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Historia del Peronismo (1943-1955)

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Prof.

Andrés Alberto Destro HISTORIA 4° AÑO “B” Escuela Técnica N°

TRABAJO PRÁCTICO
A partir de la lectura de ARGENTINA (1943 – 1955). PERONISMO;
Revolución del 4 de Junio de 1943; Primera Presidencia de Perón; Segunda
Presidencia de Perón, responder a la siguiente grilla de preguntas:

1) Explique la composición ideológica del grupo de oficiales que


realizaron la Revolución de Junio de 1943.
2) Indique los objetivos planteados por los oficiales que llevaron a cabo
el golpe de 1943.
3) Mencione los pasos políticos dados por Juan Domingo Perón en su
accionar durante el gobierno de la Revolución de 1943.
4) ¿Cuál fue la política de Perón en su primera presidencia respecto al
sindicalismo, el Poder Judicial y a los medios de comunicación?
5) Explique qué se entiende por la llamada Tercera Posición, doctrina de
política exterior del peronismo.
6) Relate brevemente las decisiones de políticas económicas llevadas a
cabo por el Presidente Perón en su primer mandato.
7) Explique el rol jugado por Eva Perón dentro del accionar político del
gobierno.
8) ¿Cuál fue la conducta de las Fuerzas Armadas respecto a Perón una
vez que comienza su segundo gobierno?
9) ¿Cómo se encontraba la economía durante el según período
presidencial de Perón?

10) Explique brevemente cómo se desarrollaron los acontecimientos que


desembocaron en el derrocamiento de Perón a partir del conflicto con
la Iglesia

ARGENTINA (1943 – 1955). PERONISMO


Este período de la historia argentina presenta el surgimiento de un fenómeno político
central en el análisis de la vida de nuestro país: el peronismo.
El fenómeno peronista marcó la aparición protagónica de la clase obrera en la vida
nacional y su desarrolló generó una fractura de clase que se consagró en la dicotomía
peronismo-antiperonismo.
Los años peronistas tienen su inicio en 1943, ya que la Revolución militar de ese año
es el primer paso de Juan Domingo Perón en su camino al encuentro con las masas
obreras que serán su sustento fundamental en el acceso al poder.

REVOLUCIÓN DEL 4 DE JUNIO DE 1943


En 1943 se pone fin al ciclo conservador nacido en el golpe militar de setiembre de
1930 que derrocase al gobierno constitucional del radical Hipólito Irigoyen.
El 4 de junio de 1943 un nuevo golpe militar desplaza al entonces presidente Ramón
Castillo y comienza un nuevo ciclo político cargado de transformaciones de amplio
impacto social y político.
La revolución fue encabezada formalmente por el Gral. Arturo Rawson, pero antes de
asumir la presidencia fue reemplazado por el también general Pedro Ramírez, uno de
los líderes intelectuales de la revuelta.
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La Revolución del 4 de junio es un golpe militar con fuerte acento ideológico


nacionalista acentuado por la actitud a tomar frente a la Segunda Guerra Mundial.
El sostenimiento de la neutralidad argentina significó como primera consecuencia la
interrupción de la venta de armas a nuestro país, pero las Fuerzas Armadas tenían
frente al tema una posición contradictoria. Mientras los altos mandos eran pro-aliados
los cuadros de oficiales intermedios preferían sostener la neutralidad. Los cuadros
intermedios no solo manifestaban su resistencia a que el país se definiera en contra
del nazi-fascismo, sino que también tenían una marcada desconfianza por el sistema
democrático liberal y el sistema de partidos.
Esta posición de los cuadros militares intermedios tenía su origen en una doble
influencia, religiosa y profesional. La influencia religiosa se manifestaba en la
participación activa de la Iglesia católica en la formación de los cuadros militares en
tiempos en que la iglesia sostenía una fuerte disputa con el sistema liberal. La
influencia profesional se observa en la gran admiración que las fuerzas armadas
alemanas ejercían sobre la joven oficialidad desde 1930.
Una vez que el Gral. Rawson llevó a cabo el golpe revolucionario de 1943 fue
inmediatamente desplazado del poder por el grupo de oficiales que tenían un
programa consistente. El nuevo Presidente fue el Gral. Pedro Ramírez con estrechos
lazos con la oficialidad intermedia.
El nuevo gobierno surgido de la revolución militar de 1943 suspendió las elecciones y
ratificó la neutralidad del país en la guerra, descabezando al reducido grupo de
oficiales afines a los aliados.
El poder quedó en manos de un grupo de coroneles y tenientes coroneles que daban
forma a una organización secreta llamada GOU (Grupo de Oficiales Unidos) que se
había creado pocos meses antes del golpe.
El GOU se mantuvo detrás del poder en los primeros tiempos luego del triunfo del
golpe, pero a los cuatro meses ya dominaba todos sus engranajes.
El GOU en el gobierno implementó una política con algunos objetivos precisos: poner
fin a la corrupción política para lo cual ilegalizaron a todos los partidos y reprimir a los
grupos de izquierda y a los sindicatos. Además lanzaron una campaña moralizadora
que incluyó la instauración de la enseñanza religiosa obligatoria en las escuelas.
De esta manera el gobierno nacido de la revolución de junio de 1943 contó con
entusiasta apoyo de los nacionalistas y de los grupos católicos; y fue dibujando a los
ojos de los analistas del exterior y la diplomacia norteamericana un claro perfil de
gobierno antidemocrático y fascista lo cual generó un progresivo aislamiento
internacional.

