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Acción Pauliana y Protección Laboral

Implementación dr la acción pauliana en derecho laboral

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Implementación dr la acción pauliana en derecho laboral

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IMPLEMENTAR LA ACCIÓN PAULIANA EN MATERIA LABORAL CON EL

OBJETO DE RECUPERAR EL PATRIONIO DEL EMPLEADOR PARA


GARANTIZAR LOS BENEFICIOS SOCIALES DE LOS TRABAJADORES
LA NECESIDAD DE PROTECCIÓN DE LOS CRÉDITOS LABORALES
El problema de la necesidad de proteger los créditos laborales es algo que ha
sido visibilizado por los estudiosos del derecho laboral y también por las
instituciones dedicadas a su investigación, así como por organismos
internacionales, organismos supraestatales, por los propios países, de tal
manera que existen varias vías de posibles soluciones para garantizar los
derechos económicos de las trabajadoras y de los trabajadores de parte de los
empleadores deudores insolventes, o que se empobrecen intencionalmente
para burlar el pago de sus obligaciones a sus trabajadoras y trabajadores.
LA ACCIÓN PAULIANA
La acción pauliana se da a los acreedores para hacer rescindir los actos que
hubiese realizado fraudulentamente el deudor en su perjuicio. Encuentra su
aplicación cuando los bienes del deudor han sido vendidos sin haber sido
pagados íntegramente los acreedores. En una época incierta, pero anterior a
Cicerón el pretor Paulo le permitía ejercitar en el término de un año desde la
bonorum venditio, una acción destinada a revocar los actos realizados por el
deudor en fraude de sus derechos. Esta acción era personal, in factum, y
arbitraria. Veamos en qué condiciones podía ser ejercitada y cuáles eran sus
efectos.
1. Condiciones de ejercicio.- La acción pauliana pude ejercitarse cualquiera que
sea la naturaleza del acto: enajenación, obligación o remisión de deuda. Pero
es preciso que se trate siempre de un acto por el cual el deudor haya
disminuido su patrimonio. Los acreedores no pueden atacar aquellos por los
cuales no haya podido enriquecerse; por ejemplo, por haber repudiado una
sucesión o un legado. La acción pauliana es, por otra parte, inútil contra las
donaciones mortis causa y los legados hechos por el deudor, puesto que su
liberalidades no pueden dañar a los acreedores: sólo se pagan sobre el activo
neto, deducción hecha de las deudas.
2. El demandante debe demostrar que el acto atacado ha sido hecho en fraude
de los acreedores, fraudationis causa. Por lo tanto, el fraude comprende aquí
dos elementos distintos: a) Un elemento material, el perjuicio eventus damni.
Es necesario que el acto haya creado o aumentado la insolvencia del deudor.
El perjuicio se aprecia fuera de la bonorum venditio. b) Un elemento
intencional, consilium fraudis. Esta condición está ampliamente interpretada por
los jurisconsultos romanos. No es necesario que el deudor haya tenido
intención de lesionar a sus acreedores: es suficiente que haya tenido
conciencia del perjuicio que les causa. El consilium fraudis se aprecia en el día
en que fue realizado el acto.
3. La acción que puede ejercitarse contra el deudor se da siempre y con mayor
utilidad contra los terceros que se han aprovechado del acto; por ejemplo, un
adquiriente de los bienes del deudor, aun si ya no posee. Para triunfar contra
estos terceros, ¿tiene que probar el demandante que ha sido cómplices del
fraude, conscii fraudis, y que sabían el perjuicio causado al acreedor? Esta
cuestión se resuelve por una distinción:
a) Si se trata de un adquiriente a título oneroso, de una comprador, por
ejemplo, solamente sucumbe si ha sido conscius fraudis. Entonces ha pagado
lo que ha recibido. La situación es la misma entre él y sus acreedores: certant
de damno vitando. Si es de buena fe, triunfa, porque tiene la ventaja de la
posesión.
b) Si se trata de un adquiriente a título gratuito o de un donatario, sucumbe,
haya sido de buena o mala fe. Es, en efecto, menos digno de favor que los
acreedores; certat de lucro captando.
Sin embargo, si es de buena fe, sólo debe cuenta de su enriquecimiento. Son
aplicables los mismos principios cuando la acción se ejercita contra los
subadquiriente.
