Yo y El Padre Uno Somos
Yo y El Padre Uno Somos
Creemos que hay un solo Dios que se ha manifestado al mundo en distintas formas o
roles, a fin de revelarnos algo de su Ser maravilloso. Él es llamado el Padre porque es el
Creador de todas las cosas y porque por medio del nuevo nacimiento nos hace sus hijos.
Se manifestó como Hijo (o como un hombre perfecto) en la redención de la humanidad. Le
conocemos como Espíritu Santo, por su naturaleza espiritual y santa, y por su capacidad
de derramarse en los corazones de los creyentes. Dios no está limitado a estas tres
manifestaciones o roles, pues hay también otras muchas maneras en las que Él se ha
revelado a la humanidad, como por ejemplo, El Buen Pastor que cuida de su pueblo
escogido.
“El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es”
(Mr.12:29; Dt. 6:4). “Nosotros empero no tenemos más que un Dios…” (1ª Co. 8:5). “…
para que me conozcáis y creáis, y entendáis que Yo mismo soy; antes de mí no fue
formado Dios, ni lo será después de mí. Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve”
(Is. 43:10).
Cuando Isaías dice: “…Yo mismo soy…” habla de la Unicidad de Dios de una manera
clara y convincente. Luego añade, “…antes de mí no fue formado dios, ni lo será después
de mí.” Este texto destruye todo argumento que enseña que Cristo es un “Dios
engendrado”, un “Dios Hijo” o una “Segunda Persona” de una supuesta trinidad, pues
Cristo es Dios bendito por los siglos (Ro. 9:5). No son dioses aquellos que el hombre labra
con sus manos, o aquellos que inventa con su imaginación (Is. 44:9-20), como el supuesto
dios trino, del que nunca habla la Biblia en alguna de sus páginas.
El Profeta Isaías dice otra vez: “…No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco
ninguno” (Is. 44:8). Por ello creemos que hay un solo Dios, un Fuerte y no dos. Y si Él
dice que no conoce a ninguno, el hombre menos debería atreverse a decir que hay dos o
tres componiendo la Deidad, como deseando saber más que Dios mismo. Isaías el Profeta
pudo explicar la Unicidad de Dios, de una manera muy sabia cuando dijo: “Porque un niño
nos es nacido, hijo nos es dado y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre
(habló del nombre de Jesúscristo) Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre Eterno,
Príncipe de Paz” (Is. 9:6). Debemos notar lo bien que Isaías habló de la Unicidad de Dios
en Cristo, poniéndolo en el lugar que le corresponde, y no como algunos “teólogos” que
ponen a Cristo en segundo y a veces en último lugar. Isaías también anunció diciendo: “…
mas sobre ti nacerá Jehová y sobre ti será vista su gloria” (Is. 60:2; Versión Antigua).
II. JESÚS COMO HOMBRE, HABLA DE LA UNICIDAD DE DIOS
“Yo y el Padre una cosa somos” (Jn. 10:30). Esta declaración del Señor causó
consternación entre los judíos. Ellos le dijeron: “Por buena obra no te apedreamos, sino
por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios” (v. 33). Pero ellos no pudieron
creer que siendo Dios se manifestó como un hombre; y que por eso era natural que Él
hablara de sí mismo como el único Dios. Cristo les dijo: “…creed a las obras, para que
conozcáis y creáis que el Padre está en mí y yo en el Padre” (vs. 38).
Otra gran declaración del Señor respecto a la Unicidad de Dios, son sus famosas palabras:
“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6) Con
mucha exactitud y claridad Cristo dijo: “…nadie viene al Padre”, pero no dijo: “nadie va al
Padre”, como si el Padre fuera otro diferente. Y añade: “Si me conocieses, también a mi
Padre conocerías; y desde ahora le conocéis y le habéis visto”. Si se recuerda, todas estas
palabras las usó el Profeta Isaías (conozcáis y creáis), pues estamos hablando del
conocimiento pleno o sea del conocimiento de la verdad (1ª Ti. 2:4).
Felipe carecía de este conocimiento y le dijo: “Señor, muéstranos al Padre, y nos basta”
(Jn. 14:8) Jesús le dijo: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has
conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿Cómo, pues, dices tú:
Muéstranos el Padre?” (vs.9). Este pasaje en verdad deja atónitos a muchos que desean
que la Biblia no dijera así. Esto me recuerda de un hombre trinitario, que aferrado a su
creencia extrabíblica, me decía que los apóstoles se habían equivocado, ya que el
mandamiento sobre el bautismo estaba en Mateo 28:19; mientras que yo le explicaba que
el cumplimiento de ese mandamiento está en Hechos 2:38. No cabe duda que es el Señor
el que se manifiesta así mismo y se revela según su santa voluntad (Mt. 11:27).
Pablo dice que no hay discusión. Si alguien quiere ser contencioso, nosotros no tenemos
tal costumbre, ni las iglesias de Dios (1ª Co. 11:16) Aunque habla aquí de otro tema, creo
que se aplica a este también; pues nosotros debemos estar convencidos en nuestra fe. No
nos debe mover cualquier viento de doctrina, sino que debemos estar arraigados y
cimentados en la verdad. “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor
Jesucristo, andad en Él; arraigados y sobreedificados en Él, y confirmados en la fe, así
como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias” (Col. 2:6-7). Pablo
añade: “Yo sé a quién he creído” (2ª Ti. 1:12). Este conocimiento es indispensable para
afirmarnos en la verdad. Quienes no se afirman bien, el viento se los lleva.
Tal vez algunos estén todavía confusos y aun como Felipe que siendo discípulo no sabía
la verdad. Este es el tiempo en que usted puede venir al conocimiento de la verdad. Pues
Jesús es el que salva y sana. En su Nombre hay perdón de pecados, ya que Él (en su
condición de hombre) fue el que murió voluntariamente en rescate por muchos, “…para
que todo aquel que en él cree no se pierda más tenga vida eterna” (Jn. 3:16).
Cristo es el Creador (Jn. 1:10), Él es el Padre (Is. 9:6), Él es el Hijo (Jn. 1:34), Él es el
Espíritu Santo (Col. 1:27), Él es el Buen Pastor (Sal. 23:1, Jn. 10:11), Él es el
Todopoderoso que al mundo ha de venir (Ap. 1:8). Él es Uno y Uno es su Nombre (Zac.
14:9). En Él estamos completos (Col. 2:10); Él es Jehová Dios del Antiguo Testamento
manifestado en carne. No hay dos ni tres personas divinas y distintas; sólo hay un Dios
verdadero (Jn. 5:20).
Sin embargo, debemos entender que Cristo no vino exclusivamente a decir que Él era
Dios; porque el mundo no sólo necesitaba a un Dios, sino a un Salvador que lo redimiera
del pecado y de la muerte; esa es la misión que como Hijo de Dios, Cristo vino a hacer, y
la hizo.
