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La Jurisdicción Constitucional en Guatemala. Defensa Del Orden Constitucional y Derechos Humanos

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La jurisdicción constitucional
en Guatemala. Defensa del orden
constitucional y derechos humanos

Aylín Ordóñez Reyna*

I. RÉGIMEN DE GARANTÍAS CONSTITUCIONALES EN GUATEMALA

A partir del año de 1965 se creó en Guatemala una Corte de Constitucionalidad


como tribunal no permanente, con facultades de ejercer el control general de la
constitucionalidad de normas. Poseía una competencia bastante limitada y sus
funciones se circunscribían a conocer ocasionalmente del recurso de inconstitu-
cionalidad y, por esa vía procesal, a declarar por mayoría de ocho de sus miem-
bros la inconstitucionalidad de las leyes o disposiciones gubernativas de carácter
general que contenían vicio parcial o total de inconstitucionalidad, excluyendo
toda intervención respecto al amparo directo, el conocimiento en apelación de
esta acción, de la apelación de inconstitucionalidad en casos concretos y de otras
materias. En aquel entonces, los tribunales del orden común tenían facultad de
actuar como tribunales constitucionales al conocer de las acciones de inconstitu-
cionalidad en caso concreto, como tribunales de amparo, y eran competentes para
el trámite de las exhibiciones personales en caso de ser procedentes. La Corte se
integraba con doce magistrados; el presidente y cuatro magistrados de la Corte Su-
prema de Justicia, y el resto por sorteo efectuado entre magistrados de Salas de la
Corte de Apelaciones y de lo Contencioso Administrativo1.

* Abogada y Notaria por la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. Magíster en Derechos Humanos
por la citada Universidad. Magíster en Derecho Pluralista Público y Privado por la Universidad Autóno-
ma de Barcelona y doctoranda por esa casa de estudios. Coordinadora de la Maestría en Derecho Cons-
titucional de la Universidad Rafael Landívar. Letrada de la Corte de Constitucionalidad de Guatemala.
1 Artículo 262 de la Constitución Política de la República de Guatemala de 1965.

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Justicia constitucional y derechos fundamentales

Respecto de este sistema se ha afirmado que «durante los dieciséis años de


existencia del anterior sistema de control judicial de la constitucionalidad de las
leyes, la Corte de Constitucionalidad dejó una huella de ineficacia y de frustración
institucional. Durante su vigencia únicamente se interpusieron ante ella cinco “re-
cursos de inconstitucionalidad”, de los cuales dos fueron rechazados de plano, dos
sin lugar y el único que prosperó se debió a que el interponente era el Ministerio
Público por disposición del presidente de la República y en ningún caso se decretó
la suspensión provisional de las leyes impugnadas de inconstitucionalidad».2
En el lapso de 1965 a 1982 se produjeron golpes de Estado, gobiernos autori-
tarios, hubo rompimiento del orden constitucional, lo que provocó que la actual
Constitución, promulgada en 1985, en el tránsito hacia un gobierno democrático,
posea un contenido altamente garantista hacia la persona humana. Al respecto,
señala García Laguardia que: «la obsesión por la garantía de los derechos huma-
nos constituye su preocupación central, lo que aparece en el propio Preámbulo,
que indica que el texto se decreta dentro del espíritu constituyente de “impulsar la
plena vigencia de los derechos humanos dentro de un orden institucional estable,
permanente y popular, donde gobernantes y gobernados procedan con absoluto
apego al derecho”, lo que hace modificar la estructura general de la tradición cons-
titucional anterior, y poner como contenido de sus dos primeros títulos, los de “la
persona humana, fines y deberes del Estado” y “Derechos humanos”. Y además in-
cluir un título especial, el VI, sobre garantías constitucionales y defensa del orden
constitucional».3 Dentro del texto de la Constitución se introducen importantes
instituciones: la Corte de Constitucionalidad, la Procuraduría de Derechos Huma-
nos y el Tribunal Supremo Electoral, los cuales coadyuvarían con el mantenimien-
to de la defensa de los derechos humanos y el régimen democrático.
Señala Carmen María Gutiérrez de Colmenares que la Constitución de 1985,
para garantizar su supremacía, fue revestida de una serie de mecanismos de pro-
tección que aseguran su vigencia.4 De esa cuenta, puede señalarse que, en el mar-
co constitucional de 1985, se presenta un sistema de jurisdicción constitucional
mixto, pues el concentrado es ejercido por la Corte de Constitucionalidad en lo