4. La acción pauliana puede ser ejercitada por los acreedores anteriores al acto
que les haya causado un perjuicio, o en su nombre por el curador de los bienes
del insolvente. En cuanto a los acreedores posteriores, no podrán quejarse de
un acto que estaba ya realizado cuando trataron con el deudor.
Pero si el curador había ejercitado la acción con éxito, los acreedores
posteriores ¿tenían derecho a concurrir con los otros sobre los valores habido
en el patrimonio deudor, o estos valores son la exclusiva prenda de los
anteriores acreedores? Los textos no contestan a la pregunta.
II. Efectos.- Siendo arbitraria la acción, el juez debe dar al demandado que ha
perdido el proceso orden de restablecer las cosas en el estado en que estaban
antes del acto contra el cual iba dirigida la acción pauliana. Cuando se trata de
una enajenación, debe ser restituida la cosa enajenada con los productos y los
frutos, aun los que el demandado haya descuidado percibir, salvo reembolso
de los gastos necesarios. Si se trata de una aceptilación, debe restablecerse el
crédito. El demandado es absuelto, siempre que obedezca a la orden del juez.
De lo contrario, incurre en una condena pecuniaria fijada según los principios.
De los otros recursos concedidos a los acreedores.- Además de la acción
pauliana, el pretor concedía a los acreedores otras vías de recurso contra los
actos realizados por el deudor en fraude de sus derechos: a) Algunos textos
hacen mención de un interdicto, llamado fraudatorium sobre el cual no existe
ningún indicio. Acaso fuese dado por el pretor antes de la creación de la acción
pauliana.
b) Los acreedores podían también pedir la in integrum restitutio contra los actos
del deudor tachados de dolo, por ejemplo, contra una enajenación fraudulenta.
En ese caso, y después de haber obtenido la posesión de los bienes del deudo,
con la in integrum restitutio, tenían el derecho de ejercitar en su lugar la rei
vindicatio, siempre que estuviera rescindida la enajenación.
Esta vía resultaba útil cuando la cosa enajenada se encontraba en manos de
un comprador de buena fe contra el cual había fracasado la acción pauliana
Sansoe en l0o relativo a las Acciones “In personam” Pretorianas, dice de la
acción pauliana: Era la acción concedida a los acreedores para que pudiesen
hacer anular los actos que, el deudor había hecho fraudulentamente en
perjuicio del acreedor. El acreedor tenía un año de tiempo desde la “bonorum
vendictio” (venta de bienes) para hacer anular los actos con los cuales el
deudor había disminuido su patrimonio de manera tal, que hizo insolvente o
aumentó su insolvencia. Debía el acreedor demostrar que el ciudadano hizo
esto a sabiendas. Para admitir esta acción no bastaba que el deudor hubiese
descuidado enriquecerse. Esta acción podía ejercerse contra el deudor, pero
muchas veces y con mayor provecho se ejercía contra el tercero que adquirió
los bienes del deudor, siendo en este caso necesaria la mala fe del tercero si
se trataba de algún adquiriente a títulooneroso. Si se trataba de un adquiriente
a título gratuito siempre podía acusarse al tercero, hubiese buena o mala fe.
LA ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO
la importancia de la protección de los créditos laborales en caso de insolvencia
del empleador y recordando las disposiciones al respecto del artículo 11 del
Convenio sobre la protección del salario, 1949,
PARTE II: PROTECCION DE LOS CREDITOS LABORALES POR MEDIO DE
UN PRIVILEGIO CRÉDITOS PROTEGIDOS
Artículo 5
En caso de insolvencia del empleador, los créditos adeudados a los
trabajadores en razón de su empleo deberán quedar protegidos por un
privilegio, de modo que sean pagados con cargo a los activos del empleador
insolvente antes de que los acreedores no privilegiados puedan cobrar la parte
que les corresponda.
Artículo 6
El privilegio deberá cubrir al menos los créditos laborales correspondientes:
(a) a los salarios correspondientes a un período determinado, que no deberá
ser inferior a tres meses, precedente a la insolvencia o a la terminación de la
relación de trabajo;
(b) a las sumas adeudadas en concepto de vacaciones pagadas
correspondientes al trabajo efectuado en el curso del año en el que ha
sobrevenido la insolvencia o la terminación de la relación de trabajo, así como
las correspondientes al año anterior;
(c) a las sumas adeudadas en concepto de otras ausencias retribuidas,
correspondientes a un período determinado, que no deberá ser inferior a tres
meses, precedente a la insolvencia o a la terminación de la relación de trabajo,
(d) a las indemnizaciones por fin de servicios adeudadas al trabajador con
motivo de la terminación de la relación de trabajo.
