REPUBLICA DE COLOMBIA
TRIBUNAL ADMINISTRATIVO DE BOYACÁ
SALA PLENA
MAGISTRADO PONENTE: FÉLIX ALBERTO RODRÍGUEZ RIVEROS
Tunja, 0 8 JUL 2019
REFERENCIA: DICIPLINARIO
DESPACHO: JUZGADO SEPTIMO ADMINISTRATIVO DE TUNJA
IMPLICADO: ANDRES VARGAS CASTRO
RADICADO: 15001333300820150000602
I. ASUNTO A RESOLVER
En virtud del informe secretarial que antecede, procede la Sala Plena de la
Corporación a resolver el recurso de apelación interpuesto por el investigado
en contra de la decisión proferida por la Juez Octavo Administrativo de Tunja
el 5 de abril de 2019, mediante la cual se le sancionó por encontrarlo
responsable disciplinariamente.
II. ANTECEDENTES
2.2. Hechos
Del análisis de los documentos obrantes en el expediente, puede colegirse
que los hechos potencialmente constitutivos de reproche disciplinario se
derivan de que el implicado en su condición de Secretario del Juzgado
Séptimo Administrativo de Tunja omitió el deber que le correspondía de
enviar para revisión a la Corte Constitucional 53 expedientes de tutela y,
además, por la mora en que incurrió en efectuar el pase al despacho de
otros 27 expedientes de tutela que fueron recibidos de la Corte
Constitucional luego de haber sido excluidos de revisión.
2.3. Trámite en primera instancia
Mediante providencia de 7 de abril de 2016, el a quo abrió investigación
disciplinaria en contra del abogado Andrés Vargas Castro, en su condición
de Secretario del Juzgado Séptimo Administrativo Oral de Tunja (fI. 20-21),
la cual le fue notificada personalmente a su apoderada (fl. 22).
Posteriormente, el 15 de mayo de 2017 la Juez Séptimo Administrativa de
Tunja formuló pliego de cargos en contra del implicado por a) "... haber
incurrido en moras como Secretario del Despacho al realizar los pases al
Despacho dentro de los siguientes expedientes de tutela, luego de que
fueran devueltos por la Honorable Corte Constitucional excluidos de
revisión: ..." y además por b) "... haber incurrido en moras como Secretario
en la remisión de los siguientes expedientes a la Corte Constitucional para
su eventual revisión ..."
En esa oportunidad se adujo que tales comportamientos presuntamente
configurarían una falta disciplinaria grave, calificada con culpa gravísima,
conforme lo estipulado en el artículo 50 de la ley 734 de 2002, lo mismo
que el incumplimiento del manual de funciones del Despacho en cuanto a
tales funciones secretariales.
En esa providencia se ordenó la notificación personal al implicado o a su
apoderada y se le concedió el término de 10 días para que presentara
descargos y en general ejerciera su derecho de defensa (fI. 72-85).
Mediante escrito presentado el 25 de julio de 2017, el implicado rindió
descargos en los que en síntesis manifestó lo siguiente:
En primer lugar que se configuraba el eximente de responsabilidad de fuerza
mayor constitutivo de una excesiva sobrecarga laboral, al respecto señaló
que la congestión judicial aqueja a todos los Despachos judiciales del País e
incluso a las Altas Cortes, que prueba de ello era una acción de tutela que
él mismo había presentado en el marco de las investigaciones disciplinarias
que cursaban en su contra y que no había sido decidida dentro del término
legal.
En segundo lugar manifestó que la revisión de la acción de tutela no tiene
la naturaleza de tercera instancia sino que se trata de un estadio procesal
para construir líneas jurisprudenciales, lo que a su juicio implicaba que no
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había vulneración de los derechos fundamentales por el hecho de no haber
enviado a revisión los expedientes de tutela.
Finalmente, que en el desarrollo de sus funciones padecía una gran y
desmesurada sobrecarga laboral además del presumible grado de
enemistad con la señora Juez Séptima, las irregulares directrices que ésta
impartía al disponer que el pase al Despacho solo podía hacerse una vez
estuviera proyectada la respectiva providencia (fl. 108-119).
Mediante auto del 17 de abril de 2018 se corrió traslado a las partes para
que presentaran sus alegatos de conclusión (fl. 438), término dentro de cual
el implicado reiteró los argumentos expuestos en el escrito de descargos (fl.
451-463).
Finalmente, mediante providencia del 8 de agosto de 2018 de la Sala Plena
de esta Corporación se aceptó el impedimento de la Juez Séptima
Administrativa de Tunja para seguir conociendo del proceso disciplinario de
la referencia y en su lugar se designó a la Juez Octavo Administrativo para
que continuara con su trámite (fl. 533-536).
2.4. Del fallo recurrido
El Juzgado Octavo Administrativo Oral de Tunja, en sentencia del 5 de abril
de 2019 resolvió sancionar al abogado Andrés Vargas Castro, en su
condición de Secretario Nominado del citado Juzgado Séptimo
Administrativo Oral del Circuito de Tunja para la época de los hechos motivo
de investigación, por encontrarlo responsable disciplinariamente de los
cargos formulados. En consecuencia, se le impuso una multa de 150 salarios
básicos diarios, equivalentes a $12.662.375 a favor de la Rama Judicial.
Para arribar a esa conclusión, la Funcionaria de primera instancia arguyó
que encontró probado que 37 expedientes de tutela permanecieron en la
Secretaría del Juzgado por periodos que oscilaban entre 11 y 201 días
hábiles contados desde su ejecutoria, lo que su juicio constituían lapsos
injustificados dentro de los cuales no se procedió a su remisión a la Corte
Constitucional para su eventual revisión; sobre esto adujo que no era
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admisible la justificación del implicado de la supuesta congestión judicial,
pues se trataba de acciones de trámite preferente y porque, en todo caso,
el procedimiento de remisión a la Corte no implicaba complejidad en
tratándose de un trámite respecto del cual el implicado no era neófito.