2 Mynor Pinto Acevedo: La jurisdicción constitucional en Guatemala. Guatemala: Serviprensa Centro-


americana, 1995, p. 31.
3 Jorge M. García Laguardia: Política y Constitución en Guatemala. Guatemala: Procuraduría de Dere-
chos Humanos, Fotograbado Llerena, 1996, p. 47.
4 Carmen M. Gutiérrez de Colmenares: «Los derechos humanos en el derecho interno y los tratados
internacionales. Su protección por la jurisdicción constitucional guatemalteca», en Anuario de Derecho
Constitucional Latinoamericano 2005. Montevideo: Fundación Konrad Adenauer, 2005, p. 602.

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Segunda parte. informes por países de jurisprudencia relevante
en materia de justicia constitucional y derechos fundamentales

que se refiere al conocimiento de las acciones de inconstitucionalidad general,


que permite a cualquier persona, con el auxilio de tres abogados, impugnar una
norma que estima contraria a la ley suprema, y en caso de acogerse tal pretensión,
la disposición impugnada será expulsada del ordenamiento jurídico. Para la pro-
moción de tal acción existe acción popular y no está sujeta a ningún término para
su interposición.5 Dentro de su trámite se prevé la posibilidad de la suspensión
provisional de la vigencia de la norma, cuando a juicio del Tribunal la inconsti-
tucionalidad fuere notoria y susceptible de causar gravámenes irreparables.6 En
caso de acogerse el planteamiento, se expulsará la norma del ordenamiento jurí-
dico a partir del día siguiente de la publicación de la sentencia en el Diario Oficial,
salvo que se hubiera suspendido provisionalmente, en cuyo caso los efectos se
retrotraen al momento de la publicación de la suspensión provisional. También
existe un control de constitucionalidad difuso, ejercido por los Tribunales ordi-
narios que actúan «en carácter de Tribunales Constitucionales» al serles plantea-
dos por cualquiera de las partes en un proceso la «inconstitucionalidad en caso
concreto» ante el riesgo de ser aplicable una norma que se estime contraria a la
Ley Suprema. La consecuencia de acoger el planteamiento traerá como efecto la
declaratoria de «inaplicación» de la norma cuestionada, al caso de que se trate.
Las sentencias de inconstitucionalidad en casos concretos son apelables y conoce
en segunda instancia la Corte de Constitucionalidad.
En lo referente al amparo puede señalarse que este se entiende en la legislación
guatemalteca como la institución jurídico-procesal específicamente encargada de
proteger los derechos de las personas contenidos en la Constitución y las leyes or-
dinarias. Constituye un mecanismo de protección constitucional o de tutela de los
derechos fundamentales —con excepción de la libertad física e integridad de la
persona, protegibles por vía de la exhibición personal—, el cual asegura el efectivo
goce de los derechos humanos reconocidos por la Constitución y demás leyes y los
protege de toda amenaza, restricción o violación, por medio de leyes, resoluciones,
disposiciones o actos de autoridad que los lesionen.

5 La posibilidad de inexistencia de término para su promoción ha permitido el conocimiento de accio-


nes que denuncian, incluso, leyes preconstitucionales, tales como aquella que sancionaba el delito de
adulterio, tipificando como tal la conducta de «la mujer casada que yace con varón que no fuera su ma-
rido», por lo que al no sancionar de manera idéntica la conducta del varón, fue impugnada y declarada
inconstitucional por lesionar el derecho de igualdad. La sentencia se profirió en 1996; la norma atacada
derivaba de un cuerpo legal emitido en 1973.
6 Artículo 138 de la Ley de Amparo, Exhibición Personal y de Constitucionalidad.