ESTUDIO DE LA ACCIÓN PAULIANA
El Código Civil Boliviano de abril de 1831 denominado Santa Cruz, no hace
referencia a la acción pauliana. Del Código Civil Boliviano, Decreto Ley No.
12.760 de 7 de agosto de 1975, vigente, bajo el análisis del tratadista Carlos
Morales Guillén, expresa lo que sigue:26, señala:
ART. 1446.- (Acción pauliana). I. El acreedor puede demandar que se
revoquen, declarándose ineficaces respecto a él, los actos de disposición del
patrimonio pertenecientes a su deudor, cuando concurren los requisitos
siguientes:
1) Que el acto impugnado origine un perjuicio al acreedor provocando o
agravando la
insolvencia del deudor.
2) Que el deudor conozca el perjuicio ocasionado por su acto al acreedor.
3) Que, en los actos a título oneroso, el tercero conozca el perjuicio que el acto
ocasiona al acreedor, no siendo necesario este requisito si el acto es a título
gratuito.
4) Que el crédito sea anterior al acto fraudulento, excepto cuando el fraude
haya sido dispuesto anticipadamente con miras a perjudicar al futuro acreedor.
5) Que el crédito sea líquido y exigible. Sin embargo, no se tendrá el término
por vencido si el deudor resulta insolvente o si desaparecen o disminuyen las
garantías con que contaba el acreedor.
II. No es revocable el cumplimiento de una deuda vencida.
En cuanto a la norma positiva civil respecto a la acción pauliana, se evidencia
que sus cinco requisitos hacen inviable esta opción para los trabajadores, pero
también se comprende de la revisión de la doctrina y del origen de esta acción,
que en principio no exigía tanta formalidad como lo hace la norma positiva ac
En realidad está claro que la enajenación de bienes propios del empleador
deudor perjudica al sujeto acreedor ya la trabajadora o el trabajador, lo cual
implica el cumplimiento del primer requisito.
En cuanto a que el empleador deudor conozca el perjuicio que ocasiona a la
trabajadora o al trabajador, eso se presupone.
El problema como posteriormente se verá radica en la necesidad sine quanon
que establece la norma positiva de que el tercero adquiriente conozca del
perjuicio que ocasiona, lo cual en la doctrina romana no era esencial.
Respecto a que el crédito sea anterior al acto fraudulento, es obvio que siendo
uno de los elementos del contrato de trabajo el tracto sucesivo, se comprende
también que esos créditos se generan y consolidan con el transcurso del
tiempo (días, meses, años) y eso es fácil establecer, y lo sabe el empleador, y
lo tiene perfectamente calculado.
Finalmente y en cuanto a que el crédito sea líquido y exigible, es parte de la
obligación del empleador conocer de la liquidez y exigibilidad por lo menos de
su obligación de pago de salario e indemnización por años de servicio, otra
cosa es que exista una sentencia ejecutoriada.
Por todo lo cual, por vía civil es imposible que el la autoridad jurisdiccional
entienda el problema, igual que antes no comprendían las relaciones de trabajo
y no podían clasificar los contratos de trabajo, y por ello hubo que crear una
nueva materia del derecho, como es el derecho del trabajo.
Mientras la acción oblicua está destinada a proteger al acreedor contra la
incuria del deudor, la acción pauliana o revocatoria, está destinada a invalidar
las operaciones fraudulentas que éste puede realizar en perjuicio de sus
acreedores. Se atribuye a un magistrado romano, el Pretor Paulo, el haber
consignado en el Edicto esta figura jurídica, de cuyo nombre ha derivado la
designación con que se la distingue en el foro moderno (Giorgi), aunque, por
otro lado, se asegura que jamás existió dicho Pretor ni figuró nunca en el texto
oficial del Digesto, el nombre de Pauliana que algún glosador dio a esta acción
(Collinet, cit. de Planiol y Ripert). En el Derecho romano, era ejercitada por
todos los acreedores, colectivamente, representados por un síndico: el curator
bonorum y su resultado beneficiaba, naturalmente, a la masa de acreedores.
