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Unidad I.

Responsabilidad Social Empresarial y Empresa


Socialmente Responsable.

Objetivo: Explicar las principales iniciativas de


Responsabilidad Social Empresarial en América Latina

Tema: Las principales iniciativas de Responsabilidad Social


Empresarial en América Latina

Al examinar la situación de la responsabilidad social y ambiental de


las empresas en Latinoamérica es difícil generalizar por diversos
motivos. En primer lugar existen grandes diferencias económicas,
sociales y culturales entre las diferentes subregiones. México,
Centroamérica, El Caribe,

La región Andina y el Cono Sur comparten muchas cosas pero las


separan muchas otras. Del mismo modo ocurre entre los países que
las forman y a esto se le une la variedad de los temas que trata la
RSE, los distintos enfoques que se pueden tener hacia ellos y la
complejidad de los problemas sociales y ambientales a los que se
enfrenta Latinoamérica.

Este artículo trata, en primer lugar, de la evolución de las prácticas


sociales y ambientales de las empresas, desde la filantropía
empresarial más tradicional pasando por la ciudadanía corporativa
hasta llegar a los comportamientos responsables como parte de la
estrategia empresarial desde la óptica de América Latina. También
se abordan algunas de las peculiaridades de la RSE en
Latinoamérica en cuanto a temas, instrumentos y asuntos
relevantes, incluidas las que la distinguen de otras regiones,
especialmente de Europa.

La evolución de la RSE

Latinoamérica parte de una tradición filantrópica corporativa que ha


ido poco a poco evolucionando hacia una responsabilidad social
más activa, tanto hacia dentro como hacia fuera de la empresa.
Históricamente, gran parte de la acción social del sector privado en
Latinoamérica

ha estado basada en creencias religiosas y ético-morales de


carácter individual. Eso se debe principalmente al gran peso de las
empresas familiares donde propiedad y gestión van unidas.

Las actividades empresariales de carácter filantrópico se


caracterizan por ser prácticas que no están vinculadas a la actividad
central de la empresa y no requieren una gran inversión.

La empresa no aporta más que recursos financieros que en su


mayoría apuntan a favorecer a algunas de las partes interesadas
(stakeholders), pero que no son necesariamente las que tienen
mayor incidencia en el negocio. Las consecuencias de estas
actividades, por lo general, no repercuten más allá de adquirir cierta
buena reputación e imagen, y siempre y cuando se logren
comunicar convenientemente.

A. Filantropía, ciudadanía corporativa y RSE.


Las actividades empresariales filantrópicas tienen su lado bueno y
su lado malo. Lógicamente, desde el punto de vista social, el
colectivo que recibe una donación o una aportación en especie se
ve beneficiado a corto plazo. En algunos casos se trata
simplemente de una ayuda para dar el necesario primer paso. De
esta manera, no se construyen las capacidades necesarias para la
autosuficiencia, además de que, desde el punto de vista social, esto
puede no ser sostenible e incluso se pueden crear relaciones de
dependencia nada recomendables. Éste sería el caso, por ejemplo,
de las comunidades remotas donde se establece una empresa
extractiva. Por lo general se llevan a cabo actividades con la
comunidad y, en menor medida, con los recursos humanos.

Esto sucede por la naturaleza y la ubicación típica del negocio. En


ocasiones, cuando no existe un plan que tenga en cuenta, entre
otras cosas, la sostenibilidad en el tiempo de las actividades que se
apoyan (sin los recursos de la empresa); o estrategias de salida,
para cuando la empresa deje de operar en la zona, las
comunidades pueden llegar a depender en exceso de la empresa y
esto puede llegar a ser un elemento de crítica para la propia
empresa. Así planteado, lo que pretendía ser una ayuda se
convierte luego en un problema para todos.

Las empresas y empresarios han contribuido con sus recursos a las


causas más variadas. No obstante, esto es sólo un comienzo,
porque en general es una donación desarticulada y sin relación con
la estrategia de la empresa, que puede no ser sostenible desde el
punto de vista económico. Para las empresas son también un arma
de doble filo, porque al igual que pueden ayudar a mejorar su
imagen pueden destruirla si no están respaldadas por buenas
conductas empresariales. Las empresas se exponen a ser
acusadas de llevar a cabo ciertas actividades con el único fin de
lavar su imagen. En definitiva, las actividades filantrópicas se
caracterizan por la posibilidad de crear valor social y por su
limitación para crear valor económico tanto en la empresa como
fuera de ella.

Precisamente es la necesidad de llevar a cabo una buena conducta


empresarial lo que nos lleva a la ciudadanía corporativa. Se trata de
ser un buen vecino o, por lo menos, un vecino que no moleste.

Este término es el primer paso hacia la RSE. Se trata de minimizar


el impacto negativo en la sociedad y el medioambiente. La
empresa, particularmente en países con economías emergentes
como es el caso de la mayor parte de Latinoamérica, se
desenvuelve en un entorno donde ejerce una gran influencia. Las
comunidades donde operan buscan en las empresas el liderazgo
para la solución de muchos de sus problemas. Sin pretender que el
sector privado substituya el papel del Estado, o que se convierta en
la fuente de todas las soluciones, la ciudadanía corporativa supone
llevar a cabo las operaciones respetando al resto de los actores en
la sociedad, comportándose como una buena ciudadana y, de esta
manera, contribuyendo a mejorar, o al menos a no empeorar, la
calidad de vida de la población y del medio ambiente cuyos
recursos consume para poder llevar a cabo su actividad.

La RSE se encuentra un paso más allá; es una versión más


elaborada que forma parte de las actividades empresariales y tiene
en cuenta las consecuencias sobre las distintas partes interesadas.
Se incorporan asuntos sociales y ambientales en la estrategia
empresarial de forma integrada.

