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Artículo 127

descripcion del articulo 127 de la crbv
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Artículo 127.

Es un derecho y un deber de cada generación proteger y mantener el ambiente en


beneficio de sí misma y del mundo futuro. Toda persona tiene derecho individual y
colectivamente a disfrutar de una vida y de un ambiente seguro, sano y ecológicamente
equilibrado. El Estado protegerá el ambiente, la diversidad biológica, los recursos genéticos, los
procesos ecológicos, los parques nacionales y monumentos naturales y demás áreas de especial
importancia ecológica. El genoma de los seres vivos no podrá ser patentado, y la ley que se
refiera a los principios bioéticos regulará la materia.

Además, señala:

Es una obligación fundamental del Estado, con la activa participación de la sociedad, garantizar
que la población se desenvuelva en un ambiente libre de contaminación, en donde el aire, el
agua, los suelos, las costas, el clima, la capa de ozono, las especies vivas, sean especialmente
protegidos, de conformidad con la ley.

En la actualidad, los efectos que tiene la sociedad sobre el medio ambiente son evidentes, ya que
consumimos y producimos cada vez más residuos, generando impactos ambientales que están
cabando con los recursos del planeta o que resultan perjudiciales para los organismos vivos. En
virtud de ello, la legislación venezolana ha consagrado regulaciones en esta materia.
En este sentido, los Derechos Ambientales están contenidos en el Capítulo IX, de la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela, respectivamente en los artículos l27, 128 y 129. Estos
tres artículos resaltan la importancia y valoración del medio ambiente en la sociedad y recogen la
preocupación de preservarlo, dándole un tratamiento jurídico especial, al elevar los derechos
ambientales a rango constitucional.
En el artículo 127 de la antes referida Constitución Nacional, se plantea el derecho a un ambiente
ecológicamente equilibrado por parte de cada generación, correspondiéndole al Estado el
compromiso y deber de proteger el ambiente y mantenerlo libre de contaminación, para lo cual
tanto el Estado como los ciudadanos deben asumir esta tarea en conjunto. De igual manera en
este artículo, se hace referencia a la imposibilidad de patentar el genoma humano, lo que puede
interpretarse como un mecanismo para salvaguardar la especie humana de prácticas y ensayos
científicos que impliquen la utilización de genes humanos y los resultados de esos
experimentos para su eventual comercialización y otros destinos inimaginables.

La CRBV representa la Carta Magna de la cual se derivan y se rigen todas las leyes y
normas, desde el marco jurídico, hasta lo social y lo económico. El artículo 127 establece
lo siguiente:

Es un derecho y un deber de cada generación proteger y mantener el ambiente en


beneficio de sí misma y del mundo futuro. Toda persona tiene derecho individual y
colectivamente a disfrutar de una vida y de un ambiente seguro, sano y ecológicamente
equilibrado. El Estado protegerá el ambiente, la diversidad biológica, los recursos
genéticos, los procesos ecológicos, los parques nacionales y monumentos naturales y
demás áreas de especial importancia ecológica. El genoma de los seres vivos no podrá
ser patentado, y la ley que se refiera a los principios bioéticos regulará la materia.

En dicho artículo se deja entrever la corresponsabilidad del gobierno nacional y la


sociedad, como entes garantes del cuidado y preservación del medio ambiente en nuestro
país, otorgándonos el derecho a una vida libre de perturbaciones ecológicas y en armonía
con la naturaleza. Además, hace énfasis en la protección de las Áreas Bajo Régimen de
Administración Especial (ABRAES), quienes engloban a los parques nacionales,
monumentos naturales, refugios de flora y fauna silvestre, entre otros espacios de interés
para el desarrollo de la vida. Asimismo, deja claro que la vida reinante en la naturaleza no
es propiedad del hombre y todos debemos coexistir en paz en la biósfera para mantener
el equilibrio ecológico.

el artículo 127, se puede observar, de manera clara, la alusión que se realiza, no sólo a
los derechos y deberes de la población, sino al papel fundamental del Estado venezolano,
como garante de un ambiente libre de contaminación para los ciudadanos. En este
sentido, el binomio derecho-deber atribuido a los ciudadanos gira en torno a dos (2)
elementos fundamentales: (a) la protección y mantenimiento del ambiente para las
presentes y futuras generaciones y (b) el derecho a disfrutar de un ambiente sano, seguro
y ecológicamente equilibrado, situación que implica a su vez la obligación de contribuir a
través de una participación activa en el mantenimiento de estas condiciones ambiéntales
favorables.

