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ARQUIDIÓCESIS DE HUANCAYO

Parroquias Solidarias Yauli – La Oroya


Morococha

MISA DE DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL


SEÑOR

10 de abril
2022

Procesión

Naveta Turíbulo

Cruz Alta

Ceroferario 1 Ceroferario 2

Leccionario

Monaguillos

Celebrante Principal
DOMINGO DE RAMOS
EN LA PASIÓN DEL SEÑOR

1. En este día la Iglesia recuerda la entrada de Cristo, el Señor, en Jerusalén para


consumar su Misterio pascual. Por esta razón, en todas las misas se hace memoria
de la entrada del Señor en la ciudad santa; esta memoria se hace o bien por la
procesión o entrada solemne antes de la misa principal, o bien por la entrada
simple antes de las restantes misas. La entrada solemne, no así la procesión,
puede repetirse antes de aquellas misas que se celebran con gran asistencia de
fieles.

Cuando no se pueda hacer ni la procesión ni la entrada solemne, es


conveniente que se haga una celebración de la palabra de Dios con relación a la
entrada mesiánica y a la pasión del Señor, ya sea el sábado al atardecer, ya sea el
domingo a la hora más oportuna.

Conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén

Forma primera: Procesión

2. A la hora señalada se reúnen todos en una iglesia menor o en otro lugar apto
fuera de la iglesia a la que se va a ir en procesión. Los fieles tienen en sus manos
los ramos.

3. El sacerdote, revestido con las vestiduras rojas que se requieren para la


celebración de la misa, se dirigen al lugar donde se ha congregado el pueblo. El
sacerdote, en lugar de casulla, puede llevar capa pluvial, que se quitará una vez
acabada la procesión.

4. Mientras los ministros llegan al lugar de la reunión, se canta la siguiente


antífona u otro canto apropiado:

Antífona

Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor,


El Rey de Israel. ¡Hosanna en el Cielo!

Monición: Hermanos, nos hemos reunido esta mañana para empezar


la celebración de la Semana Santa; es decir, seguir a Cristo paso a
paso y revivir los acontecimientos del misterio de nuestra salvación:
el Misterio Pascual.
Hoy, nosotros aclamaremos a Cristo, nuestro Rey y Redentor, igual
que los hebreos, con palmas y ramos, símbolo de vida y de victoria;
que nuestra alabanza sea una profesión de fe y un compromiso para
seguir al Señor en su camino hacia la cruz a través de ella hacia el
triunfo definitivo.
El celebrante se reviste hoy con ornamentos rojos para la celebración,
porque simbolizan la realeza de Cristo conquistada por el testimonio
de amor, por el martirio y la entrega de su vida. Comencemos pues,
nuestra Celebración.

El sacerdote y el pueblo se signan, mientras el sacerdote dice: En el nombre del


Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Después saluda al pueblo como de
costumbre: El Señor este con ustedes y hace una breve monición, en la que
invita a los fieles a participar activa y conscientemente en la celebración de este
día, con estas palabras u otras semejantes:

Queridos hermanos: Ya desde el principio de la Cuaresma nos


venimos preparando con obras de penitencia y caridad. Hoy nos
disponemos a inaugurar, en comunión con toda la Iglesia, la
celebración anual del Misterio pascual de la pasión y resurrección de
Nuestro Señor Jesucristo quien, para llevarlo a cabo, hizo la entrada
en la ciudad santa de Jerusalén. Por este motivo, recordando con fe y
devoción esta entrada salvadora, acompañemos al Señor para que,
participando de su cruz por la gracia, merezcamos un día tener parte
en su resurrección y vida.

Después de la monición, el sacerdote dice una de las siguientes oraciones, con las
manos juntas:

Oremos.
DIOS todopoderoso y eterno,
santifica con tu + bendición estos ramos,
y, a cuantos vamos a acompañar a Cristo Rey,
aclamándolo con cantos,
concédenos, por medio de él,
entrar a la Jerusalén del cielo.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
O bien:
AUMENTA, Señor Dios, la fe de los que esperan en ti
y escucha con bondad las súplicas de quienes te invocan,
para que, al presentar hoy nuestros ramos a Cristo victorioso,
demos para ti en él frutos de buenas obras.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

A continuación, asperja con agua bendita los ramos sin decir nada

Seguidamente el sacerdote proclama, en la forma habitual, el evangelio de la


entrada del Señor, según uno de los cuatro Evangelios. Puede utilizarse incienso, si
se juzga oportuno.