A través de estas prácticas responsables, llevadas a cabo como un


elemento más de gestión de la empresa, se pueden conseguir
mejoras competitivas que dan lugar a mayores beneficios. Al mismo
tiempo, se contribuye a influir sobre las condiciones del entorno (al
contribuir a una sociedad mejor y mayor estabilidad) que a su vez
repercute positivamente en las operaciones.

B. ¿Qué ocurre en Latinoamérica?

Existen asuntos que son comunes a todo el mundo como el


medioambiente, derechos humanos, trabajo infantil y forzado y
condiciones laborales mínimas. Sin embargo, una vez abordados
estos temas, las prioridades de América Latina son diferentes a las
de Europa o Estados Unidos. Los asuntos laborales en esta región
no están suficientemente tratados por la mayoría de las
legislaciones nacionales (comparados con Europa) por lo que se
convierten en un tema prioritario.

El alto nivel de desigualdad en el ingreso hace que las prácticas de


negocios de inclusión sean también urgentes para llegar hasta los
más pobres y vulnerables de forma práctica y efectiva (no
paternalista). Hay países en los que ciertos sectores dominan la
esfera económica, y lógicamente de la RSE, como es el caso de la
minería en Chile y Perú, o donde un conflicto social y la necesidad
de afrontarlo con la ayuda del sector privado dominan fuertemente,
como sucede en Colombia.
El avance de la RSE requiere que se den ciertas condiciones. Estas
condiciones son básicamente las mismas que hacen que exista un
buen clima de negocios: un marco regulatorio y fiscal óptimo

y mercados financieros e instituciones que funcionen, entre otros.


Es evidente que aún existen muchas dificultades que hacen que la
RSE evolucione más lentamente que en otros lugares del mundo,
como son una menor capacidad institucional, una gobernabilidad
corporativa más débil, un clima de negocios menos favorable y una
escala de negocios menor. Algunos mercados de capitales están
relativamente poco desarrollados con lo cual asuntos como el
gobierno corporativo no surgen como prioridad. A pesar de ello
también existen iniciativas como las de Novo

Mercado en BOVESPA (Bolsa de Valores de Brasil) que requiere


cumplir una serie de condiciones de gobernabilidad que también da
cabida a algunos temas de sostenibilidad en la gestión.

En cuanto al marco regulatorio, como se mencionó anteriormente al


hacer referencia a las dificultades en Latinoamérica, en algunos
casos existe legislación en temas como la conservación ambiental,
prácticas laborales, protección de los derechos del consumidor,
gobernabilidad corporativa

y ética en los negocios, pero, sin embargo, es difícil forzar su


cumplimiento y, además, muchas veces su alcance es muy limitado.
Algunos de los países que han realizado reformas legales
relacionadas con la gobernabilidad corporativa y el mercado de
valores son Brasil, Chile,

México y Argentina.
Desde el punto de vista de gestión no se han desarrollado
completamente herramientas e índices de desempeño en RSE que
muestren el argumento empresarial en su totalidad. Es indiscutible
que se producen beneficios empresariales pero la relación de
causalidad completa todavía es difícil de establecer y, por tanto, de
convencer a todos. La idea errónea de que este tipo de prácticas es
un gasto y no una inversión que ofrece retornos en el corto,
mediano o largo plazo, ha llevado a muchos empresarios a
subestimar la RSE. Sin embargo, han empezado a surgir en
algunos países de la región metodologías adaptadas a las
realidades nacionales que reflejan mejor la situación empresarial y
social local para convencer. Este es el caso de algunos
instrumentos desarrollados por algunas de las instituciones
destacadas como los indicadores del

Instituto Ethos de Brasil, una versión de los indicadores del Instituto


Ethos traducidos a español y adaptados por IARSE, indicadores
para Centroamérica, el manual de indicadores de RSE de la

Asociación de Empresarios para el Desarrollo (AED) en Costa Rica,


así como modelos de gestión de RSE para Pymes como el
desarrollado por la red Foro Empresa o Deres en Uruguay. Sin
embargo, la aplicación práctica es todavía limitada.

C. El sector privado responsable

A pesar de estas dificultades en Latinoamérica, parte del sector


empresarial se está dando cuenta de la necesidad de un sector
privado responsable. En la región se dan tres condiciones que
favorecen el desarrollo de un sector privado responsable. En primer
lugar las empresas y líderes empresariales. La presencia de
multinacionales preocupadas por la sostenibilidad financiera, social
y ambiental que mantienen los estándares de su casa matriz. En
este caso se adaptan modelos importados y en ocasiones se
exportan, como es el caso de las prácticas responsables con los
recursos humanos de Danisco en Brasil. Algunos líderes
empresariales, que con tesón han apostado por la RSE y la
necesidad de tener en cuenta a las partes interesadas a la hora de
tomar decisiones empresariales, son elementos definitivos para el
avance de la RSE. En segundo lugar, empresas que por sus
comportamientos irresponsables han sufrido consecuencias muy
negativas y se han dado cuenta de la necesidad de ser
responsables tras sufrir una situación delicada (boicots, litigios,
desastres ambientales, etc.). En tercer lugar, un gran esfuerzo de
promoción por parte de la sociedad civil, organizaciones
empresariales y multilaterales. La existencia de instituciones de
promoción de la RSE que, con esfuerzo, y con el apoyo de algunos
líderes visionarios, continúan con la labor de diseminación de la
RSE. Estas tres condiciones descritas (empresas y empresarios
responsables, empresas irresponsables e instituciones de
promoción) siguen siendo insuficientes y las empresas
latinoamericanas tienen todavía mucho margen para mejorar en
cuanto a actividades sociales y ambientales responsables.