Finalmente, el Apóstol Pablo nos habla de la Unicidad de Dios. Él fue el apóstol agraciado
con una revelación directa de Dios. La virtud del Señor operaba maravillosamente en él, y
él hizo honor a esa revelación guardándose íntegro en todo. Su ejemplo es para nosotros
un camino a seguir. Pablo dice: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para
salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los
deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la
esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa denuestro Gran Dios y Salvador
Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos…” (Tito 2:11-14)
Cada vez que las Escrituras Sagradas usan el término "Dios", es una referencia clara y
general a su única (absoluta) naturaleza Divina, como el Espíritu Eterno (Hebreos 9:14), y
eso está en completa armonía con lo que dice en Juan 4:24, "...Dios es Espíritu...", y
también con Lucas 24:39, de que el espíritu (de los hombres o Dios), "...ni tiene carne, ni
huesos...", por lo tanto, cuando usamos el término inspirado Dios, nos estamos refiriendo
directamente a Él como ESPÍRITU; y es más, como Él no solo es "Espíritu", sino que su
principal atributo perfecto y divino es SANTO, por eso es que las mismas Escrituras lo
llaman:
"..dónde [está] el que puso en medio de él [su pueblo] su Espíritu Santo? ..." (Isaías 63:11).
De manera que, cuando las Escrituras hablan de "Dios" y del "Espíritu Santo", están
hablando de UNO SOLO y EL MISMO, pues Dios es Espíritu y su Espíritu es Santo, así
tan sencillo.
Por eso cuando Joel profetizó que Dios dijo: "...derramaré de mi Espíritu sobre toda
carne..." (Joel 2:28), no se estaba refiriendo a que "otro" Espíritu vendría, sino que Él
mismo Dios vendría a los corazones de los creyentes. La misma Biblia dice en la Unidad
del espíritu y la Unidad de la fe, que no hay más que UN SOLO Espíritu (Efesios 4:3-6),
por el cual todos los que hemos creído en esta dispensación de la Gracia, somos sellados
para el día de redención. Pablo lo reconfirmó al decir:
"...Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual
también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones..." (2.
Corintios 1:21-22)
Y remata diciendo:
"...13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o
griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu..." (1.
Corintios 12:13)
Asi que no hay ni "dos" ni "tres" "Espíritu Santos", solamente Uno. También el Espíritu
Santo no es un pajarito o una paloma (símbolo usado como señal para Juan, no para
recibirlo), y menos el Espíritu Santo es una "tercera persona", dentro de Dios, sino Dios
mismo. Es el mismo Señor Jesucristo, ahora, en este tiempo de la Gracia, llenando
nuestros corazones:
"...Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para
siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le
conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No
os dejaré huérfanos; vendré a vosotros...." (Juan 14:16-18).
El bautismo no fue inventado por el hombre y no es una obra creada por el hombre (vea
por ejemplo Juan 1:33, donde Juan el Bautista dice -"el que me envió a bautizar"-. Por lo
tanto, es de Dios. El tema aquí, es: ¿Cuál fue el propósito de Dios en el bautismo? Si el
propósito fue que nosotros demostráramos la fe en el Mesías, en su obra en el Calvario y
en su resurrección ¿Cómo pueden los hombres negar la santidad y necesidad del
bautismo? Sólo a través de este acto de fe, una persona ha resucitado con Cristo a una
nueva vida (Romanos 6:4). Una persona no ha resucitado con Cristo, si no ha sido
bautizada por la fe. El bautismo es un acto de fe y es un requisito esencial para la
salvación. "El que creyere y fuere bautizado, será salvo" (Marcos 16:16).
Tras un examen minucioso, veremos que Romanos capítulo 6 enseña la regeneración (el
nuevo nacimiento) en el bautismo. Cuando los trinitarios son derrotados en la fórmula
bautismal al ser incapaces de demostrar por la Biblia que alguien fue bautizado mientras
se le repitieron literalmente los títulos “Padre, Hijo y Espíritu Santo”, entonces ellos pasan
a decir que el bautismo no es esencial para la salvación por fe, y atacan el concepto de
regeneración bíblico. Pero Romanos 6 los deja sin salida. Los que son bautizados se
identifican con la muerte de Cristo, y cuando son levantados de entre las aguas, en la
semejanza de la resurrección de Cristo, son regenerados viniendo a una vida nueva en
Cristo. Si esto no fuera cierto, entonces no sería esencial el ser sepultados con Cristo en
el bautismo y no sería esencial la semejanza que se plantea con su resurrección. Pero
preguntémonos ¿La regeneración bautismal es una verdad bíblica? Echemos un vistazo a
Tito 3:5.
"nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su
misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu
Santo".
Del léxico de Strong con números de referencia, tenemos la siguiente información sobre
las palabras griegas que usa la Biblia y que están ligadas con el concepto de
regeneración: Regeneración: # G3824 paliggenesiapalin = renacimiento (nacido de
nuevo), # G3825 palin = de nuevo, una vez más y # G1078 génesis = nacimiento, lugar
de nacimiento.
¿En qué versículo de la Biblia se expone el lavamiento por la sangre de Jesús que nos
salva, y que del mismo modo nos habla de la renovación por el Espíritu Santo? Se
encuentra exclusivamente en Hechos 2:38 y no se encuentra agrupado en ningún otro
texto del Nuevo Testamento. Es un texto en el que tenemos las dos cosas, y Pablo
escribiendo a Tito, le dice que ésta es la forma en que Dios los salvó. Por lo tanto, este
lavamiento de la regeneración no es obra del hombre, o Pablo se contradijo. La fe no es
obra del hombre, la fe es obra de la Palabra de Dios. “Así que la fe es por el oír, y el oír,
por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Hechos 2:38 se encuentra vigente, aún a pesar
de los múltiples ataques de los Trinitarios para destruir su mensaje y significado.
¿Si predicamos el plan de salvación basados en Hechos 2:38, estamos haciendo doctrina
de un solo versículo de la Biblia? Ante esto respondemos que el Espíritu Santo, quien es el
autor de la Biblia, no tiene que hablar dos veces para que algo sea cierto. El Espíritu Santo
habló por medio de Pedro en Hechos 2:38. ¿Entonces por qué resistís al Espíritu Santo?
Ahora bien, debe entenderse que Hechos 2:38 enseña la salvación por gracia mediante la
fe. Sin esta comprensión, una persona puede luchar contra este versículo para su propia
destrucción.
El bautismo del Espíritu Santo que nos manda a obedecer, se recibe por fe, y por la gracia
de Dios a través de este don, obtenemos la vida eterna.
¿Cuál fue la intención del apóstol Pedro en este texto? ¿Por qué los hombres tergiversan
su intención? Los hombres compungidos por su pecado, deseando ser salvos, dijeron a
Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
Cosas que Pedro no dijo:
- Pedro no dijo: “nada más bastó lo que Cristo hizo en el Calvario, y ustedes sólo deben
creer eso sin hacer nada más”
- Pedro no dijo: “Solo deben creer con el corazón y confesar con la boca que Jesucristo es
el Señor, sin hacer nada más”.
- Pedro no dijo: “Acepten al Señor en su corazón, y no hagan nada más”.
- Pedro no dijo: “Acepten al Señor como su salvador personal, y no necesitan hacer nada
más”.
- Pedro no dijo: “Acepten al Señor Jesús por la fe, y no tienen que hacer nada más”.
- Pedro no dijo: “Reciban a Cristo y tengan una relación personal con él, sin hacer nada
más”.
