente.
—El hijo de puta es una sombra. Lo buscan en la mayoría
de países conocidos y nadie ha logrado dar con su paradero.
paradero.
—Contacta con los Novoa —sugiere.
Frunzo el ceño, confusa, pero recuerdo que en las últimas
semanas Alex y Angy se han encargado de suministrar las
armas que pidieron los españoles.
—¿Qué tienen? —inquiero.
—inquiero.
—Una técnica increíble. Se llama Ana. Es un jodido genio
de la informática y la seguridad. He estado en contacto con
ella los últimos días y, según tengo entendido, se le da
bastante bien esquivar la seguridad de organismos públicos.
—¿Cómo el FBI? —pregunto, esbozando media sonrisa.
—Por ejemplo. Tendrás acceso a los archivos cifrados. No
sabrás dónde está, pero sí tendrás un punto de partida.
Asiento. A veces olvido lo inteligente que es Angy. Me
enseñó todo lo que sé sobre sistemas y software. Yo lo hago
bien, pero por más que me esfuerce, jamás lograré
superarla.
Oscar
Decir que me siento inquieto o nervioso sería el jodido
eufemismo del año. Estoy alterado, a punto de explotar, y
temo lastimar a alguien cuando ocurra. Sentado en el centro
de la cama, tomo aire por la nariz y lo suelto por la boca con
lentitud. Intento centrarme en mis propios pensamientos e
ignorar todas las voces.
—Mariposas —susurro, y vuelvo a inspirar—. Solo son
mariposas.
¡Dios santo, si vuelvo a escucharte decir esa puta
palabra me tiraré del balcón!
Resoplo y lo veo junto a la cómoda, haciendo muecas y
poniendo los ojos en blanco. No me molesto en pedirle que
se marche, sé que no lo hará.
Deja ya el jodido drama. Le metiste los dedos hasta la
matriz, la zorra se corrió y después la mandaste a la mierda.
Tal como yo lo veo, no ha estado mal del todo. Ahora solo
tienes que repetirlo, pero esta vez con la polla. Poco a poco,
primero mátala a polvos y lo demás ya llegará.
Gruño y sigo respirando de forma pausada, aunque las
voces no se detienen.
A no ser que pienses que necesitas un correctivo. En ese
caso…
—Cállate —siseo entre dientes. Me pongo de pie y las
voces en mi cabeza se vuelven aún más notorias. Todas al
mismo tiempo, solapándose entre ellas—. ¡Callaos todos!
Necesitas un correctivo. Vas a perder el control. Matarás
a alguien. La matarás a ella. No lo hagas. No lo necesitas.
Solo tienes que respirar. Piensa en las mariposas. Respira.
¡Ve a buscar a esa zorra! Entra en el armario. No dejes que
te controle. ¡No! ¡El armario no!
Al abrir de nuevo los ojos, soy consciente de que me he
movido, estoy en el vestidor y mantengo la pequeña puerta
de madera abierta. El corazón me late con tanta fuerza que
casi soy capaz de escucharlo. En el interior del armario solo
hay oscuridad.
Necesitas un correctivo, Oscar. Acabarás haciendo lo
mismo que tu madre.
Esa última voz es la que más logra afectarme. Es su voz,
la del maldito hijo de puta que me atormenta en mis
pesadillas. Tomo una respiración profunda y me agacho para
entrar en el armario. Voy a hacerlo. Lo necesito.
—¡Oscar, ¿estás ahí?! —Muevo la cabeza de un lado a
otro—. ¿Oscar? —Es Lagos, o al menos eso creo.
Salvado por el santurr
santurrón.
ón.
Cierro la puerta y muevo la ropa que está colgada para
ocultar el armario antes de salir del vestidor. Al regresar al
dormitorio, me doy de frente con Lagos.
dormitorio,
—¿Qué quieres? —pregunto, aún con los puños
apretados.
Retrocede un par de pasos y me mira, frunciendo el
ceño.
—¿Estás bien? Te estuvimos esperando para cenar.
Echo un vistazo en dirección a la ventana. Ya ha
anochecido. «¿Cuánto tiempo llevo encerrado aquí?».
—Estoy bien —respondo de manera mecánica.
—Ya, pues no lo pareces. ¿Quieres que llame a Luna?
Está en el club. Puedo decirle que venga y…
—¡No! —exclamo
—exclamo con un gruñido bajo.
—Está bien, hermano. —Lagos alza ambas manos en el
aire para intentar tranquilizarm
tranquilizarme.
e.
Las voces cobran aún más fuerza. Las escucho tan claras
que siento como si mi cabeza estuviese a punto de estallar.
estallar.
¿Qué mierda hace Luna en el Madness? Estará follando
con cualquiera, como siempre. ¿Te extraña? Tuviste la
oportunidad de hacerlo y la dejaste escapar. ¡Ve a por ella!
¡No! ¡Al armario! Necesitas un correctivo.
—¡Largaos!! —grito, perdiendo el control.
—¡Largaos
Lagos retrocede despacio con las manos estiradas hacia
mí. Lo observo mientras intento recuperar el aliento, pero
las
dan malditas hijas de puta que viven en mi cabeza no me
un solo respiro.
Ve a por ella. ¡Ahora! Solo Luna puede tranquilizarte.
Su voz suena por encima de las demás y noto su
presencia a mi espalda.
¡Ahora! Antes de que te encierren en la habitación.
¡Corre!
Mis piernas se mueven sin que tenga que ordenárselo.
Me dirijo a la salida a toda prisa.
Eso es. Deja que yo me ponga al mando. Vamos a
pasarla bien esta noche.
—¡Oscar, no! —Aparto a Lagos de un empujón y echo a
correr por la casa.
Capítulo 29
Luna
—¡¿Cómo que ha perdido el control?! —maldigo en voz
baja mientras intento mantener el equilibrio sobre los
zapatos de tacón que he decidido ponerme a juego con mi
vestido negro y corto.
de No eratoda
pasar mi intención
la noche acudir
mirandoal el
Madness,
techo depero la sola idea
mi habitación y
culpándome por lo que ocurrió en el jet me hizo
replantearme mi decisión. Al fin y al cabo, bailar y
emborracharme nunca ha sido un mal plan, aunque me
arrepiento de haberme bebido esa media botella de tequila.
No creo estar en condiciones de tratar con Monstruo en mi
estado.
—Lo encontré en su habitación, con la mirada perdida —
me informa Lagos, y aprieto con más fuerza el teléfono
contra mi oreja para poder escucharlo a pesar del volumen
de la música.
—¿Por qué no lo e
—¿Por encerraste?
ncerraste? Po
Podría
dría haber ido…
—¡Lo intenté, carajo! Estaba a punto de hacerlo, pero me
empujó y se marchó corriendo.
—¡¿A dónde?!
—No lo sé. Se subió a su moto y desapareció. Zarco ha
ordenado que lo busquen. Eso fue hace más de media hora
y no hemos podido dar con él.
—¿Y solo me avisas ahora?
—He estado ocupado.
Estoy a punto de replicar cuando una cabeza morena
aparece en mi campo de visión. Me muevo hacia un lado y
enseguida reconozco su espalda ancha y esa pose agresiva
y amenazadora que hace que todas las personas que lo
rodean se aparten para dejarlo pasar.
—Dejad de buscarlo. Está aquí —digo, y cuelgo la
llamada sin prestar atención a la respuesta de Lagos.
Guardo el teléfono en mi pequeño bolso de mano y mi
primer instinto es acercarme a él, pero me detengo. No sé
cómo reaccionará después de todo lo que ha pasado entre
nosotros. «A veces sí». Esa fue su respuesta cuando le
pregunté si aún quería hacerme daño. ¿Es posible que…? Se
gira de golpe y su mirada se cruza con la mía. «No. Puede
que Monstruo haya tomado el control, pero Oscar sigue ahí
dentro y jamás
Empiezo me lastimaría».
a caminar hacia él sin apartar la mirada de su
rostro.
rostro. Oscar ladea la cabeza despacio, primero a la derecha
y después a la izquierda. Un paso, otro y después otro más.
Me concentro en mantener la espalda recta y mover una
pierna tras otra hasta que solo un par de metros nos
separan. Oscar sacude la cabeza, su mandíbula se tensa y
levanta una mano para detener mi avance.
—No —aunque no puedo escucharlo, le leo los labios.
Doy un paso más y niega con la cabeza. Su rechazo se
siente
Siemprecomo una acercarme
me deja jodida cuchilla atravesando
cuando mis entrañas.
pierde el control. Hasta
ahora yo era la única capaz de tranquilizarlo y devolverlo a
la realidad. Retrocedo de espaldas y su gesto se relaja. Eso
es aún más doloroso. Ya no solo no me necesita, también
prefiere
prefier e mantenerme lejos.
Regreso a mi mesa y él se queda ahí, mirándome desde
lejos. No se mueve, no aparta los ojos de mí, parece
completamente fuera de la realidad. El tiempo sigue
pasando y no sé qué hacer. Tengo que traerlo de vuelta
antes de que haga daño a alguien. El club está repleto de
idiotas borrachos que podrían provocar su furia sin saberlo.
Recibo varias llamadas de Zarco y Lagos, que ignoro.
Ahora mismo no puedo distraerme y perder de vista a
Oscar. Sé que es cuestión de tiempo que algo lo haga
actuar. Ese algo no tarda en aparecer en forma de hombre
de pelo negro, alto y con tatuajes. Debí suponer que Zarco
lo llamaría también. Beni se acerca a Oscar y toca su
hombro.
—No hagas eso, idiota —murmuro, poniéndome en pie de
un salto.
No corro lo bastante rápido. Cuando llego a su lado,
Oscar ya tiene a Beni sujeto por el cuello y lo sostiene en el
aire. Sé cómo actuar. No sirve de nada gritar o golpearlo,
eso solo lo enfurece aún más.
La gente se aparta de golpe y observa la escena con
curiosidad
los quejidosy de
algo de miedo
Beni. también.
Dirijo mis manosRodeo a Oscar
a su rostro e ignoro
y lo obligo
a mirarme.
—Oscar, tienes que soltarlo —digo sin alterarme. Ladea
la cabeza y esboza una sonrisa macabra, apartando la vista
—. No, sigue mirándome. ¿Quieres ir a cazar mariposas?
Sus ojos, carentes de cualquier emoción, se clavan en los
míos y alza el labio superior para enseñarme los dientes
como un puto
put o perro rabioso.
—Las mariposas están muertas —sisea.
Trago
Trago el nudo de angustia y dolor que se instala en mi
garganta y acerco mi rostro al suyo.
—No lo están. Siguen vivas. —Con una mano toco mi
clavícula, donde tengo tatuada una enorme mariposa de
color violeta. Él mismo la puso ahí y sé que le encanta.
Intenta apartar la vista, pero lo sujeto con más fuerza—. Por
favor —susurro con un hilo de voz—. Ven conmigo.
Pestañea un par de veces y un suspiro largo y profundo
sale de su boca justo al mismo tiempo en el que suelta a
Beni y este cae al suelo tosiendo y jadeando en busca de
oxígeno. Oscar coloca una mano en mi cintura y sigue
mirándome a los ojos sin pestañear.
Intento llevarlo hacia la salida, pero está demasiado
lejos. No podré mantener el contacto visual todo el camino,
y si lo pierdo… No, necesito otra forma de distraerlo, lo que
sea, pero ya mismo.
—Las mariposas están muertas —repite, y se detiene de
golpe.
«¡Mierda! ¡Voy a perderlo!». Está a punto de apartar la
mirada cuando suelto lo primero que me viene a la cabeza
para retenerlo.
—Baila conmigo —pido. Una chispa de sorpresa brilla en
sus ojos y me anima a continuar. «Eso es. Una emoción,
vamos a por la siguiente»—. Baila conmigo, Oscar.
¿Quieres?
Toma
Tomaabandona
mirada una respiración profunda
la mía. Se y entonces
me corta ocurr
ocurre,
la respiración e, me
y su
preparo para lo peor, pero Oscar no se mueve. Desliza la
mirada por mis hombros desnudos, mi escote y sigue
bajando por mis muslos hasta los pies, después regresa a mi
rostro
rostro y, tras unos segundos, asiente con la cabeza.
Oscar
Las voces se van apagando una a una mientras observo
a Luna mecerse al ritmo lento y sensual de la canción que
sale por los altavoces. Está justo delante de mí, tan cerca
que puedo oler el aroma de su perfume. Pestañeo un par de
veces y me humedezco los labios sin saber cómo demonios
he llegado hasta aquí. No recuerdo nada desde que salí de
la mansión.
Luna se da la vuelta y sigue moviéndose de un lado a
otro. Mi polla se alza en respuesta y solo puedo pensar en
arrancarle ese minúsculo vestido y… Gruño y doy el último
paso que separa mi cuerpo del suyo. Noto como se tensa
cuando rodeo su cintura con mi brazo y la atraigo hacia mí.
Hundo mi nariz en su pelo azul y aspiro con fuerza. Después
agacho la cabeza y saco la punta de la lengua para lamer su
cuello, desde detrás de la oreja hasta la base. Deja de
moverse y me parece escuchar un pequeño gemido entre el
millón de sonidos que se entremezclan en el ambiente. No
hay ni rastro de las voces, es como si se hubiesen esfumado
y en mi cabeza solo quedara mi propia consciencia.
De eso nada. Yo aún sigo aquí.
Mascullo una maldición y Luna se gira entre mis brazos y
coloca las manos sobre mi pecho.
—Quédate conmigo, Oscar. No te vayas.
Su tacto me hace estremecerme de puro placer. Vuelvo a
rodear su cintura con el brazo y la aprieto contra mi cuerpo
para que pueda notar mi erección presionando contra su
bajo
deseovientre.
y vuelveSus ojos se despacio.
a mecerse iluminan Estoy
con algo parecido
seguro de que al
lo
hace a propósito,
p ropósito, me está provocando.
—Juegas con fuego —digo con un susurro ronco que no
sé si va a ser capaz de escuchar.
Una de sus comisuras se alza y sigue moviéndose
despacio, rozándose contra mi polla y recorriendo mi pecho
con sus manos.
Ni se te ocurra salir huyendo, imbécil. Esta hembra está
suplicando que la folles. Puedes notarlo.
«¡A la mierda! La he advertido demasiadas veces».
¡Eso es, carajo! No eres su perro. Rompe las putas
cadenas.
La sujeto por los hombros con fuerza y la aparto unos
centímetros.
—Se acabaron los putos juegos —siseo, y antes de que
pueda reaccionar, agarro su mano y tiro de ella hacia el
fondo del local.
Sé que lo que estoy a punto de hacer lo va a cambiar
todo. He pasado gran parte de mi vida evitándolo. Ya no
podré volver atrás. Voy a tomarla, la haré mía y acabaré con
cualquiera que intente impedirlo, incluso si esa persona
resulta ser la propia Luna.
Capítulo 30
Luna
No soy capaz de reaccionar mientras atravesamos la pista
de baile. Oscar me lleva casi a rastras. Me concentro en no
tropezar con mis propios pies, ya que me cuesta mantener
el paso. Sus zancadas son largas y rápidas. La gente se
aparta para dejarlo pasar, y los que no lo hacen son
empujados de forma violenta.
Apenas soy consciente de a dónde nos dirigimos cuando
Oscar se detiene de golpe, haciéndome chocar contra su
espalda. Miro a mi alrededor algo confusa. «¿El baño? ¿Qué
hacemos en el baño?».
—Oscar —susurro, e intento retroceder
retroceder de espaldas.
—Ni un solo paso —dice sin ni siquiera girarse para
mirarme.
Su mano aprieta con más fuerza la mía y bufa como un
jodido toro, adentrándose
adentrándose más en el baño.
—Fuera
—F uera —gruñe cuando un chico se dirige al lavamanos.
—¿Qué…?
—Largo de aquí. ¡Ahora!
Es casi gracioso ver como el pobre muchacho huye
despavorido y sin mirar atrás. Oscar revisa uno por uno
todos los cubículos, y tras comprobar que están vacíos, se
da la vuelta y me suelta la mano para dirigirse a la puerta.
Arranca un toallero
toallero metálico de la pared y lo usa para fijar la
manilla.
—¿Qué estás haciendo? —inquiero confusa.
Una respiración profunda, se gira despacio, con la
espalda tensa y los puños apretados. Su mirada me da la
respuesta que estaba buscando. Se supone que solo iba a
tranquilizarlo, quería distraerlo y que no perdiera el control
entre una multitud de gente, pero tal vez haya llegado
demasiado lejos. «Restregarle el culo por el paquete era del
todo innecesario», resuena en mi mente.
—¿Qué estoy haciendo? —Su tono de voz es grave y
ronco. Camina hacia mí con lentitud y sin apartar la mirada
—. ¿Quieres saber qué demonios estoy haciendo? —
Retrocedo
Retrocedo hasta que la parte baja de mi espalda se topa con
la encimera de mármol del lavamanos. Oscar sigue
avanzando, estira los brazos y los coloca en el borde de la
encimera a cada lado de mi cuerpo, creando una especie de
jaula
Se de la que,
inclina y su aunque
aliento quisiera,
qgolpea
uisiera,mi
norostro
sería capaz de vuelve
cuando escapar.
escapara.
hablar—. Estoy rompiendo las putas cadenas, Luna. Te lo
advertí demasiadas veces. Te di todas las oportunidades del
mundo para alejarte, ahora ya es tarde. Has despertado al
jodido monstruo y vas a tener
tener que lidiar con él.
Contengo la respiración cuando su lengua se pasea por
la comisura de mi boca. Quiero moverme, pero estoy
paralizada. Oscar se aparta unos centímetros y su mirada
regresa a la mía. Siempre puedo distinguir cuando no está
ahí. Sus ojos se convierten en dos pozos oscuros, vacíos y
carentes de cualquier vida, sin embargo, ahora mismo no
son así. Hay una especie de chispa, una llama candente tras
ellos. Sigue siendo Oscar, o al menos una versión de él que
no había conocido hasta ahora.
—Esto no está bien —susurro, colocando mis manos
sobre su pecho.
Mi intención es apartarlo. Se supone que lo que ocurrió
en el jet no iba a volver a pasar, pero aquí estamos,
viviendo un jodido déjà vu. Oscar esboza una sonrisa
ladeada y sus manos se anclan en mi cintura.
—Me pregunto si podrás repetir esa afirmación después
de que te folle.
Abro mucho los ojos y, por alguna razón, mi jodido
corazón decide que es un buen momento para ponerse a
latir a toda velocidad. Mi temperatura corporal asciende de
forma tan brusca que siento un leve mareo. Oscar amplía su
sonrisa y desliza una mano por mi costado de manera
ascendente. Trago saliva con fuerza al notar su tacto brusco
sobre uno de mis pechos. Pellizca el pezón duro y sensible y
no puedo evitar que se me escape un gemido.
—Oscar, no… —intento decir, pero su mano sigue
subiendo y me envuelve la garganta. Aprieta solo un poco,
pero es suficiente para hacerme callar.
—Ahora vamos a jugar a un juego. —Ladea la cabeza
despacio y sigue sonriendo, como cuando está en mitad de
una de sus
asustada. En sesiones
realidad, de tortura.
estoy Taldevez
segura quedebería
tendríaestar
que
sentir auténtico terror y buscar la manera de huir, pero no
hay ni una pizca de miedo en mi interior. Sé que Oscar,
Monstruo o sea quien sea la persona que tengo delante
jamás me lastimaría—. Las reglas son sencillas. —Inspira
hondo por la nariz y mueve las caderas despacio para rozar
su erección contra mi bajo vientre—. Primera regla: tienes
totalmente prohibido decir la palabra «no». —Baja su
cabeza y muerde despacio mi pezón por encima de la tela
del vestido. Contengo un nuevo gemido. Creo que nunca en
toda mi vida he estado tan excitada—. Segunda regla —
murmura contra la piel desnuda de mi clavícula —: puedes
gemir y jadear, pero no gritar. Hay un montón de hombres
ahí fuera y no estoy dispuesto a compartir con ellos nada de
ti, ni siquiera tu voz. —Su boca se desplaza hacia mi cuello y
me muerde despacio. Me estremezco, y el muy cabrón se
ríe bajito antes de apartarse y mirarme a los ojos—.
¿Quieres saber cuál es la tercera regla? —Asiento y afloja el
agarre en mi garganta para volver a amasar mis pechos—.
Dilo en voz alta —exige.
—Sí —susurro con un hilo de voz.
Ni siquiera sé por qué lo hago. Yo siempre controlo la
situación. Me acuesto con quien quiero y cuando lo deseo.
Se supone que nada de esto debería estar pasando. Oscar
es mi mejor amigo. Llevo años evadiendo esta situación, sin
embargo, es imposible no admitir que jamás en toda mi vida
me he sentido de esta forma, tan expectante y cachonda.
Cada roce de su piel contra la mía envía un latigazo de
placer justo a mi entrepierna, su olor, su cuerpo en tensión,
todos esos músculos presionando contra mi cuerpo…
¡Maldita sea, me están volviendo loca!
—Tercera y última regla. —Baja más sus manos y me alza
por la cintura como si no pesara más que una pluma. Mi
trasero aterriza sobre el mármol frío y me muerdo el labio
inferior para contener un gemido por el cambio de
temperatura.
subiendo Siento
el bajo el roce con
del vestido de sus dedos Pega
suavidad. en lossu muslos,
boca a
mi oreja y noto su respiración acelerada—. No puedes
desmayarte, Luna. Si pierdes la consciencia, seguiré
follándote hasta que despiertes. No hay nada que puedas
hacer o decir que vaya a detenerme. ¿Lo has entendido?
Trago
Trago saliva con fuerza. ¿Desm
¿Desmayarme?
ayarme? Ni siquiera
siquiera puedo
imaginar que algo así pueda pasar, aunque… «¡Mierda,
¿quiero que ocurra?!». Estoy más jodida de lo que pensaba
porque la respuesta a esa pregunta es sí.
—¿Qué pasará si no sigo tus reglas? —pregunto sin poder
contenerme.
Oscar me abre los muslos y se acomoda entre ellos
mientras sigue levantando mi vestido. Gruñe al ver mi
sujetador negro y levanto los brazos para que pueda
quitarme la prenda por la cabeza.
—Si rompes alguna de las reglas, te castigaré. —Su mano
regresa a la base de mi cuello y restriega su polla dura
como el jodido acero contra mi sexo empapado apenas
cubierto por la tela fina de las braguitas—. Puedo ser un
verdadero
verdader o hijo de puta si me cabreas, Luna.
—¿Y si no quiero jugar?
Un músculo salta en su mandíbula y entrecierra los ojos.
—No es una elección. —Baja la mano de mi cuello y con
un pequeño tirón rasga mi sujetador. Mis pechos quedan
expuestos y los observa, ladeando la cabeza—. Todo un
manjar. —Baja la cabeza y se mete uno en la boca. Sus
dientes y su lengua se mueven sobre la piel sensible y me
retuerzo, respirando de manera acelerada—. Nunca me han
gustado los aperitivos. —Abandona mi pecho y sigue
descendiendo con la lengua por mi vientre. Introduce los
dedos entre mis caderas y tira de la ropa interior; la jodida
tela se desintegra sin apenas esfuerzo. Oscar alza la mirada
hacia mi rostro y un brillo travieso ilumina sus ojos—. Voy
directo al plato principal. ¿Recuerdas las reglas? —Asiento
con la cabeza—. Bien, ahora empieza a gemir mi puto
nombre.
Capítulo 31
Oscar
No hay nada dulce, salado, ácido o amargo que pueda
compararse con el jodido sabor del coño de Luna. Sé que
podría convertirme en un adicto y ¡maldita sea! No me
importa. Moriré feliz si es con la boca enterrada en su carne
húmeda y palpitante.
Paso mi lengua de nuevo desde delante hacia atrás y soy
recompensado con un nuevo gemido, esta vez más alto.
Roza el límite de lo permitido, pero no me preocupa. Sé que
fuera de este baño la música está lo bastante alta como
para apagar cualquier sonido. Me agacho un poco más,
hasta quedar casi en cuclillas, y coloco sus piernas sobre
mis hombros. Hundo mis dedos en su interior y sigo
devorándola con voracidad. Luna se retuerce, me tira del
pelo y sigue gimiendo de placer. Cada vez que noto que
está a punto de correrse, aparto mi boca y retiro mis dedos.
Soplo su clítoris hinchado y ella suelta un quejido de
frustración.
—Oscar —jadea, y recibo un nuevo tirón en el pelo.
Sonrío sin alzar la vista y ataco de nuevo su sexo con la
boca. En esta ocasión no me detengo, sigo chupando,
lamiendo y mordisqueando mientras la follo con los dedos
hasta que todo su cuerpo se estremece y ella suelta un
pequeño grito que rebota contra las paredes del baño.
Bajo sus piernas de mis hombros y me incorporo,
frunciendo el ceño.
—¿Acabas de gritar? —inquiero, relamiendo mis labios
húmedos.
Con el cabello azul alborotado y la mirada encendida,
Luna esboza una sonrisa maliciosa y se encoge de hombros.
—Ups —susurra sin aliento—. ¿Vas a castigarme?
La sujeto por la nuca y me abalanzo sobre su boca. La
beso con violencia, juego con su lengua mientras mis manos
recorren cada parte de su cuerpo. Cuando me quedo sin
aire, me aparto y la miro a los ojos.
—Solo por esta vez voy a pasarlo por alto.
Luna inspira hondo por la nariz y rodea mi cintura con las
piernas.
—Tal vez yo no quiera que lo hagas.
«¡Santo Cristo!».
escucharla. Mi polla
Enrosca sus salta
brazos de pura
alrededor deexcitación
mi cuello al
y
esta vez es ella la que me besa a mí.
No aparto mi boca de la suya mientras me desabrocho el
cinturón y después los pantalones. Libero mi erección y la
acaricio un par de veces antes de dirigir la punta a su
entrada. Luna se aparta unos centímetros, con el pecho
subiendo y bajando con violencia, y mira hacia abajo, donde
mi polla se va adentrando centímetro a centímetro en su
interior. Aprieto la mandíbula y sigo empujando a pesar de
su estrechez.
—Mírame —ordeno, y su cabeza se alza de inmediato—.
Aguanta. —Antes de que la confusión termine de mostrarse
en su mirada, sujeto su cintura y arremeto hacia delante
con un golpe de caderas certero.
Luna suelta un alarido, no sé si de dolor o de placer, y
tampoco me detengo a preguntárselo. Salgo de su interior y
embisto una vez más y después otra y otra y otra, hasta
que mi polla empieza a deslizarse por su canal con facilidad.
Está tan empapada que noto como su sexo gotea y salpica
mis muslos con cada una de mis arremetidas.
—Oscar —gime, y siento como su coño se estrecha y me
aprieta.
—¿Quieres correrte?
correrte? —pregunto, y las gotas de sudor que
se me acumulan en la frente se escurren por mi barbilla y
mi cuello.
—¡Sí,aún
la follo joder!
con—Clavo mis dedos
más fuerza—. en la piel
¡Mierda! de¡Santo
¡No! su cintura y
Dios!
¡Oscar!
Me detengo de golpe y la miro a los ojos con el ceño
fruncido.
—Acabas de decir que no. —Pestañea un par de veces
con confusión—. Has roto otra regla, y esta vez no seré igual
de benévolo.
—¿Qué…? —Traga saliva y respira en busca de aliento—.
¿Qué vas a hacer?
su Deslizo
cuello, la
lo mano porun
aprieto el valle
poco de
y sus pechos
salgo de suhasta llegarSu
interior. a
garganta se mueve con violencia sobre mi palma y con el
otro brazo rodeo su cuerpo y la bajo del lavamanos.
—Date la vuelta —ordeno, aunque antes de que pueda
obedecer, con un movimiento brusco la giro y la miro a
través del espejo. No suelto su cuello, ni siquiera cuando
vuelvo a clavarme en su interior desde atrás—. Ahora vas a
suplicarme que haga que te corras.
La inclino hacia delante y ella gime de nuevo cuando sus
pechos se pegan al mármol del lavamanos. Mi mano
abandona su garganta y va a parar a su pelo, me lo enrosco
alrededor de un puño y le doy un pequeño tirón.
—Muévete —pide, echando su trasero hacia atrás.
Aprieto los dientes para contener el impulso de darle lo
quiere, que es exactamente lo mismo que yo deseo.
Necesito descargar toda esta tensión acumulada en mis
pelotas durante una jodida vida entera, pero no lo haré, no
hasta que entienda que saltarse las reglas trae
consecuencias.
Golpeo una de sus nalgas con la mano libre y Luna se
queda muy quieta. Sus ojos buscan los míos por el reflejo en
el espejo y sonrío.
—Suplica —ordeno, y vuelvo a estrellar la palma de la
mano en su trasero.
—Haz que me corra —susurra.
Me inclino
lengua sobre yella
su columna y lamo
al llegar su nuca
a su espalda, recorro
inspiro con la
con fuerza.
El aroma de su cabello hace que me endurezca aún más si
es posible.
—¿Sabes cuántos años llevo deseando esto? —Golpeo
con las caderas y siseo una maldición cuando noto cómo mi
polla llega hasta lo más profundo de su cavidad—. ¡Ahora
eres mía! —Embisto de nuevo y Luna jadea en busca de
aire. La sostengo por el pelo para que no choque contra el
espejo y vuelvo a arremeter hacia delante—. Ningún
hombre
cadenciavolverá
de misa tocar lo que me
arremetidas pertenece.
y ella sigue —Acelero
gimiendo—.la
Mataré a cualquiera que respire cerca de ti. Es una maldita
promesa, Luna. —Tiro de su pelo una vez más—. Mírame. —
Sus ojos se clavan en los míos a través del espejo y sigo
martilleando dentro y fuera de su coño como un jodido
animal salvaje —. Ahora, córrete. —Antes de terminar la
frase, noto como todo su cuerpo comienza a temblar
temblar..
Un latigazo de placer recorre mi espalda y mis pelotas se
tensan. Detengo mis movimientos y salgo de su interior
justo a tiempo para descargar en la parte baja de su
espalda.
Luna
No puedo respirar y siento como si mi cuerpo no me
perteneciera.
embargo, misIntento coger
pulmones bocanadas
parecen estargrandes de aire,
colapsados sin
porque
se niegan a trabajar por su cuenta. Noto como unas manos
me giran y el rostro de Oscar aparece en mi campo de
visión. ¿Es posible morirse de un orgasmo? Empiezo a
pensar que sí cuando pequeños puntos brillantes nublan mi
visión.
—¡Eh, respira! —El grito de Oscar junto a la forma en la
que me zarandea parece despertar esa parte de mi cerebro
que se encarga de mantenerme con vida porque logro que
mis pulmones se hinchen—. ¡Santo Cristo, te dije que no
podías desmayarte! —Exhalo con fuerza y al fin consigo
respirar, aunque de manera acelerada y violenta. Oscar
enmarca mi rostro con sus manos y me mira a los ojos—.
¿Te encuentras bien? —Asiento con la cabeza y el muy
cabrón sonríe de oreja a oreja—. Has roto las tres putas
reglas de una sola vez.
—No me… —Carraspeo para aclarar mi voz y tomo una
inspiración profunda antes de intentar hablar de nuevo—.
No me he desmayado —afirmo de forma atropellada.
—Peor aún, casi te mueres. —Su mirada se suaviza y
acaricia mi mejilla con suavidad—. Me has asustado. No
puedes morirte sin mí. —Pega sus labios a los míos, aunque
esta vez no es un beso apasionado ni demandante. Todo lo
contario, es tan dulce, atento y cariñoso que me aterra
como el puto infierno.
Me aparto de manera brusca e intento empujarlo, pero
no logro mover su enorme cuerpo ni un solo centímetro.
centímetro.
—Déjame —pido en un susurro.
—Esto no funciona así. —Vuelve a sujetar mi rostro y me
obliga a mirarlo—. Esa parte donde tiras y sueltas la correa
a tu antojo ya pasó. El puto perro acaba de liberarse, y si no
quieres que te pegue un bocado será mejor que no lo
provoques.
—Oscar, yo no… —Me quedo callada.
¿Qué se supone que debo hacer o decir ahora? Acaba de
darme el mejor polvo de mi puta vida, pero sigue siendo
Oscar, y yo no… No quiero lastimarlo. ¡Maldita sea, ¿qué
acabo de hacer?!
