Antología de Juan Ramón
Antología de Juan Ramón
SUEÑO
La rosa pende, bella
Imagen alta y tierna del consuelo, y delicada, para todos,
aurora de mis mares de tristeza, su cuerpo sin penumbra y sin secreto,
lis de paz con olores de pureza, a un tiempo lleno y suave,
¡premio divino de mi largo duelo! íntimo y evidente, ardiente y dulce.
Esta rosa, esa rosa, la otra rosa...
Sí. Pero aquella rosa...
Igual que el tallo de la flor del cielo,
tu alteza se perdía en tu belleza...
Cuando hacia mí volviste la cabeza,
creí que me elevaban desde el cuelo.
ROSA ÍNTIMA
1
LA MÁS MÍA EL VIAJE DEFINITIVO
Yo no sé dónde cantan
los pájaros -cantan, cantan-
los pájaros que cantan.
2
ELLO por el pecho del ruiseñor,
por los naranjales en flor,
Existe; ¡yo lo he visto, por la perlería del río,
(y ello a mí)! por el lento pinar umbrío,
Su esbeltez negra y honda por los recientes labios rojos
surjía y resurjía de ella y por sus grandes ojos...
en la verdura blanca del relámpago, ¡Señor, Señor, no me matéis!
como un árbol nocturno de ojos bellos, (...Pero matadme, si queréis)
fondo tras fondo de los fondos májicos.
Lo sentí en mí, lo mismo, vez tras vez,
que si el rayo me helara los sentidos AGUA EN EL AGUA
con su instantaneidad.
¡Lo he visto, lo he tenido; Quisiera que mi vida
¡me ha tenido, me ha visto! se cayera en la muerte,
como este chorro alto de agua bella
en el agua tendida matinal;
CONVALECENCIA ondulado, brillante, sensual, alegre,
con todo el mundo diluido en él,
Sólo tú me acompañas, sol amigo. en gracia nítida y feliz.
Como un perro de luz, lames mi lecho blanco;
y yo pierdo mi mano por tu pelo de oro,
caída de cansancio. AJUSTE
¡Qué de cosas que fueron
se van... más lejos todavía! ¡Qué difícil es unir
Callo el tiempo de frutecer
y sonrío, igual que un niño, con el tiempo de sembrar!
dejándome lamer de ti, sol manso. (El mundo jira que jira,
...De pronto, sol, te yergues, ruedas que nunca se unen
fiel guardián de mi fracaso en una rueda total)
y, en una algarabía ardiente y loca, ¡Un solo día de vida,
ladras a los fantasmas vanos un día completo y todo,
que, mudas sombras, me amenazan que no se acabe jamás!
desde el desierto del ocaso.
ÁLAMO BLANCO
Arriba canta el pájaro
y abajo canta el agua.
(Arriba y abajo,
se me abre el alma).
¡Entre dos melodías,
la columna de plata!
Hoja, pájaro, estrella;
baja flor, raíz, agua.
¡Entre dos conmociones,
la columna de plata!
(¡Y tú, tronco ideal,
entre mi alma y mi alma!)
Mece a la estrella el trino,
la onda a la flor baja.
(Abajo y arriba,
me tiembla el alma).
A DIOS EN PRIMAVERA
Señor, matadme, si queréis.
(Pero, señor, ¡no me matéis!) DIOS DE AMOR
Señor dios, por el sol sonoro,
por la mariposa de oro, Lo que queráis, señor;
por la rosa con el lucero, y sea lo que queráis.
los corretines del sendero, Si queréis que entre las rosas
3
ría hacia los matinales del jaral de flores níveas;
resplandores de la vida, allá donde el claro arroyo
que sea lo que queráis. da en el río, se entreabría
Si queréis que entre los cardos un ocaso de esplendores
sangre hacia las insondables sobre el agua vespertina...
sombras de la noche eterna,
que sea lo que queráis. Mi flauta con sol lloraba
Gracias si queréis que mire, a lo largo de la orilla;
gracias si queréis cegarme; atrás quedaba un reguero
gracias por todo y por nada, de amarillas margaritas...
y sea lo que queráis.
Lo que queráis, señor;
y sea lo que queráis. EL AMOR
4
NOSTALGIA
Huía el viento a su gruta,
Al fin nos hallaremos. Las temblorosas manos el horror a su cabaña;
apretarán, suaves, la dicha conseguida, en el verde de los pinos
por un sendero solo, muy lejos de los vanos se iban abriendo las alas.
cuidados que ahora inquietan la fe de nuestra vida.
Las estrellas se morían,
se rasaba la montaña;
Las ramas de los sauces mojados y amarillos allá en el pozo del huerto
nos rozarán las frentes. En la arena perlada, la golondrina cantaba.
verbenas llenas de agua, de cálices sencillos,
ornarán la indolente paz de nuestra pisada.
5
Dice el verdón no sé qué cosa... Creí de nuevo en ella.
Mi alma se va por los caminos...
Mar de la tarde, mar de rosa, Y se quitó la túnica
¡qué dulce estás entre los pinos! y apareció desnuda toda.
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!
QUÉ DÉBIL EL LATIDO
¿Cómo era, Dios mío, cómo era? ¡Nada, sí, nada, nada!... - O que cayera
-¡Oh corazón falaz, mente indecisa!- mi corazón al agua, y de este modo
¿Era como el pasaje de la brisa? fuese el mundo un castillo hueco y frío...-
¿Como la huida de la primavera?