Pedro no dijo: “vengan como son y crean que han sido salvos, porque Jesús murió por
ustedes”
- Pedro no dijo: “vengan y reciban la sagrada comunión, y serán salvos de sus pecados”
- Pedro no dijo: “levanten la mano para que el predicador los invite hacia adelante, y luego
saluden felizmente a todos los miembros de la Iglesia”
- Pedro no dijo: “firmen el libro de registro de la iglesia”.
- Pedro no dijo: “confiesen que ustedes son trinitarios protestantes y serán salvos sin el
bautismo en agua”.
- Pedro no dijo: “confiesen que son miembros de la Iglesia de Cristo y así serán salvos”.
- Pedro no dijo: “confiesen que son católicos y serán salvos”
- Pedro no dijo: “Repitan lo que está escrito en una tarjeta, y acéptenlo como su profesión
de fe, y serán salvos”.
Si el apóstol Pedro no tuvo la intención de todo esto con su predicación, entonces les jugó
una broma gigantesca y de muy mal gusto a aquellos tres mil judíos. En efecto, es triste y
vergonzoso que los hombres hayan tratado y estén tratando de destruir este primer
mensaje del Evangelio, predicado después de que Jesús ascendió. Es lamentable que
hayan intentado alterar las palabras de Pedro a fin de destruir por completo toda la fe, toda
la gracia, y toda la salvación que viene por Jesucristo, y que figura en Hechos 2:38.
¿Por qué los trinitarios quieren destruir este versículo?
Insto a todos a recibir la Palabra de Dios en Hechos 2:38. No siga las mentiras astutas de
los trinitarios, quienes al igual que los musulmanes y los hindúes con sus mentiras y
engaños, están enviando las personas al infierno.
Vaya a Hechos 2:38 y mire si usted puede encontrar algún mal en este versículo o en la
intención de Pedro. Vea si usted puede encontrar en este versículo cualquier indicio de
que los hombres pueden ser salvos sin el arrepentimiento, sin el bautismo en agua en el
nombre de Jesucristo, y sin el bautismo del Espíritu Santo. Vaya a Hechos 2:38, y observe
cómo tres mil personas fueron añadidas a la Iglesia. ¿Si estas fueron las primeras tres mil
personas que creyeron al evangelio y fueron añadidas a la Iglesia del Nuevo Testamento
después de la ascensión de Cristo, por qué el modelo de salvación debería ser cambiado?
¡Cuestiónese! Si aquella enseñanza fue lo suficientemente buena para que tres mil
personas aceptaran la salvación por fe y fueran añadidas a la Iglesia, ¿por qué le haría
daño obedecerla?
Los trinitarios han propagado la mentira de que seguir al apóstol Pedro en Hechos 2:38 te
hará daño. Han dicho que obedecer Hechos 2:38 no te añadirá a la verdadera iglesia sino
a una secta. Han dicho que obedecer Hechos 2:38 te convertirá en alguien poseído por el
demonio y te llevará al engaño. Pero tú no debes tener miedo de pensar por fuera del
esquema trinitario. ¡Sal de allí! No dejes que los hombres te engañen tan fácilmente. Toma
la Palabra de Dios, porque el Espíritu Santo fue quien la inspiró. Cuando el apóstol Pedro
mandó a la multitud de judíos a que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo, él
estaba hablando por el Espíritu Santo. Cualquier hombre que sostenga que Pedro no
estaba hablando por el Espíritu Santo, está siendo usado por el diablo. Si Pedro habló por
el Espíritu Santo, entonces ¿Cuál fue la intención del Espíritu Santo para todos aquellos
que escucharon el primer mensaje del Evangelio?
¿Cómo les dijo el Espíritu Santo a las personas (por medio de los labios del apóstol Pedro)
que fueran salvas?
No. 1. Arrepentirte,
No. 2. Ser bautizado en el nombre del Señor Jesús,
No. 3. Recibir el don del Espíritu Santo.
Debes seguir la Palabra de Dios con fe. ¡Hazlo ahora! ¡Hazlo hoy! No permitas que los
hombres te impidan obedecer al Espíritu Santo que habló por medio de Pedro en el día de
Pentecostés ¡Ven a las aguas de la sepultura del viejo hombre! ¡Ven a las aguas de la
separación! ¡Ven a las aguas de la santidad! ¡Ven al bautismo donde la sangre de Jesús
lava tus pecados! Es cierto que el agua no lava los pecados, por eso nunca hemos dicho
eso. Pero sí decimos que la sangre de Jesús lava los pecados en el bautismo en agua en
el nombre de Jesús. Si la sangre de Cristo no fuera aplicada en el bautismo en agua,
entonces no habría perdón de pecados durante el bautismo en el nombre de Jesús, y el
apóstol Pedro le jugó una broma a los tres mil judíos que creyeron a sus palabras en el día
de Pentecostés. Pero no fue una broma, fue la más preciosa verdad que aquellas
personas pudieron aceptar y obedecer ¡Ven a estas aguas donde la sangre de Cristo te
purifica! ¡Ven a estas aguas donde pasarás de muerte a vida! ¡Ven hoy! ¡Ven ahora
mismo! ¡No te demores! ¡Tú alma puede salir de la oscuridad y venir a la luz! ¡Sí! ¡Toma el
camino de la salvación del Nuevo Testamento que se encuentra en Hechos 2:38! Fue el
mismo Señor Jesús quien reveló su gracia por las palabras de Hechos 2:38
"...18 Y llegando Jesús, les habló, diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la
tierra. 19 Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del
Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: 20 Enseñándoles que guarden todas las cosas
que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del
mundo. Amén..."
Introducción
Esta breve información sólo tiene como objetivo principal hacer la diferencia entre el texto
de Mateo 28.19, que encontramos en las Sagradas Escrituras y la reinterpretación que le
dieron algunos hombres llamados “padres” y “doctores” de la iglesia, doscientos cincuenta
años después de que este texto fuese escrito por Mateo, (uno de los discípulos del Señor),
en el año 42 d.C., (10 años aproximadamente después del Pentecostés).
El éxito de todo Ministro Pentecostal, Apostólico, del Nombre, moderno, con la sana
doctrina del Señor Jesús y los Apóstoles, para comprobar fehacientemente que las
palabras del Señor Jesucristo en Mateo 28. 19, no significan lo que la reinterpretación
trinitaria ha enseñado por tantos siglos; depende mas bien de su adhesión fiel y
permanente a la declaración enfática inicial del Señor, “…Id y haced discípulos en todas
las naciones, bautizándolos EN EL NOMBRE…”, antes de continuar con la segunda
expresión,“…del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo…” ; en contraposición del énfasis
especulativo y homogénico que ha sufrido el texto original desde hace muchos siglos a
manos de los intérpretes trinitarios pasados, incluyendo la del famoso comentarista bíblico,
Adam Clarke, que hiciera de este texto a principios del siglo 18, diciendo:
“… The orthodox, as they are termed, have generally considered this text as a decisive
proof of the doctrine of the Holy Trinity, and what else can they draw from it? Is it possible
for words to convey a plainer sense than do these? And do they not direct every reader to
consider the father, the Son, and the Holy Spirit as three distinct persons? …” (Adam
Clarke’s Commentary on the Bible, by Ralph Earle. Page 835, Section: 19 Go ye
therefore…).
