Departamento de Ciencias Económicas
2440- Derecho Civil y Comercial
DOCUMENTO DE CLASE
Clase N°: 3 – UNIDAD II-PERSONAS
1. Objetivo/s de la clase:
Que el alumnado reconozca la diferencia entre personas humanas y jurídicas,
además de su importancia en el Derecho Civil y Comercial. Dentro de las personas
humanas, sus derechos, capacidades y los institutos de la tutela y curatela como sistema
de protección.
2. Mapa conceptual de la clase:
1. Mapa conceptual de la clase:
PERSONA HUMANA
COMIENZA LA EXSISTENCIA FINALIZA LA EXSISTENCIA
CONCEPCIÓN MUERTE
TIENE CAPACIDAD DE DERECHO
• PRESUNCION DEL
FALLECIMIENTO.
EJERCICIO
SON INCAPACES DE HACER EJERCICIO:
• LAS PERSONAS POR NACER.
• LAS PERSONAS QUE NO CUENTAN
CON EDAD O MADUREZ
SUFICIENTE.
• LA PERSONA MARCADA INCAPAZ
POR UNA SENTENCIA JUDICIAL.
3. Desarrollo:
1.-PERSONA HUMANA
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a) Persona humana: concepto. Atributos: nombre y domicilio. Comienzo y fin de su
existencia; prueba. Ausencia. Presunción de fallecimiento. El Código regula dos
clases de personas: personas humanas (en su terminología anterior, de existencia visible
o físicas) y personas jurídicas (de existencia ideal, producto de una ficción legal).
Atributos. Estos elementos son necesarios, pues sin su concurrencia el ente no
podrá tener la calidad de persona; son también inalienables (no se pueden transmitir o
transferir) e imprescriptibles (no se pierden por el transcurso del tiempo). Los atributos
no son en sí mismos derechos sino presupuestos para que el sujeto pueda ser titular de
derechos. Existen así una serie de derechos vinculados o derivados de tales atributos como
el derecho al nombre, derechos derivados del estado de familia, etc.
Tales facultades o atributos que la ley otorga a las personas son inseparables de ellas y
constituyen la base o esencia de su personalidad. En las personas humanas dichos
atributos son: el nombre, el estado, la capacidad, el domicilio y el patrimonio.
Nombre es el modo más antiguo de designación e identificación de una persona
dentro de la sociedad en que vive. Es el atributo de la persona que sirve para designarla o
individualizarla dentro de la sociedad, y se compone de dos elementos: el “apellido” que
también es denominado nombre de familia; y el “prenombre”, nombre propiamente dicho,
también llamado nombre de pila.
Según el art. 62 del Código “La persona humana tiene el derecho y el deber de
usar el prenombre y el apellido que le corresponden”.
En cuanto a la elección del nombre, se establecen las siguientes reglas: a) corresponde a
los padres o a las personas a quienes ellos den su autorización para tal fin; a falta o
impedimento de uno de los padres, corresponde la elección o dar la autorización al otro;
en defecto de todos, debe hacerse por los guardadores, el Ministerio Público o el
funcionario del Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas; b) no pueden
inscribirse más de tres prenombres, ni apellidos como prenombres, primeros prenombres
idénticos a primeros prenombres de hermanos vivos; tampoco pueden inscribirse
prenombres extravagantes; c) pueden inscribirse nombres aborígenes o derivados de
voces aborígenes autóctonas y latinoamericanas.
El hijo matrimonial lleva el primer apellido de alguno de los cónyuges; en caso de no
haber acuerdo, se determina por sorteo realizado en el Registro del Estado Civil y
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Capacidad de las Personas. A pedido de los padres, o del interesado con edad y madurez
suficiente, se puede agregar el apellido del otro. Todos los hijos de un mismo matrimonio
deben llevar el apellido y la integración compuesta que se haya decidido para el primero
de los hijos.
El hijo extramatrimonial con un solo vínculo filial lleva el apellido de ese progenitor. Si
la filiación de ambos padres se determina simultáneamente, se aplica la solución del
párrafo precedente. Si la segunda filiación se determina después, los padres acuerdan el
orden; a falta de acuerdo, el juez dispone el orden de los apellidos, según el interés
superior del niño.
La persona menor de edad sin filiación determinada, es decir, los casos de hijos no
reconocidos por ninguno de sus padres, debe ser anotada por el oficial del Registro del
Estado Civil y Capacidad de las Personas con el apellido que está usando, o en su defecto,
con un apellido común. La persona con edad y grado de madurez suficiente que carezca
de apellido inscripto puede pedir la inscripción del que está usando.
En cuanto a los cónyuges, cualquiera de ellos puede optar por usar el apellido del otro,
con la preposición “de” o sin ella. La persona divorciada o cuyo matrimonio ha sido
declarado nulo, no puede usar o seguir usando el apellido del cónyuge, salvo que, por
motivos razonables, el juez la autorice a conservarlo. A su vez, el cónyuge viudo puede
seguir usando el apellido del otro cónyuge mientras no contraiga nuevas nupcias, ni forme
una unión convivencial.
Respecto de los hijos adoptivos, las reglas del nombre dependerán del tipo de adopción.
En la adopción plena, rigen las siguientes reglas: a) si se trata de una adopción
unipersonal, el hijo adoptivo lleva el apellido del adoptante; si el adoptante tiene doble
apellido, puede solicitar que éste sea mantenido; b) si se trata de una adopción conjunta,
se aplican las reglas generales relativas al apellido de los hijos matrimoniales; c)
excepcionalmente, y fundado en el derecho a la identidad del adoptado, a petición de parte
interesada, se puede solicitar agregar o anteponer el apellido de origen al apellido del
adoptante o al de uno de ellos si la adopción es conjunta; d) en todos los casos, si el
adoptado cuenta con la edad y grado de madurez suficiente, el juez debe valorar
especialmente su opinión (art. 626). La adopción simple, a falta de petición expresa, se
rige por las mismas reglas de la adopción plena, pero el adoptado que cuenta con la edad
y grado de madurez suficiente, o los adoptantes, pueden solicitar se mantenga el apellido
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de origen, sea adicionándole o anteponiéndole el apellido del adoptante o uno de ellos
(art. 627 inc. d). En la adopción de integración, el adoptado mantiene el apellido de
origen, pues en esta adopción siempre se mantiene el vínculo filiatorio y todos sus efectos
entre el adoptado y su progenitor de origen, cónyuge o conviviente del adoptante (art.
630).