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Justicia constitucional y derechos fundamentales

La Ley de Amparo, Exhibición Personal y de Constitucionalidad establece en


su artículo 8: «El amparo protege a las personas contra las amenazas de viola-
ciones a sus derechos o restaura el imperio de los mismos cuando la violación
hubiere ocurrido. No hay ámbito que no sea susceptible de amparo y procederá
siempre que los actos, resoluciones, disposiciones o leyes de autoridad lleven
implícitos una amenaza, restricción o violación a los derechos que la Constitu-
ción y leyes garantizan». De esa cuenta, el amparo se convierte en la garantía
constitucional más utilizada, aun cuando existe término —treinta días en la ma-
yoría de casos, y cinco en lo concerniente a materia electoral y durante tal proce-
so— y debe acreditarse la legitimación activa pues la acción ha de ejercerse por
quien sufre un agravio personal y directo. Sin embargo, debe mencionarse que
se ha reconocido al procurador de los Derechos Humanos legitimación para de-
fender los derechos difusos de la población y actuar en reclamo de los derechos
de los habitantes del Estado. También se reconoce legitimación para actuar en
defensa de los derechos estatales al Ministerio Público y a la Procuraduría Ge-
neral de la Nación. El amparo es la garantía constitucional más utilizada debido
a varios aspectos, en primer término, al regularse que «no existe ámbito que no
sea susceptible de amparo» lo convierte en el mecanismo idóneo para la denun-
cia de lesiones a los derechos constitucionales, en una gran cantidad de casos, y
además, al existir dentro de su tramitación la figura del amparo provisional ante
la inminencia de un grave riesgo, constituye la garantía adecuada para suspen-
der los efectos agraviantes de un acto o decisión. La competencia para conocer
de los procesos de amparo se ha otorgado a jueces de primera instancia, Salas de
la Corte de Apelaciones, Corte Suprema de Justicia y Corte de Constitucionali-
dad. Esta última conoce en única instancia las acciones que se interpongan con-
tra el presidente y el vicepresidente de la República, el Congreso de la República
y la Corte Suprema de Justicia, además ejerce el conocimiento en alzada de las
sentencias dictadas por el resto de tribunales de amparo, lo que provoca que el
conocimiento en segundo grado se centralice en tal tribunal.
Otra garantía constitucional regulada en el sistema jurídico guatemalteco es la
exhibición personal, que permite el reclamo contra la detención ilegal o los ve-
jámenes que puedan ocasionarse a quien se encuentra detenido, aun cuando tal
detención sea legal. La competencia para conocer de esta garantía se ha asignado
a los tribunales de primera instancia, Salas de la Corte de Apelaciones y Corte Su-
prema de Justicia; por medio de esta se tiene el derecho de pedir la inmediata exhi-
bición ante los tribunales de justicia, con el fin de que se restituya o garantice la li-
bertad o se hagan cesar los vejámenes o termine la coacción a que estuviere sujeto.

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Segunda parte. informes por países de jurisprudencia relevante
en materia de justicia constitucional y derechos fundamentales

El sistema de justicia constitucional en Guatemala a partir de 1985 no ha te-


nido casi sin ninguna modificación a la ley específica que lo regula, toda vez que
únicamente se ha variado el término para la promoción del amparo en materia
electoral durante el proceso de elecciones, y las iniciativas de reformas que se
han pretendido realizar, en su mayoría, han ido dirigidas a reducir el ámbito de
procedencia del amparo, o casos de rechazo de este, ante el mal uso que se ha
realizado en ocasiones por litigantes para demorar procesos judiciales por su
intermedio. Al ser calificada como una ley constitucional solo se puede refor-
mar con el voto favorable de dos terceras partes del total de diputados y previo
dictamen favorable de la Corte de Constitucionalidad, por lo que en una u otra
instancia no se han aprobado tales modificaciones. Puede estimarse adecuada
la actual regulación de las garantías constitucionales en Guatemala pues, por la
amplitud de estas, será por vía del amparo que se reclamen otros derechos que
no poseen una garantía específica.

II. ANÁLISIS DE CASOS

Durante los casi 25 años de labores de la Corte de Constitucionalidad —la que


inició sus funciones el 9 de junio de 1986—7 se ha emitido una amplia cantidad
de sentencias, por lo que resulta una compleja tarea seleccionar fallos que du-
rante ese lapso reflejen una especial trascendencia y relevancia para constituir
un verdadero aporte a la jurisprudencia, en especial en materia de derechos hu-
manos. Por ello, se seleccionarán sentencias en las que se haya realizado una
protección especial al sistema de justicia constitucional y a los derechos huma-
nos, de manera que puedan ser utilizadas como una fuente jurisprudencial para
el reclamo de posteriores derechos.
En este contexto se comentará una sentencia que se dictó hace ya casi veinte
años, pero que ha sido el fallo de mayor relevancia de la Corte, por haber permitido
el mantenimiento del orden constitucional, la vigencia de los derechos humanos