Frente a la dura oposición política en el frente interno, sumado a las presiones directas
del gobierno norteamericano con publicar pruebas de los vínculos del gobierno
argentino con agentes de la Alemania nazi, el presidente Ramírez decidió en enero de
1944 quebrar la neutralidad y romper con las fuerzas del Eje (Alemania, Italia y Japón).
Esta decisión causó una conmoción de las fuerzas armadas y la consecuencia directa
fue el desplazamiento de Ramírez en la primera magistratura y su reemplazo por el
entonces ministro de Guerra, Gral. Edelmiro Farrell.
Una segunda consecuencia de la decisión de Ramírez de declarar la guerra a
Alemania fue la crisis desencadenada dentro del GOU de la cual emergió como figura
dominante el entonces coronel Juan Domingo Perón, mano derecha del Gral. Farrell,
convertido a partir de entonces en el hombre fuerte del gobierno.
Por entonces Perón tenía 49 años y ofreció al gobierno nacido en 1943 una
oportunidad de reformularse frente a la sociedad a partir de dos elementos claves: un
programa de reformas sociales y económicas y una apertura hacia un sector preciso
de la sociedad, la clase obrera.
Con esas dos cartas, un atractivo carisma y un talento político sobresaliente logró
Perón comenzar su ascenso a los primeros planos, acumulando a mediados de 1944
los cargos de Vicepresidente de la Nación y Secretario de Trabajo; y constituyéndose
en el verdadero líder de la revolución.
Perón creía que el inminente regreso a tiempos de paz a partir de lo que se avizoraba
por entonces como una clara victoria de los aliados en la guerra produciría una
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profunda recesión económica mundial con el consiguiente incremento de la agitación