Uno de los caracteres del prenombre y del apellido es su inmutabilidad. Una vez inscripto
ya no puede cambiarse. Pero el principio de inmutabilidad no es absoluto y en ciertos
casos excepcionales puede admitirse el cambio, modificación o supresión del nombre de
una persona. La regla es que existan justos motivos para ello y, en ciertos casos, además,
autorización judicial. Los casos donde se requiere la convergencia de justos motivos y
autorización judicial son, entre otros, los referidos a: a) el seudónimo, cuando hubiese
adquirido notoriedad; b) la raigambre cultural, étnica o religiosa; c) la afectación de la
personalidad de la persona interesada, cualquiera sea su causa, siempre que se encuentre
acreditada. Se consideran justos motivos, y no requieren intervención judicial, el cambio
de prenombre por razón de identidad de género y el cambio de prenombre y apellido por
haber sido víctima de desaparición forzada, apropiación ilegal o alteración o supresión
del estado civil o de la identidad (art. 69).
Domicilio. El domicilio es el lugar que la ley fija como asiento o sede de la
persona para la producción de determinados efectos jurídicos. Es el asiento jurídico de la
persona como centro de imputación para el ejercicio de sus derechos y cumplimiento de
sus obligaciones. Ello hace del domicilio un concepto objetivo pura y exclusivamente
jurídico, dejando de lado la antigua concepción subjetiva del domicilio de hecho según la
cual el domicilio es aquel donde la persona se encuentra presente. Por ello se debe
distinguir el domicilio de la “residencia” (lugar donde la persona habita en forma normal
y habitual) y de la mera “habitación” (lugar de residencia accidental y transitorio).
El domicilio reviste gran importancia jurídica.
El domicilio puede cambiarse de un lugar a otro. Esta facultad no puede ser
coartada por contrato, ni por disposición de última voluntad. El cambio de domicilio se
verifica instantáneamente por el hecho de trasladar la residencia de un lugar a otro con
ánimo de permanecer en ella (art. 77). El domicilio puede ser General o Especial. El
primero se aplica a la generalidad de los derechos y obligaciones; en cambio el segundo
es excepcional y se aplica solo a ciertas relaciones jurídicas determinadas.
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a) Domicilio General: existen dos clases:
1) Domicilio Real: conforme el art. 73 el domicilio real de la persona humana es el lugar
de su residencia habitual. Si ejerce actividad profesional o económica lo tiene en el lugar
donde la desempeña para el cumplimiento de las obligaciones emergentes de dicha
actividad. Es el domicilio que eligen las personas para vivir. Es el lugar donde la persona
reside y tiene sus negocios. La doctrina clásica señala que el domicilio real consta de dos
elementos: a) el material, que es el hecho de vivir en un lugar determinado (corpus) y b)
el psíquico, que es la intención de vivir permanentemente en ese lugar (animus).
2) Domicilio Legal: es un domicilio impuesto por la ley, fijado para determinadas
personas, donde “la ley presume, sin admitir prueba en contrario, que una persona reside
de manera permanente para el ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus
obligaciones” aunque de hecho no viva allí. El domicilio legal es forzoso, a diferencia del
real que es voluntario. Sólo la ley puede establecerlo, y sin perjuicio de lo dispuesto en
normas especiales: a) los funcionarios públicos, tienen su domicilio legal en el lugar en
que deben cumplir sus funciones, no siendo éstas temporarias, periódicas, o de simple
comisión; b) los militares en servicio activo tienen su domicilio en el lugar en que lo están
prestando; c) los transeúntes o las personas de ejercicio ambulante, como los que no tienen
domicilio conocido, lo tienen en el lugar de su residencia actual; d) las personas incapaces
lo tienen en el domicilio de sus representantes (art. 74).
b) Domicilio Especial: Es el lugar designado, ya sea por las partes interesadas o por la
ley, que corresponde a determinadas situaciones legales. Comprende el domicilio
“contractual” (o convencional o de elección) que es al que las partes eligen a los efectos
de un contrato; el domicilio “constituido” (o procesal) que se fija en un proceso judicial;
el “comercial”, que fija el comerciante para el cumplimiento de las obligaciones derivadas
de sus actividades mercantiles; el “fiscal”, que se fija a los fines del cumplimiento de los
deberes tributarios e impositivos, etc.
Estado. El estado de una persona es la posición jurídica que ella ocupa dentro de la
sociedad o con relación a un grupo de pertenencia como su familia. Está constituido por
distintas cualidades (Ej.: ser argentino o extranjero, casado, soltero, conviviente, mayor
o menor de edad, varón o mujer, civil o militar, etc.).
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Patrimonio. El art. 2312 define al “patrimonio” como bienes materiales susceptibles de
valor e igualmente las cosas (objetos materiales susceptibles de tener un valor), se llaman
bienes. El conjunto de bienes de una persona, constituye su “patrimonio”.
Comienzo y fin de su existencia. El art. 19 establece que la existencia de las
personas humanas “comienza con la concepción”, pudiendo desde entonces adquirir
derechos o contraer obligaciones. Estos “derechos y obligaciones del concebido o
implantado en la mujer quedan irrevocablemente adquiridos si nace con vida”. Pero si no
nace con vida “se considera que la persona nunca existió. El nacimiento con vida se
presume” (art. 21).
De esta manera, la concepción puede tener lugar en forma natural (seno materno) o
mediante las técnicas modernas de reproducción humana asistida, tales como la
inseminación artificial (introducción de esperma dentro del útero de la mujer a fin de
lograr la fecundación) o la fecundación in vitro (cultivo de óvulos en probetas a los que
se agregan los espermatozoides; obtenida la fertilización externa se introduce el embrión
en el útero).
Duración del embarazo. Época de la concepción. Siendo la concepción un hecho
biológico imposible de determinar con precisión, la ley establece un período presuntivo
durante el cual esta se produce. Dicho lapso comprende los primeros 120 días de los 300
anteriores al nacimiento, siendo esta presunción “iuris tantum”, es decir que admite
prueba en contrario. Dispone así el art. 20 que “Época de la concepción es el lapso entre
el máximo y el mínimo fijados para la duración del embarazo. Se presume, excepto
prueba en contrario, que el máximo de tiempo del embarazo es de trescientos días y el
mínimo de ciento ochenta, excluyendo el día del nacimiento”. Esta cuestión adquiere
relevancia en los siguientes casos: a) permite establecer si un hijo es o no matrimonial; b)
en caso de que la viuda se case antes de los diez meses del fallecimiento del marido
anterior, para saber a quién pertenecen los hijos; c) también depende de este momento la
adquisición de derechos por herencia puesto que si la sucesión se hubiera abierto antes de
aquel momento, la persona no podía adquirir ningún derecho.
