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Fábul

as
Las fábulas son cuentos breves, generalmente protagonizados por animales o
cosas inanimadas a las que se les confieren características humanas. Estos relatos
tienen un propósito dual: criticar comportamientos y transmitir enseñanzas y
valores. Qué pueden aportar al aprendizaje de los niños:

Estimulan la memoria: Al tratarse de historias cortas, los niños las


recuerdan con mayor facilidad, ampliando así su capacidad mnémica.

Amplían la sensibilidad y estimulan la empatía: Al ponerse en el lugar


de los personajes y comprender sus emociones y puntos de vista, los niños
desarrollan empatía y sensibilidad.

Fomentan el amor por la lectura: Las fábulas despiertan la curiosidad y el


interés por la lectura desde temprana edad.
El león y el ratón

En un día muy soleado, dormía plácidamente un león cuando un pequeño ratón


pasó por su lado y lo despertó. Iracundo, el león tomó al ratón con sus enormes
garras y cuando estaba a punto de aplastarlo, escuchó al ratoncito decirle:
—Déjame ir, puede que algún día llegues a necesitarme.
Fue tanta la risa que estas palabras le causaron, que el león decidió soltarlo.
Al cabo de unas pocas horas, el león quedó atrapado en las redes de unos
cazadores. El ratón, fiel a su promesa, acudió en su ayuda. Sin tiempo que perder,
comenzó a morder la red hasta dejar al león en libertad.
El león agradeció al ratón por haberlo salvado y desde ese día comprendió que
todos los seres son importantes.
Moraleja: No menosprecies a los demás, todos tenemos las cualidades que
nos hacen muy especiales.
La cigarra y la hormiga

Durante todo un verano, una cigarra se dedicó a cantar y a jugar sin preocuparse
por nada. Un día, vio pasar a una hormiga con un enorme grano de trigo para
almacenarlo en su hormiguero.
La cigarra, no contenta con cantar y jugar, decidió burlarse de la hormiga y le dijo:
—¡Qué aburrida eres!, deja de trabajar y dedícate a disfrutar.
La hormiga, que siempre veía a la cigarra descansando, respondió:
—Estoy guardando provisiones para cuando llegue el invierno, te aconsejo que
hagas lo mismo.
—Pues yo no voy a preocuparme por nada —dijo la cigarra—, por ahora tengo todo
lo que necesito.
Y continuó cantando y jugando.
El invierno no tardó en llegar y la cigarra no encontraba comida por ningún lado.
Desesperada, fue a tocar la puerta de la hormiga y le pidió algo de comer:
—¿Qué hiciste tú en el verano mientras yo trabajaba? —preguntó la hormiga.
—Andaba cantando y jugando —contestó la cigarra.
—Pues si cantabas y jugabas en verano —repuso la hormiga—, sigue cantando y
jugando en el invierno.
Dicho esto, cerró la puerta.
La cigarra aprendió a no burlarse de los demás y a trabajar con disciplina.

Moraleja: Para disfrutar, primero tienes que trabajar.


La liebre y la tortuga

En un bosque habitaban una liebre y una tortuga. La liebre era veloz y vanidosa,
mientras que la tortuga era lenta pero perseverante. La liebre se burlaba
constantemente de la tortuga por su lentitud.
Un día, la tortuga desafió a la liebre a una carrera. La liebre, confiada en su
velocidad, aceptó la apuesta. Todos los animales se reunieron para presenciar la
competencia. El búho marcó el punto de partida y la meta.
La liebre salió corriendo rápidamente, dejando atrás a la tortuga. Pero, en lugar de
descansar, la tortuga siguió su camino constante. La liebre, confiando en su
ventaja, se detuvo a descansar bajo un árbol.
Cuando la liebre despertó, vio con sorpresa que la tortuga estaba cerca de la meta.
Corrió con todas sus fuerzas, pero ya era tarde: la tortuga había ganado la carrera.
La lección fue clara: la constancia y la perseverancia superan la arrogancia y la
prisa.
Moraleja: recuerda que no siempre el más rápido es el ganador. A veces,
la paciencia y la persistencia nos llevan más lejos.
El pastorcito mentiroso
Había una vez un pastorcito que cuidaba su rebaño en la cima de la colina. Se
encontraba muy aburrido y, para divertirse, se le ocurrió hacerles una broma a los
aldeanos.
Luego de respirar profundo, el pastorcito gritó: “¡Lobo, lobo! Hay un lobo que
persigue las ovejas.” Los aldeanos llegaron corriendo para ayudar al pastorcito y
ahuyentar al lobo. Pero al llegar a la cima de la colina, no encontraron ningún lobo.
El pastorcito se echó a reír al ver sus rostros enojados. Los aldeanos le advirtieron:
“No grites lobo cuando no hay ningún lobo”. Sin embargo, el pastorcito no
aprendió la lección y repitió la broma unas pocas horas después.
Nuevamente, los aldeanos acudieron en su ayuda, solo para descubrir que no había
lobo. Finalmente, cuando un lobo real apareció cerca del rebaño, el pastorcito gritó
desesperado, pero esta vez los aldeanos no acudieron. El lobo atacó a las ovejas, y
el pastorcito aprendió que “nadie cree en un mentiroso incluso cuando dice la
verdad”.
Moraleja: La mentira tiene una pierna corta, y cuando alguien miente con
frecuencia, pierde credibilidad. Así que, ¡mejor decir siempre la verdad!
El león y el mosquito

Un león descansaba bajo la sombra de un frondoso árbol cuando un mosquito pasó


zumbando a su alrededor. Enfurecido, el león le dijo al mosquito:
—¿Cómo te atreves a acercarte tanto? Vete, o te destruiré con mis garras.
Sin embargo, el mosquito era muy jactancioso y conocía bien sus propias
habilidades y las ventajas de su diminuto tamaño.
—¡No te tengo miedo! —exclamó el mosquito—. Puedes ser mucho más fuerte que
yo, pero tus afilados dientes y garras no me harán el menor daño. Para
comprobarlo, te desafío a un combate.
En ese momento, el mosquito atacó al león picándolo en la nariz, las orejas y la
cola. El león, aún más enfurecido a causa del dolor, intentó atrapar al mosquito,
pero terminó lastimándose gravemente con sus garras.
Lleno de orgullo, el mosquito comenzó a volar sin mirar hacia a donde iba. Fue de
esta manera que tropezó con una telaraña y quedó atrapado entre los hilos de
seda. Entonces, se dijo entre lamentos:
– Qué triste es mi final; vencer al rey de todas las bestias y acabar devorado por
una insignificante araña.
Moraleja: Ninguna victoria dura para siempre.

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