Pasó a través del antiguo Derecho francés al moderno, en el Cgo. francés de
1804 y de éste al Cgo. abrg. (art. 758), como una simple enunciación, sin una
reglamentación adecuada a su importancia y a su carácter eminentemente
práctico, que le ha dado un sello notable de conservación en las instituciones
jurídicas en el decurso de los siglos.
Se la define como la acción concedida a los acreedores para obtener la
revocación de los actos celebrados por su deudor en fraude de sus derechos
(Planiol y Ripert). Presupone, como la acción oblicua, un daño o perjuicio, que
resulta para el acreedor del comportamiento del deudor; pero mientras en la
acción oblicua éste es meramente pasivo (omisión), el comportamiento del
deudor que legitima y justifica el ejercicio de la acción pauliana es, por el
contrario, activo en cuanto conduce y puede conducir a la pérdida del
patrimonio, poniendo en peligro la posibilidad del cumplimiento de su obligación
(Messineo). El ámbito de aplicación de la acción pauliana, en consecuencia,
son los actos de voluntad, por virtud de los cuales se introducen modificaciones
en el patrimonio del deudor, que le empobrecen (Mazeaud) y no procede
cuando el deudor simplemente ha descuidado enriquecerse.
El ejercicio de la acción pauliana, está condicionada a la concurrencia de
requisitos estrictos que el art. enumera:
1) Insolvencia del deudor y perjuicio del acreedor.- Los actos del deudor que
justifican la
revocación, son aquéllos que ocasionan su insolvencia, con manifiesto perjuicio
del acreedor que, en tales circunstancias, verá comprometido el cumplimiento y
realización de su crédito. Mientras el patrimonio del deudor, permanezca en
condiciones de responder satisfactoriamente las obligaciones de éste, no hay
interés alguno en que el acreedor ejercite el arbitrio revocatorio que le atribuye
la ley, conforme a la regla donde no hay interés no hay acción (Mazeaud).
La insolvencia o solvencia del deudor, ha de considerarse en el momento en
que el acreedor ejercita su acción revocatoria. El empobrecimiento del deudor
puede ser real, como cuando sus actos provocan una disminución verdadera
de su patrimonio, en favor de un tercero o puede concretarse a substituir
bienes fácilmente embargables, con otros fáciles de proteger de las
persecuciones de los acreedores, v. gr., constituir patrimonio familiar. En
ambos casos, es posible admitir la procedencia de la acción.
2) Propósito fraudulento intencional del deudor.- La intención, resulta del
conocimiento que tiene el deudor de que su acto perjudica al acreedor,
circunstancia que configura el fraude.
El simple hecho del conocimiento de su insolvencia y el del hecho, de que esa
insolvencia se agrava por el acto, es suficiente para determinar el propósito
fraudulento intencional del deudor, según la doctrina del fraus praejudici re
ipsa: la mera conciencia de hacerse insolvente (Giorgi).
3) Complicidad del tercero.- Si el acto fraudulento del deudor, está dirigido a
defraudar a los acreedores, el tercero que concurre al acto a título oneroso,
esto es, desembolsando la contrapartida que ingresa al patrimonio del deudor,
debe tener la voluntad de ayudar y facilitar a éste la organización del fraude y el
consiguiente perjuicio de los acreedores. El conocimiento que tenga el tercero,
de la insolvencia del deudor y el de que el acto al que concurre con éste, crea o
aumenta esa insolvencia, es suficiente para determinar su complicidad
fraudulenta. Si el acto es a título gratuito, es innecesaria la complicidad del
tercero y la acción prosperará aunque el tercero ignore la insolvencia del
deudor.
4) Anterioridad del crédito.- Por regla general, el crédito del acreedor debe ser
anterior al acto de disposición, cuya revocación se persigue con la acción
pauliana. Si antes de la disposición, el acreedor no era tal, el deudor, se
supone, no podía proponerse perjudicarlo o tener conciencia de ello. Por otra
parte, el acreedor no puede tener interés en la revocatoria de un acto sobre
bienes que no formaban ya parte del patrimonio del deudor, al tiempo del
nacimiento de su crédito. No puede prosperar por ello la acción pauliana, a
menos que en el acto de disposición, aunque anterior a la constitución del
crédito, se haya preordenado dolosamente el fraude para perjudicar al
acreedor, caso en el cual la acción procede. Por igual razón, la revocatoria
puede alcanzar a los actos de disposición que nacen simultáneamente con el
crédito.