Unido a este último punto, desde finales de los ‘90 han surgido
numerosas organizaciones que están avanzando en la promoción
de la RSE. Confluyen organizaciones de carácter global como la
World Business Council for Sustainable Development, con capítulos
nacionales en casi todos los países de América Latina, o la
Business for Social Responsibility[5] (BSR), centrado en Estados

Unidos y uno de los impulsores de la creación de la organización


paraguas en las Américas llamada Foro Empresa, formada por 19
organizaciones que representan a Argentina, Bolivia,

Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador,


Honduras, México, Nicaragua,

Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, Estado Unidos, Uruguay y


Venezuela.

Una de las organizaciones más reconocida en la región es el


Instituto Ethos en Brasil (www.ethos.org.br) fundada en 1998 y con
más de 1.300 compañías miembro que representan
aproximadamente el 35% del PIB de Brasil. Durante estos años ha
liderado la investigación produciendo materiales de gestión e
indicadores y motivando al sector privado a ser más responsable.
Ha tenido un éxito considerable sobre todo entre las empresas más
grandes. Otro de los actores que inició pronto sus actividades, en
este caso en México, fue el Centro Mexicano para la Filantropía

(CEMEFI) (www.cemefi.org), también creado en 1988, que cuenta


con más de 700 organizaciones miembro y que ha evolucionado
desde un enfoque puramente filantrópico a abordar el concepto
desde la responsabilidad de las empresas hacia todas sus partes
interesadas. Además de éstas, existen otras muchas
organizaciones. Entre las más conocidas están IARSE en Argentina
(www.iarse.org), AccionRSE (www.accionrse.cl) en Chile, Perú
2021 (www.peru2021.org) en Perú, CentraRSE (www.centrarse.org)
en Guatemala y Fundemas en El Salvador (www.fundemas.org).
Esta última es otra de las organizaciones pioneras en la región que
ha liderado los esfuerzos de indicadores comunes de RSE para
Centroamérica.

Algunas de estas instituciones se han visto apoyadas por algunos


esfuerzos multilaterales por parte del Banco Mundial, Organización
de Estados Americanos (OEA) y el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) que a través de su Fondo Multilateral de
Inversiones (FOMIN) ha promovido las prácticas responsables a
través de investigaciones, publicaciones y apoyo financiero para el
fortalecimiento institucional y la implementación de prácticas
responsables, sobretodo en

Pymes. En el caso del BID destacan las actividades de promoción


como las Conferencias Interamericanas sobre RSE que se celebran
anualmente desde 2002 y las investigaciones y publicaciones sobre
la situación de la RSE en las Pymes y microempresas
latinoamericanas, casos empresariales en Latinoamérica y la
contribución de las empresas al desarrollo económico equitativo.

El BID/FOMIN ha financiado unos quince proyectos de


fortalecimiento institucional y construcción de capacidad local así
como de implementación de RSE en Pymes en Argentina, Brasil,
Chile,

Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México,


Paraguay y Uruguay.

Además, se unen iniciativas globales como el Pacto Mundial de


Naciones Unidas (UNGC-United Nations Global Compact), los
Principios del Ecuador (Equator Principles) y Global Reporting
Initiative
(GRI)[11] con relativamente bastante éxito entre el sector
empresarial interesado en el tema.

Estas iniciativas tienen ciertas limitaciones como instrumentos por


su naturaleza no vinculante, ser de adopción voluntaria y no
conllevar una verificación efectiva. Sin embargo se ha demostrado
su eficacia como instrumentos de promoción para poner el tema de
la RSE y la contribución del sector privado al desarrollo equitativo
sobre la mesa. Todas estas organizaciones e iniciativas tienen dos
objetivos que son, por un lado, buscar el impacto positivo en la
competitividad empresarial y, por el otro, la construcción de
sociedades más equitativas.

D. Códigos de conducta, lineamientos para un comportamiento


empresarial responsable e informes de sostenibilidad.

Además de las iniciativas mencionadas en el párrafo anterior,


existen algunos códigos de conducta que sí son certificables como
el SA8000, emitido por Social Accountability International.

(SAI) o AA1000, emitido por AccountAbility. En el caso del SA8000,


fue desarrollado por:

Société Générale de Surveillance (SGS) en colaboración con


Council for Economic Priorities (CEP) y lanzado en 1998 como una
certificación social global auditada que permite a las empresas
gestionar y certificar sus actividades con un énfasis en
responsabilidad social pero centrado únicamente en condiciones
laborales de los centros de trabajo (plantas y otras instalaciones).
En el caso del AA1000AS, se trata de un marco de principios,
estándares y lineamientos que además incluye una cualificación
profesional para la auditoría de procesos y reportes que tienen que
ver con una gestión sostenible.

Global Reporting Initiave (GRI) es un conjunto de principios para


elaborar memorias de sostenibilidad que tienen como finalidad
definir el contenido de esas memorias y garantizar la calidad de la
información divulgada. También incluye los denominados
“Contenidos básicos”, que están formados por los indicadores de
desempeño y otros apartados, así como una serie de pautas sobre
aspectos técnicos relacionados con la elaboración de memorias. Se
trata de un buen modelo de referencia aunque requiere un grado de
sofisticación en la información a reportar que resulta difícil de seguir
para la mayoría.

En cuanto a la implementación de códigos de conducta certificables


como el SA8000, o empresas que elaboran informes anuales de
sostenibilidad utilizando los indicadores de GRI, Latinoamérica no
se encuentra precisamente a la cabeza. En ambos casos destaca
muy por encima

Brasil. Según datos de SAI, en septiembre de 2009, 124 plantas en


Latinoamérica estaban certificadas SA8000, de un total mundial de
2.093. Brasil destaca con 102 plantas certificadas, seguido muy de
lejos por Argentina con 4 y de Bolivia y Perú con 3.