Por su parte, se asigna al Estado venezolano la protección de cinco (5) componentes


ambiéntales de particular importancia como lo son: (a) el ambiente; (b) la diversidad
biológica; (c) los recursos genéticos; (d) los procesos ecológicos y (e) los parques
nacionales y monumentos naturales y demás áreas de especial importancia ecológica. Un
aspecto de particular interés lo constituye el rango constitucional que se le da a la
prohibición de patentar el genoma.

Iniciando por el artículo 127 de la Constitución nacional (1999), donde se establece la


obligación del Estado venezolano sobre la protección del medio ambiente, asimismo es
obligatorio para la sociedad. Todo ello viene dado porque es un derecho de los humanos
convivir en un ambiente sano y ecológicamente equilibrado.
Si se compara esto con el derecho que tiene la naturaleza en la Constitución ecuatoriana
sobre respeto integral de su existencia, además del mantenimiento y regeneración de sus
ciclos vitales, estructuras, funciones y procesos evolutivos; ambos criterios encajarían,
incluso la propia Constitución venezolana nombra el capítulo contentivo de dicho artículo
como “de los Derechos Ambientales”. Nuevamente en necesario retomar la analogía de
que el medio ambiente se relaciona, al igual que el hombre, con los valores jurídicos
constitucionales, por lo cual debe gozar de justicia, equidad y bien común.
Por otro lado la misma Constitución nacional (1999) estableció la necesidad de protección
de los bienes jurídicos ambientales, de allí que su cuidado es obligatorio elevándose al
rango de ser tan importante al igual que el bien jurídico de la vida. Entendiéndose vida
desde un modo amplio, implicando no solo a la vida humana, sino otros modos de
expresión como son los elementos bióticos del medio ambiente. De tal modo que cuidar y
resguardar al medio ambiente es cuidar y resguardar la vida, incluida la del ser humano.
Sobre las dudas acerca del reconocimiento del medio ambiente como sujeto de derecho
ante la falta del mismo para poder representar sus intereses, respecto de la Constitución
de la República del Ecuador (2008) se establece lo siguiente lo siguiente, (Campaña,
2013: 13):
Se concede amplia legitimación activa a toda persona, comunidad, pueblo o nacionalidad
para exigir a las autoridades públicas el cumplimiento de los derechos declarados. Esta
actio populares se complementa con el establecimiento, el artículo 399, de una tutela
estatal sobre el ambiente con una corresponsabilidad de la ciudadana en su preservación,
lo que se articuló, dice la norma, a través de un “sistema nacional descentralizado de
gestión ambiental”, que tiene a su cargo la defensoría del ambiente y la naturaleza.
La legislación venezolana también contempla ampliamente la gestión ambiental, como
una obligación de todos los ciudadanos y el Estado venezolano, de conformidad con los
artículos 5 y 2 de la Ley Orgánica del Ambiente (2006), respondiendo con una completa
organización de acuerdo a la gestión ambiental, al mismo tiempo se incluye participación
ciudadana y responsabilidad por parte del Estado venezolano. Es tal la relevancia y
protección, que todo contrato celebrado por la República con personas naturales o
jurídicas, que involucren el manejo de recursos ecológicos, debe contener la obligación de
resguardo y restitución del medio ambiente sobre cualquier mal que pueda generársele,
de acuerdo con el artículo 129 de la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela (1999).

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