Agregó que también encontró probado que 22 expedientes de tutela, luego
de haber sido devueltos por la Corte Constitucional por ser excluidos de
revisión, permanecieron en la Secretaría del Juzgado por lapsos entre 79 y
202 días hábiles sin que hubiesen sido pasados al Despacho a fin de darles
el trámite que correspondía; adujo que en este sentido tampoco se
justificaba la tardanza del Secretario en la supuesta congestión judicial pues
reiteró que se trataba de procedimientos que no eran complejos.
En el análisis de la responsabilidad, en el componente de tipicidad afirmó
que la conducta del implicado fue típica y estuvo debidamente comprobada,
inclusive teniendo en cuenta que el mismo disciplinado aceptó su omisión
tanto en sede de descargos como en los alegatos, sin que ninguna de las
razones de defensa hubiese sido admisibles para la Juez de instancia.
Agregó que el tipo que se estudiaba admitía la modalidad culposa en razón
a que la falta podía configurarse con intensión o negligencia.
En cuanto al elemento de antijuridicidad afirmó que se encontraba
acreditada puesto que la ilicitud sustancial de la conducta del disciplinado
devenía por el hecho de haber desconocido normas de orden constitucional;
que no se trataba de un desconocimiento meramente formal, sino que
estaba demostrado que el disciplinado con su conducta afectó el deber
funcional, pues no permitió el flujo procesal oportuno de más de 40 acciones
de tutela al retenerlas en la Secretaría del Despacho por lapsos entre 11 y
más de 200 días hábiles.
De otro lado, respecto de la culpabilidad indicó que la calificación de culpa
gravísima que se había señalado en el pliego de cargos era apropiada y
justificada, por cuanto el implicado ciertamente había desatendido de
manera elemental sus deberes al no remitir oportunamente más de 40
expedientes para surtir su eventual revisión en la Corte Constitucional y
omitir el pase al Despacho de otras que habían llegado excluidas de esa
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revisión, procedimiento que a juicio de la juez de instancia no era de poca
relevancia sino que se trataba del agotamiento de las etapas procesales de
un considerable número de acciones de tutela.
En cuanto a la calificación de la falta, señaló que, conforme lo dispuesto en
el artículo 50 de la ley 734 de 2002, se trataba de una falta grave y culposa,
lo que a su juicio, conllevaba a la imposición de una sanción. Al respecto,
en cuanto a la dosificación de la sanción indicó que, según el artículo 44 del
CDU, para la falta grave culposa cometida por el implicado la sanción que
correspondía era la de suspensión. Refirió que no obstante tal sanción no
podía ser ejecutada dado que el implicado desde el 16 de septiembre de
2015 se encontraba desvinculado del servicio, por lo que convirtió tal
sanción en multa, la que estimó con fundamento en el salario devengado
por el implicado, en 150 salarios diarios básicos.
Para adoptar la referida decisión, la Funcionaria de primera instancia tuvo
en cuenta que el implicado no había sido objeto de sanciones dentro de los
últimos 5 años a la comisión de la falta que se investigaba.
Finalmente negó la solicitud del implicado de que se accediera a la
acumulación jurídica de penas, pues el CDU no establecía tal figura (fl. 608-
618).
2.5. Sustentación del recurso de apelación
El señor Andrés Vargas Castro, oportunamente, impugnó la decisión de
primera instancia solicitando al efecto que se revocara el fallo y en su lugar
se emitiera decisión absolutoria.
Para sustentar tal petición reiteró los argumentos expuestos en el escrito de
descargos en cuanto a la configuración de la causal de justificación de fuerza
mayor, de que con su conducta respecto de la tardanza en remitir las
acciones de tutela a la revisión de la Corte Constitucional no se causó ningún
tipo de daño o lesión a los derechos de los accionantes de esos procesos;
no obstante, para efectos de contextualización se expondrán nuevamente
tales argumentos como sigue:
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En primer lugar indicó que se configuró la fuerza mayor como causal de
justificación devenida de una excesiva carga laboral, latente en todos los
despachos judiciales del País.
Al respecto manifestó que durante el trámite de primera instancia arguyó
tal razón, no obstante la Juez de instancia no lo analizó; en síntesis
manifestó que la congestión judicial aqueja a todos los despachos judiciales
en el País y que ello es de conocimiento de la sociedad en general. Adujo
que ejemplo de esto es el hecho de que el 28 de junio de 2017 presentó una
acción de tutela que conoció el Consejo de Estado, por las presuntas
irregularidades que ha soportado dentro de los procesos disciplinarios que
se adelantan en su contra, pero que sólo fue fallada hasta el 18 de agosto
de 2017, es decir, de manera extemporánea; de lo cual concluye que la
congestión judicial aqueja también a las Altas Cortes.
Reiteró el argumento relativo a que la revisión de las acciones de tutela por
parte de la Corte Constitucional no es una tercera instancia sino un estadio
procesal para construir líneas jurisprudencia/es, y que en todo caso, en los
procesos que no fueron enviados oportunamente para esa revisión, se les
excluyó de tal procedimiento, lo que su juicio implica que no hubo
trasgresión de los derechos de los accionantes en las acciones de tutela.
Nuevamente esgrimió el argumento relativo a que las directrices emitidas
por la Juez Séptima Administrativa de Tunja eran las causantes en la mora
que se endilga al implicado, aunado al presumible grado de enemistad entre
ellos. Adujo que prueba de esto era la declaración que había rendido el señor
Julio Cesar González, quien se había desempeñado en ese despacho judicial
y quien confirmó su dicho respecto de la supuesta mora en la Secretaría,
además que por orden de la Juez el Secretario no podía hacer el pase al
despacho, pues ello era función exclusiva de los sustanciadores, quienes lo
hacían una vez la providencia a proferir estuviera proyectada, con 2 días de
anterioridad entre el pase y la providencia.
Agregó que una vez el implicado en su condición de Secretario de ese
Despacho Judicial hizo caso omiso a esas directrices y realizó los pases al
despacho oportunamente, la Juez impidió cualquier apoyo secretarial,
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generándole aún más sobrecarga laboral, siendo que en el Despacho eran 5
los sustanciadores y solo 1 secretario.
Reiteró que ante tal situación solicitó a la Juez Séptima que se le proveyera
ayuda adicional en la Secretaría pero que ésta respondió con evasivas.