7 La referida Corte, además de conocer acciones de amparo en única instancia, inconstitucionalidades


directas, apelaciones de sentencias de amparo, apelaciones en caso concreto, posee competencia para
emitir opinión sobre la constitucionalidad de los tratados, convenios y proyectos de ley, a solicitud de
cualquiera de los organismos del Estado; opiniones de leyes vetadas por el Ejecutivo alegando incons-
titucionalidad; conocer y dirimir conflictos de jurisdicción en materia de constitucionalidad y actuar,
opinar y dictaminar o conocer de aquellos asuntos de su competencia.

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Justicia constitucional y derechos fundamentales

y del sistema democrático. Posteriormente, se analizarán sentencias en las que se


han analizado derechos humanos, en particular derechos de la mujer y de pobla-
ciones indígenas.

1. Caso referente a la defensa del orden


constitucional y los derechos humanos

En el año 1993, Guatemala se encontraba presidida por Jorge Serrano Elías,


quien había sido electo democráticamente, y regía la actual Constitución, la cual
poseía en ese entonces solo siete años de vigencia. El 25 de mayo de 1993 el pre-
sidente profirió un decreto denominado «Normas temporales de gobierno», el
que se iniciaba con el enunciado de que se mantenía la vigencia de la Constitu-
ción, pero que se interrumpía la vigencia, temporalmente, de algunas de sus nor-
mas, entre ellas, normas de derechos humanos tales como la libertad de acción,
detención legal, interrogatorio a detenidos o presos, inviolabilidad de la vivien-
da, derecho de asilo, derecho de reunión y manifestación, libertad de expresión,
tenencia y portación de armas, y legítima resistencia. En lo referente a la parte
orgánica, se suspendía la vigencia de las funciones del Congreso de la Repúbli-
ca, algunas funciones del presidente de la República, las funciones de la Corte
Suprema de Justicia, de la Corte de Constitucionalidad. Asimismo, se establecía
la disolución del Congreso de la República, de la Corte Suprema de Justicia, la
Corte de Constitucionalidad, el Procurador General de la Nación y el Jefe del
Ministerio Público. También se establecía que las funciones legislativas pasaría a
poseerlas el presidente de la República, quien nombraría a los magistrados de la
Corte Suprema de Justicia y al procurador general de la Nación.
La referida disposición se dio a conocer a primeras horas del día por todos
los medios de comunicación, por lo que la Corte de Constitucionalidad se re-
unió y adoptó la decisión de emitir una sentencia en la que analizó el contenido
del decreto proferido por el presidente de la República, y declaró su inconstitu-
cionalidad al considerar que: «Los actos realizados por el presidente de la Re-
pública antes referidos y los actos que de ellos se deriven, no solo transgreden
determinados artículos constitucionales, sino que representan el rompimiento
del orden constitucional, situación que no puede pasar inadvertida para esta
Corte, cuya función esencial es la defensa del orden constitucional. Consecuen-
temente, procede declarar que los actos realizados por el presidente de la Re-
pública adolecen de nulidad ipso jure y, por lo tanto, carecen de toda validez
jurídica, por lo que es imperativo para este tribunal hacer la declaratoria corres-

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en materia de justicia constitucional y derechos fundamentales