5) Caducidad de término.- El caso 5) del art., preceptúa prácticamente la
caducidad del término, como aplicación específica de la regla general
contenida en el art. 315, aunque su defectuosa redacción -por la impertinente
inclusión del adverbio de negación no- desfigura su sentido (como en el caso
del art. 747). El art. 2901 del Cgo. modelo, autoriza al acreedor bajo condición
o término, accionar en revocatoria cuando se presenta el eventus damni,
aunque no sea actual y sí sólo virtual (Messineo), esto es, que permita prever
que por el empobrecimiento del patrimonio del deudor, el acreedor no
encontrará en el momento del vencimiento de la obligación, en los bienes que
resten, materia suficiente para satisfacer los propios derechos.
Conforme, entonces, a la redacción del precepto fuente y de la doctrina
expuesta sobre el particular por Messineo, Mazeaud, Planiol y Ripert y otros, el
caso 5) del art., ha de leerse así:
“5) Que el crédito sea líquido y exigible. Sin embargo, se tendrá el término por
vencido si el deudor resulta insolvente o si desaparecen o disminuyen las
garantías con que contaba el acreedor”.
La liquidez y exigibilidad del crédito, no supone necesariamente un título
ejecutivo, porque como la acción oblicua, ha de tenerse en cuenta que la
pauliana no es una medida ejecutiva,
en el sentido de que el acreedor esté obligado a trabar embargos. La ley se
limita a exigir
que el crédito, para justificar la medida conservatoria, presente determinados
caracteres de
certidumbre y seguridad.
En caso de que en los primeros actuados procesales, el empleador no acredite
patrimonio suficiente
como garantizar el pago del monto económico adeudado, se considerará que
es insolvente.
El propósito fraudulento intencional del deudor, tampoco ha de ser esencial, ya
que de lo único que
se trata, es que el empleador deber tener el suficiente patrimonio para
responder a sus acreedores
trabajadores, por tanto si enajena su patrimonio en desmedro de la garantía
para sus trabajadoras y
trabajadores, el requisito estaría cumplido.
La complicidad con tercero no ha de ser un requisito, ya que no es preciso
demostrar la colusión
con un tercero, sino simplemente el adeudo y la transferencia, de tal manera
que no interesa la mala
o buena fe del tercero adquiriente, quien podrá repetir el pago contra el
empleador.
Es obvio que si el empleador transfiere su patrimonio, en conocimiento de que
tiene adeudos
pendientes con sus trabajadores, se sebe presumir la existencia de propósito
fraudulento intencional
por parte del deudor empleador. Téngase en cuenta que no podría o no
debería transferir patrimonio
si existe deuda de salarios, monto económicos por vacaciones vencidas, por
indemnización por años
de servicio, por aguinaldo de Navidad o Esfuerzo por Bolivia en duodécimas o
totales, prima por
utilidades, etc., o pagos a la seguridad social. Estos montos económicos se
entiende que son deuda
pendiente de pago que el empleador no puede desconocer.
La caducidad del término se va consolidando conforme al tracto sucesivo que
es elemento esencial
del contrato de trabajo, vale decir que la norma laboral establece que el pago
del salario no debe
exceder de quince días, o el pago de la indemnización debe ser pagada
anualmente y el quinquenio
se pagará a su cumplimiento, o la vacación al cumplimiento del año de que se
trate, por tanto sí
existe una caducidad del término.
LEY DE REVOCATORIA DE ENAJENACIÓN DE PATRIMONIO DEL
EMPLEADO
CAPÍTULO I
MEDIDAS PRECAUTORIAS Y DE SEGURIDAD ADICIONALES
ARTÍCULO 1.- (Medidas adicionales) Además de las medidas precautorias
señaladas en el Artículo
100 del Código Procesal Laboral, las trabajadoras y los trabajadores, incluso
los que tengan sus
créditos a condición o a término, podrán ejercer conforme a lo previsto en esta
Ley, las medidas
precautorias adicionales que sean conducentes a conservar al patrimonio del
empleador, tales como: I. Inscribir hipotecas y gravámenes.