Capítulo 32
Luna
—Sea lo que sea a lo que estés dándole vueltas en tu
retorcida cabecita, no servirá de nada. —Alzo la mirada y
Oscar esboza media sonrisa socarrona—. No tienes opción,
Luna. Te advertí que pasaría, que si seguías provocándome
dejaría de contenerme y ahora… —Me sujeta por la cintura
y tira de mi cuerpo, aún desnudo, para pegarlo al suyo—.
Ahora vas a tener que cargar conmigo el resto de tu vida.
Grita, patalea, cabréate si es lo que necesitas, pero
asúmelo, y más vale que sea pronto porque ya he
desperdiciado demasiados años y no estoy dispuesto a dejar
d ejar
que pases ni un solo minuto más alejada de mí.
No puede hablar en serio.
—Estás loco —susurro,
—susurro, negando con la cabeza.
Oscar suelta una carcajada y deposita un beso fugaz en
mis labios antes de retroceder un par de pasos y agacharse
para recoger mi vestido del suelo.
—Claro que lo estoy, pero eso no es ninguna novedad
para nadie.
Lo observo en silencio mientras intento asimilar todo lo
que ha dicho. «Mataré a cualquiera que respire cerca de ti».
«Ahora eres mía». «Ningún hombre volverá a tocar lo que
me pertenece». Sacudo la cabeza de un lado a otro.
otro. ¿Qué es
lo que pretende? No puedes obligar a alguien a quererte. La
mirada que me lanza mientras abre el grifo y coloca mis
bragas rotas bajo el chorro dice exactamente lo contrario.
Este demente de verdad cree que puede hacerlo. Inspiro
hondo y me preparo para lo que estoy a punto de decir.
—Oscar, tenemos que hablar.
hablar. Esto que ha pasado…
—Date la vuelta —ordena.
—¿Qué?
círculos, —Lo miro confusa
indicándome que me y élgire
mueve su dedo
sobre índice en
mí misma—.
Espera, no… —Resopla y, tras sujetarme por el brazo, me
obliga a darme la vuelta.
—No voy a volver a follarte. —Siento su mano en mi
espalda, me empuja hacia delante y, por algún motivo que
soy incapaz de comprender, mi cuerpo se calienta de nuevo.
Oscar ríe bajito y siento su aliento en mi nuca—. Ahora no —
añade en un susurr
susurro
o antes de apartarse.
La tela fría y mojada me toca la piel y doy un respingo.
—¿Qué haces? —inquiero.
—inquiero.
—Limpiar mi propio desastre. —Restriega
—Restriega la prenda por la
parte baja de mi espalda y parte de mi trasero y después la
lanza a la papelera—. Ya está, puedes volver a girarte. —Lo
hago con un bufido de frustración. Al tenerlo de nuevo
frente a mí, soy consciente de que debo dejar clara mi
postura cuanto antes. Oscar no se merece sufrir.
—Oye, el polvo ha sido genial, de verdad, pero no quiero
que te confundas.
—¿Ha sido genial? —Coge de nuevo mi vestido y lo estira
con las manos para quitarle las arrugas—. Sube los brazos.
Suspiro y hago lo me pide.
—Sí, tengo que admitir que ha sido muy buen sexo. —
Meto los brazos por el vestido y Oscar lo baja por mi cuerpo
con delicadeza.
—Es posible —murmura mientras termina de acomodar
el dobladillo a la altura de mis muslos.
Frunzo el ceño. ¡¿Qué mierda ha querido decir con eso?!
¡Ha sido un polvo jodidamente bueno! Me atrevería a decir
que el mejor de mi vida.
—¿A ti no te ha gustado? —pregunto sin poder
contenerme.
Da un paso hacia mí y peina mi cabello con los dedos.
—Claro que me ha gustado, pero no sabría decir si ha
sido bueno, muy bueno, increíble o el mejor sexo del
mundo.
me mira—Acomoda
a los ojos—.mi
Nomelena sobre
tengo con quéuno de mis hombros
compararlo —afirmay
con tranquilidad.
Tardo
Tardo unos segundos en entender el significado de sus
palabras y, cuando lo hago, no sabría definir la mezcla de
sentimientos que me invaden. ¿Miedo? ¿Confusión?
¿Satisfacción?
—¡¿Eres virgen?! —exclamo alucinada.
Oscar frunce el ceño y niega con la cabeza.
—Ahora ya no.
—Pero… ¿por qué? Eres un hombre atractivo y he sido
testigo muchas veces de cómo las mujeres babean por ti.
Suspira profundo y sus manos regresan a mi rostro.
—Nunca he deseado a otra mujer, Luna. Solo a ti. —
Vuelve a besarme y soy incapaz de moverme, incluso creo
que dejo de respirar otra vez—. Ahora, quiero que me
esperes aquí. Tardaré solo unos minutos en regresar.
—¿Qué? —pregunto sin aliento.
Oscar pone los ojos en blanco y retrocede de espaldas.
—No te daré más tiempo ni espacio que este, así que
aprovecha para poner tu mente en orden. Cinco minutos,
eso es todo lo que tienes. Asiente si lo has entendido.
Tardo
Tardo unos segundos en hacerlo. Creo que estoy en
shock. «Nunca he deseado a otra mujer». ¿De verdad ha
pasado todos estos años en celibato por mí? ¡No tiene
ningún sentido, carajo! ¿Quién en su sano juicio haría algo
así? Me río de mi propio pensamiento y hundo el rostro
entre mis manos. «Ese es el problema, que estoy tratando
con un demente». ¡Maldita sea! ¡¿Cómo se supone que voy
a salir de esta?
Oscar
Tras ordenarle a uno de nuestros chicos que no deje a
Tras
nadie entrar ni salir del baño hasta que yo vuelva, me dirijo
al despacho
puedo de Beni.
permitir que seQuiero
suba llevarme
llevarm e a Luna
a mi moto a casa,
sin ropa pero No
interior. no
me arrepiento ni un poquito de haberla destrozado. Ha
valido la pena cada maldito segundo.
Subo las escaleras de dos en dos y, al llegar a la cima,
estoy a punto de tocar a la puerta. Antes de que pueda
hacerlo, esta se abre de golpe y Lina sale del despacho
furiosa, tanto que ni siquiera se detiene a saludarme.
—¿Qué mierda quieres ahora? —pregunta Beni desde
dentro—. ¿Has venido a terminar de estrangularme?
Paso al interior y no me molesto en cerrar la puerta. Me
marcharé enseguida. Beni se sirve un vaso de tequila lleno
hasta arriba y se lo bebe de un trago. Repite el mismo
proceso dos veces más antes de girar la cabeza en mi
dirección.
—¿Qué ha pasado con Lina? —inquiero.
Chasquea la lengua con diversión, y tras sacar un par de
pastillas de una pequeña cajita metálica, se las mete en la
boca y vuelve a beber.
—Prueba a meterte en tus propios asuntos. ¿Qué
quieres?
Inspiro hondo por la nariz y me acerco más. No tengo
tiempo para discutir con este idiota. Le dije a Luna que
regresaría
regr esaría en cinco minutos y ya han pasado casi tres.
—Necesito las llaves de tu coche.
Rebusca en el cajón de su mesa y me lanza un juego de
llaves. Frunzo
Frunzo el ceño, extrañado.
extrañado. Beni no presta ninguno de
sus coches con tanta facilidad. Los adora.
—¿Algo más o puedes largarte ya?
—¿Estás bien?
Bebe otro vaso de golpe y hace una mueca con los
labios.
—Sobreviviré, siempre lo hago —masculla con la
mandíbula apretada.
de —¿Ben? —Me
la puerta—. giro y ¿interrumpo?
Perdón, veo a una chica rubia bajo el marco
—No, él ya se iba —responde Beni. Se sirve otro tequila y
toma asiento en uno de los sofás de cuero negro—. Quítate
la ropa antes de acercarte.
La chica pasa a mi lado contoneando las caderas y
contengo el impulso de poner los ojos en blanco. Beni mira
en mi dirección y frunce el ceño.
—Me voy —informo.
—No me importa que mires. Es más, te dejaré participar
si quieres.
—Paso —mascullo, y doy media vuelta para marcharme,
pero antes de salir del despacho, cojo una chaqueta de traje
del perchero—. Me llevo esto —informo y me voy.
Regreso al baño justo cuando los cinco minutos están a
punto de cumplirse. Al abrir la puerta encuentro a Luna en
el mismo lugar en el que la dejé, pero ahora se está
cubriendo el rostro con las manos. Al escucharme llegar,
alza la cabeza y suspira con fuerza.
Tenemos que hablar, Oscar.
Oscar.
Estrecho la mirada sobre ella y me acerco con rapidez.
—Creí que ya lo habíamos hecho. ¿Dónde está tu bolso?
—Señala con el dedo a su espalda y la aparto del lavamanos
para cogerlo. Después extiendo la chaqueta y la coloco
sobre sus hombros.
No puedo evitar gruñir al verla con la chaqueta de Beni.
Odio la idea que cualquier cosa que pertenezca a otro
hombre esté en contacto con su piel. Siempre lo he odiado,
pero hasta ahora no había hecho nada al respecto. Las
putas cadenas que me empeñaba en mantener han
desaparecido y todos esos pensamientos y sentimientos
que tanto he reprimido durante años están saliendo de
golpe, todos a la vez. Es caótico, confuso e incluso doloroso,
sin embargo, nunca me he sentido tan vivo en toda mi
jodida existencia.
—¿Qué haces? —pregunta cuando coloco una mano en la
parte baja de a
—Llevarte lacasa.
espalda y la empujo hacia la salida.
—¿Y esto? —Señala la chaqueta que la cubre.
—Hace frío.
—Estamos en pleno verano —replica.
Gruño y abro la puerta de un tirón. Acerco mi boca a su
oreja y le doy un pequeño
pequ eño mordisco.
—No voy a dejar que todos esos capullos de ahí fuera
vean lo que es mío —gira la cabeza hacia mí y me fulmina
con la mirada—. Cabréate si quieres, pero se acabaron los
vestidos cortos y los escotes escandalosos en público. A no
ser que quieras que los mate a todos, porque ese es
exactamente el destino que le espera a cualquiera que
ponga sus ojos sobre ti.
—Ahora sí que te has vuelto completamente loco —
susurra, sin terminar de creer en mis palabras.
—No te equivoques, mi locura no tiene nada que ver con
el hecho de que quiera asesinar a cualquier hijo de puta que
se crea con derecho a ponerse cachondo contigo. —Rodeo
su cintura con un brazo y vuelvo a morderla, esta vez en el
cuello—. Tranquila, le daremos buen uso a toda esa ropa
provocativa.
provocativa. Puedes modelarla para mí. —Una nueva mirada
de advertencia y suelto una carcajada —. Vámonos de una
vez. —Golpeo su trasero con la mano y Luna se gira de
golpe.
—Deja de hacer eso —sisea.
—Claro, cuando tú dejes de fingir que no te gusta. Ahora
ponte en marcha o tendré que cargarte sobre mi hombro, y
no llevas ropa interior. ¿Sabes lo que pasará si algún idiota
tiene la mala suerte de mirarte el coño?
—A ver si lo adivino… ¿Lo matarás? —Su ceja se arquea y
mi polla se tensa en respuesta.
—Puedo crear un jodido baño de sangre en cuestión de
segundos. ¿Quieres comprobarlo? —Nos mantenemos la
mirada durante un buen rato y al fin parece darse cuenta de
que no estoy bromeando. Resopla con fuerza y sale del
baño con la
mascullo, barbilla
y la alcanzoenen
alto. Sonrío
un par de nuevo—. Eso creía —
de zancadas.
Capítulo 33
Luna
Cuando pasamos por el enorme portalón que da acceso a
la mansión, apenas soy capaz de contener las lágrimas que
se acumulan tras mis párpados. Todo esto está mal. No
hago otra cosa que intentar recuperar la relación que había
entre Oscar y yo y siento que, con cada uno de mis actos,
solo lo empeoro cada vez más. ¿He disfrutado del sexo?
¡Maldición, claro que sí!, pero ¿a qué coste? No han pasado
ni cuarenta minutos desde que salimos del club y ya noto
como todo ha cambiado entre nosotros. Oscar no ha dicho
ni una sola palabra en todo el trayecto mientras conducía, y
el ambiente en el interior del vehículo está tan cargado e
incómodo que me dan ganas de salir huyendo en cuanto se
detenga. Mis peores pesadillas se han cumplido. He perdido
a la única persona que siempre ha estado ahí para mí.
Oscar para justo delante de la puerta principal de la
mansión y, tras apagar el motor, suspira con fuerza.
—Habla conmigo, Luna. Sea lo que sea que estés
pensando, puedes contármelo
contármelo..
—¿Es que tengo voz propia? —Chasqueo la lengua
contrariada y permanezco con la mirada fija en la ventanilla
para que no pueda ver cómo una lágrima solitaria recorre
mi mejilla.
—Claro que sí. Si no estás de acuerdo con algo que digo
o hago, dilo.
Casi me echo a reír. ¿Habla en serio? Empiezo a pensar
que está más loco que nunca.
—Controla tu jodida bipolaridad —mascullo entre dientes.
—Solo tú eres capaz de controlarla. Creo que no eres
consciente de lo mucho que influyes en mi estado mental y
emocional.
Seco mi mejilla y giro la cabeza en su dirección con la
velocidad de un látigo.
—¿Qué demonios quieres de mí? No puedes obligar a
alguien a quererte,
q uererte, Oscar
Oscar.. No funciona así.
Su mandíbula se tensa y aprieta el volante con tanta
fuerza que sus nudillos se ponen blancos.
—No te estoy pidiendo que me jures amor eterno, solo
quiero una maldita oportunidad.
—¡¿Para qué?! —exclamo, alzando las manos—. Nuestra
relación era perfecta, ¿por qué demonios te empeñas en
cambiarla?
—¿Perfecta para quién? —Su mirada oscura se clava en
la mía, resopla con fuerza y sacude la cabeza de un lado a
otro—. Tú, cállate de una maldita vez —sisea, mirando de
reojo hacia la parte trasera del vehículo.
Pongo los ojos en blanco y tiro de la manilla para abrir la
puerta. No tiene sentido intentar razonar con alguien que no
está en sus cabales. Espero que recapacite cuando esté más
tranquilo y podamos hablar.
—¡¿Dónde mierda crees que vas?! —Me sujeta por el
brazo y tira de mí—. No hemos terminado.
—Antes resuelve tus asuntos con tu amigo imaginario y,
cuando te calmes, hablaremos.
—Él siempre va a estar ahí. Acostúmbrate.
—¡Deja de darme órdenes como si fuese tu maldita
mascota! —grito, perdiendo la paciencia.
El muy cabrón se atreve a sonreír de manera burlona y
se encoge de hombros.
—Me has tratado como a tu perrito amaestrado toda la
vida, un poco de tu propia medicina no te vendrá mal.
—¡¿Es eso lo que quieres?! ¡¿Me estás castigando por no
haberte correspondido todos estos años?!
—¡No, carajo! ¡Solo quiero que, por una vez, me mires y
de verdad me veas! ¡Estoy aquí, siempre lo he estado!
—¡Lo
amigo desé, y ese es el maldito problema! ¡Quiero a mi
vuelta!
Nos miramos con furia contenida y Oscar exhala con
fuerza.
—Nueva regla. Vas a dejar de referirte a mí como «tu
amigo». Yo no quiero ser tu puto amigo, nunca lo he
querido.
—¿Sabes por dónde puedes meterte tus reglas? —siseo
furiosa.
—No, pero sé por dónde puedo metértelas a ti. —Coloca
la mano en
daño—. mi muslo
Dame y lo aprieta,
una razón, una pero
sola sin llegar
para al a hacerme
menos no
intentarlo.
—¡¿Intentar el qué?! Oscar, estás perdido en tus propios
delirios. No vamos a tener una relación, ni me voy a casar
contigo y tener un par de mocosos llorones. Nada de eso va
a ocurrir.
—¿Apostamos?
Bufo con fuerza y vuelvo a intentar salir del coche, pero
me aprieta con más fuerza la pierna para retenerme.
—¡Me estás haciendo daño! —exclamo
—exclamo..
Su agarre se afloja y algo parecido al arrepentimiento
cruza su mirada, aunque enseguida endurece el gesto.
—Otra puta regla más. No vas a volver a huir de mí.
Estoy a punto de replicar cuando un movimiento en el
exterior del vehículo atrae mi atención. Las luces de la
entrada se encienden todas de golpe y varios de nuestros
hombres corren de un lado a otro. Van demasiado armados
como para una vigilancia rutinaria. Enseguida, tres
vehículos se acercan y entran en ellos.
e llos.
—Algo está pasando —susurro.
Oscar vuelve a bufar y acaricia mi muslo con suavidad.
—Esta conversación acaba de aplazarse, pero no pienses
ni por un segundo que vas a librarte.
Ruedo los ojos y al fin me deja salir del coche. Antes de
que pueda terminar de subir los escalones que llevan a la
puerta principal,
—¿Qué ocurre?Lagos y Alex salen de la casa a toda prisa.
—inquiero.
Alex ni siquiera se detiene, aunque Lagos sí que lo hace.
Me mira a mí y después a Oscar.
—¿Estás bien? —le pregunta. No me giro para comprobar
cuál es su respuesta, pero apuesto a que ha asentido con la
cabeza porque Lagos regresa su mirada a mí—. Han
atacado uno de nuestros almacenes del puerto.
—¡Mierda! —farfulla Oscar a mi espalda.
—¿Hay heridos? —quiero saber.
con—Sí, y muertos
el dedo índice también.
y resopla—Se
con sube las gafas
fuerza—. por la nariz
Es probable que
lleguemos tarde, pero…
—Samuel —deduzco.
—Si tengo que apostar, lo haría a que todo esto sea cosa
suya.
—Voy a revisar las cámaras de seguridad e intentaré
darte una ubicación aproximada en caso de que hayan
logrado escapar.
—Angy ya está en ello, pero le vendrá bien tu ayuda. —
Lagos mira sobre mi hombro y frunce el ceño—. ¿Estás en
condiciones de acompañarnos, Oscar?
—Sí, vámonos.
Lagos sigue su camino y, antes de que pueda subir un
escalón, noto como un brazo rodea mi cintura desde atrás.
El calor de su cuerpo me envuelve y siento su aliento
pegado a mi oreja.
—Espérame despierta. Tú y yo tenemos una conversación
pendiente. —Intento seguir avanzando, pero no me lo
permite; antes de que pueda reaccionar, ya me ha girado y
tengo su boca sobre la mía. Me suelta en pocos segundos
con un gruñido bajo y se aparta—. Lo digo en serio, Luna.
Esto solo acaba de empezar.
No se queda para esperar mi respuesta, tras besar de
nuevo mis labios de manera fugaz, da media vuelta y se
marcha. Solo cuando ya se ha metido en el interior del
todoterreno y este
aire, soy capaz arranca,
arranca,
de soltar dejando
todo el aire una
que nube de que
ni sabía polvoestaba
en el
el
conteniendo.
Capítulo 34
Luna
Decido apartar de mi mente las locuras de Oscar por un
rato y ponerme a trabajar.
trabajar. Si hay alguna posibilidad de pillar
al hijo de puta de mi hermano, pienso aferrarme a ella.
Termino
Termino de subir los escalones y, nada más entrar en la
mansión, me dirijo al lugar más probable en el que Angy
puede estar en un caso de crisis como es este: el ala
privada de Zarco. Estoy segura de que si él ha decidido
quedarse es para manejar la operación desde aquí.
Mis sospechas resultan ser ciertas. Al llegar al ala privada
de nuestro jefe, descubro que han montado lo que parece
ser un puesto de mando en el despacho. Angy está sentada
en el sillón de Zarco, tras el escritorio, con la nariz
enterrada en la pantalla. Bailey está de pie tras ella, con
gesto serio, pero sin perder detalle de lo que hace la otra.
Zarco pulula de un lado a otro, moviéndose con nerviosismo
y con pinta de estar bastante irritado
irritado..
—¡Maldita sea! ¡¿Dónde demonios te habías metido?! —
me grita en cuanto me ve.
Frunzo el ceño, pero no respondo. Ahora mismo no estoy
de humor para los arranques de testosterona de un Urriaga.
Tiro
Tiro de una silla y Angy se aparta para que pueda acceder al
ordenador junto a ella.
—¿Qué tienes? —pregunto.
—pregunto.
—No, demasiado. Fue buena idea instalar las cámaras de
seguridad en el exterior de los almacenes.
—Gracias —murmuro
—murmuro porque la idea fue mía.
Las imágenes que se ven en la pantalla no nos dan
demasiada información. Varios coches blindados se
detienen frente a la puerta principal, uno de ellos embiste
contra
Algunos ella
son yabatidos
nuestros hombrespor
enseguida empiezan
los que aacaban
disparar.
de
llegar, los superan en número. Un par se atrincheran en el
interior del almacén e intentan arrastrar a los heridos para
ponerlos a salvo, pero no tardan en verse rodeados de
enemigos. Unas cuantas ráfagas de disparos y entonces lo
veo: Samuel sale de uno ded e los vehículos, les dice algo a sus
hombres y entran casi todos en el almacén.
—No se llevan nada —susurra Angy, y en las imágenes
puedo ver cómo salen del almacén, pero empieza a notarse
una especie de fogonazo que viene del interior de la
estructura—. Han prendido fuego a todo el lugar.
—¿Qué había ahí dentro? —pregunto, dirigiendo mi
mirada a Zarco.
—Armas. Llegaron anoche de México —responde con la
mandíbula apretada.
Bufo con fuerza y me pinzo el puente de la nariz. ¡Estoy
agotada, joder! ¿Es que este día no va a terminar nunca?
—Dime que no eran para los rusos. —Zarco asiente y
maldice en voz baja.
—El cabrón de tu hermano nos está jodiendo, pero bien.
Cuando le ponga las manos encima…
—Mantén la cabeza fría —le dice Bailey—. Esas armas ya
se han perdido. Ahora toca buscar soluciones y encontrar a
ese hijo de puta cuanto antes o seguirá saboteándonos.
—Nosotras nos encargamos de seguir el rastro de
Samuel y contener los daños—dice Angy.
Zarco vuelve a resoplar y se despeina el cabello negro
con la mano.
—Voy a pedirle a Ness que hable con su hermano.
Necesitamos más tiempo para reunir un nuevo cargamento
y enviarlo a su destino.
Asiento, pero ni siquiera me detengo a mirarlo cuando
sale del despacho acompañado por su mujer.
mujer.
—¿Te encargas de despistar a la Policía y yo de las
cámaras
la vista yde
la seguridad? —inquiero. Angy
encuentro observándome noelresponde.
con Alzo
ceño fruncido
—. ¿Qué pasa?
—¿Dónde has perdido el sujetador? —Miro hacia abajo y
me doy cuenta de que se me marcan los pezones a través
de la tela fina del vestido.
Hago una mueca e inspiro profundo por la nariz.
—No preguntes. ¿Tú control de daños y yo rastreo? —
Asiente y nos ponemos manos a la obra.
—Voy a llamar a Beni. Necesitamos a la Policía lejos del
puerto. ¿Crees que habrá algún pez gordo en el club?
—Siempre hay alguno —mascullo mientras tecleo sin
parar.
Es una mierda todo lo del ataque. Algunos de nuestros
hombres han perdido la vida innecesariamente y Zarco va
tener que chupar unas cuantas pollas, en sentido figurado,
claro, para salir de este problema, pero en parte me alegra
tener una distracción, algo que me haga olvidar el caos en
el que se ha convertido mi vida desde que Oscar regresó a
la ciudad.
Hace solo unos días estaba ansiosa por volver a verlo,
contaba los segundos para tenerlo de nuevo al otro lado de
la pared de mi habitación, y ahora estoy deseando que la
noche se alargue para no tener que enfrentarme a él y
romperle el corazón una vez más.
Capítulo 35
Oscar
En cuanto me meto en el todoterreno, dos pares de ojos
me observan con atención.
—¿Qué? —gruño.
—¿Acabas de besar a Luna? —pregunta Lagos con gesto
de sorpresa.
—¿Besar? ¡Le ha metido la lengua hasta el hígado! —se
burla Alex, y empieza a reír a carcajadas.
Le lanzo una mirada poco amistosa y ladeo la cabeza
despacio.
—¡No le hagas caso, joder! —salta Lagos—. Ya sabes
cómo es este idiota.
—Me importa una mierda —siseo entre dientes.
Alex sigue riendo, ajeno al peligro que corre. Estoy a
punto de saltar sobre él, una palabra más y le estrellaré la
puta cabeza contra la ventanilla.
Estás tardando demasiado. Va a ser divertido ver sus
sesos esparcidos por la tapicería, aunque a Zarco no le hará
ninguna gracia. Le gusta este coche.
—Me alegro por ti —dice Lagos, intentando atraer mi
atención. Me da un pequeño apretón en el hombro y sonríe
—. Te dije que tarde o temprano se daría cuenta.
—Espera, ¿cuenta de qué? —inquiere Alex. Estrecha su
mirada sobre mí y vuelve a reír—. ¿Te gusta Luna? Pero…
¿Gustar de verdad?
—Alex, cierra la puta bocaza —sisea Lagos.
—No, si me parece genial. Solo me extraña porque,
admitámoslo, Luna no es el tipo de mujer por la que pierdes
la cabeza. Está buena y apuesto que la chupa como una…
—Antes
puño en de
su que
cara.pueda terminar la frase, ya he incrustado mi
¡Eso es! Saca el cuchillo y rájale las tripas.
—¡Eh! ¡Para! —Lagos me sujeta cuando me abalanzo
sobre Alex y le lanzo un codazo, esta vez en el estómago.
—¡Vale, hermano! —Alex alza ambas manos a modo de
rendición y maldice en voz baja cuando nota la sangre
escurrir por su barbilla. Le he roto un labio—. Solo ha sido
un comentario de mierda.
—¡Nunca vuelvas a hablar así de ella! —le advierto,
señalándolo con el dedo. Si no fuese por el espacio tan
reducido en el que estamos, ya lo habría noqueado.
—¡Dios santo, Oscar! —Lagos me empuja para sentarme
de nuevo en mi asiento y bufa con fuerza—. Relájate, solo
es Alex siendo un idiota, como siempre.
—¡Eh! —se queja el otro, pero con solo una mirada hago
que cierre la maldita boca.
Durante el resto del trayecto nadie vuelve a decir ni una
sola palabra, y al llegar al puerto descubrimos que el
almacén ha quedado completamente calcinado. Por suerte,
no hay Policía ni bomberos cerca. Estoy seguro de que Angy
y Luna se han encargado de mantener este incidente bien
lejos de las autoridades. Algunos de nuestros hombres
terminan de apagar el poco fuego que aún queda en el
interior de la estructura y también recogen y limpian todo,
incluyendo los cadáveres y lo que queda del cargamento de
armas. Mientras tanto, Lagos contacta con la mansión y
Luna nos guía de manera remota por la ciudad, siguiendo el
rastro de Samuel y sus matones.
Mientras conduzco el todoterreno con Lagos a mi lado y
Alex sentado en el asiento trasero, no puedo evitar sentir
una especie de vuelco en el corazón cada vez que Luna
habla a través del altavoz.
—Ahora gira a la derecha. Los ha captado una cámara de
tráfico hace poco más de diez minutos en dirección oeste.
Hago lo que me dice en silencio y seguimos avanzando.
Por másse
cabeza que intentoen
empeña centrarme en hacer
rememorar una y bien
otra mi
veztrabajo,
lo que mi
ha
pasado hace solo unas horas en el baño del Madness. Casi
puedo oler su perfume en mi ropa, escucho sus gemidos y
aún noto su sabor en mi boca. He fantaseado con tenerla
durante toda mi vida y ni en broma podría haber imaginado
que sería tan bueno. Mis expectativas han sido superadas.
Lo único que deseo es que esta maldita noche termine ya y
volver a casa con ella. No permitiré que huya de mí, ni
ahora ni nunca.
No soy imbécil, sé que no me quiere, al menos no como
yo a ella, pero ya llegaremos ahí, o al menos eso espero. Mi
prioridad es que acepte lo que está pasando y deje de
rechazarme, el tiempo hará el resto. Tengo toda una vida
para ganarme su amor y voy a lograrlo, aunque sea por las
malas.
Pasamos toda la noche de un lado para otro hasta que el
rastro de Samuel se pierde a las afueras de la ciudad. Ya
casi ha amanecido cuando regresamos a la mansión. Como
ya esperaba, todas las luces están encendidas. Zarco y
Bailey nos esperan en la sala de estar de su ala privada,
pero no hay ni rastro de Luna ni de Angy.
—Ness ha conseguido que Zakharov nos dé más tiempo,
pero esta vez sí que la hemos cagado —farfulla Zarco
mientras camina de un lado a otro, dando caladas largas a
su puro.
Alex ni siquiera se molestó en presentarse frente a su
hermano. Nada más llegar, se fue a su habitación.
—¿Cómo de grave es? —inquiere Lagos.
—Mucho. —Exhala una bocanada de humo espeso y se
pinza el puente de la nariz—. Quiero que contactes con
Roma Provenzano. Necesitamos esas armas en España en
dos semanas o nuestros problemas serán aún más grandes.
—Dalo por hecho.
—Y otra cosa. Quiero que al menos uno de los nuestros
entregue
de cagarlalacon
mercancía
ellos. en persona a los Novoa. No dejamos
—Yo puedo hacerlo —sugiere Lagos.
—No, prefiero que sea Angy o Luna. Cualquiera de ellas
puede cubrir su propio rastro para no ser detectadas
saliendo del país. A ti te necesito aquí, dando caza al hijo de
puta de Samuel. Se acabó lo de esperar y defenderse.
Vamos a ir a por él con todo. Empieza a reunir la mayor
cantidad de hombres posibles.
—Dudo que Alex permita que su mujer se arriesgue tanto
—farfulla Lagos—. Comentó en el coche algo de marcharse
a la finca mañana mismo.
—Mi hermano siempre se larga cuando se le necesita —
sisea Zarco entre dientes, y resopla de nuevo.
—Luna entonces —intercede Bailey—. Aunque lo suyo no
son las relaciones públicas. Lo más probable es que termine
cabreando a quien no debe y nos la devuelvan en una caja
de madera.
Que lo intenten. Cualquiera que la toque sabrá lo que es
la verdadera agonía.
—Yo puedo acompañarla —digo tras carraspear.
No me pasa desapercibida la pequeña sonrisa que
esboza Lagos y su comentario es de todo menos sutil.
—Sí, esa es una gran idea. Un par de días solos en
Europa os vendrá bien.
Zarco lo mira, frunciendo el ceño, y contengo el impulso
de poner los ojos en blanco.
—No se van de vacaciones —masculla nuestro jefe.
—Ya lo sé, pero pueden cumplir con su trabajo y disfrutar
un poco, ¿no?
Antes de que Lagos pueda seguir haciendo el ridículo,
decido dar por terminada la charla.
—Dime cuándo y dónde y allí estaremos —le digo a
Zarco.
Asiente y le da una nueva calada a su puro.
—En unas horas llamaré a los Novoa. Estoy seguro de
que
con ya los en
ellos hanpersona.
informado
Tedel incidente,
daré pero prefiero
instrucciones cuandohablar
sepa
algo. Ahora id a descansar un rato. La noche ha sido larga y
todos estamos agotados.
Enseguida nos marchamos y me paso por la cocina antes
de irme a la habitación. Como siempre, encuentro a Laura
trasteando entre los fogones.
—¿No es demasiado pronto para preparar el desayuno?
—pregunto, tomando asiento en uno de los taburetes altos.
Se gira y esboza una sonrisa completa. Cada día parece
más delgada y demacrada. Muchas veces me he
preguntado si estará enferma, pero no he querido
mencionar nada al respecto por evitar ser irrespetuoso.
irrespetuoso.
—Buenos días, muchacho. No tienes buena cara.
Exhalo con fuerza y acepto la taza de chocolate caliente
que me tiende.
—Ha sido una noche complicada.
—Eso he escuchado. —Estrecha su mirada sobre mí y
niega con la cabeza—. Per
Pero
o te pasa algo más, ¿verdad?
Inspiro hondo por la nariz y le doy un trago a la bebida
espesa antes de responder a su pregunta.
—¿Alguna vez has cedido ante las voces? Me refiero a…
—Bufo con fuerza y sacudo la cabeza de un lado a otro—.
Casi siempre me incitan a hacer cosas horribles y hasta
ahora tenía claro que debía resistirme, pero hoy no lo he
hecho. Por primera vez he permitido, de manera consciente,
que el monstruo que vive en mí tome el control y… —Alzo la
mirada y contengo el aliento—. Es liberador. Se siente
jodidamente bien no tener que luchar en todo momento
contra mis impulsos.