De otro lado, señaló que la señora Juez Séptima Administrativa resultó
absuelta de responsabilidad en la vigilancia judicial que se inició en un
proceso ordinario por cuanto en esa oportunidad aquella alegó razones de
congestión en el Despacho Judicial, que por tanto, tales razones también
son predicables de la Secretaría.
Por otro lado, el apelante acepta que en efecto existieron las moras en los
procesos constitucionales que se aducen en el fallo de primera instancia, no
obstante alega que no se probó que dicha omisión hubiese causado una
afectación grave o irremediable a la administración de justicia, pues en todo
caso el implicado sí envió los procesos a revisión, solo que de manera tardía.
Reiteró el argumento relativo a que la congestión judicial ha sido padecida
siendo empleado público, en su condición de Secretario del Juzgado Séptimo
Administrativo de Tunja y posteriormente como litigante; por esto, solicita
se garantice el derecho a la igualdad y en consecuencia se predique la
congestión judicial y la mora que ello implica a todos los funcionarios
judiciales del País.
De otro lado arguyó que en el caso se había vulnerado la garantía del non
bis in ídem, puesto que dentro que de las acciones de tutela que no fueron
remitidos para revisión a la Corte Constitucional se encontraba la tutela
2015-9, dentro de la cual fue investigada disciplinariamente la señora Juez
Séptima Administrativa; así, -aduce el apelante- que esa Funcionaria ordenó
abrir un nuevo proceso disciplinario por éste último hecho. Adujo que en
este último proceso disciplinario, el implicado ya fue sancionado y que por
tanto, se le está juzgado dos veces por los mismos hechos.
Reiteró que en el caso, la Juez de instancia no había probado el grado de
afectación que habría conllevado la mora en el cumplimiento de sus
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funciones como Secretario del Despacho y que por tanto, la sanción de multa
impuesta no había sido dispuesta bajo criterios de proporcionalidad.
De otro lado manifestó que incurrió en una indebida interpretación de los
artículos 44 y 45 del CDU puesto que allí se establece que para la falta
cometida por el implicado, la sanción corresponde a la suspensión y no a la
multa y que por ello, debe revocarse el fallo en este sentido, ya que tal
norma no autoriza al juzgador a convertir la suspensión en multa.
Finalizó manifestando que la sanción de suspensión no puede ser
materialmente ejecutada pues el implicado se encuentra desvinculado del
servicio (fl. 621-643).
III. CONSIDERACIONES
3.1. Competencia
Esta Corporación es competente para conocer del recurso de apelación
interpuesto contra el fallo proferido por la Juez Octavo Administrativa de
Tunja en calidad de funcionario investigador dentro del proceso disciplinario
contra un empleado judicial, por cuanto es su superior jerárquico'.
3.2. Problema jurídico
Corresponde a esta Corporación establecer si el fallo proferido por la Juez
Octava Administrativa de Tunja en el proceso de la referencia se ajustó a
derecho, especialmente en cuanto a la configuración de la eximente de
responsabilidad de fuerza mayor; si en tratándose del proceso disciplinario
es menester probar que con la conducta sancionada se causó un daño o
lesión a la administración de justicia; además, si se vulneró la garantía del
non bis in ídem y finalmente si la sanción impuesta fue proporcional a la
conducta endilgada al recurrente.
CE. Consulta, 2 Oct. 2014, e11001030600020140012100. C.P. W, Zambrano.
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Teniendo presente los límites previstos en el artículo 171 de la ley 734 de
2002 respecto de las facultades del funcionario de segunda instancia para
revisar solo los aspectos impugnados y aquellos otros que resulten
inescindiblemente vinculados al objeto de impugnación, procede la Sala a
su estudio como sigue:
En primer lugar, resulta necesario contextualizar los hechos que dieron
ocasión al proceso disciplinario de la referencia, los que, dicho sea de
entrada, no son materia de controversia pues fueron expresamente
aceptados por el implicado en el escrito de descargos y en el recurso de
apelación.
Sobre el particular se tiene que el señor ANDRES VARGAS CASTRO, en su
condición de secretario del Juzgado Séptimo Administrativo de Tunja, entre
los años 2013 y 2015 incurrió en mora de remitir 37 expedientes de tutela
para su eventual revisión a la Corte Constitucional, la que osciló entre 11 y
201 días hábiles luego de vencido el término de impugnación. En segundo
lugar, incurrió en mora de hacer el pase al despacho de 22 expedientes de
tutela luego de regresar de la Corte Constitucional excluidos de revisión,
permaneciendo en la Secretaría por lapsos de 79 a 202 días.
El Juzgado de instancia calificó la falta como grave culposa, conforme lo
establecido en el artículo 50 del CDU, pues se derivó de la inobservancia del
cuidado elemental necesario que cualquier persona del común le imprime a
sus actuaciones específicas, sumado al hecho de que el disciplinado era
versado en materia de trámites secretariales, pues en el desempeño del
cargo acreditaba más de 8 años.
Para justificar lo anterior, el implicado aduce que se configuró la eximente
de responsabilidad de fuerza mayor devenida de una excesiva carga laboral.
Al respecto, el numeral primero del artículo 28 de la ley 734 de 2002
establece como una causal de exclusión de responsabilidad disciplinaria la
fuerza mayor o el caso fortuito; ésta figura se encuentra regulada a nivel
legal en el artículo 64 del C. Civil que establece que se llama "... fuerza
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mayor o caso fortuito, el imprevisto o que no es posible resistir, como un
naufragio, un terremoto, el apresamiento de enemigos, los actos de
autoridad ejercidos por un funcionario público, etc"
Sobre esto, la jurisprudencia de la Sección Tercera del Consejo de Estado
ha señalado que la fuerza mayor como causal eximente de responsabilidad
debe reunir tres elementos, a saber: la exterioridad, la imprevisibilidad
y la irresistibilidad, en relación con la actividad, suceso o servicio que
causó el daño2.
Así, la irresistibilidad refiere a que el daño debe resultar inevitable para que
pueda sostenerse la ocurrencia de una causa extraña, teniendo en cuenta
que lo irresistible o inevitable deben ser los efectos del fenómeno y no el
fenómeno mismo3.