No, no es verdad, que esa expresión bíblica “…del Padre, y del Hijo, y del Espíritu
Santo…”, dirija directamente a cada lector de la Biblia a considerar que es una referencia
a “tres distintas personas” por cuanto existe, y ha existido, un pueblo de creyentes que ha
entendido el lugar y la importancia primordial que las mismas Escrituras inspiradas le dan
a la obediencia y mención del uso del Nombre propio de nuestro Señor y Dios, “…en
carne…”, que al énfasis desmedido y fuera de contexto de la reinterpretación de la frase,
“…Padre, Hijo, y Espíritu Santo…”, que inventaron muy tempranamente hombres
religiosos que nunca fueron bautizados en el Nombre del Señor Jesús, ni nunca recibieron
el Espíritu Santo, hablando en otras lenguas, como evidencia de haberlo recibido, como si
fue efectuado en todos los creyentes Judíos y Gentiles que obedecieron la invocación del
“…buen nombre…”, (Santiago 2.7), sobre sus vidas, y no la “repetición“ de las palabras,
“…del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo…”, cuando de obedecer el bautismo en agua,
se trataba.
El ejemplo bíblico de la importancia al leer, pensar, meditar, definir y hablar las Sagradas
Escrituras, incluyendo el texto de Mateo 28. 19, está dicho por el Señor Jesucristo y los
apóstoles Pablo y Pedro:
Jesús
Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? (Lucas 10. 26).
Pablo
6 Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de
vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito. (1a
Corintios 4.6).
Pedro
11 Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios, (1a Pedro 4. 11).
Marcos 16.15-18
"...Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura… En mi
nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas…
Juan 20. 21- 23(después de su resurrección, Jesús reitera la autoridad de los apóstoles)
"...Entonces Jesús les dijo otra vez: … Recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis los
pecados, les son remitidos…"
Hechos 1. 8"...pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu
Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último
de la tierra..."
_ Jesús dijo que los creyentes en él, recibirían el Espíritu Santo, y que él los dotaría de
autoridad o poder de lo alto, para que fuesen testigos de él en todo el mundo, comenzando
de Jerusalén.
_ Jesús dijo que todos los que creyeran en él debían ser bautizados en el nombre...
(No dijo que "repitieran" la expresión "...del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo...", sobre
los que se bautizaban; pues no hay un solo ejemplo en la Biblia de que algún discípulo de
Él, lo hubiera hecho de esa manera).
_ Jesús repetidamente dijo que los que creyeran en Él debían ser bautizados.
_ Jesús repetidamente dijo que los creyentes en Él, recibirían "...la promesa del Padre...";
(otra manera de decir, “…la promesa del Espíritu Santo…”).
_ Jesús dijo que sus discípulos, (creyentes o predicadores por igual), tenían la autoridad
directa de Él, para ejercer la garantía de la justicia del evangelio tanto en la vida
personal o en la iglesia (colectivamente), sobre el perdón , la restauración y
comunión (o lo contrario), al hacer juicio sobre las faltas y pecados de cualquier creyente.
_ Jesús dijo que habría señales en su nombre, que seguirían a todos los creyentes en
todo el mundo:
Mateo 28. 19, es el primer texto que encabeza la llamada “Gran Comisión”. Si sencilla y
previamente conocemos todos los textos de la gran comisión, sabremos entonces en
donde estará situado Mateo 28, 19, dentro de las “…ordenanzas dadas por el señor
Jesucristo, después de su resurrección…”.
Por supuesto, que no es el lugar que le han dado los “exégetas” trinitarios antiguos y
modernos, como un texto que “revela“ a un Dios…”trino“, por el solo hecho de que el
contexto del versículo incluya la expresión, “…del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo…”.
Si ellos quieren continuar con esa acomodada y por ende equivocada manera de
interpretación de textos bíblicos, tendríamos que obligatoriamente exigirles que continúen
aplicando el mismo “orden numérico” de separación de “sujetos” a otros versículos
similares, como es el de Colosenses 2. 2, tal y como aparece en la versión antigua de
Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera (1569, 1602):
La anterior lista de los textos completos que conforman la gran comisión dentro de la
doctrina bíblica del pueblo Pentecostal del Nombre de Jesucristo, destruye por completo el
que se considere “tradicionalmente” a Mateo 28. 19 como un texto “solitario”, “aislado“, o
“desconectado” del resto de las palabras que forman el completo de las ordenanzas dadas
por el Señor Jesucristo.
Además, como una prueba indisputable, la gran comisión dada por Jesucristo, no ordena
que se repita la expresión, “…en el nombre del padre, y del Hijo, y del Espíritu …”, sobre
los que se bautizaran, sino que muy claro el señor dijo que procedieran a realizarlo “…en
el nombre…” La misma obediencia al evangelio del Señor Jesucristo (después del
descenso del Espíritu Santo en el día de Pentecostés), según el libro de los Hechos,
comprueba que todos los Judíos y los Gentiles creyentes, les fue invocado literalmente “…
el nombre de Jesucristo…”, o “…el nombre del Señor Jesús…”, cuando lo
obedecieron, (ver Hechos 2.38, Hechos 8. 14-17; Hechos 10. 47, 48; Hechos 22. 26;
Santiago 2. 7).
El Mateo 28. 19 de las Sagradas Escrituras, menciona los términos, “…del Padre, y del
Hijo, y del Espíritu Santo…”; como también parte del texto en Lucas 24. 49, menciona el
término “…la promesa de Mi Padre…”; los cuales en los labios del Señor Jesucristo,
nunca denotaron una “afirmación”, menos, una “confirmación” de tres “supuestas “…
personas divinas y distintas…”, en la Divinidad, por cuanto el Señor Jesucristo “…en los
días de su carne…” no era un “trinitario” y menos aún después de su ascensión, ya que la
teoría de la “santísima Trinidad” del llamado “cristianismo” después de la iglesia del primer
siglo fue una invención humana posterior al tiempo que Jesús vivió entre los hombres, y
cientos de años después de establecida la iglesia .
El Señor Jesús hablaba y seguía expresándose de esa manera, (común en él), aún
después de la resurrección; no de acuerdo a una terminología “trinitaria” que no existía,
sino según la terrminología inspirada de aquella “…determinación…” (Hechos 4. 28) que él
mismo en la eternidad, en “…la forma de Dios…” (o como Dios mismo), Filipenses 2. 5-9,
hiciera “…consigo mismo…” (Efesios 1. 9), antes de que se manifestara en Belén, cuando
decidió realizar en él mismo, su propia imagen o la “…imagen del Dios invisible…“,
(Colosenses 1. 15), “…antes de la fundación del mundo…” (1a Pedro 1. 20), para el cual,
no solo se preparó “…un cuerpo..”, (Hebreos 10. 5), sino también su propio lenguaje que
haría distinción de la función entre “…el Padre, y el Hijo…”, (2a Samuel 7. 14a), según la
exceptuación y sujeción efectuada en Él mismo, (1a Corintios 15. 27), y no con “otro” u
“otros”, por causa de planear tomar “…forma de siervo, hecho semejante a los
hombres…”, (Filipenses 2. 7), para llevar a cabo la redención del pecado y reconciliación
universal de todas las cosas (Colosenses 1. 20).
