El Designio de Cristo Para Su Iglesia
En Mateo 16:18, Jesús pronuncia siete principios distintivos para edi car su iglesia. Nadie
debería lanzarse a empezar una nueva iglesia, ni asumir el reto de revitalizar una iglesia
desgastada, hasta que las verdades decisivas de este versículo se hayan aferrado al corazón y
la mente de la persona.
1. UN FUNDAMENTO PERMANENTE
La característica inicial implica un fundamento permanente: “Tú eres Pedro, y sobre esta roca
edi caré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mt. 16:18). Cristo
persiguió con entusiasmo el fruto perdurable de la eternidad. En su promesa, se ocupó
explícitamente de un legado eterno. No tenía en mente lo temporal, lo efímero ni el “hoy aquí,
mañana ya no”. Apuntó a la iglesia como algo que tiene relevancia para siempre.
El fundamento no era Pedro, porque Cristo distingue aquí entre una roca movible, separada
(signi cado básico de Cefas y Pedro [gr. petros]) y el fundamento sólido, inamovible, adecuado
para la iglesia. El término que Cristo usó para “roca” (gr. petra), quiere decir cimientos o masa
de roca como la que usó el edi cador sabio (Mt. 7:24-25).
¿Qué o quién es, pues, la roca? El Antiguo Testamento describe a Dios como la roca en quien
los creyentes hallan fuerza y refugio:
No hay santo como Jehová;
Porque no hay ninguno fuera de ti,
Y no hay refugio como el Dios nuestro (1 S. 2:2).
Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador;
Dios mío, fortaleza mía, en él con aré;
Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio (Sal. 18:2).
Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová?
¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios? (Sal. 18:31).
Pablo identi có a Cristo como la roca en el desierto (1 Co. 10:4). Con anterioridad, en 1
Corintios, el apóstol escribió: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está
puesto, el cual es Jesucristo” (3:11). Curiosamente, un versículo antes, Pablo había a rmado:
“Yo... puse el fundamento” (1 Co. 3:10). ¿Cómo “puso” Pablo a Cristo como fundamento?
Tuvo que ser en su predicación de Cristo (1 Co. 2:1-2). Ahora, si el testimonio que Pablo dio de
Cristo es el fundamento que nadie más puede establecer, entonces parece mejor entender que
la roca de fundamento de la iglesia sea el testimonio que Pedro dio respecto a Cristo: “Tú eres
el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt. 16:16). Fue la declaración de Pedro la que impulsó la
promesa de Jesús.
Dado que es prácticamente imposible separar el testimonio de Cristo de la realidad de Cristo,
podemos identi car a la “roca” como Cristo mismo en la plenitud de su deidad, su papel de
Redentor, y su condición de cabeza de la iglesia. Solo Cristo es la roca de redención sobre la
cual está edi cada la iglesia (Hch. 4:11-12).
2. INVOLUCRACIÓN PERSONAL
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En segundo lugar, Cristo prometió su involucración personal: “Yo edi caré mi iglesia” (Mt.
16:18). No se nos ha abandonado ante la tarea. Cristo està con su pueblo (Mt. 28:20), y en
ellos (Col. 1:27). Él está constantemente en medio de su iglesia (Ap. 1:12-13, 20). Pablo le dijo
a la iglesia corintia: “Porque nosotros somos colaboradores de Dios” (1 Co. 3:9). ¡Qué privilegio
ser compañeros de Cristo en la edi cación de su iglesia! ¡Cuán consolador es saber que Él
edi ca la iglesia a lo largo de su historia, y que seguirá haciéndolo durante todo el futuro de
esta! La participación de Cristo demuestra ser indispensable para levantar su iglesia.
3. UNA EXPECTATIVA POSITIVA
“[Yo] edi caré mi iglesia” (Mt. 16:18). Esto no es un sueño vano sobre lo que podría ser. La
con ada aseveración de Cristo garantiza que la iglesia tiene una expectativa positiva. En
tiempos en los que el futuro de la iglesia parece sombrío, y su condición incierta, esta
poderosa promesa debería levantar el espíritu de los creyentes. La iglesia será triunfante,
porque Cristo empezó a edi car la iglesia con la intención de completarla (Ef. 5:26-27).