La imprevisibilidad suele entenderse como aquella circunstancia respecto de
la cual no sea posible contemplar por anticipado su ocurrencia; continúa la
jurisprudencia en cita señalando que la catalogación de un determinado
fenómeno como imprevisible excluye, de suyo, la posibilidad de que
en el supuesto concreto concurra la culpa del demandado, pues si
éste se encontraba en la obligación de prever la ocurrencia del
acontecimiento al cual se pretende atribuir eficacia liberatoria de
responsabilidad y además disponía de la posibilidad real y razonable
de hacerlo, entonces los efectos dañinos del fenómeno
correspondiente resultarán atribuibles a su comportamiento
culposo y no al advenimiento del anotado suceso. Culpa e
imprevisibilidad, por tanto, en un mismo supuesto fáctico, se
excluyen tajantemente.
Finalmente, en lo relativo a la exterioridad, la jurisprudencia en cita señala
que se concreta en que el acontecimiento y circunstancia que el demandado
invoca como causa extraña debe resultarle ajeno jurídicamente.
2 Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, Subsección C, C.P. Dr. Jaime Orlando Santofimio
Gamboa, Sentencia de 19 de octubre de 2011, Radicación No.: 05001-23-25-000-1994-00951-01 (20135), Actor: Gabriel Ángel
Villa y otros. Citada en la sentencia del 5 de septiembre de 2013 de la Sección Segunda de esa Corporación en el expediente
1407-12
3 Consejo de Estado. Sentencia del 26 de marzo de 2008, Expediente No. 16.530. Reiterada en Consejo de Estado. Sección
Tercera, Subsección C. Sentencia del 19 de agosto de 2011. Exp: 20.144.
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De otro lado, en cuanto al caso fortuito, la jurisprudencia de la Corporación
indica que atañe a hechos que escapan a las previsiones normales que
deben ser adoptadas por quien observa una conducta prudente4.
Ahora bien, sobre la mora judicial, la Corte Constitucional ha señalado que
se trata de un fenómeno multicausal, muchas veces estructural, que impide
el disfrute efectivo del derecho de acceso a la administración de justicias y
que se presenta como resultado de acumulaciones procesales estructurales
que superan la capacidad humana de los funcionarios a cuyo cargo se
encuentra la solución de los procesos6; no obstante, esa Corporación
también ha señalado que para establecer si la mora judicial es violatoria de
derechos fundamentales, es preciso acudir a un análisis sobre la
razonabilidad del plazo y establecer el carácter injustificado en el
incumplimiento de los términos7; por tanto, existirá una mora judicial
injustificada8 cuando (i) se presenta un incumplimiento de los términos
señalados en la ley para adelantar alguna actuación judicial; (ii) no existe
un motivo razonable que justifique dicha demora, como lo es la congestión
judicial o el volumen de trabajo; y (iii) la tardanza es imputable a la omisión
en el cumplimiento de las funciones por parte de una autoridad judicial.
El apelante manifiesta que en el desempeño de su cargo de Secretario del
Juzgado Séptimo Administrativo de Tunja padecía una gran y desmesurada
sobrecarga laboral y que ello justifica la mora en que incurrió en la remisión
de los expedientes de tutela para revisión y en el pase al despacho de otros
luego de ser excluidos de revisión.
De entrada la Sala no acepta tal argumento, por lo siguiente:
Conforme lo señalado párrafos atrás, la fuerza mayor tiene como uno de sus
componentes el de la imprevisibilidad y ello excluye la posibilidad de que en
el supuesto concreto concurra la culpa del demandado pues, si éste se
encontraba en la obligación de prever la ocurrencia del
4 Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, Subsección C, C.P. Dra. Olga Mélida Valle De La
Hoz, Sentencia de 25 de abril de 2012, Radicación No.: 25000232600019970371301 (22708), Actor: Luis Vicente Castellanos y
otros.
5 Corte Constitucional, Sentencia T-945 A de 1998.
6 Ibídem.
7 C. Const., Sent. T-803, oct. 11/12. M.P. Jorge Iván Palacio Palacio.
8 Sentencias T-292 de 1999 y T-220 de 2007.
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acontecimiento al cual se pretende atribuir eficacia liberatoria de
responsabilidad y además disponía de la posibilidad real y razonable
de hacerlo, entonces los efectos dañinos del fenómeno resultarán
atribuibles a su comportamiento culposo y no al advenimiento del
anotado suceso; así las cosas, culpa e imprevisibilidad, en un mismo
supuesto se excluyen tajantemente.
En el caso, el disciplinado no puede alegar la fuerza mayor como justificante
del hecho de haber incumplido con una de sus funciones como Secretario
del Juzgado puesto que para ello era menester que tal circunstancia fuera
imprevisible y tal como lo señaló la funcionaria de primera instancia, ello no
era así dado que éste se desempeñaba en ese cargo desde el año 2006 y
por tanto, la remisión de los expedientes de tutela para su eventual revisión
a la Corte Constitucional y el pase al despacho de aquellos que habían
regresado excluidos de tal revisión eran actividades del diario quehacer de
su trabajo, además que hacían parte de las funciones que le habían sido
encomendadas en el Manual de Funciones adoptado en el Juzgado Séptimo
Administrativo de Tunja9.
Así lo que se aprecia es que el disciplinado incurrió en incumplimiento de las
funciones asignadas a su cargo pues debido a su conocimiento y a la
experiencia en su desempeño, estaba en la obligación de enviar los
expedientes para revisión y de pasar al despacho los excluidos, pues para
ello disponía de la posibilidad real y razonable de hacerlo, lo que lleva a la
Sala a concluir, en similares términos a los expuestos por la Funcionaria de
primera instancia, que los efectos dañinos de su actuar son atribuibles a su
comportamiento culposo.
9 Sobre el particular a folios 135 a 138 reposa copia de la resolución 001 de 2011 mediante la cual la Juez Séptima Administrativa
de Tunja actualizó y reglamentó las funciones para cada uno de los cargos del despacho; en el artículo segundo numerales 40 y
50 se aprecia lo siguiente:
"ARTICULO SEGUNDO: FUNCIONES DEL SECRETARIO NOMINADO: (...)