—Solo tú sabes dónde está el límite, muchacho. La
mayoría de las veces las voces son el reflejo de nuestros
miedos e inseguridades, y aceptarlas como lo que son nos
trae paz interior. Siempre que las controles tú a ellas y no al
revés, te irá bien.
—¿Cómo sé si estoy teniendo yo el control?
Laura
pueda abreuna
decir la boca
solapara contestarme,
palabra escucho pero
cómoantes
unosde que
pasos
apresurados se acercan. Me giro y veo a Maya entrar en la
cocina, aún con el pijama puesto y el cabello pelirrojo
revuelto.
—¡Oscar! —exclama, y sonríe de oreja a oreja—. Te
estaba buscando.
—¿Qué haces tú aquí? —pregunto. Miro tras ella y
compruebo que no hay nadie—. ¿Tus padres saben que no
estás en casa? Su supone que deberías estar durmiendo, es
muy temprano.
—Lo sé, pero escuché como decían que estabas aquí y
quise traerte esto. —Estira su mano y me tiende una pulsera
hecha de hilo entrelazado y con un dije en forma de
mariposa, el mismo que yo le pedí que usara—. ¿Te gusta?
—La cojo y le doy vueltas para verla desde todos los
ángulos—. Tuve que repetirla tres veces, pero ha quedado
bien, ¿verdad?
—Es preciosa, Maya. —Sonrío y le revuelvo el pelo—.
Muchas gracias.
—¡Maya! —Se gira y vemos a Lagos acercarse con gesto
serio—. A tu madre casi le da un infarto cuando vio que no
estabas en la cama. ¿Qué haces aquí?
La cría hace una mueca con los labios y pone los ojos en
blanco.
—Solo vine a darle a Oscar la pulsera que hice para él. Ya
iba a volver.
volver.
Lagos suspira y la abraza por los hombros.
—No nos des esos sustos, cielo. —Besa la cima de su
cabeza y la chiquilla se pega a su costado. Lagos me mira a
mí y esboza una sonrisa que no augura nada bueno—. ¿No
deberías estar ya en la cama? Tienes cosas que hacer con
alguien, ¿no?
—Para
—P ara —siseo, señalándolo con el dedo índice.
—¿El qué? Solo digo que…
—Deja de hacer de celestina, no te pega nada. —Me
pongo en pie
se ha ido, y mehagiro
incluso para despedirme
recogido de Laura, apero
mi taza de chocolate ya
medio
beber y ni cuenta me he dado—. Ve a dormir, ¿quieres?
—Claro, tú igual, o bueno, también puedes…
Bufo con fuerza, y tras despedirme de Maya guiñándole
un ojo, abandono la cocina dispuesto a encontrar a Luna y
terminar esa conversación que dejamos a medias en el
coche.
Eso es, deja los putos sentimentalismos y ve a lo que
importa. Tienes que volver a probar ese dulce coñito.
—Eso hago —farfullo mientras camino por el pasillo.
Bien. Parece que después de tantos años, al fin
empezamos a entendernos. Sigue mis directrices y esa
hembra será tuya, te lo aseguro
aseguro..
Gruño en voz baja y ni siquiera me molesto en intentar
ignorarlo cuando paso a su lado al empezar a subir la
escalera. Tal vez Laura tenga razón y debo aprender a
convivir con el monstruo, al fin y al cabo, nada ni nadie
podrá sacarlo de mí.
Capítulo 36
Luna
Me ha dado tiempo a ducharme y cambiarme de ropa
después de perder el rastro del cabrón de mi hermano.
Intenté descansar un rato, pero en cuanto cerré los ojos
empezaron las pesadillas, así que decidí bajar a la biblioteca
y terminar el libro que tenía empezado. Lo de seguir
buscando a Samu es inútil. Cuando todo se calme un poco,
hablaré con Zarco para que me ponga en contacto con esa
técnica española que trabaja para los Novoa. Tal vez, si
entro en alguna de las organizaciones gubernamentales que
lo buscan, pueda obtener más información respecto a su
paradero o posibles socios.
Estirada en el sofá de la biblioteca, estoy a llegando a las
últimas páginas del libro cuando la puerta se abre de golpe.
Alzo la cabeza y contengo un bufido al ver a Lina viniendo
hacia mí. En las últimas semanas hemos coincidido
bastante. Ella termina su turno en el Madness de
madrugada y antes de irse a la cama acostumbra a pasarse
por aquí, y sí, por supuesto que he logrado engancharla a
mis historias guarras de fantasía.
—¿Podemos hablar? —susurra, y antes de que pueda
responder me baja las piernas del sofá y se sienta a mi lado.
—Preferiría seguir leyendo —mascullo. Frunce el ceño y
suspiro con fuerza antes de cerrar el libro—. ¿Qué ocurr
ocurre?
e?
—Beni —responde, y algo parecido a la furia brilla en su
mirada.
—¿Por qué no me sorprende? —Me giro hacia ella con
una ceja arqueada—. Has caído, ¿verdad?
Suelta un pequeño grito de frustración, se pone en pie de
un salto y empieza a moverse de un lado a otro.
—¡Maldita
prometo, pero sea, me lo sabe
ese hombre advertiste! Intentea evitarlo,
cómo seducir lo
una mujer.
Ayer me llevó a su casa y… —Se cubre el rostro con ambas
manos y exhala con fuerza—. ¿Por qué no me resistí? Debí
mandarlo al carajo, pero no lo hice.
—A ver si lo adivino, te dio el mejor sexo de tu vida y hoy
ha pasado de ti.
—El primero.
—¿Qué?
—El primer sexo de mi vida, y sí, fue increíble.
Echo la cabeza hacia atrás y ruedo los ojos de manera
teatral.
—¿Qué está pasando? ¿Hay una convención de vírgenes
en la ciudad y no me he enterado?
—¿Cómo dices?
—Nada, olvídalo. —Tomo una respiración profunda y
busco su mirada—. Dime al menos que no te has
enamorado de él.
—¡¿Qué?! ¡No! Solo… Es la humillación lo que me está
jodiendo. El muy cabrón anoche me trató como si fuese una
más de sus conquistas.
—Es que técnicamente lo has sido —añado.
Lina me lanza una mirada poco amistosa y se cruza de
brazos.
—No me estás ayudando.
Me encojo de hombros y suspiro de nuevo.
—Beni es así. El chico está en la mierda. Hace años que
tocó fondo, aunque se empeña en fingir que es feliz en el
caos que tiene por vida. Si lo que buscas es una relación
seria, de él no sacaras nada de eso.
—No quiero… —Bufa y niega con la cabeza—. Creí que le
gustaba. Desde que empecé a trabajar en el Madness ha
estado pendiente de mí, siempre cerca, siendo encantador a
su manera. Tampoco esperaba que me jurara amor eterno
después de una noche de sexo, pero se comportó como un
capullo
—Si arrogante.
arrogante.
solo es tu ego el que ha salido herido, eso tiene
solución. —Me pongo de pie y coloco mi mano sobre su
hombro—. Ten cuidado con este. —Señalo el centro de su
pecho con la punta del dedo índice—. Si se mete aquí
dentro, entonces tendrás un problema grave. Créeme, yo he
estado ahí.
—Tú y Beni…
—No —la corto, y aparto la mirada. Nadie necesita saber
eso.
—Antes de que Bailey llegara a nuestras vidas, yo creí
que Zarco… —Bufo con fuerza—. No estoy orgullosa de las
cosas que hice y dije para retenerlo a mi lado, pero no sirvió
de nada. Voy a contarte algo sobre los hermanos Urriaga.
No se enamoran de cualquiera, pero cuando lo hacen se
dejan la piel en ello. Si no eres la elegida de Beni, puedes
suplicarle, arrastrarte y convertirte en su juguete, pero
jamás lograrás ganarte susu corazón.
—Créeme, no pretendo hacer nada de eso. —Respira
hondo por la nariz y alza la barbilla con determinación—.
¡Que le jodan! Tengo veintiún años, soy guapa y acabo de
empezar una nueva vida lejos de la mierda de infancia que
he tenido en México. No voy a permitir que un imbécil
arrogante y presuntuoso me arruine.
—Así se habla —digo, esbozando media sonrisa.
Lina suspira y coge mi mano.
—Gracias, Luna. Eres una buena amiga.
Su declaración me toma por sorpresa. Pestañeo rápido y
retrocedo un par de pasos sin saber qué contestar. Nunca
nadie me ha dicho algo así. En realidad, aparte de Oscar,
jamás he tenido a alguien que me considere
considere su amiga.
Por suerte, unos golpes en la puerta rompen el momento
de incomodidad. Al girarme, compruebo que es Oscar el que
está bajo el umbral. Se ha cambiado de ropa. Lleva puesto
su habitual pantalón de algodón y camiseta de tirantes, que
usa
sobrepara dormir, y varios mechones de pelo húmedo le caen
la frente.
—No quiero interrumpir —dice.
—Tranquilo, yo ya me iba. —Lina me sorprende una vez
más al darme un abrazo que soy incapaz de devolverle. Se
siente extraño, pero no en el mal sentido.
A Lina no parece molestarle, ya que sonríe de nuevo y se
dirige a la salida. Le doy la espalda y vuelvo a tomar asiento
en el sofá. Abro mi libro e intento seguir leyendo, pero sé
que Oscar me observa desde la puerta, que no tarda en
cerrar.
—¿Podemos hablar?
Esbozo un amago de sonrisa y no aparto la mirada de la
página. ¡¿Qué le pasa hoy a todo el mundo?! Solo quiero
terminar de leer el jodido libro tranquila.
—Lo siento, he cerrado el consultorio sentimental. Vuelve
más tarde. —Escucho sus pasos y me arrebata el libro de las
manos—. ¡Oye! Devuélvemelo.
Devuélvemelo.
Lo deja sobre la mesa baja y la rodea para sentarse en el
borde, justo delante de mí.
—Puede que haya sonado a pregunta, pero era una
afirmación. Vamos a hablar.
Capítulo 37
Luna
Hago una mueca de disgusto en respuesta a ese tono
arrogante e inflexible.
—¿Aún sigues con la vena mandona activada? —Bufo con
fuerza y lo miro directo a los ojos—. ¿Qué demonios te
pasa? Nunca antes te habías comportado así.
—La situación ha cambiado.
—¿Por qué? No entiendo tu actitud. Primero me asaltas
en el baño del Madness, ahora…
—¿Te asalto? —me corta, y frunce el ceño—. Ni siquiera
intentes fingir que no lo disfrutaste. Pudiste haberme
detenido y no lo hiciste.
—¡¿Te estás escuchando?! Tu primera regla fue que no
podía decir «no».
—¿Y desde cuándo sigues las reglas? —Exhala con fuerza
y su mirada se suaviza—. Puede que sea brusco contigo,
pero es porque sé que puedes ponerme en mi lugar si
sobrepaso los límites. Si tienes que insultarme o golpearme,
hazlo, pero que no sea por orgullo o querer llevar la razón.
Ambos quisimos que pasara lo que pasó en ese baño, Luna.
—Vale, no voy a negarlo. Estuvo bien, sí, pero eso no
significa nada. ¿Sabes con la cantidad de hombres que me
he acostado en toda mi vida? —Esbozo media sonrisa—.
Ninguno de ellos me ha pedido más porque sabía que no lo
iba a obtener.
Se echa hacia atrás con la mandíbula tensa y los puños
apretados.
—Hace unos años eras tú la que se arrastraba tras Zarco.
—Y no me siento orgullosa de ello —replico.
—replico.
—¿Por qué no puedes al menos intentarlo? Solo te pido
una
feliz.oportunidad para demostrarte que conmigo puedes ser
—Yo ya era feliz contigo, Oscar. —Me inclino hacia
adelante y enmarco su rostro con las manos—. Solo quiero
recuperar a mi mejor amigo.
Gruñe y agarra mis muñecas con fuerza, pero sin llegar a
lastimarme.
—Olvídalo, esos días no van a volver. Esta es la nueva
situación y vas a tener que adaptarte. —Intento apartar mis
manos, pero me sujeta con más fuerza—. No huyas de mí.
—Entonces deja de comportarte como un maldito
psicópata. —Me suelta de golpe y me pongo en pie de un
salto—. ¡¿Qué quieres de mí?! —exclamo, alzando la voz.
—Todo. —Se levanta también y se acerca a mí—. Quiero
esas partes tuyas que pocos conocen, como cuando te ríes
sola viendo series malas en la televisión o cuando defiendes
a los que quieres con uñas y dientes, aunque intentes
ocultarlo. Quiero lo bueno, Luna, pero también lo malo.
Cuando te comportas como una maldita perra rabiosa y
ofendes a los demás porque ambos sabemos que solo lo
haces porque temes que sean ellos los que te lastimen a ti.
Quiero el jodido paquete completo, y voy a tenerlo. —Con
solo un par de zancadas lo tengo justo delante de mí,
rodeando mi cintura con el brazo y pegándose a mi cuerpo
—. Dame una razón, una sola para no intentarlo al menos, y
juro que te dejaré
dejaré en paz —susurra contra
contra mis labios.
Suspiro
ni un solo e intento apartarlo,
centímetro. pero no
Las lágrimas selogro que setras
acumulan mueva
mis
párpados y quiero girar la cabeza, sin embargo, Oscar
sujeta mi nuca con la mano libre y me obliga a mirarlo.
—Eres lo único bueno y verdadero que he tenido nunca.
No quiero perderte.
—No lo harás. ¿Es que no lo entiendes? Te amo, Luna.
Quemaría el mundo por ti si me lo pidieras.
Apoyo mi frente en su pecho y dejo que las lágrimas
desborden mis ojos y empapen su camiseta.
—No me
conmigo amas,
desde quesolo
erascrees que pero
un crío, sí. Llevas obsesionado
eso no es amor,
Oscar.
—Deja que te lo demuestre. —Alza mi rostro y seca mis
mejillas húmedas con suavidad—. Sigo siendo yo, solo que
ya no me basta con pretender ser tu amigo. Necesito más.
—¿Y qué pasa con lo que yo necesito? —Sorbo por la
nariz y exhalo con fuerza—. Te necesito a ti, a mi lado.
Necesito poder atravesar el baño y meterme en tu cama
cuando las pesadillas me destrocen, necesito que sigas
siendo mi jodida ancla en esta vida de mierda. Necesito a
mi mejor amigo, al Oscar de siempre, y sé que estoy siendo
una puta egoísta, pero eres todo lo que tengo.
Oscar esboza una pequeña sonrisa y besa mi frente.
—Yo siempre voy a estar a tu lado. Nada va a cambiar. Ni
siquiera tendrás que atravesar el baño cuando sufras una
pesadilla porque estaré durmiendo justo a tu lado, o al
menos intentando hacerlo. —Desliza un mechón de pelo
detrás de mi oreja y su sonrisa se amplía—. Tú lo has dicho,
el sexo ha sido genial, ¿por qué no seguir explorándolo?
Solo tienes que cerrar esa puerta a cualquier otro hombre y
yo me encargaré del resto. Sé que no soy una persona fácil.
Estoy clínicamente loco, pero lo mejor de todo esto es que
sabes cómo controlarme.
controlarme.
—Es una locura. —Suspiro y niego con la cabeza—. Tú
mereces a alguien
chicas, pasarlo mucho
bien… —Lamejor que yo.
carcajada Deberías
que salirhace
suelta me con
fruncir el ceño—. ¿Qué es tan gracioso?
—Lo que acabas de decir. ¿No es justo eso lo que intenté
hacer hace unas semanas? Salí con una chica y tú viniste a
estropearlo todo como una novia celosa. ¿Tengo que
recordarte que me hiciste una paja por debajo de la mesa
mientras estaba en una cita con Raina?
—Raina —siseo, y pongo los ojos en blanco—. Esa imbécil
no estaba a tu altura. Soy una perra,
p erra, lo sé, pero me aterró
aterró la
idea dededos
Sus tener recorren
que compartirte condespués
mi mejilla, alguien más.
mis labios y sigue
descendiendo hasta llegar a mi cuello.
—Nunca nadie podrá ocupar tu lugar en mi vida ni en mi
corazón, Luna. Si supieses todo lo que me haces sentir… —
Toma
Toma una bocanada profunda, y tras coger una de mis
manos la coloca en el centro de su pecho—. ¿Lo notas?
Cuando te tengo así de cerca late con tanta fuerza que
temo que explote. Me tiemblan las piernas, tengo un jodido
nudo en la garganta que casi no me deja respirar y… —Me
atrae más hacia su cuerpo y algo duro y caliente se clava en
la parte baja de mi abdomen—. Te deseo en todo momento.
No puedo dejar de pensar en todos los rincones y recovecos
de tu cuerpo que quiero besar, lamer y morder. Tienes
razón, estoy obsesionado contigo, siempre lo he estado,
pero también te amo.
El muy cabrón me deja sin argumentos. ¿Quién puede
culparme? Tengo a un hombre fuerte, musculoso y
tremendamente atractivo susurrando las palabras que
cualquier mujer mataría por escuchar, y además lo hace
mientras me provoca con la polla dura como el acero
pegada a mi vientre. Lo más fácil es dejarse llevar, pero
nunca en toda mi vida he estado tan aterrada. Yo no sé
tener una relación, y mucho menos actuar como la típica
ama de casa insípida y aburrida. Desde que Zarco me sacó
de aquel sótano he vivido por y para mí misma, siguiendo
mis—Oscar…
propias reglas, y dudo que pueda cambiar eso.
—susurro.
—No vas a rechazarme. —El brazo que rodea mi cintura
se tensa. Alzo la cabeza y la mirada que recibo por su parte
no es cariñosa ni tierna. Monstruo ha vuelto, o al menos una
parte de él—. No quiero hacerlo por las malas, Luna —sisea
entre dientes.
—No puedes obligarme.
Un brillo malicioso se refleja en sus ojos y retrocede un
par de pasos.
—Comprobemos si eso es cierto. —Inspira hondo y
desliza la mirada por todo mi cuerpo—. Desnúdate.
Capítulo 38
Luna
—¡¿Qué?!
Retrocedo de espaldas y niego con la cabeza.
Retrocedo
—Ya me has escuchado. —Da un paso hacia mí—.
Quítate. —Otro más—. La. —Y otro—. Ropa. —Se detiene y
sus ojos se oscurecen aún más—. Ahora.
He leído demasiadas novelas románticas con personajes
moralmente grises para saber que no es posible que Oscar
fuese virgen hasta hace solo unas horas atrás. El muy
cabrón parece saber lo que hace, y mentiría si dijese que no
está funcionando.
—Has mentido —suelto sin pensar.
Está a punto de cerrar el poco espacio que queda entre
nosotros, pero se detiene y arquea una ceja de manera
interrogante.
—Nunca, en toda mi vida, te he dicho una mentira —
afirma.
—¿Y eso de que no habías estado antes con una mujer?
—¿Por qué crees que no es cierto? —Frunce el ceño y
ancla las manos en las caderas—. No tengo razón alguna
para
que mentir.
siempreLohedijedeseado.
muy en serio.
¿Por Eres
qué la única mujer
demonios a la
querría
follarme a otra?
—Porque… —Sigo retrocediendo y él avanzando—. ¡No
actúas como un virgen!
Se detiene, gracias a Dios porque la parte baja de mi
espalda se topa con la mesa de estudio que está en el
centro de la sala, dejándome sin escapatoria. Oscar suelta
una carcajada ronca y sacude la cabeza de un lado a otro.
otro.
—¿Cómo se supone que debe actuar un virgen? ¿Tendría
que haberle pedido a Lagos sus gafas, ponerme tirantes y
asistir a misa todos los domingos?
—¡No! Tú solo… —Exhalo con fuerza—. Lo que hiciste en
el baño del club… Controlaste la situación y te movías como
alguien con mucha experiencia.
Una sonrisa engreída asoma por su comisura y me
arrepiento de inmediato de lo que acabo de decir. Al fin y al
cabo, es un hombre como cualquier otro. Les encanta que
les inflen el ego.
—Oh, es eso. —Da ese último paso que separa su cuerpo
del mío y coloca las manos sobre la mesa, una a cada lado
de mi cuerpo, se inclina hacia delante e instintivamente yo
me echo hacia atrás—. Tengo una imaginación desbordante.
—Ladea la cabeza y recorre mi cuello con la punta de la
nariz—. ¿Sabes cuántas veces he fantaseado con follarte,
cariño? —Inspira hondo y un escalofrío recorre mi columna
vertebral. Deposita un beso fugaz justo debajo de mi oreja y
aprieto los labios con fuerza para contener un gemido.
Nunca antes mi cuerpo había reaccionado de esta forma
con tan poco. Es una especie de atracción animal. Aún no
me ha tocado y ya estoy excitada.
—¿Solo eso? —carraspeo, y Oscar se aparta unos
centímetros
centímetros para mirarme a la cara.
—Admito que la colección de libros de Angy también ha
ayudado un poco. En la finca me aburría bastante.
Casi me atraganto con la risa. No soy capaz de imaginar
a Oscar esa
procesar leyendo novela romántica. Mi cerebro no puede
imagen.
—¿Hablamos de los libros que estoy pensando? —
inquiero, dejando escapar una sonrisa.
—Los únicos que lee Angy. —Se aparta de golpe y gira
sobre sí mismo. En unas pocas zancadas se desplaza hacia
el sofá y cuando regresa trae mi libro en la mano—. Por lo
que veo, tú eres algo más creativa en lo que se refiere a
literatura. —Me enseña la portada, donde aparece un
extraterrestre amarillo con el pecho musculoso al
descubierto.
—Dame eso —pido. Intento quitárselo, pero lo aparta de
mi alcance y una sonrisa maliciosa se dibuja en su rostro—.
Oscar, dámelo.
Lo abre y ojea un par de hojas bajo mi atenta mirada.
—Qué interesante. —Echa un vistazo en mi dirección y se
relame—. Te gustan los monstruos pervertidos. —Regresa la
mirada al libro y sus cejas se elevan hasta el nacimiento del
pelo—. Con dos… —Cierra el libro de golpe—. Tiene dos…
—Dos pollas, sí, las tiene. —Me encojo de hombros y
pongo los brazos en jarras—. Y te aseguro que sabe muy
bien cómo usarlas. Ahora, dame el jodido libro.
—Oh, de eso nada. —Vuelve a pegarse a mí y con un
movimiento rápido me alza y me deja sentada sobre la
mesa. Coloca una de sus enormes manos en mi vientre y
me empuja.
—¡¿Qué haces?!
—Experimentar —responde—. Espera, así no. —Se coloca
el libro bajo el brazo y tira de mi camiseta hacia arriba para
sacármela por la cabeza.
—¡Oscar! —Intento empujarlo, pero solo sonríe y lanza la
camiseta por encima del hombro antes de forcejear con el
cierre de mi sujetador.
—Vamos a jugar a un juego —susurra. Lo fulmino con la
mirada. Aunque son las mismas palabras que usó en el baño
del Madness, su actitud es completamente distinta. Ahora
está relajado,
que se le marcaincluso parece
a la altura feliz,
de la y a juzgar
entrepierna, muyporcachondo
el bulto
también—. Vamos, juega conmigo.
«Puede que sea brusco contigo, pero es porque sé que
puedes ponerme en mi lugar si sobrepaso los límites. Si
tienes que insultarme o golpearme, hazlo». Las palabras
que dijo hace solo unos instantes se hacen eco en mi
mente. Sé que podría detenerlo. Si le digo que quiero irme
me dejará marchar, pero… ¿De verdad es eso lo que deseo?
«Tú lo has dicho, el sexo ha sido genial, ¿por qué no seguir
explorándolo? Solo tienes que cerrar esa puerta a cualquier
otro hombre y yo me encargaré del resto». La simple idea
del cambio que puede suponer en nuestra relación si decido
seguir adelante con esta locura me aterra como el jodido
infierno, pero ¿qué otra opción me queda? Necesito a Oscar
en mi vida. Si seguirle la corriente es la única forma de no
perderlo…
Tomo
Tomo una bocanada profunda y estrecho
estrecho mi mirada sobre
él. Parece como si supiese la batalla que se está fraguando
en mi interior. No me toca, solo observa cada una de mis
expresiones en absoluto silencio, aún con el libro cerrado
bajo el brazo. «No finjas que no estás deseando que vuelva
a poner sus manos sobre ti, Luna. Ni siquiera tú eres tan
cínica». Exhalo con fuerza y estiro los brazos hacia atrás.
Pellizco el cierre de mi sujetador y este se abre con
facilidad. Los ojos de Oscar adquieren un brillo peligroso y
seductor que me hace mojar las bragas al instante. Con
manos temblorosas, termino de quitarme la prenda y dejo
que caiga al suelo junto a nuestros pies.
—Nada de reglas idiotas —digo, intentando sonar segura
de mí misma, cuando lo cierto es que nunca he estado tan
asustada en toda mi vida.
Oscar clava su mirada en mis pechos desnudos y
entreabre los labios, su lengua sale y deja un rastro de
saliva en ellos.
—Eres
cabeza jodidamente
despacio, perfecta
inclinándose y toda
sobre para mí.
mi cuerpo, —Bajauno
y lame la
de mis pezones de manera lenta y perezosa, después alza la
cabeza de nuevo y me empuja con la mano para que me
tumbe boca arriba sobre la mesa—. Solo una regla. —Frunzo
el ceño—. Tranquila, es sencilla. —Saca el libro de debajo
del brazo y lo coloca sobre mi vientre desnudo—. Vas a
tener que estar muy quieta para que pueda leer.
leer.
—¡¿Leer?! —exclamo confusa.
Acabo de desnudarme para él, y no solo de manera
literal, y ¿el muy cabrón va a usarme como un jodido atril?
—Sí. —Empuja el libro hacia arriba, hasta que toca la
base de mis pechos, y empieza a deslizarme el pantalón
corto por las piernas junto a mi ropa interior—. Vas a
decirme cuáles son tus páginas favoritas del libro. —Mueve
la mano por la parte interna de mi muslo, y al llegar a mi
sexo desliza la punta del dedo entre mis pliegues húmedos.
Trago
T rago saliva con fuerza y se me corta la respiración al ver
cómo se lleva el dedo a la boca y lo chupa con ganas—.
Quiero saber qué escenas del libro han hecho que te mojes
tanto como lo estás ahora. Intentaré representarlas lo mejor
que pueda.
Se me escapa una risa. ¿Esto va en serio? ¡Por Dios
santo! ¿Cómo se supone que voy a resistirme a este
hombre? Acaba de proponerme hacer realidad el sueño de
cualquier lectora de romance. Un nuevo dedo se desliza por
mi centro y exhalo con fuerza.
—¿En serio vas a leer sobre mí?
Sí, esa es la idea. Tira del libro y usa el mismo dedo
con el que acaba de acariciarme para pasar la página—. ¿Y
bien? ¿Qué capítulo busco?
Me muerdo el labio inferior y cabeceo.
—Veinticuatro.
Oscar sonríe de medio lado, y tras pasar varias páginas
más empieza a leer.
—Interesante —murmura—. Sakor la sujetó con fuerza
por los muslos
palpitante. y hundió
—Arquea la lengua
una ceja en mi en su coño
dirección caliente
y su y
sonrisa
se convierte en una promesa peligrosa—. Creo que voy a
disfrutar esta escena aún más que tú —susurra, y procede a
hacer exactamente lo que acaba de leer.
Capítulo 39
Oscar
Aún puedo notar su sabor en mi boca mientras me adentro
en su interior de una sola estocada. Luna suelta un pequeño
grito y sonrío. La biblioteca está lo bastante alejada del
resto de habitaciones de la mansión como para que alguien
pueda oírnos. Mojo la yema de mi dedo índice en su coño y
paso una nueva página. Sigo leyendo en silencio y repito
cada una de las guarrerías que le hace el extraterrestre
amarillo a la humana que tiene cautiva en su planeta,
bueno, casi todo, porque al llegar a una parte donde usa sus
dos pollas… No hay mucho que yo pueda hacer ahí, aunque
me encargo de suplir esa carencia con más potencia en mis
embestidas.
—¡Oscar! —exclama Luna, y estira las manos para
tocarme, haciendo que el libro se ladee. Me detengo de
golpe y lo enderezo—. ¿Por qué paras?
—He perdido el hilo. —Sonrío de medio lado y salgo de su
interior—. Me temo que tendré que volver a empezar.
Estoy a punto de arrodillarme y hundir mi boca en su
sexo
aires.de nuevo, pero ella se incorpora y lanza el libro por los
—¡A la mierda el puto extraterrestre! —exclama
desatada. Rodea mi cuello con los brazos y tira de mí para
besarme. Nuestras lenguas se rozan con violencia y vuelvo
a meterme en su interior—. ¡Más fuerte! —Subo sus piernas
y las coloco sobre mis hombros mientras acelero la cadencia
de mis embestidas.
El sonido de mis muslos golpeando su trasero crea un
ritmo perfecto y embriagador. Amaso sus pechos, juego con
sus pezones, duros como jodidos diamantes, y sigo
follándola.
—Es el puto paraíso, carajo —mascullo entre dientes
antes de bajar sus piernas y volver a unir mi boca a la suya.
En cuestión de segundos ambos estamos gimiendo y
jadeando de placer
placer.. Su orgasmo encadena el mío y me
desplomo sobre ella con la respiración acelerada y el
corazón martilleando como una maldita locomotora.
—Dios santo —susurra, y me aparto un poco para poder
mirarla. El pelo azul y revuelto le cubre parte del rostro y un
color rojizo mancha sus mejillas.
—Esta vez no te has desmayado —murmur
—murmuro o sin aliento.
Luna sigue boqueando en busca de oxígeno unos
segundos más antes de responder.
—Sakhór. —Frunzo el ceño, confuso. Inspira hondo por la
nariz y exhala—. El protagonista del libro se llama Sakhór,
no Sakor. Has estado pronunciando mal su nombre todo el
tiempo.
—¿Qué importa eso? No vas a negar que mi
representación de la escena ha sido memorable. —Sonrío y
deslizo la lengua por el valle de sus pechos. Sus manos van
a parar a mi cabeza, entierra los dedos entre mi cabello
húmedo por el sudor y juro que, si no me hubiese corrido
hace solo unos segundos, podría estar duro de nuevo—.
Siento el cambio de guion en lo de la doble penetración, no
pude hacer demasiado por ese detalle de que solo tengo
unaLuna
polla.suelta una carcajada y no puedo hacer otra cosa
que mirarla embobado. Tenerla así, desnuda debajo de mi
cuerpo, relajada, saciada y riendo… ¡Santo Cristo! Es más
de lo que alguna vez llegué a soñar.
soñar.
Y todo gracias a mí. Aún no he escuchado un «gracias».
Gruño e intento apagar su voz, pero no lo logro. Sigo
escuchándolo mientras dirijo mi boca a la de Luna y la beso,
despacio, con paciencia y ternura. Enseguida noto sus
manos en mi pecho, ejerciendo presión para apartarme.
—Deja que me levante —susurra contra mis labios.
Bufo con fuerza y busco su mirada.
—Has tardado más de lo que esperaba. ¿Ahora es
cuándo sueltas toda esa mierda de…? «Oscar, no puedo».
«Esto no funciona así». «Quiero recuperar a mi amigo» —
imito su tono poniendo voz aguda, y recibo un puñetazo en
el hombro.
—¡Eres imbécil!
—Ya lo sé. —La sujeto por la cintura y la atraigo hacia mí
—. Y tú eres mía. —Vuelvo a besarla y esta vez no me
aparta.
Cuando abandono su boca en busca de aliento, sonrío y
niego con la cabeza.
—¿Qué es tan gracioso? —inquiere con la respiración
alterada.
—Ya lo he entendido. No tienes ningún problema en dejar
que te folle, puedo besarte como un jodido animal salvaje,
pero los gestos cariñosos… —Amplío mi sonrisa—. Ese es el
problema, ¿verdad? No te sientes cómoda cuando te
demuestro algo más que deseo. —Gira la cabeza y la sujeto
por la barbilla para que me mire de nuevo—. Está bien.
Puedo hacer concesiones.
No lo hagas, idiota. Si empiezas a ceder, vas a terminar
aceptando que cualquiera pueda follarla.
—Estoy cansada. Quiero irme a dormir un rato.