El caso de las organizaciones que reportan bajo GRI es similar. En


2009, de un total mundial de 1.285, 166 fueron las organizaciones
de Latinoamérica que realizaron informes de sostenibilidad
utilizando en mayor o menor grado los lineamientos facilitados por
GRI. De estas 166, tienen su sede central en Brasil 67
organizaciones, seguidas de 36 en Chile y 17 en Colombia. Según
datos de GRI, en Latinoamérica reportaron un 45% más de
organizaciones que en 2008 (114 en 2009) y cabe destacar el gran
incremento experimentado por Chile, que duplicó el número de
organizaciones reportando bajo GRI (en 2008 reportaron 17), y
Colombia, que casi triplicó esta cifra (en 2008 reportaron 6
organizaciones).

Existe una tendencia en otras regiones del mundo, como Europa,


hacia la verificación de los informes de sostenibilidad donde el 30 %
de la información que se publica cuenta con una verificación
externa. Sin embargo, esta tendencia no es tan clara en el caso
para Latinoamérica.

Aunque el crecimiento anual de los reportes que se verifican es de


un 22%, Latinoamérica se encuentra, junto con Norteamérica y
África, con solamente unos 30 reportes anuales en 2007 que fueron
verificados externamente. Esto equivale a un 20% del total de
reportes publicados en la región.[16]. No quiere decir que no se
publiquen informes de sostenibilidad en las Américas sino que
simplemente no se comprueba externamente que la información
divulgada sea veraz.

En cualquier caso, Brasil destaca como abanderado también en la


verificación de reportes.

Si miramos los sectores que verifican reportes en Latinoamérica, el


sector papelero y forestal ha emitido en el período 1997-2007 un
total acumulado de 45 informes de sostenibilidad de los cuales se
han verificado un 33% (por encima de la media mundial del sector
que se encuentra en 20%). Esta misma tendencia sigue el sector de
telecomunicaciones latinoamericano, con un acumulado de 37
reportes de los cuales el 30% ha sido verificado externamente
frente al 29% de la media del sector global. La otra cara de la
moneda la encontramos en los sectores minero y metales que,
aunque acumula 93 reportes en estos diez años, solamente el 5%
de ellos fue verificado frente al 18% de la verificación que el sector
tiene globalmente; o el sector de petróleo y gas que, con 35
reportes, solo ha verificado un 17% de ellos, frente al 35% del
sector en el mundo.

El caso de las organizaciones que reportan bajo GRI es similar. En


2009, de un total mundial de

1.285, 166 fueron las organizaciones de Latinoamérica que


realizaron informes de sostenibilidad utilizando en mayor o menor
grado los lineamientos facilitados por GRI. De estas 166, tienen su
sede central en Brasil 67 organizaciones, seguidas de 36 en Chile y
17 en Colombia. Según datos de GRI, en Latinoamérica reportaron
un 45% más de organizaciones que en 2008 (114 en

2009) y cabe destacar el gran incremento experimentado por Chile,


que duplicó el número de organizaciones reportando bajo GRI (en
2008 reportaron 17), y Colombia, que casi triplicó esta cifra (en
2008 reportaron 6 organizaciones).

Existe una tendencia en otras regiones del mundo, como Europa,


hacia la verificación de los informes de sostenibilidad donde el 30 %
de la información que se publica cuenta con una verificación
externa. Sin embargo, esta tendencia no es tan clara en el caso
para Latinoamérica.
Aunque el crecimiento anual de los reportes que se verifican es de
un 22%, Latinoamérica se encuentra, junto con Norteamérica y
África, con solamente unos 30 reportes anuales en 2007 que fueron
verificados externamente. Esto equivale a un 20% del total de
reportes publicados en la región.[16]. No quiere decir que no se
publiquen informes de sostenibilidad en las Américas sino que
simplemente no se comprueba externamente que la información
divulgada sea veraz.

En cualquier caso, Brasil destaca como abanderado también en la


verificación de reportes.

Si miramos los sectores que verifican reportes en Latinoamérica, el


sector papelero y forestal ha emitido en el período 1997-2007 un
total acumulado de 45 informes de sostenibilidad de los cuales se
han verificado un 33% (por encima de la media mundial del sector
que se encuentra en 20%). Esta misma tendencia sigue el sector de
telecomunicaciones latinoamericano, con un acumulado de 37
reportes de los cuales el 30% ha sido verificado externamente
frente al 29% de la media del sector global. La otra cara de la
moneda la encontramos en los sectores minero y metales que,
aunque acumula 93 reportes en estos diez años, solamente el 5%
de ellos fue verificado frente al 18% de la verificación que el sector
tiene globalmente; o el sector de petróleo y gas que, con 35
reportes, solo ha verificado un 17% de ellos, frente al 35% del
sector en el mundo.

El caso de la popularidad del Pacto Mundial de Naciones Unidas en


la región es sorprendente.
El Pacto Mundial consiste en diez principios que deben regir el
comportamiento empresarial de aquellos que se adhieren a él sobre
protección de los derechos humanos, estándares laborales,
medioambiente, transparencia y anticorrupción. Estos principios
están basados en convenciones y declaraciones de seis agencias
de la ONU.

