Modulo 8
La asimetría de información ocurre cuando, dentro de una negociación, uno de los
partícipes tiene mayor conocimiento que su contraparte respecto al objeto de la
transacción.
En otras palabras, cuando se genera este tipo de asimetría, uno de los agentes, ya sea el
comprador o vendedor, cuenta con más datos sobre las características del bien o servicio
que se va a intercambiar.
La asimetría de información es una falla de mercado que puede dificultar que se alcance
un equilibrio de competencia perfecta. Incluso, puede impedir que se lleve a cabo
cualquier operación. Imaginemos que en un sector el comerciante posee más
información que el consumidor. Este último, entonces, quizás no esté dispuesto a pagar
el precio solicitado sin tener alguna garantía acerca de la calidad de la mercancía.
Ejemplo de asimetría de información
Uno de los primeros economistas que destacó los efectos de la asimetría de información
fue el premio nobel de economía George Akerlof en su artículo “El mercado de los
limones: Calidad incierta y el mecanismo de mercado”.
Akerlof estudió el sector de los coches usados en donde existían unidades de mala
calidad (cacharros o limones) y otras de buena calidad.
El problema es que el dueño tiene más conocimiento que el público general acerca de
las posibles fallas de su coche. El comprador solo observa el precio, pero no puede
distinguir a simple vista la calidad del vehículo. Existe entonces una asimetría de
información.
Suponga que la mitad de los coches que se ofrecen en el mercado son de calidad y la
otra mitad son cacharros. Los dueños de vehículos de calidad están dispuestos a vender
a un precio de 200 euros, mientras que los propietarios de cacharros aceptan un precio
de 100 euros.
Por su parte, si el consumidor conociera la calidad de la mercancía, estaría dispuesto a
pagar 240 euros por un coche de calidad y 120 euros por un cacharro. Como vemos,
transar en el mercado es posible y deseable.
Sin embargo, como el consumidor no conoce la calidad de los coches, solo estará
dispuesto a pagar un precio de acuerdo con la calidad esperada. Dado que existe un 50%
de probabilidad de que encuentre un cacharro, lo máximo que estará presto a
desembolsar es (1/2 * 240) + (1/2 *120) = 180 euros. A esa tarifa, solo los dueños de
cacharros estarán inclinados a vender y por tanto el comprador solo ofrecerá 120 euros.
Como vemos, existe una falla en el mercado que hace desaparecer las transacciones de
coches de calidad. En consecuencia, se genera ineficiencia y pérdida de bienestar del
consumidor.
La selección adversa ocurre cuando una parte de una transacción no tiene la
información necesaria para poder distinguir las características negativas de su
contraparte. Esta desventaja es aprovechada por la parte más informada, la que estará
dispuesta a completar una operación precisamente cuando es menos ventajoso para su
contraparte menos informada.
La selección adversa ocurre en mercados con información asimétrica en donde una de
las partes no cuenta con toda la información acerca del agente con el que está
negociando.
Ante el riesgo de selección adversa, la parte menos informada puede ser reticente a
realizar transacciones. En consecuencia, los mercados funcionarán de manera
ineficiente.
Solución para la selección adversa
Para poder reducir o eliminar la selección adversa se han tomado varias medidas entre
las que se encuentran:
En el mercado de seguros, por ejemplo, se exigen pólizas de salud obligatorias
de modo que todos los individuos de distinto nivel de riesgo tienen que
adquirirlas. De ese modo, se evita que las aseguradoras terminen cubriendo solo
a usuarios que demandarán mayores indemnizaciones.
Las compañías tratan de identificar los grupos de consumidores de distinto
riesgo. Así, por ejemplo, las compañías pueden solicitar exámenes médicos a sus
potenciales clientes o declaraciones firmadas en donde se reconocen conductas
riesgosas o enfermedades previas.
Premiar a los clientes que demuestran un menor riesgo a lo largo del tiempo. Por
ejemplo, una reducción del precio del seguro para aquellos individuos que han
presentado pocos incidentes en un determinado periodo.
Ejemplo de sección adversa
Uno de los ejemplos más conocidos de selección adversa ocurre en el mercado de los
seguros de salud. La compañía de seguros no tiene información completa acerca del
riesgo de cada individuo. Los individuos, por su parte, conocen mejor su riesgo ya que
saben y controlan su conducta (fumar, hacer ejercicio, alimentarse bien, etc.).
Si la compañía ofrece un seguro basado en el riesgo promedio pronto verá que los
individuos con mayor riesgo (con más probables atenciones médicas, hospitalizaciones,
muertes, etc.) serán los más interesados en adquirir el seguro. En cambio, los individuos
con menor riesgo encontrarán que el precio del seguro es demasiado alto.
Se dice entonces que la compañía hace una selección adversa pues termina atrayendo a
los clientes menos atractivos. De hecho, dado que el riesgo es más probable, la
compañía puede terminar enfrentando mayores costos y la quiebra.