Monición: Escucharemos ahora la proclamación solemne del hecho


histórico de la entrada de Jesús en Jerusalén. En el entusiasmo de la
alegría, no olvidemos que el Reino de Cristo no es de este mundo.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas

R/. Gloria a ti, Señor

En aquel tiempo, Jesús, acompañado de sus discípulos,


caminaba delante, subiendo a Jerusalén. Al acercarse a Betfagé y a
Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos de sus
discípulos, diciéndoles: "Vayan al pueblo que está enfrente; al entrar,
encontrarán un burrito atado, que nadie ha montado todavía.
Desátenlo y tráiganlo. Y si alguien les pregunta ¿por qué lo desatan?,
contéstenle: 'El Señor lo necesita' ". Ellos fueron y lo encontraron
como les había dicho. Mientras desataban el burrito, los dueños les
preguntaron: "¿Por qué lo desatan?". Ellos contestaron: "El Señor lo
necesita". Luego llevaron al burrito, adonde estaba Jesús y, poniendo
sobre él sus mantos le ayudaron a montar. Según iba avanzando, la
gente alfombraba el camino con sus mantos. Y, cuando ya se
acercaba ya la bajada del monte de los Olivos, la multitud de
discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos por
todos los milagros que habían visto, diciendo: "¡Bendito el que viene
como rey, en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las
alturas!". Algunos fariseos que se encontraban entre la multitud le
dijeron: "Maestro, reprende a tus discípulos". Él les replicó: "Les
aseguro que, si estos callan, gritarán las piedras".

Palabra del Señor.

R/. Gloria a ti, Señor Jesús.

Después del evangelio, se puede hacer una breve homilía. Antes de comenzar la
procesión, el sacerdote, el diácono o un ministro laico, dice con estas u otras
palabras:

Queridos hermanos:
Imitando a la multitud que aclamaba al Señor, avancemos en paz.

Monición: Que esta procesión que vamos a comenzar ahora, nos


haga comprender los que debe ser nuestra vida de bautizados;
aclamar al Señor nuestro Salvador, por una vida dedicada a su
servicio, siguiéndolo fielmente, paso a paso.
El orden de la procesión será el siguiente:
1. Turiferario y Naveta
2. Cruz Procesional
3. Dos cirios
4. Leccionario
5. Monaguillos
6. Sacerdote Presidente
7. El Pueblo

Y comienza la procesión hacia la iglesia donde se va a celebrar la misa. Si se


emplea el incienso, va delante el turiferario con el incensario humeante,
seguidamente el acólito u otro ministro que porta la cruz adornada con ramos o
palmas según las costumbres del lugar, en medio de dos ministros con velas
encendidas. A continuación, el diácono llevando el libro de los Evangelios, el
sacerdote con los ministros y, detrás de ellos, los fieles, que llevan los ramos en las
manos.
Durante la procesión, los cantores, junto con el pueblo, cantan los siguientes cantos
u otros apropiados en honor de Cristo Rey:

Antífona 1

R/. Los niños hebreos, llevando ramos de olivo, salieron al encuentro


del Señor, aclamando: Hosanna en el cielo.

Esta antífona se puede repetir entre los versículos de este salmo.

Salmo 23

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,


el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R/.

¿Quién puede subir al monte del Señor?


¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
Que no confía en los ídolos ni jura contra el prójimo en falso. R/.

Ese recibirá la bendición del Señor,


le hará justicia el Dios de salvación.
Esta es la generación que busca al Señor,
que busca tu rostro, Dios de Jacob. R/.

¡Portones!, alcen los dinteles,


que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso, el Señor valeroso en la batalla. R/.

¡Portones!, alcen los dinteles,


que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios del universo: él es el Rey de la gloria. R/.

Antífona 2
R/. Los niños hebreos extendían mantos por el camino y clamaban:
«Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del
Señor».

Esta antífona se puede repetir entre los versículos de este salmo.

Salmo 46

Pueblos todos, batan palmas,


aclamen a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible,
emperador de toda la tierra. R/.

Él nos somete los pueblos y nos sojuzga las naciones;


él nos escogió por heredad suya: gloria de Jacob, su amado.
Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas: R/.