social. Por lo cual entendía que la única forma de sobrellevar ambos problemas, crisis
económica y crisis social, era poner en marcha un decidido programa industrialista
sostenido por el Estado.
Una de sus iniciativas la comenzó a desarrollar cuando fue designado a finales de
1943 al frente del por entonces oscuro Departamento Nacional de Trabajo, y que al
poco tiempo fue elevado de categoría para llevarlo a la condición de Secretaría de
Trabajo y Previsión.
Esta posición le permitía a Perón llevar a cabo uno de los fundamentales objetivos de
la revolución que era evitar que las fuerzas del comunismo y la izquierda penetraran
en la cada vez más numerosa masa de trabajadores.
Con ese propósito Perón inició una política de acercamiento a los trabajadores
mediante una serie de concesiones sindicales, impuso la negociación colectiva de
salarios y estimuló la afiliación de los trabajadores a los gremios, al mismo tiempo que
iniciaba un acercamiento hacia los dirigentes sindicales no comunistas.
Simultáneamente que desarrollaba su política laboral Perón convocó a los
empresarios a apoyarla, pese a que significaba una novedad poco afecta al gusto
empresarial, con el argumento de que si el estado no intervenía para arbitrar en las
relaciones entre capital y trabajo, el malestar de las masas obreras podría tornarse
explosivo y poner en peligro el orden social.
Mientras tanto en consonancia con los nuevos aires democráticos internacionales
surgidos al calor del triunfo aliado en la guerra, el gobierno de Farrell decidió una
apertura política, mediante la legalización de los partidos, la expulsión de los
admiradores locales del fascismo de sus cátedras universitarias y la convocatoria a
elecciones presidenciales para 1946.
Con ese objetivo Perón comenzó a negociar con políticos radicales y conservadores
para sumarlos a su proyecto político para el que contaba con el aporte obrero y de
parte del sector empresario, más el soporte del ejército y el acompañamiento de la
iglesia.
Pero este primer proyecto de Perón para llegar al poder perdió rápidamente aire, en
principio porque el sector más poderoso del empresariado recibió con malos ojos la
amplitud de la reforma laboral que preparaba el entonces coronel, y en segundo lugar
porque su intento de acercamiento a los partidos políticos chocó con el rechazo de
todos sus interlocutores. La oposición política muy al contrario de ver en Perón a un
factor de unidad comenzó a verlo como un representante del viejo modelo antiliberal y
neutralista y redobló sus esfuerzos para que en Argentina también se reflejase el
triunfo del antifascismo en el mundo.
Esta ofensiva opositora en contra de Perón se aceleró a comienzos de 1945 cuando
se le sumó el sector empresarial cuestionando las concesiones que el gobierno
entregaba a los trabajadores. Esta postura empresarial de adherir a la oposición
política generó un natural alineamiento de los sindicatos detrás de las iniciativas de
Perón.
Ante esta ofensiva política en su contra el vicepresidente Perón tomó la iniciativa y
convocó a los trabajadores a movilizarse en contra de lo que llamó el “complot
reaccionario”. De esta manera los trabajadores pasaban de ser solo un factor
complementario de la Revolución de 1943 a convertirse en elemento protagónico del
proyecto de poder de Perón.
En setiembre de 1945 la coalición opositora realizó una multitudinaria marcha de un
cuarto de millón de personas pidiendo por la entrega del poder a la Suprema Corte de
Justicia.
Esta manifestación generó una doble reacción en el gobierno, por un lado el
restablecimiento de las medidas represivas contra la oposición y por la otra, con la
intención de descomprimir la tensión, el pedido de renuncia al vicepresidente Perón y
su encarcelamiento en la Isla Martín García.
Lo que quedaba claro con esta decisión del gobierno era que Perón no solo había
despertado oposición en sectores políticos y sociales sino también en la alta oficialidad
del ejército. Pero el desplazamiento de Perón tuvo corta duración.
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Luego de la salida de Perón la falta de una estrategia del Presidente Farrell sobre
cómo seguir generó un período de indefinición que le dio tiempo para la puesta en
marcha de un factor imprevisible: la movilización de los trabajadores al rescate de
Perón.
El 16 de octubre la CGT declaró la huelga general y a la mañana siguiente, el 17 de
octubre de 1945, los trabajadores comenzaron a llegar a la Plaza de Mayo pidiendo la
libertad de Perón. La manifestación se hizo multitudinaria y el gobierno decidió no
reprimir e iniciar negociaciones con oficiales cercanos a Perón.
El acuerdo final determinó el nombramiento de un nuevo gabinete con leales a Perón,
quien fue traído desde Martín García hasta los balcones de la Casa Rosada donde
dirigió un discurso a la multitud reunida.
Ese día nacía el movimiento peronista.

PRIMERA PRESIDENCIA DE PERÓN


En las elecciones de 1946 Perón participó como candidato del oficialismo, y en tanto
continuidad del proyecto revolucionario de 1943 recibió el apoyo de la corporación
militar, pero también atrajo el apoyo de la Iglesia católica que veía en Perón un
candidato más confiable que el de la oposición que levantaba la bandera de la
enseñanza laica.
La estructura política que contuvo la candidatura de Perón fue armada por el
sindicalismo con el nombre de Partido Laborista.
La oposición se núcleo en la alianza llamada Unión Democrática formada por el resto
del arco político: la UCR, el Partido Socialista, el Partido Demócrata Progresista y el
Partido Comunista; con la candidatura a presidente de José Tamburini.
Ambos candidatos se plantearon la idea de un país insertado en el proceso de
industrialización afirmado en la participación activa del Estado en la economía y una
mejor distribución de la riqueza. Pero hubo un factor que dividía drásticamente a los
contendientes: la oposición acusaba a Perón de ser un representante vernáculo del
fascismo derrotado en Europa, se acusaba a Perón de antidemocrático.

Este elemento introdujo en la campaña electoral al ex embajador de Estados Unidos,


Spruille Braden, quien denunció conexiones de los círculos militares cercanos a Perón
con el régimen nazi.
Perón no dudó en aprovechar esta situación y agitar la bandera del nacionalismo
denunciando a Braden como el verdadero conductor de la oposición e instalando en la
población la disyuntiva: “Braden o Perón”.
El escrutinio de la elección arrojó la victoria de Perón frente a la Unión Democrática
por algo más de 200.000 votos, lo cual configuró un mapa electoral claramente
polarizado, donde en las grandes ciudades el electorado obrero volcó la victoria a
favor de Perón mientras las clases medias y altas votaron a la oposición. En las zonas
rurales los viejos caudillos conservadores se volcaron a favor de Perón.
Una vez logrado el triunfo Perón disolvió el Partido Laborista invocando la necesidad
de dar forma a un fuerte movimiento político más amplio que lo apoyara en su
gobierno. En 1947 nace así el Partido Peronista, denunciando claramente el carácter
personalista de esta estructura política que reconocía en Perón a su líder natural,
conductor e intérprete de sus propias políticas.
Perón logró controlar de manera absoluta a su partido evitando las rencillas internas
recurriendo a la estrategia de fragmentar la organización en tres ramas, la rama
masculina, la rama femenina y la rama sindical. Fundamentalmente al separar la rama
masculina, de carácter política, de la sindical evitó los choques más profundos.
El siguiente paso, luego de la creación de su propio partido, fue obtener el control
sobre la Confederación General del Trabajo.
En un primer momento la CGT intentó mantenerse al lado del flamante presidente pero
preservando una actitud de autonomía de decisiones, pero finalmente su Secretario
General, Luis Gay, sucumbió ante el embate de Perón por quedarse con el control de
la central obrera, quien forzó su renuncia en 1947. A partir de ese momento la CGT
estaría comandada por grises sindicalistas de lealtad absoluta para con el presidente
Perón.
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Una vez afirmada su autoridad en el Partido Peronista y la CGT el siguiente objetivo