Más se fue desnudando ¡Ay quién pudiera hacer que el sueño fuese
y yo le sonreía. la vida!, ¡Que esta vida fría y vana
que me anega de sombra, fuera ese
Se quedó con la túnica sueño que desbarata mi mañana!
de su inocencia antigua.
6
Y no sé cómo saltar
CUANDO, DORMIDA TÚ... desde la orilla de hoy
a la orilla de mañana.
Cuando, dormida tú, me echo en tu alma ( Estío )
y escucho, con mi oído
en tu pecho desnudo,
tu corazón tranquilo, me parece ¿REMORDIMIENTO?
que, en su latir hondo, sorprendo
el secreto del centro La tarde será un sueño de colores...
del mundo. Me parece Tu fantástica risa de oro y plata
que legiones de ángeles, derramará en la gracia de las flores
en caballos celestes su leve y cristalina catarata.
-como cuando, en la alta
noche escuchamos, sin aliento
Tu cuerpo, ya sin mis amantes huellas,
y el oído en la tierra,
errará por los grises olivares,
trotes distantes que no llegan nunca-, cuando la brisa mueva las estrellas
que legiones de ángeles, allá sobre la calma de los mares...
vienen por ti, de lejos
-como los Reyes Magos
al nacimiento eterno ¡Sí, tú, tú misma...! irás por los caminos
de nuestro amor-, y el naciente rosado de la luna
vienen por ti, de lejos, te evocará, subiendo entre los pinos,
a traerme, en tu ensueño, mis tardes de pasión y de fortuna.
el secreto del centro
del cielo. Y mirarás, en pálido embeleso,
sombras en pena, ronda de martirios,
allí donde el amor, beso tras beso,
fue como un agua plácida entre lirios...
JARDÍN
ROSAS MUSTIAS DE CADA DÍA
Yo no sé cómo saltar
desde la orilla de hoy
a la orilla de mañana. Todas las rosas blancas de la luna caían,
por la ventana abierta, en el cuerpo desnudo ...
El río se lleva, mientras, Mirando aquellas carnes blandas que florecían,
la realidad de esta tarde, hundido entre mis sueños, yo estaba absorto y mudo.
a mares sin esperanza.
¡Oh su sexo con luna! ¡Esencia indefinible
Miro al oriente, al poniente, de su sexo con luna! Hervían los blancores
miro al sur y miro al norte. de la carne, y el rostro, perdido en lo invisible
de la penumbra, lánguido, cerraba sus colores.
Toda la verdad dorada
que cercaba al alma mía, Era el enervamiento del dolor ... Y cual una
cual con un cielo completo, rosa de treinta años, opulenta y desierta,
se cae, partida y falsa. el cuerpo blanco se elevaba hacia la luna
frío, espectral, azul, como una pompa muerta ...
7
y la estrella
AMOR se funden en romántica armonía.
8
Tienen esplendor vago de lirios de otro mundo; ¡Qué paz, cuando en la tarde misteriosa,
deslumbran lo que sueñan, refrescan lo que cantan. abrazados los dos, sea tu risa
el surtidor de nuestra sola fuente!
Mi frente se serena, como un cielo de tarde,
cuando tú con tus manos entre sus nubes andas; Mi corazón recogerá tu rosa,
si las beso, la púrpura de brasa de mi boca sobre mis ojos se echará tu brisa
empalidece de su blancor de piedra de agua. tu luz se dormirá sobre mi frente...
PRIMAVERA
LEJOS TÚ, LEJOS DE TI...
Abril, sin tu asistencia clara, fuera
invierno de caídos esplendores;
mas aunque abril no te abra a ti sus flores, Lejos tú, lejos de ti,
tú siempre exaltarás la primavera. yo, más cerca del mío;
afuera tú, hacia la tierra,
yo hacia adentro, al infinito.
Eres la primavera verdadera:
rosa de los caminos interiores
brisa de los secretos corredores, Los soles que tu verás,
lumbre de la recóndita ladera. serán los soles ya vistos;
yo veré los soles nuevos
que sólo enciende el espíritu.
9
Nuestros rostros, al volverse ¡Oh su sexo con luna! ¡Esencia indefinible
a hallar, no dirán lo mismo. de su sexo con luna! Hervían los blancores
Tu olvido estará en tus ojos, de la carne, y el rostro, perdido en lo invisible
en mi corazón mi olvido. de la penumbra, lánguido, cerraba sus colores.
Y YO ME IRÉ...
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y se quedó muda y triste, ¡OH TRISTE COCHE VIEJO...!
vagamente sonriendo.
¡Oh triste coche viejo, que en mi memoria ruedas!
¡Pueblo, que en un recodo de mi alma te pierdes!
DE TU LECHO ALUMBRADO ¡Lágrima grande y pura, lucero que te quedas,
temblando en la colina, sobre los campos verdes!
De tu lecho alumbrado de luna me venían
Verde el cielo profundo, despertaba el camino,
no sé qué olores tristes de deshojadas flores;
fresco y fragante del encanto de la hora;
heridas por la luna, las arañas reían
cantaba un ruiseñor despierto, y el molino
ligeras sonatinas de lívidos colores...
rumiaba un son eterno, rosa frente a la aurora.
Se iba por los espejos la hora amarillenta... -Y en el alma, un recuerdo, una lágrima, una
frente al balcón abierto, entre la madrugada, mano alzando un visillo blanco al pasar un coche...
tras la suave colina verdosa y soñolienta, la calle de la víspera, azul bajo la luna
se ponía la luna, grande, triste, dorada... solitaria, los besos de la última noche
La brisa era infinita. Tú dormías, desnuda... ¡Oh triste coche viejo, que en mi memoria ruedas!
tus piernas se enlazaban en cándido reposo, ¡Pueblo, que en un recodo de mi alma te pierdes!
y tu mano de seda, celeste, ciega, muda, ¡Lágrima grande y pura, lucero que te quedas,
tapaba, sin tocarlo, tu sexo tenebroso. temblando, en la colina, sobre los campos verdes!