Toquen para Dios, toquen,


toquen para nuestro Rey, toquen.
Porque Dios es el rey del mundo:
toquen con maestría. R/.

Dios reina sobre las naciones,


Dios se sienta en su trono sagrado.
Los príncipes de los gentiles se reúnen con el pueblo del Dios de
Abrahán;
porque de Dios son los grandes de la tierra, y él es excelso. R/.
Himno a Cristo Rey

Pueblo:

R/. ¡Gloria, alabanza y honor!


¡Griten Hosanna,
y háganse como los niños hebreos al paso del Redentor!
¡Gloria y honor al que viene en el nombre del Señor!

Cantores:

1. Como Jerusalén con su traje festivo,


vestida de palmeras, coronada de olivos,
viene la cristiandad en son de romería
a inaugurar tu Pascua con himnos de alegría. R/.

2. Ibas como va el sol a un ocaso de gloria;


cantaban ya tu muerte al cantar tu victoria;
pero tú eres el Rey, el Señor, el Dios fuerte,
la vida que renace del fondo de la muerte. R/.

3. Tú, que amas a Israel y bendices sus cantos,


complácete en nosotros, el pueblo de los santos;
Dios de toda bondad que acoges en tu seno
cuanto hay entre los hombres sencillamente bueno. R/.

Al entrar la procesión en la iglesia se canta el siguiente responsorio u otro canto


que haga alusión a la entrada del Señor:

V./ Al entrar el Señor en la ciudad santa,


los niños hebreos,
anunciando con anticipación la resurrección de Cristo,
con palmas en las manos, aclamaban:
R./ Hosanna en el cielo

V/. Al enterarse de que Jesús llegaba a Jerusalén,


el pueblo salió a su encuentro.
con palmas en las manos, aclamaban

R/. Hosanna en el cielo

MISA

El sacerdote, al llegar al altar, lo venera y, si lo juzga oportuno, lo inciensa. Después


va a la sede, se quita la capa pluvial si la ha usado, y se pone la casulla y, omitidos

los demás ritos iniciales de la misa y, según la oportunidad, el Señor ten piedad,
dice la oración colecta de la misa y continúa como de costumbre.

Monición: Hemos iniciado hoy la celebración de la Semana Santa,


después de la larga preparación cuaresmal. Y la hemos iniciado
recordando la entrada victoriosa de Jesús en Jerusalén. Porque
sabemos que su camino, el camino doloroso de la cruz, no termina
con la muerte, sino que es fuente de resurrección y de vida.
Dispongámonos a continuar con mucho respeto y en silencio nuestra
celebración Eucarística.

Oración Colecta

Dios todopoderoso y eterno,


que hiciste que nuestro Salvador se encarnase
y soportara la cruz
para que imitemos su ejemplo de humildad,
concédenos, propicio,
aprender las enseñanzas de la pasión
y participar de la resurrección gloriosa.
Por nuestro Señor Jesucristo.
LITURGIA DE LA PALABRA

Monición a la primera lectura:


Pongamos atención a esta primera lectura donde el profeta Isaías nos
habla de un hombre totalmente fiel al Señor; quien a pesar de sufrir
mucho mantiene su esperanza en Dios. Este hombre a quien se
refiere la antigua profecía es Jesús.

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 50, 4-7

Mi Señor me ha dado una lengua de discípulo, para saber decir al


abatido una palabra de aliento. Cada mañana me despierta el oído,
para que escuche como los discípulos. El Señor me abrió el oído, y yo
no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
las mejillas a los que tiraban mi barba; no me tapé el rostro ante
ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes;
por eso endurecí el rostro como roca, sabiendo que no quedaría
defraudado.

Palabra de Dios

Salmo responsorial

Sal 21, 8-9.17-20.23-24

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?


T. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí,

hacen muecas, menean la cabeza:

«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;

que lo libre, si tanto lo quiere». R.

Me acorrala una jauría de mastines,


me cerca una banda de malhechores;

me taladran las manos y los pies,

puedo contar mis huesos. R.

Se reparten mi ropa,

echan a suertes mi túnica.

Pero tú, Señor, no te quedes lejos;

fuerza mía, ven corriendo a ayudarme R.

Contaré tu fama a mis hermanos,

en medio de la asamblea te alabaré.