de Perón fue convocar la solidaridad de sus camaradas de armas, aunque sin
involucrar institucionalmente en el gobierno a las Fuerzas Armadas.
Para alcanzar este objetivo Perón aumentó el presupuesto militar, agitó políticas
nacionalistas, impulsó la industrialización y manifestó un profundo anticomunismo;
todos factores ampliamente favorables al espíritu vigente en las Fuerzas Armadas.
La Iglesia católica, otra institución importante en la República, también se alineó tras el
gobierno de Perón, toda vez que se convirtió en ley en 1947 la enseñanza religiosa
obligatoria en todo el país.
Con una estructura política propia, la adhesión de la Confederación de trabajadores, la
lealtad de la Fuerzas Armadas y el acercamiento con la Iglesia católica, Perón puso su
mira en la justicia, para lo cual en 1946 impulsó en el Parlamento el juicio político a
todos los integrantes de la Corte Suprema, que en su momento se habían opuesto a
las leyes de reforma laboral, logrando la destitución de todos ellos.
Otro reducto opositor que sufrió el ímpetu concentrador de poder del presidente Perón
fue la universidad. Allí fueron expulsados miles de profesores hostiles y las
agrupaciones estudiantiles fueron declaradas fuera de la ley.
Finalmente en 1947 el gobierno avanzó sobre otro factor de poder, los medios de
comunicación, clausurando diarios opositores y comenzando la compra de las radios
por medio de grupos empresarios adictos.
Ante este arrollador avance político de Perón la oposición política quedó solo relegada
al ámbito parlamentario, con el agravante de que las cámaras estaban dominadas
numéricamente por legisladores peronistas.
Una vez lograda la cohesión política interna Perón comenzó a dar pasos hacia una
aproximación con los Estados Unidos, país con el cual mantenía una profunda
desconfianza mutua.

Estados Unidos que emergía de la Segunda Guerra como una de las dos
superpotencias del mundo, recibió el gesto de acercamiento de Perón que pidió al
Parlamento el reingreso del país al sistema interamericano y deportó a un número
significativo de espías nazis. Como respuesta Estados Unidos levantó el embargo a la
compra de armas impuesto por el país del norte.
Pese a este acercamiento a Estados Unidos, Perón levantó las banderas de lo que
llamó la Tercera Posición que significaba básicamente el respeto por la
autodeterminación de los Estados nacionales y la aspiración a un orden económico
mundial más equitativo más allá del alineamiento automático con alguna de las dos
superpotencias mundiales. De todos modos esta postura nunca significó neutralidad
del gobierno argentino en el conflicto mundial de la Guerra Fría, ya que el propio Perón
manifestó en más de una oportunidad que su gobierno no sería neutral frente a una
amenaza soviética.
De todos modos Estados Unidos concebía a la Tercera Posición de Perón como una
política ambivalente y difusa y la Guerra Fría era un sistema de resolución simple, no
había lugar para grises, o se estaba con uno se estaba con otro. Por eso Estados
Unidos continuó sosteniendo una mirada sospechosa sobre Perón y el peronismo.
En materia económica el gobierno de Perón otorgó al Estado un protagonismo central
en la producción y en los servicios públicos mediante una política de
nacionalizaciones. A ello le sumó la búsqueda de una distribución más equitativa del
ingreso a favor del sector obrero y una producción claramente orientada al mercado
interno.
Ya en el año 1945 por primera vez la Argentina se convirtió en un país cuyo PBI
estaba mayoritariamente conformado por producción de carácter industrial por sobre el
tradicional sector agropecuario. Este era el escenario en el que se desplegaría la
política económica peronista.
Perón combinó hábilmente un programa de intervención estatal, redistribución del
ingreso a favor de los sectores más desposeídos, justicia social y sustitución de
importaciones.
Este modelo económico peronista no era una rareza en Latinoamérica sino que
formaba parte del sentido general de las políticas económicas en muchos países del
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subcontinente, los llamados Populismos latinoamericanos.