(...)
40. Pasar al Despacho dentro del término de ley cada uno de los procesos, dando el impulso respectivo de acuerdo a
la etapa procesal en que se encuentre.
(...)
50. Dar el trámite respectivo a cada uno de los procesos dentro del término de Ley y remitir los expedientes
oportunamente ante la instancia respectiva
(...)
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Teniendo presente lo anterior no puede estudiarse como un todo el
argumento del disciplinado referente a que la fuerza mayor como causal
justificante se genera por la congestión judicial que padece el sistema de
justicia del País y que en su caso, se manifestaba con la sobrecarga laboral
que le había sido asignada por la Titular del Despacho. En efecto, la causal
eximente de responsabilidad de fuerza mayor no se acredita en su caso,
pues como se explicó, no se configura el elemento de imprevisibilidad que
se exige para su acreditación; cosa diferente es la congestión judicial y la
sobrecarga laboral como una suerte de justificación del incumplimiento de
sus funciones, no obstante, la Sala tampoco encuentra acreditada esta
circunstancia.
Sobre el particular se reitera, en el proceso de primera instancia se probó,
y así lo acepta el recurrente, que incurrió en moras de entre 11 y 201 días
hábiles para enviar a revisión 37 expedientes de tutela a la Corte
Constitucional y en mora de entre 79 y 202 días hábiles para pasar al
despacho 27 procesos que habían vuelto de esa Corporación excluidos de
revisión.
Al respecto el recurrente manifiesta, -con fundamento en la declaración
extraproceso rendida por el abogado Julio Cesar González quien se
desempeñó en el Juzgado Séptimo Administrativo de Tunja-, que la mora
en secretaria tenía base en las directrices impuestas por la titular del
despacho que solo permitía elaborar el pase al despacho a los
sustanciadores una vez la respectiva providencia se encontrara proyectada;
que el temor reverencial obligó al disciplinado a aceptar funciones de
sustanciación generándole una sobrecarga laboral, asumiendo también
funciones de notificador y escribiente y que a pesar de haber solicitado a la
titular del despacho colaboración en las labores de secretaría, ésta había
contestado con evasivas.
Del material probatorio obrante en el expediente se puede señalar en primer
lugar que la declaración rendida por el señor Julio Cesar González no puede
ser tenida en cuenta con fines probatorios puesto que, según su dicho,
laboró en el Juzgado Séptimo Administrativo de Tunja, entre el primero de
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marzo y el 31 de agosto de 2010 y posteriormente 2 de septiembre de 2011
hasta el 31 de diciembre de 2011 (fl. 120), mientras que los hechos materia
de este proceso disciplinario acaecieron en el interregno entre los años 2013
y 2015 de modo que su dicho no puede ser tenido en cuenta para los fines
descritos por el recurrente.
Ahora, aun aceptando en gracia de discusión que aquellas afirmaciones
pudieran ser tenidas en cuenta como argumento de defensa, éstas no
cumplen este cometido puesto que refieren a la supuesta directriz de la
titular del Despacho relativa a la elaboración de los pases al despacho de
los procesos una vez estuviera elaborada y firmada la providencia a
notificar, procedimiento que no tiene que ver con las funciones que tiene
que cumplir la secretaría de Juzgado respecto de las acciones de tutela, que
se encuentran ejecutoriadas y de aquellas que han regresado de la Corte
Constitucional excluidas de revisión puesto que en ese momento procesal
no dependen del Despacho para que sea tramitada la actuación subsiguiente
sino que es un mero trámite secretarial el que debe imprimírseles al ser
inmediatamente enviadas a la Corte para su eventual revisión conforme lo
establecido en el artículo 31 del decreto 2591 de 1991 que establece que
deben ser enviadas al día siguiente de su ejecutoria.
Lo mismo ocurre con el pase al despacho de los expedientes que habían
regresado de la Corte excluidos de revisión, puesto que conforme lo
señalado en el numeral 17 del artículo 2° del manual de funciones del
Juzgado Séptimo, era función del secretario en casos de tutelas, pasarlas al
despacho a más tardar a la hora de su llegada, es decir, se trataba también
de un acto meramente secretaria' y que no implicaba la intervención del
Despacho para la elaboración del pase al despacho.
Así, la supuesta congestión judicial que según el recurrente afecta a los
despachos judiciales del País, incluidas las Altas Cortes, no es una razón
justificante del incumplimiento de sus funciones, puesto que en los casos
investigados en esta oportunidad no se observó que el Despacho tuviera
que intervenir en el impulso procesal sino que era función netamente de la
Secretaría, por ello, la mora en este sentido, solo puede ser atribuida al
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secretario dado que eran funciones exclusivamente de la persona
que desempeñaba ese cargo.
Siguiendo con lo anterior, el recurrente afirma que incurrió en el
incumplimiento de sus funciones ya descrito debido al temor reverencial que
lo llevó a aceptar la directriz de la titular del despacho de aceptar funciones
de sustanciación y además asumir las de escribiente y notificador
generándose mayor sobrecarga laboral, a lo que la Juez respondió de
manera omisiva en las peticiones elevadas por el disciplinado de que se le
proporcionara apoyo en las labores secretariales.
Sobre el particular debe recordarse que la jurisprudencia constitucional ha
establecido que la infracción disciplinaria siempre implica el incumplimiento
o desconocimiento de un deber del servidor públicol°, la negligencia, la
imprudencia, la falta de cuidado y la impericia pueden ser sancionados en
este campo en cuanto impliquen la vulneración de los deberes funcionales
de quienes cumplen funciones públicas"; por ello, el juez disciplinario
deberá contar con un margen de apreciación amplio que le permita valorar
el nivel de cumplimiento, diligencia, cuidado y prudencia con el cual el
funcionario público dio cumplimiento a sus deberes, prohibiciones y demás
mandatos funcionales.
