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María: Madre y Guía de la Iglesia

Perspectiva catolica

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María, madre de la Iglesia

NUCAVI

¿Pensar en alguien a quien le entregarías lo más preciado que tengas?. Esta fue la pregunta que se
hizo Dios al pensar quién sería la mejor persona para dejarle a su iglesia, pero no hablamos de la
iglesia con i minúscula, la cual le dijo a Pedro el apóstol. Sino de la Iglesia con I mayúscula aquella de
la cual todos los católicos formamos parte, la misma a la que la cate nos invita, como familia de los
que creen en ti.

Hoy queremos dedicar este temario a hablar de nuestra mamá del cielo, María. Los invitamos a
conocer aspectos de su vida y valores. Viendo a esta figura tan grande no sólo como la madre de
Jesús sino como aquella mujer, que a pesar de ser madre, fue esposa, hija, amiga, hermana,
trabajadora y aún más importante: mujer consagrada, debido a que tuvo una actitud de apertura
con docilidad y fidelidad al amor de Dios ayudando a la Iglesia y a toda la humanidad a vivir en Dios.

Debemos agradecer a cada una de las mujeres en quienes vemos a María, por ser una excelente
madre, una amiga que con su consejo te ayuda a ver el camino más llano, por aquella que elige el
matrimonio como una entrega recíproca hacia el servicio, por aquella hermana que te dio ese
abrazo cuando más lo necesitabas, por aquella hija que admiras por la calidez que aporta a la
familia. Por el simple hecho de ser mujer es que, con aquella intuición propia de la Femineidad,
enriquece la comprensión del mundo.

Entramos en reflexión sobre un aspecto poco conocido y es aquel “genio de la mujer”, el cual se
encuentra en el plan de Dios por lo que debe ser acogido y respetado y así mismo darle un mayor
espacio en la vida social. Buscando reflexión sobre el importante papel que tiene la mujer en todo
ámbito de la vida, como colaboradora en las obras apostólicas así como en muchísimos otros
aspectos que vemos día a día, podemos encontrar aquella ayuda a la que la mujer es llamada en
servicio al hombre, como es explicado en el Génesis.

Cada mujer tiene un rol y papel fundamental en esta vida, que de a poco cada una como mujer y
cada hombre en un acto de responsabilidad, va a ir descubriendo en base al proyecto que Dios
tiene para cada uno.

Encontramos a María en un rol que fue indispensable en la vida de Jesús que nos dio la Fe viva
que hoy en día conocemos. Volviendo atrás cuando las bodas de Caná Jesús aún no había revelado
su gloria. María como aquella mujer madre que ama a su hijo lo invitó a mostrar su gloria
expresando que el vino se había acabado, Jesús desconcertado no entendía a que se refiere ya que
sostenía que su hora aún no había llegado. Sin importar, su madre les ordenó a sus discípulos
hagan lo que él les ordene, animando a Jesús a que los demás descubran de lo que él es capaz,
reconociendo a esa madre cautivada por la grandeza de su hijo.

La madre desempeña un papel importante en la vida de cada persona. Por lo que también lo fue
María en la vida de Jesús. Ella un día como cualquier otro recibe la visita del ángel Gabriel,
expresando que Dios la había elegido. Por lo que luego de realizarse una preguntas acepta su
vocación de concebir al Hijo de Dios. En la anunciación contem­plamos a María en su entrega total a
Dios y a su desig­nio sobre ella; es imagen perfecta del alma
consagrada que se presenta ante Dios como su esclava y se dispone a cumplir su voluntad. El “sí” de
María fue un sí conciente, que se tradujo en una maternidad deseada. Por lo tanto es fundamental
que nuestra donación sea una elección, basada en la voluntad y determinación.

“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi Espíritu en Dios, mi Salvador, porque ha
mirado la humildad de su esclava”. María proclamándose servidora del señor en un servicio de
amor hacia los hombres, demostrando una obediencia a la Palabra de Dios y acogiendo su
vocación privilegiada.

Desde la cruz el Señor nos dio a su Madre como Madre nuestra. Es Madre de la Iglesia naciente. Tal
como se manifiesta en Juan 19, 26-27: “Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba,
que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu
madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.”

María actúa como Madre del Amor Misericordioso. Es la Madre de Cristo, la Madre de Dios. Dios
quiso, sin duda, escoger una Madre adornada especialmente de la virtud que a Él lo define. Por eso
María debió vivir la virtud del amor, de la caridad en grado elevadísimo. Fue, ciertamente, uno de
sus principales distintivos. Ella es la única criatura capaz de un amor perfecto y puro, sin sombra
de egoísmo o desorden. Porque sólo Ella ha sido inmaculada; y por eso sólo Ella ha sido capaz de
amar a Dios, su Hijo, como Él merecía y quería ser amado.