La opción por el mercado interno y la industrialización liviana le permitía apuntalar la
distribución de ingresos hacia los sectores de menores ingresos. El instrumento
elegido para esa distribución fue el de los aumentos salariales que generaban una
inmediata expansión del consumo popular que su vez apuntalaba el incremento de la
producción industrial. Durante el Primer Gobierno de Perón los trabajadores
alcanzaron una participación en el ingreso nacional nunca igualada.
Este sistema logró contar con el apoyo de los industriales, que si bien debían resignar
parte de sus ganancias a favor de los aumentos salariales se aseguraban al mismo
tiempo un especial cuidado de su actividad de parte del Estado.
Para esta política económica se requería de un Estado poderoso y esto fue posible por
una serie de condiciones favorables. La existencia de fuertes reservas producto de la
acumulación realizada durante la guerra que permitió las nacionalizaciones, una rápida
mejoría de los precios de las exportaciones agrícolas que permitió una fuerte
acumulación de reservas, sumándole a esto la creación de las cajas de jubilaciones
como resultado de la novedosa legislación en la materia que producía una enorme
concentración de fondos que fueron utilizados por el Tesoro Nacional, todo ello dando
forma a un Estado rico y generoso.
Esta bonanza económica duró 3 años, desde 1947 a 1950. Pero esos tres años
quedaron en la memoria colectiva como el sello de identidad de la política peronista.

La intervención estatal se vio reflejada en el protagonismo que se le dio al IAPI


(Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio), creado por el Presidente
Farrell pero que en el gobierno de Perón desarrolló funciones centrales en la gestión
económica, ya que se convirtió en el organismo encargado de administrar el comercio
exterior argentino (fundamentalmente basado en los productos agrícolas) y redistribuir
esos ingresos a favor del desarrollo industrial por medio de incentivos y créditos
baratos.
La participación del Estado en la economía pasó del 36% en 1946 al 47% en 1950,
explicando este significativo aumento fundamentalmente la estatización de los
servicios públicos y transportes, lo que Perón llamaba “el sistema nervioso de la
economía”.
Si el objetivo económico era apoyarse en el potencial del mercado interno se
necesitaba crear esos consumidores masivos que estaban faltando, y esos
consumidores eran los trabajadores que debían obtener una sustancial mejora en su
poder de compra.
Cientos de miles de argentinos provenientes del interior llegaban a Buenos Aires
incorporándose al mercado de trabajo y elevando su nivel social, al igual que los
trabajadores urbanos de más antigua residencia que también subieron un escalón en
la pirámide social. Al mismo tiempo los llamados trabajadores de cuello blanco
(fundamentalmente trabajadores de clase media) mejoraron llamativamente sus
salarios incrementado su perfil consumidor.
La sociedad peronista era una sociedad de gran movilidad ascendente, cuyos
trabajadores ampliaban sus horizontes económicos. Una sociedad más igualitaria a
cualquiera otra conocida en el país que terminó identificando a los trabajadores con su
condición de peronistas. Este vínculo entre Perón y trabajadores resultó ser altamente
confiable y duradero.
En materia laboral el gobierno peronista le dio fuerza de ley a los beneficios otorgados
durante la revolución de 1943: aguinaldo, generalización de vacaciones pagas,
generalización del sistema jubilatorio para la industria y comercio, indemnizaciones por
despido y accidentes de trabajo.
Para apuntalar este modelo de sostenimiento del sector trabajador el gobierno congeló
los alquileres, fijó salarios mínimos, estableció precios máximos para artículos de
consumo popular, entregó planes de crédito para compra de vivienda, mejoró la oferta
de salud, estableció programas de turismo social, desarrolló un plan de construcción
de escuelas y organizó el sistema de obras sociales. El objetivo perseguido era un
profundo cambio distributivo en base al aumento de los salarios reales y el pleno
empleo.
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Durante el trienio 1946-1948 los salarios reales se incrementaron un 40%, la


participación de los trabajadores en el ingreso nacional pasó del 37 al 40% sin dejar de
aumentar hasta llegar al 47% en 1950 (máximo histórico del país), y el PBI aumentó
un 8% anual. Las ventas de cocinas aumentaron un 106%, las de heladeras un 218%,
la indumentaria un 125%, el calzado un 133%, y un acceso masivo a los aparatos de
radio.
Pero esta lealtad no se reducía a la figura de Perón sino que se extendía a la esposa
del propio Presidente, Eva Perón.
Eva Perón, Evita, adquirió responsabilidades en el marco de una división del trabajo
en el seno del gobierno. Perón se dedicó a las actividades de gobierno y Evita se
dedicó a la construcción política de un movimiento de sostén al Presidente, ejerciendo
su función como intermediaria entre el líder y la masa, para lo cual estableció
vinculación con los dirigentes sindicales más leales.
Su acción fundamental estuvo dedicada a extender los beneficios de la justicia social a
los sectores más marginales de la población, al subproletariado urbano y los sectores
populares de las provincias. Además participó activamente de la decisión de otorgar a
la mujer el derecho al voto, cuya ley fue sancionada en 1947.