—Está
respiro bien,por
hondo solo
la una cosaAcepto
nariz—. más. —Me
que noaparto un ningún
quieras poco y
tipo de gesto cariñoso, pero no voy a admitir que ningún
hombre respire cerca de ti. Esa es una jodida línea roja para
mí, Luna.
Frunce el ceño y cruza los brazos sobre su pecho
desnudo.
—Estás dando por hecho que he accedido a lo que sea
que quieras que seamos y yo no he dicho tal cosa.
Sonrío y me encojo de hombros.
—¿Quién te hace pensar que tienes otra opción?
Pone los ojos en blanco y se baja de la mesa de un salto.
Mi polla se tensa al ver como sus pechos rebotan, y cuando
se agacha para recoger su ropa casi no soy capaz de
contener el impulso de tumbarla de nuevo sobre la jodida
mesa y volver a follarla.
¡Hazlo! ¡Vuelve a machacar ese dulce coñito hasta que
sangre, joder!
—¿Sabes? Esa parte arrogante y mandona tuya que no
conocía hasta ahora empieza a ser bastante molesta. —Se
pone los pantalones cortos y después la camiseta sin
sujetador.
¿A qué esperas? Arráncale la maldita ropa con los dientes
y…
—No voy a hacer eso —murmuro entre dientes.
—¿Qué has dicho? —Luna se gira de golpe y clava sus
ojos azules en los míos.
—Nada importante. —Fuerzo una sonrisa mientras
intento ignorar las gilipolleces del hijo de puta que vive en
mi cabeza—. Nos vamos a la cama.
—¿Vamos? No dormiremos juntos.
—¿Apostamos?
—¡Deja de decir eso! —sisea.
Suelto una carcajada y me acerco más a ella.
—Pienso dormir abrazándote. Haz un berrinche si
quieres, pero va a suceder.
Resopla
antes de media
de dar pura frustración y patea a
vuelta y dirigirse el la
suelo con afuerza
puerta toda
prisa.
—¡Te olvidas de esto! —grito, y levanto su sujetador para
que pueda verlo.
Luna se gira a medias y esboza su habitual sonrisa de
arpía desvergonzada.
—Puedes añadirlo a tu colección de pervertido de mierda
—dice, sorprendiéndome.
Lo sabe. Sabe que tienes un jodido cajón entero de ropa
interior suya. Tantos años cascándotela con sus bragas y la
muy perra lo ha sabido todo el tiempo. Admítelo, desde que
me haces caso la vida es mucho más emocionante.
Pongo los ojos en blanco y en mi mente le hago un jodido
corte de manga al hijo de puta. Por una vez, me encantaría
poder sacarlo de mi cabeza.
Ya sabes lo que tienes que hacer. ¿Quieres que me vaya?
Dame lo que quiero.
—Ya buscaré a alguien a quien cargarme cuando
despierte. Estoy agotado —susurro.
¿Matar? ¡No has entendido nada, carajo! Ahora la quiero
a ella. Ve a buscarla y fóllate todos y cada uno de sus
agujeros.
Capítulo 40
Luna
Tres horas, eso es todo lo que soy capaz de dormir antes
de despertar sudando, en parte por las pesadillas, pero
también por tener a un hombre de casi dos metros y más de
cien kilos de músculo puro apretado a mi espalda. Supongo
que debería sentirme incómoda por dormir con Oscar, sin
embargo, no es así. Al contrario, tenerlo en mi cama es lo
más familiar y reconfortante que he sentido en los últimos
años, aunque en todas esas veces que desde niños
compartimos cama, ninguna de ellas tenía sus brazos
rodeando mi cuerpo ni mucho menos lo que parece ser su
erección presionando contra mi trasero. Intento moverme,
no obstante, el brazo que tiene sobre mi cintura me aprieta
con más fuerza.
—No —gruñe
olvídalo vas a huir de mí.
Oscar conLo
vozque sea que estés planeando,
somnolienta.
—No estoy huyendo, solo quiero ir al baño.
—Vuelve a dormir.
—No puedo —susurro, y exhalo con fuerza.
El agarre de su brazo se afloja y siento sus labios en mi
nuca.
—¿El sótano? —Su pregunta hace que todo mi cuerpo se
tense como la jodida cuerda de una guitarra—. Luna, sé que
no te gusta hablar de lo que pasó allí abajo, pero yo estoy
aquí para escucharte si en algún momento…
—Ya sabes lo que pasó —lo corto, y aprovecho para
apartar su brazo y ponerme en pie de un salto.
Antes de que pueda alejarme de la cama, Oscar me
sujeta por la muñeca.
—Lo siento. No era mi intención sacar un tema doloroso
ni entrometerme
Trago
T enfuerza
rago saliva con algo que solo te soy
y apenas concierne
capaz adeti.mantener
las lágrimas tras mis párpados. Inspiro hondo por la nariz y
busco en mi interior esa máscara de indiferencia que tanto
me ha costado crear durante años. Nunca le he contado a
nadie lo que sucedió en el sótano, ni siquiera a Oscar,
aunque no es difícil adivinarlo. Cuando Zarco me sacó de allí
estaba casi inconsciente. Esos cabrones me violaron hasta
que se cansaron de mí, y cuando estaba a punto de
desmayarme, solo me dejaron allí, en aquella cama de
sábanas raídas, y se largaron.
—Tampoco es para tanto —digo, y me encojo de hombros
—. Hay cosas peores que un puñado de hijos de puta
borrachos y drogados decidan divertirse con tu cuerpo.
Su mandíbula se tensa y las venas de su sien se hinchan.
—Quiero matarlos a todos —sisea con rabia.
Esbozo media sonrisa y me acerco un poco más para
poder acariciar su mejilla con mis dedos.
—Ya están muertos. He terminado con sus vidas millones
de veces en mi cabeza y de maneras muy creativas.
Créeme, ya no duele.
—Entonces, ¿por qué sigues teniendo esas pesadillas?
«Porque mi subconsciente es un maldito hijo de perra
que no me permite olvidar toda aquella mierda», quiero
decir, pero solo me encojo de hombros y aparto mi mano de
su rostro.
—Voy a darme una ducha. Ya casi es la hora del almuerzo
y necesito hablar con Zarco.
Antes de que pueda decir nada más, me marcho al baño
y al fin puedo soltar todo el aire que estaba conteniendo.
Mientras me desvisto y entro en la ducha soy incapaz de
dejar de pensar en la pesadilla que me ha despertado. Suelo
olvidarlas poco después de recobrar la consciencia, pero
esta vez, después de la conversación con Oscar sobre el
sótano… Resoplo con fuerza y dejo que el agua caliente
golpee mi rostro.
Sé que no hay nada que pueda cambiar lo que ocurrió en
el pasado. ¿De qué sirve lamentarse y lloriquear por las
esquinas? Tal vez, si mi infancia hubiese sido normal, si no
hubiese crecido en medio de ese infierno, si mi familia fuese
otra… Tal vez, solo tal vez, mi vida sería distinta, yo no sería
como soy. A veces me odio por no saber ser mejor persona,
más amable y simpática, por haber hecho de la máscara mi
propio rostro.
Cierro los ojos y el agua que recorre mi cuerpo desnudo
me resulta incómoda, es casi como si se trataran de unas
manos. Mi corazón se acelera y un nudo de angustia me
cierra la garganta.
«¿Vas a ser una buena chica, ¿verdad? Eso es, pequeña.
No te resistas».
Cierro el grifo de golpe y exhalo con tanta fuerza que me
queman los pulmones. Me apoyo en la pared de azulejos
mientras intento borrar de mi mente esos recuerdos
horribles. Estoy a punto de perder la cabeza cuando por el
rabillo del ojo veo una sombra. Oscar está al otro lado de la
puerta entreabierta, observándome, espiándome, como
siempre. Respiro hondo y noto como mi corazón recupera su
ritmo normal segundo a segundo. Lo sigo mirando de reojo
para que no se dé cuenta de que sé que está ahí. Él es todo
lo que necesito para ahuyentar las pesadillas. Siempre ha
sido así. Cuando Oscar está a mi lado, me siento invencible
porque
malo mesé a ciencia cierta que jamás permitirá que nada
ocurra.
—¿Vas a entrar o pretendes quedarte mirando como un
puto pervertido?
Escucho sus pisadas y la mampara de cristal se abre de
un tirón. Está desnudo y sigue igual de empalmado que
cuando abandoné la cama. Su polla gruesa de venas
hinchadas apunta hacia arriba como un jodido misil.
—¿Cómo lo has sabido? —inquiere, frunciendo el ceño—.
No hice ruido. ¿Cómo supiste que estaba en la puerta?
Se me escapa una carcajada y señalo por encima de su
hombro.
—Veo tu reflejo en el espejo, idiota. —Da un paso al
interior de la ducha y coloco mis manos sobre sus hombros
abultados —. Un cuerpo tan grande para un cerebro tan
pequeñito. Es una pena.
Su mirada se oscurece y rodea mi cintura con el brazo
para atraerme hacia él.
—¿Sabes que es lo que no tengo pequeño? —Desliza la
mano hasta mi trasero y me pega más a su cuerpo para que
pueda notar su erección contra mi vientre—. Acabas de
invitarme a ducharme contigo. No he tenido que presionarte
ni hacer uso de la fuerza. Creo que vamos avanzando por el
buen camino, cariño —susurra, y deposita un beso en mi
clavícula, justo encima del tatuaje de mariposa.
—Tal vez necesite un poco del monstruo para ahuyentar
mis malos pensamientos —respondo en su mismo tono
mientras jugueteo de forma distraída con la pulsera de hilo
que rodea su muñeca.
Se aparta unos centímetros y busca mi mirada.
—¿Estás bien? Hace un momento parecías estar pasando
un mal momento.
Inspiro hondo por la nariz y me aferro con todas mis
fuerzas a la máscara.
—Sí. —Esbozo una falsa sonrisa—. El idiota de Beni se
cree invencible, sin embargo, yo sé que lo soy. Nada puede
destruirme.
«Es imposible romper lo que ya está roto».
—A mí sí hay algo que puede hacerlo. —Enmarca mi
rostro con sus manos y me besa en los labios—. Tú eres la
única capaz de llevarme al mismísimo infierno y sacarme de
él —susurra contra mi boca.
Vuelve a mirarme a los ojos y un sentimiento maravilloso
y al mismo tiempo aterrador invade mi pecho.
—Bésame otra vez —pido con voz temblorosa.
Una chispa
sonrisa ladeadade sorpresa
que aumenta ilumina su mirada
esa sensación deyeuforia.
esboza una
—No tienes ni idea de lo mucho que me arrepiento de no
haber cedido antes a sus exigencias —dice antes de pegar
su boca a la mía.
No entiendo su comentario, sin embargo, cuando su
lengua invade mi boca pierdo cualquier sentido de la
realidad. Oscar sabe demasiado bien, a hombre, a
seguridad, a… hogar.
Capítulo 41
Oscar
«Tal vez necesite un poco del monstruo». ¡Ja! ¡A mí! Es a
mí a quien quiere. ¡Te lo dije, carajo! ¡Si me hubieses hecho
caso…!
Pongo los ojos en blanco y sigo descendiendo uno a uno
los escalones. Intento apagar su voz, pero como es
costumbre, no sirve de nada. Al llegar abajo, lo veo al pie de
la escalera sonriendo de manera triunfal.
t riunfal.
—Ya has dejado claro tu punto. Ahora cállate de una
maldita vez —farfullo, y paso a su lado para dirigirme al
comedor.
Sigue parloteando sin parar, jactándose de lo bueno que
es y todo lo que está haciendo por mí, incluso cuando tomo
asiento en mi lugar habitual de la mesa, justo al lado de
Luna. Todos comen en silencio. El único que falta es Lagos.
No parecen de buen humor.
humor. Sin embargo, y a pesar de todos
los problemas, yo no puedo evitar sentirme como el tipo
más afortunado del jodido universo.
—Esto
Zarco parece
levantaun
lafuneral —masculla
vista de su platoAlex.
para lanzarle a su
hermano una mirada de advertencia.
—No sabes cuándo estar callado, ¿verdad? —le susurra
Angy. Alex solo se encoge de hombros y sigue comiendo.
Echo un vistazo por encima de mi hombro y se me
escapa una sonrisa.
¡Maldición, ese pelo me pone muy cachondo! Vas a tener
que follártelo también. Y mírale las tetas. ¿Cuántos
mordiscos crees que aguantarían antes de empezar a
sangrar?¡Tócala! ¡Haz algo!
Yo no soy tan sádico como el jodido hijo de puta que vive
Yo
en mi cabeza, pero admito que me muero de ganas de
volver a estar en su interior, y eso que solo hace unos
minutos que salimos de la ducha después de follar como
animales. La tomé con tanta fuerza contra la pared que aún
meEstiro
parece
la imposible
mano por que pueda
debajo caminar
de la mesa ypor su propio
acaricio pie.
su rodilla.
Luna da un respingo y gira la cabeza hacia mí con la
velocidad de un látigo. Sus ojos se abren hasta el
nacimiento del pelo y niega con la cabeza de manera casi
imperceptible.
¡Oh, oh! Esto no es bueno. ¿Está intentando ocultar de
los demás lo que pasa entre vosotros? Espero que tengas
las pelotas para no permitírselo.
Intenta apartar mi mano, pero la sujeto con más fuerza y
frunzo el ceño. Estoy a punto de perder la paciencia y
arrastrarla a mi regazo delante de todos para que entienda
que no puede mantener lo nuestro en secreto como si se
avergonzara de ello cuando Lagos entra en el comedor
comedor..
—¡Lo he logrado! —exclama, y sonríe de oreja a oreja.
Zarco deja los cubiertos sobre la mesa y lo mira expectante
—. Acabo de hablar con Roma Provenzano. Él y Nicola
Baglioni tienen un proveedor de armas en el sur de Francia.
Pueden meter en España el cargamento íntegro que
acordamos con los Novoa mañana mismo.
—¡Bien! —Zarco da un golpe sobre la mesa y exhala de
puro alivio—. Algo que sale bien. ¡Ya era hora!
—No va a ser barato —añade Lagos.
—Lo importante es cumplir con los españoles —intercede
Bailey sin dejar de comer de su plato.
Zarco me señala con el dedo índice y después a Luna.
—Vosotros,
ordenar preparaos
al piloto que tengapara
listosalir depara
el jet inmediato. Voyuna
dentro de a
hora.
—Espera, ¿prepararnos? ¿A dónde vamos? —inquiere
Luna.
Asiento con la cabeza y retiro mi silla, haciéndola chirriar
sobre el suelo.
—Vamos, te lo explico mientras coges algo de ropa. —
Retiro la silla de Luna y ella se pone en pie, aún con gesto
de confusión.
tiroAntes
de elladepara
quesalir
pueda decir nada más, agarro su mano y
del comedor.
—¡Oye, espera! —Se detiene de golpe al pie de la
escalera y me giro con el ceño fruncido y la mandíbula
apretada—. ¡¿A ti qué mierda te pasa?! No soy una muñeca
de trapo para que me lleves de un lado a otro a rastras. Ni
siquiera sé a dónde vamos.
—A España —escupo, intentando contener las ganas de
tumbarla en la puta escalera y demostrarle que no puede
ocultarme como si lo nuestro fuese un sucio secretito—. Ya
tendrás tiempo para hacerte a la idea. Ahora prepara una
mochila con lo que necesites para un par de días.
Entregaremos la mercancía a los Novoa y regresamos a
casa.
—¿Por qué yo?
—Puedes cubrir nuestro rastro cuando entremos en
Europa. Asegúrate de tener lo necesario para hacerlo. —
Vuelvo a tirar de su mano y subo el primer escalón, pero ella
no avanza.
Cárgala sobre tu jodido hombro y de paso azota ese
trasero hasta que no pueda sentarse durante una semana.
La zorra necesita una lección.
Gruño e ignoro su maldita voz en mi cabeza.
—¡¿Qué parte de «nos vamos» no has entendido? —
siseo, girándome de nuevo.
—La parte en la que te estás comportando como un
imbécil
suelto—.y ¿Se
no sé cuálsaber
puede es el qué
motivo. —TiraHace
te pasa? de su
unmano y la
rato eras
todo sonrisas y arrumacos, tuve que escaparme de la ducha
porque no te apartabas de mí, y ahora parece como si me
odiaras. ¿Qué he hecho?
—Nada. Vámonos de una puta vez —farfullo, y empiezo a
subir los escalones.
—¡¿Esto es por lo de la mesa?! —grita, y me detengo.
deten go.
Te estás enfurruñando como un crío. Dile que no vas a
seguir siendo su perrito faldero
faldero..
—Cállate
—¿Ocurre—siseo entre dientes
algo? —escucho y exhalo
la voz cony fuerza.
de Zarco me giro.
Lagos, Alex y las chicas están con él y todos se
mantienen a unos metros de distancia.
—No pasa nada —respondo, y dirijo mi mirada a Luna—.
Te
Te esperaré en el garaje.
¡Puto cobarde!
Sin dar más explicaciones, me doy la vuelta y sigo
ascendiendo un escalón tras otro. No tardo ni dos minutos
en recoger algo de ropa y vuelvo a bajar. Todos están en el
mismo lugar en el que los dejé. Mi intención es no
detenerme. Salir de la maldita casa antes de perder el poco
autocontrol que conservo e intentar calmarme de camino al
aeropuerto, sin embargo, al pasar junto a Luna, me sujeta
por el antebrazo y no me queda más remedio que parar
parar..
—Eres un idiota —sisea, y antes de que pueda reaccionar
sus manos tiran de mi cabeza hacia abajo y tengo su boca
sobre la mía. El beso solo dura unos segundos, pero es
suficiente para dejar a todos los que nos rodean
boquiabiertos—. Ahí está, ya puedes dejar de comportarte
como un niño de cinco años al que le han robado la
merienda. —Da media vuelta y empieza a subir las
escaleras—. Estaré lista en cinco minutos.
Te lo dije, imbécil. Enfurruñarte no sirve de nada. Actúas
o te quedas quieto, pero no pretendas que ella sepa lo que
estás pensando si no se lo dices.
Cuando su
conservan dejo de yverla,
sabor, exhalome
conlamo los labios, que aún
fuerza.
—¿Qué está pasando aquí? —inquiere Zarco.
Lo miro sin saber qué contestar. No es que deba darle
explicaciones sobre lo que Luna y yo hagamos con nuestras
vidas, pero esto ha sido tan inesperado que me ha dejado
en blanco. Por suerte o por desgracia, Lagos sale a mi
rescate. Coloca su mano en el hombro de Zarco y le da un
leve apretón.
—Oscar al fin ha logrado que Luna le haga caso.
—¿Qué? —Nuestro jefe clava su mirada en la mía con
gesto de confusión.
—¡Vamos! ¡¿En serio nadie se había dado cuenta de que
Oscar lleva toda la vida enamorado de Luna?!
—Yo sí. —Ness alza la mano y me dan ganas de tirarme
desde lo alto de un jodido acantilado.
¿Se puede ser más patético? Ya respondo yo a eso. No,
es imposible.
—No lo sabía —susurra Zarco, y su mirada regresa a la
mía—. No tenía ni idea, hermano.
Asiento con la cabeza. Aunque no lo diga, sé que sus
palabras son una especie de disculpa. Al fin y al cabo, tuve
que ser testigo de la especie de romance que hubo entre
ellos durante años. Carraspeo y le lanzo una mirada de
advertencia a Lagos cuando abre la boca de nuevo. Por
suerte, tiene el buen criterio de volver a cerrarla y rodea los
hombros de su esposa con el brazo para atraerla a su
costado.
—Bueno, si ya ha terminado la telenovela de la tarde,
nosotros nos vamos —anuncia Alex.
Por primera vez desde que lo conozco me alegra que sea
un bocazas, ya que ha logrado atraer la atención hacia él y
todos dejan de mirarme a mí.
—No, quedaos unos días más —replica Zarco—. Luna se
marcha a España y necesito a Angy.
—¡Una mierda necesitas a mi mujer! —exclama Alex.
susAntes de que
habituales los dos hermanos
discusiones, se enfrasquen
me despido en yuna
con la mano de
salgo
de la mansión a toda prisa.
Míralo por el lado bueno, aunque ahora esté cabreada, te
ha besado delante de todos. Eso tiene que significar algo,
¿no?
Gruño y aprieto el paso para llegar al garaje cuanto
antes. Voy a tener que empezar a plantearme cuándo hacer
caso al hijo de puta y cuándo no.
Claro, si resulta que ahora la culpa es mía. Adelante, solo
te he conseguido a la chica, pero ¿quién lleva la cuenta?
Monstruo es el malo, el impulsivo, el que siempre comete
errores, el que…
—Dios santo, cállate de una vez —murmuro
—murmuro..
Capítulo 42
Oscar
Después de casi veinte horas de vuelo y una parada
obligatoria en Boston para repostar antes de sobrevolar
todo el atlántico norte, al fin aterrizamos en el aeropuerto
de Vigo en lo que se supone que debería ser media mañana,
pero en España ya ha anochecido. Odio el cambio horario,
sin embargo, al estar acostumbrado a dormir poco, no suelo
notar el jet lag. A Luna le sucede lo mismo, aunque eso es
algo que deduzco por mí mismo, ya que no ha vuelto a
dirigirme ni una sola palabra desde que subimos al avión.
A pesar de las constantes quejas y burlas del hijo de
puta, he contenido el impulso de presionarla para que hable
conmigo. Tengo la sensación de que necesita un tiempo
para aclimatarse a esta nueva situación, y estoy dispuesto a
dárselo.
Un todoterreno nos espera a la salida del aeropuerto. Me
pongo al volante y Luna se instala en la parte trasera. Me
guío por las indicaciones del navegador mientras ella teclea
en su portátil sin parar. También ha traído lo que parece ser
una impresora portátil y un montón de cacharros más que ni
siquiera
trasteandosécon
para qué
ellos. sirven.
Cuando Durante
estamos el vuelo
a solo estuvo
unos minutos
de llegar a nuestro destino, un pequeño pueblo costero
llamado Meiral de Gredos, se asoma entre los asientos
delanteros y me tiende una tarjeta de identificación.
—Este es el nuevo tú —dice, y sin apartar la mirada de la
carretera cojo la tarjeta. Le echo un vistazo rápido y frunzo
el ceño—. ¿Alberto Martínez?
—Sí, es un buen nombre y bastante común. Podría haber
escogido otro como Oscar Santos, pero me pareció
demasiado infantil, inseguro, caprichoso, voluble…
—Ya lo he pillado, Luna —la corto, haciendo una mueca
con los labios—. Me alegra comprobar que vuelves a
hablarme.
Me aparto un poco cuando noto cómo pasa entre los
asientos para acomodarse en la parte delantera y la miro de
reojo.
—A mí me alegra comprobar que puedes controlarte y no
presionarme para que hable contigo cuando solo tengo
ganas de arrancarte la cabeza.
Esbozo una pequeña sonrisa y doy un giro cerrado a la
derecha para adentrarme en una carretera de un solo carril,
empedrada y muy bien cuidada.
—Creo que hemos llegado —informo cuando las luces del
vehículo iluminan lo que parece ser la entrada a la
propiedad. Dos hombres custodian un portal de rejas
metálico de más de cinco metros de alto y otro tanto de
ancho. Me detengo y uno de ellos se acerca a mi ventanilla
—. Buenas noches. Somos…
—Sé quiénes sois —me corta. Tras decirle algo al otro
tipo en un idioma o dialecto que no soy capaz de entender,
abre la puerta trasera y entra—. Avanza. Verónica os está
esperando.
Luna y yo nos miramos con confusión. El plan es que nos
quedemos con los Novoa hasta que la mercancía sea
entregada. Ellos estuvieron
estuvieron un par de días en la mansión del
Clan
mismo,Z yy sifueron tratados
no es así… como
Le hago un invitados, esperamos
gesto con los lo
ojos a Luna
en dirección a la guantera y ella asiente de manera casi
imperceptible. Hay una pistola ahí dentro y llevo otra justo
debajo del volante.
Detengo el todoterreno frente a una enorme casa de
estilo clásico. La fachada está parcialmente iluminada por
pequeñas luces blanquecinas. Salimos y me coloco el arma
en la cinturilla del pantalón. No disimulo ni intento
esconderla. Quiero que todo aquel que me vea sepa que
tengo con qué defendernos en caso de que intenten algo
contra nosotros. Subimos una escalera ancha y larga hasta
la puerta principal, que está abierta. El recibidor es amplio.
Parece una casa antigua que ha sido reformada por
completo. Los techos son altos y hay cuadros y fotografías
colgando en las paredes.
El tipo, que aún no se ha presentado, nos guía hasta lo
que parece ser una sala de estar. Allí, sentados en un sofá
en forma de ele, se encuentran Gael y Verónica Novoa,
también hay una chica y otro hombre más con pinta de
guardaespaldas.
—¡Ya era hora! —exclama la chica desconocida. Tiene el
pelo teñido de un color rosa fucsia muy llamativo. Se pone
en pie de un salto y se acerca a nosotros—. ¿Este es el tal
Monstruo? —Me tenso y observo a la chica mientras me
recorre con la mirada de pies a cabeza—. No asusta tanto.
Parece un osito de peluche grande y… —Coloca su mano en
mi abdomen y abre mucho los ojos—. Aquí se puede rallar
queso. ¿Por qué tú no tienes de estos, carabebé?
El tipo que nos ha acompañado bufa y pone los ojos en
blanco.
—Ana, deja de manosear a nuestros invitados —le dice
Verónica en tono divertido.
La chica sigue moviendo su mano hasta llegar a mi
pecho. Me hace sentir incómodo, pero no parece darse
cuenta. No soy muy fan del contacto físico, y menos aún
con¡No
desconocidos.
seas aburrido! Esto se pone interesante. ¿Pelo azul o
pelo rosa? No me importaría tenerlas a ambas a la vez.
—¡Por Dios! Parece hecho de acero. Tiene músculos por
todas partes —susurra.
Escucho el sonido metálico que produce un arma al ser
amartillada, y al darme cuenta de que es Luna quien la
empuña y está apuntando a la chica, que sigue con sus
manos en mi pecho, sé que acabamos de meternos en un
buen lío. Ni siquiera me di cuenta de que la cogía de la
guantera del coche.
—Aparta tus jodidas manos de él —sisea entre dientes.
Eso es, la arpía marca territorio. ¡La tienes en el bote!
Doy un paso lateral para intentar cubrirla con mi cuerpo,
pero es demasiado tarde. Tres pistolas la tienen como
objetivo: la de Verónica, la del tipo que nos recibió en la
entrada y la del otro también, el más grande. Solo puedo
responder de la misma manera. Tardo menos de un segundo
en empuñar mi arma.
—No es demasiado inteligente venir a mi casa y
amenazar a mi gente —dice Verónica. Parece demasiado
tranquila, como alguien que está acostumbrada a lidiar con
este tipo de situaciones a diario.
d iario.
Miro a Luna de reojo. Está sonriendo de esa manera tan
característica suya.
Deja que se peleen entre ellas. Es más, podrías pedirles
que se quiten la ropa.
—Tampoco lo es dejar que «tu gente» incomode y acose
a «mi gente» —replica Luna.
—Eso tengo que concedértelo.
—¿Podemos por una vez comportarnos como personas
civilizadas? —intercede Gael. Bufa al darse cuenta de que
nadie le está haciendo caso—. Princesa, baja el arma. Tú
hubieses actuado igual si una desconocida me manoseara
nada más verme.
Verónica entorna los ojos y suspira con fuerza antes de
bajar la pistola
—Está bien, ychicos.
guardarla a sua espalda.
Vamos dejarlo estar —ordena, y los
otros dos también guardan sus pistolas.
En cuanto estoy seguro de que los ánimos se han
calmado un poco, hago lo mismo y después me giro para
ver como Luna sigue mi ejemplo.
—Creo que hemos empezado con mal pie —señala
Verónica—. El Clan Z nos trató muy bien cuando estuvimos
en vuestro territorio y mi intención es que os sintáis del
mismo modo en nuestro hogar. Ya conocéis a Juan. —Señala
al chico que nos recibió y a continuación al otro—. Ese es
César, y la de las manos inquietas se llama Ana.
—¡Siempre tienes que liarla, joder! —le recrimina Juan a
Ana.
—¡Madre mía! ¡Qué sensible estamos! —exclama, y se
gira hacia nosotros con una sonrisa forzada—. Lo siento, no
pretendía incomodarte. A veces me dejo llevar por mis
impulsos.
—Más bien todo el tiempo —replica Juan.
La chica pone los ojos en blanco y extiende su sonrisa.
—Ignorad a mi marido. No siempre es un amargado sin
sentido del humor. —Lo mira a él—. ¿O sí?
—Está bien —mascullo, y tomo una respiración profunda
—. Solo ha sido una confusión, eso es todo.
—Supongo que estaréis cansados por el viaje y el cambio
horario. He pedido que os preparen un par de habitaciones.
—Nos sirve con una sola. —Ni de puta broma voy a
permitir que Luna pase la noche lejos de mí, y menos aún
estando tan lejos de nuestro hogar.
—Queréis saber cuándo llega la mercancía, ¿verdad? —
intercede Luna sin dejar de mirar a la tal Ana de reojo.
—Eso estaría bien —responde Gael.
Luna exhala con fuerza, y tras bajar la mochila que
llevaba colgada del hombro, saca de su interior el ordenador
portátil y se pasea por delante de todos hasta llegar al
centro de lay empieza
de madera sala. Deja el aparato sobre una mesa ovalada
a teclear.
—Espera… ¡tú eres Luna! —exclama Ana, y sonríe de
oreja a oreja—. Angy me ha hablado de ti.
Luna chasquea la lengua y ni siquiera se molesta en
girarse, solo lanza las palabras sobre su hombro.
—Cuánta emoción. Si pretendes meterme mano a mí
también, puedes ahorrártelo. No eres mi tipo.
—Oye, me gusta esta chica —dice Ana tras soltar una
carcajada.
Luna retrocede un par de pasos y señala la pantalla del
ordenador. Enseguida, Verónica, Gael y yo nos acercamos
para ver lo que parece ser un mapa.
—Las armas salieron de Toulouse ayer. Viajaron por
carretera hacia la costa, un barco las recogió cerca del
puerto de Biarritz y desde entonces han estado recorriendo
el resto del trayecto por mar. Llevan una baliza GPS.
Gael se acerca más para echar un vistazo y parece hacer
cálculos mentales.
—Hay cerca de cuatrocientas treinta millas náuticas
desde Biarritz hasta aquí. —Se gira hacia su esposa y
asiente—. Tenemos que estar listos para descargar mañana
por la noche.
—Yo me encargo —dice Juan.
—Avisaré a Velázquez para que tengamos el camino
despejado —añade Gael.
—Bien. —Luna cierra el ordenador y lo vuelve a meter en
la mochila—. Ahora me gustaría darme una ducha caliente.
—Claro, ya es tarde —está de acuerdo Verónica—. Tal vez
por la mañana os apetezca dar un paseo por el pueblo. No
es muy grande, pero las vistas de la ría son increíbles. Al fin
y al cabo, tenéis que hacer algo para pasar el rato, ¿cierto?
—Por supuesto —susurro antes de que Luna pueda decir
nada. Tengo claro que no se siente a gusto con esta gente y
eso puede ser peligroso, ya que carece de cualquier filtro
entre su cerebrode
—Después y la boca.
desayunar entonces. Nosotros os
acompañamos.
Asiento y coloco mi mano en la parte baja de la espalda
de Luna para empujarla despacio cuando Ana se ofrece a
guiarnos hacia el lugar en el que se encuentra el dormitorio
que vamos a ocupar.
Capítulo 43
Luna
—¿Qué estás haciendo? —me pregunta Oscar cuando
sale del baño, aún con el pelo mojado y con solo un
pantalón de algodón colgando de sus caderas.
Tardo
Tardo unos segundos en comérmelo con la mirada antes
de regresar a mi tarea en el ordenador. Oscar se sienta al
borde de la cama de la que yo ocupo justo el centro y
permanece en silencio un rato. Después resopla.
—¿Qué? —inquiero.
—inquiero.
—Te he hecho una pregunta. ¿Vuelves a ignorarme?
—No, solo estoy descubriendo lo peculiar que es este
pueblo. —Frunzo el ceño y levanto la vista de la pantalla—.
¿Sabes que Verónica Novoa está legalmente muerta? —
Arruga el entrecejo y niega con la cabeza—. Según tenía
entendido, los Novoa vivían en una pequeña isla de Costa
Rica porque ella fingió su propia muerte para huir de la
cárcel. Por eso me extrañó tanto que se arriesgara a volver
a España. Pensé que tal vez se escondía en esta casa hasta
regresar a Centroamérica,
salir a pasear por el pueblo ypero pentonces
me puse mencionó
use a investigar
investigar.