Así las cosas, no puede ser de recibo la manifestación del disciplinado
referente a que incumplió sus funciones porque por temor reverencial debía
dar cumplimiento a las funciones de sustanciación que tenía encomendadas
en el Manual de Funciones del Juzgado o porque debía cumplir con las demás
tareas allí establecidas como lo eran las de notificador y escribiente, es decir
que no puede aceptarse el argumento de que incumplió con las funciones
que le correspondía respecto de los procesos de tutela por cumplir otras que
también estaban a su cargo; es que como lo establece el artículo 6° Superior
los servidores públicos no solo son responsables por infringir la Constitución
y la Ley, sino también por omisión o extralimitación en el ejercicio de sus
funciones. Entonces, lo que se aprecia es que el disciplinado no actuó con
'° T-651 de 2005
11 C-948 de 2002 M.P. Alvaro Tafur Galvis.
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diligencia y cuidado en el cumplimiento de las funciones que eran de su
estricto resorte, -como se explicó- y como justificante de ello pretende
aducir que fue el cumplimiento de otras de las que le habían sido
encomendadas lo que impidió que diera el tramite expedito y preferente a
las acciones de tutela.
Finalmente tampoco se acepta el argumento del recurrente de que incumplió
las funciones que le correspondían por la mora judicial que afecta a todos
los despachos judiciales del País y que se veían reflejada en su caso en la
sobrecarga laboral puesto que conforme lo señalado por la jurisprudencia
de la Corte Constitucional, el incumplimiento de los términos judiciales
se encuentra justificado cuando es 0 producto de la complejidad del
asunto y dentro del proceso se demuestra la diligencia razonable del
operador judicial, en el caso no se presenta ninguno de estos elementos
puesto que como se señaló, el tramite que debía imprimirle el disciplinado
a los procesos de tutela no solo no era complejo sino que era de aquellos
propios de su quehacer diario y respecto del cual acreditaba una amplia
experiencia pues se había desempeñado en ese cargo por espacio de más
de 8 años y además porque no se demostró que el disciplinado hubiese
mostrado diligencia razonable en su cumplimiento.
Los demás elementos establecidos por la Corte Constitucional para
considerar que se está ante un incumplimiento justificado tampoco se
cumplen en el caso como lo son ii) cuando se constata que efectivamente
existen problemas estructurales en la administración de justicia que generan
un exceso de carga laboral o de congestión judicial; o (iii) cuando se
acreditan otras circunstancias imprevisibles o ineludibles que impiden la
resolución de la controversia en el plazo previsto en la ley.
A contrario, lo que colige la Sala es que en el caso se encuentra ante una
dilación injustificada de los términos judiciales y en todo caso del
cumplimiento de las funciones del disciplinado como Secretario del Juzgado
Séptimo Administrativo de Tunja, pues se acreditó que no fue diligente y
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que su comportamiento fue el resultado de una omisión en el cumplimiento
de sus funciones.
De otro lado, el recurrente presenta como argumento de defensa las
justificaciones que expuso la señora Juez Séptima Administrativa de Tunja
en la vigilancia judicial adelantada en su contra en el proceso 2015-0015
por una presunta mora judicial, -las que aduce son plenamente aplicables a
su caso- y por las cuales resultó absuelta de responsabilidad. Refiere el
disciplinado que en esa oportunidad la Titular del despacho esgrimió que
había incurrido en mora debido a la congestión judicial y volumen de trabajo,
al incremento de demanda de justicia, el incremento en los tiempos de
evaluación parcial y total por etapa procesal así como aumento en el
requerimiento de programación de audiencias y por último óptimo nivel de
rendimiento, eficiencia y calidad según datos estadísticos.
Con fundamento en lo anterior el recurrente manifiesta que las moras
presentadas tanto en la secretaría como en el despacho son derivadas de
las mismas razones de tiempo, modo y lugar esgrimidas por la Titular del
Despacho ante el Consejo Seccional de la Judicatura de Boyacá en la referida
vigilancia judicial.
Al respecto la Sala debe señalar en similares términos a los expuestos para
resolver el cargo anterior que tales razones no son de recibo para justificar
el incumplimiento de las funciones del disciplinado. En efecto, los hechos
materia de investigación y de sanción en el proceso de la referencia aluden
a las moras en la remisión de los expedientes de tutela para su revisión en
la Corte Constitucional y en el pase al despacho de los procesos que volvían
excluidos, funciones que se reitera, son del resorte exclusivo del
Secretario del Juzgado, conforme lo establecido en el artículo 31 del
decreto 2591 de 1991 y en el artículo segundo del Manual de Funciones del
Despacho; además eran funciones que, -se reitera- habían sido
desempeñadas por el disciplinado por más de 8 años, lo cual acredita que
contaba no solo con el conocimiento sino con la experiencia para su
cumplimiento. Así, la circunstancia de que a la Titular del Despacho se le
hubiese adelantado un proceso de vigilancia judicial por parte del Consejo
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Seccional de la Judicatura y las razones que aquella esgrimió en esa
oportunidad en su defensa no son aplicables al caso del disciplinado
puesto que se trataba de funciones y cargos diferentes.
De otro lado, esgrime el recurrente que si bien incumplió el deber de enviar
oportunamente los expedientes de tutela para revisión a la Corte, hasta el
día de hoy no ha sido probado que dicha omisión haya causado una
afectación grave o irremediable a la administración de justicia, pues en todo
caso, el trámite correspondiente sí se surtió por parte del disciplinado,
aunque en forma tardía.
Tal argumento no puede ser aceptado como excusa o justificante del
incumplimiento de las funciones que le correspondía al disciplinado puesto
que el derecho disciplinario no valora o califica la falta con fundamento en
la configuración o no de un daño o lesión a los bienes jurídicos, sino que lo
hace sobre la base del quebrantamiento del deber funcional, esto es,
el desconocimiento de la función social que le incumple al servidor
público12. En efecto, la jurisprudencia de la Corte Constitucional ha
señalado que en el cumplimiento de los cometidos estatales y durante el
ejercicio de las correspondientes funciones o cargos públicos, los servidores
públicos no pueden distanciarse del objetivo principal para el cual fueron
instituidos, como lo es el servir al Estado y a la comunidad en la forma
establecida en la Constitución, la ley y el reglamento, por ello dirá que el
funcionario público se encuentra sometido a una responsabilidad pública
disciplinaria cuando en su desempeño vulnera el ordenamiento superior y
legal vigente, así por la omisión o extralimitación en el ejercicio de sus
funciones (arts. 3 y 129 C.P.)13
Por tanto, de ninguna manera puede aceptarse la manifestación del
recurrente de que la omisión en el cumplimiento de sus funciones no causó
un daño o perjuicio y que en todo caso sí cumplió la función solo que de
manera tardía, esto último resulta sumamente reprochable si se tiene en
12 Ver Sentencia C-373/02 M.P. Jaime Córdoba Triviño. S.P.V. de los Magistrados Rodrigo Escobar Gil y Eduerdo Montealegre
Lynett.