Fieles del Señor, alábenlo;

linaje de Jacob, glorifíquenlo;

témanlo, linaje de Israel R.

Monición a la segunda lectura:

San Pablo nos presenta a Cristo como un hombre que se humilló a sí


mismo por obediencia y aceptó morir en la cruz; aceptó rebajarse,
hacerse como el más culpable, para que de su muerte los hombres
tuviéramos vida. Por eso Dios lo puso sobre todas las cosas.
Pongamos atención...

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-


11
Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría
de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de
esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre
cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una
muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el
«Nombre sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda
rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua
proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

Para la lectura de la Pasión del Señor no se llevan ni cirios ni incienso, no se hace al


principio el saludo habitual, ni se signa el libro. La lee el diácono o, en su defecto, el
mismo celebrante. Puede también ser leída por lectores, reservando, si es posible,
al sacerdote la parte correspondiente a Cristo
Indicaciones para la lectura dialogada

✠ = Sacerdote C = Cronista S = Otros personajes

Monición al Evangelio:

Escucharemos ahora la narración de la Pasión del Señor, toda esta


lectura nos hace participar en los sufrimientos de Cristo durante su
Pasión. Contemplemos, pues, con fe este camino de amor que siguió
Cristo para darnos la vida con la gloria de su resurrección. De pie, por
favor y entonemos el canto de aclamación.

Aclamación antes del Evangelio


Flp 2, 8-9

Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de


cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre
sobre-todo-nombre».

Evangelio

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 22,14—23,


56 He deseado enormemente comer esta comida pascual con
ustedes, antes de padecer

C. Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo:

✠ «He deseado enormemente comer esta comida pascual con


ustedes, antes de padecer, porque les digo que ya no la volveré a
comer, hasta que se cumpla en el reino de Dios».

C. Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias y dijo:


✠ «Tomen esto, repártanlo entre ustedes; porque les digo que no
beberé desde ahora del fruto de la vid, hasta que venga el reino de
Dios».

Hagan esto en conmemoración mía

C. Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo


dio diciendo:

✠ «Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes; hagan esto en


conmemoración mía».

C. Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo:

✠ «Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se


derrama por ustedes. Pero miren: la mano del traidor está sobre la
mesa, junto a mí». Porque el Hijo del hombre se va, según lo
establecido; pero, ¡ay de aquel que lo va a entregar!».

C. Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía


ser el que lo iba a traicionar.

Yo estoy en medio de ustedes como el que sirve

C. Los discípulos se pusieron a discutir sobre quién debería ser


considerado como el más importante. Jesús les dijo:

✠ «Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la


autoridad se hacen llamar bienhechores. Pero entre ustedes no debe
ser así. Al contrario, el más importante que se comporte como el
menor; y el que gobierna, como un servidor. Porque, ¿quién es más
importante, el que está sentado a la mesa o el que sirve? ¿Verdad
que el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de ustedes como
el que sirve. Ustedes son los que han perseverado conmigo en mis
pruebas, y yo les transmito el reino como me lo transmitió mi Padre a
mí: comerán y beberán a mi mesa en mi reino, y se sentarán en
tronos para juzgar a las doce tribus de Israel».

Después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos


C. Y añadió:

✠ «Simón, Simón, mira que Satanás los ha pedido a ustedes para


zarandearlos como trigo. Pero yo he rogado por ti, para que tu fe no
desfallezca. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus
hermanos».

C. Él le contestó:

S. «Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a la cárcel y a la


muerte».

C. Jesús le replicó:

✠ «Yo te aseguro, Pedro, que hoy, antes que cante el gallo, habrás
negado tres veces que me conoces».

Tiene que cumplirse en mí lo que está escrito

C. Y dijo a todos:

✠ «Cuando los envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, ¿les faltó


algo?».

C. Contestaron:

S. «Nada».

C. Él añadió:

✠ «Pero ahora, el que tenga bolsa que la coja, y lo mismo la alforja; y


el que no tiene espada, que venda su manto y compre una. Porque
les aseguro que tiene que cumplirse en mí lo que está escrito: «Fue
contado entre los malhechores». Lo que se refiere a mí toca a su fin».

C. Ellos dijeron:

S. «Señor, aquí hay dos espadas».

C. Él les contestó:

✠ «Basta».