4. UN PROGRESO IMPACTANTE
Jesús a rmó que su iglesia tendría un progreso impactante: “edi caré mi iglesia” (Mt. 16:18).
La iglesia experimentó un comienzo explosivo con tres mil miembros añadidos el primer día
(Hch. 2:41). “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hch. 2:47).
Lo que contiene Mateo 16 en una mera frase se multiplica como hongos en una realidad
expansiva cuando llegamos al Apocalipsis de Juan. Antes del nal del Nuevo Testamento, las
iglesias se habían propagado por toda la faz del Imperio romano. Incluían localidades como
Antioquía, Berea, Cesarea, Colosas, Corinto, Creta, Chipre, Derbe, Éfeso, Galacia, Iconio,
Jope, Laodicea, Listra, Pérgamo, Filadel a, Filipos, Sardis, Esmirna, Tesalónica y Tiatira,
alcanzando desde Jerusalén hasta Roma. Los esfuerzos edi cadores de Cristo prosiguen
hasta esta misma hora, en todas partes del mundo, exactamente como era su intención (cf.
Mr. 16:15; Lc. 24:47).
5. UNA PROPIEDAD PAGADA EN SU TOTALIDAD
Cristo compró la iglesia con su propia sangre y, por tanto, es una propiedad pagada en su
totalidad por Él: “edi caré mi iglesia” (Mt. 16:18; cf. Hch. 20:28). Cristo es Señor; nosotros
somos sus siervos (2 Co. 4:5). Pablo escribe a los creyentes en Roma: “Os saludan todas las
iglesias de Cristo” (Ro. 16:16). Los cristianos no tienen ninguna reclamación individual ni
corporativa respecto a la propiedad de la iglesia. Esta le pertenece únicamente a su Redentor
(1 Co. 3:23; 6:19-20). Cristo es la Cabeza de la iglesia (Ef. 1:22; 5:23). El principal Pastor es el
dueño del rebaño al que guía (Jn. 10:14- 15).
6. UNA PRIORIDAD CENTRADA EN LAS PERSONAS
Para Cristo, la prioridad de la iglesia está centrada en las personas: “Edi caré mi iglesia” (Mt.
16:18). La iglesia consta de una congregación de personas que han creído en Jesucristo para
vida eterna (Hch. 4:32). Jesús usa piedras vivas —personas individuales— para edi car su
iglesia (1 P. 2:5). El mandato de evangelización es llevar el evangelio a todas las naciones (Lc.
24:47). El objetivo de la edi cación es presentar a cada creyente completo en Cristo (Col.
1:28).
El término griego traducido “iglesia” signi ca literalmente la congregación que ha sido llamada.
Las imágenes neotestamentarias de la iglesia se componen de aquellos que han sido liberados
del reino de las tinieblas y trasladarlos al reino de Cristo (Col. 1:13). Los tesalonicenses, por
ejemplo, se habían apartado de los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero (1 Ts. 1:9). La
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iglesia había sido llamada a la comunión con Jesucristo (1 Co. 1:9). El llamamiento de Cristo
ha sacado a sus redimidos de las tinieblas y los ha llevado a su luz admirable (1 P. 2:9).
7. UNA PROMESA DE ÉXITO.
Jesús había prometido el éxito de la iglesia: “Edi caré mi iglesia; y las puertas del Hades no
prevalecerán contra ella” (Mt. 16:18). ¿Cómo se debe entender este éxito? En el Antiguo
Testamento, “puertas de” se usa con Seol (Is. 38:10) y con muerte (Job 38:17; Sal. 9:13;
107:18), ambas en referencia a la muerte física. Sin embargo, como aclara la promesa de
Jesús, ni siquiera la amenaza de la muerte puede vencer a su iglesia.
El autor de Hebreos alienta a los creyentes a saber que, a través de la muerte, Cristo dejó
impotente a aquel que ostentaba el poder de la muerte, es decir, el diablo (He. 2:14). Pablo
escribió este cántico cristiano de victoria a los corintios:
Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de
inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en
victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el
aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a
Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo (1 Co. 15:54- 57; cf. Jn.
11:25).
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