pondiente y dejar sin efecto aquellas disposiciones restableciendo así el orden


jurídico quebrantado».8
Luego debía darse la publicación de esta en el Diario Oficial, para que de
conformidad con la previsión de la ley de la materia, perdiera vigencia el decre-
to cuestionado, y ante la omisión de las autoridades de publicarla, la Corte de
Constitucionalidad profirió una segunda resolución en la que requería el apoyo
de los ministros de Gobernación y Defensa para que prestaran el auxilio nece-
sario a efecto de publicar el fallo y el retorno a la institucionalidad. El fallo se
acató y el 1 de junio de 1993 se profirió un comunicado del Ejército en el que
manifestaba que se acataría la sentencia de la Corte de Constitucionalidad, y que
habiendo abandonado el cargo el —hasta entonces— presidente de la República,
le correspondería asumir al vicepresidente, quien había renunciado, por lo que
se hacía un llamado a la Corte de Constitucionalidad para que dirigiera el proce-
so de retorno a la institucionalidad. La Corte emitió un comunicado en el que se
hacía del conocimiento que al haberse acatado la sentencia, la Constitución se
hallaba vigente en todas y cada una de sus disposiciones, y que derivado de ello,
los diputados del Congreso y los magistrados de la Corte Suprema de Justicia
podían reiniciar en sus funciones, pues estaban integrados, y debían cumplir con
sus mandatos. Por último, dictó una nueva resolución en la que indicaba que de-
bía seguirse el procedimiento previsto en el artículo 189 de la Constitución para
los casos de ausencia de presidente y vicepresidente de la República.9
La sentencia relacionada ha sido la de mayor relevancia del Tribunal, pues aun
sin solicitud de parte y con un procedimiento sui generis, aquel se encontraba ante
la encrucijada de dictarla y expulsar del ordenamiento jurídico una normativa a
todas luces lesiva de la Constitución Política de la República, o dejar pasar tal situa-
ción y esperar la conformación de todo un sistema jurídico amparado en las dis-
posiciones dictatoriales del hasta entonces presidente de la República. Al respecto,
señaló el profesor Matthias Herdegen: «La finalidad de la actuación de la Corte sin
contar con un mandato expreso, frente a una amenaza vital del orden constitucio-
nal y, más aún, frente a la posibilidad de su propia eliminación, sería letra muerta.

8 Corte de Constitucionalidad: El golpe de Estado del 25 de mayo de 1993 y retorno a la institucionalidad.


Guatemala: Fotopublicaciones, 1995, p. 19.
9 El artículo 189 de la Constitución establece: «Falta temporal o absoluta del Presidente de la República. En
caso de falta temporal o absoluta del Presidente de la República, lo sustituirá el Vicepresidente. Si la falta
fuere absoluta el Vicepresidente desempeñará la Presidencia hasta la terminación del período consti-
tucional; y en caso de falta permanente de ambos, completará dicho período la persona que designe el
Congreso de la República, con el voto favorable de las dos terceras partes del total de diputados».

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Justicia constitucional y derechos fundamentales

Así la movilización del inciso i del artículo 272 restringida a una ruptura frontal del
orden fundamental es una aplicación de la norma inspirada en la máxima ut res
maisvaleat quam pereat [...]. Las declaraciones de la Corte de Constitucionalidad
no invaden el campo de las competencias constitucionales de los demás órganos;
más aún, protegen la integridad de la delimitación de poderes ya preestablecida».10
En cuanto al tema defensa del orden constitucional y de la integración de los
organismos del Estado, definitivamente esta sentencia es la que de mejor manera
refleja esta protección, habiendo actuado de oficio la Corte de Constitucionalidad
y con su sentencia retornado el orden constitucional al permitir la prosecución del
actuar del organismo legislativo, del judicial y de la propia Corte, además de la ple-
na vigencia de los derechos humanos.11

2. La protección de los derechos humanos en la jurisprudencia


constitucional y la aplicación del derecho internacional
en esa materia

A lo largo de los casi veinticinco años de labores de la Corte de Constitucionali-


dad, esta ha proferido diversos fallos en los que se realiza una aplicación directa
del derecho internacional de los derechos humanos, y con relación al texto del
artículo 46 de la Constitución que señala: «Se establece el principio general de
que en materia de derechos humanos, los tratados y convenciones aceptados
y ratificados por Guatemala, tienen preeminencia sobre el derecho interno», la
Corte ha indicado que tal jerarquía permite ingresar a los tratados con rango de
norma constitucional que concuerde con su conjunto, pero nunca con potestad
reformadora y menor derogatoria, y por ende que poseen superioridad respecto
de la legislación ordinaria pero no sobre la Constitución.12 También se reiteró el