Para tales objetivos dio forma a una organización social llamada Fundación Eva
Perón, sostenida con “donaciones” de empresarios, fondos públicos y aportes de los
trabajadores. Si la tarea de Perón se centró en beneficiar a la masa trabajadora, la de
Evita fue auxiliar fundamentalmente a quienes estaban fuera del circuito productivo
formal, y para ello construyó hogares de ancianos y niños, distribuyó subsidios, edificó
hospitales y hogares-escuela, repartió muebles, ropas, cocinas y equipos de trabajo,
así como útiles escolares.
De este modo en un marco de prosperidad económica, apoyo popular y férreo dominio
político le permitió al gobierno de Perón avanzar sin tropiezos en su presidencia y
como derivación natural de ello a pretender su consolidación y continuidad. Esto fue lo
que inspiró la búsqueda por reformar la Constitución Nacional en 1949.
Una cómoda mayoría en la Asamblea Constituyen permitió una reforma “peronista” de
la Constitución original de 1853. Se incorporaron una larga cantidad de derechos
sociales, se suprimió el colegio electoral dando forma a la elección directa para
presidente y vice y senadores, fortalecimiento del Poder Ejecutivo, declaración de la
propiedad estatal de los recursos energéticos y supresión de la cláusula que prohibía
la reelección presidencial inmediata, de modo tal que se abandonaba el tradicional
liberalismo individualista de la carta magna original de 1853.
Pero fue precisamente en 1949, en el momento que Perón abría la puerta a su propia
continuidad, cuando la economía comenzó a dar señales de desaceleración, los
buenos tiempos se estaban terminado. La economía argentina no solo ya no crecería
al 8% anual sino que se estancaría hasta 1952.
Luego de aprobada la nueva Constitución comenzó la campaña para la reelección de
Perón a la primera magistratura, siendo impulsada por el fervor popular la candidatura
de Evita como vicepresidente; pero esto último no logró concretarse por oposición de
las Fuerzas Armadas que vetaron su candidatura, cosa a la que Perón finalmente
accedió impidiendo que su esposa lo acompañara en la fórmula presidencial.
En los comicios de 1952 Perón, acompañado por H. Quijano, logró una aplastante
victoria frente al candidato del radicalismo por más de 2 millones de votos. En la
elección a diputados los candidatos peronistas alcanzaron todas las bancas menos 12.
La novedad de las elecciones fue la incorporación de las mujeres y de los habitantes
de los Territorios Nacionales que pudieron votar por primera vez.
De tal manera Perón alcanzaba su segundo período con una posición política
sumamente fortalecida y un apoyo popular aún mayor que el que lo llevó a su primera
presidencia.
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SEGUNDA PRESIDENCIA DE PERÓN


Con el enorme poder político con que emergió de la elección presidencial Perón dio un
paso aún mayor hacia la homogeneización política del país.
Con el dominio casi absoluto de la Legislatura se dio fuerza de ley a la Doctrina
Peronista que se convirtió en doctrina nacional, la afiliación al Partido oficial fue
obligación requerida para trabajar en la administración pública, y las imágenes de
Perón y de Evita se multiplicaron en los espacios públicos y en la enseñanza.
En este marco de homogenización política parecía no tener lugar el conflicto, ya que la
paz social era una preocupación fundamental del gobierno, para lo cual el Estado
ocupó el lugar central de articulación entre los intereses sociales enfrentados. El
concepto de “Comunidad Organizada” que levantara como bandera el Presidente
Perón entendía que los diversos grupos de la sociedad aún teniendo intereses
diferentes pueden convivir mediante la supervisión del Estado y teniendo como
objetivo la unidad de la Nación.
Sin embargo Perón debió enfrentar un problema fundamental en su avance
homogeneizador sobre las instituciones del Estado, y este problema fue el de las
Fuerzas Armadas.
Los cuadros intermedios de las Fuerzas Armadas comenzaron a manifestar recelo y
malestar por la intención de Perón de transformar la lealtad militar al Estado por la
lealtad militar al propio Perón.