Por otra parte, la ley 27.610, llamada de Interrupción voluntaria del embarazo, en
su art. 2 reconoce los derechos de las mujeres y personas con otras identidades de género
con capacidad de gestar a decidir, requerir y acceder a la atención de la interrupción del
embarazo, así como a requerir y recibir atención postaborto en los servicios del sistema
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de salud y a acceder a información para prevenir los embarazos no intencionales. En su
art. 5 se establecen las condiciones mínimas y derechos en la atención del aborto y
postaborto.
Dicha normativa ha sido reglamentada recientemente por el Dec. PEN 516/2021
publicado en el B.O. el 14 de agosto de 2021.
El fin de la existencia de las personas humanas se produce por la muerte de ellas
(art. 93). Asimismo, para que se produzcan los efectos inherentes a la muerte de una
persona humana (disolución del vínculo matrimonial, transmisión de derechos, etc.), es
necesario que la muerte sea comprobada por los medios previstos en el Código.
En caso de muerte simultánea o conmoriencia el art. 95 establece que “Se presume
que mueren al mismo tiempo las personas que perecen en un desastre común o en
cualquier otra circunstancia, si no puede determinarse lo contrario”.
Prueba. El nacimiento y la muerte ocurridos en la República, sus circunstancias
de tiempo y lugar, el sexo, el nombre y la filiación de las personas nacidas o fallecidas,
se prueba con las partidas del Registro Civil (art. 96).
Ausencia. Presunción de fallecimiento. Cuando una persona ha desaparecido de
su domicilio, sin tenerse noticias de ella, y sin haber dejado apoderado, puede designarse
un curador a sus bienes si el cuidado de éstos lo exige. El curador sólo puede realizar los
actos de conservación y administración ordinaria de los bienes. Todo acto que exceda la
administración ordinaria debe ser autorizado por el juez.
Termina la curatela de los ausentes declarados: 1. Por la presentación del ausente, sea en
persona o por apoderado; 2. Por la muerte del mismo; 3. Por su fallecimiento presunto,
judicialmente declarado (arts. 79 al 84).
Cuando una persona se ausenta de su domicilio o residencia, sin que se tengan
noticias de ella durante un tiempo determinado, haya o no dejado apoderado, la ley
“presume” su fallecimiento, procediéndose a la declaración judicial respectiva y a la
fijación del día presuntivo de la muerte, previo cumplimiento de determinados pasos
legales (arts. 85 al 92). El término de la ausencia de la persona necesario para la
presunción es de 3 años, contado desde la fecha de la última noticia que se tuvo de la
existencia del ausente. Dicho término se reducirá a 2 años si por última vez se encontró
en el lugar de un incendio, terremoto, acción de guerra u otro suceso semejante capaz de
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originar la muerte, o participó de una actividad que implique el mismo riesgo. El plazo se
reduce a 6 meses si se hubiera encontrado en un buque o aeronave naufragados o perdidos,
a contar desde que el suceso ocurrió o pudo haber ocurrido.
Pueden pedir la declaración de muerte presunta y la designación de un curador para sus
bienes, cualquiera que tenga algún derecho subordinado a la muerte de la persona de que
se trate (cónyuge, presuntos herederos, el beneficiario de un seguro de vida, etc.),
justificando los extremos legales y la realización de diligencias tendientes a la
averiguación de la existencia del ausente.
El juez debe nombrar defensor al ausente o dar intervención al defensor oficial, y citar a
aquél por edictos una vez por mes durante seis meses. También debe designar un curador
a sus bienes, si no hay mandatario con poderes suficientes, o si por cualquier causa aquél
no desempeña correctamente el mandato. La declaración de simple ausencia no constituye
presupuesto necesario para la declaración de fallecimiento presunto, ni suple la
comprobación de las diligencias realizadas para conocer la existencia del ausente.
Los herederos y los legatarios deben recibir los bienes del declarado presuntamente
fallecido, previa formación de inventario. El dominio debe inscribirse en el registro
correspondiente con la prenotación del caso; puede hacerse la partición de los bienes,
pero no enajenarlos ni gravarlos sin autorización judicial.
Transcurridos cinco años desde el día presuntivo del fallecimiento, u ochenta años desde
el nacimiento de la persona, quedará sin efecto la prenotación prescrita pudiendo desde
ese momento disponerse libremente de los bienes. Si entregados los bienes se presenta el
ausente o se tiene noticia cierta de su existencia, queda sin efecto la declaración de
fallecimiento, procediéndose a la devolución de aquéllos a petición del interesado.
La prenotación queda sin efecto transcurridos cinco años desde la fecha presuntiva del
fallecimiento u ochenta años desde el nacimiento de la persona. Desde ese momento
puede disponerse libremente de los bienes.
Si el ausente reapareciese podrá reclamar: a) la entrega de los bienes que existen en el
estado en que se encuentran; b) los bienes adquiridos con el valor de los que faltan; c) el
precio adeudado de los bienes enajenados; d) los frutos no consumidos.
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b) Capacidad. Principios generales. Capacidad de derecho. Capacidad de
ejercicio. Personas incapaces de ejercicio. Persona menor de edad. Emancipación.
Distinguimos la capacidad de derecho y la capacidad de ejercicio: la primera se vincula
a la titularidad y al goce de los derechos por la persona humana; la segunda a la
posibilidad de ejercerlos por sí misma. La capacidad o incapacidad resulta indisponible
para los particulares, quienes no pueden modificarla, ya sea para ampliarla o para
restringirla, pues es una materia que interesa al orden público (art. 12).
Capacidad de derecho. La capacidad de derecho es la aptitud de toda persona humana
para ser titular de derechos y deberes jurídicos. La ley puede privar o limitar esta
capacidad respecto de hechos, simples actos, o actos jurídicos determinados (art. 22). La
capacidad es la regla y la incapacidad es la excepción, ya que no hay otras incapacidades
que las expresamente establecidas por la ley.