En medio de su angustia, oraba con más insistencia


C. Y salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo
siguieron sus discípulos. Al llegar a ese sitio, les dijo:

✠ «Oren, para no caer en la tentación».

C. Después se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro

de piedra y, puesto de rodillas, oraba diciendo:

✠ «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi


voluntad, sino la tuya».

C. Y se le apareció un ángel del cielo, que lo reconfortaba. En medio


de su angustia, oraba con más insistencia. Y su sudor era como gotas
de sangre que caían hasta el suelo. Después de orar se levantó, y fue
hacia sus discípulos: los encontró dormidos por la tristeza. Jesús les
dijo:

✠ «¿Por qué duermen? Levántense y oren, para no caer en la


tentación».

Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?

C. Todavía estaba hablando, cuando llegó una multitud encabezada


por Judas, uno de los Doce, quien se acercó a Jesús para besarlo.
Jesús le dijo:

✠ «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?».

C. Al darse cuenta de lo que iba a suceder, los que estaban con él


dijeron:

S. «Señor, ¿sacamos la espada?».

C. Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja


derecha. Jesús intervino, diciendo:

✠ «Déjenlo, basta ya».

C. Y, tocándole la oreja, lo curó. Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a


los jefes de la guardia del templo, y a los ancianos que habían venido
contra él:
✠ «¿Han salido con espadas y palos, como si yo fuera un ladrón? A
diario estaba en el templo con ustedes, y no trataron de arrestarme.
Pero esta es la hora de ustedes y el poder de las tinieblas».

Pedro, saliendo afuera, lloró amargamente

C. Después de arrestarlo, lo condujeron a la casa del sumo sacerdote.


Pedro lo seguía de lejos. Ellos encendieron fuego en medio del patio,
se sentaron alrededor, y Pedro se sentó entre ellos. Una criada que lo
vio sentado junto al fuego lo miró fijamente y dijo:

S. «También este estaba con él».

C. Pero él lo negó, diciendo:

S. «No lo conozco, mujer».

C. Poco después lo vio otro y le dijo:

S. «Tú también eres uno de ellos».

C. Pedro replicó:

S. «Hombre, no lo soy».

C. Como una hora después, otro insistía:

S. «Sin duda, este estaba con él, pues también es galileo».

C. Pedro contestó:

S. «Hombre, no sé de qué me hablas».

C. Y en aquel mismo momento, cuando aún estaba hablando, cantó


un gallo. El Señor se volvió y miró a Pedro. Recordó Pedro las
palabras que le había dicho el Señor: «Hoy, antes que cante el gallo,
me habrás negado tres veces». Y, saliendo afuera, lloró
amargamente.
Haz de profeta: ¿quién te ha pegado?

C. Los hombres que tenían preso a Jesús se burlaban de él, dándole


golpes. Y, tapándole la cara, le preguntaban:
S. «Adivina: ¿quién te ha pegado?».

C. Y proferían contra él toda clase de insultos.

Lo hicieron comparecer ante el sanedrín

C. Cuando se hizo de día, se reunió el consejo de los ancianos con los


sumos sacerdotes y los escribas, y, haciéndole comparecer ante el
sanedrín, le dijeron:

S. «Dinos si tú eres el Mesías».

C. Él les contestó:

✠ «Si se lo digo, no lo van a creer; y si les pregunto, no me van a


responder».

Desde ahora, el Hijo del hombre estará sentado a la derecha de Dios


todopoderoso

C. Dijeron todos:

S. «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?».

C. Él les contestó:

✠ «Ustedes lo dicen, yo lo soy».

C. Ellos dijeron:

S. «¿Qué necesidad tenemos ya de testimonios? Nosotros mismos lo


hemos oído de su propia boca».

C. Se levantó toda la asamblea, y llevaron a Jesús a presencia de


Pilato.

No encuentro ninguna culpa en este hombre

C. Y se pusieron a acusarlo, diciendo:

S. «Hemos comprobado que este hombre anda amotinando a nuestra


nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo
que él es el Mesías rey».
C. Pilato preguntó a Jesús:

S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».

C. Él le contestó:

✠ «Tú lo dices».

C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:

S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre».

C. Ellos insistían con más fuerza, diciendo:

S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea


hasta aquí».