Yo he acumulado mi esperanza
en lengua, en nombre hablado, en nombre escrito;
a todo yo le había puesto nombre DONADOR
y tú has tomado el puesto
de toda esta nombradía. Yo no soy yo.
Soy este
Ahora puedo yo detener ya mi movimiento, que va a mi lado sin yo verlo;
como la llama se detiene en ascua roja que, a veces, voy a ver,
con resplandor de aire inflamado azul, y que, a veces, olvido.
en el ascua de mi perpetuo estar y ser; El que calla, sereno, cuando hablo,
ahora yo soy ya mi mar paralizado, el que perdona, dulce, cuando odio,
el mar que yo decía, mas no duro, el que pasea por donde no estoy,
paralizado en olas de conciencia en luz el que quedará en pie cuando yo muera.
y vivas hacia arriba todas, hacia arriba. ( Eternidades )
11
-Y será cual si unos finos las hojas secas van, y los jazmines
dedos jugasen con sombra últimos, sobre el oro a la ventura.
por los leves agujeros
de la caña melodiosa-. El cielo, verde, en la más libre altura
de su ancha plenitud, deja los fines
¡Tonada que no sé yo, del mundo en un extremo de jardines
oída una tarde en la fronda; de ilusión. ¡Tarde en toda tu hermosura!
tonada que fui a coger
y que huía entre las hojas. ¡Qué paz! Al chopo claro viene y canta
un pájaro. Una nube se desvae
Para ver si no se iba, sin color, y una sota mariposa,
la engañé con una rosa:
cuando llore, llorará luz, se sume en la luz... y se levanta
con música y con aroma. de todo no sé qué hálito, que trae,
triste de no morir aún más, la rosa.
12
TAL COMO ESTABAS Cuando el frío desciende a la tierra,
inundando las frentes de invierno,
En el recuerdo estás tal como estabas. se reflejan las almas marchitas
Mi conciencia ya era esta conciencia, a través de los pálidos cuerpos.
pero yo estaba triste, siempre triste, Y hay un algo de pena insondable
porque aún mi presencia no era la semejante en los ojos sin lumbre del cielo,
de esta final conciencia y las largas miradas se pierden
en la nada sin fe de los sueños.
La nostalgia, tristísima, arroja
Entre aquellos geranios, bajo aquel limón, en las almas su amargo silencio,
junto a aquel pozo, con aquella niña, Y los niños se duermen soñando
tu luz estaba allí, dios deseante; con ladrones y lobos hambrientos.
tú estabas a mi lado, Los jardines se mueren de frío;
dios deseado, en sus largos caminos desiertos
pero no habías entrado todavía en mí. no hay rosales cubiertos de rosas,
no hay sonrisas, suspiros ni besos.
El sol, el azul, el oro eran, ¡Como cae la bruma en el alma
como la luna y las estrellas, perfumada de amor y recuerdos!
tu chispear y tu coloración completa, ¡Cuantas almas se van de la vida
pero yo no podía cogerte con tu esencia, estas tardes sin sol ni luceros!
la esencia se me iba
(como la mariposa de la forma)
porque la forma estaba en mí
y al correr tras lo otro la dejaba;
tanto, tan fiel que la llevaba,
que no me parecía lo que era.
13
IBA BLANCA Y TIERNA...
He entreabierto mi balcón:
Iba, blanca y tierna, entre por oriente ya la luna va naciendo;
los brotes rubios y verdes... las fragantes madreselvas
dan al aire de la noche las unciones de sus frescos
A donde daba su frente, y balsámicos perfumes;
oriente era. Lo fuerte, están tristes los luceros.
a su mudo pasar leve, En mi oído vibra el ritmo de las voces que se aman.
se caía, vano y débil. Me da horror de estar a solas con mi cuerpo...
Estaba encima y ausente El silencio me contagia;
de todo, y todo, envolviéndole estoy mudo..., en mis labios no hay acentos...
el corazón transparente, Me parece que no hay nadie sobre el mundo,
la hacía una y perenne, Me parece que mi cuerpo
como la vida a la muerte. se agiganta; siento frío, tengo fiebre,
en la sombra me amenazan mil espectros...
-Como a la vida. Su nieve
era inmortal y celeste. He sentido que la vida se ha apagado
Nevaba del suelo al cenit. sólo viven los latidos de mi pecho:
es que el mundo está en mi alma;
Pasó, sin irse. Indeleble las ciudades son ensueños...
y absorto, quedó el presente
mirando su huida, siempre... Sólo turba la quietud solemne y honda
el temblor de los diamantes de los cielos.
Estoy solo con mi alma
que se muere de tristeza, de nostalgia y de recuerdos.
NOCTURNO
¿A quién cuento mis pesares?
A G. Martínez Sierra Me da miedo de turbar este silencio
con sollozos. ¡Si escuchara algún suspiro!
Aun soñaba en las dulzuras de esta tarde. ¡Mis amores están lejos!