Limitaciones a la capacidad de derecho. Las incapacidades de derecho se instituyen en
protección de estos intereses de la persona, pero nunca de modo general pues ello
significaría negar el concepto de sujeto de derecho propio de la persona humana. Además
estas puntuales limitaciones, calificadas como incapacidades de derecho, son establecidas
por ley en relación a algunos “hechos, simples actos o actos jurídicos determinados”, y
se fundan en la protección del orden público. La incapacidad de derecho es siempre
relativa, referida a uno o más derechos determinados. La incapacidad de derecho nunca
es absoluta, es decir que la prohibición legal de ser titular no puede comprender a todos
los derechos, y estará referida a un derecho determinado pero nunca a todos ellos. A título
ejemplificativo constituyen incapacidades de derecho que impiden contratar: 1) Con
personas determinadas: los esposos entre sí bajo el régimen de comunidad (art. 1002 inc.
d); los tutores no pueden celebrar contrato alguno con el pupilo, aunque haya cesado la
incapacidad, antes de la aprobación judicial de la cuenta final (art. 120); los curadores no
pueden adquirir los bienes del incapaz; (art. 138); los progenitores no pueden hacer
contrato alguno con el hijo que está bajo su responsabilidad, excepto lo dispuesto para las
donaciones sin cargo previstas en el art. 1549. Tampoco pueden, ni aun con autorización
judicial, comprar bienes de su hijo ni constituirse en cesionarios de créditos, derechos o
acciones contra su hijo; ni obligar a su hijo como fiadores de ellos o de terceros. (art.
689). No pueden suceder por testamento: los tutores y curadores a sus pupilos, si éstos
mueren durante la tutela o curatela o antes de ser aprobadas las cuentas definitivas de la
administración; el escribano y los testigos ante quienes se haya otorgado el testamento,
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por el acto en el cual han intervenido; los religiosos o líderes espirituales de cualquier
culto que hayan asistido al causante en su última enfermedad (art. 2482); 2) Respecto de
cosas determinadas: los jueces, funcionarios y auxiliares de la justicia, los árbitros y
mediadores, y sus auxiliares, los abogados y procuradores, respecto de bienes
relacionados con procesos en los que intervienen o han intervenido (art. 1002 incs. b y c);
los albaceas que no son herederos no pueden celebrar contrato de compraventa sobre los
bienes de las testamentarias que estén a su cargo (art. 1002 in fine); 3) A los comerciantes
fallidos (en quiebra) sobre los bienes que correspondan a la masa concursal, ya que la
quiebra impone el desapoderamiento legal de los mismos, etc. No pueden contratar, en
interés propio o ajeno, por sí o por terceros, según sea el caso, los que están impedidos
para hacerlo conforme a disposiciones especiales, en este caso, la Ley de Quiebras 24.522
(art. 1001).
Capacidad de ejercicio. Es la aptitud para ejercer por sí mismo los derechos o contraer
por sí obligaciones. “Toda persona humana puede ejercer por sí misma sus derechos,
salvo las limitaciones expresamente previstas en el Código o en una sentencia judicial”
(art. 23).
El Código de esta manera introduce en forma expresa el principio de capacidad de
ejercicio de la persona, de donde resulta que la capacidad es la regla y la incapacidad la
excepción. La referencia a las “limitaciones expresamente previstas” en el Código o en
una sentencia judicial, comprende la situación de niños, niñas y adolescentes que no
presenten las condiciones de edad y madurez suficiente (que luego introduce el art. 26),
así como también la de las personas mayores de edad que pueden sufrir restricciones a su
capacidad jurídica impuestas en una sentencia judicial.
Tradicionalmente se han justificado las incapacidades de hecho o de ejercicio en
la protección del sujeto, en virtud de ciertas condiciones de la persona (la minoría de edad
y la condición de salud mental) que la tornan vulnerable frente a terceros, exponiéndola
a los riesgos de perjuicios o de abusos. Así, la restricción a la capacidad aparece fundada
en la protección de la persona por el ordenamiento, auxiliando la celebración y ejecución
de los actos a través de mecanismos de asistencia. De allí surge la figura del representante
de la persona impedida de obrar; en el caso de los menores de edad, sus representantes
legales -padres o tutores-, y en el de las personas mayores de edad, su curador.
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El nuevo Código incorpora como principio la regla de la capacidad de ejercicio:
toda persona puede ejercer por sí los actos jurídicos, con las solas excepciones
establecidas en la norma, principio que se aplica tanto a los menores de edad como a las
personas con discapacidad intelectual o psicosocial.
Personas incapaces de ejercicio. Persona menor de edad. Menor de edad es la
persona que no ha cumplido 18 años (art. 25). Después del nacimiento comienza el
período de la minoría de edad, llamándose menor adolescente a la persona que cumplió
13 años. En este contexto, el nuevo Código incorpora al “adolescente” y elimina las
categorías de “menor impúber” y de “menor adulto”.
La directiva general del Código conforme su art. 26 es que la persona menor de edad
ejerce sus derechos a través de sus representantes legales; no obstante, la que cuenta con
edad y grado de madurez suficiente puede ejercer por sí los actos que le son permitidos
por el ordenamiento jurídico. Tiene derecho a ser oída en todo proceso judicial que le
concierne así como a participar en las decisiones sobre su persona, y se presume que entre
los 13 y los 16 años tiene aptitud para decidir por sí respecto de los tratamientos que no
resultan invasivos, ni comprometen su salud o provocan un riesgo grave en su vida o
integridad física. Asimismo, a partir de los 16 años el adolescente es considerado como
un adulto para las decisiones atinentes al cuidado de su propio cuerpo.
El nuevo Código introduce modificaciones importantes en la capacidad de ejercicio de
los derechos de los menores de edad, a fin de adecuar el derecho positivo interno a la
Convención Internacional de los derechos del niño y a la Convención Internacional de las
personas con discapacidad. De allí la flexibilidad de las normas, las permanentes
referencias a nociones como “edad y grado de madurez”; la necesidad de que las
restricciones a la capacidad estén legalmente previstas; las facultades judiciales para la
determinación de esas restricciones; la obligación del juez de oír, tener en cuenta y valorar
las opiniones de estas personas, etc. En este contexto, se incorpora “el adolescente” y se
elimina la categoría de menor adulto o púber, adecuando la edad a la modificación
operada en materia de mayoría de edad (18 años).
La división interesa desde el punto de vista de la capacidad, pues los menores de 13 años
tienen u¬na incapacidad casi absoluta de ejercicio y los adolescentes una capacidad
restringida. Asimismo, la edad de 13 años marca la adquisición del discernimiento para
los actos lícitos (art. 261 inc. c). La línea de los 13 años es entonces la que marca la
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distinción entre los dos grupos que conforman el universo de infancia: niños y
adolescentes.
Emancipación. Menores emancipados son aquellos que se liberan de la responsabilidad
parental (antes patria potestad) y adquieren capacidad de obrar antes de la mayoría de
edad. Sin embargo esta capacidad no es plena, sino que reconoce algunas restricciones
como se verá más adelante (arts. 27 a 30)..