13 Sentencia C-948 de 2002
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cuenta, como lo ha señalado el Tribunal Constitucional, que si los
presupuestos de una correcta administración pública son la diligencia, el
cuidado y la corrección en el desempeño de las funciones asignadas a los
servidores del Estado, la consecuencia jurídica de tal principio no podría ser
otra que la necesidad de castigo de las conductas que atentan contra tales
presupuestos, conductas que - por contrapartida lógica- son entre
otras, la negligencia, la imprudencia, la falta de cuidado y la
impericia. En términos generales, la infracción a un deber de
cuidado o diligencia".
Por otra parte, manifiesta el recurrente que se vulneró la garantía del non
bis in ídem pues aduce que la Juez Séptima Administrativa de Tunja abrió
el proceso disciplinario 2015-06 en contra del disciplinado por haber omitido
la remisión de más de 20 expedientes de tutela a la Corte Constitucional
para su eventual revisión; que dentro de esos expedientes se encontraba el
identificado con el radicado 2015-9, por este proceso fue investigada la
señora Juez por presuntas irregularidades cometidas en el trámite de esta
tutela.
Aduce el recurrente que la Juez Séptima abrió proceso disciplinario diferente
para la tutela 2015-9, del cual conoció la Juez Octavo Administrativo de
Tunja puesto que aquella se declaró impedida para asumir su conocimiento;
que la irregularidad de no haber remitido a revisión a la Corte Constitucional
la sentencia 2015-9 fue examinada por la Juez Octava en el proceso
disciplinario 2016-01, por el que fue investigado y sancionado el hoy
disciplinado, es decir que se le juzgo dos veces por la misma irregularidad
cometida en la tutela 2015-09.
De la lectura detenida del fallo de primera instancia se advierte que dentro
de los expedientes de tutela que fueron objeto de investigación por la
irregularidad de no haber sido remitidos a revisión a la Corte Constitucional
no se aprecia que se hubiese incluido la tutela 2015-09 como afirma el
recurrente, de modo que por esa irregularidad no fue investigado ni juzgado
Ver Sentencia C- 181/02 M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra S.P.V.I. de los Magistrados Jaime Cordoba Triviño, Eduardo
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Montealegre Lynett y Alvao Tafur Galvis.
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en el proceso de la referencia, con lo cual se desvirtúa lo manifestado por el
disciplinado en ese sentido.
Ahora bien, esta Corporación conoció en sede de segunda instancia el fallo
proferido por el Juzgado Octavo Administrativo de Tunja el 2 de mayo de
2017 en el proceso disciplinario adelantado por el Juzgado Séptimo
Administrativo de Tunja contra el señor Andrés Vargas Castro con radicado
15001333300820160000101, en el que se le investigó y sancionó por
cuanto se probó que el expediente de la tutela 2015-09 "... permaneció en
la Secretaría del Juzgado Séptimo Administrativo Oral del Circuito de Tunja
por tres (3) meses y 23 días después de vencido el término de
impugnación".
Así, el proceso disciplinario 2016-01 por el que fue sancionado el hoy
disciplinado no versaba sobre el incumplimiento de remitir el expediente de
tutela para revisión a la Corte Constitucional sino por no haberlo remitido
oportunamente para apelación ante el Tribunal Administrativo de Boyacá,
de modo que se trata de un asunto distinto al que se ventila en esta
oportunidad y por ello puede la Sala colegir sin lugar a dubitaciones que no
se vulneró la garantía contenida en el artículo 29 Superior, es decir que no
se juzgó dos veces al recurrente por los mismos hechos sino que se trató de
faltas disciplinarias originadas en supuestos fácticos distintos.
Finalmente aduce el recurrente que si bien en el aparte 3.4 del fallo de
primera instancia que atañe a la dosificación de la sanción, se hace una
relación de los artículos 44, 46 y 47 del CDU y por ello da lugar a una sanción
pecuniaria, no obstante refiere que no se sustentó debidamente el grado de
perturbación que la falta disciplinaria causó al ordenamiento jurídico, lo cual
a su juicio vulnera el principio de proporcionalidad.
Aunado a lo anterior refiere que la Funcionaria de primera instancia incurrió
en un error al interpretar los artículos 44 y 45 del CDU pues si bien adujo
que la falta cometida por el recurrente era calificada como grave culposa, le
impuso la sanción que corresponde a las leves dolosas, es decir, la multa,
siendo que para aquellas la sanción procedente es la suspensión y que en
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todo caso ésta última no sería ejecutable dado que el recurrente
actualmente no se encuentra desempeñando el cargo de Secretario del
Juzgado Séptimo Administrativo de Tunja.
De entrada señala la Sala que tales argumentos no tienen vocación de
prosperidad por lo siguiente:
En primer lugar, en cuanto a la dosificación de la sanción impuesta al
disciplinado se constata que la Funcionaria de primera instancia la calificó
como grave culposa derivado del hecho de que constituía la inobservancia
del cuidado elemental necesario que cualquier persona del común imprime
a sus actuaciones, tratándose de funciones específicas que encuentran su
sustento en normas de carácter constitucional y/o reglamentos que fueron
notificados personalmente al disciplinado para su conocimiento"(fl. 617).
Así, con fundamento en lo dispuesto en el artículo 44 del CDU la Funcionaria
de instancia indicó que para las faltas graves culposas correspondía la
sanción de suspensión, que implica la separación del ejercicio del cargo en
cuyo desempeño se originó la falta; agregó que no obstante como el
disciplinado no se encontraba en el desempeño de ese cargo desde el año
2015 no era posible ejecutar esa sanción y por ello la convirtió en multa,
para lo cual tomó como base el salario por él devengado cuando se
desempañaba en el cargo y así la tasó en 150 salarios diarios básicos.