10 Matthias Herdegen: «La Corte de Constitucionalidad como último guardián del orden constitucional:
Negotiorum gestio para restablecer el equilibrio estatal», en Defensa de la Constitución, Libertad y Demo-
cracia. Guatemala: Corte de Constitucionalidad, 1994, p. 22.
11 Señala Norbert Lösing que «en su histórica sentencia del 25 de mayo de 1993, la Corte Constitucional
actuó de oficio, rompiendo los límites de la jurisdicción constitucional clásica a la que solo se le concede
una función de control posterior, puntual. La Constitución de Guatemala no prevé la posibilidad de ac-
tuar de oficio sino solo ante una denuncia. Sin embargo, con vistas al conflicto que se desarrollaba fuera
del marco constitucional, la pasividad de la Corte habría significado el fin del orden constitucional y del
tribunal mismo» (Norbert Lösing,: «El guardián de la Constitución en tiempos de crisis», en Anuario de
Derecho Constitucional Latinoamericano 2000, Buenos Aires: Fundación Konrad Adenauer, 2000, p. 146).
12 Véase sentencia de 19 de octubre de 1990 dictada dentro del expediente 280-90 contenido en la Gaceta
Jurisprudencial n.º 18. De igual manera puede señalarse la opinión consultiva proferida previamente

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en materia de justicia constitucional y derechos fundamentales

criterio de que los tratados internacionales en materia de derechos humanos no


son parámetro de constitucionalidad.13
Si bien en los últimos años se ha venido realizando una amplia aplicación direc-
ta de los tratados internacionales en materia de derechos humanos ante la carencia
de normas nacionales que regulen la materia en estos desarrollada, debe mencio-
narse que durante el año 2009 se produjeron resoluciones que de manera taxativa
incluyeron a la Convención Americana sobre Derechos Humanos como parte del
bloque de constitucionalidad, lo que permite estimar que podría ser considerada
posteriormente como parámetro de constitucionalidad.

a. Conformación de la Corte Suprema de Justicia

El primer caso se produjo cuando se realizaba la integración de la Corte Suprema


de Justicia, pues para Guatemala deben conformarse comisiones de postulación,14
que designan una nómina dentro de la cual el Congreso de la República seleccio-
nará a quienes serán los magistrados de ese organismo. En esa ocasión se cuestio-
nó el proceso de discusión, evaluación y selección de los candidatos a ser inclui-
dos en esa nómina. Por ello se promovió un amparo a efectos de que se dejara en
suspenso tal procedimiento, hasta que se realizara en cumplimiento de los man-
datos constitucionales y específicamente se verificara la reconocida honorabilidad.

a la ratificación por Guatemala del convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre
Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes, de 18 de mayo de 1995, contenida en la Gace-
ta Jurisprudencial n.º 37.
13 Al respecto puede citarse la sentencia de 12 de marzo de 1997 dictada dentro del expediente 131-95,
contenida en la Gaceta Jurisprudencial n.º 47, la que señala: «Los tratados y convenios internacionales
—en cuya categoría se encuentran la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre,
la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención Americana sobre Derechos Hu-
manos— no son parámetro para establecer la constitucionalidad de una ley o una norma, pues si bien
es cierto el artículo 46 de la Constitución le otorga preeminencia a esos cuerpos normativos sobre el
derecho interno, lo único que hace es establecer que en la eventualidad de que una norma ordinaria
de ese orden entre en conflicto con una o varias normas contenidas en un tratado o convención in-
ternacional prevalecerían estas últimas; pero ello no significa, como se dijo, que las mismas puedan
utilizarse como parámetro de constitucionalidad…».
14 De conformidad con lo previsto en el artículo 215 de la Constitución, trece magistrados serán electos
por el Congreso de la República de una nómina de veintiséis candidatos propuestos por una comisión
de postulación integrada por un representante de los rectores de las Universidades del país, quien la
preside, los decanos de las Facultades de Derecho o Ciencias Jurídicas y Sociales de cada universidad del
país, un número equivalente de representantes electos por la Asamblea General del Colegio de Aboga-
dos y Notarios de Guatemala y por igual número de representantes electos por los magistrados titulares
de la Corte de Apelaciones y demás tribunales a que se refiere el artículo 217 de la Constitución.