Fue precisamente desde dentro de las Fuerzas Armadas donde comenzó a gestarse el
movimiento de profundo antiperonismo que sumó a diversos sectores de la sociedad
que habían quedado huérfanos de representación luego de la avanzada política del
peronismo.
Así el antiperonismo se convirtió en un rechazo no solo político, sino cultural y social
que tuvo vías de expresión por fuera de los partidos opositores. El país lentamente se
deslizaba hacia la polarización entre peronistas y antiperonistas. Máxime después de
que en setiembre de 1952 se produjese un fallido intento golpista encabezado por el
Gral. Menéndez en Córdoba. Fue la primera de una serie de manifestaciones críticas
que surgirían desde la oficialidad del ejército y fundamentalmente de los oficiales
navales.
Si bien ese antiperonismo tenía una expresión minoritaria en la sociedad, la muerte de
Eva Perón, víctima de un cáncer en julio de 1952, le restó a Perón su factor de
intermediación con los sectores populares y debilitó sus posibilidades de articulación
de su poder con las bases.
En medio de la escalada opositora, en abril de 1953 una manifestación de la CGT para
solidarizarse con Perón, quién había sido acorralado por sospechas de corrupción de
parte del hermano de Evita, tuvo como final el estallido de dos bombas con un saldo
de siete muertos. Esas bombas fueron colocadas por grupos antiperonistas, por lo cual
como respuesta los manifestantes peronistas incendiaron el Jockey Club (símbolo de
las clases altas), y atacaron las sedes de los opositores partidos socialista, radical y
demócrata progresista.
Mientras el conflicto político se agudizaba la economía atravesaba un difícil momento
luego de que los años de bonanza terminaran. A partir de 1949 los factores
económicos comenzaron a dar claras señales de alerta.
Una de las razones del estancamiento de la economía habrá que buscarla en el
exterior, ya que la puesta en marcha del Plan Marshall, el plan de ayuda de los
Estados Unidos a las naciones europeas sometidas a la crisis económica de
posguerra, derrumbó los precios internacionales de los alimentos, con lo cual los
ingresos de la Argentina se derrumbaron también. A esto se sumó un factor interno
como fue la sequía que afectó al país entre 1949 y 1952. La disminución de los
ingresos por exportaciones requirió una disminución efectiva de las importaciones lo
cual impactó de lleno sobre la producción industrial.
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El Ideario de Perón
Lo que se conoció como Doctrina Peronista abrevó en diversas fuentes,
esencialmente en ciertas ideas del nacionalismo argentino.
Algunos de los puntos centrales del ideario peronista podría sintetizarse en:
• Estado como regulador del enfrentamiento entre el capital y el trabajo.
• La organización de la sociedad. No a la anarquía social.
• Concepto de Defensa Nacional. Supera la idea de defensa militar y lo
constituye también la existencia de una poderosa industria nacional.
• Búsqueda de la Unidad Nacional negando la existencia de la lucha de
clases.
• Condena al comunismo
• Cuestionamiento del régimen liberal.
• Ni democracia de mercado ni del proletariado. Poder absoluto del Estado.
• Democracia = Justicia Social
• Identificación entre el Partido y el Gobierno
• Identificación del pueblo con el peronismo

La solución para este problema consistía en aumentar las exportaciones y recibir


capitales de inversión, el Talón de Aquiles de la economía peronista, totalmente
huérfano de ingresos de capitales de inversión desde el exterior. Por eso la salida
sería volver a poner la mirada en el campo para darle incentivos productivos que
permitieran aumentar las exportaciones. De tal manera la política
económica peronista debía cambiar su camino,
dejar de mirar centralmente a la industria para regresar a los favores de la agricultura.
La reacción del gobierno ante la crisis económica fue errática ya que no atinaba a
desarrollar un plan de ajuste económico, a sabiendas que tal ajuste recaería sobre los
factores de empleo y salarios perjudicando a la base de sustentación del peronismo:
las clases trabajadoras.
La crisis alcanzó su mayor expresión cuando luego de una sucesión de conflictos
sindicales en 1951 se enhebró con una seria sequía que provocó la escasez de carne
y de harina de trigo, y se volvieron frecuentes los cortes de luz.
A partir de 1952 el gobierno peronista resolvió encarar la crisis con nuevas ideas
privilegiando la estabilidad por sobre la expansión, la agricultura por sobre la industria,
la iniciativa privada (incluso la inversión extranjera) por sobre la participación del
Estado, impuso un reajuste de precios y salarios y luego de esto fueron congelados
por dos años. Había llegado la hora de la austeridad.
Muchas de las decisiones económicas de 1952 chocaban de frente con los postulados
peronistas de 1947.
Cuando el objetivo dejo de ser la distribución y pasó a ser la productividad, los
empresarios vieron abierto el camino para limitar el poder de los trabajadores, y ese
enfrentamiento entre empresarios y sindicatos encontró a un gobierno indeciso.
De todas maneras pasado 1952 la economía comenzó a repuntar lo cual permitió que
el peronismo volvieron a reafirmar su mayoría en el favor popular en las elecciones
legislativas de 1954 que arrojaron un triunfo del gobierno con dos tercios de los votos.
Superada la crisis económica el gobierno tomó nota de que para evitar su repetición el
desarrollo industrial no debía estar centrado en la industria de consumo como en los
primeros años peronistas sino en las industrias básicas, aquellas que podrían sostener
el sistema económico ante cualquier fluctuación de los índices económicos externos.
Para ello se puso énfasis en la industria pesada: transportes, energía y
comunicaciones, petróleo y siderurgia. El objetivo estaba puesto en hacer menos
vulnerable al país, pero para ello se necesitaban inversiones privadas en gran escala y
esas inversiones no podían venir sino del extranjero.
Esta circunstancia complicó el frente interno del gobierno peronista cuando el Poder
Ejecutivo elevó a consideración del Parlamento los contratos de inversión petrolera
Prof. Andrés Alberto Destro HISTORIA 4° AÑO “B” Escuela Técnica N°