C. Pilato, al oírlo, preguntó si era galileo; y, al enterarse de que era de


la jurisdicción de Herodes, se lo envió. Herodes estaba precisamente
en Jerusalén por aquellos días.

Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio

C. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento; pues hacía


bastante tiempo que quería verlo, porque oía hablar de él y esperaba
verle hacer algún milagro. Le hizo un interrogatorio bastante largo;
pero él no le respondió nada. Estaban allí los sumos sacerdotes y los
escribas acusándolo con insistencia. Herodes, con su escolta, lo trató
con desprecio y se burló de él; y, poniéndole una vestidura blanca, se
lo envió de nuevo a Pilato. Aquel mismo día, Herodes y Pilato se
hicieron amigos, pues antes estaban enemistados.

Pilato entregó a Jesús al arbitrio de ellos

C. Pilato, convocando a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al


pueblo, les dijo:
S. «Me han traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; y
resulta que yo lo he interrogado delante de ustedes, y no he
encontrado en este hombre ninguna de las culpas que le imputan; ni
tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Nada ha
hecho, pues, que merezca la muerte. Así que le daré un escarmiento
y lo soltaré».

C. Por la fiesta tenía que soltarles a un preso. Toda la muchedumbre


se puso a gritar a una:

S. «¡Fuera ese! Suéltanos a Barrabás».

C. A este lo habían metido en la cárcel por una revuelta que tuvo


lugar en la ciudad y por un homicidio. Pilato volvió a dirigirles la
palabra con intención de soltar a Jesús. Pero ellos seguían gritando:

S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!».

C. Él les dijo por tercera vez:

S. «Pues, ¿qué mal ha hecho este hombre? No he encontrado en él


ningún delito que merezca la muerte. Así es que le daré un
escarmiento y lo soltaré».

C. Pero ellos insistían a gritos que lo crucificara; e iba creciendo el


griterío. Pilato decidió que se cumpliera su petición: soltó al que ellos
pedían (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a
Jesús lo entregó al arbitrio de ellos.

Hijas de Jerusalén, no lloren por mí

C. Mientras lo conducían, echaron mano de un tal Simón de Cirene,


que volvía del campo, y le obligaron a cargar la cruz, para que la
llevase detrás de Jesús. Lo seguía mucha gente del pueblo, y mujeres
que se dolían y lamentaban por él. Jesús se volvió hacia ellas y les
dijo:

✠ «Hijas de Jerusalén, no lloren por mí, lloren más bien por ustedes y
por sus hijos, porque miren que llegará el día en que dirán: ‘‘Dichosas
las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no
amamantaron’’. Entonces empezarán a decirles a los montes:
‘‘Desplómense sobre nosotros’’, y a las colinas: ‘‘Sepúltennos’’;
porque, si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?».

C. Conducían también a otros dos malhechores para ser ejecutados


con él.

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

C. Y, cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron


allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Jesús decía:

✠ «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

C. Y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte.

Este es el rey de los judíos

C. El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas,


diciendo:

S. «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si es el Mesías de


Dios, el Elegido».

C. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y


diciendo:

S. «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».

C. Había encima de él una inscripción: «Este es el rey de los judíos»

Hoy estarás conmigo en el paraíso

C. Uno de los malhechores crucificado lo insultaba, diciendo:

S. «No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

C. Pero el otro le increpaba:


S. «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena?
Nosotros la sufrimos justamente, porque recibimos el pago de lo que
hicimos; en cambio, él no ha hecho nada malo».

C. Y decía:

S. «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».

C. Jesús le respondió:

✠ «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu

C. Era ya cerca del mediodía, el sol se oscureció y las tinieblas


cubrieron toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del templo
se rasgó por el medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:

✠ «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu».

C. Y, dicho esto, expiró.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

C. El centurión, al ver lo que pasaba, daba gloria a Dios, diciendo:

S. «Verdaderamente, este hombre era justo».

C. Toda la muchedumbre que había acudido para contemplar este


espectáculo, al ver lo que había pasado, regresaba dándose golpes de
pecho. Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido
desde Galilea se mantenían a distancia contemplando lo sucedido.