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Justicia constitucional y derechos fundamentales

En el marco de ese caso se profirió una resolución en la que se establecía que ese
procedimiento debería llevarse a cabo cumpliendo una serie de disposiciones in-
ternacionales, entre ellas los Principios Básicos relativos a la Independencia Judicial
reconocidos por la Asamblea General de Naciones Unidas, adoptados por el Sép-
timo Congreso de las Naciones Unidas, sobre Prevención del Delito y Tratamiento
del Delincuente, celebrado en Milán del 26 de agosto al 6 de septiembre de 1985, así
como tomando en consideración que «la Convención Americana sobre Derechos
Humanos, instrumento internacional que forma parte del bloque de constituciona-
lidad garantiza la inmunidad e independencia de los jueces, así como el acceso de
toda persona a un juez o tribunal competente, independiente e imparcial».
La calificación expresa de la existencia de un bloque de constitucionalidad15
en el caso del sistema jurídico guatemalteco es un avance en cuanto a la recepción
del derecho internacional de los derechos humanos, pues reafirma la jerarquía
superior sobre el ordenamiento jurídico, similar categoría que la norma consti-
tucional, por lo que al integrarlos al bloque de constitucionalidad podría permitir
posteriormente que sean considerados como un parámetro de constitucionali-
dad, representa una interesante incorporación en la jurisprudencia de la Corte de
Constitucionalidad en materia de derechos humanos.

b. Derecho de consulta a las comunidades indígenas

En lo referente a derechos de grupos específicos puede señalarse como de interés


el caso en el que se analizó el derecho a la consulta popular de las comunidades

15 Respecto del bloque de constitucionalidad en el caso guatemalteco, se ha afirmado que: «en Guate-
mala el legislador ha guardado silencio al respecto y la Corte de Constitucionalidad no ha integrado
dicho bloque en forma expresa. Sin embargo, es preciso advertir que la Corte, sin decirlo formalmente,
ha integrado ya, en forma parcial, el bloque de constitucionalidad, pues en algunos de sus fallos se ha
referido a una unidad jurídica “compuesta por normas y principios que, sin aparecer formalmente en
el articulado del texto constitucional, son utilizados como parámetros de control de constitucionalidad
de las leyes, por cuanto han sido normativamente integrados a la Constitución, por diversas vías y por
mandato de la propia Constitución” [...]. A partir de estos casos, es dable afirmar que la Corte ya ha
integrado tácitamente un bloque de constitucionalidad con el texto de la Constitución más los valores
y principios que la inspiran. Pero esa integración es tácita, no expresa, como sería lo deseable, pues no
incluye aquellas normas del derecho internacional convencional vigentes en el país y que son notables
por la protección y el desarrollo que confieren en materia de derechos humanos…» (v. Rodolfo Rohrmo-
ser Valdeavellano: «Comentarios sobre la tendencia de la Corte de Constitucionalidad de Guatemala
a no aceptar planteamientos de inconstitucionalidad contra normas ordinarias tachadas de oponerse a
disposiciones de tratados vigentes de derechos humanos», en Anuario de Derecho Constitucional Latino-
americano 2010, Montevideo: Fundación Konrad Adenauer, 2010, p. 541).

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indígenas, el cual se produjo como consecuencia de un amparo promovido por


poblaciones residentes en un área cercana a aquella en la que se realizarían tra-
bajos de exploración y explotación minera. Los antecedentes del caso refieren que
las comunidades indígenas comparecieron ante las autoridades ediles a solicitar
la realización de una consulta popular entre los habitantes de las referidas comu-
nidades, a efecto de determinar la conformidad o disconformidad de estas con
las obras que se realizaban. En virtud de tal petición se fijó fecha para la consulta,
pero después de variar la fecha inicial, se revocó la decisión de consulta, lo que
motivó la promoción de un amparo en reclamo del derecho de consulta de las po-
blaciones indígenas, reconocido en el convenio 169 de la Organización Interna-
cional del Trabajo, sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes
(convenio 169 de la OIT).
De esa cuenta, se profirió sentencia el 21 de diciembre de 2009, en la que se inicia
con el análisis de la normativa internacional aplicable, relacionándose que en Gua-
temala se encuentran vigentes el convenio 169 de la OIT, la Convención Americana
sobre Derechos Humanos y la Convención Internacional sobre la Eliminación de
Todas las Formas de Discriminación Racial, asimismo que la Declaración de Nacio-
nes Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas —aprobada por la Asam-
blea General de la Organización de Naciones Unidas—, contó con el voto favorable
de Guatemala, el 13 de septiembre de 2007, razón que impone el compromiso in-
ternacional del Estado de Guatemala de asumir una posición respecto del derecho
de consulta de los pueblos indígenas. Este se expresa en varios componentes: «[...]
i) su reconocimiento normativo propiamente dicho y, por ende, su inserción al blo-
que de constitucionalidad como derecho fundamental, por virtud de lo establecido
en los artículos 44 y 46 de la Carta Magna; ii) consecuentemente, la obligación de
garantizar la efectividad del derecho en todos los casos en que sea atinente; y iii)
el deber de realizar las modificaciones estructurales que se requieran en el aparato
estatal —sobre todo en cuanto a la legislación aplicable— a fin de dar cumplimiento
a esa obligación de acuerdo a las circunstancias propias del país [...]».16