Hoy en día, si no se conoce, empatiza y comprende a la sociedad, es imposible que las
empresas conecten con ella y aporten valor.
En la actualidad experimentamos nuevos contextos políticos y económicos para operar,
nuevos significados sociales de nuestras actuaciones y la reinterpretación de nuevos
roles frente a la realidad. A pesar de esto, antes de tomar una decisión, debemos
considerar varios viejos principios: leer con atención al mercado, comprender con
humildad las demandas y armonizar nuestros intereses con los de aquellos que nos
rodean.
Hoy, la reputación es el riesgo más grande, y la confianza el articulador de todo apoyo.
42% de la reputación que ganamos los centroamericanos depende de la ciudadanía
corporativa, la integridad y el comportamiento ético, además del ambiente laboral que
se genera en la empresa. Así lo reflejó una investigación que presentamos este año junto
con el Reputation Institute.
Conocer las tendencias de las expectativas de la sociedad nos ayuda a ser coherentes
con nuestros stakeholders (accionistas) y a entender a un consumidor que cada vez
exige más a las organizaciones, así que debemos ofrecer a la gente el mejor producto o
servicio que esté alineado con el futuro y que comprenda a la sociedad.
La gente pide que las empresas y sus directivos sean quienes tomen el timón para liderar
el cambio que el mundo necesita. Sólo descifrando hacia dónde se dirige y qué es lo que
quiere el consumidor se puede entablar una conversación honesta y sincera con el
cliente, quien cada vez está más comprometido con las causas sociales y ambientales.
Hoy en día, si no se conoce, empatiza y comprende a la sociedad, es imposible conectar
con ella y aportar valor.
Estamos inmersos en un nuevo ciclo: el de la “economía de la reputación y los
intangibles”; vivimos un momento en el que no sólo prima el valor financiero, sino
también el de lo que no se puede palpar.
De hecho, actualmente 52 % del valor empresarial mundial es intangible, aunque casi
80% está totalmente oculto, como nos revela el estudio Global Intangible Finance
Tracker (GIFT 2019), elaborado por Brand Finance. Y nos atrevemos a asegurar que,
con el tiempo, esta cifra relacionada con el valor de estos activos crecerá.
De ahí la importancia de seguir las tendencias en reputación y gestión de intangibles. El
estudio Approaching the Future, que anualmente elaboran Corporate Excellence Centre
for Reputation Leadership y Canvas Estrategias Sostenibles, cumple cuatro ediciones, y
en esta ocasión recoge las respuestas de 230 directivos de todo el mundo sobre los
temas clave que están liderando la agenda empresarial. Este año, y por primera vez,
también incorpora Inteligencia Artificial para cruzar las respuestas de los encuestados
con las acciones que realmente llevan a cabo las empresas.
Entre los resultados de esta edición, predominan cinco tendencias clave. En primer
lugar, las organizaciones evolucionan en su proceso de definición y activación del
propósito corporativo, el cual ha dejado de ser una meta para convertirse en una
herramienta de transformación corporativa. Esta es la tendencia más relevante para los
directivos en 2019.
Además, el informe señala que ya no sólo se elabora con base en las aspiraciones de la
empresa, sino que en su formulación se integran las expectativas éticas, sociales,
ambientales y económicas actuales. En este sentido, recordemos la carta de Larry Fink
de este año, presidente de uno de los mayores fondos de inversión del mundo, en la que
dice que el propósito corporativo se ha convertido en un criterio de inversión relevante
para los accionistas. Está claro, por tanto, que este es uno de los puntos clave que
guiarán las decisiones futuras de las organizaciones.
En segundo lugar, estamos en un momento crucial en el que se ha normalizado la
incertidumbre.
Es necesario realizar una gestión óptima de la reputación que permita fortalecer el
capital social y relacional, así como la confianza de los grupos de interés. Sin esto
estaremos perdidos, ya que sin la legitimidad para operar que otorgan los públicos no
podremos llevar a cabo nuestra actividad profesional.
Como una cosa lleva a la otra, observamos que la sociedad exige a las empresas, cada
vez más, que se involucren y posicionen en temas sociales y de interés general. El 94%
de los encuestados del Approaching the Future 2019 considera al activismo social como
una oportunidad para la reputación de las empresas, por lo que va a marcar un antes y
un después en el modo de hacer las cosas de las organizaciones y será, claramente, un
reto de cara al futuro y una oportunidad para tomar decisiones que demuestren
autenticidad y alineamiento con los valores corporativos. Hoy hablamos de marcas
activistas y con mayor fuerza la valoración de los ceo activistas.
Por otro lado, en los próximos años veremos un cambio considerable en materia de
cultura corporativa y activación de valores, y 66% de las empresas trabajan en ello.