Es modelo de esposa y madre, y coopera con amor materno a la acción del Espíritu Santo en el
corazón de los hombres. Por esta razón, Jesús, decide dejar al cuidado de María, a nosotros sus
hijos, además de una perfecta intercesora, que a través de una camino más corto y seguro nos lleva
a Jesús, siendo madre nuestra y guía hacia Cristo.

María como Madre de la Iglesia refleja la creencia en su papel maternal no sólo en relación con
Jesucristo, sino también en relación con todos los creyentes. Se considera que ella intercede por la
Iglesia y sus miembros, guiándonos Espiritualmente y protegiéndolos.

El Papa Francisco indicó que "en el camino, muchas veces difícil, no estamos solos, somos tantos,
somos un pueblo, y la mirada de la Virgen, nos ayuda a mirarnos entre nosotros de modo fraterno".
"Mirémonos de un modo más fraterno. María nos enseña a tener esa mirada que busca acoger,
acompañar, proteger. Aprendamos a mirarnos los unos a los otros, bajo la mirada materna de
María. Hay personas que instintivamente no tenemos en cuenta, y que sin embargo tienen más
necesidad: los más abandonados, los enfermos, aquellos que no tienen de qué vivir, aquellos que
no conocen a Jesús, los jóvenes que están en dificultad, que no tienen trabajo".

Los invitamos a animarse a descubrir a María como una figura que les ayude a llegar a Jesús.
Animarse a contarle a ella, cual madre, sus preocupaciones, logros, angustias, miedos entre otras
cosas que no les permitan llegar a Jesús, debido a dificultades en el dia a dia de nuestra fragilidad.
María es una gran compañera, que como muchas veces escuchamos obra milagros, por eso no
teman en hacerse pequeños mostrando sus debilidades para dejarlas a los pies de María.
Les dejamos una oración para cuando necesiten hablar con nuestra mamá del cielo:

María, no hay miedo, soledad profunda o anhelo que no hayas experimentado. Vos que conoces mis
necesidades como mujer joven, ayudame.

María, hija amada de Dios Padre, entrego mi alma a tu cuidado. Protege la vida de Dios en mi alma. No
me dejes perderlo por medio del pecado. Protege mi mente y mi voluntad para mantenerme fiel aunque
me cueste entender el plan de Dios para mí.

María, madre de Dios hijo, entrego mi corazón a tu cuidado. Dejá que te ame con todo mi corazón. Dejá
que siempre busque amar al prójimo. Ayúdame a evitar amistades que me puedan alejar de Jesús y
hacerme consciente de la responsabilidad que se me ha confiado.

María, amada esposa del Espíritu Santo, entrego mi cuerpo a tu cuidado. Ayúdame a recordar siempre
que mi cuerpo es la casa donde vive el Espíritu Santo. No me dejes pecar contra Él con pensamientos o
acciones impuras, sola o con otros.

Ayúdame a transformar el mundo en hogar.


Amén.

A pesar de formar la Iglesia y reconocer a María como madre de todos nosotros, nunca está de más
recordar y darle mucho valor a quien, como María, decidió asumir la responsabilidad y la vocación
de maternidad para que cada uno de nosotros estemos hoy acá en esta hermosa tarde
compartiendo juntos. Esa es nuestra mamá, aquella que obra en pos de nuestro bienestar y nos
acompaña en cada paso que damos.

Quien tiene la paciencia de María al buscar a su hijo durante tres días para descubrir luego la
maravilla de su obrar, una paciencia basada en el amor de dar la vida. Siendo la guía de nuestros
primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia muchas veces en el posterior camino
de la vida.

“María recibe en sus brazos a su Hijo, y al mismo tiempo recibe al discípulo amado como su hijo y en él a
la humanidad entera.”

“María nos ha alumbrado a la vida de la gracia, al entregar todo su ser, cuerpo y alma, para la
maternidad divina. Por eso existe una íntima vinculación entre ella y nosotros: ella nos ama, nos conoce,
se afana por hacer de cada uno de nosotros lo que está llamado a ser”.

PREGUNTAS:
1. ¿Reconocen a María en su día a día?
2. ¿Buscan a María cuando necesitan un consejo y/o ayuda?
3. ¿Cómo pueden en su vida cotidiana hacer presente a esta figura tan importante?
4. ¿Se reconocen agradecidos por el labor de su mamá en el camino de cada uno?
5. ¿Conocían la importancia de María en la Iglesia y vida de Jesús?

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