Si tuviéramos que medir la popularidad de la RSE en Latinoamérica


según el número de organizaciones que pertenecen al Pacto
Mundial, sin duda alguna diríamos que es una región con un sector
empresarial muy responsable con la sociedad y el medioambiente.
Sin embargo, sabemos que esto no es del todo cierto. Un análisis
más profundo revela que la distribución entre los países se
concentra en unos pocos con 224 empresas miembro en México,
seguida de 212 en Brasil y 141 en Argentina. Estas cifras son
consistentes con el tamaño y dinamismo del sector privado en estos
países, sin embargo Chile ocupa el séptimo lugar entre estos 13
países, después de, por ejemplo, República Dominicana y Panamá.
Si observamos las cifras de España, Estados Unidos y Canadá
vemos que el 9% de las empresas firmantes son españolas,
comparadas con el 4.23% y el 0.03% de empresas
estadounidenses y de Canadá. Definitivamente las cifras no
terminan de ser coherentes. La explicación se podría encontrar en
varios aspectos. Primero, debe señalarse que en algunos países ha
habido fuertes campañas que han resultado todo un éxito y, en
segundo lugar, debe tenerse en cuenta un aspecto un tanto
contradictorio: en algunos países las empresas se unen al Pacto
porque, en principio, es algo relativamente fácil y no es vinculante
para realizar ninguna acción específica. En Estados Unidos, por
ejemplo, parece que las empresas, a pesar de la naturaleza
voluntaria y no-vinculante, temen las implicaciones que podría tener
la adherencia en cuanto a litigios, demandas, etc., fruto
posiblemente de un Estado de Derecho que funciona a la perfección
para algunas cosas.

Si además analizamos cuántas de las empresas adheridas están al


día desde el punto de vista de comunicar sus actividades
observamos que del total de ellas en Latinoamérica un 32% se
encuentra bajo la categoría de “No Comunicador”, es decir, no han
enviado en el plazo estipulado la Comunicación de Progreso (COP
del inglés Communicating of Progress) que debe ser presentada por
primera vez durante los dos años posteriores a la adherencia al
Pacto, y una vez al año después de esta primera comunicación. Un
18% de las empresas en Latinoamérica han sido declaradas como
“Inactivas” al seguir sin entregar ésta información después de tres
años de adherirse al Pacto o de un año desde la última
comunicación. A priori no parecen porcentajes muy negativos pero
si comparamos con el total mundial resulta que de las empresas
que pertenecen al Pacto Mundial que han sido declaradas
“Inactivas” en el mundo el 35% se encuentran en Latinoamérica,
cuando su participación no llega al 20%. Es decir que las empresas
de la región firman pero luego no cumplen lo pactado en un
porcentaje mayor al de otras regiones. Las cifras son similares para
las declaradas “No Comunicador”.

Además de los códigos de conducta, las certificaciones y las


iniciativas globales existen también iniciativas sectoriales. En el
sector financiero destacan los Principios del Ecuador, que plantean
un marco de actuación para las instituciones financieras firmantes
sobre políticas internas, procedimientos y estándares en temas
sociales y ambientales relacionados con operaciones de
financiamiento de grandes proyectos (project finance). Se aplican a
todas las operaciones por encima de 10 millones de dólares y el
prestatario debe cumplir con estas políticas que están basadas en
los estándares de desempeño en sostenibilidad social y ambiental
de la Corporación Financiera Internacional (IFC por sus siglas en
inglés). Entre las instituciones financieras firmantes (67 al 16 de
abril de 2009) se encuentran Banco Bradesco, Banco de la
República Oriental del Uruguay, Banco do Brasil, Banco Galicia,
Banco Itaú, Bancolombia, Corpbanca o Unibanco, así como también
BBVA, que tiene una fuerte presencia en la región. En el caso de
los Principios del Ecuador, a diferencia de otras iniciativas como el
Pacto Mundial o GRI, que solamente suponen no aparecer en la
lista de firmantes/usuarios, cada institución financiera contempla un
sistema de seguimiento propio. El desafío se encuentra en
encontrar la forma de poder incluir también aspectos ambientales y
sociales en su análisis de riesgo en créditos comerciales y
operaciones más pequeñas y reforzar otros aspectos de
transparencia y gobernabilidad (causantes en parte de la situación
económica global).

E. Asuntos relevantes para la región.

Las prioridades para las empresas y las expectativas de las partes


interesadas en Latinoamérica son similares a las de los países
desarrollados pero no exactamente las mismas. Existen temas
universales como el medioambiente, los derechos humanos,
condiciones laborales y trabajo forzado que cobran mayor
importancia, si cabe, en países en desarrollo. El tema
medioambiental y cambio climático cobra una relevancia especial
en el caso de economías emergentes como las de Latinoamérica,
puesto que se da un crecimiento paulatino de la actividad
económica y productiva (en condiciones normales) que no se ve
acompañada con una legislación medioambiental que crezca al
mismo ritmo, y al mayor uso de recursos naturales.

1. Medioambiente

En el caso del impacto ambiental, algunas grandes empresas han


tomado iniciativas para reducir

las emisiones dañinas o el consumo de recursos energéticos e


hídricos. Este es el caso de CEMEX, aunque se trata más de una
excepción que de la norma general. Como empresa multilatina
productora

y distribuidora de materiales de construcción y cemento (que opera


en más de 50 países en las Américas, Europa, Asia y Oriente
Próximo) sus operaciones tienen un impacto medioambiental muy
significativo en emisiones de CO2, uso intensivo de energía,
impacto de las canteras, transporte y otros procesos. La compañía
ha desarrollado un sistema de gestión de la sostenibilidad que
incluye usar materiales sustitutivos que necesiten de menos energía
en su proceso, apelar a energías alternativas (biomasa, reutilización
de residuos como aceites, disolventes y neumáticos)
y renovables (eólica) y búsqueda de métodos que ahorren el
consumo de energía.

En el mismo campo medioambiental, un tema relevante para países


como Brasil y Colombia es la pérdida de biodiversidad. Natura en
Brasil es una compañía de cosméticos e higiene personal (con un
sistema de venta directa a través de vendedores en más de 5.000
ciudades de Argentina,

Chile, Perú, México, Venezuela, Colombia y Francia). La empresa


busca contribuir al desarrollo sostenible enfocándose en la
conservación ambiental y la biodiversidad. Una de sus
características

es el uso de productos naturales, comprando parte de sus inputs en


condiciones de comercio justo y de origen orgánico, pagando una
prima de 15 % como media.