Estoy solo; mis amores están lejos;
y mi alma que se muere de tristeza, Por los árboles henchidos de negruras
de nostalgia y de recuerdos, hay terrores de unos monstruos soñolientos,
se sumía fatigada de culebras colosales arrolladas
en la bruma de los sueños. y alacranes gigantescos;
y parece que del fondo de las sendas
Esta tarde han florecido unos hombres enlutados van saliendo...
los vergeles de los cielos; Los jardines están llenos de visiones;
los crepúsculos pasados fueron grises hay visiones en mi alma..., siento frío,
cual monótonos crepúsculos de invierno. estoy solo, tengo sueño...
Esta tarde renació la primavera: Los recuerdos se amontonan en mi mente,
los velados horizontes descubrieron los suavísimos recuerdos
sus aldeas indecisas; de las tardes que me dieron sus colores,
hubo rosas y violetas en lo azul del firmamento, sus esencias y sus besos.
hubo magia fabulosa de colores y de esencias; ¡Son tan dulces esas tardes de la tierra!,
fue un crepúsculo de aquellos (¡ah, las tardes de los cielos!)
de las dulces primaveras que mi alma
ve vagar en sus recuerdos. Ya la luna amarillenta
va subiendo.
En la nada flotó un algo de profundas transparencias Mis pupilas, anegadas por el llanto,
y los giros de las brisas, un momento se han cuajado de luceros.
dibujáronse temblando; Siento frío...¡Quién pudiera
una onda ensombrecía los misterios dormitar eternamente en su ensueño,
de la tarde... olvidarse de la tierra
En el cielo religioso y perderse en lo infinito de los cielos!
las estrellas del crepúsculo entreabrieron; Llega un aire perfumado, caen mis lágrimas;
y mi alma se perdió en la vaga bruma estoy solo; mis amores están lejos...
de los últimos jardines melancólicos y quietos...
14
ESTOY TRISTE, Y MIS OJOS NO Cada nota encendía una herida de amores...
LLORAN -El dulce piano intentaba comprendernos.-
Estoy triste, y mis ojos no lloran Por el balcón abierto a brumas estrelladas,
y no quiero los besos de nadie; venía un viento triste de mundos invisibles...
mi mirada serena se pierde Ella me preguntaba de cosas ignoradas
en el fondo callado del parque. y yo le respondía de cosas imposibles...
15
Corría, huyendo del agua, que cuando falta en mí
entre los rosales granas. la imajen de la cima,
corro a mirarme en ti?
Y se reía, fantástica.
La risa se le mojaba. AHOGADA
Con lilas llenas de agua,
corriendo, la golpeaba... ¡Su desnudez y el mar!
Ya están, plenos, lo igual
( De "Francina en el jardín" ) con lo igual.
La esperaba,
desde siglos el agua,
EN EL SOPOR AZUL E HIRVIENTE para poner su cuerpo
DE LA SIESTA... solo en su trono inmenso.
Y ha sido aquí en Iberia.
En el sopor azul e hirviente de la siesta, La suave playa céltica
el jardín arde al sol. Huele a rosas quemadas. se la dio, cual jugando,
La mar mece, entre inmóviles guirnaldas de floresta, a la ola del verano.
una diamantería de olas soleadas. (Así va la sonrisa
¡amor! a la alegría)
Cúpulas amarillas encienden a lo lejos, ¡Sabedlo, marineros:
en la ciudad atlántica, veladas fantasías; de nuevo es reina Venus!
saltan, ríen, titilan momentáneos reflejos
de azulejos, de bronces y de cristalerías.
16
El pájaro solo huía sombra; como aquel día
de tan secreto paraje, en que primero vine
sólo yo podía estar llamando a tu secreto,
entre las rosas finales. cargado de afán libre.
¡Virjen oscura y plena,
Yo no quería volver pasada de hondos iris
en mi, por miedo de darles que apenas se ven; toda
disgustos de árbol distintos negra, con las sublimes
a los árboles iguales. estrellas, que no llegan
(arriba) a descubrirte!
Los árboles se olvidaron
de mi forma de hombre errante,
y, con mi forma olvidada, EL DÍA BELLO
oía hablar a los árboles.
Y en todo desnuda tú.
Me retardé hasta la estrella. He visto la aurora rosa
En vuelo de luz suave y la mañana celeste,
fui saliéndome a la orilla he visto la tarde verde
con la luna ya en el aire. y he visto la noche azul.
Y en todo desnuda tú.
Desnuda en la noche azul,
Cuando yo me salía
desnuda en la tarde verde
vi a los árboles mirarme,
y en la mañana celeste,
se daban cuenta de todo,
desnuda en la aurora rosa.
y me apenaba dejarles.
Y en todo desnuda tú.
Y yo les oía hablar,
entre el nublado de nácares, EL TODO
con blando rumor, de mi.
Y ¿cómo desengañarles ? No recordar nada...
Que me hunda la noche callada,
como una bandada
¿cómo decirles que no,
blanda y acabada.
que yo era solo el pasante,
(Que no quede nada...
que no me hablaran a mi ?
Que pase la mujer amada
No quería traicionarles.
por una dejada
estancia soñada)
Y ya muy tarde, ayer tarde, No desear nada...
oí hablarme a los árboles. Perderse en la idea sagrada,
como una dorada
( Romances de Coral Gables, 1948 ) sombra en la alborada.
17
ahogandose de sangre, fria el ala, en un llegar carmín de vida renovada;
palpitando de anhelo y de torpeza. con el poniente, en un huir de oro de gloria.
En este pozo diario estabas tú conmigo,
EN DINAMISMO DE ESPRESIÓN conmigo niño, jóven, mayor, y yo me ahogaba
sin saberte, me ahogaba sin pensar en ti.