Antes de la reforma introducida por la Ley 26.579 (B.O. 22/12/2009) había dos formas
de emancipación: la llamada “legal” que se adquiría con el matrimonio de los menores y
la “voluntaria”, otorgada por quien ejercía la patria potestad. La emancipación voluntaria,
que se adquiría por la llamada “habilitación de edad” cuando el menor había cumplido 18
años, actualmente ha perdido relevancia práctica en virtud de haberse fijado la mayoría
de edad justamente a los 18 años. Recordemos que, a diferencia de la legal, esta
emancipación podía ser revocada cuando los actos del menor demostraban su
inconveniencia.
Actualmente la ley fija en 18 años la edad para contraer matrimonio (tanto las mujeres
como los varones), salvo autorización de sus representantes legales al menor que haya
cumplido 16 años de edad o dispensa judicial que autorice su celebración al menor que
no haya cumplido 16 años, o habiéndolos cumplido no contara con la autorización de sus
representantes legales (art. 404). En tal sentido el art. 27 dispone que “La celebración del
matrimonio antes de los dieciocho años emancipa a la persona menor de edad”, quien en
tal caso “goza de plena capacidad de ejercicio con las limitaciones previstas en este
Código”. La emancipación adquirida por el matrimonio es irrevocable y no se pierde por
la posterior declaración de nulidad del matrimonio “excepto respecto del cónyuge de mala
fe para quien cesa a partir del día en que la sentencia pasa en autoridad de cosa juzgada”.
No obstante, si algo es debido a la persona menor de edad con cláusula de no poder
percibirlo hasta la mayoría de edad, la emancipación no altera la obligación ni el tiempo
de su exigibilidad.
Respecto de las limitaciones señaladas, la persona emancipada no puede, ni siquiera con
autorización judicial: a) aprobar las cuentas de sus tutores y darles finiquito; b) hacer
donación de bienes que hubiese recibido a título gratuito; c) afianzar obligaciones.
Asimismo, el emancipado requiere autorización judicial para disponer de los bienes
recibidos a título gratuito, la que debe ser otorgada cuando el acto sea de toda necesidad
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o de ventaja evidente (arts. 28 y 29. Respecto de los bienes obtenidos a título oneroso y
especialmente aquellos procurados con el fruto de su trabajo, los menores tienen amplias
facultades de administración y disposición. Si la persona menor de edad ha obtenido título
habilitante para el ejercicio de una profesión, puede ejercerla por cuenta propia sin
necesidad de previa autorización. Tiene la administración y disposición de los bienes que
adquiere con el producto de su profesión y puede estar en juicio civil o penal por
cuestiones vinculadas a ella (art. 30).
Mayoría de edad. Se adquiere a partir de los 18 años de edad (art. 25), lo que en nuestro
país rige desde el 30 de diciembre de 2009 (Ley 26.579). Antes, según la Ley 17.711 de
1968, se adquiría a los 21 años. Tiene como consecuencia habilitar a la persona para el
ejercicio de todos los derechos, posibilitando su plena actuación en la vida jurídica. De
acuerdo con el art. 25, la mayoría de edad se adquiere el día en que la persona cumpliere
los 18 años.
c) Restricciones a la capacidad. Reglas generales. Sistemas de apoyo al ejercicio de
la capacidad. Inhabilitados. El art. 31 del Código diseña el régimen de restricciones a
la capacidad de los mayores de edad, estableciendo los siguientes principios:
a) La capacidad general de ejercicio de la persona humana se presume, aun cuando se
encuentre internada en un establecimiento asistencial. La presunción exige un proceso en
el que debe probarse rigurosamente la situación contraria para permitir cualquier
restricción a la capacidad. No puede asimilarse internación con incapacidad, y ninguna
internación puede implicar el cercenamiento de la capacidad de la persona o la afectación
de sus derechos personalísimos.
b) Las limitaciones a la capacidad son de carácter excepcional y se imponen siempre en
beneficio de la persona. La capacidad restringida supone que la persona conserva su
capacidad, la cual es limitada solo para determinados actos.
c) La intervención estatal tiene siempre carácter interdisciplinario, tanto en el tratamiento
como en el proceso judicial. El art. 3 de la LSM expresa que “se reconoce a la salud
mental como un proceso determinado por componentes históricos, socio-económicos,
culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento implica una
dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y
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sociales de toda persona”. De tal modo, no es atributo ni poder exclusivo de la ciencia
médico psiquiátrica la calificación de la existencia o ausencia de salud mental,
requiriéndose por el contrario intervenciones de carácter interdisciplinario.
d) La persona tiene derecho a recibir información a través de medios y tecnologías
adecuadas para su comprensión.. Ello a su vez concuerda con lo previsto en la LSM en
cuanto al “derecho a ser informado de manera adecuada y comprensible de los derechos
que lo asisten, y de todo lo inherente a su salud y tratamiento, según las normas del
consentimiento informado, incluyendo las alternativas para su atención, que en el caso de
no ser comprendidas por el paciente se comunicarán a los familiares, tutores o
representantes legales” (art. 7 inc. j).
e) La persona tiene derecho a participar en el proceso judicial con asistencia letrada, que
debe ser proporcionada por el Estado si carece de medios.
f) Deben priorizarse las alternativas terapéuticas menos restrictivas de los derechos y
libertades. Esta disposición es acorde a lo prescripto en el art. 7 inc. d) de la LSM que
para toda persona con discapacidad mental dispone que tiene “derecho a recibir
tratamiento y a ser tratado con la alternativa terapéutica más conveniente, que menos
restrinja sus derechos y libertades, promoviendo la integración familiar, laboral y
comunitaria”.
Limitaciones a la capacidad de ejercicio. Ejercer un derecho significa ponerlo en
ejecución, y quien lo ejerce puede disponer libremente de él. Cuando una persona humana
goza de un derecho, pero no puede ejercerlo por sí misma, lo afecta una incapacidad de
ejercicio y solo puede ejercer sus derechos por medio de sus representantes.
Distinguimos así por un lado la incapacidad de ejercicio, y por el otro las restricciones a
la capacidad de ejercicio de los derechos. La primera resulta cuando para la persona
humana queda prohibido o le resulta imposible ejercer por sí misma todos sus derechos.
Es también la que inhabilita a la persona para el ejercicio de todos sus derechos. La
segunda sucede cuando la capacidad está limitada a determinados actos, los cuales deben
ser establecidos por ley. Es la que incapacita a la persona para realizar ciertos actos, o la
que establece condiciones para su ejercicio.