Esto es lo que hace bíblico, grande, glorioso y sublime al Mateo de 28.19 de las Sagradas
Escrituras, pues su contexto, tanto Escritural como espiritual, siempre se refiere a UN (1)
SOLO DIOS, ÚNICO o ABSOLUTO, UN SOLO PROPÓSITO o PLÁN DIVINO , y UN
SOLO LENGUAJE DIVINO, y por consiguiente INSPIRADO, para entenderlo y
expresarlo de acuerdo a su eterna y buena Voluntad .
Nosotros los pentecostales del Nombre, continuadores de la misma doctrina bíblica del
Señor Jesucristo y los apóstoles, en virtud de la revelación espiritual y precio de la verdad,
insistimos con gran vehemencia de nuestros corazones y nuestras palabras, de que el
Mateo 28. 19 inspirado de las Sagradas Escrituras, aún después de la muerte
inmediata del ultimo testigo del señor, Juan, el apóstol, (96 - 98 d.C.), NO ES ELMISMO
“mateo 28. 19” de la reinterpretación de los llamados “padres de la iglesia, antes del
concilio de Nicea (325 d.C.), y también después del concilio de Constantinopla (381 d.C.),
cuando el “cristianismo” post-apostólico, amalgamado con los pensamientos, argumentos y
refutaciones filosóficas-religiosas del imperio, comenzó muy temprano a crear su propia
terminología y liturgia, y declarar “eclesiásticamente” y en forma autoritaria, que el Mateo
28. 19 de la Palabra de Dios, era una “fórmula“ confesional, aplicándola literal y
estrictamente en el bautismo en agua y más tarde hasta lo convirtieron como expresión
musical en una oración “trinitaria“ cantada, llamándola El Trisagio ( que significa, oración a
las tres personas divinas de La trinidad),
(ver http://www.devocionario.com/trinidad/trisagio.html), al citar literal y parcialmente la
Terminología bíblica del “…Padre y del Hijo,y del Espíritu Santo…”, pero reinterpretada
erróneamente como “…tres personas divinas y distintas…”, llamadas por ellos , “…Dios, el
Padre, “Dios”, el Hijo, y “Dios” el Espíritu Santo…”.
No solo el anterior sitio católico romano en la web comprueba lo que estamos diciendo,
sino que el siguiente sitio es más explícito aún:
Bendita sea la Santa e indivisible Trinidad, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Amén…Gloria sea dada al Padre, Gloria al eterno Hijo, Gloria al Espíritu Santo, por los
siglos de los siglos. Amén."
http://es.catholic.net/aprendeaorar/688/2095/articulo.php?id=6554
Esta triste distorsión que sufrió la expresión bíblica completa “…en el nombre del Padre, y
del Hijo, y del Espíritu Santo….”, transformándola en “fórmula bautismal”, y luego en una
oración cantada (como hemos visto), para enfatizar la “supuesta” autoridad bíblica de las
“…tres personas divinas y distintas…” corrió desenfrenadamente desde el tiempo del
llamado Papa San Alejandro, 100-115 d.C., pasando por el Papa San Siricio, 384 - 399
d.C., (Papas - Lista completa, http://www.enciclopediacatolica.com/p.htm), proclamando
por siglos la enseñanza anti-bíblica de “un” Dios… compuesto; es decir, un Dios…
en tres (3) personas o “individuos”, que ellos dieron en Llamar el “..Dios trino…” de
Mateo 28.19… “Dios”, “personas” y “lenguaje” espurio que el Señor Jesucristo y los
apóstoles nunca conocieron.
Uno de los tres credos clásicos, usado por siglos por el catolicismo romano antiguo,
medieval, y actual es el llamado Credo de Atanasio o “Atanasiano”, no porque lo haya
escrito Atanasio, Obispo de Alejandría, según la historia eclesiástica, sino porque el
consenso de una gran parte de historiadores al principio, lo atribuyó equivocadamente a
este hombre; sin embargo, el parecer general posterior sitúa su recopilación y uso a partir
del siglo IV o V d.C.
"…Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe Católica; el que
no la guarde íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre.
Lo que el lector de este breve artículo no debe olvidar es que la base de esta infortunada
declaración distorsionada de Mateo 28.19, dada en el siglo V d.C., se originó 200 años
antes, con las diferentes controversias Cristológicas formadas en el siglo 2o. d.C., que
terminaron momentáneamente en la realización del Concilio de Nicea, no solo para la
unificación de la considerada en ese entonces “doctrina” de la Cristiandad, sino en la del
imperio romano mismo, encabezado por Constantino.
Fue precisamente Atanasio, quien en el año 325 d.C., en ese infamoso concilio, al querer
tratar de defender la Divinidad absoluta de Jesucristo en contra de la distorsionada
enseñanza de Arrio (256 – 336 d.C.) quien consideraba al Hijo un “derivado” de Dios y no
“co-eterno” como si lo creía Atanasio y sus seguidores, formulando este ultimo hombre
(tomando como base de sus argumentos y especulaciones, el texto de Mateo 28.19), una
de las declaraciones Cristológicas más importantes para el catolicismo romano ortodoxo,
como es la de haber definido que el Hijo, no era solamente “…de la misma substancia o
naturaleza (homoiousion) del Padre, sino consubstantial (homoousion) a Él, (Diccionario
de religiones, por E. Royston Pike, Sección Credo, Pág. 122).
En otras palabras, creyendo y afirmando en la Divinidad del Hijo, como procedente del
Padre, “…Dios…de Dios…”, del cual salió la idea católica, y siglos mas tarde adoptada y
adaptada por los evangélicos trinitarios modernos, conocida como la de “…Dios, el
Hijo…”.
Todo este embrollo de que estamos hablando, fue oficialmente establecido como un “…
resumen de la fe Cristiana…símbolo del cristianismo en el sentido de que lo diferencia de
otra religión; se le llama también “...símbolo de los apóstoles, para indicar así que las
verdades anunciadas en él están garantizadas por la autoridad de su enseñanza…
expresión de una fe, una esperanza y un amor…” (Las Religiones, Sección Creed [Credo],
pág. 127).
El término “ortodoxo“ significa según el New Webster’s Dictionary and Thesaurus, estar
conforme o que retiene las opiniones oficiales estandars o aceptadas; mientras que el de
“ortodoxia”, significa, la calidad o el estado de ser ortodoxo en opinión o práctica.
El ejemplo bíblico de la importancia al leer, pensar, meditar, definir y hablar las Sagradas
Escrituras, incluyendo el texto de Mateo 28. 19, está dicho por el Señor Jesucristo, y los
apóstoles, Pablo, y Pedro:
Jesús
Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? (Lucas 10. 26).
Pablo
6 Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de
vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito. (1a
Corintios 4. 6).
Pedro
11 Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios, (1a Pedro 4. 11).
De manera que, la Palabra de Dios es nuestro ejemplo, nuestra consejera, nuestra guía,
etc., y no las inventadas y añadidas definiciones filosóficas-religiosas posteriores a la edad
apostólica que distorsionaron gravemente lo que ya estaba escrito, leído, pensado,
meditado, definido, revelado y dado a conocer por el Señor Jesucristo y los apóstoles que
él escogió.