GLORIOSA Este pozo que era, sólo y nada más ni menos,
que el centro de la tierra y de su vida.
Enormes perrosnubes negros ladran
Por todo el horizonte de poniente Y tú eras en el pozo májico el destino
En prodigiosa algarabía de adiós loco, de todos los destinos de la sensualidad hermosa
A la ciudad en ascuas que el crepúsculo que sabe que el gozar en plenitud
Deshace poco a poco en su alto abismo. de conciencia amadora,
Lacran a los colores rojos, pardos; es la virtud mayor que nos trasciende
a tus colores, dios, a los colores Lo eras para hacerme pensar que tú eras tú,
de tu coronación ( de mi coronación ) nocturna; para hacerme sentir que yo era tú,
a los colores de tu casa, para hacerme gozar que tú eras yo,
a tus colores sin más nombre ni destino para hacerme gritar que yo era yo
que la belleza presente, oscura o clara; en el fondo de aire en donde estoy,
belleza sucesiva donde soy animal de fondo de aire
clara u oscura, que es lo mismo con alas que no vuelan en el aire,
para la compenetración de nuestra gracia. que vuelan en la luz de la conciencia
mayor que todo el sueño
Tú mismo te contienes conteniéndome. de eternidades e infinitos
¡Qué lengua milagrosa que están después, sin más que ahora yo, del aire.
la que el sol, ya de noche, les levanta
a estos perros de nubes;
qué lengua de unidad
que a ti y a mí nos hacen, como a ellos
BALADA DE LA MAÑANA DE LA
gritar de amor, de gloria, de alegría CRUZ
gritar también de gozo oscuro¡
Dios está azul. La flauta y el tambor
¡Qué lengua religiosa anuncian ya la luz de primavera.
en la que el perro y tú y yo nos confundimos ¡Vivan las rosas, las rosas del amor,
en dinamismo de expresión gloriosa¡ en el verdor con sol de la pradera!
¡Vámonos al campo por romero,
vámonos, vámonos
( Dios deseado y deseante, 1964 )
por romero y por amor!...
Le pregunté: "¿Me dejas que te
quiera?"
SOY ANIMAL DE FONDO Me respondió, bromeando su pasión:
"Cuando florezca la luz de primavera,
"En el fondo de aire" (dije) "estoy", voy a quererte con todo el corazón."
(dije) "soy animal de fondo de aire" (sobre tierra), ¡Vámonos al campo por romero,
ahora sobre mar; pasado, como el aire, por un sol vámonos,
que es carbón allá arriba, mi fuera, y me ilumina vámonos por romero y por amor!...
con su carbón el ámbito segundo destinado. Ya floreció la luz de primavera.
Amor, la luz, amor, ya floreció!
Pero tú, dios, también estás en este fondo Me dijo seria: "¿Tú quieres que te
y a esta luz ves, venida de otro astro; quiera?" ¡Y la mañana de luz me traspasó!
tú estás y eres ¡Vámonos al campo por romero,
lo grande y lo pequeño que yo soy, vámonos, vámonos
en una proporción que es ésta mía, por romero y por amor!...
infinita hacia un fondo Alegran flauta y tambor nuestra
que es el pozo sagrado de mí mismo. bandera.
La mariposa está aquí con la ilusión.
Mi novia es la rosa verdadera
Y en este pozo estabas antes tú
¡y va a quererme con todo el corazón!
con la flor, con la golondrina, el toro
y el agua; con la aurora
( Eternidades )
18
B .- P R O S A POÉTICA:
FRAGMENTO PRIMERO
(Sucesión)
“Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo.” Yo tengo, como ellos, la sustancia de todo lo vivido y de
todo lo porvivir. No soy presente sólo, sino fuga raudal de cabo a fin. Y lo que veo, a un lado y otro, en esta fuga
(rosas, restos de alas, sombra y luz) es sólo mío, recuerdo y ansia míos, presentimiento, olvido. ¿Quién sabe más que
yo, quién, qué hombre o qué dios puede, ha podido, podrá decirme a mí qué es mi vida y mi muerte, qué no es? Si
hay quien lo sabe, yo lo sé más que ése, y si quien lo ignora, más que ése lo ignoro. Lucha entre este ignorar y este
saber es mi vida, su vida, y es la vida. Pasan vientos como pájaros, pájaros igual que flores, flores soles y lunas, lunas
soles como yo, como almas, como cuerpos, cuerpos como la muerte y la resurrección; como dioses. Y soy un dios sin
espada, sin nada de lo que hacen los hombres con su ciencia; sólo con lo que es producto de lo vivo, lo que se cambia
todo; sí, de fuego o de luz, luz. ¿Por qué comemos y bebemos otra cosa que luz o fuego? Como yo he nacido en el
sol, y del sol he venido aquí a la sombra, ¿soy de sol, como el sol alumbro?, y mi nostaljia, como la de la luna, es
haber sido sol de un sol un día y reflejado sólo ahora.