Con las argumentaciones expuestas por la Funcionaria de instancia esta Sala
se encuentra plenamente de acuerdo puesto que la falta disciplinaria en que
incurrió el disciplinado tuvo como fundamento el quebrantamiento del deber
funcional como se explicó y ello merece ser calificado como grave culposo
pues, -reiterando lo dicho a lo largo de esta providencia- las circunstancias
de no haber remitido oportunamente a revisión los expedientes de tutela y
de haber no pasado al despacho los que habían regresado excluidos no solo
eran tareas que legalmente le habían sido encomendadas al disciplinado
sino que hacían parte de su quehacer diario, que no eran complejas y
respecto de las cuales acredita no solo poseer el conocimiento para llevarlas
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a cabo sino la experiencia recaudada durante más de 8 años de ejercicio en
ese cargo, razón por la cual la calificación que la Funcionaria de instancia le
confirió se ajusta a derecho por cuanto solo puede ser atribuible a la
infracción del disciplinado de su deber de cuidado o diligencia.
Finalmente, si bien se acreditó que el disciplinado no se encuentra
actualmente desempeñando el cargo que originó la falta15 lo cual
efectivamente impide la ejecución de la sanción prevista por el artículo 44
del CDU para las faltas graves culposas, no por ello procede la revocatoria
de la sanción como supone el recurrente, sino que el artículo 46 de ese
mismo Estatuto prevé el supuesto de la no ejecución de la sanción así:
ARTÍCULO 46, LÍMITE DE LAS SANCIONES. <Artículo derogado a
partir del 1 de julio de 2019, por el artículo 265 de la Ley 1952 de
2019> <Aparte subrayado CONDICIONALMENTE exequible> La inhabilidad
general será de diez a veinte años; la inhabilidad especial no será inferior a
treinta días ni superior a doce meses; pero cuando la falta afecte el
patrimonio económico del Estado la inhabilidad será permanente.
La suspensión no será inferior a un mes ni superior a doce meses. Cuando
el disciplinado haya cesado en sus funciones para el momento de la
ejecutoria del fallo o durante la ejecución del mismo, cuando no
fuere posible ejecutar la sanción se convertirá el término de
suspensión o el que faltare, según el caso, en salarios de acuerdo al
monto de lo devengado para el momento de la comisión de la falta,
sin perjuicio de la inhabilidad especial (Negrilla fuera de texto)
De acuerdo con lo anterior lo procedente para las faltas graves culposas es
la imposición de la sanción de suspensión pero ante su no ejecutividad
debe convertirse en multa como efectivamente lo dispuso la funcionaria de
instancia, al haber convertido los 150 días de suspensión en 150 salarios
diarios básicos.
No obstante, dado que si bien así quedó plasmado en la parte motiva del
fallo de primera instancia no se expresó de esa forma en la parte resolutiva,
deberá modificarse el numeral segundo para incluir de manera expresa que
"Dado que fue declarado insubsistente desde el 16 de septiembre de 2015 (fl. 50)
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la sanción que procede es la suspensión, solo que debe convertirse en multa
ante la imposibilidad de su ejecución, conforme los mandatos del artículo 46
del CDU.
En suma dado que no prosperaron los argumentos de la alzada deberá
confirmarse la sentencia recurrida, con la salvedad de la modificación en el
numeral segundo de la parte resolutiva como se explicó.
IV. DECISION
Por lo anteriormente expuesto, la Sala Plena del Tribunal Administrativo de
Boyacá,
RESUELVE
PRIMERO: CONFIRMAR el fallo proferido por el Juzgado Octavo
Administrativo de Tunja el 5 de abril de 2019 mediante el cual se sancionó
al señor Andrés Vargas Castro, en su condición de condición de Secretario
Nominado del citado Juzgado Séptimo Administrativo Oral del Circuito de
Tunja para la época de los hechos motivo de investigación, por encontrarlo
responsable disciplinariamente de los cargos formulados, con excepción del
numeral segundo que se MODIFICARÁ en el siguiente sentido:
"SEGUNDO: Como consecuencia de lo anterior, SUSPENDER al abogado
ANDRES VARGAS CASTRO por el lapso de 150 días, no obstante, dado que
no es posible ejecutar esta sanción debido a que el disciplinado no se
encuentra desempeñando el cargo,en que se originó la falta, se CONVIERTE
EL TÉRMINO DE SUSPENSION EN SALARIOS conforme lo dispuesto en
el artículo 46 del CDU y por ello se le IMPONE multa de 150 salarios básicos
diarios devengados por el disciplinado al momento de comisión de la falta,
equivalentes a DOCE MILLONES SEISCIENTOS SETENTA Y DOS MIL
TRESCIENTOS SETENTA Y CINCO PESOS M/L ($12.662.375), los cuales
deberán ser pagados a favor de la Rama Judicial en un plazo máximo de
treinta (30) días, contados a partir de la ejecutoria de esta decisión, so pena
de iniciar el correspondiente procedimiento administrativo de cobro coactivo,
en concordancia con lo establecido en el inciso 3° del artículo 173 del CDU"
SEGUNDO: NOTIFICAR la presente decisión de conformidad con lo
establecido en los artículos 101 y 102 del CDU, según el caso. Para el efecto,
remítase copia de la presente providencia. En caso de que no se pueda
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notificar personalmente al disciplinado, se fijará edicto en los términos del
artículo 107 del CDU.
TERCERO: Una vez en firme la presente providencia, por Secretaría envíese
el expediente al despacho de origen.
La anterior providencia fue estudiada y aprobada por la Sala en sesión de
la fecha.
NOTIFÍQUESE Y CÚMPL
TO R
Magi
CLARA ELISA SO itt.‘FÓ RANA NARANJO
Ma M gistrad
LUIS ERNEST • RCINIÉ TRIANA. O IVÁN AFANADOR GARCÍA.
Magi Magistrado
JO ON FERNANDEZ OSORIO.
Magi o
413
24