Nuestro verdadero afán es que, lo que nosotros creemos, predicamos y enseñamos, esté
dentro de las páginas de las Sagradas Escrituras, y por consiguiente, dentro del marco
Divino de inspiración, predicado y enseñado por el Señor Jesucristo y los apóstoles,
aunque en este tiempo moderno, seamos considerados “…hombres sin letras e
ignorantes…”, (Hechos 4. 13), como nuestros amados hermanos Pedro y Juan.
Así que el presente trabajo humilde, tiene como propósito mostrar Escrituralmente la
doctrina bíblica del Señor Jesucristo y los apóstoles, establecida primero en las
Sagradas Escrituras (primer siglo d.C.), contra la herejía del llamado “misterio de la
santísima trinidad” católica romana, desarrollada y proclamada en credos y concilios,
desde el doscientos hasta el año quinientos (d.C.)…y el neo-trinitarianismo posterior de
todas las organizaciones evangélicas después de la reforma contra la supremacía y
enseñanzas del catolicismo romano de la Europa Occidental (siglo 16 d.C.), que creen y
enseñan la misma reinterpretación errónea que hicieran del Mateo 28.19 original y el
mismo dogma trinitario, en nuestro tiempo moderno.
Digamos a voz en cuello que, el Dios…”uno y trino” del mateo 28. 19, católico romano y
evangélico trinitario, antiguo y moderno, NO ES EL MISMO DIOS del Mateo 28. 19 de las
Sagradas Escrituras.
Repitámosles que, “…Dios, el Padre, la primera persona, divina y distinta…” del mateo 28.
19 de la reinterpretación eclesiástica romana y evangélica moderna, NO ES EL MISMO
DIOS, EL PADRE, del Mateo 28. 19 y de todas las Sagradas Escrituras.
Insistámosles sin descanso que “…Dios, el Hijo, la segunda persona , divina y distinta…”
del mateo 28.19, redefinido después de la edad apostólica, NO ES EL MISMO HIJO DE
DIOS, del Mateo 28. 19 y de Las Escrituras completas del Nuevo testamento.
Enfaticémosles con las Escrituras en la mano que “…Dios, el Espíritu Santo, la tercera
persona divina y distinta…”, del mateo 28.19 de la invención trinitaria, NO ES EL MISMO
ESPÍRITU SANTO del Mateo 28. 19, escrito por Leví, mucho menos de toda la bendita y
gloriosa Palabra de Dios.
Hablemos con toda libertad y denuedo del Mateo 28. 19 de las Sagradas Escrituras,
usando toda la revelación de la Palabra de Dios, para mostrar y comprobar, que los
términos o expresiones frecuentes en boca de nuestro Señor Jesucristo y escritos de los
apóstoles, haciendo alusión al “… Padre…”; “…el Hijo o Hijo de Dios…”; y el “…Espíritu
Santo…”, nunca significó la existencia de “…tres personas, divinas y distintas…“, sino el
uso inspirado del lenguaje de la determinación o plan eterno, que Dios se propuso “…en sí
mismo.“ o consigo mismo, según “…el consejo de su voluntad…”, y no con “…tres….“ que
nunca existieron en la eternidad, menos en el tiempo del hombre.
Por reconocimiento, honor y lealtad al único Dios verdadero, invisible e indivisible de las
Sagradas Escrituras, “…manifestado en carne…“ (1a Timoteo 3. 16) para nuestra
redención, debemos declarar y proclamar incansablemente, que el Dios de Mateo 28. 19, y
de toda la gran comisión, según las Sagradas Escrituras, NO ES EL MISMO “Dios” falso
del “mateo 28. 19“, de la interpretación católica romana y evangélica trinitaria moderna;
pues el único Dios de la Biblia reveló y declaró, que antes de Él “…no fue formado Dios…”
ni lo sería después de Él (Isaías 43. 10).
“…Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para
conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el
verdadero Dios, y la vida eterna. Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén…” (1a Juan 5. 20,
21
Reflexiones Sobre Juan 17:5
Por Daniel L. Segraves
En su oración, poco antes de ser traicionado y arrestado en Getsemaní, Jesús dijo: "Ahora
pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el
mundo fuese" (Juan 17:5). ¿Estas palabras prueban que el Hijo es eternamente una
persona divina y distinta del Padre?
Cuando consideramos las oraciones de Jesús, debemos tener en cuenta que sus
oraciones son exclusivas de la encarnación. Lo que esto significa, es que no tenemos
ningún registro bíblico del Hijo orando al Padre antes de la encarnación. Aunque algunas
oraciones del Mesías se registran en las Escrituras hebreas y específicamente en los
Salmos, estas oraciones forman parte del contenido profético del Antiguo Testamento. En
otras palabras, no indican que las oraciones se realizaron antes de que el texto fuera
escrito, ni tampoco que se escribieron mientras que las oraciones se realizaban; en
cambio, son profecías de las oraciones que el Mesías oró cuando vino al mundo. Por
ejemplo, las palabras de una oración mesiánica se registran en el Salmo 40:6-8a:
"Sacrificio y ofrenda no te agrada, has abierto mis oídos; Holocausto y expiación no has
demandado. Entonces dije: He aquí, vengo; en el rollo del libro está escrito de mí; el hacer
tu voluntad, Dios mío, me ha agradado". El escritor de Hebreos registra esta oración que
Jesús oró "entrando en el mundo" (Hebreos 10:5). El punto es que las palabras de la
oración fueron escritas por David, un profeta (véase Hechos 2:30), pero en realidad
aquella oración no fue hecha sino hasta que Jesús vino al mundo como Dios manifestado
en la existencia humana (1. Timoteo 3:16).
Otro ejemplo se encuentra en Hebreos 1:6. Esto demuestra que no sólo son las oraciones
de Jesús, sino que también son proféticas las palabras del Padre relacionadas con su Hijo,
que se encuentran en el Antiguo Testamento. De acuerdo con Hebreos 1:6, Dios dijo:
"adórenle todos los ángeles de Dios" [Note que según Hebreos 1:2, aquí se está hablando
del Hijo]. Sin embargo, estas palabras no fueron dichas por Dios antes de la encarnación,
sino "cuando introduce al Primogénito en el mundo" (Hebreos 1:6).
Juan 17:5, al igual que todas las oraciones de Jesús, debe ser entendida en el contexto de
la encarnación. Hay que tener en cuenta que Jesús es a la vez Dios y hombre. La
divinidad y la humanidad de Jesús no pueden ser divididas y considerarse en forma
aislada la una de la otra. Todo lo que Jesús hizo y dijo, lo hizo y dijo desde lo que Él es,
Dios manifestado en una existencia humana auténtica y plena. Así, cuando Jesús se refirió
a la "gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese", dichas palabras no se refieren a
una cierta gloria que Él tuvo con su Padre como una persona distinta en la Deidad, sino a
la gloria que llegó a tener como Hijo, es decir como Dios manifestado en carne [en la
existencia humana]. Dado que la encarnación no había ocurrido todavía antes de que el
mundo fuese, se trataba de una gloria anticipada que era una realidad, en la medida en
que ya existía en la mente de Dios a pesar de que no había ocurrido todavía en el tiempo.