Personas incapaces de ejercicio (art. 24). Son incapaces de ejercicio: a) la persona por
nacer; b) la persona que no cuenta con la edad y grado de madurez suficiente (menores
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de edad); c) la persona declarada incapaz por sentencia judicial, en la extensión dispuesta
en esa decisión.
Personas con capacidad restringida y con incapacidad. El juez puede restringir la
capacidad para determinados actos de una persona mayor de 13 años (adolescente) que
padece una adicción o una alteración mental permanente o prolongada, de suficiente
gravedad, siempre que estime que del ejercicio de su plena capacidad puede resultar un
daño a su persona o a sus bienes. En relación con dichos actos, el juez debe designar el
apoyo necesario que prevé el art. 43, especificando las funciones con los ajustes
razonables en función de las necesidades y circunstancias de la persona. El o los apoyos
designados deben promover la autonomía y favorecer las decisiones que respondan a las
preferencias de la persona protegida. Por excepción, cuando la persona se encuentre
absolutamente imposibilitada de interaccionar con su entorno y expresar su voluntad por
cualquier modo, medio o formato adecuado y el sistema de apoyos resulte ineficaz, el
juez puede declarar la incapacidad y designar un curador (art. 32).
Pueden solicitar la declaración de incapacidad y de capacidad restringida (legitimados):
a) el propio interesado; b) el cónyuge no separado de hecho y el conviviente mientras la
convivencia no haya cesado; c) los parientes consanguíneos dentro del cuarto grado; si
fueran por afinidad, dentro del segundo grado; d) el Ministerio Público.
Internación. La internación sin consentimiento de una persona, tenga o no restringida su
capacidad, procede sólo si se cumplen los recaudos previstos en la legislación especial y
las reglas generales establecidas en el Código. En particular: a) debe estar fundada en una
evaluación de un equipo interdisciplinario de acuerdo a lo dispuesto en el art. 37, que
señale los motivos que la justifican y la ausencia de una alternativa eficaz menos
restrictiva de su libertad; b) sólo procede ante la existencia de riesgo cierto e inminente
de un daño de entidad para la persona protegida o para terceros; c) es considerada un
recurso terapéutico de carácter restrictivo y por el tiempo más breve posible; debe ser
supervisada periódicamente; d) debe garantizarse el debido proceso, el control judicial
inmediato y el derecho de defensa mediante asistencia jurídica; e) la sentencia que
aprueba la internación debe especificar su finalidad, duración y periodicidad de la
revisión.
Toda persona con padecimientos mentales, se encuentre o no internada, goza de los
derechos fundamentales y sus extensiones (art. 41).
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Sistemas de apoyo al ejercicio de la capacidad. Se entiende por apoyo cualquier medida
de carácter judicial o extrajudicial que facilite a la persona que lo necesite la toma de
decisiones para dirigir su persona, administrar sus bienes y celebrar actos jurídicos en
general. Las medidas de apoyo tienen como función la de promover la autonomía y
facilitar la comunicación, la comprensión y la manifestación de voluntad de la persona
para el ejercicio de sus derechos. El interesado puede proponer al juez la designación de
una o más personas de su confianza para que le presten apoyo (art. 43).
Inhabilitados. Pueden ser inhabilitados quienes por la prodigalidad en la gestión de sus
bienes expongan a su cónyuge, conviviente o a sus hijos menores de edad o con
discapacidad a la pérdida del patrimonio. A estos fines, se considera persona con
discapacidad, a toda persona que padece una alteración funcional permanente o
prolongada, física o mental, que en relación a su edad y medio social implica desventajas
considerables para su integración familiar, social, educacional o laboral. La acción sólo
corresponde al cónyuge, conviviente y a los ascendientes y descendientes (arts. 48 a 50).
La declaración de inhabilitación importa la designación de un apoyo, que debe asistir al
inhabilitado en el otorgamiento de actos de disposición entre vivos y en los demás actos
que el juez fije en la sentencia.
d) Derechos y actos personalísimos. Inviolabilidad de la persona humana. Derecho
a la imagen. Actos de disposición sobre el propio cuerpo. Consentimiento informado
para actos médicos e investigaciones en salud. El Código incorpora un régimen
sistemático de los derechos de la personalidad, largamente reclamado por la doctrina
argentina; a ese fin ha tomado en consideración la incorporación a la Constitución del
derecho supranacional de derechos humanos, cuya reglamentación infraconstitucional
debe tener lugar en el Código Civil.
Inviolabilidad de la persona humana. La vida humana se encuentra protegida
en nuestro derecho por disposiciones de carácter penal y civil. En el plano civil, la
protección se manifiesta por el derecho al resarcimiento a favor de los deudos de quien
ha sido privado de la vida, siendo indemnizables no solo los daños directos, sino también
otros daños de tipo indirecto.
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El art. 51 establece la inviolabilidad de la persona humana quien en cualquier
circunstancia tiene derecho al reconocimiento y respeto de su dignidad. La persona
humana lesionada en su intimidad personal o familiar, honra o reputación, imagen o
identidad, o que de cualquier modo resulte menoscabada en su dignidad personal, puede
reclamar la prevención o reparación de los daños sufridos, conforme al régimen de
responsabilidad civil.
Derecho a la integridad personal. Se considera que todo daño a la integridad
física (lesiones), de carácter permanente, ocasione o no un daño económico, debe ser
indemnizado como valor del que la víctima fue desposeída, aun cuando no ejerciera
ninguna actividad lucrativa. Se indemniza asimismo el daño estético, y lo que se refiere
a su vida de relación, sin distinguir entre mujeres y hombres y aun cuando no ejerza una
profesión artística. La integridad física está protegida también en el código Penal que
castiga el delito de lesiones.
Asimismo, el derecho a la integridad personal se extiende tanto al cuerpo como a las
piezas anatómicas una vez extraídas del cuerpo, mientras sea posible la identificación de
éstas con dicha persona. La información sobre las distintas partes del cuerpo y, en
especial, los genes, forman parte del derecho de la persona. Todo se incluye dentro del
derecho a la autodeterminación, de lo que se deriva, además, que estos derechos están
fuera del comercio. No tienen un valor económico, sino afectivo, terapéutico, científico,
humanitario o social.
Derecho a la imagen. Toda persona puede oponerse a que se reproduzca su
imagen y también su voz, por cualquier medio que sea, por personas a quienes no se haya
otorgado autorización expresa o tácita para tal fin. En nuestro derecho la imagen tiene
una protección específica en la Ley 11.723 de Propiedad Intelectual.
