CENTRO UNIVERSITARIO DE OCCIDENTE
DIVISIÓN DE HUMANIDADES Y CIENCIAS SOCIALES
CARRERA DE Pedagogía
Filosofía 1, sección “C”
Pregunta a resolver:
¿Qué diferencias y relaciones existen entre el subjetivismo y relativismo
dentro del contexto de la comunicación educativa?
El subjetivismo y el relativismo
El escepticismo enseña que no hay ninguna verdad. El subjetivismo y el relativismo no
van tan lejos. Según éstos, hay una verdad; pero esta verdad tiene una validez limitada.
No hay ninguna verdad universalmente válida. El subjetivismo, como ya indica su
nombre, limita la validez de la verdad al sujeto que conoce y juzga. Éste puede ser tanto
el sujeto individual o el individuo humano, como el sujeto general o el género humano.
En el primer caso tenemos un subjetivismo individual; en el segundo, un subjetivismo
general. Según el primero, un juicio es válido únicamente para el sujeto individual que
lo formula. Si uno de nosotros juzga, por ejemplo, que 2 x 2 = 4, este juicio sólo es
verdadero para él desde el punto de vista del subjetivismo; para los demás puede ser
falso. Para el subjetivismo general hay verdades supraindividuales pero no verdades
universalmente válidas. Ningún juicio es válido más que para el género humano. El
juicio 2 x 2 = 4 es válido para todos los individuos humanos; pero es por lo menos
dudoso que valga para seres organizados de distinto modo. Existe, en todo caso, la
posibilidad de que el mismo juicio que es verdadero para los hombres sea falso para
seres de distinta especie. El subjetivismo general es, según esto, idéntico al
psicologismo o antropologismo.
El relativismo está emparentado con el subjetivismo. Según él, no hay tampoco ninguna
verdad absoluta, ninguna verdad universalmente válida; toda verdad es relativa, tiene
sólo una validez limitada. Pero mientras el subjetivismo hace depender el conocimiento
humano de factores que residen en el sujeto cognoscente, el relativismo subraya la
dependencia de todo conocimiento humano respecto a factores externos. Como tales
considera, ante todo, la influencia del medio y del espíritu del tiempo, la pertenencia a
un determinado círculo cultural y los factores determinantes contenidos en él.
Al igual que el escepticismo, el subjetivismo y el relativismo se encuentran ya en la
Antigüedad. Los representantes clásicos del subjetivismo son en ella los sofistas. Su
tesis fundamental tiene su expresión en el conocido principio de Protágoras (siglo V a.
de J.C.): návxwv xpn^QT^v ^éxpov ávflwnoq (el hombre es la medida de todas las
cosas). Este principio del homo mensura, como se le llama abreviadamente, está
formulado en el sentido de un subjetivismo individual con suma probabilidad. El
subjetivismo general, que es idéntico al psicologismo, como se ha dicho, ha encontrado
defensores hasta en la actualidad. Lo mismo puede decirse del relativismo. Oswald
Spengler lo ha defendido recientemente en su Decadencia de Occidente. "Sólo hay
verdades -dice en esta obra- en relación a una Humanidad determinada." El círculo de
validez de las verdades coincide con el círculo cultural y temporal de que proceden sus
defensores. Las verdades filosóficas, matemáticas y de las ciencias naturales, sólo son
válidas dentro del círculo cultural a que pertenecen. No hay una filosofía, ni una
matemática, ni una física universalmente válidas, sino una filosofía fáustica y una
filosofía apolínea, una matemática fáustica y una matemática apolínea, etcétera.
El subjetivismo y el relativismo incurren en una contradicción análoga a la del
escepticismo. Este juzga que no hay ninguna verdad, y se contradice a sí mismo. El
subjetivismo y el relativismo juzgan que no hay ninguna verdad universalmente válida;
pero también en esto hay una contradicción. Una verdad que no sea universalmente
válida representa un sinsentido. La validez universal de la verdad está fundada en la
esencia de la misma. La verdad significa la concordancia del juicio con la realidad
objetiva. Si existe esta concordancia, no tiene sentido limitarla a un número
determinado de individuos. Si existe, existe para todos. El dilema es: o el juicio es falso,
y entonces no es válido para nadie, o es verdadero, y entonces es válido para todos, es
universalmente válido. Quien mantenga el concepto de la verdad y afirme, sin embargo,
que no hay ninguna verdad universalmente válida, se contradice, pues, a sí mismo.
El subjetivismo y el relativismo son, en el fondo, escepticismo. Pues también ellos
niegan la verdad, si no directamente, como el escepticismo, indirectamente, atacando su
validez universal.
El subjetivismo se contradice también a sí mismo, pretendiendo de hecho una validez
más que subjetiva para su juicio: "Toda verdad es subjetiva". Cuando formula este
juicio, no piensa ciertamente: "Sólo es válido para mí, para los demás no tiene validez".
Si otro le repusiese: "Con el mismo derecho con que tú dices que toda verdad es
subjetiva, digo yo que toda verdad es universalmente válida", seguramente no estaría de
acuerdo con esto. Ello prueba que atribuye efectivamente a su juicio una validez
universal. Y lo hace así, porque está convencido de que su juicio acierta en la cosa,
reproduce una situación objetiva. De este modo supone prácticamente la validez
universal de la verdad que niega teóricamente.
Lo mismo pasa con el relativismo. Cuando el relativista sienta la tesis de que toda
verdad es relativa, está convencido de que esta tesis reproduce una situación objetiva y
es, por ende, válida para todos los sujetos pensantes. Cuando Spengler, por ejemplo,
formula la proposición anteriormente citada: "Sólo hay verdades en relación a una
humanidad determinada", pretende dar expresión a una situación objetiva, que debe
reconocer todo hombre racional. Supongamos que alguien le repusiese: "Con arreglo a
tus propios principios, este juicio sólo es válido para el círculo de la cultura occidental.
Pero yo procedo de un círculo cultural completamente distinto. Siguiendo el invencible
impulso de mi pensamiento, tengo que oponer a tu juicio este otro: toda verdad es
absoluta. Con arreglo a tus propios principios, este juicio se halla tan plenamente
justificado como el tuyo. Por ende, me dispenso en lo futuro de tus juicios, que sólo son
válidos para los hombres del círculo de la cultura occidental". Si alguien hablase así,
Spengler protestaría con todas sus fuerzas. Pero la consecuencia lógica no estaría de su
parte, sino de la de su contrario.
FUENTE BIBLIOGRÁFICA:
HESSEN, Johannes. “Teoría del Conocimiento”. Editorial ALCA. Argentina. 2006.