16 En la sentencia relacionada se afirma también que el hecho de que en Guatemala exista una débil legis-
lación nacional con relación al tema de las consultas populares no debe ser una barrera para lograr su
aplicación, por lo que se citan los tratados internacionales relacionados con la temática y en particular
se relacionan las sugerencias para llevar a cabo un proceso de consulta vertidas por el relator especial
de Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos y las libertades fundamentales de los
indígenas al realizar una visita a Chile en el año 2009, y se detallan con base en lo expuesto por él, las
etapas que este procedimiento podría seguir en el caso de Guatemala.

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Justicia constitucional y derechos fundamentales

En esta parte se introducen varios conceptos de relevancia, pues se menciona que


el derecho a la consulta popular, contenido en los tratados internacionales, forma
parte del bloque de constitucionalidad según lo previsto en los artículos 44 y 46 de la
Constitución Política de la República de Guatemala. A ese respecto vale la pena señalar
que en el primero de ellos se prevé el reconocimiento por la Constitución de aquellos
derechos que aunque no figuren en su texto son inherentes a la persona humana, y en
el segundo, la preeminencia del derecho internacional de derechos humanos sobre el
derecho interno, pero la acepción de bloque de constitucionalidad no ha sido amplia-
mente utilizada de forma expresa en la jurisprudencia de la Corte de Constitucionali-
dad, ni se ha indicado de tal forma para los tratados internacionales, por lo que puede
estimarse un importante avance tal calificativo en el caso concreto. La sentencia rela-
cionada constituye un valioso aporte al tema de derechos de los pueblos indígenas al
reconocer a los tratados internacionales referentes a la temática el carácter de pertene-
cientes al bloque de constitucionalidad, y por otra parte al estimar que la inexistencia
de un procedimiento interno no puede convertirse en un obstáculo de su garantía, por
lo que aquí con la integración del derecho internacional se detalla el procedimiento
que podrá utilizarse en Guatemala para realizar las consultas populares.

c. Discriminación por género

Recientemente también fue dictada una sentencia en la que se eliminó del ordena-
miento jurídico la norma que prohibía a la mujer contraer matrimonio sino hasta
después de transcurridos trescientos días de disuelto el vínculo anterior, lo que cons-
tituía una limitante a su libertad de estado aun cuando se encontrara divorciada. Tal
disposición se pretendía mantener vigente en aras de proteger la filiación que pudie-
ra darse en ese lapso. En la declaratoria de inconstitucionalidad se tomó en conside-
ración la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación
contra la Mujer, así como las recomendaciones de la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos, en las que se indicó que para garantizar los derechos fundamen-
tales de la mujer era urgente prestar atención a la reforma jurídica y a un mejor acceso
a la justicia, adoptando medidas eficaces que reflejaran los compromisos adoptados
por el Estado. Así, también se estimó que tal Comisión mencionó expresamente que
dentro del Código Civil, en su artículo 89, se seguían creando distinciones basadas en
el género en evidente contraposición con las obligaciones estatales de no discrimi-
nación e igualdad ante la ley, se acogió el planteamiento y fue eliminada del ordena-
miento jurídico tal disposición, lo que también permite apreciar aplicación directa y
preeminente del derecho internacional de los derechos humanos.

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Segunda parte. informes por países de jurisprudencia relevante
en materia de justicia constitucional y derechos fundamentales

III. COMENTARIO FINAL

Los fallos antes mencionados permiten apreciar que en los últimos años se ha am-
pliado la recepción de los tratados internacionales en materia de derechos humanos,
no solo al aplicarse directamente una norma de esta índole sino también al estimar-
la como constitutiva del bloque de constitucionalidad, lo que resulta muy favorable
para la protección de los derechos de los habitantes, quienes ante una protección in-
terna menor pueden acudir a la norma internacional que resulta directamente apli-
cable en el ámbito interno y con una jerarquía superior a las leyes ordinarias.

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