. lo de
Oscar sonríe y desliza su mano por mi muslo desnudo.
Incluso aquí, en el norte de España, donde se supone que
siempre llueve, hace un calor horrible y he decidido
ponerme
ducharmeun pantalón
hace corto y una camiseta de tirantes tras
un rato.
—¿Qué es lo que tiene de tan especial?
—Su gente —respondo, y busco su mirada—. Casi toda la
población, de manera directa o indirecta, supuestamente
vive de la empresa de cría, depuración y venta de mejillón
que pertenece a la familia Novoa desde hace décadas.
—¿No es así?
—Sí, pero la empresa es una tapadera y al mismo tiempo
una máquina de lavar dinero bien engrasada.
—Eso es lo mismo que hacemos nosotros con el Madness
y el resto de clubes de Arizona.
—Sí y no. Nosotros… Bueno, Beni contrata a personal
para los clubs, pero ellos no saben de dónde viene en
realidad el dinero que paga sus sueldos. La gente de este
lugar está al corriente de todo. Saben a lo que se dedican
los Novoa y no solo les da igual, los protegen. Por eso
Verónica no tiene ningún problema en pasearse por las
calles sin miedo a que alguien alerte a las autoridades. Le
son leales hasta la muerte.
—Debe pagarles muy bien —masculla con gesto
pensativo.
—Yo pensé lo mismo, y entonces encontré varios
artículos y notas de prensa. —Me muevo por varias páginas
en las que he logrado entrar y compruebo que el propio
pueblo es el más rico de toda la comarca—. Es por gratitud.
No solo se trata de Gael y Verónica, su padre, Xacinto
Novoa, era una especie de capo de la zona antes de que lo
Novoa, era una especie de capo de la zona antes de que lo
encarcelaran, después su hija asumió el mando junto a su
hermano
—Gaeladoptivo.
es su hermano adoptivo, ¿verdad? —Asiento para
confirmarlo, aunque eso es algo que ya sabíamos—. ¿A
dónde quieres llegar, Luna?
—La gratitud. Eso es lo que hace que Verónica pueda
vivir tranquila, tiene la lealtad de su pueblo, la protegen y
adoran porque tienen demasiado que agradecerle. Sus
casas,
Es una sus coches,
especie sus trabajos…
de sistema Todo se loeldan
que implementó los cuando
padre Novoa.
estaba al mando. Ellos se lo dan todo y a cambio solo piden
lealtad.
—No está mal. —Su mano presiona mi rodilla con
suavidad y esboza una pequeña sonrisa—. Aunque yo
prefiero a la vieja y confiable violencia. Un par de piernas
rotas, algo de tortura... La lealtad puede ser entregada o
arrebatada. Si le metes a alguien el miedo en el cuerpo te
ganas su lealtad, aunque sea por las malas.
—A los Novoa les va bien con ese planteamiento. Tal vez
podríamos adoptarlo también. No me refiero a la gente del
clan, sino a nuestros trabajadores en los clubs y el resto de
negocios.
Oscar estrecha su mirada sobre mí y niega con la cabeza.
—No creo que funcione. Phoenix es una ciudad
demasiado grande para hacer algo así. Aquí lo tienen fácil.
Estoy seguro de que las autoridades hacen la vista gorda
porque les interesa seguir beneficiándose del
d el dinero negro.
Sigo trasteando en el ordenador. Entro en la página web
del registro de la propiedad sin ni siquiera tener que
cometer algún delito. Los archivos son públicos.
—Basándome en la cantidad de propiedades de lujo que
están a nombre del alcalde, tienes razón.
—¿Te imaginas a los políticos de Arizona colaborando con
nosotros? No me refiero a los corruptos que acuden al
Madness. Los políticos de verdad, esos que ganan
elecciones nacionales.
—No, la verdad. —Suspiro y cierro el portátil—. Supongo
que—Lo
tienes
es. razón,
—Sigue esacariciando
una locura.mi muslo en silencio durante
unos segundos, aunque por la forma en la que me mira sé
que quiere decirme algo más. Estoy a punto de preguntarle
qué está tramando cuando vuelve a hablar—. Por cierto, no
he querido sacar el tema, pero tengo que hacerlo. —Ni
siquiera tengo que pararme a pensar a qué se refiere. Ana y
yo apuntándola
defensa cuando con una pistola—.
llegamos, Gracias
aunque casi por salir
consigues queennos
mi
maten. Me pregunto por qué lo hiciste. ¿Celosa?
Esbozo media sonrisa y pongo los ojos en blanco.
—¿Celos? —Niego con la cabeza—. Oscar, tendrías que
haberte visto. Parecías una estatua de tan tenso que
estabas mientras esa idiota te manoseaba. Solo intenté
echarte una mano para que dejaras de sentirte tan
incómodo.
Inspira hondo por la nariz y busca mi mirada.
—Entonces, que nuestra relación haya cambiado no tiene
nada que ver con ese arranque impulsivo, ¿verdad?
—¿Nuestra relación ha cambiado? —Arqueo una ceja con
diversión—. ¿Quién lo dice?
Con un gruñido, aparta el ordenador de mi regazo y se
abalanza sobre mí. Antes de poder reaccionar, ya estoy
tumbada sobre el colchón y lo tengo encima.
—Lo digo yo y todas las veces que has gritado mi nombre
mientras te corrías —sisea, y una de sus manos se pasea
por mi costado arrastrando la camiseta de tirantes hacia
arriba.
—Yo no recuerdo que hayan sido tantas —replico.
Una chispa de diversión brilla en sus ojos y abarca uno
de mis pechos desnudos con la mano.
—Puedes empezar a apuntarlas porque antes de que
termine la noche vas a perder la cuenta —susurra, y su boca
cae sobre la mía.
Oscar
He descubierto que sufrir insomnio puede no ser tan
malo como creía, al menos no si esas horas las invierto en
algo interesante como hacer que Luna se corra todas las
veces posibles antes de perder la consciencia.
Por la mañana, después de despertarla para follarla de
nuevo en la ducha, bajamos a desayunar con los Novoa y su
gente, entre los que se encuentra un niño llamado Anxo,
hijo de Verónica y Gael, que tiene una edad aproximada a la
de Lucas. Nos hace preguntas desde el otro lado de la mesa,
aunque yo soy el único que interactúa con él, por lo tanto,
no tarda en ignorar a Luna y sentarse a mi lado para
continuar con su particular interr
interrogatorio.
ogatorio.
Después de desayunar, y tal como mencionó anoche
Verónica, salimos a dar un paseo por el pueblo, que resulta
ser precioso. Toda la gente con la que nos cruzamos saluda
a los Novoa con cariño y respeto y siguen con sus vidas
como si no acabaran de ver a una persona que se supone
que está muerta. Luna tenía razón, le son leales hasta la
muerte. Nos sentamos a almorzar en una terraza frente al
mar. Degustamos distintos mariscos y pescados de la zona.
Gael y Ana llevan el peso de todas las conversaciones,
aunque yo intento participar en ellas en la medida de lo
posible. Luna ni siquiera se esfuerza en ser educada y fingir
que los escucha. Solo trastea en su teléfono con gesto
aburrido.
A media tarde regresamos a la casa y nos preparamos
para lo que nos ha traído aquí. El barco con las armas
llegará a tierra cerca de la medianoche, los hombres de los
Novoa descargarán la mercancía y la llevarán a un almacén
seguro donde todos iremos para comprobar que ha llegado
en buenas condiciones y en la cantidad que fue acordada.
En el último momento, cuando ya estamos a punto de
dirigirnos al lugar desde donde vamos a ver cómo
transcurre la descarga, un socio de los Novoa aparece en la
casa. Nos lodemasiado
No parece presentanamistoso,
con el nombre o apodo
y no lo piensode Quiroga.
solo por el
hecho de tener una cicatriz que le cruza la mejilla, es su
actitud la que lo hace parecer un hombre duro e
intransigente. No tengo problema con eso. Mientras sea de
fiar me sirve.
Capítulo 44
Luna
La entrega de las armas es todo un éxito. Han llegado en
perfectas condiciones y el socio de los Novoa se ha
marchado satisfecho, ya que ese cargamento va destinado
a un cliente suyo, por lo tanto, nuestro trabajo está hecho.
Nuestra intención era marcharnos justo después, pero
Ana insiste en que nos quedemos a pasar la noche para
celebrar el buen funcionamiento de la operación. Tengo que
admitir que ya no me cae tan mal como cuando llegamos.
Después de pasar todo el día escuchando sus bromas fuera
de lugar y las constantes provocaciones a todo aquel que la
rodea, me he dado cuenta de que no somos tan distintas, al
fin y al cabo. Ella parece divertirse con su forma de actuar,
yo, sin embargo, lo hago para proteger
protegerme.
me.
Muchaque
mujeres, gente piensa
no logro que tengo
conectar un problema
con ellas y por eso con las
soy tan
odiosa, pero no es cierto. Mi problema es con cualquier
persona que amenace la estabilidad de mi familia. Bailey,
Ness… Ellas llegaron a nuestras vidas de la nada, se
mudaron a la mansión, absorbieron los cerebros de Zarco y
Lagos…
Durante toda mi infancia y adolescencia no tuve a nadie
a quien de verdad pudiese considerar cercano. Estaban mi
padre y mi hermano, pero ellos son dos hijos de puta sin
pizca de humanidad, así que no cuentan. Fue solo cuando
Zarco creó el Clan Z que descubrí lo que se siente cuando
otras personas están ahí para ti, cuidándote y
protegiéndote, y por ese mismo motivo, porque Bailey y
Ness hicieron tambalearse esa sensación de seguridad, se
ganaron todo mi rechazo. Y sí, el tiempo ha puesto cada
cosa en su lugar y a día de hoy las considero parte de mi
familia, aunque ellas no lo sepan.
Acabamos aceptando la propuesta de Ana, ya que
también quiero que me dé el software de hackeo que ella
misma ha creado. Tuve la oportunidad de mencionárselo por
la tarde, sin embargo, solo ha accedido a cedérmelo si los
acompañamos a un pub cercano para tomar unas copas.
Tres
Tres horas, eso es todo lo que soy capaz de aguantar.
aguantar.
Cerca de las cinco de la madrugada, y con más alcohol en la
sangre de lo que soy capaz de calcular, salimos del local
dispuestos a regresar a la casa de los Novoa. Oscar conduce
el mismo coche con el que vinimos del aeropuerto por la
carretera de montaña que separa el pueblo de la zona
apartada donde viven los Novoa.
—Al final, no ha sido tan horrible —comento,
recostándome en el asiento del pasajero.
pasajero.
—Sí —susurra de manera distraída.
Ha estado comportándose de una forma muy extraña
casi toda la noche. Cuando fuimos al almacén estaba bien, y
también al llegarde
se ha separado al pub.
mí niDesde que llegamos
un instante, sujeta amiEspaña
mano no
al
caminar por la calle, incluso aunque yo no quiera, no pierde
oportunidad para besarme o atraerme hacia su cuerpo,
acaricia mi rostro, mi pelo… Tengo que admitir que resulta
extraño, pero en absoluto desagradable. Sin embargo, algo
ha cambiado en algún momento de la noche porque parece
distante y pensativo.
—¿Te encuentras bien? —inquiero. No me escucha, y si lo
hace, finge que no—. Oscar, ¿te pasa algo? —Da un
volantazo cuando un coche invade el carril en dirección
contraria y me veo obligada a sujetarme al salpicadero para
no salir disparada.
—¡Mierda! —exclamo, y me llevo la mano al pecho,
donde el cinturón de seguridad se ha incrustado en mi piel
cuando Oscar ha detenido el todoterreno de un frenazo
brusco.
—¡¿Estás herida?! —Se gira en el asiento y sus manos
sujetan mi rostro—. ¡Luna, habla conmigo!
—No. Solo ha sido un pequeño golpe. —Muevo mi cuello
de un lado a otro—. ¿Tú estás bien? —Asiente y sigue
mirándome con fijeza, con la respiración acelerada y la
mandíbula tensa. Echo un vistazo a través del espejo
retrovisor donde las luces traseras del coche que ha estado
a punto de sacarnos de la carretera dejan de verse al tomar
una curva—. Ese idiota va a matar a alguien —mascullo.
Oscar frunce el ceño y regr
regresa
esa a su asiento con rapidez.
—No si yo puedo impedirlo —sisea, y acelera a fondo
para dar la vuelta.
—¡¿Qué haces?! —exclamo confusa—. La casa de los
Novoa queda en sentido contrario. —No contesta—. Oscar,
¿dónde vamos? —Sigue ignorándome, y empieza a
preocuparme más cuando lo escucho susurrar hacia quien
crea que está sentado en la parte trasera del vehículo.
Conozco a Oscar lo bastante bien como para saber que está
a punto de sufrir una crisis—. Para el coche —pido. Como ya
esperaba, no mey hace
Con el susto caso.
la preocupación, apenas noto el efecto del
todo el alcohol que he tomado durante la noche. Oscar
sigue conduciendo tras el coche que nos ha hecho perder el
control y a cada segundo parece más alterado. No vuelvo a
hablar ni a pedirle que se detenga por miedo a ponerlo aún
más nervioso y que terminemos estrellándonos. A nuestro
alrededor solo hay árboles y vegetación. Tardarían algún
tiempo en encontrarnos si sucediera lo peor.
—Sujétate —masculla, y apenas tengo tiempo para
hacerlo antes de que el morro del todoterreno golpee la
aleta trasera del coche y lo obligue a detenerse.
—¡¿Qué haces?! —grito, pero ya ha salido del vehículo.
Corro tras él, aunque no soy tan tonta como para
interponerme en su camino. Oscar llega al otro coche en
solo un par de zancadas, abre la puerta de manera violenta
y arrastra al conductor hacia afuera, sujetándolo por el
cuello de la camisa.
—¡¿Qué mierda hac…?! —Al pobre infeliz no le da tiempo
a terminar la frase antes de recibir el primer puñetazo
directo a la mandíbula.
Oscar lo lanza contra la carrocería del coche y sigue
golpeándolo una y otra vez sin ni siquiera darle tiempo a
reaccionar. Cuando cae al suelo e intenta huir, lo arrastra
por la pierna, lo lleva hacia la cuneta y empieza a patearle
en la cabeza.
No me acerco demasiado y tampoco le hablo. Ahora es
Monstruo el que está al mando y cualquier interacción
puede hacerlo ponerse aún más violento, si es que eso es
posible. Pasan varios minutos y el conductor deja de gemir y
de intentar huir. Si no está muerto ya, es que ha perdido la
consciencia. Su rostro es un amasijo de piel desgarrada y
huesos rotos. Oscar se agacha para golpearlo un par de
veces más con los puños y retrocede un par de pasos.
—Aprende a conducir, hijo de puta —sisea sin aliento.
—¿Te encuentras mejor? —me atrevo a preguntar.
de Su miradaa coincide
empezar consílamismo,
girar sobre mía unllevándose
par de segundos antes
las manos a
la cabeza.
—Coge el coche y lárgate —gruñe.
Inspiro hondo por la nariz y me cruzo de brazos.
—No voy a ir a ningún lado sin ti. Patea al idiota un poco
más si eso te ayuda, pero de aquí nos marchamos juntos.
Se gira de golpe, con la mandíbula tensa y los puños
apretados.
—No estás segura conmigo. ¡Vete, maldita sea! —Me da
la espalda de nuevo y empieza a farfullar palabras sin
sentido—. ¡Cállate! ¡Dejadme en paz! ¡No lo haré! ¡No! ¡No!
Camino hacia él despacio y lo rodeo. No soy tan imbécil
como para sorprenderlo por la espalda. Vuelve a mirarme y
el dolor, la desolación y la tristeza que transmiten sus ojos
me destrozan por dentro.
—¿Contra quién luchas? —inquiero, estirando mis manos
para tocar su rostro.
Se aparta de forma brusca y sacude la cabeza de un lado
a otro.
—Quieren que te lastime. —Esta vez soy yo la que
retrocede—. ¡Me gritan desde dentro! Puedo tolerarlo
cuando solo es él, pero todos a la vez…. —suelta un quejido
gutural y cierra los ojos con fuerza—. No voy a hacerte
daño. No voy a hacerte daño. No voy a hacerte daño —
susurra una y otra vez.
Capítulo 45
Luna
Tomo una respiración profunda y me acerco a él. Mis
manos apenas han hecho contacto con la piel de sus
mejillas cuando abre los ojos de golpe.
—No vas a hacerme daño —susurro con el tono más
calmado y dulce que soy capaz.
Oscar suelta una exhalación y su aliento caliente golpea
mi rostro.
—Siempre lo he controlado, pero ahora no puedo hacerlo
—susurra.
—¿El qué? ¿Qué ha cambiado?
—Estoy dejando que tome el control, y sus celos… —
Traga saliva con fuerza y respira hondo por la nariz—. Todos
Traga
te miraban, querían un pedazo de ti y estuve a punto de
matarlos.
—¿Quiénes? ¿De qué estás hablando, Oscar? No te
entiendo.
—¡En el pub! Los hombres te comían con la mirada.
Siempre lo hacen, y durante años he podido contener a
Monstruo, pero ahora es más fuerte, solo quiere ver sangrar
a cualquiera
Todos
Todos que respire cerca de ti. Él lo desea. Yo lo deseo.
lo deseamos.
Una a una, todas las piezas del rompecabezas empiezan
a encajar. Es por mí, está así porque siente celos y no es
capaz de reprimirlos. Tiene sentido. Su actitud cambió
cuando llegamos al pub.
—No hay nadie más aquí, grandullón —susurro,
enmarcando su rostro con mis manos—. Solo estamos tú y
yo. Puedes relajarte.
Niega con la cabeza y sus ojos se llenan de lágrimas.
—Quieren lastimarte. ¿No lo entiendes? ¡Estás en peligro!
Intenta apartarse, pero lo sujeto con más fuerza y lo
obligo a seguir mirándome.
—Tú nunca vas a hacerme daño. —Deslizo mi dedo índice
por su nariz y esbozo una pequeña sonrisa—. ¿Quieres venir
a cazar mariposas conmigo?
Desvía la mirada a mi hombro y ladea la cabeza
despacio. Segundo a segundo su respiración se va
ralentizando. Sus ojos regresan a los míos y niega con la
cabeza.
—Quiero cazarte a ti —dice en un tono tan grave y ronco
que me cosquillean los oídos.
Contengo el aliento y rodeo su cuello con los brazos.
—Entonces, hazlo —susurro contra sus labios.
Un gruñido rasga su garganta, sus manos tiran de mi
cintura y pega su boca a la mía con violencia. Nuestras
lenguas se entrelazan y estoy a punto de gemir de puro
gusto cuando su erección presiona contra mi vientre, pero
antes de que pueda hacerlo, Oscar se aparta y me coge de
la mano.
giro Me lleva
brusco, pegacasi
su apecho
rastrasa hacia el todoterreno.
mi espalda Con un
y me empuja
contra la puerta del acompañante.
—Dime que quieres esto —susurra con la boca pegada a
mi oído.
Trago
Trago saliva con fuerza y asiento. T
Todo
odo mi cuerpo tiembla
de
ser expectación. Sé que
memorable, todo conlo Oscar
que está a punto
lo es. Tengode ocurrir
que va a
admitirlo,
este cambio entre nosotros no está siendo tan malo como
esperaba. Al contrario, creo que empieza a gustarme. No
solo he recuperado a mi mejor amigo, también tengo a
alguien a mi lado que me da todo aquello que una parte de
mí siempre ha deseado: Cariño, ternura, protección y…
Pierdo
Pierdo el hilo de mis pensamientos cuando escucho cómo
se quita el cinturón. Estira mis brazos y me obliga a
meterlos por el hueco de la ventanilla.
—¿Qué haces? —inquiero con voz temblorosa.
No responde, solo enrosca el cinturón en mis muñecas y
las sujeta con fuerza al tirador del techo.
—Vamos
—V amos a jugar a un juego —farfulla mientras sus manos
recorren mis costados. Intento girar la cabeza para lanzarle
una mirada de advertencia, pero el azote que recibo en el
trasero me hace dar un respingo—. Yo ordeno y tú
obedeces, esa es la única regla.
Amasa mi nalga con rudeza y no puedo evitar que se me
escape un gemido. Oscar no espera a que le confirme que
quiero participar en el juego, la forma en la que todo mi
cuerpo se estremece cuando vuelve a tocarme, esta vez
entre las piernas, me delata. No tarda en bajar mi pantalón
corto junto a las bragas y enseguida noto como la punta de
su miembro se abre paso entre mis pliegues empapados. Se
mece despacio hacia delante y hacia atrás, rozándome con
toda su extensión, pero sin llegar a meterse en mi interior
interior..
—Oscar… —susurro
—susurro a modo de súplica.
Sus dientes se clavan en mi hombro justo al mismo
tiempo
lo más que embiste
hondo hacia
de mí de delante
un solo con las caderas
empellón. Todoy el
llega a
aire
abandona mis pulmones. Es doloroso sí, demasiado grande,
pero también jodidamente placentero.
—Ahora, empieza a gritar —ordena, y sale de mí solo
unos centímetros para coger impulso y volver a
atravesarme.
Sus dentro,
rápido, caderasfuera
cobran vida, otra
y dentro se vez.
mueven
Gimo,cada
gritovez más
y jadeo.
Me corro rápido, pero él no se detiene. Parece poseído por
algún dios del sexo. Insaciable, incansable y salvaje. De
pronto, se ralentiza y noto como un chorro de saliva caliente
recorre el hueco entre mis nalgas. Me inclino más hacia
delante y enseguida siento su dedo jugueteando con mi
entrada.
—Despacio —pido.
Besa mi cuello y después lo muerde con suavidad
mientras sigue con su polla metida en mi coño y va
introduciendo su dedo centímetro a centímetro en mi
trasero.
—Todos tus agujeros me pertenecen. —Llega al fondo y
lo rota despacio, haciéndome gemir una vez más—. Cada
pequeña parte de ti es mía, Luna. —Saca el dedo, y cuando
vuelve a presionar lo hace con dos—. Dilo. Quiero
escucharte decir que este culo tan apretado es mío.
Apenas soy capaz de unir una letra con otra. Mi cerebro
ha entrado en cortocircuito por todas las sensaciones y
estímulos que está provocando en mi cuerpo. No solo me
está follando con la polla y los dedos, es su voz ronca en mi
oído, el calor de su pecho pegado a mi espalda, su olor,
todo el maldito conjunto se siente como lo más sucio y
excitante que he experimentado nunca.
—Es tuyo —logro verbalizar, no sin dificultad.
—Claro que sí. —Su polla se desliza hacia afuera y noto
como si me faltara una parte de mí misma. Oscar se agacha
y entonces siento su lengua en mi trasero. Un jadeo
profundo rasga liberarme—.
pero no logro mi gargantaQuieta
y tiro —ordena,
de mis manos atadas,
y hunde de
nuevo su lengua dentro de mí.
Pasan minutos, o tal vez son horas. La necesidad y la
excitación aumentan con cada pasada de su lengua, con el
roce de sus dedos. Se incorpora de nuevo y guía su
miembro
pero estoyhacia
tan mi entrada
excitada trasera.
que casi leAlsuplico
principio
queesvaya
doloroso,
más
rápido.
—Mierda —mascullo cuando ya está completamente
alojado en mi interior.
Su aliento golpea mi nuca y lo escucho gemir en voz
baja.
—Voy a hacer que me quieras, Luna. —Retrocede unos
centímetros y vuelve a presionar hacia delante—. Me
convertiré en todo tu mundo, al igual que tú eres el mío.
Cierro los ojos y me trago un grito de placer. Quiero
decirle que ya es tarde para eso. Oscar siempre ha sido mi
mundo. La única persona con la capacidad de hacerme
daño, y solo por eso me cuesta tanto aceptar que lo nuestro
sea algo más que una amistad.
Un par de embestidas más y en cuanto sus dedos rozan
mi sexo, otro orgasmo me recorre de pies a cabeza. Sale de
mi interior y noto cómo eyacula en la parte baja de mi
espalda. Después solo deja caer la frente sobre mi hombro
con la respiración acelerada.
—Volvamos a casa —pido sin aliento.
Sonríe contra mi piel y después la besa.
—Sí, larguémonos de aquí.
Capítulo 46
Oscar
En cuanto amanece, abandonamos la casa de los Novoa y
ponemos rumbo al aeropuerto. El viaje se convierte en una
pesadilla de paradas para repostar y tiempos de espera que
retrasan
cuando elvarias
piloto horas nuestra
nos informa de llegada. Ya esa menos
que estamos de noche
de
dos horas de Phoenix.
—¿Estás bien? —le pregunto a Luna, que no deja de
bostezar. Sus ojos se cierran cada pocos segundos y en
algún momento incluso ha cabeceado sobre mi hombro.
hombro.
—Agotada —susurra.
—Aún puedes dormir un rato. Te avisaré cuando
aterricemos.
—Gracias —dice con un suspiro
suspiro..
Respira hondo y sus ojos buscan los míos. No sé si es el
cansancio o el sueño, pero me parece ver algo distinto en
ellos, como si en realidad me mirara a mí como persona,
como hombre, no solo como su amigo. Sus dedos se
deslizan por mi mejilla con suavidad y me sujeta por la nuca
para acercar mi boca a la suya. Su beso no es apasionado ni
violento, más bien todo lo contrario. Sus labios se mueven
sobre los míos con lentitud y hasta me aventuraría a decir
que con ternura. Me está besando de esa forma que no le
gusta que yo la bese.
Cuando se aparta, no puedo evitar que se me escape
una sonrisa. No puedo cagarla ahora. He llegado tan lejos…
Hace solo unas semanas estaba masturbándome fuera del
baño mientras la espiaba ducharse y ahora estoy aquí, con
la mujer que siempre he amado mirándome como siempre
he deseado que lo haga. Sé que para conservarla debo
buscar la forma de controlar mis arrebatos. Lo que ocurrió
en la carretera, después de nuestra noche en el pub, no
puede volver a pasar.
No hago ningún movimiento ni la presiono para que
vuelva a besarme. Dejo que sea ella la que decida qué es lo
que quiere hacer a continuación. Me sorprende cuando se
sube a mi regazo y acomoda la cabeza en el hueco de mi
cuello. Abrazo sus piernas juntas y la atraigo más contra mi
cuerpo.
—Voy a lograr que me quieras —susurro contra su pelo
antes de besarlo.
La noto sonreír contra mi piel antes de que su respiración
se vuelva más pesada; por primera vez en toda mi vida
siento algo parecido a la felicidad. Esto es todo lo que
siempre he querido, no necesito nada más que a Luna y voy
a conseguirla, aunque tenga que prenderle fuego al mundo
y revolcarme
revolcarme en sus cenizas, va a ser mía para siempre.
Luna
Como ya es habitual en estos últimos días, Oscar no
suelta mi mano en ningún momento mientras
desembarcamos del avión y tampoco al recorrer todo el
aeropuerto en dirección a la salida. Lo más curioso es que
yo tampoco hago el amago de hacerlo porque, a pesar de
todos mis miedos y recelos, creo que me gusta. Ningún
hombre antes ha insistido en cogerme de la mano o
quedarse a pasar la noche en mi cama después del sexo,
nunca han sentido celos por mí ni han acariciado mi pelo
durante horas seguidas mientras duermo. Solo Oscar,
siempre él. ¿Esto es lo que he estado evitando durante
tantos años?
Pablo nos espera a la salida del aeropuerto y montamos
en la parte trasera del todoterreno.
—¿Qué tal el viaje? —pregunta, echando un vistazo por el
espejo retrovisor mientras se incorpora a la carretera.
Oscar y yo nos miramos y sonreímos. Nuestras manos
aún siguen entrelazadas y él las levanta para depositar un
beso fugaz en el dorso de la mía.
—Un éxito —responde sin apartar la mirada de mis ojos
—. Todo ha ido tal y como estaba planeado.
Pongo los ojos en blanco y su sonrisa se amplía justo en
el momento en el que un teléfono empieza a sonar en el
interior de su bolsillo. Lo saca, y tras echar un vistazo a la
pantalla, descuelga la llamada y frunce el ceño. Pregunta
qué ocurre, y tras escuchar algo que le dice quien está al
otro lado de la línea, responde con un: «Voy para allá» y
desconecta la llamada.
—¿Quién era? —inquiero.
—inquiero.
Bufa y sacude la cabeza de un lado a otro.
otro.
—Lina. Algo está pasando en el club.
—¿Algo como qué?
—Es Beni, lleva encerrado en su despacho toda la noche.
Se han escuchado ruidos de cristales y cosas romperse y se
niega
Me aecho
dejar hacia
entrar atrás
a nadie.
en el asiento mientras Oscar le
indica a Pablo que cambie de rumbo y se dirija al Madness.
Me preocupo por Beni, de verdad que sí, pero a veces me
encantaría que sacara la cabeza de su propio culo durante
al menos un rato y se diera cuenta de que el mundo no gira
alrededor de su polla.
La música a todo volumen y una multitud de gente
bailando y riendo nos recibe en cuanto entramos en el club.
Oscar va delante tirando de mi mano. Se acerca a la barra
principal y Lina no tarda en venir hacia nosotros.
—No sé qué demonios está haciendo ahí arriba, pero… —
Lina suspira y señala la enorme cristalera desde la que se
puede ver todo el local, aunque ahora mismo está opaca
para que nadie pueda saber qué es lo que pasa en el
interior—. Me importa una mierda, la verdad, pero he creído
que tú querrías saber que algo no anda bien.
—¿Alguien tiene llave? —pregunta Oscar, alzando la voz
para que pueda escucharlo por encima de la música.
—Creo que hay un código… —Bufa con fuerza y alza una
mano para indicarnos que la esperemos un instante. Se
gira, y tras decirle algo al oído de otro de los camareros,
hace un gesto con su barbilla para que la sigamos.
Oscar vuelve a tirar de mí y subimos las escaleras detrás
de Lina. Se detiene frente a la puerta cerrada y espera a
que lleguemos a su lado. Oscar tira de la manilla y después
aporrea la madera un par de veces, pero no recibe
respuesta.
—¿Te sabes el código? —pregunto, y señalo el teclado
numérico que hay frente a la cerradura.
—Uno, tres, uno, dos, cinco, uno. —Estrecho mi mirada
sobre ella y se encoge de hombros—. Vi cómo lo ponía y
tengo buena memoria.
Oscar nos ignora y teclea el código de inmediato. La
puerta se abre y suelta mi mano para entrar en el despacho.
Ambas lo seguimos. Los cristales crujen bajo nuestros pies
mientras
a medio caminamos.
beber sobreHay
los botellas de tequilaque
pocos muebles y otros
aún licores
están
enteros. Parece como si un huracán lo hubiese arrasado
todo aquí dentro. El huracán en cuestión está tirado sobre el
sofá medio inconsciente.
—Mierda —masculla Oscar y corre hacia él. Lo sujeta por
los hombros y lo zarandea— ¡Beni! ¡Beni!
—¿Está borracho? —pregunto, acercándome.
Beni abre los ojos y pestañea un par de veces antes de
esbozar media sonrisa. Oscar agarra su rostro y lo obliga a
mirarlo a los ojos.
—Drogado también. ¿Qué te has metido, chico?
—¿Quieres? —pregunta Beni con la típica risita de
borracho.
Oscar lo suelta de golpe y retro
retrocede
cede un par de pasos.
—Si Zarco se entera de que…
—¡A la mierda Zarco! —exclama el pequeño de los
Urriaga. Se tambalea al ponerse en pie—. ¡A la mierda tú
también!
—Deja de hacer el idiota —digo sin poder contenerme.
Beni ladea la cabeza para poder ver más allá del enorme
cuerpo de Oscar, que nos tapa a Lina y a mí, y una sonrisa
maliciosa se dibuja en sus labios.
—Lunita, ¿has venido a que te folle? Hace mucho que no
tienes mi polla en la boca. Eso hay que solucionarlo.
Acércate y… —Antes de que pueda terminar la frase, Oscar
ya lo ha tumbado de un puñetazo.
—Hijo de puta… —siseo entre dientes.