Por su parte, el art. 53 del Código dispone que para captar o reproducir la imagen o la voz
de una persona, es necesario su consentimiento, excepto en los siguientes casos: a) que la
persona participe en actos públicos; b) que exista un interés científico, cultural o
educacional prioritario, y se tomen las precauciones suficientes para evitar un daño
innecesario; c) que se trate del ejercicio regular del derecho de informar sobre
acontecimientos de interés general. En caso de personas fallecidas pueden prestar el
consentimiento sus herederos o el designado por el causante por testamento. Si hay
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desacuerdo entre herederos de un mismo grado, resuelve el juez. Pasados veinte años
desde la muerte, la reproducción no ofensiva es libre.
Actos de disposición sobre el propio cuerpo. Quedan prohibidos los actos de
disposición sobre el propio cuando ocasionen una disminución permanente de su
integridad o resulten contrarios a la ley, la moral o las buenas costumbres, excepto que
sean para mejorar la salud de la persona, o excepcionalmente de otra persona, conforme
al ordenamiento jurídico. El consentimiento para los actos no prohibidos no puede ser
suplido, y es libremente revocable (art. 56). La ablación de órganos para ser implantados
en otras personas se rige por la legislación especial (Ley 27.447, su reglamentación y sus
modificatorias).
Está prohibida también toda práctica destinada a producir una alteración genética del
embrión que se transmita a su descendencia (art. 57).
Investigaciones en seres humanos. La investigación médica en seres humanos
mediante intervenciones, cuya eficacia o seguridad no están comprobadas
científicamente, sólo puede ser realizada si se cumple con los siguientes requisitos: a)
describir claramente el proyecto y el método que se aplicará en un protocolo de
investigación; b) ser realizada por personas con la formación y calificaciones científicas
y profesionales apropiadas; c) contar con la aprobación previa de un comité acreditado de
evaluación de ética en la investigación; d) contar con la autorización previa del organismo
público correspondiente; e) estar fundamentada en una cuidadosa comparación de los
riesgos y los beneficios previsibles para las personas que participan en la investigación y
para otras personas afectadas por el tema que se investiga; f) contar con el consentimiento
previo, libre, escrito, informado y específico de la persona que participa en la
investigación, a quien se le debe explicar, en términos comprensibles, los objetivos y la
metodología de la investigación, sus riesgos y posibles beneficios; dicho consentimiento
es revocable; g) no implicar para el participante riesgos y molestias desproporcionados
en relación con los beneficios que se espera obtener de la investigación; h) resguardar la
intimidad de la persona que participa en la investigación y la confidencialidad de su
información personal; i) asegurar que la participación en la investigación no resulte
onerosa a los sujetos, así como el acceso a la atención médica apropiada en caso de
eventos adversos relacionados con la investigación, la que debe estar disponible cuando
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sea requerida; j) asegurar a los participantes de la investigación la disponibilidad y acceso
a los tratamientos que la investigación haya demostrado beneficiosos (art. 58).
Consentimiento informado para actos médicos e investigaciones en salud. Se
entiende por “consentimiento informado” para actos médicos e investigaciones en salud,
la declaración de voluntad del paciente emitida luego de recibir información clara, precisa
y adecuada, respecto a: a) su estado de salud; b) el procedimiento propuesto y los
objetivos perseguidos; c) los beneficios esperados del procedimiento; d) los riesgos,
molestias y efectos adversos previsibles; e) la explicación de los procedimientos
alternativos y sus riesgos, beneficios y perjuicios en relación con el procedimiento
propuesto; f) las consecuencias previsibles de la no realización del procedimiento
propuesto o de los alternativos; g) en caso de padecer una enfermedad incurable, o cuando
se encuentre en estado terminal, el derecho a rechazar procedimientos quirúrgicos, de
hidratación, alimentación, de reanimación artificial o al retiro de medidas de soporte vital,
cuando sean extraordinarios o desproporcionados en relación a las perspectivas de
mejoría, o produzcan sufrimiento desmesurado, o tengan por único efecto la prolongación
en el tiempo de ese estadio terminal irreversible e incurable; h) el derecho a recibir
cuidados paliativos integrales en el proceso de atención de su enfermedad o padecimiento.
Ninguna persona con discapacidad puede ser sometida a investigaciones en salud sin su
consentimiento libre e informado, para lo cual se le debe garantizar el acceso a los apoyos
que necesite. Nadie puede ser sometido a exámenes o tratamientos clínicos o quirúrgicos
sin su consentimiento libre e informado, excepto disposición legal en contrario.
Si la persona se encuentra absolutamente imposibilitada para expresar su voluntad al
tiempo de la atención médica y no la ha expresado anticipadamente, el consentimiento
puede ser otorgado por el representante legal, el apoyo, el cónyuge, el conviviente, el
pariente o el allegado que acompañe al paciente, siempre que medie situación de
emergencia con riesgo cierto e inminente de un mal grave para su vida o su salud. En
ausencia de todos ellos, el médico puede prescindir del consentimiento si su actuación es
urgente y tiene por objeto evitar un mal grave al paciente (art. 59).
e) Representación y asistencia. Tutela y Curatela. Los derechos del incapaz son
ejercidos por otras personas, que lo representan y obran en su nombre. Dice el art. 26:
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“La persona menor de edad ejerce sus derechos a través de sus representantes legales”.
La regla general en materia de incapacidad es fijada por el art. 100 que expresa: “Las
personas incapaces ejercen por medio de sus representantes los derechos que no pueden
ejercer por sí”. Y en tal sentido, son representantes de los incapaces: a) de las personas
por nacer: sus padres; b) de las personas menores de edad no emancipadas: sus padres. Si
faltan los padres, o ambos son incapaces, o están privados de la responsabilidad parental,
o suspendidos en su ejercicio: el tutor que se les designe; c) de las personas con capacidad
restringida: el o los apoyos designados cuando, conforme a la sentencia, éstos tengan
representación para determinados actos; de las personas incapaces en los términos del
último párrafo del art. 32: el curador que se les nombre (art. 101). Las personas con
capacidad restringida y las inhabilitadas son asistidas por los apoyos designados en la
sentencia respectiva y en otras leyes especiales.
Por otra parte es fundamental la actuación, tanto en el ámbito judicial como extrajudicial,
del Ministerio Público de la Defensa, respecto de personas menores de edad, incapaces y
con capacidad restringida, así como de aquellas cuyo ejercicio de capacidad requiera de
un sistema de apoyos, que puede ser complementaria o principal. Es complementaria en
todos los procesos donde estén en juego intereses de personas menores de edad, incapaces
y con capacidad restringida; la falta de intervención del Ministerio Público causa la
nulidad relativa del acto. Es principal: a) cuando los derechos de los representados están
comprometidos, y existe inacción de los representantes; b) cuando el objeto del proceso
es exigir el cumplimiento de los deberes a cargo de los representantes; c) cuando carecen
de representante legal y es necesario proveer la representación.