Pasa el iris cantando como canto yo. Adiós iris, volveremos a vernos, que el amor de todo, cómo se me ha hecho en el
sol, con el sol, en mí conmigo? Estaba el mar tranquilo, en paz el cielo, luz divina y terrena los fundía en clara, plata,
oro inmensidad, en doble y sola realidad; una isla flotaba entre los dos, en los dos y en ninguno, y una gota de alto iris
perla gris temblaba en ella. Allí estará temblándome el envío de lo que no me llega nunca de otra parte. A esa isla, ese
iris, ese canto yo iré, esperanza májica, esta noche. ¡Qué inquietud en las plantas al sol puro, mientras, de vuelta a mí,
sonrío volviendo ya al jardín abandonado! ¿Esperan más que verdear, que florear y que frutar; esperan, como yo, lo
que me espera; más que ocupar el sitio que ahora ocupan en la luz, más que vivir como ya viven, como vivimos; más
que quedarse sin luz, más que dormirse y despertar? Enmedio hay, tiene que haber un punto, una salida; el sitio del
seguir más verdadero, con nombre no inventado, diferente de eso que es diferente e inventado, que llamamos en
nuestro desconsuelo, Edén, Oasis, Paraíso, Cielo, pero que no lo es, y que sabemos que no lo es, como los niños
saben que no es lo que no es que anda con ellos. Contar, cantar, llorar, vivir acaso; “elojio de las lágrimas”, que tienen
(Schubert, perdido entre criados por un dueño) en su iris roto lo que no tenemos, lo que tenemos roto, desunido. Las
flores nos rodean de voluptuosidad, olor, color y forma sensual; nos rodeamos de ellas, que son sexos de colores, de
formas, de olores diferentes; enviamos un sexo en una flor, delicado presente de oro de ideal, a un amor virjen, a un
amor probado; sexo rojo a un glorioso; sexos blancos a una novicia; sexos violetas a la yacente. Y el idioma, ¡qué
confusión!, qué cosas nos decimos sin saber lo que nos decimos. Amor, amor, amor (lo cantó Yeats), “amor en el
lugar del escremento”. ¿Asco de nuestro ser, nuestro principio y nuestro fin; asco de aquello que más nos vive y más
nos muere? ¿Qué es, entonces, la suma que no resta; dónde está, matemático celeste, la suma que es el todo y que no
acaba? Hermoso es no tener lo que se tiene, nada de lo que es fin para nosotros, es fin, pues que se vuelve contra
nosotros, y el verdadero fin nunca se nos vuelve. Aquel chopo de luz me lo decía, en Madrid, contra el aire turquesa
del otoño: “Termínate en ti mismo como yo”. Todo lo que volaba alrededor, ¡qué raudo era!, y él qué insigne en lo
suyo, verde y oro, sin mejor en el oro verde. Alas, cantos, luz, palmas, olas, frutas me rodean, me envuelven en su
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ritmo, en su gracia, en su fuerza delicada; y yo me olvido de mí entre ello, y bailo y canto y río y lloro por los otros,
embriagado. ¿Esto es vivir? ¿Hay otra cosa más que este vivir de cambio y gloria? Yo oigo siempre esa música que
suena en el fondo de todo, más allá; es la que me llama desde el mar, en la calle, en el sueño. A su aguda y serena
desnudez, siempre estraña y sencilla, el ruiseñor es sólo un calumniado prólogo. ¡Qué letra, universal, luego, la suya!
El músico mayor la ahuyenta. ¡Pobre del hombre si la mujer oliera, supiera siempre a rosa! ¿Qué dulce mujer normal,
qué tierna, qué suave (Villon), qué forma de las formas, qué esencia, qué sustancia de las sustancias, las esencias; qué
lumbre de las lumbres; la mujer, madre, hermana, amante! Luego, de pronto, esta dureza de ir más allá de la mujer, de
la mujer que es nuestro todo, donde debiera terminar nuestro horizonte. Las copas de veneno, ¡qué tentadoras son!, y
son de flores, yerbas y hojas. Estamos rodeados de veneno que nos arrulla como el viento, arpas de luna y sol en
ramas tiernas, colgaduras ondeantes, venenosas, y pájaros en ellas, como estrellas de cuchillo; veneno todo, y el
veneno nos deja a veces no matar. Eso es dulzura, dejación de un mandato, y eso es pausa y escape. Entramos por los
robles melenudos; rumoreaban su vejez cascada, oscuros, rotos, huecos, monstruosos, con colgados de telarañas
fúnebres; el viento les mecía las melenas, en medrosos, estraños ondeajes, y entre ellos, por la sombra baja, honda,
venía el rico olor del azahar de las tierras naranjas, grito ardiente con gritillos blancos de muchachas y niños. ¡Un
árbol paternal, de vez en cuando, junto a una casa, sola en un desierto (seco y lleno de cuervos; aquel tronco hueco,
gris, lacio, a la salida del verdor profuso, con aquel cuervo muerto, suspendido por una pluma de una astilla, y los
cuervos aún vivos posados ante él, sin atreverse a picotearlo, serios)! Y un árbol sobre un río. ¡Qué honda vida la de
estos árboles; qué personalidad, qué inmanencia, qué calma, qué llenura de corazón total queriendo darse (aquel
camino que partía en dos aquel pintar que se anhelaba)! Y por la noche, ¡qué rumor de primavera interna en sueño
negro! ¡Qué amigo un árbol, aquel pino, verde, grande, pino redondo, verde, junto a la casa de mi Fuentepiña! Pino
de la corona, ¿dónde estás?, ¿estás más lejos que si yo estuviera lejos? ¡Y qué canto me arrulla tu copa milenaria, que
cobijaba pueblos y alumbraba de su forma rotunda y vijilante al marinero! La música mejor es la que suena y calla,
que aparece y desaparece, la que concuerda, en un “de pronto”, con nuestro oir más distraido. Lo que fue esta mañana
ya no es, ni ha sido más distraído. Lo que fue esta mañana ya no es, ni ha sido más que en mí; gloria suprema, escena
fiel, que yo, que la creaba, creía de otros más que de mí mismo. Los otros no lo vieron; mi nostaljia, que era de estar