2. Oportunidades económicas para los excluidos

Otra área de trabajo (empujada por la necesidad de encontrar


soluciones a la pobreza y la exclusión que sufre la mayoría de la
población en Latinoamérica) es la inclusión de las poblaciones
pobres y vulnerables en las cadenas de valor de empresas de
mayor tamaño. Se trata de encontrar una solución basada en la
creación de oportunidades económicas para grupos que, con cierto
apoyo, pueden suministrar bienes y servicios a las empresas. Por
su parte, las empresas apoyan a estos grupos y mejoran aspectos
empresariales como el abastecimiento desde lugares cercanos,
mejora de la calidad de los productos y servicios; y la periodicidad
más estable del suministro.
Con los grupos pobres y vulnerables, que no tienen acceso a
servicios básicos como agua, energía, educación, salud y recursos
financieros, existen también oportunidades comerciales, puesto que
las infraestructuras son muy deficitarias y el Estado no alcanza a
proveerlas. En este caso es conveniente enfatizar el enfoque de
inclusión y el desarrollo de modelos en aquellos productos y
servicios que sean estratégicos para contribuir a mejorar la vida de
estas personas, y no tanto en buscar simplemente el potencial del
mercado en la base de la pirámide per se (que puede llevar a un
mayor endeudamiento de la población, por ejemplo, o a un
consumo innecesario).

Como ejemplo, Grupo Nueva destaca por un enfoque completo


hacia la sostenibilidad, muy vinculada al desarrollo de negocios con
la base de la pirámide para luchar contra la pobreza y la exclusión.
Destacan, por ejemplo, las iniciativas de Masisa, empresa del grupo
que con ayuda del Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN) del
BID apoya la capacitación para la construcción y ensamblaje de
muebles especialmente diseñados para hogares de muy bajos
recursos, que además generan empleo entre los mismos grupos a
través de la fabricación y el montaje.

Otro ejemplo es el Grupo Bimbo que ha desarrollados junto a otras


empresas soluciones para mejorar el acceso a finanzas de millones
de personas colaborando con su red de distribución (más de 45 mil
puntos de venta) a facilitar el trabajo e información de los oficiales
de crédito de Fin Común en México. Esto ha supuesto no sólo el
acceso a recursos para muchas familias sino el acceso a salud,
educación y mejoras en sus hogares, contribuyendo a mejorar su
nivel de vida.
3. Condiciones laborales

La legislación laboral en muchos países de Latinoamérica puede


resultar insuficiente por lo que la gestión responsable de los
recursos humanos y asegurar condiciones de trabajo, seguridad y
salarios dignos cobran especial importancia. Algunos casos de
trabajos forzados y en régimen de casi esclavitud, empleo de mano
de obra infantil o condiciones laborales extremas en algunos
sectores muy intensivos en mano de obra han puesto encima de la
mesa la necesidad de prácticas justas y responsables con los
trabajadores. No solo por la repercusión en la imagen de las
empresas, los sectores y los países, sino también por razones de
productividad. Además, la falta de provisión de algunos servicios
básicos por parte del Estado, como puede ser educación y salud,
hace que en algunos casos las empresas necesiten ampliar sus
funciones por su propio bien si quiere tener recursos humanos
disponibles que estén sanos y formados. Volkswagen en Brasil creó
clínicas de atención primaria en salud en sus plantas, lo que redujo
considerablemente el absentismo laboral.

Ingenios Pantaleón mejoró las condiciones laborales y facilitó el


alojamiento para los trabajadores temporales, la mayoría
desplazados en la temporada de zafra. En este asunto se han dado
mejoras pero sin duda alguna es uno de los aspectos que permitiría
mayores mejoras y posiblemente tendrían el mayor impacto y efecto
multiplicador en el bienestar de la población de Latinoamérica.

4. Las Pymes
Las Pequeñas y Medianas Empresas (Pymes) que participan en las
economías de la región son, a pesar de las dificultades a las que se
enfrentan en Latinoamérica, socialmente responsables, quizás de
una forma diferente a las empresas de mayor tamaño. No las
llaman RSE pero realizan prácticas responsables dentro y fuera de
las empresas. Son activas principalmente con las comunidades y
los recursos humanos y en menor medida en actividades que tienen
que ver con el medioambiente, con alguna excepción de ahorro de
consumo de recursos (agua y energía)

Según una investigación del BID, casi el 60% de las empresas


medianas (entre 50 y 250 empleados) y el 40% de las pequeñas
(entre 1 y 50 empleados) declararon un alto nivel de participación
(según un índice sintético elaborado) en iniciativas internas,
relacionadas con los recursos humanos y los proveedores. Las
actividades más comunes giran en torno a horarios de trabajo y
facilitar tiempo para capacitación y, en menor medida, a temas
relacionados con las políticas de transparencia y gobierno
corporativo y supervisión/apoyo a proveedores. La motivación parte
de la necesidad de mejorar los beneficios vía una mejor satisfacción
laboral, seguida por creencias religiosas y cumplimiento de normas
legales.

Entre las Pymes también se pueden observar casos interesantes en


estas áreas. Valle del Maipo

Chilean Fruit es un consorcio chileno del sector agrícola dedicado a


la exportación de frutas. En 2006 facturaba casi cuatro millones de
dólares y exportó más del 20% de su producción. Como parte del
programa la empresa decidió trabajar sobre tres ámbitos: gobierno
corporativo, calidad de vida laboral y comunicación organizacional.
Como resultado, pudo afianzar sus mercados en Europa e
identificar nuevos nichos, mejoró la productividad y calidad de
algunos frutales; redujo costos de producción y laborales (por
menor rotación por mejora de las condiciones y disminución de
accidentes) y mejoró la relación con los proveedores.