José colocó el cuerpo de Jesús en un sepulcro excavado

C. Un hombre llamado José, que era senador, hombre bueno y


honrado que no había votado a favor de la decisión y del crimen de
ellos, que era natural de Arimatea, pueblo de Judea, y que aguardaba
el reino de Dios, acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y,
bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro
excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía. Era el
día de la Preparación y ya comenzaba el sábado. Las mujeres que lo
habían acompañado desde Galilea fueron detrás para observar el
sepulcro y cómo habían colocado el cadáver. Luego regresaron y
prepararon aromas y ungüentos. Y el sábado guardaron descanso,
según el precepto.

Palabra del Señor.

Después de la lectura de la historia de la Pasión téngase, oportunamente, una


breve homilía. También puede observarse algún espacio de silencio.

CREDO
Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido
por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y
sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los
muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre
todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo
en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los
santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida
eterna.
Amén

ORACIÓN UNIVERSAL
Oremos a Cristo, que sube a Jerusalén para dar su vida por la nuestra,
y sabiendo que él nos colma de bienes, digámosle:

R/. Ven y sálvanos.

1. Para que la Iglesia, mirando a Jesucristo que dio su vida para salvar
a todos los hombres, sepa llevar a todos los corazones un mensaje de
esperanza y de paz. Roguemos al Señor. R/.
2. Para que Jesucristo, que se hizo hombre y dio su vida por amor, dé
al santo padre y a todos los obispos entrañas de misericordia y
comprensión para manifestar el amor de Dios. Roguemos al Señor. R/.
3. Para que reine la paz en nuestro mundo, cesen los odios y
violencias y todos los hombres nos comprometamos a construir una
sociedad justa, fraterna y solidaria en la que la victoria de Cristo se
manifiesta con todo su esplendor. Roguemos al Señor. R/.
4. Para que esta semana, en la que vamos a acompañar a Jesús en su
misterio de entrega y amor que lo llevará a dar su vida en la cruz
para salvarnos, sea para todos los cristianos un motivo para reavivar
nuestra fe y nuestra cercanía a nuestra Salvador. Roguemos al Señor.
R/.
5. Para que los enfermos, los que sufren hambre, enfermedad,
injusticia o discriminación, experimenten la fuerza de Dios y, como
Jesús, no desfallezcan. Roguemos al Señor. R/.
6. Para que la proclamación de Jesucristo como nuestro Dios y Mesías
agrande nuestra capacidad de entrega a nuestros hermanos más
necesitados. Roguemos al Señor. R/.

S. Gracias, Señor, porque siempre nos ayudas; escucha nuestras


oraciones y haz que nunca nos apartemos del camino que nos lleva a
la Jerusalén celestial, donde tú nos precedes. Tú que vives y reinas
por los siglos de los siglos. Amén.

LITURGIA DE LA EUCARISTÍA

Ofertorio

Canto de Ofertorio

Oración sobre las ofrendas

Señor, que por la pasión de tu unigénito


se extienda sobre nosotros tu misericordia
y, aunque no la merecen nuestras obras,
que con la ayuda de tu compasión
podamos recibirla en este sacrificio único.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

V. El Señor esté con ustedes.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte


gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.

El cual, siendo inocente, se dignó padecer por los impíos, y ser


condenado

injustamente en lugar de los malhechores. De esta forma, al morir,


borró nuestros delitos, y, al resucitar, logró nuestra salvación.

Por eso, te alabamos con todos los ángeles, aclamándote llenos de


alegría: Santo, Santo, Santo…

PLEGARIA EUCARISTICA III

El sacerdote, con las manos extendidas, dice:

CP Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus


criaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza
del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo
sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha
desde donde sale el sol hasta el ocaso.
Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:

CC Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo


Espíritu estos dones que hemos separado para ti,

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente,
diciendo:

de manera que se conviertan en el Cuerpo y ✠ la Sangre de


Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro,

Junta las manos.

que nos mandó celebrar estos misterios.

En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente
y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.

Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus


discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.

TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO,


QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora,


haciendo genuflexión. Después prosigue:

Del mismo modo, acabada la cena,

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos,


diciendo:

Se inclina un poco.

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE


MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE
SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL
PERDÓN DE LOS PECADOS. HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN
MÍA.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo


genuflexión. Luego dice una de las siguientes fórmulas:

CP Éste es el Misterio de la fe.

O bien:

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor


Jesús!

O bien:

CP Alabemos el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz,


anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien:

CP Proclamemos el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Salvador del mundo, sálvanos, que nos has liberado por tu cruz y
resurrección.