Esto se parece mucho a la descripción que Juan da acerca del Mesías como el "Cordero
que fue inmolado desde el principio del mundo" (Apocalipsis 13:8). Aunque la palabra
traducida como "inmolado" o "muerto" (esphagmenou) es un participio perfecto pasivo, lo
que indicaría que el asesinato ocurrió en el pasado, no obstante los lectores de la Biblia
instintivamente entendemos que esto no quiere decir que Jesús fue crucificado en el
momento en que el mundo fue creado, sino que su crucifixión se previó en la mente de
Dios.
Desde el punto de vista de la cristología, lo que hemos dicho aquí refleja la enseñanza
general de ambas, las Escrituras hebreas y griegas. Pero ahora debemos considerar si
Juan 17:5 se puede leer de una manera que no entre en conflicto con la integridad de la
persona de Cristo.
En primer lugar, incluso antes de examinar el texto griego, debemos preguntarnos: ¿Si
Jesús es verdaderamente Dios, qué necesidad tenía de orar? Para algunos, la oración de
Jesús demuestra que Él no es Dios. Para otros, el hecho de que Él es Dios, demuestra
que sus oraciones estaban destinadas simplemente a ser un ejemplo para nosotros. Es
seguro decir que la mayoría de los que creen tanto en la divinidad como en la humanidad
de Cristo, también creen que las oraciones de Jesús fueron auténticas y que reflejan el
hecho de que Jesús no sólo es Dios, sino también hombre. No es porque sea Dios que
Jesús necesitó orar, sino porque Él también es humano. En otras palabras, Jesús oró por
la misma razón que los seres humanos necesitamos orar. El hecho de que Él sea un ser
humano en el que habita la plenitud de la Deidad (Colosenses 2:9), no va en detrimento de
la autenticidad de su humanidad. Esto no imposibilitó a Jesús de comer, dormir o
participar de toda la gama de actividades humanas. Tampoco lo imposibilitó de orar. Esto
está ligado al milagro de la encarnación, y los intentos humanos por explicar este misterio
siempre van a fallar. Los milagros deben ser aceptados por lo que son, y por eso quedan
totalmente fuera del alcance de la comprensión o explicación humana.
Hay dos palabras en el texto griego de Juan 17:5, que algunos insisten en que demuestran
que Jesús es distinto del Padre como un Hijo eterno. La primera es ‘eichon’, traducida
como "que tuve". Dado que ‘eichon’ está en el imperfecto tenso, voz activa y modo
indicativo (significando literalmente "yo tuve"), y dado que la voz activa significa que es el
sujeto quien actúa (en este caso Jesús), y puesto que el modo indicativo confirma la
realidad de la acción desde el punto de vista del hablante [2], se ha llegado a afirmar que
esto significa que Jesús existía antes de la encarnación como el Hijo eterno. Los
proponentes de esta idea, reflexionan que ya que el Hijo es quien dice haber tenido la
gloria, y puesto que este "tener" se refiere a antes de que el mundo fuese, entonces el Hijo
tiene que haber poseído gloria con el Padre antes de que el mundo fuese, como una
persona real y distinta del Padre.
Pero si Jesús, que es a la vez Dios y hombre, tuvo gloria con el Padre antes que el mundo
fuese - y ciertamente la tuvo, como se indica en Juan 17:5 – entonces la tuvo porque Él es
el mismo Padre quien llegado un tiempo específico se manifestó en carne. Jesús no podía
orar desde la perspectiva de su Deidad, haciendo caso omiso de su humanidad; del mismo
modo que nosotros no podríamos orar desde la perspectiva de la parte material de nuestra
existencia, ignorando lo inmaterial. Ninguna analogía es suficiente para explicar un
milagro, pero Jesús no puede ser bifurcado de modo que su Deidad o humanidad sean
irrelevantes en cualquiera de sus palabras o hechos. Si antes de la creación del mundo
Jesús poseía la gloria con el Padre que se refiere a su Deidad, entonces al mismo tiempo
Él debió haber poseído la gloria con el Padre que se refiere a su humanidad. Sin embargo,
¡pocos sugerirían que la humanidad de Jesús existió antes de la encarnación!
Los que desean resaltar la forma imperfecta, activa e indicativa de ‘eichon’ en Juan 17:5
para demostrar la supuesta eternidad del Hijo, leen más allá del imperfecto tenso que está
allí. Aunque el tiempo imperfecto expresa una acción continua en el pasado, no dice nada
sobre el origen o la terminación de la acción, o sobre la duración de la acción continuada.
En otras palabras, el imperfecto tenso no es un "eterno" tenso. Aunque no especifica el
origen o la terminación de la acción, este describe que la acción en curso tiene de hecho
un punto de origen. En este caso, Jesús tuvo gloria con el Padre antes de que el mundo
fuese, pero el imperfecto tenso no nos informa sobre el principio o la duración de la
posesión de esta gloria. Decir que el imperfecto tenso indica una acción continua en el
pasado, es una presentación incompleta de su función. El imperfecto puede ser
descriptivo, ya que presenta claramente la acción continuada en el pasado, y al igual que
una película, este muestra el movimiento de un acontecimiento. Nada acerca del uso del
imperfecto, dirige hacia el origen, hacia el final, o aún da una idea de la falta de un origen o
un final. Por otra parte, el imperfecto puede ser iterativo, mostrando a la acción continua o
repetida en el pasado. En este caso, la acción se produce de nuevo una y otra vez.
Entonces, el imperfecto puede ser inicial, acentuando el principio de la acción más bien
que su progreso [3].
En cuanto a la utilización del imperfecto se refiere, todo lo que Juan 17:5 nos dice, es que
en algún momento del pasado, y en concreto antes de que el mundo fuese, Jesús tuvo
gloria con el Padre. El versículo no nos dice cuánto tiempo tuvo esa gloria, ni tampoco nos
dice si Él tuvo dicha gloria después de la creación del mundo. Jesús no dijo que Él tuvo
esa gloria antes de la encarnación. Si Él hubiera dicho esto, entonces sí podríamos asumir
que la encarnación fue la razón de que Él ya no tuviera más esa gloria. Pero si la
encarnación fue el motivo de que Jesús ya no tuviera esa gloria, ¿cómo podría aquella
gloria serle restaurada dado que la encarnación estará vigente por toda la eternidad?
(Filipenses 3:21, Apocalipsis 22:4). Parece mucho más satisfactorio para entender a
Jesús, referirse a la gloria que le perteneció en previsión a toda la gama de sus
experiencias de encarnación, incluyendo no sólo su manifestación en carne, sino también
su muerte, sepultura y resurrección. Como escribió Pablo, Jesús fue declarado Hijo de
Dios por la resurrección de entre los muertos (Romanos 1:4). Si la gloria por la que Jesús
oró implica tanto su Deidad como su humanidad, la posesión previa de esta gloria también
implicó tanto su Deidad como su humanidad, o no habría sido la misma gloria.