Capítulo 47
Luna
Siempre he tenido claro que tarde o temprano toda esta
mierda me explotaría en la cara. Sabía que lo de Beni
estaba mal, sin embargo, lo que esperaba era una especie
de Ness
de reprimenda
y puedepor
queparte
hastadeunZarco, algunas
puñetazo malasdemiradas
por parte Bailey,
pero jamás podría haber imaginado que me sentiría tan
arrepentida y culpable al ver cómo la espalda de Oscar se
tensa. Se gira despacio y busca mi mirada.
—¿Es cierto? Tú y… —«Mierda». No soy capaz de
responder. Agacho la cabeza y asiento despacio—. ¡Maldita
sea! —su grito, mezcla con gruñido, rebota en las paredes
del despacho—. ¡Es Beni! ¡Lo has visto crecer!
Tomo
Tomo una respiración profunda y me atrevo a alzar la
mirada. El dolor y la decepción que transmiten sus ojos se
clavan en mi pecho como una maldita daga afilada.
—No es lo que… —Chasqueo la lengua y niego con la
cabeza—. No me siento orgullosa.
—¡Deja de decir esa mierda! —grita, llevándose las
manos a la cabeza—. No puedes… No… —Sacude la cabeza
de un lado a otro y un par de lágrimas se escurren por sus
mejillas—. ¿Por qué haces esto? Zarco, Rai, Gambo, Beni,
yo… ¿A Lagos y a Alex también te los has follado? ¿Es una
especie de reto para saber con cuántos miembros de la
familia te puedes acostar?
Sus palabras son aún más dañinas que la forma en la que
me mira. Me aferro a la máscara con todas mis fuerzas
mientras intento mantener la compostura. Espalda recta,
barbilla en alto y despliego la sonrisa de indiferencia.
—Aún no. Lagos está muy pillado, pero Alex… Tal vez en
alguna de sus peleas con Angy busque consuelo. Solo yo
decido con quién puedo follar, Oscar, no lo olvides.
Da un paso amenazante hacia mí. Todo su cuerpo
tiembla de pura rabia. Mis instintos me gritan que
retroceda, pero no me muevo ni un centímetro. Nos
miramos a los ojos durante unos segundos. No va a
lastimarme, lo sé. Quiero tocar su rostro,
rostro, calmarlo, abrazarlo
y pedirle que me perdone, sin embargo, esa parte de mí que
tiene que ceder y dejar a un lado el orgullo no parece estar
activa hoy. Que justo él me trate así, como todos los demás,
como una cualquiera… Es más de lo que puedo soportar y
no le daré el gusto de
d e verme humillada.
Oscar exhala con fuerza y su aliento golpea mi rostro. Se
gira y creo que va a volver a golpear a Beni, pero no lo
hace. Con un gruñido bajo, pasa a mi lado como un jodido
vendaval y se va, cerrando la puerta del despacho con tanta
fuerza que puedo escuchar cómo la madera se resquebraja.
—Fuera —masculla Beni desde el suelo, aún tocándose la
mandíbula.
—¡Eres un maldito idiota! —grito.
—¡Que te largues, joder! —Mira a Lina con rabia—. Y tú
también. Vuelve al puto trabajo.
Soy yo quien sale primero. Bajo las escaleras de dos en
dos y busco a Oscar entre la multitud de cabezas. Es posible
que me odie y la verdad es que, ahora mismo, tampoco lo
tengo en mi lista de personas favoritas. Me siento furiosa y
dolida, pero me preocupo por él y lo que pueda llegar a
hacer si pierde el control.
Consigo localizarlo cerca de la salida, de modo que me
apresuro a atravesar todo el local dando empujones y
codazos para abrirme paso y poder llegar a su lado cuanto
antes. Cuando al fin logro alcanzar la puerta, ya no está.
Salgo del club y me dirijo al aparcamiento a toda velocidad.
Pablo está junto al todoterreno, frunce el ceño al verme y
después su mirada se desvía hacia otro coche que viene
hacia mí. Me detengo y entonces me doy cuenta de que la
persona que va en el asiento de pasajero es Oscar. Su
mirada y la mía coinciden un instante antes de que el coche
pase frente a mí.
Mascullo una maldición y un dolor intenso se instala en
mi pecho, un dolor que se siente como un maldito agujero
negro. Siempre he pensado que Oscar jamás sería capaz de
lastimarme, pero acaba de hacerlo y ni siquiera ha tenido
que ponerme un dedo encima. Me ha hecho daño con sus
palabras, me ha lastimado huyendo de mí y lo que más
duele es que la persona que conduce ese coche es la jodida
mosquita muerta de Raina.
Oscar
Me despierto en el sofá de una sala de estar que no
conozco. Parece un apartamento pequeño, con muebles
modestos. Sobre la mesa baja hay una botella de licor casi
vacía y también está mi teléfono. Me incorporo con
dificultad y compruebo la hora. Son casi las diez de la
mañana.
—Buenos días. —Me sorprendo y doy un pequeño salto
para ponerme en pie. Enseguida la habitación empieza a
dar vueltas y me sujeto la cabeza—. ¿Estás bien? Vuelve a
sentarte.
Reconozco esa voz, y al enfocar la vista confirmo que es
Raina quien me está hablando. Los recuerdos acuden a mi
mente como fogonazos. Después de lo que sucedió en el
despacho de Beni noté que estaba perdiendo el control, las
voces empezaron a gritar todas a la vez, me pedían que
lastimara a Luna, que le hiciera pagar su traición. Solo una,
la suya, la del hijo de puta, me dijo que huyera, que saliera
de allí antes de cometer una locura. Llegué al aparcamiento
desquiciado, estaba buscando a Pablo y entonces llegó ella,
Raina. Le pedí que me llevara a cualquier lugar lejos del
club y accedió a hacerlo.
De nuevo en el sofá, alzo la mirada y me froto la nuca y
la parte trasera del cuello. Me duele horrores.
horrores.
—¿Te…? —Mi voz suena ronca y débil. Raina me tiende
un vaso de agua y lo vacío en un par de tragos—. Gracias.
—Carraspeo y vuelvo intentarlo—. ¿Hice o dije algo malo?
Frunce el ceño y esboza una pequeña sonrisa.
—¿No lo recuerdas? —Niego con la cabeza.
No es la primera vez que sufro vacíos mentales tras
beber demasiado. Esa es una de las razones por las que
apenas pruebo el alcohol, la otra es que tiendo a perder la
cabeza con más facilidad.
—Salimos del aparcamiento del Madness y después… —
Suspiro y vuelvo a frotarme la nuca—. No hay nada en mi
cabeza, solo un borrón oscuro.
—Tranquilo, te comportaste como cualquier borracho.
Llegamos al apartamento, te bebiste todas mis reservas de
alcohol y te desmayaste en el sofá.
Suspiro
nuevo aliviado
recuerdo y trago
se cuela saliva
en mi con
mente. La fuerza
mirada cuando
de Lunaun
al
verme en el coche de Raina. Estuve a punto de pedirle que
se detuviera, pero las voces seguían gritando y exigiendo su
dosis de sangre y tuve miedo de ceder ante ellas, incluso en
contra de mi voluntad.
—Lo siento, Raina. Me comporté como un imbécil contigo
durante nuestra cita y ahora esto. —Exhalo con fuerza y
niego con la cabeza—. Perdóname, por favor.
Sonríe, y su media melena rubia se mece de un lado a
otro cuando niega con la cabeza.
—Oscar, sé reconocer a una mala persona cuando la veo,
y tú no lo eres. Aunque después de esa cita fallida, me
quedó muy claro que hay una historia entre la chica de pelo
azul y tú.
—No, en ese momento Luna y yo…. Bueno, ahora hay
una historia, o eso creo, ya no estoy seguro de nada.
—¿Qué te parece si vas a preguntárselo? —Busca mi
mirada y vuelve a sonreír—. No me gusta ser la segunda
opción de nadie. Anoche me pareció que necesitabas ayuda,
solo por eso te traje a mi casa, pero no pretendo
convertirme en munición para que ataques a esa chica. —
Inspira hondo y se encoge de hombros—. Me siento tentada
porque me cae muy mal, pero ¿en qué clase de persona me
convertiría eso? —Se acerca más y coge mis manos—. Vete
a casa, Oscar. Resuelve tus problemas.
Asiento y me pongo en pie, esta vez sin marearme.
Aprieto la mano de Raina y fuerzo una sonrisa.
—Gracias y, una vez más, siento haber sido un idiota
contigo.
—Créeme, estoy acostumbrada a lidiar con idiotas. Ahora
lárgate y date una ducha antes de buscarla, hueles a
muerto. —Señala la puerta de salida y asiento.
Tras
Tras despedirme con un cabeceo, salgo del apartamento
y resoplo con fuerza. Apenas tardo unos segundos en pedir
a uno de los chicos que me recoja. De camino, en la parte
trasera del vehículo,
Luna cuando la vea. pienso en todo lo que quiero decirle a
Podrías
Podrías probar a no llamarla puta, eso funcionará.
—No he hecho tal cosa —murmuro
—murmuro en voz baja.
Puede que no con esas palabras. Está bien, lo de Beni es
una mierda, pero ¡maldita sea, es Luna! ¿De verdad vas a
rendirte con ella al primer obstáculo que se presenta?
Lo pienso durante unos instantes y tomo una respiración
profunda. No, jamás me rendiré. No importa quién haya
estado antes de mí, yo seré el último. Luna es mía, siempre
lo ha sido y ya es hora de que se dé cuenta de ello.
Capítulo 48
Oscar
Consigo llegar hasta la planta superior de la mansión sin
ser interceptado por nadie. Estoy a punto de entrar en mi
habitación, pero cambio de idea y sigo avanzando unos
pasos más de
dormitorio porLuna.
el pasillo y me detengo frente a la puerta del
Entra ahí y demuéstrale que Beni solo es un puto crío. Tú
eres…
—Cállate —siseo entre dientes.
No estoy dispuesto a que el hijo de puta lo arruine todo.
Esta vez me haré cargo de la situación por mí mismo. Tomo
una respiración profunda y tiro de la manilla. Apenas he
abierto un poco la puerta cuando escucho su voz.
—Te tengo, hijo de puta —masculla.
Doy un paso al interior de la estancia y la veo sentada en
el centro de la cama mientras teclea en su ordenador
portátil con violencia.
—Cierto, me tienes —digo, y Luna alza la cabeza muy
deprisa, frunce el ceño y regresa la mirada a la pantalla.
—No es un buen momento.
—Ya. —Suspiro y sigo avanzando despacio hasta llegar al
pie de la cama—. Luna, lo siento. Todo lo que dije anoche…
—¿Lo que piensas? —inquiere sin mirarme—. Eso es lo
que hiciste, ¿verdad? Solo dijiste lo que piensas, que soy
una cualquiera. —Alza la vista y esboza su habitual sonrisa
de arpía maliciosa—. Tal vez tengas razón. Si tirarme a
quien me da la gana cuando yo lo decido me convierte en
una puta, lo soy, y adivina qué… Voy a seguir siéndolo.
Mi mandíbula se tensa y estrecho la mirada sobre ella.
—No te conviene seguir por ese camino, cariño. Si lo que
intentas es provocarme, déjalo estar.
—¿Es una amenaza?
—No, solo estoy constatando un hecho. —Arquea una
ceja de manera interrogante—. Eres mía. Si se te ocurre
dejar que alguien más te toque… —Respiro hondo por la
nariz para intentar calmar la rabia que recorre mis venas
con solo imaginarme a cualquier hijo de perra cerca de ella
—. Le cortaré la polla a cualquiera que respire cerca de ti y
después se la haré tragar. Esto sí es una amenaza.
Cierra el portátil y se levanta de la cama con lentitud,
alisa su camiseta y se acomoda la melena azul sobre un
hombro antes de alzar la barbilla para mirarme de manera
desafiante.
—Hasta hace solo unas horas estaba dispuesta a
renunciar a la vida que había llevado hasta ahora, pero
entonces te vi en ese coche, con la rubia. —Contengo el
aliento mientras observo como la rabia y la ira brillan tras
sus ojos—. Puede que ahora me odies, pero…
—No te odio —la corto—. Durante años tuve que soportar
verte conlaZarco.
lado de Ospared.
jodida escuchaba cuando
Si eso él tesuficiente
no fue follaba al para
otro
hacerme odiarte, nada lo hará.
Nos quedamos callados unos segundos y su mirada se
suaviza.
—Sé que no lo hice bien, todo el tema de Beni se me fue
de las manos, pero no tienes ningún derecho a juzgarme.
—Lo sé —susurro.
—Bien, entonces hagamos como si nada de esto hubiese
ocurrido. Está claro que nuestra amistad ya no existe y tú
has encontrado con quién pasar el rato, así que yo haré lo
mismo.
—No ha pasado nada con Raina —afirmo, apretando los
puños con fuerza.
—Me importa una mierda, Oscar. A partir de hoy voy a
seguir ejerciendo mi derecho a acostarme con quien me
parezca.
—Por encima de mi cadáver —siseo.
—¿Apostamos?
Su sonrisa burlona, la mirada desafiante, esa postura
relajada y alerta al mismo tiempo… No es mi Luna. Está
usando conmigo el disfraz de chica mala, de persona
egoísta y sin sentimientos que muestra a todo el mundo.
—Ni siquiera lo intentes —murmuro sin dejar de mirarla a
los ojos—. No vas a fingir que te acuestas con cualquiera
porque te gusta que te traten como a un maldito objeto de
usar y tirar. A mí no me engañas, Luna. Te conozco. —Doy
un paso más hacia ella y sujeto su rostro entre mis manos—.
Zarco, Rai, Gambo, Beni… ¿Sabes qué tienen todos ellos en
común? —Intenta apartarse, pero la agarro con más fuerza
—. Nunca han sentido nada por ti y ambos sabemos que lo
que pasó en el sótano de la finca fue el desencadenante de
esa vorágine de autodestrucción en la que llevas tantos
años.
—No tienes ni puta idea —sisea fulminándome con la
mirada
Dejo yque
mese
empuja conpoco,
aleje un fuerza porno
pero el voy
pecho.
a rendirme.
rendirme.
—Entonces, explícamelo —pido—. ¿Por qué lo haces?
¿Por qué Beni?
—Oscar, sal de mi habitación. Esta conversación se ha
terminado.
—¡No, joder! Acabamos de empezar. Tú y yo vamos a
dejar las cosas claras de una maldita vez. Sé que estos
últimos días sentiste algo por mí. ¿A qué le tienes tanto
miedo? Lo que ocurrió en el sótano…
—¡¿Crees que eso es lo peor?! —grita, sorprendiéndome
—. En ese maldito lugar solo me follaron, Oscar. Fue una
mierda, sí, pero no es lo peor que he tenido que vivir.
—¿De qué hablas?
Exhala con fuerza y esboza una sonrisa triste.
—Pasé toda mi infancia buscando la aprobación de los
demás. Soñaba con formar parte de una familia de verdad,
con una madre cariñosa y un padre que… —Se detiene de
golpe e inspira hondo—. Un padre que no se metiera en mi
habitación en mitad de la noche para convertirme en su
putita personal. —Niega con la cabeza—. El sótano no es lo
peor, te lo aseguro. Al menos esos tipos no se supone que
tenían que quererme y protegerme.
Retrocedo un par de pasos y mis ojos se empañan
mientras sacudo la cabeza de un lado a otro.
otro.
—No —susurro—. ¿Por qué no me lo dijiste? Yo estaba
allí, contigo. Podría haber…
—¡¿El qué?! ¡¿Qué ibas a hacer tú?! Solo eras un crío y
tenías bastante con recibir las palizas de tu propio padre.
—Lo habría matado. Si lo supiese… ¡Dios santo, Luna!
¿Cuándo empezó todo eso?
—Era tan pequeña que ni siquiera lo recuerdo. —Hace
una mueca con los labios y su garganta se mueve con
violencia al tragar saliva—. Al menos el cabrón de mi
hermano tuvo la decencia de esperar a que cumpliera los
trece. Según sus propias palabras, no le gustan demasiado
tiernas.
siendo un—Cierra
objeto los
paraojos
los y niega con
hombres la antes
desde cabeza—.
de loLlevo
que
nadie pueda imaginar. Ahora, yo decido quién puede o no
tenerme. Y adivina qué… Nunca logré alcanzar mi sueño de
tener una familia normal. Lo más parecido es esto. —Abre
los brazos en cruz—. Esta casa, Zarco, Lagos, Beni, tú… No
quiero perder nada de esto.
¿Qué mierda estás esperando? Ve a por Samu. Arráncale
las putas tripas y asfíxialo con ellas.
Sacudo la cabeza e intento apagar las voces que cada
vez suenan más alto. Cierro los ojos y pienso en mariposas
de colores revoloteando a mi alrededor.
Es tu culpa. Debiste haber matado a Samuel cuando era
un niño. No pudiste protegerla entonces y tampoco lo harás
ahora. Vas a matarla, Monstruo. Vas a torturarla hasta que
se desangre. No, tortura a Samuel, con él aún puedes hacer
algo. Necesitas un correctivo.
Mis manos tiemblan cuando las alzo para cubrirme el
rostro. Tengo la garganta tan cerrada que apenas puedo
respirar.
¡Sal de aquí, idiota! No pierdas el control con ella. La
amas, ¿recuerdas?
¿recuerdas? Ignora todo el ruido y haz que tus jodidas
piernas se muevan. ¡Aléjate de Luna, carajo!
La voz del hijo de puta destaca sobre las demás y abro
los ojos de golpe.
—Oscar, no dejes que te dominen. Quédate conmigo —
susurra Luna, dando un paso hacia mí.
Retrocedo
Ret rocedo de espaldas y niego con la cabeza.
—No puedo —jadeo, y tras dar media vuelta, salgo hacia
el baño.
Entro en mi dormitorio y bloqueo las dos puertas antes
de dirigirme al vestidor.
¿En serio vas a hacerlo? Puto cobarde.
Abro el pequeño armario y me meto en su interior con
decisión. La oscuridad me rodea de inmediato. Toco con la
mano las puntas de los clavos que hay incrustados en la
pared y su
escucho estoy
voz, ala punto de echarme
que tanto temo y meatrás, pero entonces
atormenta.
Oscar, necesitas un correctivo. Si no te controlas
acabarás como tu madre.
Exhalo con fuerza y busco a tientas los dos grilletes que
están sujetos a la pared, los abrocho alrededor de mis
muñecas y me arrastro por el suelo para sentarme sobre el
asiento de clavos. Cuando mi espalda hace contacto con las
puntas, aprieto los dientes
d ientes y aguanto el dolor.
dolor.
Eso es, hijo. El dolor forja el carácter. Más fuerte.
Gimo al presionar la espalda con más fuerza y noto cómo
las pequeñas varas metálicas atraviesan mi piel. Las voces
se callan de golpe y solo soy capaz de escuchar el sonido de
mi propia respiración junto al goteo constante de la sangre
sobre el suelo de madera.
Y cuando pensaba que estábamos avanzando… — Abro
los ojos de golpe y, a pesar de la oscuridad, puedo verlo
frente a mí, sonriendo, como siempre—. Definitivamente
eres un idiota. Nada de esto ayuda. En vez de ir a buscar a
Samuel y arrancarle una a una todas las extremidades, te
sientas aquí, sufriendo, solo porque la presencia del cabrón
de tu padre te lo pide. ¿Es que no te he enseñado nada?
Vuelvo a cerrar los ojos y dejo que el dolor y la oscuridad
me envuelvan. Los recuerdos de cuando era solo un niño n iño me
golpean desde el interior de mi mente. El armario en la
cabaña, las cadenas, los correctivos, el cadáver de mi
madre colgando desde la viga del salón, sus golpes y
torturas, todas las veces que me juré que no le permitiría
volver a encerrarme. Inspiro hondo por la nariz y cargo más
mi peso sobre los clavos. Esto es lo que necesito. Debo
pagar por mis errores,
errores, por no haber protegido a Luna.
Capítulo 49
Oscar
Ni siquiera sé cuánto tiempo paso encerrado. Todas las
voces se han silenciado, todas menos la de mi padre.
Incluso después de su muerte, Roberto Santos sigue
torturándome. Me muevo
de dolor. Las cadenas despacio
tintinean y contengo
contra el suelo yun
un gemido
haz de
luz me ciega por un instante. Giro la cabeza hacia la puerta
abierta y pestañeo un par de veces para enfocar la vista.
—Sabía que te encontraría aquí —dice Angy.
Alex asoma la cabeza sobre su hombro para mirarme y
exclama
exclam a una maldición.
—¿En serio llevamos tres horas buscándolo y estuvo en
su propio vestidor todo el tiempo? —Angy pone los ojos en
blanco y se agacha para entrar en el pequeño armario—.
¿Dónde demonios
—Alex, crees
danos unos que vas?
minutos No vas a entrar ahí con él.
—pide.
—¡Y una mierda! Además de peligroso, no voy a permitir
que mi mujer se encierr
encierre
e en un armario con otro hombre.
Angy se gira rápido y lo empuja por el pecho.
—¡Maldita sea, deja de pensar con las pelotas y dame
unos minutos! —exclama furiosa.
—He dicho que…
—Alex Urriaga, como no te largues ahora mismo, juro
que te meteré una pistola por el culo y estarás un mes
escupiendo plomo. Fuera. ¡Ahora!
Tras
Tras lo que imagino que será un duelo de miradas muy
habitual en ellos, Alex resopla con fuerza. Su mujer entra en
el armario y cierra la puerta.
—Debiste hacerle caso —susurro con una mueca de
dolor.
Angy enciende un mechero y lo deja en el suelo para
iluminar un poco el estrecho espacio en el que nos
encontramos. Se sienta frente a mí y suspira.
—Dime que no estás sentado sobre una estructura de
clavos. —No respondo y ella masculla una maldición—. ¿Por
qué haces esto, Oscar? Él ya no está aquí para lastimarte.
Lo mataste, ¿recuerdas? Yo misma me deshice de su
cadáver.
Asiento. Apenas
despedacé a mi tengo
padre recuerdos
con mis del momento
propias en el que
manos. Era
demasiado joven y él logró sobrepasar mis límites. Le
supliqué que parara, que no me obligara a entrar en el
armario, pero
pero no me hizo caso y cuando quise darme cuenta
estaba sentado sobre un charco de sangre y lo que quedaba
de mi padre esparcido por el suelo de toda la cabaña.
No lo hago por él mascullo entre dientes.
Angy vuelve a suspirar y siento su mano en mi barbilla.
Me obliga a mirarla.
—¿Luna
—No pudeentonces?
salvarla.Creí que ella
Acabaré te calmaba.
matándola si no se aleja de
mí —digo, y noto como las lágrimas bañan mis mejillas.
—Ambos sabemos que eso no es cierto. La única persona
que está a salvo de ti es Luna.
—Necesito un correctivo.
—No, Oscar, lo que necesitas es salir de este agujero.
Vete en busca de algún hijo de puta al que matar si quieres,
pero no te lastimes a ti mismo.
—Lo sabes —susurro, mirándola a los ojos.
—¿En serio creías que después de tres años viviendo en
la finca no notaría que tus ausencias venían justo antes de
la muerte en extrañas circunstancias de algún desgraciado?
—Esboza una pequeña sonrisa y niega con la cabeza—. En
algunas ocasiones fuiste descuidado y Alex tuvo que cubrir
tu rastro.
—¿Él también lo sabe? —Asiente—. ¿Por qué nunca
intentó impedirme que lo hiciera? ¿Por qué fingisteis que no
lo sabíais?
—Porque eres de la familia y te queremos, idiota. —
Vuelve a sonreír—. Estás tan centrado en lo que ocurre
dentro de tu cabeza que a veces olvidas que los que
estamos aquí fuera, los que somos reales, nos preocupamos
por ti.
—No lo merezco —susurro, y nuevas lágrimas recorren
mi —Claro
rostro. que lo mereces. ¿Has pensado alguna vez qué
pasaría si no formaras parte de nuestras vidas? Mis hijos te
adoran. Liz se vuelve loca cada vez que te ve y te aseguro
que te confiaría sus vidas sin dudarlo ni un segundo. Lina,
Nacho… Esos chicos no tenían a nadie cuando llegaron a la
finca y tú te convertiste en su protector.
protector. —Exhala con fuerza
y vuelve a sujetar mi barbilla . Aunque sea una vez, piensa
en todo lo bueno que haces por las personas que quieres.
No solo eres Monstruo, también eres Oscar, y tarde o
temprano la ciega
nadie en este mundode que
Lunapueda
se dará cuenta
amarla de que nocomo
y protegerla hay
tú.
—¿Y si no puedo demostrárselo?
—Jamás lo lograrás si sigues encerrándote aquí y
castigándote por cosas que no puedes controlar. —Nos
quedamos en silencio un buen rato, hasta que Angy vuelve
a hablar—. Al menos este armario huele mejor que el de la
cabaña —comenta.
Me inclino hacia delante, haciendo que los clavos se
separen de mi carne, y contengo un gemido de dolor. Es
cierto que aquí huele mejor, y eso es porque cuando era
niño no me quedaba más remedio que mearme y cagarme
encima durante los correctivos, que a veces duraban varios
días. De alguna manera la madera absorbió los olores.
—Estoy listo para salir —susurro tras inspirar hondo por
la nariz.
—Menos mal, porque no creo que Alex aguante mucho
más tiempo ahí fuera. —Sonríe de nuevo, aunque esta vez
una chispa maliciosa brilla en su mirada—. ¿Quieres
comprobar cuánto tarda en abrir la puerta? Calculo que en
tres, dos, uno… —La puerta se abre de golpe y Angy suelta
una carcajada—. Nunca falla. ¿Necesitas ayuda con las
cadenas? —Niego con la cabeza.
—Ve tú. Ahora te alcanzo.
—Date prisa. Luna ha conseguido dar con el paradero de
Jackson Black
Asiento y te necesitamos
y Angy para ir Escucho
sale del armario. a por él. como ella y
Alex discuten en voz baja y desabrocho los grilletes.
Deja de hacer el imbécil y ve a buscarla. Arregla las
cosas y después encuentra a Samuel. Quiero divertirme con
él durante meses antes de matarlo.
Luna
Oscar ha estado más de tres horas desaparecido. Alex
reventó la puerta de su habitación, que estaba bloqueada
por dentro, pero él no estaba allí. Creímos que tal vez habría
salido por la ventana, pero es una caída de más de veinte
metros. No tenía ningún sentido. De pronto, Angy apareció
en el despacho de Zarco diciendo que lo había encontrado y
estaba listo para salir a por Jackson Black. Ni siquiera lo vi
antes de que se marchara y, a decir verdad, no estoy
segura de que quisiera hacerlo.
Permanezco en segundo plano mientras Angy guía al
grupo de hombres que hemos enviado a por el exmilitar. Yo
hice mi parte del trabajo al dar con él, y no fue sencillo. El
software de hackeo que me cedió Ana ayudó bastante.
Busqué en los archivos del FBI su historial y encontré varias
identidades que usó anteriormente para huir de la justicia.
Después tuve que revisar nombre por nombre y cruzar los
datos con hoteles cercanos, alquileres de apartamentos en
los últimos meses, incluso recibos de restaurantes o
empresas de comida a domicilio.
Se supone que está trabajando con Samuel, o al menos
se encontró con él para venderle los explosivos, por lo
tanto, no podría andar demasiado lejos. Pasé toda la noche
revisando cada registro, buscando en cada rincón mientras
Oscar seguía Dios sabe dónde con la maldita rubia.
Inspiro hondo y me concentro en la pantalla que marca la
posición del equipo. Ya han llegado al apartamento que se
alquiló hace de
identidades menos de dos
Jackson meses
Black. a nombre
Bailey de una
está junto a de las
Angy,
dando órdenes por el micrófono como una verdadera líder.
Se le dan bien los planes improvisados, y Zarco sabe
aprovechar eso en beneficio del clan.
—Envía a dos hombres a la azotea y que otros dos se
queden en la entrada para interceptarlo en caso de huida.
—Entendido —la voz de Oscar suena clara por el altavoz,
y algo se retuerce en la boca de mi estómago.
No debí contarle nada sobre lo que pasó durante mi
infancia. Nunca
tal vez él… anteslalocabeza
Sacudo había hablado
e intentocon nadie,
seguir y creí que
concentrada
en los puntos rojos que se mueven por la pantalla marcando
la posición exacta de los nuestros, sin embargo, soy incapaz
de borrar de mi mente su mirada. No sé qué es lo que
esperaba. ¿Pena? ¿Asco? ¿Compasión? Cualquier cosa
menos ira y rabia, que fue lo único que pude percibir
percibir..
—Oscar, ten cuidado con la escalera de incendios. Puede
ser un posible punto de escape —le advierte Bailey.
Bailey.
—Tranquila, lo tengo controlado —susurra. Unos pocos
segundos después se escucha un ruido fuerte y su
respiración agitada—. ¡Ven
¡Ven aquí, hijo de p
puta!
uta!
Zarco se acerca más con un puro encendido entre los
labios y el ceño fruncido. Más golpes, pisadas y un quejido.
—Oscar, informa de la situación —pide Bailey.
—Lo tenemos. —Un suspiro conjunto de alivio resuena en
el despacho—. Me lo llevo a la mansión. Estaremos ahí en
menos de una hora.
—Recibido. Os esperamos —responde Bailey, y corta la
comunicación.
Capítulo 50
Luna
Jackson Black es un jodido capullo arrogante con pinta de
niño rico. Tiene el cabello oscuro muy bien peinado, ojos
claros y viste con pantalones y camiseta ajustados de color
negro.y No
Pablo pierde
Oscar la sonrisa
lo atan a la sillanimetálica
la poseenchulesca mientras
una de las celdas
del sótano.
—¿Esto es todo? El gran Clan Z, esperaba un poco más
de violencia.
Oscar gruñe y lo empuja por el hombro con fuerza a
modo de advertencia. Un cardenal empieza a notarse bajo
su barba corta y perfectamente cuidada. Si tuviese que
apostar, diría que debido a un puñetazo de Oscar. Aparte de
eso, no tiene ni un solo rasguño; tengo que admitir que es
bastante guapo.
—No quiero juegos —dice Zarco, y se acerca a la celda
con su habitual postura amenazante—. Dime dónde está
Samuel Sandoval y esto acabará pronto.
—¿Samu? Quedamos anoche para beber y follar con unas
zorras. Cuando lo vea, le daré saludos de tu parte.
Zarco hace un gesto con su barbilla y Oscar esboza una
sonrisa ladeada antes de lanzarle un puñetazo a Jackson
que impacta directo en su mejilla.
—Ahora, volvamos a empezar. —Oscar se hace a un lado
para que Zarco pueda acercarse más—. Chico, no quieras
intentar joderme, muchos lo han intentado y no salió bien.
—Lo sujeta por el hombro y se agacha para quedar a la
altura de su rostro—. Sabemos que le vendiste explosivos
subcutáneos. Dime cuántos tiene y para qué los quiere.
Jackson mueve la boca de un lado a otro para comprobar
que sigue pudiendo utilizar la mandíbula y sonríe de nuevo.
—¿Qué gano yo con delatar a uno de mis socios?
—Ganas la oportunidad de seguir conservando los
dientes —sisea Oscar.
Jackson dirige la mirada hacia él y niega con la cabeza.
—No nos engañemos. Vais a matarme en cuanto abra la
boca. Por lo tanto, mi mejor opción de sobrevivir es
quedarme calladito y esperar a que Samuel negocie mi
libertad, que lo hará, os lo aseguro.
ti? —¿Qué
—inquierete hace
Zarco.pensar que ese traidor se arriesgará por
—Él quiere algo que yo tengo, y vosotros también.
Matadme y nadie obtendrá lo que desea. —Se acomoda en
la silla y vuelve a sonreír.
—Dame una hora y haré que cante como un pajarito —
masculla Oscar.
Zarco niega con la cabeza y le ordena con un gesto que
lo siga. Ambos vienen hacia el lugar donde estamos Bailey,
Angy, Alex y yo, cerca de la escalera.
—No quiero que lo toques —susurra para que él no pueda
escucharlo.
—Haré que hable —insiste Oscar.
—Si lo que dice es cierto, es posible que Samuel
aparezca en cualquier momento y entonces podremos ir a
por él.
—¿Vas a creerle? —inquiere Alex, frunciendo el ceño—.
Huele a farol a kilómetros.
—¿Tú tienes una idea mejor?
—Yo sí —intercede Oscar—. Deja que me encargue de él
y…
—No —lo corta Zarco. Oscar aprieta los labios y exhala
con fuerza por la nariz—. Ahora mismo tenemos que usar la
inteligencia antes que la fuerza.
—Si tú lo dices… —masculla Alex.