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:

CC Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión


salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al
cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta
acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la


Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para
que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su
Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

C1 Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos


de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de
Dios, su esposo San José los apóstoles y los mártires, [San N…] y
todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu
ayuda.

C2 Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz


y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu
Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa N., a nuestro
hermano N., Obispo de esta Iglesia de N., a tu siervo N., que ha sido
ordenado hoy pastor de la Iglesia, al orden episcopal, a los
presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en


tu presencia.

Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos


por el mundo. A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en
tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos
de la plenitud eterna de tu gloria,

Junta las manos

por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los
bienes.

Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:

CP o CC Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la


unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de
los siglos.

El pueblo aclama:

Amén.

Rito de la Comunión
Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el sacerdote, con las manos
juntas, dice:

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina


enseñanza, nos atrevemos a decir:

O bien:

Llenos de alegría por ser hijos de Dios, digamos confiadamente la


oración que Cristo nos enseñó:

O bien:

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el


Espíritu Santo que se nos ha dado; movidos por ese Espíritu digamos
con fe y esperanza:

O bien:

Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de


reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el
Señor nos ha enseñado:

Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:

Padre nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu Nombre,


venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos
dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:

Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros


días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres
de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la
gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

Junta las manos. El pueblo concluye la oración aclamando:

Tuyo es el Reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:


Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz les dejo, mi paz
les doy», no tengas en cuenta nuestros pecados sino la fe de tu
Iglesia, y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.

Junta las manos.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

El pueblo responde:

Amén.

El sacerdote, vuelto hacia al pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade:

La paz del Señor esté siempre con ustedes.

El pueblo responde:

Y con tu espíritu.

Luego, si se juzga oportuno, el diácono ordenado, añade:

Démonos fraternalmente la paz

O bien:

Como hijos de Dios, intercambiemos ahora un signo de comunión


fraterna.

O bien:

En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su cruz, démonos la paz


como signo de reconciliación.

O bien:

En el Espíritu de Cristo resucitado, démonos fraternalmente la paz.

Y todos, según las costumbres del lugar, se intercambian un signo de paz, de


comunión y de caridad. El sacerdote da la paz al diácono o al ministro. Después
toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena y pone una partícula dentro del
cáliz, diciendo en secreto:

El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este


cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.

Mientras tanto se canta o se dice:


Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de
nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten
piedad de nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
danos la paz.

Esta aclamación puede repetirse varias veces, si la fracción del pan se prolonga. La
última vez se dice: danos la paz. A continuación el sacerdote, con las manos juntas,
dice en secreto:

Señor Jesucristo, Hijo del Dios vivo, que por voluntad del Padre,
cooperando el Espíritu Santo, diste con tu muerte la Vida al mundo,
líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis
culpas y de todo mal. Concédeme cumplir siempre tus mandamientos
y jamás permita que me separe de ti.

O bien:

Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea


para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad
me sirva para defensa de alma y cuerpo, y como remedio de
salvación.

El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco


elevada sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos


los invitados a la cena del Señor.

Y, juntamente con el pueblo, añade:

Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya
bastará para sanarme.

El sacerdote, vuelto hacia el altar, dice en secreto:

El Cuerpo de Cristo me proteja para la Vida eterna.

Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo. Después toma cáliz, y dice en


secreto:

La Sangre de Cristo me guarde para la Vida eterna.

Y bebe reverentemente la Sangre de Cristo.


Monición para la comunión: (cuando el sacerdote está
comulgando)

Hermanos; cada vez que participamos de este Pan y de este Cáliz,


debemos recordar sus palabras: "Un mandamiento nuevo les doy: que
se amen los unos a los otros como Yo los he amado".

Acerquémonos y comamos de su Cuerpo y de su Sangre., haciendo


dos filas.

Después toma la patena o la píxide y se acerca a los que van a comulgar. Muestra
el pan consagrado a cada uno, sosteniéndolo un poco elevado y le dice:

El Cuerpo de Cristo.

El que va a comulgar responde:

Amén.

Oración después de la comunión

Saciados con los dones santos,


te pedimos, Señor, que,
así como nos has hecho esperar
lo que creemos por la muerte de tu Hijo,
podamos alcanzar, por su resurrección,
la plena posesión de lo que anhelamos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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