En el ámbito extrajudicial, el Ministerio Público actúa ante la ausencia, carencia o
inacción de los representantes legales, cuando están comprometidos los derechos sociales,
económicos y culturales.
La representación y cuidado del incapaz, ha dado paso a la organización de instituciones
de carácter universal: la responsabilidad parental, la tutela y la curatela. La autoridad
encargada de fiscalizar la acción de los padres, tutores o curadores, es en nuestro país la
Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia perteneciente al Ministerio de
Desarrollo Social de la Nación; los sistemas instaurados por la Ley de Protección Integral
de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes nº 26.061 (B.O. 26-10-05), y por
supuesto los jueces, quienes además aplican las normas contenidas en la Convención
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Internacional de Derechos del Niño (aprobada por Ley 23.849, B.O. 22/10/90), que, como
norma internacional, se ha incorporado al derecho interno argentino desde la reforma
constitucional de 1994 con rango supralegal.
Ejercicio de los derechos por la persona menor de edad. La persona menor de edad ejerce
sus derechos a través de sus representantes legales. No obstante, la que cuenta con edad
y grado de madurez suficiente puede ejercer por sí los actos que le son permitidos por el
ordenamiento jurídico. En situaciones de conflicto de intereses con sus representantes
legales, puede intervenir con asistencia letrada. La persona menor de edad tiene derecho
a ser oída en todo proceso judicial que le concierne así como a participar en las decisiones
sobre su persona (art. 26:1-3).
Ejercicio de los derechos por las personas adolescentes. Se presume que el adolescente
entre 13 y 16 años tiene aptitud para decidir por sí respecto de aquellos tratamientos que
no resultan invasivos, ni comprometen su estado de salud o provocan un riesgo grave en
su vida o integridad física. Pero en caso de tratamientos invasivos que comprometen su
vida, salud o integridad física, el adolescente debe prestar su consentimiento con la
asistencia de sus progenitores; el conflicto entre ambos se resuelve teniendo en cuenta su
interés superior, sobre la base de la opinión médica respecto a las consecuencias de la
realización o no del acto médico.
A partir de los 16 años el adolescente es considerado como un adulto para las decisiones
atinentes al cuidado de su propio cuerpo (art. 26:4-6).
Tutela y Curatela. La tutela está destinada a brindar protección a la persona y bienes de
un niño, niña o adolescente que no ha alcanzado la plenitud de su capacidad civil cuando
no haya persona que ejerza la responsabilidad parental (art. 104). Rigen para la tutela los
principios generales de la responsabilidad parental establecidos en el art. 639 y sigts.
El tutor es el representante legítimo del menor en todos los negocios civiles. Se trata de
un cargo personal, que no pasa a los herederos, del cual nadie puede excusarse sin causa
suficiente, y que se ejerce bajo la inspección y vigilancia del Ministerio Público de
Menores.
La tutela es conferida o por los padres o por el juez:
Ejercicio y administración de la tutela. Quien ejerce la tutela es representante legal del
menor en todas aquellas cuestiones de carácter patrimonial. El tutor es responsable del
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daño causado al tutelado por su culpa, por acción u omisión, en el ejercicio o en ocasión
de sus funciones.
Uno de los principales deberes del tutor es la rendición de cuentas, tanto en forma
periódica como al cesar en su cargo mediante la cuenta final. Debe llevar cuenta fiel y
documentada de las entradas y gastos de su gestión. Debe rendir cuentas: al término de
cada año, al cesar en el cargo, y cuando el juez lo ordena, de oficio, o a petición del
Ministerio Público. La obligación de rendición de cuentas es individual y su aprobación
sólo libera a quien da cumplimiento a la misma. En cuanto a la rendición final, terminada
la tutela, quien la ejerza o sus herederos deben entregar los bienes de inmediato, e
informar de la gestión dentro del plazo que el juez señale, aunque el tutelado en su
testamento lo exima de ese deber. Las cuentas deben rendirse judicialmente con
intervención del Ministerio Público (art. 131). Si el tutor no rinde cuentas, no lo hace
debidamente o se comprueba su mala administración atribuible a dolo o culpa, debe
indemnizar el daño causado a su tutelado. La indemnización no debe ser inferior a lo que
los bienes han podido razonablemente producir (art. 134).
Extinción de la tutela. Conforme al art. 135 la tutela termina: 1° Por la muerte del tutelado,
su emancipación o la desaparición de la causa que dio lugar a la tutela; 2° Por la muerte,
incapacidad, remoción o renuncia aceptada por el juez, del tutor.
Curatela. La curatela se rige por las mismas reglas de la tutela, salvo modificación
expresa.
En nuestro derecho se asigna curador a la persona incapaz de cuidar su persona o
administrar sus bienes. La principal función del curador es la de cuidar a la persona y los
bienes de la persona incapaz, y tratar de que recupere su salud. Las rentas de los bienes
de la persona protegida deben ser destinadas preferentemente a ese fin (art. 138).
Personas que pueden ser curadores. La persona capaz puede designar, mediante una
directiva anticipada, a quien ha de ejercer su curatela. Los padres pueden nombrar
curadores y apoyos de sus hijos incapaces o con capacidad restringida, en los casos y con
las formas en que pueden designarles tutores. Cualquiera de estas designaciones debe ser
aprobada judicialmente. A falta de estas previsiones el juez puede nombrar al cónyuge no
separado de hecho, al conviviente, a los hijos, padres o hermanos de la persona a proteger
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según quien tenga mayor aptitud. Se debe tener en cuenta a su respecto la idoneidad moral
y económica (art. 139).
4. Bibliografía:
[Link] (Código Civil y Comercial de la Nación)
5. Actividad pedagógica:
Responder Verdadero o Falso
1) Los atributos de las personas no son inseparables.
2) Los atributos de las personas se componen de los elementos: Nombre de
Familia, apellido, y nombre pila.
3) Las personas se clasifican según el CCCN., en personas humanas (físicas o
visibles), jurídicas y Sociedades.
4) Los hijos pueden elegir agregarse el apellido del otro progenitor aún desde
niños.
5) Cuando a una persona se le designa un curador el mismo es por tiempo
indeterminado.
6) El sistema de apoyos es excepcional.
7) Los actos realizados por una persona declarada incapaz no son válidos.
8) Apenas una persona desaparece de su domicilio, la justicia declara la
presunción de fallecimiento.
6. Material complementario de la clase:
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