—Exacto, yo lo digo.
—Ya que mi opinión os importa una mierda, y ahora que
Luna ha vuelto, volvemos a la finca. Aquí no pintamos nada.
—Aún no —responde Zarco.
Alex bufa con fuerza y su hermano se coloca en posición
defensiva. Se avecina una nueva pelea entre ellos, y todos
lo sabemos.
—¿Tú eres Luna? —Giro la cabeza hacia Jackson—.
Samuel me ha hablado de ti, su hermanita pequeña. —
Desliza su mirada por mi cuerpo y su sonrisa se ensancha—.
No
es mencionó lo del
verdad que pelo azulpuede
cualquiera y esasfollarte,
tetas tanyoapetecibles.
presento miSi
candidatura.
Dos segundos, ese es todo el tiempo que Oscar necesita
para entrar en la celda y empezar a golpear al imbécil con
los puños. Zarco masculla una maldición y corre tras él,
después también van Pablo y Alex. Entre los tres logran
sacar a Oscar de allí y Zarco cierra la puerta.
—¡Contrólate, maldita sea! —grita, señalándolo con el
dedo.
Oscar y sigue
alterada mirandoen atensión.
los músculos Jackson
Alexcon la respiración
y Pablo lo sujetan
desde atrás, pero no es difícil darse cuenta de que no son
rivales para él si de verdad intenta quitárselos de encima.
—Estás sangrando —dice Bailey.
Tardo
Tardo un instante en darme cuenta de a qué se refierrefiere.
e.
En la espalda de Oscar empiezan a aparecer varias
manchas de sangre. Bailey se acerca y las observa con
atención. Mi primer impulso es levantar la mano para
tocarlo, pero enseguida la bajo y aprieto los puños con
fuerza. Si no ha querido hablar conmigo, ni siquiera mirarme
desde que regresó, no seré yo la que lo obligue a hacerlo.
Retrocedo
Retr ocedo un paso y Angy arquea una ceja en mi dirección.
—No es nada —farfulla Oscar, y se revuelve para librarse
del agarre de Alex y Pablo.
Son lo bastante listos como para soltarlo, y Bailey vuelve
a insistir
in sistir..
—Ven conmigo a la enfermería, te echaré un vistazo.
—¡He dicho que no es nada, carajo! —gruñe, girándose
para encararla.
—¡Ey! Ten cuidado con la forma en la que le hablas a mi
mujer —salta Zarco.
Zarco.
Oscar se da la vuelta y ladea la cabeza, primero hacia un
lado y después hacia el otro, mientras sus ojos oscuros se
clavan en los de nuestro líder.
—Ten cuidado tú con la forma en la que me hablas a mí.
Puede
pero esoque
nohasta ahora
significa me
que nohaya
vayacomportado
a morderte como ttu
si me tocasperro,
ocas las
pelotas más de lo debido.
El silencio cae sobre nosotros a excepción de los gemidos
ahogados del idiota al que acaba de golpear Oscar. Nunca
antes había presenciado una situación parecida. Oscar en
alguna de sus crisis ha llegado a golpear a Zarco y también
a Lagos, pero no es él mismo cuando actúa de ese modo tan
violento y salvaje, sin embargo, ahora mismo su voz suena
clara, no tiembla ni parece alterado. Es solo Oscar, y eso es
lo más
—Yainquietante,
está bien creo que también
—intercede peligroso.
Bailey, y se coloca entre
ambos para calmar los ánimos—. Oscar, estás sangrando
bastante. Si no quieres que te cure, al menos ponte algo
para frenar la hemorragia. Si es una herida profunda podría
infectarse.
Oscar la mira de reojo y exhala con fuerza antes de
asentir y dar media vuelta. Se marcha por las escaleras y
Zarco masculla una maldición en voz baja.
—¿Qué mierda le pasa ahora? —inquiere.
Angy sigue mirándome con gesto divertido, se acerca un
poco y pega su hombro al mío.
—¿No vas a ir a hablar con él? —pregunta en voz baja
para que solo yo pueda escucharla.
Frunzo el ceño y me aparto un poco para poder mirarla a
la cara.
—¿Por qué debería hacerlo? Al contrario de lo que todos
pensáis, no soy su jodida niñera. Si tiene problemas, que los
resuelva.
Angy estrecha su mirada sobre mí y suspira.
—¡Por el amor de Dios, dejad ya de hacer el imbécil! No
es tan difícil, ¿sabes? Hasta yo, que no pude haberme fijado
en un hombre más insufrible y cabezota, tuve las agallas
para admitir mis sentimientos.
Ignoro su comentario de mierda y me giro para empezar
a subir las escaleras.
—¡¿Tú
—Mi dóndeestá
trabajo vas?!hecho
—inquiere Zarco desde
—respondo abajo.
sin detenerme—. Me
voy al club. Necesito una copa. —Llego arriba y bufo con
fuerza—. Más bien unas cuantas —mascullo.
Capítulo 51
Oscar
Ya son más de las dos de la madrugada cuando decido salir
de la cama. La espera me está volviendo loco, más aún de
lo habitual. Angy me dijo que Luna decidió ir al Madness, y
mi primer
saber instinto
lo que fue irocurriendo
ha estado a buscarla.entre
Allí está
ellos,Beni
casi y,
notras
he
sido capaz de controlar los malditos celos, pero sé que
traerla de vuelta a la fuerza solo empeoraría la situación.
Eres un puto cobarde, por eso no lo haces. Te faltan
agallas para cargar a esa hembra sobre tu hombro y dejarle
claro que nadie más que tú puede tocarla.
Ignoro su presencia al pie de la escalera y sigo
caminando en dirección a la cocina. Con cada paso que doy
mi espalda se resiente. Las heridas no son demasiado
profundas, pero sí muchas, y ya noto como algunas
empiezan a curarse creando pequeñas costras bastante
molestas.
—Buenas noches, muchacho —Laura me saluda de
manera afable nada más verme—. ¿Otra vez insomnio? —
Asiento y me subo a uno de los taburetes que hay frente a
la barra de desayuno. En menos de un minuto tengo una
humeante taza de chocolate justo delante de mí—. ¿Qué es
lo que te preocupa? Pareces inquieto.
Doy un trago y exhalo con fuerza.
—Siempre lo estoy. A veces pienso en lo increíble que
sería vivir como una persona normal, sin tener que
controlarme en todo momento, sin tener que luchar contra
las voces, solo siendo yo mismo.
Laura esboza una sonrisa y coloca los codos sobre la
encimera de granito.
—Nuestra locura es lo que nos hace especiales. Si nos la
quitaran, ¿quiénes seríamos? Tal como yo lo veo, la
normalidad está sobrevalorada.
sobrevalorada.
Esta vez soy yo el que sonríe. Tengo que darle la razón
en eso. Durante toda mi vida he convivido con las voces en
mi cabeza. Me he preguntado muchas veces si son ellos los
que definen mi personalidad. No tengo una respuesta a esa
pregunta, y dudo mucho que vaya a encontrarla en este
momento.
Mientras
evitar que mibebo pequeños
mirada sorbos
se desvíe haciade
la chocolate,
puerta por no puedo
la que se
accede al cuarto de lavado y de allí al sótano. El cabrón de
Jackson Black sigue ahí abajo, y si tan solo pudiese estar
con él a solas unos minutos, sé que lograría sacarle
información sobre Samuel. Puedo entender las intenciones
de Zarco, pero tarda demasiado y mientras tanto ese hijo de
puta está ahí fuera, planeando nuevas maneras de
jodernos.
Estoy a punto de mandar a la mierda las órdenes de
nuestro líder cuando unas pisadas acercándose llaman mi
atención. Me giro a medias y contengo el aliento al ver a
Luna entrar en la cocina.
—Hola —susurro.
No responde, solo sigue acercándose, y al llegar a mi
lado, sujeta mi rostro con ambas manos y pega sus labios a
los míos. Reacciono por puro instinto. Hundo mi lengua en
su boca y rodeo su cintura con el brazo para pegarla más a
mí. Luna se cuelga de mi cuello, y cuando nos apartamos
ambos estamos sin aliento. No sé qué es lo que está
pasando, pero aceptaré cualquier cosa que me ofrezca.
—Ven conmigo —susurra en mi oído antes de clavar sus
dientes en el lóbulo de mi oreja.
La empujo despacio al recordar que no estamos solos.
Giro la cabeza y compruebo que Laura se ha ido. Supongo
que quiso darnos algo de privacidad. Respiro hondo por la
nariz y centro toda mi atención en la preciosa mujer que
tengo entre mis brazos.
—Te seguiría hasta el mismísimo infierno —murmuro
contra su boca.
Sus labios se curvan hacia arriba, creando una sonrisa
provocativa y lujuriosa que logra ponerme duro al instante.
Tira de mi mano y, como el buen perrito que soy, la sigo.
Mientras caminamos, deslizo la mirada por la curva de su
cuello, su espalda, ese trasero tan duro y redondo que me
vuelve loco, sus piernas enfundadas en un vaquero ajustado
y unos flotar
parece zapatos de tacón
sobre quecon
el suelo usacada
con pisada.
tanta habilidad
Subimosque
las
escaleras y nos dirigimos a mi dormitorio. Ninguno de los
dos dice nada mientras nos quitamos una a una todas las
prendas.
Luna desliza sus manos por mi pecho desnudo y se pone
de puntillas para besar la base de mi cuello. Contengo un
gemido al notar su lengua húmeda y caliente recorrer mi
piel. Deja un rastro de saliva de manera descendente y cae
de rodillas a mis pies. Mi respiración se acelera. Sé lo que
viene a continuación, y solo la expectativa y las ganas de
hundirme en su boca casi hacen que me corra de gusto. Una
de sus manos rodea mi polla y la mueve despacio de
delante hacia atrás. Su lengua asoma entre los labios y
siseo de puro placer cuando lame la punta con suavidad.
Todos
Todos mis instintos me gritan
gritan que la sujete con fuerza por
la nuca y arremeta
arremeta hacia delante, pero logro contenerme. Es
ella quien ha tomado la iniciativa y, al menos por ahora,
dejaré que siga al mando. Continúa moviendo la lengua con
lentitud y su mano encuentra un ritmo perfecto y
acompasado. Un gemido rasga mi garganta y Luna alza la
vista y sonríe de medio lado antes de engullirme casi por la
mitad. Se retira un poco y deja que un chorro de saliva se
escurra entre sus labios y caiga en mi polla.
—Quiero que me folles la boca —susurra, y un latigazo de
placer me recorre
recorre la espalda y me endurece los huevos.
Enrosco su melena azul en mi puño y me agacho para
besarla antes de incorporarme de nuevo y atraer su cabeza
a mi entrepierna. Esta vez me clavo más hondo, hasta que
noto cómo llego a su garganta, me quedo quieto unos
segundos y retrocedo. Compruebo que Luna está bien, que
no la he lastimado ni se ha atragantado antes de repetirlo,
aunque en esta ocasión lo hago más fuerte y más profundo.
Tenso
Tenso la mandíbula y en solo unos pocos segundos estoy
saliendo y entrando de su boca a una velocidad vertiginosa.
Gruño
cuando ynoto
jadeo
quecon cada
estoy golpe de
a punto de correrme
caderas. Me detengo
y tiro de su
brazo para ponerla en pie.
—Eres un jodido sueño hecho realidad —farfullo contra su
boca, y la beso.
Recorro su cuerpo con mis manos, hundo mis dedos en
su coño y la encuentro mojada y lista para mí. Un par de
pasos, eso todo lo que necesito para llegar a la cama, la
tumbo sobre ella y me coloco encima. Sus piernas se abren
y me acomodo entre sus muslos, muerdo sus pechos y su
cuello mientras me adentro en su interior de una sola
estocada. Luna gime en alto.
—Más fuerte —suplica.
Sonrío y me incorporo para sujetarla por las caderas.
Cojo impulso y me clavo en su interior una y otra vez, más
rápido, más fuerte, más demencial. Cuando noto cómo su
cavidad se estrecha, me dejo caer de nuevo sobre ella y la
obligo a mirarme.
—Voy a hacer que me quieras —siseo, y hundo mis
dientes en la piel de su cuello.
Lo más probable es que le deje una marca, pero me da
igual. La quiero así, marcada como mía para que a nadie se
le ocurra acercarse a ella. Aún gimiendo, Luna sujeta mi
rostro entre sus manos y una lágrima solitaria recorre su
mejilla.
—No te merezco. —Frunzo el ceño y me detengo—. ¡No
pares! —exclama, y cierra los ojos con fuerza—. Sigue
follándome. Quiero que te metas tan dentro de mí que no
pueda sacarte nunca.
Quiero preguntarle por qué llora. ¿Es por lo de Beni?
¿Porque no me quiere? No lo hago y tampoco digo nada
más, solo disfruto de cada uno de los deliciosos gemidos
que salen de su boca, de cada temblor de su cuerpo, del
roce de sus dedos en mi nuca, lo absorbo todo y cuando
noto que llega al orgasmo, intento salir de su interior, pero
sus piernas a correrme
obligándome se enroscan
dentroalrededor de coño.
de su apretado mi cintura,
Capítulo 52
Oscar
Me despierto solo en la cama. La luz entra por la ventana a
raudales, iluminando toda la habitación. No sé en qué
momento me quedé dormido, pero sí cuál fue el motivo.
Estaba agotado, completamente exhausto después de pasar
horas follando con Luna como dos jodidos animales salvajes.
No hubo palabras de cariño, ni ternura ni descanso. En
cuanto nos recuperábamos de un asalto, volvíamos a
abalanzarnos el uno sobre el otro.
—¿Luna? —la llamo con voz somnolienta.
No recibo respuesta. La puerta del baño está abierta y no
se escucha ningún sonido que indique que pueda estar ahí.
Me pongo en pie y resoplo mientras me froto la nuca. Creí
que solo el alcohol y las drogas dejaban resaca, pero parece
ser que el sexo también, o es posible que aún me dure la de
ayer. Por un segundo me planteo si lo de anoche pasó de
verdad o solo fue fruto de mi imaginación. Frunzo el ceño.
Fue real, ¿o no?
Compruebo el baño y, como ya esperaba, no encuentro a
Luna. Después de ponerme un pantalón de algodón, entro
en su habitación, pero tampoco está allí, por lo tanto, decido
darme una ducha y bajar a desayunar. Lo más probable es
que se haya adelantado, aunque me hubiese gustado que
me esperara y habláramos de lo que va a ocurrir con
nosotros de ahora en adelante. No me rendiré. Voy a luchar
por ella. Puede que me lleve años conseguir que me quiera,
pero lo lograré.
Abro el grifo y me giro para echar un vistazo en el espejo
a mi espalda. Ya casi se ha curado. En un par de días lo
único que quedará de las heridas serán cicatrices ocultas
entre la tinta de mis tatuajes. Estoy a punto de quitarme el
pantalón para meterme en la ducha cuando la puerta de mi
habitación se abre de golpe.
—¡Hijo de puta! ¡¿Dónde estás?! —escucho la voz de
Zarco y, extrañado, salgo de baño.
—¿Qué pasa?
Llega a mi lado furioso y me empuja con fuerza.
—¡Te dije que no te acercaras a él! ¡Fue una puta orden,
carajo!
Aprieto los puños y echo un vistazo sobre su hombro.
Lagos aparece de repente, seguido por Alex, Angy, Bailey y
Luna.
—¿Se puede saber qué demonios ocurre? —inquiero
cabreado.
—Hemos encontrado el cadáver de Jackson en la celda —
responde Lagos.
—O lo que dejaste de él —añade Alex.
Sacudo la cabeza de un lado a otro.
—Yo no lo he matado —aseguro.
—¡¿No lo has matado?! —Zarco suelta una falsa
carcajada y clava su mirada furiosa en la mía—. ¡Alguien le
arrancó las putas tripas! No tiene brazos, ni piernas y la
cabeza está partida en cuatro putos pedazos. ¡No hay nadie
en esta casa capaz de hacer algo así aparte de ti!
—¡Deja de gritarme! —exclamo, alzando la voz—. Ya te
he dicho que yo no he sido. Estuve aquí encerrado toda la
noche. Comprueba las putas cámaras de seguridad.
—No hay cámaras en nuestras habitaciones —intercede
Bailey.
—¡Entonces la de la cocina, carajo! Quien quiera que lo
haya hecho, tuvo que pasar por allí de camino al sótano.
—La han roto, y también todas las demás desde esta
habitación hasta la cocina—dice Angy—. No se ve quién lo
hace. Alrededor de las seis de la madrugada, alguien se
cargó las cámaras a golpes.
—Pues yo no fui —clavo mi mirada en la de Luna—.
Díselo tú. Estuviste aquí conmigo toda la noche.
Hay unos segundos de silencio y niega con la cabeza.
—Te encontré en la cocina cuando llegué del club y
después me encerré en mi habitación.
—¡¿Qué?! —Abro mucho los ojos y se me escapa una
carcajada de incredulidad—. Si esto es una broma, no tiene
ni puta gracia. —Intento ir hacia Luna, pero Zarco se
interpone en mi camino—. Hazte a un lado o te sacaré yo
mismo —amenazo.
la pistola Coloca del
que le sobresale la mano sobre
cinturón la empuñadora
y tenso de
la mandíbula
—. ¿Vas a dispararme?
—Nadie va a disparar —suelta Bailey, y aparta a Zarco
empujándolo por el pecho.
Retomo mi camino en dirección a Luna y sujeto su rostro
entre mis manos.
—¿Por qué estás mintiendo? Estuviste aquí conmigo.
—¿Por
Vuelve a negar y retrocede un par de pasos.
—¿No lo recuerdas? Intenté hablar contigo, pero decías
cosas sin sentido. Te saqué de la cocina y te llevé a tu
cuarto. Dijiste que querías estar solo, así que me fui.
Cierro los ojos e intento buscar en mi memoria algo que
tenga sentido, pero mis recuerdos no son esos.
—No, no fue así. —Me llevo las manos a la cabeza y mi
respiración se acelera—. ¿Intentas volverme loco?
—Para eso ya es tarde —masculla Alex.
Lo ignoro y sigo intentando buscarle el sentido a todo
esto. Inspiro hondo por la nariz y exhalo por la boca. No es
posible que mi mente se haya inventado todo lo que pasó
anoche, ¿verdad?
—Veamos, estaba aquí, esperándote. —Señalo a Luna—.
Después fui a la cocina y estuve hablando con Laura hasta
que tú llegaste.
—¿Quién mierda es Laura? —inquiere Zarco.
—¡La cocinera, joder! —Bailey y Zarco se miran de
manera extraña—. ¿No sabes quién trabaja para ti? Bajita,
de pelo oscuro más o menos por aquí. —Me señalo a la
altura de los hombros—. Está muy delgada y…
—¿Hace chocolate caliente? —pregunta Alex, sonriendo
de manera burlona.
—¡Sí! Tú sabes de quién hablo. —Lo apunto con el dedo
índice. Pierde la sonrisa y esta vez son él y Angy los que se
miran de reojo—. ¡¿Qué mierda está pasando?! ¡¿Por qué
parece que todos sabéis algo que yo no?!
Angy carraspea y da un paso en mi dirección.
—Oscar,
como lo que estás
si estuvieses diciendoa…
describiendo es —Se
muy queda
extraño, parece
callada y
Alex resopla.
—¡Tu madre, carajo! Laura, pelo negro y corto, delgada y
hace puto chocolate caliente. Estás hablando de tu madre y
está muerta, así que sí, has perdido la poca cordura que te
quedaba, hermano.
—¡Alex! —exclama
—exclama Angy, y lo fulmina con la mirada.
—¡¿Qué?! Alguien tenía que decirlo.
—Eso no es posible. —Me froto los ojos y sonrío de
manera incrédula—. Ni siquiera la recuerdo. Laura es real,
he estado hablando con ella casi todas las noches desde
que regresé de la finca.
Angy exhala con fuerza y da un nuevo paso en mi
dirección.
—Yo sí la recuerdo y te aseguro que acabas de describirla
a la perfección. Solía hacernos chocolate caliente y jugar al
escondite con nosotros por toda la casa antes de que
muriera.
Recuerdo una de nuestras conversaciones, cuando me
confesó que tenía un hijo al que abandonó, y se me corta la
respiración. «No he podido verlo crecer. Solo me queda
aferrarme a los buenos recuerdos. El chocolate caliente,
esos momentos de diversión, cuando jugaba al escondite
con él y sus amigos…». «Esta maldita enfermedad me lo ha
arrebatado todo. Le di la espalda a las pocas personas que
me querían. Abandoné a mi hijo». Mi garganta se cierra. Mi
madre me abandonó. Se colgó de una puta viga de madera
cuando yo tenía seis años.
—No es posible —susurro, negando con la cabeza—.
Déjame verlo. Quiero ver las imágenes de la cámara de
seguridad.
—Está rota —dice Luna.
—¡Me da igual! Tiene que haber algo grabado de antes,
cuando yo estuve en la cocina.
Angy sale
regresar condeun
la habitación
ordenadory tarda sololounos
portátil, segundos
pone sobre en
la
cómoda, y tras teclear algo, me mira y hace un gesto para
que me acerque. Lo hago con piernas temblorosas y el
corazón latiendo a toda velocidad.
—Dijiste que eran sobre las dos, ¿cierto? —Asiento.
Angy ajusta el reproductor de vídeo para la hora indicada
y las imágenes comienzan a reproducirse. Me veo a mí en la
cocina, entro y me siento en el taburete, pero Laura no está.
Durante un rato parece como si estuviese hablando con ella,
y yo sé que era exactamente lo que estaba haciendo, sin
embargo, no hay nadie conmigo. Ni siquiera sostengo una
taza entre mis manos, aunque hago el gesto de estar
bebiendo. Después llega Luna, me giro y ella me besa y me
saca de la cocina.
—No es posible —mascullo alucinado.
—Nadie más entra ahí hasta que se rompe la cámara —
informa Angy.
Me giro de golpe y en dos zancadas estoy junto a Luna,
sujetándola por la barbilla.
—Júrame que no estuviste aquí conmigo, en esa cama. —
Señalo con el brazo y noto cómo las lágrimas ruedan por
mis mejillas.
—Lo juro —susurra, y coge mi mano.
Retrocedo de espaldas y doy varias vueltas sobre mí
mismo mientras me tiro del pelo. No sé qué demonios está
pasando. ¿Por qué mi mente se empeña en jugar conmigo
de esta manera?
¿En serio? Ahora sí que se te ha ido la cabeza del todo.
Hablas con tu madre muerta, matas a gente y no lo
recuerdas…
recuerdas… ¿Se puede ser más patético?
Capítulo 53
Luna
Observo a Oscar desde la puerta y algo dentro de mi pecho
se retuerce al verlo tan perdido en sí mismo. Zarco se ha
llevado a todos los demás para decidir qué hacer. Todo se
ha ido a lademierda.
el punto Sinsin
partida, Jackson Black
un solo estamos
hilo de tirar
del que vuelta en
para
encontrar al hijo de puta de mi hermano, y después está
Oscar, que parece haber llegado a un punto en el que ni
siquiera él sabe lo que es real o fruto de su imaginación.
Sentado a los pies de la cama, chasquea la lengua y
murmura algo que no soy capaz de entender.
murmura algo que no soy capaz de entender.
—¿Estás bien? ¿Quieres que te traiga algo de comer? —
Alza la mirada y frunce el ceño.
—Si tengo hambre, yo mismo puedo ir a la cocina a por
comida, ¿o no?
Trago
Trago saliva con fuerza para pasar el nudo de angustia
que se ha instalado en mi garganta y levanto la barbilla de
manera desafiante.
—Zarco ha ordenado que no salgas de este dormitorio
dormitorio..
—¿Eso ha hecho? —Ladea la cabeza y su mirada se
oscurece—. ¿Qué puede pasar si decido no cumplir sus
órdenes? —Se pone en pie y empieza a caminar hacia mí
con lentitud—. ¿Vas a matarme, cariño? ¿Te han dado un
arma al menos?
—No la necesito —replico, y espero a que se detenga
cuando solo unos centímetros separan su cuerpo del mío—.
Tú
Tú jamás me lastimarías. Vas a quedarte aquí porque yo te
lo pido.
Vuelve a sonreír y ladea la cabeza hacia el lado contrario.
—Por supuesto que sí. Haré todo lo que desees porque
soy tu perro fiel, aunque anoche la que estaba de rodillas
como una buena perrita eras tú, ¿verdad? —Doy un
respingo y mis ojos se abren de golpe—. Lo sabía. Estás
mintiendo.
—¿Qué? —Retrocedo un par de pasos y niego con la
cabeza, con el corazón latiendo a toda velocidad—. Oscar,
estás delirando otra vez —afirmo.
Esboza una sonrisa ladeada y sigue observándome casi
sin pestañear.
—Lo hey estado
esperaba admito pensando. Sí, lodelirios,
que tuve esos de mi como
madrelosnohas
lo
llamado, pero en lo que se refiere a ti… —Inspira hondo y su
mirada se estrecha sobre mí—. No sé por qué lo haces, pero
mientes. Estuviste aquí, chupándome la polla y follando
conmigo hasta que me quedé dormido. Puedo olerte en mi
piel, aún conservo tu sabor en mi boca. —Se acerca más y
aparta el pelo de mi rostro—. Además, llevas mis jodidos
dientes marcados en el cuello. —Da el paso que nos separa
y sujeta mi barbilla para obligarme a mirarlo a los ojos—. La
pregunta es, ¿por qué mientes, Luna?
Contengo la respiración y durante un buen rato solo nos
miramos a los ojos en silencio. «Mierda». Mi plan era
perfecto, o al menos eso creí. Tuve el cuidado de no salir de
la cama hasta que él estuvo profundamente dormido, de
camino a la cocina destrocé las cámaras de seguridad sin
ser vista y al llegar al sótano… Exhalo con fuerza y mi
corazón se acelera aún más al recordar lo que tuve que
hacer ahí abajo. La sangre bañando mis brazos, cada golpe
con el hacha, hundiendo el filo en la carne caliente y
palpitante, la mirada de Jackson cuando se dio cuenta de
que estaba a punto de morir… Tenía que ser convincente.
No podía permitir que sospecharan de mí y al mismo tiempo
mantener a Oscar vigilado y encerrado era lo más oportuno,
pero él lo sabe. Claro que sí. Me conoce mejor que yo a mí
misma. Debí suponer que lo descubriría, y eso me pone en
una situación en la que no deseo estar porque el plan tiene
que seguir adelante a toda costa.
Aparto su mano de mi rostro y retrocedo rápido para
ponerme bajo el marco de la puerta. Me muerdo el labio
tembloroso y contengo las lágrimas que pugnan por
abandonar mis ojos.
—Perdóname —susurro.
Echo la cabeza hacia atrás y golpeo el marco de la
puerta con mi rostro. El dolor estalla en mi nariz y mi frente.
Suelto un alarido y retrocedo hacia el pasillo cuando Oscar
intenta alcanzarme.
—¡¿Qué has hecho?!
—¡Ayuda! —grito, y cubro mi nariz con la mano para
evitar que la sangre siga derramándose sobre mi ropa—.
¡Ayudadme!
La mirada sorprendida de Oscar me hace sentir aún más
culpable, pero no puedo detenerme ahora. Tengo que
terminar lo que he empezado.
Alex es el primero en aparecer, seguido por Zarco, Lagos
y Pablo. Tras ellos vienen Angy, Ness y Lina.
—¿Qué mierda ha pasado? —inquiere Alex al verme
sangrar por la nariz.
—Oscar ha perdido el control. Intenté calmarlo y me
golpeó.
—¡¿Qué demonios estás diciendo?! —gruñe, e intenta
venir hacia mí, pero Alex se interpone en su camino.
—¡Apártate de ella, carajo!
Oscar me lanza una mirada por encima del hombro de
Alex y niega con la cabeza.
—¿Qué estás haciendo, Luna? ¿Por qué? —Zarco, Lagos y
Pablo pasan junto a mí y se colocan a modo de barrera para
que no pueda alcanzarme—. ¡Apartaos! —sisea Oscar—.
¡Fuera!
—Hermano, tienes que calmarte —le dice Lagos, y
comete el error de poner la mano sobre su hombro
hombro..
Oscar le lanza un puñetazo a la mandíbula e intenta
venir hacia mí. Zarco, Alex y Pablo no se lo permiten, pero
entonces Oscar pierde el control y comienza a golpearlos a
ellos también. Tratan de inmovilizarlo, sin embargo, es como
querer detener un tren con la espalda, Oscar los arrolla y
sigue abriéndose paso hacia mí con la mirada encendida y
la mandíbula tensa.
Angy tira de mi mano para hacerme retroceder.
—Ve buscar a Bailey y dile que traiga algo para sedar a
Oscar —le ordena a Lina.
La chica sale corriendo. Zarco y Alex logran contenerlo
unos segundos
codazos más antes
y empujones, despuésde me
queagarra
él sepor
libre de ellos
el brazo a
y me
empuja contra la pared.
—¿Por qué? —Sus manos me sujetan el rostro y me pega
más contra la pared—. ¿Quién te está obligando a hacer
esto? ¡Dímelo!
El dolor, la rabia, la tristeza y la desolación que transmite
su mirada me dejan paralizada. Se supone que esto no
debía ser así. Iba a ser más fácil y yo no sentiría su dolor
como mío. Un sollozo rasga mi garganta y cierro los ojos.
Mis mejillas se humedecen y Oscar sigue presionando su
cuerpo contra el mío.
—Déjame —susurro.
—¡No! —Golpea la pared junto a mi cabeza con el puño y
doy un salto—. ¡Dime quién está detrás de todo esto! ¡¿Es
Samu?! ¡¿Él te ha obligado?!
Abro los ojos de golpe al notar como su agarre se afloja
un poco y lo primero que veo es una aguja clavada en su
cuello. Bailey está tras Oscar, presionando el embolo para
que todo el líquido de lo que supongo que es un sedante se
adentre en el cuerpo de Oscar.
—Ayudadme, va a desplomarse —dice Bailey.
Las manos de Oscar caen de mi rostro, pero sigue
luchando para mantener los ojos abiertos.
—¿Porr qué? —repite, y poco a poco va cayendo.
—¿Po
Lo agarro con fuerza por la cintura y vuelvo a sollozar
antes de pegar mis labios a su cuello.
—Porque te quiero —susurro, y dejo que se escurra entre
mis brazos.
Zarco, Alex, Lagos y Pablo cargan con Oscar hasta la
enfermería y se aseguran de que está bien sujeto con
cuerdas a la camilla antes de salir renqueando y doloridos.
Yo
Yo estoy a punto de irme también, per
peroo Bailey me detiene.
—Luna, deja que te vea esa nariz —dice. Me giro de
manera casi mecánica y hago todo lo que me pide. Me subo
a otra camilla
cuerpo y no puedo
de Oscar dejar de mirar
inconsciente—. de reojo
Tardará el enorme
un tiempo en
despertarse. El sedante que le he administrado podría
tumbar a un elefante. —Siguen cayendo más lágrimas de
mis ojos mientras Bailey limpia la sangre que sale de mi
nariz—. La buena noticia es que esta vez no está rota. Solo
es un golpe, molestará unos días, pero vas a estar bien.
¿Tanto te duele? —Desvío mi mirada hacia ella, que parece
extrañada, y niego con la cabeza—. Si no es por el dolor,
¿por qué lloras?
Cierro los ojos y la culpa, la tristeza y la angustia estallan
en mi interior como una maldita presa de hormigón
haciéndose pedazos. Me cubro el rostro con las manos y
sollozo.
«Tú eres la única capaz de llevarme al mismísimo infierno
y sacarme de él». Las palabras de Oscar se hacen eco en mi
mente y lloro con más fuerza. «Yo he hecho esto, lo he
destruido y jamás me lo perdonaré». Siento las manos de
Bailey tirando de mi cabeza y me atrevo a mirarla. Tengo
que arreglarlo. Es demasiado arriesgado, pero al menos
debo intentarlo.
—Ayúdame —susurro, y me aferro a sus manos—. Por
favor, Bailey, te lo suplico, ayúdame.
Se queda callada unos segundos, y sorprendiéndome,
tira de mí y me abraza.
—Tranquila, te ayudaré —murmura mientras yo sigo
llorando sobre su hombro—. Solo dime qué necesitas.
Me aparto y casi sin aliento sorbo por la nariz.
—¿Por qué? Siempre te he tratado mal. Intenté hacer de
tu vida un infierno cuando llegaste.