con ellos, era de estar conmigo, en quien estaba. La gloria es como es, nadie la mueva, no hay nada que quitar ni que
poner, y el dios actual está muy lejos, distraído también con tanta menudencia grande que le piden. Si acaso, en sus
momentos de jardín, cuando acoje al niño libre, lo único grande que ha creado, se encuentra pleno en un sí pleno. Qué
bellas estas flores secas sobre la yerba fría del jardín que ahora es nuestro. ¿Un libro, libro? Bueno es dejar un libro
grande a medio leer, sobre algún banco, lo grande que termina; y hay que darle una lección al que lo quiere terminar,
al que pretende que lo terminemos. Grande es lo breve, y si queremos ser y parecer más grandes, unamos sólo con
amor, no cantidad. El mar no es más que gotas unidas, ni el amor que murmullos unidos, ni tú, cosmos, que cosmillos
unidos. Lo más bello es el átomo último el solo indivisible, y que por serlo no es, ya más, pequeño. Unidad de
unidades es lo uno; ¡y qué viento más plácido levantan esas nubes menudas al cenit; qué dulce luz es esa suma roja
única! Suma es la vida suma, y dulce. Dulce como esta luz era el amor; ¡qué plácido este amor también! Sueño, ¿he
dormido? Hora celeste y verde toda; y solos. Hora en que las paredes y las puertas se desvanecen como agua, aire, y
el alma sale y entra en todo, de y por todo, con una comunicación de luz y sombra. Todo se ve a la luz de dentro, todo
es dentro, y las estrellas no son más que chispas de nosotros que nos amamos, perlas bellas de nuestro roce fácil y
tranquilo. ¡Qué luz tan buena para nuestra vida y nuestra eternidad! El riachuelo iba hablando bajo por aquel
barranco, entre las tumbas, casas de las laderas verdes; valle dormido, valle adormilado. Todo estaba en su verde, en
su flor; los mismos muertos en verde y flor de muerte; la piedra misma estaba en verde y flor de piedra. Allí se
entraba y se salía como en el lento anochecer, del lento amanecer. Todo lo rodeaban piedra, cielo, río; y cerca el mar,
más muerte que la tierra, el mar lleno de muertos de la tierra, sin casa, separados, engullidos por una variada
dispersión. Para acordarme de por qué he nacido, vuelvo a ti, mar. “El mar que fué mi cuna, mi gloria y mi sustento;
el mar eterno y solo que me llevó al amor”; y del amor es este mar que ahora viene a mis manos, ya más duras, como
un cordero blanco a beber la dulzura del amor. Amor el de Eloísa; ¡qué ternura, qué sencillez, qué realidad perfecta!
Todo claro y nombrado con su nombre en llena castidad. Y ella, enmedio de todo, intacta de lo bajo entre lo pleno. Si
tu mujer, Pedro Abelardo, pudo ser así, el ideal existe, no hay que falsearlo. Tu ideal existió; ¿por qué lo falseaste,
necio Pedro Abelardo? Hombres, mujeres, hombres, hay que encontrar el ideal, y dí, qué eres tú ahora y dónde estás?
¿Por qué, Pedro Abelardo vano, la mandaste al convento y tú te fuiste con los monjes plebeyos, si ella era, el centro
de tu vida, su vida, de la vida, y hubiera sido igual contigo ya capado, que antes, si era el ideal? No lo supiste, yo soy
quien lo vió, desobediencia de la dulce obediente plena gracia. Amante, madre, hermana, niña tú, Eloísa; qué bien te
conocías y te hablabas, qué tiernamente te nombrabas a él; ¡y qué azucena fatal que te dio tu tierra. No estaba seco el
árbol del invierno, como se dice, y yo creí en mi juventud; como yo, tiene el verde, el oro, el grana en la raíz y dentro,
mi dentro, mi adentro, tanto que llena de color doble infinito. Tronco de invierno soy, que en la muerte va a dar de sí
la copa doble llena que ven sólo como es los deseados. Vi un tocón, a la orilla del mar neutro; arrancado del suelo, era
como un muerto animal; la muerte daba a su quietud seguridad de haber estado vivo; sus arterias cortadas con el
hacha, echaban sangre todavía. Una miseria, un rencor de haber sido arrancado de la tierra, salía de su entraña
endurecida y se espandía con el agua y por la arena, hasta el cielo infinito, azul. La muerte, y sobre todo, el crimen, da
igualdad a lo vivo, lo más y menos vivo, y lo menos perece siempre, con la muerte, más. No, no era todo menos,
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como dije un día, “todo es menos”; todo era más, y por haberlo sido, es más morir para ser más, del todo más. ¿Qué
ley de vida juzga con su farsa a la muerte sin ley y la aprisiona en la impotencia? ¡Sí, todo, todo ha sido más y todo
será más! No es el presente sino un punto de apoyo o de comparación, más breve cada vez; y lo que deja y lo que
coje, más, más grande. No, ese perro que ladra al sol caído, no ladra en el Monturrio de Moguer, ni cerca de Carmona
de Sevilla, ni en la calle Torrijos de Madrid; ladra en Miami, Coral Gables, La Florida, y yo lo estoy oyendo allí, allí,
no aquí, no aquí, allí, allí. ¡Qué vivo ladra siempre el perro al sol que huye! Y la sombra que viene llena el punto
redondo que ahora pone el sol sobre la tierra, como un agua su fuente, el contorno en penumbra alrededor; después,
todos los círculos que llegan hasta el límite redondo de la esfera del mundo, y siguen, siguen. Yo te oí, perro, siempre,
desde mi infancia, igual que ahora; tú no cambias en ningún sitio, eres igual a ti mismo, como yo. Noche igual, todo
sería igual si lo quisiéramos, si serlo lo dejáramos. Y si dormimos. ¡Qué abandonada queda la otra realidad! Nosotros
les comunicamos a las cosas nuestra inquietud de día, de noche nuestra paz. ¿Cuándo, cómo duermen los árboles?