Los valores marcarán un punto de partida importante para desarrollar un ecosistema
compartido de valores férreos y trabajo ágil, con metodologías revolucionarias que
permitirán ser más eficaces y flexibles con los empleados, como ya se hace a través de
Agile (método para la toma de decisiones) y opciones similares que ayudan a ser más
eficientes y a trabajar por proyectos.
Y, por último, no debemos perder de vista las promesas hechas con relación a la Agenda
2030. Este compromiso está haciendo que las empresas impulsen estrategias de
desarrollo sostenible y economía circular para luchar contra el cambio climático y
minimizar el impacto de su actividad en el planeta.
El 78% de los encuestados para Approaching the Future 2019 asegura que sus
organizaciones están priorizando los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que más
impactan para hacer una contribución positiva. Estas transformaciones no son
superficiales, pues afectan al negocio y al modo en el que cada organización se
comporta en el mundo y con sus públicos.
Además, en el informe también se han identificado tres ámbitos clave sobre los que las
organizaciones ya están impulsando acciones y planes concretos. El más relevante es el
de igualdad y diversidad, en especial en lo relativo a iniciativas, planes de igualdad y
políticas de conciliación.
A su vez, vemos cómo la sostenibilidad es un tema clave para las organizaciones y
empresas que la impulsan a través de la consecución de los ODS, la apuesta por la
inversión socialmente responsable y nuevos modelos de negocio responsable y
sostenible.
Por último, la flexibilidad laboral y las nuevas formas de trabajo se imponen a través del
horario flexible y el teletrabajo.
Gracias a la aplicación de técnicas de Inteligencia Artificial hemos cruzado las
respuestas de los encuestados con las acciones reales de las empresas y observamos que,
por orden de importancia, los temas más relevantes para los profesionales son: la
adaptación al cambio climático, la aplicación del blockchain (y otras nuevas
tecnologías), el impulso de iniciativas de economía circular, y la apuesta por la
generación de estrategias efectivas que permitan conseguir el compromiso de empleados
y la fidelización de los consumidores.
Estos datos nos muestran una foto del entorno cambiante al que se enfrentan hoy en día
las empresas. Estamos ante una situación en la que la preocupación por los temas
sociales y medioambientales es cada vez más fuerte, además de que afecta a la
gobernanza y a los modos de trabajo (y, por tanto, a la cultura corporativa). La oleada de
preocupación externa está influyendo directamente en la parte interna, o sea en la toma
de decisiones empresariales. Y esto es una buena noticia, pues ser capaz de conectar con
las inquietudes y exigencias de los grupos de interés es lo que permitirá convertir a las
empresas en actores sociales y a los directivos en líderes. Es, sin duda, un cambio
positivo que prioriza el bien común. La convivencia nunca ha estado tan clara, el
entendimiento debe ser mutuo y el beneficio recíproco. Las empresas serán sociales o
no lo serán. Y esto va mucho más allá de ser una tendencia.
El riesgo moral corresponde a un comportamiento oportunista en donde una de las
partes busca su propio beneficio a costa de que la otra no pueda observar o estar
informada de su conducta.
El riesgo moral aparece en los mercados con información asimétrica. Una de las partes
tiene información privada acerca de su conducta mientras que otros no pueden obtener
esta información.
Ante esta asimetría, los individuos toman mayores riesgos, realizan menores esfuerzos o
se aprovechan de determinadas circunstancias ya que saben que el costo de sus acciones
recaerá sobre otras personas.
Origen del concepto de riesgo moral
El concepto ya se utilizaba en Inglaterra hacia el año 1600. Las compañías aseguradoras
lo utilizaban para describir aquellas situaciones en las que no podían conocer el
comportamiento de sus asegurados.
Posteriormente, Adam Smith comenzó a utilizar el término propiamente en el campo de
la economía para describir el problema de agencia en las empresas de sociedades por
acciones.
Ejemplo de riesgo moral
En el caso de las compañías de seguro es frecuente encontrar situaciones de riesgo
moral. Así, por ejemplo, si una persona adquiere un seguro total contra cualquier daño o
robo de su vehículo, no tendrá ningún incentivo para ser precavido.
El asegurado, que sabe que la compañía no puede observar su comportamiento, tiende a
tomar más riesgos, estacionar en cualquier sitio o no fijarse si ha cerrado bien la puerta.
Su conducta aumenta significativamente la probabilidad de sufrir una pérdida pero esta
no será asumida por el asegurado.
Para hacer frente al riesgo moral, las compañías de seguro han creado mecanismos para
que sus clientes tengan mayores incentivos a ser precavidos. Así, por ejemplo,
establecen deducibles, esto es, el primer monto de pérdida será asumido por el cliente
mientras que el resto lo cubre la compañía.
Otra medida es dar premios y regalos a aquellos asegurados que puedan demostrar una
conducta ejemplar. Por ejemplo, varios años sin registrar ningún siniestro.