En El Salvador, DISA es una empresa constructora establecida en


1984, dedicada al mantenimiento de carreteras, construcción de
viviendas y contratos generales, que en 2007 facturó 5,3 millones
de dólares y contaba con 107 empleados fijos. La empresa trabaja
con clientes públicos y privados localizados en todo el territorio
salvadoreño tales como la Asociación Nacional de Acueductos y
Alcantarillados (ANDA), el Ministerio de Agricultura y Ganadería
(MAG), la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL) y
FOVIAL. DISA implantó un enfoque integral de gestión de RSE con
especial énfasis en la seguridad laboral y los recursos humanos.

Estas prácticas responsables internas han tenido un impacto


positivo sobre la capacidad de la empresa para generar nuevos
negocios y aumentar sus ingresos, así como sobre su capacidad
para disminuir sus costos operativos y financieros. De esta manera
ha forjado una reputación que se ha traducido en un aumento del
60% del volumen de invitaciones recibidas para participar en
licitaciones privadas; un aumento del 100% del volumen de ventas y
un aumento de la realización de obras de mayor valor añadido. Ha
logrado una reducción de costos operativos y de gestión de riesgos
al aumentar la prevención de riesgos laborales y el cumplimiento
normativo que ha supuesto una disminución del número de multas
por incumplimiento de la normativa laboral.
En el caso de las actividades externas, alrededor del 22% de las
medianas y el 11% de las pequeñas empresas también declararon
niveles altos de acción. Se entiende como externas principalmente
las iniciativas con los clientes y las comunidades. El caso de
Confecciones Clabeck es un ejemplo de colaboración cercana con
el cliente. Se trata de una empresa mexicana del sector textil y
confección dedicada a la fabricación de camisetas estampadas que
facturó como promedio 4,4 millones de dólares y contó con 144
empleados en plantilla en 2007. La empresa sirve a clientes
nacionales, entre otros, Wal-Mart, Coca-Cola/FEMSA y Grupo
Modelo y exporta entre un 3 y 5% del total de sus ventas a grandes
marcas como Nike, Adidas, Guess, Tommy Hilfiger, Old Navy,
Nautica, Polo Jeans, Calvin Klein o Reebok. Su relación de negocio
con una de sus clientes clave, Coca-Cola, se centra en el
aprovisionamiento de camisetas y otros productos textiles. El
proyecto de implementación de un modelo de gestión de RSE en
Confecciones Clabeck ha generado un impacto que redundó en
beneficios tangibles, al permitirle, a partir de diferentes prácticas,
aumentar el volumen de ingresos y reducir sus costos operativos y
financieros.

Vemos que el sector privado responsable se puede encontrar en


empresas grandes y, en pequeñas; en el sector servicios,
manufacturero y agrícola; en países de renta media y países de
renta menor. En definitiva, es aplicable y rentable de muchas
formas, sólo hay que encontrar el modelo oportuno de
implementación en cada caso.

F. La RSE. ¿Es igual en Europa?


Pues no, en realidad no es igual ni dentro de un mismo país, pero,
si comparamos con Europa, las diferencias son notables. En primer
lugar, el nivel de desarrollo del mercado en general (instituciones,
incentivos, marco legal, etc.). En particular la legislación es un factor
a tener en cuenta, ya que lo que en América Latina puede ser
considerado una práctica modelo de RSE en temas laborales, es el
mínimo legal en otros países más desarrollados. En general la
existencia del Estado de bienestar, instituciones fuertes y
supranacionales de peso (Unión Europea) cambian el panorama y
las circunstancias de manera sustancial.

Las circunstancias sociales y ambientales derivadas de un


desarrollo económico desigual también influyen. En Europa, las
empresas, la sociedad civil y el Estado pueden cumplir con sus
responsabilidades más fácilmente, mientras que en América Latina
el sector privado tiene que hacerse cargo de algunos asuntos que
quizá no le corresponde asumir pero que no puede evitar para
poder tener un entorno favorable (formación, educación, sanidad,
acceso a servicios básicos).

Otro asunto es la presión que pueden realizar las partes


interesadas, que por lo general va muy unida al grado de desarrollo
y el activismo legítimo de las partes interesadas. En Europa,
además de existir una tradición de economía social donde las
empresas, el gobierno, la sociedad civil y los sindicatos tienen cada
uno su espacio reservado y participan activamente de la mayoría de
los procesos de toma de decisión, todos estos actores son más
fuertes que en Latinoamérica.

Las instituciones en general son más fuertes, la sociedad civil


puede actuar como portavoz de los ciudadanos (o de algunos
colectivos) y existen mecanismos de control. Sin embargo,
precisamente por esto, en países menos desarrollados las
expectativas que se tienen sobre las empresas son mayores. Se
espera que las empresas solucionen algunos asuntos que por
definición no les corresponde (acceso a servicios básicos,
educación, seguridad, etc.) y éstas no tienen más opción, para
poder seguir operando, que ser creativas y poner en marcha
iniciativas que solucionen fallas del mercado o, mejor dicho, fallas
del Estado.

Según unos datos no publicados del BID las partes interesadas se


perciben todavía como débiles a la hora de ejercer presión a las
empresas para que sean más responsables. Solamente un 13% de
las empresas encuestadas no sienten presión de sus clientes,
financiadores o la sociedad civil para actuar de forma responsable.
El desglose por tamaño es del 20% de empresas grandes, el 15%
de empresas medianas y el 10% de empresas pequeñas.