¿En qué sentido Jesús, como Dios manifestado en carne, poseyó la gloria con el Padre
antes que el mundo fuese? La respuesta a esta pregunta puede encontrarse en el rango
posible de significados de las palabras ‘para soi’, comúnmente traducidas como "contigo".
La preposición ‘para’, cuando es utilizada en el caso dativo, incluye los significados "con" o
"al lado", con la posición implícita [4]. Pero esto no agota la gama de significados posibles
de ‘para’ en el caso dativo. De hecho, un asunto inquietante surge de inmediato al
imaginar una ubicación física desprendida de la oración de Jesús, ya sea que uno abrace
una perspectiva trinitaria, o que uno crea en la Unicidad de Dios. Por lo general, se
entiende que es inadecuado pensar en términos de ubicación o posición física cuando se
piensa en Dios. Por ejemplo, los eruditos bíblicos comúnmente explican las referencias a
la "diestra de Dios" en términos metafóricos. Por ejemplo, F.F. Bruce, hace el siguiente
comentario a Hebreos 1:3:
"Aquí ninguna ubicación literal es requerida, y así fue entendido por los cristianos de la
época apostólica, como lo es por nosotros: ellos sabían que Dios no tiene ninguna mano
derecha física o material en el trono donde el Cristo ascendido se sienta ‘al lado’ de Él;
para ellos aquel lenguaje denotó la exaltación y la supremacía de Cristo, tal como significa
para nosotros" [5].
Insistir en que se lea ‘para soi’ con su referencia más simple y limitada a la ubicación
física, es imponer un significado literalmente materialista al texto. Cuando hablamos de
Dios - una vez más, tanto desde una perspectiva trinitaria o desde la visión de la Unicidad -
¿en qué sentido podría decirse que el Hijo se posicionó con, o al lado del Padre antes de
que el mundo fuese? Si descendemos por el camino de imaginarnos una ubicación física
con relación a Dios, pronto nos convertiremos en diteístas o triteístas.
Pero esta opción no es necesaria. Cuando ‘para’ se utiliza en el caso dativo, tiene una
gama más amplia de significados que simplemente "con" o "al lado". Como lo señala el
Léxico Louw-Nida, ‘para’ con el dativo incluye dentro de su gama de significados "en la
opinión de", desde el punto de vista de un participante, marcando a un participante cuyo
punto de vista es relevante para un evento. Así, ‘para’ se puede traducir "en la vista de, en
opinión de, en el juicio de". [6] Ciertamente Jesús, que comprendió más claramente que
nadie que Dios es Espíritu, no quiso decir con ‘para soi’ que el Padre ocupa un espacio
físico o que tiene una ubicación física y que Él, Jesús, se colocó a un lado físico del Padre
antes de que el mundo fuese. Sin embargo, nada impediría la traducción "la gloria que yo
tuve en tu punto de vista", "en tu opinión" o "en tu juicio" antes de que el mundo fuese.
Esto evita el problema de la ubicación física dentro de la Divinidad y captura la esencia de
la misma idea que transmite Apocalipsis 13:8.
El Hijo estaba con el Padre antes de que el mundo existiese, en el mismo sentido en que
fue inmolado desde la fundación del mundo. El asesinato de Jesús requirió de la
encarnación. La encarnación solo se produjo en el tiempo y el espacio hasta una fecha
específica del calendario. Sin embargo, Juan declaró que el Cordero fue inmolado mucho
antes de esa fecha específica. De hecho, la Nueva Traducción Vida, presenta así a
Apocalipsis 13:8: "Y todas las personas que pertenecen a este mundo adoraron a la
bestia. Son aquellos cuyos nombres no fueron escritos en el Libro de la Vida que
pertenece al Cordero, que fue asesinado antes de que el mundo fuese hecho". Si Jesús, el
Cordero, pudo morir antes de que el mundo fuese hecho, entonces Él también pudo tener
la gloria con el Padre antes de que el mundo fuese. Lo uno requiere de lo otro.
Jesús pudo decir que Él tuvo esa gloria en el pasado, con tanta seguridad como Juan pudo
decir que Jesús fue asesinado en el pasado. Lo que existe en la mente de Dios es una
realidad tan segura, que se da por hecho de que existe materialmente. El Señor conocía a
Jeremías, aún antes de que Jeremías fuera formado en la matriz (Jeremías 1:5). Él declaró
a Ciro como su siervo, más de un siglo antes de que Ciro hubiese nacido (Isaías 44:28;
45:1). El cambió el nombre de Abram (padre enaltecido) a Abraham (padre de
muchedumbre) antes de que Abraham tuviera un descendiente. Dios puede hacer esto
porque "da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen" (Romanos
4:17). Jesús es el propio Dios, por lo tanto, Él pudo decir: "Ahora pues, Padre, glorifícame
tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese". Dado que Él
es Dios (el Padre) manifestado en una existencia humana, esta oración debe ser
entendida en el contexto de su manifestación en carne. Él tuvo esta gloria como Dios
manifestado en carne, y es a esta manifestación en carne a la que la Biblia llama Hijo
(Lucas 1:35, Gálatas 4:4). Dado que esta manifestación no entró en existencia dentro del
tiempo y el espacio sino hasta la encarnación, por tanto esta era una gloria anticipada,
profética, que no era menos real de lo que sería cuando la previsión se cumplió.
Notas
Pregunta:
Hno. Julio César Clavijo, muchos comentaristas trinitarios argumentan que en el suceso de
Hechos 22:16 la palabrainvocar (del griego epikaleomai) tiene una trascendencia muy
diferente a la de pronunciar audiblemente el nombre de Jesús en el bautismo. En efecto, la
palabra invocar NO es sinónima de pronunciar, pero desde nuestra perspectiva ¿Cómo
explicaríamos este punto?
Respuesta:
Por supuesto que hay diferencia entre invocar y pronunciar. La invocación demanda el
llamado a alguien, mientras que pronunciar es simplemente emitir sonidos. La diferencia
es grande, aunque es claro que para invocar se requierepronunciar.
El Diccionario Vine, dice esto de epikaleomai. “Llamar sobre. Tiene el significado de apelar
en la voz media, que conlleva a la sugerencia de un interés especial por parte del
ejecutante de una acción en aquello a lo que está dedicado. Esteban murió mientras
invocaba el nombre del Señor (Hechos 7:51)”.
Esteban invocó el nombre del Señor Jesús, y por lo tanto pronunció a su favor el nombre
de Jesús, llamando a Jesús en el momento en que estaba muriendo. Del mismo modo, es
claro que el nombre de Jesús debe ser invocado en el bautismo (es
decir pronunciado y llamado a nuestro favor en el bautismo).
Muchos piensan que el nombre de Jesús no tiene que ser necesariamente invocado si se
apela a la autoridad de Jesús, pero no se dan cuenta que para contar con la autoridad de
Jesús a nuestro favor, es necesario invocar su nombre. Por ejemplo, el apóstol
Pablo invocó literalmente el nombre de Jesús para contar con la autoridad de Jesús a fin
de echar fuera a un demonio. “Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a
Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas
de ella. Y salió en aquella misma hora” (Hechos 16:18). La Escritura nos ordena: “Y todo lo
que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando
gracias a Dios Padre por medio de él [es decir, por medio del nombre de Jesús]”
(Colosenses 3:17). [1]