acordados con la empresa norteamericana Standard Oil. Los propios diputados


peronistas se opusieron al acuerdo cerrado entre la empresa petrolera y Perón
aduciendo que iba a contramano de los postulados peronistas.
Sin embargo en una economía como la de 1955 que volvía a crecer al 7% y con la
inflación controlada, no había demasiados espacios para la crítica. Y ante la solidez
electoral que evidenciaba el gobierno, sumado al mejoramiento de su imagen ante los
empresarios y una normalización de las relaciones con Estados Unidos, los grupos
opositores antiperonistas tenían una sola esperanza: que desde dentro del propio
régimen estallara el conflicto.
Y esto sucedió en 1954 con dos de las instituciones históricamente vinculadas con el
peronismo: la iglesia y las fuerzas armadas.
La alianza del gobierno de Perón con la Iglesia se fue debilitando toda vez que el
Estado fue absorbiendo ámbitos de actuación reservados a la iglesia, sobre todo entre
mujeres, niños y jóvenes. El gobierno incluso toleró ampliamente el funcionamiento de
cultos no católicos así como el impulso a una verdadera devoción popular cuasi
religiosa hacia la figura de Evita.
En medio del conflicto con la Iglesia el gobierno suprimió los derechos y privilegios que
tenía, eliminando la enseñanza religiosa en las escuelas, los subsidios a la enseñanza
privada, aprobando la ley del divorcio, autorizando la apertura de prostíbulos y
prohibiendo las procesiones religiosas. Inclusive se abonó una fuerte campaña
anticlerical desde los medios de difusión adictos y se anunció la intención de modificar
la Constitución para decidir la separación entre la Iglesia y el Estado.
Esta situación disparó una consolidación de los grupos opositores en torno a la Iglesia
Católica, de los partidos políticos y especialmente de los sectores militares
descontentos que encontraron en este conflicto una justificación moral para avanzar
sobre el gobierno legítimo de la Nación.
El 8 de junio de 1955, día de Corpus Christi, desafiando las prohibiciones una
multitudinaria procesión convocó a radicales, católicos, socialistas y comunistas.
Pocos días después, el 16 de junio, un sector de la Marina y la Fuerza Aérea se alzó
contra el gobierno bombardeando la Casa de Gobierno y la Plaza de Mayo
provocando cerca de 300 muertos y 600 heridos entre los manifestantes que se
reunieron para apoyar al líder.
Como respuesta esa misma noche fueron quemadas las principales iglesias de la
Capital por parte de grupos adictos al gobierno.
El enfrentamiento estaba declarado y resultaba irremediable.
El 17 de octubre de 1955 Perón pronunció su discurso más encendido frente a una
multitud afirmando que “a la violencia le hemos de responder con una violencia mayor,
cuando uno de los nuestros caiga caerán cinco de ellos”.
Finalmente los militares aún indecisos resolvieron dar el paso final y el 16 de
setiembre comenzaron los movimientos que desembocaran en un golpe de estado que
forzó la renuncia de Perón y el comienzo de su largo exilio.
Un día después del golpe otra vez una multitud se reunión en la Plaza de Mayo, pero
esta vez los protagonistas eran diferentes, ya no estaba Perón en el balcón de la Plaza
de Mayo sino el General Lonardi en la presidencia, y ya no eran trabajadores
industriales los que ocupaban la plaza sino una monumental expresión de la clase
media.
El enfrentamiento entre peronistas y antiperonistas no llegaba a su fin, tan solo
comenzaba su máxima expresión.

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