II. Anotar e inscribir bienes que el empleador hubiera enajenado, por lo menos
dos años antes de la
fecha de la acción procesal.
II. Interrumpir la prescripción.
III. Inventariar los bienes y documentos del empleador difunto o empresa
disuelta, cerrada,
clausurada, bajo concursos, liquidación o quiebra, o por cualquier otra causa
que significare la
suspensión de operaciones o que amenazare de cierre de los mismos.
IV. Intervenir en la partición a que fuere llamado su empleador deudor, y
oponerse a que ella se
realice sin su presencia.
V. Demandar el reconocimiento de documentos privados.
VI. Intervenir en el juicio promovido por el empleador o contra dicho empleador.
ARTÍCULO 2.- (Acción oblicua laboral) I. La trabajadora y el trabajador, para
preservar sus
derechos, puede ejercer en general, por la vía de acción judicial ante el juez del
trabajo, los derechos
que figuren en el patrimonio de su deudor negligente, excepto los que, por su
naturaleza o por
disposición de la ley, sólo puede ejercer el titular.
II. La trabajadora y el trabajador, cuando accione judicialmente, debe citar al
deudor cuyo derecho
ejerce contra un tercero.
ARTÍCULO 3.- (Acción de revocatoria laboral) La trabajadora y el trabajador
puede demandar ante
el juez del trabajo que se revoquen, declarándose ineficaces respecto a ella o
él, los actos de
disposición del patrimonio pertenecientes a su empleador deudor, cuando
concurran los requisitos
siguientes:
I. Cuando se trate del patrimonio en general del empleador acreedor.
1. Que el acto impugnado origine un perjuicio a la trabajadora y al trabajador
provocando o
agravando la insolvencia del empleador deudor.
2. Que el empleador deudor conozca del perjuicio ocasionado por su acto a la
trabajadora o al
trabajador.
3. Que en los actos a título oneroso, el tercero conozca o no el perjuicio que el
acto ocasiona al
trabajador acreedor, no siendo necesario este requisito si el acto es a título
gratuito.
4. Que el crédito sea anterior o de tracto sucesivo al acto fraudulento, excepto
cuando el fraude haya
sido dispuesto anticipadamente con miras a perjudicar a la futura la trabajadora
o el futuro
trabajador acreedor.
5. Que el crédito sea líquido y exigible. Sin embargo, no se tendrá el término
por vencido si el
deudor resulta insolvente o si desaparecen o disminuyen las garantías con que
contaba el acreedor.
II. Cuando se trate del inmueble, muebles, maquinaria, herramientas,
instrumentos, movilidades y
cualquier otro bien relacionado con la fuente de trabajo, incluso materia prima,
productos en
procesamiento o terminados, marcas, nombres, patentes, denominación social,
y todo cuanto
formare parte de la propiedad de la empresa; no se requerirá la mala fe del
empleador deudor ni del
tercero adquiriente, debiendo la autoridad judicial constatar simplemente la
existencia del perjuicio
de la transferencia a los intereses de las trabajadoras y de los trabajadores.
ARTÍCULO 4.- (Llamamiento con causa del deudor) La revocatoria debe
dirigirse contra el tercero
adquiriente; sin embargo el empleador deudor puede ser citado para los
efectos de la cosa juzgada.
ARTÍCULO 5.- (Efectos) I. La revocatoria favorece al trabajador acreedor
diligente, pero sólo en la
medida de su interés.
II. El empleador deudor queda obligado frente al tercero con quien celebró el
acto revocado.
la acción pauliana de la manera como está positivada en nuestra
legislación civil, en poco o nada puede coadyuvar a los esfuerzos de las
trabajadoras y de los
trabajadores para la recuperar el patrimonio del deudor y garantizar sus
créditos, por ello es que se
hace necesario basarse en la idea general utilizada por sus creadores en
Roma, sobre un instituto
mediante el cual pueda revocarse la enajenación que tiende a perjudicar al
acreedor; para conseguir
aquello, se ha visto por conveniente, utilizar aplicar los principios laborales
proclamados por la
Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia y la doctrina del
derecho del trabajo y su
procedimiento, de tal manera que la acción pauliana sea tamizada para
impregnarse de derecho
social y así ser utilizada

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