Bailey esboza una pequeña sonrisa y aparta un mechón
de pelo de mis ojos con suavidad.
—Somos familia, Luna. Yo no conocía la importancia de
ese término hasta que entré en esta casa. Sí, a veces te
comportas como una arpía malcriada, pero he aprendido a
quererte como eres. Si necesitas mi ayuda, la tienes. —
Inspira hondo
cuéntamelo pory dime
todo la nariz
quéydebo
se cruza
hacer.de brazos—. Ahora
hacer.
Capítulo 54
Oscar
Despierta.
Abre los ojos.
Luna está en peligro.
¡Despierta!
Abro los ojos y me incorporo de golpe. Mi cabeza
empieza a dar vueltas y me siento tan desorientado que
apenas puedo reconocer el lugar en el que me encuentro,
creo que es
—¡Eh! la enfermería.
Despacio, puedes caerte. —Bailey, o al menos una
versión borrosa de ella, aparece frente a mí y me alumbra
los ojos con una pequeña linterna—. ¿Cómo estás?
—Mareado —digo, aunque mi voz suena más como un
graznido.
—Eso es normal.
Pestañeo para enfocar la vista y al fin logro que la
habitación deje de dar vueltas.
—¿Dónde está Luna? —pregunto, buscando la mirada de
Bailey.
Ella suspira y empuja en mi dirección una especie de
carrito médico, sobre él hay una bandeja de metal con algo
dentro. Tardo unos segundos en reconocer los pequeños
artefactos.
—He pasado casi tres horas extrayendo explosivos de tu
nuca. Créeme, no ha sido sencillo. —Frunzo el ceño y me
toco la parte posterior del cuello. Lo tengo cubierto por un
apósito que ni siquiera había notado.
—¿Qué está pasando? No entiendo nada. ¿Dónde
demonios está Luna?
—Salvándote la vida —bufa, y coge un pequeño
explosivo con el dedo índice y pulgar—. Hace un par de
noches te implantaron esto.
—¡¿Cómo?! ¡¿Quién?!
Mi primer pensamiento es que pudo haber sido Luna,
pero enseguida lo descarto. Ella jamás me haría eso.
Alguien la está obligando a actuar de este modo, estoy
seguro.
—Según Luna, una tal Raina.
—¿Raina? Eso no tiene sentido —mascullo.
—Lo tiene si esa mujer trabaja para Samuel y se acercó a
ti para vigilarnos. Al menos, eso fue lo que él le dijo a Luna.
—¿Él? —Todo mi cuerpo se tensa y aprieto los puños—.
¿Samuel? —Bailey asiente y bajo de la camilla de un salto.
Por suerte,
está logro mantener el equilibrio—. Dime que Luna no
con él ahora.
—No puedo hacer eso, Oscar. Ella tenía órdenes. Matar a
Jackson Black y regr
regresar
esar con Samuel. Si no lo hacía, tú
morías.
—No —susurro,
—susurro, y me llevo las manos a la cabeza.
La puerta de la enfermería se abre y Zarco, Lagos, Alex,
Angy y Ness entran uno detrás de otro.
—Bien, ya estás despierto. Justo a tiempo —dice Zarco.
Tiene la cara
cara magullada, al igual que Lagos y Alex
Alex..
—¡¿Justo a tiempo para qué?! —grito—. ¡Has permitido
que Luna se vaya con Samu, maldición!
—Ella quiso ir para salvarte la vida —intercede Ness.
—¡¿Mi vida?! ¡¿Y la suya?! Está con él, el mismo cabrón
que la violaba de niña junto a su padre, el que la dejó en el
sótano de la finca. ¡Es un hijo de puta sin pizca de
humanidad y habéis permitido que se la lleve!
Bailey esboza una sonrisa y arquea una ceja en mi
dirección.
—¿De verdad crees que íbamos a dejar que se marchara
sin un plan?
La miro confuso y Pablo irrumpe en la enfermería.
—Zarco, la tenemos —dice, y nuestro líder también
sonríe.
—Bien, llévala al sótano. Ahora hablaremos con ella.
—¿Quién es? —inquiero
—inquiero..
—Tu amiga Raina. He ordenado que la traigan. Veamos
qué tiene que decir sobre el paradero de Samuel.
—Entonces, no sabéis dónde está, ni tampoco Luna —
deduzco.
—No exactamente —responde Angy—. Aunque lo
sabremos pronto. Lleva con ella un localizador que se
activará en… —Mira su reloj de pulsera y sonríe—. Tres
minutos. Entonces tendremos su ubicación exacta.
—Y con un poco de suerte la tal Raina puede darnos
información sobreLagos.
buscarla —añade lo que nos espera allí cuando vayamos a
—¿Vayamos? —pregunto con la respiración acelerada. Yo
sé que voy a hacerlo, pero creí que ellos no.
Zarco se acerca y aprieta mi hombro de manera
cariñosa.
Claro que sí. Luna es de la familia y también tu mujer.
El Clan Z cuida de los suyos. —Me suelta y le da una calada
a su puro—. Pongámonos en marcha de una vez. No
tenemos demasiado tiempo.
Luna
Dos de los matones de Samuel me recogen justo en el
mismo sitio en el que me interceptaron la primera vez. Tal
vez, si no hubiese sido tan cabezota al negarme a tener
escolta, nada de esto habría pasado. Anoche ni siquiera
llegué al club, a mitad de camino varios vehículos me
sacaron de la carretera, unos tipos me cubrieron la cabeza
con un saco de tela oscuro y tras casi una hora de viaje
encerrada en el maletero, el rostro de mi hermano fue lo
primero que vi.
Creí que me mataría, pero sus órdenes fueron claras,
debía acabar con Jackson para que él no pudiera delatarlo
ante Zarco y por la mañana un coche me estaría esperando
para llevarme de vuelta. Si fallaba en alguna de las dos
tareas, Oscar moriría. Esa maldita rubia no era trigo limpio,
lo supe nada más verla, pero los celos nublaron mi buen
juicio. Debí haberla investigado.
investigado.
Los dos tipos salen del vehículo y uno de ellos acerca el
saco a mi rostro.
—Eso no es necesario —mascullo, apartándome.
Ambos sonríen y no veo venir la bofetada que me gira la
cara. Me cubren la cabeza y un par de manos recorre cada
centímetro de mi cuerpo para comprobar que no voy
armada
me atan ni
lasllevo algoa encima
manos quecon
la espalda pueda delatarlos. Después
una brida.
—Está limpia —dice uno de ellos.
—Ahora callada, perra —ordena el otro, y tras
empujarme hacia interior del maletero escucho como la
puerta se cierra con violencia.
Capítulo 55
Luna
Durante todo el trayecto intento no perder los nervios. Me
concentro en el objeto que llevo escondido en el sujetador.
Es demasiado pequeño como para que lo detecten, aunque
vuelvan a registrarme,
desnudarme… sinenembargo,
«No pienses si me
eso ahora». obligan
Me digo a mía
misma en mi cabeza y sigo respirando de manera pausada.
A estas alturas seguro que Bailey ya está extrayendo los
explosivos del cuerpo de Oscar. Él va a estar a salvo, y eso
es lo que importa. Tengo la esperanza de que logren dar
conmigo. Encenderé el localizador en cuanto llegue al lugar
al que me llevan, sea donde sea. Calculo que pasa más de
una hora y ya empiezo a desesperarme cuando el vehículo
se detiene. Unos segundos después, la puerta del maletero
se abre y un par de brazos me arrastran hacia fuera.
No digo ni una sola palabra mientras camino a ciegas,
recibiendo empujones por parte de los dos imbéciles. Los
ignoro cuando empiezan a hablar sobre mí, para ser más
específica mencionan partes de mi cuerpo dónde les
gustaría meter sus pollas. No dejo que sus comentarios me
pongan nerviosa, solo sigo avanzando hasta que me obligan
a detenerme.
—Quitadle la capucha. —Enseguida reconozco la voz de
Samuel. Pestañeo varias veces para acostumbrar la vista a
la luz y respiro hondo. Este no es el mismo lugar en el que
estuve anoche. Supuse que sería así—. Hola, hermanita.
Dime que has cumplido con la tarea que te pedí.
—Jackson está muerto —siseo entre dientes.
—¡Bien hecho! —El cabrón de mi hermano aplaude y se
acerca sonriendo—. ¿Alguien sospechó de ti? —Niego con la
cabeza—. Buena chica. Siempre has sabido cumplir órdenes.
Papá te instruyó bien. ¿Qué te ha pasado en la cara?
—Un accidente —respondo
—respondo..
—Sigues siendo una preciosidad.
Contengo las ganas de escupirle en la cara cuando se
acerca más y acaricia mi mejilla con los dedos. Observo a
mi alrededor de manera disimulada. Estamos en una
especie de sala de estar. Los muebles son de diseño
moderno y parecen de buena calidad. Hay cuadros con
marcos
chimeneagruesos colgados
con bordes de preside
de granito plas paredes
reside y una gran
la estancia.
—¿Qué pretendes con todo esto? Tarde o temprano,
Zarco te encontrará.
—Llevo tres años jodiéndolo a él y a vuestro grupito de
idiotas y aún no ha sido capaz de pillarme. Solo es cuestión
de tiempo que caiga. Seguiré saboteando sus almacenes,
provocando que incumpla los tratos con sus socios,
especialmente con los rusos. Cuando alguno de ellos se
cabree bastante, solo me sentaré a ver cómo lo matan y
recogeré lo que queda del Clan Z. El Grupo S es el futuro. —
Alza ambos brazos y sus matones lo vitorean como en una
puta secta de pirados.
—¿Los rusos? —Se me escapa una sonrisa—. Mijaíl
Zakharov es el hermano de la mujer de Lagos. Matar a
Zarco significa ir en contra de su propia familia.
—No estoy hablando de Zakharov. —Niega con la cabeza
y su sonrisa asquerosa y petulante sale a relucir de nuevo—.
Él también caerá si sigue protegiendo a Gabriel y a los
suyos.
—¿Y los explosivos implantables? ¿A qué mierda viene
eso?
—¿Te gustan? Me asocié con Jackson Black para
conseguirlos. Vargas ya había hecho negocios con él en el
pasado, y cuando me presentó la oportunidad no pude
rechazarla. Dan mucho dinero. —Abre los brazos en cruz y
señala todo lo que nos rodea—. Esto que ves no se paga
solo. Además, es muy divertido tener el poder de manipular
a cualquiera. Un pinchacito y su voluntad me pertenece.
—¿Y ahora qué? ¿Vas a matarme? Los míos no tardarán
en darse cuenta de que no regreso. Sabrán que algo me ha
ocurrido.
El muy hijo de puta suelta una carcajada y me sujeta con
fuerza por la barbilla.
—¿Por qué crees que te escogí a ti, hermanita? Les
importas una
lado a otro trasmierda. Cuando eras
ellos, intentando queuna niña corrías
te prestaran de un
atención,
pero te ignoraban y, por lo que me contó Rai, las cosas no
han cambiado. Te convertiste en la putita de Gabriel, de
Gambo, del propio Rai y sospecho que del tarado de Oscar
también porque no has dudado en arriesgar tu vida por él.
—Levanta mi rostro y vuelve a sonreír—. Es una pena que
tus esfuerzos no hayan servido para nada. De todas formas,
va a morir.
—Dijiste que no lo matarías.
—Yo digo muchas cosas y no todas son verdad. —Me
suelta y da media vuelta, coge un teléfono móvil que hay
sobre la mesa y gira la pantalla hacia mí—. Solo tengo que
presionar este botón y la cabeza de Santos junior reventará
como un jodido melón. Es una pena que no esté allí. Me
encantaría ver la cara que pone Gabriel cuando los sesos de
su perro le salpiquen los zapatos.
—No lo hagas —pido con el corazón retumbando con
fuerza en el interior de mi pecho. Es posible que Bailey aún
no haya extraído el explosivo—. Te lo suplico, Samuel. Deja
que viva. Haré lo que quieras, cualquier cosa, pero no lo
mates.
Mi hermano me repasa con la mirada de pies a cabeza y
vuelve a acercarse.
—Los años han sido generosos contigo, hermanita. Ya no
eres la niña que se escondía bajo la cama cuando nuestro
padre iba apor
que sube buscarla en mitad
mi garganta de la noche.
cuando noto su—Trago
mano la
enbilis
mi
costado—. Yo os observaba desde la puerta, ¿sabes? Ni
siquiera levantabas un palmo del suelo y ya le tragabas la
polla como una verdadera putita. —Acerca su rostro al mío y
esquivo su boca con el estómago revuelto y un nudo de
angustia y asco instalado en la garganta—. Yo me contuve
hasta que empezaron a crecerte las tetas. —Abarca uno de
mis pechos con la mano y cierro los ojos con fuerza.
—Señor Sandoval, usted dijo que…
Mi hermano se aparta al escuchar a uno de sus hombres
y suspira.
—Cierto. —Me mira y se encoge de hombros—. Les
prometí que podrían divertirse contigo un rato, pero
tranquila, llegará mi turno. En fin, acabemos con esto de
una vez. —Vuelve a girar su teléfono—. ¿Quieres hacer los
honores?
Intento liberar mis manos para arrebatarle el aparato,
pero la brida está demasiado apretada y enseguida tengo a
dos tipos sujetándome por detrás.
—No lo hagas, por favor —suplico, conteniendo el llanto.
Samuel se acerca de nuevo y, con una sonrisa de oreja a
oreja, pega la pantalla a mi nariz amoratada.
—Ping, ya está hecho. El tarado no es más que un
cadáver —se mofa.
«Por favor,
favor, que esté bien. Tiene que estar bien».
Me trago un sollozo y lo miro con todo el odio que soy
capaz de sentir.
—Vas a pagar por esto, Samuel. Todo llega tarde o
temprano, y aunque ahora no lo creas, tú también no eres
más que un cadáver.
El muy cabrón se ríe en mi cara y ordena a sus hombres
que me liberen. Uno de ellos corta la brida que mantenía
mis manos atadas y al fin puedo mover los brazos con
libertad.
—Vedeacostumbrándote
partir hoy vas a ser laaputa
tu nuevo
oficial hogar, hermanita.
del Grupo A
S. Quien
desee meter su polla en cualquiera de tus agujeros, podrá
hacerlo. Apuesto a que vas a disfrutarlo como la zorra que
eres.
—Hijo de puta —siseo, perdiendo por primera vez los
nervios.
—Sí, eso también es cierto. Mi madre era una puta, igual
que la tuya y cualquiera de las mujeres que vivían en la
finca Urriaga, y eso te incluye a ti también. —Chasquea los
dedos y sus
llevárosla. hombres
No seáis vuelven
maricas. a sujetarme—.
A la zorrita Podéis
le gusta duro, pero
la quiero entera y consciente en mi turno.
—Vamos a pasarla muy bien, preciosa —susurra uno de
ellos mientras me arrastra fuera de la sala de estar
estar..
Atravesamos un pasillo largo y me detengo frente a una
puerta abierta.
—Tengo que ir al baño —digo en tono cortante.
—Tranquila, tesoro —uno de los tipos, el que me dio la
bofetada, pega su boca a mi mejilla y una de sus manos va
a parar a mi entrepierna—, cuando terminemos contigo
tendrás el coñito tan abierto que no podrás volver a
aguantarte las ganas de mear.
Ambos ríen a carcajadas y vuelven a tirar de mí.
—Por favor —pido, clavando mis pies en el suelo. Tomo
una respiración profunda y me preparo para hacer gala de
toda esa bravuconería y falsedad con la que he alimentado
mi disfraz de arpía durante tantos años. Alzo la barbilla,
aparto mi pelo con un cabeceo sutil y esbozo una sonrisa
seductora—. Esto no tiene por qué ser algo malo. Podemos
pasarlo bien juntos, pero antes necesito usar el servicio.
Solo será un minuto.
Los dos tipos se miran y ríen de nuevo.
—Sandoval no mentía. Eres una putita bien adiestrada —
dice el de la bofetada, sujetándome por la nuca. Lame mis
labios y me empuja hacia la puerta abierta del baño—.
Tienes
que esodos minutos.
pase, Si no regr
regresas
t e lo aseguro.
te esas iré a por ti, y no quieres
Asiento e intento actuar de manera calmada mientras
entro en el baño y cierro la puerta a mi espalda. En cuanto
estoy sola, hago una mueca de asco y no soy capaz de
controlar las náuseas. Vomito en el retrete y me doy prisa
en lavarme la boca y sacar el localizador del sujetador. Lo
activo, presionando un minúsculo botón lateral, y lo tiro a la
papelera.
Echo un vistazo a mi reflejo en el espejo y respiro
profundo
que una vez
vengan más. AhoraSi
a buscarme. solo tengosigue
Oscar que aguantar
vivo séhasta
que
removerá el cielo y la tierra hasta dar conmigo.
«Gana tiempo, Luna. Solo necesitas tiempo».
Capítulo 56
Oscar
No aparto la mirada de la pantalla. Necesito que esa jodida
luz se encienda antes de que pierda la poca cordura que
aún conservo. Por el rabillo del ojo veo como Pablo
acompaña a Raina a la enfermería para que Bailey pueda
extraer los explosivos que lleva en la nuca. Sí, ella solo
cumplía las órdenes de Samuel porque amenazó con
matarla si no lo hacía. La chica nos dio toda la información
respecto al lugar desde donde opera el hijo de puta, aunque
no conoce la localización exacta. Siempre la han llevado y
traído de allí con los ojos tapados. Ahora conocemos la
distribución de la casa y cuántos hombres hay en su interior.
interior.
Solo nos falta la ubicación, y para eso la maldita luz debe
encenderse.
—¿No debería haber activado ya el localizador? —
pregunto en tono impaciente.
—Tranquilo, dale tiempo —masculla Angy.
A nuestro alrededor todos parecen mantener la cabeza
fría. Zarco, Alex, Lagos y Beni, que llegó hace solo unos
minutos, permanecen sentados en el sofá a la espera de
que podamos salir a buscar a Luna. Los miro a todos, con
las caras amoratadas por mi culpa y gestos serios. Son mi
familia, aunque a alguno de ellos aún sienta ganas de
arrancarle la cabeza por tocar lo que me pertenece.
Bufo con fuerza e intento serenar mi mente. Estoy
demasiado alterado, y eso no es bueno para mantener a
raya a las voces.
No quieras apagarlas todas. Yo puedo ayudarte. Con tu
fuerza y mi inteligencia nadie podrá pararnos.
unaRuedo losempieza
luz roja ojos y amiparpadear
corazón se
p arpadear salta
sobre un latido cuando
el mapa.
—Lo tenemos. —Angy sonríe y sus dedos vuelan por el
teclado—. Están en una casa a las afueras de Tucson, cerca
de Oro Valley, por la interestatal diez.
Enseguida nos ponemos en marcha. Las casi dos horas
de viaje en coche se convierten en menos de una y media
gracias a las habilidades de Beni al volante. Puede que el
chico sea un idiota, pero sabe conducir como un jodido
profesional. Angy y Ness nos guían de manera remota y
Bailey aúnconsigue
contamos operando
su ayuda, a Raina,
al menos por lo tanto, no
por el momento.
En cuanto el vehículo se detiene frente al enorme muro
que rodea la casa, todos somos conscientes de que no va a
ser sencillo entrar. Raina nos habló de la veintena de
hombres que es más que probable que estén en el interior,
pero hay al menos diez más en el jardín, al menos que yo
pueda ver
ver..
Beni oculta el todoterreno en una zona frondosa y algo
alejada y hacemos el resto del camino a pie. Alex, Lagos y
Zarco van armados hasta los dientes, con fusiles de asalto,
pistolas cortas y creo haber visto alguna granada de mano
también. Beni solo lleva sus anillos puestos en la mano
izquierda y yo cargo con mi habitual pistola en la parte baja
de la espalda y el cuchillo de caza en el cinturón. No
necesito más. Puedo cargarme a todos esos hijos de puta
con mis propias manos.
—Vale, ya estoy aquí —dice la voz de Bailey a través de
los auriculares que todos llevamos puestos.
—¿Cómo está Raina? —pregunto.
—Bien, he podido sacarle los explosivos. Aún sigue
sedada, pero no tardará en despertar. ¿Cómo vais vosotros?
—Estamos reconociendo el terreno —responde Zarco.
—Bien, ya veo que vas aprendiendo algo. —Zarco pone
los ojos en blanco por el tono condescendiente de su mujer
y Alex suelta una carcajada burlona—. Encontrad el punto
de —Tengo
acceso menos vigilado.
los planos de fabricación de la propiedad e
imágenes vía satélite del exterior, aunque no son en tiempo
real —informa Angy—. Puedo guiaros.
—No creo que sirva de mucho. No tenemos ni idea del
lugar donde tienen a Luna —comenta Lagos.
—Buscad en una habitación privada —dice Ness—.
Conozco bien a los tipos como Samuel Sandoval. Lleva años
esperando a tener a su hermana de nuevo bajo su poder, lo
más probable es que quiera compartir su trofeo con sus
hombres. Esosa hijos
más humillan de puta se creen más machos cuanto
sus presas.
Gruño en voz baja y aprieto los puños.
¿Qué demonios haces aquí parado? ¡Ve a por Luna! Está
ahí dentro, a solo unos metros. ¡A la mierda el
reconocimiento del terreno y el punto de acceso! ¡Corre a
buscarla y mata a cualquiera que se interponga en tu
camino!
Empiezo a andar con zancadas largas y pesadas.
—¿Dónde demonios va? —inquiere Beni.
—A buscar a Luna —responde Alex—. Si mi mujer
estuviese ahí dentro con su violador, te aseguro que no me
quedaría aquí esperando.
—¡Mierda! —exclama no sé si Zarco o Lagos, y tampoco
me importa.
Me encaramo al muro de piedra de un salto y saco mi
pistola. Mato a dos antes de que me impulse hacia delante y
caiga sobre mis pies en el interior de la propiedad.
—Intentad no matar demasiado —escucho que dice
Bailey.
Solo gruño, pero Zarco, que ya ha logrado alcanzarme y
dispara a un tipo que se asoma por la puerta trasera de la
casa, es quien responde a su mujer.
—Cariño, no puedo prometerte eso.
—Lo suponía —masculla Bailey—. Me sirve con que
regr
regreses
eses a casa
Entramos en sano y salvo,
la casa todos vosotros.
y enseguida nos vemos rodeados
por un grupo de hombres. Me adelanto y, antes de que
puedan sacar sus armas, ya los he neutralizado. A algunos
con el cuchillo y a otros de un jodido golpe. La mayoría
siguen vivos, pero para eso están los demás. Sigo
avanzando y sacando de mi camino a todos los que
aparecen, detrás de mí escucho los disparos de mis
compañeros rematando a los que aún respiran.
—¿Qué se supone que estamos haciendo aquí? Él se está
encargando
Lanzo un solo—escucho que pregunta
cuerpo hacia atrás tras darleBeni.
un cabezazo en el
rostro y enseguida escucho la detonación, creo que del fusil
de Alex.
—Somos el apoyo, o algo así —responde.
La casa es enorme y solo me guío por la voz de Angy en
mi oído diciéndome a dónde debo dirigirme. Mi objetivo es
encontrar a Luna cuanto antes, sin embargo, es a Samuel al
que veo antes. Sus hombres empiezan a dispararnos y nos
vemos obligados a resguardarnos en un pasillo con varias
puertas abiertas.
—¿Ahora qué? —inquiere Lagos con la respiración
acelerada.
Trozos de yeso y pintura salen volando con cada pr
Trozos proyectil
oyectil
que se incrusta en las paredes.
—Hay que rodearlos —sugiere Zarco.
—¡Y una mierda! Samuel está ahí mismo. No voy a
permitir que se escape otra vez —sisea Alex—. Ese hijo de
puta me las debe. Va a pagar por lo que le hizo a mi mujer.
Cruzo el pasillo sin importar que las balas silben a través
del aire casi rozándome y agarro a Alex por la camiseta de
manera amenazante.
—Samuel es mío —gruño contra su rostro—. Juega con él
lo que te apetezca, pero lo quiero vivo. —Asiente y lo suelto.
—Yo puedo distraerlos —dice Beni, llamando nuestra
atención.
con Le quita a unos
ella, lanzándola Alex centímetros
una granadaen
deelmano
aire yyvolviendo
juguetea
a cogerla. El muy cabrón actúa como si no estuviésemos en
mitad de un fuego cruzado. Parece de lo más tranquilo—.
Saldré por una de las ventanas y les daré un pequeño susto
con esto. —Vuelve a lanzar la granada y la coge al vuelo—.
Debería ser suficiente para que acabéis con ellos.
—¡¿Estás loco?! —exclama Zarco, se agacha cuando
varias balas rozan el marco que está usando como parapeto
y después dispara una ráfaga con su fusil antes de regresar
la
Nomirada
puedesairsutú hermano pequeño—.
solo, y menos ¿Es que .quieres morir?
aún desarmado
desarmado.
—Tengo mis anillos. —Beni mueve los dedos y esboza
una sonrisa burlona—. No voy a morir. Nunca lo hago.
Atentos a la señal.
—¡¿Qué señal?! —inquiere Lagos, pero él ya está
saliendo por la ventana.
Desde fuera, asoma la cabeza y vuelve a sonreír.
—¡Boom! Esa es la señal.
—Espera, Beni… —Zarco intenta detenerlo, sin embargo,
ya se ha ido.
Capítulo 57
Luna
Presiono la punta del cuchillo con más fuerza contra mi
garganta y contengo un chillido de dolor cuando noto como
atraviesa la piel, aunque de manera superficial. Siento que
un hilo de sangre espesa y caliente me empapa la camiseta,
pero sigo presionando.
—¿Crees que eso va a servir de algo? Si te matas, nos
follaremos tu jodido cadáver —me amenaza uno de mis
captores.
—A Samuel no le va a gustar que le robes su parte de
diversión —contesto, y esbozo una sonrisa maliciosa—. ¿Vas
a decirle tú que me has matado?
No sé cómo he logrado mantenerlos alejados de mí
durante tanto tiempo. Primero probé a encerrarme en el
baño, incluso hice una especie de barricada con todo lo que
encontré, pero no tardaron en destrozar la puerta con un
hacha. He golpeado a varios tipos y después me encerraron
en esta habitación, pero pude quitarle el cuchillo a uno de
ellos y lo apuñalé en el pecho. Desde entonces he
amenazado con quitarme la vida si alguien se acerca.
—Hija de puta —sisea, e intenta acercarse de nuevo,
pero retrocedo
retrocedo y alzo una mano para detener su avance.
—Un paso más y juro que me rajaré el cuello.
Tres
Tres de sus compañeros permanecen quietos,
observando la situación.
«¡Estoy aguantando, maldición! No sé si seré capaz de
suicidarme, pero no me rendiré. Ya no soy la niña indefensa
que se quedaba quieta mientras la violaban. Si quieren un
pedazo de mí, van a tener que matarme para conseguirlo».
un De pronto,
vuelco se escuchan varios disparos a lo lejos y me da
el corazón.
—¡¿Qué mierda está pasando?! —exclama el que sigue
intentando acercarse a mí.
Hace un gesto con la barbilla y otro de ellos se asoma a
la ventana.
—¡Nos atacan, joder!
«Están aquí. Han venido a por mí. Aguanta, Luna, solo
resiste un poco más y todo habrá acabado. Es Oscar, tiene
que ser él. ¡Tiene
¡ Tiene que estar vivo, carajo!».
El cabrón,
fuerza que
y se gira es elsus
hacia mismo que me abofeteó, exhala con
compañeros.
—Id a echar una mano. Yo me quedo con la zorra.
Enseguida se marchan y no puedo evitar volver a sonreír.
—Estás muy jodido —susurro, mirándolo directo a os ojos
—. En cuestión de minutos o segundos un monstruo entrará
en la habitación y te mostrará lo que es el verdadero dolor.
dolor.
—¿Un monstruo? —Se ríe y da un paso más hacia mí—.
¿La pérdida de sangre te está haciendo delirar?
—Oh, tú vas a delirar, te lo aseguro.
Retrocedo ante un nuevo avance por su parte hasta que
mi espalda se topa con la pared. Entonces, un enorme
estruendo me sobresalta, algo parecido a una explosión. El
cabronazo aprovecha mi momento de distracción para
abalanzarse sobre mí y arrancarme el cuchillo de la mano,
me sujeta del pelo y tira de él hacia abajo, obligándome a
arrodillarme.
—¡Ahora ya no eres tan valiente, ¿verdad?! —Tira de mi
cabeza hacia arriba y coloca el filo del cuchillo en mi
garganta.
¡Maldición! ¡¿Cómo he sido tan descuidada?! ¡Lo tenía
tan cerca!
—Vas a morir —siseo entre dientes.
—No, tú vas a hacerlo, pero antes pienso follarme esa
boquita insolente. —Con una mano sigue amenazando mi
cuello y con la otra se desabrocha el pantalón. Su polla
flácida y arrugada
nuca para aparece
acercar mi rostro afrente a mi cara yAbre
su entrepierna—. tira ladeputa
mi
boca y chúpala —ordena.
Estoy a punto de morderlo cuando la puerta de la
habitación se abre con violencia. Giro la cabeza despacio y
un escalofrío de puro alivio recorre mi cuerpo al ver a Oscar
en la entrada. «Está vivo». Mis ojos se inundan de lágrimas.
«¡Está vivo!». Oscar me mira a mí, después al cabrón que
sigue amenazándome con el cuchillo y después presta
especial atención a su entrepierna. Un músculo tiembla en
su
conmandíbula
lentitud. mientras mueve el cuello de un lado a otro
—Apártate de mi mujer —gruñe con los dientes
apretados y todo el cuerpo en tensión.
—Si te acercas, la… —Ni siquiera tiene tiempo a terminar
la frase antes de que Oscar se abalance sobre él como una
jodida pantera: ágil, rápido y letal. Le retuerce la mano en la
que sostiene el cuchillo y esta emite un chasquido antes de
que él empiece a gritar de dolor—. ¡No, por favor!
Oscar lo empuja y mueve el cuchillo con tanta velocidad
que apenas puedo verlo. Con un corte limpio separa la polla
del cabrón de su cuerpo. Él grita de nuevo y Oscar
aprovecha que tiene la boca abierta para meterle el trozo
de carne ensangrentado en ella. Le cierra la mandíbula a la
fuerza y pega su rostr
rostro
o al suyo.
—Traga —ordena con voz ronca y autoritaria. El
cabronazo se va escurriendo hacia el suelo mientras se
desangra, pero Oscar lo mantiene en pie—. He dicho que
tragues.
—Oscar —susurro.
Gira la cabeza hacia mí con la respiración acelerada y el
pecho subiendo y bajando con violencia. Su mirada se
suaviza y deja que el tipo caiga al suelo con un sonido
sordo. Saca la pistola que lleva a la espalda y le dispara en
la cabeza antes de venir corriendo hacia mí.
—¿Estássolo
respondo, bien? —pregunta
observo con con
su rostro la cara desencajada.
el corazón latiendoNoa
toda velocidad y una emoción desgarradora que amenaza
con estallar mi pecho de dentro hacia afuera. Se arrodilla
frente a mí y mueve mi cuello de un lado a otro para
comprobar de dónde sale la sangre—. Necesito que me
hables, Luna.
—Estás vivo —susurro,
—susurro, y acaricio su mejilla con suavidad.
Noto mis mejillas empapadas y un sollozo se escapa de
mi garganta sin que pueda evitarlo.
mi —Gracias a ti.te—Oscar
frente—. No perdonome atrae
que hacia su
te hayas pecho y tanto
arriesgado besa
por mí. —Me aparta un poco y sujeta mi rostro entre sus
manos—. Escúchame bien, nunca más vas a hacer algo así.
Déjame morir y sálvate tú, siempre.
Niego con la cabeza y lloro con más fuerza. Oscar exhala
con fuerza y besa mi frente otra vez.
—Estaba aterrado. ¿Te han hecho daño? Alguno de
ellos… —Sorbo por la nariz y niego con la cabeza.
—Me he resistido —respondo, y Oscar suspira de alivio—.
Sabía que si estabas vivo vendrías a por mí.
—Claro que sí. —Pega su frente a la mía y su aliento
caliente golpea mi rostro—. Ya te lo dije una vez, te seguiría
al mismísimo infierno.
Esbozo una pequeña sonrisa y lo beso en los labios. Un
sentimiento de euforia me invade. ¿Por qué he estado toda
mi vida renunciando a esto? Yo lo sé, y ya ha llegado el
momento de que Oscar lo descubra también.