“Cuando los deja el viento dormir”, dijo la brisa. Y cómo nos precede, brisa inquieta y gris, el perro fiel cuando
vamos a ir de madrugada adonde sea, alegres o pesados; él lo hace todo, triste o contento, antes que nosotros. Yo
puedo acariciar como yo quiera a un perro, un animal cualquiera, y nadie dice nada; pero a mis semejantes no; no está
bien visto hacer lo que se quiera con ellos, si lo quieren como un perro. Vida animal, ¿hermosa vida? ¡Las marismas
llenas de hermosos seres libres, que me esperan en un árbol, un agua o una nube, con su color, su forma, su canción,
su jesto, su ojo, su comprensión hermosa, dispuestos para mí que los entiendo! El niño todavía me comprende, la
mujer me quisiera comprender, el hombre…no, no quiero nada con el hombre, es estúpido, infiel, desconfiado; y
cuando más adulador, científico. Cómo se burla la naturaleza del hombre, de quien no la comprende como es. Y todo
debe ser o es echarse a dios y olvidarse de todo lo creado por dios, por sí, por lo que sea. “Lo que sea”, es decir, la
verdad única, yo te miro como me miro a mí y me acostumbro a toda tu verdad como a la mía. Contigo, “lo que sea”,
soy yo mismo, y tú, tu mismo, misma, “lo que seas”, ¿El canto? ¡El canto, el pájaro otra vez! ¡Ya estás aquí, ya has
vuelto, hermosa, hermoso, con otro nombre, con tu pecho azul, gris cargado de diamante! ¿De dónde llegas tú, tú en
esta tarde gris con brisa cálida? ¿Qué dirección de luz y amor sigues entre las nubes de oro cárdeno? Ya has vuelto a
tu rincón verde, sombrío. ¿Cómo tú, tan pequeño, dí, lo llenas todo y sales por el más? Sí, sí, una nota de una caña, de
un pájaro, de un niño, de un poeta, lo llena todo y más que el trueno. El estrépito encoje, el canto agranda. Tú y yo,
pájaro, somos uno; cántame, canta tú, que yo te oigo, que mi oído es tan justo por tu canto. Ajústame tu canto más a
este oído mío que espera que lo llenes de armonía, ¡Vas a cantar! toda otra primavera, vas a cantar. ¡Otra vez tú, otra
vez la primavera! ¡Si supieras lo que eres para mí! ¿Cómo podría yo decirte lo que eres, lo que eres tú, lo que soy yo,
lo que eres para mí? ¡Como te llamo, cómo te escucho, cómo te adoro, hermano eterno, pájaro de la gracia y de la
gloria, humilde, delicado, ajeno; ángel del aire nuestro, derramador de música completa! Pájaro, yo te amo como a la
mujer, a la mujer, tu hermana más que yo. Sí, bebe ahora el agua de mi fuente, pica la rama, salta lo verde, entra, sal,
rejistra toda tu mansión de ayer; ¡mírame bien a mí, pájaro mío, consuelo universal de mujer y hombre! Vendrá la
noche inmensa, abierta toda en que me cantarás del paraíso, en que me harás el paraíso, aquí, yo, tú, esperanza; nunca
te he comprendido como ahora; nunca he visto tu dios como hoy lo veo, el dios que acaso fuiste tú y que me
comprende. “Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tienes tú.” ¡Qué hermosa primavera nos aguarda en el
amor, fuera del odio! ¡Ya soy feliz! ¡El canto, tú y tu canto! El canto…Yo vi jugando al pájaro y la ardilla, al gato y
la gallina, al elefante y al oso, al hombre con el hombre, cuando el hombre cantaba. No, este perro no levanta los
pájaros, los mira, los comprende, los oye, se echa al suelo, y calla y sueña ante ellos. ¡Qué grande el mundo en paz,
qué azul tan bueno para el que puede no gritar, puede cantar; cantar y comprender y amar! ¡Inmensidad, en ti y ahora
vivo; ni montañas, ni casi piedra, ni agua, ni cielo casi; inmensidad, y todo y sólo inmensidad; esto que abre y que
separa el mar del cielo, el cielo de la tierra, y, abriéndolos y separándolos, los deja más unidos y cercanos, llenando
con lo lleno lejano la totalidad! ¡Espacio y tiempo y luz en todo yo, en todos y yo y todos! ¡Yo con la inmensidad!
Esto es distinto; nunca lo sospeché y ahora lo tengo. Los caminos son sólo entradas o salidas de luz, de sombra,
sombra y luz; y todo vive en ellos para que sea más inmenso yo, y tú seas. ¡Qué regalo de mundo, qué universo
inmenso, dentro, fuera de ti, segura inmensidad! Imágenes de amor en la presencia concreta; suma gracia y gloria de
la imajen, ¿vamos a hacer eternidad? ¡Vosotras, yo, podemos crear la eternidad una y mil veces, cuando queramos!
¡Todo es nuestro y no se nos acaba nunca! ¡Amor, contigo y con la luz todo se hace, y lo que amor, no acaba nunca!
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