Es curioso pero en el caso de las Pymes, las diferencias no son tan


grandes si comparamos a las Pymes del sur de Europa (España,
Portugal, Italia y Francia) con las de Latinoamérica. Sin entrar en
más detalles puesto que este tema será cubierto en otros artículos,
las diferencias radican fundamentalmente en las situaciones
sociales tan diferentes a las que se enfrentan. Las Pymes en
Latinoamérica apoyan iniciativas de educación y a poblaciones
pobres y vulnerables mientras que las Pymes europeas se centran
más en actividades culturales y deportivas porque los demás
asuntos (educación, salud, pobreza, etc.) están relativamente bien
cubiertos por el Estado de bienestar.

G. Políticas Públicas.
Las políticas públicas específicas sobre RSE en Latinoamérica son
prácticamente inexistentes.

Sin embargo, las políticas que serían más necesarias deberían ir


encaminadas a la promoción y a la creación de incentivos para que
las empresas tengan un comportamiento social y ambientalmente
responsable. Se debería conservar el carácter voluntario de la RSE,
sin olvidar que hay asuntos de base que solucionar: derechos
humanos, trabajo infantil, polución, mercados financieros que
funcionen, etc.

Básicamente el papel del sector público debería ser, por un lado,


poner en marcha las medidas necesarias para agilizar el clima de
negocios, y, una vez que esto suceda, crear o facilitar los incentivos
para un comportamiento responsable, que sea el propio mercado el
que exija a las empresas (a través de los consumidores, los
financiadores, los empleados y la sociedad civil) ser responsables.

Sin duda un asunto a resolver en Latinoamérica es el


fortalecimiento de la sociedad civil y la creación, con el apoyo del
Estado, de oportunidades de diálogo entre las partes. De este modo
se podría contribuir también a mejorar la imagen del sector privado
en muchos países (a veces con razón, otras sin ella).

H. Cómo promover la RSE en la región.

Es posible que existan diferentes enfoques a la hora de promover la


RSE en Latinoamérica y el Caribe pero si se trata de convencer a
los empresarios o gerentes de empresas nada mejor que utilizar el
argumento empresarial. En otros artículos se trata el tema en
detalle pero en una línea podemos apuntar que un comportamiento
empresarial responsable tiene un impacto positivo en la cuenta de
resultados.

La RSE no es sólo rentable, es necesaria para mejorar la


competitividad de las empresas y contribuir a mejorar la vida de
muchas personas. En situaciones económicas desfavorables
aparece una oportunidad única para pensar qué provocó la
situación por lo que Latinoamérica no puede ignorar los temas de
transparencia y gobernabilidad corporativa. Asimismo, se debe
utilizar la RSE como un instrumento para mejorar la competitividad
empresarial a la vez que se alivia el impacto que la crisis haya
podido tener en la sociedad (o la contribución del sector privado al
desarrollo equitativo). Desde el sector privado, las asociaciones
empresariales gozan de una posición privilegiada para impulsar los
comportamientos empresariales responsables desarrollando
ejemplos y a través de actividades de promoción y formación de
personal clave en las empresas. Las empresas, por su parte,
además de apoyar las iniciativas de las asociaciones empresariales
a las que pertenezcan, pueden ejercer un rol de liderazgo,
mostrando al resto que la RSE “funciona” además de exigir
compartimientos responsables a sus proveedores, distribuidores y
otras empresas que se encuentren en su cadena de valor.

Latinoamérica se enfrenta a una serie de obstáculos que impiden un


mayor desarrollo de la RSE.

Esas dificultades son básicamente las mismas barreras que existen


para el desarrollo del sector privado (instituciones débiles y clima de
negocios). A esto se agrega una legislación que no acompaña y la
falta de convencimiento o escepticismo sobre los beneficios
empresariales de las prácticas responsables.
Con la finalidad de superar la barrera del escepticismo es necesario
transmitir convenientemente el mensaje del argumento empresarial,
posiblemente más que en otros lugares. Primero, porque a pesar de
los tratados de libre comercio que hay o los esfuerzos de
integración todavía no existe una integración económica fuerte ni
instituciones o sistemas centralizados integrados que ayuden a
promover las ventajas desde el punto de vista empresarial de la
RSE en el ámbito regional. Segundo, por el gran peso de la
tradición filantrópica y los motivos éticos y religiosos, que todavía
predominan, especialmente en Pymes. Numerosos ejemplos
muestran que no importa el sector, el tamaño o la problemática
social. Las empresas deben encontrar su propio modelo de
implementación de la RSE para que sea rentable. Inevitablemente
la RSE en América Latina es diferente a la de Europa, igual que es
diferente entre los países latinoamericanos porque se enfrentan a
realidades muy distintas.

El tejido empresarial de Latinoamérica no puede ignorar los


problemas que suponen la falta de infraestructura, la debilidad de
las instituciones y un clima de negocios no del todo conducente.

Produciendo bienes y servicios de forma responsable se puede


contribuir a aliviar alguna de estas deficiencias, o al menos
contribuir a cierta estabilidad social que influya en estos elementos
de fondo.

Es indudable que estos conceptos cobran cada día más fuerza pero
todavía queda mucho por hacer en todos los ámbitos: promoción,
implementación, seguimiento y medición en las empresas, en el
sector público y en el sector social. En economías emergentes,
como lo son la mayor parte de las de los países de Latinoamérica,
el sector privado (con el empuje y el apoyo del sector público y el
sector social) tiene en sus manos capacidades y herramientas que
debe utilizar para generar riqueza y a la vez contribuir al desarrollo
equitativo. Un sector privado responsable es la mejor garantía de
progreso para la región.

Indicaciones para el autoestudio

 Elabore un cuadro resumen de la situación de RSE en


América Latina.
 Envíelo antes de las 9:00 horas del martes 5 de noviembre de
2024.
 Valor 5 pts.

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